Por: Andrés Palma Buratta

¿En que momento de la historia cinematográfica empezamos a hablar de cine independiente?  ¿A partir de los ‘90, con el cine de Tarantino, Soderbergh, Kevin Smith, o en los ‘80 con Jarmusch, Wenders, Kaurismäki? ¿O a finales del ‘50 y ‘60 en Estados Unidos, con Cassavetes, Bogdanovich, Hopper, Coppola, Scorsese o incluso antes, cuando Roger Corman comenzará con el verdadero cine B a mediados de los ‘50?¿Las películas bizarras de John Waters o David Lynch hacia finales de los ‘70? ¿Cuando Bresson dejo de utilizar actores profesionales, o Godard saliera a la calle a filmar? ¿O quizás cuando el expresionismo alemán con Robert Wiene, Fritz Lang, F.W. Murnau quiénes en los años ‘20, experimentaran nuevas formas de interpretación más oscuras, teatrales, acompañadas de innovación en la iluminación, escenografía, nuevos tiros de cámara, como lo hiciera, quizás también, independientemente,  Mélliès 20 años antes? ¿Dziga Vertov y sus experimentos documentales, rescatando la mirada de la calle, para después, darle contexto, dinámica, discurso en el montaje? ¿Con el boom Japonés de los años ‘40 y ‘50 de mano de Mizoguchi, Ozu y Kurosawa?

Si de ejemplos se tratará, podríamos nombrar miles, pero, el “cuándo” entendimos o adjudicamos al cine independiente una nueva forma de contar historias, es diferente, al hecho de concebir el cine de forma independiente.

El cine en realidad nunca ha sido totalmente independiente. Hay una serie de factores que no lo permiten serlo, a menos que el objetivo final, sea filmar un auto retrato y proyectarlo en una sala completamente vacía. A ese respecto Andy Warhol decía “ansío que mis obras no sean vistas, sino experimentadas.”

 El cine es dependiente desde el querer que tu obra sea vista o experimentada.

En primera instancia, depende de un público, un receptor del mensaje que se quiere entregar. De nada sirve echar andar toda la maquinaria de producción, por más pequeña que sea, si no se tiene la seguridad o por lo menos un estudio previo de quién, cómo, cuándo y por qué, verían tu película, y la significancia que esta tendría para la subjetividad colectiva en la construcción de un imaginario. Requiere, además, post exhibición, de una retroalimentación, entregada por sus pares, por sus críticos, por sus defensores y fanáticos, detractores y público en general, en definitiva, del boca a boca que permita que se hable de la obra. Depende de persona que creen en un fin común y trabajan en directrices precisas para alcanzarlo. Depende, sin duda, de un preciso plan de negocio, inversionistas privados, fondos públicos, aportes familiares, o hipotecar la casa, que aseguren además, una entrada de dinero, por lo menos, para cubrir la inversión. Depende, por sobre todos los puntos antes mencionados, de la instalación del cine, como un medio masivo de representación de la historia de la humanidad, recreando tiempos pasados o plasmando épocas actuales, personificadas en realidades ficcionadas tanto en forma como fondo, y haciendo valer, por ende su discurso a la par que otras corrientes artísticas, científicas, sociales y porque no, teológicas.

El mote de “independiente” que se le da al cine, si es que viene de algún lugar en la historia, nació, según mi parecer (y de muchos otros que vienen escribiendo hace años del tema) desde que se inventó el cine. Con la invención y auge que viviera en los Estados Unidos, vinieron los primeros estudios de filmación, las compañías distribuidoras, las reglas, contratos, sindicatos, licencias, y la carrera por patentar cualquier tipo de invención u avance tecnológico necesario para alimentar la maquinaría de cada película filmada. Con los grandes estudios, nacieron, por ende, las primeras compañías independientes de cine, quienes, disconformes con actitudes déspotas de Edison y compañía,  emprendieron su propio camino, tal el caso de la formación de la “Independent Motion Picture Distributing and Sales” y la “Greater NewYork Fil Company”, precursoras de lo que sería Hollywood.

El cine independiente, desde sus inicios, siempre ha estado ligado a los grandes estudios, se alimentan el uno del otro y esa correlación de fuerza, con los años fue creciendo. En especial a partir de los años ’60 y ’70, cuando las producciones independientes, comenzaron a proliferar y llamar la atención en las salas de cine a la par que las grandes producciones. Esto derivó, que los grandes estudios decidieran adquirir las compañías mas pequeñas, para convertirlos en sus brazos armados del cine independiente. Permitiendo además, un total control sobre la dimensión social de lo que se debe y está permitido mostrar, que los discursos no se les fueran a escapar de las manos y ellos, poder, establecer las reglas de lo que debe ser “independiente”.

Tal como la conocemos o la entendemos hoy en día, el cine independiente, o su idea, basa su fuerza e impacto en el fondo, utilizando la forma a su favor.  La astucia, el ingenio, la habilidad, valerse de los pequeños recursos, aunque sea para porciones más reducidas, de mirada mas microscópica, permite introducirse, en espacios olvidados, marginales, sucios, pero capaces de generar instancias diversas de diálogos, reflejos de sociedad y cultura, paralelos a lo representado por los cánones cinematográficos establecidos por lo grandes estudios. Moviéndose, por esa delgada línea entre ficción y realidad, o realidad documentada para crear nuestra perfecta ficción, bajo los principios de reciclaje y canje, de plagio y homenaje, autenticidad y robo, como aseverara Pablo Picasso: “Un mal artista copia, un buen artista, roba”, recreando estéticas, anti progresivas y esquemas de experimentación formal.

Lo independiente sirve, en una de sus aristas, para volver a la idea de artesanía del cine (artesanía considerada como arte y no como negocio) del echo a mano, original, único, propio. Francis Bacon decía que “existen artesanos que trabajan con madera o vidrio que son genuinos artistas.” Y por otro lado, representa un concepto más radical; sirve para dejar de lado la mera idea de hacer cine. Como bien señalaba Raúl Ruiz a finales de los ‘60, en referencia a la industria del cine en  Chile, las películas independientes sirven para “mostrar hechos de la vida real, ocurridos en sectores al margen del “arte y la industria”, y que no dan una “imagen positiva de Chile”.” (Pueden consultar el texto completo de Raúl Ruiz publicado en Ecran nº1972, 10 de diciembre de 1968, a través del sitio CineChile.cl ).

A lo que se refería Ruiz al decir “dejar de hacer cine”, es la génesis de lo verdaderamente independiente. Este tipo de cine, incomoda, molesta, no quiere ser visto en la televisión, perturba, asquea, no concilia, y genera debate, censura, se refugia en rotativos de cine arte a las doce de la noche en heladas salas, en películas de clase B. Se vuelve experimental, e incluso, se convierte en una academia, sin querer serlo, de estudios, corrientes, contracorrientes, lenguajes cinematográficos. Un objeto de culto, que va consultado cada cierto tiempo, para volver a desarmarlo y sacar las ideas, caminos, artilugios en definitiva, para suplantar los simbolismos e ideologías de lo clásico y a través de escenas e interpretaciones artificiales (des) estructurarlo para que parezca la verdad, el mundo, la vida, o por lo menos idea que realizadores tienen, entienden y determinan para exponer idiosincrasias, insisto, siempre ficcionada, friccionada, manoseada y dramatizada a tal punto de generar historias, que tienden a irse hacia los extremos, resultando en lo marginal, una de las piedras millares del cine independiente mundial, con el único afán de transformar la vida misma en arte, y el arte en si, nació independiente, aunque se vuelva un negocio.

 Pero como diría Jean Cocteau:

“El cine sólo será arte cuando los materiales de filmación sean tan baratos como el lápiz y el papel”.

 

Cine (In) Dependiente Filmakersmovie

 

 

Andrés Palma BurattaAndrés Palma Buratta |  IMDb @andresdepalma

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos” para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Hoy desarrolla, junto a un equipo de guionistas, la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks.