CINESCOPIO: GUILLERMO DEL TORO

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

A mediados de los años ochenta, el suspenso y la sorpresa se conjugaron en sendos capítulos del serial televisivo La Hora Marcada, donde a paso firme irrumpía un joven director jalisciense para explorar desde entonces, distintas formas de plasmar imágenes en movimiento mediante una narrativa que describe oníricos mundos y que transmite el sentir de una narrativa propia: Guillermo del Toro. Apegado a la reacción de su audiencia mediante secuencias que van del terror al suspenso, de la aventura al heroísmo, de la ficción a la historia y del duelo al amor, las emociones humanas se condensan en un universo tan genuino como tradicional, tan universal como íntimo, y en todo caso, rebasa los géneros para posicionarse como una forma única de contar experiencias de vida desde la creatividad, la condición humana y la imaginación que lo mismo evoca clásicas realizaciones cinematográficas, que genera el impacto consecuente de un asombro continuo.

 

Guillermo del Toro, nacido en 1964, profiere características simbólicas que confieren un sustento significativo a su estilo que vuelca escalofríos, provoca reacciones impredecibles y apela sin cuartel a la condición humana que es capaz de generar dolor, crueldad, ternura, compasión y a su vez dibujar horizontes compartidos en la vía de la esperanza que fluye como fluyen en sus tramas las experiencias de vida. En CINESCOPIO celebramos la trayectoria de del Toro inició hace 25 años con el estreno de su ópera prima Cronos, al tiempo que reflexionamos su más reciente cinta La Forma del Agua, su décima entrega fílmica. Ganadora del León de Venecia a Mejor Película, La Forma del Agua impregna a la audiencia de una macabra belleza que cautiva, una obra maestra definitiva en el canon del realizador mexicano que se ha convertido en un estandarte del cine de autor, capaz de crear una atmósfera que resulta familiar al espectador acorde a sus elementos característicos, y a su vez, innovadora por la forma en que cada uno de ellos aparece, emerge o se transforma, sea desde el ámbito narrativo o desde el ámbito visual, en todas sus películas.

 

Invención y Supervivencia

 En Cronos revoluciona la narrativa visual latinoamericana al mecanismo de engranes de reloj, la forma elegida por el ser humano para encapsular el tiempo continuo sin detenerlo y sólo medirlo, propone una concepción borgiana del espacio, explora las posibilidades creativas desde el mito hacia la inmortalidad y la aspiración del ser humano por suspender al espacio el tiempo de la vida y prolongarlo en la eternidad. La invención como un proceso creativo y manipulador de la existencia, cohabita con la vampiresa tendencia que otorga un poder energético a la sangre, que en su fluir genera, multiplica y rejuvenece, que es mocedad y muerte, tiempo y vida.

 

En Mimic, 1997, su primera incursión en Hollywood, el director hace una declaratoria a modo de ratificación de que, amén de los monstruos, fantasmas, espectros, hadas, seres mágicos y robots, los insectos serían un sello peculiar de su propuesta lírica. Adaptada del relato Mímica de Donald A. Wollheim, Mimic ofrece una aproximación literaria a la metáfora argumental de Metamorfosis de Frank Kafka, donde los insectos pueden mimetizarse incluso con los humanos o los humanos transformarse en insectos ante el vacío, la incertidumbre o la monotonía, algo que David Cronenberg lograría desde un enfoque más científico, donde con maestría refleja la manipulación de la natura para la transportación de moléculas y que concluye accidentalmente en la metamorfosis de especies en su remake de La Mosca de 1986. Guillermo Del Toro, también Fundador del Festival de Cine de Guadalajara, sitúa la enfermedad que contagia y una investigación que busca la cura que sane, como dos procesos simultáneos donde el segundo culmina primero e incrementa los alcances del primero. El integumento de los insectos, los límites y alcances de la evolución, el presupuesto del súper hombre que caracteriza la modernidad y las resoluciones especializadas y divergentes de la posmodernidad, se aprestan al mito de la autodestrucción de la humanidad ante la natura que muta y la acción humana que manipula.

 

Ron Perlman y Guillermo del Toro | Foto: Wikipedia.org

 

En Pacific Rim del Toro concibe portales interdimensionales que permiten que dos especies puedan unirse en desagravio, y por ese portal la población de las ciudades más grandes del Pacífico, San Francisco, Santiago, Tokyo, ven caer sus edificios, construcciones, puentes vía las garras de colosales monstruos (Kaijus) que gigantes destruyen todo a su paso.

 

Para combatir a estos descomunales seres, es preciso desarrollar puentes que no unan dimensiones sino la mente de dos pilotos que conduzcan el movimiento acompasado en supervivencia sobre los denominados jaergers, el heroísmo exacerbado en la dicotomía del fracaso y el éxito, del temor y la valentía, brindan una fortaleza descriptiva al guión que el propio del Toro co escribe con Travis Beacham. Titanes del Pacífico es una de las películas originales más impactantes de la ciencia ficción de la presente década, épica, audaz, dinámica y emotiva, demuestra el manejo que el director puede tener de un alto presupuesto para plasmar su imaginario al cinema y no sólo entretener sino impactar a las distintas audiencias del mundo.

 

El Terror y la Guerra

La Guerra Civil Española (1936-1939) se presenta por vez primera en la filmografía de del Toro a través de El Espinazo del Diablo, 2001, una palestra donde las emociones humanas alcanzan el límite del dolor y la desesperanza. Es quizá, la primera cinta de del Toro que hace de su narrativa una poesía épica, donde los elementos característicos del director se plasman con total naturalidad desde la prosa,  en esta producción de Pedro Almodóvar y hermanos encontramos dos dimensiones, el contexto histórico de la guerra, y la circunstancia de la inocencia ante ella.

 

Los fantasmas y apariciones, así como los momentos de confrontación que definen el inicio y el final de la trama, coadyuvan el discernimiento que bifurca los senderos que los personajes deben alcanzar para sobrevivir no sólo la orfandad sino al ataque de la milicia por ideologías que ellos desconocen. Las creaturas del horror representan símbolos que confrontan a los personajes con la otredad, la maldad y la bondad intrínsecas en el universo de las posibilidades, el mito en diferentes acepciones y los artefactos u objetos como símbolos. Pero el espinazo más que un hueso de la maldad o un referente de territorio, es en realidad la búsqueda de un refugio republicano ante las cientos de muertes ocasionadas por el franquismo durante la guerra, y en donde los huérfanos sobrevivientes entre los niños abandonados y vulnerables, aguardan la justicia y el descubrimiento de secretos inconfesables. El dolor de la guerra se muestra desde sus consecuencias, la dualidad de un conflicto fratricida argumenta la ausente incomprensión y la crueldad ante la violencia y el poder.

 

Si bien El Espinazo del Diablo profundiza el terror del conflicto armado, será El Laberinto del Fauno 2006, la cinta que consumará en asunción climática a del Toro, obra maestra de la cinematografía de la primera década del siglo XXI, El Laberinto del Fauno alcanzo un reconocimiento casi unánime desde su realización, la película se adentra en la estructura narrativa en dos planos que aunada a su trama emocional, presenta la crítica y la denuncia de la guerra pero también rebasa el presupuesto histórico para delatar el abuso femenino, el abuso infantil, la ambición, la tragedia de las luchas fratricidas, las consecuencias de los conflictos entre bandos, la no victoria en la guerra y la imaginación como un escape de la realidad. El portal, elemento indispensable en el imaginario de del Toro, quien suma a sus reconocimientos los premios Ariel y Goya, permitirá que Ofelia, su protagonista, de sentido a los cuentos que le apasionan y acuda a vivir su propia fábula de princesas, seres mágicos e inmortalidad, que acuerdan el anhelo de habitar el mundo de los humanos, cuando ella, quizá, quiere habitar el mundo de la fantasía, esa misma que la fábula del director mexicano presenta con angustia, dolor y esperanza.

 

El Laberinto del Fauno | Dir. Guillermo del Toro | México-España, 2006

 

Cada una de las pruebas conjuga un riesgo como riesgo que clandestinamente corren al armar a la resistencia sus conocidos, quienes después serán una especie de amigos al exilio de la rebeldía. Dos dimensiones, dos mundos, dos desenlaces, la vida y la muerte como únicas posibilidades determinadas por la guerra, conforman el ambiente decorado por árboles, llanuras y nubes oscuras de soles donde Ofelia busca la vida al procurarla en el cuidado de una raíz de mandrágora que semeja la enfermedad y su cura,  una acción que provoca dolor y que genera la acción de sanar la herida. En El Laberinto del Fauno, aparecen el relato que une la fantasía con la realidad, la historia y la leyenda, así como diversos símbolos.

 

En tanto encontramos o interpretamos referencias en búsqueda sobre la cueva de Platón, los laberintos de Borges, sus entradas y sus salidas, los insectos y los monstruos, la naturaleza y el artificio, el fauno y el jengibre, las hadas y los portales que separan dos mundos y los unen, así, tal como sucede con los seres humanos y sus ideologías, tal y como el mundo de la realidad imagina portales que hacen posible la realización de los sueños.

 

Heroísmo y Movimiento

Guillermo del Toro ha grabado su nombre con peculiar fuerza en el cine de súper héroes, lo hizo incluso en los albores, del tercer boom de los mismos, si consideramos que Superman 1978 Richard Donner, Batman 1999 Tim Burton, y Spiderman 2002 Sam Raimi, relanzaron el cine de súper héroes, que viera su clímax con El Caballero de la Noche 2008 Christopher Nolan, y su ser sólo industria en Los Vengadores 2012 Josh Whedon. Secuela de la cinta Blade de 1998 dirigida por Sthepen Norrington, Blade 2 ofrece a diferencia de su antecesora, una visión de autor que convierte una cinta de comic convencional en una propuesta narrativa de mayor profundidad filosófica. La sangre como alimento, la necesidad de beberla y del ser humano por tenerla, generan una diatriba por demás interesante que sostiene la ética del híbrido protagonista, mitad humano, mitad vampiro, en su afán vocativo por combatir a una cepa de vampiros que atentan no sólo con ambas especies si pudieran así denominarse en diferencia.

 

Guillermo del Toro plantea dos elementos clave, la amistad en la búsqueda casi apostolar por su amigo Whistler, aunado al compañerismo encarnado en el personaje Scud, y la definición como un componente ineludible del desenlace, es decir, los personajes toman decisiones pero hay un destino que los alcanza al tomarlas. La sangre como elemento y el ímpetu monstruoso por alimentarse de ella, remite al origen del mito de los vampiros una visión que debate el presupuesto literario del siglo XIX en la creación de vida por el hombre que encumbraran Mary Shelley y Bram Stoker, y logra que la visión originaria del mito como relato, actualice una visión posmoderna del cambio de milenio que apela la urgencia ética del deber ser.

 

En Hellboy 2004, sembrar el mal y cosechar el bien resultaría una suma de factores cuyo resultado pareciera imposible o de origen perverso, irreversible, incomprensible a la luz de la ética y del bien como propósito, una siembra de mal que cosecha bien debido a la circunstancia, al contexto, al azar y a una suma de situaciones que derivan en la formación de un súper héroe diferente, genuino, que lo mismo es un adulto cercano a la tercera edad, que un rebelde sin causa debitando entre la adolescencia y la juventud. Guillermo del Toro hace de su trabajo en Blade 2, un pasaje portentoso de tonos oscuros que en Hellboy dará un color cobrizo a su pasaje por los comics.

 

Hellboy | Dir. Guillermo de Toro | Estados Unidos, 2004

 

Si alguna historieta hubiera estado elaborada para que el director mexicano pudiera ofrecer una visión de dos dimensiones, esa es Hellboy, donde su protagonista no envejece y debe adaptarse al paso de la historia al cruce de pasajes mágicos que separan el tiempo real con el fantástico de la historia y que construye portales entre el  mal y el bien como dos mundos opuestos pero incluyentes, en los que cohabitan seres mágicos y seres humanos. Una dualidad clave que se suma a la concatenación de pareos, despliega una confabulación que coloca en diferentes planos las dudas existenciales sobre la secrecía de la identidad, lo público y lo privado como ámbitos, ser y no ser parte de dos mundos y al mismo tiempo cobijarlos, así como atender a una vocación contraria para lo que se fue creado, hacer el mal y terminar haciendo el bien.

 

A diferencia de la primera entrega de Hellboy, Hell Boy 2 ofrece una aproximación más íntima del personaje hacia los mudos que habita, sea de forma sobrenatural, pluridimensional o el asumir la responsabilidad de una identidad oculta o de un heroísmo anónimo en un mundo pero reconocido en otro, Hellboy recuerda y anida los recuerdos de navidades que en la compañía de su padre, atesoran sentimientos recelosos, rebeldes pero siempre enternecedores en lo que pudiera considerarse una cinta con tintes políticos que  explora la guerra, la tregua, los acuerdos y desacuerdos de facciones al tiempo que da cuenta del amor y del sentido de la vida. da vida con una actuación de movimientos sugerentes al arte cual mimo, y a partir de él crea una atmósfera de introspección filial y fraterna que interrelaciona el amor como una motivación que el propio Hellboy experimentará desde su deseo de formar un hogar, construir una casa y ser resguardo de sus gemelos.

 

De Intriga y Amor 

Pero no sólo es la fantasía, el horror, la supervivencia desde las invenciones, los monstruos y seres capaces de habitar dos dimensiones, tampoco es el suspenso per se o el horror sorprendente, no es la guerra como un detonante de la realidad en la fantasía ni la aventura como encargo del destino, no es la ciencia y la tecnología en su avance dicotómico, es también la vida, la muerte y el amor que en diversas dimensiones se manifiesta para cimentar las variopintas bases narrativas y visuales del genio mexicano.

 

En La Cumbre Escarlata, Crimson Peak 2015, una trama sustentada en la fantasmagórica misiva que a modo de advertencia, da cuenta de la arcilla y los jales donde ésta se encuentra o se vislumbra, el director ganador del Premio Ariel, asienta las bases de la expectativa en la imaginación de quien anhela por una parte ser escritora, y por otra, afronta el desengaño como premisa de la vivencia que relatará tras su experiencia paranormal como guía.

 

La Cumbre Escarlata entrelaza la habilidad del director para manejar los engaños y secuencias del suspenso, que atienen a su influencia directa de Alfred Hithcock y Francois Truffaut, con la transformación de los fantasmas ante los descubrimientos que la protagonista confirma poco a poco, el fantasma negro es ahora una cofradía de espectros escarlatas como escarlata es la arcilla que ante la nieve baña el blanco por el rojo. Ilusión, ambición, incesto, tradición, engaño, espejismos, apariciones y una extraña infusión de la culpa como condena, conforman un serial de acciones continuas que convergen al color del dolor y de la tierra. No obstante la tragedia de la trama, del Toro presenta una alternativa redentora del fantasma en la libertad del personaje principal, y a la vez la delegación cual herencia de una pena que se sienta a tocar el piano por la eternidad, aquello que podemos hacer por amor hasta que alguien más pose sus pasos en el rojo de la arcilla que baña de sangre la nieve al invierno. Y es a través del amor donde el director despliega toda su sensibilidad y la empatía con la profundidad del amor irrealizable pero posible gracias a la capacidad de los amantes por sentirlo, La Forma del Agua, The Shape of Water 2017 es una película que conjuga un guión bellamente trazado por del Toro junto a Vanessa Taylor tanto en sus secuencias como en la profundidad de sus reflexiones, expuestas cual si fuesen soliloquios en diálogo.

 

Situada en la Guerra Fría, al medio de los avances científicos y tecnológicos que se desarrollaron tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, La Forma del Agua narra una historia íntima que pudiera resultar la simple historia de amor tras un encuentro fortuito, y que sin embargo, es la compleja manifestación de los sentimientos del corazón que de tanto sentir no sabe cómo cualificar las intensidades que remembran sus historias televisivas; una niña se adentra en las profundidades de la superficie y topa monstruos ante la inocencia.

 

La Forma del Agua | Dir. Guillermo del Toro

 

Sus personajes permiten una relación de amistad y anhelos que fenecen en la eternidad como presenta El Laberinto del Fauno, es La Bella y la Bestia de Jean Cocteau la que viene a mi recuerdo al presenciar La Forma del Agua y sentir en la conexión de los personajes el fluir de una relación pluridimensional entre dos seres. En La Forma del Agua fluye una historia de amor entre dos seres vulnerables que contrastan la invisibilidad con la visibilidad y el alarido contenido con la mudez de las palabras que no pueden expresarse más sí sentirse en la caricia.

 

Sally Hawkins logra una actuación extraordinaria que bien cimienta su multifacética trayectoria y que alcanza matices oníricos, acompañados por las actuaciones igualmente soberbias de Michael Shannon, Octavia Spencer, Richard Jenkins, y una vez más de Doug Jones, quien junto a Federico Luppi y Ron Perlman conforma el tridente de actores fetiches del director mexicano, Jones da vida a la criatura en esta propuesta fílmica que, tal como hemos enunciado anteriormente, revisita el debate teórico entre el romanticismo, el positivismo, la guerra y la paz, el avance dual de la ciencia y la tecnología, la modernidad y la posmodernidad en todas sus dimensiones narrativas y filosóficas desde el séptimo arte. La Forma del Agua es una trama de persecución que devela los sentimientos y avatares de la condición humana, el odio y la ambición, el amor y la compasión, que abre una pregunta generadora sobre los límites del ser humano ante sus acciones, ante su capacidad de sentir y abrazar los sentidos sin el prejuicio, que bien le valdrán sólidas nominaciones al Premio Óscar a Mejor Película, Guión Original y Director. En La Forma del Agua del Toro despliega un climático arcoíris de claroscuros temáticos que van de la ciencia ficción a la fantasía, de la fantasía al drama, del drama al thriller, y del thriller al suspenso para volver la trama hacia los acontecimientos históricos y a la imaginación de un amor que es libre porque se ama, y de una vida que aprisiona situaciones que al vivirlas se liberan.

 

Nota: Fotografía de portada Guillermo del Toro El Clarin.

 

 

Foto: Iván Uriel | Filmakersmovie.com

Iván Uriel Atanacio Medellín | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com