Por: Rodrigo Sánchez Ruiz

MeliésNo podría engañar a nadie diciendo que el arte no existía en aquel entonces, en aquel momento en el que Meliés convirtió la máquina más desaprovechada de todas, en aquella que volaba, que enmudecía, que alucinaba. Existía la música, la escultura, la pintura. Existían las artes, artes que expresaban tanto diciendo tan poco, artes que de una sola forma comunicaban un mensaje tan imposible de manejar con las palabras. Sin embargo, a pesar de la belleza de la absoluta abstracción que expresaban, eran incompletas. Cada una de ellas comunicaba una u otra cosa, eran limitadas.

Una imagen dice más que mil palabras, así como un sonido o una forma comunican ciertamente más que la teoría. Pero jamás se había podido englobar el mensaje tan profundo que podría emerger del sonido, las formas y la imagen.

El cine, quizás con un inicio tropezado, pudo comunicar la hermosura audiovisual que en distintas formas de ver y comprender, satisfacía al ser. No era una imagen, una letra, una forma. Era una eternidad, era todo. Era ser absuelto de la realidad para profundizar en la existencia. Era el sonido, la imagen, era de una perfección irrefutable.

El cine, en un inicio, sin detallar ni sonorizar una sola conversación, un solo diálogo, comunicaba la desesperación del olvido, la injusticia de la humanidad, el amor perdido de las almas y hasta las risas asfixiantes de la sociedad. El cine robó corazones, no por un enamoramiento perecedero sin precedentes sino verdaderamente por un amor auténtico hacia el arte, hacia la innovación de las posibilidades.

Los que hacemos cine, los que deseamos hacerlo, somos partícipes de la imaginación. Podríamos autodenominarnos creadores de un proyecto, de una ficción. Sin embargo la realidad recae en que la ficción siempre ha existido, no fue creada. Simplemente, y a provecho del séptimo arte, hay que saber atraparla.

 

 

Rodrigo SánchezRodrigo Sánchez Ruiz |  @rodrigorusan9  | www.kanaleta.blogspot.com | rodrigo_sr99@hotmail.com | México 

Rodrigo Sánchez Ruiz siempre ha mostrado interés por el  arte, viéndose atraído por artistas como Dalí, Miró, Picasso, Jackson Pollock, entre otros pintores. Practica la pintura, y muestra mayor empatía  por el cine y la música, con influencia de sus dos hermanas mayores y sus padres. Crea Clickcab Productions con Santiago Carreto Sánchez,  realizando  productos finales de película, fotografía y video. Con “El Recuerdo de la Pluma”, muestra un complejo tratado psicológico atípico atractivo para la audiencia. Actualmente escribe un gran número de textos y pensamientos, además de poseer un amplio repertorio de material fotográfico expuesto en su página web.