EL ESTABLECIMIENTO DE LA VERDAD EN UN DULCE OLOR A MUERTE

 

Por:  José Antonio Durand Alcántara

 

Un dulce olor a muerte | Gabriel Retes | México, 1999 | Afiche Amazon

La película Un dulce olor a muerte (realizada por Gabriel Retes, 1999) constituye un muy buen ejemplo de la forma como se produce la verdad por consenso; construcción con base en acuerdos de voluntades y al margen de lo cierto.

 

Michel Foucault, en su soberbio e indispensable ensayo “La casa de la locura”, señala que la verdad se convoca por medio de rituales, se le atrae según estrategias, para quedar sometida al juego azaroso de las dominaciones como entidad política, donde lo cierto, el hecho veraz, no importa pues casi nunca tendrá cabida en un discurso dispuesto para la dominancia.

 

En el filme citado se aprecia con claridad varios momentos del proceso constitutivo de verdades basado en consensos carentes de pruebas empíricas que les den certidumbre, y que irremediablemente se imponen entre la gente como realidades objetivas, y de los cuales habré de referirme a dos de ellos que aparecen como entidades de certeza de una comunidad proclive a la ocultación, al simulacro y al engaño como fórmula inequívoca de convivencia y supervivencia de la clase media y media alta en un ilusorio ámbito rural mexicano. Escenario por demás propicio para establecer la forma fallida como se resuelve en la apariencia una pesquisa policíaca.

 

El contexto en el que se desenvuelve la trama moralizante de la cinta es un feudo donde la corrupción es el signo elocuente de una complicidad ampliamente compartida.

 

Resulta pues que una relativamente inofensiva confusión que da lugar, a su vez, a una aparentemente irrelevante mentira termina por convertirse en verdad, desprovista de lo que llamaría Frege referente veritativo, como resulta ser el inexistente noviazgo que sin escrúpulos Ramón (Diego Luna) admite haber sostenido con la mujer asesinada, pudiendo suponerse que el protagonista asume tal papel otorgando calidad de cierto a la impostura de ser el novio por el status que de ello deriva: prestigio ante su grupo de pares y en general ante la comunidad dada la inobjetable belleza de la joven muerta.

 

El segundo momento de supuesta verdad, vale decir de mentira validada como verdad, es la presunta culpabilidad asignada al errabundo Gitano, a ese personaje cuyo solo sobrenombre alude ya a extranjería, a nulas raíces, a ausencia de compromisos, que se yerguen como antítesis de los valores sustentados en el feudo de Carrasco.

 

Por otra parte, no parece ser casual que el nombre del representante de la justicia sea Justino: anciano de marcha claudicante en metáfora alusiva de la cojera de una justicia que tropieza con usos y costumbres de la comunidad, igualmente corrupta, quien le asignó a Justino la tarea de convertir en culpables a inocentes exonerando al verdadero asesino, como muestra elocuente de la decrepitud con que camina esa justicia de bastón.

 

La novia ficticia de Ramón, ante el deseo de hacer del conocimiento público la clandestina relación que sostiene con un hombre casado, sufre la muerte a manos de su verdadero amante, el cual prefiere matarla antes de que se descubra la infidelidad de un esposo para quien las apariencias y las simulaciones son indispensables en ese frágil ordenamiento del mundo con que vive o sobrevive Carrasco.

 

Finalmente, considero que Un dulce olor a muerte es una excelente película que mueve de manera inteligente al espectador, hacia un cúmulo de interrogaciones sobre sus propios valores y principios.

 

Un dulce olor a muerte

Dir. Gabriel Retes

México, 1999

Preview 11:42

 

 

 

 

José Antonio Durand Alcántara Académico y Escritor | México

Mtro. en Sociología y Doctorante en Antropología Social por la UNAM. Presidente de la Academia Literaria de la Ciudad de México A.C. y Profesor de la Humanidades de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza. Es miembro del Consejo de Vigilancia de la Academia Mexicana para la Educacion e Investigación en Ciencias, Artes y Humanidades. Ganador del Consurso “Cuento, Poesía y Periodismo” UAM 1983 entre otros. Autor de varios libros de poesía y cuento, obtuvo el reconomicimiento por sus aportaciones a la difusión de la cultura y el arte por el INDAUTOR 2005, fue traducido al francés en la Antología México-Québec 2008, y recibió el Premio Nacional a la Gestión Cultural 2017 durante los trabajos del 6to Maratón Nacional de Lectura en la Biblioteca Carlos Fuentes.