11 marzo, 2026

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CINE Y LITERATURA, 91 AÑOS DEL PREMIO ÓSCAR. (III)

 

“Mi bella dama.”

 

Por: Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

 

George Cukor y Audrey Hepburn en el plató de My Fair Lady (1964)

Mi bella dama” es una película musical estrenada en 1964 y galardonada con el Premio Óscar como mejor película. La producción fue dirigida por George Cukor, y el guion realizado por Alan Jay Lerner está basado en la obra de teatro escrita por George Bernard Shaw titulada: “Pigmalión. El personaje histórico llamado Pigmalión, en la mitología griega se enamoró de una escultura bellísima que él mismo había realizado y a la cual le puso el nombre de Galatea, la diosa Afrodita le cumplió el sueño y convirtió a Galatea en una mujer de carne y hueso para que Pigmalión la cuidara y amara.

 

Pigmalión y Galatea es uno de los mitos más transmitidos en la historia del arte, Bernard Shaw en 1914 publicó una de sus obras teatrales más conocidas y cincuenta años después cuando la obra se presentó en la modalidad de película musical, tanto la obra escrita como la película se convirtieron en un referente de la cultura universal, por todo lo mencionado y teniendo de manera general el conocimiento del mito, conozcamos al moderno Pigmalión de Bernard Shaw.

 

La obra está compuesta en cinco actos, los personajes centrales son: “Madre (Señora Eynsford Hill), Hija (Señorita Eynsford Hill), Florista (Elisa Doolitle), Mistress Peace, Mistress Higgins, Una Doncella, Caballero (Coronel Pickering), El de las notas (Enrique Higgins), Alfredo Doolitle.” A continuación, en el presente artículo se abre el telón:

 

Todo sucede allá por el año 1912 en Londres, Inglaterra, eran las doce de la noche y la gente se encontraba en el Pórtico de la Iglesia de San Pablo esperando un taxi que las pudiera llevar a su casa debido el fuerte aguacero que caía, una joven florista accidentalmente choca con uno de los transeúntes y cae, pero, luego, luego se levanta y empieza a intentar vender sus flores a las elegantes señoras que esperan los taxis. La florista tiene unos dieciséis años, es guapita, de rasgos muy humildes: “Sin embargo, se ve que con un poco de cuidado sería una muchacha muy aceptable.

 

En el mismo lugar se encuentran Enrique Higgins, quien es un reconocido lingüista encargado de escribir el alfabeto fonético universal, Higgins le compra a la chica unas flores y en ese contexto conoce al Capitán Pickering, personaje que acaba de llegar de la india y era el autor de “El sánscrito hablado”. Pickering le dijo a su colega Higgins que había viajado exclusivamente a Londres para conocerlo y ver su gran trabajo de fonética universal, a lo que Enrique respondió que él estaba pensando viajar a la india con el mismo propósito, los lingüistas entablaron gran amistad y Pickering se fue a residir a la casa de Enrique Higgins.

 

Al poco tiempo de lo sucedido en la Iglesia de San Pablo, la florista llamada Elisa Doolitle se presentó en la casa de Higgins, el motivo de su visita era para que Enrique le enseñara a hablar. Elisa tenía la aspiración de trabajar en una tienda elegante de flores y por tener un lenguaje vulgar no lo había podido hacer, Elisa además de pobre, era muy desagradable por su forma arrabalera de hablar. Con Elisa enfrente, Higgins le apostó a Pickering que en seis meses si él se lo proponía haría de Elisa una dama de sociedad, es más sin problemas podría pasar por Duquesa.

 

La apuesta se formalizó, Elisa aceptó ser educada en modales y habla por parte de Enrique Higgins, la chica desde un inicio demostró a pesar de su humildad, ser de espíritu digno, una joven independiente, honrada, agregando que poseía gran virtud para aprender la lenguas, buenos modales, resultó ser muy limpia, ordenada, en dos meses tuvo su primer reunión en sociedad y si bien cometió algunos errores en su forma de hablar, al momento que llegó a la reunión todos los que no conocían sus orígenes quedaron sorprendidos de su belleza y elegancia:

 

La doncella aparece de nuevo y anuncia a la señorita Elisa Doolitle. Elisa, deliciosamente trajeada, produce al entrar tal impresión de hermosura y distinción, que todos se levantan como cohibidos. Es un contraste enorme con la florista estrafalaria de antes. Guiada por la mirada de Higgins, se acerca a la señora de la casa, con gracia estudiada.  Elisa. (Con corrección pedantesca y hermosa cadencia de voz.) ¿Cómo está usted, señora? Su hijo me dijo que usted me haría el honor de recibirme; así es que me he permitido… Mistress Higgins. (Cordial) Tengo una verdadera satisfacción por conocerla.”

Toda prueba que se lo ponía a Elisa era satisfactoriamente superada, el último gran evento se dio en una Ópera, terminado el evento los colegas lingüistas llegaron a su casa cansados y frente a su muñeca creada Enrique le expresó a Pickering:

Sí, sí; estaba muy segura de sí misma. La verdad, si no es por la negra honrilla, no llevo la broma hasta el final. Pero, en fin, me había empeñado en ello, y por eso la llevé adelante. Al principio, mientras estuvimos en la parte fonética, la cosa me interesó; pero luego me fue pesando lo indecible. Lo dicho: de no haber sido por el empeño, lo hubiese abandonado todo a los dos meses de empezar. Le aseguro a usted, Pickering, que no me vuelven a coger en otra. Una vez y no más. No haré más duquesas postizas.”

 

El experimento había terminado con gran éxito, fue aquí cuando Elisa estalló y después de una fuerte discusión con su maestro y creador Higgins, decidió irse de la casa, le dijo que hubiera preferido la dejara como una humilde florista, independiente, digna, honrada, a lo que aparenta ser hoy, una dama de sociedad que no tendrá de que vivir ni como sostenerse:

 

Elisa. – Antes de que se vaya caballero… Higgins. – (dejando, de la sorpresa, caer las zapatillas.) ¡Caballero! Elisa. – Deseo saber si mi ropa me pertenece o es del coronel Pickering. Higgins. – (Volviéndose a entrar del todo, cada vez más sorprendido.) ¡Para qué demonios puede hacerle falta al coronel tu ropa? Elisa. –Tal vez para la próxima muchacha que recojan ustedes para sus experimentos. Tengo que saber lo que puedo llevarme y lo que no. No quiero que luego me llamen ladrona. Higgins. – (Muy enfadado.) Llévate, con mil demonios, toda la casa, si quieres. Excepto las joyas, que son alquiladas. ¿Estas satisfecha ahora?”

 

A Elisa no le preocupada tanto su futuro, sino el trato tan frio e indiferente que recibía de Higgins, él le pedirá que regrese, sin embargo, nunca manifiesta amarla, es un hombre de cuarenta años que no tiene pensado casarse ni le interesa la vida conyugal. Elisa cree en los sentimientos y en la pasión, la historia completa es fascinante y si bien cuando se cierra el telón en la obra de teatro, el final queda abierto, en el epílogo Bernard Shaw nos presenta a un nuevo Pigmalión que lo considero insensible y materialista, es decir, más acorde a nuestros tiempos, que aquel Pigmalión de los siglos pasados romántico y enamorado…

 

Leer la serie: Cine y Literatura

 

Cómo se hizo My Fair Lady

Youtube: Cinecinéfilos films

56:42 min

 

 

José Miguel Naranjo

José Miguel Naranjo Ramírez | miguel_naranjo@hotmail.com | México

 José Miguel Naranjo Ramírez, es un escritor, articulista y ensayista mexicano. Desde hace más de diez años comparte sus reflexiones, estudios y reseñas acerca de literatura, música y cine, a través de su columna “Ruta Cultural”, publicada en diversos medios impresos y electrónicos; así mismo conduce un programa de radio.

 

 

CINE Y LITERATURA, 90 AÑOS DEL PREMIO ÓSCAR. (II)

Ben-Hur.

 

Por: Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

Lewis Wallace es uno de los grandes personajes estadounidense del siglo XIX, participó en la Guerra de Estados Unidos contra México en 1847, fue comandante en el Ejercito del Norte en la Guerra de Secesión librada en su país, años después fungió como Senador del Congreso, Gobernador de Nuevo México, no obstante, a pesar de su destacada trayectoria militar y política, Wallace es recordado y universalmente conocido por su faceta de escritor, su novela considerada una obra maestra de la literatura universal se titula: “Ben-Hur.

 

La novela fue publicada en 1880 y tuvo un éxito inmediato. En 1907 se realizó la primera película sobre la novela en un cortometraje de cine mudo. En 1925 se volvió a llevarla a la pantalla grande todavía dentro del cine mudo, siendo el actor estelar el mexicano Ramón Novarro, pero sin ninguna duda, la película que logró consagrarse como un clásico del cine mundial es la producida en 1959 por Sam Zimbalist y dirigida por William Wyley. Esta producción fue premiada con el Oscar como mejor película y el protagonista estelar que representó a Ben-Hur fue el actor Charlton Heston.

 

Ben-Hur es un personaje ficticio que vivirá en el mismo contexto histórico cuando Jesucristo vivió en el mundo, e incluso bien puede decirse que la novela en el hecho histórico nos está narrando parte importante de la vida de Cristo, ejemplos: su nacimiento, la adoración y reconocimiento de los tres magos, la predicación de Juan el Bautista, los milagros que realizó Jesús como convertir el agua en vino, multiplicar los panes, finalmente su enjuiciamiento, crucifixión y muerte, en todos estos acontecimientos Ben-Hur será protagonista central.

 

En esta interesante mezcla de ficción con hechos históricos, Ben-Hur es un joven príncipe de origen judío, heredó una enorme fortuna de su padre Itamar Hur, quien había muerto dejando gran prestigio a la familia Hur compuesta por Ben-Hur, su madre y su hermana Tirza. El pueblo judío se encontraba conquistado y gobernado por el Imperio Romano. Roma era una ciudad politeísta y respetaba la creencia de los judíos que tenían y tienen en un sólo Dios.

 

Ben-Hur en su infancia convivió mucho con su amigo Messala de origen Romano, Messala se fue a educar a Roma y cuando regresó y platicó con su antiguo amigo, Messalla había cambiado mucho. Claramente se percibe que Messala representa el poder autoritario, ensoberbecido, la figura materialista, el poder corrompido, mientras que Ben-Hur representa al pueblo judío, es un hombre de fe, orgulloso de su raza, de su historia, respetuoso del Tora que es la ley de Dios para el pueblo hebreo.

 

Si bien Roma respetaba la fe de los pueblos que conquistaba, ejercía su Imperio de Gobierno a través de diversas autoridades que representaban al Emperador. Valerio Graco fue nombrado Procurador de Roma en las tierras hebreas, y el día de su triunfante llegada accidentalmente de la casa de Ben-Hur cayó un ladrillo que golpeó la cabeza del Procurador, el joven Príncipe fue detenido, lo enviaron como esclavo de galeote y a su familia la encarcelaron con la intención que todos murieran para que desapareciera la estirpe de los Hur.

 

Los principales operadores de semejante acto de barbarie contra la familia Hur, fueron el joven Messala, todo autorizado por el Procurador Valerio Graco. La fortuna de Ben-Hur pasó a ser propiedad de los dos personajes mencionados, con el paso de los años por acontecimientos muy fortuitos el joven Ben-Hur logró recuperar su libertad, se convirtió en un hombre rico, recuperó algunas propiedades y bienes que habían pertenecido a su padre, se hizo de amigos leales, y su principal propósito era saber si su madre y hermana vivían, recuperarlas y vengarse del traidor y cruel Messala.

 

Cuando Ben-Hur recuperó su libertad, también adquirió la nacionalidad romana, su padre adoptivo el marino Quinto Arrio le dejó a su hijo no sólo bienes materiales, sino prestigio, reconocimiento, admiración y posición, a partir de aquí empezará todo un drama épico en la novela donde aparecen gran cantidad de personajes como Simónides quien era el antiguo administrador del padre de Ben-Hur, la hermosa Ester hija de Simónides y personaje que desde el primer momento se enamora del príncipe judío, reaparece Baltasar de origen egipcio y uno de los tres magos que fueron 27 años atrás a adorar al recién nacido niño Jesús, Iras hija de Baltasar, joven guapa, astuta y perversa que pretenderá con sus encantos engatusar a Ben-Hur, otro protagonista central es Ilderin un árabe rico amigo y protector de Ben-Hur.

 

Reinstalado en sociedad, amado y apreciado, Ben-Hur participará en la famosa e importante carrera de cuadrigas, su principal rival es el odiado Messala. Ben-Hur con diversas estrategias hace que las apuestas se eleven y al final el soberbio Messala apostó todo su patrimonio, porque estaba seguro que un romano es mejor que un “¡perro judío!”. El episodio de la carrera en la novela es impresionantemente cautivador, el judío no tan sólo ganó la carrera, además, el joven romano quedó paralitico para toda su vida, y si hasta aquí la historia resulta fascinante, falta lo mejor por venir, porque el dinero ganado en la carrera, las enormes fortunas que tenían Ben-Hur, el árabe Ilderin, el admnistrador Simónides, se utilizará para el siguiente propósito.

 

En toda Judea se escuchaba que el Rey de los judíos había llegado, Ben-Hur y sus compañeros no sólo querían vengarse del perverso Messala, también buscaban liberar a su pueblo del yugo romano, todos estaban ilusionado con la llegada del nuevo Rey, creían fervientemente que sería tan grande como David, tan sabio como el Rey Salomón, el viejo sabio Baltasar le explicaba a Ben-Hur y a sus compañeros que Jesús no venía a construir un reino terrenal sino espiritual:

 

“¡–¡Oh, sí!  –respondió el egipcio –. Y aún soy de la misma opinión. Tal es la divergencia de nuestra fe. Tú esperas a un Rey de hombres; yo un salvador de almas.”

 

El argumento de Baltasar hoy en día es muy entendible, pero en aquel momento histórico era el menos lógico y aprobado, todos esperaban a un Rey políticamente poderoso, que les restituyera la libertad y convirtiera al pueblo de Dios en la nación más poderosa del mundo, donde reinara la justicia y la paz, por lo tanto, Ben-Hur se fue al desierto y empezó a armar un ejército para ponerlo a disposición de Jesús el nazareno quien sin duda será el nuevo Rey de los judíos.

 

La historia final de Jesús la conocemos todos, la de Ben-Hur falta mucho todavía por conocer, tal vez, sea de los primeros personajes ficticios convertidos al cristianismo…

 

Ben Hur

Dir. William Wyler

Estados Unidos, 1959

Trailer 1:51

 

 

 

Leer notas relacionadas Parte I : «Lo que el viento de llevó».

 

 

José Miguel Naranjo

José Miguel Naranjo Ramírez | miguel_naranjo@hotmail.com | México

 José Miguel Naranjo Ramírez, es un escritor, articulista y ensayista mexicano. Desde hace más de diez años comparte sus reflexiones, estudios y reseñas acerca de literatura, música y cine, a través de su columna “Ruta Cultural”, publicada en diversos medios impresos y electrónicos; así mismo conduce un programa de radio.

 

 

 

CINE Y LITERATURA, 90 AÑOS DEL PREMIO ÓSCAR. (I)

Lo que el viento se llevó.

 

Por: Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

 

En el recién pasado mes de marzo se cumplieron noventa años que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas entrega el prestigiado premio mayormente conocido como “Óscar”. En el mundo del cine es el galardón de mayor reconocimiento, en estos noventa años la Academia a distinguido a destacados directores, actores, escritores, y muchas de las películas premiadas hoy son un clásico del cine mundial, algunas películas tienen su origen en guiones originales y otras son producto de obras maestras de la literatura universal.

 

Por lo antes mencionado, el presente mes será dedicado a conocer cuatro obras clásicas de la literatura llevadas al cine y premiadas con el “Óscar” como mejor película. La obra que inicia esta serie literaria fue escrita por Margaret Mitchell bajo el título: “Lo que el viento se llevó” publicada en 1936. La novela fue adaptada y llevada a la pantalla grande en diciembre de 1939. La película es una producción de David O. Selznick y dirigida por Víctor Fleming, los actores y protagonistas estelares son: “Vivien Leigh (Scarlett O´Hara), Clark Gable (Rhett Butler), Leslie Howard (Ashley Wilkes), Olivia de Havilland (Melanie Hamilton)”.

 

En la actualidad “Lo que el viento se llevó” es considerada una película de culto, Margaret Mitchell demoró un periodo de diez años escribiendo su única novela que la volvería inmortal. El contexto central que narra la obra es la Guerra de Secesión en Estados Unidos que se desarrolló entre 1861 a 1865, pero la obra va más allá de la guerra, viviremos parte de lo que los americanos llamaron la reconstrucción.

 

En enero de 1861 Georgia se sumó a los Estados del Sur que se estaban separando de los Estados Unidos de América, al final 11 Estados fueron los que conformaron la Confederación de América, los confederados apostaban por continuar con la esclavitud, además, se quejaban que la política federal favorecía los intereses económicos del Norte por encima de los del Sur. Los opositores eran los Estados de la Unión liderados por el Presidente Abraham Lincoln, quienes estaban a favor de la abolición de la esclavitud, las tensiones cada vez eran más fuertes y en abril de 1861 estalló la guerra civil estadounidense.

 

La historia de la novela inicia precisamente en ese mes de abril de 1861: “Sentada con Stuart y Brent Tarleton a la fresca sombra del porche de Tara, la plantación de su padre, aquella mañana de abril de 1861, la joven ofrecía una imagen linda y atrayente. Scarlett O´Hara no era bella, pero los hombres no solían darse cuenta de ello hasta que se sentían ya cautivos de su embrujo, como les sucedía a los gemelos Tarleton. En su rostro contrastaban acusadamente las delicadas facciones de su madre, una aristócrata de la costa, de familia francesa, con las toscas de su padre, un rozagante irlandés.  Los ojos verdes en la cara de expresión afectadamente dulce eran traviesos, voluntariosos, ansiosos de vida, en franca oposición con su correcto porte. Los modales le habían sido impuestos por las amables amonestaciones y la severa disciplina de su madre; pero los ojos eran completamente suyos.

 

El Sur es representado por gente valiente, adinerada, con un enorme gusto por la comida, la fiesta, el whisky, la mayoría de sus habitantes tenían poco o casi nada de afecto a los libros, al teatro, a la cultura, etc. Esto implica que Scarlett O´Hara era una joven cautivante, pero arrogante, caprichosa, engreída, vivía con su familia integrada por sus padres Gerald y su madre Ellen, junto a sus hermanas Carreen y Suellen, más una buena cantidad de esclavos, sirvientes, capataces, y, sobre todo, la joven vivía rodeada de enamorados que pretendían casarse con ella, entre los que se encuentran los gemelos Tarleton.

 

Scarlett estaba planeando con los gemelos el asistir con sus familias a la barbacoa que ofrecía la familia Wilkes, de pronto los gemelos le platicaron a Scarlett que mañana en la barbacoa, Ashley Wilkes haría público su próximo enlace matrimonial con su prima Menalie Hamilton, la noticia fue para la bella Scarlett como un balde de agua fría, resultó que la joven estaba plenamente enamorada de Ashley, y en ese mismo instante pensó y planeó todo para impedir que Ashley se casará con Melanie y lo hiciera con ella.

 

En plena fiesta Scarlett se las ingenió para platicar a solas con Ashley, le dijo que lo amaba, él caballerosamente la rechazó, la niña engreída acostumbrada a tener todo lo que quiere le pegó una cachetada y Ashley la dejó sola en la biblioteca, molesta y humillada por el rechazo Scarlett tiro un florero sobre la pared y en ese instante hizo aparición un personaje enigmático y carismático llamado Rhett Butler. Rhett había estado acostado en el sillón y escuchó toda la conversación de Scarlett y Ashley, ella sintió pavor, vergüenza, desesperación, Rhett le dijo que no era una señorita, pero que guardaría su secreto, desde éste momento Scarlett sintió odiarlo.

 

Por coraje y capricho ese mismo día Scarlett se comprometió en matrimonio con Charles Hamilton, hermano de Melanie y cuñado de Ashley. Obviamente no sentía la mínima atracción y gusto por Charles, a los pocos días los jóvenes se casaron. Charles se fue a la guerra y luego, luego, murió, Scarlett quedó embarazada y tuvo a Wade Hampton, hijo de Charles.

 

Por motivos de guerra, depresión y aburrimiento, Scarlett fue enviada a Atlanta para que viviera una temporada con su cuñada Melanie mientras Ashley regresaba de la guerra. En Atlanta, la joven sureña se reencontrará con el galante Rhett Butler, su reencuentro no fue muy agradable para la joven, sabía que ese hombre pícaro tenía un secreto suyo:

 

“–¿No tema, bella señora! Su culpable secreto está encerrado en mi corazón. –¿Oh! –murmuró Scarlett febrilmente –. ¿Cómo puede decir una cosa semejante? –Lo he dicho para tranquilizarla. ¿Qué quiere que le diga? ¿Sea mía, hermosa, o de otra manera lo revelaré todo?

 

Entre más convivía con Rhett más desagradable le era, con el paso del tiempo convivieron mucho, aun así, Rhett no dejaba de ser un hombre pícaro, cuando la miraba ella sentía que la desnudaba, pero en el fondo le gustaba, sentía una atracción especial por él.

 

Los confederados perdían la guerra, Atlanta era de las últimas ciudades por conquistar, Melanie estaba a punto de tener un hijo y Ashley le pidió encarecidamente a Scarlett no abandonara a su esposa mientras él estuviera peleando en la guerra, cuando las tropas de los yanquis llegaron a Atlanta y destruían la ciudad, Scarlett estaba desesperada, sufrían para comer, Melanie se encontraba muriéndose por el parto, no tenían caballos ni carros para abandonar Atlanta, se acordó del repudiado Rhett y pudo más su necesidad que el orgullo, lo mandó a llamar e inmediatamente como pudo Rhett robó un caballo y le salvó la vida de manera heroica a la bella Scarlett, Melanie y a su hijo recién nacido.

 

Cuando Scarlett llegó maltrecha a Tara a la casa de sus padres, su madre Ellen había muerto el día anterior, su padre por el dolor enloqueció, no había absolutamente nada para comer, toda la zona estaba desecha, incendiada, con todo en contra la joven empezará a tratar de sobrevivir, se verá obligada junto a sus hermanas a trabajar en el campo arando, mal comidas, y aquí es cuando Scarlett pronuncia desde el fondo de su corazón una de las frases más celebres de la novela:

 

El hambre volvía a roerle el vacío estómago. Exclamó en voz alta: -Dios sea testigo de que los yanquis no van a poder conmigo. Voy a sobrevivir a estos, y cuando todo termine no volveré a pasar hambre otra vez. Ni yo ni ninguno de los míos, aunque tenga que robar o matar. ¡Dios sea testigo de que nunca más voy a pasar hambre!”

 

Si la guerra las había dejado en semejante condición, lo peor estaba por venir, era la llamada reconstrucción del Sur. Falta demasiado por recorrer en esta fascinante historia. Scarlett por interés económico y sobrevivencia se casará con Frank Kennedy, pero Rhett Butler jamás desaparecerá de su vida, él la amaba y haría todo por conseguir su amor…

 

Lo que el viento se llevó

Dir. Victor Fleming

Estados Unidos, 1939

Fragmento 3:22

 

 

 

 

Foto: José Miguel Naranjo

José Miguel Naranjo Ramírez | miguel_naranjo@hotmail.com | México

 José Miguel Naranjo Ramírez, es un escritor, articulista y ensayista mexicano. Desde hace más de diez años comparte sus reflexiones, estudios y reseñas acerca de literatura, música y cine, a través de su columna “Ruta Cultural”, publicada en diversos medios impresos y electrónicos; así mismo conduce un programa de radio.

 

 

 

 

 

Congreso Internacional Literatura y Cine

Se llevará a cabo el 1er Congreso Literatura y Cine en la Universidad de los Andes Chile, este encuentro pretende abordar en profundidad la compleja, y cada vez más frecuente, relación entre literatura y cine, organizado por el Instituto de Literatura en conjunto con el Máster de Guión y Desarrollo Audiovisual.

 

El Congreso se propone como un foro internacional para teorizar e intercambiar ideas acerca de la práctica de la adaptación, teniendo en cuenta distintos lenguajes (cine, televisión, literatura, video juegos, webseries, etc.) y distintas culturas y mentalidades, desde una perspectiva tanto literaria como de los estudios de cine y su práctica.

 

Ámbito de investigación y debate:

¿Cuál es la verdadera relación entre literatura y cine? ¿Cuáles son las dificultades que presenta la adaptación de una obra literaria al formato cinematográfico? ¿Es posible narrar la misma historia en lenguajes tan disímiles? ¿Por qué, entonces, se habla de adaptación? ¿Qué es o en qué consiste adaptar un texto literario al cine? ¿Existen películas que hayan superado sus fuentes literarias? ¿En qué consiste la fidelidad a un texto? ¿Es la adaptación una traducción o más bien una reinterpretación? ¿Cómo se entienden las relaciones entre la obra original y el adaptador? ¿Lucha o cortesía en la aproximación al texto original? ¿Qué implica adaptar clásicos a tiempos modernos?

 

Se invita a participar con ponencias relacionadas a:

Académicos e investigadores del campo de las relaciones entre literatura y cine; de estudios comparados; novelistas; guionistas y cineastas; teóricos de ambas disciplinas; dramaturgos y directores de teatro; académicos e investigadores en filosofía del arte y estética; estudiantes de posgrado.

BASES

 

Presentación de ponencias:

1.- Abstracts o resúmenes: enviar a ilopez@uandes.cl, antes del 31 de julio de 2013.

 Texto de no menos de 800 ni más de 1.200 caracteres a espacio simple, indicando título del trabajo, nombre y apellido del autor, institución a la que pertenece, dirección postal y correo electrónico.

 

2.- Ponencias: enviar a ilopez@uandes.cl, antes del 31 de agosto de 2013.

 El texto no debe exceder las 10 páginas, en tipografía Times New Roman, cuerpo 12, doble espacio, con texto justificado, en castellano o inglés, formato WORD, indicando título, nombre y apellido del autor, institución a la que pertenece, abstract o resumen.

 

Esquema de desarrollo:

  •  Mesas de trabajo por áreas temáticas, con ponencias de 20 min. Las mesas de trabajo serán registradas audiovisualmente por UAndes Media.

 

  •  Valor de la inscripción para ponencias aceptadas: USD 50. Incluye almuerzo el primer día, cafés y traslados a hotel en convenio (punto de encuentro)-Universidad- hotel.

 

  •  Hotel en convenio (precios preferenciales): Hotel Atton Las Condes (Alonso de Córdova 5199, Las Condes, Santiago).

 

Coordinación General del Congreso:

Paula Baldwin Lind, Ph.D.

Instituto de Literatura, Universidad de los Andes

pbaldwin@uandes.cl

 

Secretaria ejecutiva:

Ignacia López D., M.A.

Coordinadora Académica,

Instituto de Literatura, Universidad de los Andes

ilopez@uandes.cl

 

Comité Académico:

Paula Baldwin Lind, Ph.D.

Carmen Sofía Brenes, Ph.D.

Susana Bunster H., M.A.

Miguel Donoso Rodríguez, Ph.D.

Braulio Fernández Biggs, Ph.D.

Vincenzo Gratteri, M.A.

Diego Honorato E., Ph.D.

 

Para conocer más sobre esta convocatoria escribe a : ilopez@uandes.cl y visita Congreso Internacional Literatura y Cine

Instituto de Literatura

Máster en Guión y Desarrollo Audiovisual

Universidad de los Andes

Fuente.

CINESCOPIO: Jane Campion

La contemplación de las relaciones humanas

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

THE POWER OF THE DOG (L to R): PHIL JONES (ASSOCIATE PRODUCER – 1ST ASSISTANT DIRECTOR), JANE CAMPION (DIRECTOR – PRODUCER – WRITER). Cr. KIRSTY GRIFFIN/NETFLIX © 2021

Ganadora de la Palma de Oro del Festival Internacional de Cine de Cannes en 1993,  y dos veces nominada al premio Óscar a Mejor Directora, Jane Campion una referente de la cinematografía universal, gracias a la profundidad temática de sus películas, a la calidad interpretativa de sus protagonistas, y a la forma en que hace de la cinematografía, un aforo para el debate, la reflexión y el diálogo multi temático a partir de la descripción, la narración, el uso de los silencios y del eco de la interioridad que se expresa mediante las emociones vertidas en sus trama.

 

Jane Campion refleja en la contemplación de su obra fílmica, el corolario intencional, la introspección de quien mira, y la observación de quien refleja en su actuar el entorno de la circunstancia, del camino como un hado destino, y de la sorpresa como una suerte de azar inadvertido o un acontecimiento que, transforma el acaecer de quienes, a partir de una historia, comparten de su vida los tomentos, deseos y anhelos que les configuran.

 

El Piano, obra maestra estelarizada por las imponentes actuaciones corales de Hellen Hunter, Anna Paquin, Harvey Keitel y Sam Neil, la cual ofrece desde la perspectiva de la audiencia, una forma de sumergirse entre las olas de paisajes extraordinarios, al tiempo que el sufrimiento, la resignación y la esperanza, acompasan la armónica irresolución de un piano que en la callada nota es bruma y es destello; una aproximación antropológica que denota los estudios en estas áreas de la reconocida Alumni de la Universidad de Wellington en su natal Nueva Zelanda.

 

En Swetiee, Jane Campion examina temas que había explorado previamente en sus trabajos iniciales, las vicisitudes de una mujer ante su entorno, las relaciones humanas que la implican alrededor de su familia, el amor y de sus padres desde las percepciones que se tienen de la edad, la época y la vida. An Agel In My Table, aborda la biografía de la extraordinaria escritora neozelandesa Jatet Frames, narración audiovisual que ofrece un recorrido en diferentes etapas de la vida de la autora, amparada en las autobiografías y en la escaleta de las edades que muestran su visión del arte y de la vida.

 

Campion captura la atención de los circuitos de festivales internacionales como el Festival de Venecia, que afirmaban el reconocimiento de su ópera prima y predisponían a la escena cinematográfica, hacia el arribo de su obra maestra, El Piano. Campion logra con esta cinta cimbrar el canon fílmico y en su legado, lega una pieza de análisis que lo mismo nos adentra en la relación de una madre y su hija, de una artista y su instrumento, como de una condena y el castigo, la justicia, la inocencia, la discapacidad, la liberación y el arte musical de un piano como el colofón emocional de la expresión humana.

 

El Piano obtuvo el premio Óscar a Mejor Actriz para Hunter y Actriz de Reparto para Paquin, al tiempo que brindó a Campion el Óscar a Mejor Guión Original para una épica cinta de sentimientos vertidos en su fotografía, asimilados en la dual humanidad de sus personajes, en la vuelta del silencio y en la ambientación vivencial de una resolución que deja a la audiencia en el resoplo del suspiro y el aliento.

 

The Portrait of a Lady, Holy Smoke!, In the Cut, y Bright Star, conducen el trabajo de Campion por las historias de época, la exploración de las intenciones, la reacción de los seres humanos ante las amenazas, los deseos y el prejuicio, así como el intento de hacer de cada cinta una entrega diferente desde la óptica de la artista. Tres décadas que vieron la transición e Campion por la última década del siglo XX y las dos primeras décadas del nuevo milenio, en las cuales la contemplación, el misticismo y el recogimiento, hicieron del sutil movimiento, de la mirada, del movimiento de las manos, del caminar y del propio respiro, un sello que coronaría la excelsa realización de The Power of the Dog, una cinta monumental, que desde el testimonio de miradas, de la muerte como un paisaje cobrizo, y del llano como un escenario donde el amor, el deseo, la obsesión, la ira, la envidia y el recelo, acusan en sus protagonistas la descripción de una historia que tenue hace densa la percepción poética de su esmero.

 

Cortesía : Netflix / Jane Campion / The power of the dog

 

The Power of the Dog, recibió sendas nominaciones para todo su elenco, un hito en la historia de las entregas del premio Óscar, Benedict Cumberbatch, Kirsten Dunst, Jesse Plemons y Kodi Smith MacPhee, quienes integran un reparto estelar para un drama que vira entre la psicología de sus personajes, la determinación de sus intenciones y la brisa que no plana la llanura porque no hay cabida al respiro de la oquedad. Polémica, aguda y profunda, la cinta impacta desde la conjetura de su título, y las contemplaciones como una complicidad manifiesta del espectador y la salida al laberinto sin salida que atestigua.

 

Pionera, precursora y creadora de un cine fundacional, Jane Campion ha labrado su andar cinematográfico a través de películas que no advierten una composición definida, sino abren las posibilidades interpretativas como un abanico de paisajes donde la cámara coadyuba en la audiencia el ejercicio de la contemplación que impulsa la dinámica de la consciencia, el debate, el análisis y el torrente de emociones, sensaciones y reacciones que hacen de la obra fílmica, una palestra emocional de las relaciones humanas y de su entorno.

 

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El SurcoEl Ítamo y El Muro, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La Voz Humana y Día de Descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com

 

Cinescopio: Joaquin Phoenix

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Miembro de una fraternal dinastía actoral, Joaquin Phoenix, quien recién ha sido nuevamente al premio de la Academia en la categoría de Mejor actor, emergió en el firmamento de la cinematografía universal bajo la estela de extraordinaria versatilidad que su hermano River, había dejado como legado en su corta pero notoria carrera en películas como Cuenta conmigo de Rob Reiner, Mi Idaho privado de Gus Van Sant, o Un lugar en ninguna parte, del enorme Sidney Lumet y por la cual el joven actor fue nominado al premio de la Academia como Mejor actor de reparto. Phoenix había tenido apariciones en cintas taquilleras, como el joven Harrison Ford en Indiana Jones y la última cruzada de Steven Spielberg, y se disponía a formar parte del elenco de la hoy clásica Entrevista con el vampiro de Neil Jordan, encabezada por Tom Cruise, junto a Brad Pitt, Stephen Rea, Antonio Banderas, Kirsten Dunst, y Thandie Newton, cuando murió en el Club The Viper Room, (el propio Joaquin avisó al 911 respecto a la sobredosis de su hermano mayor) punto de reunión de Los Ángeles, asiduo de actores como Keneau Reeves o Jhonny Depp, por lo que fue sustituido por Christian Slater.

El impacto de su muerte sacudió el Hollywood de principios de la década de los noventa, y los focos de atención a los valores juveniles de su generación, viraron a otras promesas como Christian Vale, Leonardo Di Caprio, Edward Norton, y posteriormente Matt Damon o Ben Affleck, quienes también integraron elencos dirigidos por Gus Van Sant. No obstante, un actor poco conocido para entonces, surgiría precisamente de las manos del célebre director afianzado en Seattle, con la cinta Todo por un sueño, a partir de ahí, su rostro, caracterizado por su intensa mirada, y la cicatriz de nacimiento que tiene sobre su labio superior, harían del ímpetu y energía de sus interpretaciones, volcadas en el despliegue físico de su talento, un referente de los años porvenir: Joaquin Phoenix. A diferencia de su hermano, nacido en el mítico Oregon, estado ícono de su tiempo, Joaquin nació en Puerto Rico, y aunque el impacto de la muerte de River influyó en su ausencia y casi renuncia al mundo del espectáculo, fue gracias al impulso del propio Van Sant que Leaf, como originalmente se llama, decidió transitar el camino de la actuación, en el cuál, tras más de dos décadas, le ha merecido sendas nominaciones al Premio Óscar, así como hacerse acreedor al Premio de Mejor Actor en los Festivales Internacionales de Venecia, Cannes, del Globo de Oro e incluso del Premio Grammy, y a ser dirigido por directores consagrados como Ridley Scott, Woody Allen, M. Nigth Shayamalan, Phillip Kaufmann, Oliver Stone, Ron Howard, Thomas Vinterberg, James Mangold, James Gray, Paul Thomas Anderson o Todd Phillips.

Camaleónico, versátil e inmerso en cada personaje, Phoenix decidió cambiar su nombre y virar hacia un espacio propio en el arte que de alguna forma se alejaba y acercaba a su vida como un llamado interno que sin duda abrazo con la misma intensidad que brinda en sus cintas, haciendo de sus personajes complejos visos posmodernos, reflexiones de interioridad, e imágenes de seres humanos que gravitan el vacío, el debate existencial y el letargo como estado consciente de una búsqueda continua, tal como su guasón, Phoenix captura el grito, lo guarda y expone, sea con un gesto, una expresión o con la mirada que ríe y llora con o sin el maquillaje propio de quien actúa y se adentra en su papel como una suerte de viaje sin retorno.

 

En esta edición de CINESCOPIO nos unimos en la suma al unánime reconocimiento que ha recibido la actuación del histrión a partir del estreno triunfal de “Joker” durante el Festival de Cine de Venecia, ganando el León de Oro, al que se adhirió el Globo de Oro hace unos días, lo que prácticamente asegura su nominación al Óscar donde buscará obtener por vez primera la dorada estatuilla. Gracias a la fuerte atención de la película durante la temporada de premios, el guasón  como un carácter podría otorgar de nuevos galardones para su intérprete, tal como lo alcanzara Heath Ledger, quien de forma póstuma recibió el Premio Óscar con El caballero de la noche” de Christopher Nolan en la categoría de Actor de reparto. Phoenix se apunta como sólida candidatura al Premio a Mejor actor en las diversas entregas por venir, y mientras la cinta reaviva su muestra en cines del mundo, y recibe los aplausos para su protagonista, recorremos algunas de las cintas que integran el canon fílmico del actor que además de haber superado su adicción al alcohol y ser amante de la naturaleza, es productor, guionista, director de videos musicales, y ferviente activista en favor de los animales.

Phoenix hace de sus monólogos directos a pantalla una estupenda analogía entre la imagen que lo mismo presenta una realidad que una fantasía, la que habita la mente del soñador y de quien sigue su sueño, captura imágenes de la desolación y la esperanza, asimila los testimonios, ofrece una serie de reflexiones en torno a lo que podrán o no pensar quienes verán sus películas.

Phoenix encarna los rasgos de angustia y pesimismo que copiosamente van hundiendo al personaje con motivaciones suicidas, que atiende al desaliento y busca evadir el dolor o el letargo, y quien ante las revelaciones que van sucediéndose como consecuencia del caso, va perdiendo las razones de su vida hasta mostrarse de frente al horizonte compartido de quien había intentado salvar desde un principio. Nominado al Premio Óscar en la categoría de Mejor Actor, Joaquin Phoenix encarna a la legenda musical Johnny Cash dirigido por James Mangold. Una historia de amor que atraviesa distintos periodos biográficos y musicales, convierten a Pasión y locura en una cinta convencional dentro de su filmografía, pero que le hizo asumir la personalidad y de suyo interpretar a una leyenda de la música estadounidense, y poner su voz al servicio de la causa.

Los hermanos Sisters presenta un dúo interpretativo impredecible y sumamente empático, John C. Reilly y Joaquin Phoenix en los papeles principales de esta adaptación de la novela escrita por Patrick deWitt dirigida por Jaques Audiard. La propuesta en principio conducida hacia la comedia negra, ubicada en el medio oeste y ambientada en torno a la fiebre del oro y las vicisitudes propias de la ambición y la venganza características del género, resulta ser poco convencional sorprendió a la crítica que esperaba la bien orquestada trama, la increíble química de sus protagonistas, y la compleja estructura sentimental de sus emociones.

Ganadora del Premio Óscar a Mejor Película, Gladiador es una cinta que tuvo éxito de crítica y taquilla en los albores del nuevo milenio, y trajo además de vuelta a cintas clásicas con temática romano religiosa que inundaron los cines de los cincuenta, valorada por sus actuaciones, efectos y banda sonora, compuesta por Hans Zimmer. Gladiador vio coronar la carrera de Russell Crowe, como Mejor actor en los premios de la Academia, pero abrió la ventana para Joaquin Phoenix, quien brilla intensamente con la similar reclusión interpretativa que otorgará en Puro vicio de Paul Thomas Anderson. Inmersos en el vértigo posmoderno que especializa sentimientos y los devora enviándolos a la realidad virtual, en que la amistad y la atención se disponen en la fascinación de un dispositivo y en la aplicación de sentirnos parte, Ella es una apuesta cinematográfica simple y compleja, tan real como ficciosa, próxima como distante. Theodore interpretado por Phoenix, se enamora de la voz que emana un programa de solitaria compañía, la voz es humana sin serlo, se enamora del amor y de la cadencia, de la palabra escuchada, de su capacidad para escuchar.

En un enorme duelo actoral entre Phillip Seymour Hoffman, Amy Adams y el propio Phoenix, The Master es alucinante y puntillosa respecto de los fanatismos, cultos y adoctrinaciones que lo mismo atraen y captan, que recelan y alejan a quienes por una parte lo practican y por otra lo sufren practicando, un viso no es exclusivo de culto alguno y más bien una observación universal de los mismos. Maestro y discípulo enfrascados en una socrática dubitación entre moral, ética y verdad, la adaptación a una sociedad que parece indiferente, indolente a los efectos traumáticos de la aproximación con la muerte a propia mano: una sociedad que se avoca a la producción, al desarrollo y al crecimiento, al trabajo sin descanso y al viable bienestar financiero, abre el espacio de quienes ofrecen la espiritualidad como camino, y la actitud como requisa para adentrarse al grupo desde una creencia o doctrina. En El guasón, Phoenix encarna al comediante Arthur Fleck, quien de la comedia fallida vira hacia el crimen, el caos y la anarquía en Ciudad Gótica, y en esa perturbadora fórmula, confronta los presupuestos sociales y la doble moral de la justicia, haciendo de sus acciones actos de protesta o desahogo, atendiendo al ausente apego, y a las marcas que prosiguen a las cicatrices. Joaquin Phoenix corona el punto más álgido de su carrera, y lo hace junto a su director y personaje, alcanzando una epifanía en la realización artística del equipo.

Es probable que la película sea rebasada en su estructura narrativa, e incluso que sea opacada la espléndida dirección ante la fuerte interpretación de Phoenix. Algunas críticas así lo sugieren, lo cierto es que una película de crítica social con alcances comerciales y artísticos, abre siempre el ámpula de una sociedad, que sumergida en la derivación decadente o en la mera indolencia hacia el otro, cavile reflejarse ante el espejo de la incomprensión o de la inclusión como punto de escape,  de ahí que la empatía hacia el personaje sea siempre recurrente con cada interpretación.

 


Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Cinescopio: Thelma Schoonmaker, genio de la imagen, maestra de la edición.

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Genio de la imagen y maestra de la edición, Thelma Schoonmaker ha forjado una carrera de más de cincuenta años en la cual, ha desplegado su extraordinaria habilidad para compaginar la narrativa del guion, la fuerza interpretativa de los actores, los efectos visuales de la industria, la fotografía como arte y las indicaciones de quien ha dirigido la gran mayoría de sus proyectos, el legendario Martin Scorsese. Thelma Schoonmaker se ha caracterizado por brindar un estilo propio a sus ediciones mediante cortes, montajes e imágenes llenas de dinamismo, plasticidad y energía interpretativa, cuyas secuencias compaginan un armónico matiz de espacio y tiempo, fondo y forma, color y profundidad enarbolados por el uso de luces, flashes y visos musicales acompasados lo mismo de una palestra colorida, como de un prismático blanco y negro, el movimiento de una cinta de época que el de una película vertida en la épica violenta, la gesta histórica, o la vorágine de la posmodernidad agitada en el bullicio citadino de una fragmentada social.

Considerada la mejor editora de Hollywood en décadas, y una de las más célebres de la cinematografía universal, Schoonmaker inició su camino estudiantil por los pasillos del profesionalismo de la mano de Martin Scorsese, justo a finales de los años sesenta con la filmación de ¿Quién toca mi puerta?  y su complicidad volvió a reunirles hacia finales de la siguiente década, para iniciar desde los años ochenta con su brillante edición de la obra maestra Toro salvaje, su impresionante e inseparable mancuerna colaborativa. El estreno de El irlandés ha causado gran expectación tanto en el público como en la crítica, no es para menos, un proyecto gestado hace más de una década y que incluye leyendas como Robert de Niro, Al Pacino, Joe Pesci y Harvey Keitel, todos cercanos a los ochenta años, que por sí mismo resultaría suficiente para capturar la atención de la industria, pero si a eso le sumamos la dirección del maestro Martin Scorsese, en el mismo rango de edad, que convierte el acontecimiento en un hito, y el hito en un asunto imprescindible para los amantes del cine.

Y es que al resaltar la edad de los protagonistas y del director, nos lleva a destacar la longevidad de su extraordinario talento, misma edad e igual muestra de plenitud en Thelma Schoonmaker, quien a sus 79 años, ha recibido tres premios Óscar, más que ningún otro u otra editora en la historia, de las múltiples veces que ha sido nominada, y con El Irlandés, se apresta a recibir una nueva nominación por su arte. Schoonmaker sentó su legado no solo por la ópera prima de Scorsese, sino también por haber editado el histórico Woodstock, que dirigido por Michael Wadleigh, se convirtió en un vestigio del épico festival musical que fungió como encuentro generacional de la música, y de una variopinta ideología expresada en las notas de sus participantes, Joan Báez, The Who, Joe Cocker, Carlos Santana, Janis Joplin o Jimmy Hendrix, son algunas de las leyendas que formaron parte de ese manifiesto cultural que unió dos décadas y plasmó un sello contracultural con la diversa oferta de energía musical indescriptible como fundacional, mágica como realista, tan cruda como fantástica, tan natural como etérea.

En la década de los ochenta Schoonmaker desplegó su talento en cintas como Después de la hora con los humos de la penumbra y la precisión del tiempo que devora, El color del dinero con el dinamismo, fugacidad y exactitud del billar, La última tentación de cristo con su excelsa fotografía, el rimo exacto que unió las escenas de humor con la frustración de su protagonista en El rey de la comedia; pero es sin duda con Buenos muchachos, película sustentada en épocas y momentos, de situaciones concatenadas entre las acciones criminales, asociaciones grupales y una banda sonora de fondo, que Thelma alcanza su pico creativo, aunque Toro salvaje, es para mi gusto, su obra más poética, una edición de secuencias de boxeo coreografiadas, fotografiadas y dirigidas con tal maestría, que de no ser por Schoonmaker hubiesen podido perderse de incongruencia, Thelma las une de forma sublime, y en ello recibe una más de sus estatuillas. En los años ochenta también destacó su maestría en el montaje del video Bad, sencillo promocional del disco homónimo de Michael Jackson, que contó con una amplia difusión mundial, el video vierte la canción con un fondo bélico de ritmo y pausa, de esperas y aceleraciones repletos de matices que le llevaron a ser considerado un clásico. En el presente siglo, Schoonmaker destacó por editar la tumultuosa Pandillas de Nueva York, la lírica El aviador, donde ahonda en la edición fluida de luces, flashes y perspectivas, técnica igualmente admirada en El lobo de Wall Street y en Hugo, con excelsos efectos visuales.

El irlandés representa la oportunidad de admirar de nueva cuenta y en un mismo plató, a estos consumados titanes de la actuación, con la invaluable dirección del maestro Scorsese, enhebrados en la magnífica edición de Thelma Schoonmaker. Editora nacida en Argelia, esposa del mítico Michael Powell, director de una de las películas favoritas de Scorsese, Los zapatos rojos, Thelma Schoonmaker ha logrado con El irlandés, una nueva proeza en su canon fílmico, que se suma a los esfuerzos de inversión que conllevaron espectaculares efectos visuales de rejuvenecimiento, con los ires y venires por sucesos acaecidos en cinco décadas diferentes, cuyos cortes y unión de imágenes, resulta en un mágico compás que une todas las aristas del arte cinematográfico.

En CINESCOPIO, rendimos un homenaje a la gran editora estadounidense, alumni de la Universidad de Columbia, egresada de la Universidad de Cornell, y quien durante la próxima edición de los premios Óscar (Ganó tres, Toro salvaje, El aviador, Los infiltrados) recibirá una nueva nominación, su séptima, la cual ostentará a sus, para entonces,  ochenta años; innovadora, creadora y visionaria, Thelma Schoomaker ha dejado su huella indeleble como una editora que transformó la forma de editar cine con estilo propio, lo hizo en su primera cinta, y lo sigue haciendo después de cinco décadas de magia vertida en la edición, Woodstock, Toro salvaje, Buenos muchachos, La edad de la inocencia, Los infiltrados, Hugo o El irlandés, son solo algunos títulos que como muchos más, llevan su percepción del tiempo, su nombre, su historia.

 

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Cinescopio: Paul Thomas Anderson

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Anima, cortometraje dirigido por Paul Thomas Anderson y protagonizado por Thom Yorke, vocalista de la banda británica Radiohead, ha sido recientemente estrenado en plataformas digitales con una estupenda recepción, surrealista, visualmente impactante y pleno de una narrativa sugerente.

Con motivo de esta peculiar realización y ante la celebración del 20 aniversario de Magnolia, dedicamos CINESCOPIO a uno de los más celebrados y reconocidos directores de este siglo. Paul Thomas Anderson confirmó con Magnolia que su carrera, anunciada por Juegos de placer con tintes de genialidad, tendría una confirmación al trazo con Magnolia, no sólo a nivel cinematográfico, sino desde la perspectiva filosófica que contiene su narrativa. Sus siguientes películas fueron recibidas con entusiasmo, y fue sorprendiendo a medida que sus motivos y protagonistas, aparecerían lo mismo para generar asombro que comprensión, Adam Sandler sería su siguiente opción, en una de sus mejores actuaciones, Embriagado de amor, y tras una tibia recepción vendría su obra maestra Petróleo sangriento en cuyas vicisitudes encarnaría el gran Daniel Day Lewis, Anderson había construido un canon fílmico variado y por demás interesante para ser estudiado en las distintas escuelas de cine, muchas de las cuales consideran al director californiano como uno de los mejores directores de su generación y de nuestro tiempo.

En Cigarrillos y café, Anderson relata un suceso coral unido por tres historias en torno a un billete de 20 dólares, el cuál, más allá de la valía financiera alta o no, conjuga un serial de sucesos azarosos vertidos en la paradoja, la tragicomedia y el humor involuntario de la suerte y la intención cuando son definidos por la circunstancia. La telaraña tejida en torno a un suceso, los pequeños detalles entre vidas que se tocan y los accidentes que las unen, se verá reflejado en Magnolia, de la misma forma que la ambición tendrá tintes futuros en Petróleo sangriento, y el juego de la vida como un hado de casualidades estará de manifiesto en Juegos de placer. Con Cigarrilos y café, Paul Thomas Anderson, como la mayor parte de los cineastas experimentales e independientes, invirtió sus propios recursos para financiar la cinta, y reunir al elenco así como conseguir el equipo necesario convirtió la realización en un caos que como resulta, ofreció un corto que causo sensación en diversos festivales, abriendo la puerta a Anderson para que la fundación del Festival de Sundance apoyara sus siguientes realizaciones, incluyendo su ópera prima, Hard Eight también conocida como Sidney, que narra la historia de un buscavidas del juego que en cuyo camino topa un necesitado de dinero, parvedad y deseo convergen unirse para obtenerlo, en uno el enigma de ansiar seguir jugando, en otro la necesidad de atender el funeral de su madre, en ambos la necesidad de alcanzarlo.

Dentro de las 8 películas que ha dirigido P.T. Anderson, la banda sonora ha resultado fundamental en todas y cada una de las cintas, sea por la música incidental o por la banda sonora ex profeso, cada obra del canon Anderson porta un sentido melódico peculiar y estrictamente calculado por el autor, y si algún compositor ha capturado la esencia del director, es sin duda Jonny Greenwood, compositor y guitarrista de la banda británica de rock alternativo Radiohead, una de las más célebres agrupaciones de las últimas tres décadas.

En Junun, Anderson despliega sus dotes documentales con una narrativa que apela más a las intenciones que inspiraron el álbum que a los objetivos de su lanzamiento, es decir, se anida en los porqués de la música desde su composición y de la esencia misma de la música como lenguaje. La audacia de Anderson para describir las emociones, la inspiración y la energía desplegada en la grabación, resulta deslumbrante, haciendo de Junun uno de los documentales más desafiantes de la década y una de las principales obras testimoniales referentes a la grabación de álbum alguno.

Adaptación de la novela homónima de Thomas Pynchon, Puro vicio es una película ambientada en los años setenta, época que parece ajustarse a los preceptos de Anderson para desarrollar sus realizaciones. La resolución de un caso es el motivo de la cinta en un primer plano, el vicio, cigarro, mariguana y deseo, el complemento; sin embargo, la secuela de dudas que abre sin cerrar una a otra, parece inferir en el espectador, una sensación de decadencia que se vive desde la interpretación de Phoenix, en la medida en que el vicio inherente, es también una incapacidad del personaje por desapegarse del pasado y bloquear así mismo un presente que no ofrece al detective Larry, las salidas al laberinto de un caso que ha tomado más por orgullo que por interés.

The Master una película alucinante, dura y puntillosa respecto de los fanatismos, cultos y adoctrinaciones que lo mismo atraen y captan, que recelan y alejan a quienes por una parte lo practican y por otra lo sufren practicando, un viso que no es exclusivo de culto alguno y más bien una observación universal de los mismos.  En general se considera  a la dianética y a su fundador como el referente de Anderson para escribir su historia, y, aunque fuese así de primera instancia para Anderson, desde mi punto de vista va más allá de una crítica concreta para abrir los recintos de la reflexión y de la necesidad del ser humano por encontrarse en un grupo, encontrar respuestas, hallar soluciones a la angustia existencial. Ésta será la sujeción que unirá personajes, trama y mensaje, una búsqueda de esperanza y encuentro, situada en la ambientación de los años cincuenta, Anderson, quien logra presentar sus relatos en distintas épocas, explora la alteridad entre maestro y alumno, de pastor y rebaño, de gurú y devoción, en una época caracterizada por un ambiente ambivalente, los dejos de una guerra, los vientos de triunfo y el espejismo real o ficticio de etapas nuevas. En esa sinergia de acciones y reacciones, están presentes la supresión, la autodestrucción, la pretensión y la expectativa de quien ofrece y quien recibe, haciendo de esta película una espléndida obra sobre los límites y extremos de la condición humana.

El hilo fantasma, es una poesía lírica, emotiva, profunda, desgarradora desde sus silencios, tenue de dolor en sus no dados abrazos y una original pieza romántica no convencional, así podríamos definir a la última actuación de Daniel Day Lewis en la gran pantalla. Inmerso en este conflicto interior, al cuidado vigía de su hermana, interpretada por Lesley Manville, en una exquisita actuación, no escapa de la posesión del amor que lo mismo intoxica que cura, que lo mismo envenena que sana, el amor que llegará, como un fantasma que no avisa pero se advierte, a través de Alma, caracterizada por Vicky Krieps. Reynolds Woodcock ha pasado su carrera dedicado al más mínimo detalle, al meticuloso arte de zurcir, bordar, diseñar, aplicar, pegar, colocar, pieza a pieza, botón a botón, al hilo invisible de una aguja que enhebrando la ilación de un vestido como si fuesen etapas, momentos, situaciones, recibe los halagos y a su vez el vacío de la soledad.  Es ahí, en ese juego solitario de pretender estar solo, anhelar estarlo o estarlo porque no hay alternativas, donde se anida la perfección de Day Lewis como actor, su actuación es un poema de la interioridad que se confronta ante los ojos del otro, de ese otro que despierta lo que estaba dormido, que es capaz de dar vida al sentido de matarlo y revivirlo al mismo tiempo, primero en el engaño, después en el consentimiento de quien se abandona en el sentir, en el deseo, en ese hilo fantasma que teje las relaciones y los apegos.

En Juegos de placer, la segunda cinta coral de Anderson, una aproximación puntual e hilarante que retrata con alta fidelidad una época y su contexto. El ascenso, el auge y la caída, como proceso natural, artificial o inevitable de la industria cinematográfica, sirve como palestra para analizar las vertientes que el cine y el sexo ofrecen desde el capital, al tiempo que detalla como una calenda de hechos factibles y supuestos, el paso de una década a otra y la percepción de su protagonista que, como si fuese un observador, ve incrementar y disminuir sus oportunidades como si el éxito se agotase al obtenerse.

Petróleo Sangriento ha sido considerada de igual forma como una de las mejores películas del siglo XXI, la mejor quizá de la primera década de la centuria, y el legado de Daniel Day Lewis a su trayectoria, y es que no podemos separar la lírica aguda, precisa y operística de Paul Thomas Anderson, de la interpretación del actor británico. La fiebre del petróleo, su anhelo, la búsqueda permanente y desesperante del elixir negro que nace del mar y de la tierra, la persecución de su emerger y la industria que conllevan el mercar el capital y su riqueza, forman el corolario para la relación de Plainview con su hijo adoptivo por circunstancia H.W., y con Paul Sunday o Eli Sunday interpretado a dualidad por Paul Dano. Dualidad que se enfrasca en la propia fe de un pueblo por su iglesia, en el fanatismo que converge en la fe y en la propia ambición. Una de las mejores actuaciones de la historia, reconocida por propios y extraños como el retrato perfecto de una interpretación en pantalla, el Daniel Plainview de Day Lewis es un personaje complejo, intempestivo, lo mismo predecible en el actuar que impredecible en el sentir, rudo y calculador, insostenible ante la espera y persistente en la búsqueda, el personaje alcanza matices sólo compatibles con la cátedra actoral de un consumado maestro.

Magnolia gravita momentos realistas, crudos y desconcertantes, lo mismo que pende intervalos surrealistas vestidos de existencialismo, desazón e incertidumbre, la causalidad y el azar agobian y liberan, castigan y redimen las cuitas de la vida como un caleidoscopio doloso de soplo y aliento. Paul Thomas Anderson condensa la caída de la posmodernidad y su pesquisa de identidades en una pieza de dolor, arrepentimiento, vacío y desesperación; cada uno de los personajes interconectados con la casualidad, con la casualidad o con el infortunio, portan en sus líneas y sobre todo en sus expresiones, la suma de todos los miedos y ansiedades que la falta de cariño, apego y motivos corresponden. La búsqueda de un estado de felicidad que parece no existir, la resignación, el sueño lúcido o las máscaras que cubren las secretas intenciones caracterizan las notas musicales de una canción compartida, de una risa amable, de una petición rota, de un intento fallido y de las buenas acciones sin objeto ni sentido. Magnolia es una bella página en la historia del cine contemporáneo, bella aunque duela, bella aunque asuste, bella aunque en sí misma parezca deplorable o poco atractiva. La pléyade de grandes actuaciones deja su huella como si el papel fuese ese lienzo en donde caben las mareas, los temblores y el arcoíris al final de la tormenta. Julianne Moore, John C. Reilly, Phillip Seymour Hoffman, William H. Macy, Felicity Huffman, Jason Robards -en su último papel- entre otros, acompañan la poderosa, cínica, sensible y quizá mejor actuación en la carrera de Cruise, para hacer de Magnolia una de las mejores películas de la década, una reflexión individual y colectiva a la paradoja, a los sentimientos, apegos, a la confirmación de un gran director y al advenimiento de una lluvia impregnada de los más vacíos aromas posmodernos.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

 

 

Cinescopio: Orson Welles

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

El ciudadano Kane, ha sido considerado por críticos, cinéfilos, investigadores y académicos cinematográficos como una de las más grandes películas de la historia, desde 1952 y hasta el año 2012 cuando Vértigo de Alfred Hitchcock tomó la estafeta, la obra maestra de Orson Welles fue considerada por la prestigiosa publicación Sigth and Sound como la más importante cinta de la historia. Estrenada en 1941, causa de revuelo, debate y polémica, la obra maestra del entonces joven director norteamericano, irrumpió blasones propios generando lo mismo asombro que desconcierto en diversos sectores del poder y la prensa. Pero el asombro no sería una consecuencia en sí mismo, sino el fiel reflejo del arte del maestro nacido en Kenosha, Wisconsin durante la primavera de 1915.

Welles cobró notoriedad desde el inicio de su brillante carrera, en el teatro obtuvo reconocimiento, en la radio revolucionó los contenidos virtuales que podrían considerarse reales desde el talento mismo de quien diera vida al micrófono, y con una sonora voz  suelocuente descripción en 1937 de “La guerra de los mundos”, logró que la novela de H.G.Wells, impactara de forma descomunal a la población al escuchar su transmisión radial, gente salía despavorida de sus casas o se resguardaba en ella, aterrada por los acontecimientos derivados de una invasión que solo sucedía en la imaginación del genio.

El derroche de talento e histrionismo de Orson Welles, adquiría la admiración y el reconocimiento inmediatos, lo que llevó al también director a dirigir y protagonizar la épica cinta que narra las cuitas de Charles Foster Kane.  A partir de ese momento y con sólo 25 años, Orson Welles transitó de la admiración al rechazo, del apoyo de la industria a configurar su propio cine independiente, y de la consideración de un hito norteamericano al exilio. Decenas de películas sin completar, centenares de secuencias y escenas incompletas, proyectos difusos entre sus propias cavilaciones de perfeccionismo, llevaron a Welles por la senda del mito. Su dedicación casi obsesiva por cada proyecto es tan famosa como su extraordinaria innovación, así como el carácter de sus personajes que impregnan situaciones límite, caracterizaron la portentosa obra de un cineasta que fue capaz de brindar un viso único a la fotografía en cada ángulo dirigido, así como a construir desde su propia invención un nuevo lenguaje cinematográfico.

Una sobria personalidad, atuendos perfilados por las gabardinas y los sombreros, el puro ensortijado de ansiedad y la quietud contrastante de sus pasos, son algunos de los distintivos del personaje que en sí mismo era Orson Welles.

Fue en 1985 cuando el maestro murió en Los Ángeles, California, y con él se anidaban en el misterio diversas producciones que aguardaban una conclusión indefinida. Es entonces que la realización de “El otro lado del viento”, se convirtió en todo un suceso, desde su inicio a principios de la década de los años setenta, hasta su conclusión final, o al menos así considerada por los allegados al proyecto, cuatro décadas después. “El otro lado del viento” fue estrenada el pasado otoño, con reacciones en su mayoría positivas, un festín visual que intercala el asombro, la nostalgia, la sensualidad y el atrevimiento del director en su testamento fílmico.

Uno de los mejores directores de la historia, para muchos el mejor, estrenada a más de treinta años de su muerte, su obra póstuma, al menos, la última cinta que filmó y la más reciente en ser concluida y restaurada desde sus negativos. El estreno ha generado en la previa gran expectación, y las escuelas de cine del mundo entero dispusieron atestiguar el auténtico acontecimiento que significa contemplar una película vestida por el anhelo, la ilusión y la magia del cine que presenta esas realidades alternas que no sabemos si son realidad o fantasía.

CINESCOPIO dedica esta entrega a modo de  homenaje a Orson Welles con motivo del estreno de “Al otro lado del viento”, y hacemos un recorrido por la fascinación que revisita las apoteósicas secuencias y brillantes actuaciones que definieron el estilo sobrio, visionario y operístico del imponente director.  La búsqueda y el encuentro que forman una constante de Welles, en “F de falso” adquieren sentido desde la percepción, el director nos invita a descubrir la verdad desde los hechos, la historia creada y recreada desde el arte y sus creadores, del escapista y su ilusión, el arte que vemos como mentira o verdad, la fabricación del fraude o de la propia realidad.

La declaración del director acusa directamente y con elocuencia, la magia, ilusión y fabricación de la verdad desde la realidad que confiere la apuesta por confiar en lo falso, que el propio cine antecede a la audiencia. Con “Otelo”, por ejemplo, Orson Welles continuó su exploración cinematográfica por la obra de William Shakespeare, la cual había iniciado unos años atrás con la realización de la espectacular cinta «Macbeth». Welles apostó por protagonizar él mismo la película, y recurrir al maquillaje y caracterización para conformar su personaje, incluso ante la falta de recursos, misma que había definido algunos utensilios e implementos como la corona de Macbeth, repetida en anécdotas y vicisitudes  en la filmación de “Otelo”.

En el teatro, Welles trató siempre de apuntalar con fuerza cada obra de Shakespeare con precisión y magnificencia, pero una vez detrás de las cámaras, ofreció el aporte único que no podría ofrecer la sala de teatro, la profundidad de los paisajes, el juego de luces de las emociones, el blanco y negro sepulcral y a la vez elegante, y los efectos visuales y de sonido que el movimiento de la imagen imprimiría al clásico. La profecía del poder delegado por el hado, los significados y conceptos líricos, la sobrenatural intervención del destino como consigna, omnipresente en la obra de Shakespeare, la dualidad humana y divina, y en la propia divinidad la maldad y el bien que se bifurcan en la predestinación, convergen el suicidio, la traición y la tragedia.

Obra maestra de la cinematografía de mitad de siglo, y referente fundamental del cine de la posguerra, “El extranjero” es una de las primeras sino la primera película que ofrecía a la audiencia en general, escenas reales a modo de vestigio del holocausto y la búsqueda en cierto flujo de persecución, de aquellos criminales de guerra que habían huido hacia diversos países, en especial al continente americano. Con esta premisa de culpabilidad y castigo, de escape y búsqueda, Welles ofrece una trama pletórica de detalles y símbolos propios de la época, lo que la convierte en una fuente de información contextual para quienes investigan la aproximación del cine hacia las consecuencias de la guerra, de los motivos y acciones que desencadenaron uno de los tópicos más dolorosos del conflicto. “El extranjero” hace referencia a un momento histórico, y con sutileza hace un gesto de pérdida de la inocencia política desde lo individual, con la prometida que debe asumir su futuro esposo es un criminal del guerra, y la del pueblo, que ha depositado la confianza en el maestro, en ambos casos, la referencia de la geopolítica emerge con asombro, y para esa acción, un mismo plano secuencial, la muestra gráfica de folios del holocausto que, desde el rostro de Edward G. Robinson,  ilustra lo mismo que aterra, sin duda, una película fundacional.

El reflejo multidimensional de un espejo, la infinita probabilidad de la imagen, la imponente presencia de Rita Hayworth, la intriga, el crimen, las prebendas a beneficio y la seducción, integral el insumo ficcioso de esta extraordinaria cinta de cine policial, que se convirtió en un hito de la cinematografía universal. La influencia de “La dama de Shanghai” es incuestionable, directores y directoras de distintos géneros han tratado de emular el logro cinematográfico del director nacido en Wisconsin. El personaje de mujer hábil, decidida e incluso fatal que retrata Hayworth, rompió muchos esquemas en su tiempo, y permitió a la actriz desplegar su capacidad histriónica generando diversos debates e incluso el rechazo de algunos círculos cinéfilos.

Adaptación de la novela ganadora del premio Pulitzer, autoría de Booth Tarkington, y ambientada a principios del siglo XX, “Soberbia” fue la segunda película dirigida por Orson Welles, y representaba el reto directo por emular el logro cinematográfico que había implicado su primera cinta. De igual forma, la película se convirtió en la primera adaptación literaria del director, lo cual sería recurrente en la gran mayoría de sus obras, las cuales basarían su óptica visual como intervención imaginaria sobre un texto primigenio. Finalmente, para concluir la serie de primeros sucesos en la carrera del director al filmar “Soberbia”, ésta significó su primera experiencia como director sin protagonizar la película, remitiéndose por entero a su labor como director, y por otra parte, acusó ser la primera cinta en cuya mayor parte del montaje final, contó con la intervención a ultranza de los productores, dejando el sensible gesto de insatisfacción que sería a posteridad un calificativo para el estado emocional del director.

“Campanadas de medianoche” ha sido reconocida por la crítica como una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la obra de William Shakespeare, en especial, por la concatenación de diversas obras en una; en torno del personaje Falstaff, Welles incluyó en la realización, pasajes de Enrique IV, Enrique V y Ricardo II entre otras, y lo hizo configurando la traición a la amistad como una tragedia de la inocencia, la ambición y las confabulaciones. Destacando la actuación de John Gielgud como Enrique IV y de Orson Welles como Falstaff, en la probable mejor actuación de su carrera, Welles consagró la cinta en el Festival de Cannes, y convirtió la adaptación en su película más personal, la más apreciada desde su propia consideración. El humor involuntario y trágico de la evasión a discreción de la otredad, lacera por completo la interioridad de Falstaff y le hace habitar la soledad en plena batalla.

Sembrar el mal y cosechar el bien resultaría una suma de factores cuyo resultado pareciera imposible o de origen perverso, irreversible, incomprensible a la luz de la ética y del bien como propósito, el mal de la corrupción anidado, dirigido y aplicado por un sistema, “Sed del mal” es una extraordinaria película que sitúa los sucesos en las horas del día y de la noche, oscura y progresiva, denunciante y encubridora de los males sociales. Situada en la frontera entre México y Estados Unidos, “Sed del mal” presenta una policía sumida en la corrupción en ambos lados de la aduana, en una coludida relación de intercambio de favores y generación de negocios que ante el poder de las influencias, procuran guardar en la intimidad de los separos. La secuencia inicial es perfecta, directa y sin cortes, la cámara inicia casi a ras de suelo y culmina en una toma panorámica mientras al fondo, al frente y al medio de los planos, gracias al efecto de profundidad de una toma que capta los movimientos y acontecimientos que se suceden uno al otro narrando la trama sin narrador y sin audio, permiten disfrutar la ambientación, y sumergen al espectador en el entorno que vivirán los personajes como un espacio definido por las circunstancias.

Obra maestra por excelencia en la cinematografía de Orson Welles, “El ciudadano Kane” es la película más alabada, reconocida, comentada y analizada de su canon, y sin duda, una de las más celebradas películas de la historia. Considerada como mencionamos al inicio por la revista Sigth and Sound por más de cinco décadas como la mejor película jamás filmada y de igual forma reconocida como la mejor película estadounidense acorde al AFI, American Film Institute, “El ciudadano Kane” es la historia de un hombre que pasó de la nada, al surgimiento, del surgimiento al auge, y del auge a la caída para culminar cual ciclo en la nada, y todo, amparado en el misterio y la suposición arrojadas a la avaricia, la ambición y el poder.

Una palabra bastó para encumbrar el enigma de la película “Rosebud”, y una acción para determinar la atemporal carga emocional del personaje Charles Foster Kane, que será narrada de forma no lineal bajo los acuses de su pasado y presente, desde la gravedad que transita el caer de una bola de nieve al soltarse de las manos del protagonista. Un susurro, un murmullo de la vacuidad del alma al desprenderse de la vida, asienta la consigna de la palabra, y presenta a la audiencia el ineludible recorrido por la vida del personaje. Inspirada en las cuitas del joven Werther, descritas por el genio John Wolfgang Von Goethe y en especial de su “Fausto”, “El ciudadano Kane” sufrió en su estreno la acometida del imperio de los medios representado por William R. Hearts, quien sintió aludirse ante la historia de vida de un magnate que comenzó en la pobreza y cayó en la levadad del poder una vez alcanzado el magisterio de su imperio.

Megalómano, obsesivo y ambicioso, Kane logra financieramente amasar una fortuna y posicionar un medio, pero carece de aquello que le da sentido, de lo más elemental, y sin revelarlo, deja una palabra al aire que parece remitir a un trineo, ese que el niño jugaba cuando en realidad fue feliz. Kane representa el amor que se obtiene y se pierde, el valor de lo obtenido, los sueños rotos, la frustración de vivir la insatisfacción continua, la salvedad de los años felices, la avaricia, la ambición, y el desapego que se olvida para luego volver bajo el cristal de un recuerdo, aquello que fue y quedó conformado por las letras que en una palabra, significan la búsqueda y el encuentro.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

Cinescopio: Kurosawa

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Maestro del discernimiento y de la ambigüedad, de la ética y la moral, de la rebeldía y el heroísmo, de la lealtad y el apego, de la vida y la muerte, del letargo y la esperanza, Akira Kurosawa exploró los rincones de la condición humana desde la dicotomía, la confusión y la identidad, el destierro y el arraigo, el debate y la confrontación de la interioridad. Sus películas, situadas en distintas etapas históricas y en distantes emociones generacionales, Kurosawa amalgamó las reacciones del ser humano ante su circunstancia, fuese en el Japón feudal, en el Japón del Siglo XIX o en Japón de la posguerra, fuese en el entorno rural o urbano, el maestro definió un estilo narrativo que permeó las interpretaciones de sus actores.

La estructura dinámica de sus guiones, el despliegue artesanal de sus secuencias, los tintes majestuosos de instrumentos técnicos y los imaginarios creativos que acompañaron su música a un instrumento, su colorida cinematografía y una edición pertinaz, que lograron genuinas epifanías cinematográficas. Pocos directores han logrado influenciar una auténtica escuela de realizadores, John Sturges, Sam Peckinpah, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, George Lucas, Peter Jackson, Richard Donner, Antoine Fuqua, Sergio Leone, Quentin Tarantino entre otros, avocaron referenciar e inspirar algunos de sus trabajos en el realizar japonés.

La fuerza de la naturaleza mediante la lluvia, el viento, el fuego, el agua y el aire, o la fuerza del temperamento y el carácter desde la calma contemplativa hasta la ira y la locura, rebosan los planos, ángulos y tomas a varias cámaras que caracterizaron su quehacer fílmico. Kurosawa recurría a la decisión como un fin y a los escenarios como un horizonte de perspectivas, el destino como determinación, la rebeldía como una suerte de liberación del albedrío, y las posibilidades duales del fallo a decreto del personaje, y a la consideración última del público, cobardía o valentía, villanía o heroísmo, prisión o libertad.

La posibilidad de la redención ante el crimen o el arrepentimiento ante una acción, procela el perdón a la culpa y la compasión piadosa del doliente, la indulgencia está presente como un antídoto al indolente devenir de la realidad, aún sea la trama una fantasía. El realismo social logra desde el misticismo hacer una crítica puntillosa y un manifiesto de preocupaciones ante el sufrimiento acaecido en la guerra, y el mundo dividido por la posguerra. Sus lienzos fílmicos poseen la cualidad de los cuadros estáticos en cuyo interior suceden los movimientos dinámicos del sujeto, no hay objetos en Kurosawa porque todo vive en sus películas, con un pródigo sentido animista de todo aquello que reside su escenario.

En Cinescopio celebramos la trayectoria del maestro japonés apuntando los dejos de una filmografía espléndida, llena de matices coloridos en su narrativa, vertida al blanco y negro de su ambigüedad, y a la profundidad de sus personajes. Kurosawa explora, la identidad, el honor, la cobardía, la inocencia, la valentía y el arrojo que denota la alteridad entre personaje y destino. El viaje del héroe que denota la base sustancial del mito poético, se plasma con los tintes particulares que firman sus lienzos. La genialidad narrativa de “Rashomon” 1950 con toda su dualidad contemplativa, la gallardía justiciera de “Los Siete Samurái” 1954 y la búsqueda de sentido en “Ikiru” 1952 por citar algunos ejemplos.

El prejuicio y la posterior inculpación por escrúpulo, termina siendo una fuerza de animosa sinergia que resulta una delirante mirada a la búsqueda como sentido del porvenir, de la empatía como una opción ante la duda, y la complicidad como el gesto compasivo de la alianza. Toshiro Mifune encabeza el histrionismo del maestro con una cátedra tutelar en cada cinta,  sumando su particular empatía, atracción y carisma, al tinte coral de un reparto que logra la audiencia se vea inmersa en su indagación sin cavilar la duda como el sello permanente de su relación, mientras afianzan a las consecuencias sus causas. En Kurosawa la teoría de juegos presenta una tabla de actores, circunstancias y posibilidades, que consiguen en la audiencia, apelar a la resolución desde distintas aristas -el deber ser-deber hacer- la lógica no tiene cabida y la ética enfrenta la neblina de la decisión. “Los Siete Samurái” por citar una de sus obras maestras, es una historia de justicia orientada en la redención del forajido, que remembra las andanzas caballerescas y los románticos cantares medievales, donde la amistad que alía ideales y motivos, la venganza como una suerte de revancha solícita, el ímpetu individual que converge la comunitaria demanda de protección, y un fuerte sentido de pertenencia, definen el concepto creativo que inspiró distintas versiones y secuencias a posteriori en el cine universal, e tema de fondo en esta obra monumental, es sin duda la emancipación, y lo aborda desde la libertad como anhelo, la ética solidaria con el ímpetu revulsivo de la solidaridad y el estandarte del heroísmo.

 “Trono de Sangre” su aproximación hacia la obra de William Shakespeare, libre adaptación del clásico “Macbeth”; “Ran” una de las más bellas cintas jamás fotografiadas, con un vestuario pletórico de colores y detalles cotejados por una fiel investigación histórica; “Yojimbo”, que hace referencia al contexto histórico en franca relación, por una parte con la percepción social del periódico histórico que explora, como de la cosmovisión social de su tiempo, o la misma Ikiru, “Vivir” quizá la película más humana de la filmografía de Akira Kurosawa, son una muestra poética de profunda introspección desde la desilusión y el desamparo, y a su vez, un canto esperanzador hacia la vida desde los apegos más íntimos.

Kurosawa presenta un razonamiento de abandono cuando el personaje ha perdido a su pareja y su hijo, no tiene deferencia alguna hacia él pues no tiene cabida en el pensamiento más que la directriz del egoísmo. El director encuentra el sentido de la vida en el apego más próximo, el de uno mismo hacia el otro y del otro hacia uno mismo, la alteridad que atiende experimentar desde los sentidos y aprehender la existencia desde el sentimiento. “El Ángel Ebrio” y la obra de arte “Rashomon” conforman la estructura de relatos que aprovecha el quit moral de su trama, para expresar el sentir de una derrota y las versiones diversas que se suscitan ante los acontecimientos de una guerra que destruyó cimientos anímicos y reconstruyó al mismo tiempo los frisos de la consciencia nacional desde su revisionismo. En “Rashomon” la trama es contada desde la perspectiva de diversas voces que suman el caudal orfeón que advierte dilucidar la realidad al punto de vista y la verdad a la intuición, cada personaje tiene en su relato la culpa, la inocencia o la omisión, y cada uno a su modo, relata las versiones particulares que se vierten como un horizonte de sucesos inacabados pero conexos en los hechos.

Kurosawa, presenta planos secuenciales que desafían la línea narrativa desde la reinvención del relato mismo, el orden y el caos de la historia, adquiere distintos números al índice de la película, el público puede ordenar y desordenar los episodios y aun así no llegar a la verdad, quizá, porque cada versión tiene una parte de mentira y una parte de verdad, quizá porque la confusión se deja al espectador como el resultado de la guerra misma, donde se escribe desde el punto de vista del vencedor sobre el vencido, o del impune sobre el proscrito.

Ganador del León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, del Globo de Oro, y del Premio Óscar entre otros, Kurosawa cimbró la segunda mitad del siglo XX, con un viso extraordinario al cine universal, que aunado a Ozu y Mosoguchi por citar algunos realizadores, sentó las bases de la heredad del cine japonés en el mundo.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

CINESCOPIO : INGMAR BERGMAN 

 

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

Un viaje sin remos amparado en bregar la brega del amor ideal y anclar la utopía de la fuga como una liberación más que un escape, así resuenan las imágenes del canon que legado el maestro Ingmar Bergman, en él convergen materia y naturaleza representadas por sus personajes, situados en el espacio tiempo de sendas tiendas de abacería, donde la cotidianidad hace de las estaciones y sus cambios, los giros de cuerda que aguardan suceda el sol ante el frío y las estaciones se hagan.

 

Ícono máximo del cine sueco, maestro de lo íntimo vuelto universal, Ingmar Bergman reflejó las relaciones humanas como un viaje a la interioridad e hizo de la mirada, un espejo que confluye, envuelve y recita desde su reflejo, las aristas más vulnerables del ser humano y su relación con la existencia que habita y comparte. Su cine se convirtió en un referente de la insatisfacción que se vierte cuando las preguntas perennes encuentran respuestas sin reacción, o por lo contrario, del gozo que genera la inmediata resolución de los conflictos que les anteceden, en todo caso, es un cine de viaje, de búsqueda y encuentro.

 

Ingmar Bergman | Foto: http://www.ingmarbergman.se

 

Bergman dedicó varias décadas de su vida a proyectar en la pantalla, el ansia de la persona por asumirse como tal, por inquirir ante la duda, y concluir la expectativa ante el desencanto. Su viaje alcanzó lo más profundo del ser hasta cimbrarlo frente al mar y ante la muerte, y a llevarlo por una revisión de lo vivido, captando el sentido de la vida ante el desahucio, mostró la valía de una sonrisa que se esconde bajó la alcoba ante el drama, o del deseo que prevalece rente al letargo de las relaciones nacidas de lo que fuese alguna vez amor y concluyó siendo un acuerdo.

 

Oriundo de Upasala, Suecia, Bergman recibió los galardones más codiciados de la industria y crítica fílmicas, los cuales por más que merecidos, no alcanzan a medir el grado de admiración de su público, ni la valía igualmente profunda, analista y expectante de su auditorio. Bergman se adentró a los rincones de la mente, ahondó en los rincones de la subjetividad, plasmó las inquietudes existenciales, las angustias religiosas, las ávidas respuestas espirituales y los senderos profusos de la muerte con la paradoja de la vida en sufrimiento.

 

El director delineó los parámetros de quien se hace a la vera del deseo, de la libertad y del reflejo, para encontrar el sentido a los andares, a la confrontación con el hastío, la vivencial dependencia del sentimiento y la imaginación como un escape al dogma.

 

Su cine hizo una oda la institución humana del amor, que se rebasa por los instintos e ilusiones que no pueden atraparse por las leyes, aguzó la distancia y la lejanía como una decisión y la necesidad de compasión como una consecuencia de la modernidad que razona y no atiende el sentido último de la existencia; situó  a la mujer como estandarte, al azar como circunstancia, al devenir como escenario y al arte como centro decisivo de las emociones humanas, y lo hizo desde el silencio, desde el desahogo, desde el susurro y desde el discernimiento como una posibilidad ante la determinación que resigna la propia voluntad.

 

Bergman asocia la convivencia desde planos diversos de la dualidad, al amor y al deseo, al matrimonio y al divorcio, a la prisión y a la libertad, a la enfermedad y a la cura, a la vida y la muerte, a lo familiar y a lo extraño, a lo propio y a lo ajeno, a las estaciones como estado de ánimo, a una partida de ajedrez como la última jugada del destino, y a la persona como centro y significado de la existencia. Bergman logró que su mirada, fuese un puente entre el asombro y el hastió, entre el dolor y el alivio, entre el sufrir y el consuelo, entre la pregunta y la respuesta, entre un director y su audiencia.

 

Sus personajes cohabitan entre sí una dualidad latente, genera uniones o rupturas al tenor de la reflexión como gestora de las posibilidades, encuentros y desencuentros de la condición humana. Bergman prioriza la interacción humana que soslaya el amor lo idílico por el deseo que al no contenerse conduce a la infidelidad, dejando el aura de duda, ¿será el deseo no es sólo carne sino amor? y ¿será que la infidelidad es hacia la institución del matrimonio pero no al sentimiento? En todo caso, la doble moral se hace presente como bujía de un juicio que sólo sucede y deja pensando al espectador, causando la duda y atisba el caleidoscopio de la figuración, el enredo, la intriga y la resolución pasional de los entresijos amatorios de sus personajes.

 

Con pericia de cirujano, con la astucia de un abogado y la introspección a provocación del psicólogo, el director genera en su audiencia una experiencia vivencial a modo de retrato de la relación simple y compleja de una pareja que asienta los sentimientos mientras descubre y redescubre, sin un ápice de impaciencia, la paciente espera de su tedio. La inocencia, el temor, las desavenencias, los intereses equidistantes, las peleas, las miradas obtusas, los posicionamientos irreconciliables, la habitación, la seducción y el aplomo ante las decisiones, detallan las que cierran el círculo de las relaciones desde los secretos que, a modo de una verdad que se oculta, prolonga el letargo del vacío sentimental que convoca pero no une.

 

El maestro atiende a los tópicos poéticos para expresar la angustia de la vida y la resolución en calma de vivirla, atiende al carpe diem y al tempus fugit, dejando así el avenimiento en víspera de una conclusión temporal, que otorga a las estaciones la cualidad de embellecer las hojas secas, hacer del viento música, y las expresiones en notas musicales. Liv Ullman como musa, la muerte como sentido y la vida como palestra, circundan las décadas en que sus películas definieron un estilo y encumbraron un género propios, Bergman revisita el regreso como el revulsivo que desencadena confrontar el pasado desde un ánimo de clausura, pues no hay cabida para el lamento si el regreso en sí mismo, es sólo la momentánea inspiración de la consciencia por volver a lo dejado.

 

La exploración de lo femenino, adquiere una voz que se hace coral a medida que avanza la película, y se convierte en una lucha incontestable por definirle desde el sufrimiento de sus personajes. Sus protagonistas, sufren por encontrar el significado a sufrir como si fuese la ineludible conclusión de la vida o un componente indispensable de la misma para vivirla intensamente desde el grito y el susurro. Su obra es lo mismo existencialista que espiritual, espiritual que nihilista, atea en la argumentación que bíblica en su referencia, la película se anida en la maternidad desde el simbolismo del cáncer de útero, en la decisión a libre albedrío de experimentarla, y en la libertad de ni siquiera pensar en una pareja como la obligatoria consecuencia del cariño.

 

La muerte como presente acuse del destino, aparece en el dolor de una madre tras la pérdida de su hija, y en la esperanza que Dios le ofrece ante la otredad que le confronta. El matrimonio como presa del hastío, parece concluir que tras el enamoramiento no hay manera de dar marcha atrás a la primera inclinación por el romance, y que una vez que el amorío se instituye, termina el enamoramiento por arroparse en la costumbre. Bergman aborda la superficialidad de la vida mundana y la doble moral de quien enjuicia ante el designio del prejuicio, la enfermedad es un motivo, la voluntad la consecuencia. En Bergman los secretos que se develan, van uniendo poco a poco los lazos más personales de forma extraordinaria, concatena de forma extraordinaria mediante la edición y la aparición de signos, claves y dejos, fotografías, recuerdos y sonidos, los cuales, luego abandona para hacer que la audiencia los una en la manera de los posible, mientras sus personajes avanzan sin más giro que la intimidad que progresa hacia la otredad que confronta y la interioridad que libera.

 

 

 

Iván Uriel | Filmakersmovie

Iván Uriel Atanacio Medellín | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

CINESCOPIO: Daniel Day-Lewis

 

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

Daniel Day-Lewis | Foro: Entertaiment

Único ganador de tres premios Óscar, afamado por su pericia en la selección de personajes, amparado en una trayectoria de interpretaciones que adjetivan la perfección, y envuelto en un halo de misterio, Daniel Day-Lewis se ha consagrado como el más importante actor de su generación, un histrión de su tiempo, que lejos de pretender los reflectores de la fama, que de suyo ha obtenido, o altas cifras de taquilla, concentró su energía en el fluir del arte actoral. Comparado por muchos con otras leyendas de la actuación como Sir Lawrence Olivier o Marlon Brando, Lewis, hasta el momento, aunque comparte con los anteriores una sólida trayectoria en teatro, no combinó efusivamente su vocación hacia la dirección como Oliver ni fue un sex symbol y ave de tempestades como el gran brando. Lewis es una perfecta combinación del actor clásico británico que atiende las tablas del escenario y que al mismo tiempo se adentra a las profundidades del personaje como un consumado actor de método.

 

Con “Phantom Thread”, la más reciente cinta de Paul Thomas Anderson, Day Lewis dice adiós a las cámaras de cine como actor, y se aleja de las marquesinas, al menos cinematográficas, dejando una huella indeleble, una carrera excepcional y un sello distintivo que pareciera haber sido trazado a perfectas líneas curvas como traza con perfección su personaje de modisto, un oficio que lo mismo requiere habilidad, diseño y astucia, gusto, precisión y sensibilidad, la que lleva al actor, a sumirse en una profunda búsqueda por la perfección creativa, alejando su vida de la realidad, alejando sus sentidos de sentirlos, alejando sus apegos del sentimiento y olvidándose de sí mismo en franca similitud con el compromiso de vida que un artista de método profiere a sus personajes.

 

Antes de obtener su primero premio Óscar, Day-Lewis pasó de personajes incidentales como en “Ghandi” 1982 de Richard Atenborough, ganadora de Mejor Película y Mejor Actor con Ben Kingsley, Lewis escaló el protagonismo con pasos agigantados y sutiles en cintas de prestigio, “The Bounty” 1984 de Roger Donaldson; “A Room With a View” 1985 de James Ivory (Quien recién ganó el Óscar por Mejor Guión con la espléndida “Call Me By Your Name”) y “The Unbearable Ligthness of Being” 1988 de Philip Kaufman basada en la exitosa novela de Milan Kundera. Pero fue con “My Left Foot” 1989 de Jim Sheridan, que Lewis alcanzó reconocimiento universal, ganando el Óscar en una de las más cerradas contiendas por Mejor Actor que se hayan visto en la historia de los premios de la Academia.

 

Tom CruiseBorn in the Fourth of July”, Robin WilliamsDead Poets Society”, Morgan FreemanDriving Miss Daisy” y Keneth BranaghHenry V”, compartieron una terna de pronóstico reservado. La década de los años 90, trajo para Lewis nuevos retos y una etapa de mayor introspección ideológica, política y actoral, “The Last of the Mohicans” 1992 de Michael Mann; “In The Name of the Father” 1993 de Jim Sheridan que le daría una nueva nominación de la Academia, y con quien más tarde haría “The Boxer” 1998; “The Age of Innocence” 1993 de Martin Scorssese, con quien repetiría complicidad en su reconocida actuación por “Gangs of New York” 2002, compartiendo créditos con Leonardo di Caprio y perdiendo el Óscar con la sorpresa de la noche, Adrien BrodyThe Pianist” 2002 de Roman Polansky, quien se impuso no sólo a Lewis sino también a Jack NicholsonAbout Schimidt” 2002 de Alexander Payne.

 

Acostumbrando a la audiencia a prolongados recesos para preparar sus personajes y a la vez tomar tiempo para sí, en una forma de escape, libertad o cercanía a la interioridad artística, el nuevo milenio ofreció a Daniel papeles memorables, epítome de su talento. En 2007 Paul Thomas Anderson le encomendó el papel principal de su aclamada “There Will Be Blood”, la que para muchos es una de las mejores actuaciones masculinas de la historia, en una de las mejores películas no sólo de su década sino del nuevo siglo. Esa temporada los premios llovieron a ramilletes, incluyendo su segundo Óscar a Mejor Actor. Premio que si bien lo encumbraba, aún aguadaba la compañía de una nueva estatuilla, la tercera, la definitiva.

 

Con “Lincoln” 2012 de Steven Spielberg, Lewis vuelve a los roles biográficos, pero en esta ocasión, sin mayor referente visual que fotografías, descripciones literarias y referencias orales a modo de tradición, que hicieron de su versión del prócer norteamericano, una auténtica creación actoral, que le valió el estatus de, hasta la actualidad, ser el único actor que haya ganado tres premios de la Academia en la categoría de Mejor Actor.

 

De esta forma y ante su reciente nominación en la 90ª entrega de los Óscares, los reflectores atendieron en parte los movimientos, expresiones y la imagen en sí de un maestro  que, aún a sabiendas de que no recibiría el galardón, pues su compatriota Gary Oldman llegaba con etiqueta de amplio favorito por su extraordinario Winston Churchill en “The Darkest Hours” 2017 de John Wrigth, asistía con la gallardía, caballerosidad y respeto por el oficio que se convirtió en parte de su ser y de la cual, el actor británico, de corazón para muchos irlandés, se despide con “Phantom Thread” dejando en la heredad un testamento de grandeza, amor y pasión por el arte actoral.

 

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Foto: Iván Uriel | Filmakersmovie

Iván Uriel Atanacio Medellín | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com