3 junio, 2026

Blog

Tár

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Puebla de Zaragoza, México 2024

Si el arte es una expresión creativa de ideas y emociones que invitan a la reflexión y pueden ser interpretadas de distintas formas según son apreciadas por los sentidos, entonces, al valorar cualquier obra o trabajo artístico, ¿se hace exclusivamente por lo que transmite y comunica o también por la calidad de persona que es su autor? Después de todo el artista deposita sus propias emociones, experiencias y esencia en sus creaciones y, suponemos, la gente se define por sus acciones y decisiones, pero, ¿y si esto resulta en una contrariedad? Qué pasa cuando alguien que aporta con su trabajo algo positivo para la sociedad, se comporta al mismo tiempo en otros ámbitos de su vida de una manera problemática, criticable, prejuiciosa.

La película Tár (Alemania-EUA, 2022) habla de estos temas, con énfasis en el competitivo mundo actual en el que reina la ‘ley de la selva’ o la ‘ley del más fuerte’, en donde cazas o eres cazado, eres presa o depredador. Escrita y dirigida por Todd Field y protagonizada por Cate Blanchett, Nina Hoss, Noémie Merlant y Sophie Kauer, la cinta estuvo nominada a seis premios Oscar: mejor película, director, actriz, guión original, cinematografía y edición. La protagonista es Lydia Tár, una aclamada compositora y directora de orquesta que a pesar de su fama y reconocimiento, parece que tiene que continuar sumando logros para mantenerse relevante, hasta el día en que sus manías alimentan tanto su ego que la destruyen por el propio peso de su narcisismo, juzgada y señalada no a partir de sus capacidades sino de sus fallas y en calidad de ‘mujer con poder’ que abusa de su posición privilegiada. La pregunta es si su situación se dificulta más por su inhabilidad para aceptar y cambiar sus defectos, o por la exigencia que se le hace hacia una imposible ‘perfección’, en parte por ser mujer, o por la facilidad con la que la estructura institucional le da la espalda en cuanto deja de jugar bajo sus reglas y lineamientos, especialmente porque habita en un escenario predominantemente masculino, como directora de orquesta y, por ende, se le juzga de manera más severa y rigurosa en comparación con sus contrapartes. “Hoy día la palabra ‘diverso’ está mal vista. Nuestra época es la de los especialistas. Te ven con malos ojos si intentas hacer más de una cosa. Los artistas son encasillados. De forma agresiva”, explica Lydia.

Por un lado es celebrada por su carrera artística, la gente tiene claro que cuenta con la preparación y pasión para estar a cargo de una orquesta y a su alrededor ponen en alto su aporte hacia la música y el arte en general. No obstante, al mismo tiempo Lydia es repudiada y condenada por la mismas razones por las que en parte es elogiada; adusta, necia y egocéntrica, su personalidad aleja y polariza con aquellos a su alrededor, pero en parte también sus actitudes son producto del ambiente competitivo y tóxico en el que se mueve, reacciones propiciadas por una sensación de envidia y menosprecio en lugar de solidaridad y colaboración, a raíz de una realidad social que demanda triunfos cuantificables como medida de éxito y progreso, y como consecuencia provoca resentimientos y sensación de fracaso si éstos no se consiguen. Esto significa que Lydia es un personaje complicado y conflictivo, siempre buscando control, siempre en la dualidad, siempre interpretándose a sí misma en lugar de permitirse ser ella misma. Por eso parece determinada a construir una barrera a su alrededor con tal de evitar las críticas destructivas propias de su ambiente, no exclusivamente el medio artístico, que no está acostumbrado a ovacionar las victorias cuando hay un espectáculo más catártico y sensacionalista consistente en señalar las derrotas, en humillar al caído. Con el tiempo Lydia se ha acostumbrado a distanciarse emocionalmente, a exigir tan duramente a otros como hacen con ella y, sobre todo, a reaccionar a la defensiva como medio de supervivencia. Ello ha derivado en una actitud ególatra, vanidosa y con un claro complejo de superioridad, en el que se percibe que Lydia ve a los demás como si fueran poco importantes, valiosos o talentosos o como si no fueran más que entes que le deben su futuro a su guía y apoyo, en lugar de a sus propios esfuerzos y dedicación personal. Lo importante es analizar si Lydia realmente menosprecia porque subestima, si lo hace porque siente que es la única vía para mantener control y posición de poder, o si esta actitud es una reacción  defensiva porque ella misma se ha sentido constantemente degradada por otros. Hay que notar en paralelo que mucha de la actitud narcisista de Lydia está cimentada en la explotación que se hace de su persona, porque la gente espera algo específico de ella, excelencia en todo sentido, para luego repudiarla por forjarse la imagen de una mujer decidida, triunfadora e independiente, como si serlo o haberlo conseguido fuera un problema, pese a que, irónicamente, no alcanzar excelencia se califica, común pero erróneamente, como una ‘falla’ o fracaso evidente. El problema, en corto, no es que Lydia sea una mujer decidida, triunfadora e independiente, es que también es presuntuosa, soberbia, egoísta y manipuladora y actúa como si una cosa no pudiera deslindarse de la otra.

Al principio de la historia está en la cima de su carrera, su opinión en su área de trabajo es respaldada y respetada; estar cerca de ella, laboral o socialmente, parece un privilegio porque la opinión pública la defiende por su prestigio, tiene absoluto control sobre su imagen y asume la negatividad hacia su persona como un miedo necesario para mantener un rango de jerarquía, o como evidencia del mismo. Sin embargo esa sensación de control, que es uno de los pilares de su autoconfianza, se derrumba cuando las mentiras, engaños y humillaciones con las que juega y utiliza comienzan a voltearse en su contra. Su personalidad puede hartar o propiciar rencor y su temperamento tiende a ligarse con el rechazo; si no se hace lo que ella quiere, descalifica o reprueba, y en un punto hay más satisfacción en verla caer que en verla triunfar, incluso si esa fachada áspera esconde de alguna forma las propias inseguridades y miedos que guarda para sí misma. Lydia es más un villano que un héroe, pues si ha llegado lejos es, además de su preparación, gracias al dominio que tiene sobre el papel que desempeñan las personas a su alrededor, que crecen o llegan tan lejos como ella quiere que suceda, con una claridad calculada sobre cómo fabricar y ejecutar un rol específico, que utiliza a las personas porque a veces ellas mismas se lo permiten, mientras vean en la situación un beneficio a su favor. Lo que lleva a Lydia a una caída en picada es el momento en que el orden se vuelve inestabilidad y ella es presa de dudas sobre sus decisiones; entonces pierde el control y comienza también a perderse a sí misma. Esto sucede cuando una antigua estudiante y protegida, Krista, quien luego de ser descalificada por su mentora, se encontró con el rechazo de aquellos que no se atreven a contrariarla, al grado que Krista termina no sólo marginada sino también etiquetada, incapaz de encontrar empleo u otras oportunidades como artista. Una vez que Krista se suicida, Lydia pierde el apoyo de su asistente personal, Francesca, que indirectamente la culpa de lo sucedido, mientras surgen rumores y acusaciones de conductas inapropiadas y favoritismo con sus exalumnas. En respuesta, Lydia en toda su arrogancia califica las cosas como ‘malentendidos’, deslindándose del papel que pudo haber desempeñado en la ecuación, e intenta seguir un nuevo camino apoyando a una nueva intérprete, Olga, sólo para verse sorprendida cuando ésta no tiene la intención de complacerla ni de corresponder a sus atenciones, lo que lleva a Lydia a sentirse tan invalidada como irrelevante.

En este punto ya no sólo se trata de la mala actitud de Lydia, sino de su necedad y egocentrismo al creerse tan en la cima que piensa que eso la hace intocable. Lo que no entiende es que nadie es irremplazable o indispensable y así como ella puede sustituir a un músico de su orquesta por otro, así pueden aquellos con más dinero y poder hacer lo mismo en cuanto Lydia deja de ser un agente ‘funcional’ que cubra sus requerimientos, necesidades u órdenes. Sucede, claro, el día que el escándalo toca a su puerta y Lydia es señalada en internet, acusada de discriminación y racismo. Sin el respaldo institucional, que para salvar sus propios intereses inmediatamente se distancian de ella, y sin el apoyo más íntimo y personal de Francesca que renuncia sin avisarle, Lydia se queda sola, sintiéndose traicionada y por primera vez confrontada por un mundo que hasta entonces había condonado todo de su parte, enterrando sus traiciones, abusos y actitudes destructivas a cambio de celebrar y obtener beneficios de su talento como artista. Pero este es un mundo diferente al de hace 10 ó 20 ó 30 años atrás; las reglas han cambiado, las generaciones también, los cánones ya no son los mismos y la interpretación de la realidad y el arte tampoco. Todo se pierde instantáneamente con un video, reflejo de la modernidad; un clip en parte engañosamente editado para llevarla a ser ‘cancelada’ por una cultura digital en la que no importa la verdad sino la forma como se presenta la narrativa y percepción de las cosas. El objetivo es exhibirla y llevarla a un linchamiento mediático a partir de deformar la realidad. De un día para otro se le retira el apoyo público y privado, curiosamente no por lo que en verdad haya sucedido sino por lo que parece haber sucedido, un escándalo acrecentado por las acusaciones virtuales y digitales que comienzan a pesar en la opinión pública, independientemente si hay veracidad o no en los hechos que presentan. Esta especie de boicot no sólo habla del poder popular que tienen las personas gracias a la creciente influencia de las redes, sino la facilidad como la mentira puede hacerse pasar por verdad, o el poco interés que hay entre la gente por la justicia cuando la destrucción de figuras populares o conocidas se ha convertido en una palanca de entretenimiento y sensacionalismo. La comunicación se vuelve chisme, calumnias, mentiras y encierra una absoluta ausencia de principios morales. Así operan las redes sociales, bajo el anonimato para juzgar y condenar sin dar opción de réplica o aclaraciones. Aquí Lydia imparte una clase magistral en Juilliard, una prestigiosa academia de artes, con la intención de presionar a los estudiantes a ser críticos sobre la música, hasta entender su rol como directores de orquesta, para animarlos a reflexionar sobre lo que significa dedicarse al arte más allá de reproducir sonidos, pues antes que nada hay una necesidad de sentirlos y vivirlos. En el fondo su objetivo es formar artistas con iniciativa y pensamiento crítico, pero la forma como orienta y se dirige a sus estudiantes llega a ser intimidante, excesiva y hasta humillante, incapaz de conectar con ellos, sus ideas, valores y hasta su cultura. Al final el problema no es tanto lo que Lydia pretendía con sus palabras sino la manera como presenta su opinión y perspectiva, siempre directa, severa, al grado que su necesidad de imponerse la hacen igual de intolerante que el alumno con el que está colisionando. La escena, no obstante, es ejemplo también de cómo una misma situación puede ser percibida desde distintos punto de vista, todos válidos en su lógica pero conflictivos entre sí en su interpretación.

Por un lado, lo que Lydia plantea resulta importante, el análisis de que la música debe ser interpretada no para complacer al autor o al público, sino a uno mismo. Aquí Max, el estudiante que Lydia cuestiona, insiste que no le gusta el trabajo de Johann Sebastian Bach porque lo descalifica y tacha de inapropiado a partir del estereotipo, el de un hombre blanco privilegiado cuyo comportamiento en su vida personal tiene sus problemáticas. Lydia recalca que la vida de Bach es irrelevante cuando la labor del artista (su alumno) es crear su propia versión de la música de Bach. Por otra parte, Lydia también tiene razón al sostener que la reacción de los jóvenes hacia sus palabras pudo resultar exagerada si se considera que en aras de una sociedad políticamente correcta a veces se propicia la ambigüedad, intolerancia y mal interpretación de las cosas, llevándolo a un nivel desproporcionado. Si la vida es dura, sólo los fuertes sobreviven. Sin embargo, desde otra perspectiva, el papel de Lydia como mentora debería ser exclusivamente el de guiar e instruir, no enjuiciar; así que no puede ni debe abusar de su posición como autoridad con discursos más destructivos que constructivos, pero esto es finalmente lo que hace, humillar y burlarse. Hay arrogancia banal en la postura de Max, sí, pero también la hay en Lydia, una vez que abandona la intención de educar y comienza la de escarmentar, que a su vez es muy similar a lo que hace con Francesca y antes también con Krista, imponer y castigar. Catalogado como un enfrentamiento que según algunos evidencia la inflexibilidad arrogante de Lydia, que otros podrían calificar como rasgos de decisión y entereza, lo sucedido marca el principio de una crisis emocional que Lydia busca contrarrestar de la única manera como cree viable, afianzando y reafirmando su posicionamiento. Lydia, por ejemplo, le niega un ascenso laboral a Francesca argumentando que sería mal visto, en esencia porque para entonces ya se le señala a la directora de orquesta por los constantes favoritismos que comprueban la intención de su trato preferente. La cuestión más interesante aquí es si las mismas actitudes de Lydia no serían necesariamente mal vistas, criticadas, señaladas o cuestionadas si se tratara de un hombre. Esto es algo que la película reflexiona sutilmente pero con una crítica que resulta actual e importante. ¿Acaso no la sociedad alaba a los hombres que se posicionan como líderes de su campo debido a una excelencia exigente y una personalidad decidida en la que ser severo es visto como sinónimo de autoconfianza y entereza? ¿Acaso no una mujer que actúa exactamente igual es constantemente juzgada desde el machismo y calificada como ‘difícil’, complicada, fría u hostil? Lydia es persuasiva y dominante, pero ¿es que estas actitudes no eran necesarias para mantenerse presente en un mundo dominado por hombres? El punto no es justificarla, sino dar cuenta que cualquier actitud dominante debería ser condenada, sin embargo, pareciera común castigar y condonar a conveniencia, no sólo si se trata de hombres o mujeres, sino de otras características a las que se les tienen diferentes consideraciones, como la posición social y económica, la popularidad y la fama o el respaldo de los medios, las redes sociales o las figuras de poder, entre otros ejemplos. También se puede argumentar que la película habla de la belleza corrompida por el ruido que permea a su alrededor; la belleza entendida como el arte pero también como el talento y la creación. El ruido a su vez definido como el caos que contrarresta al orden, aquí toda la crítica destructiva, envidias, celos, competitividad y hasta jerarquías que desestabilizan la intención artística. Por extensión, Lydia al mismo tiempo se convierte en el ruido que altera a la gente a su alrededor, sean los estudiantes a los que denigra, su esposa a la que ignora y menosprecia, la asistente y exalumna a las que afecta directa y deliberadamente y hasta la música con la que es capaz de mostrarse vulnerable para luego hacer dudar si esto no fue previamente ensayado.

Su hija Petra, como alguien en algún momento le reclama, es su única relación interpersonal que no implica para ella una transacción. De esta manera la película señala la realidad caótica del mundo actual en la que toda dinámica social parece ser una negociación o un intercambio, donde la manipulación es la nueva verdad, toda crítica sólo saber ser destructiva y más que abuso de poder deberíamos hablar de jerarquías de poder, porque todo lo no políticamente correcto tiende a etiquetarse como incorrecto o negativo, como si no hubiera matices y áreas grises, cabida para dudar y cuestionar o el espacio para entender que la vida no puede ser sólo una cosa o la otra, sin puntos medios. Como directora de orquesta Lydia está acostumbrada a estar al mando, a que otros sigan su liderazgo, a interrogar pero no ser interrogada. Al mismo tiempo, también vive en una sociedad donde para sobrevivir tienes que destruir lo suficiente hasta que te destruyes a ti mismo, en donde las personas parecen buscar el beneficio en cualquier situación o relación y en donde la explotación puede en cualquier momento convertirse en la forma natural del orden. Sucede en el arte, como aquí se muestra, pero sucede en todas partes, la política, las organizaciones y empresas, la cultura popular, los negocios, incluso las relaciones familiares y mucho más. Al final lo más importante no es descubrir cómo las manías de la sociedad pueden ser destructivas o cómo, en este caso, el declive de una icónica artista es producto de sus desaciertos y necedades, sino el hecho de que la gente, aquí la comunidad artística en la que se mueve, es tan fácilmente persuadida a desecharla y reemplazarla, no simplemente porque se ha vuelto tan simple construir y destruir públicamente héroes o villanos, sino también porque por inercia propia las personas tienden a olvidar y cada vez parece más común que todo sea efímero y transitorio, desechable, en lugar de significativo y trascendente, lo que es irónico tomando en cuenta que Lydia constantemente defiende el arte en relación al tiempo, y el tiempo y la música en relación a la vida.

Tár, 2022, Dir. Todd Field

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

 

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 22: Juan Patricio Riveroll

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ENCUENTROS con Iván Uriel

Una producción Original Filmakersmovie.com

contacto@filmakersmovie.com

México, 2025

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

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Temporada 3 Capítulo 21: Mariana Travacio

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con la reconocida escritora, traductora y psicóloga argentina Mariana Travacio, figura referente de la literatura iberoamericana. Te invitamos a recorrer la trayectoria de la gran escritora Mariana Travacio, conoce su historia, motivos e inspiración, así como escuchar sobre sus nuevos proyectos. Acompáñanos a este viaje visual con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #marianatravacio #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

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El escándalo

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Los medios noticiosos tienen la responsabilidad profesional de informar los hechos, objetivamente y con compromiso ético y social. Sin embargo, su misión entra en conflicto dada la competitividad de un sistema mercantil basado no sólo en la oferta y la demanda sino también en la popularidad, el éxito y la ganancia. Como resultado , muchas veces los medios de comunicación ya no se rigen bajo el principio de ‘¿qué está pasando?’ sino ‘¿qué vende más?’, explotando y manipulando en el proceso a las personas, sus historias, miedos, ideas, cultura, creencias y hasta decisiones.

Esta es la sociedad del espectáculo, un mundo en el que se vive a merced de quienes distorsionan la imagen con fines de prestigio, popularidad y éxito social, o redefinen la realidad, los hechos, interpretando para construir una narrativa que justifique acciones, induzca comportamientos o genere miedo y confusión, desembocando en un proceso de enajenación colectiva, proceso que garantiza la acumulación de riqueza y  el mantenimiento de privilegios para los grupos sociales que detentan el poder económico y/o político; en donde ya no importa la verdad, la precisión o la objetividad, sino la mejor forma de engañar, mentir, abusar, aprovechar y comercializar hasta la provocación y la controversia. Es así como hechos importantes, por ejemplo injusticias sociales, corrupción, violencia o arbitrariedades del sistema, quedan enterradas para ser sustituidas por una lucrativa versión de sí mismas, orquestada para ser una banal y alienante diversión masiva, evitando que la gente reflexione de manera crítica sobre su entorno para, por el contrario, reaccionar únicamente con base en su personal ignorancia. De esta manera la sociedad, las personas que la conforman, se acostumbra a no cuestionar lo que sucede porque es más cómodo que las cosas avancen por inercia, propiciando la indiferencia, el desinterés y la incultura. ¿Son los medios los que explotan a las personas o las personas las que explotan a los medios? ¿Es más fácil para el ser humano voltear la mirada ante el abuso, las falsedades o la inequidad, mientras encuentre un beneficio en su apatía, que denunciar y hacer algo por un cambio que mejore su contexto?

Las preguntas se hacen presentes en la película El escándalo (EUA, 2019), escrita por Charles Randolph, dirigida por Jay Roach y protagonizada por Charlize Theron, Nicole Kidman, Margot Robbie y John Lithgow en los papeles principales. Se trata de un recuento a partir de los hechos reales de las acusaciones por acoso sexual hacia Roger Ailes, director ejecutivo de Fox News, una cadena televisiva de noticias señalada por su inclinación hacia el contenido banal, polémico y tendencioso con predisposición ideológica conservadora. En el contexto de la historia, Ailes no sólo es conocido por su cercana relación tras bambalinas al entonces candidato presidencial republicano Donald Trump para la elecciones de Estados Unidos en 2016, sino que también parece manejar esta relación como una estrategia de apoyo mutuo a conveniencia. Por ende, las preguntas incómodas y declaraciones ruidosas en ambas direcciones, tanto por redes sociales como en eventos públicos o frente a la cámara, bien pueden ser una táctica planeada para obtener lo que ambos necesitan para aumentar su presencia dentro de la cultura popular: la controversia, cotilleo y chisme que los pongan ‘en boca de todos’. Se trata de un modelo de negocios que los ejecutivos exigen, los reporteros  aprovechan y el público o espectador busca y consume, a pesar de que puede intuir que es sólo un espectáculo y aún así caer en la trampa del sensacionalismo que sucede frente a sus ojos. Ailes lo ha pulido y, en corto, ha construido una red noticiosa que sabe explotar el amarillismo y a la gente a su alrededor, entre ellos sus empleados y el personal que forma parte de la cadena televisiva que dirige, quienes, o siguen la corriente y se apegan a estas políticas, o se enfrentan a la trágica realidad: el poder y el dinero siempre son los que mandan en estas cuestiones. En este escenario en el que la información debe ser polémica y originar el debate, u ofensiva para causar alboroto, como se desdibuja en el relato, hay un detalle importante a recalcar: lo que vende no es la noticia, sino la explotación emocional del espectador. Ailes insiste, por ejemplo, en que la televisión es un medio audiovisual y por tanto la forma de atraer al público es mediante lo que ve, lo que implica, según narra la película, un manejo específico sobre la imagen, especialmente la de aquellos que salen a cuadro, frente a las cámaras. Maquillaje excesivo, pulcritud exagerada y atractivo sobreexpuesto, como ejes principales; faldas y vestidos cortos para las mujeres con sets de noticias sin escritorios, para exponer la sensualidad femenina.

La pregunta no es solamente por qué una política así existe dentro de un medio de comunicación actual, sino por qué parece que nadie dice nada al respecto y por qué se actúa como si ésta fuera la única forma en que las profesionistas mujeres pueden hacerse notar o encontrar el reconocimiento. Parte de la respuesta a la pregunta es inquietante, porque las amenazas son indirectas y, por ende, más peligrosas que si fueran explícitas: quien cuestiona, se queja o se expresa en contra de estas prácticas, necesita buscarse otro empleo porque en esa agencia no tiene lugar. Es entonces que el poder e influencia de Ailes se hace evidente, pues es claro que para que una situación de esta magnitud exista, es porque hay personas que la facilitan, ya sea porque se benefician, temen por su propio futuro profesional en caso de represalias o porque lo que sucede les afecta lo menos directamente posible y, por tanto, eligen la omisión o el silencio. Ailes por ejemplo selecciona y arrincona para presionar y controlar, pero también para aislar y manipular; pide favores en su beneficio para forzar una dependencia o reciprocidad que él llama lealtad y ofrece crecimiento u oportunidades profesionales a cambio de favores sexuales abusando de su posición de poder, justificándolo como simples ‘prácticas comunes dentro del medio del espectáculo’. Ailes no es, además, la única persona repitiendo estos patrones de comportamiento, también sucede en menor grado con gente que no tiene el mismo poder y posición que él, pero sí el respaldo estructural y sistemático que les facilita actuar como lo hacen, sin repercusiones, sin cuestionamientos. Entonces, ¿qué pasa cuando alguien habla en contra?; ¿o qué sucede cuando nadie habla en absoluto? Es aquí donde se desarrolla la historia, en un contexto social y laboral misógino en el que las mujeres temen repercusiones, la verdad carece de valor sin pruebas contundentes y la sexualización se ha manejado como algo normal y necesario, en donde las víctimas son humilladas por defenderse, silenciadas por la discriminación, el prejuicio, el abuso de poder, el patriarcado y la manipulación, propiciado por un ambiente ya tóxico en el que nadie confía en nadie.

En la película, quien comienza a mover las cosas hacia una dirección diferente es Gretchen Carlson, una periodista que funge como co-conductora en un conocido programa de Fox News, que es relegada a un programa menor luego de quejarse de los constantes comentarios sexistas en su contra, tanto frente a las cámaras como detrás de ellas, tanto de parte de sus compañeros como del personal dentro de la cadena, incluyendo a Ailes. Notando una clara represalia que cataloga como un escenario de inequidad de género que se acepta como ´normal´, además de recibir un ‘castigo’ secundario por no aceptar la dinámica de discriminación ‘común’ que impera en los pasillos de Fox, Gretchen se reúne con abogados para preparar una demanda por acoso sexual, directamente contra Ailes, bajo la lógica de que es más funcional nombrarlo sólo a él que demandar a la empresa, pues sería como una hormiga enfrentándose a un elefante. Los abogados de Gretchen tienen claro que, aunque la denuncia a la cadena clarificaría que el problema no es sólo Ailes sino todo el orden estructural dentro de Fox, las posibilidades de ganar serían nulas, pues el director ejecutivo quedaría respaldado por los dueños e inversionistas, accionistas y ejecutivos que podrían hacer todo para desestimar y enterrar la demanda; y aunque no se dice explícitamente, esto podría ir desde una estrategia de difamación hasta apelaciones eternas que obligaran a Gretchen a retirar los cargos una vez que le fuera imposible continuar pagando a sus abogados, dejándola en bancarrota. Sin embargo, pese a la importancia de la denuncia y el eco social que implica develar la verdad de los que sucede, Gretchen no se acerca por ayuda directamente a nadie dentro de la cadena, creyendo que la injusticia resonará lo suficiente para ser respaldada y continuada por aquellos que la han sufrido también. Lo que Gretchen no toma en cuenta es la fuerte presión generada a través del miedo y la manipulación, e incluso, quienes son testigos de lo que sucede pero no lo han vivido en carne propia saben que se encuentran dentro de un entorno controlado, en donde las represalias posibles son muchas, porque las personas que manejan los hilos de poder, desde sus jefes hasta el director ejecutivo de la cadena, es decir Ailes, e inclusive las figuras de poder más arriba que él, tienen el dinero y la influencia como para tergiversar los hechos y destruir la vida personal y profesional de quienes se revelen como una amenaza directa.

Alzar la voz no es sencillo, por más correcto y justo que sea; revelar lo sucedido no es sólo contar la verdad, lamentablemente en este mundo donde todo es escándalo y espectáculo, también significa volverse blanco de los ataques, rumores, injusticias y cuestionamientos que indudablemente habrá en respuesta, una realidad que viven muchas personas que hablan abiertamente de los abusos y acosos sexuales que experimentan, luego señaladas y condenadas por la sociedad más misógina que elige despreciarlas en lugar de escucharlas. Gretchen está sola en ese momento, porque ha trazado el rumbo pero no puede caminarlo por nadie más, menos en un entorno en el que al empleado se le exige ‘lealtad’ o la muerte profesional (simbólicamente hablando). Revelar el caso de acoso sexual requiere valor de su parte, por ende, también llama a la solidaridad con aquellas mujeres que igualmente lo han vivido, entendiendo que ellas se encuentran en una realidad de vida propia muy diferente a la suya. Todas están en desventaja, ese es el problema de fondo, tal se ejemplifica a través de la periodista Megyn Kelly, una reportera y presentadora que vive su propio infierno una vez que choca mediáticamente con el candidato republicano Donald Trump. Luego de cuestionarlo por sus comentarios denigrantes hacia las mujeres, un tema que ella en realidad aborda no tanto por la responsabilidad social sino por la asegurada polémica alrededor del tópico, en busca de incrementar sus índices de audiencia, el caso termina volviéndose en su contra cuando sus actos la convierten a ella en la noticia. El chisme de su vaivén verbal y los insultos dirigidos específicamente en su dirección crecen sin control al grado que la gente ya no comenta la importancia de señalar a Trump por sus palabras sexistas, sino los tuits ofensivos del candidato hacia Kelly por la entrevista en la que lo evidencia. La sociedad pone a la periodista en la mira, la historia verdaderamente relevante queda desplazada y Trump consigue que los medios terminen por centrarse en sus más recientes declaraciones en contra de Kelly, convirtiéndola en el eje de las exageraciones sensacionalistas, lo que irónicamente era la intención de ella pero hacia Trump, envolverlo en una telaraña de críticas amarillistas.

Una vez en el ojo del huracán, Kelly reclama que Fox haga algo al respecto, pero Ailes insiste que la controversia es positiva para la cadena porque esto significa que la gente está pendiente de lo que Fox haga respecto al tema, lo que deriva a su parecer en ‘publicidad gratuita’. Lo que Kelly atraviesa es revelador: a Fox, o a los medios actuales como éste, no le interesan las personas sino lo que puedan sacar de provecho de ellas. Es hasta que Kelly recibe amenazas de muerte y hostigamiento de otros medios que la periodista se ve forzada a ceder en una entrevista con Trump en la que no puede más que ocultar su enfado y responder como si la situación no le hubiera afectado o molestado, en corto, porque la decisión de conciliación no sólo beneficia la imagen de Trump sino también a ella, ya que como reportera necesita tener acceso a los sucesos políticos y sus protagonistas. Es decir, si Kelly no accede a agachar la cabeza y actuar de una forma más sumisa, no por profesionalismo sino por conveniencia, su futuro como periodista queda de alguna forma truncado o al menos restringido. Con este antecedente, Kelly duda sobre cómo reaccionar una vez que la demanda de Gretchen sale a la luz y calla totalmente en un intento por elegir el camino que mejor le convenga. Si bien Kelly se niega a apoyar a Ailes como lo hacen muchos otros de sus compañeros, que buscan con este respaldo demostrar un compromiso obediente que después pueda ser premiado o remunerado (“Nos beneficiamos de su atención”, justifica una de las conductoras de la cadena), Kelly sabe que no puede hacer lo mismo cuando teme que llegue a repercutirle más que ayudarle, ya que entiende, por experiencia propia, que los alegatos de Gretchen tienen mucho de verdad, pues ella misma fue víctima de Ailes, quien en su momento también la acosó sexualmente. Le reclaman su silencio, pero esto impacta en ambas direcciones. Por un lado, su falta de apoyo explícito hacia Ailes comienza a hacer que la gente dude y ponga en entredicho las apariencias. Por otro, alguien le reclama ese silencio del pasado, cuando vivió el acoso y no lo denunció, pues significa que de alguna manera su reacción o falta de ella propició que hubiera más víctimas, o dicho de otra manera, que el ciclo continuara. En realidad Kelly es también víctima de las circunstancias; opta por la aproximación que implique el menor riesgo para ella y, en ese sentido, primero investiga e indaga la posibilidad de que el caso no sea enterrado con facilidad, para hablar sólo una vez que encuentra evidencia contundente. Al alzar la voz una, otras más también lo hacen y las denuncias contra Ailes comienzan a apilarse, encontrando en la voz de Kelly, la personalidad periodística más importante en ese momento dentro de la cadena, la suficiente fuerza para sembrar absoluta credibilidad. No significa, claro, que las cosas realmente cambien; en los sistemas de poder corruptos, como podría ser este el escenario, cortar una cabeza no se traduce en la solución, remover una parte del problema lleva sólo a que este puesto o esta persona puedan reemplazarse; si la raíz queda intacta el problema en sí no sufre ninguna modificación significativa. Al final Ailes no es removido de su cargo por las problemáticas acusaciones en su contra y todo lo incorrecto e inmoral que hay en su conducta, sino porque se convierte en una carga, en un agente de riesgo para la empresa del que se puede prescindir. Se le destituye de su cargo no porque el dueño de la cadena esté convencido de que hizo mal, sino porque el peligro de ayudarlo es más grande. Quitar a Ailes de su puesto no es asumido como quitar a un hombre que aprovechó su posición de poder y propició un sistema jerárquico machista e inequitativo, sino simplemente eliminar una mala imagen, buscando recuperar credibilidad dando a la “opinión pública” lo que se supone desea, pero, ¿y qué hay de los muchos otros que continúan con el mismo patrón de comportamiento que él? El sistema autoritario y misógino continúa intacto. Al final, es la unión de las mujeres lo que permite exponer la cultura de acoso sexual dentro de Fox News, para así dar dimensión al impacto que esta situación tiene, en lo  social, cultural, política, financiera y emocionalmente. La película también aborda específicamente a los medios de comunicación más interesados en el escándalo que la noticia y las mujeres que son empujadas al extremo, a la humillación y al abuso para sobrevivir en su contexto, en este caso laboral; una realidad que se repite en muchos otros escenarios similares del mundo actual.

Un medio de comunicación, en este caso específico, en el que encontrar oportunidades laborales y económicas no va ligado forzosamente a las capacidades periodísticas, evidenciando en ese sentido los sacrificios que tienen que hacer las personas en la competitiva posmodernidad para hacerse notar, en la televisión, las redes sociales, la cultura cibernética y la cultura popular, donde parece que la cosificación sexual no sólo es aceptada, sino celebrada y promovida, todo en nombre del éxito y la fama. En breve, la explotación de la mujer y la manera como cada quien, incluso otras mujeres, ve esto como una vía de beneficio propio, algo que evidencia no sólo una falta de consciencia social y  pobreza moral sino una clara problemática estructural dentro de los sistemas de organización.

Bombshell, 2019, Dir: Jay Roach

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Una batalla tras otra

Por Diana Miriam Alcántara Meléndez

Puebla de Zaragoza, México 2026

En toda generación siempre hay quien quiere cambiar al mundo y, aunque no todas las personas quieren realmente mejorarlo, todas parecen estar convencidas de tener las respuestas para hacer la diferencia, de ser la fuerza que resolverá los problemas del pasado que, según ellos, no permiten que la vida fluya como, consideran, debería. Hasta la fecha, la historia de la humanidad parece demostrar que todos lo logran, pues se suceden formas de gobierno y sistemas económicos con características distintas, pero al mismo tiempo, nadie consigue nada, porque el cambio es una lucha constante y la verdadera revolución implica constancia, disciplina, convicción y esfuerzo, o lo que es lo mismo, lidiar con los obstáculos día a día, resistiendo una batalla tras otra.

La reflexión puede aplicarse en todo aspecto de la vida y este es uno de los mensajes clave de la película Una batalla tras otra (EUA, 2025), escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson, basándose en la novela ‘Vineland’ del escritor Thomas Pynchon. Protagonizada por Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio del Toro, Regina Hall, Teyana Taylor y Chase Infiniti, la historia se centra en Bob Ferguson, un ex revolucionario que dejó las prácticas de protesta e insurgencia para salvaguardar el futuro de su hija Willa, habiendo tenido que huir con ella desde que la niña era recién nacida. Los ‘French 75’, el nombre del grupo revolucionario de izquierda al que pertenece, cuyo lema es “Fronteras libres, cuerpos libres, elecciones libres y libres del maldito miedo”, combate las injusticias de las que el mundo actual es testigo. Defienden a las minorías, se levantan en contra del sistema (imperialista, fascista, corrupto y racista) y abogan por una vida justa y equitativa no sólo en la práctica sino también exigiendo reformas sistemáticas, desde el aparato legal y gubernamental. Sin embargo, su proceder puede llegar a tener un hilo de peligrosidad, pues, aunque no son intencionalmente violentos, sí recurren a las armas para hacerse escuchar y su visión puede ser más un llamado al cambio que un vehículo para que suceda. Algunos de sus miembros están más comprometidos con la causa que otros, pero los convencidos de que su grano de arena importa, porque son esas pequeñas acciones las que unidas forman una reacción en cadena en positivo, hacen un llamado a la concientización, la solidaridad y la hermandad a fin de construir una comunidad fraterna, ayudando a quien lo necesita, no pasando sobre los necesitados y vulnerables. No todos, evidentemente, piensan con la misma visión y/o convicción; es el caso de Perfidia, pareja sentimental de Bob, quien entonces se hace llamar Pat. Perfidia es decidida pero explosiva, al grado que uno se pregunta si es parte del movimiento social más por la adrenalina que la revolución conlleva que por la filosofía de cambio; ella representa un ejemplo de la clase de militante al que hay que tener bajo vigilancia, porque, no es que no crea en la causa, es que creería en cualquiera que le permita salir al mundo a desahogar todas sus emociones contenidas. Perfidia, finalmente, significa deslealtad o traición, y el personaje hace honor a ello. En algún momento Perfidia conoce al Lockjaw, un oficial del ejército a quien humilla durante la liberación de unos migrantes. Interesado en ella, o más bien por una obsesión envuelta en deseos de control y sumisión, no forzosamente de él hacia ella, sino la búsqueda por una satisfacción de ser sometido por alguien con la misma fuerza de carácter que él, Lockjaw aprovecha su posición militar para buscarla y presionarla para aceptar una relación sexual entre ellos, a cambio de no denunciarla. Perfidia da a luz a una niña llamada Charlene y esto cambia la perspectiva de Pat, ahora dedicado por completo a quien cree su hija. Para Perfidia la salida es la protesta, como espacio de rebelión en donde desahogarse. Potencialmente intuyendo la posible paternidad de Lockjaw, Perfidia se vuelve más violenta, queriendo desquitarse de todo sin mirar a quien afecta y, subsecuentemente, abandonando el círculo familiar que comparte con Pat y Charlene.

Una vez que su falta de control y disciplina llevan a su arresto y al de varios de sus compañeros, delata a sus amigos con tal de salvarse a sí misma, aunque, tras hacer un pacto con Lockjaw para ingresar a protección de testigos, huye también de su custodia en busca de una nueva vida. Su traición, que el grupo al que pertenecía resiente, provoca que Pat y Charlene, entre muchos otros de los French 75, deban mudarse y conseguir nuevas identidades, en su caso como Bob y su hija Willa. Como bien dice la película, 16 años después las cosas no han cambiado mucho: las injusticias siguen sucediendo, la corrupción aún persiste y las contradicciones del gobierno mantienen un estado constante de desorden, confusión, inequidad y abuso; la insurgencia real continúa su labor y la mayoría de las personas vive su vida tratando de sobrevivir, algunos indiferentes a la problemática provocada por el sistema, otros sobrellevando su infortunio como se puede. El detonante que vuelve a revolver las aguas sucede cuando Lockjaw pretende unirse a una sociedad secreta, un grupo corrupto, supremacista, racista y conservador que defiende la superioridad y pureza de la raza blanca, de élite además y, por ende, rechaza y excluye al resto de la población. Para ser aceptado Lockjaw tiene que borrar su pasado, su relación interracial con Perfidia y, en consecuencia, a Willa, la evidencia clara de su hipocresía y doble discurso moral. Es por eso que reanuda la búsqueda de los French 75, como vehículo para llegar a Bob y su hija. A través de estos personajes la película plantea un análisis agudo sobre cómo el tiempo modifica nuestras prioridades, nos ata a nuestros propios errores y/o acrecienta los problemas sociales no resueltos con que carga la humanidad. Bob, por ejemplo, es el exmilitante retirado que se solidariza con el grupo y sus causas, antes completamente comprometido, pero, eventualmente consumido por la pasividad y auto abandono; ahora inactivo, en busca de un rol más tradicional: el de padre. Cambia la razón por la que pelea cuando las circunstancias de su vida también lo hacen y Willa se vuelve el por qué y para quién luchar. Un padre protegiendo a su hija en un mundo que no ha podido cambiar pese a los intentos diversos, los suyos incluidos, de ciudadanos que protestan y se organizan para sobrevivir y resistir. Un padre que también, por eso, enseña a su hija la importancia de levantar la voz, porque eventualmente será su turno de intentar mejorar este caótico mundo, no forzosamente como revolucionaria, al menos sí, como mente pensante y crítica de la injusticia que le rodea. Por otra parte está Perfidia, en general más agitadora violenta que verdadera activista militante, quien prefiere salvarse a sí misma antes que proteger a los suyos. Se le acusa de traidora y aunque no es equivocado que sus ex compañeros la señalen como tal, sería importante saber de dónde vienen sus decisiones: sus  padres también fueron revolucionarios, lo que puede crear tanto presión como expectativas difíciles de sacudir; su vida ha sido dedicarse a combatir, por eso mismo su visión del mundo ha sido libertad convertida en libertinaje y la única forma que conoce de lidiar con los problemas es llevarlos hasta un punto límite de ebullición para que exploten, es decir, la vía radical, no racional. ¿Puede alguien querer cambiar el mundo pero no tener la sagacidad para conseguirlo, la voluntad para hacer que suceda o la fuerza para mantenerse firme durante todo el trayecto? Finalmente está Lockjaw, práctico, metódico y guiado por ideologías excluyentes y jerárquicas en las que se le dice y auto convence de una superioridad sistemática. Se cree mejor que el resto de la gente por su condición, incluyendo el poder que le da su carrera militar, porque así está desdibujado su personaje, como arquetipo del hombre machista, violento y racista que sirve al orden jerárquico para mantenerlo intacto. La sociedad civil (organización clandestina) a la anhela unirse no es más que una representación, o ejemplo, de grupos reales que profesan ser puros, elegidos divinos, destinados a ser pudientes y privilegiados para guiar a la sociedad, moviéndose dentro de un círculo que haría cualquier cosa para eliminar a aquellos que califica como inferiores y así, según creen y afirman, purificar a la sociedad, aunque en realidad sea para controlarla.

Odian por odiar y el odio los mueve, como también el deseo de ser más y pasar por encima de los demás, de imponer su voluntad porque están convencidos de que es así como debe ser, someter a quien consideran inferior porque alguien dentro de su mismo círculo, con arrogancia y mezquindad, ha plantado la idea de que son superiores y han abierto el camino, desde el terreno gubernamental, político y legal, para mantener firme su posición sobre los demás. Grupos así existen en muchos lados, pero el punto aquí no es ese, sino que así ha sido a lo largo de la historia de la humanidad. La élite dominante de dada época imponiendo sus intereses con base en el anonimato y la fuerza bruta legalizada.

¿Qué se necesita para extinguir ideas equivocadas o incorrectas que promueven enfrentamientos, enemistad o contrariedad entre personas? ¿Es parte de la naturaleza humana la crueldad, el individualismo, la violencia y el egoísmo? La película retrata una sociedad, específicamente estadounidense, dividida, contrariada, enfrentada entre sí por ideas, ideologías, pensamiento, cultura, valores, organización y desarrollo en lados opuestos que se confrontan y que se hacen más marcados en el orden social actual. Un mundo en el que aniquilas o eres aniquilado, destruyes o te destruyen.

Está la élite económico-político-militar que defiende sus privilegios explotando al resto de la sociedad, en esencia la clase trabajadora, a la que subyugan y oprimen tanto ideológica como prácticamente, con represión en las calles, corrupción desmedida, injusticias ignoradas, leyes inequitativas y operativos que disfrazan otras intenciones. Una élite y un gobierno persiguiendo y coartando derechos de todos los que lo contradigan, cuestionen o reten sus palabras y doctrinas. En la película se observa claramente cuando, en búsqueda para encontrar a Bob y Willa para confirmar si ella es su hija y, en caso de serlo, deshacerse de ella, Lockjaw inventa un operativo militar en la ciudad en la que aquellos viven, alegando que hay indicios de peligro para la nación, específicamente por narcotráfico y ayuda a migrantes ilegales latinos. Él mismo señala que necesita una excusa para entrar a la ciudad con un grupo armado, haciéndolo ilegalmente, sacudiendo a las masas con alevosía e incitando choques violentos a través de agitadores que escalen la situación a propósito. Un conflicto lleva a otro y así se hace una reacción en cadena hasta llevar a la destrucción. Esas ideologías y sus respectivas batallas quedan en la historia y son la base sobre las que se construye tanto la sociedad actual como la del mañana, una que a veces olvida aprender de su pasado y, erróneamente, entierra los problemas o los normaliza hasta justificarlos o defenderlos. La cinta plantea cómo esto sucede día a día en la realidad actual; de ahí que la importancia de la oposición, la resistencia y la rebelión sea vital y necesaria; porque si el problema ya está ahí, la pregunta que debemos hacernos, por igual individuos que como sociedad, es, qué vamos a hacer al respecto. Aunque a veces se gane y otras se pierda, las batallas se tienen que pelear. No se puede hacer si las personas que defienden la libertad y se levantan contra el opresor no siempre creen que el cambio es posible, o no creen en lo que dicen y hacen y, por ello, con frecuencia claudican o no siguen luchando cuando más se necesita. Afortunadamente es en lo cotidiano donde puede surgir la necesidad de oponerse, de protestar o de proteger y ayudar a los más necesitados; es ahí en donde se expresan los deseos revolucionarios de cambio social. Luchar y resistir, aclara la película, no tiene por qué significar violencia, más bien es corregir errores de la manera más viable y significativa posible, con acciones que lleven a algo, no sólo palabras, pero más importante, con decisiones que ayuden a otros, no que los dañen.

En perspectiva, la agresividad de los French 75 logra poco en contraste con la iniciativa de Sergio St. Carlos (el Sensei), uno de los personajes clave que ayuda a Bob en su búsqueda por rescatar a Willa, una vez que Lockjaw la atrapa. Su visión y misión son claras, como líder, además, de un grupo clandestino que apoya a la comunidad latina y a los migrantes. Tiene estrategia, su proceder es inteligente, su decisión firmeza y sus acciones provocan un eco positivo entre aquellos a quienes ayuda. La comparativa no intenta decir que un grupo hace mejor las cosas que el otro, o que es mejor o peor que el otro, sino analizar cómo ambos, a su manera, generan resultados y en cierto sentido su existencia hace que la del otro sea posible. Las preguntas son: ¿qué resultados queremos obtener? ¿Por qué luchamos? ¿Creemos en la causa o sólo abogamos por mantener la fachada de esta causa?

¡Viva la Revolución! Grita Bob en algún momento, pero revolución implica una ruptura del orden social y político, una interrupción del funcionamiento institucional que significa cuestionar el sistema jurídico y fracturar al aparato militar para que una parte de este se sume a la rebelión y/o no funcione como brazo represor del gobierno. En su momento se requerirá construir un nuevo gobierno y nueva legalidad.

Esto significa que los movimientos revolucionarios son causa y efecto tanto de las condiciones de vida miserables de la población, como de los conflictos personales existenciales, anhelos, impulsos y deseos de cada individuo, La historia es resultado de los entrelazamientos de esos conflictos interpersonales y los momentos en que cada persona decide protestar, inconformarse y luchar por el cambio, aunque no sea consciente de ello. En la película la narrativa lo sugiere (aunque no lo desarrolla) al mostrar cómo los French 75 subsisten a pesar de la traición de Perfidia y el alejamiento de Bob/Pat, así como en la bien estructurada red de protección que encabeza el Sensei, capaz de movilizar a decenas de trabajadores y sus familias para escapar de la represión. Ahora bien, la consigna del grupo revolucionario en que militan es en esencia un llamado a la libertad, a luchar por la libertad venciendo la cultura del miedo que impone el gobierno autoritario. La revolución es un proceso de largo plazo y cada momento histórico requiere determinado tipo de militancia. Cada personaje cumple una función y cada persona tiene distinto nivel de compromiso. Así, Perfidia representa un estilo activismo muy específico; Sergio representa otro y Willa, otro diferente. Habrá quien defienda un estilo de acción por sobre el otro y hay seguramente pros y contras en cada una de estas iniciativas, la cuestión es ¿cuál de estos caminos escogemos como sociedad y por qué? Y en todo caso, ¿luchamos por nosotros?, ¿pugnamos a favor de otros?, ¿nos esforzamos por personas que nos importan?, ¿o combatimos por construir una sociedad distinta, humanitaria? Los conflictos sociales no desaparecen y la única respuesta ante un estado de tiranía, fascismo, nacionalismo ciego o autoritarismo es resistir, porque resistir es rechazar esa imposición, es sobrevivir y luchar contra ella. El punto es que hay muchas formas de hacerlo. La clave es que el ideal se mantenga firme, porque si el objetivo es claro, la revolución se reinventa; si no, se diluye, malinterpreta, desaparece o corrompe. La revolución y el cambio social requieren ser conscientes del momento histórico, de las circunstancias de explotación, de la ideología de esos grupos de élite racistas y autoritarios para poder enfrentarlos ideológicamente. Asimismo, pelear por lo que es correcto es también pelear por el bien de las generaciones futuras, teniendo claro que nuestras batallas y las suyas no van a ser las mismas. Alguien tiene que encender la chispa, alguien tiene que mantenerla y alguien tiene que hacer consciencia para que no se pierda de vista la meta. La lucha cambia, evoluciona, pero no se acaba. En realidad, la vida misma es siempre una batalla tras otra.

One Battle After Another, 2025, Dir: Paul Thomas Anderson

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Blade Runner 2049

Por Diana Miriam Alcántara Meléndez

¿Qué orilla al ser humano a preguntarse qué lo hace humano?; o en todo caso, ¿qué le haría dudar de serlo? Reflexionarlo importa porque al definirse a sí mismo, el individuo realiza un proceso de autorreconocimiento, introspección, búsqueda de identidad y autoconciencia. Existir y trascender van ligados a vivir e incluso a morir, pero también a evolucionar, aprender, adaptarse, analizar, imaginar, crear, relacionarse y compartir.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, es una novela corta de ciencia ficción publicada en 1968 por Philip K. Dick (1928-1982). El sugerente título habla de la diferencia entre lo natural y lo artificial, entre lo orgánico y lo sintético, entre el humano y la máquina; plantea además algo más profundo, robots o androides autoconscientes de lo que son, capaces de preguntarse qué los diferencia del humano y, por lo tanto, si pueden trascender más allá que su creador. Preocupación que deriva de la misma idea de los humanos respecto a quien consideran su creador: Dios o Dioses, según la fe de cada quien. La novela literaria fue adaptada en 1982 a película: Blade Runner, cuya secuela, Blade Runner 2049 (EUA, 2017) está ambientada 30 años después que la cinta original. Escrita por Hampton Fancher y Michael Green, dirigida por Denis Villeneuve y protagonizada por Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Sylvia Hoeks, Robin Wright, Mackenzie Davis, Dave Bautista y Jared Leto, la secuela estuvo nominada a cinco premios Oscar, todos en departamentos técnicos: mejor sonido, edición de sonido, diseño de producción, fotografía y efectos visuales, ganando las últimas dos categorías.

Aquí el protagonista es el Agente K, un “replicante” y policía de Los Ángeles que trabaja ‘retirando’ diseños antiguos de androides creados mediante bioingeniería que los hace parecer casi humanos (más humanos que el humano, era el lema de la corporación privada que los inventó y fabricaba); máquinas convertidas en esclavos que, tras rebelarse buscando autonomía, fueron descontinuados, en una búsqueda por contenerlos y controlarlos, tanto a ellos como a sus deseos de libertad. K en cambio pertenece a una nueva línea de “replicantes”, más obedientes pero no por eso menos capaces, mejorados, más bien perfeccionados, en su forma y funciones, para acatar los intereses de la corporación detrás de su manufactura, explotación, posicionamiento y expansión, Wallace Corporation. Lo cual significa que en esta realidad distópica la evolución humana está totalmente ligada a la transformación tecnológica, si no es que aquella ya rebasó por mucho al ser vivo; también implica que el ser humano no es forzosamente el ser más dominante de su entorno, ni que el futuro, tanto del planeta como de la humanidad, dependa intrínsecamente del hombre, más bien ahora está determinado por el desarrollo científico, tecnológico y digital. La realidad que permea en este futuro distópico es que todo es más sintético que natural. Parece que existen más androides que personas; hay más ciudades y edificios construidos por el hombre que medios y recursos naturales, igual que fauna y flora creada artificialmente. La comida misma es producida de manera artificial, los ecosistemas han colapsado y la población que progresa no es la orgánica sino la automatizada. De hecho el humano se ha vuelto prácticamente obsoleto, innecesario para el progreso de las sociedades y convertido en la minoría condenada a convivir resignadamente con aquellos que parecen destinados a desplazarlos, en un contexto efectivamente más interesado por salvaguardar la tecnología detrás de los replicantes, que en aportar las herramientas para el crecimiento y desarrollo del individuo, porque este ha quedado en segundo plano. El robot es prioridad, porque lo urgente e importante es mantener el control y aumentar producción y ganancias. Los humanos son el molde, el punto de partida, pero no la esperanza para el mañana. En cambio, los androides, la inteligencia artificial y la tecnología aplicada rigen al mundo y se hace todo para optimizar su progreso. Los replicantes emulan a las personas en su biología, estructura y físico, pero lo mismo respecto a su comportamiento, sentimientos y emociones. La meta es difuminar esa línea que separa a humanos de androides; una vez logrado en apariencia y conducta, el siguiente paso es hacer que sean capaces de ‘crear vida’, es decir, de procrear, reproducirse o tener hijos, a pesar de las inquietantes preguntas inequívocamente inmersas: ¿Qué implica esto para el hombre? ¿Cómo se denominará a esta naciente generación? ¿El llamado homo sapiens dejará de existir? ¿La inteligencia artificial deshumaniza y atrofia capacidades cognitivas?

A fin de criarlos bajo control y hacerlos sentir humanos, a los nuevos replicantes se les implantan recuerdos falsos, estructurados a partir de vivencias reales pero manufacturados por medio de programas artificiales; recuerdos plantados precisamente para reproducir la experiencia del individuo y con ello promover respuestas ‘verdaderas y espontáneas´. Ésta es la ironía preocupante de esa realidad: androides concebidos como una alternativa superior al ser humano, que eventualmente suplan en todo sentido a la humanidad, absorbiendo sus historias, pasado, conocimientos y  perspectivas. En paralelo, seres que, a pesar de nacer de un replicante, se comporten con los anhelos y dudas de los hombres, que anhelan libertad y autonomía, que viven sus propias experiencias y forman sus propios recuerdos. Tal como al parecer sucedió con los androides que ahora se buscan para ser “retirados”, exterminados, justo porque quieren actuar, “vivir” en forma independiente. Como ‘Blade Runner’ K persigue a esos androides, pero no porque las máquinas vayan a desaparecer, sino porque es necesario actualizarlas para que respondan a las nuevas inquietudes, ya no de sus creadores, sino de sus financiadores y facilitadores, aquellos con una particular fijación por dictar, supervisar y registrar el rumbo que eligen para la sociedad, tan subsumida en la pantalla digital, el trato impersonal, el aislamiento y el poco contacto entre humanos, que el ser pensante ya no es el precursor sino el que más está luchando por sobrevivir o, al menos, por no dejar de evolucionar, para no quedar rezagado ante el avasallamiento tecnodigital. La humanidad no avanza hacia donde quiere, sino hacia donde las grandes corporaciones dueñas del capital, por encima de los gobiernos, elijen que suceda. La renovación misma como proceso que desecha lo antiguo y sólo acepta lo nuevo, involucra también cambio, readaptación y supervivencia. Ello no sólo habla de la fijación que hay en la idea de progreso como novedoso sobre lo viejo, también reflexiona sobre la necesidad por modernizar desplazando, exterminando o enterrando como obsoleto aquello que ya no es útil a las élites económicas.

Qué sucederá cuando haya más robots que personas, cuando los seres que conforman las sociedades sean totalmente obedientes y nulamente pensantes, o cuando se deje de apreciar la vida, porque para algunos se habrá vuelto tan banal, fácilmente imitable y editable, llena de  ilusiones confusas, que deja de ser algo especial o significativa.

Recuerdos manufacturados, hologramas interponiéndose a la realidad, distanciamiento en lugar de contacto físico y emocional, aislamiento en lugar de comunicación; este es el mundo en 2049, año en que se sitúa la narrativa fílmica, uno dominado por la inteligencia artificial y la mecanización, empresas multinacionales rigiendo al colectivo a partir de lo que le venden, personas que ya no juegan un papel importante para su sociedad, pues pueden ser fácilmente reemplazados por androides, mismos que, en forma contradictoria, se preguntan si es mejor seguir intentando ser más humanos de lo que fueron diseñados, o que anhelan serlo, porque la vida humana continúa siendo medida de esplendor.

¿Cuál es la diferencia entre replicantes y seres vivos? ¿Cuál es la ventaja y desventaja de ser uno u otro? Las máquinas son capaces de crear máquinas pero, ¿qué pasa cuando son capaces de crear vida? ¿Realmente son capaces de crear vida? Si esto sucede, la percepción de la realidad y la percepción que los androides tienen de sí mismos cambia, porque dejan de ser objetos diseñados o androides que necesitan ser mejorados o descontinuados para abrir paso a su propia nueva especie. “Somos nuestros propios amos”, reclaman ellos. Si un androide es capaz de generar vida y tener hijos, además de procesar información, responder a estímulos y cumplir un papel o rol en la sociedad, ahora tiene que preguntarse qué tan diferente es del ser humano y qué tan parecido es aún también a él. Para K todo se vuelve confuso cuando comienza a ligar sus propios recuerdos, supuestamente creados, editados, implantados y codificados en su sistema, con el caso que investiga para la policía, el misterio del bebé desaparecido, nacido de una replicante; llegando a preguntarse si es él el ‘elegido’ o si sólo está confundiendo la memoria colectiva con la implantada en su “cerebro”. En busca de respuestas sigue las pistas hasta dar con Rick Deckard, un blade runner retirado, autoexiliado y alejado por decisión propia de todo y de todos, que guarda una conexión importante con los replicantes. Un sencillo diálogo entre ellos expone de manera simple pero simbólica los temas de la película. “¿Es real?”, pregunta K a Deckard, al señalar a su perro y plantear la duda de si es o no un robot. “No lo sé. Pregúntaselo”, responde el otro, validando y valorando tanto a una como otra especie, enfatizando la importancia de dejar de asumir, prejuiciar, etiquetar y decidir por otros, para, en cambio, permitirles descubrir su propia existencia; como analogía, dado que se trata de un perro, pero una poderosa para hablar de esa distancia que hay entre tecnología y el hombre que la ha creado, entre ser vivo y ser artificial. ¿Qué significa ser humano; nacer, sentir, pensar, crear, tener un propósito, ser capaz de autodefinirse? ¿Y qué significa estar vivo, tener “alma” o tener vida? La respuesta no es la misma para nadie, ni para las personas ni para un androide, porque vivir es más que respirar, existir es más que sobrevivir, anhelar no es sólo imaginar, soñar no es sólo procesar ideas, pensamientos e información y recordar no es sólo deconstruir y reconstruir quiénes fuimos y quiénes somos. Pero, ¿todos los hombres y mujeres en el planeta son en verdad capaces de hacer todo lo antedicho? ¿No estamos aplicando valores de evaluación y conceptos analíticos a la inteligencia artificial, a toda la maquinaria robótica, que incluso para el ser vivo son insuficientes para comprender la naturaleza de lo autodefinido como humano?

El replicante, así como el ser humano, se cuestiona quién es, de dónde viene, a dónde va, cuál es su propósito y cómo valora lo que tiene, quién le enseñó a hacerlo, e incluso quién lo programó para sentirse así.  ¿Son reales sus recuerdos? ¿Son realmente suyos o de alguien más? ¿Son pistas para descifrar qué es real y qué no? Y al hacerlo, ¿esto lo convierte en una especie de humano?

Libertad, autonomía, decisión, pensamientos propios y una historia de vida que se construye día a día; esto es lo que el individuo tiende a dar por sentado y que el androide atesora de tenerlo a la mano, libre y sin condiciones. K realmente nunca llega a este punto; más bien divaga a merced de las órdenes que le fueron programadas y de las funciones que se le exigen cumplir. Cree, momentáneamente, que puede ser libre, cuando alberga la esperanza de ser especial, de ser ese “milagro”, como le llaman, nacido de otro replicante. Sin embargo K no es la excepción a la regla, los recuerdos que almacena en su base de datos sucedieron, simplemente no le sucedieron a él; son convincentes porque alguien más los experimentó, pero sobre todo porque quien los creó, trabajó en cada detalle para volverlos persuasivos, realistas y, por tanto, convincentes.

Con qué sueña un robot, si es que sueña, en un mundo cada vez más deshumanizado e impersonal. K combate su soledad en compañía de un asistente inteligente, un programa de aplicación que a través de la inteligencia artificial toma forma en un plano visual y auditivo usando un holograma, para de esta manera interactuar, relacionarse y socializar. No obstante K comete el error de ignorar que ese código de programación tiene una función y un objetivo, muy parecido a como le sucede a él. Joi, el nombre de la IA, es también un producto que se le vende para complacerlo, no una compañera cuya conexión es única y exclusiva. Está siempre ahí para escucharlo y servirle, esa es su dinámica de servicio y él saca provecho de la relación porque es una transacción pactada, que no está basada en el romance ni en la reciprocidad ni en la equidad, sino en el consumo y la cosificación femenina. K añora compañía, propósito y vida misma, en medio del inútil vacío que es su caparazón; Joi provee esto porque esa es su programación. Eventualmente el androide que vive como humano, también muere como uno. Lo curioso es que frente a su deseo de vivir, está el capricho humano por construir seres robóticos o cibernéticos que diseña lo más parecido posible a sí mismo, para luego tratarlos como cosas y usarlos como objetos desechables e insignificantes.

¿Por qué hacer todo lo posible por crear máquinas que sean mejores que su creador? ¿Por qué intentar humanizar algo que no tiene humanidad y, en el proceso, perder la humanidad propia? ¿Por qué el replicante querría ser humano? Si la tecnología se vuelve la base de la sociedad, ¿qué implicaciones éticas y políticas hay en manipularla, controlarla y explotarla indistintamente?

Tener libertad de elegir tiene que ver con la posibilidad de construir un camino propio; valores, creencias, ideas, recuerdos, consciencia y conocimiento como bases para que esto suceda. ¿Cómo distinguir al robot del humano y en qué momento esto deja de importar? A fin de cuentas tal vez valdrá la pena preguntarse si ser humano es el punto de partida o el punto de llegada.

Blade Runner 2049, 2017, Dir: Denis Villeneuve

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

¡MTV Se fue!

Por:  Perla Atanacio

MTV se fue, ¡simplemente se desenchufó! Atrás quedaron décadas de música en imagen y movimiento, de historias, conteos, programas documentales, la realidad de un mundo que fue cambiando según el paso del tiempo. La libertad, la sin censura, ¡la  irreverencia!, intercambio de cultura proveniente de todos los rincones del mundo en un lenguaje universal ¿la música? Sí, pero acompañada de un instrumento maravilloso: el videoclip.

 

Y en este mundo cada vez más complejo e incierto, tenemos que darnos un tiempo para homenajear, de algún modo, esas horas de entretenimiento…esos programas, esa música que veíamos y escuchábamos en una realidad muy distinta a la que vivimos hoy.

 

MTV fue el templo de artistas con grandes trayectorias, talentos emergentes o con one-hit wonder. Sus entregas de premios emblemáticas, éxitos mundiales, lanzamientos…sin duda alguna, fue parte del soundtrack de la vida, para todas y todos esos jóvenes y adolescentes que tuvimos la oportunidad de adentrarnos en su universo. Al menos para esta “millenial” nostálgica que acompañaba sus tardes- de tierna juventud – viendo y escuchando música, cerrando la semana , con broche de oro, disfrutando el top 20.

Recuerdo esa tarde. Después de volver de la escuela, le dije a mi mamá que unos amigos tenía televisión de cable en su casa, – mamá, hay canales para ver películas como Hallmark y música…como MTV – ¡por favor, por favor, contratemos el cable! – sí, así le dije-  Era el año 1997, fue así que a finales de ese año un mundo lleno de posibilidades de entretenimiento -en ese momento infinitas – se abrió para mí. Al año siguiente llegaría la Internet a casa.

Con MTV, recorrí él mundo, conocí artistas, canciones, me enteré de noticias, fui testigo y asistí a tributos y conciertos “desenchufados”, escuché diferentes acentos y culturas que abracé, lo mismo Ruth  o Leandro en Argentina, Lavin en Estados Unidos, o  Judith y Arturo (nuestro Capitán Hernández, años después) en México, conociendo a distintos conductores a lo largo de Europa, Asia y  América -refiriéndome a América como continente-.

Nunca olvidaré aquel conteo emblemático de 1999 al año 2000. Y es que sí, yo también fui junto a mis hermanos, de esos televidentes que ponían la casetera para grabar sus videos favoritos, con la ilusión de verlos…”después”.

Los jóvenes de esa época, y anteriores a la nuestra, valorábamos el poder que el botón de “rec” / o grabar / daba en nuestra vida, la posibilidad de inmortalizar esos sagrados momentos cargados de emoción y sentimientos, de épocas que pasaron en otro siglo, pero que siguen vigentes en el corazón y la memoria.

Mencionar todas las bandas, artistas, cantantes y figuras peculiares que aparecieron en MTV sería injusto para las que no logré mencionar, sólo puedo hablar de las emociones que sentí, y que revivo mientras escribo este artículo, de aquellos días donde la televisión se prendía en un solo canal.

 

Telehit, por su parte, o MuchMusic – años más tarde –, tenían su rollo, pero MTV era otra cosa, era un universo, como se dice ahora, un ecosistema, donde uno era quien debía ser… escuchando y viendo tu música favorita.

 

Con la llegada de los «2miles» cambiaron muchas cosas, nueva música, nuevas figuras, nuevas realidades, poco a poco fui creciendo, el canal fue evolucionando o involucionando, según donde se mire, y atrás dejé esa necesidad de verle.

De vez en cuando me daba una vuelta para ver propuestas nuevas, ver qué narrativas se contaban en lo audiovisual, y es que gran parte de mi cultura visual , también, provino de MTV.

Con nostalgia y tristeza recibí la noticia de su “desenchufe”, pero también con agradecimiento por esos hermosos recuerdos que van conmigo. Ahora MTV ha migrado a las redes sociales, donde ofrece contenidos para nativos digitales, muy a su estilo, para esa nueva generación que ha desarrollado su lenguaje y atención en el “scrolleo”.

Leí también que un aficionado, o al menos así se dio a conocer, desarrolló MTV rewind para los nostálgicos. Plataforma que veo y escucho mientras escribo este artículo.

Lo que puedo notar es que los contenidos están divididos por década, y al ponerle “play” o seleccionar un periodo en el tiempo, la reproducción de los clips  es automática; video tras video , te regresa a ese momento en la historia donde el azar, y el control remoto te daba la autoridad de cambiar o apagar, de prender y sintonizar un video en la televisión.

Te comparto la página para que la explores, tiene controles para adelantar y regresar. Los videos no están enlistados, así que la suerte y la paciencia te acompañen para sintonizar tu  favorito. Por el momento la página es gratuita y puedes donar a sus creadores.

Doy un suspiro antes de terminar este texto, deseando que, alguna vez,  cuentes a los más jóvenes esos momentos importantes de tu vida, donde MTV te acompañó y era el rey.

 

¿Cuál sería tu top 20?

 

MTV Rewind

Play para ver y escuchar el artículo.

 

Perla Atanacio

Perla Atanacio IMDB | perlaatanacio.com | perla@filmakersmovie.com | México

Imaginaria Mexicana. Guionista de televisión, ficción y documental. Directora, investigadora social. Productora y diseñadora publicitaria.   Filmakersmovie combina sus pasiones, la difusión, las relaciones humanas y sociales, propalando historias universales, testimonios de vida.

Aves de paso, la nueva novela de Iván Uriel Atanacio Medellín

 “Ahí, donde late un corazón abrazado a otro,

la vida perdura y la esperanza habita”

Iván Uriel

Aves de paso, quinta novela del escritor, poeta y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín, Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas, publicada por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, al igual que sus novelas El Surco, El Ítamo y El Muro, explora las relaciones humanas desde la migración universal, desde un enfoque centrado en historias de infancia y adolescencia, lo cual brinda a la novela, una perspectiva distinta a sus anteriores novelas. Apología del encuentro, es el proyecto literario que ahora recibe a Aves de Paso, y que incluye también a los poemarios Navegar sin remos y Puntos cardinales, que le otorgaron al también politólogo el Premio Bienal de la Academia Literaria de la Ciudad de México, incluido el reconocimiento a su trayectoria.  Aves de paso, fue presentada por la CDHCM como parte de sus actividades relacionadas al Día Internacional de las Personas Migrantes, e integrará la gira Días de aliento, intitulada por la novela del mismo nombre, la cual ha llevado la obra de Iván Uriel a más de 45 países en 5 continentes, gira por la cual recibió el Premio Nacional de Gestión Cultural. Iván Uriel, director editorial de Filmakersmovie, dirigió los documentales Día de descanso, De sueño y lucha y La voz humana, y actualmente coordina las series Miradas y Perfiles para varias embajadas de México, destacando India, China, Nigeria, Etiopía, y Nueva Zelanda, así como la serie México Migrante para Estados Unidos. La serie de novelas y poemarios migrantes de Iván Uriel, han generado conversatorios, foros, inspirado tesis doctorales, producido radionovelas, así como cortometrajes que reflexionan derechos humanos para instituciones, universidades y centros culturales en el mundo. Iván Uriel publicó sus primeros cuentos para Radio Universidad Veracruzana a los 9 años y ha realizado diversos proyectos dedicados a la infancia, algunos incluyen su participación en el Hispanic Writers Week, organizado por la Universidad Harvard, Boston University y UMASS, el proyecto Sueños de la palabra con la Universidad Veracruzana, el concurso de cuento infantil Rosalía Medellín Ponce del H. Ayuntamiento de Xalapa, así como conferencias magistrales sobre escritura y educación bilingües. Aves de paso, incluye poemas migrantes dedicados a la infancia, y que fueron compartidos por el museo del juguete popular mexicano, La Esquina, por la Embajada de México en Irlanda, los cuales han sido ilustrados por los artistas visuales Perla Atanacio, Mercy P. Arévalo, Apolo Atanacio y Marypaz Athenea, quien diseñó la portada. Aves de Paso, envía un mensaje de solidaridad, aliento y empatía desde las letras mexicanas, y está disponible en su formato digital en el portal de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México.

La vida de Chuck

Por Diana Miriam Alcántara Meléndez

Cada cabeza es un mundo y toda persona, también. Esto significa que percibir, entender, ver y vivir la vida depende de nuestras experiencias e impresiones. Cada uno absorbe sus alrededores de manera diferente y eso es lo que nos enriquece como sociedad. Por tanto, para cualquier persona su realidad es la única realidad; puede escuchar y concebir la perspectiva de otros, conocer cómo viven sociedades cercanas o lejanas a la suya, pero su vida comienza y termina con su propia existencia. Su pasado está ahí si ellos están ahí y su futuro es posible sólo si sueñan con él. Cuando nacen, el mundo inicia; cuando mueren el universo, su universo, termina.

 

¿Qué significa vivir? ¿Cómo entendemos y valoramos nuestro existir y trascender? ¿Qué es el ayer sin un mañana y el mañana sin su ayer? ¿Cuál es el sentido de la vida? y por qué a veces olvidamos disfrutar de esos momentos que nos hacen felices. ¿Cuál es el principio y el fin de las cosas si el tiempo y el espacio son lineales porque nosotros decimos que así tienen que ser?

La vida de Chuck (EUA, 2024) es una película dividida en tres actos que pone esto en perspectiva dado que empieza con su final y termina con el principio; además, no sólo está llena de metáforas, sino que la cinta misma es una metáfora analítica sobre todas estas preguntas. Escrita y dirigida por Mike Flanagan, basándose en la novela del mismo nombre de Stephen King, la cinta está protagonizada por Tom Hiddleston, Chiwetel Ejiofor, Karen Gillan, Mark Hamill, Mia Sara, Carl Lumbly, Benjamin Pajak, Jacob Tremblay y Annalise Basso, entre otros. La historia se centra en Chuck Krantz, un niño en busca de la felicidad luego de la muerte de sus padres, que encuentra una chispa especial en el baile y, finalmente, enfrenta la muerte a los 39 años, lo que le lleva a recapitular aquellos momentos que marcaron su vida, mientras que, con el fin de su existencia, también llega el fin de su universo. La narración no lineal de que se sirve el relato funciona, en parte, para enfatizar la idea de que la felicidad no es un destino sino instantes unidos a lo largo del tiempo, mismos que hacen que nuestro existir importe. Lo que somos y lo que hacemos está marcado por las decisiones que tomamos, el camino que recorremos y cómo recordamos el pasado.

Para Chuck mucho de lo que vivió estuvo delineado por el infortunio, pero mucho también definido por la dicha, especialmente por la música, los sonidos y el baile. En su lecho de muerte entiende que los días buenos son tan relevantes que los malos, porque lo hacen ser él. No tiene caso negar lo que fue o lo que viene por delante. Todo, por muy pequeño que parezca, importa, ya que la vida es un ciclo, instantes de cambio, giros propios en nuestra narrativa personal que implican crecimiento, maduración y adaptación. La película recalca que las oportunidades se construyen, pero disfrutarlas implica tomar la decisión de hacerlo. Si la vida lo es todo, lo que fue, lo que es y lo que será, toda experiencia, incluso las que parezcan efímeras, forman parte vital de nuestra esencia, nos pertenecen y tienen impacto en quiénes somos, a veces sin que nos demos cuenta. Esto incluye todo lo que hacemos o no hacemos, pero, de igual forma, las personas que nos rodean y los lugares en los que estamos. Hasta la aparentemente más insignificante interacción o decisión puede tener un gran e inesperado eco, tal vez no hoy sino mañana. Somos todo aquello que nos ha pasado y que ha sucedido a nuestro alrededor; todo lo que vemos, leemos, escuchamos, pensamos, creemos, soñamos, anhelamos, ideamos o construimos. Nuestro universo se conforma de sucesos, tanto como de con quiénes estaban a nuestro lado durante esos sucesos. Somos ese libro que alguna vez leímos, ese consejo que en su momento escuchamos, ese reto que tomamos, ese amigo con el que convivimos, incluso ese ser con el que momentáneamente compartimos algo, por ejemplo, como le sucede a Chuck, un compañero de escuela con quien alguna vez bailó, un vecino con quien algún día platicó o un desconocido con el que alguna ocasión, una tarde, se cruzó. Hay personas que están a nuestro lado temporal o momentáneamente, pero eso no significa que no tengan importancia; su presencia resuena al convertirse en parte de ese universo que somos cuando estamos vivos. Si morimos, todo eso muere con nosotros, simbólicamente hablando: esa canción que alguna vez escuchamos, la calle por la que un día transitamos, pláticas que en su momento sostuvimos o el amigo que un tiempo atrás fue compañero constante, porque la vivencia misma muere cuando nosotros lo hacemos. Seguramente el eco de nuestras acciones y relaciones puede perdurar a través de aquellos otros que también las percibieron, pero cuando alguien muere, todo lo que ha vivido muere consigo.

Para Chuck, por ejemplo, toda la historia que conformó su vida se reúne en su mente en sus últimos minutos antes de morir, en un acto de consciencia final, recapitulando y reflexionando hacia el pasado para evaluar simbólicamente lo que hizo; recuerdos y sueños, caídas y tropiezos, que convergen en un mismo instante. No se arrepiente, ni siquiera del pasado que llegó a ser duro o difícil, porque lo ha hecho la persona que es ahora. “Soy maravilloso, merezco serlo y contengo muchísimas cosas”, se dice Chuck cuando de adolescente tiene una visión de sí mismo en el futuro, a punto de morir. En lugar de atormentarse por lo que ve, decide que su vida es suya, marcada por el libre albedrío y posibilidades infinitas. Sea o no verdadero ese destino, la lección que toma no es el miedo al final, sino la decisión de disfrutar todo lo que hay en medio, desde ese día que vio su final y hasta que llegue aquel último aliento. Eso es lo que él contiene: poder de decidir, hacer, vivir, conocer y experimentar a través de sus sentidos e interactuando con todos esos otros universos a su alrededor. Las palabras de Chuck tienen relación con otra frase que escuchó durante su infancia, cuando una profesora leyó a su clase el poema titulado “Canto de mí mismo” del estadounidense Walt Whitman (1819-1892). “Contengo multitudes”, dice en algún momento el autor, una afirmación que habla del mundo único que habita en la cabeza de cada persona, un todo consciente e inconsciente que contiene todo lo que es y lo que fue. “¿Qué quiere decir cuando dice: Soy inmenso, contengo multitudes?”, pregunta Chuck. “Todo lo que ves. Todo lo que sabes. El mundo. Aviones en el cielo, alcantarillas en las calles. Cada año que vivas, ese mundo dentro de tu cabeza se volverá más grande y brillante, más detallado y complejo. Construirás ciudades, países y continentes y los llenarás de personas y rostros, reales e imaginados. No te detengas ahí. Llena todo eso con toda la gente que conocerás, con toda la gente a quien conoces, con todos a los que puedas imaginar. Será un universo. Todo un universo. Tú contienes multitudes”, le explica su maestra. En el caso de la película esto se refleja claramente en el primer (tercer) acto, cuando Chuck, a sus 39 años está a punto de morir. Los personajes que toman protagonismo durante esta parte del relato son en su mayoría gente que Chuck conoció a lo largo de su vida. Para ellos, el fin de la vida de Chuck se traduce en el fin del mundo; si bien en su caso esto se toma literal, el fin de todos los tiempos, narrativamente hablando es metafórico: Chuck muere y su mundo termina, por eso, para esa gente que formó parte de su vida, esa que habita en su cabeza, cuando él fallece todo llega también a su fin.

En el proceso, la historia se concentra en Felicia y Marty, alguna vez pareja pero ahora divorciados, que se reencuentran cuando es evidente que el mundo está a punto de terminar. Su distanciamiento nunca fue por falta de amor y la situación actual les empuja a buscar en el otro una anhelada conectividad humana, un lazo emocional y apoyo moral; algo a lo que aferrarse como esperanza y consuelo, antes del inminente final. Para estos personajes primero llegan los desastres naturales y contingencias ambientales, luego deja de funcionar internet y más tarde toda la tecnología sucumbe también. La vida, tal como ellos la conocen, deja de ser viable, pero, además, más que nada lo que la película plantea es cómo es posible que no nos demos cuenta de que no valoramos lo que importa, sino cosas banales. No es imposible vivir sin tecnología, sólo creemos que es así; como no es imposible vivir sin comodidades materiales, ya que el dinero es papel y las instituciones que rigen el orden social están ahí para dar una estructura a las cosas, no para dictar todo lo que somos y lo que hacemos. Un mundo sin WiFi parece impensable; un mundo sin suficientes recursos naturales podría sentirse como el fin de la humanidad. Sin embargo, el verdadero fin no es porque la tecnología colapse o que el planeta deje de ser habitable; cierto, el deterioro del ecosistema plantea una destrucción y paralización de los sistemas modernos, lo que técnicamente implica la eventual extinción de la civilización humana, pero, para fines prácticos, para cualquier persona el verdadero fin se traduce en la certeza de que no habrá un mañana, no para la Tierra ni para el prójimo, sino para ellos mismos.

 ¿Qué haríamos si, como Chuck, supiéramos con total exactitud cómo y cuándo moriremos? ¿De qué te arrepentirías? ¿Con quién querrías pasar tus últimos instantes? ¿Qué momentos de vida habrían dejado una huella tan grande que en ese día resonarían con más fuerza que los demás?

Esto es lo que de alguna manera se preguntan los personajes, ya sea Chuck, Felicia o Marty, por mencionar unos cuantos. ¿Qué es lo que realmente se necesita para sobrevivir? ¿Qué es lo que hace que valga la pena vivir? Lo primero habla de necesidades básicas, lo otro, de motivaciones, sentimientos y emociones. Si llegara el fin del mundo, ¿tiraríamos la toalla, aceptando la derrota, o elegiríamos disfrutar lo que nos queda de vida?

Por otra parte, lo que el poema de Whitman y la película misma envuelven con sus reflexiones habla del sentido de la vida, según cada quien le dé precisamente un significado a su existencia. Somos un universo entre una multitud de ellos, pero eso no quiere decir que no importemos. En dos puntos diferentes de la cinta, se explica la teoría del “Calendario Cósmico” de Carl Sagan, que plantea encapsular o extender a lo largo de los 12 meses del año la historia entera del universo. Según esta analogía, si el universo se hubiera creado el 1 de enero, la civilización humana no aparecería en el calendario sino hasta el último día del año, por tanto, toda la modernidad que actualmente conocemos y que nos define como sociedad, sucedería o aparecería apenas en los últimos dos o tres segundos del año. Tal como la narración propone, que cada individuo es un mundo, que contiene un universo entero dentro de sí y cuando muere ese universo muere con todo lo que trae consigo, la película también plantea la reflexión simbólica del calendario para enfatizar que, aunque parezca que somos pequeños, y lo somos en comparación con el universo entero, invariablemente importamos y somos relevantes; pequeños gigantes. Cuando una vida termina, el resto de la humanidad sigue adelante; pero cuando alguien muere, todo su ser muere consigo: su historia, relaciones personales, ideas, experiencias, anécdotas, sueños, recuerdos, pensamientos, incluso su voz, su aroma y su presencia. Asimismo, esa persona se mantiene viva mientras continúe presente en otros universos y otras mentes. Somos historias dentro de otras historias, en las que lo más importante no son los momentos acumulados sino qué hacemos con ellos. ¿Cuál es el significado de la vida? ¿Un baile, un atardecer, un poema, una canción, una emoción, un pensamiento, una sonrisa? Lo más seguro es que no es sólo una cosa y eso es lo que hace que valga la pena vivir. “¿Qué es la vida, sino una colección de recuerdos unidos por los latidos del corazón?”, dice una línea de diálogo en la película. De eso trata su mensaje, de que cada momento, cada segundo importa, no sólo para nosotros, también para los demás, ya que, si cada persona es un universo, constantemente convivimos y convergemos con miles de universos más. Tú eres tú, como también eres lo que haces con las personas que te rodean y en la vida de aquellos con quienes te topas, mucho o poco. Si bien de alguna forma la cinta narra la historia de un hombre que mira hacia atrás todo lo que vivió y recapitula su pasado en su lecho de muerte, en el fondo, el punto del relato es que no se trata literalmente de ‘la vida de Chuck’, sino que, en esencia, todos somos Chuck, todos somos como él, entes en movimiento chocando constantemente unos con otros, protagonistas de nuestras propias historias, pero historias en las vidas de los demás.

La vida es lo que hacemos, con el tiempo que tenemos; son los pequeños momentos, pero también todo lo que implican: personas, espacios, emociones, pensamientos, pasado y futuro. No es, por ejemplo, el esplendor de una flor embelleciendo una habitación, es también de dónde vienen esa flor y esa habitación, con todo y todos aquellos que algo tuvieron que ver con ello. Esto quiere decir que somos producto de nuestra historia, tanto personal como del proceso histórico del ser humano. Somos ciclos; todo empieza y todo termina. El mundo existe independientemente de nosotros, pero, al mismo tiempo, cada uno ‘contiene multitudes’. El individuo es demasiado complejo como para ser definido en un tiempo y espacio específico y lineal. Trascender no es no morir, sino ir mucho más allá de los límites. Quizá la vida es un instante, tiene un fin, pero nuestra presencia, nuestras experiencias, nuestra sola existencia, tiene un eco que perdura mucho más allá de nosotros.

The Life of Chuck, 2024, Dir: Mike Flanagan

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 20: Arturo Zorilla

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con Arturo Zorrilla Ibarra, referente de los medios y el activismo en favor del urbanismo en el mundo, fundador de Presumiendo México, Urbanismo Positivo y director de Radio Ranchito en Ultra México. Te invitamos a recorrer la trayectoria del emprendedor Arturo Zorrilla, conoce su historia, motivos e inspiración a favor de los medios, el urbanismo y la generación de contenidos con valor. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Filmakersmovie #PresumiendoMexico #ivanuriel #arturozorrilla

 

ENCUENTROS con Iván Uriel

Una producción Original Filmakersmovie.com

contacto@filmakersmovie.com

México, 2025

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 19: Teté Espinoza

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con la reconocida actriz de teatro, cine y televisión Teté Espinoza, referente del teatro en México. Te invitamos a recorrer la trayectoria de la gran actriz Teté Espinoza, conoce su historia, motivos e inspiración, así como algunos de sus personajes más entrañables como la legendaria obra «Wenses y Lala» y sobre su más reciente película «El Último Vagón». Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags:  #teteespinoza #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

ENCUENTROS con Iván Uriel

Una producción Original Filmakersmovie.com

contacto@filmakersmovie.com

México, 2025

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

Tigre blanco

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

El emprendedor tiene la iniciativa de abrirse camino por sí solo; busca oportunidades y, con ingenio capacidad o habilidad, convierte planes o proyectos en resultados. No sólo tiene que arriesgarse, también tiene que resistir, pues si bien su meta es la cima, el recorrido está plagado de incertidumbre, obstáculos y sobre todo competidores. En un mundo en el que hay esencialmente dos clases sociales, opuestas y distantes, el emprendedor que inicia de la nada aspira a ascender hasta llegar a la élite privilegiada, no obstante, muchas veces se queda estancado en el punto intermedio, lo que para algunos es una historia de éxito y, para otros, de fracaso.

Si el emprendedor siempre busca oportunidades, en qué punto se convierte en oportunista, entendido como la persona que aprovecha, incluso explota al máximo las circunstancias a su favor, algo que bien puede definir a muchos de los emprendedores actuales. Este es el escenario en que se desenvuelve la película El tigre blanco (India-Estados Unidos, 2021), escrita y dirigida por Ramin Bahrani, basándose en la novela literaria de Aravind Adiga, y protagonizada por Adarsh Gourav, Rajkummar Rao y Priyanka Chopra. La historia se centra en Balram Halwai, un joven proveniente de una región pobre en la India, lo que se traduce en falta de oportunidades y derechos, incluso los básicos, como educación, atención médica o un hogar digno. Forzado a trabajar desde pequeño para ganar dinero, en parte porque hay que pagar impuestos al terrateniente del pueblo, Balram crece convencido de dos cosas: primero, que las personas de las clases desfavorecidas, como él, están acostumbradas, porque así se les ha enseñado, a vivir atrapadas en el sistema de castas. Se les ha adoctrinado a servir, según su analogía, como gallinas en un gallinero, aceptando su realidad y destino, sin intención de protestar o escapar, pese a saber el futuro de miseria que les espera; segundo, que, según promueven los políticos en nombre de la democracia y libertad, cualquier persona puede lograr lo que se proponga, a pesar de que todo parezca estar en su contra, de manera que incluso alguien nacido en una realidad de pobreza extrema, como Balram, podría convertirse en presidente de una nación.

Este mensaje es tan idealista como inspirador, los mismo que poco realista y demasiado desconectado de lo que en verdad sucede, pues si bien alienta la idea de que las posibilidades de progreso no deben ser excluyentes y que, con preparación y disciplina, cualquiera puede alcanzar sus metas, la cierto es que a veces las circunstancias y el contexto socioeconómico, sí son una fuerte limitante. Balram, por ejemplo, había demostrado de niño habilidades académicas que le ganaron una beca, pero, sin dinero para pagar las cuotas secundarias ligadas a su nueva escuela, más la muerte de su padre a causa de una falta de atención medica en la región, lo obligan a entrar al mercado laboral desde pequeño, truncando toda oportunidad de crecimiento, no sólo escolar, también intelectual, social y personal. Balram aprende a sobrevivir en estas circunstancias y, ya como adulto, está acostumbrado a abrirse camino por sí solo, no solidaria sino individualistamente, porque el mundo le ha enseñado que, si no se ayuda él, nadie lo hará, y que si quiere ayudar a otros, tiene que hacer sacrificios él mismo. Su recorrido se tiñe de ambición, engaño y maña, porque ha descifrado que para avanzar tiene que quitar cualquier obstáculo al frente, al grado que, llegando su vida adulta, para él ya no se trata de mejorar o de ser el mejor, sino de sobrevivir a toda costa. Convence a su abuela de que su iniciativa de convertirse en chofer beneficiará a todos en su familia, se muda a la ciudad de Deli y se las ingenia con convencimiento y buena administración de la información, escuchando conversaciones privadas, para convertirse en el segundo chofer del hijo menor de una familia adinerada, la del mismo terrateniente que rige sobre el pueblo de donde él proviene. En ese instante y con un primer sueño cumplido, cree que su vida es suficiente o que ha alcanzado lo más que podría lograr, habiendo huido de la realidad en que nació y del futuro ‘atrapado en el gallinero’ que le esperaba. Así que, cuando su abuela le sugiere casarse, alegando que ya tiene apalabrada una novia, más el antecedente de que su propio hermano ya vivió un matrimonio arreglado, Balram corta toda comunicación con su familia y deja de enviarles el dinero mensual que había prometido. Su perspectiva ahora es otra, al ser testigo de la vida privilegiada y llena de lujos de sus empleadores, Ashok y su esposa Pinky, ambos formados escolarmente en Estados Unidos, recién mudados de vuelta a la India.

El escenario no es idílico, la realidad es que Balram no ha escapado de la pirámide social ni de la posición en que se encuentra. Se le continúa tratando con desprecio por su origen de casta y por el trabajo que desempeña. Por la misma razón por la que se le niegan oportunidades significativas, también se le exige obediencia y lealtad como obligación; se le sigue marginando, a pesar de que sólo busca la aprobación de sus patrones. Entonces se da cuenta que no se trata solamente de oportunidades o falta de ellas, sino de cómo éstas van ligadas a su educación y cultura. No se trata sólo de la pobreza en que nació y creció, sino también de lo que esto significa en su formación y cultura; por ejemplo, no cuida de su persona, su higiene o vestimenta, porque nadie le enseñó a hacerlo, porque en el medio en que vivía esto no tenía importancia, todos eran igual que él, pues había otras prioridades: comer, pagar deudas, en corto, sobrevivir. En su nuevo presente inevitablemente se compara con las personas para las que trabaja y, entonces, entiende que sus vidas no podrían ser más diferentes. Ashok y Pinky ordenan, exigen y hacen lo que quieren, como quieren y cuando quieren. Barlam en cambio acata, sirve y tiene de paso que ser servicial, sin alzar la voz ni quejarse, incluso cuando lo denigran o humillan. En particular el hermano y el padre de Ashok acostumbran a tratar a sus empleados con desprecio y agresividad, con mano dura, para dejar bien clara la división entre unos y otros. Esta mentalidad permea en ellos en su rol de patrón y criado. Sólo Ashok y Pinky parecen desaprobar este trato inhumano, defendiendo a gente como Balram, miembros de la clase trabajadora pero también de las castas más pobres, bajo la idea de que, aunque se les paga por una labor, son personas al fin y al cabo, por ende, merecen respeto y, una vida y trato digno. No obstante, el matrimonio no es siempre realista, no pueden evitar moverse cotidianamente a su conveniencia, ni dejar de aferrarse a su posición de privilegio y poder. ¿Qué tanto su empatía y humanidad es genuina y qué tanto es sólo fachada? Dicho de otra manera, ¿qué tanto su actitud solidaria sólo sirve para sentirse bien consigo mismos? Porque al final se consideran mejores que las castas inferiores; son invariablemente propensos a aferrarse a su ventaja socioeconómica cuando es necesario. Esto se hace evidente cuando, tras una noche de fiesta, entre la adrenalina del juego y del alcohol, Pinky toma el volante y atropella a alguien. Entre los tres, Pinky, Ashok y Balram, deciden que es mejor huir y callar, para evitar cualquier tipo de represalias, desde la cárcel hasta el escándalo. A la pareja se le hace sencillo pensar que todo se resuelve gracias a su posición social y que el hecho no tendrá consecuencias. El padre de Ashok lo sabe, pero, a diferencias de ellos, él toma medidas más concretas y empuja, obligando a que Balram firme una confesión echándose la culpa del accidente en caso de que la policía investigue los hechos. Aunque esto no sucede, ellos se quedan con la confesión, como vía alternativa para chantajearlo y asegurar su silencio.

Tanto servir, agachar la cabeza, aguantar golpes, groserías y complacer a sus patrones, para nada. “El rico nace con oportunidades que puede desperdiciar, mientras el pobre…”, es lo que más adelante reflexiona Balram, dimensionando que para Pinky y Ashok, y por extensión para cualquiera en lo más alto de la pirámide social, los problemas se resuelven con dinero, contactos, ventaja y poder, mientras que para gente como Balram, los problemas no se van, al contrario, ellos son las personas que sus patrones sacrifican para obtener y lograr lo que quieren, sabiendo que en esta sociedad las castas más bajas no son nadie, ni siquiera ante la ley. El atropellamiento, por ejemplo, nunca es investigado porque la víctima es una persona pobre, por quien nadie reclama, ni exige justicia, no llora ni pregunta. Hasta ese momento Balram se sentía satisfecho y feliz con satisfacer a sus amos. Pinky había sido la única que se había detenido a cuestionar esta actitud, no sólo porque vivir para servir ciegamente a otros es incorrecto, sino porque el actuar sumiso y servicial del chofer es, en cierta forma, un arma de doble filo: si la identidad de Balram depende de aquellos para quienes trabaja, sus empleadores se convierten en su centro focal, en su obsesión; no es una lealtad devota sino más bien una vía para sobrevivir y, de ser posible, escalar. El problema aquí es que tanto los de arriba como los de abajo refuerzan esta dinámica de dependencia que hay de unos hacia otros, obligando a que persista, porque las condiciones para que se reproduzca se imponen a través de relaciones de poder, corrupción, intereses monetarios y explotación. Balram, por ejemplo, descubre que, así como Ashok, a quienes se encuentran en las esferas más altas no les importan sus empleados ni lo que hagan, qué vidas lleven o cuáles sean sus necesidades y condiciones de existencia; no pueden ver más allá de su burbuja ni pueden entender la realidad de millones de personas en situaciones menos favorecidas. Están habituados a sacar algo a favor y desechan aquello que no se traduzca en ganancia o rendimiento. Ashok y su padre lo hacen pagando sobornos al gobierno para que su empresa de carbón continúe prosperando sin trabas, pero, además, escondiendo toda actividad ilegal que puedan estar ejerciendo; el político en cuestión recibe a cambio el financiamiento y respaldo social necesarios para mantener firme su posición en el poder. Es decir, ambos se salvaguardan entre sí, descuidando o negando cualquier tipo de apoyo o protección hacia el resto de la población. Si la confesión que le obligaron a firmar a Balram ya le había enseñado que no es imprescindible, que se le tiene ahí mientras se le necesite y que se le dará la espalda cuando ya no, esto se confirma luego de que Pinky abandona a su esposo. Balram se desvive por complacer y cuidar de Ashok, adjudicándolo como su deber, como empleado leal. “Qué es un sirviente sin un amo”, se repite a sí mismo, asumiéndose por inercia y costumbre como inferior, incapaz, sin autonomía ni libertad; sólo para ser tratado de nuevo como alguien desechable, al descubrir que están buscando ya su reemplazo.

“La integridad de los sirvientes es tan sólida que pueden ponerles en la mano la llave de su emancipación y ellos la arrojarán de vuelta con maldiciones”, reflexiona Balram en algún momento, analizando cómo las personas como él, los empleados que son tratados con indiferencia y menosprecio, la clase trabajadora y la población más pobre que está aleccionada a servir y callar, vive entre las sombras, porque el sistema no crea las condiciones para que su situación cambie o mejore.

Balram había hecho todo por llegar hasta la posición en la que está, acató órdenes sin cuestionar o reprochar, se deshizo de la competencia, astuta pero deslealmente, para favorecerse a sí mismo, aceptó labores que no le correspondían porque, aunque era chofer, también tenía que limpiar si se le pedía; ahora, a pesar de haberlo dado todo está a punto de quedarse sin nada. Cansado y harto de esta realidad, sintiéndose traicionado, como última salida se inclina por lo único que sabe seguro: para sobrevivir tiene que sacar beneficio de las fallas del sistema y aprovecharse de los otros. Su razonamiento es que, aunque la sublevación parecería imposible entre las castas más pobres, porque se les ha enseñado a servir sin pedir nada a cambio, el trato que reciben les da el derecho a rebelarse, ante unos ricos mezquinos, cuyas humillaciones y explotación constante, facilitada por un sistema corrupto, injusto y selectivo, derivan, no en una revolución sino en el odio y la sed de venganza. Por consiguiente, Balram ya no quiere ser empleado, quiere ser empleador. No quiere ser pobre, quiere ser rico; ya no está interesado en acatar órdenes, quiere darlas. Si para llegar alto tiene que aprovechar oportunidades, en este mundo capitalista debe creárselas y lo consigue haciendo lo que sabe que tantas personas hacen: robando a sus patrones y beneficiándose de las necesidades de aquellos menos favorecidos que él, por ejemplo, vendiendo el combustible del auto de Ashok, usándolo para trabajar como taxista privado y alegando reparaciones automovilísticas falsas para quedarse con el dinero que se le da para atenderlas.

“El emprendedor crea la oportunidad”, insiste Balram, lo que pasa es que tiene que hacerlo a través de deshonestidad, engaños y oportunismo. “Nuestra nación carece de agua potable, electricidad, sistema de drenaje, transporte público, sentido de higiene, disciplina, cortesía o puntualidad, pero tiene emprendedores”, explica, notando cómo, en una realidad de inequidad, escasez y miseria, lo que la sociedad ha aprendido a valorar y promover es la explotación humana, la supervivencia a partir del uso y abuso de otros, creyendo en la falsa idea de que ser emprendedor conduce al éxito. Alimentada porque más de uno ha llegado hasta donde está sin lealtades, pasando sobre otros, siendo egoísta, engañando y manipulando. Sin embargo, la respuesta debería ser un cambio radical del sistema, para que derechos y oportunidades se otorguen a todos por igual, sin condiciones ni exclusiones.

La película describe esto llevándolo al extremo, en un acto de radicalización (el humor negro en la cinta es la clave para su crítica social), pues para lograr su meta Balram roba, engaña, miente y también mata. Luego justifica sus acciones creyendo que la desigualdad, la injusticia y la marcada división de clases sociales lo obligaron, actuando sin escrúpulos, porque la consciencia y la ética son un obstáculo. Esa es la realidad en la sociedad posmoderna, una en la que el sistema crea y forma a personas como Balram, cuyas opciones son aceptar ser marginados o aceptar formar parte de una estructura que alienta la competencia despiadada, con el despojo y explotación de los más débiles. “Llevas años buscando la llave, pero la puerta siempre estuvo abierta”, señala una reflexión dentro de la película, retomando la idea que menciona Balram de que al sirviente se le puede dar la llave de su libertad y aun así no la usará. Personas como él podrán pensar que decir que la puerta siempre estuvo abierta se refiere a que libertad significa poder hacer lo que quieran, pero en realidad la frase habla más bien del condicionamiento como forma efectiva de control, que eventualmente evoluciona a la prisión autoimpuesta y la autoexplotación, que es exactamente lo que hace el emprendedor. «Hoy la gente se explota a sí misma voluntariamente, creyendo que así se realiza», reflexiona al respecto el filósofo surcoreano Byung-Chul Han.

The White Tiger, 2021, Dir: Ramin Bahrani

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.