17 enero, 2026

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Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 20: Arturo Zorilla

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con Arturo Zorrilla Ibarra, referente de los medios y el activismo en favor del urbanismo en el mundo, fundador de Presumiendo México, Urbanismo Positivo y director de Radio Ranchito en Ultra México. Te invitamos a recorrer la trayectoria del emprendedor Arturo Zorrilla, conoce su historia, motivos e inspiración a favor de los medios, el urbanismo y la generación de contenidos con valor. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Filmakersmovie #PresumiendoMexico #ivanuriel #arturozorrilla

 

ENCUENTROS con Iván Uriel

Una producción Original Filmakersmovie.com

contacto@filmakersmovie.com

México, 2025

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 19: Teté Espinoza

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con la reconocida actriz de teatro, cine y televisión Teté Espinoza, referente del teatro en México. Te invitamos a recorrer la trayectoria de la gran actriz Teté Espinoza, conoce su historia, motivos e inspiración, así como algunos de sus personajes más entrañables como la legendaria obra «Wenses y Lala» y sobre su más reciente película «El Último Vagón». Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags:  #teteespinoza #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

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IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

Tigre blanco

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

El emprendedor tiene la iniciativa de abrirse camino por sí solo; busca oportunidades y, con ingenio capacidad o habilidad, convierte planes o proyectos en resultados. No sólo tiene que arriesgarse, también tiene que resistir, pues si bien su meta es la cima, el recorrido está plagado de incertidumbre, obstáculos y sobre todo competidores. En un mundo en el que hay esencialmente dos clases sociales, opuestas y distantes, el emprendedor que inicia de la nada aspira a ascender hasta llegar a la élite privilegiada, no obstante, muchas veces se queda estancado en el punto intermedio, lo que para algunos es una historia de éxito y, para otros, de fracaso.

Si el emprendedor siempre busca oportunidades, en qué punto se convierte en oportunista, entendido como la persona que aprovecha, incluso explota al máximo las circunstancias a su favor, algo que bien puede definir a muchos de los emprendedores actuales. Este es el escenario en que se desenvuelve la película El tigre blanco (India-Estados Unidos, 2021), escrita y dirigida por Ramin Bahrani, basándose en la novela literaria de Aravind Adiga, y protagonizada por Adarsh Gourav, Rajkummar Rao y Priyanka Chopra. La historia se centra en Balram Halwai, un joven proveniente de una región pobre en la India, lo que se traduce en falta de oportunidades y derechos, incluso los básicos, como educación, atención médica o un hogar digno. Forzado a trabajar desde pequeño para ganar dinero, en parte porque hay que pagar impuestos al terrateniente del pueblo, Balram crece convencido de dos cosas: primero, que las personas de las clases desfavorecidas, como él, están acostumbradas, porque así se les ha enseñado, a vivir atrapadas en el sistema de castas. Se les ha adoctrinado a servir, según su analogía, como gallinas en un gallinero, aceptando su realidad y destino, sin intención de protestar o escapar, pese a saber el futuro de miseria que les espera; segundo, que, según promueven los políticos en nombre de la democracia y libertad, cualquier persona puede lograr lo que se proponga, a pesar de que todo parezca estar en su contra, de manera que incluso alguien nacido en una realidad de pobreza extrema, como Balram, podría convertirse en presidente de una nación.

Este mensaje es tan idealista como inspirador, los mismo que poco realista y demasiado desconectado de lo que en verdad sucede, pues si bien alienta la idea de que las posibilidades de progreso no deben ser excluyentes y que, con preparación y disciplina, cualquiera puede alcanzar sus metas, la cierto es que a veces las circunstancias y el contexto socioeconómico, sí son una fuerte limitante. Balram, por ejemplo, había demostrado de niño habilidades académicas que le ganaron una beca, pero, sin dinero para pagar las cuotas secundarias ligadas a su nueva escuela, más la muerte de su padre a causa de una falta de atención medica en la región, lo obligan a entrar al mercado laboral desde pequeño, truncando toda oportunidad de crecimiento, no sólo escolar, también intelectual, social y personal. Balram aprende a sobrevivir en estas circunstancias y, ya como adulto, está acostumbrado a abrirse camino por sí solo, no solidaria sino individualistamente, porque el mundo le ha enseñado que, si no se ayuda él, nadie lo hará, y que si quiere ayudar a otros, tiene que hacer sacrificios él mismo. Su recorrido se tiñe de ambición, engaño y maña, porque ha descifrado que para avanzar tiene que quitar cualquier obstáculo al frente, al grado que, llegando su vida adulta, para él ya no se trata de mejorar o de ser el mejor, sino de sobrevivir a toda costa. Convence a su abuela de que su iniciativa de convertirse en chofer beneficiará a todos en su familia, se muda a la ciudad de Deli y se las ingenia con convencimiento y buena administración de la información, escuchando conversaciones privadas, para convertirse en el segundo chofer del hijo menor de una familia adinerada, la del mismo terrateniente que rige sobre el pueblo de donde él proviene. En ese instante y con un primer sueño cumplido, cree que su vida es suficiente o que ha alcanzado lo más que podría lograr, habiendo huido de la realidad en que nació y del futuro ‘atrapado en el gallinero’ que le esperaba. Así que, cuando su abuela le sugiere casarse, alegando que ya tiene apalabrada una novia, más el antecedente de que su propio hermano ya vivió un matrimonio arreglado, Balram corta toda comunicación con su familia y deja de enviarles el dinero mensual que había prometido. Su perspectiva ahora es otra, al ser testigo de la vida privilegiada y llena de lujos de sus empleadores, Ashok y su esposa Pinky, ambos formados escolarmente en Estados Unidos, recién mudados de vuelta a la India.

El escenario no es idílico, la realidad es que Balram no ha escapado de la pirámide social ni de la posición en que se encuentra. Se le continúa tratando con desprecio por su origen de casta y por el trabajo que desempeña. Por la misma razón por la que se le niegan oportunidades significativas, también se le exige obediencia y lealtad como obligación; se le sigue marginando, a pesar de que sólo busca la aprobación de sus patrones. Entonces se da cuenta que no se trata solamente de oportunidades o falta de ellas, sino de cómo éstas van ligadas a su educación y cultura. No se trata sólo de la pobreza en que nació y creció, sino también de lo que esto significa en su formación y cultura; por ejemplo, no cuida de su persona, su higiene o vestimenta, porque nadie le enseñó a hacerlo, porque en el medio en que vivía esto no tenía importancia, todos eran igual que él, pues había otras prioridades: comer, pagar deudas, en corto, sobrevivir. En su nuevo presente inevitablemente se compara con las personas para las que trabaja y, entonces, entiende que sus vidas no podrían ser más diferentes. Ashok y Pinky ordenan, exigen y hacen lo que quieren, como quieren y cuando quieren. Barlam en cambio acata, sirve y tiene de paso que ser servicial, sin alzar la voz ni quejarse, incluso cuando lo denigran o humillan. En particular el hermano y el padre de Ashok acostumbran a tratar a sus empleados con desprecio y agresividad, con mano dura, para dejar bien clara la división entre unos y otros. Esta mentalidad permea en ellos en su rol de patrón y criado. Sólo Ashok y Pinky parecen desaprobar este trato inhumano, defendiendo a gente como Balram, miembros de la clase trabajadora pero también de las castas más pobres, bajo la idea de que, aunque se les paga por una labor, son personas al fin y al cabo, por ende, merecen respeto y, una vida y trato digno. No obstante, el matrimonio no es siempre realista, no pueden evitar moverse cotidianamente a su conveniencia, ni dejar de aferrarse a su posición de privilegio y poder. ¿Qué tanto su empatía y humanidad es genuina y qué tanto es sólo fachada? Dicho de otra manera, ¿qué tanto su actitud solidaria sólo sirve para sentirse bien consigo mismos? Porque al final se consideran mejores que las castas inferiores; son invariablemente propensos a aferrarse a su ventaja socioeconómica cuando es necesario. Esto se hace evidente cuando, tras una noche de fiesta, entre la adrenalina del juego y del alcohol, Pinky toma el volante y atropella a alguien. Entre los tres, Pinky, Ashok y Balram, deciden que es mejor huir y callar, para evitar cualquier tipo de represalias, desde la cárcel hasta el escándalo. A la pareja se le hace sencillo pensar que todo se resuelve gracias a su posición social y que el hecho no tendrá consecuencias. El padre de Ashok lo sabe, pero, a diferencias de ellos, él toma medidas más concretas y empuja, obligando a que Balram firme una confesión echándose la culpa del accidente en caso de que la policía investigue los hechos. Aunque esto no sucede, ellos se quedan con la confesión, como vía alternativa para chantajearlo y asegurar su silencio.

Tanto servir, agachar la cabeza, aguantar golpes, groserías y complacer a sus patrones, para nada. “El rico nace con oportunidades que puede desperdiciar, mientras el pobre…”, es lo que más adelante reflexiona Balram, dimensionando que para Pinky y Ashok, y por extensión para cualquiera en lo más alto de la pirámide social, los problemas se resuelven con dinero, contactos, ventaja y poder, mientras que para gente como Balram, los problemas no se van, al contrario, ellos son las personas que sus patrones sacrifican para obtener y lograr lo que quieren, sabiendo que en esta sociedad las castas más bajas no son nadie, ni siquiera ante la ley. El atropellamiento, por ejemplo, nunca es investigado porque la víctima es una persona pobre, por quien nadie reclama, ni exige justicia, no llora ni pregunta. Hasta ese momento Balram se sentía satisfecho y feliz con satisfacer a sus amos. Pinky había sido la única que se había detenido a cuestionar esta actitud, no sólo porque vivir para servir ciegamente a otros es incorrecto, sino porque el actuar sumiso y servicial del chofer es, en cierta forma, un arma de doble filo: si la identidad de Balram depende de aquellos para quienes trabaja, sus empleadores se convierten en su centro focal, en su obsesión; no es una lealtad devota sino más bien una vía para sobrevivir y, de ser posible, escalar. El problema aquí es que tanto los de arriba como los de abajo refuerzan esta dinámica de dependencia que hay de unos hacia otros, obligando a que persista, porque las condiciones para que se reproduzca se imponen a través de relaciones de poder, corrupción, intereses monetarios y explotación. Balram, por ejemplo, descubre que, así como Ashok, a quienes se encuentran en las esferas más altas no les importan sus empleados ni lo que hagan, qué vidas lleven o cuáles sean sus necesidades y condiciones de existencia; no pueden ver más allá de su burbuja ni pueden entender la realidad de millones de personas en situaciones menos favorecidas. Están habituados a sacar algo a favor y desechan aquello que no se traduzca en ganancia o rendimiento. Ashok y su padre lo hacen pagando sobornos al gobierno para que su empresa de carbón continúe prosperando sin trabas, pero, además, escondiendo toda actividad ilegal que puedan estar ejerciendo; el político en cuestión recibe a cambio el financiamiento y respaldo social necesarios para mantener firme su posición en el poder. Es decir, ambos se salvaguardan entre sí, descuidando o negando cualquier tipo de apoyo o protección hacia el resto de la población. Si la confesión que le obligaron a firmar a Balram ya le había enseñado que no es imprescindible, que se le tiene ahí mientras se le necesite y que se le dará la espalda cuando ya no, esto se confirma luego de que Pinky abandona a su esposo. Balram se desvive por complacer y cuidar de Ashok, adjudicándolo como su deber, como empleado leal. “Qué es un sirviente sin un amo”, se repite a sí mismo, asumiéndose por inercia y costumbre como inferior, incapaz, sin autonomía ni libertad; sólo para ser tratado de nuevo como alguien desechable, al descubrir que están buscando ya su reemplazo.

“La integridad de los sirvientes es tan sólida que pueden ponerles en la mano la llave de su emancipación y ellos la arrojarán de vuelta con maldiciones”, reflexiona Balram en algún momento, analizando cómo las personas como él, los empleados que son tratados con indiferencia y menosprecio, la clase trabajadora y la población más pobre que está aleccionada a servir y callar, vive entre las sombras, porque el sistema no crea las condiciones para que su situación cambie o mejore.

Balram había hecho todo por llegar hasta la posición en la que está, acató órdenes sin cuestionar o reprochar, se deshizo de la competencia, astuta pero deslealmente, para favorecerse a sí mismo, aceptó labores que no le correspondían porque, aunque era chofer, también tenía que limpiar si se le pedía; ahora, a pesar de haberlo dado todo está a punto de quedarse sin nada. Cansado y harto de esta realidad, sintiéndose traicionado, como última salida se inclina por lo único que sabe seguro: para sobrevivir tiene que sacar beneficio de las fallas del sistema y aprovecharse de los otros. Su razonamiento es que, aunque la sublevación parecería imposible entre las castas más pobres, porque se les ha enseñado a servir sin pedir nada a cambio, el trato que reciben les da el derecho a rebelarse, ante unos ricos mezquinos, cuyas humillaciones y explotación constante, facilitada por un sistema corrupto, injusto y selectivo, derivan, no en una revolución sino en el odio y la sed de venganza. Por consiguiente, Balram ya no quiere ser empleado, quiere ser empleador. No quiere ser pobre, quiere ser rico; ya no está interesado en acatar órdenes, quiere darlas. Si para llegar alto tiene que aprovechar oportunidades, en este mundo capitalista debe creárselas y lo consigue haciendo lo que sabe que tantas personas hacen: robando a sus patrones y beneficiándose de las necesidades de aquellos menos favorecidos que él, por ejemplo, vendiendo el combustible del auto de Ashok, usándolo para trabajar como taxista privado y alegando reparaciones automovilísticas falsas para quedarse con el dinero que se le da para atenderlas.

“El emprendedor crea la oportunidad”, insiste Balram, lo que pasa es que tiene que hacerlo a través de deshonestidad, engaños y oportunismo. “Nuestra nación carece de agua potable, electricidad, sistema de drenaje, transporte público, sentido de higiene, disciplina, cortesía o puntualidad, pero tiene emprendedores”, explica, notando cómo, en una realidad de inequidad, escasez y miseria, lo que la sociedad ha aprendido a valorar y promover es la explotación humana, la supervivencia a partir del uso y abuso de otros, creyendo en la falsa idea de que ser emprendedor conduce al éxito. Alimentada porque más de uno ha llegado hasta donde está sin lealtades, pasando sobre otros, siendo egoísta, engañando y manipulando. Sin embargo, la respuesta debería ser un cambio radical del sistema, para que derechos y oportunidades se otorguen a todos por igual, sin condiciones ni exclusiones.

La película describe esto llevándolo al extremo, en un acto de radicalización (el humor negro en la cinta es la clave para su crítica social), pues para lograr su meta Balram roba, engaña, miente y también mata. Luego justifica sus acciones creyendo que la desigualdad, la injusticia y la marcada división de clases sociales lo obligaron, actuando sin escrúpulos, porque la consciencia y la ética son un obstáculo. Esa es la realidad en la sociedad posmoderna, una en la que el sistema crea y forma a personas como Balram, cuyas opciones son aceptar ser marginados o aceptar formar parte de una estructura que alienta la competencia despiadada, con el despojo y explotación de los más débiles. “Llevas años buscando la llave, pero la puerta siempre estuvo abierta”, señala una reflexión dentro de la película, retomando la idea que menciona Balram de que al sirviente se le puede dar la llave de su libertad y aun así no la usará. Personas como él podrán pensar que decir que la puerta siempre estuvo abierta se refiere a que libertad significa poder hacer lo que quieran, pero en realidad la frase habla más bien del condicionamiento como forma efectiva de control, que eventualmente evoluciona a la prisión autoimpuesta y la autoexplotación, que es exactamente lo que hace el emprendedor. «Hoy la gente se explota a sí misma voluntariamente, creyendo que así se realiza», reflexiona al respecto el filósofo surcoreano Byung-Chul Han.

The White Tiger, 2021, Dir: Ramin Bahrani

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 18: Juan Gonzalo Juárez de Diego

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con Juan Gonzalo Juárez de Diego, gestor cultural y administrador de empresas, quien realiza una labor difusora de la obra literaria de su padre, el extraordinario poeta mexicano Jorge Ramón Juárez. Te invitamos a conocer la historia, motivos e inspiración de uno de los más importantes poetas mexicanos del siglo XX. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #juangonzalojuarez #jorgeramonjuraez #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

ENCUENTROS con Iván Uriel

Una producción Original Filmakersmovie.com

contacto@filmakersmovie.com

México, 2025

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

La última gran actuación

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

“Las cosas no cambian; cambiamos nosotros”, señala una frase del escritor, poeta y filósofo Henry David Thoreau (1817-1862). Sus palabras hablan de un mundo en movimiento, de la importancia y necesidad de adaptarse, evolucionar e incluso de que progreso y crecimiento no se miden en función de los demás, sino de uno mismo, de tal forma que si las cosas no cambian como esperamos es porque no nos esforzamos lo suficiente, ni en la línea correcta, o bien, porque no comprendemos las circunstancias cambiantes a nuestro alrededor.

Estas son algunas de las ideas que plantea la película La última gran actuación, o The Last Showgirl (EUA, 2024), dirigida por Gia Coppola, escrita por Kate Gersten y protagonizada por Pamela Anderson, Jamie Lee Curtis, Billie Lourd, Dave Bautista, Kiernan Shipka, Brenda Song y Jason Schwartzman. La historia sigue a Shelly, una mujer de 57 años que lleva los últimos 38 trabajando como bailarina en un espectáculo llamado ‘Le Razzle Dazzle’ en un casino de Las Vegas. Su vida entera gira en torno a esto, a ser tiempo completo una ‘showgirl’, que es como se les denomina a las bailarinas de un show teatral donde el énfasis recae en mostrar los atributos físicos de las intérpretes, a menudo vestidas con poca ropa o atuendos que explícitamente acentúen su desnudez. Debido a que Shelly lo ha dado todo por Le Razzle Dazzle por más de la mitad de su vida, dejó atrás toda oportunidad de crecimiento, sea personal, profesional, social y hasta familiar, todo con tal de ser parte de un espectáculo que la hace sentir bien consigo misma y aparentemente feliz. Todo cambia cuando se ve obligada a replantear sus decisiones, esas que moldearon su pasado y todavía dan forma a su futuro, una vez que se le informa que el casino cancelará definitivamente el show en el que participa, para ser sustituido por un circo burlesque que ha demostrado tener mayor éxito, apoderándose del escenario, hasta ahora alternando ambos espectáculos. El desplazamiento, simbólico y literal, lanza a Shelly a una crisis, ya que el hecho de ser sustituida por una presencia más novedosa y moderna la hace sentir fracasada. Lo que no quiere ver es que si las cosas no cambian el individuo se estanca. Shelly insiste que el show es un clásico, como si eso significara tener un valor histórico único insubstituible; sin embargo, aunque sea cierto en parte, otros asumen el calificativo como sinónimo de anticuado, antiguo u obsoleto; por tanto, para mantenerse relevante, necesita ser renovado y actualizado.

El espectador quiere nuevas ideas, nuevas propuestas, también intérpretes más jóvenes y conceptos más osados, que se adecúen a la forma de pensar actual, no a la de hace 30 años o más. Proceso de reajuste y reinvención que es normal y necesario, que sucede en todo aspecto de la vida: en las personas, las ideas, los empleos, la cultura, las leyes, la tecnología, los procesos y mecanismos de producción, en la sociedad misma. “Renovarse o morir”, dice una frase popular que señala que los pilares de supervivencia, evolución y progreso son la adaptación y la reinvención. Para Shelly este reajuste significa un reto, pero uno que se niega a enfrentar porque no está segura de ser capaz de superarlo. Desde su perspectiva, al dar por concluida una puesta en escena como Le Razzle Dazzle, es como darla por terminada también a ella; así que calificar el espectáculo como ‘viejo’, es como si a ella también se le viera así, alguien del pasado, a quien es momento de olvidar y reemplazar. La triste realidad no sólo recae en la imposibilidad de Shelly de aceptarse y abrazar el punto de vida en el que se encuentra, es también reconocer que en el mundo artístico en el que se desenvuelve las cosas son de esta manera, medios en los que la obsesión con la juventud y la belleza es tan grande que se vuelve insana, en que se castiga y repele el envejecimiento, como si no fuera algo natural, bello y humano, sino maligno, trágico y reprobable. Shelly es, en este contexto, una veterana, que puede ser celebrada por su experiencia y conocimiento, pero también rechazada por las mismas razones. Lo preocupante es que es así para todas las personas, sujetas a una sociedad que determina función y funcionalidad, productividad y progreso a partir de un número: la edad, y que por ende trata, rechaza, discrimina, excluye o incluye, a partir de variables banales, sin tomar en cuenta qué puede hacer o qué tanto conoce y es capaz una persona, para, en cambio, juzgarla a partir de cómo luce y se ve físicamente, para explotarla por su belleza y juventud, ignorando experiencia y saberes.

Productividad, ganancia, explotación. Los dueños de los casinos en Las Vegas, así como los dueños de empresas, espectáculos de entretenimiento y productos vendibles de cualquier tipo, quieren éxitos, atractivo y fascinación, porque finalmente se mueven en función de la fama, el renombre y el dinero. Si los espectáculos que ofrecen se estancan, si ya no destacan o si son percibidos como algo del pasado, el público deja de interesarse en ellos y la ganancia disminuye. Es cuando es momento de desechar e intentar algo nuevo. En forma de analogía, para Shelly es lo mismo; si es ella quien se estanca al no poder adaptarse a los cambios, tampoco puede avanzar e inevitablemente es olvidada. Le sucede a su mejor amiga, Annette, antes una bailarina aclamada, ahora una servidora de cocteles, atrapada en una rutina sin futuro, sin espacio para ser algo más, ganar más dinero o mejorar en cualquier sentido, constantemente relegada en favor de jovencitas más capaces y dispuestas. Lo curioso es que, ¿no es ésta la historia de la humanidad? Adaptación y cambio, sí, pero también un ciclo de vida que implica primero transformación, después reemplazo y eventualmente olvido. También una incorrecta falta de valoración del pasado, la historia, la experiencia y la vejez. El verdadero problema para Shelly es negarse a cambiar. Lleva 30 años haciendo lo mismo, por lo que, cuando se modifican circunstancias y la dinámica a su alrededor, entra en conflicto y no sabe qué hacer. ¿Qué tiene que ofrecerle al mundo después de estar tantos años en el mismo lugar, bajo la misma esfera cíclica y sin intención, ambición, interés o necesidad de ser diferente? Tal vez una pregunta más importante es por qué Shelly no quiere cambiar; a qué le teme o qué tan insegura está de sí misma como para preferir ser siempre la misma en lugar de arriesgarse por algo más.

Sus amigas y compañeras de elenco, Jodie y Mary-Anne, ambas mucho más jóvenes que ella, la miran como la experimentada, aunque como una variable fija y estática, de la que hay mucho que aprender pero que es incapaz de hacer algo más para sí misma; de manera que tener experiencia puede ser visto como sabiduría y crecimiento, pero también como un camino terminado, cerrado, que ya no puede aportar nada nuevo. Es lo que pasa con Shelly, se deja llevar por la inercia, no se renueva ni busca oportunidades porque se siente cómoda donde está, porque sabe que esas cuatro paredes en las que vive se han convertido en su burbuja de bienestar, en donde no hay más esfuerzo porque no lo requiere, aunque al mismo tiempo eso significa que tampoco hay más crecimiento personal, ni social, ni laboral ni de ningún tipo. Hasta ahora su limitada realidad había funcionado, cubriendo necesidades básicas, aunque sacrificando aquello que demandaba cambio, uno en especial que decidió no asumir, o que asumió delegando responsabilidades: su hija Hannah, a quien negligentemente atendió, hasta que la llevó a vivir con otros familiares, asegurando que era lo mejor para ambas, pero más bien anteponiendo sus intereses personales a su rol como madre y lo que formar una familia significaba, incluyendo sacrificios, restructuración de prioridades y compromiso.

Al reencontrarse ahora con Hannah y sabiendo que el empleo que antepuso sobre su hija está a punto de darle una conclusión forzada a esta etapa de su vida, Shelly no tiene otra que enfrentar esas decisiones pasadas, marcadamente en su relación con Hannah, quien ve a su madre como una extraña, distante, porque su relación nunca ha sido estrecha, ni constante, ni significativa. Hannah está a punto de graduarse, en busca de definir su propio camino, presionada por inclinarse por una profesión que pueda potencialmente asegurarle un futuro laboral estable. El problema es que nadie puede realmente garantizarle esto, porque variables como preparación, oportunidades, desempeño y contexto entran en juego; pero además, el detalle está en que Hannah misma no está interesada en lo que le sugieren ‘debe’ estudiar, prefiriendo en su lugar un área más artística como la fotografía, que sí le apasiona pero que es, quizá erróneamente, calificada como ‘fácil’, poco importante y poco redituable. Hacer lo que quiere frente a lo que debe se vuelven dos opuestos que aparentemente no tienen conciliación, pues se perciben antagónicos no como complementarios. Ambas perspectivas no obstante tienen su grado de verdad; por un lado, sopesar posibilidades con viabilidad, que es lo que se le sugiere a Hannah, es encontrar algo que le interese pero que también tenga un campo laboral abierto al crecimiento, en especial el económico. Por otra parte, el argumento de Shelly también es muy válido: “Cuando tu vocación está ahí, esperándote, el dinero no mejora un trabajo aburrido”, dice, hablando de que encontrar aquello que nos apasiona es parte importante para encontrar plenitud y satisfacción, porque de lo contrario no hay realización personal. Sin más experiencia que su propia historia como bailarina, considerándose a sí misma ejemplo de éxito dentro de un contexto que califica como creativo y artístico, comparando con lo que le interesa a Hannah, la fotografía, Shelly invita a su hija a ver por primera vez el espectáculo del casino, guiándose por la idea de que, como ella, hacer algo que le gusta y la hace sentir bien es lo más importa en la vida. “Hacer un trabajo que no amas, eso es lo difícil”, insiste Shelly. Lo que Hannah eventualmente entiende es que a pesar de sus buenas intenciones, Shelly nunca ha sido realista, tampoco objetiva. Soñar no está mal, pero aterrizar los sueños también es importante. Lo dimensiona mejor luego de aceptar la invitación de su madre para ver el espectáculo Le Razzle Dazzle. Al percibir que la coreografía es sólo un pretexto y el espectáculo una excusa para su madre por verse día a día bajo los reflectores, Hannah inevitablemente le reclama a Shelly las decisiones que tomó en el pasado y cuyo efecto todavía arrastra en el presente, preguntándose y preguntándole por qué habría elegido una vida así, exponiendo su cuerpo ante los ojos de gente que no conoce, a cambio de admiración momentánea, en lugar de elegirla a ella y la posibilidad de una vida en familia, con una relación madre e hija verdaderamente afectiva. Evidentemente, Hannah y Shelly no ven las cosas desde la misma perspectiva. La primera resiente a la mujer que considera la abandonó en favor de aplausos que no son más que instantes banales que glorifican el físico de la mujer, dentro de las paredes de la superficialidad, la cosificación y la fama efímera, nunca celebrando el arte, la danza o a la mujer misma, sino convirtiéndola en un fetiche morboso, casi denigrante. Para Shelly es lo contrario, Le Razzle Dazzle es un camino hacia el aprecio y el reconocimiento que, no obstante, concibe con base en, precisamente, lo que Hannah señala, es decir, recibir atención a cualquier precio, vendiendo su cuerpo y, de alguna forma, vendiéndose ella. “Me encanta el show, lo amo. Ahí me siento bien conmigo misma […] Los trajes, los escenarios, estar bajo las luces noche tras noche. Sentirme bien, sentirme hermosa. Eso es poderoso. Y no me imagino  mi vida sin ello”, explica Shelly y su opinión es válida; su error, si lo hay, es convertir eso en la única medida para su autovaloración. No está ‘mal’ que busque atención, no está ‘mal’ que se sienta bella y apreciada cuando alguien la ve, literal y simbólicamente hablando, ni siquiera está ‘mal’ que se dedique a lo que se dedica, que baile como baila y que lo haga con la cantidad de ropa y tipo de vestuario que elija, mientras esto la haga feliz; lo equivocado consiste en que se valore siempre en función de otros, a partir de aspectos superficiales, insulsos, no con factores que expresen su esencia como ser humano. Shelly siente un vacío y lo llena a partir de lo que cree es la aprobación de otros. En el fondo no se traza metas porque no tiene aspiraciones ni sabe lo que quiere, no tiene parámetros de auto-realización, felicidad o plenitud porque se ha conformado con vivir del aplauso que considera validación, cuando en realidad no es más que una reacción social dirigida al espectáculo o a la puesta en escena, no a ella. Shelly no tiene los pies en la tierra, más bien sueña despierta, sin descifrar que el mundo a su alrededor y la gente en él cambian constantemente; ella tendría que hacer lo mismo pero no lo sabe. Su felicidad está ligada a la nostalgia y es incapaz de existir fuera de esa realidad; incapaz sobre todo de darse cuenta que ella misma ya no es lo que era y, por lo tanto, no puede seguir pretendiendo que es así. Tampoco acepta que es reemplazable, que si una bailarina deja el espectáculo o si una joven deja la ciudad, alguien más llegará a tomar su lugar, alguien más joven, talentosa, entusiasta y motivada; una realidad cruel pero constante. Mary-Anne se queja de que una vez que tiene que salir a buscar otro empleo, los productores le dicen que ya es demasiado ‘grande’, aunque apenas tenga 30 años de edad. Esa es la lamentable realidad del mundo del espectáculo, nuevo y novedoso, lo que significa que o se adapta uno al cambio o se es reemplazado. Lo que no se añade es que, eventualmente, todo y todos seremos desplazados. “Soy mayor que tú. No vieja”, se queja Shelly al hablar con Jodie, aunque el relevo generacional sea inevitable y probablemente marcado por la discriminación. Shelly no es vieja, sólo es mayor que las demás; desgraciadamente este es un mundo donde las oportunidades suelen estar ligadas a la juventud y la belleza, juzgando, particularmente a las mujeres, a partir de esos parámetros.

¿Qué pasa cuando juventud y belleza se acaban? El resultado son personas e historias como la de Shelly, existiendo de percepciones, espejismos, autoengaño, mentiras, autoexplotación y el sacrificio en todo sentido, convenciéndose de que es lo necesario, lo correcto, lo normal para ser feliz o para triunfar. Para las otras bailarinas Le Razzle Dazzle es un trabajo, para Shelly es su identidad. Cuando la cortina se cierra y el show acaba, no puede sino preguntarse si valió la pena y, más que nada, preguntarse quién es ella más allá de ese molde autoimpuesto. Shelly se quiebra cuando enfrenta la realidad, la burbuja se rompe y le hacen ver que su vida fue producto de las vicisitudes, pues su belleza y juventud era lo que la gente quería ver y aplaudir hace 30 años. Reclama saberse y sentirse todavía bella, pero el mundo a su alrededor, que se guía bajo parámetros banales de apreciación, ya no lo ve así. En retrospectiva, Shelly sacrificó todo por perseguir sus sueños, convencida de que eso era más importante que cualquier otra cosa, y lo era, simplemente no supo cómo balancear esto con los otros aspectos de su vida, roles como el de madre, novia, esposa, pareja, amiga, mentora y bailarina. Al final parece que Shelly sacrificó todo por nada y eso es lo que le queda. Este es un temor que experimenta cualquier persona, sobre todo mujeres: con el tiempo y a pesar de los sacrificios, terminar sintiéndose irrelevante.

The Last Showgirl, 2024, Dir: Gia Coppola

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 17: Martha Claudia Moreno

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con la extraordinaria actriz Martha Claudia Moreno, Ganadora del Premio Ariel; te invitamos a conocer la trayectoria de esta galardonada actriz mexicana, reconocida a nivel internacional, sus motivos e inspiración, así como escucharle comentar sobre algunas de sus películas, papeles entrañables y futuros proyectos. Acompáñanos a un viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #marthaclaudiamoreno #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

ENCUENTROS con Iván Uriel

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México, 2025

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

Noticias del gran mundo

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

El sentido de pertenencia se refiere a la relación de una persona con aquellos a su alrededor y, por ende, con la cultura, las normas y la organización social. Habla de una empatía con el otro, grupo o individuo, al grado de identificarse con quien es y con lo que cree, sea, por ejemplo valores, costumbres, actitud, pensamiento u otros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas relaciones humanas tienen eco en la formación de la identidad, personal y del colectivo, sin importar que se trate de una familia, lugar de trabajo o un país. Por consiguiente, si un individuo no se siente integrado a su entorno ni se identifica con nada ni con nadie, porque rechaza las reglas establecidas o la ideología prevaleciente, o porque siente y piensa que éstas provocan la exclusión de su persona, el resultado es alguien aislado, solitario y errante, en el sentido de que es distante porque no hay compromiso ni sentimiento de solidaridad, lo que en consecuencia afecta su formación, socialización y desarrollo. Noticias del gran mundo (EUA, 2020) es una película que habla sobre la importancia del sentido de pertenencia y su impacto en la independencia personal, el crecimiento humano y la identidad social, reflexionando específicamente en cómo esto se desenvuelve cuando se vive en un mundo socialmente inestable, en el que valores como igualdad, equidad, humanidad o fraternidad se difuminan ante la presión de intereses políticos, económicos, territoriales o de poder. Basada en el libro homónimo de Paulette Jiles, la película está dirigida por Paul Greengrass, quien coescribe con Luke Davies. Estelarizada por Tom Hanks y Helena Zengel, la cinta estuvo nominada a cuatro premios Oscar: mejor cinematografía, sonido, banda sonora original y diseño de producción.

La historia se ambienta en Texas, Estados Unidos, en 1870, cinco años después de terminar la Guerra de Secesión, un conflicto provocado por opiniones opuestas con respecto a la esclavitud, a la que los Estados Confederados, los estados del sur, en su mayoría la justificaban y exigían como derecho de propiedad, contrariando las políticas que apoyaban los estados nacionalistas del norte, los Estados de la Unión, los cuales reivindicaban que un país construido por el principio de libertad no podía estar formado por un amplio número de esclavos. Al final la esclavitud fue formalmente abolida en ese país. Tras la guerra, lo más importante no fue quién ganó o perdió, sino las consecuencias que este conflicto armado dejó en las personas, por las secuelas de muerte, desamparo y destrucción de familias; personas en busca de su propia supervivencia, pero ante una realidad plagada de desconfianza y hostilidad -que en cierta medida todavía permanece- y la falta de oportunidades para trabajar, reconstruir su ambiente y cerrar heridas físicas y emocionales; secuelas que arrastrarían por décadas y que incluso son aun palpables en el presente, marcando durante años las características del crecimiento económico, político y social de los Estados Unidos de Norteamérica. El protagonista, Jefferson Kidd, es un capitán veterano del Ejército Confederado que ahora se gana la vida viajando de pueblo en pueblo para leer noticias en público, o más bien, relatando a los escuchas, que pagan por el servicio, sobre los eventos que suceden alrededor del mundo; un acto tanto informativo, por los hechos que da a conocer, como de entretenimiento, por su forma de presentarlos, ameno y evocativo, así como también un acto significativo social y culturalmente hablando, pues muchos se acercan a él porque ellos mismos no saben leer, pero confían en su palabra ‘noticiosa y comunicativa’. Estando en Texas, Kidd descubre que un soldado afroamericano del Ejército de la Unión ha sido asesinado, por motivos racistas, y la niña a la que escoltaba, Johanna Leonberger, se encuentra abandonada a su suerte. Alemana de nacimiento, pero secuestrada y luego educada por la tribu Kiowa, Johanna era trasladada a Castroville para vivir con sus tíos, pues los nativo-americanos que la cuidaban fueron exterminados y el resto de la tribu ha emprendido un viaje para alejarse del ‘hombre blanco’. Kidd lleva a Johanna al puesto militar más cercano, con la esperanza de que resuelvan su situación, pero ahí le avisan que la persona a cargo de la Oficina de Asuntos Indígenas tardará meses en regresar, así que Johanna pasará todo ese tiempo sola y sin atención, a menos que Kidd pueda tomar la responsabilidad de llevarla él mismo a su destino. La responsabilidad ética pesa sobre Kidd, especialmente cuando la institución gubernamental que debería cargar con este compromiso no duda en darles la espalda, dejando a Kidd con dos opciones concretas y contrastantes: ayudar a la niña brindando protección o mantener indiferencia como el resto de las personas -más preocupadas por sus intereses personales que por un compromiso moral-y  abandonar a la niña. Johanna es un claro ejemplo de las consecuencias de un territorio en guerra, dividido en ideología, política e inmerso en desorganización social; una víctima de la guerra por la muerte tanto de sus padres biológicos como adoptivos, desprotegida y necesitada de ayuda no sólo por su edad, sino por ser testigo de la crueldad y la lucha de poder que impera en el medio y que plaga la vida cotidiana de muerte, miseria y crueldad. Sin un hogar fijo y sin alguien que la eduque y guíe, Johanna es una huérfana en todo sentido; no tiene familia -padres, hermanos, tías- pero tampoco tiene una identidad propia o un apego afectivo, ni respeto, a nada ni nadie. No habla inglés y su lengua nativa, el alemán, es limitado, pues básicamente sólo recuerda lo último que vivió, su tiempo con los Kiowa, de forma que su existencia carece de identidad y raíces, lo que la hace desconfiada y solitaria, precisamente porque está tan acostumbrada a ver un trato hostil, que lo asume como la norma. Si no es estadounidense porque ese no es su lugar de origen, pero tampoco se siente alemana en el sentido de que apenas y recuerda esa vida al lado de sus padres; si tampoco es realmente Kiowa porque nunca fue propiamente parte de aquella tribu nativa del territorio norteamericano, ¿quién es Johanna, a quién y adónde pertenece y a qué lugar puede concretamente llamarle hogar?

La niña no ha pasado el suficiente tiempo con nadie como para recibir la educación y el cuidado que le forjen un carácter y la hagan sentir protegida, apreciada o querida, lo que explica su confusión y actitud reacia. ¿No es lógico que así reaccione la gente que va de un lugar a otro, sin dónde establecerse, sin construir relaciones sociales con otros a través del contacto y constante retroalimentación humana? ¿No es esto lo que sufren los huérfanos que van de un lugar a otro, buscando un espacio a dónde pertenecer? Si aquellos que la acogen, o se hacen temporalmente cargo de ella, apenas pasan el mínimo de tiempo a su lado; si la gente que la cuida o la incluye en su grupo en cualquier momento se aleja o la abandona, ¿no haría Johanna lo mismo a la primera oportunidad, intentar huir? ¿Con quién se identifica entonces la niña?; ¿a quién aprecia y a quién sigue como modelo, si la soledad y el abandono han sido lo único constante en su vida? Su actitud reacia a entablar una relación cordial es su instinto natural, forjado a raíz de sus experiencias, que le dicen que como autoprotección es mejor desconfiar y alejarse de alguien que potencialmente hará lo mismo con ella. Las consecuencias impactan en su desarrollo, lenguaje y entendimiento del mundo, su crecimiento emocional y hasta su aprendizaje. Sin un sentido de pertenencia tampoco hay un sentido de estabilidad y, por ende, no puede haber superación. ¿Qué podría importarle al mundo alguien como Johanna, una niña sola sin nadie que la reclame o abogue por ella? Para Jefferson, ella es importante precisamente por quien es, una menor de edad que necesita ayuda, guía, cuidados y oportunidades; alguien que debe, por compromiso moral, ser resguardado por el grupo social en el poder, que debería, idealmente, velar por los más necesitados.

La convivencia con Jefferson, una persona culta y amable, le permite a la niña, poco a poco, aclimatarse. En su interacción, Johanna no sólo aprende del mundo, conoce también palabras, costumbres, reglas y normas de conducta; descubre también el trato afectivo y humano que mucho necesita dada su edad. Johanna es, como muchos otros, víctima de las circunstancias, a quien el gobierno y hasta las mismas personas parecen haber olvidado, porque es más fácil ignorar esta realidad que resolverla. El contexto sociocultural pesa, y en este caso más, ya que el conflicto que toma lugar dentro de un país aún en construcción puede empujar a las personas a una enemistad inclinada a la violencia, y en este caso histórico, específicamente hablando, donde el racismo todavía impera, pero también el desprecio al extranjero, al diferente y al que lucha por lo que en teoría le corresponde por derecho, derechos que la sociedad –el gobierno- no resuelve, provocando con la omisión más enfrentamientos entre grupos. En Texas particularmente, como muestra la película, los ciudadanos se negaban a las políticas contra el esclavismo; los independentistas, que perdieron la guerra, aún no se integraban totalmente con el resto del país, recientemente unificado; incluso, en los estados del sur, existían subgrupos que se regían (y no es algo que haya dejado de existir) bajo sus propias reglas, sin intención de responder a una ley que no sea la suya. Para Jefferson, alguien que se mueve constantemente de un lugar a otro, esta realidad de discriminación y sectas, se traduce en un peligro latente. Sobrevive manteniendo la distancia, sin involucrarse para no desafiar el orden, o la falta de él, para tampoco perturbar su propia rutina en la que es leal con quien le es leal, y no interfiere con lo que no le incumbe. A su manera sobrevive también gracias a su profesión, pues las noticias que lee le permiten conocer a las personas, así como reconocer y distinguir el nivel de tensión o descontento dentro de un grupo o una población. No es particularmente sociable, al contrario, se aísla por la necedad de no entablar relaciones personales, pero eso no significa que no sea empático y solidario, sólo cauteloso, observador y precavido. Su andar en movimiento constante le permite moverse fácilmente, pero ello también refleja la realidad de vida solitaria que marca su presente, sin amigos ni familia, sin un ancla personal y, por ende, emocional; desolado de alguna forma por la guerra, por la miseria que dejó a su paso, que inevitablemente sumergen a cualquiera en depresión y frustración. En esencia se dedica a mucho más que simplemente hablar en voz alta de los sucesos que encuentra impresos en periódicos; es más bien un cuentista, que convierte los hechos en historias, hasta conmover a su audiencia gracias a la creatividad y habilidad que tiene para construir con sus palabras relatos envolventes y evocativos. Esto es quizá lo que logra que Johanna vea en él una persona confiable y con honor, respetuosa y atenta, pero sobre todo, alguien de quien aprender y con quien, ella misma, evolucionar. En perspectiva, la realidad para Johanna y para Jefferson no es tan distinta; han sido testigos de lo peor de la humanidad: muerte, abandono y decadencia, así que están, quizá sin saberlo, en busca de algo, o de alguien que los haga conectar con el mundo, con la gente, con un nuevo sentido para su propia vida.

Lo dicho contrasta con un contexto plagado de incertidumbre y antagonismo. Muchos de los rincones del Estados Unidos de esa época aún se encuentran inexplorados, la insatisfacción con las normas que implican formarse como país unificado es palpable, los pequeños rincones alejados de las grandes ciudades aprovechan ese aislamiento para propagar información falsa que beneficie a quienes inventan sus propias historias de heroísmo, y en general, las personas son tratadas por el nivel de productividad de su trabajo, no por su calidad humana como tal. Esas son las consecuencias de la guerra, pero es también la realidad de un mundo en transición, en donde las normas e ideas parecen pulular sin rumbo, según los intereses de quien las dicte. ¿Es Jefferson más compasivo porque se encuentra informado de la realidad de vida de la gente, de aquella que le rodea, de la que lee, y de quienes conoce en el camino? “Para avanzar hay que recordar” dice él cuando le explica a Johanna sobre la necesidad de enfrentar sus temores, arriesgarse a conocer cosas nuevas y dejar atrás ese pasado que no fue ni benéfico ni funcional para ella. Cuando le explica a la niña que hay que avanzar en línea recta, siempre hacia adelante, se refiere a todo esto, pero también a la idea de continuar madurando en lugar de estancarse, que es la única salida viable tanto para él como para Johanna. En el ínterin la película habla del desarraigo, entendido como la pérdida de raíces emocionales y culturales. Johanna y Jefferson son claro ejemplo, pues las relaciones interpersonales se pierden, al punto que sin un vínculo con un lugar o grupo, el aislamiento interfiere con el crecimiento del individuo. Si la causa es pobreza y desigualdad, el resultado es más fragmentación dentro de la sociedad, que no puede vivir ni sobrevivir así, sin raíces o identidad cultural, en frustración y angustia, reaccionando con miedo y violencia, donde impera el individualismo y el acaparamiento. La respuesta, reflexiona la película, serían la cultura, los valores, el trato humano, el diálogo y el contacto entre personas, que es algo que se elige encontrar, como Jefferson y Johanna, transitando en el camino, aunque no forzosamente en forma literal, como hacen ellos, pero como manera de convivir y darle sentido y significado a su existencia.

News of the world, 2020, Paul Greengrass

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

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Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 16: Ana Laura Medellín Lozano

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con la reconocida poeta mexicana Ana Laura Medellín Lozano, medalla a la trayectoria magisterial recibida en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Te invitamos a recorrer la trayectoria de la escritora y poeta Ana Laura Medellín Lozano, conoce su historia, su faceta deportiva, motivos e inspiración poética y literaria. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #analauramedellín #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

ENCUENTROS con Iván Uriel

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México, 2025

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

Mickey 17

Por Diana Miriam Alcántara Meléndez

Si se analiza la historia de la humanidad, el ser humano bien podría ser catalogado como un depredador nato; destrucción y aniquilación de ecosistemas, apropiación de tierras y colonización constante, explotación de otros entes o recursos para su beneficio, es parte de lo que caracteriza a cualquier sociedad, pasada o presente. La manipulación y el daño de sus alrededores, sean personas, espacios, lugares, relaciones, instituciones y, por supuesto, otras especies.

La película Mickey 17 (EUA-Corea del Sur, 2025) habla de esto, pero también reflexiona temas derivados, como la valoración de la vida en función de una relación productividad-desempeño-aporte, el llamado capital humano llevado al límite de su capacidad para ser superexplotado, las jerarquías sociales inequitativas o la estructuración de sociedades sometidas y poco pensantes, enajenadas y explotadas en favor de una minoría que se cree superior y controla a partir de abuso,  opresión, violencia e ignorancia. Escrita y dirigida por Bong Joon-ho, basándose en la novela literaria homónima de Edward Ashton, la cinta está protagonizada por Robert Pattinson, Naomi Ackie, Steven Yeun, Toni Collette, Mark Ruffalo y Anamaria Vartolomei. Se ambienta en un futuro distópico, 2054, en que la vida en la Tierra es casi imposible debido al deterioro del planeta, por lo que se están enviando misiones espaciales hacia otras galaxias, con la intención de encontrar un lugar habitable para colonizar. Mickey Barnes, el protagonista, se une a una de estas misiones huyendo de un usurero que amenaza con matarlo si no paga el dinero que debe por un negocio fallido, en el que Mickey se vio envuelto por confiar en su oportunista supuesto mejor amigo, Timo. Convencido de que no tiene nada que aportar, sin ningún oficio o habilidad que resulte ‘útil’, se ofrece (sin haber realmente leído la letra pequeña del contrato), como ‘prescindible’, que es como se les denomina a personas que aceptan ser regeneradas cada vez que mueren, por medio de una tecnología prohibida en la Tierra, que ‘reimprime’ su cuerpo y reimplanta sus recuerdos. La nueva condición de Mickey deriva en que le asignen tareas peligrosas, bajo la justificación de que su sacrificio se hace en nombre de la humanidad. Sin embargo, en el entendido de que si muere no hay consecuencias, porque simplemente es ‘reimpreso’, poco a poco deja de vérsele como una persona, un ser que piensa, siente, vive y experimenta, para pasar a ser tratado como un objeto, uno que no importa, cuya vida no vale, a quien se ‘recicla’ una y otra vez, sin tomar en cuenta el impacto emocional que el constante ciclo vivir-morir pueda tener en él.

¿Cuánto vale una vida y quién decide su valor? Mickey asume que se mide en función de rendimiento, eficiencia y producción; en esta lógica, si no hay nada práctico que pueda hacer dentro de la nave, ¿cuál es su aporte, función u objetivo? Desde luego no se toman realmente en cuenta sus ideas, decisiones, experiencias, aspiraciones, capacidades, sueños y trascendencia. La realidad es que el mundo en el que vive lo plantea así, inequitativa y deliberadamente, a través de jerarquías sociales, derechos de propiedad y valores costo-beneficio: cuánto se invierte en alguien, lo que come, viste, en dónde duerme y qué necesita, en relación a los beneficios, participación y contribución que puede ofrecer. Aquí el ‘prescindible’ es visto como desechable, al grado que no importa quién es Mickey, sino para qué propósito sirve su particular condición y cómo es más redituable o ventajoso explotarla. Por ejemplo, si hay un virus del que se busque una cura, una reparación necesaria que hacer en el exterior de la nave o un medicamento experimental que probarse, Mickey es el elegido para la tarea, justo porque su vida no es vista como la de cualquier otra persona, sino como una mercancía-objeto que se utiliza y puede repararse; algo que se aprovecha, no alguien que existe. A raíz de esto el único sostén emocional de Mickey es Nasha, su novia, alguien que parece valorarlo por quien es, no por lo que pueda sacar de provecho de él, aunque eventualmente así suceda, si bien sólo sea por un breve momento, una vez que aparecen dos clones de Mickey y ella propone la forma más ventajosa para ella, sexualmente hablando, de aprovechar ese escenario.

Luego de 16 fatídicas muertes y de finalmente aterrizar en Niflheim, un planeta helado, tras cuatro años de viaje y otro más de acople a las condiciones de la superficie, Mickey 17 es enviado a explorar. El problema es que cuando lo dan por muerto, eligiendo por él ese destino en lugar de esforzarse por ayudarlo a salir de la cueva en que cayó, Mickey hace contacto con la especie nativa, unos seres que parecen insectos gigantes; éstos, eventualmente bautizados por el humano con el nombre de Gusanos, lo salvan y ayudan a regresar a su nave. Para entonces Mickey ya ha sido sometido al proceso de ‘reimpresión’, resultando en los dos clones que Nasha elige inicialmente esconder, más para sacar partido de esto que preocupada por las consecuencias, Mickey 17 y Mickey 18. ‘Múltiples’ es como se les denomina a las varias copias de una misma persona existiendo en un mismo espacio y tiempo, un escenario que trae consigo preguntas éticas dentro de la ciencia, pero también en relación al comportamiento humano. Aquí los múltiples han sido prohibidos debido a un previo abuso de la tecnología que hace posible la ‘reimpresión’ de un individuo, que es en esencia un acto de clonación que pone en entredicho la esencia, individualidad e identidad de las personas. ¿Qué nos hace humanos? ¿Ser únicos, vivir, morir, existir o pensar? Los múltiples y la tecnología de clonación fueron prohibidas en la Tierra precisamente porque jugaban irresponsablemente con  ideas como creación, muerte, eternidad, identidad e individualidad. ¿Qué significa  en una persona ser o saberse original? ¿Qué significa para alguien ser un clon? ¿Es la clonación una extensión del ser original o un individuo independiente, con sus propios derechos, responsabilidades, decisiones y autonomía? ¿Es el ser original responsable de las acciones de sus clones? ¿Si alguno de ellos comete un crimen, qué tan culpables o cómplices son los demás? Deseoso por vivir, Mickey 18 intenta matar a Mickey 17, alegando que es ‘su turno’ ya que, en esa lógica el otro ya tuvo un periodo vital para sí mismo. Su razonamiento plantea la noción de que cada Mickey es la continuación de una misma vida, un Mickey original que sigue existiendo, simplemente en un nuevo cuerpo cada que el anterior perece. No obstante, Mickey 17 plantea que pesar de esta apreciación, en realidad, si se trata de dos clones de un mismo original el ciclo se rompe, evidenciando que no es un mismo hombre que haya vivido 17 vidas, sino que hay 16 humanos que han muerto sin que nadie tome consciencia de ello. “¿Tienes miedo de morir? Has muerto muchas veces. ¿De qué tienes tanto miedo?”, pregunta Mickey 18 al otro. “Hasta ahora, he muerto y sólo nacía de nuevo. Sentí que era yo quien continuaba. Pero ahora una vez que me muera se habrá acabado para mí. Serás tú quien siga viviendo”, contesta aquel. Sus inquietudes muestran tanto el temor humano a la muerte, vista como un fin definitivo, contrario a la idea de continuidad que implica la existencia de los múltiples, como revelan también que cada uno de esos clones vive, experimenta, piensa y siente de forma única, porque no es el mismo ser, sino seres autónomos que comparten los mismos recuerdos de alguien más.

Según Nasha, explica Mickey, cada una de sus versiones es y se comporta de manera distinta, tienen una personalidad única, ideas propias y pensamientos particulares; ningún Mickey es igual al anterior, por mucho que su físico sea el mismo y sus recuerdos vengan del mismo disco duro que los almacena. Su pasado no está alterado, pero su presente sí, por lo que Mickey 17 y 18 no son precisamente idénticos, ni por dentro ni por fuera. Mickey 18 es más osado, directo y agresivo, mientras su versión anterior es callado, introvertido, complaciente. Ante la perspectiva de su aniquilación, porque los múltiples están prohibidos, ambos se plantean la posibilidad de una existencia en paralelo, de alternar cada aspecto de su vida con el fin de coexistir, compartir en lugar de exterminar, un razonamiento que se vuelve importante una vez que Kenneth Marshall, el político a cargo de esta misión espacial, plantea masacrar a los Gusanos a fin de instalar su colonia en Niflheim, pues aunque éste es su planeta, su tierra y su derecho, la actitud del humano es arrebatar, asumiendo que son superiores, mejores, más dignos de tener, vivir y regir sobre este espacio. La mentalidad de Marshall alimenta esta filosofía depredadora, al ser un hombre que profesa una ideología de supremacía, de superioridad de raza y exclusividad de derechos, que cree que hay personas más ‘puras’ y sólo ellos pueden y deben prosperar. Su pensamiento es conservador al extremo, discrimina, cree que la gente a su alrededor sólo está para servirle y de paso consiguió que su misión espacial fuera financiada por una organización religiosa que lo alaba como profeta, porque se alinea con sus ideas a conveniencia y a cambio de su dinero, reflejo de un modelo capitalista (la oligarquía capitalista: grupos empresariales y de propiedad privada con el poder político de influir en su beneficio), tan actual como preocupante. Marshall es egocéntrico, se afianza al poder controlando y engañando; no le importa la misión sino la parafernalia mediática y publicitaria con la que pueda promoverse a raíz de ella; se la pasa posando para las cámaras que documentan todo lo que hace en lugar de ser un líder que inspire y guíe a su gente hacia la colaboración, el trabajo en equipo y la supervivencia. A Marshall no le importa que el hombre viva, le interesa que los libros de historia lo recuerden a él como precursor, así que no le importa matar a toda una especie  para tomar control de su planeta, sino hacer alarde de que fue él quien lo hizo. Cuando comienza a trazar el plan a futuro, por ejemplo, elige a una joven que según él cumple con los requisitos del tipo de individuo que alaba: Kai, una mujer bella, inteligente, capaz y en plenitud. “Corriste a unirte a nuestra expedición en lugar de a uno de esos patéticos planetas donde plantan microchips en sus embriones inseminados artificialmente. Realmente eres la candidata perfecta para el programa de parto natural de Niflheim, ¿no te parece, querida?”, le dice a ella. “Señor Marshall, ¿soy sólo un útero para usted?”, responde Kai. “Nada de eso. No, este hombre no es de los que cosifican a las mujeres. Todo lo que mi marido quiere decir es que tiene estándares muy altos. Su único sueño es un planeta exclusivamente para una raza humana pura. Que consume cosechas reales y carne real y cenas con salsas delicadas y deliciosas. La salsa es la verdadera prueba de fuego de la civilización. Las personas que devoran carne quemada, son bárbaros”, defiende Ylfa, la esposa de Marshall, una mujer igual de egocéntrica que él, manipuladora, banal, que se aprovecha de aquellos a su alrededor y sólo actúa en favor de alimentar su vanidad y arrogancia; que con sus palabras esconde o disfraza algo que Kai acertadamente ha señalado: ha sido elegida para un programa que  pretende encasillarla en el papel de madre, limitándola en su desarrollo, y sí, cosificándola, instrumentalizándola.

En el fondo, en efecto, la verdadera intención de Marshall e Ylfa es invadir y arrasar, a pesar de que, como bien señala Nasha, en Niflheim los alienígenas son ellos, no la especie nativa. Asimismo, la intención del humano es huir de su planeta para colonizar otro en lugar de sanar y reconstruir; la sociedad condena la clonación humana, más por motivos religiosos que por reflexiones científicas, pero la acepta si se realiza fuera de la Tierra, como si no ver lo que sucede elimine los problemas éticos; usarla, aunque sea incorrecto, mientras se haga a su favor y lejos de su mirada y responsabilidad. Las acciones de casi todos estos personajes parecen resumirse en abusar de otros para beneficiarse a sus expensas, reflejo del humano como especie. Una sociedad que coloniza y explota en nombre del progreso, como hace con Mickey y al llegar a un planeta hasta entonces desconocido. Todo es ganancia y beneficio. Aunque el humano está obsesionado con la inmortalidad y la vida eterna, que es una extensión de su deseo de trascender y continuar con su narcisismo, el problema es que en lugar de ganar con ello libertad, esclaviza al individuo. Sucede claramente con Mickey y su calidad de prescindible, destinado a morir y renacer por toda la eternidad, casi como si se tratara del mito de Sísifo, visto en negativo y no en positivo, un castigo en lugar de una oportunidad de crecimiento. La realidad es que en el modelo gubernamental, social y organizacional como el que impone Marshall, de autoritarismo, es que en él todos son prescindibles, no sólo Mickey. Aquí nadie es único ni especial, menos imprescindible, ni siquiera aquella minoría al control que maneja los hilos de manipulación, aquellos que convierten todo en espectáculo, especialmente la violencia y la muerte. Si somos tan indiferentes y fácilmente reemplazables, si el capital logra que todo pueda ser cada vez más controlado por el 1% y la ciencia consigue que todo se deshumanice y automatice, ¿cuánto vale una vida en este escenario, en donde nacer, vivir y morir es cada vez más banal e irrelevante? Da la impresión que no habrá mañana si hoy el humano lo depreda todo.

Mickey 17, 2025, Dir: Bong Joon-ho

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

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Temporada 3 Capítulo 15: Rodrigo Vive

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con el creador de contenidos Rodrigo Vive, actor, productor y guionista de programas de comedia para canales de televisión y plataformas digitales. Te invitamos a recorrer la trayectoria de Rodrigo Sánchez Ruiz «Rodrigo Vive», conoce su historia, motivos, inspiración, así como sobre sus nuevos proyectos. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #rodrigovive #todovive #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

ENCUENTROS con Iván Uriel

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México, 2025

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Hereje

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Herejía significa negar o estar en desacuerdo con las normas, costumbres y creencias establecidas y aceptadas, ya sea por una religión, institución, autoridad, academia o grupo social. Más que no creer en nada, que sería un ateo o un agnóstico, aquí se refiere a cuestionarlo todo, rechazando la opinión popular o de la mayoría.

El hereje se aparta, disiente, disputa y objeta, pero aunque el pensamiento crítico es oportuno y dudar implica sopesar la información desde todos los ángulos, en lugar de creerla ciegamente, eso no quiere decir que sólo por contradecir, sus palabras o afirmaciones sean las correctas. La película Hereje (EUA, 2024) plantea diversas reflexiones alrededor de esto, la alienación, la duda y el control, o la diferencia entre cuestionar el entorno objetivamente y solamente negarlo en favor de imponer ideas o voluntades propias. Escrita y dirigida en conjunto por Scott Beck y Bryan Woods, la cinta está protagonizada por Hugh Grant, Sophie Thatcher y Chloe East. La historia se centra en dos jóvenes misioneras mormonas, Paxton y Barnes, que visitan a un hombre, el señor Reed, con la intención de predicar sus creencias para convencerlo de unirse a su iglesia cristiana, el Movimiento de los Santos de los Últimos Días. Sin embargo, pronto se dan cuenta que han caído en la trampa de un hombre que las retiene contra su voluntad, con el fin de aparentemente obligarlas a cuestionar su fe, pero en realidad de empujarlas a dejarse influenciar por él, con el argumento de que creer en algo es lo mismo que no creer en nada, porque lo importante no es qué es real o no, sino qué tanto se está convencido de que lo es, o no.

Toda religión o doctrina es una copia de su antecesora; todas se basan en los mismos principios y promueven las mismas ideas, afirma Reed, y su objetivo, en todos los casos, no es sanar o ayudar al prójimo, ni guiar espiritualmente a sus seguidores por un camino de buena voluntad, solidaridad y armonía, sino el beneficio propio, el control de las consciencias y el enriquecimiento de la estructura institucional a la que pertenecen. En otras palabras, según Reed, ninguna religión es única porque todas pretenden adecuarse a las necesidades del entorno ajustando normas, límites o principios con el fin de seguir vigentes y convincentes. Reed insiste que las religiones improvisan, mienten y se adaptan, no en favor de sus simpatizantes ni la fe o ideales que plantean, sino a partir de cómo pueden sacar provecho de esto, sea dinero, propiedades, dominio, prestigio y hasta popularidad, que conlleva influencia. Reed esconde sus propias intenciones poco honorables bajo la manga, pero también plantea preguntas resonantes respecto a la fe, las religiones como instituciones de poder y la forma cómo sus doctrinas moldean a las personas y a la sociedad misma. La existencia de una variedad tan vasta de religiones parece obedecer a motivos de conveniencia; las propias Barnes y Paxton aceptan que el fundador de su iglesia la creó porque no estaba totalmente de acuerdo con lo que predicaba la religión a la que ya estaba afiliado, así que absorbió aquello que le interesaba, desechó lo que no y propuso una nueva forma de organización, con reglas, jerarquía, estructura y directrices nuevas. Una de las jóvenes incluso menciona haberse acercado a varios templos antes de encontrar aquel que mejor le convencía. Objetivamente esto parece adecuado, la libertad de elegir en qué creer, sopesando qué rige a la institución o religión en cuestión, qué profesa y cómo se organiza. Sin embargo, la otra cara de la moneda presenta un escenario más bien oportunista, abriendo el debate a cuestionar si la existencia de tan variadas y numerosas religiones no responde entonces a una cuestión de conveniencia combinada con individualismo, como si, en lugar de dialogar con el fin de cambiar para mejorar, ya sea principios, doctrina o religión, se decidiera negar lo existente para crear un nuevo movimiento, similar pero encabezado por su creador. El resultado: grupos sociales intransigentes, fanáticos, ignorantes, manipulables, intolerantes y cerrados al diálogo, que se dejan guiar con fe ciega por sus líderes.

Las religiones como instituciones suelen ser así, más adoctrinadoras que promotoras de valores que animen a las personas a actuar correctamente. De forma que, según Reed, el gran problema para la humanidad no es tener o no fe, sino tenerla pero depositarla en un sistema de organización social que limita su individualidad, identidad, libertad y desarrollo. Las preguntas que Reed hace a Paxton y Barnes son importantes: qué opinan realmente de su religión, cómo la cuestionan, en qué creen y por qué o qué tanto influye en su vida, sus relaciones sociales y su propia visión del mundo. Las respuestas de Barnes son más reveladoras, especialmente una vez que se da cuenta que Reed las tiene, para fines prácticos, secuestradas y que su objetivo es, potencialmente, matarlas. Barnes se convence que su supervivencia recae en retar la mente de Reed tanto como él lo hace con las suyas, haciéndolo racional, ecuánime y argumentativo. Enfrentar a la razón con razón, porque sólo entonces se convierten en oponentes dignos y capaces, ante un Reed que parece percibirlas, muy misóginamente, como inferiores. Barnes se niega a verse como víctima, como alguien maleable, incapaz de pensar, decidir, cuestionar, razonar, entender y cambiar. En el fondo el dilema no recae en que alguien crea o no, profese una religión o no, cuestione o siga fielmente aquello que se le inculca, sino en no darse cuenta de cómo esto sucede todo el tiempo y en todas partes, en los medios de comunicación masiva, la mercadotecnia, la política, las instituciones sociales, las religiosas, escolares, deportivas, incluso en la familia. Todos profesan tener las respuestas, enfatizando que se trata de ‘las respuestas correctas’; todos quieren ser líderes, tener seguidores, ganar, desplazar al competidor, eliminar al de junto y conseguir devota lealtad de aquellos a quienes han persuadido en la idea de que son ‘la mejor opción’ por sobre cualquier otra. Lo hacen las religiones, los partidos políticos, los equipos deportivos, las marcas comerciales,  las celebridades, la tecnología, etcétera.

¿Cuál es la diferencia entre catolicismo, cristianismo, budismo, hinduismo, islamismo o cualquiera de las muchas variantes de cada una de estas disciplinas?

Los detalles cambian, pero las bases son las mismas, explica Reed, añadiendo que todas las doctrinas de fe son variantes de la misma idea, los mismos principios o relatos y el exacto mismo fin último, enfatizando cómo el envoltorio, vistoso, llamativo y camaleónico permite engañar, embaucar o engatusar a las personas, para que no se den cuenta que se trata de una simple competitividad entre partes contrarias alrededor del mismo producto. Aunque su sustento se concentre en desacreditar toda ideología por el mero propósito de debilitar anímicamente a Paxton y Barnes, lo que Reed dice tiene argumentos convincentes a favor, aunque también en contra. Si toda religión profesa en el fondo los mismos ideales, si todas hablan de amor, solidaridad, redención, perdón, amabilidad, superación y demás, si lo único que las diferencia es cómo predican todo esto, ¿cuál tiene la razón?, ¿cuál es la verdadera o la correcta? En todo caso, ¿si el individuo elige en función de aquello que mejor le acomode, no es más una elección basada en la comodidad que en los principios?

La trampa que Reed despliega para confundir, para quebrantar en lugar de orientar, es que no pregunta con ánimo reflexivo ¿para qué sirve la religión?, ¿por qué la gente se acerca a ella?, ¿en qué ayuda o perjudica? o ¿cuál es el propósito de la fe, desde la perspectiva personal? Es decir, no invita a Paxton y Barnes a cuestionar aquello que su iglesia les inculca como un acto crítico, racional y científico, sino que las obliga a dudar para alejarlas de toda creencia previa y así imponer sus ideas en la mente de estas jóvenes. Es tan débil quien cree ciegamente en todo como quien no cree absolutamente en nada, porque entonces se es incapaz de pensar, de argumentar y de decidir por sí mismo. Tener fe en una religión no es lo mismo que tener fe en su iglesia; ni creer en su dios es igual que creer en las personas que predican su palabra. Cómo detectar la mentira de la verdad; ¿creemos en algo sólo cuando estamos convencidos de que es cierto, o a pesar de las dudas seguimos creyendo, porque nos hace sentir bien con nosotros mismos? “Mientras más sabes, menos sabes”, menciona Reed, en relación a que al indagar más a fondo sobre aquello que se nos impone, no sólo en el terreno religioso sino respecto a cualquier idea, afirmación o información compartida, presentada y circulada, más propenso se es a desenterrar aquello que contradice lo que creemos saber. La clave es valorar qué hacer con esto, algo que Reed no pone en práctica; en cambio niega, culpa y reprocha, olvidando que conocimiento, análisis y pensamiento crítico no significa cuestionar para destruir, sino hacerlo para esclarecer ideas, adaptar nociones y adecuar conceptos. “Cada secta, culto, credo o denominación aclamaba ser la única doctrina verdadera y sin embargo, ninguna parecía verdadera al examinarla bajo el microscopio”, reclama Reed. “¿Cuál es la única religión verdadera?”, pregunta frecuentemente, hasta concluir que todas son sistemas de control. Sin embargo, la religión también existe para darle sentido al mundo y esto es lo que Reed no acepta porque está convencido que toda institución, religiosa o no, está tan corrompida por su hambre de poder e influencia que poco importa lo que la sostenga, mientras tenga poder, control y dominio sobre sus seguidores y, con ello, propiedades y beneficios. Si no se entiende, se juzga; si no gusta, se desecha o censura; si no sirve, se elimina; y si incomoda, se niega o borra de la historia. Esto sucede con las personas, acontecimientos, movimientos sociales, normas, doctrinas, creencias y estructuras que conforman el todo. Cuando Reed persiste en que toda religión no es más que un conducto para aprovecharse de las personas, de sus debilidades, inseguridades, incertidumbre o vacío emocional y personal, lo que dice es que en el fondo todo esto tiene que ver con la naturaleza humana de supervivencia y destrucción. Las religiones son meras historias, transmitidas de generación en generación, creadas y compartidas por individuos que por naturaleza mienten, se pervierten y compiten. Supervivencia y control mueven al ser humano, pero esto puede fácilmente también volverlo un villano, como sucede con Reed, alguien que inicialmente indagó en la teología en busca de repuestas para eventualmente imponer las suyas propias. Lo hace con Paxton, Barnes y las muchas otras mujeres que ha atrapado por medio de engaños y manipulación, presentando sus dudas sobre fe y religión, aunque de una manera más radical que objetiva, preguntando si un milagro significa magia inexplicable o sólo coincidencia de un hecho que se resuelve de la forma más inesperada o ideal. ¿Existen los milagros o adjudicamos sucesos difíciles de explicar al pensamiento mágico?

Cuando alguien pregunta si sirve de algo rezar, no debe analizarse desde el mero enfoque práctico y funcional. No es que rezar haga que las cosas sucedan, ya que eso sería un anhelo supersticioso, sin fundamento; más bien rezar puede ser una forma de canalizar un deseo en positivo. “Rezar no funciona”, confiesa Paxton, explicando que si ella lo hace, convencida y en paz consigo misma, es porque sabe que es un medio para encontrar tranquilidad y conciliación, porque para ella rezar significa poner a alguien más primero, solidarizarse, desear armonía y bienestar, compartiendo buenos deseos en lugar de amargura o rencor. Con Paxton y Barnes atrapadas en un laberinto de engaños, Reed asegura que para salir deben elegir entre dos puertas que representan ‘creencia’ e ‘incredulidad’; y tras exponer sus argumentos de por qué toda doctrina religiosa está plagada de cimientos cuestionables, lo que les pide no es elegir entre creer ciegamente en algo o dudar de su entorno como respuesta analítica de su sociedad, lo que les pide es negar quienes son, ya que la presión proviene de qué tanto las ha convencido de sus propias creencias, demostrando que con persuasión e intimidación suficientes cualquiera dirá, negará o asegurará lo que le digan que tiene que hacer, se esté seguro de ello o no. Paxton se inclina por ceder a la imposición y elegir la puerta de la incredulidad. Barnes difiere, sospechando que lo importante no es el lugar en que desemboque la puerta, sino qué opción elijan como reflejo de lo que realmente creen, no desde el punto de vista de la fe religiosa, sino de sus propios valores. Barnes sostiene que no deben elegir la incredulidad pensando que es lo que Reed quiere que hagan, pues si su destino ya ha sido elegido por él, la respuesta ‘correcta’ no debería ser complacerlo, sino decidir conforme a lo que realmente creen. Escoger ‘creencia’ no implica, obligatoriamente, ser ingenuos o ignorantes, sino ser fieles a sí mismas. Al final, en efecto, la decisión no importa, pues ambas puertas van al mismo lugar, una prisión de la que la única salida es aceptar el sometimiento. Reed traza un laberinto que en lugar de acercarlas a la razón o la redención, un renacimiento reflexivo y filosófico en cuerpo y mente, hacia donde las conduce es a una oscuridad tan metafórica  como real. ¿Qué aceptaríamos o estaríamos dispuestos a creer con tal de alcanzar la salvación, aceptación, liberación o el ascenso (personal, profesional, laboral o social)? La fe y la religión pueden ser guía, pero también prisión; pueden ser salvación, pero también destrucción. ¿Se puede creer lealmente en una religión aunque se tengan claras sus fallas? ¿Aplica lo mismo a las personas, los cánones sociales y las normas de las instituciones en que se construye la sociedad actual? ¿Qué significa realmente cuestionar, debatir, analizar y valorar el entorno, o a la gente, a uno mismo y a la sociedad?

Creencia, curiosidad o duda; la respuesta ‘correcta’ es desafiar al sistema y rebelarse, visto como el camino para no caer en la manipulación y el culto devoto que no tiene argumentos, teniendo claro que seguir una ideología o un líder no es forzosamente incorrecto, mientras no se deje de cuestionar y sopesar lo que se hace y cómo se hace. La religión no puede ser ‘mala’ o ‘buena’, pero las personas sí;  las religiones en su esencia no manipulan y controlan, son las personas que se sirven de sus incoherencias, huecos, fallos o medios para someter a través de ellas a aquellos a su alrededor. La sociedad, en su organización y orden actual, promueve y facilita el sometimiento, alienación, enajenación y dominio a través de su estructura e instituciones, medios y formas sociales, entre ellas, inexactitudes legales, redes sociales, gobiernos autoritarios, mercadotécnica, limitación de la cultura, ideología individualista, privatización, automatización, hermetismo, desinformación, falta de educación y demás. ¿Por qué creemos en lo que creemos? ¿Cómo formamos nuestros valores y creencias? ¿Por qué estamos acostumbrados a que alguien más nos diga lo que tenemos que hacer? ¿Por qué aceptamos, tal vez sin darnos cuenta, lo que imponen padres, escuela, religión, gobierno, figuras populares, medios de comunicación, entre otras instituciones? ¿Acaso no es esencial, como parte de la naturaleza humana, creer en algo o en alguien, una idea, principio, religión, un dios, político o cualquier figura de autoridad? ¿Somos quienes queremos ser? Nuestras ideas, pensamientos, opiniones y convicciones se moldean desde las relaciones que establecemos con los demás, en el seno de las organizaciones creadas por el ser humano. El asunto es, ¿qué tanto permitimos que terceras partes, agentes externos o estructuras que deberían servirnos, en lugar de nosotros servir a ellas, dan forma a nuestros ideales? La película plantea más preguntas que respuestas, incluso respecto a la narrativa y sucesión de hechos dentro de la trama, pero porque de eso se trata la vida misma; no es ‘creer’ frente a ‘no creer’, más bien es preguntarnos por qué creemos o no creemos en algo, especialmente en el mundo actual, tan distraído por el ruido exterior, el consumo obsesivo, la indiferencia y la apatía, al grado que se ha dejado de cuestionar aquello que Reed llama la ‘religión verdadera’, sin que literalmente se refiera a una religión, sino a lo que ella representa: control, vigilancia, dominio, enajenación.

Heretic, 2024, Dir: Scott Beck, Bryan Woods

https://youtu.be/rbrKALkcvKY?si=bEIso1S-ISIQvPhc

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

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México, 2025

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