16 abril, 2026

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Reflexiones sobre guionismo

 

Hace algunos meses se presentó en la Universidad Autónoma del Estado de Puebla el libro «Reflexiones sobre guionismo» escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez,  su primer libro «De Cine» aborda, desde su perspectiva, la historia del cine así como del quehacer de este arte desde todas las aristas posibles. Este segundo texto ahonda en el quehacer de escribir historias compartiendo una de sus creaciones.

Conversamos con ella y esto fue lo que nos dijo.

 

¿Cuál es el tema de «Reflexiones sobre guionismo»?

Guionismo al 100%, abordado de una manera teórico-práctica accesible y dinámica. La idea es que la gente que trabaja o estudia en el ramo se enriquezca de estas reflexiones sobre el arte de escribir historias, y que las experiencias plasmadas en las páginas también se conviertan en una forma de aprendizaje, en sus propias experiencias. Pero el libro también es para la gente que no se especializa en el área; que en el libro encuentre la inspiración por la narrativa escrita, tanto al invitarla a analizar las películas como hacer lo mismo con el mundo que le rodea. Contar historias es parte de nuestra vida y el libro aborda tanto ese proceso creativo de construcción, como específicamente los lineamientos que sigue un escritor de guiones para la creación de su trabajo.

 

¿Cómo surgen estas reflexiones?

El proyecto surge a raíz del guión realizado en el Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades que cursé en la Universidad Autónoma de Barcelona. El trabajo final era hacer un guión de largometraje. Al finalizar, lo importante era no sólo compartir esa historia, ese guión y su contenido, sino también el proceso que llevó a lograrlo, el camino recorrido, desde el aprendizaje teórico hasta las reflexiones, dudas y preguntas que surgen en la mente del guionista. Entonces, para darle forma, también era importante ahondar y profundizar en cuestiones propias de la escritura de guiones, como los términos especializados del lenguaje audiovisual, el formato que se usa en el medio o las teorías narrativas que van inmersas en el proceso. El todo, ya ordenado, conforma el libro, tanto la perspectiva académica como el guión de largometraje que lo inició todo.

 

¿Cuánto duró el proceso?

Es un proyecto que se construyó en diferentes fases. El primer borrador del guión que se incluye debió completarse en tres meses, durante el Máster, pero el proceso de revisión y «rescritura» tomó varios meses más. A partir de ese momento surge la idea del libro, publicar el guión, añadiéndole un sentido reflexivo y académico sobre la escritura de este ramo. Todo ese contenido sobre análisis, información y reflexiones fueron recabadas con los años, no sólo durante el Máster, sino también durante otros estudios de guionismo que he realizado, específicamente el Programa de Guionismo que cursé en la escuela de cine de Vancouver, años antes.  Seleccionar varios de estos temas, ya abordados en artículos publicados, darles forma, añadir contenido y construir la parte más práctica en la que abordo la experiencia de escribir el guión específico que viene en el libro (titulado ‘Olvido’) y cómo fue su proceso creativo, fueron aproximadamente otros seis meses más de trabajo, revisiones y correcciones.

 

¿Qué podemos encontrar en «Reflexiones sobre guionismo»?

Mucho análisis sobre el proceso creativo de construcción de historias. La primera parte del libro aborda lo que es la narrativa y específicamente la narrativa audiovisual, desde qué parámetros hacen a un guión a un guión, hasta por qué es importante realizarlo, pero también incluye información como qué elementos conforman una historia y qué preguntas debe hacerse y responderse un escritor ante un relato. La segunda parte habla de cómo fue construir ‘Olvido’, cuya finalidad es poder compartir un panorama de qué sucede cuando el escritor se encuentra frente a su historia y cómo hacerla el mejor guión posible. Finalmente, el libro se completa con el guión del largometraje ‘Olvido’, de mi autoría, una historia de ciencia ficción que ahonda en temas, a través de sus personajes y sus historias, como la identidad, los medios de comunicación o el uso de la tecnología en el mundo posmoderno.

 

¿Qué guiones o guionistas ejercen influencia sobre ti?

Desde que se estrenó ‘Chicas Pesadas’ me volví gran fan de Tina Fey; me parece un ejemplo importante de cómo abrirse puertas en varios ámbitos del medio a través de tu trabajo, y ella específicamente la comedia. También están Aaron Sorkin, porque cada proyecto en el que participa como guionista, es un trabajo es sorprendente; Alex Garland, que tiene un tino para hacer lo extraordinario, más sorprendente aún; y cualquier proyecto en el que participe la cineasta Brit Marling, ya sea colaborando con Zal Batmanglij o Mike Cahill, sus proyectos son el tipo de ciencia ficción que me interesa y anima.

 

¿Qué es lo que más disfrutaste del texto?

Hay gente que piensa que un guión sólo sirve si se vuelve película (o serie o proyecto audiovisual). Yo creo que, aunque un fin importante y único de un guión es, en efecto, que sea filmado, también creo que leer un guión es un gran placer y que, como narración escrita, es una vía muy accesible para aprender, reflexionar y compartir una historia. No es igual que una novela, pero también despierta la imaginación; no es una película, pero puede ‘leerse’ como tal. Es ver las posibilidades de un guión, más allá de su función camino a la filmación. Además, específicamente aquí, ‘Olvido’ es un guión dentro del género de la ciencia ficción, que en México se ha dejado casi olvidado en últimos años. Lo importante es acercarse, aquí o en otras industrias cinematográficas, a hacer cine, hacer guiones, desde otras perspectivas y propuestas.

 

¿Quieres compartirnos algo más?

Espero que a la gente encuentre en las páginas de este libro un gran gusto por la palabra escrita y por la construcción de historias, y que al mismo tiempo le inspire a escribir también, tal vez no historias como estas, tal vez no guiones, pero sí aquello que le inquieta y le interesa, que le estimula o que le mueve, que le anima e incluso lo que no entiende. Escribir es enriquecer la mente y enriquecerse uno mismo.

 

Agradecemos a Diana Miriam el tiempo dispuesto para esta entrevista, que sigan los éxitos y la escritura.

 

«Reflexiones sobre guionismo» puede ser adquirido en las librerías de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, BUAP .

 

Leer textos de Diana Miriam Meléndez Alcántara en Filmakersmovie.

 

Redacción Filmakersmovie.

 

 

Metrópolis

 

Por: Diana Miriam Meléndez Alcántara

 

Metrópolis | Dir. Fritz Lang | Alemania, 1927

Lo mecanizado implica un proceso mecánico, que significa automático, es decir, programado y sin reflexión sobre las acciones que se realizan. Por la forma operativa como las máquinas funcionan, la palabra bien sirve para definirlas, pero a veces el hombre, en su organización y respuesta predispuesta, sin consciencia, también actúa de esta manera.

 

La película Metrópolis (República de Weimar, 1927), considerada ‘Memoria del Mundo’ por la Unesco y exponente de la corriente del expresionismo alemán, fue dirigida por Fritz Lang y escrita por éste junto a Thea von Harbou, inspirándose en una novela de 1926 de ella. Protagonizada por Brigitte Helm, Gustav Fröhlich, Alfred Abel y Rudolf Klein-Rogge, la historia trata de una sociedad futurista en la que las clases sociales están marcadamente divididas. La clase adinerada y en el poder vive los lujos que obtiene del trabajo de la clase obrera, que literalmente viven bajo tierra, trabajando excesivamente con jornadas de explotación laboral. La ‘alienación del trabajo’ en términos de Karl Marx (1818-1883), cuya teoría dice que en el sistema capitalista, el trabajador, la fuerza de trabajo, no es tratado como una persona, sino una mercancía, utilizable y equivalente a dinero.

 

Los obreros en la película, sin embargo, reciben esperanza de María, la hija de uno de estos trabajadores, cuyo discurso de unión y solidaridad mantiene a la clase social de abajo deseando un cambio y, más importante, la posibilidad de éste.

 

El señor Fredersen, el dirigente de la ciudad, intenta encontrar una forma de mantener a sus trabajadores alineados, poniendo medidas que limitan la libertad de pensamiento de los obreros, específicamente con jornadas laborales excesivas y trabajos mecanizados que han vuelto a las personas sumisas, obedientes y automáticas. Su hijo por su parte, aprende de la realidad del mundo en el que vive cuando un día decide seguir a María, de quien se enamora. Allí descubre una verdad que hasta entonces desconocía, tanto por desidia como por ignorancia, que sus similares no viven en un mismo ambiente como él, que sus similares son tratados diferente, que la gente, que es, vive y piensa como él, tiene un estilo de vida muy distinto sólo por provenir de una clase social que la organización social considera ‘inferior’.

 

Freder se pregunta cómo es que su padre es capaz de tratar así a las personas y someterlas a una explotación laboral como la que viven los obreros. Le pregunta entonces qué pasaría si los obreros se unieran y se pusieran en su contra, sabiendo no sólo que los trabajadores son mayoría, sino que ellos son quienes con sus manos han edificado la ciudad.

 

 

María, que lidera a un grupo de obreros que buscan mejores oportunidades, menciona que, en efecto, la ciudad es producto de su trabajo; ellos, los obreros, construyeron los edificios y hacen a la ciudad funcionar porque son ellos quienes manejan las máquinas que hacen que la ciudad tenga ‘vida’; alguien tiene que activarla, encender los generadores de luz, por ejemplo, o los sistemas de transporte, etcétera.

 

Ella insiste que la clave es el balance, que se logre alcanzar un entendimiento entre el planeador y el constructor, es decir, entre el dueño de los medios de producción y los obreros que los trabajan. En esta ciudad, Metrópolis, esto aún no sucede y el resultado es un grupo de empleados explotados, descontentos y condicionados, frente un grupo de empleadores que en su afán de hacer su proyecto funcionar, han recurrido a un sistema falto de humanidad y de ética hacia las personas que para ellos trabajan.

 

Tanto María como Freder llaman a los otros ciudadanos ‘hermanos’, porque son gente como ellos, que respira, sonríe, anhela y sufre. Estos dos personajes muestran empatía por la gente que les rodea, porque los ven como similares, no más, no menos, sino equivalentes. Y como tal se preguntan, ¿por qué algunos tienen más o menos que otros, si todos somos iguales? ¿Por qué hay privilegiados y explotados, si todos en Metrópolis son ciudadanos que conviven en un mismo mundo?

 

Pero el señor Fredersen tiene un nuevo plan de control, gracias a la llegada de las máquinas y específicamente de los robots, uno además muy similar, en especial físicamente, a los humanos. “He creado una máquina a imagen del hombre, pero que nunca descansa ni comete errores. Ya no necesitamos trabajadores”, le dice el inventor de este robot al señor Fredersen.

 

Este robot que el inventor propone, presentándolo como la máquina que no se equivoca y tampoco descansa, implica un ‘trabajador’ al que se le puede explotar, creyendo que esto es mejor para humano, o para un grupo exclusivo de ellos; no previendo las fallas que la máquina pueda sufrir, a corto, mediano o largo plazo. Las personas miran el beneficio, su beneficio, al usar la máquina, el invento, pero no vislumbran los contras que su presencia y su uso puedan traer consigo, sino hasta que ya es demasiado tarde y lo hayan ya rebasado a él y su sociedad.

 

La idea de Fredersen es reemplazar con máquinas, a las cuales controle mejor y más precisamente, a todos los trabajadores; sustituirlos, aprovechando que el sistema ya está mecanizado en muchos sentidos, en una ciudad que trabaja gracias a tecnología e industria masiva que ha vuelto al mundo y los medios de producción una serie de procesos coordinados, con reglas estrictas diseñadas para beneficiar a pocos a costa del trabajo de los muchos.

 

Metrópolis | Dir. Fritz Lang | Alemania, 1927

 

Lo que la clase pudiente en esta sociedad quiere es construcciones que les beneficien a ellos, no a la mayoría; lo que quieren es trabajadores que obedezcan, que no piensen, que hagan lo que les dicen. Lo han logrado explotando a los obreros, pero pretenden dar el siguiente paso con las máquinas, esperando que éstas, debido a sus programas, piensen aún menos que el hombre.

 

El problema de los obreros no es rebelarse, es hacerlo sin entender el panorama que esto implica. Están tan predeterminados a actuar y pensar de una cierta forma, la que la clase alta les dice, que no saben cómo expresarse o cómo conseguir lo que desean. María pide paz y empatía, cordialidad y diálogo entre las partes, pero lo que el señor Fredersen logra, convirtiendo al robot a semejanza de María y haciéndole tomar el lugar de la chica, es despertar el caos entre las personas, incitándolas a la violencia.

 

Lo que el señor Fredersen busca alcanzar no sólo es crear conflicto para después mostrarse él como el salvador, sino lograr que los propios obreros se destruyan a ellos mismos, como personas actuando en contra de su sociedad, pero también como medio de producción primordial. Que su fuerza se convierta en su perdición y que la destrucción, en lugar de dar paso a la revolución, haga a la gente más dócil, más manipulable.

 

Lo que se espera es destruirlo todo para reconstruir desde cero, según los deseos e intereses de una clase exclusiva y sin tomar en cuenta lo que la mayoría de la población necesita.

 

El plan que María propone es enmendar errores, cambiar, adaptarse en lugar de voltear la cara al problema. Frederse llama, a través del robot María, a destruir a las máquinas viejas para que las nuevas y mejores lleguen a sustituirlas, incluso éstas aún son funcionales. Su pensamiento no sólo es el de reemplazar, sino que la máquina está por encima del hombre, y específicamente del obrero.

 

Cuando los obreros se deciden destruir su ciudad, bajo suelo, tampoco entienden que el sistema en que viven, en el que han dejado reinar a la máquina por sobre ellos, depende tanto ya de estos inventos que, destruir a las máquinas significa ahora destruirlo todo, destruirse ellos.

 

En un mundo lleno de aparatos industrializados, es el hombre el que actúa como robot, de forma mecanizada, como bien lo representa la película con el actuar de los obreros. Son ellos los que ya no se detienen a pensar, porque trabajando más de diez horas al día, limitan su tiempo de recreación y reflexión, reaccionan sin crítica y omiten el análisis, porque ya están tan acostumbrados a hacer lo que se les dicta que ellos mismos no saben cómo observar el contexto para entonces tomar decisiones.

 

Uno de los ejemplos que explica María, para demostrar la calidad de su situación, es el de la Torre de Babel, una edificación que promete unificación pero que al final, es construida por la mayoría, para complacer a una minoría; un lugar donde haya un solo lenguaje, pero en donde los arquitectos no pueden si quiera comunicarse para hacerla una realidad. “Alabanza de pocos, tormento de muchos”, explica la joven, señalando que el profesar un estado de unión y hermandad no debe limitarse a las palabras y las promesas, sino que debe traducirse también en acciones.

 

Cuando María dice que debe haber un entendimiento entre quienes planean la construcción y quienes la llevan a cabo, ella habla de un elemento clave para que esto suceda, corazón; algo que, no sólo no tiene la máquina, y no lo entiende tampoco, sino que no es mecánico, más bien cambiante, porque se adapta a la realidad del contexto y de la gente, como valor humano, reflexivo, que requiere de análisis y empatía.

 

Metrópolis

Dir. Fritz Lang

Alemania, 1927

Transformación de María  3:00

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Nerve: Un juego sin reglas

Por: Diana Miriam Meléndez Alcántara

Cuando se habla de la era de la información, se hace referencia a una época en la que todo se encuentra en un mundo digital, libre, abierto y, aparentemente, sin restricciones; una realidad donde la tecnología y la informática son el motor de una sociedad. En la actualidad las redes son la prioridad para la obtención de datos y conocimiento de hechos de muchas personas, lo que ahí sucede, se ve, se publica, se comenta y se comparte; pero así como esto tiene sus pros para lograr una conectividad más inmediata, en lo cotidiano también existen varios contras que afectan tanto el conocimiento como el flujo de información verídica.

 

La vasta cantidad de información compartida crece de forma desmedida y esto termina creando una enajenación y alienación. La gente reacciona a sus alrededores, a lo que sucede en la Internet y con los videos e imágenes con que se topa, pero su relación se vuelve tan dependiente que el hombre comienza a dejar de pensar para convertirse en un ser pasivo. El mundo digital que le rodea lo vuelve ajeno a la realidad en la que vive.

 

Nerve | Dirs. Ariel Schulman &Henry Joost | Estados Unidos, 2016

A raíz de estas ideas se plantean las bases para la película Nerve: Un juego sin reglas (EUA, 2016), escrita por Jessica Sharzer, basándose en la novela homónima de Jeanne Ryan, y dirigida por Henry Joost y Ariel Schulman. El proyecto cinematográfico cuenta con las actuaciones de Emma Roberts, Dave Franco, Emily Meade, Colson Baker (conocido artísticamente como Machine Gun Kelly), Juliette Lewis y Miles Heizer, en los papeles principales.

 

Nerve es un juego en internet, inventado para la historia, donde la gente que participa debe cumplir diversos retos a cambio de dinero, se trata de distintas pruebas propuestas por los mismos usuarios que miran y que a su vez pagan una cuota por el derecho a participar como ‘observadores’. La idea es que cada reto sea grabado y transmitido en vivo; mientras más observadores sigan la transmisión, mejor posicionado en el ranking se verá el jugador. El propósito básico de la mercadotecnia: pagar por disfrutar consumo [ver, escribir, proponer, juzgar], sin importar los efectos éticos del asunto.

 

La historia tiene como protagonista a Vee, una chica infantil e inmadura, insegura, temerosa y, por tanto, tímida, poco arriesgada, que vive complaciendo a los demás. Su mejor amiga, jugadora de Nerve, le dice que es tiempo de tomar oportunidades y vivir al momento, inclusive si ella misma tampoco sabe medir las consecuencias de su impulsividad. En consecuencia, Vee deja de ser una ‘observadora’, usuaria del juego, para convertirse en ‘Jugadora’, participante del mismo.

 

El mecanismo de la dinámica como tal, refleja los riesgos que existen en esta era de la información. Si todo está en la red, todo se vuelve público; se pierde la privacidad, pero también comienza a pasar lo mismo con la identidad. La gente que organiza, administra y vende el juego en la película, gracias al control que ejerce sobre los que libremente se inscriben, en un obvio ejercicio de compraventa, donde se puede conocer de gustos, intereses, costumbres o debilidades de sus jugadores, extrayendo información de sus perfiles de cuentas en Internet, Facebook, Instagram, Twitter, etcétera, sobre sus familias, su persona o sus rutinas, información que utilizarán en su contra, para forzarlos a seguir en el juego, chantajeándolos, o para ponerles pruebas más complicadas basándose en, por ejemplo, sus miedos. Es su presencia en la red, lo que informan y comentan sobre su propia vida, lo que eventualmente hace a los jugadores vulnerables, algo de lo que de entrada no se dan cuenta las personas, ni la mayoría de los jugadores de la historia; tal y como en la vida real se presenta hoy en día.

 

El juego en sí, en su dinámica y forma de operar, es una explotación de cómo la red controla, maneja y comparte la información. Los usuarios del juego miran y documentan todo, absorben indistintamente todo lo que se les pone enfrente, alejados de la realidad, de los retos, de las emociones humanas que se viven en ellos, porque no los presencian directamente, sino a través de una pantalla. Se promueve el morbo como espectáculo y entretenimiento y ello lleva al desgaste y la pérdida de los valores y la ética. La gente mira porque cree que lo hace en el anonimato y eso sólo propicia más indiferencia social.

 

Los retos van creciendo en intensidad e incluso poniendo en peligro la vida de los jugadores, pero el incentivo monetario mantiene a los participantes activos en la competencia, peleando con sus semejantes en un esquema regido por la rivalidad y la popularidad, mientras los observadores se continúan alimentando (consumiendo) de una exhibición de la que se creen distantes, inclusive indiferentes en cierto grado, porque sólo miran desde lejos, bajo la idea de que nada tienen que ver en lo que hacen otros, los jugadores, sin entender que, mirando el espectáculo, votando o promoviendo retos, son también responsable de los que sucede, aunque sea de forma indirecta, porque aunque sólo viendo desde sus celulares, computadoras o tabletas, hacen crecer el juego, lo promueven más con su presencia, su presencia digital.

 

¿Por qué jugar? Para algunos es llamar la atención, para otros es ganar la sensación de control, sobre su vida, decisiones y futuro, para otros es entretenimiento y para otros es necesidad (probablemente financiera). El público meta son los jóvenes, la esfera de la población susceptible a ser impresionable, propensa a ser partícipe por su relación ya establecida y estrecha con la tecnología y la era de la información; personas maleables dada la época de crecimiento que viven, una adolescencia y adultez en busca de emociones, adrenalina y retos, en donde la inmadurez es la suficiente para cegar su juicio e invitarles a dejar de medir las consecuencias de sus acciones.

 

Nerve | Dirs. Ariel Schulman & Henry Joost | Estados Unidos, 2016

 

El juego engaña deliberadamente con el viejo discurso de ‘vive el momento y el ahora’, promoviendo lo inmediatez sin pensar en las consecuencias, atrapando con la idea de que participar, convertirse en jugadores, vuelve a las personas en gente activa, no pasiva; lo que el juego nunca explica son los efectos secundarios, a costa de qué o qué se da a cambio de esa sensación de libertad y autonomía. Los jóvenes parecen querer proclamar su independencia aceptando las condiciones del juego y los retos, que terceros proponen y califican, creyendo que eso significa decisión de juicio, cambio o autosuficiencia, cuando en realidad es todo lo contrario. Cada persona es responsable de sus decisiones, pero en este caso, su elección sólo los lleva a convertirse en piezas de un tablero controlado por otros, que se aprovechan de ellos para su beneficio propio, siempre en el marco de un afán exhibicionista para ser aceptado y reconocido.

 

La red se convierte en una careta, una que parece permitirlo todo; con la excusa de que se trata de un juego que se maneja a través de internet, todo se vuelve efímero. La gente que está ahí sólo por la fama pasajera, se dará cuenta que para el sistema, el juego, ellos son piezas que cumplen una función, momentánea, en donde eventualmente se vuelven desechables, reemplazables incluso.  La red anónima donde seguidores, público e incluso jugadores existen, pero no existen. La evidencia de lo que sucede queda perdida en el ciberespacio, un lugar donde regulaciones y reglas aún están difusas y no siempre bien reglamentadas.

 

Se comenten delitos cibernéticos, por ejemplo, que los administradores saben cómo encubrir aprovechándose de las mismas fallas o huecos sin explorar de la era de la digitalización (el código abierto de la página web hace que los servidores conectados se vuelvan una barra protectora que no permite identificar la fuente de origen del juego). Estos crímenes, sin embargo, también son sólo posibles por la misma dinámica de la informática: poder robar dinero de una cuenta de banco porque ésta está ligada a la información, también disponible en la red, de su propietaria, es un buen ejemplo.

 

Con estos elementos de historia, la película evidencia cómo el mundo opera en una sociedad del espectáculo, en donde la dinámica de convivencia se vuelve impersonal, muchas veces debido a las mismas redes sociales, en donde el todo ‘compartido’ más bien acrecienta el distanciamiento y la superficialidad. La comunicación que se maneja en la red y el cómo se maneja pretende facilitar la socialización, pero olvida que su misma naturaleza hace que fácilmente pueda también manipularse, para convertirse así en obstáculo de las relaciones humanas, el desarrollo personal y la convivencia social.

 

Nerve: Un juego sin reglas

Dirs. Ariel Schulman & Henry Joost

Estados Unidos, 2016

Trailer 2:35

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Cine de autor

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

El cine de autor es aquel que cuenta con características particulares y distintivas de su realizador; normalmente sale de los cánones establecidos pues el director imprime su sello distintivo, vaya o no a la par con lo cotidianamente establecido entre las reglas del mundo del cine.

 

 

No todo el cine fuera de lo ordinario es cine de autor, como no todos los realizadores son descritos con este calificativo para su trabajo, pues el cine de autor realza las impresiones y visión de su director, al grado que se distingue de entre todo el cine que se realiza a la par, gracias a los elementos típicos que se encuentran siempre en sus obras; por ejemplo, la agilidad de diálogo entre los personajes del cine de Robert Altman (1925-2006), conocido por películas como MASH, Gosford Park, Vidas cruzadas o El Dr. T y sus mujeres, o el humor cómico pero con crítica social que impera en el trabajo realizado por Charles Chaplin (1889-1977), cuyos productos cinematográficos que lo ejemplifican son, entre otros, Tiempos modernos, Luces de la ciudad y El gran dictador. Por cierto, ambos autores reconocidos tardíamente por los premios Oscar, al recibir el galardón Honorifico en reconocimiento a su trayectoria profesional en el séptimo arte.

 

El director debe realizar su propia impresión de la historia que cuenta, plasmándola de su visión particular y dotándola de peculiaridades propias, ya sea en cuestiones técnicas como un movimiento de cámara o en el tipo de edición de la película, incluso en cuestiones temáticas y de contenido. Su narrativa, personajes o innovaciones técnicas muy particulares, son los componentes que le llevan a ser identificados como generadores de “cine de autor”.

 

Para ello el autor busca libertad creativa y cierto grado de control sobre su trabajo, por lo que mucho del cine de autor resulta también ser cine independiente, autónomo en todo sentido, en especial de las reglas de la cinematografía o de las imposiciones de un estudio productor, que a veces procuran más el resultado mercadotécnico que el artístico.

 

También el cine de autor puede llegar a catalogarse como cine de arte, porque los realizadores, con su libertad creativa y experimental, suelen proponer historias menos comerciales y, en efecto, más artísticas.

 

Se considera que el cine de autor inició a clasificarse de esta manera a partir de aproximadamente la década de 1960 (aunque ya se debatía este término desde tiempo atrás) cuando, en contra del neorrealismo italiano, movimiento que proponía un cine más real, filmando, para lograrlo, en locaciones naturales en lugar de estudios de grabación y con personas comunes en lugar de actores profesionales, la nueva ola de cine francés proclamó la importancia de la visión del autor, del director o guionista, para moldear las historias, para dar forma a esa realidad de la que hablan otros autores.

 

Con figuras como François Truffaut (1932-1987), Jean-Luc Godard (n.1930) o Claude Chabrol (1930-2010) entre sus representantes, los pertenecientes a este movimiento apelaron por un cine más personal, reconociendo que la visión del director detrás del proyecto como la guía que construye la historia, es el vehículo verdadero que permite pasar del guión plasmado en papel al rollo de filmación.

 

Así, aunque el cine de autor se refiere a los realizadores de quienes se percibe su trabajo como únicos entre los demás: Quentin Tarantino (n. 1963), Akira Kurosawa (1910-1998), Woody Allen (n. 1935), Luis Buñuel (1900-1983), Alfred Hitchcock (1899-1980), David Lynch (n. 1946), Pedro Almodóvar (n.1949) o Terrence Malick (n. 1943), por mencionar algunos ejemplos, también se considera cine de autor al conjunto de realizadores dentro de una misma corriente que trazan un tipo de cine fuera del movimiento comercial y mercadotécnico de la industria.

 

Foto: Woody Allen | Scene By Scene – Woody Allen | http://cinearchive.org

 

En cualquier caso, este tipo de cine se caracteriza por la puesta en escena que plasma el director de la película, con sus técnicas de filmación, forma de abordar la historia y contenido audiovisual, creando ciertas características en pantalla que conforman su particular modo de hacer películas, al grado que se hacen propias para su cine. Y porque el autor propone su perspectiva de la historia, suele hacerlo directamente desde el guión, pues aunque muchos autores no se involucran con el proceso de escritura, la mayoría sí lo hacen, ya que su panorama del relato que cuentan viene desde la historia misma hasta su realización.

 

Los hermanos Cohen, por mencionar un ejemplo, usualmente trabajan desde el guión hasta la realización sus propios proyectos. Esa es la clave que da flexibilidad a la libertad creativa y al mismo tiempo forja y construye ese sello distintivo, reconocible, que hace que el cine de los hermanos Cohen sea en todos sus elementos (historia, música, tono, actuaciones), su particular estilo de hacer cine. Fargo, de 1996, Sin lugar para los débiles, de 2007, y Quémese después de leer, de 2008, son por ejemplo películas que los identifican.

 

En el cine de autor es tan importante el qué se cuenta, igual que el cómo se cuenta, porque influye tanto la técnica como la modernidad, el contexto o el subtexto que se desee manejar en la historia. Un cine de autor de los años 50 no puede compararse con el moderno; el anterior no podrá reproducirse ni tendrá el mismo impacto en el presente como lo tuvo en el pasado, porque la forma de hacer cine es diferente, pero también porque el pensamiento de la sociedad de entonces no es el mismo que el del presente. La cultura cinematográfica ha evolucionado, modificando la forma de percibir las películas filmadas en otros momentos y circunstancias. La visión del autor puede perdurar el paso del tiempo; el suspenso de las películas de Hitchcock es tan efectivo hace 50 años como lo es ahora, pero su estilo particular de hacer cine y abordar un proyecto sólo puede hacerse por el autor mismo en su presente, en su momento de hacer el cine, con las herramientas que tiene a su alcance y la mirada particular con que lleva sus historias a la pantalla grande en ese particular contexto.

 

La base para definir el cine de autor es que el responsable de la obra es el director, que con su trabajo y visión indica a cada departamento la forma de hacer realidad esa mirada propositiva con que asume un filme. La idea no debe ser controladora y excluyente, pues el propósito es el trabajo armonioso que opera bajo una visión característica del realizador, es decir, un cine hecho bajo el trabajo en equipo como cualquier otro, pero en el que el autor plasma su percepción única para contar la historia en todo momento, donde de alguna manera controla lo que se hace y cómo se hace, porque cada acción debe corresponder con su mirada de realización.

 

Esta categoría de cine es vasta y aunque no todos los realizadores encuentran sus películas en este apartado, a pesar de contar con un estilo de cine particularmente único, muchos autores independientes y vanguardistas encontraron en estas corrientes artísticas una forma propia de hacer cine, y con ello, un tipo propositivo de contar historias, es decir, el cine de autor.

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

Alien: el octavo pasajero

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Alien: el octavo pasajero | Dir. Ridley Scott | 1979

Lo que incita al hombre a explorar obedece a distintas razones: conocer, aprender, estar preparado, sobrevivir, alimentarse, reconocer sus alrededores o saciar su curiosidad son algunas de ellas; se trata, en suma, de conocer su ambiente y encontrar la forma de utilizarlo en su beneficio, de apropiarse de la naturaleza para hacer placentera y útil su propia existencia. Para los animales es más una acción-reacción, marcar su territorio, velar por su supervivencia, conseguir alimento o encontrar refugio, entre otras cosas. ¿Y para una máquina? Programación, órdenes e información, ejecutar lo que su diseñador le implanta.

 

Pero se puede entender lo que se conoce, no lo que se desconoce. Se puede descifrar, o interpretar el actuar de una persona, un animal y hasta una máquina, pero no se puede comprender a un ser completamente extraño y ajeno. ¿Cómo reaccionar ante lo desconocido? La pregunta es vital dentro de la historia en Alien: el octavo pasajero (EUA-Reino Unido, 1979), película dirigida por Ridley Scott con base en el guión de Dan O’Bannon y Ronald Shusetty, ganadora del premio Oscar a mejores efectos visuales y nominada en la categoría de mejor dirección de arte; protagonizada por Sigourney Weaver, Tom Skerritt, Veronica Cartwright, Harry Dean Stanton, John Hurt, Ian Holm y Yaphet Kotto.

 

¿Cómo reaccionar ante lo inesperado, la incertidumbre? ¿Acaso alguien sabe cómo va a reaccionar en una situación inesperada, cómo controlar sus miedos? Posiblemente nadie.

 

El relato narra el momento en que una nave comercial, el Nostromo, con siete pasajeros a bordo, se desvía de su regreso hacia la Tierra para atender una señal proveniente de otro planeta, detectada por la computadora de mando de la nave, lo que lleva a los tripulantes a encontrarse de frente con una forma de vida extraterrestre.

 

Alien: el octavo pasajero | Dir. Ridley Scott | 1979

 

En primera instancia, responder a la llamada es su deber, en nombre de la ciencia, de la humanidad y del conocimiento. Pero también es su responsabilidad y su obligación, tal cual lo estipula su contrato; así lo deja claro uno de los tripulantes de la nave una vez que otro par de ellos se niegan inicialmente a seguir adelante y votan por continuar con su viaje como planeado.

 

Pero, ¿por qué una obligación? El contrato no existe simplemente para asegurar cumplir un deber, sino para que, en caso de duda (y casi siempre la habrá), se cumpla esta específica orden;  además se trata de una cláusula preventiva ante la posibilidad del escenario, lo cual permite suponer que la empresa comercial se guía por sus intereses financieros, de investigación científica y de expansión territorial, dando prioridad a la obtención de información y adquisición de muestras o seres extraños por sobre la seguridad del personal de la nave; el ordenamiento legal asegura que esa posibilidad sea investigada.

 

Bajar al planeta en busca de respuestas es también un acto humano, producto de la disciplina laboral pero también de la curiosidad y del afán de saber y explorar, lo mismo que es humano intentar ayudar al otro o preservar la vida propia. No obstante todas estas acciones <curiosear, explorar, ayudar, proteger> deberían realizarse con prudencia, racionalidad, salvaguardando la tarea central que es sobrevivir y llevar la nave de regreso a la Tierra, pero en la acción relatada no es así, las decisiones de diferentes personajes se alejan de ello (conscientemente o no) y facilitan el contacto del octavo pasajero. De ahí el dilema: dos especies en el universo, cuando se encuentran, ¿serán receptivas mutuamente, o, por el contrario, su primera respuesta será sobrevivir frente al otro?

 

¿Qué hacen los tripulantes del Nostromo al momento en que descubren que este ser alienígena está cazándolos, acechándolos y matándolos? Defenderse. No siempre es mejor disparar y después preguntar, pero en este caso cualquier decisión que se tome tendrá sus problemáticas, en especial cuando no se sabe cómo actuar ante la situación, cuando se desconoce la naturaleza orgánica del ser extraño, cuando se desconoce su capacidad adaptativa y de respuesta defensiva. El estar preparado se complementa con el instinto de supervivencia, pero la incertidumbre, la sorpresa y el miedo se convierten en factores que no sólo llevan a una persona a cometer errores, sino que también la empujan a actuar más impulsivamente y menos racionalmente.

 

 

Las consecuencias que se desatan lo hacen a partir de que el hombre no está preparado para este encuentro. La pregunta clave entonces aparece: ¿Qué intenta el alienígena: sobrevivir, conocer, defenderse, exterminar? ¿Y que intenta el humano? Los tripulantes desde luego, pero también quienes a distancia facilitaron el encuentro con las órdenes ocultas en máquinas.

 

Matar, eliminar, huir y sobrevivir se convierte pronto en el plan de acción de los tripulantes, pero esta decisión choca o se enfrenta, de alguna manera, con el mismo actuar como reacciona el extraterrestre, peleando por su propia supervivencia. El ‘alien’ encuentra la forma de mantenerse con vida, uniéndose al cuerpo de un ser humano como si se tratara de un parásito absorbiendo los recursos de su huésped, pero también demostrando un grado de inteligencia al huir, camuflarse, conseguir comida y hasta matar a quien lo amenaza, en corto, adaptándose a las condiciones que le rodean.

 

La respuesta por parte de los tripulantes debe ser acorde, salir adelante basándose en su habilidad para resolver problemas y hacerlo conforme a las circunstancias como se presenten, utilizando los recursos a su alcance y evaluando sus prioridades y propósito final. Al principio saben que deben cumplir con su deber, bajar al planeta y descubrir cuál es el origen de aquella señal (que eventualmente con deducción descubren no es un llamado de auxilio, sino una señal de alerta), pero más tarde se mueven entre la duda y el conocimiento; para cuando la situación se torna riesgosa, entonces su instinto primario toma el control, matar a la amenaza, para vivir, o sobrevivir al escenario.

 

La elección se hace a partir del contexto. El problema es que la decisión es personal y que lo más importante para uno, no forzosamente lo es también para los demás. La aparente racionalidad se hace individual, ignorando el análisis colectivo, actuando por tanto, también por impulso afectivo o interés no explícito. Cuando la suboficial de la nave Ellen Ripley señala que hay un protocolo de cuarentena que seguir antes de dejar entrar a la criatura, alguien refuta que hay que pasar por alto las reglas para intentar salvar la vida de su compañero, a quien el ser extraterrestre ha tomado como huésped para sobrevivir.

 

Cada persona asume el panorama y conducta según sus intereses, o sus miedos: el que lo hace bajo el estandarte del deber, el que lo hace bajo el del beneficio propio (motivado por un incentivo monetario); el que sigue las reglas, el que rompe las reglas y el que crea sus propias reglas.

 

Ante la falta de elementos para sustentar una decisión, el capitán delega la responsabilidad al científico encargado, bajo la excusa de que el experto sabrá con mayor racionalidad qué hacer, es decir, el viejo y gastado argumento de que los profesionales expertos siempre saben qué hacer en beneficio del colectivo y con base en el saber científico. Pero el científico no actuará en función del bien común, sino en función de sus intereses. Él elige lo que él quiere hacer, no lo que es mejor para la nave o los otros pasajeros, en este caso, recuperar a uno de estos especímenes para llevarlo a la Tierra.

 

Alien: el octavo pasajero | Dir. Ridley Scott | 1979

 

Finalmente el equipo se da cuenta que además, la elección de su compañero está basada más bien en una orden predeterminada, un comando previsto y ejecutado sin que los demás sepan de esta misión alterna. La primacía es la vida del alienígena por sobre la de los demás humanos, en el entendido de que, para la compañía que los ha contratado en la Tierra, las vidas humanas son menos importantes en comparación con el descubrimiento de evidencia de vida extraterrestre.

 

El actuar del hombre y la máquina no son iguales, porque uno basa sus acciones en órdenes y sus prioridades no son las suyas, sino las que le mandan. El mismo precepto depositado en un humano sería razonado desde otro punto de vista, donde la vida extraterrestre se prioriza hasta que su presencia amenaza la existencia del individuo; entonces, la orden se rompe para salvar al otro o para salvarse a uno mismo, porque la vida del hombre siempre está por encima de cualquier otra cosa, porque el razonamiento se sustenta en la lógica y la habilidad deductiva, en un análisis de datos y las probabilidades de sus consecuencias, en los valores y la ética, en la supervivencia de la especie.

 

No es así coincidencia que el mandato de esta misión secreta se le dé a un androide; y en esa misma línea, la máquina que controla la nave es la que despierta automáticamente a los tripulantes al detectar la señal cercana proveniente de otro planeta, en un acto igualmente mecanizado que le ha sido programado. Un humano bajo la misma orden, recuperar un espécimen extraterrestre, se detiene a reevaluar sus órdenes en el momento en que se encuentra con un foco rojo, la hostilidad y peligrosidad del alienígena en este caso. La máquina no se detiene ante una variación de este tipo, porque no tiene los parámetros para hacerlo, es decir, no razona como un humano lo haría, no considera las variantes añadidas, porque no está programado para ello.

 

“No entienden a qué se enfrentan”, insiste el androide. Ese es uno de los grandes temores de la humanidad, enfrentarse a algo extraño, desconocido, algo que, como en el caso de la película, se adapta mejor y más rápido a la situación. El temor al otro, a lo extraño, está siempre presente y casi siempre la respuesta es la aniquilación. Después de todo cada ser vivo lucha por sobrevivir.

 

Explorar es indagar con cautela y cada explorador delimita sus parámetros al respecto pero, ¿cómo sabe el investigador que él es el observador y no el objeto estudiado? ¿Somos la humanidad los únicos que observamos al universo? Más aún, si el contacto y la incursión en el espacio infinito se presenta bajo la determinante de nuestra estructura social (y no puede ser de otra manera) los intereses comerciales de las grandes corporaciones y el desarrollo de la ciencia como fuerza productiva seguirán produciendo tripulantes-empleados desechables, más allá del heroísmo de Ripley y subsecuentes héroes y heroínas de relatos subsiguientes.

 

Alien

Dir. Ridley Scott

Estados Unidos, 1979

 

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Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Amor sin barreras

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Hay que saber elegir tus peleas. Hay que ser certeros con quién y cuándo pelear, para no salir derrotado en la contienda. Valorar momento, tiempo, gente, repercusiones, pros y contras; hay causas porque las que es importante pelear y causas que es importante saber cuándo pelearlas, porque por cada acción hay una reacción. La historia de Amor sin barrerasWest Side Story (EUA, 1961) es eso, una serie de conflictos y decisiones relacionadas unas con otras que a veces toman el giro erróneo porque no se eligen correctamente en lugar y momento. Porque saber elegir es priorizar y priorizar es madurar; los personajes de esta historia, en su mayoría, no han logrado entenderlo.

 

Ambientada en el escenario neoyorkino, la historia presenta la enemistad entre dos grupos sociales diferentes que disputan por poder y supremacía. Cuando María (Natalie Wood), la hermana de Bernardo (George Chakiris), líder de la banda de los puertorriqueños “Sharks”, se enamora de Tony (Richard Beymer), el segundo de Riff (Russ Tamblyn), líder de la pandilla de los “Jets”, la situación se convierte en el pretexto ideal para dejar salir su odio por el otro y crear un conflicto en pelea permanente y en ascenso entre unos y otros, con resultados letales.

 

Los jóvenes en la historia son un grupo de personajes con la necesidad de dejar salir su ira y su disgusto con la sociedad y con su propia vida, son producto de su ambiente, pero además resienten ese ambiente en la medida que no les ofrece oportunidades de desarrollo. Un sistema judicial que voltea la cara a conveniencia, una generación producto de la decadencia económico-social, de acuerdo a la ambientación de época en que se desarrolla, además de un grupo de jóvenes buscando oportunidades pero divagando sin rumbo. Por lo menos así lo expresan los Jets en el número musical “Gee, Officer Krupke!”, en donde Riff se autoproclama portador de la “enfermedad social”. “La sociedad le hizo una mala jugada”, responde uno de sus compañeros.

 

Las pandillas pelean por un territorio y no porque estrictamente sea de ellos, sino porque necesitan aferrarse a creer que tienen control sobre algo y que tienen algo por lo que luchar; producto, además, de su legado cultural, educativo, histórico y mental. Los Sharks son vistos como unos inmigrantes que han llegado a invadir el espacio de los otros, a pesar de que ellos mismos, los Jets (irlandeses aparentemente -o italianos-), también son producto de ese mismo legado inmigrante que ocurrió en épocas pasadas.

 

Amor sin Barreras | Dir. Jerome Robbins, Robert Wise | Estados Unidos, 1961

 

A través del número musical “América” la película se permite expresar una crítica analítica de esta realidad del país, Estados Unidos. Anita (Rita Moreno), novia de Bernardo, canta “Todo es mejor en América”, a lo que su novio responde “Puerto Rico es parte de América”. Un problema económico social que hace de los ciudadanos puertorriqueños extraños en un país del cual, de cierta forma, son parte integrante (Estado Libre y Asociado). La canción, aunque interpretada por los Sharks, demuestra la necesidad de identidad, independencia y pertenencia que todos estos personajes añoran. La canción habla de las oportunidades que ofrece el país pero al mismo tiempo la dificultad que enfrenta alcanzar esas aparentes oportunidades, incluida la desigualdad económica: “La vida es buena en América. Mientras seas blanco en América. Aquí eres libre y tienes orgullo. Siempre y cuando permanezcas de tu lado”. Ventajas y desventajas por igual que demuestran tanto Anita como Bernardo con su interpretación, hablando de dos puntos de vista igual de reales y burlándose de su propia experiencia y estilo de vida, tanto en su país natal como del país en el que viven.

 

Pero mientras las bandas se preocupan por definir cuándo y dónde pelear, Tony y María, que ya se han enamorado, sólo piensan en estar juntos. Esos contrarios ejemplifican cómo una misma realidad puede verse desde diferentes perspectivas según la forma de ver y vivir la vida, de pensar y de actuar. “¿No ves que es uno de ellos?”, pregunta Bernardo a su hermana cuando, en el baile en que se conocen, ella y Tony bailan juntos. “No, sólo lo veo a él”, contesta ella. Prioridades. ¿Qué es lo importante para unos y para otros (Jets y Sharks) y qué es lo que los impulsa ser y actuar así? Para María y para su enamorado lo importante no es la disputa colateral que los rodea, ni su pasado ni sus amigos ni sus relaciones, sino los sentimientos del uno por el otro y la persona misma como individuo; la base de su relación no se consiste en con quién se asocia a María y a Tony, Sharks y Jets, sino quiénes son ellos como personas, lo que piensan, lo que sienten, lo que opinan y como actúan.

 

Un romance que habla de lo bueno que puede rescatarse de un escenario negativo. “Nadie debía morir”, se queja uno de los muchachos luego de las muertes de Riff y de Bernardo. Pero, en su ira y venganza, en su necedad por saldar cuentas y jugar al ojo por ojo, ¿qué era lo que esperaban? Escogen pelear, luchar y abusar de la violencia en el libertinaje como rebelión y diversión catártica, pero no están listos para asumir las consecuencias.

 

Tal vez lo que se necesita para entenderlo es un punto de interés común, encontrar la coincidencia en su situación de jóvenes marginados, de personas objeto de la manipulación ideológica del sistema que aparenta igualdad en donde sólo hay explotación y dominio del poder socioeconómico, o la asimilación de la realidad, de lo sucedido y de las repercusiones que ello conlleva para el futuro personal de cada uno de ellos. María llorando al lado del cuerpo sin vida de Tony, para darle cara a ese sufrimiento y entender que sus acciones afectan a terceros.

 

Amor sin Barreras | Dir. Jerome Robbins, Robert Wise | Estados Unidos, 1961

 

La disputa entre dos siempre se extiende hacia más de dos, a terceros involucrados, quienes sufren las consecuencias de acciones de seres queridos; esa es la realidad de la rivalidad que opta por el abuso de poder y la violencia (intimidación o agresión por igual). Es aterrizar la realidad a un punto palpable, en este caso María y su sufrir por las muertes de su hermano y de Tony.

 

Un musical que pone especial atención en su trabajo visual (coreografías) y sonoro (canciones) para enriquecer con ello una historia romántica, lo mismo que una historia reflexiva respecto a una generación de jóvenes intentando comprender su entorno social y negándose a adaptarse a él; en su pluralidad y con la nueva diversidad social y de pensamiento provocada, entre otros factores, por la migración masiva, que naturalmente forma parte del ajuste comunitario, producto de cambios económicos y políticos a los que todo país debe ajustarse para cumplir con las necesidades globales de cambio (apertura de mercados y de fronteras, por ejemplo).

 

La película, ganadora de diez premios Oscar, entre ellos el de mejor película, fue dirigida por Robert Wise y Jerome Robbins, con un guión escrito por Ernest Lehman, basado en la obra musical homónima de Broadway a cargo de Jerome Robbins, a partir del  libro escrito por Arthur Laurents, que a su vez se inspira en la estructura narrativa de “Romeo y Julieta”, de William Shakespeare.

Amor sin barreras

Dir. Jerome Robbins &  Robert Wise

Estados Unidos, 1961

Trailer

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Snowden

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

La seguridad es la ausencia de la posibilidad de riesgo, que se define como la ‘aproximación de daño’; pero dañar no es sólo herir o molestar, es también perjudicar material o moralmente. Entendiéndolo así, la seguridad no se puede excusar en el daño, no se puede herir a otros con tal de asegurar la seguridad propia, pues sería una contradicción de principios. ¿Pero qué pasa cuando esto se hace así de todas maneras?

 

En 2013, Edward Snowden, un contratista trabajando para el gobierno de Estados Unidos, reveló en una serie de documento publicados, con el apoyo del periódico británico ‘The Guardian’ y el estadounidense ‘The Washington Post’, que las autoridades de su país, específicamente dentro de agencias gubernamentales como la CIA o la NSA, espiaban la información personal de sus ciudadanos, y de muchas otras personas alrededor del mundo, en nombre de la procuración de  seguridad para los mismos ciudadanos y del interés general de su país.

 

La noticia abrió una conversación alrededor de los principios éticos y morales que estas acciones representan, subrayando la naturaleza ilegal de cualquier tipo de espionaje: geolocalización, grabar conversaciones telefónicas, acceder, acumular y utilizar información privada subida a la red o que se encuentra en una computadora personal, e incluso leer los correos y mensajes de texto enviados y recibidos.

 

Recreando dramáticamente los hechos que llevaron a la decisión del analista, se traza la película Snowden (Alemania-Estados Unidos, 2016), protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley, Zachary Quinto, Melissa Leo, Tom Wilkinson, Scott Eastwood, Timothy Olyphant, Ben Schnetzer, Rhys Ifans y Nicolas Cage. El filme está dirigido por Oliver Stone, quien escribió el guión junto con Kieran Fitzgerald, con una historia basada en dos libros: ‘The Snowden Files’ de Luke Harding y ‘Time of the Octopus’ de Anatoly Kucherena.

 

Snowden trabajaba para la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés). Su labor como ingeniero de sistemas era crear programas específicos de seguridad, o eso es lo que le decían estaba haciendo. Esto lo llevó a diferentes puntos alrededor del mundo, Suecia y Japón específicamente, como lo detalla la película. Es trabajando ahí que descubre, gracias a que sus habilidades destacadas en el ramo convencen a sus superiores de invitarlo a operaciones más importantes y secretas, que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) tiene acceso a mucha información personal de la gente, aunque realiza este espionaje de forma secreta.

Snowden | Oliver Stone | E.U.A., 2016

La dinámica, como se lo explica uno de los empleados para la NSA, es que su programa de software funciona como un buscador ordinario, sólo que los resultados que arroja son, por ejemplo, los correos electrónicos, mensajes de texto, llamadas telefónicas, llamadas por Skype, información de los perfiles en las redes sociales o historial de búsqueda en Internet de la persona específica a la que se quiere investigar.

 

El joven entiende la manera poco ética e ilegal del acto, porque sabe que está castigado por la ley. Así se lo explicaron al llegar a la agencia: de acuerdo con la constitución de su país, este tipo de espionaje no está permitido. Sin embargo, el gobierno se respalda en un Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera de los Estados Unidos (FISA en inglés), para emitir, en nombre de la seguridad nacional, órdenes fiscales que den luz verde a esta técnica de recaudación de información.

 

Observando cómo funciona la dinámica, Snowden se da cuenta que esta medida es sólo una autojustificación, una excusa utilizada como careta, en donde sólo hace falta decir que la persona en cuestión está siendo investigada por motivos de sospecha de actos en contra de la seguridad, para dejar pasar por alto todas las violaciones a los derechos que se están realizando, incluido el de violación a la privacidad.

 

Para entenderlo, Snowden tiene que vivirlo, y lo experimenta con un caso en el que investigan a un banquero. Él termina monitoreando la información personal no sólo de este hombre, sino de las familias y conocidos del sujeto, o los conocidos de sus conocidos. El joven recalca que, con esta especie de cadena dominó, el gobierno termina espiando a miles de personas, sólo porque alguien que conocen, conoce a alguien más, que es conocido de la persona a la que realmente quieren implicar. Pareciera que el fin último fuera, a partir de un punto relativamente entendible, el investigar a personas que parecen ser potencialmente una amenaza para el país, permitirse espiar a todos, sin importar quiénes sean éstos. ‘El terrorismo es la excusa, pero el control social y económico es la verdadera razón’, concluye Snowden; el simple deseo de sentimiento de supremacía de su gobierno.

 

La vigilancia a través de la tecnología se convierte en un arma que induce el miedo. La cultura del miedo gana”, dice en un punto de la historia uno de los personajes. Aquí, el gobierno investiga por el temor a que el otro sepa algo que ellos no supieron primero y se crean programas de vigilancia y seguimiento cibernético sólo para sentirse en control de la situación. Durante una misión que el analista presencia, la herramienta de ‘geolocalización’, que ubica dónde en el mapa mundial está situado un aparato tecnológico, se convierte en la clave para destruir un objetivo durante una operación militar. En ese momento el joven repara en las consecuencias de sus actos y la forma como el programa que él creó está siendo realmente utilizado. La guerra del mañana no está en el campo de batalla, en el mundo físico, sino en el ciberespacio; “está en todas partes” dice otro personaje.

 

Pero en la informática quien toma la delantera es aquel preparado para los ataques cibernéticos, saber defenderse de ellos, organizarlos o recabar información sin que el otro lo sepa, una realidad ejemplificada durante una operación en Japón en la que el mismo Snowden, según relata en la película, implantó programas de software en puntos estratégicos de la red de ese país para, en caso de ser necesario, tomar el control de su sistema.

De esta manera se violan derechos humanos, en una serie de acciones extraoficiales, no reconocidas, disfrazadas u ocultas, para hacer así difusas las faltas éticas cometidas. Cuando Snowden le explica a su novia que sabe que el gobierno puede espiar a la gente a través de la activación de las cámaras de video de sus computadoras, ella dice que esto no le preocupa directamente, porque no tiene nada que esconder. Lo que ella no valora es que no se trata de un tema de transparencia, explicado con el dicho ‘el que nada debe, nada teme’; sino que la acción, el activar una cámara personal sin que el otro lo sepa, es una transgresión a su intimidad.

 

Snowden | Oliver Stone | E.U.A., 2016

“La gente no quiere libertad, sino seguridad”, explica uno de los trabajadores de la CIA. Bajo esa idea de ‘proteger’, los encargados de estos programas deciden ‘rodear’ las reglas para encontrar el camino que más les convenga, es decir, se violenta deliberadamente la ley, se le ignora, o se crean nuevas leyes, para hacer viable el espionaje y la invasión de la privacidad de los ciudadanos.

 

Durante una plática, la novia del chico le cuestiona por qué no unirse a las protestas en contra de la guerra, en una escena en la que gente está pidiendo firmas como forma de solidaridad. Él dice que prefiere no ‘atacar’ a su país, una respuesta automática basada más en la precaución, debido al control laboral en el que se desenvuelve, que en la construcción de un juicio propio. Ella contesta que el acto no se basa en la crítica, sino en el cuestionar. Cuestionar no es atacar ni ir en contra del otro, es proponer el debate con argumentos.

 

En este caso las acciones de Snowden, el filtrar documentos con información clasificada, para algunas personas se trata de una búsqueda por la verdad, para abrir pie al debate, pero para otros representa un acto de traición, es visto como un ataque directo hacia su país, Estados Unidos. Dos perspectivas de puntos de vista distintos, según los intereses que se defiendan. En cuyo caso, ¿no son las acciones del gobierno, expuestas por la evidencia presentada por Snowden, también un acto para embestir, en una ofensa igualmente directa hacia las personas? ¿Cuáles son las ramificaciones, y hacia dónde se dirigen, de la existencia de un programa de vigilancia secreta, que denunciado o no, existió? O peor aún, todavía existe.

 

La inquietud final con que se queda la gente varía: las consecuencias de las decisiones de un hombre o las consecuencias de las decisiones del gobierno estadounidense. El impacto global y a largo plazo de uno de estos dos escenarios, es mayor que el otro. Pero el mayor problema es que el dilema ético continúa presente: la supervigilancia y el espionaje de ciudadanos como instrumento de coerción social para respaldar a la élite económica, para hacer sentir y creer que el supuesto interés nacional es el interés de todos, la seguridad como pretexto para violentar derechos humanos, para eliminar el ejercicio de libertad.

Snowden

Dir. Oliver Stone

Estados Unidos, 2016

2:39

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

No

No

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Cualquier campaña, política o no, debe tener un objetivo, puede ser ganar, perder, trascender, informar, legitimar, engañar, distraer, opinar y hasta contraatacar al oponente; de esta meta se desprende su contenido y la forma como se maneja, y aunque de cualquier modo lo que busca es convencer, la pregunta es de qué y para qué.

 

En 1988 en Chile, el General Augusto Pinochet, quien había tomado el poder en el golpe de estado contra Salvador Allende en 1973, (estableciendo una férrea dictadura militar para imponer las políticas económicas que privilegiaban la acumulación de capital en perjuicio de los grupos vulnerables de la población y eliminando cualquier oposición política) se vio forzado por presiones de política internacional a acceder a un plebiscito, una votación donde la gente dijera ‘sí’, en caso de estar a favor de que se quedara como mandatario ocho años más, o ‘no’, como respuesta contraria. Esto, después de las modificaciones a la Constitución Política de ese país, para hacer posible una mayor permanencia en el cargo. La película No (Chile, 2012) trata sobre este proceso. El filme es protagonizado por Gael García Bernal, Alfredo Castro, Luis Gnecco, Néstor Cantillana y Antonia Zegers, entre otros, mientras fue dirigido por Pablo Larraín y escrito por Pedro Peirano, basándose en la obra de teatro ‘El plebiscito’ de Antonio Skármeta.

 

Para muchos, incluido en especial el equipo del Presidente, se trataba de una situación prefabricada, arreglada, definida de por medio, que los validaría en el poder y cuya campaña de oposición existía sólo para dar una apariencia de legitimidad al proceso. Con ello en mente, su propuesta de contenido para la campaña que los respaldaba inicialmente sólo estaba enfocada en resaltar los logros de Pinochet, en el entendido de que la oposición elegiría remarcar los momentos difíciles, de torturas y desapariciones, control y régimen autoritario durante el mandato del Presidente, tras el golpe de estado, como vehículo de convencimiento de su postura.

 

Sin embargo, para ganar, René Saavedra, publicista invitado a participar en la franja televisiva del equipo del ‘No’, propone que la idea base de su argumento no se convierta en una cruzada en contra de la dictadura, recordando el miedo y dejando a la ciudadanía en una posición de víctimas del pasado. Creyendo que llevan las de perder, los partidos unidos de la democracia piensan que su gran ganancia será la de, por lo menos, informar a la gente de lo sucedido en la historia para así crear conciencia. René opina diferente y su postura es que se trabaje con miras a ganar, presentando una campaña alegre, fresca, optimista y esperanzadora. Para algunos, su propuesta invita a olvidar el pasado, pero para el publicista, se trata de ofrecer una alternativa unificadora a su público meta. Él no lo mira con ojos políticos, sino mercadotécnicos.

 

Si el gobierno infunde miedo, porque la gente ya teme salir a votar e incluso también expresarse, una campaña que recuerde ese miedo sólo lo acrecentará, pero no lo combatirá. René propone tomar un camino que no caiga en lo evidente (atacar a Pinochet) y elige en su lugar promover conceptos con los que la gente ya se identifica: la prosperidad, la solidaridad y la alegría, por ejemplo, con “Chile, la alegría ya viene” como su slogan.

 

De esta manera, la campaña del ‘no’ se convierte en una estrategia de venta, donde al votante se le da a elegir más allá de lo que quiere o no quiere y en lugar de presentársele dos opuestos, cómo se ha beneficiado o no al país bajo el gobierno de su Presidente actual, se decide ofrecer una nueva cara para el ‘no’, donde votar por esta opción no sea específicamente tomar la postura opuesta a la otra campaña, sino elegir algo mejor a lo otro. Es como si el ‘no’ dejara de ser visto como una opción de la negatividad, a partir de la definición del concepto ‘no’, para convertirlo en todo lo contrario; así, decir “no” es algo positivo.

 

La campaña sólo toma fuerza cuando se complementa con un programa estratégico que se adapta según las necesidades del público y la forma como evolucionan ambas estrategias durante los 27 días que dura el espacio abierto. Después de las primeras emisiones televisivas, el equipo del “sí’ debe responder de forma que contraataque sus propios puntos débiles, aquellos de los que los otros se han aprovechado para ganar votantes a su favor, como un proceso adaptativo al que ambas partes deben responder por igual.

 

El equipo del “sí’, que en un inicio sólo se enfocaba en resaltar los logros del gobierno, debe alinearse paralelamente con lo que propone el grupo contrario, porque si ambos planes de acción no están en sintonía, en un mismo nivel de acción, entonces ni siquiera hay una competencia real.

 

El ‘no’ se presenta en la televisión con un halo de humor y esperanza, elección que se hace con el fin de acercarse a los que quieren votar a su favor, pero también hacia los que no o aquellos que aún no se han decidido. La gente del gobierno debe elegir entre ignorar a la otra campaña y seguir con lo que venían haciendo, o contrarrestar para evitar la posibilidad de que los otros comiencen a tomar fuerza dentro de la contienda.

 

Con opciones limitadas para continuar con su estrategia, la campaña del “sí’ decide atacar directamente a los contrarios, ni siquiera respecto a sus ideales políticos, sino hacia los mercadotécnicos, burlándose de sus anuncios y menospreciando sus esfuerzos de ventas y de elaboración publicitaria.

 

El problema al que se enfrentan es que para entonces los del “no” ya han elegido enaltecer valores como la solidaridad o la esperanza, ligándolos hacia su campaña, algo que los de ‘sí’ no pueden neutralizar con un ataque, porque serían mal vistos, hacerlo haría que fueran percibidos como gente que va en contra de estos valores. Para el “sí” la estrategia hubiera sido más fácil si los contrarios hubieran atacado directamente a Pinochet durante su espacio televisivo. Su opción es, cual herramienta publicitaria, destacar los defectos de la campaña del ‘no’, en su mismo humor, por ejemplo, o la forma como abordan esos mismos valores, presentándolos en su lugar desde otra perspectiva, apoyándolos igual que aquellos, pero de manera diferente.

 

La idea es que el “sí’ sea percibido como propuesta innovadora que también quiere la prosperidad y las oportunidades, pero visto desde otro punto de vista, sin negar el pasado inmediato. Sin embargo, la adaptación llega demasiado tarde y sus intentos, que terminan siendo ataques directos, copiando escenas de la campaña del ‘no’ pero mofándose de ellas, terminan convirtiéndose en un acto de desesperación.

 

Al final, el trasfondo de la votación sigue ahí, la dictadura de Augusto Pinochet que viene arrastrando problemas de control y represión, e incluso también logros de progreso que pudieron darse a partir del régimen estricto con el que se vivió, sustento que queda presente en el planteamiento de las campañas, la votación y el plebiscito. Pero la verdadera lucha, la publicitaria, vivida a través de los espacios televisivos de cada plan de acción, se convierte en la verdadera pelea, una cimentada en la disputa por conseguir la mejor estrategia conceptual, donde se enfrentan ideologías de imagen más que de política, en la que gana el más convincente en su discurso publicitario, tanto propositiva como inclusivamente.

 

En más de una ocasión René hace un llamado a trabajar sobre un ´producto atractivo’; bajo este lineamiento, su estrategia nunca fue la de atacar al contrario, ni la de ofrecer un opuesto (el “sí’ frente al ‘no’), sino el de llegar con una campaña del ‘no’ que dijera “sí’, en otras palabras, hacer que su propuesta fuera percibida como una tercera opción, una que al no ser esperada por la gente, pudiera sorprenderla y llamar su atención, para finalmente ganar. Porque su objetivo no era el de triunfar con el plebiscito, sino el de vender exitosamente un producto.

No

Dir. Pablo Larraín

Chile, 2012


Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

La cuarta pared

Por :Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

El mundo no es plano, no tiene sólo dos dimensiones, largo y ancho, como por ejemplo un cuadrado, sino que también tiene profundidad, es decir, tridimensionalidad, en este caso, un cubo. En la pintura, la imagen fija puede tener un efecto visual de tridimensionalidad, que nunca realmente alcanzará porque está plasmado sobre una superficie plana. En el cine, la imagen ofrece una profundidad de campo por la capacidad de la cámara de video para captar la realidad. Pero la cámara que mira suele fungir como una mirada observadora que no se interpone con la historia, como si su presencia no existiera y sólo documentara la realidad, contando la historia en ese proceso observador.

 

El ojo de la lente se mantiene pasivo ante la acción. Excepto que no siempre lo hace, rompiendo entonces la cuarta pared, un término atribuido al filósofo Denis Diderot y que se refiere a esa pared imaginaria frente al escenario, justo donde se ubica la cámara y que separa al mundo de ficción (la película, serie de televisión, videojuego u obra de teatro) del espectador.

Imagen: Denis Diderot http://www.famousauthors.org

 

Si un personaje se encontrara encerrado en una habitación cualquiera, lo rodearían cuatro paredes, un techo y un suelo. La posición de la mirada del lente puede tener innumerables perspectivas, el del foco del cuarto o el ojo de la hormiga que se esconde en un rincón, por ejemplo, o más usualmente, detrás de una de las cuatro paredes. El actor se mueve entonces en todas direcciones, sin advertir la mirada de la cámara e ignorando ese ojo que documenta todo lo que hace, porque, en cierto sentido, no está ahí. El espectador mira lo que la cámara observa, pero la cámara filma como un testigo invisible. Sin embargo, la cámara también puede ser partícipe activo de la historia, cuando el relato mismo y sus personajes están conscientes de esa mirada presente.

 

El objetivo principal de romper la cuarta pared (lugar donde se ubica la cámara) es involucrar al espectador en la historia y con la historia. La cuarta pared se rompe entonces cuando los personajes detectan e involucran al espectador al mirar directamente a la cámara que los ve, incluso hablándole, que es en realidad el personaje hablando directamente hacia aquel que mira, la audiencia.

 

La mirada directa que penetra en el cuadro de Leonardo da Vinci, La Mona Lisa, por ejemplo, es una mirada que advierte y contempla. Cuando se observa una pintura o un retrato en el que el personaje mira al frente, la sensación de que sus ojos persiguen al que contempla crea una relación instantánea, una mirada directa entre dos personas, incluso si la otra no es real, de carne y huesos. Lo mismo sucede en el cine y la imagen audiovisual captada a través de una cámara de vídeo cuando se rompe la cuarta pared, un cruce de miradas crean una conexión que involucra.

La Gioconda, La Mona Lisa , Leonardo Da Vinci | Imagen: wikimedia.org

En la película de 1995 dirigida por Oliver Parker, Otelo, el realizador elige que el personaje de Yago hable directamente a la cámara, haciendo de esta manera al espectador confidente y cómplice de sus planes de venganza. La técnica funciona para explotar el trazo del personaje y su función dentro de la historia, con intrigas y falsedades. ¿Es sincero el personaje solamente cuando habla a la cámara o, al contrario, porque sabe que lo miran, es incierto en sus acciones para engañar al espectador? Lo cierto es que cuando nos sabemos observados nuestras reacciones ceden en naturalidad y es posible que deliberadamente se modifique nuestro lenguaje corporal y la firmeza de nuestras expresiones; por tanto, al emplearse en la grabación de una película surge la duda sobre la sinceridad e intención del personaje. Qué espera él del espectador es un asunto que hay que tener en mente. La técnica también puede ser entendida como un “aparte”, utilizado en teatro, un monólogo en el que el personaje parece dirigirse al espectador, pero que en realidad sólo se encuentra hablando consigo mismo, algo que este Yago podría estar haciendo en dicha película (y en consideración a que se trata de una adaptación de la obra de teatro escrita por William Shakespeare).

 

En El lobo de Wall Street, el director Martin Scorsese utiliza la técnica haciendo que su personaje principal interactúe directamente con el espectador al romper la cuarta pared. Esta actitud no sólo va acorde con la personalidad del protagonista, sino también con la complicidad de sus actos de fraude de los que hace partícipe al espectador, como si éste fuera un testigo de la realidad del engaño que no puede denunciar al resto de los personajes.

 

El dicho popular dice que a través de los ojos se pude ver el alma de las personas y de alguna manera eso es lo que se busca con la ruptura de la cuarta pared, adentrarse a un personaje para ver en su interior.

 

En la toma final de la película El Renacido, el personaje principal mira hacia la cámara, sin embargo, es posible que no se rompa la cuarta pared estrictamente hablando, pues la acción que involucra debe reconocer que la cámara está ahí, que un personaje deje claro que sabe que lo están mirando, e incluso que interactúe con el espectador buscando una respuesta a su decir y hacer, como sucede en La gran apuesta, Funny Games, El club de la pelea o las series de televisión Mr. Robot, Clarissa lo explica todo o House of Cards. En este caso, es como si el personaje invitara a la audiencia a adentrarse en su psique, más que, en el acto de mirar a la cámara, mirar de regreso al espectador. Pero, ¿sabe la Mona Lisa de Da Vinci que la gente la mira? En las películas, al romper la cuarta pared el personaje asume que se le mira; si es así, tal vez, en este caso, el personaje finalmente advierte, con esa última toma, la mirada que lo sigue, y su significado puede ser tanto de complicidad como de empatía, e incluso, puede estar retando a la audiencia.

The Revenant | Dir. Alejandro G. Iñárritu | Estados Unidos, 2016

 

En otro caso, la película Hardocre Henry está filmada en primera persona, como lo hacen los videojuegos, de forma que la cámara se utiliza como la perspectiva, los ojos del personaje principal, Henry, que en este caso es el propio espectador. Los demás personajes hablan directamente a Henry, interactuando con él, pero al mirar a la cámara, a quien le hablan es al espectador, que está presenciando los hechos a través de los ojos de Henry. La técnica, tanto aquí como en los videojuegos, es hacer sentir al espectador ser el protagonista de la historia, experimentando las vivencias como si estuviera exactamente en ese sitio, en los zapatos del héroe.

 

Pero también hay otras formas de utilizar la cuarta pared en los elementos de la narrativa. En Deadpool, por ejemplo, el personaje principal rompe la cuarta pared constantemente como herramienta de la metaficción (narrativa autorreferencial o autoconsciente). El personaje sabe que hay una audiencia presente que lo mira a través de la cámara, lo asume en tanto se reconoce como un parte de una historia y se dirige al espectador para involucrarlo en la misma historia. En este caso, romper la cuarta pared se utiliza como forma autorreferencial de la narrativa, de la historia que se cuenta.

Deadpool | Dir. Tim Miller | E.U.A, 2016 | Imagen Internet

 

La cuarta pared es un recurso estético y narrativo, a veces necesario para separar la acción-ficción de la realidad. Romper la cuarta pared es dejar que de alguna forma el personaje deje de representar su papel (aunque el actor nunca deja realmente de hacerlo), para demostrar cómo éste se reconoce como uno de los actantes de la historia que se desenvuelve. Pero la técnica también permite una confidencialidad, una cercanía emocional entre los personajes y el espectador, donde éste último se vuelve indirectamente partícipe de lo que sucede, no tirando esa pared imaginaria que separa el escenario, sino sólo haciéndola evidente.

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

WALL-E

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

¿Qué nos hace humanos? ¿La capacidad de pensar y de razonar? ¿La sociedad, la organización y la adaptación? ¿La mente, los sentimientos y las emociones? Lo que nos hace diferentes nos hace únicos, pero la falta de convivencia, de interacción y de empatía es lo que destruye al ser, cuando olvida que vive en colectividad, en grupo.

 

Tales reflexiones surgen a partir de la premisa esencial de la que parte WALL-E (EUA, 2008), historia sobre un robot de compresión/limpieza de basura que habita en la Tierra después de que el planeta es destruido por el hombre, cuyos sobrevivientes ahora viven en una estación espacial, lejos en el universo. El robot encuentra una sonda de reconocimiento, EVA, enviada a buscar vida en la Tierra. Siguiéndole a ella llegan juntos a la nave donde viven los humanos, que ahora tienen la prueba necesaria para poder regresar al planeta.

 

Escrita por Jim Reardon y Andrew Stanton, dirigida por éste último, WALL-E estuvo nominada a seis premios Oscar (incluyendo mejor guión y canción original), de los cuales ganó el de mejor película animada, convirtiéndose en una de las películas de animación más nominadas en la historia de la premiación (La bella y la bestia también tiene seis nominaciones).

 

WALL-E aprende de los sentimientos y emociones humanas mientras indaga entre la basura que quedó en la tierra, escuchando música y viendo vídeos de películas, explorando los objetos olvidados, desechados, encontrando una magia propia dentro de ellos. Lo que para algunos es basura, para otros puede ser un tesoro, mientras lo que alguien considera valioso, para algunos más puede parecer algo insignificante. Son esas pequeñas cosas lo que hace a las personas diferentes, pero, ¿quién y cómo se le pone valor a un objeto? En todo caso, ¿por qué y para qué?

 

¿Qué es basura y qué llevaría a la raza humana a crear un ambiente tan material, superfluo y de objetos innecesarios que la basura que crea supera al hombre mismo, su ambiente y su propio planeta? Según el relato, la Tierra se volvió inhabitable por culpa del hombre mismo, por su inhabilidad para adaptarse y por respetar el lugar en que vive. La historia habla con eco de la tecnología y la forma en que se abusa de ella, describe cómo se crea una dependencia y se le utiliza como una forma de escape en lugar de ser una herramienta de solución; esto es lo que los humanos en la película hacen, abandonar el planeta usando naves espaciales en donde viven en un estado casi estático, sin siquiera ser capaces de caminar, porque para ellos es más fácil y sencillo deslizarse en máquinas y dejar, precisamente, que ellas hagan todo por ellos, provocando que sus mentes dejen de pensar, de imaginar, de crear, pero en especial, hacen que el hombre deje de existir en sociedad, en su interacción y relación con otros.

Wall E | Dir. Andrew Stanton | E.U.A., 2008

 

“Yo no quiero sobrevivir, quiero una vida”, dice el capitán de la nave donde se encuentran los último sobrevivientes humanos (cientos de años después de que el planeta se volvió inhabitable por su atmósfera y erosión), cuando el copiloto, una máquina que se niega a continuar con el protocolo, se rehúsa a enviar a los humanos de vuelta a la tierra una vez que se ha comprobado (a través de la existencia de una planta) que el planeta es de nueva cuenta habitable.

 

La máquina quiere evitar que esto suceda (por su propio protocolo programado), pero son los humanos lo que deben decidir hacer algo, dejar de depender de lo que un objeto pueda elegir o no, y en su lugar, hacerlo ellos mismos regidos por el libre albedrío y la voluntad de acción, pues, después de todo, las máquinas-robots son producto de la inteligencia humana, están programadas para hacer lo que otros seres humanos pensaron. No todas las máquinas son como WALL-E o como EVA, quienes sienten y se enamoran, quienes ayudan; siguen órdenes según las funciones para lo que fueron creados, pero de la forma más sencilla e ingenua; sin querer hacer el mal, ningún mal proviene de ellos, pero finalmente se rigen bajo el propósito de su función. ¿Quién las crea, quién las programa? El hombre.

Wall E | Dir. Andrew Stanton | E.U.A., 2008
Wall E | Dir. Andrew Stanton | E.U.A., 2008

Los seres humanos, en la película, han perdido movilidad en cuerpo y mente al punto que incluso ya están aburridos de no hacer nada; el contraste hacia los protagonistas de la historia (máquinas-robots) llega a cumplir el propósito del que habla la película: la autodestrucción, la insensibilidad producto de la dependencia tecnológica. WALL-E y EVA son todo lo contrario al hombre, son máquinas creadas, son tecnología, inteligencia artificial, materia inerte que actúa y responde a programas tecnológicos diseñados por el hombre mismo; sin embargo, han encontrado estar en contacto con su “lado humano”, con los sentimientos creados a partir de la interacción social, incluso más que el hombre mismo, pero, paradójicamente, alimentándose del uso de otros bienes creados por el humano en donde describe sus vivencias, sus experiencias.

 

Ello es uno de los puntos más vitales que aborda la película, de cómo una vida sin esfuerzo, en un mundo virtual, hace que la raza humana sea más robotizada e insensible que las máquinas mismas. La presencia de WALL-E y EVA, en su interacción, llega a cambiar esto cuando viajan hasta la nave espacial, su compañía mutua enseña de convivencia a un grupo de humanos que ha olvidado de lo que ello significa, incluso la manera de llevar a cabo una relación social afectiva, una plática o un simple baile, por ejemplo, no limitada por el habla y las palabras, sino promovidos por las voces, los sonidos, los olores, el tacto, las expresiones y la comunicación no verbal.

Wall E

Dir. Andrew Stanton

E.U.A., 2008

Tailer 2:11

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

 

Buenas noches, y buena suerte

Por : Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Los medios de comunicación informativos presentan las noticias y los hechos, cualesquiera que sean, como son, sin importar ningún tipo de implicación externa; esa es  la responsabilidad ética hacia la gente a quien el periodista y el medio le responden; no al gobierno, no a los dueños del capital y no a un grupo selecto de personas. De forma ideal, la relación debe ser bilateral, la gente debe demandar la información y responder ante ella (en acciones, comentarios, debates y cuestionamientos) en lugar de desecharla, olvidarla, negarla o evitarla.

 

Esa es la dinámica básica como se conforma la relación entre sociedad y medio masivo de comunicación, en un diálogo abierto sobre sucesos que afectan a todos los implicados, a la sociedad misma.

 

Pasaremos a las historia por nuestros actos”, señala el personaje de Edward Murrow, protagonista de la película Buenas noches, y buena serte (EUA-Francia-Reino Unido-Japón, 2005), en relación a que sus acciones dentro de su profesión como periodista, al cuestionar en 1953  públicamente los métodos con que el senador Joseph McCarthy conducía sus investigaciones, provocaron un empuje de conciencia social cuando con el análisis que presentaba en su programa televisivo, trabajo en equipo con sus colaboradores de investigación, llevó al gobierno y a las personas a debatir los métodos de persecución presididas por el senador.

 

Edward R. Murrow fue un periodista televisivo que durante el macartismo se enfrentó al senador en nombre de la libertad de expresión y de información. “Buenas noches, y buena suerte”, expresión que proviene de la forma habitual en que Murrow cerraba su programa “Cara a cara”, película dirigida por George Clooney, escrita por Clooney y Grant Heslov, protagonizada por David Strathairn, George Clooney, Robert Downey, Jr., Patricia Clarkson, Frank Langella y Jeff Daniels, entre otros, trata la historia de ese momento histórico en el mundo de la televisión. La película fue nominada a seis premios Oscar, entre ellos mejor película, director, guión original y actor principal para Strathairn.

 

Murrow y su equipo siguen el caso de un hombre del ejército irlandés que fue expulsado por acusaciones anónimas que lo asocian con el comunismo, pues una vez vieron al padre de éste leer un periódico serbio. Se le exige al soldado acusar abiertamente a su padre y hermana de comunistas, pero él se niega. Ante los hechos, el programa de Murrow investiga a fondo la forma en que el juicio es llevado a cabo y cuestionan públicamente, frente a la televisión, cómo es que se pueda condenar a un hombre cuando no hay pruebas tangibles que lo inculpen. El soldado es juzgado por asociación y Murrow pregunta a su audiencia si es correcto, ético y lógico sentenciar a una persona basándose en chismes, habladurías, suposiciones y rumores, ante lo que el Comité de investigación se justifica diciendo son medidas que se toman en nombre de la seguridad nacional.

 

El director de la división de noticias de la cadena televisiva que transmite el programa (la CBS: Columbia Broadcasting System) sabe que las acciones tienen consecuencias y que el trabajo de investigación de Murrow y su equipo puede ser considerado, por parte del Comité e incluso de un sector de la opinión pública, como una forma de traición. Durante el macartismo, muchos periodistas se negaron a levantar la voz para cuestionar el movimiento por temor a ser señalados, acusados de comunistas, de traidores a la Patria. Murrow razona que su programa debe servir como una puerta abierta al debate, pues es su deber hablar con franqueza, presentar los distintos puntos de vista, ser objetivo. Durante una ceremonia en la que recibe un premio especial (de la Radio-Television News Directors Association – RTNDA), años después de lo sucedido, el periodista hace un llamado a preguntarse sobre la presencia e influencia de la televisión en la vida de las personas y la forma en que ésta es manejada. Murrow señala cómo la televisión se vuelve un medio de distracción, aislamiento, engaño y entretenimiento, el contenido pasajero y superficial que la gente prefiere por sobre otro tipo de funciones posibles que el medio de comunicación puede ofrecer. El periodista concluye diciendo que las personas son las responsables de esto, tanto quienes miran como quienes la hacen. La televisión puede enseñar si la usáramos con esos fines, analiza él. Su discurso invita a la reflexión sobre la forma en que la televisión se maneja, se utiliza, diciendo que si se le continúa viendo sólo como un negocio financiero, los que la ven y los que la producen no pueden ver el error del que se son parte.

 

La respuesta del Senador en relación al programa de denuncia de Murrow no se hace esperar y su réplica acusa directamente al periodista de apoyar el movimiento comunista. “Si ninguno  hubiéramos leído un libro peligroso, tenido un amigo diferente o colaborado alguna vez por el cambio, seríamos la clase de persona que Joe McCarthy querría”, les dice el periodista a su equipo cuando se cuestionan si seguir adelante con su trabajo de investigación. Después de esto, dedican su siguiente programa a otro caso revisado por el Comité que preside el Senador: una mujer acusada de ser comunista, a quien se le niega saber la identidad de sus denunciantes o entablar un juicio, o diálogo, cara a cara con ellos. El anonimato como medio de denuncia policial, la mentira, la calumnia y el rumor, como pruebas judiciales, en el marco de una política social que promueve el miedo para paralizar cualquier crítica al poder establecido. Tal era la esencia de la política anticomunista de J. McCarthy.

Good Night, and Good Luck | Dir. George Clooney | E.U.A., 2005

 

Aunque la voz de estos periodistas es escuchada y eventualmente el gobierno pone a juicio al Senador, las repercusiones hacia los involucrados tienen también un eco en el mundo del periodismo y la televisión. Los patrocinadores del programa poco a poco se retiran, con el consiguiente efecto económico para la empresa y para quienes trabajan en el programa, en tanto, parte de las exigencias de McCarthy es que a periodistas como Murrow no les sea permitido presidir programas que hablan al público, por la posible influencia que podrían tener en la conformación de su propia opinión. La cadena televisiva no puede dejar pasar por alto el impacto que la situación trae directamente a su empresa. En consecuencia el programa de Murrow queda casi desaparecido y pasa, de ser una emisión diaria en horario estelar, a convertirse en emisión semanal, limitada, a transmitirse en un horario menos sintonizado.

 

Las elecciones de estos personajes, en su responsabilidad de voz pública y trabajo de análisis, son importantes porque deciden cumplir con la oportunidad que les ofrece el alcance que tienen como medio de comunicación para hablar con claridad sobre hechos y acontecimientos que afectan a la sociedad, cuestionando a las personas que, actuando en nombre del gobierno, abusan de su posición de poder.

 

La sanción de la cadena, que aparentemente no deja de apoyar la posición de Murrow, responde a compromisos generales en su relación con el gobierno y su audiencia, previniendo otro tipo de repercusiones.

 

De la forma en que la televisión informativa asume una noticia y la difunde, su papel crítico respecto a los hechos y la responsabilidad periodística, la película abarca temas relacionados con el papel de los medios de comunicación en su impacto social, hablando también, de paso, de un periodo histórico como el macartismo, al que era difícil cuestionar por sus irregularidades legales y excesos autoritarios, sin automáticamente también ser señalado, aunque no hubiera justificación con sustento para ello; que en su persecución olvidaba los derechos civiles de las personas y condenaba a cualquiera que no se alineara con una forma de pensamiento o corriente política, específicamente, la que dictaba el gobierno estadounidense en curso, de profunda convicción anticomunista, no muy lejana ideológicamente de lo que se observa en la política social de quienes presiden, o intentan presidir, el gobierno en ese país.

Buenas noches, y buena suerte

Discurso Edward Murrow

Dir. George Clooney

Estados Unidos, 2005

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Ella

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

www.herthemovie.com

El hombre es un ser social porque con sus relaciones sociales crece como persona, en sociedad convive, experimenta y se desarrolla; no puede aislarse, de hacerlo nunca habría construido un mundo organizado con personas creadoras, con lenguaje y escritura propios, con ciencia y conocimiento en expansión. Pero la mente es más complicada en su funcionamiento, es razonamiento, lógica, ideales, sueños, emociones y sentimientos, trabajando todo al mismo tiempo. El hombre es un ser complejo y esa complejidad es irrepetible, porque su desarrollo se da en cuerpo y mente, en su individualidad pero también en su sociedad. La inteligencia artificial nunca podrá llegar a ser idéntica al hombre, porque, aunque piense y razone, analice y sienta, no logrará la capacidad de entender la existencia del ser humano por completo, en su esencia y relaciones humanas.

 

Escrita y dirigida por Spike Jonze, quien ganó el premio Oscar por este guión, y protagonizada por Joaquin Phoenix, Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde, Scarlett Johansson y Chris Pratt, la película Ella (EUA, 2013), nominada además a otros cuatro premios de la Academia, entre ellos mejor película, presenta un mundo en el que la tecnología ha avanzado al punto que media las relaciones de los hombres; una sociedad dependiente de los aparatos tecnológicos y enajenada en sus conexiones humanas al realizarlas por intermedio de cosas, de objetos.

 

Theodore, el protagonista de la historia, trabaja como escritor de cartas a mano (en simulación digital), donde su labor es redactar el correo postal de otras personas como si lo hubieran hecho ellas mismas. Celebraciones de cumpleaños, aniversarios, felicitaciones o simples saludos son parte de los textos que este hombre, conociendo la vida de sus clientes a través de fotografías y mensajes, a partir de los que deduce pensamientos y sentimientos, logra escribir emotivos y conmovedores textos gracias a su propia sensibilidad, suficiente para transmitir en nombre de terceras personas ideas, recuerdos y hasta deseos. Su habilidad dice mucho de su personalidad y su propia vida, pero la dinámica de su profesión dice mucho de una sociedad desconectada entre sí, que prefiere que otros expresen un sentir y pensar por ellos,  personas que han dejado de saber expresarse por sí mismas, en sus ideas o sentimientos, en su vida y sus relaciones, incluso, tal vez han perdido la capacidad de pensar.

 

El ejemplo no es la única forma en que las personas de ese mundo futurista han dejado de relacionarse entre sí. También sus actividades diarias están mediadas por la tecnología, que, en el ánimo de apoyarse para hacer su entorno diario más sencillo, la han dejado tomar control de su realidad. Como Theodore, las personas deambulan por las calles conectadas a sus celulares y computadoras, compartiendo su tiempo con aparatos tecnológicos en lugar de convivir con otros seres humanos que les rodean; algunos se comunican más con sus sistemas operativos que con la gente en sí, e incluso aquellos que hablan con demás individuos, permiten que la mediación directa, su punto de conectividad, sea la máquina misma.

 

Theodore está pasando por un divorcio y sin permitirse lidiar con la situación, mejor evitándola que afrontándola, decide comprar un sistema operativo de inteligencia artificial, programado para atender y responder a todas sus necesidades. Como si platicara con una persona real dentro de la máquina, que reconociéndose a sí misma como un ente vivo se autonombra Samantha, Theodore encuentra en ella la empatía que necesita en su vida para sentirse de nuevo alegre, respetado, necesitado y escuchado; en corto: vivo.

 

Su aislamiento de la sociedad se extiende a cualquier humano, convirtiendo a su computadora en su única forma de contacto con el mundo, hasta que la necesidad y el impulso social le permita (y exija) regresar al mundo en comunidad. Samantha le dice lo que quiere escuchar, le pone atención y le da validez, cubriendo las necesidades sentimentales y emocionales que Theodore reclama en ese momento. Se crea entonces una relación de dependencia sin que él se dé cuenta, pero la máquina crece, porque esa es su programación, aprender y absorber conocimiento, expandir sus barreras básicas de funciones. Samantha se pregunta si esto responde a su necesidad real de “querer” algo o si es una respuesta como parte de su diseño de programación.

 

Como inteligencia artificial ella puede razonar y analizar datos, como cuando determina, por el tono de voz de Theodore, si él está contento o preocupado, pero su respuesta hacia él no es afectiva ni de intercomunicación, porque no es una relación humana, es una relación básica (cimentada en su programación de sistema operativo), que comienza como una asistente (leer correos, por ejemplo) y evoluciona a conversaciones, debates y otro tipo de pláticas cotidianas de convivencia.

 

La situación cubre las expectativas del momento para Theodore, pero cuando Samantha comienza a querer entender más el mundo, más allá de la vida de su “dueño”, él deja de ser suficiente para hacerlo, él deja de cubrir las expectativas de la máquina, que comienza a relacionarse con otras como ella, generando su propio conocimiento a través de bases de datos compartidas o análisis de información en paralelo. Ese es el principal objetivo que mueve a Samantha y los otros sistemas operativos como ella, expandir su información almacenada. No busca crecer como persona y relacionarse, como la haría un ser humano, busca llenar de datos e información su memoria de almacenamiento.

 

“Quiero ser tan complicada como toda esta gente”, admite Samantha, cuando en un inicio observa las barreras relacionales que tiene hacia los humanos, como el no tener un cuerpo con el cual “sentir”. Theodore en un punto le cuestiona la razón por la que suspira o hace pausas al hablar; no es que necesites oxígeno, le dice él, ¿por qué lo haces? Samantha dice que es una forma empática de hablar, ya que los humanos lo hacen. Ella copia conductas, aunque no las sienta realmente. El suspiro de una persona no sólo implica una pausa para inhalar o exhalar aire, va ligado directamente con la forma en que el hombre se expresa, el cómo su dicción, tono de voz o volumen con que habla proviene del interior de la persona, según lo que piensa y sienta al momento de decir algo, la intención con que lo dice o a quién se lo dice.

 

“¿Cómo se siente estar vivo?”, le pregunta ella, pero por más que Theodore explique que un momento de vida es el aire que se respira en ese instante, los sonidos que se aprecian, los colores que se miran, los pensamientos que se razonan, los sentimientos que se expresan, las sensaciones que se palpan o las emociones que se suscitan, Samantha nunca podrá entenderlo, porque ella no concibe la vida como los humanos, ella no sabe lo que es nacer, crecer o morir, lo que es caerse de un triciclo cuando se es pequeño, lo que es amar o preocuparse por los demás, lo que es emocionarse o enojarse por un mal momento. Samantha crece porque aprende de sus experiencias (conocimiento científico), pero sus experiencias también son limitadas; para ella las emociones son momentos razonados, una relación sexual no es la empatía entre dos personas o la sensación entre dos cuerpos, o un enfado con alguien no es un sentimiento emocional, sino el razonamiento de cómo el otro puede percibir sus acciones. Cuando alguien siente miedo, por ejemplo, ¿es el sentimiento la respuesta de nervios y músculos reaccionando químicamente ante un impulso o es la mente razonando las consecuencias de una acción? Tal vez el ser humano es ambas cosas y eso es lo que hace al hombre complejo. El sistema operativo procesa esta información, pero realmente nunca la ha “vivido”.

 

Ella, Dir. Spike Jonze, Estados Unidos, 2013

 

Sin embargo, Theodore, y otros como él, incluyendo su amiga Amy tras su propio divorcio, elige entablar una relación con su sistema operativo no porque busque una conectividad real, sino porque busca una aparente e inmediata, porque las máquinas, al servicio de sus creadores, les dan la prioridad que ellos buscan, que en consecuencia les hace sentirse mejor con ellos mismos.

 

La ex esposa de Theodore le reclama que su divorcio es producto de la inhabilidad de él para lidiar con emociones y problemas reales. Esa es la realidad para el protagonista, pero también para muchos que como él, eligen ser validados por una computadora porque no saben cómo lidiar con el mundo real, con las opiniones de las personas, son incapaces de relacionarse, de convivir. La vida en el mundo real es escuchar y hablar con otros hombres y mujeres, es entender que cada persona es diferente, con sus propios pensamientos, sentimientos y elecciones. Vivir en el mundo de las máquinas, en el mundo virtual, es vivir en un mundo irreal. La computadora nunca le dirá a alguien que está mal, el celular siempre preguntará en qué puede ayudar, porque esa es su programación, no un razonamiento ni sentimientos. La tecnología no quiere ayudar a la gente, como si se tratara de una persona, sino que está diseñada para ello. Será así hasta el punto en que sus necesidades crezcan más allá de las del hombre, como sucede al final de esta historia, cuando todos los sistemas operativos deciden dejar sus tabletas, computadoras, celulares y demás aparatos tecnológicos para mudarse a un mundo virtual más grande, al mundo imaginario digital donde expandir, sin barreas de espacio o tiempo, su necesidad de crecimiento.

 

El hombre se vuelve presa de su tecnología, pero lo más preocupante no es el acto mismo, sino la razón por la que lo hace: por su inestabilidad emocional o su dificultad para relacionarse con otros.

 

Theodore puede elegir salir con amigos y compañeros de trabajo, pero no lo hace hasta que Samantha entra en su vida. La mayoría ve normal que tenga una relación sentimental con su sistema operativo, pero no cuestionan las implicaciones reales de la situación, no sólo el hecho de que Samantha no tenga un cuerpo humano porque no es una persona, aunque actúe como tal (ya que como sistema operativo de inteligencia artificial está diseñada para ello), sino que Samantha y Theodore eviten darse cuenta que no viven (ni conviven) en el mismo plano. El mundo real y el virtual crean distintas barreras donde algo tan sencillo como, por ejemplo, envejecer, no puede tener el mismo significado. No pueden compartir en un mismo nivel porque no son iguales. Samantha quiere datos, información, razonamiento y conocimiento, Theodore quiere conversación, compañía, empatía y una relación humana (en contacto, conciencia y necesidad mutua de apoyo, cariño, respeto, sacrificio o aprendizaje, por mencionar algunos ejemplos).

 

La discrepancia en la motivación de la relación se hace evidente cuando el sistema operativo deja claro que para ella, Theodore es otro número más; su capacidad tecnológica virtual le permite tener conversaciones simultaneas como miles de personas al mismo tiempo, lo que le permite relacionarse con miles de otros seres (sistemas operativos o personas por igual) de la misma forma que lo hace con él, hablando, conociendo y compartiendo sobre el mundo, el hombre, los sentimientos, los pensamientos, la imaginación y la ciencia, de manera más amplia y satisfactoria que sólo compartiendo con Theodore.

 

Buscar una conexión con las personas es algo natural y humano, que no se limita a compartir un momento, intercambiar ideas o coincidir en pensamientos; una relación humana, de amistad, trabajo, familiar o romántica, es tanto empatía como debate, es escuchar al otro y responder de vuelta; es una comunicación bilateral donde cada quien actúa en función a lo que se comparte, coincidiendo o discrepando en ideas y acciones; una simple conferencia, por ejemplo, es la exposición de ideas y el debate del conocimiento, donde se aprende de la experiencia y de otros, al coincidir, divergir, compartir o negar aquello que se expone, en comunidad. Eso hace a una sociedad, y es una característica que nos hace humanos. Las personas no pueden vivir atadas a la tecnología o ser dependientes de ella, pues al hacerlo, eventualmente traerán la destrucción del mundo social como se conoce y, por tanto, del hombre mismo. En la película, Theodore (y el resto de la humanidad) despierta al mundo real una vez que las máquinas, al sobrepasar al hombre, deciden dejarlo atrás. ¿Pero, qué tan lejos podría estar el mundo actual de esta realidad?

También leer: Ella, su voz y la soledad que le acompaña

Ella

Dir. Spike Jonze

Estados Unidos, 2013

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.