8 Mile: Calle de las ilusiones
Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

El hip hop es un género musical, también una subcultura, que surge en Nueva York alrededor de 1970. Entre sus elementos, dentro de la música, se encuentra el rap (Ritmo y Poesía; en inglés: Rhythm And Poetry), un estilo de rima rítmica, cuyos inicios se remontan a la década de 1980 en Estados Unidos. Nace en los barrios pobres, afroamericanos e hispanos, y sus textos en forma de monólogo, más hablados que cantados, fueron, y aún son, una forma de expresión de denuncia social según la realidad del contexto, con letras que hablan sobre conflictos como el racismo, el sexismo, la violencia o la lucha contra el sistema establecido, por mencionar algunos. Ambientada en Detroit en 1995, la película 8 Mile: Calle de las ilusiones (EUA, 2002) cuenta la historia de Jimmy, un joven de pocos recursos que trabaja en una fábrica de metales, cuya pasión y habilidad para el rap le hacen destacar, pero quien es rechazado por otros grupos dentro de su propia comunidad, por considerarlo alguien externo, o ajeno, al no ser afroamericano como ellos.
Con un guión de Scott Silver y dirigida por Curtis Hanson, la cinta está protagonizada por Eminem, Mekhi Phifer, Brittany Murphy, Kim Basinger, Anthony Mackie, Eugene Byrd y Michael Shannon. La historia está inspirada, en parte, en las experiencias del propio Eminem, abriéndose camino como cantante de rap hasta ganarse el respeto de los demás intérpretes y del público dentro de dicho escenario musical. El título de la película a su vez hace referencia a la avenida (la Milla 8), que divide la ciudad de Detroit en dos; por un lado, los barrios de la clase privilegiada (los de los ‘blancos’), y por el otro, los de aquellos con menor poder adquisitivo, afroamericanos principalmente.
James, apodado artísticamente como B-Bunny, vive en la zona con más pobreza; a falta de dinero y tras romper su relación con su novia, regresa a vivir con su madre a una caravana rodante, pero ella también tiene sus propias deudas y conflictos emocionales, y sobrevive con la esperanza de que su novio, un hombre violento pero del que depende, la ayude económicamente.
Para Jimmy, como para sus amigos, vecinos y hasta compañeros de trabajo, el rap es un medio para expresar lo que ven y viven día a día, en ese contexto social difícil, lleno de miseria y hundido en la pobreza, donde el empleo ocasional no alcanza para pagar las cuentas, las relaciones de pareja son inestables y pasajeras, porque las expectativas a futuro son pocas y la falta de oportunidades provoca que las personas sueñen anhelando una vida mejor, sobrellevando así su propio presente impregnado de carencias, pero sabiendo que es casi imposible alcanzar algo mejor, dado que no hay condiciones para que su situación social cambie.

En medio de este estilo de vida, en que la personas apenas tiene los recursos para sobrevivir al día, el rap se convierte en una vía de denuncia y crítica social, vehículo para compartir el sentir de desesperanza y la realidad decadente que permea, pero también la oportunidad para reflexionar sobre el presente, su realidad asfixiante resultado de alguna manera de una combinación entre malas decisiones, falta de valores inculcados y aprendidos, carencias de recursos económicos por desempleo o subempleo mal pagado, viviendas urbanas sin los apropiado servicios de sanidad, la inhabilidad para tomar acción más allá de la crítica destructiva y sin sentido, el estancamiento inculcado bajo ideas como el conformismo y la indiferencia y la ausencia de apoyo por parte del gobierno que prefiere dar la espalda antes que hacer algo por mejorar la infraestructura de su comunidad.
El arte, la música y la rima poética se convierten así en una forma diálogo, análisis y reflexión; y específicamente para Jimmy, de reconocimiento, realización y valoración, incluso hacia sí mismo. Triunfar como cantante le significa trascender, algo que no lograría de ninguna otra manera, no en su trabajo, su educación, su familia o cualquier otro aspecto de su vida; trascender significa la posibilidad de una mejor vida, dentro del espectro de la escala social, algo que anhela, dada la realidad de miseria que ve y vive en su cotidianeidad.

El sueño es más idílico que realista, pues se basa en la excepción a la regla; en esas historias de éxito que cree pueden reproducirse con facilidad, producto tanto de la banalidad con que se asumen y repiten, como de la falsa motivación cimentada en las promesas vacías; el clásico sueño americano de triunfar con un poco de suerte y saberes en el mundo de las oportunidades: El problema es que la “suerte” poco influye en un mundo dominado por las leyes de la mercantilización y menos puede hacer frente al caos y la incertidumbre que la dinámica del mercado impone; las “oportunidades” para este segmento de población marginalizada y empobrecida son de hecho inexistentes.
Ilusión, o esperanza de éxito que, en Jimmy, se alimenta por ideas que vienen de uno de sus vecinos, al que él cree su amigo, Wink, quien le asegura, fanfarronea al vacío más bien, que tiene contactos en la industria musical que podrían ganarle un contrato discográfico que lo lance a la fama, dado que lo considera una ‘promesa musical’. Y la pregunta importante es, ¿qué quiere realmente Jimmy; a qué aspira en la vida? ¿Es talentoso por su iniciativa observadora o es de verdad una ‘promesa musical’ con la meta de convertirse en un cantante famoso? ¿Es alguien que gusta del rap como hobby y ve en él el camino hacia el respeto y la aceptación de sus similares o sólo es alguien que repite los patrones a su alrededor, porque es la realidad cotidiana del espacio en que se desenvuelve?
Su barrio está sumido en la violencia y el desamparo, donde el abandono es el común denominador; renunciar y huir es más fácil que luchar y enfrentarse, para sobreponerse a las adversidades. La gente aspira a más de lo que realmente puede alcanzar, porque ese es su escape de la realidad, fantasioso, no concreto; así que encuentran en las pequeñas victorias un sentir de realización importante, y valido, pese a que su realidad de vida es más desdicha que fortuna, más desgracia que prosperidad; circunstancias de vida causadas en gran parte por el sistema piramidal en que viven, que está diseñado para olvidarlos, hacerlos a un lado y dejarlos a su suerte, al encontrarse al fondo de la estructura en la escala social.
Si el mundo que le rodea es así, triste y desdichado, Jimmy no tiene puntos de referencia para superarse y al final, aprende a ser así para todo: a claudicar cuando la situación se presenta adversa; a asumir la desgracia y la tragedia como la única realidad posible; a soñar con poder tenerlo todo, cuando lo cierto es que sus aspiraciones son irrealizables. ¿Qué falta entonces para ayudar al círculo social en que se vive? ¿Cómo superarse y superar las adversidades, para evitar que el entorno determine la vida y el futuro de la gente?

El miedo al fracaso es constante y fuerte; lo hace renunciar a una competencia de rap en la que creía triunfaría fácilmente, lo que deriva en que se le asocie con decepción y derrota, resultando en burlas y humillaciones. Es sólo después de varios tropiezos que Jimmy entiende que para reconstruir necesita decisión y agallas, y que para no cometer el mismo error, primero tiene que afrontar su realidad, lo cual implica también enfrentar sus miedos, su negatividad y su incapacidad para creer en sí mismo.
En la competencia final, donde tiene que probarse él mismo, para poder probar a los demás que puede, se adelanta a la humillación y al ataque del otro, riéndose y señalándose a sí mismo para evitar darle la oportunidad a su oponente de que lo haga. Sabiendo que el discurso de rima en el escenario se sirve de señalar los defectos y características del competidor de enfrente, burlándose de la realidad, con crítica sagaz y punzante, precisamente para sacar a la competencia de su zona de confort, Jimmy asume el control de la narrativa y decide ser honesto con quien es, hasta aceptarlo y entonces aprovechar para convertirlo conscientemente en una fortaleza, de forma que así el de enfrente ya no pueda usarlo como muletilla para ofenderlo o avergonzarlo.
Tropezar y caer no es fracasar, pero no afrontar la caída es obstaculizar el propio camino hacia la superación. Esto aplica para Jimmy, como cantante de rap, pero también para la sociedad que le rodea, que critica, denuncia y reprocha, pero nunca hace nada por tomar acción y hacer algo al respecto. Sin duda es más fácil señalar al otro; pues cuesta más entender qué se necesita para ser propositivo.

Jimmy sabe que la realidad del mundo en el que vive impacta en su vida, pero no tiene por qué limitarlo o prescribir su futuro. Interiorizar sus experiencias y asimilarlas, para retratar esa vida desgastada, quebrantada y rota, cual es la realidad para las personas que viven en los mismos barrios que él, es parte de la esencia y característica del rap, que tiene el potencial para proponer una reflexión catártica y crítica, pero también propositiva, si se hace con habilidad de observación y la inteligencia para reconocer la realidad tal cual es, no como se cree que es o se desearía que fuera. Superar adversidades en medio de un contexto a veces hostil y en decadencia, para evitar ser moldeado por las circunstancias, es la importante lección de vida que la historia de Jimmy proporciona al espectador.
La lucha social a través de la música, el arte, los sonidos y la palabra, que se atreven a hablar de un entorno trágico, crudo, despiadado, expresando con honestidad y sin miedo para señalar lo desagradable y triste de la desgracia humana, de la vida imperfecta o la complejidad del ser, es ejemplo de que es posible imaginar un cambio, particularmente porque el mundo alrededor se niega a hacerlo por cuenta propia.
Lo que Jimmy siempre quiso, renunciar al pasado, finalmente es aquello que lo hace más fuerte. Así que cuando decide quedarse y encontrar su propio lugar, justo donde está, no fracasa, más bien acoge quien es y, más importante, asume la responsabilidad de la decisión que ha tomado, para entonces crecer a partir de este punto. No todos lo hacen, porque es más fácil aferrarse a un ideal que aceptar la vida como es, pues implica sopesar aquello que lastima y duele, y afrontarlo para evitar que siga siendo un punto débil que hace daño; encarar en vez de huir, es algo que se puede aprender, nos dice la película, a través de la música. “Si tuvieras una posibilidad, una sola oportunidad, para alcanzar todo lo que alguna vez quisiste, en un momento, ¿lo capturarías o lo dejarías escapar?”, dice la canción ‘Lose Yourself’, tema de la película, escrito por Eminem durante la filmación, y que ganó el Oscar a mejor canción original.
8 Mile
Dir. Curtis Hanson
Trailer

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México
Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.











Los juicios por brujería en Salem, ocurridos en la región que actualmente cubre Massachusetts, en Estados Unidos, entre 1692 y 1693, fueron falsas acusaciones procesadas formalmente por la autoridad. Ese señalamiento, sin fundamentos, que pese a todo fue llevado a juicio y condenado, demuestra no sólo el despliegue del fanatismo religioso, que justificaba el castigo en el incumplimiento de las normas puritanas que se profesaban en esa época, sino también el poder de la calumnia, el rumor y el chisme, así como la forma como el gobierno puede tomar el control y pisotear las garantías individuales de las personas en nombre de un supuesto bien común, que manipula a su beneficio, no el de la comunidad.










Superación significa vencer obstáculos, pero la palabra superar también implica ser superior a alguien. Idealmente se logra demostrando mejores habilidades y/o conocimientos, no pisotear al otro para lograr sobrepasarlo. ¿Pero, cómo se llega a alcanzar tal maestría? ¿Presionando hasta lograr que la persona sea el mejor o la mejor versión de sí mismo, o dejándolo crecer hasta el punto que ella o él elijan? ¿Hay enseñanza, educación, aprendizaje e instrucción en un escenario en que se exige empujar al otro al límite, o ello conlleva invariablemente abuso, control, dominio y autoritarismo? El problema se vincula con el ejercicio de autoridad en el proceso educativo. El maestro enseña, pero también debería aprender y dirigir su enseñanza con respaldo en una capacidad argumentativa racional que fundamente y legitime su actuar, justo para evitar que sus subordinados, es decir, los alumnos, consideren sus órdenes como impositivas, irracionales, fuera de lugar.
¿Alcanzar la grandeza a toda costa, incluso si esto significa perder humanidad? Educación para llegar el éxito es un camino indispensable en la vida pero, ¿dolor y castigo con tal de ser el mejor, es correcto, lo vale? Estas son algunas de las preguntas que plantea la cinta, ganadora de tres premios Oscar (mejor mezcla de sonido, mejor edición y mejor actor de reparto, para Simmons), además de dos nominaciones más, a mejor película y guión adaptado. En el fondo, una mirada crítica al sistema educativo basado en la autoridad indiscutible de los docentes, en la competencia en las relaciones sociales entre los alumnos y en la falsa idea de que hay un solo camino para enseñar a cualquier estudiante.
¿El profesor enseña, instruye, forma o facilita? Además de que el cómo logre que el alumno encuentre su potencial, es la parte delicada, susceptible a írsele de las manos. No es con abusos ni debería ser bajo esa filosofía de ‘la letra con sangre entra’, un refrán que se refiere a la educación a través de una disciplina exigente que llega a los golpes, a la violencia física, porque la violencia no instruye valores, empatía y ética, sino todo lo contrario. ¿De quién ‘aprende’ más el estudiante, o qué experiencia le hace mejor, aquella en la cual el profesor le condona los errores o aquella en que el profesor se asegura que el alumno no vuelva a cometer ese error? El ideal es el balance. No es dar palmadas compasivas en la espalda para evitar el dolor de la caída, pero tampoco es golpear, metafórica y literalmente hablando, por el error cometido. No es que el profesor infunda tanto miedo en el estudiante como para obligarlo a no volver a cometer una falta, para tampoco es hacer como que ‘no pasa nada’. Es, en todo caso, instruirle en qué se equivocó y en cómo mejorar y cambiar para ser mejor.
Consigue la posición como baterista principal por un error (la partitura del titular se pierde y como él se sabe la melodía de memoria, puede tomar el asiento principal durante una competencia musical) y luego se aferra a su posición creyendo que ha alcanzado el respeto de sus similares. Pero si alcanzar el éxito implica ser el mejor, y a los ojos de Fletcher es imposible ser el mejor, siempre habrá una prueba más arriba de la última prueba. Fletcher llama entonces a otro suplente, para presionar a Andrew a seguir ‘probando su valía’. No importa entonces cuánto se esfuerce y trabaje, sufra y se sacrifique, nunca será lo que el otro quiere que sea. Andrew y los otros no entienden que lo importante no es complacer a su profesor, sino estar contentos con ellos mismos, satisfechos de su propio desempeño. ¿Pero qué significa estar contentos con ellos mismos, como músicos?Parece que no lo saben o no se atreven a preguntárselo, porque la figura de autoridad frente a ellos es tan imponente, que la sombra (el castigo, la crítica y el control) pesa en sus hombros.
¿Cuántos ‘Fletchers’ no hay en la vida de las personas? Sin duda muchos, más de los que se pudiera desear, quizá no igual de abusivos, prepotentes, controladores y crueles, pero sí simbólicamente hablando. Superarse a sí mismo requiere esfuerzos, pero no bajo órdenes sin límites, que llevan a la persona a ser ‘el mejor’, según los estándares de alguien más. ¿Cómo poner y ponerse límites? Para Andrew sucede cuando se ve envuelto en un accidente automovilístico y antes de preocuparse por su bienestar, corre al escenario preocupado por la aceptación y reconocimiento de sus similares en la música. Para otro estudiante, ese límite llega al extremo cuando, derrumbado por la crítica no constructiva, sino hiriente, su estado de angustia y ansiedad lo lleva a la depresión y eventualmente al suicidio.
Evolución es transformación continua. Especies que cambian conforme pasa el tiempo, según lo define el naturalista inglés Charles Darwin (1809 – 1882), quien añade que la selección natural es parte vital de ese proceso de adaptación. Se trata entonces de la forma natural (o curso lógico) como las diferentes especies cambian, crecen, se van modificando y van dando paso a nuevas.
La cinta, protagonizada por Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum, Richard Attenborough, Bob Peck, Martin Ferrero, Samuel L. Jackson, Wayne Knight, Joseph Mazzello y Ariana Richards, trata de un empresario que quiere, a solicitud de los inversionistas de su proyecto, el aval de un grupo de expertos en diferentes ramas de la ciencia para un parque de atracciones caracterizado por la presencia de dinosaurios, cuyo ADN ha sido mutado genéticamente y luego clonado. Mientras la aventura y el relato de supervivencia y acción crece por una serie de errores humanos que provocan que los dinosaurios puedan salir de sus jaulas y atacar, empujando a los visitantes a huir para salvarse, el planteamiento trae consigo más que secuencias fantásticas y una revolución tecnológica, sobre todo para su época, en el terreno de los efectos visuales, pues también plantea preguntas importantes sobre temas como la evolución, la experimentación científica y genética y sus peligros, la ambición corporativa y las consecuencias de los imprevistos de la vida, la incertidumbre, y la mala planeación o preparación para afrontarlos.
El personal de los laboratorios de este parque espera tener el control de la situación porque ha mantenido todo bajo la lupa de sus microscopios, pero ese control nunca es posible de alcanzar al cien por ciento porque no pueden esperar que animales que no conocen actúen de la forma como ellos quieren que actúen, en lugar de la que su instinto natural les dicta. No prevén tampoco que la modificación genética que han hecho al ADN cambie de una forma u otra al dinosaurio en sí. Éste caza, depreda, destruye y no puede ser contenido por un grupo de humanos que no conocen lo que significa la dimensión de un ecosistema antiguo y extinto, traído a la actualidad. Subestimarlo es subestimar a la evolución misma y a la naturaleza como fuerza incontrolable que se rige bajo sus propias reglas. “No es posible reprimir un instinto primitivo que tiene 65 millones de años”, dice uno de los paleontólogos, cuando se dan cuenta que el Tiranosaurio Rex no hace caso a la cabra que los cuidadores le presentan como alimento en medio de su jaula. El tiranosaurio no quiere comer, quiere cazar.
La reflexión es importante porque cuestiona la falta de ética, pero al mismo tiempo analiza cómo estas personas se escudan en un estandarte de aparente progreso, con fines mucho más allá que el del mero avance científico. El progreso como estímulo y meta del quehacer humano que con tanto optimismo han proclamado los defensores de la industrialización a ultranza, de la urbanización como mejor forma de vida y del saber de expertos como la palabra definitiva para hacer las cosas, sin ponerse a considerar el aspecto humano, solidario y de interés colectivo que el bienestar social también exige. El sabotaje de las instalaciones, por ejemplo, es producto de un acto de venganza de uno de los trabajadores, que ha encontrado a quien vender la información genética que hace posible el proyecto, en un intento también de la competencia (corporativa y del capital), por no quedarse rezagados. Su traición satisface su ego y el robo llena esa satisfacción, mientras la venganza, hacer que los sistemas operativos colapsen, no es más que ese sentimiento traducido en una necesidad de llenar su ambición y perjudicar al otro. En suma, valora el progreso en términos de su bienestar personal, igual que lo hace el empresario que desarrolla el proyecto del parque de diversiones, o los científicos que sienten que dominan a la evolución natural.
“Nunca ha tenido el control. Esa es la ilusión”, le reclama una de las personas invitadas como observadores al visionario creador del parque, con respecto a cómo el proyecto no es más que un espejismo, nunca realmente tangible, real o posible. Él, el empresario, explica que de niño tenía un circo de pulgas, que en realidad no tenía pulgas, sólo juegos que se movían mecánicamente. La gente, sin embargo, parecía convencida de ver a los animales. Por tanto, él espera esa misma reacción, ese mismo asombro de parte de los asistentes al parque, pero esta vez a partir de algo real, dinosaurios que están ahí, no que la gente se imagina que están ahí. En este caso su sueño es más grande que él, porque es un imposible, algo que, como le dicen, nunca estuvo realmente en sus manos para poder presentárselo al mundo.
No es que todo contenido en medios audiovisuales, desde películas hasta publicidad, o el material compartido por usuarios personales o empresas en las plataformas por internet, sea así (aunque sí la mayoría) ,es sólo que la fuerte influencia que éstos espacios tienen en el modelo sociocultural, los vuelve herramienta clave en los procesos de manipulación y control.
Pese a que primero duda de lo que este grupo proclama, John descubre que tienen razón y que la sociedad está siendo dominada, sometida y de alguna forma amaestrada y condicionada, por medio de mensajes codificados y espacios publicitarios controlados por nada menos que alienígenas, mensajes encubiertos que incitan a la población, entre otras cosas, a comprar, consumir, obedecer, mirar la televisión, aceptar el estatus quo y dejar de pensar por sí mismos. La intención evidente es promover el consumo, asumir una actitud conformista y de pasividad extrema ante la vida, bloqueando así la posibilidad de crítica, todo ello mediante la repetición sistemática de consignas que están contenidas en forma subliminal en la publicidad emitida.
Esta idea lleva al segundo pilar importante de esta ideología de control. Comprar, consumir, distraerse, dejar de pensar y seguir por inercia aquello que se le dice a la gente. Las personas, que miran los comerciales que venden productos que no necesitan y que promueven ideas no realistas pero a las que la gente aspira, que festejan y valoran los bienes materiales como la riqueza, la fama y la moda novedosa pero insustancial, son moldeadas bajo ideales prestablecidos, pensados precisamente para mantener a las personas cautivas. Un proceso de ‘aniquilación de la conciencia’, dice la película.
Los aliens ven a la Tierra como un planeta del ‘tercer mundo’ al que explotar hasta destruir, y luego, pasar al siguiente lugar al que puedan aniquilar, plantea la historia. Una especie de colonialismo interplanetario. El eco en general es amplio pero específico, la gente con o en el poder, empresarios, gobernantes o quienes sean, que moldean por medio de manipulación a la sociedad para que no se dé cuenta de su explotación, hasta que no haya nada más que sacar de ellos, y se proceda hacia un siguiente objetivo. “¿Por qué veneramos la avaricia?”, pregunta uno de los personajes, expresando un sentimiento de duda que no todos poseen porque viven enajenados, aceptando la avaricia como algo natural.
















