En 1985 cuando el maestro murió en Los Ángeles, California, con él se anidaban en el misterio diversas producciones que aguardaban una conclusión indefinida. Es entonces que la realización de “Alotro lado del viento”, se convirtió en todo un suceso, desde su inicio a principios de la década de los años setenta, hasta su conclusión final, o al menos así considerada por los allegados al proyecto, cuatro décadas después. “Al otro lado del viento” fue estrenada el pasado otoño, con reacciones en su mayoría positivas, un festín visual que intercala el asombro, la nostalgia, la sensualidad y el atrevimiento de un director en su testamento fílmico.
Uno de los mejores directores de la historia, para muchos el mejor, estrenada a más de treinta años de su muerte, su obra póstuma, al menos, la última cinta que filmó y la más reciente en ser concluida y restaurada desde sus negativos. El estreno ha generado en la previa gran expectación, y las escuelas de cine del mundo entero dispusieron atestiguar el auténtico acontecimiento que significa contemplar una película vestida por el anhelo, la ilusión y la magia del cine que presenta esas realidades alternas que no sabemos si son realidad o fantasía.
Dos historias, dos planos narrativos, dos intenciones, dos secuencias paralelas, dos destinos, dos resoluciones vertidas en la dualidad del otro lado del viento, ¿es posible que el viento tenga dos lados? O será que acaso el viento separa el espacio en dos dimensiones distintas, Orson Welles enhebra su última película con una extraordinaria yuxtaposición de imágenes que narran el último día en la vida de un director del cine que ante la muerte, presenta la inminente relación de su obra y personajes. Por una parte observamos la jornada del director que agónico atestigua el estreno de su cinta, un aspirante a director que le confiere la admiración y el espejo a reflejo de su arte, y una trama que en pantalla muestra la seducción de una pareja que se vierte con la sensualidad, el deseo y la humedad de cuerpos sugerentes y escenas cargadas de erotismo y vacuidad.
Protagonizada por el legendario John Huston, y por la entonces sensación cinematográfica Peter Bogdanovich, “El otro lado del viento” muestra en su personaje central femenino, a la escultural Oja Kodar, quien además de modelo y actriz, guardaba una estrecha relación con el director. Huston, consagrado director asume su papel con total sobriedad, lo vive, es parte de su historia, Bogdanovich de igual forma, encarna a la perfección, al crítico ensayista que logra tras el lente consolidarse como director, mientras Kodar ofrece una fuerza de impactante energía sexual que rebasa el tenor tradicional de las cintas de Welles.
Una suerte de redención cinematográfica, prosigue con giros visuales y vaivenes estéticos que no dan respiro al espectador, y que, sin agotarlo, aún le permiten experimentar la contemplación como acuse artístico del director. El resultado es una interesante propuesta cinematográfica que conjuga escenas capturadas, ideas y proyectadas por su autor durante cinco años de filmación y otros más en el proceso de edición y re-edición, que no concluyeron con su muerte sino ahondaron el trabajo de quienes participaron como el propio Bogdanovich o Kodar, así como de Beatrice Welles, hija del director, quienes aún entre la bruma del conflicto y el recelo familiar y profesional, dieron a bien la conclusión de esta cinta peculiar.
El viento como significado, la dualidad como integrador de su fugacidad, y el legado como un vínculo entre artista y su obra, pareciera ser un testamento fílmico de auto referencia o identificación, que brindan una posible autoafirmación del director sobre su propia personalidad afable en lo social y reticente, obsesiva y perfeccionista tras la lente y al frente de las cámaras que consolidaron su arte y su legado. “Al otro lado del viento” se presenta como una promesa, aquella que se anida en vincular dos intenciones, dos realidades, dos encuentros.
Cuatro décadas de preparación, y más de 30 años de hiato, convirtieron “Al otro lado del viento” en un clásico instantáneo, una película testamento que no la última que podríamos ver del cineasta que dejó tantos proyectos abiertos como puntos suspensivos, una invitación constante como legado de uno de los más grandes cineastas de la historia.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
En una entrevista de 2012 con la revista Wired, Brit Marling platicaba sobre los conceptos de fe y ciencia que se abordan en la película Sound of my Voice, que co-escrbió y co-protagonizó, y cuya trama trata de dos cineastas que investigan un culto que venera a una mujer que dice venir del futuro. Entonces Marling dijo: “Lo extraño de la ciencia ficción es que lo que consideramos ciencia siempre está siendo revisado. La ciencia es nuestra mejor estimación de lo que está sucediendo en este momento, pero no hay duda de que la percepción humana es bastante limitada. Muchas cosas que comenzaron como ciencia ficción ahora son ciencia. Ideas salvajes de escritores de ficción de los años 70 sobre lo que la tecnología podría hacer, que ahora existe. Entonces, ¿es posible viajar en el tiempo? Tal vez. Me gusta pensar que podría ser. Ciertamente fue un ejercicio divertido para nosotros soñar despiertos acerca de cómo sería si realmente hubiera un viajero en el tiempo en el sentido práctico, cosas como el ‘jet lag’ (descompensación horaria) de viajes en el tiempo”.
La ciencia no es sólo un imaginativo de suposiciones basadas en fundamentos científicos, sino que la propia ciencia se atreve a experimentar precisamente porque esos imaginarios existen en primer lugar. La yuxtaposición espiritualidad-conocimiento vuelve a tomar centro en otro de los proyectos co-protagonizados de Marling, la película I,Origins (EUA, 2014), escrita y dirigida por Mike Cahill y que cuenta también con las actuaciones de Michael Pitt, Àstrid Bergès-Frisbey, Steven Yeun y Archie Panjabi.
La historia relata los trabajos de un biólogo molecular, Ian Gray, quien junto a una estudiante de su laboratorio, Karen, realiza investigaciones para demostrar científicamente el proceso de evolución del ojo, desacreditando así toda noción religiosa o supersticiosa de la creación del universo, los seres vivos y el hombre en sí. Ian entonces conoce a Sofi, una joven con un patrón de ojos muy peculiar y quien profesa una filosofía de vida sustentada en la espiritualidad. Una vez que Karen e Ian demuestran su teoría, Sofi muere. Años más tarde los científicos se topan con que existen estudios basados en el escaneo del iris para crear una base de datos que ayude a intentan determinar si existe alguna relación, física, genética o psíquica, entre dos personas con el mismo patrón de ojos, una nacida tras la muerte del otro.
Cuando el sistema arroja que existen unos ojos idénticos a los de Sofi, Karen e Ian se deciden investigar para profundizar en la teoría, poniendo el debate sobre la mesa: ¿es la reencarnación algo posible?
La pregunta más importante relacionado con esto y que la película expone hacia su recta final, llega cuando alguien cuestiona a Ian, escéptico de cualquier creencia no sustentada en hechos comprobables, respecto al motivo por el que las personas creen en algo y lo aceptan, muchas veces, solamente una vez que puede ser comprobado. ¿Qué harías si algo científico refutara tus creencias religiosas? ¿Qué harías si algo espiritual refutara tus creencias científicas?
Las preguntas ponen a Ian en un predicamento, porque para él, los hechos son argumentos que aclaran dudas, desenmascaran verdades escondidas y responden preguntas. Sin embargo, en este caso, no sólo se acerca al tema como científico, sino también como un humano sensible a las emociones. Y entonces debe preguntarse si es que ‘quiere creer’ que Sofi pueda vivir, o haber reencarnado, en esta niña que encuentran en India y que tiene la misma edad que los años que han pasado desde la muerte de Sofi.
Los ojos, le cuenta su novia repetidamente mientras estaban juntos, son aceptados por muchas culturas como ‘la ventana del alma’, porque son únicos, porque expresan ideas, emociones, pensamientos y sentimientos. Si bien la frase en más poética que científica, esto tiene, no obstante, una explicación que Karen e Ian exponen: no existen en el mundo dos patrones de ojos idénticos, como no existen dos personas físicamente iguale ni tampoco huellas dactilares gemelas. La imposibilidad de que haya dos ojos espejo puede significar, uno, un error en el sistema, o dos, la prueba de que en efecto lo que parecía imposible resulte no serlo después de todo. La importante realmente entonces es: ¿la gente está predispuesta a creer en la segunda opción para ratificar, de alguna forma, aquellas creencias espirituales a las que se aferra?
En más de una ocasión la película plantea cómo el debate religión y ciencia puede chocar o coincidir repetidamente. Suposiciones frente a hechos que no se contradicen si sirven para un mismo propósito, que puede ser tanto encontrar la verdad como encontrar la verdad que sirva a cada persona, no a conveniencia, sino para su desarrollo y bienestar. Sofi no hiere a nadie creyendo en un mundo conectado, donde las cosas existen porque tienen que existir y los rezos son formas como las personas lidian con sus problemas. Cuando ella descubre que Karen e Ian experimentan para ‘dar’ ojos a unos gusanos que no los tienen, ella le pregunta a él si no consideró que el animal fue creado así por una razón, y se puede hablar de propósito y función como se puede hablar de evolución y adaptación. Ningún razonamiento es incorrecto, Sofi lo entiende como una armonía de la naturaleza, mientras que Karen e Ian quieren entender el mundo desde una base del conocimiento y comprobar que los ojos son otra prueba de la evolución, refutando en el proceso muchas creencias religiosas de que fueron ‘creados’ por una divinidad.
“Buscar y no encontrar también es progreso”, dice Karen en un punto de la historia y es que todo camino que lleva a un descubrimiento está plagado de conjeturas que sólo se aterrizan una vez que se investigan. Llegar hasta esa meta implica tropiezos, porque sólo así se abrirá el camino y desecharán conceptos equivocados. Aseveraciones sólo alcanzadas una vez que son comprobadas, porque la ciencia es exacta. Qué es un hecho o una prueba sino verdades comprobadas. ¿Por qué es tan importante comprobar algo? ¿La gente realmente sólo cree en aquello que ha sido constatado después de una exhaustiva examinación?
I, Origins | Dir. Mike Cahill | Estados Unidos, 2014
Ian hace una serie de preguntas a Salomina, la niña con los ojos idénticos a Sofi, pidiéndole identificar la imagen que más le atraiga entre tres diferentes opciones, una de ellas que está relacionada de alguna manera con aspectos de la vida de la chica, quién era, en lo que creía o los lugares y personas que frecuentaba. La información que Karen e Ian obtienen no está sustentada ni en datos o estadísticas, pues son preguntas de contenido con respuestas de una niña ante preguntas subjetivas. El porcentaje final no sostiene la tesis, pero más allá, los científicos y el espectador deben considerar los elementos o variables que entran en juego y que son capaces de modificar la prueba, específicamente que Ian, que encuentra a la niña recién huérfana en la calle, la lleva a su hotel y le da de comer su alimento favorito.
Esto influye inevitablemente en las respuestas de la pequeña. ¿Responde lo que piensa y siente o responde lo que cree que Ian quiere escuchar, en un intento por complacerlo sabiendo que ha sido amable con ella? Y al final, lo más interesante es que el científico, a pesar que el porcentaje de la prueba ‘demuestra’ que sus conjeturas no son comprobables, y por tanto esa idea que se habían hecho de la posibilidad de reencarnación no es justificable, parece querer creer a pesar de todo, en especial una vez que la niña comienza a llorar antes de subirse a un elevador, que es donde Sofi murió.
El científico dentro de Ian sabe que no es posible que haya una relación entre Sofi y Salomina, y que de alguna forma el porcentaje obtenido de la encuesta que le acaba de hacer lo demuestra, sin embargo, sus emociones y sentimientos le hacen querer creer, o aceptar la posibilidad de que pueda ser verdad. Tal vez para sentirse mejor, tal vez para abrir su mente hacia algo que tampoco ha sido comprobado como imposible.
También es importante darse cuenta que un estudio de este tipo se necesitan más sustentos que lo validen, específicamente de manera científica; observación y análisis, no sólo observación. Las respuestas correctas o incorrectas de la niña pueden deberse a muchos factores, pero además, ¿bajo qué parámetros se realizan las preguntas y sus opciones de respuesta? ¿Cómo es que dos ojos idénticos, o suficientemente similares, pueden comprobar que dos mentes estén conectadas? El análisis del iris puede relacionar dos patrones de ojos que parecen iguales pero esto no es prueba de que dos mentes sean también la misma, o que los recuerdos de una persona terminen en otra, porque ¿cómo podrían viajar los recuerdos de alguien a otra persona a través de los ojos? Sólo intentar responderlo implica ‘creer’ en conceptos como el alma o la esencia del ser, ideas estrictamente más espirituales que científicas.
Coincidencias o análisis, suerte o decisión; las personas se apoyan en ellos según lo necesitan. Más que contraponer creencias, hay que entender que el choque de opiniones o el idealismo no son limitantes o debilidades, sino puertas hacia la superación. Es decir, analizar, probar, comprobar y debatir es parte de la ciencia, si bien el cuestionamiento también debería ser parte de cualquier creencia apegada la espiritualidad o el misticismo, y no porque puedan convertirse en ciencia, al contrario, porque más importante que aferrase a algo es atreverse a discutirlo y debatirlo, contradecirlo para entonces comenzar a buscar nuevas respuestas.
Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’
Maestro del discernimiento y de la ambigüedad, de la ética y la moral, de la rebeldía y el heroísmo, de la lealtad y el apego, de la vida y la muerte, del letargo y la esperanza, Akira Kurosawa exploró los rincones de la condición humana desde la dicotomía, la confusión y la identidad, el destierro y el arraigo, el debate y la confrontación de la interioridad. Sus películas, situadas en distintas etapas históricas y en distantes emociones generacionales, Kurosawa amalgamó las reacciones del ser humano ante su circunstancia, fuese en el Japón feudal, en el Japón del Siglo XIX o en Japón de la posguerra, fuese en el entorno rural o urbano, el maestro definió un estilo narrativo que permeó las interpretaciones de sus actores.
La estructura dinámica de sus guiones, el despliegue artesanal de sus secuencias, los tintes majestuosos de instrumentos técnicos y los imaginarios creativos que acompañaron su música a un instrumento, su colorida cinematografía y una edición pertinaz, que lograron genuinas epifanías cinematográficas. Pocos directores han logrado influenciar una auténtica escuela de realizadores, John Sturges, Sam Peckinpah, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, George Lucas, Peter Jackson, Richard Donner, Antoine Fuqua, Sergio Leone, Quentin Tarantino entre otros, avocaron referenciar e inspirar algunos de sus trabajos en el realizar japonés.
La fuerza de la naturaleza mediante la lluvia, el viento, el fuego, el agua y el aire, o la fuerza del temperamento y el carácter desde la calma contemplativa hasta la ira y la locura, rebosan los planos, ángulos y tomas a varias cámaras que caracterizaron su quehacer fílmico. Kurosawa recurría a la decisión como un fin y a los escenarios como un horizonte de perspectivas, el destino como determinación, la rebeldía como una suerte de liberación del albedrío, y las posibilidades duales del fallo a decreto del personaje, y a la consideración última del público, cobardía o valentía, villanía o heroísmo, prisión o libertad.
La posibilidad de la redención ante el crimen o el arrepentimiento ante una acción, procela el perdón a la culpa y la compasión piadosa del doliente, la indulgencia está presente como un antídoto al indolente devenir de la realidad, aún sea la trama una fantasía. El realismo social logra desde el misticismo hacer una crítica puntillosa y un manifiesto de preocupaciones ante el sufrimiento acaecido en la guerra, y el mundo dividido por la posguerra. Sus lienzos fílmicos poseen la cualidad de los cuadros estáticos en cuyo interior suceden los movimientos dinámicos del sujeto, no hay objetos en Kurosawa porque todo vive en sus películas, con un pródigo sentido animista de todo aquello que reside su escenario.
En Cinescopio celebramos la trayectoria del maestro japonés apuntando los dejos de una filmografía espléndida, llena de matices coloridos en su narrativa, vertida al blanco y negro de su ambigüedad, y a la profundidad de sus personajes. Kurosawa explora, la identidad, el honor, la cobardía, la inocencia, la valentía y el arrojo que denota la alteridad entre personaje y destino. El viaje del héroe que denota la base sustancial del mito poético, se plasma con los tintes particulares que firman sus lienzos. La genialidad narrativa de “Rashomon” 1950 con toda su dualidad contemplativa, la gallardía justiciera de “Los Siete Samurái” 1954 y la búsqueda de sentido en “Ikiru” 1952 por citar algunos ejemplos.
El prejuicio y la posterior inculpación por escrúpulo, termina siendo una fuerza de animosa sinergia que resulta una delirante mirada a la búsqueda como sentido del porvenir, de la empatía como una opción ante la duda, y la complicidad como el gesto compasivo de la alianza. Toshiro Mifune encabeza el histrionismo del maestro con una cátedra tutelar en cada cinta, sumando su particular empatía, atracción y carisma, al tinte coral de un reparto que logra la audiencia se vea inmersa en su indagación sin cavilar la duda como el sello permanente de su relación, mientras afianzan a las consecuencias sus causas. En Kurosawa la teoría de juegos presenta una tabla de actores, circunstancias y posibilidades, que consiguen en la audiencia, apelar a la resolución desde distintas aristas -el deber ser-deber hacer- la lógica no tiene cabida y la ética enfrenta la neblina de la decisión. “Los Siete Samurái” por citar una de sus obras maestras, es una historia de justicia orientada en la redención del forajido, que remembra las andanzas caballerescas y los románticos cantares medievales, donde la amistad que alía ideales y motivos, la venganza como una suerte de revancha solícita, el ímpetu individual que converge la comunitaria demanda de protección, y un fuerte sentido de pertenencia, definen el concepto creativo que inspiró distintas versiones y secuencias a posteriori en el cine universal, e tema de fondo en esta obra monumental, es sin duda la emancipación, y lo aborda desde la libertad como anhelo, la ética solidaria con el ímpetu revulsivo de la solidaridad y el estandarte del heroísmo.
“Trono de Sangre” su aproximación hacia la obra de William Shakespeare, libre adaptación del clásico “Macbeth”; “Ran” una de las más bellas cintas jamás fotografiadas, con un vestuario pletórico de colores y detalles cotejados por una fiel investigación histórica; “Yojimbo”, que hace referencia al contexto histórico en franca relación, por una parte con la percepción social del periódico histórico que explora, como de la cosmovisión social de su tiempo, o la misma Ikiru, “Vivir” quizá la película más humana de la filmografía de Akira Kurosawa, son una muestra poética de profunda introspección desde la desilusión y el desamparo, y a su vez, un canto esperanzador hacia la vida desde los apegos más íntimos.
Kurosawa presenta un razonamiento de abandono cuando el personaje ha perdido a su pareja y su hijo, no tiene deferencia alguna hacia él pues no tiene cabida en el pensamiento más que la directriz del egoísmo. El director encuentra el sentido de la vida en el apego más próximo, el de uno mismo hacia el otro y del otro hacia uno mismo, la alteridad que atiende experimentar desde los sentidos y aprehender la existencia desde el sentimiento. “El Ángel Ebrio” y la obra de arte “Rashomon” conforman la estructura de relatos que aprovecha el quit moral de su trama, para expresar el sentir de una derrota y las versiones diversas que se suscitan ante los acontecimientos de una guerra que destruyó cimientos anímicos y reconstruyó al mismo tiempo los frisos de la consciencia nacional desde su revisionismo. En “Rashomon” la trama es contada desde la perspectiva de diversas voces que suman el caudal orfeón que advierte dilucidar la realidad al punto de vista y la verdad a la intuición, cada personaje tiene en su relato la culpa, la inocencia o la omisión, y cada uno a su modo, relata las versiones particulares que se vierten como un horizonte de sucesos inacabados pero conexos en los hechos.
Kurosawa, presenta planos secuenciales que desafían la línea narrativa desde la reinvención del relato mismo, el orden y el caos de la historia, adquiere distintos números al índice de la película, el público puede ordenar y desordenar los episodios y aun así no llegar a la verdad, quizá, porque cada versión tiene una parte de mentira y una parte de verdad, quizá porque la confusión se deja al espectador como el resultado de la guerra misma, donde se escribe desde el punto de vista del vencedor sobre el vencido, o del impune sobre el proscrito.
Ganador del León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, del Globo de Oro, y del Premio Óscar entre otros, Kurosawa cimbró la segunda mitad del siglo XX, con un viso extraordinario al cine universal, que aunado a Ozu y Mosoguchi por citar algunos realizadores, sentó las bases de la heredad del cine japonés en el mundo.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Llega la noche y se están poniendo de acuerdo qué película ver, y cuando sugieren de terror, resulta que a veces la persona que está contigo no se anima a verla, o bien, ¡tú eres esa persona! Por eso, en esta ocasión, la recomendación es sobre Películas de terror “diferentes”. No, la verdad es que no te vas a asustar con varias de ellas, pero si pasarás un buen rato. El punto es que el contenido de estas cintas toca temas sobrenaturales o de diferentes miedos del ser humano. O bien, tienen que ver con lo macabro y si bien no asustan, es divertido y entran dentro del tópico. ¡Comenzamos!
Donnie Darko, 2001 | Dirección: Richard Kelly
Protagonista: Jake
Gyllenhaall
Esta película está ambientada en octubre de 1988, y aunque
es difícil de entender, tiene excelentes tintes de suspenso. Además es ya una
cinta de culto.
Juan of The Dead, 2011 | Dirección: Alejandro Brugués
Protagonista: Alexis
Díaz de Villegas
Si algo nos caracteriza a los latinoamericanos, es que somos
capaces de reírnos de nosotros mismos. Y esta cinta cubana lo demuestra por
completo satirizando las películas de zombis con un excelente humor negro que
te hará pasar un gran rato
Boogeyman: el nombre del miedo, 2005 | Dirección: Stephen T. Kay
Protagonista: Barry
Watson.
Esta cinta neo zelandesa aborda el tema de los temores en el
ser humano provenientes desde la infancia. Tiene grandes ambientaciones
tenebrosas y el final te hará irte a la cama con mucho valor…
Le Temes a la Oscuridad, 2000 | Película: 3 Capítulos de la Séptima temporada
Y bueno, en este caso se trata de revivir nuestra etapa de
chavos, se vale también en estas fechas. Obvio ya no nos asustamos con estas
historias, pero la nostalgia de los buenos recuerdos nadie nos la quita.
Gracias a Youtube, podemos recurrir a la película de esta serie canadiense para
adolescentes de la década de 1990 que tantos buenos y escalofriantes ratos nos
hizo pasar.
Los Parecidos, 2015 | Dirección: Isaac Ezban
Protagonistas:
Cassandra Ciangherotti y Humberto Busto.
El cineasta mexicano Isaac Ezban ha hecho cintas que rayan
en lo raro, por lo que esta historia con un suspenso y un misterio absurdos con
toques de humor negro y una trama por demás extraña es una buena combinación
para ver en la noche.
La Serpiente y el Arcoíris, 1988 | Dirección: Wes Craven
Hollywood nos tiene acostumbrados a cierto tipo de zombis, pero recordemos que son de Haití, y es en este país en donde se ubica la historia por lo que verán zombies diferentes y digamos, más reales. Aquí hablamos de una cinta de los ochentas que nos permite volver apreciar el estilo de terror de aquella época.
Apollo 18, 2011 | Dirección: Gonzalo López Gallego
Protagonista: Warren
Christie.
No solo existe el terror al sobrenatural, también lo hay a
lo desconocido. Esta cinta contada a manera de falso documental, maneja un
terror psicológico narrando una expedición a la luna y los atemorizantes hallazgos
que enfrentan a los seres humanos. Para asustarse hay más de un método.
Esta cinta nos narra la historia de un fotógrafo que al
visitar un pueblo por razones de trabajo, descubre fenómenos paranormales en
sus fotografías y grabaciones.
Montando la bala, 2004 | Dirección: Mick Garris
Protagonistas:
Jonathan Jackson y David Arquette
Basada en un cuento del reconocido escritor de terror
Stephen King. Esta historia además de tintes sobrenaturales reflexiona sobre el
valor de tomar riesgos a pesar de todo, pues no siempre lo que tememos sucederá,
así como que la vida es como una montaña rusa: aunque vayamos en bajada súbita
hay que alzar los brazos y disfrutarla.
Fantasmaníacos, 2016 | Dirección: Brendan Mertens
Hay películas que pasan a formar parte de la cultura popular
y Los Cazafantasmas sin duda es una de ellas. Este documental explora el afecto
de los fans por esta historia y todo lo que engloba. Te hará pasar un buen
rato.
La Muerte de Freddy: La pesadilla final, 1991 | Dirección: Rachel Talalay
Protagonistas: Robert
Englund y Lisa Zane.
Ok, Freddy ya no espanta a nadie, pero esta versión que fue
la última que se grabó en su momento sobre la saga, la recomendamos solo por
una razón: Cuando decidan qué película ver, pueden decirle a alguien “¡Hey¡
¿Sabes en qué película salió Alice Cooper actuando?”
El Orfanato, 2007 | Dirección: Juan Antonio Bayona
Protagonista: Belén
Rueda.
Hay grandes cintas de terror en español. Esta cinta
proveniente de la madre patria y producida, entre otros, por Guillermo del Toro
es bastante buena y como se caracterizan algunas de las historias que produce,
no solo entra en lo terrorífico, sino que presenta personajes con toques muy
humanos y por lo mismo con finales que dejan un sabor diferente.
Es así como llegamos al final de esta recomendación. Escojan la que más les atraiga y apaguen la luz… o préndanla, ¡para ver que no se les caigan las palomitas! ¡Hasta la próxima!
Publicista de formación académica. Ha participado desde hace algunos años en varios proyectos en el mundo de la Producción audiovisual, desarrollando funciones de Storytelling y Post-producción, entre otras. Cinéfilo por convicción, disfruta de las buenas historias y charlar sobre cine.
Si bien la crítica puede definirse como un comentario negativo, la ‘crítica social’ en realidad es un concepto que se refiere a un juicio de análisis, un comentario que señala aquello en lo que la comunidad puede trabajar para mejorar en su desarrollo social.
Se trata de recalcar o enfatizar, pero no
descalificando sino haciendo notar los puntos en los que el hombre flaquea,
como comunidad, para invitarle a cambiar fallas, erradicarlas, evitar que sigan
creciendo o se conviertan en un obstáculo para el crecimiento evolutivo.
Tiempos Modernos (EUA, 1936) es una película de comedia y crítica social. Escrita, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin, con Paulette Goddard coprotagonizando en pantalla. La historia sigue la vida de Charlot, el personaje más famoso de Chaplin, adaptándose a un mundo en constante cambio que pasa en esos momentos por la industrialización y la mecanización de los sistemas, provocando, en consecuencia, desempleo, pobreza y explotación, como una reacción en cadena que proviene de un modelo capitalista que da oportunidades a algunos y promueve la acumulación de la riqueza entre los sectores de población dueños de los medios de producción en detrimento del nivel de vida la mayoría.
La película, que inicia con el protagonista
trabajando en una fábrica, haciendo ahí una única tarea, atorar tuercas,
representa con ello, de forma exagerada y cómica, la mecanización del trabajo
y, en consecuencia, la mecanización también del hombre. Las fábricas, como la
de la historia, que se centran en la producción en cadena, crean una dinámica
tan automatizada que terminan preocupándose más por la producción de mercancías
que por el hombre mismo, que es quien la hace posible, el que la consume a fin
de cuentas, llámese un auto, un refrigerador o una lata de refresco, por
mencionar ejemplos.
Cuando Charlot se convierte en sujeto de prueba para
demostrar la utilidad de una máquina que pretende usarse para suprimir la hora
del almuerzo, para que el trabajador siga con su labor mientras come (un
invento presentado al dueño con la promesa de que su uso lo pondrá por encima
de sus competidores, porque mientras más trabajen sus empleados y menos
descansen, más se produce en la fábrica), la historia realiza una demostración
de cómo la principal preocupación del sistema es la productividad, no las
condiciones que hacen posible esa productividad, tanto con la gradual
mecanización de los sistemas como, incluso, en la explotación del trabajador, a
quien, en este escenario, se le priva de sus derechos, su dignidad y su
humanidad. Proceso de funcionamiento en que descansa el conjunto del sistema
capitalista basado en la propiedad privada.
El panorama que se presenta también permite abordar
temas como la forma en que esta dinámica causa una alienación que lleva al
hombre a perder su propia identidad, individualidad y cordura. Chaplin no sólo
se ríe de la mecanización y de la producción en serie, con un Charlot que sigue
apretando tuercas incluso fuera de la fábrica, porque su cuerpo y su mente ya
se han sometido a una rutina mecánica que le impide razonar, sino que recalca
cómo ese único proceso al que el hombre es reducido en su trabajo termina por
afectar su desarrollo físico y mental.
El hombre deja de pensar porque su trabajo lo empuja a ello, ocasionando
un desgaste en su esencia de ser humano, porque su trabajo rige su vida, su
pensamiento y sus acciones, lo que puede hacer y lo que no puede hacer; con la
presencia de la máquina para el almuerzo se pretende incluso determinar cuándo
y cómo una persona puede comer, como propone la historia. En suma, se quiere
expropiar al trabajador de todo tiempo para sí, convirtiéndolo en un apéndice
de las máquinas.
El eco que produce la depresión económica y la
revolución industrial, panorama social en el que se ambienta el relato, también
se hace evidente conforme avanza la historia. Desempleo, protestas que exigen
libertad y derechos para las minorías, bajos salarios e injusticia social son sólo
algunos de los puntos que se tocan. El personaje principal, por ejemplo, no
sólo termina con un trauma que lo lleva al hospital, producto en gran medida
del estrés de su ambiente laboral, que deriva de la repetición mecánica de las
acciones y del trato inhumano, arbitrario y controlador como los dueños de la
fábrica tratan al personal, considerándolos semejantes a máquinas, sino que,
tras su estancia en el hospital, Charlot termina también sin empleo.
Es entonces cuando el joven conoce a una chica que vive
en la pobreza, de quien se enamora por su espíritu de lucha, su bondad y su
cordialidad. Esto sucede después de que, por cierto, Charlot acaba de salir de
la cárcel, lugar al que inicialmente el protagonista prefiere regresar,
razonando que por lo menos ahí tiene asegurada alimentación diaria y un lugar
dónde dormir, algo que, afuera, en un mundo agobiado por las condiciones de
pobreza extrema, no podrá encontrar.
Charlot y la chica intentan lo posible por subsistir
y la película plantea, en varias ocasiones, que las personas en la misma
posición socioeconómica que ellos infringen la ley como única vía para la
subsistencia. No se justifica, pero, la historia al menos plantea que su crimen
no es provocado por la maldad de pensamiento o una intención de perjudicar al
otro, sino porque se convierten en
víctimas de una sociedad que, a favor del capital, ha reemplazado al hombre con
la máquina y ha dejado al ciudadano promedio, de la clase media y media baja,
desprovisto de oportunidades para sobrevivir, esto además sin darles a las
personas por lo menos las facilidades para cubrir sus necesidades básicas; los
ciudadanos hacen filas para poder conseguir trabajo en la fábrica y la gente se
vuelca para poder ganarse una de las comidas gratuitas que se ofrecen, pero en
ningún caso la oferta es suficiente a la demanda.
La chica que conoce Charlot roba fruta para dar a sus
hermanas un poco de alimento y luego roba un pan cuando no tiene nada de qué
alimentarse. No se trata de una persona que vague en busca del oportunismo y la
vida criminal, sino de una mujer a quien su gobierno no provee las
oportunidades para su desarrollo o crecimiento; ni trabajo, salud, educación,
alimentación o vivienda. Ni el Estado ni
los dueños de los sistemas de producción tienen un espacio que ofrecerle o una
oportunidad para permitirle acoplarse a la dinámica del sistema moderno. Ella, Charlot, el resto de los
desempleados, ¿qué pueden hacer si la organización social, política y económica
en la que viven no previó qué sucedería con todas aquellas personas a las que
la maquinaria reemplaza? ¿Dónde pueden
trabajar si hay más personas en edad productiva en el mundo, que espacios de
trabajo disponibles? Si el sistema los ‘desecha’ cuando no les ubica como
materia de productividad, ¿qué pueden esperar de su futuro, cómo pueden mejorar,
suponiendo que tienen aún algo qué ofrecer?
La comedia en este caso es el mejor vehículo de
crítica porque se alimenta de la exageración, pero construida a partir de una
realidad evidente. Lo interesante es observar cómo el relato logra reírse, no
burlarse, de estas situaciones. Se trata de un reclamo sutil en medio de la
adaptación como la historia aborda estos escenarios; hombres convertidos en ovejas, analogía literal que hace el filme y
el momento en que es importante levantar
la voz, reclamar y cambiar, como sucede en la historia.
Cuando Charlot dice que prefiere la cárcel, o que
prefiere ayudar, o que comprende que los hombres que han entrado al centro
comercial donde trabaja cono vigilante nocturno no son ladrones que están ahí
para llevarse comida por el simple hecho de aprovecharse del otro, o de
vengarse del que tiene oportunidades diferentes a ellos, sino porque ellos
mismos sufren hambre, producto del desempleo y la pobreza que esto ha traído
consigo, la historia hace énfasis en dos puntos clave: uno, que la actitud
positiva y solidaria de una persona no puede malearse por los infortunios de la
vida, porque los valores son eje que hacen al hombre un ser sensible,
compasivo, luchador, respetuoso, ético, empático, en corto, ‘humano’. Y dos,
que las clases sociales más bajas son las primeras y las que más sufren cuando
el sistema de organización comienza a marcar tan diferenciadamente los límites
de la división entre el dueño de los medios de producción y los trabajadores
que hacen posible que esa persona pueda poner su fábrica, su medio de
producción, en marcha.
“Tiempos modernos es una historia sobre la industria,
sobre la iniciativa de la humanidad, la cruzada en busca de la felicidad”,
señala la película. En efecto, la historia demuestra, de una forma cómica,
catártica y crítica la realidad de un sistema más orientado en la rápida
producción mercantil que en el hombre, más en la ganancia económica que en la
forma como se hace que esto sea posible, que muchas veces implica (y lo hace)
la explotación del trabajador. Una enajenación que minimiza la importancia del
humano, haciéndolo insignificante en un mundo lleno de máquinas en donde el ser
es consumido por ellas, muchas veces literalmente, por lo menos en la película,
escenas cuya función metafórica dicen al espectador que esta dinámica terminará
por hacer al sujeto presa de su propio invento, un humano consumido por un
aparato mecánico más grande que él, realidad que desemboca en, o por lo menos así
sucede a Charlot, volverlo loco. Forma metafórica de decir que la enajenación
ideológica es una forma de trastorno mental, es decir, la salud usada como
pretexto para encubrir los efectos de la explotación laboral en la fábrica.
Se trata, en pocas palabras, de un sistema de
opresión del que no todos pueden salir a flote. Charlot y la chica lo hacen,
tanto a través del quehacer artístico como por un motivador forjado en valores
y su voluntad por mantener su humanidad intacta, ya sea alegrándose por los pequeños
detalles, sacando lo mejor de la peor situación posible o peleando por lo que
es correcto, manteniéndose unidos porque
se preocupan por el otro, no a costa del otro. La unión con sus similares
exigiendo derechos a aquellos que se los han coartado.
La temática trata de un hombre sobreviviendo a los cambios, específicamente a los cambios de la modernización y la industrialización. La historia no sólo aborda el cómo la mecanización se hace presente en la vida diaria de las sociedades, unas simples escaleras eléctricas por ejemplo, sino que profundiza, con ojo crítico y a favor de que este hincapié provoque en el espectador una concientización de su realidad, aspectos como el papel de la maquinaria en los procesos de producción. ¿A quién beneficia la máquina? ¿A quién perjudica? ¿Y por qué dejamos que este desplazamiento suceda incluso sabiendo sus consecuencias y cómo afectan éstas directamente al hombre, tanto de forma personal como socialmente, en su entorno y su evolución?
https://www.youtube.com/watch?v=yMZlW5CK8yE
Trailer: Tiempos Modernos Director: Charles Chaplin Estados Unidos, 1936 Duración: 5:06
Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’
En un día como hoy, en que la noche se vuelve magia, queremos desearles que en 2013, los sueños que hoy se escriben y re escriben en el alma, se vuelvan realizaciones que contagien al corazón de arte, amor, y que en ellos implícita vaya la trascendencia.
Regresaremos en 2013, con muchas novedades, estrenos y sorpresas.
Por este primer «mitad de año»… GRACIAS
Disfruten de las fiestas, de los amigos, de la familia…de sí mismos.
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