11 marzo, 2026

Guionista

La gran apuesta

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Una crisis económica afecta a casi toda la ciudadanía porque todo se relaciona con el capital, con el proceso de acumulación de capital y la búsqueda de la mayor tasa de ganancia posible.  Empresas, empleos, mercado, dinero, productos, servicios, etcétera. La relación en sí no es tanto el problema, sino la forma como cada sector y cada grupo social se organiza a sí mismo en un juego de oportunidades promovido por el deseo de ganar por sobre el orden establecido, que puede dar pie al simple engaño, al autoengaño y a la manipulación. En breve, se actúa en la economía en función de apariencias y expectativas, dejando de lado las necesidades de las personas que cada día producen la riqueza social.

 

Esto propició la caída en la bolsa de valores que dio paso a la crisis económica mundial que se vivió en 2008, según explica la cinta La gran apuesta (EUA, 2015), escrita por Adam McKay y Charles Randolph, y dirigida por el mismo McKay, siendo protagonizada por Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, Brad Pitt, Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong, Finn Wittrock y John Magaro, entre otros. Estuvo nominada al Oscar en las categorías de mejor película, director, actor (para Bale) y edición, mientras ganó en mejor guión adaptado. La historia se centra en diferentes personas analizando los datos, previendo y apostando en contra de lo que la mayoría profesaba era la tendencia a la alza, y perdiendo fe en un sistema que, se dan cuenta, tiene más fallas que aciertos, lo sepa la gente que trabaja en él o no, o quieran saberlo o no.

 

Para fines prácticos, el sistema del mercado es una serie de recovecos, «dimes y diretes» enfocados a una sola cosa: la venta como instrumento para acrecentar ganancias. No siempre se trata de los mejores acuerdos y negociaciones, sino de la mejor forma para cubrirlos y recubrirlos con estrategias de compra-venta que sean dinámicas, cambiantes, inestables y redituables, que hagan ganar a unos, el dinero de otros. La gente a cargo de la administración busca formas de encontrar, siempre, una manera de sacar provecho monetario, de lo que llega a sus manos, sea lo que sea y signifique lo que signifique, mientras la población parece seguir adelante y elegir no fijarse en esta especie de artificios comerciales, con tal de vivir en un aparente progreso.

 

Darle la espalda el suficiente tiempo a las fallas de la economía y rellenar sus inconsistencias con parches, eventualmente se convertirá en una bola de nieve a punto de explotar. No todos pierden, sólo aquellos que no prevén esa caída (los que por cierto, son mayoría), lo que significa que el que gana es el capaz de darse cuenta del momento en que la trampa ha dado todo de sí, y saber manipularlo a su favor.

 

Durante la crisis económica inmobiliaria, específicamente en Estados Unidos, donde se desarrolla la película, lo que sucedió es que la gente no pudo pagar más sus hipotecas. Esto se convirtió en un efecto dominó de alguna manera predecible: si la gente no paga lo que debe, la deuda se hace más grande, y entonces ventas, prestamos, cuentas, inversiones y demás, se vuelven dinero al aire, impagable, inexistente, apostado a pesar de conocerse la pérdida. Ahora, ese dinero no sólo desaparece, alguien lo gana. ¿Quién? El que apuesta en contra, en este caso, los protagonistas de esta historia.

 

Uno de ellos y quien se da cuenta de los patrones y la forma como están a punto de colapsar los número rojos es Michael Burry, un gestor de fondos con pocas habilidades sociales pero la suficiente astucia para entender que lo que se vive en la economía es una burbuja que crece en mentiras y promesas que no podrán ser cumplidas, y a pesar de la insistencia de colaboradores, inversionistas, socios y banqueros con quienes trata, que lo consideran un loco por querer apostar contra algo que, hasta ahora, siempre había parecido seguro: los bienes inmobiliarios.

 

 

Los demás personajes de la película son personas capaces de descifrar las dimensiones de la propuesta del modelo de Burry, entre ellos, Jared Vennett, un vendedor que decide sacar provecho de la desgracia de los demás, pero que sólo puede ganar su inversión con ayuda de Mark Baum y su equipo, corredores de bolsa dispuestos a arriesgarse a comprar swaps (contratos de intercambio de bienes), una vez que comprueban la dinámica que ha propiciado esta burbuja de falso progreso. Para corroborarlo deciden ir directamente con los implicados, por ejemplo, las zonas habitacionales abandonadas por gente que ya no pudo pagar sus hipotecas, o vendedores de bienes raíces aprobando ventas y préstamos a todo el que los solicite, sin importar qué ingresos tengan o si hay alguien que los avalen o no, en un modelo de ganancia monetaria rápida, pero no a largo plazo.

 

Finalmente se encuentran Charlie Geller y Jamie Shipley, dos jóvenes inversionistas que hayan su ganancia apostando, no ‘a lo seguro’ sino ‘a lo grande’, es decir, sobre hipotecas usualmente catalogadas como absolutamente seguras (el resto apostaba en contra de las hipotecas de más baja denominación, es decir, las más ‘baratas’). Cuando se dan cuenta que los bancos mantienen el nivel de sus activos (el valor garantizado de la deuda, o también entendidos como los bonos de deuda), y que no suben ni bajan a pesar de la evidente crisis por crecimiento de adeudos, concluyen una estrategia engañosa de los bancos para aparentar una supuesta estabilidad. El fin último de este engaño es que ese ‘riesgo por impago’ no se dispare, provocando así la crisis; una medida temporal ante un colapso de la bolsa que ya es inminente. Entendiendo esta acción Geller y Shipley intentan alertar a la gente, al tiempo que entienden que esta mentira o realidad escondida, que principalmente bancos y mercados de la bolsa intentan ocultar, no es más que un recurso por cuidar la propia imagen pública de las empresas (y darles tiempo para arreglar lo mejor posible sus acuerdos para amortiguar la caída). Una vez más la gente no sólo no está interesada en la verdad, sino que no pretenden arriesgarse para señalar a una dinámica económica que nunca antes ha sido cuestionada.

 

Lo que te mete en problemas no es lo que no sabes. Es lo que estás seguro que sabes, pero que simplemente no es así”, anuncia la película, citando a Mark Twain. La idea es simple, hay cosas que se creen, que la mayoría de la gente cree, acepta, y guía su conducta por ellas, ideas que simplemente no son así en los hechos reales. Y a veces, saber lo que está mal es una responsabilidad más difícil de cargar sobre los hombros, porque para las personas es más fácil vivir en la ignorancia, o aprovecharse de la ignorancia del otro. El motivo es que no sólo la verdad, por extraño que parezca, puede ser muy complicada de comprobar, sino que ir en contra de lo que dice la mayoría, es básicamente ir a contracorriente, lo que socialmente parece no ser bien aceptado.

 

Saber lo que está mal es una cosa, querer cambiarlo, es otra. Burry entiende qué es lo que está mal con la organización del sistema económico inmobiliario, porque ha entendido la inclinación matemática del cómo los números en combinación con los movimientos sociales se están yendo en picada, pero las personas no escuchan sus consejos y se ríen de él cuando les dice que quiere apostar en contra de los bonos de deuda inmobiliarios, porque su voz es contraria a la de muchos, incluso si la de los muchos es la incorrecta.

 

Sus palabras son de alguna forma una advertencia, pero aquellos que encuentran su propuesta viable tampoco salen a decirle a la gente que las cosas deben cambiar; no, los agentes de ventas idean, a partir de esa información, su propia forma de subirse a este barco que se mantendrá a flote cuando la burbuja explote, y se mantendrá a flote porque se harán del dinero que todas esas personas perderán una vez que la forma engañosa como el sistema se está auto validando, en el supuesto de progreso y ganancias, termine retrocediendo con pérdidas financieras.

 

“Wall Street usa términos confusos para parecer indispensable. O todavía mejor, para que los dejes en paz”, dice Vennett en un punto de la historia. La frase parece resumir la forma más simple para entender el mercado de la bolsa y mucha de la economía actual capitalista. Nada es simple, todo es enredado, confuso (siempre a propósito), y los acuerdos y negociaciones de venta son improvisaciones para resolver al momento. La gente no intenta entenderlo, porque muchos de los que se dedican a ello tampoco lo hacen, y sólo algunos visionarios e ingeniosos perciben esos recovecos, problemáticos por la forma como el mismo sistema parece haberles enseñado a estas personas que lo importante no es resolverlos, sino sacar provecho de ellos. Así es el modelo de ciudadano promedio neoliberal capitalista: egoísta, mediocre, consumista y cínico.

 

“La gente subestima las probabilidades de que les pasen cosas malas”, dice el personaje de Geller en otro momento de la película. Esa es probablemente la forma más sencilla (tal vez sólo socialmente hablando) de entender por qué pocos hacen algo, o de entender, simple y llano, una crisis económica. Se cree que la crisis le pegará a otros, menos exitosos que uno mismo. Lo cual es falso, pues la incertidumbre se cierne sobre todos por igual.

 

La gran apuesta / The Big Short

Estados Unidos, 2016

Dir. Adam McKay

 

 

Diana MiriamDiana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

 

MEMORIA : Orson Welles “Al otro lado del viento”

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

En 1985 cuando el maestro murió en Los Ángeles, California, con él se anidaban en el misterio diversas producciones que aguardaban una conclusión indefinida. Es entonces que la realización de “Al otro lado del viento”, se convirtió en todo un suceso, desde su inicio a principios de la década de los años setenta, hasta su conclusión final, o al menos así considerada por los allegados al proyecto, cuatro décadas después. “Al otro lado del viento” fue estrenada el pasado otoño, con reacciones en su mayoría positivas, un festín visual que intercala el asombro, la nostalgia, la sensualidad y el atrevimiento de un director en su testamento fílmico.

 

Uno de los mejores directores de la historia, para muchos el mejor, estrenada a más de treinta años de su muerte, su obra póstuma, al menos, la última cinta que filmó y la más reciente en ser concluida y restaurada desde sus negativos. El estreno ha generado en la previa gran expectación, y las escuelas de cine del mundo entero dispusieron atestiguar el auténtico acontecimiento que significa contemplar una película vestida por el anhelo, la ilusión y la magia del cine que presenta esas realidades alternas que no sabemos si son realidad o fantasía.

 

Dos historias, dos planos narrativos, dos intenciones, dos secuencias paralelas, dos destinos, dos resoluciones vertidas en la dualidad del otro lado del viento, ¿es posible que el viento tenga dos lados? O será que acaso el viento separa el espacio en dos dimensiones distintas, Orson Welles enhebra su última película con una extraordinaria yuxtaposición de imágenes que narran el último día en la vida de un director del cine que ante la muerte, presenta la inminente relación de su obra y personajes. Por una parte observamos la jornada del director que agónico atestigua el estreno de su cinta, un aspirante a director que le confiere la admiración y el espejo a reflejo de su arte, y una trama que en pantalla muestra la seducción de una pareja que se vierte con la sensualidad, el deseo y la humedad de cuerpos sugerentes y escenas cargadas de erotismo y vacuidad.

 

Protagonizada por el legendario John Huston, y por la entonces sensación cinematográfica Peter Bogdanovich, “El otro lado del viento” muestra en su personaje central femenino, a la escultural Oja Kodar, quien además de modelo y actriz, guardaba una estrecha relación con el director. Huston, consagrado director asume su papel con total sobriedad, lo vive, es parte de su historia, Bogdanovich de igual forma, encarna a la perfección, al crítico ensayista que logra tras el lente consolidarse como director, mientras Kodar ofrece una fuerza de impactante energía sexual que rebasa el tenor tradicional de las cintas de Welles.

 

Una suerte de redención cinematográfica, prosigue con giros visuales y vaivenes estéticos que no dan respiro al espectador, y que, sin agotarlo, aún le permiten experimentar la contemplación como acuse artístico del director. El resultado es una interesante propuesta cinematográfica que conjuga escenas capturadas, ideas y proyectadas por su autor durante cinco años de filmación y otros más en el proceso de edición y re-edición, que no concluyeron con su muerte sino ahondaron el trabajo de quienes participaron como el propio Bogdanovich o Kodar, así como de Beatrice Welles, hija del director, quienes aún entre la bruma del conflicto y el recelo familiar y profesional, dieron a bien la conclusión de esta cinta peculiar.

 

El viento como significado, la dualidad como integrador de su fugacidad, y el legado como un vínculo entre artista y su obra, pareciera ser un testamento fílmico de auto referencia o identificación, que brindan una posible autoafirmación del director sobre su propia personalidad afable en lo social y reticente, obsesiva y perfeccionista tras la lente y al frente de las cámaras que consolidaron su arte y su legado. “Al otro lado del viento” se presenta como una promesa, aquella que se anida en vincular dos intenciones, dos realidades, dos encuentros.

 

Cuatro décadas de preparación, y más de 30 años de hiato, convirtieron “Al otro lado del viento” en un clásico instantáneo, una película testamento que no la última que podríamos ver del cineasta que dejó tantos proyectos abiertos como puntos suspensivos, una invitación constante como legado de uno de los más grandes cineastas de la historia.

 

Al Otro lado del Viento

Dir. Orson Wells

Estados Unidos, 2018

 

 

Iván Uriel

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

 

I,Origins

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

En una entrevista de 2012 con la revista Wired, Brit Marling platicaba sobre los conceptos de fe y ciencia que se abordan en la película Sound of my Voice, que co-escrbió y co-protagonizó, y cuya trama trata de dos cineastas que investigan un culto que venera a una mujer que dice venir del futuro. Entonces Marling dijo: “Lo extraño de la ciencia ficción es que lo que consideramos ciencia siempre está siendo revisado. La ciencia es nuestra mejor estimación de lo que está sucediendo en este momento, pero no hay duda de que la percepción humana es bastante limitada. Muchas cosas que comenzaron como ciencia ficción ahora son ciencia. Ideas salvajes de escritores de ficción de los años 70 sobre lo que la tecnología podría hacer, que ahora existe. Entonces, ¿es posible viajar en el tiempo? Tal vez. Me gusta pensar que podría ser. Ciertamente fue un ejercicio divertido para nosotros soñar despiertos acerca de cómo sería si realmente hubiera un viajero en el tiempo en el sentido práctico, cosas como el ‘jet lag’ (descompensación horaria) de viajes en el tiempo”.

 

La ciencia no es sólo un imaginativo de suposiciones basadas en fundamentos científicos, sino que la propia ciencia se atreve a experimentar precisamente porque esos imaginarios existen en primer lugar. La yuxtaposición espiritualidad-conocimiento vuelve a tomar centro en otro de los proyectos co-protagonizados de Marling, la película I,Origins (EUA, 2014), escrita y dirigida por Mike Cahill y que cuenta también con las actuaciones de Michael Pitt, Àstrid Bergès-Frisbey, Steven Yeun y Archie Panjabi.

 

La historia relata los trabajos de un biólogo molecular, Ian Gray, quien junto a una estudiante de su laboratorio, Karen, realiza investigaciones para demostrar científicamente el proceso de evolución del ojo, desacreditando así toda noción religiosa o supersticiosa de la creación del universo, los seres vivos y el hombre en sí. Ian entonces conoce a Sofi, una joven con un patrón de ojos muy peculiar y quien profesa una filosofía de vida sustentada en la espiritualidad. Una vez que Karen e Ian demuestran su teoría, Sofi muere. Años más tarde los científicos se topan con que existen estudios basados en el escaneo del iris para crear una base de datos que ayude a intentan determinar si existe alguna relación, física, genética o psíquica, entre dos personas con el mismo patrón de ojos, una nacida tras la muerte del otro.

 

Cuando el sistema arroja que existen unos ojos idénticos a los de Sofi, Karen e Ian se deciden investigar para profundizar en la teoría, poniendo el debate sobre la mesa: ¿es la reencarnación algo posible?

 

La pregunta más importante relacionado con esto y que la película expone hacia su recta final, llega cuando alguien cuestiona a Ian, escéptico de cualquier creencia no sustentada en hechos comprobables, respecto al motivo por el que las personas creen en algo y lo aceptan, muchas veces, solamente una vez que puede ser comprobado. ¿Qué harías si algo científico refutara tus creencias religiosas? ¿Qué harías si algo espiritual refutara tus creencias científicas?

Las preguntas ponen a Ian en un predicamento, porque para él, los hechos son argumentos que aclaran dudas, desenmascaran verdades escondidas y responden preguntas. Sin embargo, en este caso, no sólo se acerca al tema como científico, sino también como un humano sensible a las emociones. Y entonces debe preguntarse si es que ‘quiere creer’ que Sofi pueda vivir, o haber reencarnado, en esta niña que encuentran en India y que tiene la misma edad que los años que han pasado desde la muerte de Sofi.

 

Los ojos, le cuenta su novia repetidamente mientras estaban juntos, son aceptados por muchas culturas como ‘la ventana del alma’, porque son únicos, porque expresan ideas, emociones, pensamientos y sentimientos. Si bien la frase en más poética que científica, esto tiene, no obstante, una explicación que Karen e Ian exponen: no existen en el mundo dos patrones de ojos idénticos, como no existen dos personas físicamente iguale ni tampoco huellas dactilares gemelas. La imposibilidad de que haya dos ojos espejo puede significar, uno, un error en el sistema, o dos, la prueba de que en efecto lo que parecía imposible resulte no serlo después de todo. La importante realmente entonces es: ¿la gente está predispuesta a creer en la segunda opción para ratificar, de alguna forma, aquellas creencias espirituales a las que se aferra?

 

En más de una ocasión la película plantea cómo el debate religión y ciencia puede chocar o coincidir repetidamente. Suposiciones frente a hechos que no se contradicen si sirven para un mismo propósito, que puede ser tanto encontrar la verdad como encontrar la verdad que sirva a cada persona, no a conveniencia, sino para su desarrollo y bienestar. Sofi no hiere a nadie creyendo en un mundo conectado, donde las cosas existen porque tienen que existir y los rezos son formas como las personas lidian con sus problemas. Cuando ella descubre que Karen e Ian experimentan para ‘dar’ ojos a unos gusanos que no los tienen, ella le pregunta a él si no consideró que el animal fue creado así por una razón, y se puede hablar de propósito y función como se puede hablar de evolución y adaptación. Ningún razonamiento es incorrecto, Sofi lo entiende como una armonía de la naturaleza, mientras que Karen e Ian quieren entender el mundo desde una base del conocimiento y comprobar que los ojos son otra prueba de la evolución, refutando en el proceso muchas creencias religiosas de que fueron ‘creados’ por una divinidad.

 

“Buscar y no encontrar también es progreso”, dice Karen en un punto de la historia y es que todo camino que lleva a un descubrimiento está plagado de conjeturas que sólo se aterrizan una vez que se investigan. Llegar hasta esa meta implica tropiezos, porque sólo así se abrirá el camino y desecharán conceptos equivocados. Aseveraciones sólo alcanzadas una vez que son comprobadas, porque la ciencia es exacta. Qué es un hecho o una prueba sino verdades comprobadas. ¿Por qué es tan importante comprobar algo? ¿La gente realmente sólo cree en aquello que ha sido constatado después de una exhaustiva examinación?

 

I, Origins | Dir. Mike Cahill | Estados Unidos, 2014

 

Ian hace una serie de preguntas a Salomina, la niña con los ojos idénticos a Sofi, pidiéndole identificar la imagen que más le atraiga entre tres diferentes opciones, una de ellas que está relacionada de alguna manera con aspectos de la vida de la chica, quién era, en lo que creía o los lugares y personas que frecuentaba. La información que Karen e Ian obtienen no está sustentada ni en datos o estadísticas, pues son preguntas de contenido con respuestas de una niña ante preguntas subjetivas. El porcentaje final no sostiene la tesis, pero más allá, los científicos y el espectador deben considerar los elementos o variables que entran en juego y que son capaces de modificar la prueba, específicamente que Ian, que encuentra a la niña recién huérfana en la calle, la lleva a su hotel y le da de comer su alimento favorito.

 

Esto influye inevitablemente en las respuestas de la pequeña. ¿Responde lo que piensa y siente o responde lo que cree que Ian quiere escuchar, en un intento por complacerlo sabiendo que ha sido amable con ella? Y al final, lo más interesante es que el científico, a pesar que el porcentaje de la prueba ‘demuestra’ que sus conjeturas no son comprobables, y por tanto esa idea que se habían hecho de la posibilidad de reencarnación no es justificable, parece querer creer a pesar de todo, en especial una vez que la niña comienza a llorar antes de subirse a un elevador, que es donde Sofi murió.

 

El científico dentro de Ian sabe que no es posible que haya una relación entre Sofi y Salomina, y que de alguna forma el porcentaje obtenido de la encuesta que le acaba de hacer lo demuestra, sin embargo, sus emociones y sentimientos le hacen querer creer, o aceptar la posibilidad de que pueda ser verdad. Tal vez para sentirse mejor, tal vez para abrir su mente hacia algo que tampoco ha sido comprobado como imposible.

 

También es importante darse cuenta que un estudio de este tipo se necesitan más sustentos que lo validen, específicamente de manera científica; observación y análisis, no sólo observación. Las respuestas correctas o incorrectas de la niña pueden deberse a muchos factores, pero además, ¿bajo qué parámetros se realizan las preguntas y sus opciones de respuesta? ¿Cómo es que dos ojos idénticos, o suficientemente similares, pueden comprobar que dos mentes estén conectadas? El análisis del iris puede relacionar dos patrones de ojos que parecen iguales pero esto no es prueba de que dos mentes sean también la misma, o que los recuerdos de una persona terminen en otra, porque ¿cómo podrían viajar los recuerdos de alguien a otra persona a través de los ojos? Sólo intentar responderlo implica ‘creer’ en conceptos como el alma o la esencia del ser, ideas estrictamente más espirituales que científicas.

 

Coincidencias o análisis, suerte o decisión; las personas se apoyan en ellos según lo necesitan. Más que contraponer creencias, hay que entender que el choque de opiniones o el idealismo no son limitantes o debilidades, sino puertas hacia la superación. Es decir, analizar, probar, comprobar y debatir es parte de la ciencia, si bien el cuestionamiento también debería ser parte de cualquier creencia apegada la espiritualidad o el misticismo, y no porque puedan convertirse en ciencia, al contrario, porque más importante que aferrase a algo es atreverse a discutirlo y debatirlo, contradecirlo para entonces comenzar a buscar nuevas respuestas.

 

I, Origins

Dir. Mike Cahill

Estados Unidos, 2014

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

Peliculas de Terror Diferentes

Por: Un Tal Luis

Llega la noche y se están poniendo de acuerdo qué película ver, y cuando sugieren de terror, resulta que a veces la persona que está contigo no se anima a verla, o bien, ¡tú eres esa persona! Por eso, en esta ocasión, la recomendación es sobre Películas de terror “diferentes”. No, la verdad es que no te vas a asustar con varias de ellas, pero si pasarás un buen rato. El punto es que el contenido de estas cintas toca temas sobrenaturales o de diferentes miedos del ser humano. O bien, tienen que ver con lo macabro y si bien no asustan, es divertido y entran dentro del tópico. ¡Comenzamos!

Donnie Darko, 2001 | Dirección: Richard Kelly

Protagonista: Jake Gyllenhaall

Esta película está ambientada en octubre de 1988, y aunque es difícil de entender, tiene excelentes tintes de suspenso. Además es ya una cinta de culto.

Juan of The Dead, 2011 | Dirección: Alejandro Brugués

Protagonista: Alexis Díaz de Villegas

Si algo nos caracteriza a los latinoamericanos, es que somos capaces de reírnos de nosotros mismos. Y esta cinta cubana lo demuestra por completo satirizando las películas de zombis con un excelente humor negro que te hará pasar un gran rato

Boogeyman: el nombre del miedo, 2005 | Dirección: Stephen T. Kay

Protagonista: Barry Watson.

Esta cinta neo zelandesa aborda el tema de los temores en el ser humano provenientes desde la infancia. Tiene grandes ambientaciones tenebrosas y el final te hará irte a la cama con mucho valor…

Le Temes a la Oscuridad, 2000 | Película: 3 Capítulos de la Séptima temporada

Y bueno, en este caso se trata de revivir nuestra etapa de chavos, se vale también en estas fechas. Obvio ya no nos asustamos con estas historias, pero la nostalgia de los buenos recuerdos nadie nos la quita. Gracias a Youtube, podemos recurrir a la película de esta serie canadiense para adolescentes de la década de 1990 que tantos buenos y escalofriantes ratos nos hizo pasar.

Los Parecidos, 2015 | Dirección: Isaac Ezban

Protagonistas: Cassandra Ciangherotti y Humberto Busto.

El cineasta mexicano Isaac Ezban ha hecho cintas que rayan en lo raro, por lo que esta historia con un suspenso y un misterio absurdos con toques de humor negro y una trama por demás extraña es una buena combinación para ver en la noche.

La Serpiente y el Arcoíris, 1988 | Dirección: Wes Craven

Hollywood nos tiene acostumbrados a cierto tipo de zombis, pero recordemos que son de Haití, y es en este país en donde se ubica la historia por lo que verán zombies diferentes y digamos, más reales. Aquí hablamos de una cinta de los ochentas que nos permite volver apreciar el estilo de terror de aquella época.

Apollo 18, 2011 | Dirección: Gonzalo López Gallego 

Protagonista: Warren Christie.

No solo existe el terror al sobrenatural, también lo hay a lo desconocido. Esta cinta contada a manera de falso documental, maneja un terror psicológico narrando una expedición a la luna y los atemorizantes hallazgos que enfrentan a los seres humanos. Para asustarse hay más de un método.

Rito terminal, 2000 | Dirección: Óscar Urrutia Lazo

Protagonistas: Ángeles Cruz y Guillermo Larrea.

Esta cinta nos narra la historia de un fotógrafo que al visitar un pueblo por razones de trabajo, descubre fenómenos paranormales en sus fotografías y grabaciones.

Montando la bala, 2004 | Dirección: Mick Garris

Protagonistas: Jonathan Jackson y David Arquette

Basada en un cuento del reconocido escritor de terror Stephen King. Esta historia además de tintes sobrenaturales reflexiona sobre el valor de tomar riesgos a pesar de todo, pues no siempre lo que tememos sucederá, así como que la vida es como una montaña rusa: aunque vayamos en bajada súbita hay que alzar los brazos y disfrutarla.

Fantasmaníacos, 2016 | Dirección: Brendan Mertens

Hay películas que pasan a formar parte de la cultura popular y Los Cazafantasmas sin duda es una de ellas. Este documental explora el afecto de los fans por esta historia y todo lo que engloba. Te hará pasar un buen rato.

La Muerte de Freddy: La pesadilla final, 1991 | Dirección: Rachel Talalay

Protagonistas: Robert Englund y Lisa Zane.

Ok, Freddy ya no espanta a nadie, pero esta versión que fue la última que se grabó en su momento sobre la saga, la recomendamos solo por una razón: Cuando decidan qué película ver, pueden decirle a alguien “¡Hey¡ ¿Sabes en qué película salió Alice Cooper actuando?”

El Orfanato, 2007 | Dirección: Juan Antonio Bayona

Protagonista: Belén Rueda.

Hay grandes cintas de terror en español. Esta cinta proveniente de la madre patria y producida, entre otros, por Guillermo del Toro es bastante buena y como se caracterizan algunas de las historias que produce, no solo entra en lo terrorífico, sino que presenta personajes con toques muy humanos y por lo mismo con finales que dejan un sabor diferente.

Es así como llegamos al final de esta recomendación. Escojan la que más les atraiga y apaguen la luz… o préndanla, ¡para ver que no se les caigan las palomitas! ¡Hasta la próxima!

UntalLuis

Un tal Luis | México

Publicista de formación académica. Ha participado desde hace algunos años en varios proyectos en el mundo de la Producción audiovisual, desarrollando funciones de Storytelling y Post-producción, entre otras. Cinéfilo por convicción, disfruta de las buenas historias y charlar sobre cine.

Tiempos Modernos

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Si bien la crítica puede definirse como un comentario negativo, la ‘crítica social’ en realidad es un concepto que se refiere a un juicio de análisis, un comentario que señala aquello en lo que la comunidad puede trabajar para mejorar en su desarrollo social.

Se trata de recalcar o enfatizar, pero no descalificando sino haciendo notar los puntos en los que el hombre flaquea, como comunidad, para invitarle a cambiar fallas, erradicarlas, evitar que sigan creciendo o se conviertan en un obstáculo para el crecimiento evolutivo.

Tiempos Modernos (EUA, 1936) es una película de comedia y crítica social. Escrita, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin, con Paulette Goddard coprotagonizando en pantalla. La historia sigue la vida de Charlot, el personaje más famoso de Chaplin, adaptándose a un mundo en constante cambio que pasa en esos momentos por la industrialización y la mecanización de los sistemas, provocando, en consecuencia, desempleo, pobreza y explotación, como una reacción en cadena que proviene de un modelo capitalista que da oportunidades a algunos y promueve la acumulación de la riqueza entre los sectores de población dueños de los medios de producción en detrimento del nivel de vida la mayoría.

La película, que inicia con el protagonista trabajando en una fábrica, haciendo ahí una única tarea, atorar tuercas, representa con ello, de forma exagerada y cómica, la mecanización del trabajo y, en consecuencia, la mecanización también del hombre. Las fábricas, como la de la historia, que se centran en la producción en cadena, crean una dinámica tan automatizada que terminan preocupándose más por la producción de mercancías que por el hombre mismo, que es quien la hace posible, el que la consume a fin de cuentas, llámese un auto, un refrigerador o una lata de refresco, por mencionar ejemplos.

Cuando Charlot se convierte en sujeto de prueba para demostrar la utilidad de una máquina que pretende usarse para suprimir la hora del almuerzo, para que el trabajador siga con su labor mientras come (un invento presentado al dueño con la promesa de que su uso lo pondrá por encima de sus competidores, porque mientras más trabajen sus empleados y menos descansen, más se produce en la fábrica), la historia realiza una demostración de cómo la principal preocupación del sistema es la productividad, no las condiciones que hacen posible esa productividad, tanto con la gradual mecanización de los sistemas como, incluso, en la explotación del trabajador, a quien, en este escenario, se le priva de sus derechos, su dignidad y su humanidad. Proceso de funcionamiento en que descansa el conjunto del sistema capitalista basado en la propiedad privada.

El panorama que se presenta también permite abordar temas como la forma en que esta dinámica causa una alienación que lleva al hombre a perder su propia identidad, individualidad y cordura. Chaplin no sólo se ríe de la mecanización y de la producción en serie, con un Charlot que sigue apretando tuercas incluso fuera de la fábrica, porque su cuerpo y su mente ya se han sometido a una rutina mecánica que le impide razonar, sino que recalca cómo ese único proceso al que el hombre es reducido en su trabajo termina por afectar su desarrollo físico y mental.  El hombre deja de pensar porque su trabajo lo empuja a ello, ocasionando un desgaste en su esencia de ser humano, porque su trabajo rige su vida, su pensamiento y sus acciones, lo que puede hacer y lo que no puede hacer; con la presencia de la máquina para el almuerzo se pretende incluso determinar cuándo y cómo una persona puede comer, como propone la historia. En suma, se quiere expropiar al trabajador de todo tiempo para sí, convirtiéndolo en un apéndice de las máquinas.

El eco que produce la depresión económica y la revolución industrial, panorama social en el que se ambienta el relato, también se hace evidente conforme avanza la historia. Desempleo, protestas que exigen libertad y derechos para las minorías, bajos salarios e injusticia social son sólo algunos de los puntos que se tocan. El personaje principal, por ejemplo, no sólo termina con un trauma que lo lleva al hospital, producto en gran medida del estrés de su ambiente laboral, que deriva de la repetición mecánica de las acciones y del trato inhumano, arbitrario y controlador como los dueños de la fábrica tratan al personal, considerándolos semejantes a máquinas, sino que, tras su estancia en el hospital, Charlot termina también sin empleo.

Es entonces cuando el joven conoce a una chica que vive en la pobreza, de quien se enamora por su espíritu de lucha, su bondad y su cordialidad. Esto sucede después de que, por cierto, Charlot acaba de salir de la cárcel, lugar al que inicialmente el protagonista prefiere regresar, razonando que por lo menos ahí tiene asegurada alimentación diaria y un lugar dónde dormir, algo que, afuera, en un mundo agobiado por las condiciones de pobreza extrema, no podrá encontrar.

Charlot y la chica intentan lo posible por subsistir y la película plantea, en varias ocasiones, que las personas en la misma posición socioeconómica que ellos infringen la ley como única vía para la subsistencia. No se justifica, pero, la historia al menos plantea que su crimen no es provocado por la maldad de pensamiento o una intención de perjudicar al otro, sino porque se convierten en víctimas de una sociedad que, a favor del capital, ha reemplazado al hombre con la máquina y ha dejado al ciudadano promedio, de la clase media y media baja, desprovisto de oportunidades para sobrevivir, esto además sin darles a las personas por lo menos las facilidades para cubrir sus necesidades básicas; los ciudadanos hacen filas para poder conseguir trabajo en la fábrica y la gente se vuelca para poder ganarse una de las comidas gratuitas que se ofrecen, pero en ningún caso la oferta es suficiente a la demanda.

La chica que conoce Charlot roba fruta para dar a sus hermanas un poco de alimento y luego roba un pan cuando no tiene nada de qué alimentarse. No se trata de una persona que vague en busca del oportunismo y la vida criminal, sino de una mujer a quien su gobierno no provee las oportunidades para su desarrollo o crecimiento; ni trabajo, salud, educación, alimentación o vivienda. Ni el Estado ni los dueños de los sistemas de producción tienen un espacio que ofrecerle o una oportunidad para permitirle acoplarse a la dinámica del sistema moderno. Ella, Charlot, el resto de los desempleados, ¿qué pueden hacer si la organización social, política y económica en la que viven no previó qué sucedería con todas aquellas personas a las que la maquinaria reemplaza? ¿Dónde pueden trabajar si hay más personas en edad productiva en el mundo, que espacios de trabajo disponibles? Si el sistema los ‘desecha’ cuando no les ubica como materia de productividad, ¿qué pueden esperar de su futuro, cómo pueden mejorar, suponiendo que tienen aún algo qué ofrecer?

La comedia en este caso es el mejor vehículo de crítica porque se alimenta de la exageración, pero construida a partir de una realidad evidente. Lo interesante es observar cómo el relato logra reírse, no burlarse, de estas situaciones. Se trata de un reclamo sutil en medio de la adaptación como la historia aborda estos escenarios; hombres convertidos en ovejas, analogía literal que hace el filme y el momento en que es importante levantar la voz, reclamar y cambiar, como sucede en la historia.

Cuando Charlot dice que prefiere la cárcel, o que prefiere ayudar, o que comprende que los hombres que han entrado al centro comercial donde trabaja cono vigilante nocturno no son ladrones que están ahí para llevarse comida por el simple hecho de aprovecharse del otro, o de vengarse del que tiene oportunidades diferentes a ellos, sino porque ellos mismos sufren hambre, producto del desempleo y la pobreza que esto ha traído consigo, la historia hace énfasis en dos puntos clave: uno, que la actitud positiva y solidaria de una persona no puede malearse por los infortunios de la vida, porque los valores son eje que hacen al hombre un ser sensible, compasivo, luchador, respetuoso, ético, empático, en corto, ‘humano’. Y dos, que las clases sociales más bajas son las primeras y las que más sufren cuando el sistema de organización comienza a marcar tan diferenciadamente los límites de la división entre el dueño de los medios de producción y los trabajadores que hacen posible que esa persona pueda poner su fábrica, su medio de producción, en marcha.

“Tiempos modernos es una historia sobre la industria, sobre la iniciativa de la humanidad, la cruzada en busca de la felicidad”, señala la película. En efecto, la historia demuestra, de una forma cómica, catártica y crítica la realidad de un sistema más orientado en la rápida producción mercantil que en el hombre, más en la ganancia económica que en la forma como se hace que esto sea posible, que muchas veces implica (y lo hace) la explotación del trabajador. Una enajenación que minimiza la importancia del humano, haciéndolo insignificante en un mundo lleno de máquinas en donde el ser es consumido por ellas, muchas veces literalmente, por lo menos en la película, escenas cuya función metafórica dicen al espectador que esta dinámica terminará por hacer al sujeto presa de su propio invento, un humano consumido por un aparato mecánico más grande que él, realidad que desemboca en, o por lo menos así sucede a Charlot, volverlo loco. Forma metafórica de decir que la enajenación ideológica es una forma de trastorno mental, es decir, la salud usada como pretexto para encubrir los efectos de la explotación laboral en la fábrica.

Se trata, en pocas palabras, de un sistema de opresión del que no todos pueden salir a flote. Charlot y la chica lo hacen, tanto a través del quehacer artístico como por un motivador forjado en valores y su voluntad por mantener su humanidad intacta, ya sea alegrándose por los pequeños detalles, sacando lo mejor de la peor situación posible o peleando por lo que es correcto, manteniéndose unidos porque se preocupan por el otro, no a costa del otro. La unión con sus similares exigiendo derechos a aquellos que se los han coartado.

La temática trata de un hombre sobreviviendo a los cambios, específicamente a los cambios de la modernización y la industrialización. La historia  no sólo aborda el cómo la mecanización se hace presente en la vida diaria de las sociedades, unas simples escaleras eléctricas por ejemplo, sino que profundiza, con ojo crítico y a favor de que este hincapié provoque en el espectador una concientización de su realidad, aspectos como el papel de la maquinaria en los procesos de producción. ¿A quién beneficia la máquina? ¿A quién perjudica? ¿Y por qué dejamos que este desplazamiento suceda incluso sabiendo sus consecuencias y cómo afectan éstas directamente al hombre, tanto de forma personal como socialmente, en su entorno y su evolución?

https://www.youtube.com/watch?v=yMZlW5CK8yE
Trailer: Tiempos Modernos
Director: Charles Chaplin
Estados Unidos, 1936
Duración: 5:06

Diana Miriam

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’