INVISIBLE MAN, Asuntos y contextos  

Iván Uriel Atanacio Medellín

 El hombre invisible, dirigida por Leigh Whannell, no solamente es una cinta que hace honor a su homónima clásica de 1933 dirigida por James Whale y protagonizada por Claude Rains y Gloria Stuart, basada en la obra de H.G. Wells, El hombre invisible es ante todo una película que demarca asuntos contemporáneos en el matiz de su propio contexto. A su reciente estreno, el que podríamos considerar un suceso dado su estrecho presupuesto, debemos sumarle algunos asuntos que le acompañan como suerte de corolario analítico, por una parte es la oferta de Universal Pictures por continuar con la realización de películas de monstruos, las cuales se han visto en una espiral financiero y de recibimiento; en su afán por rescatar, refrescar y popularizar a su amplia gama de personajes que triunfaron en la taquilla de los años treinta y cuarenta, han encontrado un éxito extraordinario a finales de los años noventa con La Momia de Stephen Summers -aunque el perfil y contenido d de la cinta distaba de los argumentos originales, los cuales sí están presentes en esta nueva apuesta protagonizada por la brillante Elisabeth Moss– y con entregas poco agraciadas como La Momia de Alex Kurtzman, prtagonizada por Tom Cruise, la cual, a pesar de recabar una escasa cantidad de dinero en Estados Unidos, dada la ampia popularidad del ícono, tuvo una robusta recaudación en taquilla internacional, quedando como un tibio relanzamiento.

Elisabeth Moss as Cecilia Kass in “The Invisible Man,” written and directed by Leigh Whannell.

El hombre invisible de inicio, disminuyó el riesgo de inversión, y apostó por virar hacia el argumento primigenio aproximándose a su origen, obteniendo en su cometido un resultado por demás satisfactorio, podemos decir fue un inesperado éxito taquillero previo a la suspensión de funciones derivadas de la pandemia mundial por el brote, contagio y mortalidad del coronavirus; y es en el análisis de su contexto que la película se mira con varias ópticas. Por una parte la enorme y mundial repercusión que tuvieron marchas feministas en todo el mundo por el gran fenómeno doloroso, trágico y angustioso de miles de asesinatos de mujeres en varios países, con especial atención a México, donde los feminicidios son una tragedia constante. En diferentes ciudades de México y el mundo se llevaron a cabo manifestaciones y muestras de apoyo, cientos de miles mujeres marcharon, caminaron y expusieron sus demandas en las calles, incluso más allá de los eventos celebrados el día 8 de marzo, en México, el día 9 tuvo lugar un evento sin precedentes, las mujeres no laboraron y mostraron en su causa como la economía se derrumba sin su trabajo.

La defensa de los derechos humanos y laborales de las mujeres estuvieron de manifiesto, un grito desesperado y un clamor por la justicia social que retumbó su lucha contra el machismo y la la violencia; ese es el primer y básico punto de encuentro con El hombre invisible, una película cuyo centro de debate y análisis no es el efecto de invisibilidad que obtiene el villano, científico, tecnológico, voyerista o manipulador, sino la violencia de la que el personaje femenino trata de escapar dando inicio a las contingencias de su trama. Ella insiste en que escapa del control, de la opresión, de la violencia de palabra y acción, del sometimiento, de la privación de la libertad que de forma física y mental ha sufrido por su pareja durante años, la invisibilidad es entonces un temor de no poder escapar de ese terror que genera la violencia doméstica y en el caso concreto de la cinta, el feminicidio.

Un enemigo que de visible se convierte en invisible, y ahí la otra conexión con los contextos, justo hoy que el mundo debate la vida y la muerte de un virus que sorpresivamente apareció de forma natural o creada y que ha sido esparcido, contagiado o transmitido de una y mil formas a través del mismo aire que se inhala y exhala, en la respiración, en el saludo, en el tacto, en el abrazo, en el beso, en la pronunciación de las palabras; un enemigo invisible que causa la muerte y el terror, que ha destruido la economía de cientos de naciones, y cambiado con ello la vida de millones de personas afectando de forma definitiva la forma de vida de los seres humanos.

La globalización en su dual camino ha derivado en el bien de la solidaridad y en el mal de los contagios, en la alianza de naciones y en la construcción de nuevos muros al cerrar las fronteras, en la caída de negocios y en el surgimiento de nuevas formas de convivencia, unas que regresan por la ausencia causada por los aparatos y dispositivos que nos alejaban de lo próximo, otras que gracias a esos dispositivos permiten conectarnos, y al apogeo del surgimiento de nuevas formas de comunicación y el rescate de antiguas y básicas, como la mirada hacia quien nos acompaña, la individualidad suscita la social conexión con el mundo.

El virus no puede a simple vista verse pero se presiente, no pude tocarse pero hiere, no puede cogerse pero se advierte, y la forma de combatirlo reside en la precaución y en la disposición de formar parte, en búsqueda de una cura, el enemigo sigue resistiendo desde la invisibilidad de sus pasos, tal como el escape sugiere destruirlo desde el aislamiento. Y en esa conexión contextual, casual más no forzada, la película se convirtió también en un éxito en su reciente distribución en plataformas y dispositivos, convirtiéndose en uno de los primeros estrenos de este tipo durante la pandemia.

El hombre invisible enhebra la trama personal de su protagonista, la cual le lleva a emprender su escape, con la posterior explicación del porqué vivía temerosa, sometida y bajo la violencia de su pareja; por otra, de forma sutil pero eficiente, sin más aspavientos aunque sin explicaciones, indica las razones por las cuales pudiera argumentarse una confabulación para inculparle o para hacerle parecer una asesina, una delincuente o una persona que ha pedido su cordura, la locura es entonces una desviación del delito que la propia víctima ha sufrido. El escape se ha dado, pero se anhela la emancipación, y es ahí donde la trama se une a la ciencia ficción y desarrolla su potencial de suspenso, la historia íntima se hace pública, y la ciencia se mezcla con la realidad para mostrarse. El resultado es una película dinámica, entretenida, sin mayores pretensiones pero con la casual correlación de los contextos y circunstancias, que por un lado abona la lucha que sigue pendiente y  más viva que nunca por abolir la violencia contra las mujeres, y por otro nos hace reflexionar sobre esos enemigos invisibles que tenemos los seres humanos, como los virus, las ambiciones y el sometimiento que nace de la intención  por destruirnos y no por la vocación de abrazarnos.

En la cuarentena que a nivel mundial se ha convertido en una obligación, un una medida de sanidad y respuesta ante la emergencia, la resonancia de ambos temas gravita su realización, en muchos hogares confinados habrá violencia doméstica, violencia contra las mujeres, violencia, tal como en las calles se ha manifestado durante los movimientos feministas que abogaron por esta lucha entre los torbellinos y tormentas que azotaron al mundo por el virus, un tema que no podemos olvidar y que estará pendiente. Pero en la misma cuarentena gravitará el temor al enemigo desconocido, al enemigo invisible, y apelará la humanidad a la solidaridad, a vernos como uno y a ser conscientes de que la única forma de ayudarnos en estas horas oscuras, es darnos la mano, el abrazo y el saludo con la consigna de no tocarnos el cuerpo, pero sí el alma recordando que somos humanos.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Artículos Relacionados