La vereda del frente de la ciencia ficción (Primera parte)

Por: Andrés Palma Buratta

La ciencia ficción ha sido, sin duda, un género fundamental dentro de la historia del cine desde su nacimiento. Tomando la literatura como su mayor fuente de inspiración (Philip K. Dick, Isaac Asimov, Ray Bradbury, H.G. Wells, George Orwell, Jules Gabriel Verne, etc.), ha pasado del artificio efectista en sus primeros años como exploración técnica (Voyage dans la lune,1902, George Mellies) a discursos críticos y disruptivos de nuestras sociedades (Metropolis,1927, Fritz Lang) vadeando por invasiones extraterrestres (Invasion of the Body Snatchers, 1956, Don Siegel) monstruos de series B (Creature from the Black Lagoon,1954, Jack Arnold) elucubraciones de tiempos futuros (Forbidden Planet, 1956, Fred McLeod Wilcox) viajes en el tiempo (The Time Machine, 1960, George Pal, Planet of the Apes, 1968, Franklin J. Schaffner) robots asesinos, dominación de las maquinas, revisión de la revolución industrial (The Terminator, 1984, James Cameron) y críticas a las distópicas sociedades totalitarias (1984, 1984, Michael Radford, V for Vendetta, 2005, James McTeigue)  para decantar en exploraciones metafísicas y filosóficas del ser humano en relación a su entorno pero sobre todo en relación a su propia naturaleza, la fé, la teológica y el origen del ser humano (2001: A Space Odyssey, 1968, Stanley Kubrick, La Jetée, 1962, Chris Marker, The Day the Earth Stood Still, 1951, Robert Wise, Solyaris, 1972 y Stalker, 1979, Andrei Tarkovsky).

Se han escrito innumerables libros, artículos, se han hecho miles de estudios, enumerando las obras fundacionales y definitivas que esta rama del cine ha tenido con mayor o menor acierto discursivo, estético y comercial en la evolución del séptimo arte. Sin duda ha dejado joyas indiscutibles; difícil no mencionar la obra de James Cameron (Aliens,1986, T2: Judgment Day,1991, Avatar, 2009) Paul Verhoeven, (Robocop, 1987, y Total Recall, 1992) o, quizás del gran maestro del género, Steven Spielberg (Close Encounters of the Third Kind, 1977, E.T. The Extra-Terrestrial, 1982, Jurassic Park, 1993, Artificial Intelligence: AI, 2001, Minority Report, 2002)

La ciencia ficción ha creado universos inolvidables que ya son parte de nuestro subconsciente (Star Wars, 1977, George Lucas o Star Trek: The Motion Picture, 1979, Robert Wise, Back to the Future, 1985, Robert Zemeckis) y construido obras maestras enlistadas en la mejores páginas de cine año tras años, haciendo evidente su pertinencia y actualidad a pesar de haber sufrido distintas mutaciones a lo largo de los años (Blade Runner, 1982, Alien, 1979, Ridley Scott, Brazil, 1985, Twelve Monkeys, 1995, Terry Gilliam, The Thing, 1982, John Carpenter, The Matrix, 1999, Lana Wachowski & Lilly Wachowski, Children of Men, 2006, Alfonso Cuarón, The Fly, 1986, eXistenZ, 1999, Videdrome, 1983, David Cronenberg, Dark City, 1998, Alex Proyas, Delicatessen, 1991, Marc Caro & Jean-Pierre Jeunet, District 9, 2009, Neill Blomkamp, entre otras).

Su capacidad de explorar, representar, diseccionar la sociedad, enfrentándola con sus más oscuros miedos en pos de la toma de conciencia del ser humano y la relación con su entorno ad portas del apocalipsis (No Blade of Grass, 1970, Cornel Wilde, Mad Max, 1979, George Miller, Soylent Green, 1973, Richard Fleischer, The Blood of Heroes, 1989, David Webb Peoples) ha servido, también, como puntapié inicial para la carrera de muchos noveles directores (Moon, 2009, Duncan Jones, THX 1138, 1971, George Lucas, Primer, 2004, Shane Carruth, Le dernier combat, 1983, Luc Besson, Pi, 1998, Darren Aronofsky, Cube, 1997, Vincenzo Natali, Time After Time, 1979, Nicholas Meyer, Dark Star, 1974, John Carpenter, Westworld, 1973, Michael Crichton, Los cronocrímenes, 2007, Nacho Vigalondo, Ex Machina, 2014, Alex Garland, Nebo zovyot, 1959, Francis Ford Coppola,  etc.)  que buscan en estos relatos el trampolín perfecto para dar el salto a las grandes producciones, pero que también ha consolidado a esos mismos directores con obras, hoy en día, consideradas de culto. Podríamos escribir horas y horas sobre la línea de tiempo de la ciencia ficción y todos sus sub géneros que van desde el Cyberpunk hasta la Space Opera pasando por el Steampunk, Retrofuturismo o Biopunk.

Pero en esta ocasión, queremos desviarnos del discurso oficial e investigar en aquellas obras que no necesariamente pertenecen al lenguaje más habitual en los discursos fílmicos de grandes maestros cinematográficos (y cuando hablamos de maestros nos referimos a esos directores que influyeron de una u otra manera en la historia del cine con una o varias películas), pequeños oasis digitales en sus respectivas filmografías, muchas veces las únicas incursiones en el siempre complicado territorio de la ciencia ficción sin abandonar el toque personal de cada uno de sus estilos.

Primera Parte:

Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution (1965) Jean-Luc Godard

Godard, reconocido como uno de los directores más radicales de la Nouvelle Vague francesa, también quiso explorar el terreno de la ciencia ficción, en esta obra maestra de un maravilloso blanco y negro. Godard, se interna en los recovecos de Alpahville, una ciudad espacial carente de libertades, gobernada por el “Orwelliano” robot Alpha 60, que no es más que una París de los años 60 reconvertida en lo que hoy llamaríamos retro futurismo (finalmente el futuro es lo que vemos hoy), donde las emociones humanas y sobretodo la “palabra” (entendida sí, desde la artista teológica, pero también como parte esencial en la construcción de relato del cine de Godard) son castigadas, censuradas, por regímenes tecnológicos de tinte fascistoides. A través del personaje de Lemmy Caution, agente del F.B.I. creado por el escritor británico Peter Cheyney, interpretado por un duro Eddie Constantine (que ya con anterioridad lo había personificado bajo el mando de varios directores en las populares “Kiss Kiss Bang Bang” films) Godard nos presenta esta historia de amor donde el film-noir se mezcla con la distopía futurista, condimentando citas de Jorge Luís Borges, con un finísimo humor, y adelantando, de alguna manera, su critica a los acontecimientos del mayo del 68. Pese a todo esto, quizás Alphaville sea una de sus películas más fácil de digerir.

Je t’aime, je t’aime (1968) Alain Resnais

El mismo año que se estrenaba 2001: A Space Odyssey y Planet of the Apes, el maestro Alain Resnais, quien ya nos había deslumbrado con Hiroshima mon amour y L’année dernière à Marienbad  (que algunos tintes de film-noir y ciencia ficción pudiesen tener), finalmente se adentra de lleno en el género con la historia de un frustrado suicida que se queda atrapado en el tiempo después de ser usado como conejillo de indias por un grupo de científicos que experimentan con los viajes en el tiempo. Lo interesante es que Resnais no pierde esa particular manera de construir sus relatos a través de la deconstrucción narrativa y un montaje dinámico a base de elipsis muy particular de su cine. Es así como la ciencia ficción y las temáticas de Resnais como la memoria, las relaciones humanas, el amor, y sobre todo el tiempo y su manipulación, encuentran en el plot de esta película una sincronía perfecta. Mención aparte es la estupenda banda sonora a cargo del compositor polaco Krzysztof Penderecki que le da un toque mesiánico e incluso teológico al film.

Fahrenheit 451 (1966) François Truffaut

Truffaut es otro gran exponente de la Nouvelle Vague y el cine francés que quiso dejar su huella en la ciencia ficción con un aceptable resultado final, debido en gran parte a la excelente historia creada por Ray Bradbury.  La premisa pertenece ya al dominio público del culto del género: “un bombero que vive en una sociedad solitaria y aislada donde los libros han sido proscritos por un gobierno que teme un público pensamiento independiente, tiene el deber de quemarlos hasta que comienza a cuestionar los motivos de este acto a través de la lectura de algunos textos confiscados.” (Brian Rathjen)

Truffaut logra plasmar en pantalla la historia utilizando sobretodo sus conocimientos de cine, con ingeniosa cinematografía, cuidadas tomas, una gran composición, paletas de colores muy pregnantes, sets futuristas pero al mismo tiempo muy minimalistas, la edición y el tempo para introducirnos en la psique de nuestros personajes; Truffaut en todo su esplendor. Pero sobretodo, con un gran respeto por el mensaje, que al fin y al cabo es el meollo de esta pieza artística. De más está decir, que al igual que sus coterráneos, Truffaut realiza una descarnada critica a la sociedad de aquella época, más cercana a sucesos reales como la quema de libros por parte de los Nazis, a través de este relato futurista. Finalmente, que sea una película de ciencia ficción es lo de menos. Lo principal, es la compresión de que aquellos sucesos que emergen de la imaginación del artista no son más que la respuesta real a las inquietudes del ser humano, a sus miedos más profundos que dejan más preguntas que respuestas.

Quintet (1979) Robert Altman

Altman optó por instalar su relato en un mundo congelado post apocalíptico, donde, el protagonista, Essex, interpretado por Paul Newman, un cazador de focas, debe regresar a la “ciudad”, una especie de gran centro comercial de look renacentista, donde de hecho se habla latín, en busca de un lugar seguro para que su acompañante pueda dar a luz, quizás, al último de los seres humanos (algo recuerda a Children of Men). La premisa suena bien, hasta que se ve involucrado en un juego, literal, un juego de mesa y tirar dados, llamado Quintet, qué como clara alusión a las injerencias metafísicas y teológicas sobre el significado de la vida como una lucha por la sobrevivencia y el derivado rol de la muerte después de perderla, deriva la historia en una película de acción dirigida torpemente y de clímax pobre, donde el más fuerte gana. Creo qué de todos los casos aquí tratados, es el film, en su totalidad, menos logrado, considerando que Altman venía de entregarnos sendas obras maestras como M.A.S.H., Nashville o 3 Women, maravillosos estudios de la psicología del ser humano, desgajando todas las capas de la sociedad y desnudando la idiosincrasia de su país natal. A Quintet, le faltó, justamente, esas múltiples narrativas envueltas en esos densos cúmulos de diálogos que nos tenía acostumbrados el director. Lamentablemente tampoco le fue suficiente contar con la actuación de Bibi Andersson, otrora musa de Bergman, como contraparte femenina, para entregarnos su toque tan “Altmanesque”.

Película completa:

The Man Who Fell to Earth (1976) Nicolas Roeg

De todas las películas que mencionaremos, quizás, la de estilo más similar en relación a sus otras obras, sea The Man Who Fell to Earth. Interesante es ver como cada director imprime su carácter al momento de enfrentarse con un género que pese a sus diferentes temáticas termina por circular siempre en la misma estética. El caso de Roeg es la sicodelia, expresada a través de imágenes fragmentadas y dislocadas y un enfoque de la narración sumamente original pero a la vez extrañamente accesible. En muchos sentidos este divagante y rico psicodrama es una exposición de la peculiaridad del suroeste de Estados Unidos convertida en el escenario de esta extraña tierra llamada planeta llenas de enfermeras apáticas, aburridos profesores universitarios y capitalistas soñadores desesperados por un sentido de propósito. En su lugar, encuentran televisión, pistolas, alcohol e inercia. Pero incluso dada la sensación de resignación de la película, permite que florezca un romance, tan improbable como el agua en el desierto. Roeg reveló su visión única del mundo, la posibilidad de que incluso los alienígenas no sean inmunes a las debilidades “humanas” como la soledad y la necesidad de atención para alimentar sus deseos narcisistas. Pero el verdadero extraño con su cabello anaranjado y un nerviosismo coaxial perceptible, es un perfecto David Bowie como el alienígena, incómodo en su propia piel, como un camaleón. Como dato curioso cabe destacar que Roeg fue director de fotografía de Fahrenheit 451.

Welt am Draht (1973) Rainer Werner Fassbinder

Fassbinder es un genio, un genio maldito o un maldito genio. Su cine es entender Alemania (dividida, reunificada, post guerra, industrial, humana) en todos sus niveles, desde la más pura representación teatral hasta el documental “ficcionado”, Fassbinder utilizó todas las herramientas a su disposición para enfrentarnos a la exploración de los sentimientos y la destrucción de estos mismos y quizás para librarse de sus propios fantasmas. Pieza clave del “Nuevo Cine Alemán” este rebelde director a lo largo de su vasta carrera, a pesar de morir muy joven, fue fundamental para retratar la profunda violencia institucionalizada hacia los inadaptados sociales, las minorías sexuales, los outsiders. Welt am Draht (1973) (World on a Wire) fue su única incursión en la ciencia ficción y una rareza para sus fans. Bajo forma de mini serie para tv, la película explora la idea de una realidad simulada, en este caso por una computadora: Simulacron que con tintes de neo noir aborda el concepto de realidades concéntricas (The Matrix años después bucearía la misma premisa, aunque como lógica de realidades dentro de realidades en un juego metafísico, Inception se vio más beneficiada). El resultado es una épica opulenta y elaborada, estéticamente muy bien lograda, una ciencia ficción tomada muy en serio, donde lo detectivesco, el misterio, el thriller muy al estilo europeo de los años 60 y 70, de mucha calle, persecución, recorre una atmósfera Alemana aún separada por el muro de Berlín que funciona a modo de reflejo en la búsqueda de una identidad de la realidad post guerra aún no resulta e incluso irreal para muchos. Finalmente, el futuro es el presente.  Libremente adaptada de la novela de ciencia ficción pulp “Simulacron-3” de Daniel F. Galouye, que años después tendría otra adaptación con The 13th Floor, 1999, Josef Rusnak.

Película completa parte 1:

Película completa parte 2:

High Life (2018) Claire Denis

Claire Denis, viene de un cine muy visceral, muy de cuerpo, brutalmente sensual, emocionalmente violento, erótico,  recordamos Beau travail con el gran Denis Lavant, quizás como la obra que mejor representa su estilo, una lucha constante de sus personajes por sobrevivir al entorno,  una búsqueda intensa de sus propias raíces,  una confrontación entre el medio y su identidad, (su niñez la pasa en las colonias francesas en África). Es por ello, que High Life, su primera incursión en el género de la ciencia ficción, a pesar que su carrera siempre ha sido muy ecléctica, no escapa de sus temáticas, al contrario, se inserta en esos choques culturales recurrentes y que caracterizan su obra como crítica política al colonialismo, viaja en la sensualidad, los fluidos corporales, la sexualidad que produce deseos ocultos o tabú (las relaciones sexuales están prohibidas) en estos personajes solitarios batallando con entornos hostiles. High Life construye en ese vínculo entre un padre y su hija, en una nave espacial, más bien cárcel espacial, llena de marginados, criminales, esa búsqueda de identidad, del yo en un universo desconocido o por conocer (o colonizar) que termina en un hoyo negro que promete una vida elevada. Quizás no sea de sus mejores películas, pero definitivamente retrata lo que ella conoce muy bien cuando habla de la fragmentación (en este film, también la fragmentación es un tópico)  de las colonias francesas en África. Ya sea en la tierra o en el espacio, no deja de ser interesante como ejercicio en la exploración de las distintas capas de diferenciación, juicio y condena racial, social y moral que sigue rigiendo la sociedad neoliberal.

Na srebrnym globie (1988) Andrzej Zulawski

Finalizamos la primera parte de esta entrega con otro director que, si bien se ha movido en la paranoia, el horror y el misterio, entregó también, para mi gusto, una obra maestra del género, aunque inconclusa. Na srebrnym globie (On the Silver Globe), es la historia de un grupo de astronautas que llega a un planeta, muy similar a la tierra, buscando libertad (el escape a la censura que Zulawski vivió durante toda su carrera) Paulatinamente van muriendo, pero sus descendientes se quedan viviendo en un estado primitivo creando nuevos mitos y dioses. Esperando la llegada del mesías, que eventualmente llega (es otro astronauta, más bien burócrata) y es convertido en dios. ¿La biblia? ¿Jesús? Sin duda, ¿una alegoría de la lucha del pueblo polaco contra el totalitarismo de los gobiernos comunistas? también. Similitud o exégesis histórica de las varias conquistas a los “nuevos mundos” de parte de occidente sumado a las cuestiones teológicas que deambulan desde la época primitiva, constituyen el viaje de inanidad espiritual que Zulawski navega en profundidad en el retrato de todas las aristas mentales de sus protagonistas, explorando la locura terrorífica de la psique humana, en la carga imaginaria, dualidad entre ficción o realidad, de creerse o que te crean Dios en una película no sobre la crueldad de la religión, sino sobre el descubrimiento, sobre el renacimiento. Zulawski volvía del exilio que el gobierno Polaco le había levantado después de ver el éxito que habían tenido sus obras. Zulawski aprovecha entonces, el chipe libre que le da el gobierno burócrata arrepentido, y filma esta obra maestra basada en una trilogía escrita por su tío Jerzy Zulawski. En medio de la filmación, asume otro déspota como vice ministro de cultura y acusa a Zulawski de representar la lucha del pueblo contra el totalitarismo Comunista. Ordena que se queme su obra, la cual finalmente es recuperada, llevada a Francia, editada y presentada en el festival de Cannes en el año 1988.

Trailer:

 

Andrés Palma Buratta

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

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