Yo antes de ti
Por Diana Miriam Alcántara Meléndez
El derecho a la vida debería ser tan importante como el derecho a morir, bien entendido como el derecho a una muerte digna, que se refiere a la libertad de una persona para terminar con su vida en circunstancias que, por llamarlo de alguna manera, lo ‘justifiquen’, como sería, por ejemplo, una enfermedad terminal. Ya sea a través de un suicidio asistido, eutanasia o rechazar el tratamiento que pudiera prolongar su vida, quienes defienden este derecho argumentan que toda persona debe poder elegir sobre sí misma, su vida, su cuerpo y, en el fondo, su muerte.

Lo importante a recalcar es que no se trata simplemente de la decisión de dejar de vivir, que es lo que reclaman quienes están en contra de este principio, alegando que el derecho a morir pareciera auto-justificarse en que una persona no tiene la obligación de vivir, como diciendo que quien no quiera vivir, puede elegir morir. El debate al respecto recae en gran medida en los principios éticos que hay detrás de estas dos contrastantes perspectivas y lo que legal, jurídica y moralmente la sociedad responde sobre este controversial tema. No se trata, pues, de avalar que quien quiera morir puede hacerlo, sino de procurar espacios, oportunidades y condiciones para que toda persona tenga una vida digna y, en ello, también una muerte digna. ¿Pueden el derecho a la vida y el derecho a la muerte existir al mismo tiempo y en el mismo plano o se trata de ideas opuestas e inevitablemente contradictorias? La pregunta está presente en la película Yo antes de ti (Reino Unido-EUA, 2016), dirigida por Thea Sharrock, escrita por Jojo Moyes, basándose en su novela homónima, y protagonizada por Emilia Clarke, Sam Claflin, Janet McTeer, Charles Dance, Steve Peacocke, Matthew Lewis, Brendan Coyle y Jenna Coleman.

La historia se centra en Lou y Will; ella una joven vivaz y alegre que consigue empleo como cuidadora de él, un banquero alguna vez exitoso y enérgico que tras un accidente quedó cuadripléjico, lo que lo ha sumergido en amargura, tristeza y dolor, que además no solamente es físico. La vida para Will parece llevadera, al menos en la superficie, gracias a las facilidades que su adinerada familia puede proveerle, adaptando todo espacio y contexto a sus necesidades, incluyendo la contratación de un enfermero personal, por ejemplo. Sin embargo, los padres de Will saben que su hijo se siente desdichado, lidiando con un dolor crónico y resintiendo ser la sombra del hombre que alguna vez fue, en aquel entonces apasionado por la vida, las experiencias, los deportes y las emociones de todo tipo. Ahora, ese lejano pasado crea un hueco emocional grande, pues todo lo que Will tiene son los recuerdos de una vida que no puede volver a vivir, una que sabe nunca podrá volver a tener y que le recuerda siempre que está destinado a depender de los demás, sin autonomía, porque no puede mover el cuerpo prácticamente en su totalidad, por ende, se siente incompleto, inútil, una carga para las personas a su alrededor. Su plan, claro, es terminar con su vida, tener una muerte digna, porque esto a su vez significa terminar con el sufrimiento, físico y emocional, éste tan profundo que aumenta su angustia existencial cada día, un sufrimiento con el que ya no puede lidiar. Sabe que su condición no mejorará, sabe que la vida que alguna vez tuvo se ha extinguido, pero, más que nada, entiende que sin posibilidad de recuperación lo que le depara la vida, más para él que para sus allegados, son años difíciles, entre el abatimiento y la desesperación. Por eso elige morir, porque la vida que tiene ya no lo hace sentirse vivo y, más que nada, implica vivir en condiciones de tristeza, dolor, aislamiento y deterioro físico. Creyendo que quizá haya forma de hacerlo cambiar de parecer, dado que Will ha dado un plazo de seis meses antes de proceder con un suicidio asistido, Camilla, su madre, contrata a Lou, más que como cuidadora, como compañía, entiéndase alguien que esté ahí para su hijo como amiga, quien lo anime, lo haga reí, pensar, hacer cosas nuevas y diferentes para así dejar de esconderse en la burbuja de mal humor y aflicción que se ha vuelto su día a día.

Lou al principio no lo sabe, elige el empleo porque necesita dinero, sin embargo, cuando se entera, su naturaleza empática la empuja a querer hacer algo por Will, salvarlo o ayudarlo en el sentido de recordarle todo lo bueno que puede tener, todo lo sorprendente, divertido, maravilloso y único que es estar vivo. Lo hace proponiendo todo tipo de actividades que saquen a Will de la monotonía; comienza con un concierto y termina con un viaje a la playa. Will lo acepta, primero renuente pero eventualmente animado, porque con esa convivencia de alguna manera recuerda, revive o vuelve a experimentar lo que es disfrutar, convivir, aprender, compartir y emocionarse por algo y por alguien, ya sea platicar, ver una película al lado de alguien más o dar un paseo. Will redescubre la vida, pero también confirma que la vida sigue su curso y reafirma, para sí mismo, que la decisión que ha tomado, lo ha hecho consciente de lo que significa. Tanto eutanasia como suicidio asistido parten de un concreto muy claro: la persona elige terminar con su vida porque su enfermedad o padecimiento causan un dolor o sufrimiento tan grande que es más humano, o menos cruel, terminar que prolongarlo. Esa es la realidad para Will y lo sabe. Para Lou obviamente es difícil aceptarlo, en parte porque su carácter positivo y optimista le hace difícil entender esta decisión, que pareciera fatal y negativa. En parte, también porque Lou ha comenzado a enamorarse de Will y a imaginar un futuro posible juntos, en el que él elija vivir, no sin dolor, porque este no desaparecerá, pero sí poniéndolo en un segundo plano y, de alguna forma, eligiendo ver la vida como ella lo hace.

Los padres de Will, habiendo sido testigos por más tiempo de su realidad, lo razonan diferente cuando llega el momento, dándose cuenta que es más cruel pedirle a su hijo que siga viviendo con dolor, malestar, angustia y pena, que permitirle ser libre de elegir una muerte digna. Lou inicialmente piensa que Will está siendo egoísta, pero finalmente entiende que pedirle una decisión diferente, es egoísta, pero de su parte. Por mucho que quiera ayudarlo o que lo ame, la decisión de Will es sólo de Will. “No puedes cambiar a las personas”, le dice su padre a Lou, razonando que no se trata de hacer todo lo posible porque Will cambie de parecer o que ceda ante los demás, sino más bien dejarlo ser quien es y aceptar lo que quiere para sí. No se trata de obligar o cambiar a las personas, se trata de respetarlas y amarlas como son. El tiempo y las experiencias que Lou y Will pasan juntos son valiosos, pues son momentos, instantes, recuerdos y vivencias que se disfrutan, dejan una huella significativa y por eso resuenan. Lou le da a Will unos maravillosos últimos meses de vida, o dicho de otra manera, Will ha podido disfrutar con verdadera felicidad lo que le queda de vida. Seis meses significativos porque en ese tiempo cambian, se adaptan, crean afectos y ven las cosas con nuevos ojos. Que Will no modifique su decisión sobre una muerte digna, no significa que no haya valorado ese tiempo al lado de Lou. Y lo mismo para ella, ya que conocer a Will le permite descubrir un enfoque diferente sobre el mundo, sobre tomar riesgos, trazar metas, salir en busca de experiencias, abrirse a puntos de vista que parecen distantes y tomar las riendas de su vida, saliendo de su zona de confort.

La situación, claro, también lleva a cuestionar si la relación entre ambos es enamoramiento genuino o más bien agradecimiento y gratitud. La cercanía que surge entre ellos implica un apego emocional, pero no forzosamente amoroso. El afecto es real, pero ¿qué tanto se sostiene en mera solidaridad y empatía? Will se enamora o sólo aprecia a Lou correspondiendo de alguna manera con lo que ella le aporta. Y ella se enamora de Will o de lo que él representa como persona y por su nivel social. El lazo afectivo surge por el tiempo disfrutado al ayudar para asumir con sensatez esta etapa de su vida. ¿Eso es amor? En algún punto, cuando asisten juntos a la boda de la ex novia de él, quien terminó la relación luego de su accidente, incapaz de apoyarlo como él necesitaba, Lou señala que por mucho que Will pueda tener un interés amoroso en ese momento en ella, la realidad es que su situación actual importa, pues antes de su accidente él sólo se interesaba por personas como su ex novia, no personas como Lou, hablando en general: su físico, situación socioeconómica, laboral, emocional, su forma de ser, de pensar y de todo. Lou es la persona que Will necesita en ese momento, la persona que él podría amar en ese momento, no años atrás, lo que no es malo, finalmente son dos seres que se encuentran, apoyan, aprecian, respetan, aman incluso, en un momento de sus vidas en que el otro es el indicado, lo que es la base de cualquier relación, especialmente una afectiva romántica. No obstante, el análisis que ella hace tampoco cae en saco roto, como asimismo no está de sobra preguntar si las cosas habrían funcionado o funcionarían igual si Will no fuera parte de una élite social específica. Es entonces donde el relato romántico y su reflexión social topan con un bache, pues esta historia es una excepción a la regla y no porque se trate de un relato de ficción, sino porque la realidad, para muchas personas que viven en condiciones médicas como la de Will, es que no tienen los mismos privilegios que el relato novelado le confiere a él.

Personas que padecen enfermedades, discapacidades o cuadros clínicos complicados, para quienes la vida y una muerte digna no son algo tan romántico como la cinta de pronto parece plantear. Qué hace alguien con tetraplejia o cuadriplejia y, para fines prácticos, cualquier lesión, enfermedad, discapacidad o condición médica que implique cuidados especiales o rehabilitación, sin los recursos y el dinero suficiente para pagar tratamientos especializados o, como mínimo, asegurar una vida digna, estable, cómoda y sin sufrimiento constante. Con qué dinero pagar medicamentos, adaptar espacios y tiempos a sus necesidades, ya sea el lugar en que viven, medios de transporte, alimentación, cuidados especiales, etcétera. La familia de Will tiene el privilegio de poder proveerle todo: un cuidador personal, instrumentos especiales para que descanse o se mueva, un área de su casa en la que pueda hacer todo lo que le interese y quiera. La propia hermana de Lou se lo dice claramente: ayudar y animar a Will no representa un reto o impedimento tan grande cuando tiene a la mano todo el dinero que necesita para hacerlo posible, sean viajes, conciertos, paseos, fiestas, cenas y demás. No se trata del dinero sino de la intención. Pero si no se trata del dinero, ¿podría Lou haber apoyado a Will sin esta facilidad o flexibilidad económica? Idealmente la respuesta es sí, porque la cinta nos dice que Will no es feliz porque lo tiene todo, es feliz cuando puede disfrutar de ese todo al lado de alguien que le importa y a quien le importa. No obstante, concretamente, es difícil separar el contrapeso que el dinero juega en este tipo de escenarios. Si bien hay muchas formas como Lou puede hacer sentir mejor a Will, con o sin un límite de presupuesto, la cuestión es que no importa lo que ella haga, mientras lo haga a su lado. Aprecias lo que vives, no lo que tienes, sin embargo, la película al mismo tiempo plantea un contexto narrativo muy particular, uno en el que la división de clases sociales juega un papel clave. Finalmente es un cuento de hadas moderno y, curiosamente, ese es el mayor defecto de la narrativa, pues el objetivo verdadero de su mensaje es analizar y entender por qué Will elige morir y por qué toma esta decisión dadas sus circunstancias. Por tanto, la película tampoco dice que todas las personas con enfermedades, discapacidades o lesiones como las que Will padece, están ‘mejor’ si eligen una muerte digna; lo que quiere decir, es que ésta es la decisión de Will, no de sus padres, no de Lou y no a partir de lo que sus padres o Lou quieran o deseen; son decisiones personales y hay que respetarlas. Cada persona afronta, absorbe y resuelve de manera diferente lo que vive, pues lo hace de manera propia. Hay mucha gente en la vida real que no piensa igual que Will, incluso si viven lo mismo que él; no ven ni experimentan su situación como él y, tengan o no una facilidad económica como la del personaje, su perspectiva de vida no es negativa, sino todo lo contrario.

También cabe observar con ojo crítico que no todas las personas pueden elegir como hace Will, incluso aunque así lo quieran, ya sea porque hay leyes o creencias que condenan o prohíben en lugares o espacios específicos el suicidio asistido, o por limitantes económicas que lo imposibiliten, entre otras razones. Aquí surge otro tema de actualidad, aunque la película no lo aborda: la importancia de reformular leyes para despenalizar la eutanasia, generar una formación cultural que permita aprender a bien morir y fortalecer la salud pública. Lo que queda claro es que a veces es necesario ponerse primero; a veces hay circunstancias en las que el yo importa más que el tú y el nosotros; a veces nuestras decisiones no son ni individualidad ni narcisismo, sino libertad e, ineludiblemente, dignidad. Esto es vital para cualquier persona y, sin duda, para aquellos con alguna enfermedad, discapacidad o padecimiento degenerativo. Se puede sacrificar mucho por los demás y es importante que exista solidaridad, pues parte de lo que nos hace humanos es convivir y colaborar, pero en las decisiones personales, por más que sea esencial tomar en cuenta el mundo a nuestro alrededor, la resolución en el fondo tiene mucho que ver con ¿qué quiero yo? y esto es relevante cuando hablamos tanto de una vida digna como, igualmente, de una muerte digna. La lección: aprender a bien vivir, pero también, a morir.
Me Before You, 2016, Dir. Thea Sharrock
Diana Miriam Alcántara Meléndez | México
Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.