17 enero, 2026

Filmakersmovie

Mujercitas

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

“Las mujeres tienen mente y tienen alma, no sólo corazón… tienen ambición y tienen talento, no sólo belleza; estoy harta de que la gente diga que una mujer sólo sirve para el amor, estoy harta de eso”, dice Jo. La contradicción esta en que a pesar de luchar por su libertad, también lucha por sobrellevar la soledad que esto a veces trae a su vida.

Mujercitas es una novela literaria de la autora Louisa May Alcott que narra la historia de vida de las cuatro hermanas March: Meg, Jo, Beth y Amy, en su transición de la niñez a la edad adulta, en Estados Unidos, luego de la Guerra Civil (1861-1865) de su país, cuyo principal eje socioeconómico era la esclavitud, enfrentándose los abolicionistas del norte contra los estados del sur que la defendían como un derecho. A través de sus relaciones familiares, sociales y afectivas, el texto es un relato que profundiza en lo que significa para sus personajes principales la búsqueda por la libertad y la independencia, en un mundo en el que las mujeres tienen que abrirse camino a contracorriente para derribar estándares de todo tipo, no sólo de género sino también culturales y políticos. Una sociedad en reconstrucción, una cultura cambiante, una intención accidentada a la apertura hacia ideas y personas con nuevas propuestas o con el simple deseo de oportunidades igualitarias, son realidades presentes en el trabajo literario, que resuenan porque siguen vigentes en la actualidad, 160 años después. Esa es la esencia de la historia, una ficción que habla sobre las dificultades constantes de una familia de clase media-baja para sobrevivir, combinado con las experiencias que forman a sus personajes hacia la madurez, mientras rompen lo más posible el molde de una organización social patriarcal que limita el desarrollo de la mayoría de sus ciudadanos. Un relato ambientado a mediados del siglo XIX con reflexiones muy actuales sobre el papel de la mujer en la sociedad, esa es la columna vertebral de la película Mujercitas (EUA, 2019), adaptación del libro homónimo, escrita y dirigida por Greta Gerwig y protagonizada por Saoirse Ronan, Emma Watson, Florence Pugh, Eliza Scanlen, Laura Dern, Timothée Chalamet, Meryl Streep, Bob Odenkirk, James Norton, Louis Garrel y Chris Cooper. El proyecto recibió seis nominaciones al Oscar: mejor película, mejor actriz (Saoirse Ronan), mejor actriz de reparto (Florence Pugh), mejor banda sonora, mejor guion adaptado y mejor diseño de vestuario, categoría en la cual recibió el premio.

La narrativa entrelaza la vida de las hermanas March durante su adolescencia para luego llegar a la adultez y cómo cada decisión que toman impacta en su búsqueda por su identidad. A través de este viaje y cada diferente perspectiva o personalidad, la historia profundiza en los retos que atraviesan las personas para cumplir moldes y al mismo tiempo construir su propio destino, en especial, cuando las reglas sociales son tan insistentes en cubrir prototipos y cánones sociales específicos, en este caso, tan conservadores que se atreven a dictar que puede y no puede hacer una mujer. En el fondo, cada una de las hermanas se enfrenta al dilema de saber qué desea ser y cómo conseguirlo.

Jo es una joven de alma libre que anhela la oportunidad de superar todo reto que se proponga, por eso, está decepcionada con la restrictiva realidad que para ella representan los roles sociales, casi misóginos en una época en la que no se le permite tomar control de sus propias decisiones y aspiraciones. Se convierte en escritora por su pasión para expresar sus ideas y pensamientos, una necesidad de decir y hacer algo con todo aquello que observa y analiza; pero, al mismo tiempo, cuando se hace mayor cede a las publicaciones sensacionalistas y de moda, aunque con poca creatividad literaria, porque es lo que el mercado demanda, lo que vende y deja el dinero que necesita para apoyar a su familia. Su opinión sobre defender sus ideales artísticos frente a la presión popular de dar lo que se le exige, cambia cuando conoce al profesor Bhaer, alguien que valora su talento con sensibilidad, por ser auténtica en sus trabajos escritos. Él la anima a escribir fiel a su realidad en lugar de evocar la banalidad de las historias comerciales, por mucho que la gente las consuma al por mayor, porque, en la lógica del profesor, el verdadero escritor no debe como prioridad complacer a su lector, sino a sí mismo. Jo, no obstante, debe superar primero su miedo a crecer a partir de las críticas y el reto de desafiar los roles marcados por las exigencias de género, asumiendo con madurez y valentía las consecuencias de sus actos. Mucho del recorrido de Jo está también definido por su relación con sus hermanas y con su vecino Laurie, el adinerado joven que no sabe qué hacer con todas las oportunidades a su favor, ya que no conoce el sufrimiento que implica una situación económica precaria, desfavorable, de carencias, en un mundo que valora el dinero y el capital, y que tampoco enfrenta situaciones generadas por discriminación de género, raza o posición social. Otro ejemplo que muestra conflictos derivados de perspectivas personales y/o sociales se aprecia cuando Jo entra en conflicto cuando sus sueños de independencia chocan, a su parecer, con los de Meg, toda vez que su hermana mayor ansía una vida más tradicional, valorada así en función a la emoción que experimenta por casarse y formar una familia. Para Jo esto es casi como darle la espalda a la posibilidad de crecer como persona, pues significaría alinearse con la idea de que las responsabilidades familiares y domésticas son exclusivas de la mujer y que es lo único a lo que puede aspirar; pero para Meg su pasión está precisamente en ese lugar y en la realidad que construye para sí, por lo que querer una vida en familia no es, según ella, ponerse en una posición de sumisión, sino construirse el futuro que cree la puede hacer feliz. “Solo porque mis sueños son diferentes a los tuyos, no significa que no sean importantes”, le dice Meg a su hermana.

A pesar de esto, Meg sí reciente de alguna manera las expectativas que se le asignan desde pequeña por tratarse de la hermana mayor, responsabilidades dadas por sentado y asumidas por las normas sociales que imperan, sumado más tarde el sacrificio que tiene que enfrentar por la posición socioeconómica desfavorable en la que está. Meg soñó con fiestas, vestidos lujosos y derroche, pero sabe que no es algo que podrá conseguir a menos que se case con un hombre rico y adinerado, que no sabe si algún día llegará a su vida. Meg ama al tutor de Laurie, John Brooke, consciente de que al no ser ninguno económicamente privilegiado, el futuro implicará carencias y sacrificios. Pero este es el aspecto interesante, porque la sobrevivencia cotidiana en este mundo capitalista implica trabajo, vender su capacidad física e intelectual <es lo que hace Jo> y al no poder hacerlo Meg asume el rol de cuidadora del hogar, dejando también al esposo el rol tradicional de proveedor. La pregunta obligada es: ¿por qué no puede funcionar?; ella conseguiría la felicidad compartida y contribuiría a administrar el patrimonio familiar. No cualquiera; diría más; casi nadie puede conseguir el príncipe azul que las llene de riqueza. Y en el escenario social, la relación matrimonial en un mundo capitalista no puede dejar de tener contenido mercantil. Lo dice Amy en un diálogo con Laurie. Esta realidad, aunque vista desde otra perspectiva, es de igual forma a lo que se enfrenta Amy, alguien que desea un futuro prominente y estable y quien está decidida a seguir el camino necesario para conseguirlo, puliendo para ello todas sus características como persona, intelectual, social y artísticamente hablando. Amy quiere ser grandiosa a través de ganarse el respeto y aprecio de los demás con su propio esfuerzo, no reducida a una etiqueta, es decir, quiere ser valorada como persona, no como objeto; alguien que aporta con sus capacidades tanto a la relación como a la sociedad, no simplemente un ente que no existe más allá de su papel como esposa. Sabe que su madre no es así, su tía no es así, Jo no es así y por ende, ella tampoco quiere ser así.

Amy sabe lo que quiere y no se avergüenza de quien es, de su belleza y feminidad, como de su fuerza y determinación. Así que es aparentemente el molde de mujer que la sociedad espera de una joven como ella, pero no se limita a ser lo que el canon impone, sino que busca conseguir lo que la motiva y encontrar lo que le satisface. Vive, no obstante según ella, a la sombra de sus hermanas, sobre todo de Jo, porque sabe que, como la hermana menor, la gente espera algo muy específico de ella; cada persona a su alrededor tiene su propia expectativa sobre ella, que no necesariamente coincide con sus propias aspiraciones y deseos. Pero Amy lo tiene claro, quiere éxito, distinción, reconocimiento, brillar pero no en la superficialidad, sino sobresaliendo en cualquier experiencia. En ello Amy tiene claro que la única forma de llegar a ser una mujer con poder es hacerlo con dinero <se lo dice su tía, quien afirma que es soltera, orgullosa y no trabaja porque es rica>, porque esa es la realidad social en la que vive, en donde una mujer difícilmente es apreciada por sus habilidades, saberes y logros. Amy no busca un hombre con quien casarse por el mero interés de ganar así un renombre, sino que trabaja por convertirse en la mejor versión de sí misma, para que ello la lleve a estar a la par de las personas que considera más distinguidas, donde podría encontrar un igual con quien ser feliz. Como bien reflexiona cuando habla con Laurie, en esta sociedad mercantil, individualista y patriarcal, para las mujeres cualquier búsqueda de éxito o realización está condicionada por los roles de género, lo que convierte al matrimonio en una relación también mercantil, porque el matrimonio es la única forma de sobresalir, subsistir, crecer y escalar, reflejo de la contrariedad que hay hacia la feminidad, que invita a romper el molde para encontrar un camino propio, pero que no puede negar la presión social de no poder lograr muchas cosas, si no es a través de ciertos estándares sociales, como la vida en pareja, el matrimonio o la unión en familia.

“Las mujeres tienen mente y tienen alma, no sólo corazón… tienen ambición y tienen talento, no sólo belleza; estoy harta de que la gente diga que una mujer sólo sirve para el amor, estoy harta de eso”, dice Jo.

La contradicción esta en que a pesar de luchar por su libertad, también lucha por sobrellevar la soledad que esto a veces trae a su vida. Es una ‘transacción económica’, le dice Amy a Laurie cuando le habla sobre lo que significa realmente para muchas mujeres de esa época, e incluso en el presente, el matrimonio. Amy está consciente de que el mundo constantemente no la mira, considera o respeta a ella como mujer en sí, sino como la mujer al lado de un hombre, sin importar su propia historia de vida, características o capacidades, ya que al final, no dejará de ser ante los ojos del colectivo y los cánones corrientes, la hija, la esposa, la madre, la hermana o la ama de casa; el ‘ornamento’, dice ella.

“Como mujer no tengo forma de ganar dinero por mi cuenta, no el suficiente como para ganarme la vida o como para mantener a mi familia. Y si tuviera dinero, que no lo tengo, ese dinero le pertenecería a mi marido en el momento en que nos casáramos y si tuviéramos hijos, serían suyos, no míos; serían de su propiedad. Así que no te sientes ahí a decirme que el matrimonio no es más que una proposición económica, porque lo es”, detalla Amy en otro momento.

Sabiendo que esa es la realidad a la que se enfrenta, la propia rebeldía de Amy consiste en ser más que ese prototipo, para destacar como un ser independiente y honorable, más allá de la persona a su lado y a sabiendas de que en el contexto tradicionalista en que vive, es él quien tiene poder sobre ella, sobre su dinero, su apellido, sus hijos, sus acciones y hasta sus palabras. El reto sería resolver las contradicciones en el seno familiar, modificar el rol asignado para compartir responsabilidades, al margen de lo representado ante la sociedad. En alguna escena Amy insinúa, con su actitud, que esto es viable. En el fondo todas estas mujeres quieren ser más que lo que dicta la sociedad; luchan por ser definidas por algo diferente al estereotipo, cada una a su manera. Incluso en el caso de Beth, la más callada y tranquila de las cuatro hermanas, alguien que adora la música, la compañía de sus seres queridos y el apoyo solidario que pueda brindar a quienes necesitan afecto y comprensión. Pero no sólo le gusta la música, es ella también artista, una excelente pianista que busca disfrutar y agradar más que sobresalir en lo social o con dinero. Su corazón es más humanitario que el de cualquiera porque no aspira a una vida llena de lujos o grandes proezas; tampoco es que se conforme o descalifique los sueños de los demás, simplemente aprecia las simplicidades del mundo y es feliz con una pasiva existencia, sin pretensiones o complicaciones. Sus gustos son sencillos, pero eso no la hace una persona simple, la hace alguien capaz de poner el ejemplo y ver lo mejor de cualquier individuo, confiando en que incluso su peor defecto no es lo que los define. Su ruta de vida es distinta a sus hermanas justo porque por su nobleza se ve afectada por una enfermedad que daña seriamente su salud y por eso, involuntariamente sirve como eje de reagrupamiento familiar en determinadas circunstancias. ¿Trágico? Tal vez, pero al igual que sus hermanas pasa por el proceso de crecimiento preguntándose qué desea ser y a qué aspira en su vida. Hay una escena inolvidable en donde nos muestra que está aprendiendo a morir.

El texto trata en el fondo sobre la emancipación de la mujer, presentada de una manera delicada pero significativa. Ninguno de los personajes femeninos se define por los hombres en sus vidas, sino por sus propias convicciones, decisiones y personalidades. Jo es inquieta, decidida y rebelde; Meg es fuerte, segura y demasiado autoconsciente de la realidad; Amy es ambiciosa, objetiva, con alta autoestima, sabe lo que quiere; Beth es talentosa, sensible, afectuosa, solidaria; la propia Marmee (madre de todas ellas) es amorosa pero sin miedo a presentar sus propias opiniones, aunque con prudencia y crítica constructiva; y la tía March es una mujer práctica y realista al ser consciente que hay normas, por muy misóginas que sean, que no pueden cambiar de la noche a la mañana, requieren proceso, y para ello, los medios (económicos, sociales, culturales y políticos) para lograrlo. Qué hace falta para cambiar las reglas, sino una perspectiva objetiva sobre lo que es la realidad En este caso, por ejemplo, la historia lo reflexiona al mostrar el matrimonio entendido como un acto de unión en que amor, respeto y equidad son uno solo, a través de las experiencias de Meg, pero sin hacer menos las reflexiones de Amy de que, muchas veces, ese mismo matrimonio no es más que una convención institucional mercantil en donde la unión de pareja más que ser expresión de amor, lo es  de conveniencia y supervivencia. Exigir respeto en todo aspecto de la vida, que las personas puedan encontrar su independencia derribando cualquier tipo de barrera social, que su camino para alcanzar sus sueños no sea determinado por su género, religión, raza, posición socioeconómica o cualquier otra cosa; de esto habla la película. Jo le reclama a la tía March que ella puede hacer lo que quiere porque tiene la soltura económica que la deja en una posición privilegiada al no tener que depender para nada de un hombre, ni para fines prácticos de nadie. No es que Jo no pueda aspirar a esto, es que para lograrlo tiene que tomar en cuenta su contexto social, elegir bien sus batallas y ser fiel a sus convicciones sin sacrificar sus capacidades, pero consciente de que sí hay sacrificios que realizar. Y lo hace, cuando escribe una novela basada en sus experiencias con sus hermanas, exigiendo el control (los derechos de autor) de su trabajo, si bien concediendo el final feliz a su heroína como su editor se lo exige, una escena que hace eco a lo que hizo Louisa May Alcott en la vida real con su trabajo en Mujercitas. Esto es parte del mensaje que resuena en la actualidad, la negativa de la mujer para existir meramente a partir de las reglas sociales que se aceptan por inercia, costumbre o imposición, sobre todo cuando existen para servir a un orden que no tiene claro que la liberación de la mujer no pretende desplazar a nadie, sino busca no dejar a nadie al margen de la historia o de la sociedad. “Las chicas deben salir al mundo y formar sus propias opiniones”, dicen Marmee en un punto de la película. Su visión, más allá de dar libertad a sus hijas para vivir sus propias experiencias, cometer sus propios errores y darse cuenta del significado de sus propios sueños, habla también de la importancia de permitir a las personas en general libertad para formarse juicios y tomar decisiones. El relato se ambienta en un contexto social donde las mujeres no tenían muchas oportunidades ni opciones para construirse una vida. Los tiempos han cambiado y, sin embargo, hay actualmente, todavía, impedimentos sociales varios que imposibilitan a las mujeres una libertad real. Si Jo rechaza una propuesta de matrimonio o se niega a casarse, no es porque deteste el amor o la vida en pareja, es porque está renuente a ser presa de un estándar social que podría potencialmente dejarla atrapada en una jaula simbólica. Es como si fuera imposible tenerlo todo, como si la única forma de ser feliz fuera sacrificar todo lo que se cree que significa felicidad. Pero como bien dijera Louisa May Alcott en su libro Mujercitas: “Todos llevamos cargas, tenemos un camino por recorrer y nuestro anhelo de hacer el bien y alcanzar la felicidad nos guía para superar los contratiempos y los errores que nos separan de la paz”.

Little Women, 2019, Dir: Greta Gerwig

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Misión Imposible: Sentencia Final, acción, cinema y adrenalina…al máximo

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

En Misión Imposible: Sentencia final, dirigida por Christopher McQuarrie, Tom Cruise ofrece la entrega máxima de un actor por su proyecto, el compromiso con su pasión y la convicción total de que el cine, como experiencia comunitaria, solo puede disfrutarse a plenitud en la pantalla; y en la octava película de una serie aclamada, la audiencia puede admirar con asombro cada una de las escenas que configuran el paisaje emocional que la integra. Entre los abundantes diálogos, explicaciones, remembranzas y miradas envueltas en favor de la historia, la acción trepidante de la cinta nos ofrece silencios profusos, secuencias de acción impresionantes en cuyo frenesí se prolonga el respiro, y el aliento del público que acompasa cada minuto de los que acumula su duración de casi tres horas, expresas entre el espejo reflejo de la nostalgia y el horizonte al devenir. La Sentencia Final presenta una fotografía que amalgama de azules, ocres y cobrizos lienzos el trazo de Robert Elwist, la portentosa partitura de Max Aruj y Alfred Godfrey, y la sobresaliente edición del reconocido Eddie Hamilton. Simon Pegg despliega su humor con total naturalidad, al igual que Hayle Atwell reafirma su posición en el equipo, al cual se integran Tarzan Davis y Pom Klementieff, quienes habían aparecido en el anterior capítulo, al igual que Henry Czerny, Shea Whingham, Esai Morales y la enorme Angela Basett, corolan el arco emotivo de Luther, el entrañable amigo de Ethan Hunt, interpretado por Ving Rhames.

La entidad como un enemigo global, común e íntimo, conforma un paisaje de atemporalidad y terror digital que pudiera conllevar la inteligencia artificial, y la contrasta con la proximidad de los lazos afectivos que el personaje de Rolf Saxon enhebra con resaltar las posibilidades y las alternativas en las decisiones de la vida como gratuitad del albedrío, o una suerte del azar que no advertimos.  Tom Cruise, en el pináculo continuo de su carisma por cuatro décadas, en el treinta aniversario de las misiones imposibles que catapultaron su cariz como héroe de acción, realiza cada una de sus escenas con sentido de asombro, y en ello impacta desde su vertiginoso virtuosismo, el que homenajea el cine clásico, el cine mudo, y las grandes cintas épicas, que te dejan como espectador atónito, y como cinéfilo admirando el valor de disfrutar la cinta en la gran pantalla, puesto que, la emoción que vivirás desde tu butaca, no será la misma en la escala de una sala, y no lo será la experiencia comunitaria de compartirla.

Más allá del guión o de la consecuente trama que desarrolla la historia de Ethan Hunt y del la IMF, más allá de las extraordinarias secuencias, acrobacias y expectativas, habita una película que da sentido a las películas como una experiencia visual, que apela a dejarse llevar entre la propia vivencia, y que nos permite construir una realidad alterna, y nos invita a vivirla, con la misma intensidad que su protagonista, a sumergirnos entre la profundidad del océano, como volar por los aires y admirarnos, porque nada se agradece más a una experiencia audiovisual desde un auditorio, que coadyuvar con nosotros, en un mundo dominado por el sentido de la urgencia y lo inmediato, a no perder la capacidad de asombro, y abrazarla, al asombrarnos.

Mission: Impossible – Dead Reckoning Part Two, 2025, Dir: Christopher McQuarrie

Politólogo, escritor y documentalista, Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas, y Premio Bienal de la Academia Literaria de la Ciudad de México, es autor de diversas novelas y director de documentales en derechos humanos. Director Editorial de Filmakersmovie, recibió el Premio Nacional de Gestión Cultural; su obra ha sido compartida en más de cuarenta países de cinco continentes.

Filmakersmovie  presenta el trabajo de artistas iberoamericanos

Gloria recibe la visita de su hija Ana, pero junto a ella llega una extraña y deforme presencia infantil. Gloria deberá enfrentar una escalofriante verdad sobre la conexión entre su hija y esa presencia sobrenatural, poniendo en riesgo su cordura.

Etnateiuqni, 2025, Dir: Andrés Palma Buratta

Idea original: Marcelo Múrua D.

Guion y dirección: Andrés Palma-Buratta

Producción: Marcelo Múrua D.

Producción ejecutiva: Filmakersmovie, Perla Atanacio

Fotografía: Juan Enrique Palma

Sonido directo: Gonzalo Ulloa

Direccion de arte: Leonor Morales

Edición: Andrés Palma-Buratta, Marcelo Múrua D.

Post producción: Gonzalo Ulloa

Música: Marcelo Múrua D.

Elenco:

María Cecilia Montes

Isidora Cancino

Mérida, Yucatán, México, Santiago de Chile, 2025
Si quieres estrenar o presentar aquí tu trabajo, te invitamos a escribirnos: contacto@filmakersmovie.com

“Cómo ganar millones antes que muera la abuela”,  la conmovedora ópera prima de Pat Boonnitipat

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Cómo ganar millones antes que muera la abuela, es de inicio a fin la extraordinaria, sensible y por demás evocadora propuesta cinematográfica del también guionista Pat Boonnitipat, una cinta que explora de forma íntima, llana y precisa, la complejidad que habita en las relaciones humanas desde la perspectiva del amor fraterno, del instinto y del interés que conllevan todas las expresiones del sentimiento que aproxima lo lazos familiares, las aspiraciones personales y la vocación solidaria en un encuentro con la otredad que nos configura. Protagonizada por Putthipong Assaratanakul y Usha Seamkhum, quien, en su debut cinematográfico, ofrece una de las más extraordinarias actuaciones de la década, una abuela que, siendo diagnosticada con una enfermedad terminal, afronta el devenir con la resolución de su afición, costumbres, y apegos que implican la heredad de su partida, y la calma que advierte su preocupación ante la muerte que trascienda su vida. La relación de un nieto y su abuela, deconstruye las relaciones personales con perspectivas de la condición humana, brinda valor a los sentimientos y a las emociones, y soslaya el interés material ante la proximidad del amor como un motivo que no puede aislarse de la esperanza. La cotidianidad, los ritos, y las huellas que acompasan las miradas clavadas en las calles, en las personas o en la nada, acompañan a un nieto que pasa, de la atención interesada por el cuidado de su abuela, a una lección de vida que presenta la profunda inmersión sentimental, y el discernimiento como dos acciones intrínsecas pero disímiles desde el cariño que rebasa la expectativa de la correspondencia de un abrazo, de un guiño, de una caricia.

La compasión como un acto de amor, es una de las más bellas postales que ofrece desde la dirección, un guionista que aborda con sutileza la forma en que los lazos afectivos forjan las más profundas experiencias de vida, y que, esos actos de amor que muchas veces no vemos, se encuentran en los pequeños detalles que la observación deja de lado por detenerse en las distracciones o en los ruidos de lo cotidiano, cuando el valor de la vida, y el sentido de la misma reside en el respiro que se comparte desde la compañía.  De forma sencilla, el director presenta su historia o los vericuetos en los cuales conocemos a una abuela desde la relación con su nieto, mientras debate la vida entre una sentencia, y las decisiones que conlleva la despedida. Convertida en una de las películas más taquilleras de Tailandia, Cómo ganar millones antes que muera la abuela, tiene un final pleno de poesía.

Si algo distingue a las películas que exploran la cosmovisión cultural y los significados de una comunidad, es la construcción narrativa que apela a la representación de una simbología común, y a la construcción de un horizonte compartido desde la vivencia individual hasta tener una apreciación colectiva que le hace universal; Pat Boonnitipat hace una primera incursión en su canon fílmico, con una de las mejores y más sensibles cintas de esta era post pandemia, donde la proximidad se encuentra en decadencia, la observación no contempla, y los lapsos que enhebran los instantes de vida, se vuelven fugaces anécdotas, de ahí que, para mí, esta cinta es una obra que ofrece a nuestros tiempos, un viso del cine que se necesita, y el alcance de una dirección, para erigir una obra maestra.

Lahn Mah, 2024, Dir: Pat Boonnitipat

Politólogo, escritor y documentalista, Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas, y Premio Bienal de la Academia Literaria de la Ciudad de México, es autor de diversas novelas y director de documentales en derechos humanos. Director Editorial de Filmakersmovie, recibió el Premio Nacional de Gestión Cultural; su obra ha sido compartida en más de cuarenta países de cinco continentes.

Tardes de soledad, el arte de matar

Por: Andrés Palma Buratta

La violencia, filmada una y otra vez, repetida hasta la normalización en la arena que detiene el tiempo, construye una epatante contemplación hipnótica que solo el Saturno de Goya devorando a su hijo ha logrado. Algo abominable, horrífico, brutal, pero que se nos presenta como el gesto intimo más bello del mundo. Roca Rey tiene miedo a morir encornado por un toro que desea vivir.

No soy un aficionado a la tauromaquia, no conozco ese mundo y nunca he presenciado (hasta ahora, que lo he visto filmado en esta película) una corrida. No manejo el lenguaje técnico de ese ritual taurino, ni tampoco sé su historia. No sé quiénes son los toreros famosos ni lo que significa serlo o como se llega a serlo. No sé quién es Roca Rey, el torero protagonista de este film. No sé que tan bueno sea, o porque merece protagonizar un documental.  No conozco la cultura ni la tradición del toreo en el mundo. No he visto películas relacionadas al encierro, ni he conocido novillero, ni participado en lidia, tienta o novillada.  Algunas veces he visto por televisión la corrida de toros de San Fermín, alegrándome cuando algún turista chancero es embestido por los animales, o he leído algún texto de Hemingway o García  Lorca al respecto. No soy un extremista defensor de los animales tampoco, no busco erradicar las corridas ni mucho menos, la verdad es que el tema poco me interesa, y de no haber sido “Tardes de soledad” una película de Albert Serra, que sí llama mi atención como director, ni siquiera habría visto el trailer. Obviamente no soy ajeno a la controversia que sucita el tema, que muchas veces conduce a airadas confrontaciones entre defensores y detractores desatando las pulsiones más primitivas del ser humano. El documental de Serra no estuvo ajeno a esa polémica, incluidas exaltadas manifestaciones para que no se proyectara en el Festival de San Sebastián, del cual resultó máximo ganador. Pero como nunca lograremos convencer al otro, ni a nosotros mismos, todo análisis se vuelve fútil. Pero bueno, la vida es eso, un ejercicio baladí, la política es eso a diario, una discusión más o menos que poco importa. Así que daré mi punto de vista, no solo de la película sino también de la tauromaquia por si a alguien le interesa.

Si bien en su película no existe una defensa profesa de la actividad ni de sus protagonistas o sus espectadores, el simple hecho de querer hacer un film con esa temática en tiempos de funas, cancelaciones y criticas vehementes al patriarcado machista hetero normado mariano, lo sitúa en la esfera de director controversial, etiqueta que por lo demás le sienta muy bien y de la cual ha hecho gárgaras durante toda su filmografía y que además lo vuelve un imprescindible dentro del circuito festivalero. Al igual que el impoluto traje de torero de Roca Rey que va tiñendo su brillo de rojo a cada lid, Serra agrega otra mancha de sangre a su propio traje de director maldito. Me da la impresión que Albert Serra es un director bastante cercano a la tauromaquia. Le gusta, la conoce y sabe donde poner el foco y los micrófonos para relatar los momentos íntimos del torero y su cuadrilla en cada corrida que los obliga a enfrentarse a la muerte, ya sea del animal o propia para divertimento de los asistentes al ruedo. Hay quienes van a vitorear al torero, y hay quienes acuden para apreciar la capacidad del toro para embestir, una y otra vez el capote ondeado en el aire como abanico. Una de las decisiones de Serra es obviar esas miradas, esos rostros, esos asistentes, esos personajes habituales de las corridas, para centrarse, casi en primer plano, en el matador y la fiera.  Y es que Serra no tiene miedo al momento de filmar la bestialidad, según algunos del toro, según otros del hombre, sin necesidad de voces en off, entrevistas, ni exageraciones dramáticas, ni menos recreaciones, ni público enardecido y complaciente. Serra se adentra en la faena misma de bufidos, gritos, saliva, polvo, excremento, dolor y muerte que salta al ruedo en la plaza, pero sin perder de vista la coreografía casi ensayada entre toro y torero que silencia el sentimiento trágico de sus vidas.  Los instintos, ambos, desencadenan el lado más primitivo que por su propio impulso, deviene en un acto de altos estándares artísticos. El arte de matar.

Sin duda, que el torero elegido, Andrés Roca Rey, despliega un temple, un carisma, una gestualidad, una teatralidad, e incluso una figura sumamente atractiva como hombre atiborrado en esos trajes apretados, pomposos y llenos de cierto glamour monárquico, que expela sensualidad en cada olé. Hay un dejo, o mucho, de erotismo en sus movimientos, miradas, en los baños de sangre del animal, de su propia sangre cubriendo su cuerpo, el sudor, pero sobre todo en los exagerados vítores y alabanzas hasta el hartazgo de la servicial mirada de su cuadrilla. La lluvia de elogios que Roca Rey recibe tanto dentro del ruedo, como en viaje de vuelta a su solitaria habitación de hotel, en una van atiborrada de hombres sudorosos sedientos de desnudar la hermética figura de su héroe, ensalza su pétrea figura que en cada puesta de traje esculpe sus genitales produciendo una extraña fascinación homo erótica. Un poco la misma apreciación de los ideales estéticos que uno podía experimentar viendo la obsesión de Dirk Bogarde por Tadzio en Muerte en Venezia. Ya desde la novela Thomas Mann escribía,  «¡Qué disciplina, qué exactitud de pensamiento expresaba aquel cuerpo tenso y de juvenil perfección! Pero la voluntad severa y pura, que en un esfuerzo misterioso había logrado modelar aquella imagen divina, ¿no era la que él, artista, conocía a la perfección? ¿No era la que alentaba en él, cuando lleno de contenida pasión libertaba de la masa de mármol del lenguaje la forma esbelta que su espíritu había intuido, y que representaba al hombre como imagen y espejo de belleza espiritual?».

Me parece que aquí hay un primer elemento destacable tanto en la película como en la actividad misma. Serra logra, con elegante sutileza, traducir los íntimos deseos pasionales que produce la figura del torero en la exaltación del espectador. Roca Rey asemeja a la figura de un bailarín enfundado en esas calzas que transparentan cada uno de sus musculosos, pliegues, hendiduras, órganos, con la única diferencia que su baile será frente a un animal rabioso, enfurecido después de haber recibido la tortura sediciosa de la cuadrilla del torero, que lo agota, lo hostiga, lo hiere, lo perfora, una y otra vez, lacerado varias veces antes de comenzar su batalla contra su verdugo; y a pesar de ello, este bello, musculoso, peñascoso animal de varias toneladas, es capaz de encornar a su enemigo contra las paredes de madera hasta romperle las costillas o incluso ensartarlo mortalmente.

Que diferente sería si el torero se enfrentará a un toro en pleno estado físico. Me parece que una cuadrilla provista de lanzas y piquetes o como se llamen esas espadas, contra un solo animal, es una pelea injusta. Cuando hablan que el torero también arriesga su vida o que existe un respeto mutuo entre el hombre y el animal, sería bueno, entonces, hacerlos luchar en igualdad de condiciones. No puedo evitar emitir mi juicio ético, porque pues es parte del análisis que se debe hacer de una obra, o de su contenido gráfico. No podemos excluir elementos morales o sentimentales, y obviamente esta crítica o reseña viene desde alguien que vio una asimetría en una tradición centenaria. Podríamos discutir largamente si las corridas de toro deben ser prohibidas, como en efecto está sucediendo en gran parte del mundo donde se practica esta “ceremonia”, porque deporte no es, más bien es un ritual, una fiesta, correspondiente a otros tiempos, a otro imaginario de héroe proveniente de esa mitología griega donde el culto al cuerpo, al animal y la lucha entre ellos devenía en ponderaciones filosóficas e iconográficas. No podemos no imaginar al minotauro muerto con su propio cuerno por parte de Teseo, o a las primeras pinturas rupestres donde los búfalos rumiaban libres las praderas arcaicas. Quizás esta liturgia se podría modernizar, sin necesidad de estacazos, sufrimiento o golpes letales. Claro, ahí el toro tendría más posibilidades de vencer al humano y los argumentos ahora serían favorables al macho, pero bueno, eso puede ser parte de otra discusión.

Pero insisto, la esencia de Tardes de Soledad se mueve por otros lugares. Visualmente es fantástica. La decisión de acercarse lo más posible a esta danza terrorífica de la vida y la muerte, excluye cualquier parafernalia exterior que distraiga de la brutalidad misma a través de planos muy cerrados y de centrar la previa y la post de las corridas en los viajes en van de vuelta al hotel, entre lambisconerías sin precedentes de parte de los excéntricos acompañantes de Roca Rey, y, al mismo tiempo, el lento desvelar de las inseguridades ególatras, de las vacilaciones emocionales, de la supersticiosa religiosidad del torero para reforzar su virilidad masculina como ejercicio espiritual, espesa la preponderancia que Serra le da al lenguaje cinematográfico en sí. Es que, si de algo sirve el cine, es para mostrar sin contemplaciones las vísceras, no solo físicas, sino que emocionales de sus protagonistas. Sirve para seducir al espectador y llevarlo a terrenos desconocidos de placeres intrínsecos.  Esta película no va de manifiesto en contra o a favor de la tauromaquia, tampoco va de la tradición o su historia, ni del torero, ni del toro, no entra en defensa, ni en juicios. Esto es una película, un artificio, una pieza de arte, donde la gracia de los movimientos embellece la violencia, donde el rojo cobra vida y tiñe la cámara a cada encuadre, donde el silente torero se vuelve exaltación narcisista de la masculinidad, donde la soledad es la misma para el torero como para el toro. La violencia, filmada una y otra vez, repetida hasta la normalización en la arena que detiene el tiempo, construye una epatante contemplación hipnótica que solo el Saturno de Goya devorando a su hijo ha logrado. Algo abominable, horrífico, brutal, pero que se nos presenta como el gesto intimo más bello del mundo. Roca Rey tiene miedo a morir encornado por un toro que desea vivir.

Tardes de soledad, 2024, Dir: Albert Serra

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

Filmakersmovie  presenta el trabajo de artistas iberoamericanos

La Ciudad – Soldadera & Chinaco Sud System

🤖 🤯 🦾 🧠 Lo que ves no lo hizo solo una máquina… Nuestro deseo de seguir explorando nuevos lenguajes y formas de expresión audiovisual nos llevó a experimentar con la inteligencia artificial. No como un reemplazo, sino como una herramienta creativa que nos abre puertas hacia nuevas formas de contar historias. Hoy, más que nunca, buscamos darle imagen y sonido a nuestras ideas originales, empujando los límites de lo posible y abrazando lo que viene. Porque creemos que las historias siempre encontrarán una forma de ser contadas… incluso desde territorios inexplorados. Les queremos compartir una serie de piezas audiovisuales que estuvimos creando como parte de nuestro proyecto musical y audiovisual: Soldadera & Chinaco Sud System Un laboratorio creativo donde se cruzan letras y guiones originales con música e imágenes generadas con inteligencia artificial. La IA no reemplaza nuestra voz: la potencia. Le da cuerpo visual y sonoro a nuestras ideas más intuitivas, más salvajes, más libres. Esto es solo el comienzo.

La Ciudad Soldadera & Chinaco Sud System

Un film de Andrés Palma Buratta

Producción ejecutiva Perla Atanacio

Letra Andrés Palma Buratta

Todos los derechos reservado México 2025

Proyecto generado en AI para el Gen: 48 Fourth Edition de Runway

Si quieres estrenar o presentar aquí tu trabajo, te invitamos a escribirnos: contacto@filmakersmovie.com

Misión Imposible, la acción dinámica de las imágenes en movimiento

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Desde 1996, Misión Imposible se ha convertido en un sinónimo de adrenalina, fuerza y calidad, a través de las imágenes en movimiento de la saga de acción más aclamada de las últimas décadas. Tom Cruise, en el pináculo de su popularidad, decide adaptar la serie de televisión en una película que se convertiría en la primera cinta que produciría. Dirigida por el maestro Brian de Palma, y estrenada durante el verano, Misión Imposible irrumpió por entero dentro de un canon de acción fílmica que, sin rivalizar directamente con James Bond, o con Jason Bourne en años posteriores, establecería su lugar propio dentro del panorama de los blockbusteres al recibir gran aceptación. A partir del año 2000, la cinta que había ofrecido un corolario de espías e intriga, se convirtió en un vehículo de cine de acción para su protagonista, y, dirigida por el ya legendario John Woo, la segunda entrega sería la película más taquillera a nivel global de aquel inicio de siglo.  En 2006, J.J. Abrams, productor y director de series televisivas, asume el control de la saga, ofreciendo una cinta más oscura, íntima y equilibrada entre una emoción desmedida y la vulnerabilidad de Ethan Hunt, quien además de enfrentar todas las vicisitudes de una tradición, debe luchar por lo más querido, Philip Seymour Hoffman se convierte de paso en el mejor villano de la saga. Y, tras 5 años de hiatus involuntario, Misión Imposible vuelve con un mayor alcance, de la mano de Brad Bird, 2011, con un elenco que agregaba a Simon Pegg y Jeremy Renner manteniendo a Ving Rhames incluso desde un cameo, ofrece la secuencia que se volverá icónica, al igual que aquella que iniciara la saga al descender por una cuerda en las entrañas de la CIA, y ésta será escalar el edificio más alto del mundo. Protocolo fantasma tiene un gran éxito, y con ella, iniciaría una etapa gloriosa de la mano del ganador del Premio Óscar Christopher McQuarrie, con las entregas Nación Secreta, 2015, que integra a Alec Baldwin, Rebecca Ferguson; Repercusión, que junto al carismático Henry Cavil, Sean Harris y Angela Basset, se convierte en la mejor película de la saga, y el capítulo final integrado por Sentencia Mortal 2023, y Sentencia Final 2025.

Ethan Hunt se ha convertido en un sinónimo de habilidad, liderazgo y destreza máximas, y Tom Cruise, la estrella de cine más importante del mundo, en autor de las mejores secuencias de acción de las últimas décadas, cuyas acrobacias representan un referente obligado del cine de acción de nuestro tiempo, tres décadas después de que iniciara la aventura, avistamos el capítulo final de una saga extraordinaria, cuya persistencia, constancia y vocación hacia el asombro hacia el público, ha dejado su huella fílmica por demás indeleble en la historia. Mientras las sagas cinematográficas enhebran un cuarto de siglo dedicado a las cintas de súper héroes, y a la utilización de los efectos visuales digitales CGI, Misión Imposible tiene por característica primordial, la realización de secuencias de acción vertidas en la imaginación de sus directores, ejecutadas por Tom Cruise y acompasadas por efectos visuales prácticos que, aunados a los recursos digitales, permiten enaltecer cada entrega con un sello particular y por demás único; así mismo, los guiones entretejidos y el asombro como una constante, permiten que cada nuevo capítulo enaltezca al anterior y prosiga en el relato del imaginario compartido con la audiencia.

Misión Imposible eleva el nivel narrativo, visual y acrobático en cada una de las visiones que los directores han compartido, amén de la tetra incursión de McQuarrie, a partir de la creación de personajes que legó Bruce Lleler, aguzados por la propuesta inventiva de David Koepp, Steven Zaillian, Robert Towne, Ronald D. Moore, Brannon Braga, J.J. Adrams, Alex Kurztman, Roberto Orci, André Nemec y el propio MQ. Locaciones espectaculares, secuencias pletóricas de emociones, y la audaz interpretación de Cruise, envuelven la icónica y emocionante música original de Lalo Schifrin, a través de trazos musicales de Danny Elfman, Hans Zimmer, Michael Giacchino, Joel Kraemer y Lorne Balfe. La prez artesanal de cada director, combinada con los efectos visuales puestos al servicio de la acción práctica, propia de las clásicas películas de acción, enmarcadas de explosiones, tensión, suspenso, persecuciones, misterios y entresijos, develan un rostro tras una máscara u obligan al protagonista a extremar sus habilidades físicas para desafiar los dejos, visos y a la vez retruécanos de cada encomienda. Misión Imposible queda ya en la historia del cine, y su legado no se destruirá al termino de este mensaje, ni al concluir la octava cinta de una saga celebrada por la crítica y la audiencia que refrendan aceptar su misión.

Politólogo, escritor y documentalista, Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas, y Premio Bienal de la Academia Literaria de la Ciudad de México, es autor de diversas novelas y director de documentales en derechos humanos. Director Editorial de Filmakersmovie, recibió el Premio Nacional de Gestión Cultural; su obra ha sido compartida en más de cuarenta países de cinco continentes.

El último duelo

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Se afirma que la verdad es relativa porque no puede ser absoluta, porque al analizar un hecho o proceso entran en juego el contexto, las circunstancias, las sensaciones, los prejuicios y hasta la información o narrativas generadas alrededor de ella, ya que esto la moldea, le da perspectiva, le confiere valor, permite apreciarla, sopesarla, evaluarla y decidir. Por eso los puntos de vista cambian, porque se construyen a partir del entorno histórico, político, social, cultural, personal y relacional, de forma que cada quien vive y juzga una experiencia en función de su situación y posición ante las variables que rodean cualquier evento. Si bien no hay una sola verdad, sí puede haber muchas mentiras; si bien no hay una sola versión de los hechos, no todos son forzosamente verdaderos o contados con veracidad. De esto trata la película El último duelo (EUA, 2021), dirigida por Ridley Scott y escrita por Ben Affleck, Matt Damon y Nicole Holofcener a partir del libro ‘The Last Duel: A True Story of Trial de Combat in Medieval France’ (El último duelo: una historia real de crimen, escándalo y juicio por combate en la Francia medieval) de Eric Jager. Protagonizada por Damon y Affleck junto a Jodie Comer, Adam Driver y Harriet Walter, la historia se basa en un hecho real, el último duelo judicial o juicio por combate permitido que se haya documentado en Francia.

Este duelo a muerte era un sistema oficialmente reconocido para resolver acusaciones que se suponía no se podían solucionar a través de un juicio más tradicional con base en las pruebas disponibles, de forma que quien ganara el duelo en esencia ganaba el juicio y esto era visto como que aquella persona tenía la razón, pues su victoria ‘era respaldada por Dios’. El duelo en cuestión se llevó a cabo en 1386 e involucra a Sir Jean de Carrouges, un caballero noble que acusa al escudero Jacques le Gris de violar a su esposa Marguerite. La cinta presenta los hechos a partir de los tres puntos de vista de los involucrados, señalando así similitudes y divergencias en el recuento de lo sucedido y revelando, con ello, cómo es que lo que una persona puede percibir  insignificante, otro puede verlo como trascendental, significativo para su propia vida; o cómo es que un mismo acontecimiento puede sopesarse de una forma tan distinta según hizo sentir, pensar o reflexionar a los implicados. Lo que para uno es olvidable para el otro lo marca de por vida. El recuento en tres versiones distintas también hace evidente la deteriorada relación entre Carrouges y Le Gris, que pasaron de ser amigos a enemigos por las vicisitudes de sus relaciones económicas, políticas y sociales, dejando a Marguerite en medio de todo, a la defensiva, en desventaja y defendiendo su verdad en un mundo acostumbrado a no escuchar a las mujeres o en el que, especialmente en aquella época, el abuso sexual era algo que se callaba e incluso aceptaba como algo normal y cotidiano, porque, en el mejor de los casos, no se veía como una falta hacia la mujer, sino a su esposo, en calidad de propietario y responsable de su esposa. Marguerite pues, queda en medio de dos egos que la miran como un premio, de forma que el duelo no pretende hacer justicia plena, más bien resulta ser la excusa perfecta para poner fin a una rivalidad sustentada en envidia, egoísmo y vanidad.

Carrouges, por ejemplo, no demanda a Le Gris y luego lo reta a un duelo a muerte para defender el honor de su esposa, sino para salvaguardar su propia reputación y, desde luego, para dar cauce a su especial interés en denigrar, condenar y matar para vengarse de un hombre al que tacha como responsable de su mala fortuna; un Le Gris que, según Carrouges, que lleva años orquestando una campaña en su contra, traicionándolo, humillándolo y robándole su gloria. Posible esto porque el escudero tiene el respaldo absoluto, como favorito que es,  del Conde Pierre d’Alençon, el Regente de las tierras en las que viven, la Corte de Argentan, quien es, a su vez, primo del rey Carlos VI, lo que le confiere un poder y autoridad sin restricciones, pues sólo responde ante el Rey. Los acontecimientos, desde los ojos de Carrouges, presentan un Le Gris más bien poco talentoso, inepto en algunas cosas pero taimado y traidor, que se la ingenia para conseguir el favor y la gracia del Conde con persuasión, sumisión y manipulación, eventualmente llevándolo a hacerse de favores traducidos en tierras y títulos que, por azares del destino, o tal vez, inducidos por el mismo, recibe quitándoselos a Carrouges. Según éste, Le Gris es alguien que siempre ha querido lo que él tiene y, en consecuencia, es alguien que lo menosprecia. Según Carrouges, él es el héroe y Le Gris el villano.  En su opinión la afectada no es su esposa sino él mismo, ya que ve la agresión como una venganza o falta dirigida hacia él; esta idea demuestra una actitud tan machista y misógina como egocéntrica, alimentada por una sociedad en la que el hombre se ve a sí mismo en el centro de todo, en la que incluso para la ley, sus representantes y todo el sistema social quien importa es el varón, nunca la mujer, pues quien tiene derechos, honor, propiedades y valor es él, no ella. Carrouges quiere venganza para saciar sus emociones y está convencido que sus acciones son nobles, pues pelea batallas a favor de su Rey y, por ende, se considera merecedor de alabanzas; lo que en el fondo revela la posición social de Marguerite, un bien más de su esposo, tratada como un objeto, como propiedad, no como una persona. A pesar de haber sido agredida, no tenía derechos ni control ni poder, ni ella ni cualquier mujer en este contexto; acusada de infidelidad, provocación, escándalo y promiscuidad, arrinconada a tener que cumplir expectativas, de la época y sobre todo de los hombres, para sobrevivir, exigiéndole ser fiel, recatada, obediente, sumisa y callada.

Las cosas no son muy diferentes desde la perspectiva de Le Gris, que se mira a sí mismo también como víctima. Insiste que nunca hubo una violación porque la relación sexual, según él, fue consensuada, ya que, igualmente según él, la atracción con Marguerite era evidente a raíz de la que considera una relación marital insatisfactoria para ella, o lo que es lo mismo, culpa y responsabiliza a Marguerite de sus propias acciones, convencido de que lo que hizo estuvo bien y además era su derecho, en relación directa a verse más honorable y digno que Carrouges, el esposo de ella. Ello es reflejo de la perspectiva autoritaria y patriarcal de los señores propietarios de la época, acostumbrados a tratar a las mujeres con prepotencia, violencia y como simple objeto sexual. La idea de fondo, al contrastar ambas versiones de los hechos, es que los hombres se atreven a decidir sobre lo que suponen Marguerite quiere, piensa, siente o necesita; su esposo dicta y reprueba el abuso en función de su papel como marido, no de lo que realmente vivió ella. Le Gris a su vez también actúa en busca de imponer su voluntad, porque está convencido que su palabra, su versión de los hechos y su opinión, es la correcta, o la verdadera. Le Gris y Carrouges se comportan como si el problema social, legal, ético y moral no recayera en una acusación de violación o el abuso a una mujer, sino en una rivalidad entre hombres que no pelean ‘justamente’ entre ellos, una enemistad que se sostiene en su propio machismo. Según Le Gris es él y no el otro quien buscó conciliación, atribuyendo el favoritismo del Conde a su habilidad militar e intelecto erudito, por tanto, justificando el rechazo del primo del Rey hacia Carrouges en lo que cree es un constante intento de su examigo por menospreciarlo y atacarlo. En corto, para Le Gris sólo importa Le Gris y para Carrouges, sólo importa Carrouges. El detalle es que el verdadero error de ambos es medir los problemas sociales en función de su propio narcisismo, ejemplificando cómo las normas y la organización del sistema no están para hacer justicia sino para inclinarse a favor de aquellos con más dinero, influencia o posición social. Carrouges, por ejemplo, se niega a presentarse a la audiencia con el Conde porque sabe que de hacerlo la demanda sería decidida por él, quien fallará automáticamente a favor de su amigo, haciendo evidente que el sistema de justicia, administrativo y legal, no tiene nada que ver con velar por el bien de la comunidad, sino por los intereses de aquellos cercanos a las esferas de poder. El propio Pierre se lo dice a Le Gris cuando le explica que si el caso cae en sus manos, con facilidad podrá decidir sobre la situación, absolverlo a él y argumentar que Marguerite inventó o soñó lo sucedido, menospreciando y minimizando así su voz y su verdad, callándola en lugar de escucharla e, indirectamente, validando como aceptable la actitud de su amigo, un Le Gris que habría abusado de ella por el mero hecho de poder y querer hacerlo.

El duelo mismo no representa ni verdad ni justicia, es simplemente una estrategia para difuminar la conversación verdaderamente importante: el trato equívoco, injusto y reprobable que hace la sociedad hacia la mujer; y el intento de aminorar e ignorar los abusos hacia ellas que se presentan tan imperceptibles como insignificantes. La creencia aquí es que en un duelo judicial, ‘Dios decide el caso’, como si la justicia fuera divina y mágica, como si escapara de las manos de la sociedad, sus normas, su organización y los derechos que todo individuo debería tener por el simple hecho de ser humanos, ciudadanos, personas. Sin embargo, esa ‘justicia divina’ tampoco rectifica las cosas para Marguerite. En algún punto, hacia el final de la cinta, Carrouges le reclama a su esposa, alegando que su denuncia podría costarle la vida, como si luchar por la verdad fuera un error, como si la verdad no importara o como si ella no importara. Lo que Carrouges olvida y que ella bien le reclama es que Marguerite misma está sacrificando tanto o más que él, pero además en nombre de la justo y correcto, no de la presunción y la soberbia, como hacen tanto Carrouges como Le Gris.

Marguerite habla de lo sucedido y reclama ser escuchada sabiendo que la gente desaprobará y señalará sus acciones, la volverá blanco de burlas, rumores, calumnias y críticas, porque asumen que miente o que ella es la culpable del abuso, por el simple hecho de que si sucedió, ella lo permitió. Si Marguerite defiende la verdad a pesar de la vergüenza, errores de juicio y habladurías, es porque exige ser tratada con dignidad, porque lo que dice importa, porque la verdad importa, lo suficiente para desafiar los cánones, prejuicios, al sistema y a las instituciones; todo está en contra de ella, ya sea que hablemos de su esposo, su Rey, la Corte y la iglesia, entendiendo que de perder Carrouges el duelo, ella pagará también con su vida pues será acusada por haber levantado falsas acusaciones, recordando que quien pierde el duelo no tiene el respaldo de la verdad, para entonces ya convertida en un espejismo, un pretexto. Todo termina por ser un circo, un espectáculo para las masas, un duelo que en realidad funge como medio de entretenimiento, una lucha a muerte que al final no tiene nada que ver ni con la denuncia ni con la falta cometida, un enfrentamiento en el que Marguerite no gana, sólo pierde, sin importar cuál de los dos hombres salga victorioso. Si lo hace Le Gris, ella será torturada y quemada viva al encontrársele culpable de adulterio y de calumniar a un caballero; por ende, de haber cometido un pecado; si lo hace Carrouges, entonces su esposo se lleva los aplausos y la gloria, dejándola en la misma posición de desventaja social y familiar, en la que nada cambia, vista y tratada como un objeto o propiedad del hombre a su lado, como era común catalogar y, así, denigrar a las mujeres en aquella época. “La violación no es un delito contra la mujer. Es un delito de propiedad contra su tutor masculino”, dice en algún momento un clérigo consultado para llevar la defensa de Le Gris, dejando ver que para las personas en ese contexto histórico, político y social, la mujer no importa ni vale nada; por consiguiente, cualquier acción en su contra es sólo una vía para barajear otros asuntos, como juegos de poder y de supervivencia, de traición o venganza.

El tercer recuento de los hechos, el de Marguerite, muestra que nada es lo que parece, que ni Carrouges ni Le Gris son perfectos como ellos se pintan, que en cambio, ambos son toscos, petulantes y soberbios, no sólo con ella, también con cualquiera a su alrededor, una situación normalizada y aceptada socialmente. Realidad que cientos de años después de cuando la historia tuvo lugar sigue siendo vigente, preocupante y recurrente: hombres con poder, egocéntricos, que se preocupan y ocupan con sus venganzas y autocomplacencias, que se ven a sí mismos como héroes, al menos de sus propias historias, escudándose en conceptos como honor, justicia o verdad, legalidad o divinidad, que arrebatan y someten porque creen que es su derecho, porque en su mundo alardear, presumir y pasar sobre otros es la base del éxito. Para cualquier persona que se mira por encima de los demás, peor que perder no es no ganar, es ni siquiera participar y pelear, es no ser protagonista, por eso su versión de los hechos siempre está por encima de todo, porque no la ven como una porción de la realidad, sino como un absoluto que no se puede desafiar y que, por lo mismo, quieren imponer siempre su punto de vista, sus creencias su ideología y su cultura; ese es el mayor peligro que enfrenta la sociedad actual.

The Last Duel, 2021, Dir: Ridley Scott

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Justicia Artificial
Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La tecnología está en todas partes, ha sido base del desarrollo económico a lo largo de la historia de la humanidad y hoy, junto con el saber científico, es parte fundamental de los mecanismos de toma de decisiones tanto a nivel empresarial como gubernamental; lo importante es qué tanto se le ha utilizado para insertarse en la vida cotidiana de las personas, invadiendo incluso su intimidad hasta tomar control de las normas de convivencia social y dictar funciones, reglas y dinámicas para la gente, impactando directamente en su existencia y evolución. Si las máquinas y los programas de software son herramientas, por qué se les deja elegir cómo deben actuar, pensar, decidir y relacionarse los humanos.

Es claro que la sociedad busca transformarse y progresar, adaptándose a las circunstancias, necesidades y realidad actual de su población. Si algo no funciona, en su organización o sus reglas, tiene que cambiar; el problema recae en si al hacerlo se pierde de vista su objetivo y existencia, por ejemplo, si las leyes dejan de proteger y comienzan a afectar a los ciudadanos, si la tecnología deja de ser instrumento de ayuda para, en su lugar, servir para controlar, vigilar, inducir, someter y dictar normas de comportamiento; o si la política y la economía dejan de velar por el bienestar de la comunidad para en cambio responder sólo a los intereses de unos cuantos con el poder, operando siempre el sistema jurídico para proteger los intereses de ese grupo social dominante. De aquí parte la película Justicia Artificial (España-Portugal, 2024), dirigida por Simón Casal, quien coescribe junto a Víctor Sierra, y protagonizada por Verónica Echegui, Tamar Novas, Alba Galocha y Alberto Ammann. Se ambienta en un futuro alternativo en España, en el que un programa de inteligencia artificial (IA) llamado Thente se usa para asistir a los jueces en sus casos, analizando la evidencia, la biografía y el perfil de los acusados y sugiriendo sentencias y condenas. Hasta ese momento el software está habilitado como una simple herramienta de apoyo, una máquina que proporciona a los jueces una información que les sea útil en sus decisiones, sin embargo, se espera que eventualmente la inteligencia artificial sustituya por completo al humano y las personas sean juzgadas por el algoritmo en los procesos legales. El gobierno y la empresa privada dueña de Thente trabajan en conjunto para hacerlo posible y lanzan un referéndum para votar si se está o no de acuerdo en que se haga efectivo; el punto, argumentan, es que al recurrir a la inteligencia artificial para analizar, dictaminar y sancionar, los acuerdos serán más objetivos, se hará más rápido, eficiente y eficaz el sistema jurídico, además de disminuir gastos en el aparato de gobierno. Las perspectivas parecen favorables, no obstante las reservas de algunos sectores sociales, especialmente de especialistas en materia judicial. Si bien, cuando la desarrolladora de la IA, cofundadora de Thente, fallece en misteriosas circunstancias, el resultado de la votación, hasta ahora inclinado por el ‘sí’, comienza a tambalearse, al hacer evidente que aquellos directamente implicados están más interesados en la ganancia monetaria y las alianzas de poder, que en modernizar un sistema legal ya insuficiente para las necesidades de la población, o en hacer valer una justicia objetiva e imparcial para la ciudadanía.

A fin de mejorar su imagen pública y para validar la efectividad de la IA, Thente invita a la juez Carmen Costa a auditar el programa, una interacción que a su vez que permita mejorar el algoritmo del proyecto. La realidad detrás de la decisión es, sin embargo, una estrategia de persuasión y convencimiento, considerando que Carmen es de las pocas personas que aún cuestionan la viabilidad de la IA en los procesos legales y el sistema de justicia (humano). Por un lado, que el software pueda evaluar su funcionamiento al comparar sus procesos con el trabajo de una persona real facilita el pulido de datos y algoritmo; la IA ‘aprende’ de Carmen, dicen informalmente, pero en realidad lo que el programa hace es emular al humano y construir un modelo, un diagrama de flujo a partir de patrones de comportamiento o decisiones, mediante valoración de la información que, es obvio, puede agrupar y procesar más rápido que el humano. En el fondo lo que Thente pretende es aprovechar o aprovecharse de la experiencia legal y profesional de Carmen, no sólo para la mejora del algoritmo sino también para la certificación, al menos indirecta, del mismo, intentando asociar a la empresa con el prestigio de la abogada a raíz de la relación directa creada, más bien plantada o forzada por la auditoría. Alguien incluso le asegura a Carmen que la idea es ‘comprarla’, es decir, ponerla de su parte para favorecer a Thente, ya sea convenciéndola de la efectividad del programa u ofreciéndole cualquier incentivo a cambio, ya que su respaldo es la legitimización del uso de la IA. En corto, lo que importa es poner el algoritmo en marcha a toda costa, distrayendo de la conversación verdaderamente relevante: ¿el uso de inteligencia artificial dentro del sistema de justicia de un país es favorable para los involucrados o será factor de injusticias y corrupción? El problema aquí es que el uso de un algoritmo para analizar y dictaminar procesos humanos que pueden afectar la vida de personas, es difuminado en una parafernalia mediática que oculta el interés financiero y político de sus promotores, explotando las evidentes carencias del sistema judicial.

Todas aquellas campañas de mercadotecnia en las que un producto está avalado o supuestamente respaldado por una profesional u organización oficial, lo que hacen no es comprobar certeramente la efectividad del producto o servicio, sino convencer al cliente o usuario de su aparente efectividad por medio de una instancia o entidad que presuntamente le da su aprobación. La cuestión es si esa aprobación es honesta y verídica, o comprada, quizá amañada o tergiversada. Esto es lo que sucede con Carmen, no es que ella haya aprobado el uso de Thente como auxiliar o sustituto del papel de un juez, es que al colaborar con la empresa detrás de la IA, se da la apariencia de que es así, consiguiéndose la percepción social de que los profesionales en el campo laboral están de acuerdo con su uso, cuando en realidad es todo lo contrario, la asociación de jueces no respalda al algoritmo, no sólo porque los desplaza laboralmente, sino porque éticamente resulta inquietante que una máquina determine la vida humana. Para Carmen lo importante recae en preguntar si Thente realmente es objetivo, imparcial y justo, o si puede realmente serlo tomando en cuenta que es un programa de software sistematizado. ¿Se puede estar seguro de que no hay margen de error en sus datos?, de que ¿hay funcionalidad real y óptima en su implementación?, y sobre todo, ¿hay ética en su participación o decisión? ¿Puede la conducta ética ser programada? ¿Cómo es que un programa de software o una inteligencia artificial ‘juzga’ un acto humano? Thente se guía a partir de patrones de datos, diagramas de flujo, información acumulada y respuestas predeterminadas, sin embargo, lo que tiene enfrente son personas cambiantes, emocionales, inseguras, impredecibles e impulsivas, incluso cuando sus respuestas sean racionales y sus actos sigan modelos de conducta estudiados.

Cuando Carmen es invitada a un foro para discutir el uso de la IA, ella señala que un problema que encuentra en el uso del algoritmo es que sus observaciones y conclusiones de un caso cualquiera siempre están basadas en información pasada. La inteligencia artificial podrá repasar la evidencia y analizar el comportamiento del acusado previo a su crimen o durante su juicio, pero no puede predecir el pensamiento en ese instante de esa persona. La IA se adelanta a predecir las acciones futuras de los acusados, calculando las probabilidades de reincidencia por ejemplo, pero una estadística no es más que un porcentaje de posibilidad, nunca una certeza. Por qué basar decisiones humanas sólo en estadísticas, por qué creer que la informática tiene todas las repuestas si la tecnología no es más que una programación creada por el propio hombre. El lado humano es el elemento más importante, el contexto, las sensaciones, la redención, la compasión, la generosidad y muchos otros valores intangibles que la inteligencia artificial puede definir, plantear e intentar medir, pero nunca entender, porque no es una persona. Los resultados y respuestas de la IA están programadas, preestablecidas por el software que le hace funcionar, pero en esencia preestablecidas por los humanos que lo codifican. Los que están a favor del uso de Thente insisten que su utilización no sólo optimiza los procesos legales, cada vez más saturados e ineficientes, aquellos que el humano ya es incapaz de resolver en tiempo y forma porque les supera en número y complejidad, sino que, dicen, al automatizar los procesos no sólo hay mayor eficiencia, también se despolitiza el sistema judicial. La idea detrás del argumento es que el factor humano en la estructura legal es un elemento más perjudicial que favorable, a raíz de la corrupción tanto personal como del sistema. El humano, aquí el juez, es lento, susceptible al error, inclinado al prejuicio y potencialmente corruptible a través de sobornos, presión, persuasión y mecanismos similares para obtener su favor. Lo que no se señala es que detrás de esta supuesta preocupación por la despolitización, lo que le sustituye es la privatización, en donde el que gana no es el ciudadano promedio ni el sistema legal, sino el capital, en este caso, una empresa privada dueña de la inteligencia artificial a la que ahora se le planea delegar un proceso gubernamental moderado y administrado por el Estado. Transportándolo a la realidad los sistemas de salud y de seguridad ya lo viven, incluso, por cierto, algunos judiciales, dirigidos por organizaciones privadas que ofrecen resultados al mejor postor y por ende responden a los intereses de quien paga, no de quien se supone tienen que ayudar. Esto no sólo dificulta la imparcialidad de los procesos sino que propicia discriminación, exclusividad y clasismo. El algoritmo, la inteligencia artificial o el sistema implementado responde a su dueño y su dueño es quien tiene el poder, o el dinero, para desarrollarlo e implementarlo. Carmen finalmente lo dimensiona cuando comienza a cuestionar la muerte de Alicia, al enterarse de que, pese a asegurarse que la programadora estaba a favor del lanzamiento de Thente, la realidad era que quería frenarlo, retrasar o anular su puesta en marcha sabiendo las consecuencias reales de la intromisión de la IA en la vida humana, al permitirle desplazar al humano, substituyendo al juez en lugar de sólo asistirlo o apoyarlo. Alicia quería que la IA hiciera posible la democratización de la justicia, procesos más transparentes, ágiles, suficientemente analizados y por ende justos; en cambio, lo que se había conseguido con Thente hasta ahora era promover un algoritmo que se implementaba para favorecer a unos cuantos gracias a bases de datos manipuladas, programadas para analizar de manera diferente a las personas, ya que se podía comprar un trato ‘especial’, o VIP, si se pagaba lo suficiente por ello. El algoritmo no recibe nada a cambio, no ‘decide’ quién recibe un trato especial, son los programadores de la IA quienes reciben un beneficio a cambio de modificar el funcionamiento del programa. Si los dueños de Thente y el gobierno eligen cómo la IA procesa sus bases de datos, si la IA es un programa creado por una persona, cómo es que puede existir objetividad en su ejecución. Trasladando al mundo actual, cómo es que no se analiza más a fondo la forma en que la tecnología está inmersa en todo aspecto de la vida, almacena, rastrea, procesa y cataloga toda la información en la red, no para dar respuestas funcionales a los humanos, sino para favorecer a las personas con el poder y el dinero para hacer que las máquinas sean programadas para rastrear y procesar información que luego utilizan según sus intereses, para vender, convencer o manipular a la sociedad, ya sea que se hable de la venta de un producto o una elección gubernamental, por ejemplo.

Asimismo, además de hablar del desplazamiento del humano a partir de la automatización y digitalización de los procesos, o del uso ciego, incontrolado, invasivo y poco ético de la inteligencia artificial, la película también ahonda en la ineficacia del sistema judicial. Aunque ambientada en España, revela una verdad universal: es imposible que haya justicia honesta, imparcial e íntegra en un mundo donde todo es susceptible a la corrupción, donde la democracia es una muletilla, porque aparentarla es la pantalla perfecta para no ponerla en práctica, o donde la burocracia y los intereses políticos y económicos de la clase o grupo social dominante son los verdaderos operadores del sistema. Si bien la cinta plantea cómo la tecnología y la informática se modernizan, también cuestiona y critica cómo es que la organización institucional para la que trabaja no lo hace a la par, sea en la cultura, la ciencia, la política, la economía o cualquier sistema social, en este caso, el judicial. Ejemplificándolo con la película, por qué importa más la actualización de las computadoras, el uso de la informática y el empleo de inteligencia artificial en juicios y sentencias, si las leyes y los procesos democráticos a los que sirven continúan siendo los mismos que hace años. Quizá Thente, o la inteligencia artificial en general, no tenga sesgos, ideologías, prejuicios o intención específica, sólo analiza datos y produce resultados, pero no puede ni podrá sustituir nunca al humano, es éste quien la produce y la puede utilizar; así que, por qué actuar como si lo fuera. Al final ya no sólo se trata de cuestionar quién controla al sistema sino quien controla a la IA, que es ya en la actualidad la fuerza detrás de todo sistema. En ese sentido la prioridad no es mejorar el orden y la estructura social, sus normas y sus funciones, sino utilizar la inteligencia artificial para controlar la dinámica social e incrementar las ganancias de las grandes corporaciones que monopolizan la producción de esa tecnología. En la narrativa de la película, ¿por qué dictar sentencias con algoritmos, tomar decisiones a partir de estadísticas, construir ideologías desde datos procesados y resolver acciones según lo que dice un algoritmo o una máquina? La respuesta, incluso en nuestra realidad social: para mantener y reproducir al sistema socioeconómico, su estructura de clase y los beneficios económicos y políticos de los propietarios de los medios e instrumentos de producción.

Justicia Artificial, 2024, Dir: Simón Casal de Miguel

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 13: Napoleón Glockner

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con el reconocido académico, actor y locutor mexicano Napoleón Glockner. Te invitamos a recorrer la trayectoria de Napoleón Glockner, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México-UNAM, actor de teatro, cine y televisión, decano de la locución y el doblaje en México, conoce su historia, motivos e inspiración en los diversos ámbitos de sus actividades. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #napoleonglockner #jovenesartesanos #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

ENCUENTROS con Iván Uriel

Una producción Original Filmakersmovie.com

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México, 2025

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

Cónclave: fe, devoción y poder, al reflejo de los tiempos

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Cónclave es una de las más interesantes propuestas fílmicas de la década, sutil, elegante, y al mismo tiempo atrevida, explora diversos temas considerados como intratables desde una perspectiva dogmática; lo anterior, enmarcado dentro del proceso electivo de un nuevo papa ante la muerte del pontífice en turno, legando en su ensayo, la deconstrucción de un cónclave papal, y una aproximación a los intereses religiosos, posicionamientos políticos, argumentos ideológicos, teológicos y filosóficos, así como prejuicios territoriales, nacionalistas, raciales y globales que permiten a la audiencia, profundizar, más allá del cónclave en sí, en todos los entresijos que delimitan su existencia. El análisis y resolución de los candidatos, las razones, motivos y acuses de la elección, son el colofón desde el cual se presentan los claros favoritos a ocupar la plaza máxima en la Santa Sede, como las alternativas instrumentales y, sobre todo, la sorpresiva conclusión desde toda misiva, haciendo del guion de Peter Straughan, adaptado de la novela escrita por Robert Harris y dirigido por Edward Berger, en la mejor película estrenada en esta temporada de premios.

Con las sólidas actuaciones de John Lithgow, Stanley Tucci, Sergio Castellito y Lucian Msamati en la siempre acompasada profundidad de Isabella Rosellini y la extraordinaria actuación del enorme Ralph Fiennes, Cónclave muestra los avatares de un proceso electoral desde la coral evaluación del discernimiento, a la luz de la devoción, el credo y la fe, donde la doble moral y la curia, la misoginia y el arrebato, la solidaridad, la empatía o el perdón como absolución del castigo,  son un crisol de múltiples debates, conspiraciones e intrigas, que dejan al reflejo una profunda reflexión sobre la condición humana, el libre albedrío, y la religión. La cinta resulta un espléndido ejercicio audiovisual, con una música sugerente y una fotografía que desde su paleta de colores nos recuerda otra obra maestra de Berger, la evocadora, Sin novedad al frente; en Cónclave, la audiencia puede atestiguar una demostración actoral cuyo  cariz profuso resulta admirable, al tiempo que se adentra en una suerte de campaña electoral desde un thriller psicológico  y un viso eclesial que le dejará en el aliento contenido de un final que, quizá, la película propone como un paso necesario en las instituciones religiosas, y de las cuales uno quisiera precisamente fe, empatía, amparo, paz, inclusión, igualdad, solidaridad, amor y libertad.  Mención especial merece la sensible, y a la vez conmovedora presentación de Carlos Diehz, quien a través de su personaje sorprende, envuelve y da sentido al Cónclave, y su elección.

Conclave, 2024, Dir: Edward Berger 

Politólogo, escritor y documentalista, Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas, y Premio Bienal de la Academia Literaria de la Ciudad de México, es autor de diversas novelas y director de documentales en derechos humanos. Director Editorial de Filmakersmovie, recibió el Premio Nacional de Gestión Cultural; su obra ha sido compartida en más de cuarenta países de cinco continentes.

Descuida, yo te cuido

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Las personas quieren ganar, quieren tener, acumular, persistir, presumir, sentirse superiores y poder decir que son todo lo que la sociedad considera exitoso, para ser reconocidos, aclamados o valorados; se busca obtener belleza, dinero, fama, lujos y comodidades, entre otras cosas. Esa es la naturaleza humana, la competitividad y la supervivencia, o visto desde otro punto de vista, la ‘ley de la selva’, la ley del más fuerte, la dinámica de sobresalir o quedar rezagado. Desde luego, esta dinámica acentuada, profundizada, en virtud de la propia mecánica del sistema capitalista de producción que funciona justo en la medida en que unos pocos acumulan dinero y capital, en tanto la gran mayoría sufre miseria, pues son expoliados por la élite económica-política.

Crees que eres una buena persona, pero no es así. Créeme, no existen las buenas personas. Yo era como tú, pensaba que esforzarme y hacer las cosas bien me garantizaría el éxito y la felicidad. Pero no. Hacer las cosas bien es un chiste que inventaron los ricos para mantenernos pobres al resto. Y yo fui pobre. No va conmigo. Hay dos tipos de personas en este mundo: la gente que aprovecha y de los que se aprovechan. Depredadores y presas. Leones y corderos”.

Ese es el análisis con la que empieza la película Descuida, yo te cuido (EUA, 2020) en voz de su protagonista Marla Grayson, una mujer oportunista y mezquina que tiene un negocio alineado con los engaños legales del sistema y que ha planeado, con mucha estrategia, para hacerse del dinero de las personas más desafortunadas, que no son las más pobres sino las más solas y desprotegidas. En efecto, Marla se considera una leona y los adultos mayores a quienes les exprime sus ahorros para quedárselos ella, son sus presas. En esencia es la imagen del mundo animal, irracional, en donde el pez grande se come al chico, o en donde los depredadores asesinan y devoran a presas más pequeñas. En el supuesto mundo racional humano, son lo que los intelectuales y políticos definen como “grupos vulnerables”. Sin embargo, la narrativa ilustra justamente que en el fondo seguimos siendo animales, autodenominados racionales, pero incapaces de abandonar el comportamiento bárbaro para exterminar a quienes consideremos más débiles que nosotros mismos.

Escrita y dirigida por J. Blakeson y protagonizado por Rosamund Pike, Peter Dinklage, Eiza González, Chris Messina, Dianne Wiest y Alicia Witt; la historia sigue a Marla, quien trabaja como representante legal de un buen número de adultos mayores, aparentemente incapaces de cuidar de sí mismos y a quienes legalmente un juez los asigna a ella, como encargada de su tutela o custodia. Marla se la vive convenciendo a los juzgados de que su labor es cuidar a sus clientes, protegiendo sus beneficios, pero en realidad el único beneficio que busca es el de ella. Tiene acuerdos con médicos y con el encargado de un asilo de ancianos para que aíslen a los adultos bajo su custodia de todo contacto, incluyendo su propia familia; se exageran los registros médicos para que parezca que estos ancianos ya no tienen capacidad de cuidar de sí mismos o de tomar decisiones en pleno uso de sus facultades mentales; así Marla se queda a cargo de todo aspecto sobre sus vidas: sus finanzas, su salud, su supervivencia misma. La ruin estafa está bien resumida en las palabras con que inicia el filme, en las que Marla asegura que en la vida, o te aprovechas de alguien o alguien se aprovecha de ti. Es una lección aunque no un buen consejo de vida, en esencia porque tiene razón. Idealmente el mundo debería ser solidario, libre, respetuoso y colaborador, pero en la realidad la sociedad se guía bajo la filosofía de ganar a toda costa, la que implica que para que haya un ganador debe haber uno o varios perdedores, lo cual induce a aprovecharse del de junto para sobresalir, o empujar al de enfrente para quedar en su lugar.

La historia elige un tono sarcástico para presentar todo esto porque es una comedia negra, pero una que sirve para demostrar la realidad de los absurdos, ya que Marla sólo actúa conforme a la ley, aprovechando para obtener beneficios gracias a las inconsistencias del sistema y a la corrupción del ser mismo. Interpreta la ley a conveniencia y manipula a las personas abusando de la debilidad y salud ajena. Por ejemplo, convence al juez con un discurso manipulador bien argumentado, se asocia con una doctora y el dueño de un centro médico a cambio de una ganancia monetaria también para ellos y elige a los adultos mayores ‘más factibles y viables’ con análisis frío y calculador, personas solitarias con pocos familiares o ninguno, pero suficiente dinero o solvencia económica como para explotar su capital. Eso es lo que valen las personas para Marla, simples objetos para explotar en función del costo-beneficio. En este caso, la relación entre bienes, dinero y pertenencias con respecto a desprotección y vulnerabilidad. Aquí está la idea clave de la película, explotar al prójimo; lo que Marla y su socia Fran, quien también es su pareja, tienen bien ensayado, asumir una personalidad sumisa y, aparentemente, socialmente responsable; esa careta de personas preocupadas ‘al servicio de la comunidad’, para hacer bajar la guardia del de enfrente. Logran asumir el control de las otras personas con mucha facilidad y además de forma legal, gracias a la aparente iniciativa servicial que en el fondo adoptan para parecer amables y loables y así ser convincentes y aceptadas. El juez que recibe los casos de Marla está, por ejemplo, convencido de que ella no sólo hace bien su trabajo sino que en realidad vela por los intereses de la gente a su cargo, porque así es como Marla quiere que la vean, como alguien confiable y respetable. Esta fama, este perfil que la gente se hace de ella, le permite explotar a otros sin que se sospechen malas intenciones de su parte.

El plan es aparentar una cosa y hacer otra, para no levantar sospechas, así que Marla y Fran se dedican a elegir personas que, apoyadas en la doctora que trabaja para ellas, sean catalogados como incapaces o débiles, usualmente pacientes (potencialmente mal etiquetados) con demencia o algún deterioro mental similar que obligue a la ley a intervenir. Entonces trasladan a esa persona a un asilo de acianos, en donde el encargado controla al paciente tanto como Marla lo solicita y luego estos personajes proceden a hacerse de todos los bienes del adulto mayor en cuestión, al tener legalmente control de su dinero y poder de decisión, lo que incluye documentos que firman bajo los excesivos medicamentos que se les suministran,  a partir de la aseveración de Marla de que son a su favor. Marla se justifica diciendo que lo que hace es vender las propiedades de esas personas para pagar tanto sus honorarios como el ingreso y mensualidad del asilo, pero en realidad, como guardián legal absoluto, ella administra de tal forma que tiene posesión de la vida de las personas como si fueran objetos, suplantando su voluntad, manipulando sus decisiones, para vender sus propiedades y pertenencias y así obtener el mayor dinero posible durante el mayor tiempo posible, o sea, hasta que la persona fallezca. O lo que es lo mismo, convierte a un humano en una fuente de ingresos, explotándole bajo el respaldo de las autoridades que lo facilitan creyendo que el modelo de tutela o guardia legal beneficia en lugar de afectar a las personas. La trampa de Marla ni siquiera es una trampa propia, es una realidad de la que se aprovecha, el sistema de tutela que opera en Estados Unidos donde se desarrolla la historia, convirtiendo a personas con problemas de salud en seres sin derechos, sujetos a la voluntad ajena por decisión legal; una forma de esclavitud justificada y avalada por la ley. Marla interpreta la ley, compra conciencias y voluntad de profesionistas que aprovechan para obtener ingreso adicional y abusa de la debilidad física y aislamiento familiar de las personas a quienes convierte en sus presas.

Suena absurdo pero no lo es, al menos no como lo plantea la película. Por ejemplo, si un médico determina que una persona no es capaz de tomar sus propias decisiones en pleno uso de sus facultades, o que su actuar puede hacer que su vida o la de otros corra peligro, el Estado interviene, asigna un tutor o guardián y ni siquiera tiene que avisar a nadie, ni siquiera a los familiares, dado que se considera una situación de ‘emergencia’ y el juez que asigna se considera una autoridad velando por la seguridad de la persona, autoridad que también asume que es su responsabilidad y que está haciendo lo ‘correcto’. El problema está en que se supone el médico actúa siempre profesionalmente con ética y sin dolo, sin embargo, el sistema hospitalario gubernamental y la práctica profesional privada están llenos de ejemplos que demuestran indudablemente lo contrario: médicos, enfermeras y psicólogos o psiquiatras que inducen comportamientos, drogan a conveniencia, vuelven adictos y dependientes a los pacientes. En breve, se ajustan al dicho que establece que ‘el mejor paciente es el que no se cura pero tampoco se muere’. Y de eso se aprovechan, carentes de moral, Marla y sus cómplices. ¿Lo correcto para quién? Habría que preguntar; ¿para el Estado, el tutor, el paciente o para la sociedad? ¿Qué parámetros se toman en consideración para tomar tal decisión de catalogar  la persona como ‘incapaz’, además de un certificado médico que puede decir lo que sea que el médico quiere que diga? O en cuyo caso, y tal es el escenario de la película, ¿qué tan sencillo es sobornar a un médico para que un informe de salud diga exactamente lo que alguien más dicta o estipula según sus propios intereses? Sin duda, es en verdad muy fácil toda vez que el sistema educativo forma profesionistas carentes de ética y en búsqueda del máximo beneficio. Así que Marla está tranquila porque sabe que las personas que “técnicamente” hacen algo ilegal son sus asociados, mientras ella sólo cumple con los requerimientos legales. Marla es la reina de la selva, retomando su analogía de leones y corderos, pues se sirve de otros para que hagan el trabajo sucio y así ella pueda conseguir su cometido. Ella gana y todos los demás pierden o reciben sólo migajas.

La trama de la historia se concentra en que Marla y Fran se topan con alguien igual de despiadado y audaz que ellas, alguien que sobrevive y obtiene ganancias y privilegios aprovechándose, abusando de los demás. Ese es Roman, un criminal cuya madre, Jennifer Peterson, se ha convertido en la nueva víctima de Marla. Sin poder reclamar de forma legal, dadas sus actividades criminales relacionadas con el tráfico de drogas que le impiden revelarse como el hijo de Jennifer, Roman tiene que recurrir a las prácticas ilegales para recuperarla. Es entonces que la comedia negra encuentra su punto más fuerte; Roman intenta conseguir su meta primero de la manera legal, enviando a un abogado para revertir la situación, pero no lo consigue, porque Marla es más astuta ya que tiene más experiencia en este tipo particular de asuntos legales y sabe ser más convincente y persuasiva, por lo que el criminal comienza a buscar alternativas diferentes. Bajo el dicho ‘hierba mala nunca muere’, Roman nunca logra deshacerse ni de Marla ni de Fran, en parte porque está rodeado de empleados incompetentes, que son superados por la astucia de aquellas dos mujeres. O la película pinta a criminales de la mafia ineptos (y lo son, hay tantos intentos fallidos de matar a Marla que resulta caricaturesco) o esa es la idea de fondo del guión, demostrar que aunque el crimen y la violencia pueden, la corrupción puede más. Roman se lanza directamente a las amenazas y a matar gente y no logra su objetivo, mientras que Marla procede a limitar los medios por los que Roman o su madre, o cualquiera de sus clientes, pueda hacer algo, legal o ilegalmente, porque los señala, expone y eventualmente controla de una forma astuta, bajo las sombras y en la discreción, lo que finalmente da mejores resultados. En breve, Marla sabe ser hábilmente el león disfrazado de cordero. Esa es la ley de la selva, no sólo aprovecharse del débil, sino sacar del camino al otro que es igual de fuerte que yo. “Jugar justo y tener miedo no te lleva a nada”, insiste Marla; de nuevo, esa no es la lección de la historia, esa es la forma de pensar de este personaje que ejemplifica la corrupción y maldad del ser humano, la realidad competitiva que le orilla a olvidarse del trabajo en equipo y la solidaridad para proceder en beneficio propio, de forma individual y egoísta. Finalmente se trata de  una comedia negra que refleja el mundo real; hay muchas Marlas en esta vida, personas que sólo responden a su avaricia y ambición; personas egoístas, envidiosas, soberbias, manipuladoras y/o controladoras, que harán lo que sea por conseguir lo que quieren, porque a ellos no les importa a quién afecten, a quién pisoteen, destruyan o lastimen, mientras se haga lo que dicen, como lo dicen y cuando lo dicen. ¿Es Marla un modelo a seguir? No; Marla es en realidad el prototipo o reflejo perfecto de la gente que quiere poder y que quiere ganar; ese tipo de personas de la que está lleno este mundo, seres sin principios morales, egoístas e inhumanos.

“Toda fortuna comienza con un salto de fe. Pero antes de dar ese salto, primero, hay que conocerse muy bien. Saber quién eres. Preguntarse: ¿estoy adentro o estoy afuera? ¿Soy un cordero? ¿O soy una leona? ¿Soy una depredadora? ¿O soy una presa? ¿Soy buena con el dinero? ¿O soy buena con la gente? ¿Qué estoy dispuesta a sacrificar para cumplir mis sueños? ¿Qué líneas no cruzaré?”, analiza Marla al final de la película, luego de asociarse con Roman. Incapaz de sacarla de su camino, aquel le propone una alianza que los beneficie a ambos y esto es interesante porque, siguiendo la lógica de la protagonista, Roman también es un depredador, no una presa. No pudo deshacerse de Marla, así que sobrevive aprovechándose de ella. Sí, respalda y financia su negocio para expandirlo, logrando que así ella genere más ganancias para sí, pero Roman no se queda sin nada, se queda con su parte de las ganancias. Ella proporciona las ideas, él proporciona la visión; ella plantea un modelo de explotación, él explota el modelo de explotación, proponiendo ser sus propios creadores de oportunidades, abriendo sus propios asilos de ancianos y clínicas para adultos para no depender, por ejemplo, de un médico que les firme un comprobante médico que diga lo que un juez necesite escuchar, sino tener ellos el medio para emitir ese certificado de salud según sus necesidades. Un negocio redondo, a prueba de huecos legales, más bien apoyándose en ellos, controlando todo lo que Marla no controlaba antes, abogados, médicos y cuidadores contratados en sus empresas para construir un imperio legal de la ilegalidad de su estafa (crimen organizado se define ahora), aprovechándose así ya no sólo de unos cuantos, sino de miles de personas vulnerables, indefensas. Una élite de leones en la selva, sacando provecho de los muchos corderos que no miran los hilos del engaño; o como dirían por ahí: la vida misma tal cual es a partir del modelo capitalista actual. Personas con moralidad dudosa y falta de ética que dictan su propia definición de ganar: tener dinero, tener poder, ser más que los demás. ¿Y para qué?, cuestiona la película, una vez que Marla encuentra la muerte de la forma más catárticamente justa, a manos de una persona que afectó indirectamente, el hijo de una anciana a quien despojó de su dinero aislándola de su familia. Lo importante aquí ya no es si hay justicia o si esta mujer es un ejemplo de un modelo de negocios ruin pero productivo, sino lo que demuestra con su desenlace es que el mundo es perturbadoramente cruel e impredecible, pero incluso hasta el más cruel se encuentra con lo imprevisto e inevitable, porque nadie tiene el destino comprado. ¿De qué sirve entonces el poder y la riqueza acumulada? En voz de Marla misma, cuando Roman le pregunta si no teme que la mate: “¿Recuerdas lo aterrador que era en 1807? ¿No?, yo tampoco, porque aún no estaba viva. Se sentirá igual cuando muera. La nada misma. ¿Por qué temerle a eso?”. Haya altanería o convicción en sus palabras, el punto es que tal vez se equivoca: el asunto no es la muerte, sino cómo vivimos.

I Care a Lot, 2020, Dir: J. Blakeson

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.