Filmakersmovie presenta el trabajo de artistas iberoamericanos
Mauro Soto y LYE – Mar y Tierra
“Mauro Soto & Los Ya Empezamos” inicia el 2021 lanzando nuevo single sobre el amor a distancia
Aunque está inspirada en una historia real, la temática ha estado muy presente durante el último tiempo, producto de la pandemia
“Mauro Soto & Los Ya Empezamos liberan el primer single de este nuevo año, titulado “Mar y Tierra”, una canción que presentaron de forma exclusiva el 2020 a través de un videoclip en formato cuarentena, pero que ahora convirtieron en un romántico single, ya disponible en Spotify y las distintas plataformas digitales, además de su propio video lyric, publicado en Youtube.
Cabe recordar que esta agrupación musical de la Región de Valparaíso cerró el 2020 en diciembre pasado con la primera parte de un potente concierto grabado en los estudios Speaker Pro, en Viña del Mar. Y ahora están promocionando un nuevo hito musical, con este reciente sencillo, basado en una historia de amor real, que inspiró al compositor y profesor de música Mauro Soto, convirtiendo este relato en una canción.
“Este tema lo escribí basándome en la historia de un amigo que actualmente vive en Alemania. Nace de una historia de amor entre un músico y una bailarina, trabajando en un crucero. Por cosas de la vida, de pronto ese trabajo se acabó y ellos deciden seguir juntos, superando la lejanía. La canción habla de esos amores intensos a distancia, que hoy en día además están tan presentes, por el tema de la pandemia. Pero de todas formas se puede interpretar de diferentes maneras, no solo como amor de pareja, si no de extrañar a tu madre que no la puedes ver, a tu abuela, hermanos u otro familiar”, explicó el cantante.
El artista además destacó que el video publicado en Youtube de este single, sigue la línea de la canción “Cuarentena pa´sanar” y su producción audiovisual, lanzada en mayo del año pasado, que consideró al intérprete en lengua de señas Francisco Villarroel, incluyendo así a la comunidad sorda.
Cabe mencionar que “Mar y Tierra” se trata del cuarto sencillo de este proyecto musical, grabado en Estudio Azul, en Viña del Mar, bajo la producción musical de Boris Canales. En tanto, el arte del lyric video estuvo a cargo de Scarlett Oshee, Ilustradora de Quilpué, dando vida de esta manera a un nuevo single del primer disco de “Mauro Soto & Los Ya Empezamos”, llamado “Primeras Composiciones”, que esta banda se encuentra presentando de forma paulatina desde el 2020 y lo seguirá haciendo el 2021.
Video y arte: Scarlett Oshee
Autor y compositor: Mauro Soto
Guitarra eléctrica: Nacho Videla
Guitarra eléctrica: Mauro Soto
Bajo: Fernando Fuentes
Batería: Isaias de la Sotta
La canción fue grabada en Studio Azul, Viña del mar.
Hasta el 26 de febrero está abierta la convocatoria de la segunda edición de Coofilm, programa de residencias colaborativas que pone el foco en la conciliación familiar.
20 mujeres cineastas noveles de España y Latinoamérica con hijos, hijas o necesidades de conciliación tendrán la oportunidad de tomar clases magistrales con destacadas figuras de la industria del cine y recibir asesorías personalizadas.
Enteramente online y con más plazas, Coofilm II se expande a España y Latinoamérica con un completo programa con clases, talleres, sesiones de networking y asesorías, en donde se destacarán el prototipado de guion y la aplicación de herramientas de innovación.
Coofilm es un programa de residencias artísticas nacido en 2019 dirigido a mujeres cineastas que pone foco en la conciliación y la colaboración entre participantes. Sus objetivos son impulsar la creatividad contemporánea femenina, facilitar la colaboración entre las creadoras, crear una comunidad presencial y online para generar empleo, y visibilizar y facilitar la conciliación en la industria del cine.
Patrocinada este año por la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), fue subvencionada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España en su primera edición.
Los resultados de la primera edición confirman el éxito de este modelo de residencia, único en su tipo. Lo demuestra el trabajo de las 15 residentes del año pasado, entre ellas Victoria Paz, directora de arte de “Blue Malone” y “Gastos incluidos”, cortometrajes nominados a los Premios Goya.
No es una residencia cualquiera
En España 30% de quienes trabajan en largometrajes son mujeres, 26% en dirección, 23% en guion y 26% en producción, según datos de CIMA. Para Gabriela Garcés, gestora cultural, madre y fundadora de Coofilm, ya era hora de actuar atendiendo a las realidades de muchas mujeres y sus familias.
Para ella, esta segunda edición y con la COVID-19 afectando la industria del cine y las familias, es una oportunidad para seguir combatiendo esa desigualdad e innovar en espacios de conciliación online. Este año de nuevo se contará con la agencia Zorionak Kids and Party para mantener a niños y niñas motivados físicamente con actividades de carácter cultural y creativo.
Como novedad se dará inicio a “Coofilm In Lab”, un programa de aceleración de innovación en las artes visuales para explorar y dotar de herramientas en innovación de contenidos y formatos.
Además, las participantes de la primera edición que tengan experiencia en algún ámbito audiovisual también impartirán talleres a sus nuevas compañeras.
Grandes maestras se unen para colaborar.
cortesía: Comfilm_Rodajes
El programa incluye masterclasses con reconocidas profesionales, como Hebe Tabachnikh, curadora en festivales de EE.UU., México, Chile, Colombia, Brasil, Argentina y China; Paula Palacios, directora de “Cartas Mojadas”, nominado a Mejor Documental en los Goya; María del Puy Alvarado, productora de “El agente topo”, apuesta de Chile para los Oscar, y de “Anatomía de un dandy”, también nominados a los Goya 2021; Olatz Arroyo, guionista de “Madres”, serie de Amazon Prime Video, y muchas cineastas más.
Visita su página para enterarte de la convocatoria e inscribirte.
En la actualidad a través de las redes sociales, circulan fotos en blanco y negro de mujeres de diversas edades y nacionalidades, donde aparece “reto aceptado”. Esto nació en Turquía como una manera de manifestar los casos de violencia de género y los avances del gobierno contra los derechos de las mujeres. “El Jinete de las Ballenas” llamó la atención al ser considerada para los premios BAFTA y Oscar en la categoría de mejor actriz, la película refleja lo que significa ser mujer en un contexto marcado por las tradiciones machistas. Dicha película también ganó el premio de cine de Toronto.
En un pequeño pueblo de la costa de Nueva Zelanda, los aborígenes de la tribu Whangara piensan y creen que proceden de un único ancestro, cuya existencia se remonta mil años atrás, Paikea, quien escapó de la muerte tras volcar su canoa, montando en el lomo de una ballena. Según la tradición el jinete de ballenas debe ser un varón primogénito, sin embargo al varón a quien le correspondería se niega asumirlo, ya que esta en Europa y no le interesa; él tuvo una pareja de mellizos, pero el niño no sobrevivió, ya que murió en el parto junto a su madre, quedando solo su hermana gemela Pai. Ella tiene once años y piensa que es la sucesora, y cree estar destinada a ser la máxima autoridad de su tribu, pero su abuelo Koro quien es el jefe de la tribu no piensa lo mismo. Pai debe demostrar a su abuelo que ella es la legitima sucesora y en el camino ser aceptada y querida por él.
La directora y guionista de la película Niki Caro, con anterioridad a esta había realizado otras películas y series. En la actualidad sigue vigente y se puede ver parte de su trabajo en la serie Anne con E, en Netflix.
El tema tratado en la película es ser mujer en una tribu que es vista solo por los ojos de los hombres. Es una película de drama para todo tipo de público y donde los paisajes son parte esencial. El guion es hilado en forma fina y va mostrando la trama en la medida que se desarrolla, los diálogos entre los actores son simples, cortos y profundos, no hay un maquillaje exagerado entre ellos. La parte final no solo capta la atención del público, si no que en ella hay una enseñanza.
El Jinete de Ballenas | Dir. Niki Caro | Nueva Zelanda 2002
En cuanto a la interpretación de la protagonista, se produce una mimetización con su personaje, lo que le valió a ser nominada al Oscar, a su corta edad y esto implicó que su carrera despegará con mayor fuerza. También cabe destacar la actuación del abuelo, quien muestra el mundo tradicional patriarcal. La sensación que da la película es que la naturaleza entrega los designios de los ancestros que contribuyeron a formar la tribu. Son interesantes las tomas en el mar.
La banda sonora que acompaña en cada momento a la película, se asimila con el mensaje de la naturaleza, las voces de las ballenas y también de los ancestros. Hay dos momentos que se dejan ver claramente en que el abuelo es desafiado por Pai de manera no directa y de que ella puede ser la sucesora, uno es cuando le gana a un compañero en una actividad donde le arrebata un taiaha» (palo de pelea), otra es cuando encuentra el collar donde el adolescente con más valor era el que él que debería hacerlo.
El Jinete de Ballenas | Dir. Niki Caro | Nueva Zelanda 2002
Donde definitivamente Pai remarca su ascendencia y el puesto que le corresponde, es en el concierto de consignas Maori que su escuela presenta y donde ella es la ganadora, este premio se lo dedica a su abuelo Koro el cual no llega a su presentación. Cabe destacar que en esta película resalta el vestuario Maori original el cual se encuentra presente en varios momentos de la película y que va acorde con la cultura y sus costumbres. Esta no solo reivindica el papel de las mujeres a través del ejemplo de Pai, sino que además muestra nuestras voces interiores y cuando nos conectamos con ellas, y aunque los obstáculos puedan parecer duros e imposibles, se van enfrentando y aceptando, y esto no solo cambia a la persona que los vive si no que a todo su contexto. Jinete de Ballenas es una joya oculta en las profundidades del pueblo Maori.
Consuelo es chilena, estudio Sociología y Psicología, se ha dedicado a esto último especializándose en el área de educación. Sus temas de interés son aquellos relacionados con viajes, mindfulness, películas, cuentos para niños@s y procesos relacionados con la sanación.
Los juicios por brujería en Salem, ocurridos en la región que actualmente cubre Massachusetts, en Estados Unidos, entre 1692 y 1693, fueron falsas acusaciones procesadas formalmente por la autoridad. Ese señalamiento, sin fundamentos, que pese a todo fue llevado a juicio y condenado, demuestra no sólo el despliegue del fanatismo religioso, que justificaba el castigo en el incumplimiento de las normas puritanas que se profesaban en esa época, sino también el poder de la calumnia, el rumor y el chisme, así como la forma como el gobierno puede tomar el control y pisotear las garantías individuales de las personas en nombre de un supuesto bien común, que manipula a su beneficio, no el de la comunidad.
Personas fueron procesadas, llevadas a juicio y encontradas culpables, basándose más en lo que se quería creer que en las pruebas mismas. Las acusaciones eran por brujería y herejía, pero el trasfondo de la situación, que dejó cientos de presos y al menos 19 muertos, era mucho más complejo. El hecho histórico se ha estudiado desde diversos puntos de vista, explicándose por algunos, por ejemplo, como un delirio masivo o intoxicación por alucinógenos, que tomó esas ideas puritanas religiosas y las llevó a un extremo que hizo a la gente perder de vista la realidad. Sin poderse saber con exactitud cómo y por qué sucedió este fenómeno social, lo que queda son deducciones sobre el comportamiento humano, sustentado en un análisis de una realidad plagada de perturbación, venganza, manipulación, miedo, palabrería y fanatismo, todo amplificado.
Los juicios marcaron para muchos la forma de percibir la realidad, la religión y las relaciones sociales, pero el acto social como tal dejó su huella en la historia. Desde entonces por ejemplo la frase ‘cacería de brujas’ se refiere a falsas acusaciones que llevan a juicios, literales o no, sustentados en mentiras y calumnias que señalan y acusan de una forma manipuladora y engañosa.
En 1952 el dramaturgo estadounidense Arthur Miller (1915-2005) escribió una obra de teatro basándose en estos juicios, con eco en su propio contexto social, los años 50 y el macartismo, un periodo histórico en Estados Unidos en que el senador Joseph McCarthy (1908-1957) realizó una persecución criminal mediante una serie de acusaciones, interrogatorios y juicios a personas ‘sospechosas de ser comunistas’. Aquella obra de teatro, originalmente titulada ‘The Crucible’, fue adaptada al cine por Miller mismo. En español Las brujas de Salem (EUA, 1996), la película fue dirigida por Nicholas Hytner y protagonizada por Winona Ryder, Daniel Day-Lewis, Paul Scofield, Joan Allen, Bruce Davison y Karron Graves, entre otros. Nominada a dos premios Oscar, mejor guión adaptado y mejor actriz de reparto, para Allen, la historia se centra en Abigail Williams, una joven obsesionada con un hombre casado, John Proctor, de quien desea que su esposa Elizabeth muera, para que él la elija a ella.
Abigail y sus amigas son un grupo unido que, quizá por su edad, los cambios sociales producto de esta vida en ‘el nuevo mundo’ (la región era una colonia británica asentada en Estados Unidos) o ambas cosas, buscaban libertad y divertimento, gustan de bailar y jugar en el bosque, algo no bien visto en la sociedad puritana, con ideas conservadoras profundamente arraigadas, que conducen a la intolerancia y la segregación, así que, cuando alguien sugiere que las jóvenes practican la hechicería, Abigail, la líder, señala a Tituba, una mujer de Barbados, esclava que convive con ellas, como la culpable de todo. Lo que inicia como un juego aparentemente inocente, y después como una mentira exculpatoria, se convierte en una oportunidad para muchos de sacar provecho de la situación. Algunos vuelcan toda su desesperación hacia Tituba, culpándola de bruja, y por tanto, responsabilizándola de sus desgracias. La presión cae sobre el reverendo Parris, tío de Abigail, quien se ve forzado a traer a alguien, el Reverendo Hale, para investigar las acusaciones demoniacas.
La presión hace que Tituba confiese autoculpándose y diga lo que los otros quieren oír. Abigail aprovecha entonces para hacerse la víctima y decirse presa del poder de los espíritus. El juez Thomas Danforth, que es llamado para el juicio, se obsesiona con cubrir su propia agenda, encontrar y enjuiciar, dadas sus ideas fanáticas sobre el asunto (castigar al pecador para mantenerse en la gracia de Dios). Tituba es de antemano encontrada culpable por un pueblo que quiere castigar a cualquiera que puedan culpar de su mala fortuna, así como un grupo de jueces que ejercen el poder que tienen para demostrar su superioridad intelectual y religiosa, la pureza de sus almas y presentarse ante la sociedad como los ‘salvadores’. Desde luego lo que menos importa es el esclarecimiento de los hechos, sino sancionar a los supuestos culpables para que sirva de castigo ejemplar hacia la población. Una práctica común a lo largo de los siglos.
Pero para Abigail sobre todo, más que para las otras chicas, la primera acusación es un intento por librarse del regaño por el baile y sus demás juegos infantiles que de por si tienen prohibido, pero lo que sigue es el uso cruel y premeditado de la influencia que pueden lograr, al darse cuenta de lo fácil que es acusar al otro, para castigar y vengarse, oportunidad que otros, eventualmente, en el pueblo, encuentran también útil para cubrir sus propios fines. Después de todo, en la comunidad hay resentimientos, envidias, recelos, rencores y ánimos de venganza, por hechos pasados y conflictos no resueltos. No tarda para que muchos otros sean señalados por brujería sin el más mínimo fundamento o prueba. La gente acusa a sus enemigos, a sus vecinos, a las personas con las que tienen algún conflicto o a las que consideran culpables de algo que les haya traído penas en el pasado, hasta que, inevitablemente, alguien señala a Elizabeth Proctor.
John sabe, por Abigail, que todo comenzó como una mentira conveniente para ella y las otras niñas, pero confesarlo implica revelar que habló con ella a solas, algo socialmente mal visto dado que él está casado. John insiste que la gente se dará cuenta por sí sola del engaño, pero cuando los que lo hacen también son acusados y Abigail se va sobre Elizabeth, John confiesa al Reverendo Hale lo que sabe, logrando que el otro se dé cuenta, por razón y lógica, que la acusación misma, sin ser investigada, puede ser una mentira bien recubierta. Hale duda, pues entiende que el juicio y la condena que se está haciendo, se realiza sólo en la palabra (el rumor, el chisme), en la acusación, no en las pruebas.
Cuestionar a las únicas personas que hasta ahora no han sido acusadas (Abigail y las chicas), sería la forma más lógica de llegar a la verdad, sin embargo, también la más difícil. Las jóvenes que aseguran ser testigos y víctimas de la brujería tienen ya un poder de convencimiento difícil de refutar, dudar o eludir, y pretender hacerlo e indagar lo verídico de las acusaciones coloca a quien lo hace en el estrado de los inculpados. Los juicios se han guiado por la palabra de un grupo de personas que dice lo que quiere según le conviene, no por lo que es; su palabra se ha tomado como verdadera al grado que es más convincente que la verdad misma, porque así les conviene a los involucrados (los que acusan, los que enjuician o los que se benefician del encarcelamiento de otros), por lo tanto, negarla, analizarla o señalarla, ir en contra de lo aceptado por la mayoría, es mal visto. Para entonces, por conveniencia o por seguridad propia, es más aceptado alinearse con lo que dice la mayoría, que pensar, o decir la verdad, o investigar, porque ir en contra de lo que dice y quiere la gente en el poder conlleva ganarse castigos y venganzas, pena y desdicha.
¿Por qué la gente actúa así? ¿Por qué no razonar e investigar, con temperamento y paciencia? No hay evidencia ni sustento en las acusaciones, pero los aldeanos ven y creen lo que quieren ver y creer, según puede ser usado a su favor y eso es más fácil para ellos. La calumnia y la mentira cobran fuerza cuando lo importante no es la justicia, sino la apariencia de ella. La historia refleja con tino esta realidad aún presente en el siglo XXI, en que las personas pueden ser llevadas a la hoguera, metafórica y literal, al juicio y al señalamiento, por un simple efecto de inercia: alguien acusa sin fundamento, la gente lo toma como verdadero, lo repite y se lo cree, resultando en un castigo basado en nada más que palabrería, justificada y validada no por la demostración de su veracidad, sino por el efecto de repetición masivo y sin razón. Si lo dice alguien con poder es cierto, si lo dice la mayoría es cierto, si lo dice tal o cual medio, personalidad o publicación, es cierto, por ejemplo, son algunas de las creencias ciegas que se oyen en la actualidad. La ignorancia y la estupidez como factores predominantes en las relaciones sociales, hoy como hace 350 años.
“Las apariencias engañan”, dice John en un punto de la historia, pero, ¿cómo darse cuenta de ello? y, más importante, cómo evidenciarlo, justificarlo, demostrarlo y sustentar la justificación, cuando la apariencia es tan beneficiosa para el otro que vivir engañado es mucho más cómodo para todos, o para casi todos. Si alguien quiere tanto creer en la mentira, es difícil hacerle entender no sólo la verdad, sino la importancia y relevancia de ésta. Las personas creen lo que quieren creer. La gente no se atreve a luchar por la verdad cuando hacerlo es castigado y mal visto, cuando la libertad de pensamiento y crítica se enfrenta a la necedad del otro y, por tanto, al señalamiento y el linchamiento. ¿Cuántos acusados inocentes no ha habido a lo largo de la historia, cuya condena se basa en mentiras, rumores y manipulación? Es tan fácil dejar rodar la mentira que crece como bola de nieve para hacer de la falsedad un hecho comúnmente aceptado.
Lo vive por ejemplo Mary, una de las amigas de Abigail, quien trabaja para John, que acepta que todo lo que las chicas dicen sobre ver el demonio y ser presas de la brujería no es más que teatralidad, a veces ensayada, a vece espontánea, pero tan convincente para algunas de las niñas que de verdad se lo creen y reaccionan acorde. Mary confiesa, pero no todos la quieren escuchar, porque validarla implicaría contradecir sus propias palabras, lo que los pondría en evidencia. Aunado a ello, Mary duda si debe hacer lo correcto, porque sabe que las otras chicas se irán en su contra. En efecto, ante la primera oportunidad, acusan a Mary misma de bruja, sabiendo que la simple denuncia es suficiente para que la encarcelen. Mary termina por retractarse y negar la verdad, para librarse del castigo. Y así como Mary, muchos viven en el pánico y la histeria, desconfiados de sus vecinos, vigilando y sabiéndose vigilados, acusando a la primera discrepancia que haya entre ellos.
Qué es negar la verdad sino una forma de mentir, y mentiras son sobre las que se construye esta sociedad. Una vez que los primeros condenados encuentran su muerte y Abigail huye, los jueces se quedan con un pueblo que comienza a resentir lo que está sucediendo. Para dar por concluidos los juicios, que han dejado resentimiento y odio, se decide usar a John como estandarte, como persona respetada del pueblo, para pedirle una confesión falsa y a cambio perdonar a los demás. John tiene mucho que ganar, salvar la vida de su esposa embarazada y la vida de los otros enviados a la muerte, pero tiene aún más que perder.
John tendría que mentir y esto significa no sólo tachar su nombre, el nombre de su familia y el de aquellos que, como él, están acusados falsamente, sino que hacerlo es darle la razón a la gente que ha mentido, los jueces, Abigail, los líderes religiosos. Él considera que es mejor sacrificarse y morir, sabiendo que al menos así demuestra sus principios, su verdad y su ética, sopesando ‘morir en la verdad’ que ‘vivir en la mentira’, por lo cual prefiere elegir el camino que considera el más correcto. ¿Qué clase de persona sería, cómo vivir consigo mismo, qué ejemplo daría a sus hijos, si aceptara una culpa que no le corresponde?
Elizabeth y Hale aceptan su decisión, respetándola, pero cuántos no, al contrario, la condenan. ¿Tiene un precio la verdad? ¿Cómo es que pesa más el rumor y la falsedad, la calumnia y la mentira? ¿Qué se necesita para parar la ‘caza de brujas’? ¿Ética, verdad, persuasión, cultura, conocimiento, razón, o todas las anteriores? ¿Puede hacerse, cuando dados los intereses de por medio, el que gana, gana mucho y el que pierde, puede perderlo todo? Tal como sucedió con los juicios de Salem, el tiempo, la perspectiva, la evolución cultural y la valoración crítica que se gana con el distanciamiento del objeto que se analiza, lo dirán.
Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.
Una mirada posada en la historia, aliento del pasado presente que al devenir alienta, consciencia perenne de verso y suspiro a la letra, Carmen Berenguer es referente de la poesía latinoamericana con la fuerza de las mujeres que entregan, esfuerzan y luchan, de férrea convicción y a grey de causas, ha labrado en la huella de sus versos dolor y gozo, el lloro y frenesí del tiempo.
Carmen Berenguer | Foto: Fundación Neruda
Su poesía libera soledad al escape del silencio que envuelve donde la muerte no es invierno, y su resplandor no impregna penas; trasciende al lector la cuita ausente que pacta la lectura como lienzo; aves pululan a desconsuelo el rezo, cobijo del dolo que renace o consume polvo y extrañamiento, somos silencio y eco que pacta salidas en laberintos sin regreso, la vida trasciende como raíz que a sinergia deviene descifrar el alma, Berenguer ofrece las respuestas del verso que seduce la poesía.
En Carmen la sangre hierven porque estamos vivos, e infundados en la penumbra del caos hacemos del verso empatía, su reflexión siente a plenitud la despedida que avista. Y su rostro posado en la mirada de los últimos suspiros que habitan la memoria, desenvuelve consuelos que lo mismo cobijan el dolor y alientan, la lucha transita su andar empedrado, y escapa pesadillas como amor al viento. La perfecta imperfección reside la nostalgia que extraña el pasado, donde la poeta suscribe su andar entre luces y sombras, rimas y versos, su poesía es alma y carne, y esos amores gravitan observar tras la ventana la causa, y alza su bravo empuñando su mano la lira de un verso a métrica exacto, el que ha sentido al corazón que también hierve al sentir de la vida.
“La química sirve para todo
hasta para borrar manchas históricas”
Huellas de siglo
Carmen Berenguer (Fragmento)
A dicha de octubre conocí a la mujer, a la poeta, al mito, de su mano expresada en la palabra que recorre, sentí cada palmo de la casa del escritor chileno, y tuve el honor de integrar la Sociedad de Escritores de Chile a su venia; respiré la Sala Ramón López Velarde y sentí en su aroma la Suave Patria cobijar el andino horizonte de su verso. Gracias a Yolanda Pizarro y junto a Ronald Wilson, había dejado en mí el éxtasis del sueño al presentar la novela “El Surco” que aborda los senderos migrantes.
Carmen Berenguer | Iván Uriel | ENECH
Y es que Carmen es un surco a cuya siembra la arenga es tierra cuyo fruto expresa justicia, una voz que emerge en la sequía, que no cansa, encuentra y busca, que figura realidades desde la realidad misma, y conoce a profundidad las calles de su tiempo, las metáforas y figuras poéticas que confluyen manifiestas por la verdad de su diatriba.
Carmen Berenguer descifrar claroscuros que revelan la cotidianidad, y lo hace desde la profunda cavilación de esa tan suya poesía, que impregna revulsivos necesarios que contemplan vivencias agitando los sentidos de tierra, cielo y patria, latinoamericana que respira en aras emancipar su palabra. En Berenguer las mujeres aman y acarician el asombro, el aroma de la senda, lectores inquirimos al verso la complicidad en solícita argucia, devorando a metáforas su gesta.
Bobby Sands desfallece en el muro, Huellas de siglo, A media asta, Sayal de pieles, Naciste pintada, La casa de la poesía, Maravillas pulgares, son algunas de las obras en que rompe, desgaja y edifica la mítica lira de su poesía, esa que proclama, apunta y guía los variopintos cardinales de su legado. Ganadora del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, nominada al Premio Nacional de Literatura, chilena universal, el arte de su pluma cohabita el eterno panorama de su paisaje enhebrado al cincel que rompe cadenas y colma en la mentira verdad, en la crueldad memoria, refleja, describe y renueva, al día que siente, fenece y renace, sueño que avista su nocturna bohemia, su andar por los confines que delinea su figura.
Carmen Berenguer | Foto: Crónica digital
Testigo desde su carne, describe cada detalle que su crónica prodiga, ella pertenece a la historia misma, la que no se borra ni olvida; Carmen hace de su poesía una casa, sufrió estruendos de censura que apuntó hacia la libertad sus aras, a su pluma emancipa la palabra, liberación que fluye y sigue en lucha; su ímpetu contagia seguir la brega, fundar acciones, no claudicar, alzar el puño al eco estridente de sus versos. Berenguer resuena el nombre de su poesía, agita los blasones de su presencia, desde ventanas impulsa, y a las calles las proclamas que recorre, de pie a la pandemia que lacera, enarbolando fuerza en la palabra. La poeta se convierte en musa, y su poesía esgrime calma y furia, el cauce del río que a montañas acerca mares y baña el desierto de quien ama la poesía y abraza su causa. Venid a verme ahora exclama su oda, y pide a su huerto, avista el porvenir que viste de las ruinas hacer abrigo, esa noche ideal que acompaña a Frida, y al diálogo las huellas que convergen al admirar su arte, y sentir en Berenguer a la mujer que inspira.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” , “El Ítamo” y «El Muro» abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo, y juntas integran la «Apología del Encuentro». Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Igualdad significa que haya una correspondencia o similitud entre dos o más entes, expresando proporción, equivalencia, uniformidad y, en el caso de una sociedad o comunidad, de derechos y obligaciones para vivir en armonía. La igualdad social es un anhelo democrático presente en las sociedades desde, por lo menos, la revolución francesa del siglo XVIII. ¿Pero, puede realmente existir tal?
No hay dos idénticos en este mundo, eso está claro, todos viven, piensan y experimentan diferente, pero en cuanto al espectro social se refiere, la igualdad clama, no porque todos piensen y actúen igual, sino porque cada individuo sea valorado por quién es y cuáles son sus habilidades, es decir, la forma como las diferentes mentes, perspectivas y vidas, ayudan a construir un mundo en el que todos forman parte importante dentro de la comunidad, con las mismas oportunidades y responsabilidades, que deben asumir con el mismo nivel de compromiso social, es decir, el beneficio no de uno, sino de todos. No es sencillo alcanzar esta idea, más utópica que realista de lo que debería ser, porque, cuando la organización del sistema llama a las jerarquías, las clases sociales, la distinción del poder y los niveles socioeconómicos, y las personas lo siguen sin cuestionarlo, el resultado es un distanciamiento inequitativo.
La reflexión está presente en la película El hoyo (España, 2019), dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia, escrita por David Desola y Pedro Rivero, y protagonizada por Iván Massagué, Zorion Eguileor, Alexandra Masangkay, Antonia San Juan y Emilio Buale. ‘El hoyo’ es una prisión vertical, dividida por niveles. Cada celda, con dos personas dentro, es un nivel y hay al menos 200 peldaños. La comida baja a diario del punto más alto, el nivel 1, al más bajo, a través de una plataforma que transporta un festín, o al menos así es como comienza su recorrido. En lugar de racionar el consumo y respetar víveres para los demás, lo que sucede es que en las primeras celdas se abalanzan por la comida, dejando a los niveles medios con poco, sólo restos y sobras, y a los últimos, sin nada.
Cada mes las personas en cada celda despiertan en un nuevo nivel, sin saber si les tocará ‘arriba’ o ‘abajo’. Si por suerte están en un punto superior en la escala, tendrán comida asegurada, pero esto puede llevarlos a un punto de desesperación, ya sea el saber que potencialmente les espera un nivel muy inferior el siguiente mes, o porque, sin nada más que hacer que ‘comer y dormir’, pierden la razón o desperdician irresponsablemente los alimentos a su alcance. Si despiertan en un punto muy por debajo de la torre, están esencialmente destinados a la muerte, ya sea por la falta de alimento o porque el hambre empuja a muchos a matar para intentar sobrevivir.
Goreng, el protagonista de esta historia, cuyo compañero de celda, Trimagasi, durante su primer mes, en el nivel 48, le explica esta cruda dinámica de vida, entró como voluntario, pero no por simple buen carácter, sino a cambio de un título homologado. Cada persona puede traer consigo un objeto personal y Goreng eligió el libro de El Quijote de la Mancha. Trimagasi, que trajo un cuchillo, al que mira no sólo como un arma, sino como el causante de que esté ahí (lo vio en un infomercial, lo compró y el siguiente infomercial que vio era de su cuchillo, pero una edición mejorada, por lo que en un arranque de ira tiró su televisión por la ventana y mató a alguien), no quiere otra cosa más que Goreng le lea pasajes del Quijote.
El libro puede ser fácilmente visto como un objeto no esencial, porque en un escenario de vida o muerte, ‘no serviría para nada’. El libro distrae, entretiene, enseña, cultiva y nutre al ser. La cultura es base para el desarrollo de las personas. Pero el libro es ‘inútil’ en un escenario de practicidad. Alguien en los primeros niveles, sin más que pasar el día, encontrará en el libro la clave para su supervivencia. Un libro en los niveles más bajos no obstante, es sólo un objeto más. Eventualmente, cuando Goreng llega a un nivel muy abajo, termina incluso comiéndose las páginas.
¿Qué es entonces ‘el hoyo’? El espacio permite poner a prueba ideas de fe, ética y juicio. Imoguiri, otra compañera de celda que Goreng eventualmente tiene, le dice que ella sabe, porque trabajó en la “Administración”, entrevistando voluntarios, que el propósito del hoyo es promover la ‘solidaridad espontánea’. Es decir, que al ver su realidad y la realidad de todos, en la que un día pueden estar más arriba pero en cualquier momento pueden caer en el opuesto y experimentar la desdicha, ello generará a una ética moral social en la que la gente aprenda a colaborar, trabajar en conjunto, organizar la distribución de la comida para que les alcance a todos y, por tanto, lograr que esta división de niveles ya no afecte o apremie a las personas, sólo por el hecho de la escala en la que están.
Imoguiri se desvive por convencer a los de la celda de abajo, el nivel 34, que preparen raciones de comida, tomen sólo lo necesario y dejen suficiente para que todos los niveles, que ella cree son sólo 200, coman lo mismo, equitativamente. Su plan nunca da frutos mientras apela a la razón y el entendimiento. Los de abajo sólo acceden cuando Goreng amenaza con defecar en su comida si no siguen las instrucciones. ¿Por qué la celda 34 sólo escucha cuando hay una amenaza de por medio? ¿Por qué el camino de razonar con el otro, una estrategia por la comprensión de la lucha por el bien común, llega a oídos sordos en escenarios extremos como el que se ve aquí? ¿Depende del contexto, depende de la realidad o depende de qué tanto tenga que sacrificar una persona? ¿La humanidad es en esencia egoísta?
Baharat, por ejemplo, otro compañero de celda de Goreng, es un hombre que trajo consigo una cuerda. Su idea es usarla para subir los niveles y lograr eventualmente salir. El día que despierta en el nivel 6, se sabe lo suficientemente cerca de la salida para estar seguro de que su plan al fin dará resultado. La celda 5, sin embargo, se burla de él y no lo deja subir. ¿Qué tienen que perder los del nivel 5 con ayudarlo? Nada, no hay castigo de por medio por ayudar a los demás, ni está explícitamente prohibido, de hecho, Baharat cuenta que ha habido ocasiones pasadas en las que otros le han permitido el paso. ¿Qué lleva entonces a la celda 5 a no querer ayudar? ¿No lo hacen por el simple hecho de saberse en un punto superior de la escala, acto que refleja puro egocentrismo? Y entonces la gente que en el pasado ayudó, ¿lo hizo porque estaban en un punto muy debajo de la escala o porque eran en su esencia buenas personas? ¿Dicta entonces el contexto social la percepción y puesta en práctica de conductas y valores? No es ‘el hoyo’ el que prohíbe que Baharat encuentre la salida, son las personas que en él se encuentran.
Miharu es una mujer que cada mes baja por la plataforma buscando a su hijo, pese a que Imoguiri insiste que tal niño no existe pues nadie menor de 16 años puede entrar al hoyo. Miharu tiene, sin embargo, el objetivo bien trazado que la motiva a seguir adelanta: velar por alguien más. La gente no lo ve así y todos llaman a Miharu una asesina, ya que no repara en matar a cualquiera que se interponga en su camino. ¿Puede ella recibir las mismas consideraciones, o falta de, que un par de personas que bajan nivel por nivel matando a los demás, por el hecho de poder y querer hacerlo?
¿No está diseñada esta división clasista para empujar a las personas a reaccionar así? ¿O quizá el problema no es la forma de organización, sino cómo las personas la asumen y responden a ella? La esperanza de que saldrán, la esperanza de que el siguiente mes les puede tocar un mejor nivel o la esperanza de la ‘solidaridad espontánea’ son una falacia, una utopía que alberga en sí misma un método de control, mientras la gente misma no cambie. ¿Qué hace alguien en el punto más bajo de la pirámide, cuando llega arriba? ¿Qué hace alguien cuando tras estar arriba, se ve de pronto en el punto más bajo? Los individuos ahí se mueven entre el miedo y la esperanza.
Aquí no hay guardias ni hay castigos de ningún tipo, a menos que se rompa la regla de no guardar comida una vez que la plataforma ha bajado a otro nivel. No hay reglas explícitas de prohibiciones ni lineamientos de conducta. El órgano administrativo no es el ideal, pero por eso mismo deja a las personas hacer lo que quieran con lo que tienen enfrente, decidir por ellos mismos. Pero en lugar de organizarse por el bien común, los involucrados olvidan que viven rodeados de otros en las mismas condiciones y realidad que ellos. Este escenario es en gran medida producto del sistema quebrantado, con un guiño muy directo al capitalismo, pero que funciona porque la gente hace que funcione, o permite y acepta el cómo funciona.
No todos en ‘el hoyo’ son crueles, poco solidarios, impulsivos o ignorantes, es sólo que con uno que lo sea, es sencillo perder el objetivo, reinar el caos e interrumpir el orden. La prisión está quizá diseñada para que la gente muera y no se dé cuenta de ello sino hasta que ya es demasiado tarde; pero no darse cuenta de la realidad es culpa de la persona misma. La dinámica se alimenta del miedo, el egoísmo, el lado más inhumano del ser, la desigualdad, el individualismo y la crueldad; entonces, ¿sería la vida en el hoyo diferente, si las personas fueran exactamente lo opuesto (solidarias, trabajadoras, éticas)?
El sistema no es perfecto, nunca lo será, pero sigue siendo imperfecto porque las personas alimentan que siga siendo así. Goreng y Baharat eventualmente deciden encargarse de racionar la comida y se suben a la plataforma para repartirla equitativamente. Al hacerlo se asumen responsables del orden, por tanto, se obligan a imponer su voluntad, a ser la autoridad, sin serlo legítimamente ¿El resultado? Terminan matando o golpeando a la mitad de los que se supone bajaron a ayudar. En corto, la respuesta, el cambio, no es un camino sencillo, ni se logra sin la ayuda de los demás.
Al final Goreng se queda ahí, en el fondo de la escala, sin nada más por qué vivir, sin nada con qué vivir. En el último nivel, el 333, encuentra a la hija de Miharu y la manda al nivel cero subida en la plataforma de comida (que automáticamente regresa al punto de partida tras tocar fondo). La niña pese a todo pronóstico, sigue viva, y ello implica o que alguien la ayudó (quizá Miharu siempre la tuvo escondida ahí) o que al menos, nadie la hirió. Cualquiera que sea el escenario, esto también dice mucho de la gente que habita en el hoyo.
‘La niña es el mensaje’, repiten varias veces los personajes, pero la niña no representa una ‘esperanza’ como tal, sino que simbólicamente habla de la posibilidad de cambiar el sistema. Quizá la niña no existe y todo sea una alucinación de Goreng, pero eso no es realmente lo importante, sino que a través de su decisión de enviarla hacia arriba, entiende qué era lo que debía hacerse. Es decir, ni Goreng ni Baharat, ni muchos otros como ellos o antes que ellos, pueden realizar el cambio solos, simplemente pueden facilitar que suceda. El mensaje no necesita un medio para hacerse escuchar, ‘el mensaje es el mensaje’, una idea básica, filosófica, simple y evidente que también se repite en la película, no obstante, una idea también difícil de entender para muchos en la misma posición. ¿Logrará el mensaje, después de todo esto, ser finalmente escuchado? La respuesta, como es evidente (obvio, diría Trimagasi), nadie la sabe.
Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.
Superación significa vencer obstáculos, pero la palabra superar también implica ser superior a alguien. Idealmente se logra demostrando mejores habilidades y/o conocimientos, no pisotear al otro para lograr sobrepasarlo. ¿Pero, cómo se llega a alcanzar tal maestría? ¿Presionando hasta lograr que la persona sea el mejor o la mejor versión de sí mismo, o dejándolo crecer hasta el punto que ella o él elijan? ¿Hay enseñanza, educación, aprendizaje e instrucción en un escenario en que se exige empujar al otro al límite, o ello conlleva invariablemente abuso, control, dominio y autoritarismo? El problema se vincula con el ejercicio de autoridad en el proceso educativo. El maestro enseña, pero también debería aprender y dirigir su enseñanza con respaldo en una capacidad argumentativa racional que fundamente y legitime su actuar, justo para evitar que sus subordinados, es decir, los alumnos, consideren sus órdenes como impositivas, irracionales, fuera de lugar.
En Whiplash: Música & Obsesión (EUA, 2014), cinta escrita y dirigida por Damien Chazelle, y protagonizada por Miles Teller, J. K. Simmons y Paul Reiser, Andrew es un estudiante de primer año en una escuela de música, decidido a convertirse en el mejor jazzista de la historia. Su oportunidad llega cuando es invitado a la orquesta del profesor Fletcher, un hombre exigente e intransigente que pide acato y disciplina de sus alumnos. Su idea es empujarlos a ser los mejores, pero en el proceso abusa física y emocionalmente de ellos, bajo la idea de que sólo así se esforzarán lo suficiente como para alcanzar su máximo potencial. Su autoridad como maestro le otorga la capacidad, la facultad para dictar las actividades orientadas al mejor aprovechamiento de sus estudiantes, para desarrollar sus capacidades, su potencial intelectual, sus habilidades, pero al hacerlo está obligado a respetar a los mismos estudiantes como personas pensantes, como individuos en proceso de formación; o al menos así debería ser.
¿Alcanzar la grandeza a toda costa, incluso si esto significa perder humanidad? Educación para llegar el éxito es un camino indispensable en la vida pero, ¿dolor y castigo con tal de ser el mejor, es correcto, lo vale? Estas son algunas de las preguntas que plantea la cinta, ganadora de tres premios Oscar (mejor mezcla de sonido, mejor edición y mejor actor de reparto, para Simmons), además de dos nominaciones más, a mejor película y guión adaptado. En el fondo, una mirada crítica al sistema educativo basado en la autoridad indiscutible de los docentes, en la competencia en las relaciones sociales entre los alumnos y en la falsa idea de que hay un solo camino para enseñar a cualquier estudiante.
Andrew es un joven inseguro pero con potencial, dedicado pero no siempre decidido, disciplinado, pero quizá conformista. Para llegar a su máximo potencial debe cambiar su actitud, fortalecer su carácter, el problema es el cómo. No lo sabe, no lo entiende y entonces deja que la situación lo moldee, en lugar de tomar él las riendas.
Fletcher al contrario, es una persona decidida, segura y capaz, que se excusa en exigir lo mejor para entonces abusar de su poder. El profesor no es, quizá en el fondo, una persona mala como tal, pues en verdad cree que la única forma de lograr el potencial del alumno es presionarlo hasta llegar a su límite, físico y emocional, incluso para quebrarlos, antes de indicarles cómo reconstruir su proyecto; el problema es que la forma como lo hace y la manera de asumir su papel en la dinámica de enseñanza aprendizaje, perjudica la mente de sus estudiantes, que se convierten en blanco de humillaciones y agresiones a las que no se atreven a retar, o contradecir, por miedo al fracaso, tanto académico como personal, que impacta indirectamente en las posibles represalias secundarias, entiéndase ser degradados o hasta expulsados del conservatorio.
¿El profesor enseña, instruye, forma o facilita? Además de que el cómo logre que el alumno encuentre su potencial, es la parte delicada, susceptible a írsele de las manos. No es con abusos ni debería ser bajo esa filosofía de ‘la letra con sangre entra’, un refrán que se refiere a la educación a través de una disciplina exigente que llega a los golpes, a la violencia física, porque la violencia no instruye valores, empatía y ética, sino todo lo contrario. ¿De quién ‘aprende’ más el estudiante, o qué experiencia le hace mejor, aquella en la cual el profesor le condona los errores o aquella en que el profesor se asegura que el alumno no vuelva a cometer ese error? El ideal es el balance. No es dar palmadas compasivas en la espalda para evitar el dolor de la caída, pero tampoco es golpear, metafórica y literalmente hablando, por el error cometido. No es que el profesor infunda tanto miedo en el estudiante como para obligarlo a no volver a cometer una falta, para tampoco es hacer como que ‘no pasa nada’. Es, en todo caso, instruirle en qué se equivocó y en cómo mejorar y cambiar para ser mejor.
En este caso Fletcher dirige a los jóvenes para hacer lo que ya saben, pero de una mejor manera, o de una manera más precisa, como él quiere, sabiéndose además el experto en el área. Su método es la mano dura, que más que exigir, castiga. Lo que crea con el abuso y la crueldad es una relación tóxica, dependiente, sumisa, mansa y manipulable, en que el alumno no crece y no mejora, sólo aprende a seguir órdenes y cubrir expectativas. El alumno se vuelve entonces sumiso, obediente, eficiente para repetir con calidad lo que se le obliga, pero no surge su motivación personal, su entusiasmo, su creatividad. ¿Las expectativas son altas porque el nivel que pide el profesor del alumno está en efecto en los más altos estándares de calidad musical? Sí. ¿Puede el alumno mejorar si se le exige ser el mejor? Sí. ¿Puede el alumno mejorar, como artista y como persona, si se le demanda esa disciplina con sólo castigos y humillación? No realmente, porque además no es ese el único camino para llegar hasta ahí.
El problema de Andrew, y del resto de sus compañeros, es que viven cegados por la idea de grandeza, que idealizan y comparan en relación con Fletcher; es decir, la figura del otro, del maestro, pesa tanto, que se convierte en la única. Predispuestos a alcanzar el reconocimiento a toda costa en medio de una competitividad malsana promovida por su profesor, y sabiendo que si la orquesta de Fletcher es la más prestigiada y estar en ella los hace por asociación destacables, lo que cada alumno aprende es a ser el mejor, según los estándares del otro. Andrew practica, se aísla, termina la relación con su novia, para dedicar todos sus días a los ensayos y, eventualmente, deja de ser él mismo, para ser el tipo de persona que su profesor quiere que sea.
Consigue la posición como baterista principal por un error (la partitura del titular se pierde y como él se sabe la melodía de memoria, puede tomar el asiento principal durante una competencia musical) y luego se aferra a su posición creyendo que ha alcanzado el respeto de sus similares. Pero si alcanzar el éxito implica ser el mejor, y a los ojos de Fletcher es imposible ser el mejor, siempre habrá una prueba más arriba de la última prueba. Fletcher llama entonces a otro suplente, para presionar a Andrew a seguir ‘probando su valía’. No importa entonces cuánto se esfuerce y trabaje, sufra y se sacrifique, nunca será lo que el otro quiere que sea. Andrew y los otros no entienden que lo importante no es complacer a su profesor, sino estar contentos con ellos mismos, satisfechos de su propio desempeño. ¿Pero qué significa estar contentos con ellos mismos, como músicos?Parece que no lo saben o no se atreven a preguntárselo, porque la figura de autoridad frente a ellos es tan imponente, que la sombra (el castigo, la crítica y el control) pesa en sus hombros.
La dinámica continúa así hasta que se llega a un punto de ebullición, hasta que Andrew alcanza el punto de quiebre y deja de preocuparse por él y la gente a su alrededor, con tal de demostrarle a su profesor no sólo su talento, sino que es indispensable, algo que él cree posible pero que en realidad no lo es.
¿Qué implica el éxito?, ¿es acaso alcanzar lo que se anhela, o es lograr lo que otros quieren para cada uno?, ¿somos exitosos al alcanzar las metas que la sociedad nos impone, o al superar los retos personales? Andrew duda de sí mismo y busca la aprobación de otros, dejando así que personas como Fletcher moldeen su identidad. El chico se olvida de sus prioridades por miedo al fracaso y esto le cuesta todo.
¿Cuántos ‘Fletchers’ no hay en la vida de las personas? Sin duda muchos, más de los que se pudiera desear, quizá no igual de abusivos, prepotentes, controladores y crueles, pero sí simbólicamente hablando. Superarse a sí mismo requiere esfuerzos, pero no bajo órdenes sin límites, que llevan a la persona a ser ‘el mejor’, según los estándares de alguien más. ¿Cómo poner y ponerse límites? Para Andrew sucede cuando se ve envuelto en un accidente automovilístico y antes de preocuparse por su bienestar, corre al escenario preocupado por la aceptación y reconocimiento de sus similares en la música. Para otro estudiante, ese límite llega al extremo cuando, derrumbado por la crítica no constructiva, sino hiriente, su estado de angustia y ansiedad lo lleva a la depresión y eventualmente al suicidio.
No es sólo si el sacrificio vale la pena, sino hasta qué punto. ¿Qué se gana, qué se pierde y qué es lo que realmente se quiere? Cuando Andrew dice que quiere ser el mejor músico de jazz, ¿qué significa esto para él? Si alcanza esa maestría como músico, ¿la alcanza porque lo sacrifica todo o porque aprende a sacar provecho de su talento, guiándolo?
Exigir lo mejor de alguien no está mal, trabajar por alcanzar lo que se quiere tampoco; requiere disciplina y sacrificio, pero también honestidad, especialmente con uno mismo. Lo importante es saber definir las propias metas y prioridades, encontrando la razón motivacional para construir un proyecto de vida. Los maestros están para guiar los esfuerzos de sus estudiantes y deben ejercer su autoridad con rigurosidad, pero también con solidaridad y generosidad. Lo que no se condona es la autoridad que se excede, que se vuelve arbitraria, y que se esconde en estas ideas de éxito y logros, fomentando una competitividad despiadada que deshumaniza tanto a maestros como a los alumnos. Al final, quién pone los límites, debe ser uno mismo.
Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.
Ícono de la cinematografía universal, Ennio Morricone vistió en la melódica inspiración de sus notas, historias épicas que conforman un variopinto legado emocional desde las imágenes en movimiento. El genio plasmó en sendas partituras la sensitiva expresión de directores, autores, intérpretes y audiencia, haciendo de cada película acompasada por su banda sonora, una experiencia de vida que forma parte del canon fílmico de generaciones diversas que rendimos homenaje ante su partida.
El bueno, el malo y el feo, el western de 1966, dirigida por Sergio Leone, podría resumir a capítulos la espectacular capacidad del músico para tocar fibras de expectativa, acción y drama, con la misma soltura que dibujó la nostalgia, la melancolía y la épica gesta; pero el legado del multinominado al premio Óscar y ganador de la estatuilla (debieron ser más), por su trayectoria y por la banda original de Los odiosos ocho de Quentin Tarantino, se anida en paisajes plenos de emoción y sentido. En Érase una vez en América, una de las obras maestras de Leone, Ennio nos permite adentrarnos a los recuerdos vívidos de la infancia en sus protagonistas, sentimos, dolemos y experimentamos los cambios de edad y circunstancias con ellos, así como percibimos el control en Clint Eastwood, la ambición en Van Cleef y la resignación en Elli Wallach, en Robert De Diro sentimos el frenesí por el pasado que graba en la memoria la evocadora niñez de la galardonada Cinema Paradiso, dirigida por Giuseppe Tornatore.
Hasta que llegó su hora, Por un puñado de dólares o La muerte tenía precio, poseen la dinámica secuencia musical de las cabalgatas, explosiones y aventuras que convergen las entregas de un género que dominó pero no permeó la totalidad tan diversa de su obra, así tenemos la oda que enmarca la magistral Días de cielo de Terrence Malick, tan lírica como el guión de su director, o el portentoso viaje que modera La leyenda de 1900, tan revelador como el sueño de Bugsy de Barry Levinson, la tensión dramática del misterio de En la línea de fuego de Wolfgang Petersen, Baaria o Malena en ansiado apego. Morricone hizo de la persecución un impasse en Los intocables, y de Hubo una vez en el oeste la colosal partitura de su tiempo. Brian de Palma, Roland Joffé, Mike Nichols, Warren Beatty, Verneuil, Lautner, Christian Carion, Carlo Verdone, y los citados Leone, Tornatore, Levinson, Malick o Tarantino, acudieron a su arte para brindar sonido al silencio.
En lo personal tuve la oportunidad de verle dirigir en vivo a su orquesta en la Ciudad de México, el recital se denominaba precisamente en sintonía de las bandas sonoras, amén de la reacción emotiva, podía percibirse en la audiencia no solo el recuerdo de las cintas sino en los sentimientos que la música por sí misma generaba en sus propias historias de vida; yo recordé las tardes de película con mi padre admirando la secuencia final de El bueno, el malo y el feo, donde Éctasis del oro, hace de las miradas un continuo vaivén de las intenciones que van de un lado a otro esperando la resolución de los conflictos, luego, tras una carrera y buscando la tumba sin nombre, descubrir que nada se resuelve sino invita a continuarse viviendo, así, tal como nos sucede al escuchar la música eterna del maestro italiano, hasta siempre genio.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Evolución es transformación continua. Especies que cambian conforme pasa el tiempo, según lo define el naturalista inglés Charles Darwin (1809 – 1882), quien añade que la selección natural es parte vital de ese proceso de adaptación. Se trata entonces de la forma natural (o curso lógico) como las diferentes especies cambian, crecen, se van modificando y van dando paso a nuevas.
“La naturaleza se abre camino”, dice uno de los personajes en la película Parque Jurásico (EUA, 1993), dirigida por Steven Spielberg y escrita por Michael Crichton y David Koepp, que se basan en la novela homónima de Michael Crichton, dando a entender que las especies evolucionan no sólo mediante la sobrevivencia de los que mejor se adaptan a los cambios (Darwin dice), sino también a que los cambios en la naturaleza se producen en el interior natural, biológico digamos, de cada especie, o más aún, de cada ser viviente en particular.
La cinta, protagonizada por Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum, Richard Attenborough, Bob Peck, Martin Ferrero, Samuel L. Jackson, Wayne Knight, Joseph Mazzello y Ariana Richards, trata de un empresario que quiere, a solicitud de los inversionistas de su proyecto, el aval de un grupo de expertos en diferentes ramas de la ciencia para un parque de atracciones caracterizado por la presencia de dinosaurios, cuyo ADN ha sido mutado genéticamente y luego clonado. Mientras la aventura y el relato de supervivencia y acción crece por una serie de errores humanos que provocan que los dinosaurios puedan salir de sus jaulas y atacar, empujando a los visitantes a huir para salvarse, el planteamiento trae consigo más que secuencias fantásticas y una revolución tecnológica, sobre todo para su época, en el terreno de los efectos visuales, pues también plantea preguntas importantes sobre temas como la evolución, la experimentación científica y genética y sus peligros, la ambición corporativa y las consecuencias de los imprevistos de la vida, la incertidumbre, y la mala planeación o preparación para afrontarlos.
Como siguiendo la Ley de Murphy (que a grandes rasgos dice que si algo puede salir mal, así será), lo que sucede dentro del relato es una catastrófica saga de decisiones equivocadas que dan paso a lo que mejor define la cinta por sí misma: el caos. Tal como lo explica uno de los personajes, la teoría del caos se sustenta en conceptos como la impredecibilidad, variables cambiantes, causa-efecto múltiples y el azar. Hay cosas que se pueden suponer y proyectar, pero eso no significa que salgan exactamente igual a como se espera, o que sucedan exactamente igual dos o más veces, porque las condiciones y la situación en la que se desenvuelven los elementos participantes cambian por todo tipo de factores. “Si algo nos ha enseñado la historia de la evolución es que no podemos refrendar la vida. Se libera. Se extiende a nuevos territorios y rompe barreras. La evolución encuentra su camino de forma dolorosa, tal vez peligrosa”, explica aquel personaje.
El personal de los laboratorios de este parque espera tener el control de la situación porque ha mantenido todo bajo la lupa de sus microscopios, pero ese control nunca es posible de alcanzar al cien por ciento porque no pueden esperar que animales que no conocen actúen de la forma como ellos quieren que actúen, en lugar de la que su instinto natural les dicta. No prevén tampoco que la modificación genética que han hecho al ADN cambie de una forma u otra al dinosaurio en sí. Éste caza, depreda, destruye y no puede ser contenido por un grupo de humanos que no conocen lo que significa la dimensión de un ecosistema antiguo y extinto, traído a la actualidad. Subestimarlo es subestimar a la evolución misma y a la naturaleza como fuerza incontrolable que se rige bajo sus propias reglas. “No es posible reprimir un instinto primitivo que tiene 65 millones de años”, dice uno de los paleontólogos, cuando se dan cuenta que el Tiranosaurio Rex no hace caso a la cabra que los cuidadores le presentan como alimento en medio de su jaula. El tiranosaurio no quiere comer, quiere cazar.
Esta gente además ha automatizado las funciones dentro de las instalaciones del parque, han olvidado muchas medidas de seguridad creyendo que no habría problema pasarlas por alto y tampoco han previsto todas las necesidades que una atracción de esta magnitud representa para el público al que se dirigen, los niños. Si a eso se le suma la caída del sistema provocada adrede por un trabajador que ha encontrado la forma de ganar dinero robando información confidencial para venderla al mejor postor (ambición, egoísmo, deslealtad, como características de la conducta humana), más una tormenta tropical azotando la zona en esta isla del Atlántico, en efecto, todo lo que puede salir mal, saldrá mal, y cada elemento de riesgo aumentará potencialmente, y peligrosamente, por esos tropiezos e imprevistos para los que estas personas no están preparadas. No se trata de un escenario pesimista, sino de una realidad provocada por el hombre, por las circunstancias naturales, por las modificaciones genéticas que recrean a especies extintas naturalmente, situación que eventualmente explota frente a los involucrados.
Las malas decisiones tienen consecuencias y hacer las cosas en la propia vanidad del ser es, de alguna forma, la ostentación del individuo en su arrogancia, en su máxima expresión de soberbia, presumiendo y explotando sus propios avances tecnológicos e industriales, en una forma de colonización de la Tierra (o el planeta), por un deseo de maravillar al prójimo a partir de sus propios logros, pero sobretodo, en busca de obtener ganancias, de invertir capital para explotar la tierra, la manipulación genética, el desarrollo tecno-científico y las emociones humanas. No dimensionar la situación puede significar tanto presunción como falta de preparación y organización. Hacer las cosas antes que los demás (aprovecharse de la oportunidad más que aprovechar la oportunidad) por una simple sed de poder, que provoca precipitaciones, es forzar a algo sin dejar que corra su curso natural (una idea con impacto directo en el tema de la clonación y la experimentación genética). Para todos, la presencia de los dinosaurios y el parque significan algo diferente, un descubrimiento o avance científico, una posibilidad de explorar lo desconocido, un negocio, un acuerdo estratégico empresarial y hasta una fuente de ingresos. Los científicos se pueden maravillar con la presencia de los animales y el cómo su creación fue posible, mientras los abogados ven en ellos un negocio que potencialmente traerá grandes ingresos a sus manos. La ambición no es sólo ser el primero, sino el más grande, y el todo se convierte en un circo, metafórica y literalmente hablando. “Sus científicos están tan preocupados por saber si podían, que no se detuvieron a pensar si debían”, reclama el paleontólogo.
La reflexión es importante porque cuestiona la falta de ética, pero al mismo tiempo analiza cómo estas personas se escudan en un estandarte de aparente progreso, con fines mucho más allá que el del mero avance científico. El progreso como estímulo y meta del quehacer humano que con tanto optimismo han proclamado los defensores de la industrialización a ultranza, de la urbanización como mejor forma de vida y del saber de expertos como la palabra definitiva para hacer las cosas, sin ponerse a considerar el aspecto humano, solidario y de interés colectivo que el bienestar social también exige. El sabotaje de las instalaciones, por ejemplo, es producto de un acto de venganza de uno de los trabajadores, que ha encontrado a quien vender la información genética que hace posible el proyecto, en un intento también de la competencia (corporativa y del capital), por no quedarse rezagados. Su traición satisface su ego y el robo llena esa satisfacción, mientras la venganza, hacer que los sistemas operativos colapsen, no es más que ese sentimiento traducido en una necesidad de llenar su ambición y perjudicar al otro. En suma, valora el progreso en términos de su bienestar personal, igual que lo hace el empresario que desarrolla el proyecto del parque de diversiones, o los científicos que sienten que dominan a la evolución natural.
“Nunca ha tenido el control. Esa es la ilusión”, le reclama una de las personas invitadas como observadores al visionario creador del parque, con respecto a cómo el proyecto no es más que un espejismo, nunca realmente tangible, real o posible. Él, el empresario, explica que de niño tenía un circo de pulgas, que en realidad no tenía pulgas, sólo juegos que se movían mecánicamente. La gente, sin embargo, parecía convencida de ver a los animales. Por tanto, él espera esa misma reacción, ese mismo asombro de parte de los asistentes al parque, pero esta vez a partir de algo real, dinosaurios que están ahí, no que la gente se imagina que están ahí. En este caso su sueño es más grande que él, porque es un imposible, algo que, como le dicen, nunca estuvo realmente en sus manos para poder presentárselo al mundo.
Los dinosaurios, la recreación de su medio ambiente semejante al de hace millones de años, las modificaciones genéticas, y la intención de ofrecer todo ello como atracción turística, es más que simple entretenimiento-espectáculo, es más bien, o antes que nada, experimentación científica, posibilidad de creación y reproducción; también naturaleza y evolución, o como dicen algunos, jugar a ser dios y empresario al mismo tiempo. ¿Por qué crear entonces a los dinosaurios? ¿Entretenimiento para el público o poder, dinero y control sobre los demás? Más interesante reflexionar es preguntarse si los involucrados alguna vez se cuestionaron si la iniciativa estaba destinada a fracasar, o si sopesaron, antes de comenzar, las consecuencias de jugar, apostar y manipular el curso natural de la evolución. Al final, el verdadero responsable de la catástrofe no es el dinosaurio siguiendo sus instintos, sino el hombre siguiendo los suyos.
Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.
Ciencia Ficción Soviética de los años 80: Constructivismo y Existencialismo
Por: Andrés Palma Buratta
El constructivismo ruso, movimiento artístico y arquitectónico que apareció antes de la revolución rusa pero que cobra su importancia durante la misma y sobretodo después, a modo de representación icónica de la victoria sobre el imperialismo zarista, funciona como revestimiento mítico del cambio de identidad que la sociedad rusa estaba demandando después del octubre de 1917. Pasar de la Rusia zarista y una sociedad en su mayoría campesina, oprimida, esclavizada, a esta nueva sociedad industrial, futurista, capitalista y socialista, requería, por un lado, un arte que representará esas coyunturas ideológicas, políticas e idiosincráticas y por otro una narrativa filosófica para la naciente Unión Soviética. No es un concepto nuevo a estas alturas, y lo vemos en todos los gobiernos del color que quieran a lo largo y ancho de la historia qué, a través de la construcción (del diseño e ingeniería más pura y dura) de las obras públicas, se aspire visibilizar la idea megalómana del progreso, la modernidad, el avance positivista. Mientras más apoteósicas y grandilocuentes sean esas obras, mayor la marca que se deja en el recuerdo del ciudadano que sin duda servirá en la próxima votación. Pero, más allá de lo concreto del movimiento como manifiesto de una época y un estilo para relatar la nueva imagen país a través de un rol protagónico de las artes y la arquitectura, de la mano de su aplicación material en el cambio social, desde una lógica completamente funcional, a través de propuestas objetuales utilitarias para la industria, que sirvan al tiempo, al entorno, al régimen y que respondan a un método organizado que plasme las ideas socialistas en edificios monumentales, que a su vez representen la grandeza del proletariado y el socialismo, lo interesante, y el objetivo de este artículo, es discernir, discutir, analizar la conexión, de como este movimiento influenció, o más bien, sus conceptos más ideológicos fueron tomados para construir ciertas obras de ciencia ficción creadas 50 años después, en plena guerra fría, en los grises años 80 del bloque de una Unión Soviética, donde justamente, toda esa obra constructivista estaba completamente resquebrajada, lleno de moho, humedad, derruida, convertida en elefantes blancos, abandonada, molesta, estéticamente despreciada (locaciones perfectas para la escenografía de lo post apocalíptico que justifica y da pie a varias de esas películas) como la misma ideológica agónica que aún trataba de mantener en pie estas grandes construcciones canónicas del socialismo. El constructivismo como símbolo, que seguía existiendo en esos tardíos años del bloque, se negaba a morir, seguía siendo parte del entorno, obras muy presentes, indestructibles y por lo tanto muy permeantes dentro de la sociedad. Estos fueron sus decorados, la arquitectura convertida en personaje, la distopía como telón de fondo y los temas teóricos las interrogantes.
Por otra venía, me parece que el existencialismo, o más bien, algunos elementos de esta corriente literaria y filosófica, también son parte de la construcción de personajes que pululan estás historias postnucleares que repletan el imaginario de la ciencia ficción de los últimos años del bloque soviético. Es cosa de analizar los personajes de Dostoyevski para encontrar esas similitudes en los protagonistas de estos filmes. Personajes sin mucho aprecio por la vida, más bien con un desprecio profeso, un auto desprecio, con esa carga de contradicción que finalmente no te hace asegurar nada en concreto porque tu lucha con la existencia es un constante tormento y lo único que provoca es vivir en estados febriles que hacen que estos seres divaguen entre la realidad y el sueño constantemente. Tomando como puntapié la obra “Memorias del subsuelo” vemos como el Hombre del subsuelo protagoniza un deambular persistente y miserable (al igual que su propia consideración) por las ciudades, frías, oscuras, sucias (los personajes de Dostoyevski vivían en la época zarista) en busca de esas experiencias fenomenológicas del individuo que constituyen a través de sus actos la naturaleza humana. A pesar de la carencia de cualquier creencia ajena a él (aunque el existencialismo de Dostoyesvki partía desde la moral cristiana, temática bastante recurrente en la ciencia ficción soviética) desemboca en esa necesidad de saber el significado de la vida, el génesis de la especie, la creación de una nueva sociedad (ya no del individuo, sino del organismo), la llegada del mesías bajo formas de fantasías salvajes, el constructivismo como símbolo de una nueva raza, el relato mítico, rituales arcaicos, el abandono de los dioses, la existencia de la libertad, o más bien la falta de ella, ya sea física o metafísica (La libertad se convertiría en el mayor tópico del cine de ciencia ficción no solo Ruso). Un claro ejemplo de la presencia de estos signos se da en Na srebrnym globie (1988) de Andrzej Zulawski, donde un grupo de astronautas llegan a un planeta similar a la tierra, buscando libertad, pero paulatinamente van muriendo, dejando descendientes que evolucionan de forma primitiva, creando nuevos mitos y dioses. Esperando esa llegada del mesías, que eventualmente llega en la forma de otro astronauta, que es convertido en dios.
Na srebrnym globie (1988) de Andrzej Zulawski (Trailer)
Pero además los escritores existencialistas, Dostoyevski primero, después Sartre, Camus, y demás autores en general, hacen vivir a sus personajes en condiciones miserables, otra semejanza con los protagonistas de este cine de ciencia ficción Soviético. Recordemos el Raskólnikov de “Crimen y Castigo” que al igual que el Hombre del subsuelo o incluso el Roquetin de “La Nausea” de Sartre o el señor Meursault “El Extranjero” de Camus, cada vez que terminaban sus jornadas laborales como patéticos burócratas, en universos totalmente burócratas, comienzan sus periplos por la ciudad, visitando tugurios repletos de borrachos, cafés varios, callejones barrosos, paseos sin destino claro, amores libres, peleas, monólogos interiores, encuentros y discusiones fortuitas, para finalmente volver a re victimizarse y ha regodearse en su propia miseria en habitaciones pequeñas, lúgubres, húmedas, llenas de ratas, vestidos con harapos, malolientes, siempre enfermos, siempre febriles, agobiados, avergonzados, arrepentidos, para luego dar rienda suelta a la ira, al desprecio como escapatoria de la realidad, floreciendo ese subconsciente que solo vive en nosotros en la alucinación de “enfermedades” diagnosticadas por los propios protagonistas para, en último lugar, perder la noción de realidad, entrar en cólera y transitar en elucubraciones de egoísmo irracional. Ese amor al sufrimiento tan basilar del catolicismo.
La yuxtaposición de estos personajes existencialistas con el universo del constructivismo ruso revela a la perfección ese momento álgido del socialismo utópico de la ciencia ficción soviética de los 80. No deja de ser interesante, además, que el fin de la existencia sea protagonizado justamente por los existencialistas, personajes rebeldes, sí, con un marcado sentimiento apático frente a la existencia, el nihilismo en su máxima expresión, “La vida no vale la pena, pero hay que vivirla” escribe Camus, pero sin perder esos elementos paradójico y de parodia presente en la obra existencialistas. El absurdo, la mistificación de la existencia, que aparece ya en ciertas obras como Ga-ga: Glory to the Heroes (1986) de Piotr Szulkin.
Ga-ga: Glory to the Heroes (1986) de Piotr Szulkin(Película completa)
Estos autores dotan a sus filmes no solo de elemento filosóficos, utilitarismos estéticos, observaciones de temas morales y espirituales, utilizando el constructivismo como una expresión más de la imposición del espíritu ruso, que disuelve la individualidad a cambio de pertenecer a un gran organismo, sino que además navegan en ese humor muy Kafkiano, irracional, absurdo, muy burocrático también, personajes serviles y escépticos que finalmente terminan cediendo ante esos extraños códigos institucionales inconscientemente para evitar la locura, sobretodo en Gorod Zero (1988)de Karen Shakhnazarov, donde la afrenta irónica hacia las convicciones profundas deviene en una crítica al sistema que no entiende el sarcasmo de la naciente nación pseudo intelectual revolucionaria burguesa. No es extraño, entonces, que muchos de estos directores sufrieran con la censura de regímenes movedizos y paranoicos, Andrzej Zulawski en Polonia, por ejemplo. Dostoyeski mismo vivía bajo un gobierno opresor, la censura del estado y la persecución política que lo llevó a estar encarcelado en Siberia.
Gorod Zero (1988)de Karen Shakhnazarov (Película completa)
Otro elemento kafkiano que podemos ver en estos filmes, es la metamorfosis, la transformación no solo física, sino que espiritual, la búsqueda de identidad, la lucha entre ciencia y divinidad. En Sobache serdtse (1988) de Vladimir Bortko, el animal con conciencia humana debe perder su animalidad. La humanidad se ha encargado, a través de la moral, la ética, las convicciones intelectuales, la divinidad, de negar, de suprimir progresiva y reflexivamente la animalidad congénita de la misma humanidad. Pero la misma negación, y la instalación de estas facultades intelectuales morales llevan a la necesidad de rebelarse. La humanidad se construye a partir de la animalidad. El sufrimiento lleva a la comprensión, y la compresión lleva a la rebeldía. La humanidad no puede prescindir de su animalidad dice Bakunin, si se les separa, se les destruye.
Sobache serdtse (1988) de Vladimir Bortko (Película completa)
Finalmente, en todas estas obras de ciencias ficción, abundan, al igual que en la obra de estos autores pre y post existencialistas, los rangos militares poco conocidos y las jerarquías burocráticas, una existencia que se desenvuelve entre el vacío y el hastío, una angustiante soledad y desprendimiento de todo lo material y emocional, un acercamiento estético puramente formal en el uso de la arquitectura para transmitir una sensación de alienación, aislamiento, la percepción de estar afuera, excluido, diferente, iluminados constantemente por reflectores y pantallas de proyección, los museos (aparecen una y otra veces en varias películas, justamente con esa idea de preservación de algo muerto), las bibliotecas, los templos, los subsuelos, zonas quiméricas, basurales, océanos, las ruinas, las ruinas de la libertad, los escombros que nuevamente sirven de fundamentos para la autoridad. Esta destrucción de las propiedades materiales y la abatida de la metafísica del constructivismo, deviene en el deconstructivismo.
Este cine, tomando estos dos movimientos y seguramente muchas más corrientes preocupadas por los supuestos filosóficos, dramatiza las partes mas profundas del ser humano, idealiza las abstracciones de la sociedad, la decadencia de la sociedad, de la religión y del régimen. El personaje del turista de Posetitel Muzeya (1989) de Konstantin Lopushanskiy interpela a Dios (no necesariamente o no solamente el cristiano): “Predijiste el fin del mundo, pero no nos dijiste porqué”.
Aquí les compartimos algunas obras destacadas de la ciencia ficción soviética donde se pueden vislumbrar algunos de estos conceptos.
Posetitel Muzeya (1989) Konstantin Lopushanskiy (Película completa)
Un turista, en un mundo post-apocalíptico, quiere visitar un museo enterrado bajo el mar, pero en el camino es considerado el mesías de la nueva civilización de mutantes que habita la “tierra”.
Golem (1980) Piotr Szulkin (Película completa)
Basada libremente en la leyenda del Golem, un grupo de científicos crean unos seres a imagen y semejanza de la humanidad. Pero los seres ya están allí como la especie del futuro, por lo que los científicos sospechan que uno de ellos es un ser humano.
O-bi, O-ba – Koniec cywilizacji (1985) Piotr Szulkin (Película completa)
La humanidad habita en una sociedad subterránea en un mundo post-apocalíptico, en espera de la llegada del Arca que los rescate mientras su hábitat se desmorona.
Pisma myortvogo cheloveka (1986) Konstantin Lopushanskiy (Película completa)
La humanidad habita en las ruinas de un museo en un mundo post-apocalíptico. Su custodio escribe cartas a su hijo que vive en una zona que aparentemente comienza el camino hacia una nueva vida.
Stalker (1979) Andrei Tarkovsky (Película completa)
Un guía conduce a dos hombres a través de un área conocida como la Zona para encontrar una habitación que conceda deseos.
Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.
Dirigido por Jason Hehir, The last dance se convirtió en el contenido audiovisual más visto en las plataformas digitales durante la pandemia que ha azotado al mundo y que nos ha obligado a permanecer en cuarentena. Hehir conduce un serial documental que a lo largo de diez episodios y desde la variopinta perspectiva de diversos personajes, describe al corolario de su protagonista, Michael Jordan, la última campaña de un equipo de antología, la dinastía de los Chicago Bulls que comandaron la NBA con seis títulos en ocho años, dos tripletes en la misma década, único en la historia de los deportes profesionales en Estados Unidos. De hecho el equipo de la temporada de 1996 llegó a ser el máximo ganador en tiempo regular, hasta que en 2016 ese record fue roto por los Golden State Warriors, dirigidos por Steve Kerr, otro de los protagonistas del documental, cabe señalar que la diferencia entre ambos equipos fue el hecho de que los Warriors no ganaron el título que los Bulls sí. La serie describe la temporada 1997-1998 mediante escenas filmadas en autorización ex profesa de Jordan, el dueño del equipo y Phil Jackson, máximo ganador de la NBA como entrenador y jugador en la suma; dichas escenas no serían reveladas a menos de que los involucrados estuvieran de acuerdo, el resultado, un apasionante viaje por dos décadas de la NBA de la mano de la trayectoria de Michael Jordan y su papel en el equipo más ganador de su tiempo, desde sus años en la universidad hasta su primera medalla olímpica en 1984; desde su temporada de novato 1984-1985, su primera lesión 1985-1986, hasta sus años gloriosos 1986-1987 y 1988, donde competiría con Larry Bird y Magic Johnson, y que concluiría con su primer MVP, para dar paso a su consolidación como súper estrella, 1988-1989 y 1989-1990, cuando los famosos Bad Boys de Detroit, que destronaron a los Lakers de Los Ángeles de Magic Johnson, los dejaran en par de ocasiones eliminados de las finales. Sería esa la primera transformación de Jordan, no solo a nivel físico sino mental y estratégico, jugando hacia un equipo que lideraría a sus propios métodos, eso, más la llegada de Scottie Pippen y Phil Jackson, conformarían su primer clímax, el triplete de 1991-1992 y 1993. El documental tiende dos líneas que se encuentran y que nos llevan por las historias rocambolescas de Dennis Rodman, el crudo contexto histórico de Toni Kukoc, la similitud de tragedias de Jordan con Steve Kerr, o el papel de Pippen al lado de Jordan.
Polémico sin duda, el producto es altamente recomendable para los fanáticos de los deportes y para una nueva generación de aficionados que no conocían la trayectoria de Michael. El material de archivo es extraordinario, y destacan las secuencias que narran los títulos de 1996, 1997 y 1998, como batallas épicas al tiempo que los vericuentos y visicitudes se suceden uno a uno. Varios temas quedan al debate, qué habría pasado de Jordan de no retirarse un año y medio y con ello prácticamente dos temporadas, 1994-1995, en las cuales los Rockets de Houston de Hakem Olajuwon conquistaron sendos títulos, su paso al béisbol, el profundo dolor que sintió ante la trágica muerte de su padre y su regreso, que ante los resultados primarios le hicieron readaptar su físico al básquetbol y recuperar su cetro. Las imágenes están plenas de nostalgia, especialmente las correspondientes al Dream Team de Barcelona 1992, su segunda medalla de oro, o los detrás de cámaras mientras filmaba la cinta Space Jam de 1996, cuando en 1995 previo a su regreso y a pleno rodaje reunió a varios compañeros para volver a jugar; así mismo, ver a figuras como Spike Lee, Bob Costas, Justin Timberlake, entre otros, ofrece un contexto generacional al que también acompañan jugadores del salón de la fama como Larry Bird, Magic Johnson, John Stockton, Patrick Ewing o Reggie Miller, incluyendo al recientemente fallecido Kobe Bryant o a los ex presidentes Bill Clinton y Barak Obama.
Michael Jordan irrumpió los años ochenta como torbellino el mundo del básquetbol, pero de igual modo el mundo del espectáculo que encumbra figuras afroamericanas de extraordinario talento y carisma, que transformaron la cultura como menciona el mismo ex presidente Obama, Oprah Windfrey, Eddie Murphy, Lionel Richie, Stevie Wonder, Arsenio Hall; deportistas como Walter Peyton, Carl Lewis, Jerry Rice, entre otros, y dominando la escena Michael Jackson, quien en 1992 de la mano del Dangerous, invitó a Jordan para aparecer en el videoclip del sencillo Jam. Michael Jordan se convirtió en un ícono de las marcas deportivas, encumbró a Nike y su propia llínea Air Jordan, y dejó su sello como el acróbata máximo de la liga a finales de los años ochenta, pero sería a partir de su primer título con los Chicago Bulls, que no solo daría inicio a la dinastía más famosa, sino que brindaría a los noventa un dominio abrumador. Incluso en 1994 cuando en plenas finales NBA la atención se volcó sobre el caso de OJ Simpson, el deporte dio cuenta de la valía mediática de Jordan, que entonces estaba retirado.
Figuras mediáticas del como Emmitt Smitt, Michael Johnson, Mike Tyson, Tiger Woods, tuvieron reflectores como heredad de Jordan. El serial deja algunos temas de lado, como la no aceptación de Jordan para integrar el Dream Team de 1996 en Atlanta, la cortada de su dedo con un cortador de puros y que le hubiera costado la temporada de 1999 de no haberse retirado, o su segundo regreso en 2001, que vio jugar al más grande basquetbolista de la historia por dos temporadas, 2001-2002 y 2002-2003, incluido un juego de estrellas épico. No obstante el documental se concentra en la dinastía de los Bulls y en especial en la consecución de su segundo triplete, con el denominado The last dance que el propio Jackson brindó a su última temporada juntos, alimentando un drama con la participación del desparecido Jerry Krause como una suerte de villano que construye y destruye su propia creación, el dueño del equipo Jerry Reindsdorf, familiares de Scottie Pippen, la mamá y hermanos de Michael Jordan, o Carmen Electra en las peripecias relatadas sobre Dennis Rodman.
El legado de Michael Jordan es innegable, como los recuerdos y vivencias que se acompasan al escuchar el tema Sirius de The Alan Parsons Project de 1982 y que durante el segundo triplete, 1996-1998, se convirtió en un sello de la era Jordan. Ningún atleta puede compararse al impacto mediático de Jordan, aunque varios comparten los debates de su olimpo, sea en su propio deporte como Karem Abdul Jabbar, Bill Russell, Wilt Chamberlain o Lebron James, o en otros deportes, Mohamed Alí, Robinson, Marciano, Jesse Owens, Carl Lewis, Usain Bolt, Mike Spitz, Greg Louganis, Michael Phelps, Nadia Comaneci, Simona Biles, Pelé, Maradona, Messi, Laver, Borg, Sampras, Federer, Nadal, Djokovic, Schumacher, Sena, Fangio, Niklaus, Tiger Woods, Joe Montana, Peyton Manning, Johnny Unitas, Walter Payton, Jim Brown o Tom Brady, por citar algunos, que compiten voluntaria, involuntaria o a la consideración de fanáticos y expertos, por ser los mejores de sus deportes o posiciones, una denominación que en inglés se abrevia GOAT, Greatest of All Time, denominación que no por casualidad, inició con Michael Jordan. Ahora bien, lo más atractivo y por demás interesante del serial, es la figura de Jordan como compañero de equipo, como líder y como jugador, tres posiciones distintas, y es ahí donde el debate incrementa el morbo y atención del documental, Jordan no es tan amigable, no es ameno sino duro, difícil, de trato adusto y hasta cierto punto coercitivo hacia los objetivos.
De ahí la valía de su ímpetu ganador a claroscuros y grises, en las distintas posiciones que podamos tomar como audiencia, es innegable que en las diez temporadas que estuvo a tope, si consideramos las que estuvo lesionado, su retiro a los treinta años y su vuelta a sus casi cuarenta, nadie puedo desafiar su dominio. Héroe o villano, líder u hostigador de la competencia, Michael Jordan impulsó a sus compañeros a lograr el éxito y de su mano alcanzó el suyo, la dinastía de Chicago quedará grabada en la memoria de quienes la vivimos en su momento y ahora en quienes la redescubren y vuelven a emocionar aun cuando el marcador no se mueva y sepamos quien ganó el partido. Jordan se hizo figura cuando no había redes sociales ni plataformas que cumplieran la misiva informativa, la prensa, los medios y sus títulos cumplieron el cometido, hizo de la publicidad un aliado financiero y exponencial, y de la propaganda y retos de compañeros, prensa y situaciones de la vida misma, argumentos, motivos y razones para alcanzar sus metas, buenas o no, adecuadas o no, es una consideración de quien las juzgue, opine o comente, analice o sienta, Michael Jordan seguirá siendo un modelo a seguir para las y los competidores que buscan la entrega, la excelencia y la obtención del triunfo.
The last dance ha cumplido a todas luces su tarea, informó, removió, cautivo, interesó, emocionó y entretuvo a millones de personas en el mundo en medio de una pandemia que además de enfrentar la lucha por la vida misma, tiene al confinamiento la ausencia de deportiva, el serial provocó a muchas y a muchos atletas para redoblar esfuerzos, algo que lo hicieron incluso hicieron público varias celebridades del medio, pero también a quienes buscan al día a día dar lo mejor de sí, con sacrificios y esfuerzos, con dolor y penas, dando fuerza y aliento. Recordar es vivir gravita en la nostalgia, y el documental hizo evidente que se extraña lo querido, como esas imágenes grabadas para siempre en la memoria y que ahora serán analizadas, valoradas y estilizadas en el aire que e propio Jodan acusó a su vuelo.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Sumisión significa sometimiento, es que alguien acate la orden de juicio de otra persona y se subordine, en sus acciones o ideas, respecto a las dictadas por otro. Mucho tiene que ver con la pérdida de libertad, con la inexistencia del libre albedrío, con el control y la manipulación, hasta con la conformidad y la indiferencia, porque si alguien se somete o es obligado a hacerlo, alguien más ejerce el poder de dominio sobre la voluntad de las personas. Para ponerlo en práctica se necesita el uso de mecanismos tradicionales de poder, tales como la fuerza física ejercida por los aparatos policiacos y el sistema jurídico de cualquier sociedad, pero también con demasiada frecuencia, y cada vez en mayor medida, se recurre a mecanismos de persuasión, pero sobre todo, de manipulación; mecanismos de gran alcance e impacto, con poder de convencimiento que funcionan como instrumentos de reproducción ideológica para conducir a la enajenación de las grandes masas de población. Algunos ejemplos, dentro de la actual sociedad moderna industrializada y altamente digitalizada, pueden ser los medios de comunicación y las redes sociales, la publicidad y la propaganda, que ayudan a crear modelos específicos sociales que delimitan valores sociales, estilos de vida y formas de pensamiento, a través, por ejemplo, del uso de la desinformación, la distorsión o visión parcial de hechos o conductas sociales, la propagación de noticias falsas e, incluso, promoviendo lo banal, lo superfluo, el pensamiento mágico, la indiferencia, el conformismo y el excesivo egocentrismo del ser humano por medio de la exaltación de la fama momentánea, superficial y pasajera.
No es que todo contenido en medios audiovisuales, desde películas hasta publicidad, o el material compartido por usuarios personales o empresas en las plataformas por internet, sea así (aunque sí la mayoría) ,es sólo que la fuerte influencia que éstos espacios tienen en el modelo sociocultural, los vuelve herramienta clave en los procesos de manipulación y control.
Un ejemplo de este modelo de control social, si bien ficticio pero con gran similitud con la realidad contemporánea (asumiendo la metáfora de los alienígenas como casta superior que explota y domina al conjunto de la sociedad) con eco para la reflexión sobre la sociedad moderna, se observa en la película Ellos viven(EUA, 1988), una cinta de suspenso y ciencia ficción escrita y dirigida por John Carpenter, quien se basa en la historia corta de 1963 llamada «Eight O’Clock in the Morning» (A las ocho de la mañana), de Ray Nelson.
Protagonizada por Roddy Piper, Keith David y Meg Foster, la narrativa sigue a John Nada, un hombre que llega a Los Ángeles en busca de trabajo, quien recibe ayuda de otros que, como él, se encuentran en una situación socioeconómica difícil, tratando de sobrevivir al día. John, sin embargo, se da cuenta que hay un grupo de personas, perseguidas por el gobierno, que se están organizando en contra de aquellos que, dicen, han encontrado la forma de controlar y mantener sumisa a la sociedad.
Pese a que primero duda de lo que este grupo proclama, John descubre que tienen razón y que la sociedad está siendo dominada, sometida y de alguna forma amaestrada y condicionada, por medio de mensajes codificados y espacios publicitarios controlados por nada menos que alienígenas, mensajes encubiertos que incitan a la población, entre otras cosas, a comprar, consumir, obedecer, mirar la televisión, aceptar el estatus quo y dejar de pensar por sí mismos. La intención evidente es promover el consumo, asumir una actitud conformista y de pasividad extrema ante la vida, bloqueando así la posibilidad de crítica, todo ello mediante la repetición sistemática de consignas que están contenidas en forma subliminal en la publicidad emitida.
El modo de operar que se pone en práctica, lo hace bajo ideas centrales que tienen su respectiva crítica social, a saber: 1) La división de clases sociales. 2) El consumismo, la comercialización y la competitividad. Y, 3) El proceso de manipulación de masas.
John, los rebeldes y toda la gente con la que él convive, son personas de bajos recursos pero que trabajan día a día por salir adelante, a pesar de las limitantes de las reglas dictadas por la gente privilegiada en el poder, que no siempre entiende sus necesidades, o su realidad social. El escenario puede, en efecto, ser un reflejo de modelos sociales actuales, pero, al menos en la historia, ello ahonda en temas como la discriminación y la división social a favor de la clase alta.
Los alienígenas, en la película, se esconden entre las más altas esferas de poder para alimentar la idea de que el privilegio, el dinero, el consumo selectivo de bienes de consumo y los clubes en compañía de otros exclusivamente ‘elegidos’ dentro de este círculo social, es sinónimo de excelencia. ¿Y qué hacen con la siguiente escala social, con la que hace cumplir esas normas que ellos imponen? La compran, chantajean y pagan favores para que, por ejemplo, la policía haga lo que ellos quieren que se haga con las personas en el fondo de la pirámide social.
Esta idea lleva al segundo pilar importante de esta ideología de control. Comprar, consumir, distraerse, dejar de pensar y seguir por inercia aquello que se le dice a la gente. Las personas, que miran los comerciales que venden productos que no necesitan y que promueven ideas no realistas pero a las que la gente aspira, que festejan y valoran los bienes materiales como la riqueza, la fama y la moda novedosa pero insustancial, son moldeadas bajo ideales prestablecidos, pensados precisamente para mantener a las personas cautivas. Un proceso de ‘aniquilación de la conciencia’, dice la película.
Los mensajes no son directos, sino que se opta por una publicidad subliminal que cumpla su función. Las revistas no promueven la ayuda al más necesitado, promueven la idea de gastar en viajes y joyas, incluso si no se tiene el dinero para pagarlos, pero además, escondidos detrás de esas capas, están los verdaderos mensajes que se le envían a la sociedad, una publicidad oculta, no siempre evidente, que John y compañía pueden ver gracias a unos lentes especiales que muestra la realidad detrás de la fachada, cuyo contenido son órdenes directas como: obedece, compra, sométete, consume, ve televisión, no pienses, cásate, confórmate, etcétera. . “Ellos viven, nosotros dormimos”, se afirma en la película.
Esa es la manipulación de masas, procesos de alienación a través de mensajes engañosos que promueven ideales específicos que favorecen sólo a algunos sectores de la sociedad, las minorías privilegiadas, empujando al resto hacia una dinámica de falta de oportunidades en la que se pierde el interés por alimentar la mente y progresar, para convertirse, en efecto, en un conjunto no pensante, porque no se tiene espacio ni para la cultura ni para el conocimiento ni para la duda, sino más bien un grupo maleable, prescindible y poco importante, porque lo que se espera del individuo no es que destaque, sino que se funda con el resto de la ‘masa’. Vivir en una aparente libertad sin darse cuenta que en realidad no lo es.
Los aliens ven a la Tierra como un planeta del ‘tercer mundo’ al que explotar hasta destruir, y luego, pasar al siguiente lugar al que puedan aniquilar, plantea la historia. Una especie de colonialismo interplanetario. El eco en general es amplio pero específico, la gente con o en el poder, empresarios, gobernantes o quienes sean, que moldean por medio de manipulación a la sociedad para que no se dé cuenta de su explotación, hasta que no haya nada más que sacar de ellos, y se proceda hacia un siguiente objetivo. “¿Por qué veneramos la avaricia?”, pregunta uno de los personajes, expresando un sentimiento de duda que no todos poseen porque viven enajenados, aceptando la avaricia como algo natural.
Todo está a la venta, se reflexiona sobre el mundo moderno, tomando como base lo que plantea la película. Todo representa un impuesto y todo se llena de publicidad para vender cosas, a veces innecesarias, a veces de necesidad básica. Todo está monetizado, los servicios de salud, los servicios de educación, nacer, comer, morir, la privacidad, una mejor vista en un departamento, un hotel incluso; todo, todo está plagado de mensajes que llevan al dinero. El problema es que muchos de esos mensajes, de una manera sutil, contienen ideas preconcebidas que guían pensamientos: este producto es mejor que el otro, este sitio web es el mejor donde ver o hacer esto, esta aplicación es la más popular, esta marca está ligada a un estatus social superior que la otra, entre muchos otros.
Curiosamente, John ve con sus lentes la realidad escondida en matices blanco y negro, en un sentido no radical, sino pragmático y esclarecedor, porque pareciera que todo método de engaño y manipulación es más efectivo si es más llamativo, más colorido, escandaloso, estrambótico, espectacular y sensacionalista. Y lo es, a veces en el sentido literal, a veces en cambio, o también, en el metafórico. ¿Qué hay en realidad detrás de todas esas capas de color? A veces nada, a veces mucho, a veces todo. Se trata del mundo de las apariencias en donde lo importante es lo que se exhibe, no lo esencia de quien se es; y las redes sociales del mundo digital o virtual favorecen esas relaciones de falsedad y superficialidad. Pero a diferencia de John Nada (y la nombre de John ya es significativo pues es Nada, es decir, es Nadie, no representa ningún valor) la sociedad no tiene lentes especiales para ver detrás de la mentira, carece de pensamiento crítico. O los tiene (los lentes representan, para fines prácticos, una capacidad de análisis, de duda, de crítica, de libre albedrío, de pensamiento en donde se cuestionen órdenes dudosas y se desafíen ideologías sesgadas, entre otros), pero no los usa.
Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.
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