Si no despierto
Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La alteridad se refiere a la capacidad de ser otro, a la capacidad de sentir y ver el mundo desde un punto de vista ajeno a nosotros. Esta (también llamada) “otredad’ consiste en entender al ‘yo’, consciente y/o considerando la perspectiva del otro. Se relaciona un tanto con la idea de empatía, sin embargo, mientras ésta se refiere a ‘ponerse en los zapatos del otro’, la alteridad es más bien entender que hay ‘otros’ aparte de mí y que en la realidad de estos ‘otros’, existo ‘yo’.
El término, de alguna forma filosófico, ayuda a entender el papel de mi persona en relación con el mundo que [me] rodea, lo que lleva al individuo a entenderse a sí mismo en su papel con su contexto. El resultado es una armonía de respeto, pues implica la aceptación de la diversidad. En corto, es entenderse y entender al mundo, conforme cómo nos relacionamos con los demás.
Este es el tema central de Si no despierto (EUA, 2017), película dirigida por Ry Russo-Young y escrita por Maria Maggenti, quien desarrolla su historia con base en la novela homónima de Lauren Oliver, publicada en 2010. Oliver en una carta de 2009, contenida en el libro, dice: “La alteridad exige comprensión y tolerancia. Con demasiada frecuencia dejamos que las personas se conviertan en una proyección de nuestros propios anhelos, miedos o deseos. Las odiamos o las amamos dependiendo de las historias que inventamos sobre ellos. Dejamos de verlas como son, para verlas como nosotros creemos que son”.

Protagonizada en pantalla por Zoey Deutch, Halston Sage, Logan Miller, Jennifer Beals y Elena Kampouris, la historia sigue a Samantha Kingston, una joven preparatoriana atrapada en un bucle temporal en que vive y revive, una y otra vez, el mismo día. Es hasta darse cuenta de la situación en que se encuentra, repitiendo su experiencia vital, como descubre los detalles a su alrededor y la forma cómo se relaciona, misma que hasta entonces daba por sentado: su dinámica con sus padres y hermana, su amistad con sus aliadas más cercanas, Lindsay, Elody y Ally, y hasta su limitada, nula y prejuiciosa convivencia con aquellos con quienes cree no tener nada en común, específicamente algunos de sus compañeros del colegio. Relaciones todas que le parecen “normales” (cualquiera que sea el concepto que ella tuviera de “normal”) pero que desafortunadamente presentan vicios que influyen para obstaculizar su plena felicidad y logros de diverso tipo.
Primero rompiendo la rutina y luego desafiándola, la experiencia del bucle temporal le permite a Sam ir entendiendo la oportunidad que tiene enfrente para conocer a las personas con las que se relaciona (y con las que no), dando paso así a la viabilidad de conocerse a sí misma. Es un proceso de análisis autorreflexivo sobre sus actitudes, su comportamiento, incluso respecto a los valores que cree poseer y la congruencia de ello con sus actos.

Repetir el día es algo simbólico, con remembranzas en el mito de Sísifo, quien es castigado por los dioses a empujar una piedra hacia la cima de una montaña, sólo para, llegando a lo alto, aventarla por el borde y comenzar con el mismo proceso una y otra vez. La referencia mítica habla de una vida sinsentido, monótona, en donde el esfuerzo no conduce a nada porque el final Sísifo tiene que reiniciar el ascenso sobre la ladera de la montaña. No obstante la repetición de la experiencia le permite la satisfacción de alcanzar una y otra vez la cima, por lo que el castigo deja sentir una forma de victoria efímera, acorde con la astucia que se le atribuía.
En este caso para Samantha no se trata en realidad de un castigo, sino de una segunda (y tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima…) oportunidad. Es después de varias vueltas reiniciando que comienza a preguntarse ¿cuál es el objetivo?, ¿cuál es el sentido de todo? y, por tanto, ¿para qué y por qué vivo?
Abordar ese mismo día y en las mismas situaciones, pero cambiando las decisiones que ella toma, le da a Sam la oportunidad de reflexionar sobre ellas y valorar el impacto que en su devenir tienen. Por ejemplo, se había estado apartando de su madre, enfriando la relación, entonces, en uno de estos días decide acercarse a ella, platicar, intercambiar opiniones, dándose cuenta que el apoyo y afecto que creía había desaparecido entre ellas subsiste plenamente. Sam también se había distanciado de Ken, su amigo de la infancia, hasta etiquetarlo marginalmente por inercia, pero un día se encuentra inesperadamente con él y, sin más que perder, porque sabe que en poco tiempo el día reiniciará otra vez, decide entablar una conversación y conocer así una experiencia de vida y un punto de vista cuya perspectiva en ese momento ayuda a Sam con una importante lección: no siempre somos quienes creemos que somos, pero tampoco somos lo que los otros creen que somos.

Este bucle de tiempo lo que hace es ofrecer a la joven protagonista la puerta abierta para vivir, pero en toda la extensión de la palabra, conociendo, arriesgándose, opinando, escuchando a los demás y procurando entender su sentir y no sólo oyendo en forma vaga o selectiva. Es entender que la vida no sólo es una decisión tras otra, sino el conjunto de ellas y cómo éstas dan sentido a la existencia; valorar cada momento, cada detalle, cada plática, convivencia y ocasión.
Para Sam, la rutina monótona y por inercia era su verdadero purgatorio, porque daba por sentado lo que hacía y por qué lo hacía, lo que dejaba un gran hueco de ‘nada’, un vacío en su vida. Su problema, como para muchas personas en la realidad, era no darse cuenta a tiempo de lo intrascendente en que se volvía su existencia y en lo banal de sus actos. En la historia, Sam tuvo que revivir el último día de su vida varias veces para poder entenderlo, y para comprender que el sacrificio (la lección y la decisión que vienen implícitas) no sólo la involucra a ella, porque como ser humano, como ser social, forma parte también de la realidad de vida de otras personas.
En lugar de intentar cambiar a los demás, decide entonces respetarlos y cambiar ella misma, haciendo, decidiendo, con acciones que tengan su impacto para con los demás. No le dice a su mejor amiga, Lindsay, que cambie, aún sabiendo sus fallas y errores, en cambio, prefiere darle ánimos enfocándose en sus cualidades positivas, para ayudarla así a mejorar. Sam tampoco le dice a su hermana menor que se defienda si la ofenden (su hermana pequeña tiene un problema de seseo), en cambio prefiere hacerle ver que la quiere como es y que no hay nada malo con su persona. Y, finalmente, Sam buscar hacer entender a Juliet, la joven a la que ella y sus amigas le hacían bullying, que la respuesta no está en huir, sino en enfrentar el problema, hacerse respetar y darse cuenta que eso que haga es legítimo y necesario porque vale la pena vivir.

“Tal vez para ti haya un mañana. Tal vez para ti haya mil, o tres mil, o diez. Pero para algunos de nosotros, sólo existe el presente. Y lo que hagas hoy importa. En ese momento y tal vez hasta el infinito. Sólo veo mis grandes éxitos. Veo las cosas que quiero recordar. Y por las que quiero que me recuerden. Ahí me di cuenta de que ciertos momentos duran para siempre. Aunque hayan terminado, siguen existiendo”, dice Sam al inicio y al final de la película.
“Samantha en realidad no define los mejores momentos de una vida como los recuerdos más felices, sino como <<las cosas que quieres recordar y por las que quieres ser recordado>>”, escribe Oliver en un ensayo publicado en la novela. Más adelante añade: “Puede existir sentido sin felicidad, por supuesto, pero no puede haber una felicidad auténtica sin sentido”.
Esa es la clave para la protagonista y la lección que deja al espectador, que reflexiona junto a ella. Para Sam no se trataba de ser feliz, sino de encontrar la motivación que la llevará a querer ser feliz, para anhelarlo, disfrutarlo, vivirlo y compartirlo. Ella vivía ya en un ciclo vacío incluso antes de comenzar a repetir el mismo día, precisamente porque no alcanzaba a comprender la importancia de valorar y valorarse en el mundo. En efecto, como ella misma finalmente analiza, “Lo que haces hoy importa”, y lo hace en tu vida, pero también en la de los demás. No es fácil aprenderlo, pero además, es que no siempre todos tendrán, como Sam, esa literal (aunque sí simbólica) ‘segunda oportunidad’. La lección entonces es actuar éticamente en busca del mejor sentido para la propia vida, porque, tal vez, no habrá una segunda oportunidad.
Before I Fall (2017) EE.UU.
Director: Ry Russo-Young

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México
Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.





Es Cynthia misma quien incentiva a Ed a perseguir la relación, más por el interés mercadotécnico detrás de la decisión, que por tacto humano y solidario. A la productora y al canal lo que les interesa es que las personas se enganchen y para ello necesita dirigir la narrativa hacia un punto de inflexión (dramático) que les sea beneficioso y explotable. “Creo que Ed representa la apoteosis de un síndrome muy actual. Antes, las personas eran célebres por algo. Hoy en día, son célebres por ser célebres. La fama se ha vuelto un atributo moral. Es una virtud intrínseca”, dice uno de los personajes analizando el fenómeno social y cultural que catapulta a Ed hacia una fama efímera, pasajera y superflua. En efecto, lo que Ed refleja es ese interés en un espectáculo vacío de contenido que vanagloria la banalidad del ser. ¿Qué atrae entonces al público? ¿La trivialidad de una existencia (Ed) que distrae con un espectáculo pasajero, simple e irrelevante? La audiencia mira mientras haya algo que la mantenga a la expectativa, saciando sus sensaciones y sus emociones, pero quizá la audiencia también mira sólo por mirar.
El canal que produce planea una estrategia para crear ese dramatismo que mantiene un ritmo que alimenta el chisme que corre de boca en boca, esa situación que abra el debate, avive polémicas y cree conflicto de opiniones. Pone valores en conflicto sin asumir una postura ética. El público por ejemplo, siempre tiene algo que decir respecto a Ed y su familia, o sobre Ed y su relación con Shari, o Ed y su relación con otras personas que le rodean. Incluso los medios de comunicación encuentran su impulso alimentando este drama abriendo encuestas y reportando sobre lo que sucede en el programa, para que el entretenimiento y la relación catártica no venga sólo del show en sí, sino de la plática y el debate alrededor de él. “¿El interés del programa no estriba en sacar trapos sucios al sol?”, preguntan algunos periodistas conforme avanza la transmisión y la relación de Ed y Shari entra en conflicto, ya que ella no está muy cómoda con exponer su vida frente a la lente, o cuando el pasado de Ed evoluciona a una crisis familiar con la reaparición de su padre biológico, que desemboca en una serie de giros sobre-dramáticos, situación que lleva a algunas personas, Ed entre ellos, a cuestionarse hasta dónde está dibujado, o desfigurado, el límite de la privacidad y la exposición de la intimidad. Eventualmente Cynthia se da cuenta cómo afecta la vida de Ed y de sus familiares, sus relaciones personales y su propio desarrollo, el ser perseguido por las cámaras de televisión, atropellando la espontanea conducta de las personas involucradas. Todo lo que digan queda registrado, todo lo que hacen está abierto a ser criticado y, por tanto, todo aquello en lo que fallan se convierte en motivo de humillación pública. Su propuesta es finalizar el show antes de que la gente comience a cansarse de Ed, pero su jefe, el directivo del canal, lo ve con otros ojos, con unos más enfocados en la ganancia monetaria y propone, en cambio, continuar explotando el producto (Ed, o la vida de Ed, o la vida y privacidad de Ed) y extender las transmisiones por otros tres meses más.
Ed, viendo cómo la mirada constante de la lente y la invasión de la cámara en todo rincón y aspecto de su vida personal afecta directamente a sus allegados más cercanos (la gente ya no se satisface con saber de él, quieren saber también de las personas que se relaciona y conviven con él), dice que se la pasará todo el día acostado en cama, esperando que esto desanime a los directivos y a la audiencia por igual. La respuesta que recibe es que firmó un contrato y si no realiza su rutina diaria como es usual, como está establecido, podrá significar una pérdida económica para la televisora, que podrá demandarlo por incumpliendo de contrato. El mismo manejo de manipulación, ante el que Ed no tiene armas legales para defenderse, sucede más adelante, cuando el programa evoluciona hacia un nuevo concepto, no sólo seguir a Ed 24 horas al día, sino seguir también a su familia y transmitir a la audiencia la escena más ‘interesante’ que en ese momento esté sucediendo. Tal y como hoy sucede con las transmisiones deportivas, por ejemplo, en donde se busca explotar la jugada más interesante o impactante para incentivar el consumo mediante la explotación de las emociones. Aquí Ed se da cuenta que se ha convertido en un producto más al cual manejar a conveniencia, controlado conforme mejor convenga al canal, quienes ganan en ventas, raitings y mercadotecnia a sus expensas. Él necesita tomar acción y lo logra dándole la vuelta a la lente (casi literal) con un concurso al aire en el cual premiará a quien revele el secreto más bochornoso de alguno de los ejecutivos de la cadena televisiva. Su idea da frutos y alcanza su cometido, así que justo segundos antes de revelar la información personal del ejecutivo involucrado, la transmisión se corta. La audiencia, sin embargo, demuestra la película, no llega del todo a entender ese manejo falto de ética en la transacción; lo que rescata es esa forma como la vida humana, la intimidad personal, puede ser deshumanizada a favor de unos cuantos segundos de fama, de aparecer en la televisión, de ser reconocido en las calles y vitoreado por no hacer nada más que ir a una cita con alguien, asistir a un evento público y tomarse fotografías con otras personas. En suma, exhibir la miseria de su propia cotidianidad. Lo que queda es el deseo de alimentar la exigencia por un contenido sensacionalista que no aporte al desarrollo humano, sino más bien enajene a la audiencia. Las personas, al menos en la historia, no se dan cuenta de cómo la dinámica afectó a los implicados, en su vida o su desarrollo personal y emocional (desde autoestima a ideales, relaciones personales o medio de aprendizaje). Finalizada la transmisión, sólo cambian de canal, esperando encontrar otra banalidad que llene ese vacío.










Iván Uriel Atanacio Medellín


















Iván Uriel Atanacio Medellín
Filmakersmovie estuvo presente en la lectura masiva de la novela “El Muro” en la Biblioteca Carlos Fuentes de Xalapa Veracruz. “El Muro”, completa la trilogía “Apología del encuentro” del escritor Iván Uriel Atanacio Medellín, que junto a las novelas “El Surco” y “El Ítamo”, aborda las relaciones humanas desde la migración universal. El fomento a la lectura, la promoción literaria y la generación de reflexiones continuas mediante el diálogo, la expresión y la realización de diversas actividades culturales, eventos artísticos exposiciones, muestras de cine y presentaciones de libros, representa uno de los principales activos de la Biblioteca, de ahí que para celebrar uno de los eventos literarios más importantes en México, reunió a más de 75 lectores, destacando estudiantes de bachillerato provenientes de las escuelas Artículo Tercero Diurno, Constitución de 1917 Vespertina, Ricardo Flores Magón “Oficial B”, Escuela de Bachilleres Vespertina Veracruz, y el Colegio Euro Hispanoamericano, además de un colectivo de maestros jubilados de la Ciudad de Xalapa.




Competir es contender, pero, como todo, tiene sus matices. En un escenario deportivo o en un ambiente escolar por ejemplo, es desempeñarse a mayor nivel de perfección que el otro, en cuanto a respeto y honestidad, pero en un escenario de contienda o batalla, tal vez no se trate de un simple ganar o perder, sino de darlo todo con tal de pasar por encima del otro, es decir, una competitividad injusta, desleal, carente de ética y honor. El tipo de competencia que alimenta y estimula el mercado en la búsqueda de la máxima ganancia y para desplazar o eliminar competidores con intenciones monopólicas.


