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CINE Y LITERATURA, 91 AÑOS DEL PREMIO ÓSCAR. (III)
“Mi bella dama.”
Por: Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

“Mi bella dama” es una película musical estrenada en 1964 y galardonada con el Premio Óscar como mejor película. La producción fue dirigida por George Cukor, y el guion realizado por Alan Jay Lerner está basado en la obra de teatro escrita por George Bernard Shaw titulada: “Pigmalión”. El personaje histórico llamado Pigmalión, en la mitología griega se enamoró de una escultura bellísima que él mismo había realizado y a la cual le puso el nombre de Galatea, la diosa Afrodita le cumplió el sueño y convirtió a Galatea en una mujer de carne y hueso para que Pigmalión la cuidara y amara.
Pigmalión y Galatea es uno de los mitos más transmitidos en la historia del arte, Bernard Shaw en 1914 publicó una de sus obras teatrales más conocidas y cincuenta años después cuando la obra se presentó en la modalidad de película musical, tanto la obra escrita como la película se convirtieron en un referente de la cultura universal, por todo lo mencionado y teniendo de manera general el conocimiento del mito, conozcamos al moderno Pigmalión de Bernard Shaw.
La obra está compuesta en cinco actos, los personajes centrales son: “Madre (Señora Eynsford Hill), Hija (Señorita Eynsford Hill), Florista (Elisa Doolitle), Mistress Peace, Mistress Higgins, Una Doncella, Caballero (Coronel Pickering), El de las notas (Enrique Higgins), Alfredo Doolitle.” A continuación, en el presente artículo se abre el telón:
Todo sucede allá por el año 1912 en Londres, Inglaterra, eran las doce de la noche y la gente se encontraba en el Pórtico de la Iglesia de San Pablo esperando un taxi que las pudiera llevar a su casa debido el fuerte aguacero que caía, una joven florista accidentalmente choca con uno de los transeúntes y cae, pero, luego, luego se levanta y empieza a intentar vender sus flores a las elegantes señoras que esperan los taxis. La florista tiene unos dieciséis años, es guapita, de rasgos muy humildes: “Sin embargo, se ve que con un poco de cuidado sería una muchacha muy aceptable.”
En el mismo lugar se encuentran Enrique Higgins, quien es un reconocido lingüista encargado de escribir el alfabeto fonético universal, Higgins le compra a la chica unas flores y en ese contexto conoce al Capitán Pickering, personaje que acaba de llegar de la india y era el autor de “El sánscrito hablado”. Pickering le dijo a su colega Higgins que había viajado exclusivamente a Londres para conocerlo y ver su gran trabajo de fonética universal, a lo que Enrique respondió que él estaba pensando viajar a la india con el mismo propósito, los lingüistas entablaron gran amistad y Pickering se fue a residir a la casa de Enrique Higgins.
Al poco tiempo de lo sucedido en la Iglesia de San Pablo, la florista llamada Elisa Doolitle se presentó en la casa de Higgins, el motivo de su visita era para que Enrique le enseñara a hablar. Elisa tenía la aspiración de trabajar en una tienda elegante de flores y por tener un lenguaje vulgar no lo había podido hacer, Elisa además de pobre, era muy desagradable por su forma arrabalera de hablar. Con Elisa enfrente, Higgins le apostó a Pickering que en seis meses si él se lo proponía haría de Elisa una dama de sociedad, es más sin problemas podría pasar por Duquesa.
La apuesta se formalizó, Elisa aceptó ser educada en modales y habla por parte de Enrique Higgins, la chica desde un inicio demostró a pesar de su humildad, ser de espíritu digno, una joven independiente, honrada, agregando que poseía gran virtud para aprender la lenguas, buenos modales, resultó ser muy limpia, ordenada, en dos meses tuvo su primer reunión en sociedad y si bien cometió algunos errores en su forma de hablar, al momento que llegó a la reunión todos los que no conocían sus orígenes quedaron sorprendidos de su belleza y elegancia:
“La doncella aparece de nuevo y anuncia a la señorita Elisa Doolitle. Elisa, deliciosamente trajeada, produce al entrar tal impresión de hermosura y distinción, que todos se levantan como cohibidos. Es un contraste enorme con la florista estrafalaria de antes. Guiada por la mirada de Higgins, se acerca a la señora de la casa, con gracia estudiada. Elisa. (Con corrección pedantesca y hermosa cadencia de voz.) ¿Cómo está usted, señora? Su hijo me dijo que usted me haría el honor de recibirme; así es que me he permitido… Mistress Higgins. (Cordial) Tengo una verdadera satisfacción por conocerla.”
Toda prueba que se lo ponía a Elisa era satisfactoriamente superada, el último gran evento se dio en una Ópera, terminado el evento los colegas lingüistas llegaron a su casa cansados y frente a su muñeca creada Enrique le expresó a Pickering:
“Sí, sí; estaba muy segura de sí misma. La verdad, si no es por la negra honrilla, no llevo la broma hasta el final. Pero, en fin, me había empeñado en ello, y por eso la llevé adelante. Al principio, mientras estuvimos en la parte fonética, la cosa me interesó; pero luego me fue pesando lo indecible. Lo dicho: de no haber sido por el empeño, lo hubiese abandonado todo a los dos meses de empezar. Le aseguro a usted, Pickering, que no me vuelven a coger en otra. Una vez y no más. No haré más duquesas postizas.”
El experimento había terminado con gran éxito, fue aquí cuando Elisa estalló y después de una fuerte discusión con su maestro y creador Higgins, decidió irse de la casa, le dijo que hubiera preferido la dejara como una humilde florista, independiente, digna, honrada, a lo que aparenta ser hoy, una dama de sociedad que no tendrá de que vivir ni como sostenerse:
“Elisa. – Antes de que se vaya caballero… Higgins. – (dejando, de la sorpresa, caer las zapatillas.) ¡Caballero! Elisa. – Deseo saber si mi ropa me pertenece o es del coronel Pickering. Higgins. – (Volviéndose a entrar del todo, cada vez más sorprendido.) ¡Para qué demonios puede hacerle falta al coronel tu ropa? Elisa. –Tal vez para la próxima muchacha que recojan ustedes para sus experimentos. Tengo que saber lo que puedo llevarme y lo que no. No quiero que luego me llamen ladrona. Higgins. – (Muy enfadado.) Llévate, con mil demonios, toda la casa, si quieres. Excepto las joyas, que son alquiladas. ¿Estas satisfecha ahora?”
A Elisa no le preocupada tanto su futuro, sino el trato tan frio e indiferente que recibía de Higgins, él le pedirá que regrese, sin embargo, nunca manifiesta amarla, es un hombre de cuarenta años que no tiene pensado casarse ni le interesa la vida conyugal. Elisa cree en los sentimientos y en la pasión, la historia completa es fascinante y si bien cuando se cierra el telón en la obra de teatro, el final queda abierto, en el epílogo Bernard Shaw nos presenta a un nuevo Pigmalión que lo considero insensible y materialista, es decir, más acorde a nuestros tiempos, que aquel Pigmalión de los siglos pasados romántico y enamorado…
Leer la serie: Cine y Literatura
Cómo se hizo My Fair Lady
Youtube: Cinecinéfilos films
56:42 min

José Miguel Naranjo Ramírez | miguel_naranjo@hotmail.com | México
Desde el primer minuto de metraje, ‘No basta con amar’ demuestra la contención y sensibilidad de Cristián Mamami, quien hace su debut en la dirección. Samir, un niño de 9 años, debe enfrentar la separación de sus padres. Mientras ellos -José y Javiera- se reúnen para encontrar la manera perfecta de decírselo, se dan cuenta de que él comprende perfectamente lo que está pasando.

Una crisis económica afecta a casi toda la ciudadanía porque todo se relaciona con el capital, con el proceso de acumulación de capital y la búsqueda de la mayor tasa de ganancia posible. Empresas, empleos, mercado, dinero, productos, servicios, etcétera. La relación en sí no es tanto el problema, sino la forma como cada sector y cada grupo social se organiza a sí mismo en un juego de oportunidades promovido por el deseo de ganar por sobre el orden establecido, que puede dar pie al simple engaño, al autoengaño y a la manipulación. En breve, se actúa en la economía en función de apariencias y expectativas, dejando de lado las necesidades de las personas que cada día producen la riqueza social.

Vivimos en una época (si bien no es algo nuevo, sólo diferente que antes) en la que ver, hacer, planear, pensar, proyectar y trazar una película es un proceso creativo en todas direcciones. Consumir es extinguir, o agotar, que ese algo (que se consume) satisfaga necesidades. En el caso del cine, esto arroja dos preguntas vitales; uno, ¿el cine alguna vez se agotará?, y dos, ¿hasta cuándo o en qué punto deja de satisfacer una necesidad? O lo que es lo mismo, ¿por qué elegimos ver películas o no hacerlo y cuándo determinamos que ya no cubren una necesidad?



Con motivo de esta peculiar realización y ante la celebración del 20 aniversario de Magnolia, dedicamos CINESCOPIO a uno de los más celebrados y reconocidos directores de este siglo. Paul Thomas Anderson confirmó con Magnolia que su carrera, anunciada por Juegos de placer con tintes de genialidad, tendría una confirmación al trazo con Magnolia, no sólo a nivel cinematográfico, sino desde la perspectiva filosófica que contiene su narrativa. Sus siguientes películas fueron recibidas con entusiasmo, y fue sorprendiendo a medida que sus motivos y protagonistas, aparecerían lo mismo para generar asombro que comprensión, Adam Sandler sería su siguiente opción, en una de sus mejores actuaciones, Embriagado de amor, y tras una tibia recepción vendría su obra maestra Petróleo sangriento en cuyas vicisitudes encarnaría el gran Daniel Day Lewis, Anderson había construido un canon fílmico variado y por demás interesante para ser estudiado en las distintas escuelas de cine, muchas de las cuales consideran al director californiano como uno de los mejores directores de su generación y de nuestro tiempo.
En Cigarrillos y café, Anderson relata un suceso coral unido por tres historias en torno a un billete de 20 dólares, el cuál, más allá de la valía financiera alta o no, conjuga un serial de sucesos azarosos vertidos en la paradoja, la tragicomedia y el humor involuntario de la suerte y la intención cuando son definidos por la circunstancia. La telaraña tejida en torno a un suceso, los pequeños detalles entre vidas que se tocan y los accidentes que las unen, se verá reflejado en Magnolia, de la misma forma que la ambición tendrá tintes futuros en Petróleo sangriento, y el juego de la vida como un hado de casualidades estará de manifiesto en Juegos de placer. Con Cigarrilos y café, Paul Thomas Anderson, como la mayor parte de los cineastas experimentales e independientes, invirtió sus propios recursos para financiar la cinta, y reunir al elenco así como conseguir el equipo necesario convirtió la realización en un caos que como resulta, ofreció un corto que causo sensación en diversos festivales, abriendo la puerta a Anderson para que la fundación del Festival de Sundance apoyara sus siguientes realizaciones, incluyendo su ópera prima, Hard Eight también conocida como Sidney, que narra la historia de un buscavidas del juego que en cuyo camino topa un necesitado de dinero, parvedad y deseo convergen unirse para obtenerlo, en uno el enigma de ansiar seguir jugando, en otro la necesidad de atender el funeral de su madre, en ambos la necesidad de alcanzarlo.
Adaptación de la novela homónima de Thomas Pynchon, Puro vicio es una película ambientada en los años setenta, época que parece ajustarse a los preceptos de Anderson para desarrollar sus realizaciones. La resolución de un caso es el motivo de la cinta en un primer plano, el vicio, cigarro, mariguana y deseo, el complemento; sin embargo, la secuela de dudas que abre sin cerrar una a otra, parece inferir en el espectador, una sensación de decadencia que se vive desde la interpretación de Phoenix, en la medida en que el vicio inherente, es también una incapacidad del personaje por desapegarse del pasado y bloquear así mismo un presente que no ofrece al detective Larry, las salidas al laberinto de un caso que ha tomado más por orgullo que por interés.
Petróleo Sangriento ha sido considerada de igual forma como una de las mejores películas del siglo XXI, la mejor quizá de la primera década de la centuria, y el legado de Daniel Day Lewis a su trayectoria, y es que no podemos separar la lírica aguda, precisa y operística de Paul Thomas Anderson, de la interpretación del actor británico. La fiebre del petróleo, su anhelo, la búsqueda permanente y desesperante del elixir negro que nace del mar y de la tierra, la persecución de su emerger y la industria que conllevan el mercar el capital y su riqueza, forman el corolario para la relación de Plainview con su hijo adoptivo por circunstancia H.W., y con Paul Sunday o Eli Sunday interpretado a dualidad por Paul Dano. Dualidad que se enfrasca en la propia fe de un pueblo por su iglesia, en el fanatismo que converge en la fe y en la propia ambición. Una de las mejores actuaciones de la historia, reconocida por propios y extraños como el retrato perfecto de una interpretación en pantalla, el Daniel Plainview de Day Lewis es un personaje complejo, intempestivo, lo mismo predecible en el actuar que impredecible en el sentir, rudo y calculador, insostenible ante la espera y persistente en la búsqueda, el personaje alcanza matices sólo compatibles con la cátedra actoral de un consumado maestro.
Magnolia gravita momentos realistas, crudos y desconcertantes, lo mismo que pende intervalos surrealistas vestidos de existencialismo, desazón e incertidumbre, la causalidad y el azar agobian y liberan, castigan y redimen las cuitas de la vida como un caleidoscopio doloso de soplo y aliento. Paul Thomas Anderson condensa la caída de la posmodernidad y su pesquisa de identidades en una pieza de dolor, arrepentimiento, vacío y desesperación; cada uno de los personajes interconectados con la casualidad, con la casualidad o con el infortunio, portan en sus líneas y sobre todo en sus expresiones, la suma de todos los miedos y ansiedades que la falta de cariño, apego y motivos corresponden. La búsqueda de un estado de felicidad que parece no existir, la resignación, el sueño lúcido o las máscaras que cubren las secretas intenciones caracterizan las notas musicales de una canción compartida, de una risa amable, de una petición rota, de un intento fallido y de las buenas acciones sin objeto ni sentido. Magnolia es una bella página en la historia del cine contemporáneo, bella aunque duela, bella aunque asuste, bella aunque en sí misma parezca deplorable o poco atractiva. La pléyade de grandes actuaciones deja su huella como si el papel fuese ese lienzo en donde caben las mareas, los temblores y el arcoíris al final de la tormenta. Julianne Moore, John C. Reilly, Phillip Seymour Hoffman, William H. Macy, Felicity Huffman, Jason Robards -en su último papel- entre otros, acompañan la poderosa, cínica, sensible y quizá mejor actuación en la carrera de Cruise, para hacer de Magnolia una de las mejores películas de la década, una reflexión individual y colectiva a la paradoja, a los sentimientos, apegos, a la confirmación de un gran director y al advenimiento de una lluvia impregnada de los más vacíos aromas posmodernos.
Iván Uriel Atanacio Medellín
Una persona subversiva es alguien que altera el orden establecido. ¿Es malo cambiar las reglas cuando el fin último traerá un mayor beneficio a la comunidad? No forzosamente, pues no habría independencia, libertad e incluso evolución si no hubiera alguien desafiando reglas que ya han expirado o no se han adaptado, exigiendo con ello un cambio que proponga algo mejor. De hecho, los subversivos, los irreverentes, los inconformes, los rebeldes, son quienes han dado en muchas ocasiones el impulso para las grandes transformaciones sociales.







