Por: Iván Uriel Atanacio Medellín
«Somos un punto entre millones de puntos”.
Iván Uriel

Hace ya 35 años de que un pasajero no advertido, entró como polizonte al medio de la navegante tripulación que explorando el vacío del universo, encontró a sus más antiguos habitantes, el pasajero no advertido dejaría su huella indeleble en la cinematografía mundial a través de una cinta plena de sorprendentes y realistas efectos especiales, de un sonido cuyo terror pudo escucharse desde el espacio, y que dejaría impregnadas las pantallas desde las entrañas de la ciencia ficción que aún extraña su frescura, su luminosidad y su nacimiento, irónicamente desde la oscuridad que advierte nada, el pasajero no advertido literalmente emergió para hacerse presente como un intruso en la tripulación, luego como parte de la misma, finalmente como el único pasajero capaz de habitar a otros más, capaz de irrumpir en la nave y provocar los más agudos gritos dirigidos hacia dónde habita el silencio.
–
“Alien, el octavo pasajero”, la obra maestra de Ridley Scott, que este año cumple 35 de haberse estrenado, convirtiéndose en un clásico instantáneo, y dejando varios legados fundacionales que atestiguaron la unicidad y originalidad compartidas.
Suspenso que convoca diversos géneros, terror que antecede a la expectativa, acción que reluce heroísmo y valentía; audacia, astucia, prudencia, cada movimiento será calculado desde el momento en que somos asechados, la audiencia pasa de observar a escapar, sufre como cada miembro de la tripulación y desconfía de cada uno; el espectador observa solitario, sólo en la compañía de Ripley, la heroína que revoluciona el “género” en muchos géneros, y llena de símbolos cada uno de sus actos, hasta la escena final que dará lugar a sólidas secuelas como Aliens 1986, estupenda película de acción dirigida por James Cameron, o a la intrigante precuela Prometeus de 2012, dirigida por el mismo Ridley Scott; sin que esto ignore las continuaciones forzadas, las pretensiones al alinear personajes de otras sagas, o simplemente las propuestas que buscaron explicar lo inexplicable y quedaron en sendos intentos, incluso teniendo directores a la postre consagrados como David Fincher.
En Alien, la compenetración con cada pasajero es inaudita, conocemos a cada uno, sentimos sus temores, su sentir e incluso la insensibilidad que nos hace caer en la suposición o en la sospecha. Elenco de maravillosa composición, Tom Skerritt, en su inolvidable Capitán “Dallas”; el icónico Harry Dean Stanton, como el ingeniero “Brett”, primer pasajero en topar con el octavo a bordo, y que no era precisamente el felino “Jones”; John Hurt en una de sus mejores épocas interpretativas como “Kane” y la memorable fuerza de la escena en donde de su pecho emerge el pasajero inadvertido. Yaphet Kotto interpreta a “Parker” amigo y colega de “Brett”; mientras que el maestro Ian Holm, da cátedra de ambigüedad, dualidad e inteligencia a su personaje “Ash”.
Como si fueran un escenario propio de los realities que han caracterizado la televisión mundial en el presente siglo, Alien, presenta esa lucha por la supervivencia, la suspicacia, la falta de confianza, la credibilidad y la lucha por sobrevivir al otro mientras se ha sembrado la duda, personificada, imaginada, o aterrorizada en un pasajero no invitado al abordaje. Esta selección de caza y presa, sería poco tiempo después, también inmortalizada en la maravillosa “La Cosa” 1982 de John Carpenter, y tendría en los mismos años setenta, una veta abierta en “Deliverance” 1972 de John Boorman.
–
Lo que más destaca, por encima de la espectacularidad de una ciencia ficción inteligente, emotiva, pausada, en silencio y al estruendo, es la redimensión de “género” en todos sus sentidos, hay dos personajes femeninos en la tripulación, “Lambert”, caracterizada por Verónica Cartwright, y “Ripley” la quintaesencia del héroe de acción, que en este caso sería también la del héroe femenino de acción.
_
Con “Terminator”, años más tarde, James Cameron elevaría a la ciencia ficción a otros niveles con un personaje de similar calibre, Linda Hamilton haría de “Sara Connor” una heroína potente, llena de fuerza y energía; curiosamente después como hemos mencionado, Cameron dirigiría a Weaver en “Aliens” con el mismo tenor de acción de su “Terminator”.
Ridley Scott quien cimbró la ciencia ficción en 1982 con “Blade Runner”, con “Alien”, dejó cimentado el rol femenino a la estratósfera, unió la valentía, la determinación y el erotismo en uno, la femeneidad no asociada al género sino a la sobrevivencia y a la inteligencia del ser humano sin género determinado, el atractivo, la belleza, la seducción, fueron por antonomasia una compañía del personaje. “Gravity” no puede negar la influencia que ha tenido de “Ripley” para solventar su protagonista y dialogar con el atractivo, la sensibilidad, la inteligencia y el erotismo que Sandra Bullock muestra en homenaje directo o indirecto a Sigourney Weaver. Weaver que aparecería de la mano de Cameron hacia guiños e su gran papel en “Avatar” 2009.
A 35 años de distancia, “Alien” sigue siendo valorada y reconocida como una obra maestra fundacional, una película para la historia en diversas formas interpretativas y una nueva forma de ver el cine, justo en la década que hizo de la ciencia ficción una vía seria para contar historias íntimas y repito, redimensionar a la mujer como personaje multidimensional y héroe de la película; como “Edge of Tomorrow” 2014, cinta de acción sorprendente, en cuyas secuencias de heroísmo, Doug Liman realiza sendos homenajes temáticos, entre ellos recurre en “Rita Vrataski” Emily Blunt, al reconocimiento involuntarios o intencional, a la más grande heroína de ciencia ficción de la cinematografía, “Ripley”, la única capa de convivir, cohabitar y derrotar al octavo pasajero, al menos hasta la siguiente continuación de esta pieza generacional.
–
Alien
Dir. Ridley Scott
E.U.A., 1979
Canal YouTube: Moviepilot Trailers
Tráiler 2:04
–
–

Iván Uriel Atanacio Medellín | elsurconovela | @ElSurcoNovela
Iván Uriel Atanacio Medellín es un escritor, productor, director y politólogo, especialista en sistema político, desarrollo social y migración. Su novela “El Surco, historias cortas para vidas largas” describe los senderos migrantes, cuya narrativa innovadora ha sido reconocida como la aportación mexicana a la literatura posmoderna latinoamericana. Ha diseñado políticas públicas, programas académicos y sido conferencista en diversos congresos internacionales. Su motivación logra la creación del documental “Tú Ciudad…Tus Derechos” y Filmakersmovie.com
“Motivo visual nos remite al contenido, al tema que quiere transmitir, a su narratividad”, dice Jordi Balló en su libro “Imágenes del silencio”. El autor habla de los motivos visuales como imágenes que representan algo de modo metafórico o simbólico.
Otro elemento recurrente en la película de Antonioni son un grupo de mimos, que aparecen al principio y al final, en especial la secuencia última en la que este grupo comienza a jugar un partido de tenis con una bola y raquetas imaginarias. El fotógrafo les observa hasta que la bola cae a su lado y entonces decide participar activamente en el juego lanzando la bola “imaginaria” de regreso. Esta decisión es importante en cuanto a aquella línea entre realidad y no realidad que caracteriza al largometraje y que, finalmente, el protagonista decide aceptar.













Los viajes de Sullivan (Sullivan’s travels, EUA 1941), escrita y dirigida por Preston Sturges, trata de un director de cine que quiere enfocarse a realizar películas serias, que reflejen al mundo real y a las personas comunes; presionado por los ejecutivos para hacer una comedia, Sullivan (interpretado por Joel McCrea) logra acordar con ellos realizar un trabajo de investigación de campo en el que éste salga al mundo real y se haga pasar por un pordiosero para aprender de la vida en la calle y los problemas de la gente común; en el camino se encuentra con una joven aspirante a actriz (Verónica Lake) quien decide ayudarle a completar su misión mientras ambos se ven envueltos en aventuras y otras circunstancias, tanto divertidas, por la naturaleza propia del experimento, como trágicas, por la misma razón.

Este libro de Piketty en cierto modo es un sucesor del Capital de Marx y Engels, y así lo han entendido los intelectuales especialistas en este tipo de temas. No es el primer esfuerzo que se hace desde la academia para prevenir un eventual caos social ante el nivel de injusticias presentes en el mundo, arrastrado por un modelo capitalista carente de capacidades efectivas de otorgar equidad. Ya en 1970 el filósofo francés Henri Lefebvre llamaba a levantarse en contra del capitalismo y revolucionar la forma en que se construyen las relaciones sociales en búsqueda de generar una sociedad que en aquel entonces se consideraba utópica. Las ideas de Lefebvre fueron seguidas por diversos intelectuales como David Harvey, Edward Soja, Susan Fainstein, Neil Smith, entre tantos. Para todos ellos, las ciudades serían el retrato de las diversas crisis capitalistas que enfrentaría el mundo si no se alcanzaban soluciones efectivas a las injusticias sociales que se avenían.



En cuanto a su muerte, las notas de prensa mexicanas y colombianas informaron que el escritor padecía cáncer en fase de metástasis y, por su avanzada edad, se descartó la quimioterapia. Encima, era víctima de Alzheimer, diagnosticado desde 2006. Tenía 87 años recién cumplidos el pasado 6 de marzo y ya había superado previamente un cáncer linfático. Por coincidencia extraña, días antes de su muerte leí en las Notas una columna titulada La vejez juvenil de Luis Buñuel, dedicada a la autobiografía que había publicado el cineasta en 1982, preocupado por su pérdida de la memoria, y que motiva una digresión sobre la vejez. Cita Márquez a Buñuel, sin saber que 24 años después experimentaría algo similar: ‘hay que haber empezado a perder la memoria, aunque sólo sea a retazos, para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye nuestra vida’. El colombiano apunta que empezará a escribir sus memorias en cuanto antes para acordarse de todo. El resultado fue Vivir para contarla, publicada en 2002, donde hace un recuento de su juventud e infancia. Muchas de las notas incluidas en el libro que refiero incluyen recuerdos de esta época, como el asesinato real que inventó Crónica de una muerte anunciada; el viaje iniciático en buque, de Barranquilla a Bogotá, por el Río Magdalena; o el encuentro a distancia en París con su querido Ernst Hemingway.