3 marzo, 2026

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Emilia Pérez, 2023 Dir: Jacques Audiard

Por: Andrés Palma Buratta

Vamos a pasar por alto la aburridísima y naif polémica sobre las habilidades en español de Selena Gómez, o si la cultura e idiosincrasia mexicana está bien o mal retratada, e incluso si el tema de la violencia está bien abordado o no.

Difícil análisis. Lo primero, decir que la película no es un bodrio ni una falta de respeto a la mexicanidad ni una muestra de insensibilidad con la violencia generada por los narcos, como he leído en ese submundo crítico de filmtwitter. Tampoco es la mejor, o de las mejores películas de Audiard, quién, años atrás sí nos deslumbrara con Sur mes lèvres, Un prophète o De rouille et d’os, aunque ya desde ese entonces se podía entrever una falta de equivocación en su cine. ¿A qué me refiero? Audiard cae en el «catolicismo» del cine, donde la culpa, la redención, la expiación de los pecados y la vida eterna (en el caso de Emilia Pérez bajo las pestes y vestes de una virgen) no deja aire al error humano o al error del propio director. Audiard se ha aprovechado, de manera efectiva y efectista, de ese dramático realismo crudo tan propio de la «pornomiseria» que magistralmente Mayolo y Ospina plasmaran en Agarrando Pueblo y que tantos premios ha entregado a este lado del charco, para ganarse los suyos y agradar a las elites europeas. Su cine es una suerte de neo colonialismo que se aferra a la desazón que vive la sociedad contemporánea cuando realiza que por más que grites nada cambia, y que solo a través del derramamiento de sangre la humanidad puede progresar. En un momento, Audiard, se dio cuenta que el drama marginal no era lo suyo y quiso entrar en un terreno de experimentación formal, pero sobre todo de tonos. Ya lo intentó en The Sisters Brothers, pero tampoco la comedia es para Audiard, definitivamente. En Emilia Pérez hay un claro ejemplo de esta experimentación, religando el tema de la violencia y la desaparición de hombres, mujeres y niños a manos de bandas criminales organizadas en México, a una opereta lánguida falta de ritmo, pero sobre todo de pobre composición, mezclada con una telenovela mexicana de las 4 de la tarde, donde extrañamente, la película se mueve mejor.

Vamos a pasar por alto la aburridísima y naif polémica sobre las habilidades en español de Selena Gómez, o si la cultura e idiosincrasia mexicana está bien o mal retratada, e incluso si el tema de la violencia está bien abordado o no. En su defensa hay que decir que hay mucho cine mexicano que aborda la extrema violencia del narco de igual o peor manera que lo hace esta película, es cosa de ver La Civil, dirigida por una directora y guionista rumana residente en Bélgica,​ un culebrón meloso que diluye el problema como miel en el té. Parece entonces, que la violencia en México se convierte en un especie de comodín, una suerte de afiliación a la Unicef, para que los directores extranjeros hagan su obra de caridad porque pobrecitos los mexicanos parecen que sufren y nadie ha hecho una película buena de eso.  Bueno, pero también cualquier película de Amat Escalante o Michel Franco, tan premiados como Audiard en Europa, o Temporada de Huracanes de Elisa Miller, una coctelera de morbo y tragedia excesiva que cansa a los 10 minutos, deberían sufrir el escarnio público a través de filtwitter. Si a Audiard se le culpa del hecho de que por no ser mexicano no conoce la realidad del país y por ende no sabe representarla con todos sus claro oscuros, a Miller, Franco y Escalante se le puede achacar que son unos ricos privilegiados que usufructúan del pueblo de la sierra mexicana azotada por esa extrema violencia desde la comodidad de la Condesa o Polanco.  Pero también es justo decir que el cine mexicano lleva años retratando la problemática y hay otro cine que sí afronta la temática de manera maravillosa, véase El Violín de Francisco Vargas, Noche de fuego, Sin señas particulares, La libertad del diablo, en fin, hay mucho y muy buen cine para tomar conocimiento y conciencia. Repito, no entraremos en ese soporífero debate, esta película la pudo haber dirigido cualquier mexicano y no te asegura que hubiese sido mejor.

Quizás uno de los mayores problemas de Emilia Pérez, sea la moralina que instala desde el primer minuto su relato. Esa exacerbada necesidad de enjuiciar el mensaje volviéndolo tan obvio que todo se vuelve predecible y no permite ulteriores lecturas, o mayor libertad a la hora de deambular por los terrenos escabroso y más difícil de juzgar tanto de la realidad, como de toda la temática trans que hila la historia. La infamia, el terror, el horror, las zonas erógenas (hay un pudor casi católico del director en mostrar el cambio de sexo de la protagonista) no dan paso a segundas lecturas. La arcaica idea de redimir a tu personaje. Por eso Sean Baker en Red Rocket logra construir un personaje moralmente cuestionable e incluso odiable pero sincero, por eso Baker es de lo mejor que ronda en los cines últimamente. Nuevamente a favor de Audiard, mucho cine mexicano también peca de ese exceso de emancipación, o al contario lleva el relato a niveles tan grotescos que el europeo no quiere ver. ¿De qué manera retratamos la violencia sin caer en esa moralina típica de documental antropológico y político donde el mensaje se interpone constantemente?. Yo creo que el director, en algún minuto, sintió una verdadera impotencia por lo que sucedía en México, de corazón, sinceramente, le dolió y decidió levantar su voz, para saciar su necesidad de justicia; seguramente sintió la obligación, de manera egoísta e ignorante (del fondo del origen de la violencia en México) de dejar su testamento. Resultó un experimento hidropónico, sin raíces. Quizás su siguiente película esté ambientada en Gaza porque Audiard no soporta la injusticia y necesita que Cannes vea que él es un director socialmente responsable y así pueda recoger el benevolente saludo y ovaciones de 9 minutos de parte de los críticos y cineastas snob que van al festival de Cannes mientras toman vino y comen ostras en la Croisette condenando la violencia venga de donde venga. Pero una violencia digerible, no vaya a afectar la digestión de la bouillabaise. Finalmente, Audiard, convierte a Emilia Pérez en una película que provoca a los piadosos pero que al mismo tiempo sea soportable para competir por los premios en todo el mundo y ganarlos, obvio. Una buena estrategia de discurso buenista.

Un pequeño paréntesis, los y las directoras de cine no son profetas ni sabios sociólogos a los cuales hay que creerle todo lo que ampulosamente dicen. No. Es gente con los mismos niveles intelectuales de muchos de nosotros que incluso resultan ser bastante más reaccionarios que el peor político de derecha, o de izquierda.

Pero volviendo a Emilia Pérez, la cual, a pesar de todo, no me molestó en absoluto, a pesar de convertir a sus personajes en eso, personajes, interpretaciones, mascaras barrocas, cargándole la mochila con miles de conflictos éticos, morales, emocionales, financieros, de pareja, de profesión que puede tener, que se yo, Emily en París, por ejemplo. No sé si me explico. El problema de estas narraciones es que se olvidan del “menos es más” y quieren llenar de capas dramáticas a sus personajes, para que la vida se les haga más pesada. El drama, entonces, se hace más ancho, pero no más espeso.  Pero lo que más le faltó a Audiard al momento de imaginar su musical, fueron los corridos tumbados. Le faltó cumbia rebajada, le faltó trap, le faltó entender que México no se cuenta a través de una opereta francesa recitada sobre tambores afro cubanos (en el mejor de los casos), sino que necesita ritmo, atmosfera, le faltó olor, color (no el color sepia), ritmo, aire, música, música que se escucha aquí, en todos lados, a todas horas, esa banda sonora que te acompaña cada vez que recorres México. Le faltó raza, le faltó banda. Y eso que, al principio, con esa mezcla de mariachi, música electropop y el mítico voceo de “Se compran colchones, tambores, refrigeradores, lavadoras, microondas o algo de fierro viejo que venda” proveniente de destartalados altoparlantes sobre viejas trocas pintaba bien. Pero eso desapareció a los 5 minutos. En realidad, a todos los países por donde se mueve la historia le falta su identidad musical. En Londres uno esperaría una secuencia punk al ritmo de Sex Pistols o The Clash, y si no, bueno, por último, un balada estilo Adele. En Bangkok, cuando Zoe Saldaña va a visitar la primera clínica para realizar el cambio de sexo de su jefe, era la oportunidad perfecta para escenificar una coreografía de bailes tailandeses multicolores y frenéticos. Pero no, se optó por unas cancioncitas sobre pianitos de stock. Mis subtítulos, en las partes musicales, decían “Música coral etérea”. Creo que no hay mejor adjetivo que eso para describir este muy buen musical de Disney con una adolescente Selena Gómez sufriendo por amor. Extrañamente, como decía al principio, ese es el terreno donde mejor funciona la película. Cuando Emilia Pérez se asume como una novela de Televisa de las 4 de la tarde, con tintes de comercial de Carnation, con esa manía caricaturesca de la familia mexicana que come chilaquiles sentados en la mesa de la cocina, mientras se miran sospechosamente los unos con los otros, saliendo del drama social y vagabundeando los pantanos del melodrama es donde mejor resalta la figura de Karla Sofía Gascón, de muy buena actuación dicho sea y de Selena Gómez, que finalmente interpreta de forma correcta a una infantil e inmadura esposa de narco. Y entonces, hasta te entretienes de verlas cantar y bailar. Pero cuando las música cesa, vuelves a ver ese infantil e inmaduro retrato de México. El final es pura desesperación por provocar redención, efecto boomerang, que los malos paguen por sus pecados, y todo el mea culpa que jamás va a existir.

Emilia Pérez, 2023 Dir: Jacques Audiard

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 10: Ana Jimena Sánchez

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con Ana Jimena Sánchez, reconocida poeta, diseñadora y gestora cultural, fundadora del proyecto literario La Hoja. Te invitamos a recorrer la trayectoria emprendedora de Ana Jimena Sánchez, conoce su historia, motivos e inspiración, así como sus nuevos proyectos. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #anajimenasanchez #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

ENCUENTROS con Iván Uriel

Una producción Original Filmakersmovie.com

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México, 2024

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

Center Stage, 1991, Dir: Stanley Kwan

Por: Andrés Palma Buratta

Cuando haces que una maravillosa actriz interprete a una leyenda del cine, tienes una de las mejores y más bellas película biográficas de la historia del cine. Cuando haces que una futura leyenda, interprete a una leyenda del pasado, tienes un sueño, un ensueño.

 

En la docuficción Center Stage o Centre Stage de Stanley Kwan le preguntan a Maggie Cheung, quien interpreta el papel de la leyenda de la cinematografía china, Ruan Lingyu, si le gustaría ser recordada medio siglo después. La joven Maggie de 27 años, lo piensa, toma aire y responde “Eso no es tan importante para mí. Pero si la gente me recuerda, será en una situación diferente a la de Ruan, ya que ella interrumpió su carrera cuando estaba en su máximo esplendor, a los 25 años de edad. Ahora es una leyenda”. Poco antes le habían contado los orígenes de la carrera de Ruan Lingyu, empezando por pequeños papeles hasta convertirse en una, si es que no en la más reconocida actriz hongkonesa de la historia, hasta la llegada de la propia Maggie Cheung por supuesto; a lo que ella respondió con su encantadora sonrisa “Entonces compartimos destinos similares.” Quizás Maggie en ese momento no sabía que se convertiría en una leyenda y que también pondría fin abruptamente a su carrera actoral, en su caso no por suicidio como Ruan, sino que, por decisiones personales, después de convertirse en un icono del cine gracias en buena parte a sus magníficos roles en la cinematografía de Wong Kar-wai. Pero Maggie Cheung, ya desde Centre Stage, actuación que le valió el premio a mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 1992, dejaba ver ese halo un poco difuminado, sosegado, elegante y romántico, melancólicamente romántico (pero ese romanticismo de un bolero apenas rasgueado bajo los pórticos de algún puerto caribeño o alguna selva tropical asiática, bajo los últimos rayos de sol en pleno verano) que repetiría no solo en As Tears Go By, In the Mood for Love o Days of Being Wild, sino también en Irma Vep o en las varias películas cómicas y policiales con las cuales dio comienzo a su carrera, al igual que Ruan. Maggie, medio siglo después, sería recordada, es recordada, como una leyenda.

Cuando haces que una maravillosa actriz interprete a una leyenda del cine, tienes una de las mejores y más bellas película biográficas de la historia del cine. Cuando haces que una futura leyenda, interprete a una leyenda del pasado, tienes un sueño, un ensueño. La sutileza en los gestos, las miradas cedidas, la delicadeza en los movimientos envueltos en un halo (no solo dado por el filtro difumando que cubrió los rostros de las más grandes estrellas del star system y que se siguió usando en buena parte de la cinematografía asiática de los años 80 y 90), dominados por una bruma que descansa en la calidez, la tranquilidad y la claridad. Los planos se van sucediendo como aquellas calurosas tardes de primavera entre ficción y realidad, entre sonrisas exageradas del cine de los años 30, y la cándida e inocente sonrisa de Maggie. Y Maggie se deja filmar sin reconocerse como leyenda, alejada del ocaso de una estrella, despreocupada de la memoria de la imagen que la perpetuará en el tiempo. Al igual que Errol Morris, el director Stanley Kwan, reconocido por ser parte de la New Wave del cine Hongkonés, reinterpreta el formato del cine biográfico, del documental ficcionado, creando una pieza que a lo largo de su metraje va difuminando las fronteras del relato e incluso del tiempo. Ya no sabes si estás viendo a Maggie interpretando a Ruan, o a Maggie interpretándose a sí misma en el pasado o en el futuro. Hay mucho de las películas de Ruan de los años 30 en In the Mood for love, hay mucho de Maggie para que In the Mood for love sea la joya que es. Y es que Wong Kar-wai utiliza muy bien el reciclaje de las formas anteriores adaptadas a un pastiche claramente asiático. Y hay mucho de Stanley Kwan en Wong Kar-wai. Hay mucho de Ruan en Maggie y mucho más de Maggie para que Ruan se nos muestre en todas sus dimensiones. Center Stage se mueve entre fragmentos de películas de Ruan, entrevistas con sus co estrellas que aún vivián o viven y conversaciones entre Maggie, los directores y productores (Uno de ellos el artista de artes marciales y reconocido actor cómico Jackie Chan), con una elegancia y parsimonia en la búsqueda de planos y tempo que fluye en la pantalla sin sobresaltos. Un montaje milimétrico al compás de ondulantes bailes en club nocturnos e hipnóticas secuencias en escaleras que se repiten una y otra vez, donde Ruan/Maggie sube y baja, se detiene, baja dos escalones, vuelve a subir, indecisa, a veces segura, a veces de paso lánguido dictaminando el tiempo de su carrera. Hay una escena donde el director Bu Wancang o Pu Wan-chang, le dice a Ruan que ella es una actriz asociada al elitismo y que lo que buscan es un rostro de drama social. Esa escena, de la cual no tenemos registro, es recreada de manera superlativa por Maggie Cheung. Hay una trasformación de actriz super estrella a mujer proletaria en cuestión de segundos que vale más que mil películas. A Ruan, en algún minuto le hicieron interpretar esos papeles de mujeres afligidas en dramas políticos de confrontación (sobre todo contra la ocupación japonesa). Eventualmente Maggie, en la vida real, dejaría de ser una leyenda para convertirse en una mujer “normal” dedicada a la música, la producción y la filantropía. Quizás Maggie estaba consciente del drama que conlleva ser una leyenda, incapaz, al igual que Ruan de enfrentar esas batallas emocionales que da el estrellato.

El resto de la película transcurre más o menos acorde a los cánones de una pieza autobiográfica, con secuencias muy bien logradas y otras excesivas. Quizás su punto más baja es la secuencia final de despedida de Ruan, con esos cierres infinitos, los falsos cierres, que se suceden uno tras otro de manera melodramática. Pero sin duda que Center Stage es un documento filmográfico, no solo biográfico, de cierta formalidad y estética, sin necesariamente ser el primero, y rescatando la estética y tempo del cine de Nagisa Ōshima o Hiroshi Teshigahara entre otros, que claramente tiene muchos elementos reconocibles que alcanzarían su fama con las películas de Wong Kar-wai, Kim Ki-duk o Gan Bi.

Center Stage, 1991, Dir: Stanley Kwan

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

 

Korotkiye vstrechi (Brief Encounters) 1967, Dir: Kira Muratova
Por: Andrés Palma Buratta
A diferencia de mucho cine soviético que se desarrolló en su mayoría en entornos rurales, típicamente soviéticos, pequeños pueblos, ciudades de provincia, o más bien con escenarios como fábricas, huelgas, revueltas, o derechamente fantástico, siempre bajo la lupa del partido y sus obstrucciones, Murotova se aleja de ese realismo soviético para introducirnos en la urbe.

Quería abordar este texto dejando de lado los elementos políticos e históricos que tiene el cine en general y en particular el soviético, sobre todo post guerra y además dirigido por una mujer. Quería enfocarme en elementos más emocionales de la historia, pero Brief Encounters estuvo censurada durante 20 años hasta que Mijail Gorbachov introdujo la glásnost (esta especie de apertura de las libertades del sistema político y comunicacional que aflojó las restricciones a la prensa y la cultura) en 1987. Por ende, me fue imposible hacer esa separación epistemológica ya que la construcción de una nación no se puede separar de la reconstrucción de la vida de estas mujeres.

Brief Encounters es una especie de triángulo amoroso entre Valentina, interpretada por la misma Murotova (con un increíble parecido a Giuletta Masina), su marido, un geólogo interpretado por el famoso cantante y actor Vladimir Vysotsky, que, dicho sea de paso, con sus canciones va hilvanando su propio relato, y una chica que proviene del campo a trabajar a la casa de la protagonista. Sin embargo, este Ménage à trois no se da al interior del gran departamento de Valentina, ni en una de las misiones del geólogo cantante en busca de oro donde conoció a la chica mesera en un pequeño restaurante rural. De hecho, el triángulo amoroso nunca se da, porque nadie sabe que el uno está enamorado del otro. Solamente lo podemos suponer, gracias a que la chica al momento de despedirse le regala una guitarra al geólogo, misma que después vemos colgada en una de las paredes del departamento de Valentina. ¿Casualidad o causalidad? Poco importa ya que la película tiene ese tono onírico, fantasioso, bizarro tan propio del cine soviético y heredero de esos mundos plasmados en la literatura de Dostoyevski, donde múltiples personajes con múltiples nombres, sobrenombres, apodos, entraban y salían de escena sin aparente explicación, bajo circunstancias misteriosas que a medida que avanzaba la obra se iba dilucidando el espectro más ininteligible de una sociedad siempre fascinante pero más bien desconocida para este lado del mundo. Murotova, a todo este entuerto, le agrega, además, saltos temporales no cronológicos que nos van contando estas historias de amor y como se vuelve casi un thriller romántico ya que no sabemos a ciencia cierta las intenciones de esta chica interpretada por Nina Ruslanova en su primer papel cinematográfico.

Podríamos hablar de estudio humano, de disección del corazón, del amor, el desamor, de investigación microscópica de los sentimientos y las acciones sensibles y completas que hasta en el sufrimiento tiene una lógica y una corrección, una causa y un efecto, un principio y un final, un set up y un pay off, pero todo eso no sería suficiente para abordar el cine de Murotova. A diferencia de mucho cine soviético que se desarrolló en su mayoría en entornos rurales, típicamente soviéticos, pequeños pueblos, ciudades de provincia, o más bien con escenarios como fábricas, huelgas, revueltas, o derechamente fantástico, siempre bajo la lupa del partido y sus obstrucciones, Murotova se aleja de ese realismo soviético para introducirnos en la urbe, en este caso, en Odesa, y particularmente en una gran zona de construcción de edificios de interés social. Valentina es la supervisora de estos proyectos, es la que entrega la revisión final de estos nuevos departamentos destinados al proletariado. Pero, como buena burócrata del sistema, niega la firma final por problemas en el suministro de agua. Una decisión responsable, pero que inmediatamente deja a la vista esa separación sistémica en la sociedad soviética, puesto que un grupo de viejos que esperan ocupar sus pequeños apartamentos le suplican que se los entregue lo antes posibles ya que no tienen donde vivir, versus el gigantesco departamento donde vive Valentina, con tantas habitaciones que se hace necesario contratar a alguien que le ayuda en la limpieza, y es ahí donde entra el personaje de Ruslanova, Nadia. Valentina es el modelo de mujer soviética, burócrata, abnegada, implacable pero muy profesionista, incluso al punto de ya no ser una figura femenina, sino una representación figurativa del partido. Una forma que le da cierta autonomía social, que le quita esa imagen sufrida por el despecho que podemos reconocer en otras tantas películas de encuentros fugaces como Un homme et une femme, su versión moderna Before Sunrise, la misma Brief Encounter de David Lean o Hiroshima, mon amor, Il grido de Antonioni, pasando por The Postman Always Rings Twice. En fin, hay miles de ejemplos, cada uno con diverso tratamiento y contexto que podríamos seguir enlistando, pero la idea es ir tejiendo hilos, conexiones, ideas que vayan más allá de la cinefilia masoquista…la primerísima Agnes Varda con La Pointe-Courte, Jules et Jim, etc. Aunque, por ese mismo empoderamiento femenino, es que los censores del partido establecieron que la película era un desdén a las instituciones estatales, de motivaciones burguesas, falta de realismo y deliberadamente complicadas, “amaneradas”, sin motivación. Los saltos temporales tampoco ayudaron a Murotova para librarse de la censura, ya que estos sugerían también una afrenta a ese norte a perseguir que es el futuro utópico, y convertía el tiempo en algo fragmentado que ponía en duda, entonces, el ritmo de la doctrina colectiva positivista.

A lo largo de la cinematografía de Muratova, conocida por su obra maestra y película más famosa The Asthenic Syndrome, la figura femenina suele deambular por una expresa soledad en las relaciones a la par de la representación de los valores matrimoniales que provocarían cierto rechazo entre las visiones más feministas del progresismo. En Brief Encounter no es la excepción. Los estados emocionales se van amalgamando con el universo ideológico en una sola red. Sin bien, Valentina parece profundamente enamorada  de la subyugada, superflua e insegura figura del hombre geólogo en busca de oro, pero que solo encuentra plata, ella teoriza la figura del camarada, como si tener un compañero es parte del paquete identitario comunista. Más que una pertenencia afectiva, el camarada se convierte en una pertenecía política parte de una práctica materialista con un fin único, obedecer los mandatos del partido. Incluso en la relación que se construye entre Valentina y Nadia, inconscientes de amar al mismo hombre, se va forjando una camaradería paralela a sus aspiraciones románticas, mientras esta última acompaña a su patrona en las inspecciones, la escucha ensayar un discurso que tiene que dar en una asamblea u ordena la guitarra colgada en la habitación de Maxim, el geólogo, la otra trata de cobijarla, educarla, empujarla a que ella también se convierta en un engranaje más de la maquinaria. Esa extrapolación del término permite que las protagonistas, se imaginen, se inventen, nunca terminen de conocerse. Como escribe Jodi Dean en su Comrade: An Essay on Political Belonging, “el camarada no es una identidad que simplemente habitamos, sino una práctica humana que nos orienta hacia el horizonte comunista.”

Korotkiye vstrechi (Brief Encounters) 1967, Kira Muratova

(Película completa)

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

Top Gun: Maverick, la secuela perfecta

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

En el verano de 1986, mientras el mundo atestiguaba las proezas de Diego Armando Maradona en la Copa Mundial de Fútbol México 86, la temporada de estrenos cinematográficos veía emerger un éxito inusitado para una cinta que apostaba continuar una seguidilla de realizaciones atrevidas con buena recepción en taquilla, pero no el fenómeno masivo que se convertiría en un ícono de la cultura pop de la segunda mitad de los años ochenta. Protagonizada por el joven actor promesa, Tom Cruise, pleno de carisma y dinamismo, quien ya había conquistado audiencias con su protagónico en Negocios Riesgosos en 1983, Top Gun ganaría adeptos semana a semana, hasta consolidarse como la cinta más taquillera del año, ganadora del Premio Óscar a Mejor Canción Original, un premio que bien representaba un reconocimiento para una de las más importantes, impactantes y trascedentes bandas sonoras de la historia del cine; la cinta, dirigida por Tony Scott y producida por el exitoso binomio Don Simpson y Jerry Bruckheimer, narra vicisitudes, experiencias y vivencias de un grupo de pilotos en sus avatares por los jornales de la escuela naval Top Gun. Maverick, Goose e Iceman, quedaron impregnados en el imaginario cultural de una generación como personajes referentes, los aviadores lentes de sol, las motocicletas, las chaquetas de aviador y un serial de frases icónicas, se hicieron recurrentes, cimentando al paso de los años el estatus de culto, y registrado patrimonio cinematográfico del National Film Registry de los Estados Unidos.

Las secuencias aéreas, acrobacias, y el compás de escenas románticas, de playa, e incluso de la tragedia y redención desde la competitividad y el honor, legó un contexto geopolítico y económico determinado capturado en sus escenas. Su influencia incluso se notó en la música pop de América Latina, con el video La Incondicional, uno de los himnos musicales de otra leyenda, Luis Miguel. Hacer una secuela de una película con tal impacto representaba un reto, y su apuesta un riesgo que bien ha tenido dividendos con la realización de Top Gun: Maverick, producida también por el propio Jerry Bruckheimer y protagonizada de nuevo por la estrella de cine más importante de los últimos cuarenta años, Tom Cruise. La proeza incluía filmar en los jets, uniendo a los actores junto a pilotos de la Fuerza Aérea estadounidense para dar realismo a cada una de las escenas, elaborar un guión coherente y congruente a las décadas que han pasado desde su estreno, y todo ello en el marco de un elenco que combinara frescura, vivacidad, empatía, y brindara un variopinto universo de emociones creativas con el equipo liderado por Joseph Kosinsky en la dirección, y Christopher Macquarie liderando el grupo de escritores. Mediante una fotografía extraordinaria del chileno Claudio Miranda, innovando la captura de imágenes dentro de la cabina de los pilotos, delineando su vuelo con el realismo que solamente puede lograr el realismo mismo y no la pantalla verde inmersa en el uso de CGI, la película es una obra de arte fotográfica que vale apreciarse en la pantalla más grande y al mejor sonido posibles, es en síntesis, una película hecha para verse en el cine, y, ante a circunstancia que vivimos en el mundo, y los retrasos de su estreno por más de dos años, el azar, la colocó como la cinta que tenía la responsabilidad de traer de vuelta a las salas de cine a una generación que había reusado volver, y a otra que acude a cintas de súper héroes o repletas de efectos visuales hechos en computadora.

La banda sonora y canción principal, homenaje a la original partitura del Harold Faltermeyer y a las míticas notas de Danger Zone que despegan desde la voz de Kenny Loggins; Hans Zimmer, Lady Gaga y Lorne Balfe confieren ambientación al elenco que trae de vuelta a Val Kilmer, protagonista de la cinta original y ejemplo de entereza en Hollywood; así como Jon Hamm, Jennifer Connelly y Miles Teller, quienes junto a Ed Harris, integran el dinámico crisol de talentos personificados por en nuevos rostros como Glen Powell o Mónica Barbaro.  Una historia que apela al corazón, a la nostalgia, a la cultura generacional que dialoga entre los visos de secuencias de acción que permite disfrutar la intensidad del vuelo, del aire y los parajes que dibujan las siluetas de jets que mantienen al borde del siento a las y los espectadores y que a la industria ofrece un viso aliento de esperanza para la elaboración de películas que puedan virar en el pasado de efectos visuales prácticos al devenir de los efectos visuales que brindan cohesión a la tecnología y al talento como un hito del entretenimiento. Inmersos en un mundo polarizado, tratando de apartar posicionamientos ideológicos y enviar mensajes en la misma manufactura de su cometido, Top Gun: Maverick es un homenaje a cintas clásicas que forjaron el denominado género del blockbuster que semeja ser la creativa alternativa cinematográfica al rescate de las tradicionales salas de cine que sufren el embate de la pandemia, que obviamente ha postergado el esparcimiento por la sobrevivencia. Una vez que parece podrá verse una luz en el camino de los años ya sumados de la contingencia, y como una opción ante la dominante presencia de las cintas de súper héroes y seres creados al ordenador, la nueva apuesta de Tom Cruise ha recibido aclamación de la crítica y de la audiencia con tal efervescencia que nos  recuerda con puntillosa recomendación, que la capacidad de asombro no se reduce a las pantallas verdes, sino que habita en cualquier manifiesto creativo que apele al ingenio y a la emoción. Nuestro consejo, ver la película en la mejor pantalla posible, pero, sobre todo, con actitud y la disposición a tener los sentires y anhelos dispuestos a emprender el vuelo.

Top Gun: Maverick, 2022, Joseph Kosinski

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El SurcoEl Ítamo y El Muro, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La Voz Humana y Día de Descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com

Bloody Nose, Empty Pockets, 2020, Dir:  Turner Ross, Bill Ross IV

Por: Andrés Palma Buratta

En Bloody Nose, Empty Pockets el bar, The Roaring 20s, debe cerrar para siempre, probablemente para ser reemplazado por un lugar de moda para hipsters. Para despedirlo, sus clientes deciden tomar hasta morir.

A medida que uno avanza en el documental Bloody Nose, Empty Pockets de los hermanos Ross, responsables de la destacada road movie adolescente Gasoline Rainbow (2023) —la cual sigue el viaje de un grupo de jóvenes de un pequeño pueblo en Oregón que quiere llegar a una fiesta en la playa—, uno se va convenciendo que estos tipos saben capturar como pocos la realidad profunda, a veces empobrecida y marginal, de Estados Unidos. En su estilo cinematográfico y en su lenguaje narrativo coral, los Ross encuentran similitudes que atraviesan su obra. Aunque Bloody Nose, Empty Pockets se presenta como documental, mientras que Gasoline Rainbow es una ficción, ambos reflejan el verdadero cine independiente, alejado de ese indie de estudio tipo A24, que cuenta con grandes presupuestos y se camufla como home video. Aquí, en cambio, los hermanos Ross filman con dos cámaras semiprofesionales, documentando las últimas horas de un típico bar estadounidense en la periferia de Las Vegas, lejos del glamour de los casinos, donde los clientes comienzan a beber a las 10 de la mañana y no paran hasta el amanecer.
Ya en su primer documental 45365, código de área de su natal Sidney, Ohio, se respiraba ese aire al adentrarse en la vida común de sus habitantes. Tchoupitoulas su segundo film, en Western e incluso Contemporary Color, documental producido por David Byrne (otro que supo destapar esa discordancia tanto en su música como en su película True Stories de esa extraña y compleja identidad estadunidense) que une artistas como Nelly Furtado, Devonte Hynes, Ad-Rock y St. Vincent, con diez grupos de guardias de color de todo Estados Unidos. Entre medio de la filmación del show, los hermanos Ross incluyen unas secuencias de estos chicos en algunos suburbios que parecen sacadas del Detroit de Barbarian, bailando, ensayando en la mitad de la calles, en sus garage.
En Bloody Nose, Empty Pockets el bar, The Roaring 20s, debe cerrar para siempre, probablemente para ser reemplazado por un lugar de moda para hipsters. Para despedirlo, sus clientes deciden tomar hasta morir. No es casual que el bar tenga ese nombre: aparte de algunas noticias sobre la elección presidencial de 2016 en la mañana, el resto del día una televisión colgada entre botellas a medio terminar transmite películas en blanco y negro de distintos años y temáticas, como si el canal TCM estuviera sintonizado las 24 horas para acompañar el jolgorio y “felicidad” de los comensales que van ocupando los viejos sillines dispuestos a lo largo de la barra, algunos de ellos, de principio a fin de la fiesta.

Y es así como te vas encontrando con un actor retirado, que parece salido de alguna película de Cassavetes, lo que le entrega ya de por sí una atmosfera especial, que a veces duerme en los sillones del bar. El barman, un hombre de gran tamaño y barba tupida, que recuerda a un tipo irlandés. Toca la guitarra y canta para los primeros clientes, quienes llegan alrededor de las 11 de la mañana para beber su primera cerveza con donas. Su turno termina a media tarde y es reemplazado por una mujer en sus cuarenta, que hace de madre de los clientes y cuida a su hijo skater, quien deambula por el lugar, fumando marihuana y robando cervezas del bar. No podía faltar el veterano de vietnam que a medida que el alcohol inunda su ya saturado hígado, se va desmoronando física y psicológicamente atormentado por sus fantasmas. Hay otro posible veterano o rockero, más joven y con una apariencia estilo Aerosmith que parece cautivar a todos, desde el personaje Moskowitz hasta una mujer que, increíblemente, mantiene su rostro y conversación intactos durante las 16 horas de fiesta. En el transcurso de la velada se presentan otros personajes notables: una drag queen, un Donald Shuterland hippie, y varios personajes de notables actuaciones. Sí, actuaciones. [SPOILER ALERTA]

[SPOILER ALERTA]
Lo que a simple vista parece un documental —y uno de los mejores que he visto— resulta ser en realidad una ficción, un mockumentary. ¿Es esto traicionar el famoso “pacto de lectura”, al descubrir que todos son actores, quizás no profesionales, pero seleccionados mediante un casting? No lo sé, no creo. Ni siquiera el bar está realmente en Las Vegas, sino en Nueva Orleans. A estas alturas, poco importa si es un documental, un falso documental o una ficción: Bloody Nose, Empty Pockets es una joya. La empecé a ver como una ficción filmada de manera casual, con la apariencia de un home video: el reflejo de los directores en los vidrios detrás de la barra, cámaras no profesionales, movimientos erráticos, una fotografía proporcionada por la luz natural, escenarios familiares, una sola locación, montaje mínimo, sin banda sonora… En fin, todos los preceptos de Dogma 95 aquí se adoptan naturalmente, casi en un estilo antropológico al estilo de Krisha de Trey Edward Shults o de las películas de Ted Fendt o Jem Cohen, Tyler Taormina, Ricky D’Ambrose, Martine Syms, Khalik Allah por nombrar algunos cineastas independientes del independentismo. [FIN DE L’ALERTA SPOILER]

No caeré en la crítica fácil ni en el paternalismo, y mucho menos en juicios morales o lecturas simplistas de esta película. Podríamos hablar de tristeza, marginalidad, soledad, redención o de la representación de una sociedad fracturada, pero lo que creo que logran los hermanos Ross en Bloody Nose, Empty Pockets es humanizar esa América profunda, darle dimensión y removerle esa máscara de caricatura que tanto sirve al cine para hacer crítica social. Está claro que la vida afuera es una mierda y que cada uno de nosotros debe encontrar un refugio, pero la manera de hacerlo es una cuestión personal. Como en Druk de Thomas Vinterberg, aquí uno también siente sed. Vemos personas bebiendo todo el día, participando en concursos de televisión desde la barra, ojeando viejas películas y bailando al ritmo de una rockola que va desde viejos blues hasta las Spice Girls. Esa dicotomía define también a la cultura estadounidense. Estos personajes no son como los Peaky Blinders con sus grandes planes de conquista; estos son personajes salidos de los mejores textos de Tennessee Williams. Más bien son los referentes e inspiración del dramaturgo americano. Ni en sus mejores diálogos nació tanta sabiduría popular donde cada uno recibe atención de parte del otro cuando le toca despotricar o enunciar las bellezas de la vida que se va hundiendo cada vez más en grados etílicos, algunas más coherentes que otras. Aquí se escribe la verdadera “academia”. Hay más verdad en un grupo de alcohólicos peleándose en un estacionamiento que en todo el falso puritanismo del mundo exterior. Cada cual es libre de vivir el sueño americano, mientras más se emborracha. Finalmente, lo único real de esta película son los litros de cerveza y cócteles servidos en vasos plásticos, como parte de la mise en scène de esta preciosa película… documental.

Y ya comienzo a caer en la moralina que tanto crítico, así que mejor me despido.

Bloody Nose, Empty Pockets, 2020, Turner Ross, Bill Ross IV

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

Filmakersmovie presenta el trabajo de realizadores iberoamericanos:

Jesuitas Modernos, un viaje por la vida y obra de destacados sacerdotes, académicos y hermanos de la orden jesuita

Segunda Temporada de Jesuitas

Cap.6: Pedro Arrupe

Una producción @filmakersmovie & @filmakersmediacontent

Una producción original de Universidad Iberoamericana Puebla, Filmakersmovie y Filmakers Media Content Idea Original: Javier Sánchez & Perla Atanacio Producción General: Iván Uriel Atanacio, Perla Atanacio & Andrés Palma Buratta Dirección: Andrés Palma Buratta Guión: Perla Atanacio Consultor Narrativo: Iván Uriel Atanacio Ilustraciones Originales: Erika Flores García Cano Animación: Sebastián Castillo, Cesar García Ricaño & Erika Flores García Cano Narración: Adriana Doger Echegaray & Brandon Ramírez López México 2024

Si quieres estrenar o presentar aquí tu trabajo, te invitamos a escribirnos: contacto@filmakersmovie.com

Riddle of fire, 2023, Dir: Weston Razooli

Por: Andrés Palma Buratta

“En una misión para entregar un pastel, tres niños traviesos se embarcan en una odisea en el bosque para luchar contra una bruja, burlar a un cazador, hacerse amigos de un hada y convertirse en mejores amigos para siempre en este encantador debut del director Weston Razooli.”

Riddle of fire/página official

Riddle of Fire, ópera prima de Weston Razooli, es una aventura infantil que rescata el imaginario ochentero de Los Goonies o Stand by Me, pero con la estética de Bertrand Mandico en Les Garçons Sauvages o incluso de Albert Serra en Pacification. En esta obra, lo fantástico se entrelaza con la esencia del profundo Midwest estadounidense. Es por eso que, a primera vista, la película de Razooli parece diseñada para ser deconstruida. He leído comparaciones con Neil Gaiman, Mark Twain, Miyazaki, Tarantino, Wes Anderson, Maurice Sendak, Charles Dickens y The Little Rascals. Yo añadiría que Riddle of Fire es como si un grupo de niños grunge de los noventa de Montana, Utah o Wyoming se encontrara con la familia Manson en su camino hacia una masacre, todo en clave de cuento de hadas. En Riddle of Fire desfilan extraños personajes que, sin embargo, resultan familiares en los rincones más recónditos de Estados Unidos: rednecks, brujas modernas, hadas, sectas paganas, traficantes y consumidores de metanfetaminas (o de la droga que esté de moda), niñas angelicales, mellizas diabólicas y un sinfín de elementos psicodélicos. En medio de todo esto, dos hermanos y su amiga Alice recorren paisajes maravillosos y salvajes en motocross, disparando bolas de pintura a quienes interfieren en su misión: conseguir la clave del televisor para jugar en la consola de videojuegos que acaban de robar de una bodega tipo Amazon perdida en mitad de la nada donde, eventualmente, llegará Frances McDormand a trabajar en Nomadland.

 

Y es que el mundo es ese. Los outsider al servicio de lo fantástico, que al igual que la comedia, nos cuenta mucho más claramente la idiosincrasia de la sociedad. La aventura comienza cuando los tres niños, liderados por Alice —más madura y visceral que sus compañeros— se disponen a jugar, pero descubren que su madre ha puesto una contraseña en el televisor. La madre, que parece una princesa en su lecho de muerte (sin que sepamos si padece un cáncer terminal o simplemente un resfriado), les pone una condición: les devolverá la clave si le traen un “blueberry pie”, una típica tarta americana que parece salida de una película de comedia adolescente pero ambientada en un pueblo estilo “Hansel y Gretel” y no un aburrido suburbio americano. A partir de ahí, se desarrolla una aventura infantil llena de peripecias, acontecimientos inesperados y giros azarosos. La narrativa avanza de manera errática y frenética, evocando a Mad Max o a Wake in Fright, la icónica cinta de la Ozploitation australiana de los años setenta. La vitalidad, la locura y el tratamiento de los espacios abiertos están presentes en esta película, cuyo registro audiovisual en 16 mm, con tonos difusos y multicolores, capta la belleza de los bosques y montañas del centro de Estados Unidos evocando un poco esa visualidad mágica de La historia sin fin (The Neverending Story). Lo que distingue a Riddle of Fire del cine infantil convencional es su rechazo a la infantilización excesiva y al dramatismo exacerbado. Aquí, la realidad tóxica del mundo adulto está siempre presente como fuerza opositora, y es violenta. Pero los tres protagonistas, ya familiarizados con esa violencia, juegan su propio videojuego con pistolas de pintura, planes irracionales y enfrentamientos directos, en una narrativa plástica que recuerda a Dennis Hopper en Blue Velvet. De hecho, algunas escenas evocan las cortinas de colores rojas o azules, tan propias del universo de David Lynch, de donde emergen y desaparecen personajes excéntricos y frikis.
Sin duda vale la pena seguir la carrera de Razooli, que con su opera prima, sugiere un guiño al inconformismo del Hollywood de finales de los sesenta, pero bajo la estructura de un cuento de los hermanos Grimm.

Riddle of fire, 2023, Weston Razooli

 

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

 

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Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 9: Joel Poblete

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con el reconocido crítico de cine, teatro y ópera chileno Joel Poblete Morales. Te invitamos a conocer la trayectoria de un referente del cine a latinoamericano desde Chile, sus motivos e inspiración, así como escuchar sobre sus proyectos. Acompáñanos a este viaje visual con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #joelpoblete #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

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IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

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Temporada 3 Capítulo 8: Aída Mulato Salinas-Jóvenes Artesanos

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Temporada 3 Capítulo 7: Omar Saldaña

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con el Ing. Omar Saldaña, «El chico cosmos», astrofísico mexicano. Te invitamos a conocer la trayectoria de un apasionado de la astronomía con amplia experiencia internacional, sus motivos e inspiración, así como escuchar sobre sus futuros proyectos educativos y de difusión de la exploración del cosmos. Acompáñanos a este viaje visual con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: @omarsaldana @elchicocosmos @esteladodelteatro @ivanurielatamed @filmakersmovie @presumiendomexico @encuentros @ivanuriel

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Temporada 3 Capítulo 6: María Vallarta

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con la reconocida activista María Vallarta Vázquez. Te invitamos a conocer la trayectoria de una activista referente de la defensa de los derechos humanos, sus motivos e inspiración, así como escuchar sobre sus futuros proyectos. Acompáñanos a este viaje visual con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: @mariavallarta @esteladodelteatro @ivanurielatamed @filmakersmovie @presumiendomexico @encuentros @ivanuriel

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