Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez
Los motivos visuales son imágenes que contienen un significado narrativo y una carga simbólica inmersa en sí mismas, a fin de que su presencia enriquezca el todo del que forman parte, una película por ejemplo.
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“Motivo visual nos remite al contenido, al tema que quiere transmitir, a su narratividad”, dice Jordi Balló en su libro “Imágenes del silencio”. El autor habla de los motivos visuales como imágenes que representan algo de modo metafórico o simbólico.
“Los motivos visuales se presentan como momentos aislables dentro de las películas, en escenas y en secuencias”, dice el autor. Esto es, las imágenes, las escenas y las secuencias son parte clave dentro del todo que es la película. Por sí solas son representativas, pero, cuando se embonan con el resto, cargan con el mensaje total del filme en cuestión.
Como ejemplo tomemos la película Blow-up de Michelangelo Antonioni. La historia de un fotógrafo asediado por su reputación, constantemente perseguido por aspirantes a modelos; harto de tal superficialidad, el fotógrafo tiene un proyecto alterno que incluye fotos de otra naturaleza, fotos de trabajadores en su ambiente laboral, indigentes en las calles, la vida normal, real y mundana de una clase social. Entonces un día toma unas fotografías en el parque, para luego descubrir, a través del revelado, un asesinato.
Los temas de la película son la percepción, la ilusión y la realidad, la confusión sobre la línea divisoria entre éstas; el “querer” algo frente a “tenerlo” realmente y cómo las obsesiones nublan el juicio de las personas, del protagonista, en este caso. Varios elementos y motivos visuales enriquecen, simbólica y/ o metafóricamente, el mensaje de la historia.
Las fotografías son el principal elemento a resaltar, en especial la secuencia en la que el fotógrafo las revela y las amplía. Es entonces cuando descubre el asesinato, pero, es aquel momento de mayor claridad el más nublado objetivamente (la ampliación de la imagen ha hecho que la fotografía se vea borrosa).
La manera en la que se enriquece un relato a través de sus motivos visuales se determina por la codificación que el espectador le otorga a la imagen. Un árbol, por ejemplo, no sólo es tronco y ramas, también es vida y crecimiento. Aquí hay una importante relación entre el significado y el significante; el motivo visual es la combinación de ambos. La relación entre denotación y connotación se construye gracias a la organización e importancia que una persona cualquiera le otorgue a cada concepto. El árbol representará aquello a lo que el espectador esté acostumbrado a adjudicarle a la palabra y/o concepto “árbol”, determinado, ya sea por conocimiento propio, por sus experiencias, por su imaginario o por el colectivo social.
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Otro elemento recurrente en la película de Antonioni son un grupo de mimos, que aparecen al principio y al final, en especial la secuencia última en la que este grupo comienza a jugar un partido de tenis con una bola y raquetas imaginarias. El fotógrafo les observa hasta que la bola cae a su lado y entonces decide participar activamente en el juego lanzando la bola “imaginaria” de regreso. Esta decisión es importante en cuanto a aquella línea entre realidad y no realidad que caracteriza al largometraje y que, finalmente, el protagonista decide aceptar.
Las secuencias y los motivos visuales en Blow-up por sí solos cuentan con un mensaje y una carga simbólica y representativa, pero es su papel dentro de la película lo que logra que cobren mayor relevancia y significado de contenido, tema y mensaje.
Para construir motivos visuales es necesario evocar la memoria visual, iconográfica y cinematográfica. Estos íconos se van formando cada vez que se utilizan de una misma manera y con un mismo “motivo” en las películas, y se enriquecen gracias al espectador y su capacidad constructiva/creativa: éste llena los espacios en blanco (los motivos visuales) con su imaginario y es capaz de sentir lo que los personajes sienten a través de la composición visual [el espectador tiene un conocimiento previo (memoria iconográfica) y conoce las reglas del juego de acuerdo con su acervo fílmico].
De acuerdo con Balló (en Imágenes del Silencio), los motivos visuales tienden a ser reducidos por el cine comercial y/o clásico. Las imágenes evocativas son tan directas en su significación que pierden realmente su capacidad evocativa; es como si se le dijera al espectador qué pensar o qué sentir. Un motivo visual reducido dentro del mundo de la cinematografía es, por ejemplo, el villano con sombrero, traje y bastón, el detective al margen del sistema (gracias a la literatura y el cine negro) o la dama vampireza con vestido ajustado y labios rojos, como lo ejemplifica Balló.
“Cualquier texto contiene la clave de su propio misterio”. “La clave del misterio se centra en descifrar el texto entendido como un laberinto […] el misterio está en la obra que se contempla, y el espectador tiene que interpretarlo”. Estas son dos reflexiones que Balló hace cuando analiza Blow-up, pero tales enunciados ejemplifican también, de manera general, lo que son los motivos visuales.
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Blow-Up
Dir. Michelangelo Antonioni
Italia/UK 1966
Canal YouTube: Fragmentos de Cine
Fragmento 4:53
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Diana Miriam Alcántara Meléndez | México | España
Los viajes de Sullivan (Sullivan’s travels, EUA 1941), escrita y dirigida por Preston Sturges, trata de un director de cine que quiere enfocarse a realizar películas serias, que reflejen al mundo real y a las personas comunes; presionado por los ejecutivos para hacer una comedia, Sullivan (interpretado por Joel McCrea) logra acordar con ellos realizar un trabajo de investigación de campo en el que éste salga al mundo real y se haga pasar por un pordiosero para aprender de la vida en la calle y los problemas de la gente común; en el camino se encuentra con una joven aspirante a actriz (Verónica Lake) quien decide ayudarle a completar su misión mientras ambos se ven envueltos en aventuras y otras circunstancias, tanto divertidas, por la naturaleza propia del experimento, como trágicas, por la misma razón.
La forma narrativa es retomada tanto en la palabra escrita como en el mundo audiovisual, siendo el efecto Rashomón una forma de interpretación de hechos. La esencia de la técnica no es la de dar una versión absoluta, sino de retroalimentar los escenarios con cada perspectiva y, cuál se hace en la película, el fin último no es completar un rompecabezas que llene espacios en blanco con cada versión narrativa, sino destacar la naturaleza humana de las personas al relatar hechos, su perspectiva, su visión, su aprehensión de la realidad.
M (M, el vampiro de Düsseldorf) es una película alemana de 1931 dirigida por Fritz Lang. Cuando los ciudadanos de una ciudad ven afectado su entorno y convivencia luego que una serie de asesinatos infantiles tienen lugar, la policía enfocará toda su atención en restablecer el orden y atrapar al asesino, pero la vigilancia extrema comienza a afectar también el negocio de otro tipo de criminales, quienes, por tanto, también se dan a la tarea de capturar al responsable de los asesinatos.








