24 junio, 2026

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Cinescopio: Thelma Schoonmaker, genio de la imagen, maestra de la edición.

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Genio de la imagen y maestra de la edición, Thelma Schoonmaker ha forjado una carrera de más de cincuenta años en la cual, ha desplegado su extraordinaria habilidad para compaginar la narrativa del guion, la fuerza interpretativa de los actores, los efectos visuales de la industria, la fotografía como arte y las indicaciones de quien ha dirigido la gran mayoría de sus proyectos, el legendario Martin Scorsese. Thelma Schoonmaker se ha caracterizado por brindar un estilo propio a sus ediciones mediante cortes, montajes e imágenes llenas de dinamismo, plasticidad y energía interpretativa, cuyas secuencias compaginan un armónico matiz de espacio y tiempo, fondo y forma, color y profundidad enarbolados por el uso de luces, flashes y visos musicales acompasados lo mismo de una palestra colorida, como de un prismático blanco y negro, el movimiento de una cinta de época que el de una película vertida en la épica violenta, la gesta histórica, o la vorágine de la posmodernidad agitada en el bullicio citadino de una fragmentada social.

Considerada la mejor editora de Hollywood en décadas, y una de las más célebres de la cinematografía universal, Schoonmaker inició su camino estudiantil por los pasillos del profesionalismo de la mano de Martin Scorsese, justo a finales de los años sesenta con la filmación de ¿Quién toca mi puerta?  y su complicidad volvió a reunirles hacia finales de la siguiente década, para iniciar desde los años ochenta con su brillante edición de la obra maestra Toro salvaje, su impresionante e inseparable mancuerna colaborativa. El estreno de El irlandés ha causado gran expectación tanto en el público como en la crítica, no es para menos, un proyecto gestado hace más de una década y que incluye leyendas como Robert de Niro, Al Pacino, Joe Pesci y Harvey Keitel, todos cercanos a los ochenta años, que por sí mismo resultaría suficiente para capturar la atención de la industria, pero si a eso le sumamos la dirección del maestro Martin Scorsese, en el mismo rango de edad, que convierte el acontecimiento en un hito, y el hito en un asunto imprescindible para los amantes del cine.

Y es que al resaltar la edad de los protagonistas y del director, nos lleva a destacar la longevidad de su extraordinario talento, misma edad e igual muestra de plenitud en Thelma Schoonmaker, quien a sus 79 años, ha recibido tres premios Óscar, más que ningún otro u otra editora en la historia, de las múltiples veces que ha sido nominada, y con El Irlandés, se apresta a recibir una nueva nominación por su arte. Schoonmaker sentó su legado no solo por la ópera prima de Scorsese, sino también por haber editado el histórico Woodstock, que dirigido por Michael Wadleigh, se convirtió en un vestigio del épico festival musical que fungió como encuentro generacional de la música, y de una variopinta ideología expresada en las notas de sus participantes, Joan Báez, The Who, Joe Cocker, Carlos Santana, Janis Joplin o Jimmy Hendrix, son algunas de las leyendas que formaron parte de ese manifiesto cultural que unió dos décadas y plasmó un sello contracultural con la diversa oferta de energía musical indescriptible como fundacional, mágica como realista, tan cruda como fantástica, tan natural como etérea.

En la década de los ochenta Schoonmaker desplegó su talento en cintas como Después de la hora con los humos de la penumbra y la precisión del tiempo que devora, El color del dinero con el dinamismo, fugacidad y exactitud del billar, La última tentación de cristo con su excelsa fotografía, el rimo exacto que unió las escenas de humor con la frustración de su protagonista en El rey de la comedia; pero es sin duda con Buenos muchachos, película sustentada en épocas y momentos, de situaciones concatenadas entre las acciones criminales, asociaciones grupales y una banda sonora de fondo, que Thelma alcanza su pico creativo, aunque Toro salvaje, es para mi gusto, su obra más poética, una edición de secuencias de boxeo coreografiadas, fotografiadas y dirigidas con tal maestría, que de no ser por Schoonmaker hubiesen podido perderse de incongruencia, Thelma las une de forma sublime, y en ello recibe una más de sus estatuillas. En los años ochenta también destacó su maestría en el montaje del video Bad, sencillo promocional del disco homónimo de Michael Jackson, que contó con una amplia difusión mundial, el video vierte la canción con un fondo bélico de ritmo y pausa, de esperas y aceleraciones repletos de matices que le llevaron a ser considerado un clásico. En el presente siglo, Schoonmaker destacó por editar la tumultuosa Pandillas de Nueva York, la lírica El aviador, donde ahonda en la edición fluida de luces, flashes y perspectivas, técnica igualmente admirada en El lobo de Wall Street y en Hugo, con excelsos efectos visuales.

El irlandés representa la oportunidad de admirar de nueva cuenta y en un mismo plató, a estos consumados titanes de la actuación, con la invaluable dirección del maestro Scorsese, enhebrados en la magnífica edición de Thelma Schoonmaker. Editora nacida en Argelia, esposa del mítico Michael Powell, director de una de las películas favoritas de Scorsese, Los zapatos rojos, Thelma Schoonmaker ha logrado con El irlandés, una nueva proeza en su canon fílmico, que se suma a los esfuerzos de inversión que conllevaron espectaculares efectos visuales de rejuvenecimiento, con los ires y venires por sucesos acaecidos en cinco décadas diferentes, cuyos cortes y unión de imágenes, resulta en un mágico compás que une todas las aristas del arte cinematográfico.

En CINESCOPIO, rendimos un homenaje a la gran editora estadounidense, alumni de la Universidad de Columbia, egresada de la Universidad de Cornell, y quien durante la próxima edición de los premios Óscar (Ganó tres, Toro salvaje, El aviador, Los infiltrados) recibirá una nueva nominación, su séptima, la cual ostentará a sus, para entonces,  ochenta años; innovadora, creadora y visionaria, Thelma Schoomaker ha dejado su huella indeleble como una editora que transformó la forma de editar cine con estilo propio, lo hizo en su primera cinta, y lo sigue haciendo después de cinco décadas de magia vertida en la edición, Woodstock, Toro salvaje, Buenos muchachos, La edad de la inocencia, Los infiltrados, Hugo o El irlandés, son solo algunos títulos que como muchos más, llevan su percepción del tiempo, su nombre, su historia.

 

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

El Irlandés, la nueva obra maestra de Scorsese
Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

El irlandés ha causado gran expectación tanto en el público como en la crítica, no es para menos, un proyecto gestado hace más de una década y que incluye leyendas como Robert de Niro, Al Pacino, Joe Pesci y Harvey Keitel, por sí mismo resultaría suficiente para capturar la atención de la industria, pero si a eso le sumamos la dirección del maestro Martin Scorsese, entonces el acontecimiento se vuelve un hito, y el hito en un asunto imprescindible para los amantes del cine. Robert De Niro y Al Pacino, junto a Gene Hackman, Dustin Hoffman y Jack Nicholson representan lo más granado del firmamento actoral hollywoodense de los últimos cincuenta años.
Pacino y De Niro, han plasmado su talento en clásicos como El Padrino, El Padrino II, Serpico, Tarde de Perros, Taxi Driver, Justicia para todos, El cazador, Toro salvaje, Cara cortada, Buenos muchachos, Perfume de mujer, entre otros títulos, grabados con sendas letras en la memoria fílmica, y aunque participaron juntos en proyectos más recientes, fue sin duda Fuego contra Fuego, de Michael Mann, la que significó el apoteósico instante de epifanía que la audiencia había esperado por décadas, al menos, por verles juntos en la escena final.

 

El irlandés representa la oportunidad de admirar de nueva cuenta y en un mismo plató, a estos consumados titanes de la actuación, más aún con la invaluable dirección del maestro Scorsese, combo que aunado a la gesta tecnológica del rejuvenecimiento digital que la industria pone al servicio del arte, logra que el relato pueda administrarse en el tiempo; experimentar con los avances que la digitalización y el CGI conllevan, brinda un ingrediente a la ya monumental proeza, una innovación al servicio de la película, que apuntala la narrativa desde la imagen. El resultado, una épica que evoca pasajes yuxtapuestos en favor de la trama, interpretaciones prodigiosas que despliegan sucesos con la franca descripción que caracteriza a las primeras películas del director.
En El irlandés, Scorsese expone mediante la memoria, los recuerdos y la evocación, pecados sin castigo y castigo del pecado, se suscitan al corolario de sus personajes históricos, anecdóticos y ficticios, extraordinaria cinta que brinda un sello de heredad a sus realizadores, no por edad ni tiempo, sino por la calidad fílmica de la obra.

Al ver en cine El Irlandés, me convencí aún más de que la experiencia vivencial que representa observar una película en la gran pantalla resulta única, y que a pesar de sus tres horas y media de duración, la sensación del tiempo resulta completamente relativa, cercana a lo que aún pudimos experimentar a finales de los años noventa con las últimas proyecciones con intermedio, o en este siglo con cintas llenas de efectos visuales al servicio de la emotividad y el entretenimiento, como la saga de El Señor de los anillos de Peter Jackson. En El Irlandés los efectos se admiran desde sus actores, y el experimento a prueba es un rotundo éxito, en unos días se estrenará en su plataforma digital, e igualmente valdrá la pena volver a verla, quizá ahora con mayor detenimiento y detalle, altamente recomendable para quienes admiran a De Niro, Pacino, Pesci o a su director, el maestro Martin Scorsese.

Un evento cinematográfico que marcará la historia de las producciones realizadas para el cine y las plataformas digitales, un reencuentro esperado entre colaboradores frecuentes, y un elenco magistral comandado por uno de los más grandes directores de la historia, la épica El irlandés, no solo cumple con las expectativas, sino que de alguna manera, rebasa las mismas para generar otras, las del interés tecnológico que desaparece una vez que te adentras a la cinta y disfrutas intensamente la creación que en conjunto, han ofrecido sus realizadores. A la ya citada tonalidad intencional que hemos enunciado, que une ambición, poder y realización, Scorsese une enhebrando pautas históricas, anecdóticas y deductivas, la revisión y evaluación de los hechos desde la memoria, los recuerdos o las recreaciones de su protagonista, logrando desde la suma de sus componentes usuales, una cinta extraordinaria, donde su protagonista, -el irlandés- Sheeran, De Niro, revisita su relación con la mafia dirigida por Russel Buffalino, Pesci, y con el poderoso líder Jimmy Hoffa, Pacino. A la luz de los años, Sheeran decide hacer un recuento de los hechos, y se atreve a confesarlos en una suerte de declaración manifiesta, que permite conocer el contexto político, histórico y criminal de distintas épocas, y a su paso, adentrarnos a la percepción de la mortalidad de quien asume la muerte le alcanza. En esa sensación de vulnerabilidad, quien jalara el gatillo sin una pisca de duda, pudiera ahora abrazarla y cuestionarse el deber ser, y en esa cuestión, afrontar otras que se derivan del arrepentimiento o de la confirmación.

Finalmente los hechos han acontecido y aunque no puedan ser cambiados, hay misterios que se prefiere resolver o dejar para siempre en el resguardo de la ignorancia o la suposición. Si de suyo la valía del filme por sí mismo adquiere las dimensiones de un clásico instantáneo, bien vale considerar la etapa de preparación e incertidumbre que atravesó el proyecto, especialmente por su elevado costo y por la agenda de sus protagonistas, Joe Pesci por ejemplo estaba retirado, y tras múltiples intentos por persuadirlo, terminó aceptando participar, ofreciendo una actuación memorable. En el ir y venir del flash back en los pasajes de la historia y su recuerdo, Scorsese acudió a la tecnología de la empresa Industrial Ligth and Magic que fundara George Lucas, para desarrollar efectos visuales que permitieran dar mayor realismo a los personajes desde el rejuvenecimiento.
En vez de recurrir a un elenco más joven para sustituir a los protagonistas -efecto contrario al envejecimiento que pudiera apelar al maquillaje- lograron ser rejuvenecidos mediante técnicas y efectos visuales, para lo cual, se requerían cámaras extras y especiales para apuntalar el uso de CGI, proveer la mejor resolución posible y mayores instrumentos para su edición. La banda sonora fue compuesta por Robbie Robertson, mientras la fotografía principal estuvo a cargo del mexicano Guillermo Prieto; la edición, magnífica y remarcable, recayó en la responsabilidad de Thelma Schoonmaker, quien siendo compañera de proyectos de Martin Scorsese desde sus épocas estudiantiles, y frecuente colaboradora, realiza una edición impecable. La orquestación del equipo creativo por parte de Scorsese resultó sobresaliente, y las proezas técnicas fungieron como un recurso que enriqueció a las imponentes actuaciones que dieron vida al guion escrito por Steven Zaillian, basado en la novela I Heard You Paint Houses de Charles Brandt.

Martin Scorsese presenta una obra maestra tenue y contemplativa, lo cual, me resultan de un prístino intento por revisitar todas las cintas previas de gánsteres dirigidas por el maestro, y hacer que los personajes que las habitaron, tomen un tiempo para sino analizar, si reflexionar lo sucedido, su protagonista recibe una propuesta y en la decisión de aceptarla o no, transforma o define lo que será su devenir y el recuento de los días, y a pesar de las tres horas y media de duración, que bien remembra las épicas del cine majestuoso o épico del Hollywood clásico, el tiempo pasa tan relativo como la valoración de sus personajes.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

MEMORIA: JOSÉ JOSÉ, homenaje al príncipe

Por Iván Uriel Atanacio Medellín

Tenor, intérprete del parafraseo, voz prodigiosa, humildad a flor de piel y carisma inigualable, José José llevó en su propia vida el sello de la tragedia y del éxito, cantante de altos vuelos, vulnerable, débil y fuerte, de enorme ejemplo, de cruel trascendencia y al final, despedido como amado por un pueblo que lo quiso, y que quizá en algunos momentos también le abandonó para cobijarlo en su regazo cuando todo termina, como el amor, como la pasión, como el abrazo. Junto a Pedro Infante y Juan Gabriel, José José acuñará su nombre en el olimpo de las figuras musicales mexicanas, a las que Juan Gabriel pertenece en partida doble de la composición, ese paraíso donde residen Agustín Lara o José Alfredo Jiménez. Olimpo al que en algún momento llegarán cual salón de la fama, Vicente Fernández y Luis Miguel.

 

José José hizo de la “Nave del olvido” de Dino Ramos su carta de presentación, y de “El triste” de Roberto Cantoral la confirmación de un cronner que vería en 1983 alcanzar la cumbre de su carrera, un máximo esplendor con la publicación de “Secretos”, compuesto íntegramente por el maestro Manuel Alejandro, y que continúa siendo uno de los más discos más vendidos de México. Armando Manzanero, Roberto Livi y especialmente Rafel Pérez Botija, conformaron la pléyade de compositores mexicanos, españoles y argentinos que delinearon la brillante trayectoria del ícono asiduo al barrio de Clavería, en el corazón de la Ciudad de México. Hijo de cantantes de ópera, bajo el amor eterno de su madre Margarita, y la sombra heredad de su padre José, José José creció junto a su hermano en un ambiente de represión, ópera y música, donde la escases, la muerte, el abandono y la convulsa vacilación del entorno urbano, configuraron el ADN emocional del intérprete, del vicio y del mito, inseparables en la exploración profunda y compleja de la leyenda, no ajenos pero independientes al inmenso talento de quien brindó a su voz, una tesitura de melódicas notas prolongadas, enhebradas por su genuino timbre, capaz de sostener la intensidad emocional y la pronunciación lírica con la misma vehemencia y entrega de un orador dilucidando departir ante su pueblo.

José José inició su carrera en los años sesenta, dominada por las estrellas del rock and roll que poco a poco se difuminaron, Enrique Guzmán, César Costa, Alberto Vázquez, y baladistas que consumaban una reconocida trayectoria, Gualberto Castro, Marco Antonio Muñiz, pero ninguno a la escala del último gran héroe musical de México, fallecido en esa década, Javier Solís. Frente así, José tenía la década de los setenta, que iniciaban con un franco dominio, en español, del cantante español Raphael y del ídolo argentino Sandro de América. Julio Iglesias, Camilo Sesto y Nino Bravo en España, conformarían la balada porvenir, mientras Serrat y Aute acuñarían la trova, Vicente Fernández la música regional, Leo Dan y Leonardo Flavio la melodía argentina, y Juan Gabriel navegaría por un género que él mismo definiría como la expresión ecléctica de diferentes géneros musicales, propios del imaginario mexicano. Para México, José se convirtió en ese cantante que enamora si uso o abuso de su físico, sostenido en su portentosa voz y en su carisma de ídolo, de quien se identifica con el pueblo por ser campeón sin corona, vulnerable, débil, luchador, abrazar el fracaso, el éxito y volver a salir adelante, un hombre común con un talento extraordinario, un hombre del pueblo que se convirtió en un príncipe, y a través de la música delineó su reino. Años de sufrimiento, de navegar sin voluntad, a voluntad y al deseo, de sucumbir a la tentación y a no decir No a lo que el Sí era infierno, una voz mágica que se extinguió como si fuera el colofón de su tragedia, quedarse sin voz, perder la voz, como si fuera la factura de los excesos, el ídolo que emerge, que reina y luego sucumbe como fuerza del mito, el ídolo caído que se refugia más que en el pasado en el pueblo.

Los años setenta escucharon su voz más sublime, “El triste”, “La nave del olvido”, “Gavilán o paloma”, “Volcán” ,“Amar y querer”, “Lo pasado, pasado”, “Lo que un día fue no será”, “Almohada”, “Si me dejas ahora” entre otras; compositores como Rafael Pérez Botija, Alejandro Jaen, José María Napoleón o el propio Juan Gabriel se sumaron al caleidoscopio creativo al que daría voz el ícono. Los años ochenta notaron un cambio de voz y estilo interpretativo, que viraron una transición desde el disco “Amor amor”, prosiguiendo con “Mi vida”, y álbumes de concepto como “Romántico”, hasta la trilogía de álbumes que significaron su clímax de popularidad, “Secretos”, “Reflexiones” y “Promesas”, para 1985, El Príncipe de la canción había alcanzado el pico de su poder interpretativo y de estrellato, dominando las listas de popularidad, siendo nominado a diferentes reconocimientos, recibiendo galardones y dando competencia en alto nivel a las otras figuras hispanoamericanas como Julio Iglesias, quien ya había dado un paso a la industria anglo (amén de los más de los diez idiomas en que grabó).
“No me digas que te vas”, “Cómo fue”, “Preso”, “Me basta”, “Vamos a darnos tiempo”, “Mi vida”, “Desesperado”, tuvieron gran éxito, acompasando la llegada de “Lo dudo”, “Lágrimas”, “El amor acaba”, “Voy a llenarte toda”, “Cuando vayas conmigo”, de Manuel Alejandro, para volver con Pérez Botija y brindar brillo a “Seré”, Payaso”, “¿Y qué?”, “Tú me estás volviendo loco”, y muchas canciones más que atisbaron el corolario musical del cantante. Para finales de la década, el disco “¿Qué es el amor?”, significaría su acercamiento a temas rítmicos y más juveniles ante la llegada de las nuevas figuras de la música latina, encabezadas por quien para muchos sería su sucesor, Luis Miguel. “Piel de azúcar” y “Cómo tú” son muestras de ello, así culminaba la década para el también actor, durante la década filmó diversas cintas incluyendo su biografía “Gavilán o paloma”.

La década de los años noventa iniciaría con sus últimos grandes éxitos, “Amnesia” en 1990 y de Roberto Livi “40 y 20”, sencillo principal del álbum homónimo que sería quizá, el vestigio final de su epítome interpretativo, después de esta entrega, vendrían cambio profundos en su vida personal y una crisis derivada en el homenaje “30 años de ser el príncipe” en 1993; luego de una pausa de rehabilitación, el maestro Sosa volvería con un disco de colección, compuesto íntegramente por el enorme Manuel Alejandro, “Grandeza Mexicana” en 1994. La mitad de la década sonaría en fuerte disposición de “No vale la pena” y del sencillo que dio nombre al disco “Mujeriego” 1995. Después, vendrían algunos disco de menos repercusión pero igual valía testamentaria, hasta compaginar álbumes de culto, concepto y adecuación de piezas grabadas previamente, con adecuaciones, remasterizaciones, acompañamientos en dúo o adaptaciones genéricas. La pérdida de su voz a plenitud, no melló seguir presentándose en diversos recintos e incluso participar en el disco “Voces” del músico griego Yanni.

José José alcanzó la cima de su talento en cada interpretación, y en ese viaje cuya travesía implicó dolor, pasión y sufrimiento, el cantante asumió su invaluable talento para forjar una complicidad con su público, abrazando las emociones, los sentimientos y las cuitas de los amores y de la vida misma para configurar al mito, a la leyenda y al ídolo. Entre 1970 y 1985, el México que sucumbió a las migraciones, a la contaminación, a la crisis, a los temas sociales, políticos y económicos que lo mismo acuñaron desarrollo que pobreza, abuso que corrupción, promesas que pactos truncos, era un contexto donde emergieron cantantes que lograron distraer, entretener o acompañar las vicisitudes, Lupita D Alessio, Juan Gabriel, Vicente Fernández y el propio José José, aunados a Los Tigres del Norte, Los Bukis en primer término, Yuri, Dulce, Joan Sebastián, en un escalón de menor popularidad pero igual impacto (como hicieran en televisión Roberto Gómez Bolaños, Verónica Castro o Lucía Méndez) entre otras agrupaciones, fueron el símbolo de los distintos Méxicos que se fueron conformando, de ahí su valía como referencia cultural popular mexicana; José José no solo fue el representante musical de una época, sino del sentir del México urbano, del bohemio, de la trasnoche y del desvelo ante la circunstancia.
A partir de 1985, nuevas generaciones surgieron con impacto, entre el rock, el pop y la balada, Timbiriche (que maduraba el concepto de Parchis y asumía el éxito juvenil de Menudo), Flans, Pandora, Pedro Fernández, Café Tacuba, Caifanes, Magneto, Maná y sobre todo Luis Miguel, abrirían al menos diez años de una nueva epata musical de figuras mexicanas con impacto latinoamericano, quizá la última gran camada de figuras de primer nivel; Christian Castro, Pepe Aguilar, Alejandro Fernández, Thalía, y Paulina Rubio por mencionar algunas, vendrían poco después, pero no al nivel de símbolo generacional de una banda musical como Timbiriche, Café Tacuba, Caifanes o Maná, ni al nivel de ídolo, figura y reconocimiento que alcanzaría Luis Miguel.

José José le cantó al desamor, a los amores furtivos e imposibles, a los amores debatibles por la edad, a los rendidos al amor, al hastío, al enamoramiento, al despecho, a la indiferencia, al deseo, a la autoafirmación, a la revisión de la vida, al desparpajo, al romance y a la declaración. En MEMORIA hacemos un homenaje recordando, celebrando y reconociendo el legado del intérprete, cuyo canon musical es ya parte del inventario cultural de México y Latinoamérica, con himnos que seguirán sonando con la misma nostalgia pero con aún mayor melancolía, la de haber acompañado los pasos, las caídas y los amaneceres de quien siendo triste brindó alegrías, y de quien, alegre, ofreció las erupciones de un volcán que permanecerá encendido, sin abordar la nave del olvido y afirmando que será, ése juglar del pueblo que afirma que ya lo pasado pasado, y que querer no es lo mismo que amar.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Parasite, la obra maestra de Bong Joon-ho

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Ganadora absoluta de la Palma de Oro del Festival Internacional de Cine de Cannes en su edición 2019, Parasite es una obra descomunal que lo mismo es una amplia crítica social una profunda reflexión de la agónica posmodernidad del nuevo milenio. Dinámica, plena de humor y situaciones de albur, azar y suerte, la trama que presenta su director enfrasca esa cualidad de la incertidumbre que no planea y la planeación cerebral de una estrategia que lleve a una familia de clase baja en su contacto con la clase alta, hasta una posición de clase media, a la luz del trabajo como vínculo, de esta forma, la película efectivamente aborda las clases sociales como un pecado no quien las vive, sino de la sociedad que las permite, hiriendo en su paso el significado del ser y de la pertenencia en sus protagonistas. Bong Joon-ho, director que sorprendió con fuerza la panorámica del cinema universal con la angustiosa, dinámica e hilarante Snowpiecer, y que más tarde dividió opiniones de la crítica con su oda contra la manipulación genética Okjacimbro la más reciente edición del Festival de Cannes con una película puntillosa, pícara, llena de humor negro y angustia existencial.

 

Parasite despliega el talento de su director mediante un guión que a medida que desarrolla su trama, una comedia de simulación, donde los miembros de una familia, madre, padre, hijo e hija, ascienden su posición laboral suplantando personalidades creadas por ellos mismos, e incrustadas por artificios dentro de una familia de clase acomodada con ciertos intereses artificiales. Las vicisitudes de ambas familias, van uniendo nodos y conflictos que entre los aromas y hedores que pululan la desigualdad, la inequidad y la falta de oportunidades,  así como la ambición, la codicia y la súplica por una mejor vida, amparada ésta en una roca que por azar, llega a las manos de quien asume ser causa y consecuencia de la trama. La comedia avanza capturando a la audiencia generando reacciones de simpatía, empatía y rechazo, para gradualmente y una vez develados los varios secretos que se ocultan en el entorno, convertir el contexto de la sorna en una tragedia social que por una parte indigna y por otra parte arroja signos de una comprensión reflexiva, lo cual brinda a la película un sólido presupuesto narrativo.

Bong Joon-ho  demuestra su habilidad como narrador literal y visual, mediante secuencias orquestadas por una banda sonora estupenda, sino por la concatenación de emociones que suponen y crean a sórdida confabulación, las sólidas actuaciones de Son-Kang-ho, Lee Sun-kyun, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-shik, y Park So-dam, conforman un compendio interpretativo de naturalidad y pose, resultando en la venia, el corolario perfecto de una obra maestra de la cinematografía de finales de la presente década, que a su paso, consolida la carrera de su director. Las desigualdades como un punto de análisis, las tendencias por lo considerado importante, la supervivencia como catalizador de la creatividad, la complicidad fraternal, la aspiración como una iniciativa, la confesión no confesa y la reacción visceral ante la razón que no razona, resultan en una instintiva propuesta cinematográfica que además de cimbrar Cannes, cimbra las reflexiones en torno a la desigualdad económica y social universal.

El agua como significado y la lluvia como una señal, convergen los sentidos en una clara alusión al prejuicio como un detonante de fragmentación que etiqueta posibilidades y determina devenires, el plan que no debe siquiera concebirse, y el plan que siendo inexistente, termina siendo una luz entre la tormenta que sacude los recónditos escondites de quien se esconde de sí mismo; aunque pareciera que la cinta recurre a la moraleja, y en ello al castigo moral o a la justificación de las acciones, Parasite deja visos abiertos a la interpretación de la realidad y la imaginación de quien aspira convertirla en fantasía fugaz o en búsqueda permanente. Bong Joon-ho entrega así, una de las mejores películas de la década, en las cuales se encuentran ya otras de su ahora reconocido canon fílmico.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

MEMORIA: CAMILO, celebrando el legado del gran maestro

Por Iván Uriel Atanacio Medellín

Hijo predilecto de Alcoy, Alicante, valenciano por costumbre y tradición, español al corazón y al apego, lberoamericano desde el lenguaje y el sentimiento, universal, Camilo Sesto es una figura monumental en el firmamento musical latinoamericano, ícono de la cultura pop, ídolo de masas y músico consagrado, que alcanzó dominar a plenitud más de dos décadas de éxitos continuos y que a la luz de otras décadas más, al menos cinco, ha dejado un legado incuestionable como una de las máximas figuras de la música en cualquier género y lengua. Nacido en 1946, Camilo Blanes Cortés conformó un legado extraordinario de composiciones claras, sentidas y empáticas, que hicieron enamorar, sufrir y reencontrarse con el amor a diversas generaciones que hoy le rinden un merecido homenaje ante su partida.

 

Un explorador que abrazó no sólo al timbre de su poderosa voz el encanto de la interpretación, sino que sumó a ese talento el don de la escritura vuelta melodía, componiendo cientos de canciones que integran la banda sonora de los millones de seguidores que le rinden tributo. Camilo formó parte de ese corolario de intérpretes españoles que a finales de los años sesenta y a principios de los años setenta, dominaron la escena musical hispana, que tal como en México alcanzaban Juan Gabriel, José José o Vicente Fernández y en Argentina Sandro, Leo Dán o Leonardo Favio, en España el elenco se integró por el entonces ya reconocido Raphael, por la portentosa voz de Nino Bravo, el carisma melódico de Julio Iglesias, y las voces de Ángela Carrasco o Rocío Dúrcal, Camilo, sobresalió de todos ellos, por ser un cantautor que lo mismo tenía una voz prodigiosa, que canciones sugerentes a la audiencia.

Desde su debut en la industria con Algo de míen 1971 y hasta al menos 1983 con los himnos derivados de su disco Con Ganas, la seguidilla de éxitos pareció no detenerse o aletargar en los siguientes años, fue una vorágine de emociones tras otra, consolidando un repertorio impresionante, que más adelante a juicio personal por el apego mismo, me permitiré ubicar en 15 canciones que son mis favoritas de su listado. Al medio de ese torbellino, Camilo se atrevió a desafiar, aún en su incipiente carrera, los obstáculos que implicaba, entre censura, gobierno y dogma, la realización de la obra Jesucristo Superestrella en español, y lo hizo, con una actuación sobresaliente y una voz de altos rangos que aún puede escucharse en versiones muy loables como Getsemaní. Camilo Blanes más allá de la propia coyuntura musical, de grandes rivalidades y camaraderías, enfrentó en la cima de su popularidad, los contextos políticos de su propia patria, la España que transitó de la dictadura a la democracia, y los escenarios parecidos entre gobiernos dictatoriales, revueltas políticas y crisis económicas en América Latina.

El entorno propicio para la sensibilidad y el resguardo de figuras icónicas que por una parte confluyan ideales, o distraigan y entretengan las angustias de la realidad en las angustias de los amores personales. Camilo triunfó en el México del partido único, en el Chile de la dictadura, al mismo compás que en Argentina, o en el renacer de la economía estadounidense, pero también lo hizo cuando los contextos cambiaron en esos y otros países. Fue en el Festival de Viña del Mar en 1981, aquella considerada por muchos como la más grande de las veladas porteñas, cuando Camilo cimbró el escenario al interpretar Perdóname, tal como lo hiciera en Palma de Mallorca meses después al dedicársela directamente a su madre. Aquella edición del Festival de Viña del Mar, concedió una entrevista icónica para otro mito de su tiempo, Julio Iglesias. Quizá no se recuerde un recibimiento de ese tipo en el Festival, hasta que en 2012, el cantante mexicano, Luis Miguel recibiera la primera Gaviota de Platino de la historia, tal como Camilo, lo hiciera con la Gaviota de Plata. Los años setenta y ochenta, escucharon exitosos sencillos contenidos en los diferentes discos que configuran su canon musical, y que aunados a las décadas posteriores, completaron más de 40 álbumes editados entre grabaciones de estudio, recopilatorios y ediciones especiales, así como más de 100 millones de copias vendidas avalan el impacto popular que recibió el músico valenciano. De “Algo de mí” a “Horas de Amor”, incluyendo su enorme álbum “Amor libre”; de “Amaneciendo” a “Agenda de Viaje”, pasando por el éxito de “Con Ganas”, las primeras décadas de su historia como solista representaron la etapa cumbre del intérprete.

Es justo cuando edita su último disco de la década de los ochenta que Camilo decide hacer una pausa en su carrera, justo a los cuarenta años, para dedicarse a la crianza de su pequeño hijo, a su vida privada, y tomar un descanso al vendaval de los casi veinte años ininterrumpidos que delinearon cual artífice en lienzo su olimpo perpetuo. En los años ochenta, Raphael seguía grabando temas del maestro Manuel Alejandro, al igual que lo hacía quien había ya virado hacia el mercado anglosajón y universal, Julio Iglesias, Camilo, junto al nuevo escenario de la música española, vería llegar la faceta vanguardista de Miguel Bosé (a quien el compositor produjera su primer disco en los años setenta), el surgimiento de bandas de rock ligero como Hombres G, Nacha Pop, Hombres del Silencio, y el pop excelso de Mecano en voz de Ana Torroja, entre otras ofertas musicales. Para los baladistas tradicionales, amparados para ese entonces, principalmente en las composiciones de Pérez Botija, Roberto Livi, Manuel Alejandro, Juan Carlos Calderón y el propio Camilo, el advenimiento de una nueva etapa, representaba un reto creativo, bandas de rock como Soda Stéreo del maestro Cerati, Enanitos Verdes, o Caifanes en México, así como grupos pop conformados por adolescentes, desde Menudo en Puerto Rico, Parchís en España o Timbiriche en México, coparon el interés de nuevos compositores, y en sinergia a nuevas y nuevos baladistas.

En 1991 con Amor mío ¿qué me has hecho?, Camilo Sesto volvió a conquistar corazones y hacer acto de presencia, pero el mundo musical y el entorno que el mismo había atestiguado en cambios anteriormente, ahora se adentraba en diferentes géneros y propuestas, dejando su oferta musical a la valía más importante, la del tiempo. Los años noventa verían consagrarse a Luis Miguel, y afianzar en esa década y a principios de la siguiente, la carrera de solistas como Shakira, Ricky Martin, Enrique Iglesias, Christian Castro, Selena, Gloria Estefan (Solista) Chayanne (desde los años ochenta) Alejandro Fernández o David Bisbal, y cantautores como Alejandro Sanz, Ricardo Arjona, Juanes, y el propio Marco Antonio Solís, entre otros.

A principios de siglo, en 2002 Camilo publicó un tema polémico por su estructura, fresco por la letra, original a su repertorio, Mola mazo, aunque lejos de la crítica que atentó instigar decadencias, funcionó exactamente para lo que el divo requería, renovar su nombre y acercarlo al devenir que advertía. Quien fuera integrante de los grupos Los Dayson y Los Botines, en los años sesenta y asumiera llamarse Camilo Sexto primero y posteriormente Camilo Sesto, ostenta un caleidoscopio musical que incluye entre otros álbumes y sencillos, Amor, amar, compuesta junto a Lucía Bosé, y Fresa Salvaje de “Solo un hombre”1972; Todo por nada, de “Algo más”, 1973; ¿Quieres ser mi amante? de “Camilo” 1974; Jamás, Melina y Piel de Ángel de “Amor libre” 1975; Si tú te vas, Con el viento a tu favor, Mi buen amor, de “Rasgos” 1977; Vivir así es morir de amor, El amor de mi vida de “Sentimientos” 1978; y Si me dejas ahora, Has nacido libre de “Horas de amor” 1979.

La impronta musical dejada por Camilo entre aquel 1971-1972 en que Algo de mí irrumpiera la escena musical hasta la publicación de “Horas de amor” en 1979, da cuenta del dominio e impacto artístico en esa década por el histrión español más célebre de la autocomposición hispana. La siguiente década inició para el cantante con la edición de su álbum “Amaneciendo” 1980, Perdóname, Donde estés con quien estés, Insaciable amante; Amor no me ignores, Tarde o temprano, de “Más y más” 1981; Devuélveme mi libertad, Mi mundo tú, de “Con ganas”, dieron sello al inicio de una década que se vería impactada por el ya mencionado retiro del artista valenciano en 1986 tras la publicación de su disco “Agenda de baile”. Su regreso en 1991 con el disco “A voluntad del cielo”, significó el nostálgico viso de necesidad recíproca, que la melancolía del cantante y su audiencia necesitaban. En 1997 su recopilatorio “Camilo Superstar” se convirtió en el más exitoso disco de grandes éxitos en lengua hispana, en 2011 recibió el reconocimiento al Máximo orgullo hispano en Las Vegas, Nevada, y a su premio recibido en Estados Unidos , prosiguió una serie de conciertos por Iberoamérica. Camilo se convirtió en un clásico desde su lanzamiento, ícono de la balada y de la música pop en el momento exacto en que se daba la transición de las influencias del rock anglo, a la identidad musical hispana desde la lírica musical.

En 2018, Camilo Sesto, dio a conocer grabado con la Orquesta sinfónica de la RTVE, “Camilo sinfónico”, que contó con la participación de diversas intérpretes, un disco ideal para quien se caracterizada, además de sus letras poéticas y melódicas, portentosa voz, y uso de arreglos imponentes y orquestados, por mantener en la manera de sus posibilidades, una vida privada, alejada de los medios y atenciones de la prensa, lo que a la curiosidad le rubricó el marco de misterio trágico, triunfal e incierto, propio del auge, caída y redención de los mitos artísticos.

Miembro del salón de la fama de los compositores latinos, y sin duda, la mejor voz de los compositores hispanos, Camilo Sesto, el cantautor más exitoso de habla hispana, grabó aural su nombre en el historial de Hispanoamérica y el mundo, dejando grabadas sus canciones en la memoria de nuestros tiempos, hoy celebramos al gran maestro español recordando la heredad de su música.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

Cinescopio: Paul Thomas Anderson

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Anima, cortometraje dirigido por Paul Thomas Anderson y protagonizado por Thom Yorke, vocalista de la banda británica Radiohead, ha sido recientemente estrenado en plataformas digitales con una estupenda recepción, surrealista, visualmente impactante y pleno de una narrativa sugerente.

Con motivo de esta peculiar realización y ante la celebración del 20 aniversario de Magnolia, dedicamos CINESCOPIO a uno de los más celebrados y reconocidos directores de este siglo. Paul Thomas Anderson confirmó con Magnolia que su carrera, anunciada por Juegos de placer con tintes de genialidad, tendría una confirmación al trazo con Magnolia, no sólo a nivel cinematográfico, sino desde la perspectiva filosófica que contiene su narrativa. Sus siguientes películas fueron recibidas con entusiasmo, y fue sorprendiendo a medida que sus motivos y protagonistas, aparecerían lo mismo para generar asombro que comprensión, Adam Sandler sería su siguiente opción, en una de sus mejores actuaciones, Embriagado de amor, y tras una tibia recepción vendría su obra maestra Petróleo sangriento en cuyas vicisitudes encarnaría el gran Daniel Day Lewis, Anderson había construido un canon fílmico variado y por demás interesante para ser estudiado en las distintas escuelas de cine, muchas de las cuales consideran al director californiano como uno de los mejores directores de su generación y de nuestro tiempo.

En Cigarrillos y café, Anderson relata un suceso coral unido por tres historias en torno a un billete de 20 dólares, el cuál, más allá de la valía financiera alta o no, conjuga un serial de sucesos azarosos vertidos en la paradoja, la tragicomedia y el humor involuntario de la suerte y la intención cuando son definidos por la circunstancia. La telaraña tejida en torno a un suceso, los pequeños detalles entre vidas que se tocan y los accidentes que las unen, se verá reflejado en Magnolia, de la misma forma que la ambición tendrá tintes futuros en Petróleo sangriento, y el juego de la vida como un hado de casualidades estará de manifiesto en Juegos de placer. Con Cigarrilos y café, Paul Thomas Anderson, como la mayor parte de los cineastas experimentales e independientes, invirtió sus propios recursos para financiar la cinta, y reunir al elenco así como conseguir el equipo necesario convirtió la realización en un caos que como resulta, ofreció un corto que causo sensación en diversos festivales, abriendo la puerta a Anderson para que la fundación del Festival de Sundance apoyara sus siguientes realizaciones, incluyendo su ópera prima, Hard Eight también conocida como Sidney, que narra la historia de un buscavidas del juego que en cuyo camino topa un necesitado de dinero, parvedad y deseo convergen unirse para obtenerlo, en uno el enigma de ansiar seguir jugando, en otro la necesidad de atender el funeral de su madre, en ambos la necesidad de alcanzarlo.

Dentro de las 8 películas que ha dirigido P.T. Anderson, la banda sonora ha resultado fundamental en todas y cada una de las cintas, sea por la música incidental o por la banda sonora ex profeso, cada obra del canon Anderson porta un sentido melódico peculiar y estrictamente calculado por el autor, y si algún compositor ha capturado la esencia del director, es sin duda Jonny Greenwood, compositor y guitarrista de la banda británica de rock alternativo Radiohead, una de las más célebres agrupaciones de las últimas tres décadas.

En Junun, Anderson despliega sus dotes documentales con una narrativa que apela más a las intenciones que inspiraron el álbum que a los objetivos de su lanzamiento, es decir, se anida en los porqués de la música desde su composición y de la esencia misma de la música como lenguaje. La audacia de Anderson para describir las emociones, la inspiración y la energía desplegada en la grabación, resulta deslumbrante, haciendo de Junun uno de los documentales más desafiantes de la década y una de las principales obras testimoniales referentes a la grabación de álbum alguno.

Adaptación de la novela homónima de Thomas Pynchon, Puro vicio es una película ambientada en los años setenta, época que parece ajustarse a los preceptos de Anderson para desarrollar sus realizaciones. La resolución de un caso es el motivo de la cinta en un primer plano, el vicio, cigarro, mariguana y deseo, el complemento; sin embargo, la secuela de dudas que abre sin cerrar una a otra, parece inferir en el espectador, una sensación de decadencia que se vive desde la interpretación de Phoenix, en la medida en que el vicio inherente, es también una incapacidad del personaje por desapegarse del pasado y bloquear así mismo un presente que no ofrece al detective Larry, las salidas al laberinto de un caso que ha tomado más por orgullo que por interés.

The Master una película alucinante, dura y puntillosa respecto de los fanatismos, cultos y adoctrinaciones que lo mismo atraen y captan, que recelan y alejan a quienes por una parte lo practican y por otra lo sufren practicando, un viso que no es exclusivo de culto alguno y más bien una observación universal de los mismos.  En general se considera  a la dianética y a su fundador como el referente de Anderson para escribir su historia, y, aunque fuese así de primera instancia para Anderson, desde mi punto de vista va más allá de una crítica concreta para abrir los recintos de la reflexión y de la necesidad del ser humano por encontrarse en un grupo, encontrar respuestas, hallar soluciones a la angustia existencial. Ésta será la sujeción que unirá personajes, trama y mensaje, una búsqueda de esperanza y encuentro, situada en la ambientación de los años cincuenta, Anderson, quien logra presentar sus relatos en distintas épocas, explora la alteridad entre maestro y alumno, de pastor y rebaño, de gurú y devoción, en una época caracterizada por un ambiente ambivalente, los dejos de una guerra, los vientos de triunfo y el espejismo real o ficticio de etapas nuevas. En esa sinergia de acciones y reacciones, están presentes la supresión, la autodestrucción, la pretensión y la expectativa de quien ofrece y quien recibe, haciendo de esta película una espléndida obra sobre los límites y extremos de la condición humana.

El hilo fantasma, es una poesía lírica, emotiva, profunda, desgarradora desde sus silencios, tenue de dolor en sus no dados abrazos y una original pieza romántica no convencional, así podríamos definir a la última actuación de Daniel Day Lewis en la gran pantalla. Inmerso en este conflicto interior, al cuidado vigía de su hermana, interpretada por Lesley Manville, en una exquisita actuación, no escapa de la posesión del amor que lo mismo intoxica que cura, que lo mismo envenena que sana, el amor que llegará, como un fantasma que no avisa pero se advierte, a través de Alma, caracterizada por Vicky Krieps. Reynolds Woodcock ha pasado su carrera dedicado al más mínimo detalle, al meticuloso arte de zurcir, bordar, diseñar, aplicar, pegar, colocar, pieza a pieza, botón a botón, al hilo invisible de una aguja que enhebrando la ilación de un vestido como si fuesen etapas, momentos, situaciones, recibe los halagos y a su vez el vacío de la soledad.  Es ahí, en ese juego solitario de pretender estar solo, anhelar estarlo o estarlo porque no hay alternativas, donde se anida la perfección de Day Lewis como actor, su actuación es un poema de la interioridad que se confronta ante los ojos del otro, de ese otro que despierta lo que estaba dormido, que es capaz de dar vida al sentido de matarlo y revivirlo al mismo tiempo, primero en el engaño, después en el consentimiento de quien se abandona en el sentir, en el deseo, en ese hilo fantasma que teje las relaciones y los apegos.

En Juegos de placer, la segunda cinta coral de Anderson, una aproximación puntual e hilarante que retrata con alta fidelidad una época y su contexto. El ascenso, el auge y la caída, como proceso natural, artificial o inevitable de la industria cinematográfica, sirve como palestra para analizar las vertientes que el cine y el sexo ofrecen desde el capital, al tiempo que detalla como una calenda de hechos factibles y supuestos, el paso de una década a otra y la percepción de su protagonista que, como si fuese un observador, ve incrementar y disminuir sus oportunidades como si el éxito se agotase al obtenerse.

Petróleo Sangriento ha sido considerada de igual forma como una de las mejores películas del siglo XXI, la mejor quizá de la primera década de la centuria, y el legado de Daniel Day Lewis a su trayectoria, y es que no podemos separar la lírica aguda, precisa y operística de Paul Thomas Anderson, de la interpretación del actor británico. La fiebre del petróleo, su anhelo, la búsqueda permanente y desesperante del elixir negro que nace del mar y de la tierra, la persecución de su emerger y la industria que conllevan el mercar el capital y su riqueza, forman el corolario para la relación de Plainview con su hijo adoptivo por circunstancia H.W., y con Paul Sunday o Eli Sunday interpretado a dualidad por Paul Dano. Dualidad que se enfrasca en la propia fe de un pueblo por su iglesia, en el fanatismo que converge en la fe y en la propia ambición. Una de las mejores actuaciones de la historia, reconocida por propios y extraños como el retrato perfecto de una interpretación en pantalla, el Daniel Plainview de Day Lewis es un personaje complejo, intempestivo, lo mismo predecible en el actuar que impredecible en el sentir, rudo y calculador, insostenible ante la espera y persistente en la búsqueda, el personaje alcanza matices sólo compatibles con la cátedra actoral de un consumado maestro.

Magnolia gravita momentos realistas, crudos y desconcertantes, lo mismo que pende intervalos surrealistas vestidos de existencialismo, desazón e incertidumbre, la causalidad y el azar agobian y liberan, castigan y redimen las cuitas de la vida como un caleidoscopio doloso de soplo y aliento. Paul Thomas Anderson condensa la caída de la posmodernidad y su pesquisa de identidades en una pieza de dolor, arrepentimiento, vacío y desesperación; cada uno de los personajes interconectados con la casualidad, con la casualidad o con el infortunio, portan en sus líneas y sobre todo en sus expresiones, la suma de todos los miedos y ansiedades que la falta de cariño, apego y motivos corresponden. La búsqueda de un estado de felicidad que parece no existir, la resignación, el sueño lúcido o las máscaras que cubren las secretas intenciones caracterizan las notas musicales de una canción compartida, de una risa amable, de una petición rota, de un intento fallido y de las buenas acciones sin objeto ni sentido. Magnolia es una bella página en la historia del cine contemporáneo, bella aunque duela, bella aunque asuste, bella aunque en sí misma parezca deplorable o poco atractiva. La pléyade de grandes actuaciones deja su huella como si el papel fuese ese lienzo en donde caben las mareas, los temblores y el arcoíris al final de la tormenta. Julianne Moore, John C. Reilly, Phillip Seymour Hoffman, William H. Macy, Felicity Huffman, Jason Robards -en su último papel- entre otros, acompañan la poderosa, cínica, sensible y quizá mejor actuación en la carrera de Cruise, para hacer de Magnolia una de las mejores películas de la década, una reflexión individual y colectiva a la paradoja, a los sentimientos, apegos, a la confirmación de un gran director y al advenimiento de una lluvia impregnada de los más vacíos aromas posmodernos.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

 

 

Cinescopio: Orson Welles

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

El ciudadano Kane, ha sido considerado por críticos, cinéfilos, investigadores y académicos cinematográficos como una de las más grandes películas de la historia, desde 1952 y hasta el año 2012 cuando Vértigo de Alfred Hitchcock tomó la estafeta, la obra maestra de Orson Welles fue considerada por la prestigiosa publicación Sigth and Sound como la más importante cinta de la historia. Estrenada en 1941, causa de revuelo, debate y polémica, la obra maestra del entonces joven director norteamericano, irrumpió blasones propios generando lo mismo asombro que desconcierto en diversos sectores del poder y la prensa. Pero el asombro no sería una consecuencia en sí mismo, sino el fiel reflejo del arte del maestro nacido en Kenosha, Wisconsin durante la primavera de 1915.

Welles cobró notoriedad desde el inicio de su brillante carrera, en el teatro obtuvo reconocimiento, en la radio revolucionó los contenidos virtuales que podrían considerarse reales desde el talento mismo de quien diera vida al micrófono, y con una sonora voz  suelocuente descripción en 1937 de “La guerra de los mundos”, logró que la novela de H.G.Wells, impactara de forma descomunal a la población al escuchar su transmisión radial, gente salía despavorida de sus casas o se resguardaba en ella, aterrada por los acontecimientos derivados de una invasión que solo sucedía en la imaginación del genio.

El derroche de talento e histrionismo de Orson Welles, adquiría la admiración y el reconocimiento inmediatos, lo que llevó al también director a dirigir y protagonizar la épica cinta que narra las cuitas de Charles Foster Kane.  A partir de ese momento y con sólo 25 años, Orson Welles transitó de la admiración al rechazo, del apoyo de la industria a configurar su propio cine independiente, y de la consideración de un hito norteamericano al exilio. Decenas de películas sin completar, centenares de secuencias y escenas incompletas, proyectos difusos entre sus propias cavilaciones de perfeccionismo, llevaron a Welles por la senda del mito. Su dedicación casi obsesiva por cada proyecto es tan famosa como su extraordinaria innovación, así como el carácter de sus personajes que impregnan situaciones límite, caracterizaron la portentosa obra de un cineasta que fue capaz de brindar un viso único a la fotografía en cada ángulo dirigido, así como a construir desde su propia invención un nuevo lenguaje cinematográfico.

Una sobria personalidad, atuendos perfilados por las gabardinas y los sombreros, el puro ensortijado de ansiedad y la quietud contrastante de sus pasos, son algunos de los distintivos del personaje que en sí mismo era Orson Welles.

Fue en 1985 cuando el maestro murió en Los Ángeles, California, y con él se anidaban en el misterio diversas producciones que aguardaban una conclusión indefinida. Es entonces que la realización de “El otro lado del viento”, se convirtió en todo un suceso, desde su inicio a principios de la década de los años setenta, hasta su conclusión final, o al menos así considerada por los allegados al proyecto, cuatro décadas después. “El otro lado del viento” fue estrenada el pasado otoño, con reacciones en su mayoría positivas, un festín visual que intercala el asombro, la nostalgia, la sensualidad y el atrevimiento del director en su testamento fílmico.

Uno de los mejores directores de la historia, para muchos el mejor, estrenada a más de treinta años de su muerte, su obra póstuma, al menos, la última cinta que filmó y la más reciente en ser concluida y restaurada desde sus negativos. El estreno ha generado en la previa gran expectación, y las escuelas de cine del mundo entero dispusieron atestiguar el auténtico acontecimiento que significa contemplar una película vestida por el anhelo, la ilusión y la magia del cine que presenta esas realidades alternas que no sabemos si son realidad o fantasía.

CINESCOPIO dedica esta entrega a modo de  homenaje a Orson Welles con motivo del estreno de “Al otro lado del viento”, y hacemos un recorrido por la fascinación que revisita las apoteósicas secuencias y brillantes actuaciones que definieron el estilo sobrio, visionario y operístico del imponente director.  La búsqueda y el encuentro que forman una constante de Welles, en “F de falso” adquieren sentido desde la percepción, el director nos invita a descubrir la verdad desde los hechos, la historia creada y recreada desde el arte y sus creadores, del escapista y su ilusión, el arte que vemos como mentira o verdad, la fabricación del fraude o de la propia realidad.

La declaración del director acusa directamente y con elocuencia, la magia, ilusión y fabricación de la verdad desde la realidad que confiere la apuesta por confiar en lo falso, que el propio cine antecede a la audiencia. Con “Otelo”, por ejemplo, Orson Welles continuó su exploración cinematográfica por la obra de William Shakespeare, la cual había iniciado unos años atrás con la realización de la espectacular cinta «Macbeth». Welles apostó por protagonizar él mismo la película, y recurrir al maquillaje y caracterización para conformar su personaje, incluso ante la falta de recursos, misma que había definido algunos utensilios e implementos como la corona de Macbeth, repetida en anécdotas y vicisitudes  en la filmación de “Otelo”.

En el teatro, Welles trató siempre de apuntalar con fuerza cada obra de Shakespeare con precisión y magnificencia, pero una vez detrás de las cámaras, ofreció el aporte único que no podría ofrecer la sala de teatro, la profundidad de los paisajes, el juego de luces de las emociones, el blanco y negro sepulcral y a la vez elegante, y los efectos visuales y de sonido que el movimiento de la imagen imprimiría al clásico. La profecía del poder delegado por el hado, los significados y conceptos líricos, la sobrenatural intervención del destino como consigna, omnipresente en la obra de Shakespeare, la dualidad humana y divina, y en la propia divinidad la maldad y el bien que se bifurcan en la predestinación, convergen el suicidio, la traición y la tragedia.

Obra maestra de la cinematografía de mitad de siglo, y referente fundamental del cine de la posguerra, “El extranjero” es una de las primeras sino la primera película que ofrecía a la audiencia en general, escenas reales a modo de vestigio del holocausto y la búsqueda en cierto flujo de persecución, de aquellos criminales de guerra que habían huido hacia diversos países, en especial al continente americano. Con esta premisa de culpabilidad y castigo, de escape y búsqueda, Welles ofrece una trama pletórica de detalles y símbolos propios de la época, lo que la convierte en una fuente de información contextual para quienes investigan la aproximación del cine hacia las consecuencias de la guerra, de los motivos y acciones que desencadenaron uno de los tópicos más dolorosos del conflicto. “El extranjero” hace referencia a un momento histórico, y con sutileza hace un gesto de pérdida de la inocencia política desde lo individual, con la prometida que debe asumir su futuro esposo es un criminal del guerra, y la del pueblo, que ha depositado la confianza en el maestro, en ambos casos, la referencia de la geopolítica emerge con asombro, y para esa acción, un mismo plano secuencial, la muestra gráfica de folios del holocausto que, desde el rostro de Edward G. Robinson,  ilustra lo mismo que aterra, sin duda, una película fundacional.

El reflejo multidimensional de un espejo, la infinita probabilidad de la imagen, la imponente presencia de Rita Hayworth, la intriga, el crimen, las prebendas a beneficio y la seducción, integral el insumo ficcioso de esta extraordinaria cinta de cine policial, que se convirtió en un hito de la cinematografía universal. La influencia de “La dama de Shanghai” es incuestionable, directores y directoras de distintos géneros han tratado de emular el logro cinematográfico del director nacido en Wisconsin. El personaje de mujer hábil, decidida e incluso fatal que retrata Hayworth, rompió muchos esquemas en su tiempo, y permitió a la actriz desplegar su capacidad histriónica generando diversos debates e incluso el rechazo de algunos círculos cinéfilos.

Adaptación de la novela ganadora del premio Pulitzer, autoría de Booth Tarkington, y ambientada a principios del siglo XX, “Soberbia” fue la segunda película dirigida por Orson Welles, y representaba el reto directo por emular el logro cinematográfico que había implicado su primera cinta. De igual forma, la película se convirtió en la primera adaptación literaria del director, lo cual sería recurrente en la gran mayoría de sus obras, las cuales basarían su óptica visual como intervención imaginaria sobre un texto primigenio. Finalmente, para concluir la serie de primeros sucesos en la carrera del director al filmar “Soberbia”, ésta significó su primera experiencia como director sin protagonizar la película, remitiéndose por entero a su labor como director, y por otra parte, acusó ser la primera cinta en cuya mayor parte del montaje final, contó con la intervención a ultranza de los productores, dejando el sensible gesto de insatisfacción que sería a posteridad un calificativo para el estado emocional del director.

“Campanadas de medianoche” ha sido reconocida por la crítica como una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la obra de William Shakespeare, en especial, por la concatenación de diversas obras en una; en torno del personaje Falstaff, Welles incluyó en la realización, pasajes de Enrique IV, Enrique V y Ricardo II entre otras, y lo hizo configurando la traición a la amistad como una tragedia de la inocencia, la ambición y las confabulaciones. Destacando la actuación de John Gielgud como Enrique IV y de Orson Welles como Falstaff, en la probable mejor actuación de su carrera, Welles consagró la cinta en el Festival de Cannes, y convirtió la adaptación en su película más personal, la más apreciada desde su propia consideración. El humor involuntario y trágico de la evasión a discreción de la otredad, lacera por completo la interioridad de Falstaff y le hace habitar la soledad en plena batalla.

Sembrar el mal y cosechar el bien resultaría una suma de factores cuyo resultado pareciera imposible o de origen perverso, irreversible, incomprensible a la luz de la ética y del bien como propósito, el mal de la corrupción anidado, dirigido y aplicado por un sistema, “Sed del mal” es una extraordinaria película que sitúa los sucesos en las horas del día y de la noche, oscura y progresiva, denunciante y encubridora de los males sociales. Situada en la frontera entre México y Estados Unidos, “Sed del mal” presenta una policía sumida en la corrupción en ambos lados de la aduana, en una coludida relación de intercambio de favores y generación de negocios que ante el poder de las influencias, procuran guardar en la intimidad de los separos. La secuencia inicial es perfecta, directa y sin cortes, la cámara inicia casi a ras de suelo y culmina en una toma panorámica mientras al fondo, al frente y al medio de los planos, gracias al efecto de profundidad de una toma que capta los movimientos y acontecimientos que se suceden uno al otro narrando la trama sin narrador y sin audio, permiten disfrutar la ambientación, y sumergen al espectador en el entorno que vivirán los personajes como un espacio definido por las circunstancias.

Obra maestra por excelencia en la cinematografía de Orson Welles, “El ciudadano Kane” es la película más alabada, reconocida, comentada y analizada de su canon, y sin duda, una de las más celebradas películas de la historia. Considerada como mencionamos al inicio por la revista Sigth and Sound por más de cinco décadas como la mejor película jamás filmada y de igual forma reconocida como la mejor película estadounidense acorde al AFI, American Film Institute, “El ciudadano Kane” es la historia de un hombre que pasó de la nada, al surgimiento, del surgimiento al auge, y del auge a la caída para culminar cual ciclo en la nada, y todo, amparado en el misterio y la suposición arrojadas a la avaricia, la ambición y el poder.

Una palabra bastó para encumbrar el enigma de la película “Rosebud”, y una acción para determinar la atemporal carga emocional del personaje Charles Foster Kane, que será narrada de forma no lineal bajo los acuses de su pasado y presente, desde la gravedad que transita el caer de una bola de nieve al soltarse de las manos del protagonista. Un susurro, un murmullo de la vacuidad del alma al desprenderse de la vida, asienta la consigna de la palabra, y presenta a la audiencia el ineludible recorrido por la vida del personaje. Inspirada en las cuitas del joven Werther, descritas por el genio John Wolfgang Von Goethe y en especial de su “Fausto”, “El ciudadano Kane” sufrió en su estreno la acometida del imperio de los medios representado por William R. Hearts, quien sintió aludirse ante la historia de vida de un magnate que comenzó en la pobreza y cayó en la levadad del poder una vez alcanzado el magisterio de su imperio.

Megalómano, obsesivo y ambicioso, Kane logra financieramente amasar una fortuna y posicionar un medio, pero carece de aquello que le da sentido, de lo más elemental, y sin revelarlo, deja una palabra al aire que parece remitir a un trineo, ese que el niño jugaba cuando en realidad fue feliz. Kane representa el amor que se obtiene y se pierde, el valor de lo obtenido, los sueños rotos, la frustración de vivir la insatisfacción continua, la salvedad de los años felices, la avaricia, la ambición, y el desapego que se olvida para luego volver bajo el cristal de un recuerdo, aquello que fue y quedó conformado por las letras que en una palabra, significan la búsqueda y el encuentro.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

MEMORIA : Orson Welles “Al otro lado del viento”

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

En 1985 cuando el maestro murió en Los Ángeles, California, con él se anidaban en el misterio diversas producciones que aguardaban una conclusión indefinida. Es entonces que la realización de “Al otro lado del viento”, se convirtió en todo un suceso, desde su inicio a principios de la década de los años setenta, hasta su conclusión final, o al menos así considerada por los allegados al proyecto, cuatro décadas después. “Al otro lado del viento” fue estrenada el pasado otoño, con reacciones en su mayoría positivas, un festín visual que intercala el asombro, la nostalgia, la sensualidad y el atrevimiento de un director en su testamento fílmico.

 

Uno de los mejores directores de la historia, para muchos el mejor, estrenada a más de treinta años de su muerte, su obra póstuma, al menos, la última cinta que filmó y la más reciente en ser concluida y restaurada desde sus negativos. El estreno ha generado en la previa gran expectación, y las escuelas de cine del mundo entero dispusieron atestiguar el auténtico acontecimiento que significa contemplar una película vestida por el anhelo, la ilusión y la magia del cine que presenta esas realidades alternas que no sabemos si son realidad o fantasía.

 

Dos historias, dos planos narrativos, dos intenciones, dos secuencias paralelas, dos destinos, dos resoluciones vertidas en la dualidad del otro lado del viento, ¿es posible que el viento tenga dos lados? O será que acaso el viento separa el espacio en dos dimensiones distintas, Orson Welles enhebra su última película con una extraordinaria yuxtaposición de imágenes que narran el último día en la vida de un director del cine que ante la muerte, presenta la inminente relación de su obra y personajes. Por una parte observamos la jornada del director que agónico atestigua el estreno de su cinta, un aspirante a director que le confiere la admiración y el espejo a reflejo de su arte, y una trama que en pantalla muestra la seducción de una pareja que se vierte con la sensualidad, el deseo y la humedad de cuerpos sugerentes y escenas cargadas de erotismo y vacuidad.

 

Protagonizada por el legendario John Huston, y por la entonces sensación cinematográfica Peter Bogdanovich, “El otro lado del viento” muestra en su personaje central femenino, a la escultural Oja Kodar, quien además de modelo y actriz, guardaba una estrecha relación con el director. Huston, consagrado director asume su papel con total sobriedad, lo vive, es parte de su historia, Bogdanovich de igual forma, encarna a la perfección, al crítico ensayista que logra tras el lente consolidarse como director, mientras Kodar ofrece una fuerza de impactante energía sexual que rebasa el tenor tradicional de las cintas de Welles.

 

Una suerte de redención cinematográfica, prosigue con giros visuales y vaivenes estéticos que no dan respiro al espectador, y que, sin agotarlo, aún le permiten experimentar la contemplación como acuse artístico del director. El resultado es una interesante propuesta cinematográfica que conjuga escenas capturadas, ideas y proyectadas por su autor durante cinco años de filmación y otros más en el proceso de edición y re-edición, que no concluyeron con su muerte sino ahondaron el trabajo de quienes participaron como el propio Bogdanovich o Kodar, así como de Beatrice Welles, hija del director, quienes aún entre la bruma del conflicto y el recelo familiar y profesional, dieron a bien la conclusión de esta cinta peculiar.

 

El viento como significado, la dualidad como integrador de su fugacidad, y el legado como un vínculo entre artista y su obra, pareciera ser un testamento fílmico de auto referencia o identificación, que brindan una posible autoafirmación del director sobre su propia personalidad afable en lo social y reticente, obsesiva y perfeccionista tras la lente y al frente de las cámaras que consolidaron su arte y su legado. “Al otro lado del viento” se presenta como una promesa, aquella que se anida en vincular dos intenciones, dos realidades, dos encuentros.

 

Cuatro décadas de preparación, y más de 30 años de hiato, convirtieron “Al otro lado del viento” en un clásico instantáneo, una película testamento que no la última que podríamos ver del cineasta que dejó tantos proyectos abiertos como puntos suspensivos, una invitación constante como legado de uno de los más grandes cineastas de la historia.

 

Al Otro lado del Viento

Dir. Orson Wells

Estados Unidos, 2018

 

 

Iván Uriel

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

 

Cinescopio: Kurosawa

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Maestro del discernimiento y de la ambigüedad, de la ética y la moral, de la rebeldía y el heroísmo, de la lealtad y el apego, de la vida y la muerte, del letargo y la esperanza, Akira Kurosawa exploró los rincones de la condición humana desde la dicotomía, la confusión y la identidad, el destierro y el arraigo, el debate y la confrontación de la interioridad. Sus películas, situadas en distintas etapas históricas y en distantes emociones generacionales, Kurosawa amalgamó las reacciones del ser humano ante su circunstancia, fuese en el Japón feudal, en el Japón del Siglo XIX o en Japón de la posguerra, fuese en el entorno rural o urbano, el maestro definió un estilo narrativo que permeó las interpretaciones de sus actores.

La estructura dinámica de sus guiones, el despliegue artesanal de sus secuencias, los tintes majestuosos de instrumentos técnicos y los imaginarios creativos que acompañaron su música a un instrumento, su colorida cinematografía y una edición pertinaz, que lograron genuinas epifanías cinematográficas. Pocos directores han logrado influenciar una auténtica escuela de realizadores, John Sturges, Sam Peckinpah, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, George Lucas, Peter Jackson, Richard Donner, Antoine Fuqua, Sergio Leone, Quentin Tarantino entre otros, avocaron referenciar e inspirar algunos de sus trabajos en el realizar japonés.

La fuerza de la naturaleza mediante la lluvia, el viento, el fuego, el agua y el aire, o la fuerza del temperamento y el carácter desde la calma contemplativa hasta la ira y la locura, rebosan los planos, ángulos y tomas a varias cámaras que caracterizaron su quehacer fílmico. Kurosawa recurría a la decisión como un fin y a los escenarios como un horizonte de perspectivas, el destino como determinación, la rebeldía como una suerte de liberación del albedrío, y las posibilidades duales del fallo a decreto del personaje, y a la consideración última del público, cobardía o valentía, villanía o heroísmo, prisión o libertad.

La posibilidad de la redención ante el crimen o el arrepentimiento ante una acción, procela el perdón a la culpa y la compasión piadosa del doliente, la indulgencia está presente como un antídoto al indolente devenir de la realidad, aún sea la trama una fantasía. El realismo social logra desde el misticismo hacer una crítica puntillosa y un manifiesto de preocupaciones ante el sufrimiento acaecido en la guerra, y el mundo dividido por la posguerra. Sus lienzos fílmicos poseen la cualidad de los cuadros estáticos en cuyo interior suceden los movimientos dinámicos del sujeto, no hay objetos en Kurosawa porque todo vive en sus películas, con un pródigo sentido animista de todo aquello que reside su escenario.

En Cinescopio celebramos la trayectoria del maestro japonés apuntando los dejos de una filmografía espléndida, llena de matices coloridos en su narrativa, vertida al blanco y negro de su ambigüedad, y a la profundidad de sus personajes. Kurosawa explora, la identidad, el honor, la cobardía, la inocencia, la valentía y el arrojo que denota la alteridad entre personaje y destino. El viaje del héroe que denota la base sustancial del mito poético, se plasma con los tintes particulares que firman sus lienzos. La genialidad narrativa de “Rashomon” 1950 con toda su dualidad contemplativa, la gallardía justiciera de “Los Siete Samurái” 1954 y la búsqueda de sentido en “Ikiru” 1952 por citar algunos ejemplos.

El prejuicio y la posterior inculpación por escrúpulo, termina siendo una fuerza de animosa sinergia que resulta una delirante mirada a la búsqueda como sentido del porvenir, de la empatía como una opción ante la duda, y la complicidad como el gesto compasivo de la alianza. Toshiro Mifune encabeza el histrionismo del maestro con una cátedra tutelar en cada cinta,  sumando su particular empatía, atracción y carisma, al tinte coral de un reparto que logra la audiencia se vea inmersa en su indagación sin cavilar la duda como el sello permanente de su relación, mientras afianzan a las consecuencias sus causas. En Kurosawa la teoría de juegos presenta una tabla de actores, circunstancias y posibilidades, que consiguen en la audiencia, apelar a la resolución desde distintas aristas -el deber ser-deber hacer- la lógica no tiene cabida y la ética enfrenta la neblina de la decisión. “Los Siete Samurái” por citar una de sus obras maestras, es una historia de justicia orientada en la redención del forajido, que remembra las andanzas caballerescas y los románticos cantares medievales, donde la amistad que alía ideales y motivos, la venganza como una suerte de revancha solícita, el ímpetu individual que converge la comunitaria demanda de protección, y un fuerte sentido de pertenencia, definen el concepto creativo que inspiró distintas versiones y secuencias a posteriori en el cine universal, e tema de fondo en esta obra monumental, es sin duda la emancipación, y lo aborda desde la libertad como anhelo, la ética solidaria con el ímpetu revulsivo de la solidaridad y el estandarte del heroísmo.

 “Trono de Sangre” su aproximación hacia la obra de William Shakespeare, libre adaptación del clásico “Macbeth”; “Ran” una de las más bellas cintas jamás fotografiadas, con un vestuario pletórico de colores y detalles cotejados por una fiel investigación histórica; “Yojimbo”, que hace referencia al contexto histórico en franca relación, por una parte con la percepción social del periódico histórico que explora, como de la cosmovisión social de su tiempo, o la misma Ikiru, “Vivir” quizá la película más humana de la filmografía de Akira Kurosawa, son una muestra poética de profunda introspección desde la desilusión y el desamparo, y a su vez, un canto esperanzador hacia la vida desde los apegos más íntimos.

Kurosawa presenta un razonamiento de abandono cuando el personaje ha perdido a su pareja y su hijo, no tiene deferencia alguna hacia él pues no tiene cabida en el pensamiento más que la directriz del egoísmo. El director encuentra el sentido de la vida en el apego más próximo, el de uno mismo hacia el otro y del otro hacia uno mismo, la alteridad que atiende experimentar desde los sentidos y aprehender la existencia desde el sentimiento. “El Ángel Ebrio” y la obra de arte “Rashomon” conforman la estructura de relatos que aprovecha el quit moral de su trama, para expresar el sentir de una derrota y las versiones diversas que se suscitan ante los acontecimientos de una guerra que destruyó cimientos anímicos y reconstruyó al mismo tiempo los frisos de la consciencia nacional desde su revisionismo. En “Rashomon” la trama es contada desde la perspectiva de diversas voces que suman el caudal orfeón que advierte dilucidar la realidad al punto de vista y la verdad a la intuición, cada personaje tiene en su relato la culpa, la inocencia o la omisión, y cada uno a su modo, relata las versiones particulares que se vierten como un horizonte de sucesos inacabados pero conexos en los hechos.

Kurosawa, presenta planos secuenciales que desafían la línea narrativa desde la reinvención del relato mismo, el orden y el caos de la historia, adquiere distintos números al índice de la película, el público puede ordenar y desordenar los episodios y aun así no llegar a la verdad, quizá, porque cada versión tiene una parte de mentira y una parte de verdad, quizá porque la confusión se deja al espectador como el resultado de la guerra misma, donde se escribe desde el punto de vista del vencedor sobre el vencido, o del impune sobre el proscrito.

Ganador del León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia, del Globo de Oro, y del Premio Óscar entre otros, Kurosawa cimbró la segunda mitad del siglo XX, con un viso extraordinario al cine universal, que aunado a Ozu y Mosoguchi por citar algunos realizadores, sentó las bases de la heredad del cine japonés en el mundo.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

CINESCOPIO : INGMAR BERGMAN 

 

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

Un viaje sin remos amparado en bregar la brega del amor ideal y anclar la utopía de la fuga como una liberación más que un escape, así resuenan las imágenes del canon que legado el maestro Ingmar Bergman, en él convergen materia y naturaleza representadas por sus personajes, situados en el espacio tiempo de sendas tiendas de abacería, donde la cotidianidad hace de las estaciones y sus cambios, los giros de cuerda que aguardan suceda el sol ante el frío y las estaciones se hagan.

 

Ícono máximo del cine sueco, maestro de lo íntimo vuelto universal, Ingmar Bergman reflejó las relaciones humanas como un viaje a la interioridad e hizo de la mirada, un espejo que confluye, envuelve y recita desde su reflejo, las aristas más vulnerables del ser humano y su relación con la existencia que habita y comparte. Su cine se convirtió en un referente de la insatisfacción que se vierte cuando las preguntas perennes encuentran respuestas sin reacción, o por lo contrario, del gozo que genera la inmediata resolución de los conflictos que les anteceden, en todo caso, es un cine de viaje, de búsqueda y encuentro.

 

Ingmar Bergman | Foto: http://www.ingmarbergman.se

 

Bergman dedicó varias décadas de su vida a proyectar en la pantalla, el ansia de la persona por asumirse como tal, por inquirir ante la duda, y concluir la expectativa ante el desencanto. Su viaje alcanzó lo más profundo del ser hasta cimbrarlo frente al mar y ante la muerte, y a llevarlo por una revisión de lo vivido, captando el sentido de la vida ante el desahucio, mostró la valía de una sonrisa que se esconde bajó la alcoba ante el drama, o del deseo que prevalece rente al letargo de las relaciones nacidas de lo que fuese alguna vez amor y concluyó siendo un acuerdo.

 

Oriundo de Upasala, Suecia, Bergman recibió los galardones más codiciados de la industria y crítica fílmicas, los cuales por más que merecidos, no alcanzan a medir el grado de admiración de su público, ni la valía igualmente profunda, analista y expectante de su auditorio. Bergman se adentró a los rincones de la mente, ahondó en los rincones de la subjetividad, plasmó las inquietudes existenciales, las angustias religiosas, las ávidas respuestas espirituales y los senderos profusos de la muerte con la paradoja de la vida en sufrimiento.

 

El director delineó los parámetros de quien se hace a la vera del deseo, de la libertad y del reflejo, para encontrar el sentido a los andares, a la confrontación con el hastío, la vivencial dependencia del sentimiento y la imaginación como un escape al dogma.

 

Su cine hizo una oda la institución humana del amor, que se rebasa por los instintos e ilusiones que no pueden atraparse por las leyes, aguzó la distancia y la lejanía como una decisión y la necesidad de compasión como una consecuencia de la modernidad que razona y no atiende el sentido último de la existencia; situó  a la mujer como estandarte, al azar como circunstancia, al devenir como escenario y al arte como centro decisivo de las emociones humanas, y lo hizo desde el silencio, desde el desahogo, desde el susurro y desde el discernimiento como una posibilidad ante la determinación que resigna la propia voluntad.

 

Bergman asocia la convivencia desde planos diversos de la dualidad, al amor y al deseo, al matrimonio y al divorcio, a la prisión y a la libertad, a la enfermedad y a la cura, a la vida y la muerte, a lo familiar y a lo extraño, a lo propio y a lo ajeno, a las estaciones como estado de ánimo, a una partida de ajedrez como la última jugada del destino, y a la persona como centro y significado de la existencia. Bergman logró que su mirada, fuese un puente entre el asombro y el hastió, entre el dolor y el alivio, entre el sufrir y el consuelo, entre la pregunta y la respuesta, entre un director y su audiencia.

 

Sus personajes cohabitan entre sí una dualidad latente, genera uniones o rupturas al tenor de la reflexión como gestora de las posibilidades, encuentros y desencuentros de la condición humana. Bergman prioriza la interacción humana que soslaya el amor lo idílico por el deseo que al no contenerse conduce a la infidelidad, dejando el aura de duda, ¿será el deseo no es sólo carne sino amor? y ¿será que la infidelidad es hacia la institución del matrimonio pero no al sentimiento? En todo caso, la doble moral se hace presente como bujía de un juicio que sólo sucede y deja pensando al espectador, causando la duda y atisba el caleidoscopio de la figuración, el enredo, la intriga y la resolución pasional de los entresijos amatorios de sus personajes.

 

Con pericia de cirujano, con la astucia de un abogado y la introspección a provocación del psicólogo, el director genera en su audiencia una experiencia vivencial a modo de retrato de la relación simple y compleja de una pareja que asienta los sentimientos mientras descubre y redescubre, sin un ápice de impaciencia, la paciente espera de su tedio. La inocencia, el temor, las desavenencias, los intereses equidistantes, las peleas, las miradas obtusas, los posicionamientos irreconciliables, la habitación, la seducción y el aplomo ante las decisiones, detallan las que cierran el círculo de las relaciones desde los secretos que, a modo de una verdad que se oculta, prolonga el letargo del vacío sentimental que convoca pero no une.

 

El maestro atiende a los tópicos poéticos para expresar la angustia de la vida y la resolución en calma de vivirla, atiende al carpe diem y al tempus fugit, dejando así el avenimiento en víspera de una conclusión temporal, que otorga a las estaciones la cualidad de embellecer las hojas secas, hacer del viento música, y las expresiones en notas musicales. Liv Ullman como musa, la muerte como sentido y la vida como palestra, circundan las décadas en que sus películas definieron un estilo y encumbraron un género propios, Bergman revisita el regreso como el revulsivo que desencadena confrontar el pasado desde un ánimo de clausura, pues no hay cabida para el lamento si el regreso en sí mismo, es sólo la momentánea inspiración de la consciencia por volver a lo dejado.

 

La exploración de lo femenino, adquiere una voz que se hace coral a medida que avanza la película, y se convierte en una lucha incontestable por definirle desde el sufrimiento de sus personajes. Sus protagonistas, sufren por encontrar el significado a sufrir como si fuese la ineludible conclusión de la vida o un componente indispensable de la misma para vivirla intensamente desde el grito y el susurro. Su obra es lo mismo existencialista que espiritual, espiritual que nihilista, atea en la argumentación que bíblica en su referencia, la película se anida en la maternidad desde el simbolismo del cáncer de útero, en la decisión a libre albedrío de experimentarla, y en la libertad de ni siquiera pensar en una pareja como la obligatoria consecuencia del cariño.

 

La muerte como presente acuse del destino, aparece en el dolor de una madre tras la pérdida de su hija, y en la esperanza que Dios le ofrece ante la otredad que le confronta. El matrimonio como presa del hastío, parece concluir que tras el enamoramiento no hay manera de dar marcha atrás a la primera inclinación por el romance, y que una vez que el amorío se instituye, termina el enamoramiento por arroparse en la costumbre. Bergman aborda la superficialidad de la vida mundana y la doble moral de quien enjuicia ante el designio del prejuicio, la enfermedad es un motivo, la voluntad la consecuencia. En Bergman los secretos que se develan, van uniendo poco a poco los lazos más personales de forma extraordinaria, concatena de forma extraordinaria mediante la edición y la aparición de signos, claves y dejos, fotografías, recuerdos y sonidos, los cuales, luego abandona para hacer que la audiencia los una en la manera de los posible, mientras sus personajes avanzan sin más giro que la intimidad que progresa hacia la otredad que confronta y la interioridad que libera.

 

 

 

Iván Uriel | Filmakersmovie

Iván Uriel Atanacio Medellín | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

FILMAKERSMOVIE presente en el  SÉPTIMO MARATÓN NACIONAL DE LECTURA

 

Filmakersmovie estuvo presente en la séptima edición del Maratón Nacional de Lectura Poesía y Cuento Corto 24hrs coordinado por la Asociación Poesía Sin Permiso y llevado a cabo en la Biblioteca Carlos Fuentes de la ciudad de Xalapa, situada en el estado de Veracruz, México. Dicho evento, que celebra la literatura, la cultura y las artes, es reconocido como uno de los más importantes eventos literarios de México y situado como el pionero de la lectura continua en el mundo. El Maratón Nacional de Lectura convoca a distintos escritores de México y América Latina, quienes comparten de forma ininterrumpida durante 24 horas consecutivas, poemas, relatos, ensayos y un sinnúmero de variantes genéricas que hacen de este evento cultural una auténtica celebración a las obras literarias y a sus autores.

 

Convertido en toda una tradición, el maratón inició su periplo en punto de las 17:00hrs con una breve inauguración; acto seguido, en punto de las 17:30hrs, dió comienzo al cronometro que pautó sendas mesas de lectura conformadas por las y los escritores invitados, además de lectores que se sumaron al compartir una gran diversidad de textos durante la jornada que concluyó justo a las 17:30hrs del día siguiente. Para esta séptima edición participó la Academia Literaria de la Ciudad de México, presidida por el galardonado escritor José Antonio Durand Alcántara, y Filmakersmovie, ganador a Mejor Sitio de Entretenimiento en México, por la Asociación Mexicana de Internet, filmó un cortometraje sobre la justa literaria.

 

Entre otras actividades se dieron entrega de los dos más importantes reconocimientos nacionales que otorga el certamen, por una parte el Premio Nacional a la Gestión Cultural, que fue entregado a Mario Alonso López, mientras que el premio Aportación a las Letras Mexicanas estuvo destinado a María Dolores Guadarrama quien hizo lectura de varias de sus obras poéticas. En el mismo evento Filmakersmovie entregó reconocimientos a los escritores Miguel Soto, José Durand y Gustavo Ponce Maldonado, por su participación en el serial “Detrás de la Pluma”, que conduce el escritor Iván Uriel Atanacio Medellín, quien a su vez estuvo presente durante la lectura de su obra “El Surco”, por parte del sector magisterial veracruzano y presentó su poemario “Navegar Sin Remos”, acompañado por el director Andrés Palma Buratta.

 

El maratón se deriva de una serie de actividades que como parte de su difusión cultural ha generado la escritora Nohemí Briones Guzmán, directora de la Asociación Poesía sin Permiso, la cual realiza periódicamente presentaciones de libros, lecturas y talleres de escritura, que durante seis ediciones se han convertido en un referente de la promoción cultural en México.

 

La cita tuvo lugar los días viernes 3 y jueves 4 de agosto, y contó con una entusiasta participación de escritores, periodistas y público en general tanto en las lecturas llevadas a cabo en el citado recinto, como en El Gusto Divino, lugar asiduo a los proyectos culturales que emprenden las instituciones convocantes.

Galería:

 

Filmakersmovie se enorgullece de formar parte de esta celebración literaria y espera continuar colaborando en pos de la difusión literaria de las letras iberoamericanas.

 

Redacción

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La premiada novela “El Surco, historias cortas para vidas largas” que aborda la migración universal, reaviva el género de la radionovela en México

 

Iván Uriel | Fotofrafía: Revista Enlázate, Puebla, México.

La novela “El Surco, historias cortas para vidas largas”, del escritor, politólogo y documentalista mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín, que ha recorrido México, Estados Unidos, Sudamérica y Europa, relanza con fuerza el género clásico de la radionovela, que ha formado parte del entretenimiento cotidiano de las y los radio escuchas mexicanos por décadas. Publicada en 2011 y comentada por escritoras como Elena Poniatowska y Carmen Berenguer, “El Surco” es la primera entrega del proyecto literario “Apología del Encuentro”, que incluye la publicación en 2015 de “El Ítamo” y en 2018 del poemario “Navegar sin Remos”.

 

Dicho proyecto literario, ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas 2017, ha cautivado a lectores, escritores, investigadores, académicos y activistas a nivel internacional, gracias a su contenido realista, estilo innovador y una técnica narrativa que entrelaza historias que describen las relaciones humanas desde la migración universal. “El Surco” es una novela testimonial escrita sin capítulos, narrada por diferentes voces y acentos de México, y unida en su estructura por el horario en tiempo real de una jornada de trabajo en los campos de cultivo.

 

Para llevar a cabo la adaptación literaria, Iván Uriel colaboró con la guionista Perla Atanacio, Directora General de Filmakersmovie, sitio iberoamericano ganador en tres ocasiones del premio AMIPCI, ahora Asociación de Internet Mx. Perla ha escrito guiones para series de televisión, comerciales y documentales, y como productora fue nominada a Mejores Valores de Producción en la pasada entrega de los Premios Pantalla de Cristal por el comercial “Hazlo UPAEP”.

 

“El Surco”, citada en tesis doctorales, estudios sociales, lingüísticos y migratorios, y que ha inspirado coloquios, obras de teatro y cortometrajes, fue seleccionada para celebrar el “Día Internacional de la Lengua Materna” y representó a México como novela extranjera invitada al Encuentro Nacional de Escritores de Chile, así como en la Semana de Escritores Hispanos en Norteamérica, organizado por las universidades Umass, BU, Harvard y el Instituto Cervantes de España. Entre otros logros, abanderó a América Latina en el Congreso Internacional en Derechos Humanos organizado por la Universidad de Milán y ha sido comentada en instituciones como la UNAM, Universidad Iberoamericana, UV, BUAP, UPAEP, UAEH y recientemente se presentó en Francia e Italia.

 

“El Surco” la radionovela, es una idea original de Arturo Zorrilla e Iván Uriel, quienes al proyecto literario, suman este serial auditivo en homenaje a los senderos migrantes que emprenden un viaje acuestas el dolor, delante la esperanza alrededor del mundo.

 

La serie integrada en su primer temporada por 20 capítulos, cuenta con la coordinación de Enrique Guadarrama, y la producción de Rocío Marín, y Mathew Becerril, quienes desde grupo Ultra y Presumiendo México, se dieron a la tarea de seleccionar, dirigir y adecuar diferentes voces para dar vida a los personajes de la novela.

 

“El Surco”, primera radio novela producida por Radio Ranchito a través del 102.5 FM de Morelia, Michoacán, será transmitida todos los martes y jueves a las 3 de la tarde (centro de México) , con repeticiones sábados (9:30am CDMX) y domingos (7:00am CDMX) en mismo horario, y para México, Estados Unidos, América Latina y el resto del mundo mediante su aplicación en línea.

 

Desde Filmakersmovie nos unimos a este proyecto que nacido desde el testimonio y la literatura, presenta una propuesta auditiva, que de igual forma relanza un género del entretenimiento y hace énfasis en temas por reflexionar de la agenda social de México.

http://www.radioranchito.com.mx/radio

Filmakersmovie

Redacción.