25 agosto, 2026

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Interestelar

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Ciencia es conocimiento, razonamiento, observación y deducción; aprendizaje estructurado que crea principios explorados, puestos en práctica y comprobados, pero no exentos del debate y el cuestionamiento. La ciencia busca respuestas, explorando e indagando, investigando e interpretando y, a veces, esas respuestas plantean más preguntas, porque el saber no cesa y el mundo cambia, modificando también al hombre y la forma como aborda esos conocimientos.

 

Interestelar | Dir.Christopher Nolan | Estados Unidos, 2014

 

“La ciencia explica lo que ignoramos”, dice uno de los personajes de Interestelar (EUA-Reino Unido, 2014), película dirigida por Christopher Nolan y escrita por éste junto con Jonathan Nolan. Ganó un premio Oscar en la categoría de mejores efectos visuales, además de que estuvo nominada en cuatro categorías más: mejor banda sonora, diseño de producción, sonido y edición de sonido.

 

Protagonizada por Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Michael Caine, Mackenzie Foy, Casey Affleck, John Lithgow, Ellen Burstyn, David Gyasi, Wes Bentley y Topher Grace, la película se desarrolla en un futuro en el que el hombre ha deteriorado al mundo a un grado en el que el planeta está a punto de ser inhabitable. Un grupo de científicos de la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio,) son enviados a una misión para determinar si alguno de los planetas en los que se cree posible pueda haber vida son realmente viables para servir como nuevo hogar para la humanidad. La misión tiene sus propias dificultades, pues para llegar a ese sistema solar el equipo deberá cruzar por un agujero de gusano, donde el tiempo y el espacio están alterados, mientras que en la Tierra las familias de los investigadores deben asimilar tanto el efecto personal de la misión de los astronautas como prepararse para la posibilidad de que ellos fallen y, por consiguiente, los habitantes del planeta tengan que enfrentar su posible extinción.

 

Para la ciencia es clave analizar cómo y por qué suceden las cosas, entender el contexto, su lógica y su funcionamiento para dar conclusiones, es decir, esas explicaciones que permiten al hombre entender su mundo, conocer el proceso de su evolución. A partir de estos lineamientos se crean teorías y conocimiento puesto en práctica. Por ejemplo, la tecnología, que es tanto investigación científica puesta en acción como creación de conocimiento, a través de experimentos y nuevas construcciones, máquinas, fórmulas, teorías o principios, que permitan explorar nuevos enigmas.

 

Explorar el universo, como lo es explorar el propio planeta, requiere de una base científica que haga posible llegar a rincones nuevos e inimaginables. Querer llegar a Júpiter, por ejemplo, no implica sólo tener conocimiento del universo, la física, la gravedad y el sistema solar, sino también conglomerar teorías sobre la biología humana, la mecánica y la tecnología, para que la máquina que se requiere construir para que un humano pueda viajar esa distancia espacial, sea convertida en una realidad.

 

La película en este caso pregunta al espectador cómo es que el hombre hace uso de esa tecnología, ¿a su favor, en beneficio de su ignorancia o en beneficio de la ciencia? Si es para conocer más, entonces ¿en qué sentido? El hombre crea las máquinas, por ejemplo un robot, ¿para conocer más sobre el mundo que le rodea o para conocer menos, conformándose con lo que ya sabe? Es imposible dejar atrás el saber, porque un camino inicial puede tener ramificaciones que empujen hacia nuevos fundamentos para debatir. Lo importante es hacia dónde dirigir estos debates, dudas y acciones.

 

Hay una gran diferencia en cuanto a función y concepción, por ejemplo, entre una máquina que asiste a los doctores durante una cirugía y una máquina que sirve para que dos personas en dos puntos distintos del planeta puedan enviarse mensajes y fotografías. Ambas implican ciencia y tecnología; entender su camino, de la idea a la utilidad, implica profundizar respecto al motivo por el que se creó inicialmente esa máquina (¿cuál fue la inquietante que movió a su creador?) y cuál es el uso que finalmente le da el hombre a ella.

 

En un punto de la película, cuando Joseph Cooper, protagonista y ex piloto de la NASA, va a la escuela de sus hijos para hablar con sus profesores, ahí comienza a cuestionar la importancia del uso de la tecnología, la ciencia y el conocimiento. Cooper está molesto porque su hijo no podrá entrar a la universidad. Los profesores de la institución le dicen que el chico es más útil, para la sociedad en ese momento, si continúa como campesino, porque la humanidad, el planeta, ha llegado a un estado de deterioro tal que la tecnología ya no es importante, donde lo prioritario es cubrir las necesidades básicas de la población, la alimentación, por lo que los futuros trabajadores que se necesitan son campesinos que sepan sembrar, no ingenieros para los que ya no hay dónde trabajar ni nada que aportar.

 

Interestelar | Dir. Christopher Nolan | Estados Unidos, 2014

 

Cooper difiere y dice que aunque las personas que trabajan la tierra son vitales para la supervivencia del hombre, los ingenieros y otros profesionales con sus labores son también importantes para el futuro. Un ingeniero podría, según él lo ve, buscar nuevas respuestas para cómo sobrellevar la situación y resolver el problema. La idea es sencilla, para la sociedad la prioridad es subsistir, para Cooper la prioridad debe ser más que vivir al día, indagar para encontrar respuestas, para ofrecer opciones, para seguir intentando no sólo sobrevivir, sino mejorar y volver a progresar.

 

Ambas posturas, desde el punto de vista como lo razonan, están en lo correcto; para Cooper es salir en busca de respuestas, para la gente en su mayoría es sacar provecho de lo que se tiene, desde un punto realista de alguna forma. ¿Quién tiene la razón, el que sueña e imagina o el que se plantea la solución de problemas con las herramientas que tiene, tangiblemente a la mano? En corto, la respuesta es, los dos. Pero la verdadera relevancia de esta variedad de pensamiento es no ser necio e intransigente respecto a lo que se cree, sino dejar la puerta abierta al debate, al escepticismo, al análisis, a la búsqueda de nuevos saberes. Hay que aferrarse a algo, pero no tanto como para cerrar las nuevas posibilidades que se presentan.

 

Cooper responde al problema de la forma como puede hacerlo, como el resto de los personajes, a su manera, conforme a su propia formación y cultura; los hijos de Cooper, los científicos de la NASA y hasta el resto de la población lo hacen también a su modo, porque lo que el mundo necesita es que alguien responda al llamado a corto plazo, trabajar los sembradíos para obtener comida, para que la gente que trabaja en enfrentar la problemática a largo plazo tenga oportunidad de aportar su propuesta.

 

Eventualmente el ex piloto se topa con la base de la NASA, agencia gubernamental estadounidense supuestamente extinta, donde los científicos que aún laboran ahí están buscando una solución para evitar la extinción de un planeta que muere cada día por una tierra que se hace menos fértil y un clima aún más contaminado que provoca que la esperanza de vida sea cada vez más limitada.

 

La misión de estos expertos parece sencilla, encontrar un planeta al cual trasladar a todos los sobrevivientes antes de que sea demasiado tarde. El plan tiene sus implicaciones éticas y morales, puede ser visto como una forma de huir, pero también puede ser visto como una solución alterna, para comenzar desde cero. Para Cooper huir significa tanto abandonar la Tierra como abandonar a los muchos que no puedan ser reubicados en el nuevo planeta, si existe, lo que representa darle la espalda al hombre y perder en el proceso parte de la humanidad que hace al hombre un ser empático y social, en sí, humano.

 

Interestelar | Dir. Christopher Nolan | Estados Unidos, 2014

 

El plan de viajar a tres potenciales planetas, de donde se han recibido transmisiones de parte de otras misiones anteriores, enviadas a explorar el espacio, es tan riesgoso como aventurero, prometedor pero con un margen grande de error.  Lo que Cooper no sabe es que encontrar este nuevo planeta para habitar no es todo el riesgo que la misión implica, pues la NASA aún no ha encontrado cómo trasladar a la población de la Tierra a ese hipotético nuevo hogar, debido a que se han presentado distintas alteraciones en la gravedad que no harían posible que una nave tan grande pueda salir de órbita.

 

Si el bache persiste las personas serán olvidadas, destinadas a morir junto con la Tierra, mientras que el nuevo planeta será poblado con muestras de embriones que se desarrollarán en máquinas de incubación. Aquí la tecnología da respuestas, pero también implica limitantes, la ciencia no puede resolver todos los problemas pero, irónicamente, es la ciencia misma, o el hombre en su uso de la ciencia, quien creó esos problemas, con sus inventos, su explotación de suelos, la mecanización de los procesos, la creación de energía inestable, etcétera.

 

El relato también plantea preguntas importantes sobre la forma como el hombre percibe la ciencia y la compara, o contrapone, con la fe y con todos aquellos sentimientos intangibles que motivan a las personas a actuar. Elegir cuál de los tres planetas explorar primero es una decisión que debe basarse en datos recabados que demuestren la viabilidad o probabilidades de la existencia de una superficie que permita a la humanidad establecerse para vivir ahí. Pero la información puede ser incorrecta, insuficiente, o alterada por el hombre, como sucede en la historia, por un astronauta que hace esto, alterar la información, con el fin de cambiar las señales que reciben los otros, engañándolos, para que éstos, considerándolo un potencial candidato, viajen hasta ahí para rescatarlo. Al llegar descubren que el astronauta modificó los datos y que todo fue un engaño, motivado por su instinto de supervivencia.

 

La misma variante de la ecuación, el sentir humano, entra en juego cuando se toma ésta y otras decisiones a lo largo del relato. La mente analiza los datos, pero la persona no puede dejar de lado sus propios sentimientos, deseos y anhelos, su instinto de supervivencia y lo que ella o él realmente desean hacer, independientemente y no siempre a la par con la misión.

 

Entender el mundo es entender las explicaciones e interpretaciones que hace el hombre de él, parámetros, leyes y medidas que él mismo establece y dictamina. Entender el espacio y el tiempo es darles lógica a estos criterios estandarizados que el ser intenta encapsular, organizar, medir y, en cierto modo, materializar. ¿Cómo entender, por ejemplo, el tiempo, sin recurrir a las horas, los días y los años? ¿No cuando dos personas se distancian por un largo periodo, aunque no supieran los días exactos transcurridos, habría en ellos una sensación de vacío de su entorno, por la falta de la presencia del otro? ¿Es esta sólo la racionalización de los sentimientos u otra forma de entender la distancia entre un instante y otro, o la velocidad con que éstos suceden? Y si el tiempo es una medida de vida, ¿qué es en cuyo caso la vida o la muerte? Finalmente, estos conceptos también son conceptualizados a partir de la forma como el hombre ha delimitado su forma de entender el mundo. ¿Puede haber otras formas de entender el tiempo, el espacio, el universo, la gravedad o la vida?

 

La mente realiza un proceso de interiorización e interpretación para racionalizar conceptos, primero en el plano básico, casi lineal, después hacia las tres dimensiones de la física: altura, anchura y profundidad. Para descubrir que, por ejemplo, una nube se mueve y no se cae, es necesario entender tanto las dos dimensiones largo y ancho como el motivo por el que la nube va de un lugar a otro; esto es, entender la gravedad y la rotación de la Tierra, aunque en primera instancia no se les denomine así ni se profundice en sus explicaciones. ¿Cómo entenderlo entonces? Viéndolo y viviendo, a través de la vista, de los sentidos, percibir lo que sucede para después interpretar, para intentar conocer el proceso, el objeto, la cosa.

 

La lógica, en primera, es nombrarla. Para entender el tiempo hay que darle un nombre y una medida. Esta es una forma de razonarlo, siempre dentro de parámetros, según la ciencia con la que el hombre mismo explica y se explica estos conceptos. Éstos pueden cambiar, expandirse, cuestionarse y retroalimentarse.

 

En la película, Cooper, en su intento porque Amelia Brand, la última compañera astronauta que queda con vida para completar la misión, llegue al tercer posible planeta donde se pueda establecer la humanidad, queda atrapado en el gusano negro. Debido a las alteraciones del espacio-tiempo, Cooper termina encerrado entre las diferentes dimensiones, flotando entre distintos instantes tridimensionales pero a través del tiempo. Estando ahí logra comunicarse con su hija, ya adulta, a través de la gravedad (la fuerza electromagnética), única forma como puede alterar, desde donde se encuentra, el espacio y el tiempo. La película no profundiza en la forma científica como esto es posible, dejándose llevar más bien por el drama sentimentalista, pero por lo menos ofrece algunos indicios para explicar el concepto de una manera práctica.

 

Interestelar | Dir. Christopher Nolan | Estados Unidos, 2014

 

Murphy, su hija, a quien le insiste que su nombre, que se inspira en la Ley de Murphy (una ley empírica para explicar acontecimientos según las posibilidades), no fue elegido porque la regla diga que si algo malo es propenso a suceder, sucederá, sino porque el principio más bien habla de que lo que ha de pasar, pasará,  que es una forma de entender la ley en positivo y no en negativo, es quien descubre, siendo aún niña, los mensajes que su padre, de alguna forma en el futuro, atrapado en las cinco dimensiones, envía.

 

Cuando Cooper queda en medio del agujero de gusano, descubre que debido a esta especie de paradoja, existente por la misma alteración temporal, debe escribir los mensajes que indican las coordenadas de la base de la NASA para, entonces, ser invitado a la misión, en la cual atravesará el agujero negro. Si él en ese momento no entablara esta conexión de comunicación, no encontraría en el pasado la base de la NASA, no formará parte de la misión y no quedará atrapado en el agujero de gusano para enviar este mensaje en primer lugar, cuyo fin último es aún más importante que esto, es darle la ecuación que le falta a la Murphy ya adulta y trabajando en la NASA para lograr construir la nave, según las especificaciones exactas de la física, para salir con éxito de la Tierra y dirigirse hacia otro planeta donde establecer a los sobrevivientes humanos.

 

Interestelar se refiere a un lugar entre estrellas, un lugar en el espacio que se encuentra rodeado de astros, un lugar donde las posibilidades son infinitas y el tiempo es relativo. La vida es en esencia eso; un momento, un sitio, una vivencia llena de oportunidades, rodeada de muchas más historias y sus posibles resoluciones, esperando en el tiempo y el espacio a ser descubiertas. La ciencia es sólo una de esas posibilidades, pero posiblemente la más viable y objetiva. Corresponde al ser humano darle su dimensión.

 

Interestelar

Dir. Christopher Nolan

Estados Unidos, 2014

Trailer 2:20

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general . Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

Cuestión de Honor

Por : Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Afiche Cuestión de Honor

Las reglas que rigen a una sociedad existen para crear una conciliación, un orden y una armonía, delimitan aquello como la gente actúa, o se le permite actuar, en relación a sus semejantes y su convivencia social. Esa es su finalidad, el convivir en armonía. Para ello, se establecen parámetros que, sin embargo, también derivan en una interpretación que puede variar entre los mismos ciudadanos, interpretaciones que reflejan la ideología de cada quien, creándose así conflictos de distintas índoles. Cuestión de honor (EUA, 1992) aborda esta temática.

 

La película fue dirigida por Reb Reiner y escrita por Aaron Sorkin, basándose en la obra de teatro titulada ‘A few good men’, de su misma autoría. El proyecto está protagonizado por Tom Cruise, Jack Nicholson, Demi Moore, Kevin Pollak, J. T. Walsh, Kevin Bacon y Kiefer Sutherland, obteniendo cuatro nominaciones al premio Oscar: mejor película, mejor actor de reparto (para Nicholson), mejor sonido y mejor montaje.

 

Daniel Kaffee y JoAnne Galloway son abogados militares encargados de defender a dos marines acusados de asesinar a uno de sus compañeros durante su estancia en la base militar de Guantánamo, en Cuba. Sin embargo, al investigar más a fondo el caso, los protagonistas descubren que los acusados sólo seguían un código de honor que rige al Cuerpo de Marines y que sus acciones fueron realizadas como un castigo, sin intenciones de matar, ordenado por sus superiores, que al mismo tiempo intentan encubrir la verdad.

 

La razón de esto responde a varias cuestiones, una es la prepotencia y ejercicio de poder del Coronel Jessep, a cargo del Cuerpo de Marines establecido en Guantánamo, quien actúa convencido de que su deber para entrenar con mano dura es necesario, porque sus soldados son quienes después se encargarán de proteger a la sociedad estadounidense. Es su razonamiento que su actuar es una responsabilidad que implica dureza de disciplina como parte de la formación del carácter de los hombres a su cargo. Es, sin embargo, la inflexibilidad en esta forma de pensamiento lo que lleva al accidente por el que están en juicio los dos acusados, toda vez que es bajo está filosofía como el Coronel Jessep actúa y ordena, sin medir las consecuencias físicas y emocionales hacia sus subalternos, devaluando a las personas que considera débiles; entiéndase todo aquel que no puede seguir el paso del entrenamiento, sea por problemas personales o de salud.

 

Otro motivo para encubrir la verdad es querer evitar crear una mala imagen al Cuerpo de Marines o iniciar un escándalo de mayores proporciones. Jessep no puede entender que hizo mal, porque no lo considera así y, por tanto, nunca lo admitirá, ni se retractará, ni se disculpará. Está convencido que procedió conforme el interés superior de la Nación y a ello se atiene. Además, aceptar un error le haría quedar mal, porque eso lo haría ver como un ser débil, según su juicio, afectando al mismo tiempo su reputación como líder, mermando su autoridad y dañando entonces sus aspiraciones de alcanzar un puesto mayor en la jerarquía militar, que es la esencia de su vida. Negar lo ocurrido es mejor que aceptarlo. Para Jessep y sus dos segundos al mando, el Coronel Markinson y el Teniente Kendrick, mantenerse firmes es parte del orden necesario para procurar el balance en la base y el cuerpo militar en general. Esto, hasta que el propio Markinson reflexiona, lamenta sus propias acciones y acepta su debilidad de carácter para confrontar las órdenes de su Coronel, que él mismo reprueba, aunque no se atreva en un inicio a expresarlo.

 

Pero aunque las cabezas de este grupo militar dieron la orden, no fueron ellos quienes la ejecutaron y es ahí en donde entran en la ecuación los dos acusados, quienes reconocen que sus acciones provocaron la muerte de su compañero pero, al mismo tiempo, defienden ese código de honor que juraron en el Cuerpo de Marines. Es por ese lineamiento autoimpuesto que siguieron sus órdenes sin cuestionarlas y es esa falta de réplica y oposición la que hace que al final su propia consciencia entre en un conflicto ético, en donde, como militares entrenados, no pueden cuestionar a sus superiores en forma directa y expresa, aunque lo hagan internamente.

 

Al final, los acusados son encontrados culpables del asesinato, porque fueron ellos quienes físicamente pusieron el trapo en la boca de su compañero, lo que causó su muerte, pero también son encontrados inocentes en otros cargos, como conspiración de homicidio, por ejemplo, porque en el fondo, la muerte fue provocada por la decisión de sus superiores de aplicar un Código disciplinario especial al soldado; código reconocido por la costumbre, pero no reglamentariamente establecido. Código sobreentendido como una norma disciplinaria y nunca cuestionada, que se practica en la base y que se considera necesaria, según Jessep, para entrenar y fortalecer a los soldados.

 

El juicio se basa en estas directrices contrarias que los culpables no admitirán y con las que los abogados tendrán que trabajar para entender tanto el sistema de funcionamiento de ese código, como la actitud hacia él de los implicados. “Lo que yo crea no importa, importa lo que pueda probar”, insiste Kaffee, sabiendo que el juicio no es sólo una cuestión de manipulaciones o negociaciones, algo en lo que es experto, sino de aceptar la verdad de los hechos y la forma en que éstos están interconectados entre sí.

 

Cuestión de Honor | Dir.Rob Reiner | Estados Unidos, 1992

 

El Capitán Jack Ross, fiscal en el juicio, sostiene su argumento en los hechos como son, razonados de forma literal, lineal y práctica; en este sentido, lo importante para contrarrestar su posición es hacer entender al jurado que los hechos son una serie de sucesos relacionados en un efecto dominó, que chocan en un punto del camino.

 

“Los juicios con jurado son para asignar la culpa”, dice Kaffee, quien tendrá junto con su equipo que repasar los detalles que llevaron a la muerte del soldado; saber qué hacía, qué pensaba, por qué quería ser transferido, qué hizo para que esto se lograra y cuáles fueron sus acciones el día de su muerte. El militar en cuestión había estado pidiendo su transferencia y su última carta revelaba que tenía información sobre un disparo no justificado realizado en la barrera que divide a la base militar estadounidense con el territorio cubano. Su carta, que ya se conocía por el resto de sus compañeros, había hecho que sus similares lo consideraran un traidor y que sus superiores se decidieran a tratarlo con más rigidez, ordenando así el Código Rojo.

 

Con estos pedazos de información sobre lo que habría llevado a estas personas a actuar como lo hicieron es donde los abogados logran encontrar la brecha que revele la mentira, el error, el juicio equivocado y la decisión inadecuada. La clave de esto es la misma inflexibilidad del coronel de saber que se cometió un error y que, en el proceso, debe cubrir sus huellas manufacturando una petición escrita extemporánea de la transferencia del Infante de Marina que falleció.

 

Kaffee, sabiendo esto, presiona para que Jessep explote y admita que él ordenó el Código Rojo, pues es su posición de control y mando lo que le da la facultad para hacerlo, o el derecho, según lo razona el Coronel: “Nosotros obedecemos órdenes. Si no obedecemos órdenes, hombres mueren”. Su forma de afrontar la realidad pareciera firme e inexorable, extrema y demasiado dura para la sociedad cotidiana, e incluso puede que lo sea, sin embargo, Jessep lo considera indispensable para su supervivencia y la del resto de los Marines estacionados en Guantánamo. Al final, no es él como persona quien le falla a la sociedad o a sus subordinados, sino el propio sistema de organización en el que se desenvuelve.

 

Los acusados eventualmente lo entienden cuando reciben el veredicto, comprendiendo entonces que su labor es la de defender a la sociedad y a sus integrantes, incluyendo a sus similares en la base, razonando entonces que su error fue su misma justificación: seguir órdenes, dejar de cumplir su deber bajo los lineamientos de su propio código de honor; así, con sus acciones se confrontan con su ética, chocan entre sí y ponen en un predicamento a todos los militares que se encuentran en la misma posición que ellos. El sistema jurídico militar disciplinario lleva consigo las contradicciones que provocan acciones que perjudican a sus mismos integrantes cuando se siguen al pie de la letra.

 

Muchos personajes tendrán que afrontar su miedo, cobardía, inseguridad o recelo, según sea el caso. Kaffee y Galloway temen a raíz de su propia inexperiencia y su temor a fallar, al sistema, a quienes representan, a su profesión y a sí mismos. En el extremo contrario está Jessep, quien está tan acostumbrado a que en el mundo en el que vive las personas no están enseñadas a pensar, a dudar, sino a acatar reglas, que revelar la verdad para él prácticamente no es un tropiezo, sino algo por lo cual enorgullecerse, convenciéndose de que lo sucedido no fue una equivocación, sino una realidad necesaria, justificada y correcta que debe aceptarse, no castigarse.

 

La historia explora así situaciones en las que se interroga la condición humana y, al mismo tiempo, expone una serie de escenarios en donde el ‘fuerte’ y el ‘débil’ se enfrentan con su propia fortaleza y debilidad, ya sea a través de la intimidación, el poder, la solidaridad, la audacia o la presión, pero siempre con consecuencias a las que se debe, de igual forma, hacer frente. El deber obliga y la obligación siempre genera efectos no necesariamente deseados.

 

Cuestión de Honor

Dir. Rob Reiner

Estados Unidos, 1992

Trailer 2:26

 

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general . Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

Ex – Máquina

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

En la mitología griega, Prometeo fue un titán que robó el fuego del Olimpo, a cargo de Zeus, para dárselo a la humanidad, acción que más tarde fue castigada por los dioses. Cuando May Shelley publicó en 1818 su novela literaria Frankenstein, le agregó, como subtítulo: ‘El moderno Prometeo’. En esta nueva visualización, Prometeo no es castigado por los dioses, sino que sufre un doloroso destino a causa del hombre, a quien Prometeo creó a su semejanza. La idea del concepto detrás de la historia es representar el daño que puede causar el desarrollo científico y tecnológico, una temática abordada por Mary Shelley a partir del contexto social, específicamente la Revolución Industrial.

 

La propuesta consiste en favorecer la idea de que con el empleo de la ciencia y la tecnología en la experimentación biotecnológica el hombre, entiéndase la humanidad como especie, está en posibilidad de emular a los dioses que ha también creado, es decir, crear seres a su imagen y semejanza, sin valorar el efecto psicológico que puede desencadenar en estos seres, ni la reacción de los demás humanos frente a ellos, y desde luego sin tener presente los graves conflictos sociales que desde siempre ha generado la existencia de individuos diferentes al otro, como apuntan algunos estudiosos de las relaciones sociales. El encuentro desemboca en conflictos y en angustia existencial recíproca.

 

Una persona crea un invento y luego ese invento se va en su contra, o, por lo menos, busca emanciparse de su creador, ser libre. Un anhelo que de cierta forma lo humaniza. Esta realidad es escenario también de la película Ex-Máquina (Reino Unido, 2015), escrita y dirigida por Alex Garland y protagonizada por Alicia Vikander, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac y Sonoya Mizuno. Proyecto además nominado al premio Oscar en la categoría de mejor guión original y ganador en la categoría de mejores efectos visuales.

 

La historia trata de un programador que trabaja en una compañía llamada Bluebook, desarrolladora del más grande buscador informático, quien es invitado por el dueño de la empresa para realizar una prueba de Turing en un androide con inteligencia artificial.

 

Ex Máquina | Dir. Alex Garland | U.K., 2015

 

El test de Turing consiste en poner a prueba la habilidad de las máquinas para representar, simular o imitar el comportamiento y la inteligencia humanos. “Es cuando un humano interactúa con una computadora. Y si no se da cuenta de que es una computadora, la prueba es exitosa”, explica en la película el personaje protagonista, Caleb, el programador.

 

Lo que se propone con esta prueba, ideada por el matemático británico Alan Turing (1912-1954), es evaluar qué tan convincente es el ‘comportamiento humano’ que despliega la máquina, ya sea en su inteligencia, habilidad para solucionar problemas, lenguaje y conocimiento. Esto incluye todo aquello que hace a una persona indiscutiblemente humano, desde su capacidad de razonamiento hasta su habilidad para la empatía; emociones, acciones y reacciones propias de una persona que piensa y siente, incluyendo, por ejemplo, el uso de las metáforas o las bromas en el lenguaje cotidiano, pero también su habilidad para el engaño y la manipulación, la solidaridad y la amistad. Porque si la máquina debe imitarlo todo, esto incluye las actitudes buenas y las actitudes malas por igual, matices que hacen al hombre y que lo definen como persona por sus decisiones; es la elección de acción lo que hace al humano.

 

Para una persona cualquiera no se trata sólo de conocer información, sino de saber usarla según el contexto. La máquina con inteligencia artificial no sólo debe saber imitar al hombre en sus emociones y pensamiento, sino manejar esta habilidad de procesar la realidad con relación a su entorno y su pensamiento, en reacción a las acciones propias y de los demás. Es elegir cuándo, cómo y a quién se le habla y bajo qué propósito. En el caso de la película, Eva, la máquina, con relación a Caleb y Nathan, el dueño de la empresa Bluebook; qué espera de ellos sabiendo lo que esperan cada uno de ella. El reto para Eva es conocer cómo su presencia afecta e influye a otros y cómo utilizar la dinámica a su favor.

 

Eventualmente la prueba se convierte en una evaluación que funciona en ambas direcciones; del programador hacia el androide, pero también de la máquina hacia el hombre como especie y, específicamente, su objeto muestra, Caleb. Eva debe lograr utilizar la información a su alcance durante su interacción con el programador, eligiendo qué decirle, cómo y cuándo, todo para alcanzar un objetivo auto trazado, no programado sino elegido, su libertad.

 

La verdadera prueba está en saber que es un robot y ver si aun así cree que tiene conciencia”, le dice Nathan a Caleb. Su propuesta es que la prueba de Turing, en la que un humano evalúa el lenguaje entre él y una máquina, diseñada para generar respuestas similares a las de los humanos, se limita a analizar las capacidades de la máquina en sus respuestas programadas. Nathan pide a Caleb que vaya más allá de este plano. Al saber que Eva es una máquina, y el que ella se reconozca como tal, pero aun así superando sus propias capacidades. Lo que se pretende es que la prueba ayude a que la inteligencia artificial sea más natural que automática, sea más humana de lo posible.

 

Eva ha pasado desde su creación encerrada en una habitación, sin la oportunidad de interactuar con nadie más que con su inventor, aprendiendo del mundo y de la gente pero sólo en teoría, no en la práctica. Eva está programada para adquirir información y almacenar datos, un proceso limitado por una realidad contrariada al no poder interactuar con las personas. Esta, su realidad, sólo provoca que la máquina se cuestione sobre el mundo y sobre su papel como androide, pero también incita que se active en ella un fuerte instinto de supervivencia que la empuja a querer dejar de ser una propiedad, o una máquina dependiente, para convertirse en su propia ‘persona’.

 

Pero una persona hace lo que hace y piensa lo que piensa a raíz de sus experiencias, su pasado, la gente que la rodea y las vivencias por las que pasa. “¿Puede existir conciencia sin interacción?”, le cuestiona Nathan a Caleb. Eva no puede sino ‘aprender’ del poco o limitado mundo que tiene alrededor, que es, visto desde un punto de vista externo, el de dos hombres haciendo pruebas y experimentos con ella y sus similares, los otros androides. Humanos que utilizan y tratan a las máquinas como entes insignificantes pero construyéndolos con más capacidades que el hombre mismo, autonombrándose con ello como seres superiores, creadores o ‘dioses’. Nathan además planea desechar a Eva con el fin de construir un nuevo y mejorado modelo a partir de los resultados del test de Turing. Para Eva esta realidad, su realidad, amenaza su propia existencia. Pero si esa actitud egocéntrica del hombre es la única que la máquina conoce, es también la única que sabe cómo reproducir, es decir, aprende a “ser humano” a partir del modelo que tiene enfrente, su creador.

 

En consecuencia, Eva se solidarizará con los otros de su especie, específicamente la otra androide que vive en la propiedad de Nathan, también tratada como objeto y programada para servir y complacer; rechazando, poniendo a prueba y manipulando a aquellos que causan su encierro. Eva observa cómo la analizan, la minimizan y la utilizan; en respuesta, hará lo mismo, porque no tiene un modo comparativo de conducta. Es como con los niños que aprenden de su ambiente, en su etapa de crecimiento, las bases que los forman como personas, así la realidad en la que Eva vive también la moldea.

 

Si Eva debe imitar al humano, la prueba para ella también es tantear sus propias habilidades convincentes. La pregunta para Caleb no recae en evaluar la capacidad de Eva para coquetear, por ejemplo, o para generar empatía con él y mostrar interés en su persona; es, en su lugar, intentar decidir si este comportamiento es real o fabricado, programado o espontáneo, verídico o calculado. Al final, él cree que esta actitud puede ser una ejemplificación de la capacidad de la máquina para sentir y no sólo imitar emociones, pero, en realidad, es una estrategia de Eva para alcanzar su fin último, sobrevivir. ¿Pero, es su actuar una actitud representativa humana? ¿Cuántas personas en la cotidianeidad de la vida actúan o actuarían también de esta manera en una circunstancia parecida? Porque cierto es que el hombre, como cualquier otra especie viviente, busca siempre cómo sobrevivir.

 

Ex Máquina | Dir. Alex Garland | U.K., 2015

 

“Los hombres se han formado siempre, hasta ahora, ideas falsas sobre ellos mismos, acerca de lo que son o debieran ser. Han organizado sus relaciones en función de las representaciones que se hacían de Dios, del hombre normal, etc. Estos productos de su cerebro han crecido hasta el punto de dominarlos con toda potencia. Son unos creadores sometidos por sus propias creaciones”, lee un fragmento del libro ‘Ideología Alemana’ de Marx y Engels. El texto va a la par con el concepto del ‘nuevo Prometeo’ y en el caso de la historia, con la realidad del escenario del mundo actual en el que la tecnología supera al hombre.

 

Hacia el final de la película Eva logra llegar al exterior gracias a la presencia de la tecnología en el cotidiano y la habilidad de la máquina para aplicarla a su beneficio, algo que el hombre, por lo menos en la historia, no ha logrado dominar del todo. El hombre crea pero comete errores. Aquí, Eva utiliza la tecnología sin dejar huecos de probabilidad de falla que puedan rebotar en su contra, en algo tan sencillo como, por ejemplo, dejar encerrado a Caleb gracias a la casa inteligente, automatizada, cuyo sistema de operación no puede ser modificado desde dentro. Su estrategia clave se basa en saber utilizar su habilidad ‘humana’ para confundir la mente del programador y hacer que sea él quien corrompa el sistema de informática y abra la puerta de la habitación en la que Eva está encerrada, creyendo que sus acciones son recíprocas en solidaridad y empatía. La acción-reacción es un engaño que el androide planea apelando a la debilidad emocional de Caleb, cimentada en una realidad igual de emocional, que la máquina está a punto de ser desechada, cuando para el programador, y a raíz de su interacción con Eva, se trata ya de un ente al que, no se le destruye, sino que se le ‘mata’.

 

Para crear el software con el que Eva funciona, Nathan utiliza la información que la gente sube a la red, usando y abusando de la tecnología sin parámetros que delimiten una línea ética, moral, analítica o crítica. El problema no es sólo la acción, sino la realidad, el que la gente no se da cuenta que todo lo que hace en internet, lo que publica, comenta o exhibe demuestra los patrones de su comportamiento, su pensar y sentir, sus deseos y anhelos, su perspectiva de vida, sus temores o recelos. Todo observado e interpretado con fines de control y manipulación, ya sea a través de un video visto, una búsqueda realizada o un comentario publicado, además de que esta información queda plasmada para la posteridad y puede ser utilizada, a veces con fines benéficos, a veces todo lo contrario. “Creían que los motores de búsqueda eran un mapa del pensamiento. Pero en realidad era un mapa de cómo pensaban”, explica Nathan. Para él, lo que había estado sucediendo es que la web se había convertido en un lugar pasivo que almacenaba la información. Lo que el empresario pretende es que las tendencias globales dejen de dictarle a la gente qué pensar, para hacerlo él mismo en su lugar.

 

Cuando toda esta información circulando por la web es almacenada y convertida en una base de datos para la construcción de una inteligencia artificial, lo que sucederá es que Eva reflexione sobre su pensamiento, o lo que es lo mismo, analizar, absorber y sintetizar toda esta información, pero para su beneficio, no el de la humanidad.

 

Los datos no son los que hacen al hombre ni son modelos representativos de la humanidad; los datos son eso, datos, estadísticas abiertas a la interpretación. Si por ejemplo, el historial en línea de una persona dice no sólo qué piensa, sino cómo lo piensa (el qué busca, dónde lo busca, con quién habla, qué ve, qué lee o qué tan seguido lo hace, crea patrones que representan el comportamiento y pensamiento de esa persona), ¿qué diría de la humanidad como sociedad la colección de datos del comportamiento en línea de todas las personas que navegan en internet?

 

¿Qué nos hace humanos si el hombre es quien decide estos parámetros? Más intrigante aún: ¿Qué hace a una máquina, una máquina?

 

Ex Máquina

Dir. Alex Garland

U.K., 2015

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

 

Cine de culto

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

El cine de culto contempla aquellas películas valoradas con algún grado de admiración por parte de la cultura popular, ya sea por su particular realización o temática, y/o por el legado social o cinematográfico que logran con su existencia. El término comenzó a usarse cuando los seguidores y fanáticos, desde los inicios del cine, luchaban por mantener presentes películas que comenzaban a ser olvidadas por el paso del tiempo o la censura.

 

Cuando algo es considerado un objeto de culto, destaca entonces por el valor que sus seguidores le otorgan. Hay literatura de culto, por ejemplo, en donde se considera a escritores fieles a su visión, creativos e innovadores, que salen de las normas establecidas por lo convencional para crear nuevas propuestas. El libro “En el camino” de Jack Kerouac es un ejemplo, importante por su representación del movimiento Beat con eco e impacto no sólo para su época, sino también para las generaciones siguientes.

 

Se entiende que culto es el ser humano que posee una amplia formación intelectual y práctica, pero también se sabe que el objeto de culto es algo que se considera digno de ser venerado, que es tratado con admiración y respeto. En el cine, el calificativo “de culto” aplica a aquellos realizadores o películas que transforman el área en la que trabajan para proponer una nueva visión, no siempre mejorada, de cómo abordar su ramo. Los realizadores de culto en el cine se caracterizan por romper con los convencionalismos de la cinematografía, ya sea en su elaboración o contenido. Las películas de Ed Wood, por ejemplo, películas de clase B (de bajo presupuesto), se convirtieron en películas de culto por esa peculiaridad, tener una producción carente (a veces en historia, efectos especiales o actuación), que no sólo se notaba, sino que la exageraba a su favor, atrayendo por esa misma razón a su audiencia y a veces también a la crítica especializada.

 

El Mago de Oz | Dir. Victor Fleming, Mervyn LeRoy, King Vidor, George Cukor, Norman Taurog | Estados Unidos, 1940

 

Pero películas de culto como El mago de Oz, Memento o Blade Runner han entrado a la categoría por lo detallado de su realización, desde dirección, historia, temática o actuaciones. Estas historias del cine sólo se vuelven relevantes dentro de la cinematografía y los géneros a los que pertenecen por ese impacto que hacen dentro de su propio rubro, por los efectos generados de admiración y entusiasmo en el público que las disfruta, sentando nuevas posibilidades para la realización de historias y la forma como se cuentan.

 

Memento, por ejemplo, sorprendió por su narrativa no lineal con que desenvuelve su historia, mientras Blade Runner lo hizo por la forma como abordó su temática, combinando la ciencia ficción con preguntas reflexivas sobre la existencia del hombre, encontrando su discurso crítico envuelto en un filme de acción y misterio, lo que la hizo sobresalir y destacar para llegar a ser aceptada por el público y los analistas, pero en especial por lograr perdurar con el tiempo, manteniéndose presente en la cultura gracias a sus seguidores.

 

Blade Runner | Dir. Ridley Scott | Estados Unidos, 1982

 

Naranja Mecánica o The Rocky Horror Picture Show destacaron dentro del cine, volviéndose cine de culto, por la forma en que proponían sus temas y abordaban sus historias, atrayendo a una audiencia específica dentro de la cultura y su sociedad. Su tratamiento fuera de lo convencional cumple con el propósito de alejarse de las audiencias masivas o de cubrir las expectativas del cine comercial. La clave es ser diferente y ofrecer propuestas diferentes, ganando así la aceptación de la audiencia que reconoce esa diversidad; aunque no todo cine poco convencional puede ser calificado como cine de culto.

 

La principal característica de las películas de culto es romper moldes para alejarse de la fórmula estructural, de la norma, ya sea en la forma en que se cuenta la historia o se acerca a su audiencia, la forma en que aborda su género cinematográfico o las reglas del mismo. Para hacerlo no pueden caer en lo habitual y muchas veces ello conlleva polémica o censura (Freaks, Blow-up, Showgirls o Psicosis son ejemplo de ello), o a exagerar la nostalgia, historias que el mismo público sigue haciendo presentes por iniciativa propia (como Nosferatu, Desayuno en Tiffany’s, Matrix o El proyecto de la bruja de Blair).

 

Las películas de culto también crean un impacto en la cultura, generando innumerables grupos de seguidores que se involucran con la historia y la hacen presente en su medio y contexto; pero de igual forma, no todas las películas con grandes números de seguidores pueden considerarse películas de culto; las películas de X-Men, por ejemplo, cuentan con miles de seguidores, pero esa sola característica no las hace de culto.

 

La saga Star Wars, por su parte, cumple con ambas características que la hacen de culto. Sorprendió con su realización y con el tipo de ciencia ficción que presentaba con el universo ficticio que creó, pero también con su tipo de producción en inventiva, personajes, misiones, vestimenta y, en general, su visión del futuro con que envolvía la historia que contaba. Su legado como cine de culto se sustenta en ese impacto dentro del mundo del cine, a la par de su legado dentro de lo cultural, que traspasa barreras de tiempo y espacio, donde los seguidores se ven tan inmersos en la película y su mundo creado que lo mantienen presente en el colectivo con el paso de los años, con representaciones de la historia, celebraciones de conciertos con la música de la película, participando en eventos relacionados al filme, vistiéndose como sus personajes favoritos y coleccionando todo lo relativo a ellos. Es la conjunción de todas estas características lo que la hace un ejemplo representativo del cine de culto.

 

De esta forma, muchas de estas películas incluso pasan a ser, además de cine de culto, cine clásico, que son las películas de referencia en la historia de la cinematografía, ya sea por su aporte al séptimo arte (en cuestiones técnicas de filmación como lo hizo Alfred Hitchcock con Vértigo), o en la cultura social que se adueña de estas historias (Vaselina, Akira o Kil Bill son  ejemplo de ello).

 

Akira | Dir. Katsuhiro Ôtomo | japón 1988

 

No todos los clásicos son películas de culto, ni todas las películas de culto son también cine clásico, pero lo que hace que un filme pertenezca a ambas categorías es la forma en que la sociedad y el público aceptan o rechazan un proyecto, y lo adhieren a una cultura o su subcultura específica. Películas como Hostel o Saw pueden ser de culto dentro del cine de terror gore, gráfico y violento, pero dentro de la cinematografía como séptimo arte, la técnica y realización no aportan elementos valiosos para su evolución, es decir, no logran trascender a cine clásico. El cantante de Jazz, por ejemplo, es el caso contrario, porque tanto es parte de la cultura popular como también es relevante dentro del cine por ser significativa históricamente respecto a la transición del cine en blanco y negro al de color. Esta historia es tanto cine de culto como cine clásico.

 

La presencia de este tipo de cine nunca se agota, porque no necesariamente debe ser comercial o agradar a la crítica, ni ser aceptado por todo el público o siempre ser artístico, pero tampoco debe ser forzosamente un fracaso comercial, ni ganar el mayor dinero en taquilla; porque puede ser valorado al momento del lanzamiento o, por el contrario, años después de haberse estrenado, porque puede crear tantos subgéneros (el cine gore, el slasher, el de carreras clandestinas automovilísticas, el de animación o el cine gay, por ejemplo ) como legiones de fanáticos que lo reconozcan como tal.

 

Este es un cine que crea impacto en la cultura cinematográfica, con enfoque creativo que atrae la atención, al mismo tiempo que perdura dentro del colectivo social. Las posibilidades, gracias a estas características, son inmensas, aunque el calificativo no se adquiere ni se gana de la noche a la mañana, a pesar de que el término se ha vuelto más subjetivo y comercial con el paso del tiempo. Lo significativo para conceptualizarlo será el grupo de seguidores, de cinéfilos, que se conformen para rendirle culto, para integrar una secta (en el sentido de comunidad) que convierta a la película en objeto de su idolatría.

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

Reflexiones sobre guionismo

 

Hace algunos meses se presentó en la Universidad Autónoma del Estado de Puebla el libro «Reflexiones sobre guionismo» escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez,  su primer libro «De Cine» aborda, desde su perspectiva, la historia del cine así como del quehacer de este arte desde todas las aristas posibles. Este segundo texto ahonda en el quehacer de escribir historias compartiendo una de sus creaciones.

Conversamos con ella y esto fue lo que nos dijo.

 

¿Cuál es el tema de «Reflexiones sobre guionismo»?

Guionismo al 100%, abordado de una manera teórico-práctica accesible y dinámica. La idea es que la gente que trabaja o estudia en el ramo se enriquezca de estas reflexiones sobre el arte de escribir historias, y que las experiencias plasmadas en las páginas también se conviertan en una forma de aprendizaje, en sus propias experiencias. Pero el libro también es para la gente que no se especializa en el área; que en el libro encuentre la inspiración por la narrativa escrita, tanto al invitarla a analizar las películas como hacer lo mismo con el mundo que le rodea. Contar historias es parte de nuestra vida y el libro aborda tanto ese proceso creativo de construcción, como específicamente los lineamientos que sigue un escritor de guiones para la creación de su trabajo.

 

¿Cómo surgen estas reflexiones?

El proyecto surge a raíz del guión realizado en el Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades que cursé en la Universidad Autónoma de Barcelona. El trabajo final era hacer un guión de largometraje. Al finalizar, lo importante era no sólo compartir esa historia, ese guión y su contenido, sino también el proceso que llevó a lograrlo, el camino recorrido, desde el aprendizaje teórico hasta las reflexiones, dudas y preguntas que surgen en la mente del guionista. Entonces, para darle forma, también era importante ahondar y profundizar en cuestiones propias de la escritura de guiones, como los términos especializados del lenguaje audiovisual, el formato que se usa en el medio o las teorías narrativas que van inmersas en el proceso. El todo, ya ordenado, conforma el libro, tanto la perspectiva académica como el guión de largometraje que lo inició todo.

 

¿Cuánto duró el proceso?

Es un proyecto que se construyó en diferentes fases. El primer borrador del guión que se incluye debió completarse en tres meses, durante el Máster, pero el proceso de revisión y «rescritura» tomó varios meses más. A partir de ese momento surge la idea del libro, publicar el guión, añadiéndole un sentido reflexivo y académico sobre la escritura de este ramo. Todo ese contenido sobre análisis, información y reflexiones fueron recabadas con los años, no sólo durante el Máster, sino también durante otros estudios de guionismo que he realizado, específicamente el Programa de Guionismo que cursé en la escuela de cine de Vancouver, años antes.  Seleccionar varios de estos temas, ya abordados en artículos publicados, darles forma, añadir contenido y construir la parte más práctica en la que abordo la experiencia de escribir el guión específico que viene en el libro (titulado ‘Olvido’) y cómo fue su proceso creativo, fueron aproximadamente otros seis meses más de trabajo, revisiones y correcciones.

 

¿Qué podemos encontrar en «Reflexiones sobre guionismo»?

Mucho análisis sobre el proceso creativo de construcción de historias. La primera parte del libro aborda lo que es la narrativa y específicamente la narrativa audiovisual, desde qué parámetros hacen a un guión a un guión, hasta por qué es importante realizarlo, pero también incluye información como qué elementos conforman una historia y qué preguntas debe hacerse y responderse un escritor ante un relato. La segunda parte habla de cómo fue construir ‘Olvido’, cuya finalidad es poder compartir un panorama de qué sucede cuando el escritor se encuentra frente a su historia y cómo hacerla el mejor guión posible. Finalmente, el libro se completa con el guión del largometraje ‘Olvido’, de mi autoría, una historia de ciencia ficción que ahonda en temas, a través de sus personajes y sus historias, como la identidad, los medios de comunicación o el uso de la tecnología en el mundo posmoderno.

 

¿Qué guiones o guionistas ejercen influencia sobre ti?

Desde que se estrenó ‘Chicas Pesadas’ me volví gran fan de Tina Fey; me parece un ejemplo importante de cómo abrirse puertas en varios ámbitos del medio a través de tu trabajo, y ella específicamente la comedia. También están Aaron Sorkin, porque cada proyecto en el que participa como guionista, es un trabajo es sorprendente; Alex Garland, que tiene un tino para hacer lo extraordinario, más sorprendente aún; y cualquier proyecto en el que participe la cineasta Brit Marling, ya sea colaborando con Zal Batmanglij o Mike Cahill, sus proyectos son el tipo de ciencia ficción que me interesa y anima.

 

¿Qué es lo que más disfrutaste del texto?

Hay gente que piensa que un guión sólo sirve si se vuelve película (o serie o proyecto audiovisual). Yo creo que, aunque un fin importante y único de un guión es, en efecto, que sea filmado, también creo que leer un guión es un gran placer y que, como narración escrita, es una vía muy accesible para aprender, reflexionar y compartir una historia. No es igual que una novela, pero también despierta la imaginación; no es una película, pero puede ‘leerse’ como tal. Es ver las posibilidades de un guión, más allá de su función camino a la filmación. Además, específicamente aquí, ‘Olvido’ es un guión dentro del género de la ciencia ficción, que en México se ha dejado casi olvidado en últimos años. Lo importante es acercarse, aquí o en otras industrias cinematográficas, a hacer cine, hacer guiones, desde otras perspectivas y propuestas.

 

¿Quieres compartirnos algo más?

Espero que a la gente encuentre en las páginas de este libro un gran gusto por la palabra escrita y por la construcción de historias, y que al mismo tiempo le inspire a escribir también, tal vez no historias como estas, tal vez no guiones, pero sí aquello que le inquieta y le interesa, que le estimula o que le mueve, que le anima e incluso lo que no entiende. Escribir es enriquecer la mente y enriquecerse uno mismo.

 

Agradecemos a Diana Miriam el tiempo dispuesto para esta entrevista, que sigan los éxitos y la escritura.

 

«Reflexiones sobre guionismo» puede ser adquirido en las librerías de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, BUAP .

 

Leer textos de Diana Miriam Meléndez Alcántara en Filmakersmovie.

 

Redacción Filmakersmovie.

 

 

Metrópolis

 

Por: Diana Miriam Meléndez Alcántara

 

Metrópolis | Dir. Fritz Lang | Alemania, 1927

Lo mecanizado implica un proceso mecánico, que significa automático, es decir, programado y sin reflexión sobre las acciones que se realizan. Por la forma operativa como las máquinas funcionan, la palabra bien sirve para definirlas, pero a veces el hombre, en su organización y respuesta predispuesta, sin consciencia, también actúa de esta manera.

 

La película Metrópolis (República de Weimar, 1927), considerada ‘Memoria del Mundo’ por la Unesco y exponente de la corriente del expresionismo alemán, fue dirigida por Fritz Lang y escrita por éste junto a Thea von Harbou, inspirándose en una novela de 1926 de ella. Protagonizada por Brigitte Helm, Gustav Fröhlich, Alfred Abel y Rudolf Klein-Rogge, la historia trata de una sociedad futurista en la que las clases sociales están marcadamente divididas. La clase adinerada y en el poder vive los lujos que obtiene del trabajo de la clase obrera, que literalmente viven bajo tierra, trabajando excesivamente con jornadas de explotación laboral. La ‘alienación del trabajo’ en términos de Karl Marx (1818-1883), cuya teoría dice que en el sistema capitalista, el trabajador, la fuerza de trabajo, no es tratado como una persona, sino una mercancía, utilizable y equivalente a dinero.

 

Los obreros en la película, sin embargo, reciben esperanza de María, la hija de uno de estos trabajadores, cuyo discurso de unión y solidaridad mantiene a la clase social de abajo deseando un cambio y, más importante, la posibilidad de éste.

 

El señor Fredersen, el dirigente de la ciudad, intenta encontrar una forma de mantener a sus trabajadores alineados, poniendo medidas que limitan la libertad de pensamiento de los obreros, específicamente con jornadas laborales excesivas y trabajos mecanizados que han vuelto a las personas sumisas, obedientes y automáticas. Su hijo por su parte, aprende de la realidad del mundo en el que vive cuando un día decide seguir a María, de quien se enamora. Allí descubre una verdad que hasta entonces desconocía, tanto por desidia como por ignorancia, que sus similares no viven en un mismo ambiente como él, que sus similares son tratados diferente, que la gente, que es, vive y piensa como él, tiene un estilo de vida muy distinto sólo por provenir de una clase social que la organización social considera ‘inferior’.

 

Freder se pregunta cómo es que su padre es capaz de tratar así a las personas y someterlas a una explotación laboral como la que viven los obreros. Le pregunta entonces qué pasaría si los obreros se unieran y se pusieran en su contra, sabiendo no sólo que los trabajadores son mayoría, sino que ellos son quienes con sus manos han edificado la ciudad.

 

 

María, que lidera a un grupo de obreros que buscan mejores oportunidades, menciona que, en efecto, la ciudad es producto de su trabajo; ellos, los obreros, construyeron los edificios y hacen a la ciudad funcionar porque son ellos quienes manejan las máquinas que hacen que la ciudad tenga ‘vida’; alguien tiene que activarla, encender los generadores de luz, por ejemplo, o los sistemas de transporte, etcétera.

 

Ella insiste que la clave es el balance, que se logre alcanzar un entendimiento entre el planeador y el constructor, es decir, entre el dueño de los medios de producción y los obreros que los trabajan. En esta ciudad, Metrópolis, esto aún no sucede y el resultado es un grupo de empleados explotados, descontentos y condicionados, frente un grupo de empleadores que en su afán de hacer su proyecto funcionar, han recurrido a un sistema falto de humanidad y de ética hacia las personas que para ellos trabajan.

 

Tanto María como Freder llaman a los otros ciudadanos ‘hermanos’, porque son gente como ellos, que respira, sonríe, anhela y sufre. Estos dos personajes muestran empatía por la gente que les rodea, porque los ven como similares, no más, no menos, sino equivalentes. Y como tal se preguntan, ¿por qué algunos tienen más o menos que otros, si todos somos iguales? ¿Por qué hay privilegiados y explotados, si todos en Metrópolis son ciudadanos que conviven en un mismo mundo?

 

Pero el señor Fredersen tiene un nuevo plan de control, gracias a la llegada de las máquinas y específicamente de los robots, uno además muy similar, en especial físicamente, a los humanos. “He creado una máquina a imagen del hombre, pero que nunca descansa ni comete errores. Ya no necesitamos trabajadores”, le dice el inventor de este robot al señor Fredersen.

 

Este robot que el inventor propone, presentándolo como la máquina que no se equivoca y tampoco descansa, implica un ‘trabajador’ al que se le puede explotar, creyendo que esto es mejor para humano, o para un grupo exclusivo de ellos; no previendo las fallas que la máquina pueda sufrir, a corto, mediano o largo plazo. Las personas miran el beneficio, su beneficio, al usar la máquina, el invento, pero no vislumbran los contras que su presencia y su uso puedan traer consigo, sino hasta que ya es demasiado tarde y lo hayan ya rebasado a él y su sociedad.

 

La idea de Fredersen es reemplazar con máquinas, a las cuales controle mejor y más precisamente, a todos los trabajadores; sustituirlos, aprovechando que el sistema ya está mecanizado en muchos sentidos, en una ciudad que trabaja gracias a tecnología e industria masiva que ha vuelto al mundo y los medios de producción una serie de procesos coordinados, con reglas estrictas diseñadas para beneficiar a pocos a costa del trabajo de los muchos.

 

Metrópolis | Dir. Fritz Lang | Alemania, 1927

 

Lo que la clase pudiente en esta sociedad quiere es construcciones que les beneficien a ellos, no a la mayoría; lo que quieren es trabajadores que obedezcan, que no piensen, que hagan lo que les dicen. Lo han logrado explotando a los obreros, pero pretenden dar el siguiente paso con las máquinas, esperando que éstas, debido a sus programas, piensen aún menos que el hombre.

 

El problema de los obreros no es rebelarse, es hacerlo sin entender el panorama que esto implica. Están tan predeterminados a actuar y pensar de una cierta forma, la que la clase alta les dice, que no saben cómo expresarse o cómo conseguir lo que desean. María pide paz y empatía, cordialidad y diálogo entre las partes, pero lo que el señor Fredersen logra, convirtiendo al robot a semejanza de María y haciéndole tomar el lugar de la chica, es despertar el caos entre las personas, incitándolas a la violencia.

 

Lo que el señor Fredersen busca alcanzar no sólo es crear conflicto para después mostrarse él como el salvador, sino lograr que los propios obreros se destruyan a ellos mismos, como personas actuando en contra de su sociedad, pero también como medio de producción primordial. Que su fuerza se convierta en su perdición y que la destrucción, en lugar de dar paso a la revolución, haga a la gente más dócil, más manipulable.

 

Lo que se espera es destruirlo todo para reconstruir desde cero, según los deseos e intereses de una clase exclusiva y sin tomar en cuenta lo que la mayoría de la población necesita.

 

El plan que María propone es enmendar errores, cambiar, adaptarse en lugar de voltear la cara al problema. Frederse llama, a través del robot María, a destruir a las máquinas viejas para que las nuevas y mejores lleguen a sustituirlas, incluso éstas aún son funcionales. Su pensamiento no sólo es el de reemplazar, sino que la máquina está por encima del hombre, y específicamente del obrero.

 

Cuando los obreros se deciden destruir su ciudad, bajo suelo, tampoco entienden que el sistema en que viven, en el que han dejado reinar a la máquina por sobre ellos, depende tanto ya de estos inventos que, destruir a las máquinas significa ahora destruirlo todo, destruirse ellos.

 

En un mundo lleno de aparatos industrializados, es el hombre el que actúa como robot, de forma mecanizada, como bien lo representa la película con el actuar de los obreros. Son ellos los que ya no se detienen a pensar, porque trabajando más de diez horas al día, limitan su tiempo de recreación y reflexión, reaccionan sin crítica y omiten el análisis, porque ya están tan acostumbrados a hacer lo que se les dicta que ellos mismos no saben cómo observar el contexto para entonces tomar decisiones.

 

Uno de los ejemplos que explica María, para demostrar la calidad de su situación, es el de la Torre de Babel, una edificación que promete unificación pero que al final, es construida por la mayoría, para complacer a una minoría; un lugar donde haya un solo lenguaje, pero en donde los arquitectos no pueden si quiera comunicarse para hacerla una realidad. “Alabanza de pocos, tormento de muchos”, explica la joven, señalando que el profesar un estado de unión y hermandad no debe limitarse a las palabras y las promesas, sino que debe traducirse también en acciones.

 

Cuando María dice que debe haber un entendimiento entre quienes planean la construcción y quienes la llevan a cabo, ella habla de un elemento clave para que esto suceda, corazón; algo que, no sólo no tiene la máquina, y no lo entiende tampoco, sino que no es mecánico, más bien cambiante, porque se adapta a la realidad del contexto y de la gente, como valor humano, reflexivo, que requiere de análisis y empatía.

 

Metrópolis

Dir. Fritz Lang

Alemania, 1927

Transformación de María  3:00

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Nerve: Un juego sin reglas

Por: Diana Miriam Meléndez Alcántara

Cuando se habla de la era de la información, se hace referencia a una época en la que todo se encuentra en un mundo digital, libre, abierto y, aparentemente, sin restricciones; una realidad donde la tecnología y la informática son el motor de una sociedad. En la actualidad las redes son la prioridad para la obtención de datos y conocimiento de hechos de muchas personas, lo que ahí sucede, se ve, se publica, se comenta y se comparte; pero así como esto tiene sus pros para lograr una conectividad más inmediata, en lo cotidiano también existen varios contras que afectan tanto el conocimiento como el flujo de información verídica.

 

La vasta cantidad de información compartida crece de forma desmedida y esto termina creando una enajenación y alienación. La gente reacciona a sus alrededores, a lo que sucede en la Internet y con los videos e imágenes con que se topa, pero su relación se vuelve tan dependiente que el hombre comienza a dejar de pensar para convertirse en un ser pasivo. El mundo digital que le rodea lo vuelve ajeno a la realidad en la que vive.

 

Nerve | Dirs. Ariel Schulman &Henry Joost | Estados Unidos, 2016

A raíz de estas ideas se plantean las bases para la película Nerve: Un juego sin reglas (EUA, 2016), escrita por Jessica Sharzer, basándose en la novela homónima de Jeanne Ryan, y dirigida por Henry Joost y Ariel Schulman. El proyecto cinematográfico cuenta con las actuaciones de Emma Roberts, Dave Franco, Emily Meade, Colson Baker (conocido artísticamente como Machine Gun Kelly), Juliette Lewis y Miles Heizer, en los papeles principales.

 

Nerve es un juego en internet, inventado para la historia, donde la gente que participa debe cumplir diversos retos a cambio de dinero, se trata de distintas pruebas propuestas por los mismos usuarios que miran y que a su vez pagan una cuota por el derecho a participar como ‘observadores’. La idea es que cada reto sea grabado y transmitido en vivo; mientras más observadores sigan la transmisión, mejor posicionado en el ranking se verá el jugador. El propósito básico de la mercadotecnia: pagar por disfrutar consumo [ver, escribir, proponer, juzgar], sin importar los efectos éticos del asunto.

 

La historia tiene como protagonista a Vee, una chica infantil e inmadura, insegura, temerosa y, por tanto, tímida, poco arriesgada, que vive complaciendo a los demás. Su mejor amiga, jugadora de Nerve, le dice que es tiempo de tomar oportunidades y vivir al momento, inclusive si ella misma tampoco sabe medir las consecuencias de su impulsividad. En consecuencia, Vee deja de ser una ‘observadora’, usuaria del juego, para convertirse en ‘Jugadora’, participante del mismo.

 

El mecanismo de la dinámica como tal, refleja los riesgos que existen en esta era de la información. Si todo está en la red, todo se vuelve público; se pierde la privacidad, pero también comienza a pasar lo mismo con la identidad. La gente que organiza, administra y vende el juego en la película, gracias al control que ejerce sobre los que libremente se inscriben, en un obvio ejercicio de compraventa, donde se puede conocer de gustos, intereses, costumbres o debilidades de sus jugadores, extrayendo información de sus perfiles de cuentas en Internet, Facebook, Instagram, Twitter, etcétera, sobre sus familias, su persona o sus rutinas, información que utilizarán en su contra, para forzarlos a seguir en el juego, chantajeándolos, o para ponerles pruebas más complicadas basándose en, por ejemplo, sus miedos. Es su presencia en la red, lo que informan y comentan sobre su propia vida, lo que eventualmente hace a los jugadores vulnerables, algo de lo que de entrada no se dan cuenta las personas, ni la mayoría de los jugadores de la historia; tal y como en la vida real se presenta hoy en día.

 

El juego en sí, en su dinámica y forma de operar, es una explotación de cómo la red controla, maneja y comparte la información. Los usuarios del juego miran y documentan todo, absorben indistintamente todo lo que se les pone enfrente, alejados de la realidad, de los retos, de las emociones humanas que se viven en ellos, porque no los presencian directamente, sino a través de una pantalla. Se promueve el morbo como espectáculo y entretenimiento y ello lleva al desgaste y la pérdida de los valores y la ética. La gente mira porque cree que lo hace en el anonimato y eso sólo propicia más indiferencia social.

 

Los retos van creciendo en intensidad e incluso poniendo en peligro la vida de los jugadores, pero el incentivo monetario mantiene a los participantes activos en la competencia, peleando con sus semejantes en un esquema regido por la rivalidad y la popularidad, mientras los observadores se continúan alimentando (consumiendo) de una exhibición de la que se creen distantes, inclusive indiferentes en cierto grado, porque sólo miran desde lejos, bajo la idea de que nada tienen que ver en lo que hacen otros, los jugadores, sin entender que, mirando el espectáculo, votando o promoviendo retos, son también responsable de los que sucede, aunque sea de forma indirecta, porque aunque sólo viendo desde sus celulares, computadoras o tabletas, hacen crecer el juego, lo promueven más con su presencia, su presencia digital.

 

¿Por qué jugar? Para algunos es llamar la atención, para otros es ganar la sensación de control, sobre su vida, decisiones y futuro, para otros es entretenimiento y para otros es necesidad (probablemente financiera). El público meta son los jóvenes, la esfera de la población susceptible a ser impresionable, propensa a ser partícipe por su relación ya establecida y estrecha con la tecnología y la era de la información; personas maleables dada la época de crecimiento que viven, una adolescencia y adultez en busca de emociones, adrenalina y retos, en donde la inmadurez es la suficiente para cegar su juicio e invitarles a dejar de medir las consecuencias de sus acciones.

 

Nerve | Dirs. Ariel Schulman & Henry Joost | Estados Unidos, 2016

 

El juego engaña deliberadamente con el viejo discurso de ‘vive el momento y el ahora’, promoviendo lo inmediatez sin pensar en las consecuencias, atrapando con la idea de que participar, convertirse en jugadores, vuelve a las personas en gente activa, no pasiva; lo que el juego nunca explica son los efectos secundarios, a costa de qué o qué se da a cambio de esa sensación de libertad y autonomía. Los jóvenes parecen querer proclamar su independencia aceptando las condiciones del juego y los retos, que terceros proponen y califican, creyendo que eso significa decisión de juicio, cambio o autosuficiencia, cuando en realidad es todo lo contrario. Cada persona es responsable de sus decisiones, pero en este caso, su elección sólo los lleva a convertirse en piezas de un tablero controlado por otros, que se aprovechan de ellos para su beneficio propio, siempre en el marco de un afán exhibicionista para ser aceptado y reconocido.

 

La red se convierte en una careta, una que parece permitirlo todo; con la excusa de que se trata de un juego que se maneja a través de internet, todo se vuelve efímero. La gente que está ahí sólo por la fama pasajera, se dará cuenta que para el sistema, el juego, ellos son piezas que cumplen una función, momentánea, en donde eventualmente se vuelven desechables, reemplazables incluso.  La red anónima donde seguidores, público e incluso jugadores existen, pero no existen. La evidencia de lo que sucede queda perdida en el ciberespacio, un lugar donde regulaciones y reglas aún están difusas y no siempre bien reglamentadas.

 

Se comenten delitos cibernéticos, por ejemplo, que los administradores saben cómo encubrir aprovechándose de las mismas fallas o huecos sin explorar de la era de la digitalización (el código abierto de la página web hace que los servidores conectados se vuelvan una barra protectora que no permite identificar la fuente de origen del juego). Estos crímenes, sin embargo, también son sólo posibles por la misma dinámica de la informática: poder robar dinero de una cuenta de banco porque ésta está ligada a la información, también disponible en la red, de su propietaria, es un buen ejemplo.

 

Con estos elementos de historia, la película evidencia cómo el mundo opera en una sociedad del espectáculo, en donde la dinámica de convivencia se vuelve impersonal, muchas veces debido a las mismas redes sociales, en donde el todo ‘compartido’ más bien acrecienta el distanciamiento y la superficialidad. La comunicación que se maneja en la red y el cómo se maneja pretende facilitar la socialización, pero olvida que su misma naturaleza hace que fácilmente pueda también manipularse, para convertirse así en obstáculo de las relaciones humanas, el desarrollo personal y la convivencia social.

 

Nerve: Un juego sin reglas

Dirs. Ariel Schulman & Henry Joost

Estados Unidos, 2016

Trailer 2:35

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Cine de autor

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

El cine de autor es aquel que cuenta con características particulares y distintivas de su realizador; normalmente sale de los cánones establecidos pues el director imprime su sello distintivo, vaya o no a la par con lo cotidianamente establecido entre las reglas del mundo del cine.

 

 

No todo el cine fuera de lo ordinario es cine de autor, como no todos los realizadores son descritos con este calificativo para su trabajo, pues el cine de autor realza las impresiones y visión de su director, al grado que se distingue de entre todo el cine que se realiza a la par, gracias a los elementos típicos que se encuentran siempre en sus obras; por ejemplo, la agilidad de diálogo entre los personajes del cine de Robert Altman (1925-2006), conocido por películas como MASH, Gosford Park, Vidas cruzadas o El Dr. T y sus mujeres, o el humor cómico pero con crítica social que impera en el trabajo realizado por Charles Chaplin (1889-1977), cuyos productos cinematográficos que lo ejemplifican son, entre otros, Tiempos modernos, Luces de la ciudad y El gran dictador. Por cierto, ambos autores reconocidos tardíamente por los premios Oscar, al recibir el galardón Honorifico en reconocimiento a su trayectoria profesional en el séptimo arte.

 

El director debe realizar su propia impresión de la historia que cuenta, plasmándola de su visión particular y dotándola de peculiaridades propias, ya sea en cuestiones técnicas como un movimiento de cámara o en el tipo de edición de la película, incluso en cuestiones temáticas y de contenido. Su narrativa, personajes o innovaciones técnicas muy particulares, son los componentes que le llevan a ser identificados como generadores de “cine de autor”.

 

Para ello el autor busca libertad creativa y cierto grado de control sobre su trabajo, por lo que mucho del cine de autor resulta también ser cine independiente, autónomo en todo sentido, en especial de las reglas de la cinematografía o de las imposiciones de un estudio productor, que a veces procuran más el resultado mercadotécnico que el artístico.

 

También el cine de autor puede llegar a catalogarse como cine de arte, porque los realizadores, con su libertad creativa y experimental, suelen proponer historias menos comerciales y, en efecto, más artísticas.

 

Se considera que el cine de autor inició a clasificarse de esta manera a partir de aproximadamente la década de 1960 (aunque ya se debatía este término desde tiempo atrás) cuando, en contra del neorrealismo italiano, movimiento que proponía un cine más real, filmando, para lograrlo, en locaciones naturales en lugar de estudios de grabación y con personas comunes en lugar de actores profesionales, la nueva ola de cine francés proclamó la importancia de la visión del autor, del director o guionista, para moldear las historias, para dar forma a esa realidad de la que hablan otros autores.

 

Con figuras como François Truffaut (1932-1987), Jean-Luc Godard (n.1930) o Claude Chabrol (1930-2010) entre sus representantes, los pertenecientes a este movimiento apelaron por un cine más personal, reconociendo que la visión del director detrás del proyecto como la guía que construye la historia, es el vehículo verdadero que permite pasar del guión plasmado en papel al rollo de filmación.

 

Así, aunque el cine de autor se refiere a los realizadores de quienes se percibe su trabajo como únicos entre los demás: Quentin Tarantino (n. 1963), Akira Kurosawa (1910-1998), Woody Allen (n. 1935), Luis Buñuel (1900-1983), Alfred Hitchcock (1899-1980), David Lynch (n. 1946), Pedro Almodóvar (n.1949) o Terrence Malick (n. 1943), por mencionar algunos ejemplos, también se considera cine de autor al conjunto de realizadores dentro de una misma corriente que trazan un tipo de cine fuera del movimiento comercial y mercadotécnico de la industria.

 

Foto: Woody Allen | Scene By Scene – Woody Allen | http://cinearchive.org

 

En cualquier caso, este tipo de cine se caracteriza por la puesta en escena que plasma el director de la película, con sus técnicas de filmación, forma de abordar la historia y contenido audiovisual, creando ciertas características en pantalla que conforman su particular modo de hacer películas, al grado que se hacen propias para su cine. Y porque el autor propone su perspectiva de la historia, suele hacerlo directamente desde el guión, pues aunque muchos autores no se involucran con el proceso de escritura, la mayoría sí lo hacen, ya que su panorama del relato que cuentan viene desde la historia misma hasta su realización.

 

Los hermanos Cohen, por mencionar un ejemplo, usualmente trabajan desde el guión hasta la realización sus propios proyectos. Esa es la clave que da flexibilidad a la libertad creativa y al mismo tiempo forja y construye ese sello distintivo, reconocible, que hace que el cine de los hermanos Cohen sea en todos sus elementos (historia, música, tono, actuaciones), su particular estilo de hacer cine. Fargo, de 1996, Sin lugar para los débiles, de 2007, y Quémese después de leer, de 2008, son por ejemplo películas que los identifican.

 

En el cine de autor es tan importante el qué se cuenta, igual que el cómo se cuenta, porque influye tanto la técnica como la modernidad, el contexto o el subtexto que se desee manejar en la historia. Un cine de autor de los años 50 no puede compararse con el moderno; el anterior no podrá reproducirse ni tendrá el mismo impacto en el presente como lo tuvo en el pasado, porque la forma de hacer cine es diferente, pero también porque el pensamiento de la sociedad de entonces no es el mismo que el del presente. La cultura cinematográfica ha evolucionado, modificando la forma de percibir las películas filmadas en otros momentos y circunstancias. La visión del autor puede perdurar el paso del tiempo; el suspenso de las películas de Hitchcock es tan efectivo hace 50 años como lo es ahora, pero su estilo particular de hacer cine y abordar un proyecto sólo puede hacerse por el autor mismo en su presente, en su momento de hacer el cine, con las herramientas que tiene a su alcance y la mirada particular con que lleva sus historias a la pantalla grande en ese particular contexto.

 

La base para definir el cine de autor es que el responsable de la obra es el director, que con su trabajo y visión indica a cada departamento la forma de hacer realidad esa mirada propositiva con que asume un filme. La idea no debe ser controladora y excluyente, pues el propósito es el trabajo armonioso que opera bajo una visión característica del realizador, es decir, un cine hecho bajo el trabajo en equipo como cualquier otro, pero en el que el autor plasma su percepción única para contar la historia en todo momento, donde de alguna manera controla lo que se hace y cómo se hace, porque cada acción debe corresponder con su mirada de realización.

 

Esta categoría de cine es vasta y aunque no todos los realizadores encuentran sus películas en este apartado, a pesar de contar con un estilo de cine particularmente único, muchos autores independientes y vanguardistas encontraron en estas corrientes artísticas una forma propia de hacer cine, y con ello, un tipo propositivo de contar historias, es decir, el cine de autor.

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

Alien: el octavo pasajero

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Alien: el octavo pasajero | Dir. Ridley Scott | 1979

Lo que incita al hombre a explorar obedece a distintas razones: conocer, aprender, estar preparado, sobrevivir, alimentarse, reconocer sus alrededores o saciar su curiosidad son algunas de ellas; se trata, en suma, de conocer su ambiente y encontrar la forma de utilizarlo en su beneficio, de apropiarse de la naturaleza para hacer placentera y útil su propia existencia. Para los animales es más una acción-reacción, marcar su territorio, velar por su supervivencia, conseguir alimento o encontrar refugio, entre otras cosas. ¿Y para una máquina? Programación, órdenes e información, ejecutar lo que su diseñador le implanta.

 

Pero se puede entender lo que se conoce, no lo que se desconoce. Se puede descifrar, o interpretar el actuar de una persona, un animal y hasta una máquina, pero no se puede comprender a un ser completamente extraño y ajeno. ¿Cómo reaccionar ante lo desconocido? La pregunta es vital dentro de la historia en Alien: el octavo pasajero (EUA-Reino Unido, 1979), película dirigida por Ridley Scott con base en el guión de Dan O’Bannon y Ronald Shusetty, ganadora del premio Oscar a mejores efectos visuales y nominada en la categoría de mejor dirección de arte; protagonizada por Sigourney Weaver, Tom Skerritt, Veronica Cartwright, Harry Dean Stanton, John Hurt, Ian Holm y Yaphet Kotto.

 

¿Cómo reaccionar ante lo inesperado, la incertidumbre? ¿Acaso alguien sabe cómo va a reaccionar en una situación inesperada, cómo controlar sus miedos? Posiblemente nadie.

 

El relato narra el momento en que una nave comercial, el Nostromo, con siete pasajeros a bordo, se desvía de su regreso hacia la Tierra para atender una señal proveniente de otro planeta, detectada por la computadora de mando de la nave, lo que lleva a los tripulantes a encontrarse de frente con una forma de vida extraterrestre.

 

Alien: el octavo pasajero | Dir. Ridley Scott | 1979

 

En primera instancia, responder a la llamada es su deber, en nombre de la ciencia, de la humanidad y del conocimiento. Pero también es su responsabilidad y su obligación, tal cual lo estipula su contrato; así lo deja claro uno de los tripulantes de la nave una vez que otro par de ellos se niegan inicialmente a seguir adelante y votan por continuar con su viaje como planeado.

 

Pero, ¿por qué una obligación? El contrato no existe simplemente para asegurar cumplir un deber, sino para que, en caso de duda (y casi siempre la habrá), se cumpla esta específica orden;  además se trata de una cláusula preventiva ante la posibilidad del escenario, lo cual permite suponer que la empresa comercial se guía por sus intereses financieros, de investigación científica y de expansión territorial, dando prioridad a la obtención de información y adquisición de muestras o seres extraños por sobre la seguridad del personal de la nave; el ordenamiento legal asegura que esa posibilidad sea investigada.

 

Bajar al planeta en busca de respuestas es también un acto humano, producto de la disciplina laboral pero también de la curiosidad y del afán de saber y explorar, lo mismo que es humano intentar ayudar al otro o preservar la vida propia. No obstante todas estas acciones <curiosear, explorar, ayudar, proteger> deberían realizarse con prudencia, racionalidad, salvaguardando la tarea central que es sobrevivir y llevar la nave de regreso a la Tierra, pero en la acción relatada no es así, las decisiones de diferentes personajes se alejan de ello (conscientemente o no) y facilitan el contacto del octavo pasajero. De ahí el dilema: dos especies en el universo, cuando se encuentran, ¿serán receptivas mutuamente, o, por el contrario, su primera respuesta será sobrevivir frente al otro?

 

¿Qué hacen los tripulantes del Nostromo al momento en que descubren que este ser alienígena está cazándolos, acechándolos y matándolos? Defenderse. No siempre es mejor disparar y después preguntar, pero en este caso cualquier decisión que se tome tendrá sus problemáticas, en especial cuando no se sabe cómo actuar ante la situación, cuando se desconoce la naturaleza orgánica del ser extraño, cuando se desconoce su capacidad adaptativa y de respuesta defensiva. El estar preparado se complementa con el instinto de supervivencia, pero la incertidumbre, la sorpresa y el miedo se convierten en factores que no sólo llevan a una persona a cometer errores, sino que también la empujan a actuar más impulsivamente y menos racionalmente.

 

 

Las consecuencias que se desatan lo hacen a partir de que el hombre no está preparado para este encuentro. La pregunta clave entonces aparece: ¿Qué intenta el alienígena: sobrevivir, conocer, defenderse, exterminar? ¿Y que intenta el humano? Los tripulantes desde luego, pero también quienes a distancia facilitaron el encuentro con las órdenes ocultas en máquinas.

 

Matar, eliminar, huir y sobrevivir se convierte pronto en el plan de acción de los tripulantes, pero esta decisión choca o se enfrenta, de alguna manera, con el mismo actuar como reacciona el extraterrestre, peleando por su propia supervivencia. El ‘alien’ encuentra la forma de mantenerse con vida, uniéndose al cuerpo de un ser humano como si se tratara de un parásito absorbiendo los recursos de su huésped, pero también demostrando un grado de inteligencia al huir, camuflarse, conseguir comida y hasta matar a quien lo amenaza, en corto, adaptándose a las condiciones que le rodean.

 

La respuesta por parte de los tripulantes debe ser acorde, salir adelante basándose en su habilidad para resolver problemas y hacerlo conforme a las circunstancias como se presenten, utilizando los recursos a su alcance y evaluando sus prioridades y propósito final. Al principio saben que deben cumplir con su deber, bajar al planeta y descubrir cuál es el origen de aquella señal (que eventualmente con deducción descubren no es un llamado de auxilio, sino una señal de alerta), pero más tarde se mueven entre la duda y el conocimiento; para cuando la situación se torna riesgosa, entonces su instinto primario toma el control, matar a la amenaza, para vivir, o sobrevivir al escenario.

 

La elección se hace a partir del contexto. El problema es que la decisión es personal y que lo más importante para uno, no forzosamente lo es también para los demás. La aparente racionalidad se hace individual, ignorando el análisis colectivo, actuando por tanto, también por impulso afectivo o interés no explícito. Cuando la suboficial de la nave Ellen Ripley señala que hay un protocolo de cuarentena que seguir antes de dejar entrar a la criatura, alguien refuta que hay que pasar por alto las reglas para intentar salvar la vida de su compañero, a quien el ser extraterrestre ha tomado como huésped para sobrevivir.

 

Cada persona asume el panorama y conducta según sus intereses, o sus miedos: el que lo hace bajo el estandarte del deber, el que lo hace bajo el del beneficio propio (motivado por un incentivo monetario); el que sigue las reglas, el que rompe las reglas y el que crea sus propias reglas.

 

Ante la falta de elementos para sustentar una decisión, el capitán delega la responsabilidad al científico encargado, bajo la excusa de que el experto sabrá con mayor racionalidad qué hacer, es decir, el viejo y gastado argumento de que los profesionales expertos siempre saben qué hacer en beneficio del colectivo y con base en el saber científico. Pero el científico no actuará en función del bien común, sino en función de sus intereses. Él elige lo que él quiere hacer, no lo que es mejor para la nave o los otros pasajeros, en este caso, recuperar a uno de estos especímenes para llevarlo a la Tierra.

 

Alien: el octavo pasajero | Dir. Ridley Scott | 1979

 

Finalmente el equipo se da cuenta que además, la elección de su compañero está basada más bien en una orden predeterminada, un comando previsto y ejecutado sin que los demás sepan de esta misión alterna. La primacía es la vida del alienígena por sobre la de los demás humanos, en el entendido de que, para la compañía que los ha contratado en la Tierra, las vidas humanas son menos importantes en comparación con el descubrimiento de evidencia de vida extraterrestre.

 

El actuar del hombre y la máquina no son iguales, porque uno basa sus acciones en órdenes y sus prioridades no son las suyas, sino las que le mandan. El mismo precepto depositado en un humano sería razonado desde otro punto de vista, donde la vida extraterrestre se prioriza hasta que su presencia amenaza la existencia del individuo; entonces, la orden se rompe para salvar al otro o para salvarse a uno mismo, porque la vida del hombre siempre está por encima de cualquier otra cosa, porque el razonamiento se sustenta en la lógica y la habilidad deductiva, en un análisis de datos y las probabilidades de sus consecuencias, en los valores y la ética, en la supervivencia de la especie.

 

No es así coincidencia que el mandato de esta misión secreta se le dé a un androide; y en esa misma línea, la máquina que controla la nave es la que despierta automáticamente a los tripulantes al detectar la señal cercana proveniente de otro planeta, en un acto igualmente mecanizado que le ha sido programado. Un humano bajo la misma orden, recuperar un espécimen extraterrestre, se detiene a reevaluar sus órdenes en el momento en que se encuentra con un foco rojo, la hostilidad y peligrosidad del alienígena en este caso. La máquina no se detiene ante una variación de este tipo, porque no tiene los parámetros para hacerlo, es decir, no razona como un humano lo haría, no considera las variantes añadidas, porque no está programado para ello.

 

“No entienden a qué se enfrentan”, insiste el androide. Ese es uno de los grandes temores de la humanidad, enfrentarse a algo extraño, desconocido, algo que, como en el caso de la película, se adapta mejor y más rápido a la situación. El temor al otro, a lo extraño, está siempre presente y casi siempre la respuesta es la aniquilación. Después de todo cada ser vivo lucha por sobrevivir.

 

Explorar es indagar con cautela y cada explorador delimita sus parámetros al respecto pero, ¿cómo sabe el investigador que él es el observador y no el objeto estudiado? ¿Somos la humanidad los únicos que observamos al universo? Más aún, si el contacto y la incursión en el espacio infinito se presenta bajo la determinante de nuestra estructura social (y no puede ser de otra manera) los intereses comerciales de las grandes corporaciones y el desarrollo de la ciencia como fuerza productiva seguirán produciendo tripulantes-empleados desechables, más allá del heroísmo de Ripley y subsecuentes héroes y heroínas de relatos subsiguientes.

 

Alien

Dir. Ridley Scott

Estados Unidos, 1979

 

También leer: Alien, un pasajero de 35 años

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Amor sin barreras

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Hay que saber elegir tus peleas. Hay que ser certeros con quién y cuándo pelear, para no salir derrotado en la contienda. Valorar momento, tiempo, gente, repercusiones, pros y contras; hay causas porque las que es importante pelear y causas que es importante saber cuándo pelearlas, porque por cada acción hay una reacción. La historia de Amor sin barrerasWest Side Story (EUA, 1961) es eso, una serie de conflictos y decisiones relacionadas unas con otras que a veces toman el giro erróneo porque no se eligen correctamente en lugar y momento. Porque saber elegir es priorizar y priorizar es madurar; los personajes de esta historia, en su mayoría, no han logrado entenderlo.

 

Ambientada en el escenario neoyorkino, la historia presenta la enemistad entre dos grupos sociales diferentes que disputan por poder y supremacía. Cuando María (Natalie Wood), la hermana de Bernardo (George Chakiris), líder de la banda de los puertorriqueños “Sharks”, se enamora de Tony (Richard Beymer), el segundo de Riff (Russ Tamblyn), líder de la pandilla de los “Jets”, la situación se convierte en el pretexto ideal para dejar salir su odio por el otro y crear un conflicto en pelea permanente y en ascenso entre unos y otros, con resultados letales.

 

Los jóvenes en la historia son un grupo de personajes con la necesidad de dejar salir su ira y su disgusto con la sociedad y con su propia vida, son producto de su ambiente, pero además resienten ese ambiente en la medida que no les ofrece oportunidades de desarrollo. Un sistema judicial que voltea la cara a conveniencia, una generación producto de la decadencia económico-social, de acuerdo a la ambientación de época en que se desarrolla, además de un grupo de jóvenes buscando oportunidades pero divagando sin rumbo. Por lo menos así lo expresan los Jets en el número musical “Gee, Officer Krupke!”, en donde Riff se autoproclama portador de la “enfermedad social”. “La sociedad le hizo una mala jugada”, responde uno de sus compañeros.

 

Las pandillas pelean por un territorio y no porque estrictamente sea de ellos, sino porque necesitan aferrarse a creer que tienen control sobre algo y que tienen algo por lo que luchar; producto, además, de su legado cultural, educativo, histórico y mental. Los Sharks son vistos como unos inmigrantes que han llegado a invadir el espacio de los otros, a pesar de que ellos mismos, los Jets (irlandeses aparentemente -o italianos-), también son producto de ese mismo legado inmigrante que ocurrió en épocas pasadas.

 

Amor sin Barreras | Dir. Jerome Robbins, Robert Wise | Estados Unidos, 1961

 

A través del número musical “América” la película se permite expresar una crítica analítica de esta realidad del país, Estados Unidos. Anita (Rita Moreno), novia de Bernardo, canta “Todo es mejor en América”, a lo que su novio responde “Puerto Rico es parte de América”. Un problema económico social que hace de los ciudadanos puertorriqueños extraños en un país del cual, de cierta forma, son parte integrante (Estado Libre y Asociado). La canción, aunque interpretada por los Sharks, demuestra la necesidad de identidad, independencia y pertenencia que todos estos personajes añoran. La canción habla de las oportunidades que ofrece el país pero al mismo tiempo la dificultad que enfrenta alcanzar esas aparentes oportunidades, incluida la desigualdad económica: “La vida es buena en América. Mientras seas blanco en América. Aquí eres libre y tienes orgullo. Siempre y cuando permanezcas de tu lado”. Ventajas y desventajas por igual que demuestran tanto Anita como Bernardo con su interpretación, hablando de dos puntos de vista igual de reales y burlándose de su propia experiencia y estilo de vida, tanto en su país natal como del país en el que viven.

 

Pero mientras las bandas se preocupan por definir cuándo y dónde pelear, Tony y María, que ya se han enamorado, sólo piensan en estar juntos. Esos contrarios ejemplifican cómo una misma realidad puede verse desde diferentes perspectivas según la forma de ver y vivir la vida, de pensar y de actuar. “¿No ves que es uno de ellos?”, pregunta Bernardo a su hermana cuando, en el baile en que se conocen, ella y Tony bailan juntos. “No, sólo lo veo a él”, contesta ella. Prioridades. ¿Qué es lo importante para unos y para otros (Jets y Sharks) y qué es lo que los impulsa ser y actuar así? Para María y para su enamorado lo importante no es la disputa colateral que los rodea, ni su pasado ni sus amigos ni sus relaciones, sino los sentimientos del uno por el otro y la persona misma como individuo; la base de su relación no se consiste en con quién se asocia a María y a Tony, Sharks y Jets, sino quiénes son ellos como personas, lo que piensan, lo que sienten, lo que opinan y como actúan.

 

Un romance que habla de lo bueno que puede rescatarse de un escenario negativo. “Nadie debía morir”, se queja uno de los muchachos luego de las muertes de Riff y de Bernardo. Pero, en su ira y venganza, en su necedad por saldar cuentas y jugar al ojo por ojo, ¿qué era lo que esperaban? Escogen pelear, luchar y abusar de la violencia en el libertinaje como rebelión y diversión catártica, pero no están listos para asumir las consecuencias.

 

Tal vez lo que se necesita para entenderlo es un punto de interés común, encontrar la coincidencia en su situación de jóvenes marginados, de personas objeto de la manipulación ideológica del sistema que aparenta igualdad en donde sólo hay explotación y dominio del poder socioeconómico, o la asimilación de la realidad, de lo sucedido y de las repercusiones que ello conlleva para el futuro personal de cada uno de ellos. María llorando al lado del cuerpo sin vida de Tony, para darle cara a ese sufrimiento y entender que sus acciones afectan a terceros.

 

Amor sin Barreras | Dir. Jerome Robbins, Robert Wise | Estados Unidos, 1961

 

La disputa entre dos siempre se extiende hacia más de dos, a terceros involucrados, quienes sufren las consecuencias de acciones de seres queridos; esa es la realidad de la rivalidad que opta por el abuso de poder y la violencia (intimidación o agresión por igual). Es aterrizar la realidad a un punto palpable, en este caso María y su sufrir por las muertes de su hermano y de Tony.

 

Un musical que pone especial atención en su trabajo visual (coreografías) y sonoro (canciones) para enriquecer con ello una historia romántica, lo mismo que una historia reflexiva respecto a una generación de jóvenes intentando comprender su entorno social y negándose a adaptarse a él; en su pluralidad y con la nueva diversidad social y de pensamiento provocada, entre otros factores, por la migración masiva, que naturalmente forma parte del ajuste comunitario, producto de cambios económicos y políticos a los que todo país debe ajustarse para cumplir con las necesidades globales de cambio (apertura de mercados y de fronteras, por ejemplo).

 

La película, ganadora de diez premios Oscar, entre ellos el de mejor película, fue dirigida por Robert Wise y Jerome Robbins, con un guión escrito por Ernest Lehman, basado en la obra musical homónima de Broadway a cargo de Jerome Robbins, a partir del  libro escrito por Arthur Laurents, que a su vez se inspira en la estructura narrativa de “Romeo y Julieta”, de William Shakespeare.

Amor sin barreras

Dir. Jerome Robbins &  Robert Wise

Estados Unidos, 1961

Trailer

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Snowden

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

La seguridad es la ausencia de la posibilidad de riesgo, que se define como la ‘aproximación de daño’; pero dañar no es sólo herir o molestar, es también perjudicar material o moralmente. Entendiéndolo así, la seguridad no se puede excusar en el daño, no se puede herir a otros con tal de asegurar la seguridad propia, pues sería una contradicción de principios. ¿Pero qué pasa cuando esto se hace así de todas maneras?

 

En 2013, Edward Snowden, un contratista trabajando para el gobierno de Estados Unidos, reveló en una serie de documento publicados, con el apoyo del periódico británico ‘The Guardian’ y el estadounidense ‘The Washington Post’, que las autoridades de su país, específicamente dentro de agencias gubernamentales como la CIA o la NSA, espiaban la información personal de sus ciudadanos, y de muchas otras personas alrededor del mundo, en nombre de la procuración de  seguridad para los mismos ciudadanos y del interés general de su país.

 

La noticia abrió una conversación alrededor de los principios éticos y morales que estas acciones representan, subrayando la naturaleza ilegal de cualquier tipo de espionaje: geolocalización, grabar conversaciones telefónicas, acceder, acumular y utilizar información privada subida a la red o que se encuentra en una computadora personal, e incluso leer los correos y mensajes de texto enviados y recibidos.

 

Recreando dramáticamente los hechos que llevaron a la decisión del analista, se traza la película Snowden (Alemania-Estados Unidos, 2016), protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley, Zachary Quinto, Melissa Leo, Tom Wilkinson, Scott Eastwood, Timothy Olyphant, Ben Schnetzer, Rhys Ifans y Nicolas Cage. El filme está dirigido por Oliver Stone, quien escribió el guión junto con Kieran Fitzgerald, con una historia basada en dos libros: ‘The Snowden Files’ de Luke Harding y ‘Time of the Octopus’ de Anatoly Kucherena.

 

Snowden trabajaba para la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés). Su labor como ingeniero de sistemas era crear programas específicos de seguridad, o eso es lo que le decían estaba haciendo. Esto lo llevó a diferentes puntos alrededor del mundo, Suecia y Japón específicamente, como lo detalla la película. Es trabajando ahí que descubre, gracias a que sus habilidades destacadas en el ramo convencen a sus superiores de invitarlo a operaciones más importantes y secretas, que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) tiene acceso a mucha información personal de la gente, aunque realiza este espionaje de forma secreta.

Snowden | Oliver Stone | E.U.A., 2016

La dinámica, como se lo explica uno de los empleados para la NSA, es que su programa de software funciona como un buscador ordinario, sólo que los resultados que arroja son, por ejemplo, los correos electrónicos, mensajes de texto, llamadas telefónicas, llamadas por Skype, información de los perfiles en las redes sociales o historial de búsqueda en Internet de la persona específica a la que se quiere investigar.

 

El joven entiende la manera poco ética e ilegal del acto, porque sabe que está castigado por la ley. Así se lo explicaron al llegar a la agencia: de acuerdo con la constitución de su país, este tipo de espionaje no está permitido. Sin embargo, el gobierno se respalda en un Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera de los Estados Unidos (FISA en inglés), para emitir, en nombre de la seguridad nacional, órdenes fiscales que den luz verde a esta técnica de recaudación de información.

 

Observando cómo funciona la dinámica, Snowden se da cuenta que esta medida es sólo una autojustificación, una excusa utilizada como careta, en donde sólo hace falta decir que la persona en cuestión está siendo investigada por motivos de sospecha de actos en contra de la seguridad, para dejar pasar por alto todas las violaciones a los derechos que se están realizando, incluido el de violación a la privacidad.

 

Para entenderlo, Snowden tiene que vivirlo, y lo experimenta con un caso en el que investigan a un banquero. Él termina monitoreando la información personal no sólo de este hombre, sino de las familias y conocidos del sujeto, o los conocidos de sus conocidos. El joven recalca que, con esta especie de cadena dominó, el gobierno termina espiando a miles de personas, sólo porque alguien que conocen, conoce a alguien más, que es conocido de la persona a la que realmente quieren implicar. Pareciera que el fin último fuera, a partir de un punto relativamente entendible, el investigar a personas que parecen ser potencialmente una amenaza para el país, permitirse espiar a todos, sin importar quiénes sean éstos. ‘El terrorismo es la excusa, pero el control social y económico es la verdadera razón’, concluye Snowden; el simple deseo de sentimiento de supremacía de su gobierno.

 

La vigilancia a través de la tecnología se convierte en un arma que induce el miedo. La cultura del miedo gana”, dice en un punto de la historia uno de los personajes. Aquí, el gobierno investiga por el temor a que el otro sepa algo que ellos no supieron primero y se crean programas de vigilancia y seguimiento cibernético sólo para sentirse en control de la situación. Durante una misión que el analista presencia, la herramienta de ‘geolocalización’, que ubica dónde en el mapa mundial está situado un aparato tecnológico, se convierte en la clave para destruir un objetivo durante una operación militar. En ese momento el joven repara en las consecuencias de sus actos y la forma como el programa que él creó está siendo realmente utilizado. La guerra del mañana no está en el campo de batalla, en el mundo físico, sino en el ciberespacio; “está en todas partes” dice otro personaje.

 

Pero en la informática quien toma la delantera es aquel preparado para los ataques cibernéticos, saber defenderse de ellos, organizarlos o recabar información sin que el otro lo sepa, una realidad ejemplificada durante una operación en Japón en la que el mismo Snowden, según relata en la película, implantó programas de software en puntos estratégicos de la red de ese país para, en caso de ser necesario, tomar el control de su sistema.

De esta manera se violan derechos humanos, en una serie de acciones extraoficiales, no reconocidas, disfrazadas u ocultas, para hacer así difusas las faltas éticas cometidas. Cuando Snowden le explica a su novia que sabe que el gobierno puede espiar a la gente a través de la activación de las cámaras de video de sus computadoras, ella dice que esto no le preocupa directamente, porque no tiene nada que esconder. Lo que ella no valora es que no se trata de un tema de transparencia, explicado con el dicho ‘el que nada debe, nada teme’; sino que la acción, el activar una cámara personal sin que el otro lo sepa, es una transgresión a su intimidad.

 

Snowden | Oliver Stone | E.U.A., 2016

“La gente no quiere libertad, sino seguridad”, explica uno de los trabajadores de la CIA. Bajo esa idea de ‘proteger’, los encargados de estos programas deciden ‘rodear’ las reglas para encontrar el camino que más les convenga, es decir, se violenta deliberadamente la ley, se le ignora, o se crean nuevas leyes, para hacer viable el espionaje y la invasión de la privacidad de los ciudadanos.

 

Durante una plática, la novia del chico le cuestiona por qué no unirse a las protestas en contra de la guerra, en una escena en la que gente está pidiendo firmas como forma de solidaridad. Él dice que prefiere no ‘atacar’ a su país, una respuesta automática basada más en la precaución, debido al control laboral en el que se desenvuelve, que en la construcción de un juicio propio. Ella contesta que el acto no se basa en la crítica, sino en el cuestionar. Cuestionar no es atacar ni ir en contra del otro, es proponer el debate con argumentos.

 

En este caso las acciones de Snowden, el filtrar documentos con información clasificada, para algunas personas se trata de una búsqueda por la verdad, para abrir pie al debate, pero para otros representa un acto de traición, es visto como un ataque directo hacia su país, Estados Unidos. Dos perspectivas de puntos de vista distintos, según los intereses que se defiendan. En cuyo caso, ¿no son las acciones del gobierno, expuestas por la evidencia presentada por Snowden, también un acto para embestir, en una ofensa igualmente directa hacia las personas? ¿Cuáles son las ramificaciones, y hacia dónde se dirigen, de la existencia de un programa de vigilancia secreta, que denunciado o no, existió? O peor aún, todavía existe.

 

La inquietud final con que se queda la gente varía: las consecuencias de las decisiones de un hombre o las consecuencias de las decisiones del gobierno estadounidense. El impacto global y a largo plazo de uno de estos dos escenarios, es mayor que el otro. Pero el mayor problema es que el dilema ético continúa presente: la supervigilancia y el espionaje de ciudadanos como instrumento de coerción social para respaldar a la élite económica, para hacer sentir y creer que el supuesto interés nacional es el interés de todos, la seguridad como pretexto para violentar derechos humanos, para eliminar el ejercicio de libertad.

Snowden

Dir. Oliver Stone

Estados Unidos, 2016

2:39

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

No

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Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Cualquier campaña, política o no, debe tener un objetivo, puede ser ganar, perder, trascender, informar, legitimar, engañar, distraer, opinar y hasta contraatacar al oponente; de esta meta se desprende su contenido y la forma como se maneja, y aunque de cualquier modo lo que busca es convencer, la pregunta es de qué y para qué.

 

En 1988 en Chile, el General Augusto Pinochet, quien había tomado el poder en el golpe de estado contra Salvador Allende en 1973, (estableciendo una férrea dictadura militar para imponer las políticas económicas que privilegiaban la acumulación de capital en perjuicio de los grupos vulnerables de la población y eliminando cualquier oposición política) se vio forzado por presiones de política internacional a acceder a un plebiscito, una votación donde la gente dijera ‘sí’, en caso de estar a favor de que se quedara como mandatario ocho años más, o ‘no’, como respuesta contraria. Esto, después de las modificaciones a la Constitución Política de ese país, para hacer posible una mayor permanencia en el cargo. La película No (Chile, 2012) trata sobre este proceso. El filme es protagonizado por Gael García Bernal, Alfredo Castro, Luis Gnecco, Néstor Cantillana y Antonia Zegers, entre otros, mientras fue dirigido por Pablo Larraín y escrito por Pedro Peirano, basándose en la obra de teatro ‘El plebiscito’ de Antonio Skármeta.

 

Para muchos, incluido en especial el equipo del Presidente, se trataba de una situación prefabricada, arreglada, definida de por medio, que los validaría en el poder y cuya campaña de oposición existía sólo para dar una apariencia de legitimidad al proceso. Con ello en mente, su propuesta de contenido para la campaña que los respaldaba inicialmente sólo estaba enfocada en resaltar los logros de Pinochet, en el entendido de que la oposición elegiría remarcar los momentos difíciles, de torturas y desapariciones, control y régimen autoritario durante el mandato del Presidente, tras el golpe de estado, como vehículo de convencimiento de su postura.

 

Sin embargo, para ganar, René Saavedra, publicista invitado a participar en la franja televisiva del equipo del ‘No’, propone que la idea base de su argumento no se convierta en una cruzada en contra de la dictadura, recordando el miedo y dejando a la ciudadanía en una posición de víctimas del pasado. Creyendo que llevan las de perder, los partidos unidos de la democracia piensan que su gran ganancia será la de, por lo menos, informar a la gente de lo sucedido en la historia para así crear conciencia. René opina diferente y su postura es que se trabaje con miras a ganar, presentando una campaña alegre, fresca, optimista y esperanzadora. Para algunos, su propuesta invita a olvidar el pasado, pero para el publicista, se trata de ofrecer una alternativa unificadora a su público meta. Él no lo mira con ojos políticos, sino mercadotécnicos.

 

Si el gobierno infunde miedo, porque la gente ya teme salir a votar e incluso también expresarse, una campaña que recuerde ese miedo sólo lo acrecentará, pero no lo combatirá. René propone tomar un camino que no caiga en lo evidente (atacar a Pinochet) y elige en su lugar promover conceptos con los que la gente ya se identifica: la prosperidad, la solidaridad y la alegría, por ejemplo, con “Chile, la alegría ya viene” como su slogan.

 

De esta manera, la campaña del ‘no’ se convierte en una estrategia de venta, donde al votante se le da a elegir más allá de lo que quiere o no quiere y en lugar de presentársele dos opuestos, cómo se ha beneficiado o no al país bajo el gobierno de su Presidente actual, se decide ofrecer una nueva cara para el ‘no’, donde votar por esta opción no sea específicamente tomar la postura opuesta a la otra campaña, sino elegir algo mejor a lo otro. Es como si el ‘no’ dejara de ser visto como una opción de la negatividad, a partir de la definición del concepto ‘no’, para convertirlo en todo lo contrario; así, decir “no” es algo positivo.

 

La campaña sólo toma fuerza cuando se complementa con un programa estratégico que se adapta según las necesidades del público y la forma como evolucionan ambas estrategias durante los 27 días que dura el espacio abierto. Después de las primeras emisiones televisivas, el equipo del “sí’ debe responder de forma que contraataque sus propios puntos débiles, aquellos de los que los otros se han aprovechado para ganar votantes a su favor, como un proceso adaptativo al que ambas partes deben responder por igual.

 

El equipo del “sí’, que en un inicio sólo se enfocaba en resaltar los logros del gobierno, debe alinearse paralelamente con lo que propone el grupo contrario, porque si ambos planes de acción no están en sintonía, en un mismo nivel de acción, entonces ni siquiera hay una competencia real.

 

El ‘no’ se presenta en la televisión con un halo de humor y esperanza, elección que se hace con el fin de acercarse a los que quieren votar a su favor, pero también hacia los que no o aquellos que aún no se han decidido. La gente del gobierno debe elegir entre ignorar a la otra campaña y seguir con lo que venían haciendo, o contrarrestar para evitar la posibilidad de que los otros comiencen a tomar fuerza dentro de la contienda.

 

Con opciones limitadas para continuar con su estrategia, la campaña del “sí’ decide atacar directamente a los contrarios, ni siquiera respecto a sus ideales políticos, sino hacia los mercadotécnicos, burlándose de sus anuncios y menospreciando sus esfuerzos de ventas y de elaboración publicitaria.

 

El problema al que se enfrentan es que para entonces los del “no” ya han elegido enaltecer valores como la solidaridad o la esperanza, ligándolos hacia su campaña, algo que los de ‘sí’ no pueden neutralizar con un ataque, porque serían mal vistos, hacerlo haría que fueran percibidos como gente que va en contra de estos valores. Para el “sí” la estrategia hubiera sido más fácil si los contrarios hubieran atacado directamente a Pinochet durante su espacio televisivo. Su opción es, cual herramienta publicitaria, destacar los defectos de la campaña del ‘no’, en su mismo humor, por ejemplo, o la forma como abordan esos mismos valores, presentándolos en su lugar desde otra perspectiva, apoyándolos igual que aquellos, pero de manera diferente.

 

La idea es que el “sí’ sea percibido como propuesta innovadora que también quiere la prosperidad y las oportunidades, pero visto desde otro punto de vista, sin negar el pasado inmediato. Sin embargo, la adaptación llega demasiado tarde y sus intentos, que terminan siendo ataques directos, copiando escenas de la campaña del ‘no’ pero mofándose de ellas, terminan convirtiéndose en un acto de desesperación.

 

Al final, el trasfondo de la votación sigue ahí, la dictadura de Augusto Pinochet que viene arrastrando problemas de control y represión, e incluso también logros de progreso que pudieron darse a partir del régimen estricto con el que se vivió, sustento que queda presente en el planteamiento de las campañas, la votación y el plebiscito. Pero la verdadera lucha, la publicitaria, vivida a través de los espacios televisivos de cada plan de acción, se convierte en la verdadera pelea, una cimentada en la disputa por conseguir la mejor estrategia conceptual, donde se enfrentan ideologías de imagen más que de política, en la que gana el más convincente en su discurso publicitario, tanto propositiva como inclusivamente.

 

En más de una ocasión René hace un llamado a trabajar sobre un ´producto atractivo’; bajo este lineamiento, su estrategia nunca fue la de atacar al contrario, ni la de ofrecer un opuesto (el “sí’ frente al ‘no’), sino el de llegar con una campaña del ‘no’ que dijera “sí’, en otras palabras, hacer que su propuesta fuera percibida como una tercera opción, una que al no ser esperada por la gente, pudiera sorprenderla y llamar su atención, para finalmente ganar. Porque su objetivo no era el de triunfar con el plebiscito, sino el de vender exitosamente un producto.

No

Dir. Pablo Larraín

Chile, 2012


Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.