16 abril, 2026

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Mona Lisa Smile

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Una persona subversiva es alguien que altera el orden establecido. ¿Es malo cambiar las reglas cuando el fin último traerá un mayor beneficio a la comunidad? No forzosamente, pues no habría independencia, libertad e incluso evolución si no hubiera alguien desafiando reglas que ya han expirado o no se han adaptado, exigiendo con ello un cambio que proponga algo mejor. De hecho, los subversivos, los irreverentes, los inconformes, los rebeldes, son quienes han dado en muchas ocasiones el impulso para las grandes transformaciones sociales.

En la película La sonrisa de Mona Lisa (EUA, 2003), la historia retrata la vida de un grupo de personas proponiendo ese cambio y desdibuja la forma como el contexto social se opone a sus ideales, dadas una serie de reglas inflexibles y conservadoras arraigadas en un pensamiento que no sabe otra cosa que no sea seguirlas. Dirigida por Mike Newell y escrita por Lawrence Konner y Mark Rosenthal, la película cuenta con las actuaciones de Julia Roberts, Kirsten Dunst, Julia Stiles, Maggie Gyllenhaal, Marcia Gay Harden, Ginnifer Goodwin y Dominic West, entre otros. Al centro del relato se encuentra el personaje de Katherine Ann Watson, una mujer que llega a trabajar en el departamento de arte de la Universidad de Wellesley, institución conservadora que no sólo enseña a las alumnas sobre conocimiento académico, sino que también las ‘prepara’ para que se conviertan en futuras ‘esposas’, su ‘natural’ destino social, conforme al modelo de sociedad que desean tener.

Esa creencia tradicionalista que exige a las estudiantes acatar y no cuestionar nada choca con las intenciones de Katherine, que ve en su papel de profesora la oportunidad de ofrecer con estudio, conocimiento y desarrollo un camino de crecimiento personal para las estudiantes. Su postura colisionará con la recatada directiva, que le exige hacer lo que se le dice al pie de la letra y nunca desafiarlo, cambiarlo o confrontarlo, lo que no está en la naturaleza en Katherine, porque no le permite crecer a ella misma, ni le permite ayudar a otros que necesitan lo mismo. En esencia es el viejo problema de la educación: ¿para qué educar? Es evidente que las autoridades escolares, así como los padres de familia apuestan por una educación que reproduzca la división social de organización basada en roles estereotipados en donde la mujer está destinada a ser madre abnegada y esposa dócil, mientras que el hombre cumple con las responsabilidades de ser el proveedor de la familia, en tanto, Katherine se presenta como una incipiente feminista que rechaza dicho rol femenino encasillado y también cuestiona abiertamente las posturas machistas.

Ir en contra de lo establecido no sólo es mal visto en ese contexto socio-cultural (la historia se desarrolla en Estados Unidos en 1953), sino que es recriminado; pero, tanto Katherine como otras como ella parecen ver en su libertad personal para elegir un futuro mejor, una  forma para pugnar en su presente para que ese anhelo se vuelva una realidad. Desde luego la película no aborda el contexto socioeconómico existente en ese país en la postguerra, lo que aportaría otros elementos de juicio para entender la apertura que permite la llegada a la escuela de una docente como Katherine.

“¿Quién golpea las puertas del Aprendizaje? Soy todas las mujeres. ¿Qué buscas? Despertar mi espíritu a través del trabajo duro y dedicar mi vida al saber. Entonces eres bienvenida. Todas las mujeres que quieran seguirte pueden entrar aquí.”Ese es el intercambio de diálogo durante la ceremonia de inicio de curso que sucede entre la representante de las alumnas y la directora de la institución. Resulta interesante por, de alguna forma, ser contradictorio con la posición y filosofía que les enseñan a las jóvenes, porque aunque lo que se dice profesa a favor del saber y la inteligencia, la superación y el conocimiento, parece que sólo enmascara el enfoque inflexible y dirigido hacia la sumisión que permea de fondo: cultivar mentes sí, pero esperar que esas mentes encuentren sólo un fin último, el matrimonio.

Para Katherine la idea es retrógrada, porque a su parecer, como el de otras personas que en aquella época lucharon por equidad y oportunidades para las mujeres, el crecimiento personal de las estudiantes es más que el convertirse en una acompañante que se realice en la vida a partir de los logros de su pareja. La institución educativa debería ser esa ventana que les abra posibilidades hacia el cambio, en lugar de limitarlo, o condicionarlo, porque si las jóvenes están ahí para aprender, también deben esperar (visionar, enseñarles a) hacer algo con ese saber, un algo que ellas elijan gracias y a partir de ese conocimiento adquirido.

La pregunta es si la decisión es una opción que se les da a las jóvenes, siendo de alguna forma condicionadas a esperar, y aspirar, sólo a una vida como esposas. Betty es, por ejemplo, hija dentro de una familia intransigente que espera de ella esa aparente perfección de vida, y su objetivo es complacer al otro, su novio y luego esposo, a pesar de, o al margen de su propia opinión, conocimiento, deseos, anhelos y capacidades. Ella elige lo único que sabe, porque es lo que conoce y le han presentado sus padres, familiares, amigos y hasta profesores, según es aceptado por la mayoría de la comunidad que le rodea. No es sino hasta que la convivencia con Katherine, y el propio fracaso de su matrimonio, debido a una infidelidad y falta de interés hacia ella por parte de su esposo, que entiende que hay más caminos frente a ella para recorrer, si sólo decidiera tomar su libertad en sus manos y exigir el derecho innato que tiene para hacerlo.

Otro ejemplo de vida se encuentra en Joan, una estudiante brillante que se atreve a considerar, momentáneamente, continuar sus estudios en leyes luego de graduarse de Wellesley, pero, a pesar de sus capacidades, la idea no había sido tomada en serio previo a que Katherine la motive a pensar más allá de las barreras de la ideología y costumbres tradicionalistas de su contexto. Joan, sin embargo, también persigue el futuro que su realidad le exige: casarse y ‘convertirse en esposa’. “Aquí dice que estás en la preparatoria de leyes. ¿A qué escuela de leyes vas a ir?”, pregunta Katherine. “Aún no lo he pensado. Luego de graduarme, me casaré”, contesta Joan. “¿Y luego?”, insiste la profesora. “Y luego estaré casada”, agrega la joven. “Puedes hacer ambas cosas”, finaliza Katherine, enfatizando con ello que no se trata de cambiar una cosa por otra, de rebelarse a las reglas establecidas o negarlas por el simple hecho de hacerlo, ni es renegar del matrimonio y la idea de la familia, sino elegir ese estilo de vida pero también elegir más que ese estilo de vida; escoger, en su caso, ser una madre, una esposa o una hija y amiga, pero también una profesionista, una emprendedora, un agente del cambio y una persona que demuestre que ese cambio es posible.

Joan finalmente prefiere no ir a la escuela de leyes y casarse en su lugar, para tomar ese papel tradicional en la dinámica de pareja. Lo que escoge no es ‘correcto’ o ‘incorrecto’, porque hace lo que desea, si bien con su nivel de presión social de antemano. Pero, ¿es malo ser una esposa, madre de familia y mentora de sus hijos? No, y en todo caso el problema tampoco es sacrificar un contexto por otro, mientras  esté convencida y segura de que esa es la visión que quiere para sí.El problema sería en todo caso ceder, a pesar de querer algo diferente, o darle las espalda a las oportunidades, para que lo que otros dictan (su esposo, su familia, sus profesores o las reglas sociales establecidas), sea lo que se haga y sin cuestionamientos.

“No vino a Wellesley a encajar. Vino a Wellesley para dejar una huella en las estudiantes”,describe Betty sobre Katherine en su narración hacia el final de la película, cuando ya ha entendido la importancia de personas como esta profesora que desafía la mente en lugar de dejarla reposar y conformarse. “No hay respuesta incorrecta. Tampoco hay un libro diciéndoles qué pensar”,les dice Katherine una vez que les pide a las estudiantes, durante una clase, hacerse de su propia opinión sobre una pieza de arte moderno que no viene incluida en el programa académico, y que funge como vehículo para que las jóvenes reflexionen por sí mismas aquello que piensan sobre la obra que tienen enfrente, lo que significa, lo que les hace sentir, lo que analizan por cuenta propia, lo que interpretan, no porque así lo diga un texto o alguien ajeno a ellas.

La intención de la profesora es incentivar esas mentes jóvenes para que conozcan y exploren, para que reflexionen y analicen, para que critiquen y decidan por sí solas, formándose sus propias opiniones sobre la vida, no las opiniones que otros quieren imponerles. La actitud de Katherine puede ser entendida como progresista (y es así como le llaman los conservadores directivos), porque lucha por un derecho de libertad que de alguna forma se le ha limitado a las mujeres. Su lucha es más importante porque esta rebeldía exige un cambio de pensamiento que se adapte a la cultura y al contexto social que también están en constante evolución. Cambiar al mundo modificando la forma tradicionalista y cerrada como a veces se piensa y hacerlo simplemente nutriendo la mente, con conocimiento que invite a pensar por uno mismo, es la única forma como verdaderas transformaciones se pueden hacer realidad.

Mona Lisa Smile

Director: Mike Newell

EE.UU. 2003

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

Deux jours, une nuit

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Un empleo es una ocupación o un oficio; significa desarrollo profesional pero también personal, donde convergen habilidad, intereses, preparación y progreso, de una persona en su propia vida, de una sociedad en su evolución, o de un grupo de personas que conforman una comunidad, construyendo el mundo en el que viven e interconectadas entre sí.

Así lo descubre Sandra, el personaje principal de Dos días, una noche (Bélgica, 2014), película escrita y dirigida por Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, y protagonizada por Marion Cotillard (nominada al premio Oscar por su interpretación en esta película) y Fabrizio Rongione. La historia sigue a una mujer lidiando con la competitividad laboral y la forma como ello afecta su vida personal, familiar y profesional; obstáculos acrecentados por la decepción que siente de sí misma producto de una reciente depresión.

La condición de su salud la llevó a ausentarse de su trabajo y su jefe cubrió sus turnos pagando un bono monetario de mil euros al resto de su personal. Ahora ella quiere regresar a la fábrica como se había pactado,  pero su jefe ha pedido a los demás empleados votar en su contra y continuar en su lugar con esta dinámica de los turnos extra (lo que implica también dinero extra para ellos, que los cubren). Sandra tendrá un fin de semana para convencer a sus compañeros de votar a su favor, pero cada uno, en sus decisiones, debe responder a sus propios intereses, necesidades y expectativas, por lo que la solidaridad y compasión a favor de su compañera no siempre son prioridad.

La misión de esta mujer no es convencer al otro de hacer algo que no quiere, sino razonar con él. La prueba se convierte entonces en un viaje personal, una mujer superando las inseguridades propias que caracterizan a la ansiedad y la depresión, pero también ejemplo de la búsqueda por la justicia e igualdad en un escenario laboral donde estos conceptos son lo último por lo que se pelea (porque la propia dinámica promueve indiferencia e individualismo, que refuerza la competencia).

La lucha de Sandra y por lo que tiene que pasar son un ejemplo de cómo los dueños de los medios de producción indirectamente la enfrentan con su propio medio de trabajo, una realidad disfuncional creada por un sistema de organización económico, político y social que la deja desprotegida a ella y a toda la sociedad, e incluso a la empresa para la que trabaja, quienes se excusan con no poder mantenerla en la nómina dado que la oferta y la demanda del mercado los tiene a la baja y en números rojos (y por tanto les es más redituable pagar jornadas extras a sus empleados que optar por volver a añadirla a sus filas).

Sandra, como sus compañeros expresan que necesitan el dinero para poder pagar las cuentas básicas de sustento; si bien algunos aclaran que el dinero extra les permite una mejor vida, más cómoda, otros, con su historia personal, ejemplifican cómo el trabajo es una necesidad social para poder salir adelante en la realidad actual del mundo en el que viven. El dinero es, para fines prácticos, un medio de subsistencia convertido en, más que un lujo, un requisito primordial para vivir.

La película refleja una situación común que vive la clase obrera del sistema capitalista actual: la inseguridad laboral y su resultante, la búsqueda casi desesperada por oportunidades para poder subsistir. “No voté contra ti, voté por el bono”, le dice uno de sus compañeros a Sandra, mientras otros explican las razones por las cuales no pueden votar de manera solidaria con ella, como aquel que la apoya pero teme hacer público su sentir por miedo a que su jefe se entere de esta muestra de compañerismo, pues de ganar ella, sería él probablemente a quien despedirían, por ser el último en haberse integrado al equipo y quien aún firma contrato por periodos específicos de trabajo, a diferencia de sus compañeros en nómina.

“Si ganas los votos a tu favor, para mí será una desgracia, porque necesito el dinero, sin embargo espero que lo consigas”, se disculpa otro de los compañeros a quien Sandra visita durante estos dos días. Cada una de estas personas tiene sus razones para elegir votar o no por el bono (y en efecto lo que hace su jefe es empujarlos a considerar inclinarse por el dinero, no tanto a ir en contra del prójimo, aunque una y otra cosa estén relacionadas); motivos respetables y entendibles de acuerdo con su propia realidad, responsabilidades y obligaciones que tienen como padres, madres, compañeros, amigos, hijos o colegas, y según la realidad que viven en su ambiente y contexto.

Aunque Sandra no quiere que los otros sientan lástima por ella ni que voten a su favor por compasión, también reciente la forma en que algunos actúan, a veces con desprecio o indiferencia, como la mujer que en el trabajo solía ser su amiga y ahora, el día que Sandra llega a pedirle ayuda respecto al voto, se niega a recibirla, evitando así una confrontación que evidencia que, más importante que un acto solidario con la que fuera su amiga, está el procurar sus propias necesidades o conveniencias, es decir, el dinero. ¿Cómo decirle que no puede estar de su parte o cómo explicarle que hacerlo desemboca en precisamente un cargo de conciencia que pesa?

La predisposición prejuiciosa hacia Sandra, además, va más allá de perder o ganar dinero (si Sandra regresa, no habrá más bonos extras); y específicamente la película se adentra a la percepción social negativa que se tiene respecto a las enfermedades mentales como la depresión. Los comentarios ofensivos hacia ella de parte de su propio jefe fungen como un vehículo para presionar a sus trabajadores, pero al mismo tiempo terminan por menospreciarla sin fundamentos, y de paso discriminándola como mujer y marginándola por su clase social obrera. Ninguna de estas características la hacen menos, pero parece que en la ignorancia, su jefe asume que sí.

“¿Cómo me verán los otros?”, se pregunta la protagonista, en caso de ganar la votación, sabiendo que algunos la culparán de haber perdido dinero por su culpa y otros la señalarán por haberse levantado en nombre de lo correcto, lo justo y la búsqueda por oportunidades y estabilidad, desafiando así directamente al sistema. La reflexión necesaria no sólo es darse cuenta qué ganan o pierden cada uno de sus compañeros en su propio contexto y con sus decisiones, sino entender que Sandra es otra trabajadora más que como ellos también necesita un empleo, un salario y una oportunidad.

El esfuerzo de esta mujer es un llamado a la consciencia social respecto a la equidad laboral y los derechos de los trabajadores, de las mujeres y de las minorías. Para la empresa (e incluso para su jefe o sus compañeros), esta mujer representa un trabajo y un sueldo (deja de ser una persona para convertirse en un vehículo de producción), según el modelo laboral en el que tiene asignada una específica función en la sociedad; pero además, y ante todo, ella es símbolo de una vida. Cuando pelea por mantener su trabajo, pelea también por la estabilidad para procurar a su esposo y a sus hijos, y esta lucha es la misma que hacen los demás de sus compañeros y en general cualquier persona que vive en una dinámica o situación similar.

Su lucha ofrece una mirada a muchas de las dificultades laborales y personales por las que las personas atraviesan y se enfrentan día a día, en el despido laboral, por ejemplo, o en su desempeño frente a la competitividad que encuentran en su ambiente profesional, producto, en ocasiones, de un frágil sistema económico global.

Así se demuestra al final de la historia, cuando a pesar de tener ocho votos a favor y ocho en contra, su jefe le ofrece a Sandra recuperara su empleo pero sólo hasta el siguiente periodo, cuando puedan no renovar el contrato a otro de los empleados. No será un despido, será que no habrá una renovación de contrato para alguien más, se escusa su jefe. Ella se niega a aceptar, sabiendo que de hacerlo pondrá a alguien más en la misma posición que ya vivió, sin empleo y enfrentando una vida sin equilibrio financiero.

“Luchamos bien”, concluye reflexivamente ella cuando llama a su esposo para darle la noticia del resultado de la votación. Al final, no recupera su empleo ni logra la mayoría de los votos a su favor, pero crece como persona con la experiencia. El recorrido no es exitoso laboralmente hablando, pero lo es personalmente, porque encuentra confianza en sí misma, independencia y fuerza que la hacen madurar como mujer. “No llores. Aguanta”, se repite a sí misma. “Inténtalo. Te estás desanimando en vez de reaccionar”, le dice su esposo cada vez que ella está a punto de claudicar, cuando en su enojo no entiende que si bien otros podrían apoyarla, ella es la única capaz de lograr el cambio, con acciones que la ayudaran personalmente y ayudando a otros en el proceso, como aquel compañero que se sentía culpable por haber votado en su contra, sabiendo que ella fue su mentora cuando él entró a trabajar, o la mujer que decidió ponerse de su parte y esto mismo le dio la suficiente fuerza de decisión para también dejar a su esposo y separarse del trato controlador que vivía con su pareja.

Al momento, Sandra pensaba que destruía vidas y creaba conflictos con su presencia, pero finalmente entiende que la vida es crecimiento, lucha y decisiones que acepta para sí misma en un periodo de dos días y una noche, superando en el proceso un reto personal al entender la forma como la prueba puede beneficiarle, no perjudicarle. Su historia habla de cómo las personas reaccionan ante una situación laboral que está prácticamente fuera de sus manos, pero en la que los involucrados responden según las decisiones propias en relación a su vida, no la de otros; así, la película demuestra cómo una voz que se hace escuchar es tan importante, porque lo significativo, como hace Sandra, es pelear por sus derechos, no dejar que los demás pasen sobre ellos.

Deux jours, une nuit

Directors: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

Francia, 2014

Diana AlcántaraDiana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

I,Origins

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

En una entrevista de 2012 con la revista Wired, Brit Marling platicaba sobre los conceptos de fe y ciencia que se abordan en la película Sound of my Voice, que co-escrbió y co-protagonizó, y cuya trama trata de dos cineastas que investigan un culto que venera a una mujer que dice venir del futuro. Entonces Marling dijo: “Lo extraño de la ciencia ficción es que lo que consideramos ciencia siempre está siendo revisado. La ciencia es nuestra mejor estimación de lo que está sucediendo en este momento, pero no hay duda de que la percepción humana es bastante limitada. Muchas cosas que comenzaron como ciencia ficción ahora son ciencia. Ideas salvajes de escritores de ficción de los años 70 sobre lo que la tecnología podría hacer, que ahora existe. Entonces, ¿es posible viajar en el tiempo? Tal vez. Me gusta pensar que podría ser. Ciertamente fue un ejercicio divertido para nosotros soñar despiertos acerca de cómo sería si realmente hubiera un viajero en el tiempo en el sentido práctico, cosas como el ‘jet lag’ (descompensación horaria) de viajes en el tiempo”.

 

La ciencia no es sólo un imaginativo de suposiciones basadas en fundamentos científicos, sino que la propia ciencia se atreve a experimentar precisamente porque esos imaginarios existen en primer lugar. La yuxtaposición espiritualidad-conocimiento vuelve a tomar centro en otro de los proyectos co-protagonizados de Marling, la película I,Origins (EUA, 2014), escrita y dirigida por Mike Cahill y que cuenta también con las actuaciones de Michael Pitt, Àstrid Bergès-Frisbey, Steven Yeun y Archie Panjabi.

 

La historia relata los trabajos de un biólogo molecular, Ian Gray, quien junto a una estudiante de su laboratorio, Karen, realiza investigaciones para demostrar científicamente el proceso de evolución del ojo, desacreditando así toda noción religiosa o supersticiosa de la creación del universo, los seres vivos y el hombre en sí. Ian entonces conoce a Sofi, una joven con un patrón de ojos muy peculiar y quien profesa una filosofía de vida sustentada en la espiritualidad. Una vez que Karen e Ian demuestran su teoría, Sofi muere. Años más tarde los científicos se topan con que existen estudios basados en el escaneo del iris para crear una base de datos que ayude a intentan determinar si existe alguna relación, física, genética o psíquica, entre dos personas con el mismo patrón de ojos, una nacida tras la muerte del otro.

 

Cuando el sistema arroja que existen unos ojos idénticos a los de Sofi, Karen e Ian se deciden investigar para profundizar en la teoría, poniendo el debate sobre la mesa: ¿es la reencarnación algo posible?

 

La pregunta más importante relacionado con esto y que la película expone hacia su recta final, llega cuando alguien cuestiona a Ian, escéptico de cualquier creencia no sustentada en hechos comprobables, respecto al motivo por el que las personas creen en algo y lo aceptan, muchas veces, solamente una vez que puede ser comprobado. ¿Qué harías si algo científico refutara tus creencias religiosas? ¿Qué harías si algo espiritual refutara tus creencias científicas?

Las preguntas ponen a Ian en un predicamento, porque para él, los hechos son argumentos que aclaran dudas, desenmascaran verdades escondidas y responden preguntas. Sin embargo, en este caso, no sólo se acerca al tema como científico, sino también como un humano sensible a las emociones. Y entonces debe preguntarse si es que ‘quiere creer’ que Sofi pueda vivir, o haber reencarnado, en esta niña que encuentran en India y que tiene la misma edad que los años que han pasado desde la muerte de Sofi.

 

Los ojos, le cuenta su novia repetidamente mientras estaban juntos, son aceptados por muchas culturas como ‘la ventana del alma’, porque son únicos, porque expresan ideas, emociones, pensamientos y sentimientos. Si bien la frase en más poética que científica, esto tiene, no obstante, una explicación que Karen e Ian exponen: no existen en el mundo dos patrones de ojos idénticos, como no existen dos personas físicamente iguale ni tampoco huellas dactilares gemelas. La imposibilidad de que haya dos ojos espejo puede significar, uno, un error en el sistema, o dos, la prueba de que en efecto lo que parecía imposible resulte no serlo después de todo. La importante realmente entonces es: ¿la gente está predispuesta a creer en la segunda opción para ratificar, de alguna forma, aquellas creencias espirituales a las que se aferra?

 

En más de una ocasión la película plantea cómo el debate religión y ciencia puede chocar o coincidir repetidamente. Suposiciones frente a hechos que no se contradicen si sirven para un mismo propósito, que puede ser tanto encontrar la verdad como encontrar la verdad que sirva a cada persona, no a conveniencia, sino para su desarrollo y bienestar. Sofi no hiere a nadie creyendo en un mundo conectado, donde las cosas existen porque tienen que existir y los rezos son formas como las personas lidian con sus problemas. Cuando ella descubre que Karen e Ian experimentan para ‘dar’ ojos a unos gusanos que no los tienen, ella le pregunta a él si no consideró que el animal fue creado así por una razón, y se puede hablar de propósito y función como se puede hablar de evolución y adaptación. Ningún razonamiento es incorrecto, Sofi lo entiende como una armonía de la naturaleza, mientras que Karen e Ian quieren entender el mundo desde una base del conocimiento y comprobar que los ojos son otra prueba de la evolución, refutando en el proceso muchas creencias religiosas de que fueron ‘creados’ por una divinidad.

 

“Buscar y no encontrar también es progreso”, dice Karen en un punto de la historia y es que todo camino que lleva a un descubrimiento está plagado de conjeturas que sólo se aterrizan una vez que se investigan. Llegar hasta esa meta implica tropiezos, porque sólo así se abrirá el camino y desecharán conceptos equivocados. Aseveraciones sólo alcanzadas una vez que son comprobadas, porque la ciencia es exacta. Qué es un hecho o una prueba sino verdades comprobadas. ¿Por qué es tan importante comprobar algo? ¿La gente realmente sólo cree en aquello que ha sido constatado después de una exhaustiva examinación?

 

I, Origins | Dir. Mike Cahill | Estados Unidos, 2014

 

Ian hace una serie de preguntas a Salomina, la niña con los ojos idénticos a Sofi, pidiéndole identificar la imagen que más le atraiga entre tres diferentes opciones, una de ellas que está relacionada de alguna manera con aspectos de la vida de la chica, quién era, en lo que creía o los lugares y personas que frecuentaba. La información que Karen e Ian obtienen no está sustentada ni en datos o estadísticas, pues son preguntas de contenido con respuestas de una niña ante preguntas subjetivas. El porcentaje final no sostiene la tesis, pero más allá, los científicos y el espectador deben considerar los elementos o variables que entran en juego y que son capaces de modificar la prueba, específicamente que Ian, que encuentra a la niña recién huérfana en la calle, la lleva a su hotel y le da de comer su alimento favorito.

 

Esto influye inevitablemente en las respuestas de la pequeña. ¿Responde lo que piensa y siente o responde lo que cree que Ian quiere escuchar, en un intento por complacerlo sabiendo que ha sido amable con ella? Y al final, lo más interesante es que el científico, a pesar que el porcentaje de la prueba ‘demuestra’ que sus conjeturas no son comprobables, y por tanto esa idea que se habían hecho de la posibilidad de reencarnación no es justificable, parece querer creer a pesar de todo, en especial una vez que la niña comienza a llorar antes de subirse a un elevador, que es donde Sofi murió.

 

El científico dentro de Ian sabe que no es posible que haya una relación entre Sofi y Salomina, y que de alguna forma el porcentaje obtenido de la encuesta que le acaba de hacer lo demuestra, sin embargo, sus emociones y sentimientos le hacen querer creer, o aceptar la posibilidad de que pueda ser verdad. Tal vez para sentirse mejor, tal vez para abrir su mente hacia algo que tampoco ha sido comprobado como imposible.

 

También es importante darse cuenta que un estudio de este tipo se necesitan más sustentos que lo validen, específicamente de manera científica; observación y análisis, no sólo observación. Las respuestas correctas o incorrectas de la niña pueden deberse a muchos factores, pero además, ¿bajo qué parámetros se realizan las preguntas y sus opciones de respuesta? ¿Cómo es que dos ojos idénticos, o suficientemente similares, pueden comprobar que dos mentes estén conectadas? El análisis del iris puede relacionar dos patrones de ojos que parecen iguales pero esto no es prueba de que dos mentes sean también la misma, o que los recuerdos de una persona terminen en otra, porque ¿cómo podrían viajar los recuerdos de alguien a otra persona a través de los ojos? Sólo intentar responderlo implica ‘creer’ en conceptos como el alma o la esencia del ser, ideas estrictamente más espirituales que científicas.

 

Coincidencias o análisis, suerte o decisión; las personas se apoyan en ellos según lo necesitan. Más que contraponer creencias, hay que entender que el choque de opiniones o el idealismo no son limitantes o debilidades, sino puertas hacia la superación. Es decir, analizar, probar, comprobar y debatir es parte de la ciencia, si bien el cuestionamiento también debería ser parte de cualquier creencia apegada la espiritualidad o el misticismo, y no porque puedan convertirse en ciencia, al contrario, porque más importante que aferrase a algo es atreverse a discutirlo y debatirlo, contradecirlo para entonces comenzar a buscar nuevas respuestas.

 

I, Origins

Dir. Mike Cahill

Estados Unidos, 2014

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

Tiempos Modernos

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Si bien la crítica puede definirse como un comentario negativo, la ‘crítica social’ en realidad es un concepto que se refiere a un juicio de análisis, un comentario que señala aquello en lo que la comunidad puede trabajar para mejorar en su desarrollo social.

Se trata de recalcar o enfatizar, pero no descalificando sino haciendo notar los puntos en los que el hombre flaquea, como comunidad, para invitarle a cambiar fallas, erradicarlas, evitar que sigan creciendo o se conviertan en un obstáculo para el crecimiento evolutivo.

Tiempos Modernos (EUA, 1936) es una película de comedia y crítica social. Escrita, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin, con Paulette Goddard coprotagonizando en pantalla. La historia sigue la vida de Charlot, el personaje más famoso de Chaplin, adaptándose a un mundo en constante cambio que pasa en esos momentos por la industrialización y la mecanización de los sistemas, provocando, en consecuencia, desempleo, pobreza y explotación, como una reacción en cadena que proviene de un modelo capitalista que da oportunidades a algunos y promueve la acumulación de la riqueza entre los sectores de población dueños de los medios de producción en detrimento del nivel de vida la mayoría.

La película, que inicia con el protagonista trabajando en una fábrica, haciendo ahí una única tarea, atorar tuercas, representa con ello, de forma exagerada y cómica, la mecanización del trabajo y, en consecuencia, la mecanización también del hombre. Las fábricas, como la de la historia, que se centran en la producción en cadena, crean una dinámica tan automatizada que terminan preocupándose más por la producción de mercancías que por el hombre mismo, que es quien la hace posible, el que la consume a fin de cuentas, llámese un auto, un refrigerador o una lata de refresco, por mencionar ejemplos.

Cuando Charlot se convierte en sujeto de prueba para demostrar la utilidad de una máquina que pretende usarse para suprimir la hora del almuerzo, para que el trabajador siga con su labor mientras come (un invento presentado al dueño con la promesa de que su uso lo pondrá por encima de sus competidores, porque mientras más trabajen sus empleados y menos descansen, más se produce en la fábrica), la historia realiza una demostración de cómo la principal preocupación del sistema es la productividad, no las condiciones que hacen posible esa productividad, tanto con la gradual mecanización de los sistemas como, incluso, en la explotación del trabajador, a quien, en este escenario, se le priva de sus derechos, su dignidad y su humanidad. Proceso de funcionamiento en que descansa el conjunto del sistema capitalista basado en la propiedad privada.

El panorama que se presenta también permite abordar temas como la forma en que esta dinámica causa una alienación que lleva al hombre a perder su propia identidad, individualidad y cordura. Chaplin no sólo se ríe de la mecanización y de la producción en serie, con un Charlot que sigue apretando tuercas incluso fuera de la fábrica, porque su cuerpo y su mente ya se han sometido a una rutina mecánica que le impide razonar, sino que recalca cómo ese único proceso al que el hombre es reducido en su trabajo termina por afectar su desarrollo físico y mental.  El hombre deja de pensar porque su trabajo lo empuja a ello, ocasionando un desgaste en su esencia de ser humano, porque su trabajo rige su vida, su pensamiento y sus acciones, lo que puede hacer y lo que no puede hacer; con la presencia de la máquina para el almuerzo se pretende incluso determinar cuándo y cómo una persona puede comer, como propone la historia. En suma, se quiere expropiar al trabajador de todo tiempo para sí, convirtiéndolo en un apéndice de las máquinas.

El eco que produce la depresión económica y la revolución industrial, panorama social en el que se ambienta el relato, también se hace evidente conforme avanza la historia. Desempleo, protestas que exigen libertad y derechos para las minorías, bajos salarios e injusticia social son sólo algunos de los puntos que se tocan. El personaje principal, por ejemplo, no sólo termina con un trauma que lo lleva al hospital, producto en gran medida del estrés de su ambiente laboral, que deriva de la repetición mecánica de las acciones y del trato inhumano, arbitrario y controlador como los dueños de la fábrica tratan al personal, considerándolos semejantes a máquinas, sino que, tras su estancia en el hospital, Charlot termina también sin empleo.

Es entonces cuando el joven conoce a una chica que vive en la pobreza, de quien se enamora por su espíritu de lucha, su bondad y su cordialidad. Esto sucede después de que, por cierto, Charlot acaba de salir de la cárcel, lugar al que inicialmente el protagonista prefiere regresar, razonando que por lo menos ahí tiene asegurada alimentación diaria y un lugar dónde dormir, algo que, afuera, en un mundo agobiado por las condiciones de pobreza extrema, no podrá encontrar.

Charlot y la chica intentan lo posible por subsistir y la película plantea, en varias ocasiones, que las personas en la misma posición socioeconómica que ellos infringen la ley como única vía para la subsistencia. No se justifica, pero, la historia al menos plantea que su crimen no es provocado por la maldad de pensamiento o una intención de perjudicar al otro, sino porque se convierten en víctimas de una sociedad que, a favor del capital, ha reemplazado al hombre con la máquina y ha dejado al ciudadano promedio, de la clase media y media baja, desprovisto de oportunidades para sobrevivir, esto además sin darles a las personas por lo menos las facilidades para cubrir sus necesidades básicas; los ciudadanos hacen filas para poder conseguir trabajo en la fábrica y la gente se vuelca para poder ganarse una de las comidas gratuitas que se ofrecen, pero en ningún caso la oferta es suficiente a la demanda.

La chica que conoce Charlot roba fruta para dar a sus hermanas un poco de alimento y luego roba un pan cuando no tiene nada de qué alimentarse. No se trata de una persona que vague en busca del oportunismo y la vida criminal, sino de una mujer a quien su gobierno no provee las oportunidades para su desarrollo o crecimiento; ni trabajo, salud, educación, alimentación o vivienda. Ni el Estado ni los dueños de los sistemas de producción tienen un espacio que ofrecerle o una oportunidad para permitirle acoplarse a la dinámica del sistema moderno. Ella, Charlot, el resto de los desempleados, ¿qué pueden hacer si la organización social, política y económica en la que viven no previó qué sucedería con todas aquellas personas a las que la maquinaria reemplaza? ¿Dónde pueden trabajar si hay más personas en edad productiva en el mundo, que espacios de trabajo disponibles? Si el sistema los ‘desecha’ cuando no les ubica como materia de productividad, ¿qué pueden esperar de su futuro, cómo pueden mejorar, suponiendo que tienen aún algo qué ofrecer?

La comedia en este caso es el mejor vehículo de crítica porque se alimenta de la exageración, pero construida a partir de una realidad evidente. Lo interesante es observar cómo el relato logra reírse, no burlarse, de estas situaciones. Se trata de un reclamo sutil en medio de la adaptación como la historia aborda estos escenarios; hombres convertidos en ovejas, analogía literal que hace el filme y el momento en que es importante levantar la voz, reclamar y cambiar, como sucede en la historia.

Cuando Charlot dice que prefiere la cárcel, o que prefiere ayudar, o que comprende que los hombres que han entrado al centro comercial donde trabaja cono vigilante nocturno no son ladrones que están ahí para llevarse comida por el simple hecho de aprovecharse del otro, o de vengarse del que tiene oportunidades diferentes a ellos, sino porque ellos mismos sufren hambre, producto del desempleo y la pobreza que esto ha traído consigo, la historia hace énfasis en dos puntos clave: uno, que la actitud positiva y solidaria de una persona no puede malearse por los infortunios de la vida, porque los valores son eje que hacen al hombre un ser sensible, compasivo, luchador, respetuoso, ético, empático, en corto, ‘humano’. Y dos, que las clases sociales más bajas son las primeras y las que más sufren cuando el sistema de organización comienza a marcar tan diferenciadamente los límites de la división entre el dueño de los medios de producción y los trabajadores que hacen posible que esa persona pueda poner su fábrica, su medio de producción, en marcha.

“Tiempos modernos es una historia sobre la industria, sobre la iniciativa de la humanidad, la cruzada en busca de la felicidad”, señala la película. En efecto, la historia demuestra, de una forma cómica, catártica y crítica la realidad de un sistema más orientado en la rápida producción mercantil que en el hombre, más en la ganancia económica que en la forma como se hace que esto sea posible, que muchas veces implica (y lo hace) la explotación del trabajador. Una enajenación que minimiza la importancia del humano, haciéndolo insignificante en un mundo lleno de máquinas en donde el ser es consumido por ellas, muchas veces literalmente, por lo menos en la película, escenas cuya función metafórica dicen al espectador que esta dinámica terminará por hacer al sujeto presa de su propio invento, un humano consumido por un aparato mecánico más grande que él, realidad que desemboca en, o por lo menos así sucede a Charlot, volverlo loco. Forma metafórica de decir que la enajenación ideológica es una forma de trastorno mental, es decir, la salud usada como pretexto para encubrir los efectos de la explotación laboral en la fábrica.

Se trata, en pocas palabras, de un sistema de opresión del que no todos pueden salir a flote. Charlot y la chica lo hacen, tanto a través del quehacer artístico como por un motivador forjado en valores y su voluntad por mantener su humanidad intacta, ya sea alegrándose por los pequeños detalles, sacando lo mejor de la peor situación posible o peleando por lo que es correcto, manteniéndose unidos porque se preocupan por el otro, no a costa del otro. La unión con sus similares exigiendo derechos a aquellos que se los han coartado.

La temática trata de un hombre sobreviviendo a los cambios, específicamente a los cambios de la modernización y la industrialización. La historia  no sólo aborda el cómo la mecanización se hace presente en la vida diaria de las sociedades, unas simples escaleras eléctricas por ejemplo, sino que profundiza, con ojo crítico y a favor de que este hincapié provoque en el espectador una concientización de su realidad, aspectos como el papel de la maquinaria en los procesos de producción. ¿A quién beneficia la máquina? ¿A quién perjudica? ¿Y por qué dejamos que este desplazamiento suceda incluso sabiendo sus consecuencias y cómo afectan éstas directamente al hombre, tanto de forma personal como socialmente, en su entorno y su evolución?

https://www.youtube.com/watch?v=yMZlW5CK8yE
Trailer: Tiempos Modernos
Director: Charles Chaplin
Estados Unidos, 1936
Duración: 5:06

Diana Miriam

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

The Terminator

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La ciencia ficción es un género narrativo que combina tanto imaginación como sustento científico. Es algo así como una ‘ficción científica’, o en otras palabras, mundos creados que tienen en el fondo un aval creíble, verosímil, probable conforme al desarrollo alcanzado por la ciencia y la tecnología. Puede ser, por ejemplo, realidad virtual, viajes en el tiempo, existencia de una inteligencia artificial superior o la presencia de vida extraterrestre.

La película Terminator (EUA, 1984), dirigida por James Cameron y protagonizada por Linda Hamilton, Arnold Schwarzenegger y Michael Biehn, toma varios de estos temas y los aborda de una forma que plantea preguntas relevantes para la sociedad actual, desde el cómo avanza la tecnología con relación al desarrollo social, o las implicaciones científicas, éticas y de cambio que conlleva la creación de robots construidos a semejanza física con el hombre.

La historia comienza en un escenario futurista, el año 2029, en el que la humanidad casi ha sido destruida y las máquinas han tomado la mayoría del control sobre lo que sucede en el planeta. A punto de perder la batalla contra los humanos que todavía pelean por su libertad, las máquinas envían al pasado, al año 1984, a un ciborg para asesinar a la madre del líder de la resistencia, John Connor. Para salvar a Sarah Connor los humanos envían a Kyle Reese, un hombre cuya misión es evitar que la máquina cumpla su cometido y de esta manera asegurar la continuidad histórica del proceso de enfrentamiento entre robots y hombres después de la conflagración nuclear, pues en el fondo el objetivo es asegurar que el futuro siga intacto, con los humanos a punto de ganar la guerra.

Una de las preguntas más importantes que esta línea narrativa plantea al espectador es: ¿Se puede cambiar el futuro? Aquí entran en juego distintas variantes, desde el concepto de destino hasta la comprensión de la factibilidad y variantes propias de los supuestos viajes en el tiempo.

Si son las decisiones que se toman las que forman el presente y el futuro de una persona; ¿por qué vivir un mismo momento dos veces haría a alguien cambiar de decisiones? O en todo caso, ¿es posible? La idea lógica de este imaginativo que inquieta al ser, los viajes en el tiempo, explorados a través de la literatura, el cine o la televisión, recae en el deseo de poder hacer las cosas de manera diferente, mejor, en donde entra en juego tanto la incertidumbre como el arrepentimiento, o, en el opuesto, saber qué sucederá en el futuro permite evaluar y determinar si la acción tomada, ya sabiendo sus consecuencias, se considera correcta o no, que empata igual con el temor al terreno de lo indefinido y al error. Desde luego que incluso en este supuesto, tomar una decisión distinta no necesariamente significa que el resultado será ‘mejor’ recibida (de nuestro agrado). En última instancia, es cierto que los humanos construyen su propia historia, a partir de sus decisiones, pero lo hacen en el marco de las condiciones socioeconómicas en que existen y los resultados van evolucionando con niveles de incertidumbre fluctuantes. Los viajes en el tiempo ¿lo modifican?

El concepto de la posibilidad en el cambio temporada entonces se convierte así en un mero deseo provocado por la duda; la posibilidad de una posibilidad. El tema se aborda según los intereses del que lo razona, porque un científico no ve su viabilidad de la misma forma que un matemático, un médico, un atleta o un escritor, por ejemplo. Algunos intentarán entender su sustento científico, pero la mayoría verá el concepto como una ventana hacia segundas oportunidades. ¿Qué cambiaría yo (si el viaje en el tiempo fuera una realidad)? Y también, ¿Cambiaría yo como ser humano con otras vivencias percibidas en el viaje a través del tiempo?

El escenario da paso a otras cuestiones importantes, desde el que el hombre aprende de sus experiencias y el cómo a partir de ellas el ser evoluciona, hasta la realidad práctica y simple que dice que la vida es una secuencia de decisiones. Se vive y se sigue adelante, no se vive para regresar al mismo punto de partida, como para repasar un pasado que en efecto ya ha quedado atrás. No se puede vivir en círculos, porque hacerlo implicaría un estancamiento.

Y es ahí donde entra otra variable en cuestión: el bucle temporal y las verdaderas cuestiones filosóficas que implica el concepto ‘viaje en el tiempo’. La conceptualización de esta dinámica plantea que, si alguien viaja al pasado, cuando ese momento sucedió, en su tiempo, la persona ya había estado ahí, de otra manera en su futuro no habría tenido que regresar al pasado. En este caso, para entenderlo de manera práctica, Kyle Reese viaja  del futuro a 1984 para conocer ahí a Sarah Connor, sin advertir que después se convierte en padre del hijo de ella. John entonces sólo existe porque Reese viajó al pasado. Por tanto, si en 2029 él no fuera enviado a 1984, John no nacería. Un viaje que además sólo sucede como respuesta a la acción de las máquinas de intentar eliminar a Sarah Connor, en primer lugar, porque es la madre del líder de la resistencia humana.

Técnicamente entonces, para ganar, las máquinas no tienen realmente que viajar al pasado para evitar que el líder de los humanos nazca, sólo tendrían que desechar su plan de matar a su madre, porque entonces los hombres no mandarían a Reese a perseguir al ciborg, y si éste no viaja a 1984, John Connor no nacería. Claro que la pregunta sería: ¿Pueden saber las máquinas que el líder es hijo de un hombre del futuro, o mejor dicho, de su propio presente? Esta serie de dimes y diretes, de círculos temporales, funcionan para ahondar un concepto básico, ¿el futuro se construye o es que ya está hecho?

La película además aborda otros aspectos relacionados, pero más inmersos en el tema de la tecnología, específicamente la inteligencia artificial y la creación de máquinas mitad humanas que, por lo menos en la película, se ‘rebelan’ contra sus creadores. Un debate constante en la actualidad, donde ciencia, tecnología,  desarrollo, ética y evolución, convergen en la creación de robots y las habilidades para las que son programados. En este futuro distópico, irreal y ficticio, la máquina ha superado al hombre, pero igual que con muchos otros conceptos de la historia, esta realidad sólo existe por las propias fallas del ser humano, que con sus errores hacen posible el levantamiento de las máquinas y su capacidad de autoconciencia posible. El derecho a la rebelión inherente a su propia transformación en casi humanos y su autocapacidad casi misericordiosa de proteger al humano de sí mismo, de sus debilidades.

¿Es que la máquina realmente ha superado al humano, o es que el hombre ha cometido los suficientes tropiezos como para dejar innumerables huecos en la programación de comandos, de tal forma que es posible a la inteligencia artificial encontrar la forma ‘lógica’, matemática, de resolver la problemática que se les plantea, desde un punto de vista no objetivo, sino a su favor? En este caso, al determinar que la humanidad es un peligro latente que debe ser eliminado. Y si los robots tienen consciencia además de inteligencia artificial, siendo producto de la sabiduría humana, ¿no es lógico que también tengan deseos e intereses humanos? Es la misma lógica como antaño se creaban dioses a imagen y semejanza del hombre, con sus virtudes y defectos, incluso dioses para sentimientos, placeres y vicios específicos.

Si un programa concluye que el hombre debe ser sacrificado porque su presencia se ha vuelto un riesgo, ¿lo ha categorizado realmente así la máquina o es una deducción basada en un análisis de datos programados, organizados por el propio humano? Si es la segunda y el hombre tiene la respuesta a una pregunta que tal vez se ha hecho al menos indirectamente, ¿qué es lo que hace al respecto? Y no en el ayer o en el mañana, sino en el ahora, en su presente. Se plantea entonces la pregunta ética fundamental que ha rondado al desarrollo de la ciencia por lo menos desde la mitad del siglo pasado: ¿Debe el humano jugar a ser Dios? ¿Está el desarrollo científico generando las condiciones para la extinción de la especie humana?

En la narrativa las máquinas ganaron poder gracias a que estaban conectadas a todo sistema operativo, automatizándose incluso los sistemas de defensa y armamento. Controlado un sistema que lo ve y vigila todo, que tiene acceso a la información de millones de personas y que, además, está encargado de la gestión de toda actividad (un ejemplo práctico actual serían las computadoras personales, las casas inteligentes y las redes sociales que monopolizan la información), hablamos de que no es la máquina la que decide el rumbo del futuro, es el hombre quien delega en la máquina el poder de acción de una decisión que toma, mediante programación algorítmica, pero de la que no se hace responsable.

No se trata entonces de una realidad en la que las computadoras y la inteligencia artificial tomen decisiones, sino, más bien, reflexionando sobre el mundo actual, se trata de la importancia de la creación de barreras  y límites para evitar que el hombre siga pensando que con dar directrices a un programa es suficiente como para dejarlo sin supervisión. Es decir, las maquinas obedecen a programación diseñada por el humano y no tienen, ni pueden tener consciencia. ¿Es que realmente después de encender una lavadora o una secadora, ésta nunca ha cometido un error durante su ciclo de trabajo? ¿Nunca falla? La respuesta es que la programación puede tener errores, o que las piezas y los programas utilizados se desgastan, se deterioran, se nulifican, ocasionando, eventualmente, alteraciones en su funcionamiento. El ser humano lo sabe y por eso recurre a la obsolescencia programada. Lo mismo puede suceder con las demás máquinas, con las ensambladoras de partes automotrices y hasta los asistentes inteligentes. ¿Por qué sería diferente con un robot, con un ciborg o un programa de inteligencia artificial?

El viaje en el tiempo no es una realidad posible, sino deseada; así mismo la creación de máquinas inteligentes y la esperanza de que su semejanza con el hombre permita entender tanto el origen como la trascendencia del ser no es algo que corresponda a una realidad futura, sino una preocupación presente que ocupa a miles de científicos e intelectuales de distintas disciplinas. Más que preguntarse entonces qué sucedería si tal o cual cosa pasara, o si fuera cambiada, las personas deben cuestionarse sobre qué está sucediendo hoy, cuál es el posible uso de la tecnología de vanguardia, cómo se instrumenta el manejo de la información personal con fines de vigilancia, control o de lucro, incluso, cómo funciona el panóptico digital para disminuir la capacidad de pensamiento y crítica en la mayoría de la población mundial.  La ciencia ficción es un medio que permite criticar y analizar estas reflexiones, pero para aterrizarlas es vital diseccionar todos sus planteamientos, un siguiente paso que todas las personas deberían estar dispuestas a tomar, respondiéndose siempre la pregunta ¿dónde está la ciencia y dónde está la ficción?

The Terminator

Dir. James Cameron

Estados Unidos, 1984

Trailer  1:58

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

El bebé de Rosemary

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

 

El terror psicológico, un subgénero de la literatura y la cinematografía de terror, está sustentado en un miedo o angustia creado a partir de un temor creciente gracias a las supersticiones, las culpas o las inquietudes de los personajes. Se trata de más que un simple susto, provocado siempre por la expectativa o supuesto de algo, el fantasma que sale desde la penumbra por ejemplo, generando una tensión de suspenso que lleva al límite de incertidumbre a los personajes, lo que deriva en una presión que causa inestabilidad emocional en ellos.

 

Este género se alimenta de la ansiedad, una inquietud latente que crece y provoca que los personajes imaginen el peor escenario posible, duden de sus sentidos y permanezcan en un desasosiego que los debilita, física, pero sobre todo, mentalmente.

 

Estas son las bases sobre las que se construye El bebé de Rosemary (EUA, 1968), película escrita y dirigida por Roman Polanski, quien se basa en el libro homónimo de Ira Levin. Protagonizada por Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon y Sidney Blackmer, la historia trata de un matrimonio de jóvenes, los Woodhouse, que se mudan a un nuevo departamento en Nueva York. El edificio está rodeado de historias de lo sobrenatural y muertes inexplicables, pero ellos creen que sólo son relatos inventados, leyendas urbanas o chismes de ociosos. Pronto sus vecinos, los Castevet, comienzan a frecuentarlos hasta irse insertando en su vida cotidiana, algo que Guy parece disfrutar pero que a Rosemary inquieta. Cuando ella queda embarazada, comienza a sentir malestares que su doctor, amigo y recomendado de los Castevet, desestima. Sola y sin una figura íntima a su lado, familiar, amigo, colega, conocido o doctor que la apoye, Rosemary comienza a temer por su condición y el futuro de su hijo. Cuando un viejo amigo le da algunas pistas que le indican que tanto sus vecinos como el edificio están relacionados con sectas religiosas de culto a Satán, la joven se da cuenta que puede estar en peligro y que hasta su esposo está inmerso en todo que le está provocando malestar.

 

Hay una piedra angular que permite adentrarse a la psicología del personaje principal: su papel como madre. Su temor hace que se preocupe, más que por su propio bienestar, por el de su hijo, una reacción natural de protección hacia otros, propia de su condición de mujer, de su estado de embarazo y del contexto social que se presenta a partir de conocerse la noticia de su próxima maternidad.

 

El bebé de Rosemary (1968), del polaco Roman Polanski

 

El peligro de amenaza latente a su alrededor aumenta gracias al instinto de protección y sobreprotección que, al mismo tiempo, hace a Rosemary un personaje con el cual brota empatía; ver a una mujer a punto de convertirse en madre involucrada con un grupo religioso que podría estar poniendo su vida y la de su hijo en juego, toca fibras sensibles de solidaridad hacia ella. El débil de una minoría frente al peligro provocado por un grupo con poder; o el indefenso contra un opresor que tiene los medios posibles para ocultar los mecanismos como ejerce presión.

 

Y aunque la amenaza real es indirecta, porque tanto ella como el espectador se preocupan por un ser que aún no ha nacido, ese es el esquema con el que el terror psicológico juega constantemente; la incertidumbre, sobre lo que pueda pasarle, sobre lo que aparentemente quiere o busca ese grupo satánico y, desde luego, sobre la amenaza en sí, así sea real, inventada o imaginada. El propósito es alterar su estado mental, acosarla, debilitarla; lo mismo se hace con el espectador, se busca ponerlo en el lugar de la protagonista, hacerlo dudar, tanto de lo que ve como de lo que cree ver.

 

La pregunta se vuelve inevitable, ¿por qué Rosemary no notó  algo extraño antes o hizo algo al respecto más pronto? Porque se trata de una mujer insegura, sola, débil de carácter, preocupada siempre por complacer al otro y con poca capacidad para cuestionar su entorno. Estas características que forman su personalidad la hacen blanco fácil para manipularla, malearla y engañarla. La joven no es una persona decidida y la constante duda sobre el mundo y sobre sí misma la vuelven vulnerable. Pero más importante, sin un grupo de personas que funja como sustento y apoyo, Rosemary queda desprotegida y sin una voz que, a su lado, cuestione su entorno, en especial cuando ella falla en hacerlo por sí misma.

 

Para cuando lo hace, ya es demasiado tarde y la urgencia propicia que provoque errores. ¿En quién confiar si realmente no se ha relacionado con nadie lo suficiente para esperar consideración de vuelta? ¿A quién pedir ayuda si las únicas personas que se han ofrecido para ayudarle son las mismas de quienes tiene que huir?

 

La confianza se sustenta en un sentir de seguridad respecto a algo o alguien, una persona con la que se tiene familiaridad, alguien con quien, al mismo tiempo, se deposita fe en su juicio. Así mismo la soledad implica la inhabilidad de poder depositar la confianza en algún otro, que es el caso de Rosemary. Ya sea por desconfianza, aislamiento, miedo, precaución o inocencia, la situación lleva a la protagonista a caer en una espiral de focos rojos sin nadie con quien consultar opiniones y reflexiones al respecto, que puedan ayudar a trazar un panorama objetivo en cuanto a aquello que parecen no tener importancia, pero que probablemente la tenga, de acuerdo con el contexto, por ejemplo, la constante intromisión de los Castevet en su quehacer diario. El espectador va entendiendo que su vigilancia extrema trata, más que de otorgarle cordialidad y fraternidad, de un mecanismo de control y vigilancia por parte del grupo religioso, preparando a Rosemary para dar a luz al hijo del Diablo.

 

El bebé de Rosemary (1968), del polaco Roman Polanski

 

Pero, removiendo el enfoque sobrenatural, ¿una actitud como tal de parte de sus vecinos no se sentiría extraña e invasiva en un contexto cualquiera? Lo es, y esa es la verdadera prueba que Rosemary tiene que pasar, el aprender a defenderse de aquellos que amenazan su bienestar, aprender a decir no cuando la situación lo requiere, incluso si aquella persona a la que se le da la negativa es su propio esposo; se trata incluso de saber ´leer´ a las personas; conocerlas sin ‘conocerlas’, así se trate de compañeros de trabajo, conocidos o, como en este caso, vecinos. ¿Qué tanto conocía realmente Rosemary a las personas a las que dejó entrar en su casa y en su vida? Más aún, ¿qué tanto conocía realmente a su esposo, quien accede volverla presa de este grupo a cambio de oportunidades de empleo y finanzas que le benefician más a él que a su familia?

 

Rosemary no es una víctima en sí, porque no es una persona destinada al sacrificio. Sufre, en todo caso, consecuencias dañinas, por dos factores. Uno, la falta de habilidad y astucia. No se trata de carencia de conocimiento, es falta de certidumbre y convicción, incluso respecto hasta de sus propias decisiones. El segundo factor es el medio sociocultural en el que se desenvuelve; una comunidad que minimiza su palabra por estereotipos, por ejemplo de género, personas que la miran y creen que es fácil engañarla con frases como ‘Es normal’, como le dice su doctor cuando se queja de dolores durante el embarazo. Cuando la joven se da cuenta que la desidia de la gente no es normal, o no debería serlo, entonces busca una salida a su problema. El segundo doctor a quien busca, sin embargo, llama a su esposo creyendo que su denuncia, el temer por su vida y creer que su marido es parte de la gente que busca hacerle daño, está infundada. ¿Por qué no creerle o por lo menos darle el beneficio de la duda?

 

¿Qué falta en la vida de Rosemary para sobrevivir? ¿Qué la habría sacado de su apuro? ¿Qué le queda en la vida si los pocos cercanos a ella la han engañado hasta convertirla en un medio para cumplir su verdadero propósito? ¿Cuántas ‘Rosemarys’ hay en la vida real que, como en la película, quitando el elemento ‘culto religioso’, sufren a partir del control excesivo de la gente que miente diciendo actuar en nombre de su bienestar? ¿Cuántas situaciones de la vida diaria son formas de ‘terror psicológico’ disfrazado de cotidianidades, que, se les dice a la gente, son ‘situaciones normales o comunes’, cuando no lo son o, en todo caso, no deberían serlo?

 

El Bebé de Rosemary

Dir. Roman Polanski

Estados Unidos, 1968

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general . Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

 

El planteamiento de la historia: ¿Qué es y por qué es importante?

 

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Planteamiento significa plantear algo, que a su vez se define como la exposición o trazo de un problema, tema o duda; es establecer las bases para la solución de un conflicto. En el cine, el planteamiento de la película significa presentar los elementos de la historia y el camino hacia el que se dirigen.

 

Una historia al estilo ‘príncipe debe ir a rescatar a princesa’ presenta durante su planteamiento esta misión, para también el contexto donde se desarrolla el relato y los personajes que en él conviven; por ejemplo, quién es la princesa, quién es el príncipe, por qué es importante que él la rescate a ella, qué está en juego o qué se gana y qué se pierde de cumplir o no cumplir la misión, quiénes son los aliados, quiénes son los enemigos, etcétera.

 

Foto: Diana Miriam Alcántara Meléndez | Calgary, Canadá, 2017

 

En un relato cualquiera, literario, televisivo o cinematográfico, las tres partes básicas de la historia son planteamiento, nudo y desenlace. Cada uno tiene su función específica. El planteamiento ubica a la historia en un lugar y un tiempo, sus personajes y la realidad tal cual la viven éstos. El nudo o la parte media es la pieza del relato en donde se desenvuelve el conflicto. Mientras que el desenlace es la resolución de los acontecimientos.

 

El planteamiento de la historia es importante por varias razones, establece un tono de historia, introduce el mundo en que se desarrolla el relato y los personajes que en él participan, además de cimentar las estructuras que funcionan como base para el desarrollo de la historia: las reglas de este mundo (real o ficticio) y las dimensiones de la situación en la que están envueltos los protagonistas (ya sea un relato romántico, de ciencia ficción, de intriga detectivesca u otro); en corto, es como si la historia pusiera sobre la mesa su identidad (quién es, qué hace y hacia dónde va), para así preparar al espectador para lo que viene (el resto de la historia: el nudo y el desenlace).

 

En una película, cuando un planteamiento está mal o accidentadamente trazado, el resto de la historia carece, sufre tropiezos y hasta pasa por inconsistencias. Por ejemplo, si los personajes no saben por qué hacen lo que hacen, es que no han sido bien desarrollados, algo que se viene arrastrando desde el planteamiento. Pero si la historia en sí tiene huecos y el rumbo hacia dónde va no está claro (y esto no significa que tenga o no giros sorprendentes, sino que no parezca que se han trazado bajo un objetivo) entonces el planteamiento es flojo y eso se traspasará hacia el resto de la historia.

 

Incluso los temas y el tono de la película (cómica, policiaca, de intriga, de investigación, suspenso o farsa) son presentados desde la primera parte del relato, y lo mismo pasa con los temas a tratar, las reflexiones a proponer y el rumbo hacia donde están destinados sus personajes, su arco. El planteamiento carga con todos estos elementos, es decir que el planteamiento, al presentar el mundo en que se desarrolla la historia, presenta también el panorama general que vivirán tanto los personajes como la narración misma.

 

Si ‘Los Juegos del Hambre’ se desenvuelve en un mundo distópico, las carencias o habilidades de la protagonista, y del mundo en el que vive, por la realidad en la que se desarrolla el relato, y a la que se enfrenta, deben están presentes desde los primeros minutos de la historia. En este caso, tanto en la novela como en la película puede observarse cómo la narración plantea las aptitudes y debilidades de Katniss Everdeen, que luego jugarán papel importante en el desarrollo, tanto en su nudo como su desenlace. El que sea buena con el arco, que su hermana sea lo más importante para ella o su lealtad para con quienes siente afecto son elementos claramente expuestos en el planteamiento, para luego profundizarse o retarse en un punto crítico de la historia.

 

Así, el planteamiento es tan importante para cada personaje como para cada línea de acción que tomará la narrativa, es decir, el rumbo hacia dónde se dirige y los obstáculos que pone frente a sus protagonistas y demás personajes. Si esta primera parte de un relato falla, puede resultar en personajes unidimensionales, confusión de la historia, dudas sobre quién es quién o cuál es su relación con los otros personajes, temas sin profundizar o que quedan superficiales, incluso temas sobreexpuestos o que la historia se sienta ‘lenta’, esto es, que tarde en arrancar o que, después de mucho tiempo, parezca que no va hacia nada. Lo cual no tiene que ver con que su ritmo narrativo sea pasivo, sino que la historia, la sucesión de hechos, parece no tener objetivo.

 

La primera toma de ‘Luz Silenciosa’, por ejemplo, película de 2007 dirigida por Carlos Reygadas, muestra un amanecer durante aproximadamente cinco minutos. Aquí no es que ‘no pase nada’, al contrario, esta elección visual de estilo que escoge el director tiene un motivo; esa escena, lo que muestra, incluso lo que dura, quieren decirle algo al espectador, algo que además resulta acorde con la historia que cuenta, los personajes que presenta y los temas que aborda.

 

Cada relato puede también tener sus giros sorpresivos, cambios de ritmo y dinámica versátil, que además puede alimentarse de las herramientas de la narrativa (historias no lineales o narradores omniscientes, por ejemplo); pero lo que no puede, o nunca debe hacer una historia, es contradecirse a sí misma, es decir, no puede dejar de ser coherente con su propia lógica. Para que no se cometa este error, el trazo del planteamiento debe ser claro y explícito. Al final, no se trata de que una historia tenga que ser completamente directa con su espectador, al contrario, se trata de que cada elemento (como la identidad y el propósito que cada personaje juega dentro de la historia) tenga sentido y esté explicado (de nuevo, no tiene que ser obvio, pero sí estar presente de alguna manera).

 

Donnie Darko’, por ejemplo, no tiene  porqué  explicar de forma evidente todos sus elementos metafísicos, ni que juegan un rol importante en el desarrollo de la historia, las temáticas que aborda y las reflexiones que propone, pero los viajes en el tiempo o la posibilidad de que dos universos paralelos puedan juntarse en un mismo punto deben plantearse desde la primera parte de la película, de forma que haya elementos, tal vez visuales y simbólicos, tal vez en subtexto, que indiquen que en este relato la posibilidad metafísica es más que una fantasía imaginada o irreal.

 

La silueta o estructura que toma un planteamiento, en comparación con otro, varía según cada tipo de historia; no es lo mismo adentrarse a un mundo futurista que ambientar un relato en el siglo pasado o en el presente; no es lo mismo si toma lugar en México, Japón o Irlanda; que sea una historia ficticia o un hecho real documentado, un romance juvenil o una investigación legal. No es tampoco lo mismo si toda la historia sucede en un mismo escenario, en una locación, con sólo dos personajes, o si sucede en diferentes realidades (pasado-presente-futuro) y con muchos personajes interactuando al mismo tiempo.

 

Muerte a la media noche’ por ejemplo, película de 2001 dirigida por Robert Altman, hace un trabajo sobresaliente en su guión y, más específicamente, en su planteamiento. La historia transcurre durante un fin de semana en una campiña inglesa, en 1932; hay una reunión entre varias familias adineradas, pero a mitad de la noche ocurre un asesinato. La historia presenta la vida de los hombres y mujeres de la alta sociedad, pero también la de sus sirvientes y criadas. La historia no sólo debe adentrar al espectador al mundo en su contexto histórico, lugar y tiempo, sino también a la realidad de los personajes que viven ‘arriba’ y los que viven ‘abajo’, (sus problemas, anhelos, expectativas y visión de su mundo), además de establecer el misterio del asesinato (quién fue y por qué lo hizo). Todo se logra durante el planteamiento con un buen ritmo y la suficiente introducción para dejar que la historia fluya. Hay muchos personajes que interactúan y toman parte importante durante el relato, pero nunca parece que se atropellan entre sí. Los primeros minutos tampoco parecen un gran montaje que presenta a cada uno de los actuantes por segmentos, al contrario, las dinámicas son trazadas de forma natural cuando, a la llegada de los invitados, cada miembro de la alta sociedad se presenta y cada uno de sus empleados procede a cumplir con su trabajo. No por nada la película se llevó el premio Oscar en la categoría de mejor guión original, además de estar nominada a otras seis categorías, incluyendo mejor película.

 

En algunos casos también sucede que la presentación de la historia, el planteamiento, suena muy intrigante y atractivo, pero el resto del relato no cumple con las expectativas, o se vuelve enredado y confuso en su avance.  Hay todo tipo de escenarios posibles, tantos como número de películas existan, pero no es que una historia por ser sencilla asegure sobresalir, ni que un relato con muchos recovecos no pueda lograr cumplir eficientemente para contar su historia, o viceversa.

 

No, lo importante es partir de un punto básico y nutrir desde ahí la historia: primero se plantea la trama y luego las subtramas, por ejemplo; y primero se parte del camino que recorre el personaje principal así como de los obstáculos que enfrentará, para luego entramar el desarrollo y enriquecer la historia con herramientas narrativas (el uso de flashbacks o las escenas en las que lo que se ve sólo sucede en la imaginación de un personaje, por mencionar algunos), para ilustrar la historia o para configurar posibles desenlaces.

 

Un planteamiento es una introducción, es el comienzo de una historia; marca el rumbo como si fuera la brújula en el mar, pero también expone la propuesta de historia que trae detrás, así que es, en breve, el primer piso de un edificio y, como en el juego de mesa Jenga, si la pieza de hasta abajo no está bien puesta, el resto se tambalea. De ahí que exponer el planteamiento del relato es un arte en sí.

 

 

Diana Miriam
Foto: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general . Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

 

The East

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Activismo significa creer en algo y tomar acción defendiendo los valores sociales que involucra, es manifestarse a favor de una causa, divulgando ideas, exigiendo cambios y promoviendo la postura que se cree generará cambios benéficos para la sociedad, ya sea que las ideas tengan su sustento en la política, la religión, el orden social o el ecologismo.

¿Cuándo se ha logrado el cambio? ¿Hasta dónde se llega para lograrse estos objetivos y en qué momento la acción convertida en radicalismo deja de ser justificada? ¿Cuándo deja de pelear el activista?

 

Las preguntas son parte del contenido analítico de la película The East (EUA-Reino Unido, 2013), dirigida por Zal Batmanglij y coescrita por éste junto con Brit Marling, quien también protagoniza y a quien le acompañan en pantalla Ellen Page, Alexander Skarsgard, Toby Kebbell, Shiloh Fernandez, Julia Ormond y Patricia Clarkson.

 

La historia sigue a Sara, ex empleada del FBI, quien llega a trabajar para una compañía privada cuyo objetivo es espiar a grupos de activistas que pelean contra las compañías multinacionales que los contratan. Sara es enviada a infiltrarse en un grupo de ecoterroristas llamado The East (El Este), para quienes su misión es desenmascarar  a empresas privadas que dañan el ecosistema y por extensión la salud de las personas, sin embargo, su modo de actuar es excesivamente radical, al grado de haberse convertido en un juego del ‘ojo por ojo’. Mientras más convive Sara con ellos, más comienza a compartir sus motivaciones, a conocer los efectos nocivos que ocasiona el proceso productivo industrializado y el consumo del despilfarro, más se identifica con la necesidad de exponer la corrupción cuando nadie más lo hace, sin embargo, discrepa con el modo de acción del grupo, para quienes parece que lo importante es alcanzar el objetivo final, sin importar las consecuencias.

 

La película cuestiona las acciones de todos los involucrados, los activistas, las multinacionales, la empresa privada que contrata a Sara y a Sara misma, quien al convivir con el grupo se da cuenta que su cometido tiene un objetivo noble, crear un cambio positivo, que las fábricas dejen de tirar sus desechos en las aguas que después la población usa para lavar, bañarse y hasta cocinar, o que las farmacológicas dejen de vender productos cuyos efectos secundarios no han sido completamente estudiados y que, por consiguiente, podrían a la larga ser mortales para quienes los toman, una realidad que eventualmente la hace cuestionar su propia misión y el trabajo de la gente que la contrató.

 

El problema que nota, no obstante, es que el plan de acción del grupo no tiene una estrategia a largo plazo, su actuar se ha convertido en un castigo de venganza personal, más que en un análisis de la situación y propuesta de transformación. Uno de los activistas que conoce, por ejemplo, lamenta la muerte de su hermana, que tomaba unos fármacos que él mismo le recetó como antibióticos. La medicina, que ahora está a punto de ser lanzada al mercado, terminó por alterar el sistema neuronal de la joven, lo que la llevó al suicidio. Motivado por esta injusticia, este joven, junto con el grupo, deciden hacer que todos los directivos de la empresa consuman el medicamento y sientan en carne propia los efectos secundarios de su propio producto.

 

The East | Dir. Zal Batmanglij | Estados Unidos y Reino Unido, 2013

 

Cuando Sara protesta la acción, los demás le dicen que, si la empresa es realmente honesta, no tendrían nada que temer, porque ingerir la substancia no les hará nada, pero, es porque se saben culpables, porque saben que sus medicamentos son mortales, que temerán al saber que la medicina ha entrado a su sistema. La idea base es poner a prueba la ética de la empresa y demostrar que su avaricia y ambición por el negocio está pisoteando los derechos de muchos que no tienen los medios para defenderse, que vender un fármaco con repercusiones para la salud y enfermar a miles de personas es más redituable que buscar una solución, una cura o un cambio de producto.

 

El siguiente plan expresa la misma ‘prueba de fuego’, cuestionar la ética de empresarios y activistas por igual en una acción tan difusa éticamente hablando que llevarla y no llevarla a cabo suena igual de erróneo. En este caso los puestos al estrado son los dueños de una fábrica que lanza sus desechos químicos al lago más cercano a sus alrededores; ahora los habitantes de las ciudades aledañas están muriendo por envenenamiento, cáncer y otras enfermedades causadas por las aguas tóxicas. El grupo activista decide secuestrar a los dueños y hacerlos bañarse en el lago; si lo hacen, sin temor, no pasará nada, porque significaría que están seguros de que las aguas están limpias, pero, evidentemente, se niegan porque saben lo que les sucederá si lo hacen. Y aunque el plan es grabarlos aceptando su culpa, evidenciarlos, para una de las chicas del grupo en realidad se asume como una venganza personal, porque son sus propios padres los dueños de esta compañía.

 

La simpleza del plan le resta justificación, porque son, en corto, buenas intenciones mal ejecutadas, porque a largo plazo no se busca un cambio real, sino un castigo momentáneo, hacia un grupo de personas específicas, no hacia las transnacionales que manejan los hilos a su disposición y a favor propio. Es como si su motivación de cambio fuera honorable, pero sus acciones se limitaran a tapar el sol con un dedo, en lugar de resolver el verdadero problema de fondo.

 

“Pero si lastimamos gente, ¿no somos acaso tan malos como ellos?”, pregunta Sara, quien comienza a cuestionar su propia integridad, empatizando con la causa, el cambio social, pero con una postura opuesta a lo que mueve a este grupo; preguntándose además cuál es su papel en la situación, no sólo como infiltrada, sino enviada incluso por una empresa cuyos clientes son las mismas personas que los activistas están atacando. ¿En qué punto del espectro queda ella y qué significa apoyar o descalificar a uno u otro grupo, parados en extremos contrarios de la ecuación?

 

“Una revolución nunca es fácil”, le dice a Sara uno de los líderes del grupo. Lo primordial no es sólo entender que las acciones tienen consecuencias, porque ellos lo saben, lo que deben aprender es a asumir esa responsabilidad y, principalmente, su parte o su papel dentro de las mismas consecuencias, lo que implica un compromiso con la misión y con el grupo, pero sobre todo con uno mismo, es involucrarse y comprometerse con el trabajo, asumir que la decisión final es personal, ética.

 

Las prioridades de Sara cambian cuando su propia forma de pensar también lo va haciendo, cuando viviendo al lado de esta gente, de espíritu libre, vocación de cambio y estilo de vida anticonsumista, percibe que propagan un discurso de justicia social y el entendido de que alguien, si el sistema no logra concretar, debe hacerse cargo. Eventualmente Sara llega a un punto de ebullición en el que se da cuenta que peor que no saber lo que hacen estas empresas, es ignorarlo, porque peor que no hacer nada por ignorancia, es saber lo que sucede y aun así no hacer nada.

 

The East | Dir. Zal Batmanglij | Estados Unidos y Reino Unido, 2013

 

Es así como ella decide que, si bien no puede regresar a su vida anterior, no después de ver la realidad de la gente que no tiene la oportunidad de una vida mejor por culpa de empresarios, directivos e inversores que deciden lucrar a expensas de su propio bienestar, tampoco puede unirse al grupo, a quienes ve como anarquistas radicales que reaccionan pero no planean, castigan pero no promueven un verdadero debate crítico que invite a la transformación de la sociedad. Hacer algo es impulsar acciones y si esas acciones deben ir en contra de todos los que estén hiriendo la causa, y eso implica también al grupo de activistas, entonces ellos hacen tanto daño como las empresas multinacionales y contra ellos se tiene también que contraatacar.

 

En entrevista durante el Festival de Cine de Sundance, el director y coescritor del proyecto Zal Batmanglij explicó durante el panel que el título de la película hace referencia directa a El Mago de Oz, el libro de L. Frank Baum, en donde La Malvada Bruja del Este se convierte en la fuerza opositora contra quien se peleaba en busca del bienestar de los habitantes de Oz. Baum a su vez reflejaba con su historia los conflictos políticos y sociales que se vivían en Estados Unidos a finales del siglo XIX, donde los disputas por el bimetalismo (sistema monetario basado en el uso de dos metales, tradicionalmente oro y plata), dejaba endeudados a muchos, específicamente en el estado agrícola de Kansas, ubicado al centro de aquel país.

 

En la película, el grupo de activistas son personas de la alta sociedad, jóvenes con vidas privilegiadas que se oponen al sistema, nacidos en Nueva Inglaterra y sus alrededores, al este de Estados Unidos, desencantados de la forma de vida que llevan y de aquello que han tenido que hacer sus familias para llegar hasta ahí. Sin poder ignorar la división de clases y cómo esto se refleja en injusticias y falta de equidad, los activistas pelean a favor de un mundo diferente, pero sus acciones también responden a su propio sentimiento de culpa, el que los conduce a negar, o a intentar frenar la materialización de un futuro en el que los errores del pasado se continúen repitiendo.

 

Pero el cambio no puede hacerse en el individualismo y la travesía personal, necesita un objetivo y un planteamiento social, trabajo en equipo, metas, objetivos, organización, compromiso y solidaridad. ¿Cómo combatir la injusticia?, pregunta la película, que también abre un debate sobre la ética social, tópico que aborda, específicamente, cuando los personajes reflexionan que si bien las corporaciones que contaminan el planeta y se aprovechan del más débil y del más indefenso tienen su grado de culpa en el asunto, también lo comparten las personas que, sabiéndolo, lo permiten y no hacen nada para cambiar la situación. Acción y reacción, insiste la historia, porque un cambio que parece insignificante puede lograr grandes cosas y ser más significativo de lo que aparentemente deja ver.

 

¿Y si todas estas reflexiones sobre el cambio y los valores sociales son parte clave en el activismo, era entonces, el grupo de la película, un colectivo de activistas a favor de la mejora social o sólo gente inconforme aspirando al cambio, sin saber realmente cómo lograrlo? El problema enunciado remite entonces a la importancia de la organización social, así como al proceso ideológico que permita una conciencia de clase, para proponer una verdadera lucha emancipadora.

 

The East

Dir. Zal Batmanglij

E.U.A., y UK , 2013

Trailer: 1:12

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general . Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

 

Interestelar

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Ciencia es conocimiento, razonamiento, observación y deducción; aprendizaje estructurado que crea principios explorados, puestos en práctica y comprobados, pero no exentos del debate y el cuestionamiento. La ciencia busca respuestas, explorando e indagando, investigando e interpretando y, a veces, esas respuestas plantean más preguntas, porque el saber no cesa y el mundo cambia, modificando también al hombre y la forma como aborda esos conocimientos.

 

Interestelar | Dir.Christopher Nolan | Estados Unidos, 2014

 

“La ciencia explica lo que ignoramos”, dice uno de los personajes de Interestelar (EUA-Reino Unido, 2014), película dirigida por Christopher Nolan y escrita por éste junto con Jonathan Nolan. Ganó un premio Oscar en la categoría de mejores efectos visuales, además de que estuvo nominada en cuatro categorías más: mejor banda sonora, diseño de producción, sonido y edición de sonido.

 

Protagonizada por Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Michael Caine, Mackenzie Foy, Casey Affleck, John Lithgow, Ellen Burstyn, David Gyasi, Wes Bentley y Topher Grace, la película se desarrolla en un futuro en el que el hombre ha deteriorado al mundo a un grado en el que el planeta está a punto de ser inhabitable. Un grupo de científicos de la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio,) son enviados a una misión para determinar si alguno de los planetas en los que se cree posible pueda haber vida son realmente viables para servir como nuevo hogar para la humanidad. La misión tiene sus propias dificultades, pues para llegar a ese sistema solar el equipo deberá cruzar por un agujero de gusano, donde el tiempo y el espacio están alterados, mientras que en la Tierra las familias de los investigadores deben asimilar tanto el efecto personal de la misión de los astronautas como prepararse para la posibilidad de que ellos fallen y, por consiguiente, los habitantes del planeta tengan que enfrentar su posible extinción.

 

Para la ciencia es clave analizar cómo y por qué suceden las cosas, entender el contexto, su lógica y su funcionamiento para dar conclusiones, es decir, esas explicaciones que permiten al hombre entender su mundo, conocer el proceso de su evolución. A partir de estos lineamientos se crean teorías y conocimiento puesto en práctica. Por ejemplo, la tecnología, que es tanto investigación científica puesta en acción como creación de conocimiento, a través de experimentos y nuevas construcciones, máquinas, fórmulas, teorías o principios, que permitan explorar nuevos enigmas.

 

Explorar el universo, como lo es explorar el propio planeta, requiere de una base científica que haga posible llegar a rincones nuevos e inimaginables. Querer llegar a Júpiter, por ejemplo, no implica sólo tener conocimiento del universo, la física, la gravedad y el sistema solar, sino también conglomerar teorías sobre la biología humana, la mecánica y la tecnología, para que la máquina que se requiere construir para que un humano pueda viajar esa distancia espacial, sea convertida en una realidad.

 

La película en este caso pregunta al espectador cómo es que el hombre hace uso de esa tecnología, ¿a su favor, en beneficio de su ignorancia o en beneficio de la ciencia? Si es para conocer más, entonces ¿en qué sentido? El hombre crea las máquinas, por ejemplo un robot, ¿para conocer más sobre el mundo que le rodea o para conocer menos, conformándose con lo que ya sabe? Es imposible dejar atrás el saber, porque un camino inicial puede tener ramificaciones que empujen hacia nuevos fundamentos para debatir. Lo importante es hacia dónde dirigir estos debates, dudas y acciones.

 

Hay una gran diferencia en cuanto a función y concepción, por ejemplo, entre una máquina que asiste a los doctores durante una cirugía y una máquina que sirve para que dos personas en dos puntos distintos del planeta puedan enviarse mensajes y fotografías. Ambas implican ciencia y tecnología; entender su camino, de la idea a la utilidad, implica profundizar respecto al motivo por el que se creó inicialmente esa máquina (¿cuál fue la inquietante que movió a su creador?) y cuál es el uso que finalmente le da el hombre a ella.

 

En un punto de la película, cuando Joseph Cooper, protagonista y ex piloto de la NASA, va a la escuela de sus hijos para hablar con sus profesores, ahí comienza a cuestionar la importancia del uso de la tecnología, la ciencia y el conocimiento. Cooper está molesto porque su hijo no podrá entrar a la universidad. Los profesores de la institución le dicen que el chico es más útil, para la sociedad en ese momento, si continúa como campesino, porque la humanidad, el planeta, ha llegado a un estado de deterioro tal que la tecnología ya no es importante, donde lo prioritario es cubrir las necesidades básicas de la población, la alimentación, por lo que los futuros trabajadores que se necesitan son campesinos que sepan sembrar, no ingenieros para los que ya no hay dónde trabajar ni nada que aportar.

 

Interestelar | Dir. Christopher Nolan | Estados Unidos, 2014

 

Cooper difiere y dice que aunque las personas que trabajan la tierra son vitales para la supervivencia del hombre, los ingenieros y otros profesionales con sus labores son también importantes para el futuro. Un ingeniero podría, según él lo ve, buscar nuevas respuestas para cómo sobrellevar la situación y resolver el problema. La idea es sencilla, para la sociedad la prioridad es subsistir, para Cooper la prioridad debe ser más que vivir al día, indagar para encontrar respuestas, para ofrecer opciones, para seguir intentando no sólo sobrevivir, sino mejorar y volver a progresar.

 

Ambas posturas, desde el punto de vista como lo razonan, están en lo correcto; para Cooper es salir en busca de respuestas, para la gente en su mayoría es sacar provecho de lo que se tiene, desde un punto realista de alguna forma. ¿Quién tiene la razón, el que sueña e imagina o el que se plantea la solución de problemas con las herramientas que tiene, tangiblemente a la mano? En corto, la respuesta es, los dos. Pero la verdadera relevancia de esta variedad de pensamiento es no ser necio e intransigente respecto a lo que se cree, sino dejar la puerta abierta al debate, al escepticismo, al análisis, a la búsqueda de nuevos saberes. Hay que aferrarse a algo, pero no tanto como para cerrar las nuevas posibilidades que se presentan.

 

Cooper responde al problema de la forma como puede hacerlo, como el resto de los personajes, a su manera, conforme a su propia formación y cultura; los hijos de Cooper, los científicos de la NASA y hasta el resto de la población lo hacen también a su modo, porque lo que el mundo necesita es que alguien responda al llamado a corto plazo, trabajar los sembradíos para obtener comida, para que la gente que trabaja en enfrentar la problemática a largo plazo tenga oportunidad de aportar su propuesta.

 

Eventualmente el ex piloto se topa con la base de la NASA, agencia gubernamental estadounidense supuestamente extinta, donde los científicos que aún laboran ahí están buscando una solución para evitar la extinción de un planeta que muere cada día por una tierra que se hace menos fértil y un clima aún más contaminado que provoca que la esperanza de vida sea cada vez más limitada.

 

La misión de estos expertos parece sencilla, encontrar un planeta al cual trasladar a todos los sobrevivientes antes de que sea demasiado tarde. El plan tiene sus implicaciones éticas y morales, puede ser visto como una forma de huir, pero también puede ser visto como una solución alterna, para comenzar desde cero. Para Cooper huir significa tanto abandonar la Tierra como abandonar a los muchos que no puedan ser reubicados en el nuevo planeta, si existe, lo que representa darle la espalda al hombre y perder en el proceso parte de la humanidad que hace al hombre un ser empático y social, en sí, humano.

 

Interestelar | Dir. Christopher Nolan | Estados Unidos, 2014

 

El plan de viajar a tres potenciales planetas, de donde se han recibido transmisiones de parte de otras misiones anteriores, enviadas a explorar el espacio, es tan riesgoso como aventurero, prometedor pero con un margen grande de error.  Lo que Cooper no sabe es que encontrar este nuevo planeta para habitar no es todo el riesgo que la misión implica, pues la NASA aún no ha encontrado cómo trasladar a la población de la Tierra a ese hipotético nuevo hogar, debido a que se han presentado distintas alteraciones en la gravedad que no harían posible que una nave tan grande pueda salir de órbita.

 

Si el bache persiste las personas serán olvidadas, destinadas a morir junto con la Tierra, mientras que el nuevo planeta será poblado con muestras de embriones que se desarrollarán en máquinas de incubación. Aquí la tecnología da respuestas, pero también implica limitantes, la ciencia no puede resolver todos los problemas pero, irónicamente, es la ciencia misma, o el hombre en su uso de la ciencia, quien creó esos problemas, con sus inventos, su explotación de suelos, la mecanización de los procesos, la creación de energía inestable, etcétera.

 

El relato también plantea preguntas importantes sobre la forma como el hombre percibe la ciencia y la compara, o contrapone, con la fe y con todos aquellos sentimientos intangibles que motivan a las personas a actuar. Elegir cuál de los tres planetas explorar primero es una decisión que debe basarse en datos recabados que demuestren la viabilidad o probabilidades de la existencia de una superficie que permita a la humanidad establecerse para vivir ahí. Pero la información puede ser incorrecta, insuficiente, o alterada por el hombre, como sucede en la historia, por un astronauta que hace esto, alterar la información, con el fin de cambiar las señales que reciben los otros, engañándolos, para que éstos, considerándolo un potencial candidato, viajen hasta ahí para rescatarlo. Al llegar descubren que el astronauta modificó los datos y que todo fue un engaño, motivado por su instinto de supervivencia.

 

La misma variante de la ecuación, el sentir humano, entra en juego cuando se toma ésta y otras decisiones a lo largo del relato. La mente analiza los datos, pero la persona no puede dejar de lado sus propios sentimientos, deseos y anhelos, su instinto de supervivencia y lo que ella o él realmente desean hacer, independientemente y no siempre a la par con la misión.

 

Entender el mundo es entender las explicaciones e interpretaciones que hace el hombre de él, parámetros, leyes y medidas que él mismo establece y dictamina. Entender el espacio y el tiempo es darles lógica a estos criterios estandarizados que el ser intenta encapsular, organizar, medir y, en cierto modo, materializar. ¿Cómo entender, por ejemplo, el tiempo, sin recurrir a las horas, los días y los años? ¿No cuando dos personas se distancian por un largo periodo, aunque no supieran los días exactos transcurridos, habría en ellos una sensación de vacío de su entorno, por la falta de la presencia del otro? ¿Es esta sólo la racionalización de los sentimientos u otra forma de entender la distancia entre un instante y otro, o la velocidad con que éstos suceden? Y si el tiempo es una medida de vida, ¿qué es en cuyo caso la vida o la muerte? Finalmente, estos conceptos también son conceptualizados a partir de la forma como el hombre ha delimitado su forma de entender el mundo. ¿Puede haber otras formas de entender el tiempo, el espacio, el universo, la gravedad o la vida?

 

La mente realiza un proceso de interiorización e interpretación para racionalizar conceptos, primero en el plano básico, casi lineal, después hacia las tres dimensiones de la física: altura, anchura y profundidad. Para descubrir que, por ejemplo, una nube se mueve y no se cae, es necesario entender tanto las dos dimensiones largo y ancho como el motivo por el que la nube va de un lugar a otro; esto es, entender la gravedad y la rotación de la Tierra, aunque en primera instancia no se les denomine así ni se profundice en sus explicaciones. ¿Cómo entenderlo entonces? Viéndolo y viviendo, a través de la vista, de los sentidos, percibir lo que sucede para después interpretar, para intentar conocer el proceso, el objeto, la cosa.

 

La lógica, en primera, es nombrarla. Para entender el tiempo hay que darle un nombre y una medida. Esta es una forma de razonarlo, siempre dentro de parámetros, según la ciencia con la que el hombre mismo explica y se explica estos conceptos. Éstos pueden cambiar, expandirse, cuestionarse y retroalimentarse.

 

En la película, Cooper, en su intento porque Amelia Brand, la última compañera astronauta que queda con vida para completar la misión, llegue al tercer posible planeta donde se pueda establecer la humanidad, queda atrapado en el gusano negro. Debido a las alteraciones del espacio-tiempo, Cooper termina encerrado entre las diferentes dimensiones, flotando entre distintos instantes tridimensionales pero a través del tiempo. Estando ahí logra comunicarse con su hija, ya adulta, a través de la gravedad (la fuerza electromagnética), única forma como puede alterar, desde donde se encuentra, el espacio y el tiempo. La película no profundiza en la forma científica como esto es posible, dejándose llevar más bien por el drama sentimentalista, pero por lo menos ofrece algunos indicios para explicar el concepto de una manera práctica.

 

Interestelar | Dir. Christopher Nolan | Estados Unidos, 2014

 

Murphy, su hija, a quien le insiste que su nombre, que se inspira en la Ley de Murphy (una ley empírica para explicar acontecimientos según las posibilidades), no fue elegido porque la regla diga que si algo malo es propenso a suceder, sucederá, sino porque el principio más bien habla de que lo que ha de pasar, pasará,  que es una forma de entender la ley en positivo y no en negativo, es quien descubre, siendo aún niña, los mensajes que su padre, de alguna forma en el futuro, atrapado en las cinco dimensiones, envía.

 

Cuando Cooper queda en medio del agujero de gusano, descubre que debido a esta especie de paradoja, existente por la misma alteración temporal, debe escribir los mensajes que indican las coordenadas de la base de la NASA para, entonces, ser invitado a la misión, en la cual atravesará el agujero negro. Si él en ese momento no entablara esta conexión de comunicación, no encontraría en el pasado la base de la NASA, no formará parte de la misión y no quedará atrapado en el agujero de gusano para enviar este mensaje en primer lugar, cuyo fin último es aún más importante que esto, es darle la ecuación que le falta a la Murphy ya adulta y trabajando en la NASA para lograr construir la nave, según las especificaciones exactas de la física, para salir con éxito de la Tierra y dirigirse hacia otro planeta donde establecer a los sobrevivientes humanos.

 

Interestelar se refiere a un lugar entre estrellas, un lugar en el espacio que se encuentra rodeado de astros, un lugar donde las posibilidades son infinitas y el tiempo es relativo. La vida es en esencia eso; un momento, un sitio, una vivencia llena de oportunidades, rodeada de muchas más historias y sus posibles resoluciones, esperando en el tiempo y el espacio a ser descubiertas. La ciencia es sólo una de esas posibilidades, pero posiblemente la más viable y objetiva. Corresponde al ser humano darle su dimensión.

 

Interestelar

Dir. Christopher Nolan

Estados Unidos, 2014

Trailer 2:20

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general . Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

Cuestión de Honor

Por : Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Afiche Cuestión de Honor

Las reglas que rigen a una sociedad existen para crear una conciliación, un orden y una armonía, delimitan aquello como la gente actúa, o se le permite actuar, en relación a sus semejantes y su convivencia social. Esa es su finalidad, el convivir en armonía. Para ello, se establecen parámetros que, sin embargo, también derivan en una interpretación que puede variar entre los mismos ciudadanos, interpretaciones que reflejan la ideología de cada quien, creándose así conflictos de distintas índoles. Cuestión de honor (EUA, 1992) aborda esta temática.

 

La película fue dirigida por Reb Reiner y escrita por Aaron Sorkin, basándose en la obra de teatro titulada ‘A few good men’, de su misma autoría. El proyecto está protagonizado por Tom Cruise, Jack Nicholson, Demi Moore, Kevin Pollak, J. T. Walsh, Kevin Bacon y Kiefer Sutherland, obteniendo cuatro nominaciones al premio Oscar: mejor película, mejor actor de reparto (para Nicholson), mejor sonido y mejor montaje.

 

Daniel Kaffee y JoAnne Galloway son abogados militares encargados de defender a dos marines acusados de asesinar a uno de sus compañeros durante su estancia en la base militar de Guantánamo, en Cuba. Sin embargo, al investigar más a fondo el caso, los protagonistas descubren que los acusados sólo seguían un código de honor que rige al Cuerpo de Marines y que sus acciones fueron realizadas como un castigo, sin intenciones de matar, ordenado por sus superiores, que al mismo tiempo intentan encubrir la verdad.

 

La razón de esto responde a varias cuestiones, una es la prepotencia y ejercicio de poder del Coronel Jessep, a cargo del Cuerpo de Marines establecido en Guantánamo, quien actúa convencido de que su deber para entrenar con mano dura es necesario, porque sus soldados son quienes después se encargarán de proteger a la sociedad estadounidense. Es su razonamiento que su actuar es una responsabilidad que implica dureza de disciplina como parte de la formación del carácter de los hombres a su cargo. Es, sin embargo, la inflexibilidad en esta forma de pensamiento lo que lleva al accidente por el que están en juicio los dos acusados, toda vez que es bajo está filosofía como el Coronel Jessep actúa y ordena, sin medir las consecuencias físicas y emocionales hacia sus subalternos, devaluando a las personas que considera débiles; entiéndase todo aquel que no puede seguir el paso del entrenamiento, sea por problemas personales o de salud.

 

Otro motivo para encubrir la verdad es querer evitar crear una mala imagen al Cuerpo de Marines o iniciar un escándalo de mayores proporciones. Jessep no puede entender que hizo mal, porque no lo considera así y, por tanto, nunca lo admitirá, ni se retractará, ni se disculpará. Está convencido que procedió conforme el interés superior de la Nación y a ello se atiene. Además, aceptar un error le haría quedar mal, porque eso lo haría ver como un ser débil, según su juicio, afectando al mismo tiempo su reputación como líder, mermando su autoridad y dañando entonces sus aspiraciones de alcanzar un puesto mayor en la jerarquía militar, que es la esencia de su vida. Negar lo ocurrido es mejor que aceptarlo. Para Jessep y sus dos segundos al mando, el Coronel Markinson y el Teniente Kendrick, mantenerse firmes es parte del orden necesario para procurar el balance en la base y el cuerpo militar en general. Esto, hasta que el propio Markinson reflexiona, lamenta sus propias acciones y acepta su debilidad de carácter para confrontar las órdenes de su Coronel, que él mismo reprueba, aunque no se atreva en un inicio a expresarlo.

 

Pero aunque las cabezas de este grupo militar dieron la orden, no fueron ellos quienes la ejecutaron y es ahí en donde entran en la ecuación los dos acusados, quienes reconocen que sus acciones provocaron la muerte de su compañero pero, al mismo tiempo, defienden ese código de honor que juraron en el Cuerpo de Marines. Es por ese lineamiento autoimpuesto que siguieron sus órdenes sin cuestionarlas y es esa falta de réplica y oposición la que hace que al final su propia consciencia entre en un conflicto ético, en donde, como militares entrenados, no pueden cuestionar a sus superiores en forma directa y expresa, aunque lo hagan internamente.

 

Al final, los acusados son encontrados culpables del asesinato, porque fueron ellos quienes físicamente pusieron el trapo en la boca de su compañero, lo que causó su muerte, pero también son encontrados inocentes en otros cargos, como conspiración de homicidio, por ejemplo, porque en el fondo, la muerte fue provocada por la decisión de sus superiores de aplicar un Código disciplinario especial al soldado; código reconocido por la costumbre, pero no reglamentariamente establecido. Código sobreentendido como una norma disciplinaria y nunca cuestionada, que se practica en la base y que se considera necesaria, según Jessep, para entrenar y fortalecer a los soldados.

 

El juicio se basa en estas directrices contrarias que los culpables no admitirán y con las que los abogados tendrán que trabajar para entender tanto el sistema de funcionamiento de ese código, como la actitud hacia él de los implicados. “Lo que yo crea no importa, importa lo que pueda probar”, insiste Kaffee, sabiendo que el juicio no es sólo una cuestión de manipulaciones o negociaciones, algo en lo que es experto, sino de aceptar la verdad de los hechos y la forma en que éstos están interconectados entre sí.

 

Cuestión de Honor | Dir.Rob Reiner | Estados Unidos, 1992

 

El Capitán Jack Ross, fiscal en el juicio, sostiene su argumento en los hechos como son, razonados de forma literal, lineal y práctica; en este sentido, lo importante para contrarrestar su posición es hacer entender al jurado que los hechos son una serie de sucesos relacionados en un efecto dominó, que chocan en un punto del camino.

 

“Los juicios con jurado son para asignar la culpa”, dice Kaffee, quien tendrá junto con su equipo que repasar los detalles que llevaron a la muerte del soldado; saber qué hacía, qué pensaba, por qué quería ser transferido, qué hizo para que esto se lograra y cuáles fueron sus acciones el día de su muerte. El militar en cuestión había estado pidiendo su transferencia y su última carta revelaba que tenía información sobre un disparo no justificado realizado en la barrera que divide a la base militar estadounidense con el territorio cubano. Su carta, que ya se conocía por el resto de sus compañeros, había hecho que sus similares lo consideraran un traidor y que sus superiores se decidieran a tratarlo con más rigidez, ordenando así el Código Rojo.

 

Con estos pedazos de información sobre lo que habría llevado a estas personas a actuar como lo hicieron es donde los abogados logran encontrar la brecha que revele la mentira, el error, el juicio equivocado y la decisión inadecuada. La clave de esto es la misma inflexibilidad del coronel de saber que se cometió un error y que, en el proceso, debe cubrir sus huellas manufacturando una petición escrita extemporánea de la transferencia del Infante de Marina que falleció.

 

Kaffee, sabiendo esto, presiona para que Jessep explote y admita que él ordenó el Código Rojo, pues es su posición de control y mando lo que le da la facultad para hacerlo, o el derecho, según lo razona el Coronel: “Nosotros obedecemos órdenes. Si no obedecemos órdenes, hombres mueren”. Su forma de afrontar la realidad pareciera firme e inexorable, extrema y demasiado dura para la sociedad cotidiana, e incluso puede que lo sea, sin embargo, Jessep lo considera indispensable para su supervivencia y la del resto de los Marines estacionados en Guantánamo. Al final, no es él como persona quien le falla a la sociedad o a sus subordinados, sino el propio sistema de organización en el que se desenvuelve.

 

Los acusados eventualmente lo entienden cuando reciben el veredicto, comprendiendo entonces que su labor es la de defender a la sociedad y a sus integrantes, incluyendo a sus similares en la base, razonando entonces que su error fue su misma justificación: seguir órdenes, dejar de cumplir su deber bajo los lineamientos de su propio código de honor; así, con sus acciones se confrontan con su ética, chocan entre sí y ponen en un predicamento a todos los militares que se encuentran en la misma posición que ellos. El sistema jurídico militar disciplinario lleva consigo las contradicciones que provocan acciones que perjudican a sus mismos integrantes cuando se siguen al pie de la letra.

 

Muchos personajes tendrán que afrontar su miedo, cobardía, inseguridad o recelo, según sea el caso. Kaffee y Galloway temen a raíz de su propia inexperiencia y su temor a fallar, al sistema, a quienes representan, a su profesión y a sí mismos. En el extremo contrario está Jessep, quien está tan acostumbrado a que en el mundo en el que vive las personas no están enseñadas a pensar, a dudar, sino a acatar reglas, que revelar la verdad para él prácticamente no es un tropiezo, sino algo por lo cual enorgullecerse, convenciéndose de que lo sucedido no fue una equivocación, sino una realidad necesaria, justificada y correcta que debe aceptarse, no castigarse.

 

La historia explora así situaciones en las que se interroga la condición humana y, al mismo tiempo, expone una serie de escenarios en donde el ‘fuerte’ y el ‘débil’ se enfrentan con su propia fortaleza y debilidad, ya sea a través de la intimidación, el poder, la solidaridad, la audacia o la presión, pero siempre con consecuencias a las que se debe, de igual forma, hacer frente. El deber obliga y la obligación siempre genera efectos no necesariamente deseados.

 

Cuestión de Honor

Dir. Rob Reiner

Estados Unidos, 1992

Trailer 2:26

 

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general . Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

Ex – Máquina

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

En la mitología griega, Prometeo fue un titán que robó el fuego del Olimpo, a cargo de Zeus, para dárselo a la humanidad, acción que más tarde fue castigada por los dioses. Cuando May Shelley publicó en 1818 su novela literaria Frankenstein, le agregó, como subtítulo: ‘El moderno Prometeo’. En esta nueva visualización, Prometeo no es castigado por los dioses, sino que sufre un doloroso destino a causa del hombre, a quien Prometeo creó a su semejanza. La idea del concepto detrás de la historia es representar el daño que puede causar el desarrollo científico y tecnológico, una temática abordada por Mary Shelley a partir del contexto social, específicamente la Revolución Industrial.

 

La propuesta consiste en favorecer la idea de que con el empleo de la ciencia y la tecnología en la experimentación biotecnológica el hombre, entiéndase la humanidad como especie, está en posibilidad de emular a los dioses que ha también creado, es decir, crear seres a su imagen y semejanza, sin valorar el efecto psicológico que puede desencadenar en estos seres, ni la reacción de los demás humanos frente a ellos, y desde luego sin tener presente los graves conflictos sociales que desde siempre ha generado la existencia de individuos diferentes al otro, como apuntan algunos estudiosos de las relaciones sociales. El encuentro desemboca en conflictos y en angustia existencial recíproca.

 

Una persona crea un invento y luego ese invento se va en su contra, o, por lo menos, busca emanciparse de su creador, ser libre. Un anhelo que de cierta forma lo humaniza. Esta realidad es escenario también de la película Ex-Máquina (Reino Unido, 2015), escrita y dirigida por Alex Garland y protagonizada por Alicia Vikander, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac y Sonoya Mizuno. Proyecto además nominado al premio Oscar en la categoría de mejor guión original y ganador en la categoría de mejores efectos visuales.

 

La historia trata de un programador que trabaja en una compañía llamada Bluebook, desarrolladora del más grande buscador informático, quien es invitado por el dueño de la empresa para realizar una prueba de Turing en un androide con inteligencia artificial.

 

Ex Máquina | Dir. Alex Garland | U.K., 2015

 

El test de Turing consiste en poner a prueba la habilidad de las máquinas para representar, simular o imitar el comportamiento y la inteligencia humanos. “Es cuando un humano interactúa con una computadora. Y si no se da cuenta de que es una computadora, la prueba es exitosa”, explica en la película el personaje protagonista, Caleb, el programador.

 

Lo que se propone con esta prueba, ideada por el matemático británico Alan Turing (1912-1954), es evaluar qué tan convincente es el ‘comportamiento humano’ que despliega la máquina, ya sea en su inteligencia, habilidad para solucionar problemas, lenguaje y conocimiento. Esto incluye todo aquello que hace a una persona indiscutiblemente humano, desde su capacidad de razonamiento hasta su habilidad para la empatía; emociones, acciones y reacciones propias de una persona que piensa y siente, incluyendo, por ejemplo, el uso de las metáforas o las bromas en el lenguaje cotidiano, pero también su habilidad para el engaño y la manipulación, la solidaridad y la amistad. Porque si la máquina debe imitarlo todo, esto incluye las actitudes buenas y las actitudes malas por igual, matices que hacen al hombre y que lo definen como persona por sus decisiones; es la elección de acción lo que hace al humano.

 

Para una persona cualquiera no se trata sólo de conocer información, sino de saber usarla según el contexto. La máquina con inteligencia artificial no sólo debe saber imitar al hombre en sus emociones y pensamiento, sino manejar esta habilidad de procesar la realidad con relación a su entorno y su pensamiento, en reacción a las acciones propias y de los demás. Es elegir cuándo, cómo y a quién se le habla y bajo qué propósito. En el caso de la película, Eva, la máquina, con relación a Caleb y Nathan, el dueño de la empresa Bluebook; qué espera de ellos sabiendo lo que esperan cada uno de ella. El reto para Eva es conocer cómo su presencia afecta e influye a otros y cómo utilizar la dinámica a su favor.

 

Eventualmente la prueba se convierte en una evaluación que funciona en ambas direcciones; del programador hacia el androide, pero también de la máquina hacia el hombre como especie y, específicamente, su objeto muestra, Caleb. Eva debe lograr utilizar la información a su alcance durante su interacción con el programador, eligiendo qué decirle, cómo y cuándo, todo para alcanzar un objetivo auto trazado, no programado sino elegido, su libertad.

 

La verdadera prueba está en saber que es un robot y ver si aun así cree que tiene conciencia”, le dice Nathan a Caleb. Su propuesta es que la prueba de Turing, en la que un humano evalúa el lenguaje entre él y una máquina, diseñada para generar respuestas similares a las de los humanos, se limita a analizar las capacidades de la máquina en sus respuestas programadas. Nathan pide a Caleb que vaya más allá de este plano. Al saber que Eva es una máquina, y el que ella se reconozca como tal, pero aun así superando sus propias capacidades. Lo que se pretende es que la prueba ayude a que la inteligencia artificial sea más natural que automática, sea más humana de lo posible.

 

Eva ha pasado desde su creación encerrada en una habitación, sin la oportunidad de interactuar con nadie más que con su inventor, aprendiendo del mundo y de la gente pero sólo en teoría, no en la práctica. Eva está programada para adquirir información y almacenar datos, un proceso limitado por una realidad contrariada al no poder interactuar con las personas. Esta, su realidad, sólo provoca que la máquina se cuestione sobre el mundo y sobre su papel como androide, pero también incita que se active en ella un fuerte instinto de supervivencia que la empuja a querer dejar de ser una propiedad, o una máquina dependiente, para convertirse en su propia ‘persona’.

 

Pero una persona hace lo que hace y piensa lo que piensa a raíz de sus experiencias, su pasado, la gente que la rodea y las vivencias por las que pasa. “¿Puede existir conciencia sin interacción?”, le cuestiona Nathan a Caleb. Eva no puede sino ‘aprender’ del poco o limitado mundo que tiene alrededor, que es, visto desde un punto de vista externo, el de dos hombres haciendo pruebas y experimentos con ella y sus similares, los otros androides. Humanos que utilizan y tratan a las máquinas como entes insignificantes pero construyéndolos con más capacidades que el hombre mismo, autonombrándose con ello como seres superiores, creadores o ‘dioses’. Nathan además planea desechar a Eva con el fin de construir un nuevo y mejorado modelo a partir de los resultados del test de Turing. Para Eva esta realidad, su realidad, amenaza su propia existencia. Pero si esa actitud egocéntrica del hombre es la única que la máquina conoce, es también la única que sabe cómo reproducir, es decir, aprende a “ser humano” a partir del modelo que tiene enfrente, su creador.

 

En consecuencia, Eva se solidarizará con los otros de su especie, específicamente la otra androide que vive en la propiedad de Nathan, también tratada como objeto y programada para servir y complacer; rechazando, poniendo a prueba y manipulando a aquellos que causan su encierro. Eva observa cómo la analizan, la minimizan y la utilizan; en respuesta, hará lo mismo, porque no tiene un modo comparativo de conducta. Es como con los niños que aprenden de su ambiente, en su etapa de crecimiento, las bases que los forman como personas, así la realidad en la que Eva vive también la moldea.

 

Si Eva debe imitar al humano, la prueba para ella también es tantear sus propias habilidades convincentes. La pregunta para Caleb no recae en evaluar la capacidad de Eva para coquetear, por ejemplo, o para generar empatía con él y mostrar interés en su persona; es, en su lugar, intentar decidir si este comportamiento es real o fabricado, programado o espontáneo, verídico o calculado. Al final, él cree que esta actitud puede ser una ejemplificación de la capacidad de la máquina para sentir y no sólo imitar emociones, pero, en realidad, es una estrategia de Eva para alcanzar su fin último, sobrevivir. ¿Pero, es su actuar una actitud representativa humana? ¿Cuántas personas en la cotidianeidad de la vida actúan o actuarían también de esta manera en una circunstancia parecida? Porque cierto es que el hombre, como cualquier otra especie viviente, busca siempre cómo sobrevivir.

 

Ex Máquina | Dir. Alex Garland | U.K., 2015

 

“Los hombres se han formado siempre, hasta ahora, ideas falsas sobre ellos mismos, acerca de lo que son o debieran ser. Han organizado sus relaciones en función de las representaciones que se hacían de Dios, del hombre normal, etc. Estos productos de su cerebro han crecido hasta el punto de dominarlos con toda potencia. Son unos creadores sometidos por sus propias creaciones”, lee un fragmento del libro ‘Ideología Alemana’ de Marx y Engels. El texto va a la par con el concepto del ‘nuevo Prometeo’ y en el caso de la historia, con la realidad del escenario del mundo actual en el que la tecnología supera al hombre.

 

Hacia el final de la película Eva logra llegar al exterior gracias a la presencia de la tecnología en el cotidiano y la habilidad de la máquina para aplicarla a su beneficio, algo que el hombre, por lo menos en la historia, no ha logrado dominar del todo. El hombre crea pero comete errores. Aquí, Eva utiliza la tecnología sin dejar huecos de probabilidad de falla que puedan rebotar en su contra, en algo tan sencillo como, por ejemplo, dejar encerrado a Caleb gracias a la casa inteligente, automatizada, cuyo sistema de operación no puede ser modificado desde dentro. Su estrategia clave se basa en saber utilizar su habilidad ‘humana’ para confundir la mente del programador y hacer que sea él quien corrompa el sistema de informática y abra la puerta de la habitación en la que Eva está encerrada, creyendo que sus acciones son recíprocas en solidaridad y empatía. La acción-reacción es un engaño que el androide planea apelando a la debilidad emocional de Caleb, cimentada en una realidad igual de emocional, que la máquina está a punto de ser desechada, cuando para el programador, y a raíz de su interacción con Eva, se trata ya de un ente al que, no se le destruye, sino que se le ‘mata’.

 

Para crear el software con el que Eva funciona, Nathan utiliza la información que la gente sube a la red, usando y abusando de la tecnología sin parámetros que delimiten una línea ética, moral, analítica o crítica. El problema no es sólo la acción, sino la realidad, el que la gente no se da cuenta que todo lo que hace en internet, lo que publica, comenta o exhibe demuestra los patrones de su comportamiento, su pensar y sentir, sus deseos y anhelos, su perspectiva de vida, sus temores o recelos. Todo observado e interpretado con fines de control y manipulación, ya sea a través de un video visto, una búsqueda realizada o un comentario publicado, además de que esta información queda plasmada para la posteridad y puede ser utilizada, a veces con fines benéficos, a veces todo lo contrario. “Creían que los motores de búsqueda eran un mapa del pensamiento. Pero en realidad era un mapa de cómo pensaban”, explica Nathan. Para él, lo que había estado sucediendo es que la web se había convertido en un lugar pasivo que almacenaba la información. Lo que el empresario pretende es que las tendencias globales dejen de dictarle a la gente qué pensar, para hacerlo él mismo en su lugar.

 

Cuando toda esta información circulando por la web es almacenada y convertida en una base de datos para la construcción de una inteligencia artificial, lo que sucederá es que Eva reflexione sobre su pensamiento, o lo que es lo mismo, analizar, absorber y sintetizar toda esta información, pero para su beneficio, no el de la humanidad.

 

Los datos no son los que hacen al hombre ni son modelos representativos de la humanidad; los datos son eso, datos, estadísticas abiertas a la interpretación. Si por ejemplo, el historial en línea de una persona dice no sólo qué piensa, sino cómo lo piensa (el qué busca, dónde lo busca, con quién habla, qué ve, qué lee o qué tan seguido lo hace, crea patrones que representan el comportamiento y pensamiento de esa persona), ¿qué diría de la humanidad como sociedad la colección de datos del comportamiento en línea de todas las personas que navegan en internet?

 

¿Qué nos hace humanos si el hombre es quien decide estos parámetros? Más intrigante aún: ¿Qué hace a una máquina, una máquina?

 

Ex Máquina

Dir. Alex Garland

U.K., 2015

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

 

Cine de culto

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

El cine de culto contempla aquellas películas valoradas con algún grado de admiración por parte de la cultura popular, ya sea por su particular realización o temática, y/o por el legado social o cinematográfico que logran con su existencia. El término comenzó a usarse cuando los seguidores y fanáticos, desde los inicios del cine, luchaban por mantener presentes películas que comenzaban a ser olvidadas por el paso del tiempo o la censura.

 

Cuando algo es considerado un objeto de culto, destaca entonces por el valor que sus seguidores le otorgan. Hay literatura de culto, por ejemplo, en donde se considera a escritores fieles a su visión, creativos e innovadores, que salen de las normas establecidas por lo convencional para crear nuevas propuestas. El libro “En el camino” de Jack Kerouac es un ejemplo, importante por su representación del movimiento Beat con eco e impacto no sólo para su época, sino también para las generaciones siguientes.

 

Se entiende que culto es el ser humano que posee una amplia formación intelectual y práctica, pero también se sabe que el objeto de culto es algo que se considera digno de ser venerado, que es tratado con admiración y respeto. En el cine, el calificativo “de culto” aplica a aquellos realizadores o películas que transforman el área en la que trabajan para proponer una nueva visión, no siempre mejorada, de cómo abordar su ramo. Los realizadores de culto en el cine se caracterizan por romper con los convencionalismos de la cinematografía, ya sea en su elaboración o contenido. Las películas de Ed Wood, por ejemplo, películas de clase B (de bajo presupuesto), se convirtieron en películas de culto por esa peculiaridad, tener una producción carente (a veces en historia, efectos especiales o actuación), que no sólo se notaba, sino que la exageraba a su favor, atrayendo por esa misma razón a su audiencia y a veces también a la crítica especializada.

 

El Mago de Oz | Dir. Victor Fleming, Mervyn LeRoy, King Vidor, George Cukor, Norman Taurog | Estados Unidos, 1940

 

Pero películas de culto como El mago de Oz, Memento o Blade Runner han entrado a la categoría por lo detallado de su realización, desde dirección, historia, temática o actuaciones. Estas historias del cine sólo se vuelven relevantes dentro de la cinematografía y los géneros a los que pertenecen por ese impacto que hacen dentro de su propio rubro, por los efectos generados de admiración y entusiasmo en el público que las disfruta, sentando nuevas posibilidades para la realización de historias y la forma como se cuentan.

 

Memento, por ejemplo, sorprendió por su narrativa no lineal con que desenvuelve su historia, mientras Blade Runner lo hizo por la forma como abordó su temática, combinando la ciencia ficción con preguntas reflexivas sobre la existencia del hombre, encontrando su discurso crítico envuelto en un filme de acción y misterio, lo que la hizo sobresalir y destacar para llegar a ser aceptada por el público y los analistas, pero en especial por lograr perdurar con el tiempo, manteniéndose presente en la cultura gracias a sus seguidores.

 

Blade Runner | Dir. Ridley Scott | Estados Unidos, 1982

 

Naranja Mecánica o The Rocky Horror Picture Show destacaron dentro del cine, volviéndose cine de culto, por la forma en que proponían sus temas y abordaban sus historias, atrayendo a una audiencia específica dentro de la cultura y su sociedad. Su tratamiento fuera de lo convencional cumple con el propósito de alejarse de las audiencias masivas o de cubrir las expectativas del cine comercial. La clave es ser diferente y ofrecer propuestas diferentes, ganando así la aceptación de la audiencia que reconoce esa diversidad; aunque no todo cine poco convencional puede ser calificado como cine de culto.

 

La principal característica de las películas de culto es romper moldes para alejarse de la fórmula estructural, de la norma, ya sea en la forma en que se cuenta la historia o se acerca a su audiencia, la forma en que aborda su género cinematográfico o las reglas del mismo. Para hacerlo no pueden caer en lo habitual y muchas veces ello conlleva polémica o censura (Freaks, Blow-up, Showgirls o Psicosis son ejemplo de ello), o a exagerar la nostalgia, historias que el mismo público sigue haciendo presentes por iniciativa propia (como Nosferatu, Desayuno en Tiffany’s, Matrix o El proyecto de la bruja de Blair).

 

Las películas de culto también crean un impacto en la cultura, generando innumerables grupos de seguidores que se involucran con la historia y la hacen presente en su medio y contexto; pero de igual forma, no todas las películas con grandes números de seguidores pueden considerarse películas de culto; las películas de X-Men, por ejemplo, cuentan con miles de seguidores, pero esa sola característica no las hace de culto.

 

La saga Star Wars, por su parte, cumple con ambas características que la hacen de culto. Sorprendió con su realización y con el tipo de ciencia ficción que presentaba con el universo ficticio que creó, pero también con su tipo de producción en inventiva, personajes, misiones, vestimenta y, en general, su visión del futuro con que envolvía la historia que contaba. Su legado como cine de culto se sustenta en ese impacto dentro del mundo del cine, a la par de su legado dentro de lo cultural, que traspasa barreras de tiempo y espacio, donde los seguidores se ven tan inmersos en la película y su mundo creado que lo mantienen presente en el colectivo con el paso de los años, con representaciones de la historia, celebraciones de conciertos con la música de la película, participando en eventos relacionados al filme, vistiéndose como sus personajes favoritos y coleccionando todo lo relativo a ellos. Es la conjunción de todas estas características lo que la hace un ejemplo representativo del cine de culto.

 

De esta forma, muchas de estas películas incluso pasan a ser, además de cine de culto, cine clásico, que son las películas de referencia en la historia de la cinematografía, ya sea por su aporte al séptimo arte (en cuestiones técnicas de filmación como lo hizo Alfred Hitchcock con Vértigo), o en la cultura social que se adueña de estas historias (Vaselina, Akira o Kil Bill son  ejemplo de ello).

 

Akira | Dir. Katsuhiro Ôtomo | japón 1988

 

No todos los clásicos son películas de culto, ni todas las películas de culto son también cine clásico, pero lo que hace que un filme pertenezca a ambas categorías es la forma en que la sociedad y el público aceptan o rechazan un proyecto, y lo adhieren a una cultura o su subcultura específica. Películas como Hostel o Saw pueden ser de culto dentro del cine de terror gore, gráfico y violento, pero dentro de la cinematografía como séptimo arte, la técnica y realización no aportan elementos valiosos para su evolución, es decir, no logran trascender a cine clásico. El cantante de Jazz, por ejemplo, es el caso contrario, porque tanto es parte de la cultura popular como también es relevante dentro del cine por ser significativa históricamente respecto a la transición del cine en blanco y negro al de color. Esta historia es tanto cine de culto como cine clásico.

 

La presencia de este tipo de cine nunca se agota, porque no necesariamente debe ser comercial o agradar a la crítica, ni ser aceptado por todo el público o siempre ser artístico, pero tampoco debe ser forzosamente un fracaso comercial, ni ganar el mayor dinero en taquilla; porque puede ser valorado al momento del lanzamiento o, por el contrario, años después de haberse estrenado, porque puede crear tantos subgéneros (el cine gore, el slasher, el de carreras clandestinas automovilísticas, el de animación o el cine gay, por ejemplo ) como legiones de fanáticos que lo reconozcan como tal.

 

Este es un cine que crea impacto en la cultura cinematográfica, con enfoque creativo que atrae la atención, al mismo tiempo que perdura dentro del colectivo social. Las posibilidades, gracias a estas características, son inmensas, aunque el calificativo no se adquiere ni se gana de la noche a la mañana, a pesar de que el término se ha vuelto más subjetivo y comercial con el paso del tiempo. Lo significativo para conceptualizarlo será el grupo de seguidores, de cinéfilos, que se conformen para rendirle culto, para integrar una secta (en el sentido de comunidad) que convierta a la película en objeto de su idolatría.

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.