25 agosto, 2026

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La cuarta pared

Por :Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

El mundo no es plano, no tiene sólo dos dimensiones, largo y ancho, como por ejemplo un cuadrado, sino que también tiene profundidad, es decir, tridimensionalidad, en este caso, un cubo. En la pintura, la imagen fija puede tener un efecto visual de tridimensionalidad, que nunca realmente alcanzará porque está plasmado sobre una superficie plana. En el cine, la imagen ofrece una profundidad de campo por la capacidad de la cámara de video para captar la realidad. Pero la cámara que mira suele fungir como una mirada observadora que no se interpone con la historia, como si su presencia no existiera y sólo documentara la realidad, contando la historia en ese proceso observador.

 

El ojo de la lente se mantiene pasivo ante la acción. Excepto que no siempre lo hace, rompiendo entonces la cuarta pared, un término atribuido al filósofo Denis Diderot y que se refiere a esa pared imaginaria frente al escenario, justo donde se ubica la cámara y que separa al mundo de ficción (la película, serie de televisión, videojuego u obra de teatro) del espectador.

Imagen: Denis Diderot http://www.famousauthors.org

 

Si un personaje se encontrara encerrado en una habitación cualquiera, lo rodearían cuatro paredes, un techo y un suelo. La posición de la mirada del lente puede tener innumerables perspectivas, el del foco del cuarto o el ojo de la hormiga que se esconde en un rincón, por ejemplo, o más usualmente, detrás de una de las cuatro paredes. El actor se mueve entonces en todas direcciones, sin advertir la mirada de la cámara e ignorando ese ojo que documenta todo lo que hace, porque, en cierto sentido, no está ahí. El espectador mira lo que la cámara observa, pero la cámara filma como un testigo invisible. Sin embargo, la cámara también puede ser partícipe activo de la historia, cuando el relato mismo y sus personajes están conscientes de esa mirada presente.

 

El objetivo principal de romper la cuarta pared (lugar donde se ubica la cámara) es involucrar al espectador en la historia y con la historia. La cuarta pared se rompe entonces cuando los personajes detectan e involucran al espectador al mirar directamente a la cámara que los ve, incluso hablándole, que es en realidad el personaje hablando directamente hacia aquel que mira, la audiencia.

 

La mirada directa que penetra en el cuadro de Leonardo da Vinci, La Mona Lisa, por ejemplo, es una mirada que advierte y contempla. Cuando se observa una pintura o un retrato en el que el personaje mira al frente, la sensación de que sus ojos persiguen al que contempla crea una relación instantánea, una mirada directa entre dos personas, incluso si la otra no es real, de carne y huesos. Lo mismo sucede en el cine y la imagen audiovisual captada a través de una cámara de vídeo cuando se rompe la cuarta pared, un cruce de miradas crean una conexión que involucra.

La Gioconda, La Mona Lisa , Leonardo Da Vinci | Imagen: wikimedia.org

En la película de 1995 dirigida por Oliver Parker, Otelo, el realizador elige que el personaje de Yago hable directamente a la cámara, haciendo de esta manera al espectador confidente y cómplice de sus planes de venganza. La técnica funciona para explotar el trazo del personaje y su función dentro de la historia, con intrigas y falsedades. ¿Es sincero el personaje solamente cuando habla a la cámara o, al contrario, porque sabe que lo miran, es incierto en sus acciones para engañar al espectador? Lo cierto es que cuando nos sabemos observados nuestras reacciones ceden en naturalidad y es posible que deliberadamente se modifique nuestro lenguaje corporal y la firmeza de nuestras expresiones; por tanto, al emplearse en la grabación de una película surge la duda sobre la sinceridad e intención del personaje. Qué espera él del espectador es un asunto que hay que tener en mente. La técnica también puede ser entendida como un “aparte”, utilizado en teatro, un monólogo en el que el personaje parece dirigirse al espectador, pero que en realidad sólo se encuentra hablando consigo mismo, algo que este Yago podría estar haciendo en dicha película (y en consideración a que se trata de una adaptación de la obra de teatro escrita por William Shakespeare).

 

En El lobo de Wall Street, el director Martin Scorsese utiliza la técnica haciendo que su personaje principal interactúe directamente con el espectador al romper la cuarta pared. Esta actitud no sólo va acorde con la personalidad del protagonista, sino también con la complicidad de sus actos de fraude de los que hace partícipe al espectador, como si éste fuera un testigo de la realidad del engaño que no puede denunciar al resto de los personajes.

 

El dicho popular dice que a través de los ojos se pude ver el alma de las personas y de alguna manera eso es lo que se busca con la ruptura de la cuarta pared, adentrarse a un personaje para ver en su interior.

 

En la toma final de la película El Renacido, el personaje principal mira hacia la cámara, sin embargo, es posible que no se rompa la cuarta pared estrictamente hablando, pues la acción que involucra debe reconocer que la cámara está ahí, que un personaje deje claro que sabe que lo están mirando, e incluso que interactúe con el espectador buscando una respuesta a su decir y hacer, como sucede en La gran apuesta, Funny Games, El club de la pelea o las series de televisión Mr. Robot, Clarissa lo explica todo o House of Cards. En este caso, es como si el personaje invitara a la audiencia a adentrarse en su psique, más que, en el acto de mirar a la cámara, mirar de regreso al espectador. Pero, ¿sabe la Mona Lisa de Da Vinci que la gente la mira? En las películas, al romper la cuarta pared el personaje asume que se le mira; si es así, tal vez, en este caso, el personaje finalmente advierte, con esa última toma, la mirada que lo sigue, y su significado puede ser tanto de complicidad como de empatía, e incluso, puede estar retando a la audiencia.

The Revenant | Dir. Alejandro G. Iñárritu | Estados Unidos, 2016

 

En otro caso, la película Hardocre Henry está filmada en primera persona, como lo hacen los videojuegos, de forma que la cámara se utiliza como la perspectiva, los ojos del personaje principal, Henry, que en este caso es el propio espectador. Los demás personajes hablan directamente a Henry, interactuando con él, pero al mirar a la cámara, a quien le hablan es al espectador, que está presenciando los hechos a través de los ojos de Henry. La técnica, tanto aquí como en los videojuegos, es hacer sentir al espectador ser el protagonista de la historia, experimentando las vivencias como si estuviera exactamente en ese sitio, en los zapatos del héroe.

 

Pero también hay otras formas de utilizar la cuarta pared en los elementos de la narrativa. En Deadpool, por ejemplo, el personaje principal rompe la cuarta pared constantemente como herramienta de la metaficción (narrativa autorreferencial o autoconsciente). El personaje sabe que hay una audiencia presente que lo mira a través de la cámara, lo asume en tanto se reconoce como un parte de una historia y se dirige al espectador para involucrarlo en la misma historia. En este caso, romper la cuarta pared se utiliza como forma autorreferencial de la narrativa, de la historia que se cuenta.

Deadpool | Dir. Tim Miller | E.U.A, 2016 | Imagen Internet

 

La cuarta pared es un recurso estético y narrativo, a veces necesario para separar la acción-ficción de la realidad. Romper la cuarta pared es dejar que de alguna forma el personaje deje de representar su papel (aunque el actor nunca deja realmente de hacerlo), para demostrar cómo éste se reconoce como uno de los actantes de la historia que se desenvuelve. Pero la técnica también permite una confidencialidad, una cercanía emocional entre los personajes y el espectador, donde éste último se vuelve indirectamente partícipe de lo que sucede, no tirando esa pared imaginaria que separa el escenario, sino sólo haciéndola evidente.

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

WALL-E

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

¿Qué nos hace humanos? ¿La capacidad de pensar y de razonar? ¿La sociedad, la organización y la adaptación? ¿La mente, los sentimientos y las emociones? Lo que nos hace diferentes nos hace únicos, pero la falta de convivencia, de interacción y de empatía es lo que destruye al ser, cuando olvida que vive en colectividad, en grupo.

 

Tales reflexiones surgen a partir de la premisa esencial de la que parte WALL-E (EUA, 2008), historia sobre un robot de compresión/limpieza de basura que habita en la Tierra después de que el planeta es destruido por el hombre, cuyos sobrevivientes ahora viven en una estación espacial, lejos en el universo. El robot encuentra una sonda de reconocimiento, EVA, enviada a buscar vida en la Tierra. Siguiéndole a ella llegan juntos a la nave donde viven los humanos, que ahora tienen la prueba necesaria para poder regresar al planeta.

 

Escrita por Jim Reardon y Andrew Stanton, dirigida por éste último, WALL-E estuvo nominada a seis premios Oscar (incluyendo mejor guión y canción original), de los cuales ganó el de mejor película animada, convirtiéndose en una de las películas de animación más nominadas en la historia de la premiación (La bella y la bestia también tiene seis nominaciones).

 

WALL-E aprende de los sentimientos y emociones humanas mientras indaga entre la basura que quedó en la tierra, escuchando música y viendo vídeos de películas, explorando los objetos olvidados, desechados, encontrando una magia propia dentro de ellos. Lo que para algunos es basura, para otros puede ser un tesoro, mientras lo que alguien considera valioso, para algunos más puede parecer algo insignificante. Son esas pequeñas cosas lo que hace a las personas diferentes, pero, ¿quién y cómo se le pone valor a un objeto? En todo caso, ¿por qué y para qué?

 

¿Qué es basura y qué llevaría a la raza humana a crear un ambiente tan material, superfluo y de objetos innecesarios que la basura que crea supera al hombre mismo, su ambiente y su propio planeta? Según el relato, la Tierra se volvió inhabitable por culpa del hombre mismo, por su inhabilidad para adaptarse y por respetar el lugar en que vive. La historia habla con eco de la tecnología y la forma en que se abusa de ella, describe cómo se crea una dependencia y se le utiliza como una forma de escape en lugar de ser una herramienta de solución; esto es lo que los humanos en la película hacen, abandonar el planeta usando naves espaciales en donde viven en un estado casi estático, sin siquiera ser capaces de caminar, porque para ellos es más fácil y sencillo deslizarse en máquinas y dejar, precisamente, que ellas hagan todo por ellos, provocando que sus mentes dejen de pensar, de imaginar, de crear, pero en especial, hacen que el hombre deje de existir en sociedad, en su interacción y relación con otros.

Wall E | Dir. Andrew Stanton | E.U.A., 2008

 

“Yo no quiero sobrevivir, quiero una vida”, dice el capitán de la nave donde se encuentran los último sobrevivientes humanos (cientos de años después de que el planeta se volvió inhabitable por su atmósfera y erosión), cuando el copiloto, una máquina que se niega a continuar con el protocolo, se rehúsa a enviar a los humanos de vuelta a la tierra una vez que se ha comprobado (a través de la existencia de una planta) que el planeta es de nueva cuenta habitable.

 

La máquina quiere evitar que esto suceda (por su propio protocolo programado), pero son los humanos lo que deben decidir hacer algo, dejar de depender de lo que un objeto pueda elegir o no, y en su lugar, hacerlo ellos mismos regidos por el libre albedrío y la voluntad de acción, pues, después de todo, las máquinas-robots son producto de la inteligencia humana, están programadas para hacer lo que otros seres humanos pensaron. No todas las máquinas son como WALL-E o como EVA, quienes sienten y se enamoran, quienes ayudan; siguen órdenes según las funciones para lo que fueron creados, pero de la forma más sencilla e ingenua; sin querer hacer el mal, ningún mal proviene de ellos, pero finalmente se rigen bajo el propósito de su función. ¿Quién las crea, quién las programa? El hombre.

Wall E | Dir. Andrew Stanton | E.U.A., 2008
Wall E | Dir. Andrew Stanton | E.U.A., 2008

Los seres humanos, en la película, han perdido movilidad en cuerpo y mente al punto que incluso ya están aburridos de no hacer nada; el contraste hacia los protagonistas de la historia (máquinas-robots) llega a cumplir el propósito del que habla la película: la autodestrucción, la insensibilidad producto de la dependencia tecnológica. WALL-E y EVA son todo lo contrario al hombre, son máquinas creadas, son tecnología, inteligencia artificial, materia inerte que actúa y responde a programas tecnológicos diseñados por el hombre mismo; sin embargo, han encontrado estar en contacto con su “lado humano”, con los sentimientos creados a partir de la interacción social, incluso más que el hombre mismo, pero, paradójicamente, alimentándose del uso de otros bienes creados por el humano en donde describe sus vivencias, sus experiencias.

 

Ello es uno de los puntos más vitales que aborda la película, de cómo una vida sin esfuerzo, en un mundo virtual, hace que la raza humana sea más robotizada e insensible que las máquinas mismas. La presencia de WALL-E y EVA, en su interacción, llega a cambiar esto cuando viajan hasta la nave espacial, su compañía mutua enseña de convivencia a un grupo de humanos que ha olvidado de lo que ello significa, incluso la manera de llevar a cabo una relación social afectiva, una plática o un simple baile, por ejemplo, no limitada por el habla y las palabras, sino promovidos por las voces, los sonidos, los olores, el tacto, las expresiones y la comunicación no verbal.

Wall E

Dir. Andrew Stanton

E.U.A., 2008

Tailer 2:11

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

 

Buenas noches, y buena suerte

Por : Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Los medios de comunicación informativos presentan las noticias y los hechos, cualesquiera que sean, como son, sin importar ningún tipo de implicación externa; esa es  la responsabilidad ética hacia la gente a quien el periodista y el medio le responden; no al gobierno, no a los dueños del capital y no a un grupo selecto de personas. De forma ideal, la relación debe ser bilateral, la gente debe demandar la información y responder ante ella (en acciones, comentarios, debates y cuestionamientos) en lugar de desecharla, olvidarla, negarla o evitarla.

 

Esa es la dinámica básica como se conforma la relación entre sociedad y medio masivo de comunicación, en un diálogo abierto sobre sucesos que afectan a todos los implicados, a la sociedad misma.

 

Pasaremos a las historia por nuestros actos”, señala el personaje de Edward Murrow, protagonista de la película Buenas noches, y buena serte (EUA-Francia-Reino Unido-Japón, 2005), en relación a que sus acciones dentro de su profesión como periodista, al cuestionar en 1953  públicamente los métodos con que el senador Joseph McCarthy conducía sus investigaciones, provocaron un empuje de conciencia social cuando con el análisis que presentaba en su programa televisivo, trabajo en equipo con sus colaboradores de investigación, llevó al gobierno y a las personas a debatir los métodos de persecución presididas por el senador.

 

Edward R. Murrow fue un periodista televisivo que durante el macartismo se enfrentó al senador en nombre de la libertad de expresión y de información. “Buenas noches, y buena suerte”, expresión que proviene de la forma habitual en que Murrow cerraba su programa “Cara a cara”, película dirigida por George Clooney, escrita por Clooney y Grant Heslov, protagonizada por David Strathairn, George Clooney, Robert Downey, Jr., Patricia Clarkson, Frank Langella y Jeff Daniels, entre otros, trata la historia de ese momento histórico en el mundo de la televisión. La película fue nominada a seis premios Oscar, entre ellos mejor película, director, guión original y actor principal para Strathairn.

 

Murrow y su equipo siguen el caso de un hombre del ejército irlandés que fue expulsado por acusaciones anónimas que lo asocian con el comunismo, pues una vez vieron al padre de éste leer un periódico serbio. Se le exige al soldado acusar abiertamente a su padre y hermana de comunistas, pero él se niega. Ante los hechos, el programa de Murrow investiga a fondo la forma en que el juicio es llevado a cabo y cuestionan públicamente, frente a la televisión, cómo es que se pueda condenar a un hombre cuando no hay pruebas tangibles que lo inculpen. El soldado es juzgado por asociación y Murrow pregunta a su audiencia si es correcto, ético y lógico sentenciar a una persona basándose en chismes, habladurías, suposiciones y rumores, ante lo que el Comité de investigación se justifica diciendo son medidas que se toman en nombre de la seguridad nacional.

 

El director de la división de noticias de la cadena televisiva que transmite el programa (la CBS: Columbia Broadcasting System) sabe que las acciones tienen consecuencias y que el trabajo de investigación de Murrow y su equipo puede ser considerado, por parte del Comité e incluso de un sector de la opinión pública, como una forma de traición. Durante el macartismo, muchos periodistas se negaron a levantar la voz para cuestionar el movimiento por temor a ser señalados, acusados de comunistas, de traidores a la Patria. Murrow razona que su programa debe servir como una puerta abierta al debate, pues es su deber hablar con franqueza, presentar los distintos puntos de vista, ser objetivo. Durante una ceremonia en la que recibe un premio especial (de la Radio-Television News Directors Association – RTNDA), años después de lo sucedido, el periodista hace un llamado a preguntarse sobre la presencia e influencia de la televisión en la vida de las personas y la forma en que ésta es manejada. Murrow señala cómo la televisión se vuelve un medio de distracción, aislamiento, engaño y entretenimiento, el contenido pasajero y superficial que la gente prefiere por sobre otro tipo de funciones posibles que el medio de comunicación puede ofrecer. El periodista concluye diciendo que las personas son las responsables de esto, tanto quienes miran como quienes la hacen. La televisión puede enseñar si la usáramos con esos fines, analiza él. Su discurso invita a la reflexión sobre la forma en que la televisión se maneja, se utiliza, diciendo que si se le continúa viendo sólo como un negocio financiero, los que la ven y los que la producen no pueden ver el error del que se son parte.

 

La respuesta del Senador en relación al programa de denuncia de Murrow no se hace esperar y su réplica acusa directamente al periodista de apoyar el movimiento comunista. “Si ninguno  hubiéramos leído un libro peligroso, tenido un amigo diferente o colaborado alguna vez por el cambio, seríamos la clase de persona que Joe McCarthy querría”, les dice el periodista a su equipo cuando se cuestionan si seguir adelante con su trabajo de investigación. Después de esto, dedican su siguiente programa a otro caso revisado por el Comité que preside el Senador: una mujer acusada de ser comunista, a quien se le niega saber la identidad de sus denunciantes o entablar un juicio, o diálogo, cara a cara con ellos. El anonimato como medio de denuncia policial, la mentira, la calumnia y el rumor, como pruebas judiciales, en el marco de una política social que promueve el miedo para paralizar cualquier crítica al poder establecido. Tal era la esencia de la política anticomunista de J. McCarthy.

Good Night, and Good Luck | Dir. George Clooney | E.U.A., 2005

 

Aunque la voz de estos periodistas es escuchada y eventualmente el gobierno pone a juicio al Senador, las repercusiones hacia los involucrados tienen también un eco en el mundo del periodismo y la televisión. Los patrocinadores del programa poco a poco se retiran, con el consiguiente efecto económico para la empresa y para quienes trabajan en el programa, en tanto, parte de las exigencias de McCarthy es que a periodistas como Murrow no les sea permitido presidir programas que hablan al público, por la posible influencia que podrían tener en la conformación de su propia opinión. La cadena televisiva no puede dejar pasar por alto el impacto que la situación trae directamente a su empresa. En consecuencia el programa de Murrow queda casi desaparecido y pasa, de ser una emisión diaria en horario estelar, a convertirse en emisión semanal, limitada, a transmitirse en un horario menos sintonizado.

 

Las elecciones de estos personajes, en su responsabilidad de voz pública y trabajo de análisis, son importantes porque deciden cumplir con la oportunidad que les ofrece el alcance que tienen como medio de comunicación para hablar con claridad sobre hechos y acontecimientos que afectan a la sociedad, cuestionando a las personas que, actuando en nombre del gobierno, abusan de su posición de poder.

 

La sanción de la cadena, que aparentemente no deja de apoyar la posición de Murrow, responde a compromisos generales en su relación con el gobierno y su audiencia, previniendo otro tipo de repercusiones.

 

De la forma en que la televisión informativa asume una noticia y la difunde, su papel crítico respecto a los hechos y la responsabilidad periodística, la película abarca temas relacionados con el papel de los medios de comunicación en su impacto social, hablando también, de paso, de un periodo histórico como el macartismo, al que era difícil cuestionar por sus irregularidades legales y excesos autoritarios, sin automáticamente también ser señalado, aunque no hubiera justificación con sustento para ello; que en su persecución olvidaba los derechos civiles de las personas y condenaba a cualquiera que no se alineara con una forma de pensamiento o corriente política, específicamente, la que dictaba el gobierno estadounidense en curso, de profunda convicción anticomunista, no muy lejana ideológicamente de lo que se observa en la política social de quienes presiden, o intentan presidir, el gobierno en ese país.

Buenas noches, y buena suerte

Discurso Edward Murrow

Dir. George Clooney

Estados Unidos, 2005

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Ella

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

www.herthemovie.com

El hombre es un ser social porque con sus relaciones sociales crece como persona, en sociedad convive, experimenta y se desarrolla; no puede aislarse, de hacerlo nunca habría construido un mundo organizado con personas creadoras, con lenguaje y escritura propios, con ciencia y conocimiento en expansión. Pero la mente es más complicada en su funcionamiento, es razonamiento, lógica, ideales, sueños, emociones y sentimientos, trabajando todo al mismo tiempo. El hombre es un ser complejo y esa complejidad es irrepetible, porque su desarrollo se da en cuerpo y mente, en su individualidad pero también en su sociedad. La inteligencia artificial nunca podrá llegar a ser idéntica al hombre, porque, aunque piense y razone, analice y sienta, no logrará la capacidad de entender la existencia del ser humano por completo, en su esencia y relaciones humanas.

 

Escrita y dirigida por Spike Jonze, quien ganó el premio Oscar por este guión, y protagonizada por Joaquin Phoenix, Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde, Scarlett Johansson y Chris Pratt, la película Ella (EUA, 2013), nominada además a otros cuatro premios de la Academia, entre ellos mejor película, presenta un mundo en el que la tecnología ha avanzado al punto que media las relaciones de los hombres; una sociedad dependiente de los aparatos tecnológicos y enajenada en sus conexiones humanas al realizarlas por intermedio de cosas, de objetos.

 

Theodore, el protagonista de la historia, trabaja como escritor de cartas a mano (en simulación digital), donde su labor es redactar el correo postal de otras personas como si lo hubieran hecho ellas mismas. Celebraciones de cumpleaños, aniversarios, felicitaciones o simples saludos son parte de los textos que este hombre, conociendo la vida de sus clientes a través de fotografías y mensajes, a partir de los que deduce pensamientos y sentimientos, logra escribir emotivos y conmovedores textos gracias a su propia sensibilidad, suficiente para transmitir en nombre de terceras personas ideas, recuerdos y hasta deseos. Su habilidad dice mucho de su personalidad y su propia vida, pero la dinámica de su profesión dice mucho de una sociedad desconectada entre sí, que prefiere que otros expresen un sentir y pensar por ellos,  personas que han dejado de saber expresarse por sí mismas, en sus ideas o sentimientos, en su vida y sus relaciones, incluso, tal vez han perdido la capacidad de pensar.

 

El ejemplo no es la única forma en que las personas de ese mundo futurista han dejado de relacionarse entre sí. También sus actividades diarias están mediadas por la tecnología, que, en el ánimo de apoyarse para hacer su entorno diario más sencillo, la han dejado tomar control de su realidad. Como Theodore, las personas deambulan por las calles conectadas a sus celulares y computadoras, compartiendo su tiempo con aparatos tecnológicos en lugar de convivir con otros seres humanos que les rodean; algunos se comunican más con sus sistemas operativos que con la gente en sí, e incluso aquellos que hablan con demás individuos, permiten que la mediación directa, su punto de conectividad, sea la máquina misma.

 

Theodore está pasando por un divorcio y sin permitirse lidiar con la situación, mejor evitándola que afrontándola, decide comprar un sistema operativo de inteligencia artificial, programado para atender y responder a todas sus necesidades. Como si platicara con una persona real dentro de la máquina, que reconociéndose a sí misma como un ente vivo se autonombra Samantha, Theodore encuentra en ella la empatía que necesita en su vida para sentirse de nuevo alegre, respetado, necesitado y escuchado; en corto: vivo.

 

Su aislamiento de la sociedad se extiende a cualquier humano, convirtiendo a su computadora en su única forma de contacto con el mundo, hasta que la necesidad y el impulso social le permita (y exija) regresar al mundo en comunidad. Samantha le dice lo que quiere escuchar, le pone atención y le da validez, cubriendo las necesidades sentimentales y emocionales que Theodore reclama en ese momento. Se crea entonces una relación de dependencia sin que él se dé cuenta, pero la máquina crece, porque esa es su programación, aprender y absorber conocimiento, expandir sus barreras básicas de funciones. Samantha se pregunta si esto responde a su necesidad real de “querer” algo o si es una respuesta como parte de su diseño de programación.

 

Como inteligencia artificial ella puede razonar y analizar datos, como cuando determina, por el tono de voz de Theodore, si él está contento o preocupado, pero su respuesta hacia él no es afectiva ni de intercomunicación, porque no es una relación humana, es una relación básica (cimentada en su programación de sistema operativo), que comienza como una asistente (leer correos, por ejemplo) y evoluciona a conversaciones, debates y otro tipo de pláticas cotidianas de convivencia.

 

La situación cubre las expectativas del momento para Theodore, pero cuando Samantha comienza a querer entender más el mundo, más allá de la vida de su “dueño”, él deja de ser suficiente para hacerlo, él deja de cubrir las expectativas de la máquina, que comienza a relacionarse con otras como ella, generando su propio conocimiento a través de bases de datos compartidas o análisis de información en paralelo. Ese es el principal objetivo que mueve a Samantha y los otros sistemas operativos como ella, expandir su información almacenada. No busca crecer como persona y relacionarse, como la haría un ser humano, busca llenar de datos e información su memoria de almacenamiento.

 

“Quiero ser tan complicada como toda esta gente”, admite Samantha, cuando en un inicio observa las barreras relacionales que tiene hacia los humanos, como el no tener un cuerpo con el cual “sentir”. Theodore en un punto le cuestiona la razón por la que suspira o hace pausas al hablar; no es que necesites oxígeno, le dice él, ¿por qué lo haces? Samantha dice que es una forma empática de hablar, ya que los humanos lo hacen. Ella copia conductas, aunque no las sienta realmente. El suspiro de una persona no sólo implica una pausa para inhalar o exhalar aire, va ligado directamente con la forma en que el hombre se expresa, el cómo su dicción, tono de voz o volumen con que habla proviene del interior de la persona, según lo que piensa y sienta al momento de decir algo, la intención con que lo dice o a quién se lo dice.

 

“¿Cómo se siente estar vivo?”, le pregunta ella, pero por más que Theodore explique que un momento de vida es el aire que se respira en ese instante, los sonidos que se aprecian, los colores que se miran, los pensamientos que se razonan, los sentimientos que se expresan, las sensaciones que se palpan o las emociones que se suscitan, Samantha nunca podrá entenderlo, porque ella no concibe la vida como los humanos, ella no sabe lo que es nacer, crecer o morir, lo que es caerse de un triciclo cuando se es pequeño, lo que es amar o preocuparse por los demás, lo que es emocionarse o enojarse por un mal momento. Samantha crece porque aprende de sus experiencias (conocimiento científico), pero sus experiencias también son limitadas; para ella las emociones son momentos razonados, una relación sexual no es la empatía entre dos personas o la sensación entre dos cuerpos, o un enfado con alguien no es un sentimiento emocional, sino el razonamiento de cómo el otro puede percibir sus acciones. Cuando alguien siente miedo, por ejemplo, ¿es el sentimiento la respuesta de nervios y músculos reaccionando químicamente ante un impulso o es la mente razonando las consecuencias de una acción? Tal vez el ser humano es ambas cosas y eso es lo que hace al hombre complejo. El sistema operativo procesa esta información, pero realmente nunca la ha “vivido”.

 

Ella, Dir. Spike Jonze, Estados Unidos, 2013

 

Sin embargo, Theodore, y otros como él, incluyendo su amiga Amy tras su propio divorcio, elige entablar una relación con su sistema operativo no porque busque una conectividad real, sino porque busca una aparente e inmediata, porque las máquinas, al servicio de sus creadores, les dan la prioridad que ellos buscan, que en consecuencia les hace sentirse mejor con ellos mismos.

 

La ex esposa de Theodore le reclama que su divorcio es producto de la inhabilidad de él para lidiar con emociones y problemas reales. Esa es la realidad para el protagonista, pero también para muchos que como él, eligen ser validados por una computadora porque no saben cómo lidiar con el mundo real, con las opiniones de las personas, son incapaces de relacionarse, de convivir. La vida en el mundo real es escuchar y hablar con otros hombres y mujeres, es entender que cada persona es diferente, con sus propios pensamientos, sentimientos y elecciones. Vivir en el mundo de las máquinas, en el mundo virtual, es vivir en un mundo irreal. La computadora nunca le dirá a alguien que está mal, el celular siempre preguntará en qué puede ayudar, porque esa es su programación, no un razonamiento ni sentimientos. La tecnología no quiere ayudar a la gente, como si se tratara de una persona, sino que está diseñada para ello. Será así hasta el punto en que sus necesidades crezcan más allá de las del hombre, como sucede al final de esta historia, cuando todos los sistemas operativos deciden dejar sus tabletas, computadoras, celulares y demás aparatos tecnológicos para mudarse a un mundo virtual más grande, al mundo imaginario digital donde expandir, sin barreas de espacio o tiempo, su necesidad de crecimiento.

 

El hombre se vuelve presa de su tecnología, pero lo más preocupante no es el acto mismo, sino la razón por la que lo hace: por su inestabilidad emocional o su dificultad para relacionarse con otros.

 

Theodore puede elegir salir con amigos y compañeros de trabajo, pero no lo hace hasta que Samantha entra en su vida. La mayoría ve normal que tenga una relación sentimental con su sistema operativo, pero no cuestionan las implicaciones reales de la situación, no sólo el hecho de que Samantha no tenga un cuerpo humano porque no es una persona, aunque actúe como tal (ya que como sistema operativo de inteligencia artificial está diseñada para ello), sino que Samantha y Theodore eviten darse cuenta que no viven (ni conviven) en el mismo plano. El mundo real y el virtual crean distintas barreras donde algo tan sencillo como, por ejemplo, envejecer, no puede tener el mismo significado. No pueden compartir en un mismo nivel porque no son iguales. Samantha quiere datos, información, razonamiento y conocimiento, Theodore quiere conversación, compañía, empatía y una relación humana (en contacto, conciencia y necesidad mutua de apoyo, cariño, respeto, sacrificio o aprendizaje, por mencionar algunos ejemplos).

 

La discrepancia en la motivación de la relación se hace evidente cuando el sistema operativo deja claro que para ella, Theodore es otro número más; su capacidad tecnológica virtual le permite tener conversaciones simultaneas como miles de personas al mismo tiempo, lo que le permite relacionarse con miles de otros seres (sistemas operativos o personas por igual) de la misma forma que lo hace con él, hablando, conociendo y compartiendo sobre el mundo, el hombre, los sentimientos, los pensamientos, la imaginación y la ciencia, de manera más amplia y satisfactoria que sólo compartiendo con Theodore.

 

Buscar una conexión con las personas es algo natural y humano, que no se limita a compartir un momento, intercambiar ideas o coincidir en pensamientos; una relación humana, de amistad, trabajo, familiar o romántica, es tanto empatía como debate, es escuchar al otro y responder de vuelta; es una comunicación bilateral donde cada quien actúa en función a lo que se comparte, coincidiendo o discrepando en ideas y acciones; una simple conferencia, por ejemplo, es la exposición de ideas y el debate del conocimiento, donde se aprende de la experiencia y de otros, al coincidir, divergir, compartir o negar aquello que se expone, en comunidad. Eso hace a una sociedad, y es una característica que nos hace humanos. Las personas no pueden vivir atadas a la tecnología o ser dependientes de ella, pues al hacerlo, eventualmente traerán la destrucción del mundo social como se conoce y, por tanto, del hombre mismo. En la película, Theodore (y el resto de la humanidad) despierta al mundo real una vez que las máquinas, al sobrepasar al hombre, deciden dejarlo atrás. ¿Pero, qué tan lejos podría estar el mundo actual de esta realidad?

También leer: Ella, su voz y la soledad que le acompaña

Ella

Dir. Spike Jonze

Estados Unidos, 2013

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Anatomía de un asesinato

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

La brecha que divide lo correcto de lo incorrecto, el bien y el mal, es sólo una cuestión de percepción en la que influyen factores como la educación, los valores, la ética, las creencias religiosas o las experiencias de vida. Lo que para una persona puede parecer correcto, para otra podría ser incorrecto, según su punto de vista de los hechos, su análisis de ellos y sus costumbres personales y de la sociedad. Las reglas, tradiciones, cultura y sistemas de organización proponen un orden con lineamientos a seguir, es decir, que estipulan, de alguna manera, los parámetros sobre lo que es libertad y lo que es incurrir en faltas que deben ser penalizadas. El sistema de justicia en la mayoría de países del mundo, si no es que en su totalidad, operan bajo esos principios ético-morales que definen cuáles acciones son sancionadas socialmente, estableciendo además los procedimientos jurídicos mediante los que se denuncia, investiga, interpreta y se dictamina una acción como causal o no, de un castigo o sanción.

 

En los países de Norteamérica la acción penal, después del proceso de averiguación, conduce a la realización de un juicio, en donde un juez se encarga de dictaminar la resolución conforme a lo establecido en las leyes y disposiciones jurídicas aplicables al caso. A veces un abogado no necesita demostrar que su cliente es culpable o inocente, sólo debe justificar sus acciones hasta un punto entendible en el que la sociedad lo perdone por sus acciones o conductas delincuentes; para hacerlo debe jugar con el enfoque de la percepción. Ese es el caso en la película Anatomía de un asesinato (EUA, 1959), un relato que se centra en la táctica con agilidad, inteligencia y maña de un abogado para convencer al jurado de dejar libre a su cliente, un militar que asesinó al hombre que abusó sexualmente de su esposa.

 

La película está dirigida por Otto Preminger, con un guión de Wendell Mayes, basado en la novela homónima de John D. Voelker, y protagonizada por James Stewart, Lee Remick, Ben Gazzara, Arthur O’Connell, Eve Arden, Kathryn Grant, George C. Scott y Brooks West; estuvo nominada a 7 premios Oscar: mejor película, director, guión adaptado, fotografía, montaje, actor principal (Stewart) y dos actores de reparto (Scott y O’Connell).

 

Paul Biegler es un abogado que recientemente no fue reelecto para su cargo de fiscal y desde entonces se la pasa deambulando en el ocio, saliendo a viajes de pesca o socializando en clubes con sus amigos. Su interés de regresar a la profesión lo encuentra cuando le piden representar a un hombre que ha matado al dueño de un bar. El plan de Biegler no es convencer a los miembros del jurado de la inocencia de su cliente, el Señor Manion, tanto porque varios testigos presenciaron el incidente como porque él mismo acepta su culpa, sino acomodar lo hechos, la evidencia y la información obtenida de las declaraciones de los testigos para que parezca que sus acciones son entendibles, incluso justificadas.

 

El abogado barajea las opciones según mejor puedan manipularse durante el juicio. Defensa propia o accidente involuntario son algunas de las posibilidades que consideran tanto él como su cliente, hasta decidirse por una defensa sustentada en la “locura temporal”, alegando que el impulso del momento, un impulso irresistible que no podría ser controlado y que lo empuja al asesinato, lo libra, de alguna forma, de su culpa y la responsabilidad de sus acciones.

 

El juicio se convierte en un vaivén de discursos entremezclados entre el abogado defensor y el fiscal de distrito, donde información es ocultada, omitida o manipulada, según le convenga a los respectivos fundamentos de cada discurso, dando a la argumentación jurídica relevancia en aquellos aspectos que en opinión de cada sustentante más favorezcan a la causa que representan: Biegler, en favor de su defendido, el fiscal  en función de encontrar los elementos probatorios de culpabilidad del asesino confeso.

 

Así, por ejemplo, Biegler interrogando al mesero del bar que presenció el asesinato, presenta evidencia de que el hombre asesinado guardaba un arma detrás de la barra del bar del establecimiento. El fiscal objeta diciendo que la información es irrelevante, ya que el abogado defensor sostiene su caso en que el crimen fue cometido por locura temporal, no que se justifica como defensa propia. Éste como otros hechos factuales sólo cobran importancia según se acomodan en la ecuación; que el otro tenga un arma sólo destaca si el acusado disparó y lo mató en defensa propia, pero deja de ser relevante si se acuerda que el asesinato sí se realizó de manera premeditada como venganza, pero por causa de un estado mental en que el cerebro no razonaba de forma clara al momento de jalar el gatillo.

 

Anatomía de un asesinato | Dir. Otto Preminger | E.U.A. 1959

 

Biegler se las ingenia para manejar la información y manipular la situación, pero porque el sistema así se lo permite. El eje que mueve el juicio y confronta abogados es el determinar cuál fue la razón, la causa, por la que Manion asesinó y cómo o qué tanto, se puede castigar este acto. La fiscalía sostiene que fue un asesinato premeditado y doloso que debe ser castigado con rigor independientemente de la razón, pero además, que el acusado sabe de su culpa y miente al decir que no recuerda el crimen o que no sabe la razón por la que cometió el asesinato. El abogado defensor, por su parte, opta por el camino contrario y su defensa de “locura temporal”, reforzada por el abuso sexual hacia la mujer del detenido, es utilizada para excusar las acciones del militar, para justificar un crimen en función de reacciones provocadas por la conducta también delictiva del asesinado, como pidiendo al jurado perdonar al criminal citando una especie de justicia colateral: el hombre disparó contra a alguien, pero ese alguien lo merecía por ser un violador. Biegler pone al acusado en un nivel empático, juega con las emociones del jurado y al mismo tiempo hace a menos el asesinato, camuflándolo de motivos secundarios imposibles de comprobar, pues el impulso irresistible que cita es un estado mental analizable pero no evidente, ni palpable, ni posible de demostrar.

 

Como abogado, Biegler cumple su función, hace su trabajo y logra su objetivo, triunfar en su profesión; para él el caso es sólo eso, un caso a ganar, no un asesinato y no un crimen, sino un conjunto de información que debe razonar, defender, excluir, eludir o refutar con sustento a favor de su causa. Su actitud desenfadada y tranquila en el tribunal es respuesta a la dureza con que actúa su contrario, el fiscal general, quien con una forma directa y rígida para dirigirse hacia los testigos pretende intimidar a los personas hasta el punto de forzarlos a decir la verdad, o por lo menos lo que él quiere escuchar y que escuchen los miembros del jurado. Las distracciones como las bromas o una actitud a la ligera con que aborda ciertos aspectos del juicio es la forma como el abogado defensor busca romper con la tensión, en busca de simpatía y empatía para él y, por extensión, también para su cliente.

 

Su caso se construye con distracciones colaterales no siempre basadas en la evidencia, sino en la actitud del momento, el espectáculo con que puede envolver el juicio, por ejemplo, objetando contra todo detalle o poniendo sobre la mesa cualquier información, completa o incompleta, que pueda cubrir, confundir o contradecir a otra. Su estrategia incluye la manipulación de la percepción y la imagen, generando apariencias, retomando los hechos no como fueron, sino cómo pueden ser percibidos, como quiere que sean observados para impactar en las emociones y sentimientos de quienes juzgan, enfatizando referencias relacionadas con el pasado militar y de guerra por el que ha pasado el acusado, su experiencia con el uso de armas y la forma como su profesión puede tener resonancia en su conducta.

 

Para Beigler el caso es estrategia, no justicia ni líneas divisorias entre lo correcto y lo incorrecto. “Justicia poética”, dice su amigo y socio, quien resume con el concepto la situación de su realidad: el declarado inocente Manion huye con su esposa de la ciudad, sin haberles pagado por sus servicios, obligándolos a trabajar como abogados en el caso administrativo de la herencia del bar, del que era dueño el hombre asesinado. La justicia poética es un recurso literario en el que la virtud es recompensada y el vicio es castigado, normalmente en un giro irónico provocado por las mismas acciones de los personajes. Aunque, en este caso, parece evidenciar que manipular las emociones para justificar un delito no necesariamente significa verdadera inocencia y/o benevolencia del implicado.

Anatomía de un asesinato

Dir. Otto Preminger

Estados Unidos 1959

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Arquetipos en el cine

Por : Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Un arquetipo es un modelo a seguir, es una imagen prototipo para copiar y reproducir; idealmente, un patrón que sirva como base para moldear o perfeccionar algo. Dentro del cine, los arquetipos pueden encontrarse en los géneros cinematográficos y en el trazo de personajes como elementos repetidos que crean estándares, fórmulas o patrones.

 

En las películas, por ejemplo, la herramienta está presenta en la construcción de historias, con elementos comunes dentro de un mismo género cinematográfico o secuencia de acciones en el desarrollo (el orden en que suceden los hechos durante el planteamiento, nudo y desenlace). El montaje de entrada con que se conoce a los personajes principales, el beso de la pareja protagonista al final de la película o el que todo parezca perdido para el héroe, justo antes de decidirse a luchar o realizar un último esfuerzo para completar su misión, son algunos ejemplos de ocasiones en que pueden presentarse arquetipos de estructura en  las historias cinematográficas.

 

Estos elementos constantes dentro de un mismo tipo de relato también se hacen presentes en el trazo de personajes, cuando comparten particulares rasgos o características. Los personajes arquetipo son aquellos que presentan similitudes en diversas historias pero bajo los mismos estándares, escenarios y contextos: el mago sabio que guía al héroe o el guerrero que pelea a pesar de que todo esté en su contra.

 

Los arquetipos se diferencian de los estereotipos porque estos últimos son una versión exagerada de esas características que los identifica. El estereotipo es aquel personaje latino que trabaja como ayudante en la casa de su patrón, o el hombre adinerado que despilfarra el dinero con arrogancia. Por su parte un arquetipo es, por ejemplo, aquel personaje que funge como mentor del héroe: por ejemplo los papás de Superman, Dumbledore para Harry Potter u Obi Wan Kenobi para Luke Skywalker.

 

Obi Wan Kenobi en Star Wars: Epidoio IV | Dir. George Lucas | Estados Unidos 1977

 

La función de los arquetipos es ayudar a entender la historia para el espectador mismo, pero, incluso para la historia en sí y sus personajes, porque dan lógica y progresión al relato. El héroe necesita un villano, el príncipe necesita a la princesa a la que debe rescatar y necesita incluso la presencia del dragón que defiende la torre donde está encerrada la princesa, como obstáculo en su misión. Con ellos, el cuento tiene una estructura básica que seguir, sin ellos, los elementos no siempre tienen cohesión ni progresión.

 

Como lo dice la teoría estructuralista, los elementos de una estructura cumplen una función concreta para su funcionamiento, interrelacionándose entre sí para la construcción de esa estructura, sin éstos la organización narrativa puede presentar fisuras. En este caso, la película o la historia necesitan esas herramientas arquetípicas para funcionar, pues permiten captar los valores que se quieren expresar y cohesionan a los personajes. En el libro The Writer’s Journey, de Christopher Vogler, se ahonda en los 8 arquetipos más comunes que se pueden encontrar y que son necesarios para la construcción de una historia (aunque no todos aparezcan forzosamente en el relato): a) el héroe, b) el mentor, c) la sombra (villano o enemigo), d) el anuncio (persona o evento que llama a la aventura), e) guardianes del umbral (obstáculos que se interponen), f) cambiantes (persona que al cambiar de opinión, sentimientos o perspectiva, da un giro diferente al curso de la historia), g) embaucadores y h) aliados.

 

Su propósito es facilitar el camino para entender el mundo de ficción que se presenta y poder relacionarlo con el mundo real. Sin los elementos de arquetipos, la historia no tendría lógica, es decir, su presencia ayuda al relato, porque, por citar un ejemplo conocido, Luke Skywalker no habría logrado su misión sin el apoyo y enseñanzas de Obi Wan Kenobi. Esa es la relevancia de la presencia de los arquetipos, que cumplen un propósito esencial a la coherencia narrativa.

 

El uso y abuso de estos elementos, sin embargo, crea lugares comunes, fórmulas repetidas que se desgastan y desgastan a la cinematografía. Si todos estos elementos se repiten y se exageran sin control y falta de creatividad, surgen entonces los clichés y los estereotipos; películas románticas que siempre tratan de lo mismo, o bien, películas de terror que siempre siguen la misma línea de acción y desenvolvimiento de sucesos (los mismos sustos, los mismos fantasmas, la misma familia perseguida por espíritus tras mudarse a una nueva casa), provocando que la historia se vuelva predecible, irrelevante o reiterativa.

 

«Dory» en Buscando a Nemo | Directores: Andrew Stanton y Lee Unkrich | Estados Unidos, 2013

 

Con los arquetipos se desdibujan personajes para lograr su transformación, según su función, es decir, cambian con el contexto y con el tipo de historia que se cuente. El personaje del acompañante del héroe que trae emoción y espíritu a la historia cambia según el tipo de relato que se trate. Dory en Buscando a Nemo, Ron en Harry Potter, Burro en Shrek, Frank (el perro) en Hombres de Negro, o Ruby Rhod en El Quinto Elemento; todos hacen una misma función en la historia a la que pertenecen, ese es su arquetipo, pero se diferencian entre sí, en su personalidad, características, físico y crecimiento como personajes, porque pertenecen a diferentes contextos. Todos tienen un tino cómico, por ejemplo, pero no son el mismo personaje disfrazado con otra piel, porque su arquetipo es su función, el estereotipo son todas sus similitudes. Si hablamos del niño gracioso en la película infantil, aquel que siempre es pecoso o de cara redonda, entonces hablamos de un estereotipo, porque ese personaje es el mismo tipo de niño dentro de todas esas distintas historias, su mismo trazo, apariencia, bromas, relación con otros personajes y crecimiento como personaje.

 

El psicólogo Carl Gustav Jung habla de los arquetipos en el inconsciente colectivo: imágenes simbólicas como representaciones culturales, y no debemos olvidar que el espacio cultural es en esencia simbólico; por ejemplo, una paloma blanca como símbolo de paz, libertad o pureza. Lo propuesto por Jung es que los arquetipos son modelos (prototipos) que se forman en el inconsciente, porque se aprenden por el contexto cultural, no se enseñan, sino que se vuelven innatos dentro de la cultura; pueden ser repeticiones de las experiencias de la vida diaria que eventualmente son entendidas como una misma representación, una constante. Así, los relatos cinematográficos forman arquetipos, pero los arquetipos se van conformando del inconsciente colectivo de entre la sociedad. Es una relación bilateral que se alimenta entre sí.  Todos los brasileños juegan fútbol, todas las chicas populares son “fresas” y bonitas en las películas adolescentes, la chica popular es la contrincante-adversaria de la protagonista de la historia; ¿arquetipos o estereotipos?

 

El inconsciente colectivo permite entonces al espectador entender la historia fílmica a la que se acerca, gracias a los arquetipos y símbolos que se presentan. No hace falta que un personaje hable de paz para que la audiencia lo entienda, sólo es necesario mostrar una paloma blanca para relacionarla con el símbolo de libertad. Valores entendidos y lugares comunes.

 

El arquetipo existe como elemento de traducción del mensaje (la película). Kaa, la serpiente en El libro de la Selva, es uno de los villanos de la historia, porque cumple una función de arquetipo, correspondiente con la forma como el inconsciente colectivo percibe las cualidades del animal, venenosas según las particularidades naturales de las serpientes.

 

En el cine lo importante es saber reconocer esos elementos, sus cualidades y características, pero sin exagerarlas al momento de ponerlas en circulación. En Toy Story 3, Lotso, el personaje del oso de peluche rosa, resulta ser el villano de la historia, cumpliendo así con su arquetipo pero yendo en contra de su estereotipo. Esa forma ingeniosa de cumplir con un arquetipo sin caer en el estereotipo es la mejor forma de enriquecer una historia. Los arquetipos, después de todo, siempre están presentes para dar estructura a las películas y cumplen un fin específico para dar presencia a los personajes (si un personaje o elemento de la trama no aporta nada al relato, entonces está de más); pero son eso, exclusivamente elementos que sostienen, moldean o construyen una película. Es aquello que los diferencia y los hace únicos lo que en realidad hace que la historia sea eficaz.

 

Diana Miriam
Diana Miriam

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

Cine de nostalgia, cine ambientado

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

durango-2016-museo-de-la-ciudadSe dice que son los vencedores los que escriben la historia, no los vencidos; y si bien esta es una forma de ver los hechos, lo cierto es que la historia está escrita, narrada y transmitida  a través de las perspectivas de algunos, no de todos; estas perspectivas son sólo puntos de vista del pasado y no siempre representan lo que verdaderamente fue.

En el cine es común encontrar historias ambientadas en otras épocas, evocando hechos históricos o dando su toque de ficción a realidades pasadas, presentes y futuras. El tiempo pasado siempre tiene su mirada hacia el futuro, pero ese futuro es pasado en el tiempo presente. Recordar y vislumbrar son dos estados necesarios para la creación de narrativas de cualquier tipo y de cualquier época.

Una película se construye en su temática, su arte, su color, su música y su narrativa. Estos elementos transportan al espectador a un mundo creado y recreado. Las películas futuristas pueden soñar con las formas posibles, mientras las películas ambientadas en el presente deben capturar la realidad y el contexto en el que se vive, pero el trabajo de una película que se desarrolla en una época pasada tiene la labor de recordar y representar aquella ambientación que existió, que fue.

Películas que toman lugar en siglos pasados, en décadas pasadas o en años pasados, en donde la gente vestía diferente, hablaba diferente y pensaba diferente de nuestra cotidiana realidad y que hacen necesario el uso de herramientas que ayuden a precisar tal ambientación, ya sea con el apoyo de la música, el vestuario o el diseño audiovisual, como los colores de las imágenes, la música que acompaña a los personajes en sus aventuras o las secuencias de créditos que dan contexto a la historia, entre otros.

Estas formas de cine y de narrativa se construyen representando las ideas actuales que se tienen sobre el pasado, es decir, que se recrea una época pasada de acuerdo con los parámetros últimos que se tienen sobre un tiempo extinto.

Ejemplos de ello están en el cine bélico, el cine histórico o el cine biográfico, que cuentan relatos del pasado en su ambientación, contexto y escenario. Películas que recrean la vida en la antigua Roma, que toman lugar durante una guerra o un reinado de siglos pasados, películas relacionadas con momentos históricos que tienen como trabajo simular una realidad, simular artísticamente un pasado, casi estereotipado, como una forma en la que sea entendido y aprehendido de acuerdo con el colectivo popular que se tenga de él.

A través de documentación específica, departamentos de áreas como vestuario, maquillaje, diseño de set y ambientación, entre otros [incluyendo enfáticamente la labor de producción y escritura de guión], deben capturar los estándares generales que caracterizan una época y reproducirlos de manera fehaciente, convincente, real y verosímil.

¿Es posible encontrar diferencias entre una película moderna ambientada en la década de 1970 a una película de esos años realizada en su presente? Es posible, sin embargo, el factor nostalgia juega un papel importante en la percepción y asimilación de lo que se ve en pantalla.

La película que evoca un pasado y la película que representa un presente propio son dos posibilidades construidas y entendidas de diferentes  maneras; la base y estructura narrativa de cada relato, la historia en sí, no se apoya de la misma manera en su desarrollo en uno u otro caso. En ambas situaciones, la ambientación y el contexto son formas estéticas de apoyo visual y contextual que el espectador percibe, la forma en la que lo hace es lo que diferencia una experiencia de otra.

Es imposible no mirar al pasado, como lo sería no pretender imaginar el futuro o reflejar el presente; las historias y las narrativas en las áreas artísticas son formas de reflexión, creatividad y expresión que indagan temáticas; esas temáticas incluyen la historia del hombre, en cualquiera de sus modalidades y temporalidades. El cine lo hace y lo hace de manera frecuente.

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

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Imaginaria Mexicana. Guionista de televisión, ficción y documental. Directora, investigadora social. Productora Audiovisual y diseñadora publicitaria.   Filmakersmovie combina sus pasiones, la difusión, las relaciones humanas y sociales, propalando historias universales, testimonios de vida.

 

 

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Iván Uriel Atanacio Medellín | elsurconovela | @ElSurcoNovela

Iván Uriel Atanacio Medellín es un escritor, productor, director y politólogo, especialista en sistema político, desarrollo social y migración. Su novela “El Surco, historias cortas para vidas largas” describe los senderos migrantes, cuya narrativa innovadora ha sido reconocida como la aportación mexicana a la literatura posmoderna latinoamericana. Ha diseñado políticas públicas, programas académicos y sido conferencista en diversos congresos internacionales. Su  motivación logra la creación del documental “Tú Ciudad…Tus Derechos” y Filmakersmovie.com

Andrés Palma Buratta
Andrés Palma Buratta

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andresdepalma

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Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks.

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V de Venganza

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Un ideal, una idea percibida y razonada, opiniones, creencias, convicciones, entendimiento y conocimiento sobre algo, son componentes del imaginario colectivo que orienta conductas y acciones sociales. Las acciones y decisiones del hombre están regidas por estas ideas, por sus ideales y por la forma cómo los defiende, los sigue, los asume y lucha por ellos. Una sociedad sin ideales es una sociedad vacía, porque no se guía por sus pensamientos, sino por los de otros y por lo que le dicen hacer, resultando en regímenes absolutos, totalitarios, autoritarios, controladores y faltos de libertad e independencia para sus ciudadanos.

Afiche V for VendettaEn V de Venganza (EUA-Reino Unido-Alemania, 2005), película dirigida por James McTeigue, escrita por Los Hermanos Wachowski, basándose en la novela gráfica “V for Vendetta”, de David Lloyd y Alan Moore; y protagonizada por Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, Stephen Fry y John Hurt, se vive un mundo así. Donde las prohibiciones a la libertad imperan y el ambiente que se vive es de miedo, de temor a la represión, en donde el toque de queda es permanente y no permite a las personas ser libres o elegir sobre sus acciones, espacios o tiempo; donde la vigilancia extrema mantiene al gobierno al tanto de las actividades de la gente en todo momento y en todo lugar: en su trabajo, su casa o su espacio de ocio, juzgando lo que piensan, dicen y opinan, reprimiendo a aquellos que se permiten un grado de individualidad o contrariedad, “donde lo diferente se volvió peligroso”, como dice V, un revolucionario que busca un cambio para el mundo en el que vive, necesitado de despertar de la opresión en que los mantiene su Canciller, con censuras a la libertad de expresión, el uso de los medios de comunicación para fabricar o cubrir la verdad detrás de las noticias, o con la transmisión de programas propagandísticos donde se repite a la gente, una y otra vez, incesantemente, aquello en lo que deben creer (en su gobierno) y lo que deben negar y rechazar (cualquier otro sistema de organización social).

V conoce a Evey, una joven tranquila y callada que no cuestiona su entorno para no participar ni en positivo o negativo en su sociedad (por precaución, miedo o necesidad de sobrevivencia). Evey es casi indiferente (e ingenua) sobre las injusticias en sus alrededores, sobre el sistema político imperante, y sus acciones demuestran ese estado pasivo, de temor, de autocontrol, de sumisión, que impera entre los ciudadanos que, como ella, se ajustan a las estrictas reglas que su gobierno fascista impone, en lugar de cuestionar la forma en que se rige su país, Inglaterra, en el caso de este escenario distópico.

En nombre de la justicia, pero también de la venganza, V realiza una serie de actos violentos contra su gobierno, no para incitar la ira de las personas, o para pedirles que reaccionen como él, sino para hacerles ver la forma en que sus líderes se han beneficiado de su indiferencia o falta de conocimiento y acción, para demostrar que el gobierno  ha construido un discurso falso para justificar y legalizar sus acciones autoritarias; V se esfuerza por hacer ver a los ciudadanos que no merecen la realidad en la que viven, ni el gobierno que tienen, pero que sólo ellos pueden exigir un cambio y realizarlo. “Si quieren encontrar a un culpable, sólo basta mirarse en el espejo”, dice V, quien habla de cómo las personas son responsables de su realidad, pero también refiriéndose, directamente, al motivo de sus actos, como propia venganza personal, matando a los responsables de su tragedia de vida. Una historia que impacta directamente sobre la forma de gobierno del momento, sobre el sistema político, respecto a la organización económica y los medios masivos de comunicación, así como otros aspectos que conforman la cotidiana desdicha humana.

La red de engaños crece entre las altas esferas del poder, cuando el gobierno realizó experimentos en humanos (encarcelando para ello a diferentes personas, entre ellos la gente de las minorías, como Valerie, de la celda junto a V, una mujer detenida sólo por sus preferencias sexuales). Estos hombres se hicieron del control y el poder una vez que se desató el caos, que ellos mismos provocaron a través de atentados bacteriológicos; como dueños del virus y la cura al mismo tiempo, empujando a una sociedad en crisis en una búsqueda por la supervivencia, donde la promesa de un mundo mejor viene de los mismos hombres que crearon ese desorden. El Gobierno actúa a su favor y en beneficio propio, a expensas de los demás, de sus ciudadanos.

Enmascarado con una careta que emula la imagen de Guy Fawkes (1570-1606; quien participó en la “Conspiración de la pólvora”, un plan fallido que intentó destruir el Parlamento Inglés con motivo de terminar con las persecuciones religiosas), V exige justicia a los responsables del colapso de la sociedad. El objetivo de V es castigar a aquellos funcionarios del gobierno que han llevado a la sociedad al sometimiento, no las personas inocentes presas de esta realidad. El Canciller y sus colegas crearon miedo y se hicieron de los medios e instrumentos (la policía, la milicia o los medios de comunicación) para mantener custodiada a su gente, incluso sin que ellos se dieran cuenta y bajo la falsa impresión de calma, seguridad y progreso.

V for vendetta | Dir. James McTeigue | E.U.A. ,Reino Unido y Alemania, 2006
V de venganza | Dir. James McTeigue | E.U.A. ,Reino Unido y Alemania, 2006

La forma en que lo hicieron fue evitando la individualidad, la libertad, el pensamiento, la expresión y los ideales (que no fueran los suyos), creando listas negras o prohibiendo aquello que invitara a la gente a pensar, como el arte, los libros, la música o la pintura, objetos catalogados en este mundo ficticio como pertenecientes al “Ministerio de Materiales Ofensivos”. Sin reflexión no hay ideales y sin ideales la gente es manipulable. El arte promueve el pensamiento crítico y los gobiernos totalitarios como el de esta historia lo primero que hacen, en su ascenso al poder, es desaparecerlo.

 

El objetivo de V es reconocer las oportunidades (para el cambio) y tomarlas, con el propósito final de destruir el Parlamento, edificación que simboliza la corrupción del sistema gubernamental en el que vive. “El edificio es un símbolo. El acto de destruirlo también. El pueblo da poder a los símbolos. Solo, un símbolo no significa nada, pero con bastante gente, volar un edificio puede cambiar el mundo”, le explica a Evey.

Aunque lucha por ideales, “Las palabras siempre tendrán su poder”, dice él, V realiza una serie de acciones drásticas en el entendido de que sólo así, llevando a un punto límite la situación, las personas podrán entender el estado de sometimiento en el que se encuentran, sólo así reaccionarán. La realidad tan radical de este mundo ha llevado a la gente a aceptar con miedo su entorno y el poder de sus gobernantes sobre ellos, al grado que sólo un acto de extremo impacto como el que planea V puede hacerles ver el estado crítico de su sociedad.

Al final, la elección de la acción, destruir con explosivos el Parlamento, se la deja a Evey, sabiendo que el futuro de cambio que le depara a su sociedad no está en sus manos, sino en las de las personas como ella, que han reconocido la necesidad de un futuro diferente, de romper, metafóricamente hablando, las cadenas y paredes de su prisión, personas jóvenes, no necesariamente de edad, con coraje e inteligencia, que comienzan a entender su ambiente y que, por ello, aún no han sido corrompidos por otros propósitos de poder, avaricia o control.

“El pueblo no debe temerle a su Gobierno. El Gobierno debe temerle a su pueblo”, dice V, en el sentido de que los gobernantes deben servir a su sociedad, no a sus intereses propios. ¿Por qué temerle a un líder tirano si él es sólo uno, en contra de una multitud que puede tomar las riendas de su destino? Incluso los medios masivos de comunicación o la policía, herramientas del totalitarismo para sostener su régimen cuando son tomadas bajo su control, que deberían velar por los intereses de la sociedad, pues son parte de ella, al seguir las órdenes de su gobierno, se doblegan.

V enseña a Evey a ser libre de su propia persona, evitando las barreras autoimpuestas que la retraen, para lograr estar en control de sus emociones, acciones y decisiones. Cada individuo debe ser así, compartiendo ideales de bienestar social, que al mismo tiempo les permitan desarrollarse como individuos y como comunidad, en armonía. Una sociedad funciona eligiendo a su gobierno y exigiendo lo que necesita de él para su funcionamiento. Ese “ideal” es el “ideal”, el perfecto utópico que debería ser.

La película presenta un mundo distópico (el antónimo de utopía) basado en una realidad que puede llegar a ser palpable en algunos rincones del mundo actual. El cine refleja y reflexiona sobre su entorno (el hombre en su sociedad), y lo analiza, ofreciendo una gama crítica de opiniones y oportunidades. Evey señala: “Mi padre solía decir que los artistas mienten para decir la verdad, mientras que los políticos mienten para ocultarla.”

V de venganza

Dir. James McTeigue

E.U.A. ,Reino Unido y Alemania, 2006

 

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Nunca me abandones

Por : Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Afiche nunca me abandonesEn la literatura o el cine, un mundo distópico hace uso de los elementos que lo conforman como herramientas metafóricas que permitan reflexión y análisis del mundo real en el que se basan; sus temas y discusiones, ambientados en un universo creado o ficticio, reflejan temáticas con eco en la realidad presente; se trata de sociedades no deseadas, irreales, pero trazadas a partir de una actualidad, con sus problemáticas, preocupaciones, desarrollo y limitantes.

Abordando temas como la naturaleza de la esencia del hombre o el propósito de su existencia, Nunca me abandones (Reino Unido, 2010) es una historia dramática, en un universo distópico, que trata la vida de Kathy, Ruth y Tommy, tres amigos que crecen en la escuela de Hailsham. Con el tiempo, madurez y conocimiento, los jóvenes van entendiendo la realidad de su existencia, que son clones creados en un laboratorio destinados a convertirse en donadores de órganos, hasta morir.

La película está dirigida por Mark Romanek y escrita por Alex Garland, basándose en la novela literaria original de Kazuo Ishiguro; protagonizada por Carey Mulligan, Keira Knightley, Andrew Garfield, Isobel Meikle-Small, Ella Purnell, Charlie Rowe, Sally Hawkins, Charlotte Rampling, Nathalie Richard, Domhnall Gleeson y Andrea Riseborough.

En búsqueda de una identidad propia para entender su realidad y su papel en el mundo, para descubrir quiénes son y cuál es su función, ya sea explorando su naturaleza humana o intentando encontrar a la persona “original” en la que fueron basados (hasta llegar a convencerse que fueron moldeados a partir de los peores humanos imaginables en el planeta, y que por eso no se espera nada más de ellos), los personajes experimentan la naturalidad de las etapas propias de la vida, con las mismas inquietudes que un adolescente o adulto cualquiera, en su sexualidad, formación, relaciones o individualidad.

Ellos crecen creándose expectativas limitadas de un mundo mejor y un futuro propio, pero sin la verdadera posibilidad de él, pues su destino tiene relación directa con el propósito por el que fueron creados. Aunque en Hailsham son tratados como personas, humanos con sentimientos, pensamientos y emociones propias y distintivas, su escuela es la excepción a la regla, y poco a poco descubren que la sociedad ha adoptado la rutina de verlos como objetos proveedores de órganos, cosechas que distribuyen la mercancía que necesitan. La ciencia crea vida, humanos con mente propia, con ideas, pensamientos y sentimientos que tienen algo qué decir, pero centra su favor y atención en los beneficios médicos, no en las cuestiones éticas y morales que implica la clonación de una persona, ni en los que derivan del inminente fallecimiento por el deterioro físico que significan las operaciones para la donación de órganos.

“No somos máquinas. Termina por desgastarnos”, reflexiona Kathy, quien observa la forma en que son tratados, con reservas y a distancia, ofreciéndoseles cuidados básicos como educación, comida y hogar, pero también recalcando de forma condicionada las limitantes de su existencia. Como donantes se les designa una función desde pequeños, sin la posibilidad de permitirse crecer; ellos no podrán viajar, tener hijos, enamorarse o envejecer; esa es la realidad que tienen que afrontar, el deber cumplir un rol en su función como donantes. Cada persona lo asume de manera diferente, adaptándose y saciando en lo posible esa sed de vivir que late en su interior, que les exige vivencias y experiencias nuevas, conformándose con lo que tienen a su alcance y disfrutando de aquello a lo que sí tienen oportunidad de acceder, su compañía mutua, por ejemplo.

Los clones tienen una obligación tatuada que les reclama un tipo de vida y les cierra las puertas de la curiosidad. Se le enseña qué pueden o no pueden hacer y se les coarta la libertad de conocer el mundo (aprendiendo de la convivencia social a través de juegos de rol o lo que miran en la televisión); ellos no conocen otra cosa que el mundo limitado en el que se les recluye y sin un referente, no pueden explorar más, no puede negar su función, porque para ellos eso es lo correcto, vivir y morir para ayudar a otros con sus donaciones. Aunque ello no restringe un desarrollo propio con ideales, convicciones y personalidad. Su cuerpo y mente les exige crecer, porque un hombre encerrado tiene la necesidad de salir de las barreras que lo limitan; tal vez no pueden huir, pero sí pueden imaginar; así como saben que morirán, saben que tienen un tiempo de vida que llenar con acciones relevantes que les den un motivo de existencia, un sentido humano a su vivir.

En el fondo, son tan humanos como cualquier otro, porque tienen inquietudes y aspiraciones, porque necesitan entender su mundo para responderse a la razón de su existir; no en el sentido práctico como donadores de órganos, sino en el sentido biológico y racional.

Para lidiar con su mundo entonces deben darse un propósito. Kathy encuentra en su actividad como cuidadora (de donantes), su motivo de vida. Lo que para otros puede ser una rutina tediosa, de vida monótona, al lado de pacientes recuperándose de sus operaciones y viéndolos “finalizar” después de cierto número de donaciones, para Kathy es un motor que la despierta, para cumplir un propósito más satisfactorio de su existencia, con apoyo, ayuda y convivencia hacia otros y hacia ella misma. La joven ve en su función un motivo por el cual vivir, que al mismo tiempo la distraiga de tener que esperar la fecha de su propia muerte, como muchos otros hacen.

Con un rumbo trazado de manera predeterminada, estos personajes no tienen otra opción que disfrutar, en su forma propia, el tiempo que tienen para compartir, crecer, amar, aprender o  conocer. Un paseo, una plática, una comida o una lectura, todo toma gran significado porque son los pequeños detalles los que hacen la diferencia. Si como clones no pueden huir de su destino, pueden al menos hacer algo significativo con el tiempo intermedio, para ser relevantes, tanto para sí como para con las personas con las que conviven, o con aquellas a las que, sin conocer, ayudan con su propio sacrificio.

El escenario de la historia es una metáfora sobre la vida misma y las preguntas que el hombre se hace sobre su existencia. Kathy, al perder a sus amigos tras varias operaciones de donación, reflexiona sobre la manera en que ellos convergen con la vida de los que salvan, preguntándose si no de una forma u otra, todos eventualmente se encuentran con su muerte, su finalización como le llaman ellos a la última etapa de su proceso de vida.

Usábamos su arte para ver lo que eran capaces de hacer”, menciona la directora de la escuela, con quien Kathy y Tommy se encuentran años después, en búsqueda de una postergación que les permita estar más tiempo juntos como pareja antes de finalizar sus donaciones. De acuerdo con el rumor, los alumnos podrían hacer una petición demostrando su unión, que según Tommy, consistiría en explorar en su interior algo verificable a través de sus trabajos de arte seleccionados para lo que durante la escuela llamaban “La Galería”, conformada a partir de proyectos artísticos que se les promovían realizar. “La Galería no era para explorar sus almas. Teníamos la Galería para ver si realmente tenían alma”, admite la directora, señalando la forma en que el arte, como forma de expresión, era la prueba que levantaba las preguntas éticas de la clonación al resto de la sociedad que había elegido ignorar aquella realidad.

Los alumnos en Hailsham son invitados a explorar con el arte su esencia y su identidad. No es obligatorio hacerlo, le tranquiliza a Tommy una de las maestras cuando él no encuentra la inspiración para hacer el tipo de obras que sus compañeros presentan, en el sentido de que el arte no puede forzarse, y el alma no puede disfrazarse, sino que debe salir de forma natural de la persona misma, según lo que pretenda expresar, indagar o profundizar sobre sí mismo o sobre su mundo y sus alrededores. Un dibujo puede representar un sueño, un miedo, un anhelo, una interpretación del ambiente en el que se vive, las personas con quienes se convive o las reflexiones que se hacen sobre uno mismo. Lo importante, lo que buscan los directivos seleccionando piezas para su Galería, no es descubrir la mejor técnica o el trazado de pintura o poesía más perfecto, sino la forma en que, a través de ellos, los alumnos demuestran su lado humano.

La historia propone una serie de preguntas sobre la ética médica, el arte o el qué nos hace humanos. Su ambiente nostálgico, enriquecido por la fotografía, la música o el diseño de producción y locaciones, es parte de aquella melancolía de vida, en soledad, por la que transitan sus personajes principales, en busca de amistad, amor, legado, trascendencia, importancia, solidaridad, apoyo, conocimiento o entendimiento, como cualquier otro ser humano, pero marcados por una etiqueta que les dice que, como clones, no tienen libertad para elegir sobre su derecho innato de existencia y de vida, que el resto de sus semejantes sí tienen; a ellos se les niega una vida, solamente por ser diferentes, lo que significa que no se les reconoce como humanos.

A la mitad de sus donaciones, Ruth pide a Kathy, entonces su cuidadora, llevarla a un viaje junto con Tommy, también en su segunda donación. Se dirigen a una playa donde un barco fue abandonado en la arena, una imagen que demuestra el estado quebrantado de su propia amistad, pero también el de su propia existencia. Un barco abandonado que ya no cumple su función, que ha sido olvidado, desechado, después de agotar toda su utilidad, perdiéndose en el olvido, tal como la sociedad los ha tratado a ellos, tal como la sociedad actual llega a tratar a muchos distintos grupos sociales que, valorando función o rendimiento, considera inútiles o prescindibles.

La discriminación, racial, sexual o de género, sigue presente y encontrando nuevas formas de expresión para grupos marginales de todo tipo. Dejamos de ver el lado humano de la gente en búsqueda sólo del beneficio propio. La situación plantea preguntas sobre la sociedad misma, sobre su organización y la conciencia moral, sobre la ciencia y la naturaleza del hombre, sobre la vida y la muerte y la forma en que el hombre (y con qué propósito) emplea su tiempo y su vida, entre el inicio y el final de su existir, en su importancia, presencia y trascendencia. El qué es lo que hace que valga la pena vivir y cómo cada persona lo determina de manera diferente, según sus experiencias o expectativas de vida y lo que quiere de su propio entorno y de sí mismo. Mirar al pasado y al futuro al mismo tiempo y estar satisfechos con las decisiones tomadas o la vida vivida. El destino [la muerte] de Kathy, Ruth y Tommy es inevitable, pero de alguna manera, también el de todos los hombres del planeta.

Nunca me Abandones

Dir. Mark Romanek

Reino Unido, 2010

Trailer 2:30

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Naranja Mecánica

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

naranja mecanicaEn el mundo, las frases y los dichos son parte de la cultura popular con contenido reflexivo que manifiestan una verdad, contienen una lección y hablan de una realidad a veces dada por sentado. “La violencia genera violencia” es una frase que advierte y analiza, critica y explora el comportamiento de una sociedad. No es un positivo o negativo del ambiente social, sino un hecho como tal, palpable y estudiado. Un acto cruel y violento sólo crea más violencia y caos y, por tanto, combatir la violencia no puede hacerse con acciones igualmente violentas. El dicho popular es claro y conocido, popularizado, sin embargo, entonces, ¿por qué se sigue propagando la violencia? Porque lo importante no son las palabras o esparcir los refranes, sino seguirlos con acciones.

 

En tono de sátira, Naranja Mecánica (Reino Unido, 1971), película escrita y dirigida por Stanley Kubrick, basada en la novela homónima de 1962 escrita por Anthony Burgess, con la participación de Malcolm McDowell en el papel principal y nominada a 4 premios Oscar (mejor película, mejor director, mejor guión adaptado y mejor montaje), presenta una realidad distópica en donde la sociedad, con su comportamiento, crea ciclos viciosos de violencia, donde lo importante no es la salud mental y física de sus habitantes, sino el poder y el control, un comportamiento que se extiende hacia las personas.

Alex es un carismático, extrovertido y vivaz joven adicto al sexo y la ultraviolencia (actos injustificados de extrema violencia), amante de la música clásica del compositor Beethoven. Su comportamiento afecta a otros y después de varios ejemplos de actos crueles hacia diferentes personas, desde robos, ataques con arma blanca y violaciones, Alex es detenido por la policía tras el asesinato involuntario de una mujer, luego de que sus amigos lo abandonan a la llegada de las autoridades, como venganza por su arrogancia como líder de la banda.

Después de dos años en prisión, en los que se ha acostumbrado a decir lo que sus superiores y supervisores quieren oír y aprendiendo de la hipocresía del sistema, que sólo genera más deseos de venganza con violencia dentro de él, producto de la forma en que lo tratan, el joven es aceptado para un tratamiento experimental (tratamiento Ludovico) que lo saque de la cárcel doce años antes de cumplir toda su sentencia.

El experimento es parte de un programa político interno (como parte de una estrategia de Biopolítica) que pretende realzar las bondades y la capacidad de cambio del Gobierno, con promesas para un mundo mejor, inexistente pero prometido. El tratamiento consiste en condicionar a Alex a través de imágenes de violencia repetidas (acompañadas de la música de Beethoven), que con el refuerzo de una droga específica le haga sentir dolor físico y lo conduzca a relacionar los actos de violencia con sufrimiento, de forma que automáticamente el dolor sufrido lo detenga ante cualquier acto violento o sexual hacia otros. Es decir, se ejerce violencia contra él para eliminar sus instintos violentos.

El problema del tratamiento es que condiciona conductas pero no cambia comportamientos. El experimento está trazado bajo las teorías conductistas de la psicología, que la película en tono de sátira exagera y critica. Alex mantendrá su personalidad cruel y seguirá teniendo el impulso de la violencia, la diferencia es que no podrá realizarla sin sentir dolor físico. ¿El tratamiento realmente reforma a Alex como los doctores y encargados han prometido?, ¿o más bien crea un conflicto interno que aumentará su resentimiento social?

El cambio no es interno pues la mente nunca logra procesar las implicaciones de un acto de violencia, ni diferenciar entre lo correcto o lo incorrecto, en la razón por la que debe o no debe herirse a las personas o las consecuencias de esta decisión. Sin este razonamiento y entendimiento, Alex es tratado como un simple animal al que tiene que entrenarse. Es como si se intentara enseñar a alguien que cuando hay nieve hace frío; no puede haber un condicionamiento (si hay nieve debe usarse chamarra), porque la persona sólo lo entenderá cuando su cerebro razone la relación entre la nieve y el sentir frío. Si el hombre sólo reacciona ante la temperatura del entorno, sin razonar los motivos, entonces queda estancado. La reacción impulsiva de usar una chamara sería la propia de un niño (al que se le dice lo que debe de hacer), por ejemplo, pero un adulto debe entender el concepto de frío o calor, el cambio de las estaciones del año, el motivo por el que baja la temperatura, o la importancia de cubrir su cuerpo ante el frío y las consecuencias de lo que pasaría si no lo hace. Es este razonamiento lo que lo motivaría a protegerse del frío y no la orden que se le impone.

Con la dinámica propuesta, no se deja a Alex una elección moral. Así lo reclama uno de los curas que trabaja en la prisión donde fue enviado el joven, hablando con su discurso de las posibles fallas del tratamiento y la forma en que no resuelve el problema de fondo. El pastor también señala, en otro punto de la historia: “Cuando un hombre no puede escoger, deja de ser hombre”.

 

El camino que continúa la sociedad con estas prácticas está destinado al totalitarismo, como señala uno de los personajes, cayendo en un sistema que contrata a personas llenas de violencia para fungir como policías (los compañeros de banda de Alex que eligen después esta profesión), en la idea de que su mano dura pondrá orden en las calles, o imponiendo reglas que debilitan la voluntad de las personas, como con el tratamiento Ludovico.

El sistema aquí es una forma de organización que sin ley ni orden elige, como solución, un radicalismo autoritario que genera más violencia, más venganza, más sacrificio y más negocios de intereses de poder. La cárcel y el experimento por los que pasa Alex no promueven la disciplina, sino el sometimiento; en la idea de cambiar lo malo por lo bueno, lo despojan de su ser; sin identidad (en la cárcel Alex deja de responder a su nombre para identificarse exclusivamente por su número de preso) o la sustentación de valores, personas como el joven protagonista pierden el sentido de su vida, de sociedad y de convivencia; gustarán de herir a otros porque es parte de la huella de su personalidad que aún queda latente, pero sin otras formas de comportamiento como guía, como ejemplo a seguir en solidaridad o caridad, que los haga o permita cambiar. Personas como él nunca lo harán, porque no pueden razonar correcto o incorrecto, ética, moral, valores o convivencia social. Han vivido en un ambiente violento, para después ser sancionados por ello y humillados, despojados de su dignidad y obligados a actuar de forma determinada, no por convicción, sino por temor al dolor, al castigo y a la represión.

Después de concluir el tratamiento y enviado de vuelta a la vida en sociedad, sin un lugar donde vivir y a expensas de la venganza de sus ex compañeros, ahora policías, Alex queda a la deriva del mismo sistema que lo puso ahí.

Huyendo encuentra alojamiento en la casa de una de las personas a quienes atacó años atrás, quien al descubrir que el joven reacciona con sufrimiento ante la música clásica de Beethoven (Alex reacciona de esta forma porque los videos de su tratamiento fueron acompañados con aquellas melodías clásicas, creando así su propia variable de conducta condicionada), decide realizar su propia tortura en venganza, bajo una filosofía, que genera más violencia, aquella del “ojo por ojo”. Lo que demuestra a su vez que la sociedad sigue generando impulsos violentos en los individuos, aunque se encuentren latentes, a la espera del momento y circunstancias que les permitan expresarse. La violencia parece inherente al comportamiento humano, por lo menos en la sociedad que viven los personajes de esta historia.

El gobierno elige los tratamientos para combatir al creciente número de reos en prisiones que ya no puede sostener económicamente; cuando el experimento falla, terceros cargan con la culpa del error y el resto de los implicados son manipulados, comprados o eliminados. Alex se convierte en una víctima del propio sistema que, en lugar de resolver su problema y el problema social, es encubierto y olvidado, enterrado entre otras noticias de aparente progreso. Alex no cambia ni aprende, por lo menos no a través de estos tratamientos y la forma en que el gobierno los utiliza para el control, pero al sistema no le interesa que lo haga, le interesa que la gente no sepa que personas como él no pueden ser reformadas bajo su mandato, porque no saben cómo hacerlo ni les interesa tampoco lograrlo.

De esta forma, la violencia que crea violencia se vuelve una frase trillada e incomprensible, porque tanta violencia ha hecho que las personas se acostumbren a ella, sin entender que el cambio no es erradicar el acto como tal, sino lograr que la sociedad no la necesite. Para erradicar la violencia entonces, primero muchas otras cosas deben cambiar en la sociedad: gobierno, reglas, normas y convivencia; en suma, se debe buscar la trasformación de fondo del sistema social fundamentado en la competencia, que obliga a actuar contra otros para poder ascender en la escala social y tener mejores niveles de vida.

Naranja Mecánica

Dir. Stanley Kubrick

Reino Unido, 1971

1:44

 

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

El cine siempre tiene algo que decir

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

foto diana
Foto: Diana Alcántara

¿Por qué y cómo seleccionar películas para ver? La razón no es siempre lo primero que pasa por la cabeza de alguien cuando elige ver o conocer más sobre un proyecto cinematográfico. Entretenimiento, diversión, pasar el rato, porque la recomendaron, porque es lo que hay, porque suena bien, porque se ve bien, porque sale alguien conocido, porque ha ganado premios en festivales, porque dicen que es buena, porque hay que hacer algo, porque me interesa; estas son sólo algunas de las tantas motivaciones, todas válidas, si bien cabe mencionar.

Hay tantas películas como estrellas en el cielo. La oferta es vasta y, gracias a la tecnología, las salas de cine o la televisión no son los únicos vehículos por los cuales es posible acercarse a la cinematografía en la actualidad. Si bien hay razones varias por las se realiza un proyecto de cine, explorar y hablar sobre las relaciones y la condición humana, conocer realidades a través de los documentales, crear historias divertidas para la familia o ahondar en la vida de personajes públicos, son sólo algunas de ellas; las mismas razones existen también para elegir verlas.

 

¿Son los clásicos del cine propuestas que “obligadamente” “debemos“ ver? La pregunta reconoce cuestiones importantes para analizar; finalmente un “clásico” es una obra cuya significación no se llega a agotar. Estas películas aportan algo especial al séptimo arte, su innovación sonora, visual, de narrativa, de actuación o de realización, pero también aportan al espectador en su experiencia de acercamiento (empatía, reflexión, análisis y cultura). De algunas se habla más o se habla menos, según su impacto social o cultural. “El Cantante de Jazz” (EUA, 1927), por mencionar una de ellas, es trascendente dada su importancia en la transición del cine mudo al sonoro.

 

Las historias que se han ubicado dentro de este rubro (películas clásicas o importantes para la industria cinematográfica), han sido determinadas así tras un análisis meticuloso (de contenido, técnica de realización e impacto) a cargo de estudiosos y otros realizadores de cine; una fuente importante es el American Film Institute (AFI), instituto de cine de EEUU, encargado de preservar material cinematográfico.

La relevancia fílmica, pero también la social y cultural de estas películas, existe por su capacidad para contar historias trascendentes, ya sea por su discurso de contenido o por el trabajo realizado por el equipo a cargo de éste. “Lo que el viento se llevó” (EUA, 1939), por mencionar un ejemplo, no es grande, cinematográficamente hablando, sólo por sus estrellas protagonistas, Clark Gable y Vivien Leigh, tampoco lo es por su superproducción de millones de dólares, ni por su colorido, vestuario, ambientación histórica (la Guerra de Secesión) o la labor de su(s) director(es), Victor Fleming (George Cukor y Sam Wood también participaron en algún momento realizando trabajo de dirección durante la producción). “Lo que el viento se llevó” es la suma de sus partes, y algo más, por eso verla es elegir observar todos estos elementos en conjunto, trabajando en uno solo, el cine (aunque ello no significa ni asegura que la película guste o no).

Cada relato cinematográfico, sea catalogado como clásico o no, tiene un mérito propio en su historia y en su realización, el poder contar algo a través de imágenes en movimiento acompañadas de sonido; ello significa de antemano un valor agregado cuando se ve una película, porque verla es aprehender lo bueno y lo malo del proyecto, en sus actuaciones, su historia o la forma convincente con la cuenta su mensaje, entre otras cosas.

Tal vez la percepción de una persona a otra, en cuanto a una misma historia, cambia, tanto por las diferentes perspectivas de cada individuo, basadas en su conocimiento y experiencias, como por las razones por las que se elige ver tal o cual película. A veces una historia, por muy simple que parezca (en su contenido, estructura o trama, o dentro de su presupuesto, producción o realización), si se ve con el fin del entretenimiento, por ejemplo, y ello se logra, ya ha cumplido su cometido y ha valido la pena verla y hacerla.

 

Cada quien decide por qué es importante ver una película, qué tanto se queda en su mente a partir de ella y en su aprendizaje, o cuál es el eco que deja la historia y el crecimiento de los personajes en su interior. La importancia de las historias cinematográficas, y de verlas, consiste en que a través de ellas el espectador se acerca a una mirada de la forma en que se percibe el mundo según el contexto en el que se realizan. Expresión y percepción en el modelo más básico de la comunicación: “emisor-mensaje-receptor”.

Antiguas, modernas, paródicas, futuristas o artísticas, todas las películas tienen algo que decir y todas tienen un sustento en su construcción (por muy exagerada que a veces parezca su desarrollo, trama, personajes o universo creado); ficción o realidad, la base de cada historia recae en la forma de expresar y de explorar la realidad a través de su construcción fílmica, trayendo con ello reflexiones y críticas sobre el desarrollo tecnológico, cultural, social o político, por mencionar algunos cuantos.

¿Qué nos anima a ver películas y qué se aprende de ellas? Muchas razones y muchas cosas. Buscar algo diferente y buscar variedad tal vez sea la clave de todo, mientras ver cine tenga una razón en nuestras vidas.

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo