16 abril, 2026

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Anatomía de un asesinato

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

La brecha que divide lo correcto de lo incorrecto, el bien y el mal, es sólo una cuestión de percepción en la que influyen factores como la educación, los valores, la ética, las creencias religiosas o las experiencias de vida. Lo que para una persona puede parecer correcto, para otra podría ser incorrecto, según su punto de vista de los hechos, su análisis de ellos y sus costumbres personales y de la sociedad. Las reglas, tradiciones, cultura y sistemas de organización proponen un orden con lineamientos a seguir, es decir, que estipulan, de alguna manera, los parámetros sobre lo que es libertad y lo que es incurrir en faltas que deben ser penalizadas. El sistema de justicia en la mayoría de países del mundo, si no es que en su totalidad, operan bajo esos principios ético-morales que definen cuáles acciones son sancionadas socialmente, estableciendo además los procedimientos jurídicos mediante los que se denuncia, investiga, interpreta y se dictamina una acción como causal o no, de un castigo o sanción.

 

En los países de Norteamérica la acción penal, después del proceso de averiguación, conduce a la realización de un juicio, en donde un juez se encarga de dictaminar la resolución conforme a lo establecido en las leyes y disposiciones jurídicas aplicables al caso. A veces un abogado no necesita demostrar que su cliente es culpable o inocente, sólo debe justificar sus acciones hasta un punto entendible en el que la sociedad lo perdone por sus acciones o conductas delincuentes; para hacerlo debe jugar con el enfoque de la percepción. Ese es el caso en la película Anatomía de un asesinato (EUA, 1959), un relato que se centra en la táctica con agilidad, inteligencia y maña de un abogado para convencer al jurado de dejar libre a su cliente, un militar que asesinó al hombre que abusó sexualmente de su esposa.

 

La película está dirigida por Otto Preminger, con un guión de Wendell Mayes, basado en la novela homónima de John D. Voelker, y protagonizada por James Stewart, Lee Remick, Ben Gazzara, Arthur O’Connell, Eve Arden, Kathryn Grant, George C. Scott y Brooks West; estuvo nominada a 7 premios Oscar: mejor película, director, guión adaptado, fotografía, montaje, actor principal (Stewart) y dos actores de reparto (Scott y O’Connell).

 

Paul Biegler es un abogado que recientemente no fue reelecto para su cargo de fiscal y desde entonces se la pasa deambulando en el ocio, saliendo a viajes de pesca o socializando en clubes con sus amigos. Su interés de regresar a la profesión lo encuentra cuando le piden representar a un hombre que ha matado al dueño de un bar. El plan de Biegler no es convencer a los miembros del jurado de la inocencia de su cliente, el Señor Manion, tanto porque varios testigos presenciaron el incidente como porque él mismo acepta su culpa, sino acomodar lo hechos, la evidencia y la información obtenida de las declaraciones de los testigos para que parezca que sus acciones son entendibles, incluso justificadas.

 

El abogado barajea las opciones según mejor puedan manipularse durante el juicio. Defensa propia o accidente involuntario son algunas de las posibilidades que consideran tanto él como su cliente, hasta decidirse por una defensa sustentada en la “locura temporal”, alegando que el impulso del momento, un impulso irresistible que no podría ser controlado y que lo empuja al asesinato, lo libra, de alguna forma, de su culpa y la responsabilidad de sus acciones.

 

El juicio se convierte en un vaivén de discursos entremezclados entre el abogado defensor y el fiscal de distrito, donde información es ocultada, omitida o manipulada, según le convenga a los respectivos fundamentos de cada discurso, dando a la argumentación jurídica relevancia en aquellos aspectos que en opinión de cada sustentante más favorezcan a la causa que representan: Biegler, en favor de su defendido, el fiscal  en función de encontrar los elementos probatorios de culpabilidad del asesino confeso.

 

Así, por ejemplo, Biegler interrogando al mesero del bar que presenció el asesinato, presenta evidencia de que el hombre asesinado guardaba un arma detrás de la barra del bar del establecimiento. El fiscal objeta diciendo que la información es irrelevante, ya que el abogado defensor sostiene su caso en que el crimen fue cometido por locura temporal, no que se justifica como defensa propia. Éste como otros hechos factuales sólo cobran importancia según se acomodan en la ecuación; que el otro tenga un arma sólo destaca si el acusado disparó y lo mató en defensa propia, pero deja de ser relevante si se acuerda que el asesinato sí se realizó de manera premeditada como venganza, pero por causa de un estado mental en que el cerebro no razonaba de forma clara al momento de jalar el gatillo.

 

Anatomía de un asesinato | Dir. Otto Preminger | E.U.A. 1959

 

Biegler se las ingenia para manejar la información y manipular la situación, pero porque el sistema así se lo permite. El eje que mueve el juicio y confronta abogados es el determinar cuál fue la razón, la causa, por la que Manion asesinó y cómo o qué tanto, se puede castigar este acto. La fiscalía sostiene que fue un asesinato premeditado y doloso que debe ser castigado con rigor independientemente de la razón, pero además, que el acusado sabe de su culpa y miente al decir que no recuerda el crimen o que no sabe la razón por la que cometió el asesinato. El abogado defensor, por su parte, opta por el camino contrario y su defensa de “locura temporal”, reforzada por el abuso sexual hacia la mujer del detenido, es utilizada para excusar las acciones del militar, para justificar un crimen en función de reacciones provocadas por la conducta también delictiva del asesinado, como pidiendo al jurado perdonar al criminal citando una especie de justicia colateral: el hombre disparó contra a alguien, pero ese alguien lo merecía por ser un violador. Biegler pone al acusado en un nivel empático, juega con las emociones del jurado y al mismo tiempo hace a menos el asesinato, camuflándolo de motivos secundarios imposibles de comprobar, pues el impulso irresistible que cita es un estado mental analizable pero no evidente, ni palpable, ni posible de demostrar.

 

Como abogado, Biegler cumple su función, hace su trabajo y logra su objetivo, triunfar en su profesión; para él el caso es sólo eso, un caso a ganar, no un asesinato y no un crimen, sino un conjunto de información que debe razonar, defender, excluir, eludir o refutar con sustento a favor de su causa. Su actitud desenfadada y tranquila en el tribunal es respuesta a la dureza con que actúa su contrario, el fiscal general, quien con una forma directa y rígida para dirigirse hacia los testigos pretende intimidar a los personas hasta el punto de forzarlos a decir la verdad, o por lo menos lo que él quiere escuchar y que escuchen los miembros del jurado. Las distracciones como las bromas o una actitud a la ligera con que aborda ciertos aspectos del juicio es la forma como el abogado defensor busca romper con la tensión, en busca de simpatía y empatía para él y, por extensión, también para su cliente.

 

Su caso se construye con distracciones colaterales no siempre basadas en la evidencia, sino en la actitud del momento, el espectáculo con que puede envolver el juicio, por ejemplo, objetando contra todo detalle o poniendo sobre la mesa cualquier información, completa o incompleta, que pueda cubrir, confundir o contradecir a otra. Su estrategia incluye la manipulación de la percepción y la imagen, generando apariencias, retomando los hechos no como fueron, sino cómo pueden ser percibidos, como quiere que sean observados para impactar en las emociones y sentimientos de quienes juzgan, enfatizando referencias relacionadas con el pasado militar y de guerra por el que ha pasado el acusado, su experiencia con el uso de armas y la forma como su profesión puede tener resonancia en su conducta.

 

Para Beigler el caso es estrategia, no justicia ni líneas divisorias entre lo correcto y lo incorrecto. “Justicia poética”, dice su amigo y socio, quien resume con el concepto la situación de su realidad: el declarado inocente Manion huye con su esposa de la ciudad, sin haberles pagado por sus servicios, obligándolos a trabajar como abogados en el caso administrativo de la herencia del bar, del que era dueño el hombre asesinado. La justicia poética es un recurso literario en el que la virtud es recompensada y el vicio es castigado, normalmente en un giro irónico provocado por las mismas acciones de los personajes. Aunque, en este caso, parece evidenciar que manipular las emociones para justificar un delito no necesariamente significa verdadera inocencia y/o benevolencia del implicado.

Anatomía de un asesinato

Dir. Otto Preminger

Estados Unidos 1959

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Arquetipos en el cine

Por : Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Un arquetipo es un modelo a seguir, es una imagen prototipo para copiar y reproducir; idealmente, un patrón que sirva como base para moldear o perfeccionar algo. Dentro del cine, los arquetipos pueden encontrarse en los géneros cinematográficos y en el trazo de personajes como elementos repetidos que crean estándares, fórmulas o patrones.

 

En las películas, por ejemplo, la herramienta está presenta en la construcción de historias, con elementos comunes dentro de un mismo género cinematográfico o secuencia de acciones en el desarrollo (el orden en que suceden los hechos durante el planteamiento, nudo y desenlace). El montaje de entrada con que se conoce a los personajes principales, el beso de la pareja protagonista al final de la película o el que todo parezca perdido para el héroe, justo antes de decidirse a luchar o realizar un último esfuerzo para completar su misión, son algunos ejemplos de ocasiones en que pueden presentarse arquetipos de estructura en  las historias cinematográficas.

 

Estos elementos constantes dentro de un mismo tipo de relato también se hacen presentes en el trazo de personajes, cuando comparten particulares rasgos o características. Los personajes arquetipo son aquellos que presentan similitudes en diversas historias pero bajo los mismos estándares, escenarios y contextos: el mago sabio que guía al héroe o el guerrero que pelea a pesar de que todo esté en su contra.

 

Los arquetipos se diferencian de los estereotipos porque estos últimos son una versión exagerada de esas características que los identifica. El estereotipo es aquel personaje latino que trabaja como ayudante en la casa de su patrón, o el hombre adinerado que despilfarra el dinero con arrogancia. Por su parte un arquetipo es, por ejemplo, aquel personaje que funge como mentor del héroe: por ejemplo los papás de Superman, Dumbledore para Harry Potter u Obi Wan Kenobi para Luke Skywalker.

 

Obi Wan Kenobi en Star Wars: Epidoio IV | Dir. George Lucas | Estados Unidos 1977

 

La función de los arquetipos es ayudar a entender la historia para el espectador mismo, pero, incluso para la historia en sí y sus personajes, porque dan lógica y progresión al relato. El héroe necesita un villano, el príncipe necesita a la princesa a la que debe rescatar y necesita incluso la presencia del dragón que defiende la torre donde está encerrada la princesa, como obstáculo en su misión. Con ellos, el cuento tiene una estructura básica que seguir, sin ellos, los elementos no siempre tienen cohesión ni progresión.

 

Como lo dice la teoría estructuralista, los elementos de una estructura cumplen una función concreta para su funcionamiento, interrelacionándose entre sí para la construcción de esa estructura, sin éstos la organización narrativa puede presentar fisuras. En este caso, la película o la historia necesitan esas herramientas arquetípicas para funcionar, pues permiten captar los valores que se quieren expresar y cohesionan a los personajes. En el libro The Writer’s Journey, de Christopher Vogler, se ahonda en los 8 arquetipos más comunes que se pueden encontrar y que son necesarios para la construcción de una historia (aunque no todos aparezcan forzosamente en el relato): a) el héroe, b) el mentor, c) la sombra (villano o enemigo), d) el anuncio (persona o evento que llama a la aventura), e) guardianes del umbral (obstáculos que se interponen), f) cambiantes (persona que al cambiar de opinión, sentimientos o perspectiva, da un giro diferente al curso de la historia), g) embaucadores y h) aliados.

 

Su propósito es facilitar el camino para entender el mundo de ficción que se presenta y poder relacionarlo con el mundo real. Sin los elementos de arquetipos, la historia no tendría lógica, es decir, su presencia ayuda al relato, porque, por citar un ejemplo conocido, Luke Skywalker no habría logrado su misión sin el apoyo y enseñanzas de Obi Wan Kenobi. Esa es la relevancia de la presencia de los arquetipos, que cumplen un propósito esencial a la coherencia narrativa.

 

El uso y abuso de estos elementos, sin embargo, crea lugares comunes, fórmulas repetidas que se desgastan y desgastan a la cinematografía. Si todos estos elementos se repiten y se exageran sin control y falta de creatividad, surgen entonces los clichés y los estereotipos; películas románticas que siempre tratan de lo mismo, o bien, películas de terror que siempre siguen la misma línea de acción y desenvolvimiento de sucesos (los mismos sustos, los mismos fantasmas, la misma familia perseguida por espíritus tras mudarse a una nueva casa), provocando que la historia se vuelva predecible, irrelevante o reiterativa.

 

«Dory» en Buscando a Nemo | Directores: Andrew Stanton y Lee Unkrich | Estados Unidos, 2013

 

Con los arquetipos se desdibujan personajes para lograr su transformación, según su función, es decir, cambian con el contexto y con el tipo de historia que se cuente. El personaje del acompañante del héroe que trae emoción y espíritu a la historia cambia según el tipo de relato que se trate. Dory en Buscando a Nemo, Ron en Harry Potter, Burro en Shrek, Frank (el perro) en Hombres de Negro, o Ruby Rhod en El Quinto Elemento; todos hacen una misma función en la historia a la que pertenecen, ese es su arquetipo, pero se diferencian entre sí, en su personalidad, características, físico y crecimiento como personajes, porque pertenecen a diferentes contextos. Todos tienen un tino cómico, por ejemplo, pero no son el mismo personaje disfrazado con otra piel, porque su arquetipo es su función, el estereotipo son todas sus similitudes. Si hablamos del niño gracioso en la película infantil, aquel que siempre es pecoso o de cara redonda, entonces hablamos de un estereotipo, porque ese personaje es el mismo tipo de niño dentro de todas esas distintas historias, su mismo trazo, apariencia, bromas, relación con otros personajes y crecimiento como personaje.

 

El psicólogo Carl Gustav Jung habla de los arquetipos en el inconsciente colectivo: imágenes simbólicas como representaciones culturales, y no debemos olvidar que el espacio cultural es en esencia simbólico; por ejemplo, una paloma blanca como símbolo de paz, libertad o pureza. Lo propuesto por Jung es que los arquetipos son modelos (prototipos) que se forman en el inconsciente, porque se aprenden por el contexto cultural, no se enseñan, sino que se vuelven innatos dentro de la cultura; pueden ser repeticiones de las experiencias de la vida diaria que eventualmente son entendidas como una misma representación, una constante. Así, los relatos cinematográficos forman arquetipos, pero los arquetipos se van conformando del inconsciente colectivo de entre la sociedad. Es una relación bilateral que se alimenta entre sí.  Todos los brasileños juegan fútbol, todas las chicas populares son “fresas” y bonitas en las películas adolescentes, la chica popular es la contrincante-adversaria de la protagonista de la historia; ¿arquetipos o estereotipos?

 

El inconsciente colectivo permite entonces al espectador entender la historia fílmica a la que se acerca, gracias a los arquetipos y símbolos que se presentan. No hace falta que un personaje hable de paz para que la audiencia lo entienda, sólo es necesario mostrar una paloma blanca para relacionarla con el símbolo de libertad. Valores entendidos y lugares comunes.

 

El arquetipo existe como elemento de traducción del mensaje (la película). Kaa, la serpiente en El libro de la Selva, es uno de los villanos de la historia, porque cumple una función de arquetipo, correspondiente con la forma como el inconsciente colectivo percibe las cualidades del animal, venenosas según las particularidades naturales de las serpientes.

 

En el cine lo importante es saber reconocer esos elementos, sus cualidades y características, pero sin exagerarlas al momento de ponerlas en circulación. En Toy Story 3, Lotso, el personaje del oso de peluche rosa, resulta ser el villano de la historia, cumpliendo así con su arquetipo pero yendo en contra de su estereotipo. Esa forma ingeniosa de cumplir con un arquetipo sin caer en el estereotipo es la mejor forma de enriquecer una historia. Los arquetipos, después de todo, siempre están presentes para dar estructura a las películas y cumplen un fin específico para dar presencia a los personajes (si un personaje o elemento de la trama no aporta nada al relato, entonces está de más); pero son eso, exclusivamente elementos que sostienen, moldean o construyen una película. Es aquello que los diferencia y los hace únicos lo que en realidad hace que la historia sea eficaz.

 

Diana Miriam
Diana Miriam

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

Cine de nostalgia, cine ambientado

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

durango-2016-museo-de-la-ciudadSe dice que son los vencedores los que escriben la historia, no los vencidos; y si bien esta es una forma de ver los hechos, lo cierto es que la historia está escrita, narrada y transmitida  a través de las perspectivas de algunos, no de todos; estas perspectivas son sólo puntos de vista del pasado y no siempre representan lo que verdaderamente fue.

En el cine es común encontrar historias ambientadas en otras épocas, evocando hechos históricos o dando su toque de ficción a realidades pasadas, presentes y futuras. El tiempo pasado siempre tiene su mirada hacia el futuro, pero ese futuro es pasado en el tiempo presente. Recordar y vislumbrar son dos estados necesarios para la creación de narrativas de cualquier tipo y de cualquier época.

Una película se construye en su temática, su arte, su color, su música y su narrativa. Estos elementos transportan al espectador a un mundo creado y recreado. Las películas futuristas pueden soñar con las formas posibles, mientras las películas ambientadas en el presente deben capturar la realidad y el contexto en el que se vive, pero el trabajo de una película que se desarrolla en una época pasada tiene la labor de recordar y representar aquella ambientación que existió, que fue.

Películas que toman lugar en siglos pasados, en décadas pasadas o en años pasados, en donde la gente vestía diferente, hablaba diferente y pensaba diferente de nuestra cotidiana realidad y que hacen necesario el uso de herramientas que ayuden a precisar tal ambientación, ya sea con el apoyo de la música, el vestuario o el diseño audiovisual, como los colores de las imágenes, la música que acompaña a los personajes en sus aventuras o las secuencias de créditos que dan contexto a la historia, entre otros.

Estas formas de cine y de narrativa se construyen representando las ideas actuales que se tienen sobre el pasado, es decir, que se recrea una época pasada de acuerdo con los parámetros últimos que se tienen sobre un tiempo extinto.

Ejemplos de ello están en el cine bélico, el cine histórico o el cine biográfico, que cuentan relatos del pasado en su ambientación, contexto y escenario. Películas que recrean la vida en la antigua Roma, que toman lugar durante una guerra o un reinado de siglos pasados, películas relacionadas con momentos históricos que tienen como trabajo simular una realidad, simular artísticamente un pasado, casi estereotipado, como una forma en la que sea entendido y aprehendido de acuerdo con el colectivo popular que se tenga de él.

A través de documentación específica, departamentos de áreas como vestuario, maquillaje, diseño de set y ambientación, entre otros [incluyendo enfáticamente la labor de producción y escritura de guión], deben capturar los estándares generales que caracterizan una época y reproducirlos de manera fehaciente, convincente, real y verosímil.

¿Es posible encontrar diferencias entre una película moderna ambientada en la década de 1970 a una película de esos años realizada en su presente? Es posible, sin embargo, el factor nostalgia juega un papel importante en la percepción y asimilación de lo que se ve en pantalla.

La película que evoca un pasado y la película que representa un presente propio son dos posibilidades construidas y entendidas de diferentes  maneras; la base y estructura narrativa de cada relato, la historia en sí, no se apoya de la misma manera en su desarrollo en uno u otro caso. En ambas situaciones, la ambientación y el contexto son formas estéticas de apoyo visual y contextual que el espectador percibe, la forma en la que lo hace es lo que diferencia una experiencia de otra.

Es imposible no mirar al pasado, como lo sería no pretender imaginar el futuro o reflejar el presente; las historias y las narrativas en las áreas artísticas son formas de reflexión, creatividad y expresión que indagan temáticas; esas temáticas incluyen la historia del hombre, en cualquiera de sus modalidades y temporalidades. El cine lo hace y lo hace de manera frecuente.

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

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Imaginaria Mexicana. Guionista de televisión, ficción y documental. Directora, investigadora social. Productora Audiovisual y diseñadora publicitaria.   Filmakersmovie combina sus pasiones, la difusión, las relaciones humanas y sociales, propalando historias universales, testimonios de vida.

 

 

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Iván Uriel Atanacio Medellín | elsurconovela | @ElSurcoNovela

Iván Uriel Atanacio Medellín es un escritor, productor, director y politólogo, especialista en sistema político, desarrollo social y migración. Su novela “El Surco, historias cortas para vidas largas” describe los senderos migrantes, cuya narrativa innovadora ha sido reconocida como la aportación mexicana a la literatura posmoderna latinoamericana. Ha diseñado políticas públicas, programas académicos y sido conferencista en diversos congresos internacionales. Su  motivación logra la creación del documental “Tú Ciudad…Tus Derechos” y Filmakersmovie.com

Andrés Palma Buratta
Andrés Palma Buratta

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andresdepalma

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Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks.

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Columnista Invitada
Diana Miriam Alcántara Meléndez | México | España

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Juan Pablo Mejía | @jpabloks | México

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Publicista y Diseñador Web,  su basta experiencia en Diseño y Desarrollo Web lo ha llevado a crear sitios de información, cultura, gastronomía, comunicaciones, en Internet, así mismo ha participado con ONGs. Como Publicista su experiencia nacional e internacional ha cruzado el camino de la cinematografía. Es Juan Pablo el responsable de dar rostro y una navegación funcional a Filmakersmovie.com

V de Venganza

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Un ideal, una idea percibida y razonada, opiniones, creencias, convicciones, entendimiento y conocimiento sobre algo, son componentes del imaginario colectivo que orienta conductas y acciones sociales. Las acciones y decisiones del hombre están regidas por estas ideas, por sus ideales y por la forma cómo los defiende, los sigue, los asume y lucha por ellos. Una sociedad sin ideales es una sociedad vacía, porque no se guía por sus pensamientos, sino por los de otros y por lo que le dicen hacer, resultando en regímenes absolutos, totalitarios, autoritarios, controladores y faltos de libertad e independencia para sus ciudadanos.

Afiche V for VendettaEn V de Venganza (EUA-Reino Unido-Alemania, 2005), película dirigida por James McTeigue, escrita por Los Hermanos Wachowski, basándose en la novela gráfica “V for Vendetta”, de David Lloyd y Alan Moore; y protagonizada por Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, Stephen Fry y John Hurt, se vive un mundo así. Donde las prohibiciones a la libertad imperan y el ambiente que se vive es de miedo, de temor a la represión, en donde el toque de queda es permanente y no permite a las personas ser libres o elegir sobre sus acciones, espacios o tiempo; donde la vigilancia extrema mantiene al gobierno al tanto de las actividades de la gente en todo momento y en todo lugar: en su trabajo, su casa o su espacio de ocio, juzgando lo que piensan, dicen y opinan, reprimiendo a aquellos que se permiten un grado de individualidad o contrariedad, “donde lo diferente se volvió peligroso”, como dice V, un revolucionario que busca un cambio para el mundo en el que vive, necesitado de despertar de la opresión en que los mantiene su Canciller, con censuras a la libertad de expresión, el uso de los medios de comunicación para fabricar o cubrir la verdad detrás de las noticias, o con la transmisión de programas propagandísticos donde se repite a la gente, una y otra vez, incesantemente, aquello en lo que deben creer (en su gobierno) y lo que deben negar y rechazar (cualquier otro sistema de organización social).

V conoce a Evey, una joven tranquila y callada que no cuestiona su entorno para no participar ni en positivo o negativo en su sociedad (por precaución, miedo o necesidad de sobrevivencia). Evey es casi indiferente (e ingenua) sobre las injusticias en sus alrededores, sobre el sistema político imperante, y sus acciones demuestran ese estado pasivo, de temor, de autocontrol, de sumisión, que impera entre los ciudadanos que, como ella, se ajustan a las estrictas reglas que su gobierno fascista impone, en lugar de cuestionar la forma en que se rige su país, Inglaterra, en el caso de este escenario distópico.

En nombre de la justicia, pero también de la venganza, V realiza una serie de actos violentos contra su gobierno, no para incitar la ira de las personas, o para pedirles que reaccionen como él, sino para hacerles ver la forma en que sus líderes se han beneficiado de su indiferencia o falta de conocimiento y acción, para demostrar que el gobierno  ha construido un discurso falso para justificar y legalizar sus acciones autoritarias; V se esfuerza por hacer ver a los ciudadanos que no merecen la realidad en la que viven, ni el gobierno que tienen, pero que sólo ellos pueden exigir un cambio y realizarlo. “Si quieren encontrar a un culpable, sólo basta mirarse en el espejo”, dice V, quien habla de cómo las personas son responsables de su realidad, pero también refiriéndose, directamente, al motivo de sus actos, como propia venganza personal, matando a los responsables de su tragedia de vida. Una historia que impacta directamente sobre la forma de gobierno del momento, sobre el sistema político, respecto a la organización económica y los medios masivos de comunicación, así como otros aspectos que conforman la cotidiana desdicha humana.

La red de engaños crece entre las altas esferas del poder, cuando el gobierno realizó experimentos en humanos (encarcelando para ello a diferentes personas, entre ellos la gente de las minorías, como Valerie, de la celda junto a V, una mujer detenida sólo por sus preferencias sexuales). Estos hombres se hicieron del control y el poder una vez que se desató el caos, que ellos mismos provocaron a través de atentados bacteriológicos; como dueños del virus y la cura al mismo tiempo, empujando a una sociedad en crisis en una búsqueda por la supervivencia, donde la promesa de un mundo mejor viene de los mismos hombres que crearon ese desorden. El Gobierno actúa a su favor y en beneficio propio, a expensas de los demás, de sus ciudadanos.

Enmascarado con una careta que emula la imagen de Guy Fawkes (1570-1606; quien participó en la “Conspiración de la pólvora”, un plan fallido que intentó destruir el Parlamento Inglés con motivo de terminar con las persecuciones religiosas), V exige justicia a los responsables del colapso de la sociedad. El objetivo de V es castigar a aquellos funcionarios del gobierno que han llevado a la sociedad al sometimiento, no las personas inocentes presas de esta realidad. El Canciller y sus colegas crearon miedo y se hicieron de los medios e instrumentos (la policía, la milicia o los medios de comunicación) para mantener custodiada a su gente, incluso sin que ellos se dieran cuenta y bajo la falsa impresión de calma, seguridad y progreso.

V for vendetta | Dir. James McTeigue | E.U.A. ,Reino Unido y Alemania, 2006
V de venganza | Dir. James McTeigue | E.U.A. ,Reino Unido y Alemania, 2006

La forma en que lo hicieron fue evitando la individualidad, la libertad, el pensamiento, la expresión y los ideales (que no fueran los suyos), creando listas negras o prohibiendo aquello que invitara a la gente a pensar, como el arte, los libros, la música o la pintura, objetos catalogados en este mundo ficticio como pertenecientes al “Ministerio de Materiales Ofensivos”. Sin reflexión no hay ideales y sin ideales la gente es manipulable. El arte promueve el pensamiento crítico y los gobiernos totalitarios como el de esta historia lo primero que hacen, en su ascenso al poder, es desaparecerlo.

 

El objetivo de V es reconocer las oportunidades (para el cambio) y tomarlas, con el propósito final de destruir el Parlamento, edificación que simboliza la corrupción del sistema gubernamental en el que vive. “El edificio es un símbolo. El acto de destruirlo también. El pueblo da poder a los símbolos. Solo, un símbolo no significa nada, pero con bastante gente, volar un edificio puede cambiar el mundo”, le explica a Evey.

Aunque lucha por ideales, “Las palabras siempre tendrán su poder”, dice él, V realiza una serie de acciones drásticas en el entendido de que sólo así, llevando a un punto límite la situación, las personas podrán entender el estado de sometimiento en el que se encuentran, sólo así reaccionarán. La realidad tan radical de este mundo ha llevado a la gente a aceptar con miedo su entorno y el poder de sus gobernantes sobre ellos, al grado que sólo un acto de extremo impacto como el que planea V puede hacerles ver el estado crítico de su sociedad.

Al final, la elección de la acción, destruir con explosivos el Parlamento, se la deja a Evey, sabiendo que el futuro de cambio que le depara a su sociedad no está en sus manos, sino en las de las personas como ella, que han reconocido la necesidad de un futuro diferente, de romper, metafóricamente hablando, las cadenas y paredes de su prisión, personas jóvenes, no necesariamente de edad, con coraje e inteligencia, que comienzan a entender su ambiente y que, por ello, aún no han sido corrompidos por otros propósitos de poder, avaricia o control.

“El pueblo no debe temerle a su Gobierno. El Gobierno debe temerle a su pueblo”, dice V, en el sentido de que los gobernantes deben servir a su sociedad, no a sus intereses propios. ¿Por qué temerle a un líder tirano si él es sólo uno, en contra de una multitud que puede tomar las riendas de su destino? Incluso los medios masivos de comunicación o la policía, herramientas del totalitarismo para sostener su régimen cuando son tomadas bajo su control, que deberían velar por los intereses de la sociedad, pues son parte de ella, al seguir las órdenes de su gobierno, se doblegan.

V enseña a Evey a ser libre de su propia persona, evitando las barreras autoimpuestas que la retraen, para lograr estar en control de sus emociones, acciones y decisiones. Cada individuo debe ser así, compartiendo ideales de bienestar social, que al mismo tiempo les permitan desarrollarse como individuos y como comunidad, en armonía. Una sociedad funciona eligiendo a su gobierno y exigiendo lo que necesita de él para su funcionamiento. Ese “ideal” es el “ideal”, el perfecto utópico que debería ser.

La película presenta un mundo distópico (el antónimo de utopía) basado en una realidad que puede llegar a ser palpable en algunos rincones del mundo actual. El cine refleja y reflexiona sobre su entorno (el hombre en su sociedad), y lo analiza, ofreciendo una gama crítica de opiniones y oportunidades. Evey señala: “Mi padre solía decir que los artistas mienten para decir la verdad, mientras que los políticos mienten para ocultarla.”

V de venganza

Dir. James McTeigue

E.U.A. ,Reino Unido y Alemania, 2006

 

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Nunca me abandones

Por : Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Afiche nunca me abandonesEn la literatura o el cine, un mundo distópico hace uso de los elementos que lo conforman como herramientas metafóricas que permitan reflexión y análisis del mundo real en el que se basan; sus temas y discusiones, ambientados en un universo creado o ficticio, reflejan temáticas con eco en la realidad presente; se trata de sociedades no deseadas, irreales, pero trazadas a partir de una actualidad, con sus problemáticas, preocupaciones, desarrollo y limitantes.

Abordando temas como la naturaleza de la esencia del hombre o el propósito de su existencia, Nunca me abandones (Reino Unido, 2010) es una historia dramática, en un universo distópico, que trata la vida de Kathy, Ruth y Tommy, tres amigos que crecen en la escuela de Hailsham. Con el tiempo, madurez y conocimiento, los jóvenes van entendiendo la realidad de su existencia, que son clones creados en un laboratorio destinados a convertirse en donadores de órganos, hasta morir.

La película está dirigida por Mark Romanek y escrita por Alex Garland, basándose en la novela literaria original de Kazuo Ishiguro; protagonizada por Carey Mulligan, Keira Knightley, Andrew Garfield, Isobel Meikle-Small, Ella Purnell, Charlie Rowe, Sally Hawkins, Charlotte Rampling, Nathalie Richard, Domhnall Gleeson y Andrea Riseborough.

En búsqueda de una identidad propia para entender su realidad y su papel en el mundo, para descubrir quiénes son y cuál es su función, ya sea explorando su naturaleza humana o intentando encontrar a la persona “original” en la que fueron basados (hasta llegar a convencerse que fueron moldeados a partir de los peores humanos imaginables en el planeta, y que por eso no se espera nada más de ellos), los personajes experimentan la naturalidad de las etapas propias de la vida, con las mismas inquietudes que un adolescente o adulto cualquiera, en su sexualidad, formación, relaciones o individualidad.

Ellos crecen creándose expectativas limitadas de un mundo mejor y un futuro propio, pero sin la verdadera posibilidad de él, pues su destino tiene relación directa con el propósito por el que fueron creados. Aunque en Hailsham son tratados como personas, humanos con sentimientos, pensamientos y emociones propias y distintivas, su escuela es la excepción a la regla, y poco a poco descubren que la sociedad ha adoptado la rutina de verlos como objetos proveedores de órganos, cosechas que distribuyen la mercancía que necesitan. La ciencia crea vida, humanos con mente propia, con ideas, pensamientos y sentimientos que tienen algo qué decir, pero centra su favor y atención en los beneficios médicos, no en las cuestiones éticas y morales que implica la clonación de una persona, ni en los que derivan del inminente fallecimiento por el deterioro físico que significan las operaciones para la donación de órganos.

“No somos máquinas. Termina por desgastarnos”, reflexiona Kathy, quien observa la forma en que son tratados, con reservas y a distancia, ofreciéndoseles cuidados básicos como educación, comida y hogar, pero también recalcando de forma condicionada las limitantes de su existencia. Como donantes se les designa una función desde pequeños, sin la posibilidad de permitirse crecer; ellos no podrán viajar, tener hijos, enamorarse o envejecer; esa es la realidad que tienen que afrontar, el deber cumplir un rol en su función como donantes. Cada persona lo asume de manera diferente, adaptándose y saciando en lo posible esa sed de vivir que late en su interior, que les exige vivencias y experiencias nuevas, conformándose con lo que tienen a su alcance y disfrutando de aquello a lo que sí tienen oportunidad de acceder, su compañía mutua, por ejemplo.

Los clones tienen una obligación tatuada que les reclama un tipo de vida y les cierra las puertas de la curiosidad. Se le enseña qué pueden o no pueden hacer y se les coarta la libertad de conocer el mundo (aprendiendo de la convivencia social a través de juegos de rol o lo que miran en la televisión); ellos no conocen otra cosa que el mundo limitado en el que se les recluye y sin un referente, no pueden explorar más, no puede negar su función, porque para ellos eso es lo correcto, vivir y morir para ayudar a otros con sus donaciones. Aunque ello no restringe un desarrollo propio con ideales, convicciones y personalidad. Su cuerpo y mente les exige crecer, porque un hombre encerrado tiene la necesidad de salir de las barreras que lo limitan; tal vez no pueden huir, pero sí pueden imaginar; así como saben que morirán, saben que tienen un tiempo de vida que llenar con acciones relevantes que les den un motivo de existencia, un sentido humano a su vivir.

En el fondo, son tan humanos como cualquier otro, porque tienen inquietudes y aspiraciones, porque necesitan entender su mundo para responderse a la razón de su existir; no en el sentido práctico como donadores de órganos, sino en el sentido biológico y racional.

Para lidiar con su mundo entonces deben darse un propósito. Kathy encuentra en su actividad como cuidadora (de donantes), su motivo de vida. Lo que para otros puede ser una rutina tediosa, de vida monótona, al lado de pacientes recuperándose de sus operaciones y viéndolos “finalizar” después de cierto número de donaciones, para Kathy es un motor que la despierta, para cumplir un propósito más satisfactorio de su existencia, con apoyo, ayuda y convivencia hacia otros y hacia ella misma. La joven ve en su función un motivo por el cual vivir, que al mismo tiempo la distraiga de tener que esperar la fecha de su propia muerte, como muchos otros hacen.

Con un rumbo trazado de manera predeterminada, estos personajes no tienen otra opción que disfrutar, en su forma propia, el tiempo que tienen para compartir, crecer, amar, aprender o  conocer. Un paseo, una plática, una comida o una lectura, todo toma gran significado porque son los pequeños detalles los que hacen la diferencia. Si como clones no pueden huir de su destino, pueden al menos hacer algo significativo con el tiempo intermedio, para ser relevantes, tanto para sí como para con las personas con las que conviven, o con aquellas a las que, sin conocer, ayudan con su propio sacrificio.

El escenario de la historia es una metáfora sobre la vida misma y las preguntas que el hombre se hace sobre su existencia. Kathy, al perder a sus amigos tras varias operaciones de donación, reflexiona sobre la manera en que ellos convergen con la vida de los que salvan, preguntándose si no de una forma u otra, todos eventualmente se encuentran con su muerte, su finalización como le llaman ellos a la última etapa de su proceso de vida.

Usábamos su arte para ver lo que eran capaces de hacer”, menciona la directora de la escuela, con quien Kathy y Tommy se encuentran años después, en búsqueda de una postergación que les permita estar más tiempo juntos como pareja antes de finalizar sus donaciones. De acuerdo con el rumor, los alumnos podrían hacer una petición demostrando su unión, que según Tommy, consistiría en explorar en su interior algo verificable a través de sus trabajos de arte seleccionados para lo que durante la escuela llamaban “La Galería”, conformada a partir de proyectos artísticos que se les promovían realizar. “La Galería no era para explorar sus almas. Teníamos la Galería para ver si realmente tenían alma”, admite la directora, señalando la forma en que el arte, como forma de expresión, era la prueba que levantaba las preguntas éticas de la clonación al resto de la sociedad que había elegido ignorar aquella realidad.

Los alumnos en Hailsham son invitados a explorar con el arte su esencia y su identidad. No es obligatorio hacerlo, le tranquiliza a Tommy una de las maestras cuando él no encuentra la inspiración para hacer el tipo de obras que sus compañeros presentan, en el sentido de que el arte no puede forzarse, y el alma no puede disfrazarse, sino que debe salir de forma natural de la persona misma, según lo que pretenda expresar, indagar o profundizar sobre sí mismo o sobre su mundo y sus alrededores. Un dibujo puede representar un sueño, un miedo, un anhelo, una interpretación del ambiente en el que se vive, las personas con quienes se convive o las reflexiones que se hacen sobre uno mismo. Lo importante, lo que buscan los directivos seleccionando piezas para su Galería, no es descubrir la mejor técnica o el trazado de pintura o poesía más perfecto, sino la forma en que, a través de ellos, los alumnos demuestran su lado humano.

La historia propone una serie de preguntas sobre la ética médica, el arte o el qué nos hace humanos. Su ambiente nostálgico, enriquecido por la fotografía, la música o el diseño de producción y locaciones, es parte de aquella melancolía de vida, en soledad, por la que transitan sus personajes principales, en busca de amistad, amor, legado, trascendencia, importancia, solidaridad, apoyo, conocimiento o entendimiento, como cualquier otro ser humano, pero marcados por una etiqueta que les dice que, como clones, no tienen libertad para elegir sobre su derecho innato de existencia y de vida, que el resto de sus semejantes sí tienen; a ellos se les niega una vida, solamente por ser diferentes, lo que significa que no se les reconoce como humanos.

A la mitad de sus donaciones, Ruth pide a Kathy, entonces su cuidadora, llevarla a un viaje junto con Tommy, también en su segunda donación. Se dirigen a una playa donde un barco fue abandonado en la arena, una imagen que demuestra el estado quebrantado de su propia amistad, pero también el de su propia existencia. Un barco abandonado que ya no cumple su función, que ha sido olvidado, desechado, después de agotar toda su utilidad, perdiéndose en el olvido, tal como la sociedad los ha tratado a ellos, tal como la sociedad actual llega a tratar a muchos distintos grupos sociales que, valorando función o rendimiento, considera inútiles o prescindibles.

La discriminación, racial, sexual o de género, sigue presente y encontrando nuevas formas de expresión para grupos marginales de todo tipo. Dejamos de ver el lado humano de la gente en búsqueda sólo del beneficio propio. La situación plantea preguntas sobre la sociedad misma, sobre su organización y la conciencia moral, sobre la ciencia y la naturaleza del hombre, sobre la vida y la muerte y la forma en que el hombre (y con qué propósito) emplea su tiempo y su vida, entre el inicio y el final de su existir, en su importancia, presencia y trascendencia. El qué es lo que hace que valga la pena vivir y cómo cada persona lo determina de manera diferente, según sus experiencias o expectativas de vida y lo que quiere de su propio entorno y de sí mismo. Mirar al pasado y al futuro al mismo tiempo y estar satisfechos con las decisiones tomadas o la vida vivida. El destino [la muerte] de Kathy, Ruth y Tommy es inevitable, pero de alguna manera, también el de todos los hombres del planeta.

Nunca me Abandones

Dir. Mark Romanek

Reino Unido, 2010

Trailer 2:30

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

Naranja Mecánica

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

naranja mecanicaEn el mundo, las frases y los dichos son parte de la cultura popular con contenido reflexivo que manifiestan una verdad, contienen una lección y hablan de una realidad a veces dada por sentado. “La violencia genera violencia” es una frase que advierte y analiza, critica y explora el comportamiento de una sociedad. No es un positivo o negativo del ambiente social, sino un hecho como tal, palpable y estudiado. Un acto cruel y violento sólo crea más violencia y caos y, por tanto, combatir la violencia no puede hacerse con acciones igualmente violentas. El dicho popular es claro y conocido, popularizado, sin embargo, entonces, ¿por qué se sigue propagando la violencia? Porque lo importante no son las palabras o esparcir los refranes, sino seguirlos con acciones.

 

En tono de sátira, Naranja Mecánica (Reino Unido, 1971), película escrita y dirigida por Stanley Kubrick, basada en la novela homónima de 1962 escrita por Anthony Burgess, con la participación de Malcolm McDowell en el papel principal y nominada a 4 premios Oscar (mejor película, mejor director, mejor guión adaptado y mejor montaje), presenta una realidad distópica en donde la sociedad, con su comportamiento, crea ciclos viciosos de violencia, donde lo importante no es la salud mental y física de sus habitantes, sino el poder y el control, un comportamiento que se extiende hacia las personas.

Alex es un carismático, extrovertido y vivaz joven adicto al sexo y la ultraviolencia (actos injustificados de extrema violencia), amante de la música clásica del compositor Beethoven. Su comportamiento afecta a otros y después de varios ejemplos de actos crueles hacia diferentes personas, desde robos, ataques con arma blanca y violaciones, Alex es detenido por la policía tras el asesinato involuntario de una mujer, luego de que sus amigos lo abandonan a la llegada de las autoridades, como venganza por su arrogancia como líder de la banda.

Después de dos años en prisión, en los que se ha acostumbrado a decir lo que sus superiores y supervisores quieren oír y aprendiendo de la hipocresía del sistema, que sólo genera más deseos de venganza con violencia dentro de él, producto de la forma en que lo tratan, el joven es aceptado para un tratamiento experimental (tratamiento Ludovico) que lo saque de la cárcel doce años antes de cumplir toda su sentencia.

El experimento es parte de un programa político interno (como parte de una estrategia de Biopolítica) que pretende realzar las bondades y la capacidad de cambio del Gobierno, con promesas para un mundo mejor, inexistente pero prometido. El tratamiento consiste en condicionar a Alex a través de imágenes de violencia repetidas (acompañadas de la música de Beethoven), que con el refuerzo de una droga específica le haga sentir dolor físico y lo conduzca a relacionar los actos de violencia con sufrimiento, de forma que automáticamente el dolor sufrido lo detenga ante cualquier acto violento o sexual hacia otros. Es decir, se ejerce violencia contra él para eliminar sus instintos violentos.

El problema del tratamiento es que condiciona conductas pero no cambia comportamientos. El experimento está trazado bajo las teorías conductistas de la psicología, que la película en tono de sátira exagera y critica. Alex mantendrá su personalidad cruel y seguirá teniendo el impulso de la violencia, la diferencia es que no podrá realizarla sin sentir dolor físico. ¿El tratamiento realmente reforma a Alex como los doctores y encargados han prometido?, ¿o más bien crea un conflicto interno que aumentará su resentimiento social?

El cambio no es interno pues la mente nunca logra procesar las implicaciones de un acto de violencia, ni diferenciar entre lo correcto o lo incorrecto, en la razón por la que debe o no debe herirse a las personas o las consecuencias de esta decisión. Sin este razonamiento y entendimiento, Alex es tratado como un simple animal al que tiene que entrenarse. Es como si se intentara enseñar a alguien que cuando hay nieve hace frío; no puede haber un condicionamiento (si hay nieve debe usarse chamarra), porque la persona sólo lo entenderá cuando su cerebro razone la relación entre la nieve y el sentir frío. Si el hombre sólo reacciona ante la temperatura del entorno, sin razonar los motivos, entonces queda estancado. La reacción impulsiva de usar una chamara sería la propia de un niño (al que se le dice lo que debe de hacer), por ejemplo, pero un adulto debe entender el concepto de frío o calor, el cambio de las estaciones del año, el motivo por el que baja la temperatura, o la importancia de cubrir su cuerpo ante el frío y las consecuencias de lo que pasaría si no lo hace. Es este razonamiento lo que lo motivaría a protegerse del frío y no la orden que se le impone.

Con la dinámica propuesta, no se deja a Alex una elección moral. Así lo reclama uno de los curas que trabaja en la prisión donde fue enviado el joven, hablando con su discurso de las posibles fallas del tratamiento y la forma en que no resuelve el problema de fondo. El pastor también señala, en otro punto de la historia: “Cuando un hombre no puede escoger, deja de ser hombre”.

 

El camino que continúa la sociedad con estas prácticas está destinado al totalitarismo, como señala uno de los personajes, cayendo en un sistema que contrata a personas llenas de violencia para fungir como policías (los compañeros de banda de Alex que eligen después esta profesión), en la idea de que su mano dura pondrá orden en las calles, o imponiendo reglas que debilitan la voluntad de las personas, como con el tratamiento Ludovico.

El sistema aquí es una forma de organización que sin ley ni orden elige, como solución, un radicalismo autoritario que genera más violencia, más venganza, más sacrificio y más negocios de intereses de poder. La cárcel y el experimento por los que pasa Alex no promueven la disciplina, sino el sometimiento; en la idea de cambiar lo malo por lo bueno, lo despojan de su ser; sin identidad (en la cárcel Alex deja de responder a su nombre para identificarse exclusivamente por su número de preso) o la sustentación de valores, personas como el joven protagonista pierden el sentido de su vida, de sociedad y de convivencia; gustarán de herir a otros porque es parte de la huella de su personalidad que aún queda latente, pero sin otras formas de comportamiento como guía, como ejemplo a seguir en solidaridad o caridad, que los haga o permita cambiar. Personas como él nunca lo harán, porque no pueden razonar correcto o incorrecto, ética, moral, valores o convivencia social. Han vivido en un ambiente violento, para después ser sancionados por ello y humillados, despojados de su dignidad y obligados a actuar de forma determinada, no por convicción, sino por temor al dolor, al castigo y a la represión.

Después de concluir el tratamiento y enviado de vuelta a la vida en sociedad, sin un lugar donde vivir y a expensas de la venganza de sus ex compañeros, ahora policías, Alex queda a la deriva del mismo sistema que lo puso ahí.

Huyendo encuentra alojamiento en la casa de una de las personas a quienes atacó años atrás, quien al descubrir que el joven reacciona con sufrimiento ante la música clásica de Beethoven (Alex reacciona de esta forma porque los videos de su tratamiento fueron acompañados con aquellas melodías clásicas, creando así su propia variable de conducta condicionada), decide realizar su propia tortura en venganza, bajo una filosofía, que genera más violencia, aquella del “ojo por ojo”. Lo que demuestra a su vez que la sociedad sigue generando impulsos violentos en los individuos, aunque se encuentren latentes, a la espera del momento y circunstancias que les permitan expresarse. La violencia parece inherente al comportamiento humano, por lo menos en la sociedad que viven los personajes de esta historia.

El gobierno elige los tratamientos para combatir al creciente número de reos en prisiones que ya no puede sostener económicamente; cuando el experimento falla, terceros cargan con la culpa del error y el resto de los implicados son manipulados, comprados o eliminados. Alex se convierte en una víctima del propio sistema que, en lugar de resolver su problema y el problema social, es encubierto y olvidado, enterrado entre otras noticias de aparente progreso. Alex no cambia ni aprende, por lo menos no a través de estos tratamientos y la forma en que el gobierno los utiliza para el control, pero al sistema no le interesa que lo haga, le interesa que la gente no sepa que personas como él no pueden ser reformadas bajo su mandato, porque no saben cómo hacerlo ni les interesa tampoco lograrlo.

De esta forma, la violencia que crea violencia se vuelve una frase trillada e incomprensible, porque tanta violencia ha hecho que las personas se acostumbren a ella, sin entender que el cambio no es erradicar el acto como tal, sino lograr que la sociedad no la necesite. Para erradicar la violencia entonces, primero muchas otras cosas deben cambiar en la sociedad: gobierno, reglas, normas y convivencia; en suma, se debe buscar la trasformación de fondo del sistema social fundamentado en la competencia, que obliga a actuar contra otros para poder ascender en la escala social y tener mejores niveles de vida.

Naranja Mecánica

Dir. Stanley Kubrick

Reino Unido, 1971

1:44

 

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

El cine siempre tiene algo que decir

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

foto diana
Foto: Diana Alcántara

¿Por qué y cómo seleccionar películas para ver? La razón no es siempre lo primero que pasa por la cabeza de alguien cuando elige ver o conocer más sobre un proyecto cinematográfico. Entretenimiento, diversión, pasar el rato, porque la recomendaron, porque es lo que hay, porque suena bien, porque se ve bien, porque sale alguien conocido, porque ha ganado premios en festivales, porque dicen que es buena, porque hay que hacer algo, porque me interesa; estas son sólo algunas de las tantas motivaciones, todas válidas, si bien cabe mencionar.

Hay tantas películas como estrellas en el cielo. La oferta es vasta y, gracias a la tecnología, las salas de cine o la televisión no son los únicos vehículos por los cuales es posible acercarse a la cinematografía en la actualidad. Si bien hay razones varias por las se realiza un proyecto de cine, explorar y hablar sobre las relaciones y la condición humana, conocer realidades a través de los documentales, crear historias divertidas para la familia o ahondar en la vida de personajes públicos, son sólo algunas de ellas; las mismas razones existen también para elegir verlas.

 

¿Son los clásicos del cine propuestas que “obligadamente” “debemos“ ver? La pregunta reconoce cuestiones importantes para analizar; finalmente un “clásico” es una obra cuya significación no se llega a agotar. Estas películas aportan algo especial al séptimo arte, su innovación sonora, visual, de narrativa, de actuación o de realización, pero también aportan al espectador en su experiencia de acercamiento (empatía, reflexión, análisis y cultura). De algunas se habla más o se habla menos, según su impacto social o cultural. “El Cantante de Jazz” (EUA, 1927), por mencionar una de ellas, es trascendente dada su importancia en la transición del cine mudo al sonoro.

 

Las historias que se han ubicado dentro de este rubro (películas clásicas o importantes para la industria cinematográfica), han sido determinadas así tras un análisis meticuloso (de contenido, técnica de realización e impacto) a cargo de estudiosos y otros realizadores de cine; una fuente importante es el American Film Institute (AFI), instituto de cine de EEUU, encargado de preservar material cinematográfico.

La relevancia fílmica, pero también la social y cultural de estas películas, existe por su capacidad para contar historias trascendentes, ya sea por su discurso de contenido o por el trabajo realizado por el equipo a cargo de éste. “Lo que el viento se llevó” (EUA, 1939), por mencionar un ejemplo, no es grande, cinematográficamente hablando, sólo por sus estrellas protagonistas, Clark Gable y Vivien Leigh, tampoco lo es por su superproducción de millones de dólares, ni por su colorido, vestuario, ambientación histórica (la Guerra de Secesión) o la labor de su(s) director(es), Victor Fleming (George Cukor y Sam Wood también participaron en algún momento realizando trabajo de dirección durante la producción). “Lo que el viento se llevó” es la suma de sus partes, y algo más, por eso verla es elegir observar todos estos elementos en conjunto, trabajando en uno solo, el cine (aunque ello no significa ni asegura que la película guste o no).

Cada relato cinematográfico, sea catalogado como clásico o no, tiene un mérito propio en su historia y en su realización, el poder contar algo a través de imágenes en movimiento acompañadas de sonido; ello significa de antemano un valor agregado cuando se ve una película, porque verla es aprehender lo bueno y lo malo del proyecto, en sus actuaciones, su historia o la forma convincente con la cuenta su mensaje, entre otras cosas.

Tal vez la percepción de una persona a otra, en cuanto a una misma historia, cambia, tanto por las diferentes perspectivas de cada individuo, basadas en su conocimiento y experiencias, como por las razones por las que se elige ver tal o cual película. A veces una historia, por muy simple que parezca (en su contenido, estructura o trama, o dentro de su presupuesto, producción o realización), si se ve con el fin del entretenimiento, por ejemplo, y ello se logra, ya ha cumplido su cometido y ha valido la pena verla y hacerla.

 

Cada quien decide por qué es importante ver una película, qué tanto se queda en su mente a partir de ella y en su aprendizaje, o cuál es el eco que deja la historia y el crecimiento de los personajes en su interior. La importancia de las historias cinematográficas, y de verlas, consiste en que a través de ellas el espectador se acerca a una mirada de la forma en que se percibe el mundo según el contexto en el que se realizan. Expresión y percepción en el modelo más básico de la comunicación: “emisor-mensaje-receptor”.

Antiguas, modernas, paródicas, futuristas o artísticas, todas las películas tienen algo que decir y todas tienen un sustento en su construcción (por muy exagerada que a veces parezca su desarrollo, trama, personajes o universo creado); ficción o realidad, la base de cada historia recae en la forma de expresar y de explorar la realidad a través de su construcción fílmica, trayendo con ello reflexiones y críticas sobre el desarrollo tecnológico, cultural, social o político, por mencionar algunos cuantos.

¿Qué nos anima a ver películas y qué se aprende de ellas? Muchas razones y muchas cosas. Buscar algo diferente y buscar variedad tal vez sea la clave de todo, mientras ver cine tenga una razón en nuestras vidas.

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo

Alphaville

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

AlphavilleAlpha” se refiere a la primera letra del alfabeto griego, que deriva en la “A” latina que conocemos. Como primera letra, “alpha” también sirve para referirse al principio de algo; un inicio y todo lo que metafóricamente hablando se desprenda de él, por ejemplo, una persona alpha, como primera, sería superior a las demás. Pero en la ciencia, la técnica o metodología alpha-operatoria también se refiere a la forma en que el hombre (el operador) entiende, percibe e interpreta su mundo, por ejemplo, un concepto no tangible, como el amor, que provoca diferentes sentimientos, actitudes, expresiones y emociones en cada persona, dependiendo de cómo lo asimilen, en función de su experiencia. Alphaville (Francia, 1965), película escrita y dirigida por Jean-Luc Godard y protagonizada por  Eddie Constantine y Anna Karina, habla de estos conceptos en su discurso, presentando una sociedad distópica, totalitaria, donde los sentimientos y las emociones no existen, o más bien son sancionados.

 

Lemmy Cauton (un personaje de la literatura inglesa creado Peter Cheyney, quien escribió diez novelas con este protagonista, ninguna de ellas tomada como base para esta película) es un agente secreto que llega a la ciudad de Alphaville, pretendiendo ser un reportero que quiere entrevistar al Profesor Von Braun, científico y fundador de la ciudad que fue una vez desterrado de la sociedad. Es puesto en contacto con Natacha, hija de Von Braun, de quien aprende algunas extrañas características del lugar, como que a los diccionarios les llaman biblias y hay palabras que poco a poco se van olvidando, desaparecen de repente; o que las mujeres y los empleados de cualquier lugar adoptan una actitud sumisa, que el uso de drogas, como los calmantes, es algo cotidiano, así como que el arte (música, pintura o poesía, por ejemplo) ha desaparecido, al grado que ya nadie reconoce lo que es, menos lo practica.

 

El sistema de organización que rodea la ciudad limita a sus ciudadanos, no los deja evolucionar ni crecer, no les permite conocer, aprender, ni madurar. No está permitido preguntar el “por qué” de las cosas, y comportamientos humanos básicos como llorar se consideran conductas irracionales que deben ser erradicadas. La sociedad vive tan apegada al enfoque racional de las cosas, lo práctico y lo útil, que deja de estar en contacto con su lado humano, con el razonamiento interpretativo, las emociones y los valores.

 

Sin solidaridad, coraje, amor, generosidad o sacrificio, la gente cae en la ignorancia; como lo señala en su discurso uno de los personajes de la historia, un hombre a punto de ser sacrificado por demostrar sus sentimientos en público. Las personas en este ambiente se han vuelto mecánicas. Cumplen sus labores, hablan, camina y opinan, pero de forma automática, sin propósito ni entendimiento de sus acciones. La razón es que viven bajo un régimen de control, donde la última palabra y única ley es la de Alpha 60, una máquina que todo lo sabe, todo lo vigila y todo lo dicta. La computadora es la que interroga, determina y ordena lo que se hace, resultando en una sociedad cegada en todos los sentidos, que ha dejado de pensar, explorar, preguntar, tener curiosidad o buscar alternativas a su realidad.

 

“En la vida, uno sólo puede vivir en el presente, nadie ha vivido en el pasado o vivirá el futuro”, dice la voz narradora de la historia. Y aunque el presente significa reconocer el momento, en lugar de añorar el pasado o ilusionar un futuro, lo que los personajes de la historia fallan en entender es que el presente tiene relación con el pasado y el futuro, pues se compenetran (además, del pasado se aprende y el futuro está en construcción, tal es lo que representa Alphaville, como escenario de ambiente futurista y distópico).

 

Natacha no recuerda su pasado, pero Lemmy le insiste que lo haga, que se esfuerce por recordar para entender que su vida es más que la sociedad en la que habita, que su vida tal como la conoce no es la única opción que tiene, pues la elección personal, que rompa con las cadenas del sistema en el que vive, es un camino importante, posible y necesario para ella como persona, como ser humano producto de sus propias decisiones, elecciones, deseos, anhelos y propósitos. Hay algo más allá afuera, es lo que le quiere decir Lemmy, quien también reta la mente de la joven cuando la hace leer varios pasajes de poesía, una forma de expresión, interpretación y asimilación que ella no reconoce, que la empuja a la reflexión, la imaginación y la sensibilización, algo que le es negado en la sociedad en la que vive.

 

La historia señala que el mayor problema de los sistemas de organización económica, política y social que se conocen, no radica en la forma en que determinan las finanzas y la economía de una sociedad, sino en cómo se determinan las acciones que sus habitantes deben seguir. El problema, en este caso, consiste en que en Alphaville la autoridad suprema (alpha 60) les dice a las personas qué pensar, cómo pensar y cuándo pensar. Pueden existir errores estructurales en un nivel macro de cualquier sistema de organización, pero el mayor de ellos, por lo menos en esta sociedad distópica, es que el sistema mismo se entromete en el actuar de las personas mismas, al elegir, pensar, creer y conocer por ellos.

 

El resultado es una sociedad alienada, temerosa, controlada, automatizada y, por tanto, no pensante; donde las ejecuciones a muerte son un espectáculo cotidiano que no se cuestiona, sólo se acepta; donde las mujeres son vistas como objetos sexuales y de servidumbre; donde los que no se alinean al sistema son sacrificados y los que presentan actitud de iniciativa e individualidad son mal vistos; donde el arte no es entendido y por tanto cualquier forma de expresión es venida a menos; donde las personas no piensan, sólo responden órdenes; una sociedad sometida y sumisa, la sociedad “alpha”, Alphaville.

 

Eventualmente la máquina acepta (y permite) la derrota a manos del supuesto reportero Cauton, sólo porque en su razonamiento informático, científico y lineal, es lo necesario, el mal que se necesita como siguiente paso en el desarrollo evolutivo de la sociedad de esta ciudad.

 

Combinando el género detectivesco, el cine negro, de misterio y de ciencia ficción, en su formato y construcción, la película de fondo se pregunta, y pregunta al espectador, sobre la naturaleza del hombre y la forma en que entiende su contexto: ¿cómo asimila conceptos?, ¿cómo la expresión, el arte, la inspiración, la conciencia, el amor o el odio son parte de su existencia? y ¿cómo traducen estas experiencias en su vida diaria con resonancia en educación, pensamiento y comportamiento? En un punto de la historia, se explica que el hombre, cuando entiende el concepto del número “uno”, cree que entonces ya ha entendido el de “dos”, porque uno más uno son dos, pero en realidad no lo ha entendido, pues para hacerlo debe comprender el concepto de suma, la operación matemática de adición. Esto quiere decir que a veces el hombre ve los elementos aislados, las cosas de manera independiente, no el panorama general de la situación, su interconexión, su contexto y las relaciones a él.

 

En este mundo distópico, la incapacidad de pensar impide a los ciudadanos entender su propia existencia. En Alphaville no todos pueden ser alphas, así que una computadora (irónicamente creada por el hombre) toma el papel y el control alpha de la situación; la sociedad lo permite y después esto los lleva a la destrucción, porque una sociedad así, eventualmente deja de funcionar.

Alphaville

Jean-Luc Godard

Francia, 1965

Fragmento, subtítulos español

3:10

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo

El Quinto Poder

Por :Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Aquella frase popular que dice “Información es poder”, atribuida al filósofo Francis Bacon, habla, más que de la información como almacenamiento constante de datos, del saber qué hacer con esa información. Algo que empata con otra frase célebre, ésta del filósofo David Hume: “Quien tiene el saber, tiene el poder”. La información como conocimiento y el conocimiento como ideas capaces de cambiar al mundo. La pregunta es cómo hacerlo.

 

A
Afice: Quinto Poder | The Fifth Estate

Me interesé en la información y cómo fluye a través de la sociedad. Y cómo, cuando se conoce nueva información, puede traer grandes cambios”, dice el personaje de Julian Assange en la película El Quinto Poder (EUA-India-Bélgica, 2013), una historia que habla sobre la era digital de la información y el manejo, en positivo y negativo, que se puede hacer de ella según la dinámica con que fluye en la época actual, la época de la digitalización y el auge de los medios electrónicos en la información. Assange es el fundador de la organización Wikileaks, donde se publican documentos de interés social, filtrados a través de fuentes anónimas. La película habla del impacto que un medio mediático como éste tiene en la información y cómo esto afecta a la sociedad.

 

La trama de la historia sigue a un Assange desarrollando su organización bajo la idea de que lo que publica en su sitio web es el tipo de contenido que debería ser público, conocido y difundido libremente dada su importancia social. El periodista y activista apela por la información libre, peleando contra la corrupción global, según se muestra en la película. Para hacerlo, sin embargo, opta por un método similar a aquel contra el que pelea. Wikileaks,  explica la historia, recibe información de fuentes anónimas, cuyos datos son corroborados para luego ser expuestos en el sitio de Internet de la organización. La justificación de esta forma de trabajo responde a que de esta manera los informantes, gracias al anonimato, no tendrán que preocuparse por las repercusiones que pudiera haber contra ellos en el supuesto de saberse su identidad. Pero ese anonimato va en contra de toda la idea planteada por Wikileaks, tal lo expone la película, sobre la comunicación libre y abierta entre partidarios. Exigir a alguien ser abierto a la información pero sin serlo uno mismo.

 

El escenario es posible gracias a la forma en que opera la comunicación digital, un espacio en línea de red (de Internet) donde cualquier persona puede opinar, comentar, informar, promover, hablar y expresarse, bajo un anonimato que propicia tanto el diálogo abierto y transparente como, al mismo tiempo, información falsa, el engaño, la mentira, lo superfluo y la falsificación de historias y/o hechos. La modalidad permite a Wikileaks existir, utilizando esa posible dualidad de datos (información al por mayor, verdadera o falsa sin distinción) creando nubes de códigos ficticios que rodeen al sitio para poder esconderse detrás de un halo de espejismos [el servidor principal no puede ser rastreado porque otros sitios falsos creados para tal fin no permiten que pueda encontrarse la forma de rastrear y/o hackear el punto origen]. La apertura a la información que otorga el mundo digital puede traer grandes cambios para la comunicación y la democracia, como la libertad de información y expresión, para también cambios no tan favorables, incluso nocivos, como la falsificación, el fraude o la calumnia. De ahí la importancia del compromiso ético; son miles las personas que tienen grandes ideas, se apunta en uno de los diálogos, pero no inducen cambios, porque no existe compromiso para hacerlo. El compromiso implica sacrificio, voluntad de cambio y una ideología comprometida con la libertad, la justicia y el derecho al conocimiento.

 

La nueva era de la información es de libre acceso, donde su contenido es secreto y viral, donde todos pueden ser partícipes, pero también donde no hay una línea que asegure credibilidad, dado el carácter confidencial con que se participa. El periódico inglés The Guardian está interesado en trabajar en conjunto con Assange para poder hacer uso de la información sobre operaciones militares estadounidenses en Afganistán que ha llegado a los servidores de Wikileaks (en 2009) y realizar, a partir de ella, reportajes periodísticos relacionados con el tema, validando así, con esta participación conjunta, la organización liderada por Assange. Más tarde uno de los periodistas que trabaja en la publicación se pregunta sobre el impacto que esta forma de periodismo ciudadano genera, dado que toda la información está a un solo clic de distancia y todas las noticias pueden darse de manera gratuita, porque todos los ciudadanos con acceso a la red son partícipes de las noticias, lo mismo que todos pueden tener acceso a ellas, reproducirlas e incluso modificarlas.

 

"THE FIFTH ESTATE" FE-0002-00609 Benedict Cumberbatch (left) portrays Julian Assange and Daniel Brühl portrays Daniel Domscheit-Berg in the DreamWorks Pictures' drama "The Fifth Estate". Ph: Frank Connor ©DreamWorks II Distribution Co., LLC.  All Rights Reserved.
«THE FIFTH ESTATE»
Benedict Cumberbatch (left) portrays Julian Assange and Daniel Brühl portrays Daniel Domscheit-Berg in the DreamWorks Pictures’ drama «The Fifth Estate».
Ph: Frank Connor
©DreamWorks II Distribution Co., LLC.  All Rights Reserved.

Sin nadie que dicte lo correcto y lo incorrecto y donde toda la información es considerada válida, en donde el informante no responde a ninguna autoridad, quién decide cómo y por qué se maneja la información. En la película, Assange está decidido a publicar todos los documentos relacionados con las operaciones militares estadounidenses, siendo su socio y compañero Daniel Berg quien se pregunta sobre las repercusiones que ello representa. Fuentes vulnerables son nombradas, personas que se verán afectadas si la información es dada a conocer al público, donde los más afectados ni siquiera son gobernantes y diplomáticos, sino otros asociados, colaboradores y fuentes propias del gobierno que serán expuestas al público, dejando abierta la posibilidad de que se tomen contra ellos represalias de venganza por parte de terceras partes involucradas.

 

La información dentro del trabajo periodístico no es sólo libre acceso, es responsabilidad, ética e investigación. En un ambiente digital, donde todos pueden hacer uso de la información, ¿a quién se le confía?, ¿en qué punto se vuelve corrupción si el provecho es más beneficio de algunos que compromiso social? y ¿hasta qué punto las acciones hablan de libertad de expresión y cuándo se convierten en abuso de poder o práctica ilegal?

 

Para la historia que la película presenta, cuando Assange se niega a editar los documentos políticos que le han sido confiados, deja que la información corra en todo sentido, sin dirección, sin filtro, sin responsabilidad. Su versión de información libre tendrá aciertos pero también consecuencias negativas, porque no habrá parámetros que la determinen. Las personas que la reciben podrán ignorarla, como también pretender represalias, mientras otros tal vez reflexionen sobre el contenido que han recibido y/o exijan cambios sociales para mejorar su ambiente y contexto social. Si los medios determinan la forma en que la gente absorbe la información, para bien o para mal, con dirección manipuladora u objetiva, según sea el caso, sin un filtro crítico o de análisis, la información libre en realidad puede convertirse en un impulsor de cambio social, al mismo tiempo que corre el riesgo de convertirse en desinformación; cada persona le dará el enfoque que elige, sin la oportunidad de sopesar todo el contenido que tiene enfrente. Las reacciones que una acción pueden tomar son tan variadas que positivo y negativo tienen la misma distancia. Assange pide una libre información, sin darse cuenta que esa supuesta libertad puede tomar dos rumbos muy diferentes y opuestos, algunos con una reacción en positivo para un cambio a favor de las personas, otros en todo lo contrario. No obstante, la historia describe también el juego de poder que la libre circulación de ideas  e información provoca, toda vez que las autoridades [en este caso el Gobierno de los Estados Unidos] se empeñan en encontrar y castigar a los “culpables” bajo el viejo argumento de la seguridad nacional [El militar que filtra la información es arrestado]. En forma simultánea, editar la información no evita la parcialización, pues, como se menciona también en un diálogo, editar puede equipararse a amputar; cierto o no, el criterio para definir qué publicar, con qué fin y qué uso se puede dar a cualquier tipo de información tiene que ver con la ética de quien la genera y con la cultura de los receptores.

 

Las personas tienen el derecho a demandar la información, pero cuando ésta es filtrada, no sólo no se puede proteger por completo la privacidad de las fuentes, sino que las hace vulnerables, lo mismo que a la información. El problema no es la libertad y el conocimiento libre, al contrario, ese no es un problema; el problema es no saber qué hacer con él, cómo difundirlo, cómo aprehenderlo y cómo actuar en consecuencia.

 

En una época en la que todo puede encontrarse en línea, en donde todo es rastreable, todo puede conocerse y todo puede hackearse, la información se vuelve el objeto más preciado para los que saben que pueden convertirla en una forma de control (y manipulación).  Assange y Wikileaks abrieron una brecha que mirara hacia el futuro del periodismo, la política, la comunicación y la cibernética, cambiando la forma en que se transmite la información y por tanto cambiando a la sociedad misma. Democratizar el saber es un asunto de importancia vital para “humanizar” al mundo, las características del proceso necesitan construirse colectivamente con una crítica radical a todo lo existente.

 

Uno de los periodistas de The Guardian, que apoya a Daniel respecto a su negativa, en contra de los deseos de Assange, de publicar todos los documentos de Afganistán sin una propia revisión, edición y consideración, cierra reflexionando sobre estos cambios. Algunos filtraban información y la publicaban, dice él, pero cuando la gente exigió que esa información viniera directamente de los implicados, nació el cuarto poder (los medios de comunicación); cuando los medios alternos, los digitales, hicieron lo mismo, dada su naturaleza, la interconexión en la red de Internet, entonces se convirtieron en el quinto poder.

 

La forma en que la información se publica, transmite, difunde y reproduce continúa cambiando con cada paso que la era digital da hacia su propia transformación, impactando directamente a la sociedad misma y su relación con los medios y la información, en la forma en que asimila una noticia; y si la digitalización ofrece un libre acceso, entonces la sociedad se vuelve aún más partícipe de esta información, ganando una mayor responsabilidad para cotejarla, analizarla y confrontarla.

 

La película, que habla de estas transformaciones sociales y la forma en que la era digital impacta la manera en que le gente participa en ello, es dirigida por Bill Condon y escrita por Josh Singer; basada en los libros “Inside WikiLeaks” de Domscheit-Berg y “WikiLeaks” de David Leigh y Luke Harding; cuenta con las actuaciones de Benedict Cumberbatch como Julian Assange, Daniel Brühl como Daniel Berg, David Thewlis, Alicia Vikander, Stanley Tucci, Laura Linney, Anthony Mackie, Moritz Bleibtreu y Carice van Houten, entre otros.

El Quinto Poder

The Fifth Estate

Dir. Bill Condon

Estados Unidos, 2013

Trailer 2:31

 

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Para la literatura el paso de la ficción al realismo fue un momento contundente en su desarrollo. En la narración, en el estilo, en la forma de escritura, manufactura y lectura, el cambio significó una nueva forma de asimilar el arte. Pero las bases del realismo no están sustentadas simplemente en apegarse lo más posible a la realidad del existir y del ser, implican también la forma de relación entre el que escribe y el que lee, cómo esta relación se manifiesta, se forja y se sostiene.

 

Diana Alcántara_ Museo de Durango
Foto: Diana Alcántara, México, 2016

Para el cine la división entre realidad y ficción siempre ha sido una línea tomada con demasiada ligereza, por parte de los que lo hacen y por parte de los que lo miran. Si bien las primeras formas de cine captan la realidad del hombre a través del cinematógrafo (Por ejemplo “Salida de la fábrica” o “La llegada del tren”, ambos trabajos de 1896, de los hermanos Lumière), pronto la imaginación y el relato como narrativa tomó partido en la evolución de este arte; los cuentos fantásticos, los cuentos de hadas y las historias mágicas forjaron las bases de las primeras formas de cine, pero siempre dotadas de cierto grado de realidad palpable que permitiera al espectador relacionarse con el relato que se le presenta.

 

En la actualidad la división de géneros cinematográficos permite hacer una clara diferencia entre historias de ficción y de no ficción; fantasía, terror o acción, por ejemplo, dentro el primer rubro, o historias de vida, biografías y documentales dentro del segundo. Pero la construcción de una película, de cualquier índole, siempre tiene un poco de ficción y un poco de realidad; el guión está construido con una intención empática y estructural determinada, la dirección está orientada hacia una intención audiovisual de impacto, los efectos especiales, el sonido, las actuaciones o los escenarios, todos son componentes del quehacer cinematográfico, trabajados bajo una determinada finalidad e intencionalidad. La noción clara y el entendimiento de esta “realidad” es una de las bases más importantes para el cine.

 

Una película basada en hechos reales está, precisamente, construida a partir de eventos verídicos de los personajes, los contextos o la historia, pero su construcción dentro de los parámetros artísticos y técnicos de la cinematografía obligan a que ésta pase de ser verídica a ser verosímil, esto es, nunca idéntica del escenario en que se formó, pero lo suficientemente apegada a él como para darle su lugar como fundamento inspirador del relato.

 

El lenguaje cinematográfico busca crear tensión y conflicto, despertar intereses o provocar exaltación y, para hacerlo, modifica sus formas con el fin encontrar la vía más plausible para lograr en el espectador el mejor y mayor impacto (sin importar el género del que se trate, lo mismo es para una historia de amor que para una tragedia o para un thriller). Un encuentro entre dos personajes, una huida por parte de los protagonistas, una investigación, un interrogatorio, una pelea, el cine siempre exagera la realidad pues su fin último es establecer una conexión con el espectador.

 

La mímesis es la imitación de la naturaleza (entendida como la esencia de algo), es decir, el reflejo de un sujeto u objeto; la catarsis es liberación, transformación, es una identificación mimética; a través de estas dos formas del discurso las historias son creadas, el fin común es aquella identificación entre la historia y el espectador.

 

Lo más importante es recalcar que para que esa relación se suscite, no es necesario que una historia sea lo más real posible, sino lo más verosímil posible; es factible lograr una identificación mimética con los personajes de una película, con su situación o con su contexto, sin ser necesario vender una idea de realidad absoluta; la ciencia ficción pone en alto esta situación, por ejemplo, haciendo uso de las formas retóricas para hacerlo; lo mismo logran las historias de fantasía, cuya respuesta puede ser tan exacta como las de relatos realistas; o muchas otras historias más, ambientadas en la posmodernidad, pero sin intenciones de absolutismo, sino en su calidad de visión actual.

 

El espectador, por tanto, nunca debe perder de vista la línea divisora entre realidad y ficción, El cine, por más apegado al entorno que presente y refleje (y esa base crítica de análisis al relacionar su historia ficticia con la realidad palpable no es menos importante, al contrario), siempre es un trabajo de ficción, modificado y manipulado desde su creación hasta su distribución y haciendo uso, para ello, de sus herramientas: música,  iluminación o  edición, por mencionar algunas.

 

Si bien el propósito del cine es diverso (informar, entretener, educar, reflejar, reflexionar) respecto a los temas que trata, sus historias siempre van de la mano de un grupo de personas trabajando por alcanzar a una audiencia, con relatos emocionantes, creíbles, mágicos, divertidos, chocantes, etcétera, pero hablando, sin duda, en lenguaje cinematográfico.  El que hace cine debe saber eso, el que ve cine, también.

La llegada del tren

Auguste y Louis Lumière

Francia, 1895

00:49

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.

 

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

 

La investigación periodística es un trabajo de documentación y análisis, en donde reporteros realizan un cruce de datos de información recabada de distintas fuentes, como testimonios personales,  documentos oficiales y entrevistas, que se convierten en la fuente de información que abre la puerta a reportajes periodísticos con enfoque social relevante, en aspectos que afectan a la sociedad o le competen de alguna forma. No se trata de una noticia al día y al momento, sino de un evento noticioso que requiere profundización del tema, con crítica analítica de la información recabada. El periodismo de investigación explora sucesos, busca respuestas, plantea preguntas y, por tanto, la más importante pieza en su construcción son los hechos, lo que se sabe, no lo que se asume.

 

Afiche: Todos los hombres del Presidente“No me interesa lo que piensas, me interesa lo que sabes”, les dice su editor a los reporteros del Washington Post, cuando descubren la historia de que los cinco hombres arrestados en las instalaciones del edificio Watergate, sede del Comité Nacional del Partido Demócrata de Estados Unidos, en junio de 1972, tienen ilación con ex agentes de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), en una escena de la película “Todos los hombres del Presidente” (EUA, 1976), un relato dirigido por Alan J. Pakula y escrito por William Goldman, con un guión basado en el libro de no ficción del mismo título escrito por Carl Bernstein y Bob Woodward, dos reporteros que siguieron la noticia hasta descubrir las implicaciones de la Casa Blanca en el asunto.

 

La historia es sólo la punta del iceberg, como les dice un informante, de sobrenombre Garganta Profunda, a Carl Bernstein (Dustin Hoffman) y Bob Woodward (Robert Redford), pues los criminales, como ellos descubrirán más adelante, son sólo un eslabón menor en una conspiración de gran alcance que implica a varios funcionarios del gobierno y, eventualmente, al Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon [del partido republicano], cuando, en 1973, se dieron a conocer cintas grabadas  que demostraban espionaje ilegal y encubrimiento por parte del Presidente y de sus colaboradores más cercanos, al haber instalado un sistema de grabación en las oficinas del Partido Demócrata y financiar con dinero negro (ilegal o no declarado a hacienda) sus elecciones presidenciales.

 

Cuando los reporteros encuentran que los cinco detenidos en las oficinas del complejo Watergate tienen una conexión con el Comité de Reelección del Presidente Nixon, las pistas que van siguiendo en su investigación los llevan hacia otros nombres de alto rango en la administración presidencial. Carl y Bob saben que tienen una historia que contar, pero aún no saben cuál es, ni de qué se trata en su totalidad, pues están conscientes que las piezas que han ido juntando son parte de la información que todavía no han podido respaldar ni verificar, impidiéndoles completar el panorama macro de la noticia, del reportaje periodístico que trazan.

 

Ambos, junto con sus colaboradores, editores y compañeros en el periódico, muestran una forma ética de conducirse en su profesión, analizando las posibilidades, basándose en la información real,  y no sólo la aparente, de los hechos que investigan. “La historia está floja”, insiste Woodward a la mitad de su investigación, cuando ambos reporteros saben que el caso está ligado directamente con el Comité y otras figuras políticas públicas, pero sin una fuente confiable que acepte declarar públicamente, respaldando así la información. Sin esta corroboración, aunque con varios informantes que la confirman, su investigación periodística no puede sustentarse válida por completo. Los huecos y falta de comprobación hacen ver que los reporteros no tienen toda la información ni están completamente seguros de ella. Como periodistas no pueden dudar, porque significaría que lo que presentan al público como verídico, flaquea en contenido y sustento. Su opción es continuar indagando y verificando la información con otras fuentes, esperando que uno de estos datos sea el eslabón que les haga estar seguros de que los nombres implicados (agentes del FBI, de la CIA, fiscales de distrito, el consejero presidencial Charles Colson y otros funcionarios políticos) son, evidentemente, las figuras detrás de estas actividades ilegales.

 

En un punto de la investigación, cuando deben decidir qué rumbo tomar y hasta dónde presionar, sopesar la historia y determinar hacia dónde se dirige, Bob pregunta: “si un hombre se detiene en la calle y me pregunta una dirección, ¿está interrogándome o está perdido? ¿Qué historia escribo?

 

“Olvida los mitos creados por los medios sobre la Casa Blanca”, les dice Garganta Profunda (que después [en 2005 en entrevista con la revista Vanity Fair] se descubriría se trataba de W. Mark Felt, entonces segundo director asociado del FBI – Oficina Federal de Investigación) en relación a que los reporteros deben mirar la historia con objetividad y basándose en su investigación, no en las cosas que suponen, asumen, sospechan o deducen. Su análisis puede ser correcto, pero en periodismo, este análisis debe estar respaldado por fuentes y datos que lo hagan válido y con posibilidad de corroboración.

 

Todos los hombres del Presidente, Dir. Alan J. Pakula, Estados Unidos, 1977
Todos los hombres del Presidente, Dir. Alan J. Pakula, Estados Unidos, 1977

La película habla de un proceso de investigación (periodística), de corrupción y abuso de poder en altas esferas del gobierno, explorando los manejos de operaciones (de espionaje, competencia y financiamiento) que ilegalmente se llevan a cabo en diversas organizaciones y que se constituyen como estrategia política recurrente, que a su vez ejemplifica, con el proceso con que los protagonistas responden a la situación, una forma de trabajo periodístico de un medio masivo de comunicación y el impacto que su análisis crítico puede tener en la sociedad; tal es el propósito de ese género periodístico. Carl y Bob se unen en una búsqueda por la verdad, decididos a descubrir el trasfondo de la situación, cual su profesión les pide. Su trabajo indaga y explora, abriendo un camino de análisis político y social del gobierno, sus representantes y los encargados de la legislatura y los que vigilan que estas leyes se cumplan. Su trabajo cuestiona y evidencia fallas en el sistema, dando paso al tipo de preguntas e información que la gente debe conocer y al mismo tiempo debatir.

 

Los hechos presentados también demuestran la importancia de la libertad de expresión y la libertad de prensa; el cómo el instinto y trabajo de periodismo lleva a dos reporteros a buscar información, datos y evidencia de un caso política y socialmente relevante. Con su trabajo, estos hombres se dan cuenta de la forma en que un gobierno pretende encubrir[se], negar y engañar, presionando a sus empleados para negar cualquier información y forzándolos a rehusarse a hablar. Carl Bernstein y Bob Woodward saben entonces que no pueden dejar la investigación morir en el olvido, pues gana importancia  conforme obtienen cada nueva ratificación, declaración  e información. La negación de los implicados, las dudas y la forma en que los altos funcionarios quieren deslindarse del asunto es la señal que les indica que el caso es importante y, además, de primordial significado para la política del país en ese momento, más de lo que suponían en un principio.

 

Se proclamó su inocencia antes de que nadie lo acusara”, reporta Woodward a su editor, apenas ha iniciado su investigación, sabiendo que esa declaración de uno de los implicados es la forma de confesar que algo esconde y que ese algo es información relacionada con la investigación, con el reportaje y con el caso político que comienza a develársele a los reporteros.

 

Cubriendo los siete primeros meses de la investigación, antes de que las cintas grabadas (del Presidente Nixon con su personal en la Casa Blanca) fueran conocidas, la historia abarca un periodo de búsqueda por la información y el camino que dos personajes del mundo periodístico siguen, a pesar de las negaciones, los obstáculos y la minimización que se llega a hacer de los hechos, cuando se le considera un arresto común y corriente (de los cinco hombres encontrados con micrófonos de grabación en el edificio Watergate). La conexión de los arrestados con otros agentes de la CIA lleva a un camino mayor, que según la película, involucra grabación ilegal en las oficinas de los miembros del Partido Demócrata, desprestigio en campañas electorales hacia miembros de ese partido, financiamiento ilegal de las campañas presidenciales del candidato Nixon y encubrimiento (y destrucción) de la información que haca evidente este tipo de prácticas ilegales, así como los involucrados en ellas, incluyendo a altos puestos administrativos dentro de la Casa Blanca.

La película estuvo nominada a ocho premios Oscar, entre ellos mejor película y mejor director, ganando cuatro de ellos, entre los que están mejor guión adaptado y mejor actor de reparto, para Jason Robards en el papel de Ben Bradlee, editor del periódico The Washington Post durante el escándalo Watergate, un evento que resultó en la dimisión de Richard Nixon como Presidente de Estados Unidos, en agosto de 1974.

Todos los hombres del Presidente

All the President’s Men

Dir. Alan J. Pakula

Estados Unidos, 1977

Trailer 3:25

Foto: Diana Alcántara
Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México

Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.