La cuarta pared
Por :Diana Miriam Alcántara Meléndez
El mundo no es plano, no tiene sólo dos dimensiones, largo y ancho, como por ejemplo un cuadrado, sino que también tiene profundidad, es decir, tridimensionalidad, en este caso, un cubo. En la pintura, la imagen fija puede tener un efecto visual de tridimensionalidad, que nunca realmente alcanzará porque está plasmado sobre una superficie plana. En el cine, la imagen ofrece una profundidad de campo por la capacidad de la cámara de video para captar la realidad. Pero la cámara que mira suele fungir como una mirada observadora que no se interpone con la historia, como si su presencia no existiera y sólo documentara la realidad, contando la historia en ese proceso observador.
El ojo de la lente se mantiene pasivo ante la acción. Excepto que no siempre lo hace, rompiendo entonces la cuarta pared, un término atribuido al filósofo Denis Diderot y que se refiere a esa pared imaginaria frente al escenario, justo donde se ubica la cámara y que separa al mundo de ficción (la película, serie de televisión, videojuego u obra de teatro) del espectador.
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Si un personaje se encontrara encerrado en una habitación cualquiera, lo rodearían cuatro paredes, un techo y un suelo. La posición de la mirada del lente puede tener innumerables perspectivas, el del foco del cuarto o el ojo de la hormiga que se esconde en un rincón, por ejemplo, o más usualmente, detrás de una de las cuatro paredes. El actor se mueve entonces en todas direcciones, sin advertir la mirada de la cámara e ignorando ese ojo que documenta todo lo que hace, porque, en cierto sentido, no está ahí. El espectador mira lo que la cámara observa, pero la cámara filma como un testigo invisible. Sin embargo, la cámara también puede ser partícipe activo de la historia, cuando el relato mismo y sus personajes están conscientes de esa mirada presente.
El objetivo principal de romper la cuarta pared (lugar donde se ubica la cámara) es involucrar al espectador en la historia y con la historia. La cuarta pared se rompe entonces cuando los personajes detectan e involucran al espectador al mirar directamente a la cámara que los ve, incluso hablándole, que es en realidad el personaje hablando directamente hacia aquel que mira, la audiencia.
La mirada directa que penetra en el cuadro de Leonardo da Vinci, La Mona Lisa, por ejemplo, es una mirada que advierte y contempla. Cuando se observa una pintura o un retrato en el que el personaje mira al frente, la sensación de que sus ojos persiguen al que contempla crea una relación instantánea, una mirada directa entre dos personas, incluso si la otra no es real, de carne y huesos. Lo mismo sucede en el cine y la imagen audiovisual captada a través de una cámara de vídeo cuando se rompe la cuarta pared, un cruce de miradas crean una conexión que involucra.

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En la película de 1995 dirigida por Oliver Parker, Otelo, el realizador elige que el personaje de Yago hable directamente a la cámara, haciendo de esta manera al espectador confidente y cómplice de sus planes de venganza. La técnica funciona para explotar el trazo del personaje y su función dentro de la historia, con intrigas y falsedades. ¿Es sincero el personaje solamente cuando habla a la cámara o, al contrario, porque sabe que lo miran, es incierto en sus acciones para engañar al espectador? Lo cierto es que cuando nos sabemos observados nuestras reacciones ceden en naturalidad y es posible que deliberadamente se modifique nuestro lenguaje corporal y la firmeza de nuestras expresiones; por tanto, al emplearse en la grabación de una película surge la duda sobre la sinceridad e intención del personaje. Qué espera él del espectador es un asunto que hay que tener en mente. La técnica también puede ser entendida como un “aparte”, utilizado en teatro, un monólogo en el que el personaje parece dirigirse al espectador, pero que en realidad sólo se encuentra hablando consigo mismo, algo que este Yago podría estar haciendo en dicha película (y en consideración a que se trata de una adaptación de la obra de teatro escrita por William Shakespeare).
En El lobo de Wall Street, el director Martin Scorsese utiliza la técnica haciendo que su personaje principal interactúe directamente con el espectador al romper la cuarta pared. Esta actitud no sólo va acorde con la personalidad del protagonista, sino también con la complicidad de sus actos de fraude de los que hace partícipe al espectador, como si éste fuera un testigo de la realidad del engaño que no puede denunciar al resto de los personajes.
El dicho popular dice que a través de los ojos se pude ver el alma de las personas y de alguna manera eso es lo que se busca con la ruptura de la cuarta pared, adentrarse a un personaje para ver en su interior.
En la toma final de la película El Renacido, el personaje principal mira hacia la cámara, sin embargo, es posible que no se rompa la cuarta pared estrictamente hablando, pues la acción que involucra debe reconocer que la cámara está ahí, que un personaje deje claro que sabe que lo están mirando, e incluso que interactúe con el espectador buscando una respuesta a su decir y hacer, como sucede en La gran apuesta, Funny Games, El club de la pelea o las series de televisión Mr. Robot, Clarissa lo explica todo o House of Cards. En este caso, es como si el personaje invitara a la audiencia a adentrarse en su psique, más que, en el acto de mirar a la cámara, mirar de regreso al espectador. Pero, ¿sabe la Mona Lisa de Da Vinci que la gente la mira? En las películas, al romper la cuarta pared el personaje asume que se le mira; si es así, tal vez, en este caso, el personaje finalmente advierte, con esa última toma, la mirada que lo sigue, y su significado puede ser tanto de complicidad como de empatía, e incluso, puede estar retando a la audiencia.
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En otro caso, la película Hardocre Henry está filmada en primera persona, como lo hacen los videojuegos, de forma que la cámara se utiliza como la perspectiva, los ojos del personaje principal, Henry, que en este caso es el propio espectador. Los demás personajes hablan directamente a Henry, interactuando con él, pero al mirar a la cámara, a quien le hablan es al espectador, que está presenciando los hechos a través de los ojos de Henry. La técnica, tanto aquí como en los videojuegos, es hacer sentir al espectador ser el protagonista de la historia, experimentando las vivencias como si estuviera exactamente en ese sitio, en los zapatos del héroe.
Pero también hay otras formas de utilizar la cuarta pared en los elementos de la narrativa. En Deadpool, por ejemplo, el personaje principal rompe la cuarta pared constantemente como herramienta de la metaficción (narrativa autorreferencial o autoconsciente). El personaje sabe que hay una audiencia presente que lo mira a través de la cámara, lo asume en tanto se reconoce como un parte de una historia y se dirige al espectador para involucrarlo en la misma historia. En este caso, romper la cuarta pared se utiliza como forma autorreferencial de la narrativa, de la historia que se cuenta.
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La cuarta pared es un recurso estético y narrativo, a veces necesario para separar la acción-ficción de la realidad. Romper la cuarta pared es dejar que de alguna forma el personaje deje de representar su papel (aunque el actor nunca deja realmente de hacerlo), para demostrar cómo éste se reconoce como uno de los actantes de la historia que se desenvuelve. Pero la técnica también permite una confidencialidad, una cercanía emocional entre los personajes y el espectador, donde éste último se vuelve indirectamente partícipe de lo que sucede, no tirando esa pared imaginaria que separa el escenario, sino sólo haciéndola evidente.
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Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México
Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.
Tales reflexiones surgen a partir de la premisa esencial de la que parte WALL-E (EUA, 2008), historia sobre un robot de compresión/limpieza de basura que habita en la Tierra después de que el planeta es destruido por el hombre, cuyos sobrevivientes ahora viven en una estación espacial, lejos en el universo. El robot encuentra una sonda de reconocimiento, EVA, enviada a buscar vida en la Tierra. Siguiéndole a ella llegan juntos a la nave donde viven los humanos, que ahora tienen la prueba necesaria para poder regresar al planeta.

Esa es la dinámica básica como se conforma la relación entre sociedad y medio masivo de comunicación, en un diálogo abierto sobre sucesos que afectan a todos los implicados, a la sociedad misma.


En los países de Norteamérica la acción penal, después del proceso de averiguación, conduce a la realización de un juicio, en donde un juez se encarga de dictaminar la resolución conforme a lo establecido en las leyes y disposiciones jurídicas aplicables al caso. A veces un abogado no necesita demostrar que su cliente es culpable o inocente, sólo debe justificar sus acciones hasta un punto entendible en el que la sociedad lo perdone por sus acciones o conductas delincuentes; para hacerlo debe jugar con el enfoque de la percepción. Ese es el caso en la película Anatomía de un asesinato (EUA, 1959), un relato que se centra en la táctica con agilidad, inteligencia y maña de un abogado para convencer al jurado de dejar libre a su cliente, un militar que asesinó al hombre que abusó sexualmente de su esposa.



Se dice que son los vencedores los que escriben la historia, no los vencidos; y si bien esta es una forma de ver los hechos, lo cierto es que la historia está escrita, narrada y transmitida a través de las perspectivas de algunos, no de todos; estas perspectivas son sólo puntos de vista del pasado y no siempre representan lo que verdaderamente fue.



En V de Venganza (EUA-Reino Unido-Alemania, 2005), película dirigida por James McTeigue, escrita por Los Hermanos Wachowski, basándose en la novela gráfica “V for Vendetta”, de David Lloyd y Alan Moore; y protagonizada por Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, Stephen Fry y John Hurt, se vive un mundo así. Donde las prohibiciones a la libertad imperan y el ambiente que se vive es de miedo, de temor a la represión, en donde el toque de queda es permanente y no permite a las personas ser libres o elegir sobre sus acciones, espacios o tiempo; donde la vigilancia extrema mantiene al gobierno al tanto de las actividades de la gente en todo momento y en todo lugar: en su trabajo, su casa o su espacio de ocio, juzgando lo que piensan, dicen y opinan, reprimiendo a aquellos que se permiten un grado de individualidad o contrariedad, “donde lo diferente se volvió peligroso”, como dice V, un revolucionario que busca un cambio para el mundo en el que vive, necesitado de despertar de la opresión en que los mantiene su Canciller, con censuras a la libertad de expresión, el uso de los medios de comunicación para fabricar o cubrir la verdad detrás de las noticias, o con la transmisión de programas propagandísticos donde se repite a la gente, una y otra vez, incesantemente, aquello en lo que deben creer (en su gobierno) y lo que deben negar y rechazar (cualquier otro sistema de organización social).
En la literatura o el cine, un mundo distópico hace uso de los elementos que lo conforman como herramientas metafóricas que permitan reflexión y análisis del mundo real en el que se basan; sus temas y discusiones, ambientados en un universo creado o ficticio, reflejan temáticas con eco en la realidad presente; se trata de sociedades no deseadas, irreales, pero trazadas a partir de una actualidad, con sus problemáticas, preocupaciones, desarrollo y limitantes.
En el mundo, las frases y los dichos son parte de la cultura popular con contenido reflexivo que manifiestan una verdad, contienen una lección y hablan de una realidad a veces dada por sentado. “La violencia genera violencia” es una frase que advierte y analiza, critica y explora el comportamiento de una sociedad. No es un positivo o negativo del ambiente social, sino un hecho como tal, palpable y estudiado. Un acto cruel y violento sólo crea más violencia y caos y, por tanto, combatir la violencia no puede hacerse con acciones igualmente violentas. El dicho popular es claro y conocido, popularizado, sin embargo, entonces, ¿por qué se sigue propagando la violencia? Porque lo importante no son las palabras o esparcir los refranes, sino seguirlos con acciones.
