Buenas noches, y buena suerte
Por : Diana Miriam Alcántara Meléndez
Los medios de comunicación informativos presentan las noticias y los hechos, cualesquiera que sean, como son, sin importar ningún tipo de implicación externa; esa es la responsabilidad ética hacia la gente a quien el periodista y el medio le responden; no al gobierno, no a los dueños del capital y no a un grupo selecto de personas. De forma ideal, la relación debe ser bilateral, la gente debe demandar la información y responder ante ella (en acciones, comentarios, debates y cuestionamientos) en lugar de desecharla, olvidarla, negarla o evitarla.
Esa es la dinámica básica como se conforma la relación entre sociedad y medio masivo de comunicación, en un diálogo abierto sobre sucesos que afectan a todos los implicados, a la sociedad misma.
“Pasaremos a las historia por nuestros actos”, señala el personaje de Edward Murrow, protagonista de la película Buenas noches, y buena serte (EUA-Francia-Reino Unido-Japón, 2005), en relación a que sus acciones dentro de su profesión como periodista, al cuestionar en 1953 públicamente los métodos con que el senador Joseph McCarthy conducía sus investigaciones, provocaron un empuje de conciencia social cuando con el análisis que presentaba en su programa televisivo, trabajo en equipo con sus colaboradores de investigación, llevó al gobierno y a las personas a debatir los métodos de persecución presididas por el senador.
Edward R. Murrow fue un periodista televisivo que durante el macartismo se enfrentó al senador en nombre de la libertad de expresión y de información. “Buenas noches, y buena suerte”, expresión que proviene de la forma habitual en que Murrow cerraba su programa “Cara a cara”, película dirigida por George Clooney, escrita por Clooney y Grant Heslov, protagonizada por David Strathairn, George Clooney, Robert Downey, Jr., Patricia Clarkson, Frank Langella y Jeff Daniels, entre otros, trata la historia de ese momento histórico en el mundo de la televisión. La película fue nominada a seis premios Oscar, entre ellos mejor película, director, guión original y actor principal para Strathairn.
Murrow y su equipo siguen el caso de un hombre del ejército irlandés que fue expulsado por acusaciones anónimas que lo asocian con el comunismo, pues una vez vieron al padre de éste leer un periódico serbio. Se le exige al soldado acusar abiertamente a su padre y hermana de comunistas, pero él se niega. Ante los hechos, el programa de Murrow investiga a fondo la forma en que el juicio es llevado a cabo y cuestionan públicamente, frente a la televisión, cómo es que se pueda condenar a un hombre cuando no hay pruebas tangibles que lo inculpen. El soldado es juzgado por asociación y Murrow pregunta a su audiencia si es correcto, ético y lógico sentenciar a una persona basándose en chismes, habladurías, suposiciones y rumores, ante lo que el Comité de investigación se justifica diciendo son medidas que se toman en nombre de la seguridad nacional.
El director de la división de noticias de la cadena televisiva que transmite el programa (la CBS: Columbia Broadcasting System) sabe que las acciones tienen consecuencias y que el trabajo de investigación de Murrow y su equipo puede ser considerado, por parte del Comité e incluso de un sector de la opinión pública, como una forma de traición. Durante el macartismo, muchos periodistas se negaron a levantar la voz para cuestionar el movimiento por temor a ser señalados, acusados de comunistas, de traidores a la Patria. Murrow razona que su programa debe servir como una puerta abierta al debate, pues es su deber hablar con franqueza, presentar los distintos puntos de vista, ser objetivo. Durante una ceremonia en la que recibe un premio especial (de la Radio-Television News Directors Association – RTNDA), años después de lo sucedido, el periodista hace un llamado a preguntarse sobre la presencia e influencia de la televisión en la vida de las personas y la forma en que ésta es manejada. Murrow señala cómo la televisión se vuelve un medio de distracción, aislamiento, engaño y entretenimiento, el contenido pasajero y superficial que la gente prefiere por sobre otro tipo de funciones posibles que el medio de comunicación puede ofrecer. El periodista concluye diciendo que las personas son las responsables de esto, tanto quienes miran como quienes la hacen. La televisión puede enseñar si la usáramos con esos fines, analiza él. Su discurso invita a la reflexión sobre la forma en que la televisión se maneja, se utiliza, diciendo que si se le continúa viendo sólo como un negocio financiero, los que la ven y los que la producen no pueden ver el error del que se son parte.
La respuesta del Senador en relación al programa de denuncia de Murrow no se hace esperar y su réplica acusa directamente al periodista de apoyar el movimiento comunista. “Si ninguno hubiéramos leído un libro peligroso, tenido un amigo diferente o colaborado alguna vez por el cambio, seríamos la clase de persona que Joe McCarthy querría”, les dice el periodista a su equipo cuando se cuestionan si seguir adelante con su trabajo de investigación. Después de esto, dedican su siguiente programa a otro caso revisado por el Comité que preside el Senador: una mujer acusada de ser comunista, a quien se le niega saber la identidad de sus denunciantes o entablar un juicio, o diálogo, cara a cara con ellos. El anonimato como medio de denuncia policial, la mentira, la calumnia y el rumor, como pruebas judiciales, en el marco de una política social que promueve el miedo para paralizar cualquier crítica al poder establecido. Tal era la esencia de la política anticomunista de J. McCarthy.

Aunque la voz de estos periodistas es escuchada y eventualmente el gobierno pone a juicio al Senador, las repercusiones hacia los involucrados tienen también un eco en el mundo del periodismo y la televisión. Los patrocinadores del programa poco a poco se retiran, con el consiguiente efecto económico para la empresa y para quienes trabajan en el programa, en tanto, parte de las exigencias de McCarthy es que a periodistas como Murrow no les sea permitido presidir programas que hablan al público, por la posible influencia que podrían tener en la conformación de su propia opinión. La cadena televisiva no puede dejar pasar por alto el impacto que la situación trae directamente a su empresa. En consecuencia el programa de Murrow queda casi desaparecido y pasa, de ser una emisión diaria en horario estelar, a convertirse en emisión semanal, limitada, a transmitirse en un horario menos sintonizado.
Las elecciones de estos personajes, en su responsabilidad de voz pública y trabajo de análisis, son importantes porque deciden cumplir con la oportunidad que les ofrece el alcance que tienen como medio de comunicación para hablar con claridad sobre hechos y acontecimientos que afectan a la sociedad, cuestionando a las personas que, actuando en nombre del gobierno, abusan de su posición de poder.
La sanción de la cadena, que aparentemente no deja de apoyar la posición de Murrow, responde a compromisos generales en su relación con el gobierno y su audiencia, previniendo otro tipo de repercusiones.
De la forma en que la televisión informativa asume una noticia y la difunde, su papel crítico respecto a los hechos y la responsabilidad periodística, la película abarca temas relacionados con el papel de los medios de comunicación en su impacto social, hablando también, de paso, de un periodo histórico como el macartismo, al que era difícil cuestionar por sus irregularidades legales y excesos autoritarios, sin automáticamente también ser señalado, aunque no hubiera justificación con sustento para ello; que en su persecución olvidaba los derechos civiles de las personas y condenaba a cualquiera que no se alineara con una forma de pensamiento o corriente política, específicamente, la que dictaba el gobierno estadounidense en curso, de profunda convicción anticomunista, no muy lejana ideológicamente de lo que se observa en la política social de quienes presiden, o intentan presidir, el gobierno en ese país.
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Buenas noches, y buena suerte
Discurso Edward Murrow
Dir. George Clooney
Estados Unidos, 2005
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Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México
Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.


En los países de Norteamérica la acción penal, después del proceso de averiguación, conduce a la realización de un juicio, en donde un juez se encarga de dictaminar la resolución conforme a lo establecido en las leyes y disposiciones jurídicas aplicables al caso. A veces un abogado no necesita demostrar que su cliente es culpable o inocente, sólo debe justificar sus acciones hasta un punto entendible en el que la sociedad lo perdone por sus acciones o conductas delincuentes; para hacerlo debe jugar con el enfoque de la percepción. Ese es el caso en la película Anatomía de un asesinato (EUA, 1959), un relato que se centra en la táctica con agilidad, inteligencia y maña de un abogado para convencer al jurado de dejar libre a su cliente, un militar que asesinó al hombre que abusó sexualmente de su esposa.



Se dice que son los vencedores los que escriben la historia, no los vencidos; y si bien esta es una forma de ver los hechos, lo cierto es que la historia está escrita, narrada y transmitida a través de las perspectivas de algunos, no de todos; estas perspectivas son sólo puntos de vista del pasado y no siempre representan lo que verdaderamente fue.



En V de Venganza (EUA-Reino Unido-Alemania, 2005), película dirigida por James McTeigue, escrita por Los Hermanos Wachowski, basándose en la novela gráfica “V for Vendetta”, de David Lloyd y Alan Moore; y protagonizada por Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, Stephen Fry y John Hurt, se vive un mundo así. Donde las prohibiciones a la libertad imperan y el ambiente que se vive es de miedo, de temor a la represión, en donde el toque de queda es permanente y no permite a las personas ser libres o elegir sobre sus acciones, espacios o tiempo; donde la vigilancia extrema mantiene al gobierno al tanto de las actividades de la gente en todo momento y en todo lugar: en su trabajo, su casa o su espacio de ocio, juzgando lo que piensan, dicen y opinan, reprimiendo a aquellos que se permiten un grado de individualidad o contrariedad, “donde lo diferente se volvió peligroso”, como dice V, un revolucionario que busca un cambio para el mundo en el que vive, necesitado de despertar de la opresión en que los mantiene su Canciller, con censuras a la libertad de expresión, el uso de los medios de comunicación para fabricar o cubrir la verdad detrás de las noticias, o con la transmisión de programas propagandísticos donde se repite a la gente, una y otra vez, incesantemente, aquello en lo que deben creer (en su gobierno) y lo que deben negar y rechazar (cualquier otro sistema de organización social).
En la literatura o el cine, un mundo distópico hace uso de los elementos que lo conforman como herramientas metafóricas que permitan reflexión y análisis del mundo real en el que se basan; sus temas y discusiones, ambientados en un universo creado o ficticio, reflejan temáticas con eco en la realidad presente; se trata de sociedades no deseadas, irreales, pero trazadas a partir de una actualidad, con sus problemáticas, preocupaciones, desarrollo y limitantes.
En el mundo, las frases y los dichos son parte de la cultura popular con contenido reflexivo que manifiestan una verdad, contienen una lección y hablan de una realidad a veces dada por sentado. “La violencia genera violencia” es una frase que advierte y analiza, critica y explora el comportamiento de una sociedad. No es un positivo o negativo del ambiente social, sino un hecho como tal, palpable y estudiado. Un acto cruel y violento sólo crea más violencia y caos y, por tanto, combatir la violencia no puede hacerse con acciones igualmente violentas. El dicho popular es claro y conocido, popularizado, sin embargo, entonces, ¿por qué se sigue propagando la violencia? Porque lo importante no son las palabras o esparcir los refranes, sino seguirlos con acciones.

“Alpha” se refiere a la primera letra del alfabeto griego, que deriva en la “A” latina que conocemos. Como primera letra, “alpha” también sirve para referirse al principio de algo; un inicio y todo lo que metafóricamente hablando se desprenda de él, por ejemplo, una persona alpha, como primera, sería superior a las demás. Pero en la ciencia, la técnica o metodología alpha-operatoria también se refiere a la forma en que el hombre (el operador) entiende, percibe e interpreta su mundo, por ejemplo, un concepto no tangible, como el amor, que provoca diferentes sentimientos, actitudes, expresiones y emociones en cada persona, dependiendo de cómo lo asimilen, en función de su experiencia. Alphaville (Francia, 1965), película escrita y dirigida por Jean-Luc Godard y protagonizada por Eddie Constantine y Anna Karina, habla de estos conceptos en su discurso, presentando una sociedad distópica, totalitaria, donde los sentimientos y las emociones no existen, o más bien son sancionados.

