Por: Perla Atanacio
Como creadores y contadores de historias, podemos ver y conocer al mundo en todas sus aristas, pudiendo ser observadores de la realidad en la que estamos inmersos. Es la producción audiovisual y cinematográfica, responsable de emitir mensajes positivos y de superación a nuestra audiencia, somos los productores, guionistas, directores, los encargados de que esa encomienda se cumpla, no sólo motivando la compra en el caso publicitario, sino lograr un cambio, impulsar una motivación en nuestra audiencia al verse reconocida en la pantalla que aplique positivamente en su vida.
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La industria cinematográfica se ha encargado de impulsar la producción de historias que muchas veces tienen todo, menos eso…historia, mucho menos una carga valórica o cultural, pero sí de entretenimiento, quizá sea el cine que nos merecemos por no exigir calidad en nuestros contenidos.
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Los realizadores audiovisuales independientes, sean empíricos o egresados de una escuela, se enfrentan todos los días con el gran desafío de promover de manera autodidacta sus trabajos, siendo una de las profesiones más difíciles del mundo, formando a personas igual de resistentes…
Es en este punto, cuando las escuelas, los Consejos y Secretarías de Cultura de los Estados y Federales, deben cobrar fuerza, apoyando el quehacer artístico de sus creadores…reflejo del alma de sus ciudadanos.
Las nuevas tecnologías nos traen de la mano una nueva manera de vender nuestro trabajo, de contar, de entretener, de persuadir. Como profesionales, tenemos una nueva herramienta para poder manifestar nuestros dones, todo está listo, pero, nos encontramos con el gran problema del presupuesto, el dinero que los anunciantes disponen para apoyar un proyecto y la falta de información de cómo emplear esta tecnología.
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Las apuestas se realizan en más de las veces a un evento redituable, que realice el acto de “ganar-ganar”, son muy pocos los productores que promueven al arte emergente, colectivos, artistas urbanos o indígenas, que transmiten el clamor, el llanto, la risa, los sueños de su pueblo para dar testimonio de que también existen, y existimos.
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Nuestro México es un país de industria, de tecnología, de genios creativos publicitarios y audiovisuales. Poco a poco van abriéndose espacios iberoamericanos de difusión y exhibición de realizaciones audiovisuales que surgen como independientes, este es un nuevo concepto de galería de arte, de sala de cine, de lugar de encuentro entre las historias y sus protagonistas.
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Es la Educación al último santo que habremos de rezar para solucionar nuestras tragedias, pues es ella la que habla de quiénes somos, a donde vamos y lo que dejaremos a la historia.
Abramos pues ese espacio para que a nosotros también se nos sean abiertas las puertas de la educación y la cultura de nuestros pueblos en el mundo.
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Texto presentado como ponencia en el 1er Congreso de Gestión Cultural y Economías Creativas de Yucatán, México
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Perla Atanacio | IMDb | @pratanacio | perla@filmakersmovie.com | México
Imaginaria Mexicana. Guionista de televisión, ficción y documental. Directora, investigadora social. Productora Audiovisual y diseñadora publicitaria. Filmakersmovie combina sus pasiones, la difusión, las relaciones humanas y sociales, propalando historias universales, testimonios de vida.
Ese día fue uno de sentimientos encontrados que me resulta difícil describir, apenas comenzaba la mañana cuando se daba la noticia del fallecimiento de Cerati. Guardaba la esperanza de que un día pudiera despertar, y como en la película Gabriel Retes, o “Good Bye, Lenin!” (Dir. Wolfgang Becker, Alemania, 2003) contarle todo lo que había ocurrido durante su sueño.
Luc Besson nos comparte una vez más una de esas historias en las que no sólo nos ofrece un atractivo espectáculo de acción, sino que además, nos hace, también, reflexionar sobre las circunstancias que viven sus personajes, sobre…nosotros mismos.







Julián Lamar es un actor con mediano éxito y reconocimiento, trabaja lo mismo en teatro como en el cine. Fuera de los escenarios parece volverse mínimo ante los “ninguneos” discretos de su padre, que no parece darle voto de confianza a su arte y oficio. Se encuentra filmando una película de época en el que parece “no tener problema alguno” con el actor principal. Un día, se entera que un prolífico director estadounidense está en Buenos Aires haciendo el casting del que será protagonista de su nueva película, quizá este podría ser el papel de su vida, el que le demuestre a quienes les rodea que es el mejor actor jamás visto en el rol de Vaquero.


































