3 marzo, 2026

Blog

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 13: Napoleón Glockner

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con el reconocido académico, actor y locutor mexicano Napoleón Glockner. Te invitamos a recorrer la trayectoria de Napoleón Glockner, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México-UNAM, actor de teatro, cine y televisión, decano de la locución y el doblaje en México, conoce su historia, motivos e inspiración en los diversos ámbitos de sus actividades. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #napoleonglockner #jovenesartesanos #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

ENCUENTROS con Iván Uriel

Una producción Original Filmakersmovie.com

contacto@filmakersmovie.com

México, 2025

IMPORTANTE: algunas imágenes que aquí se exhiben no pertenecen a Filmakersmovie, y han sido utilizadas para mostrar el trabajo de nuestro entrevistado, respetando los derechos de autor. Las opiniones expresadas en este programa son responsabilidad de quien las pronuncia. Encuentros es un programa de entrevistas sin fines de lucro.

Cónclave: fe, devoción y poder, al reflejo de los tiempos

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Cónclave es una de las más interesantes propuestas fílmicas de la década, sutil, elegante, y al mismo tiempo atrevida, explora diversos temas considerados como intratables desde una perspectiva dogmática; lo anterior, enmarcado dentro del proceso electivo de un nuevo papa ante la muerte del pontífice en turno, legando en su ensayo, la deconstrucción de un cónclave papal, y una aproximación a los intereses religiosos, posicionamientos políticos, argumentos ideológicos, teológicos y filosóficos, así como prejuicios territoriales, nacionalistas, raciales y globales que permiten a la audiencia, profundizar, más allá del cónclave en sí, en todos los entresijos que delimitan su existencia. El análisis y resolución de los candidatos, las razones, motivos y acuses de la elección, son el colofón desde el cual se presentan los claros favoritos a ocupar la plaza máxima en la Santa Sede, como las alternativas instrumentales y, sobre todo, la sorpresiva conclusión desde toda misiva, haciendo del guion de Peter Straughan, adaptado de la novela escrita por Robert Harris y dirigido por Edward Berger, en la mejor película estrenada en esta temporada de premios.

Con las sólidas actuaciones de John Lithgow, Stanley Tucci, Sergio Castellito y Lucian Msamati en la siempre acompasada profundidad de Isabella Rosellini y la extraordinaria actuación del enorme Ralph Fiennes, Cónclave muestra los avatares de un proceso electoral desde la coral evaluación del discernimiento, a la luz de la devoción, el credo y la fe, donde la doble moral y la curia, la misoginia y el arrebato, la solidaridad, la empatía o el perdón como absolución del castigo,  son un crisol de múltiples debates, conspiraciones e intrigas, que dejan al reflejo una profunda reflexión sobre la condición humana, el libre albedrío, y la religión. La cinta resulta un espléndido ejercicio audiovisual, con una música sugerente y una fotografía que desde su paleta de colores nos recuerda otra obra maestra de Berger, la evocadora, Sin novedad al frente; en Cónclave, la audiencia puede atestiguar una demostración actoral cuyo  cariz profuso resulta admirable, al tiempo que se adentra en una suerte de campaña electoral desde un thriller psicológico  y un viso eclesial que le dejará en el aliento contenido de un final que, quizá, la película propone como un paso necesario en las instituciones religiosas, y de las cuales uno quisiera precisamente fe, empatía, amparo, paz, inclusión, igualdad, solidaridad, amor y libertad.  Mención especial merece la sensible, y a la vez conmovedora presentación de Carlos Diehz, quien a través de su personaje sorprende, envuelve y da sentido al Cónclave, y su elección.

Conclave, 2024, Dir: Edward Berger 

Politólogo, escritor y documentalista, Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas, y Premio Bienal de la Academia Literaria de la Ciudad de México, es autor de diversas novelas y director de documentales en derechos humanos. Director Editorial de Filmakersmovie, recibió el Premio Nacional de Gestión Cultural; su obra ha sido compartida en más de cuarenta países de cinco continentes.

Descuida, yo te cuido

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Las personas quieren ganar, quieren tener, acumular, persistir, presumir, sentirse superiores y poder decir que son todo lo que la sociedad considera exitoso, para ser reconocidos, aclamados o valorados; se busca obtener belleza, dinero, fama, lujos y comodidades, entre otras cosas. Esa es la naturaleza humana, la competitividad y la supervivencia, o visto desde otro punto de vista, la ‘ley de la selva’, la ley del más fuerte, la dinámica de sobresalir o quedar rezagado. Desde luego, esta dinámica acentuada, profundizada, en virtud de la propia mecánica del sistema capitalista de producción que funciona justo en la medida en que unos pocos acumulan dinero y capital, en tanto la gran mayoría sufre miseria, pues son expoliados por la élite económica-política.

Crees que eres una buena persona, pero no es así. Créeme, no existen las buenas personas. Yo era como tú, pensaba que esforzarme y hacer las cosas bien me garantizaría el éxito y la felicidad. Pero no. Hacer las cosas bien es un chiste que inventaron los ricos para mantenernos pobres al resto. Y yo fui pobre. No va conmigo. Hay dos tipos de personas en este mundo: la gente que aprovecha y de los que se aprovechan. Depredadores y presas. Leones y corderos”.

Ese es el análisis con la que empieza la película Descuida, yo te cuido (EUA, 2020) en voz de su protagonista Marla Grayson, una mujer oportunista y mezquina que tiene un negocio alineado con los engaños legales del sistema y que ha planeado, con mucha estrategia, para hacerse del dinero de las personas más desafortunadas, que no son las más pobres sino las más solas y desprotegidas. En efecto, Marla se considera una leona y los adultos mayores a quienes les exprime sus ahorros para quedárselos ella, son sus presas. En esencia es la imagen del mundo animal, irracional, en donde el pez grande se come al chico, o en donde los depredadores asesinan y devoran a presas más pequeñas. En el supuesto mundo racional humano, son lo que los intelectuales y políticos definen como “grupos vulnerables”. Sin embargo, la narrativa ilustra justamente que en el fondo seguimos siendo animales, autodenominados racionales, pero incapaces de abandonar el comportamiento bárbaro para exterminar a quienes consideremos más débiles que nosotros mismos.

Escrita y dirigida por J. Blakeson y protagonizado por Rosamund Pike, Peter Dinklage, Eiza González, Chris Messina, Dianne Wiest y Alicia Witt; la historia sigue a Marla, quien trabaja como representante legal de un buen número de adultos mayores, aparentemente incapaces de cuidar de sí mismos y a quienes legalmente un juez los asigna a ella, como encargada de su tutela o custodia. Marla se la vive convenciendo a los juzgados de que su labor es cuidar a sus clientes, protegiendo sus beneficios, pero en realidad el único beneficio que busca es el de ella. Tiene acuerdos con médicos y con el encargado de un asilo de ancianos para que aíslen a los adultos bajo su custodia de todo contacto, incluyendo su propia familia; se exageran los registros médicos para que parezca que estos ancianos ya no tienen capacidad de cuidar de sí mismos o de tomar decisiones en pleno uso de sus facultades mentales; así Marla se queda a cargo de todo aspecto sobre sus vidas: sus finanzas, su salud, su supervivencia misma. La ruin estafa está bien resumida en las palabras con que inicia el filme, en las que Marla asegura que en la vida, o te aprovechas de alguien o alguien se aprovecha de ti. Es una lección aunque no un buen consejo de vida, en esencia porque tiene razón. Idealmente el mundo debería ser solidario, libre, respetuoso y colaborador, pero en la realidad la sociedad se guía bajo la filosofía de ganar a toda costa, la que implica que para que haya un ganador debe haber uno o varios perdedores, lo cual induce a aprovecharse del de junto para sobresalir, o empujar al de enfrente para quedar en su lugar.

La historia elige un tono sarcástico para presentar todo esto porque es una comedia negra, pero una que sirve para demostrar la realidad de los absurdos, ya que Marla sólo actúa conforme a la ley, aprovechando para obtener beneficios gracias a las inconsistencias del sistema y a la corrupción del ser mismo. Interpreta la ley a conveniencia y manipula a las personas abusando de la debilidad y salud ajena. Por ejemplo, convence al juez con un discurso manipulador bien argumentado, se asocia con una doctora y el dueño de un centro médico a cambio de una ganancia monetaria también para ellos y elige a los adultos mayores ‘más factibles y viables’ con análisis frío y calculador, personas solitarias con pocos familiares o ninguno, pero suficiente dinero o solvencia económica como para explotar su capital. Eso es lo que valen las personas para Marla, simples objetos para explotar en función del costo-beneficio. En este caso, la relación entre bienes, dinero y pertenencias con respecto a desprotección y vulnerabilidad. Aquí está la idea clave de la película, explotar al prójimo; lo que Marla y su socia Fran, quien también es su pareja, tienen bien ensayado, asumir una personalidad sumisa y, aparentemente, socialmente responsable; esa careta de personas preocupadas ‘al servicio de la comunidad’, para hacer bajar la guardia del de enfrente. Logran asumir el control de las otras personas con mucha facilidad y además de forma legal, gracias a la aparente iniciativa servicial que en el fondo adoptan para parecer amables y loables y así ser convincentes y aceptadas. El juez que recibe los casos de Marla está, por ejemplo, convencido de que ella no sólo hace bien su trabajo sino que en realidad vela por los intereses de la gente a su cargo, porque así es como Marla quiere que la vean, como alguien confiable y respetable. Esta fama, este perfil que la gente se hace de ella, le permite explotar a otros sin que se sospechen malas intenciones de su parte.

El plan es aparentar una cosa y hacer otra, para no levantar sospechas, así que Marla y Fran se dedican a elegir personas que, apoyadas en la doctora que trabaja para ellas, sean catalogados como incapaces o débiles, usualmente pacientes (potencialmente mal etiquetados) con demencia o algún deterioro mental similar que obligue a la ley a intervenir. Entonces trasladan a esa persona a un asilo de acianos, en donde el encargado controla al paciente tanto como Marla lo solicita y luego estos personajes proceden a hacerse de todos los bienes del adulto mayor en cuestión, al tener legalmente control de su dinero y poder de decisión, lo que incluye documentos que firman bajo los excesivos medicamentos que se les suministran,  a partir de la aseveración de Marla de que son a su favor. Marla se justifica diciendo que lo que hace es vender las propiedades de esas personas para pagar tanto sus honorarios como el ingreso y mensualidad del asilo, pero en realidad, como guardián legal absoluto, ella administra de tal forma que tiene posesión de la vida de las personas como si fueran objetos, suplantando su voluntad, manipulando sus decisiones, para vender sus propiedades y pertenencias y así obtener el mayor dinero posible durante el mayor tiempo posible, o sea, hasta que la persona fallezca. O lo que es lo mismo, convierte a un humano en una fuente de ingresos, explotándole bajo el respaldo de las autoridades que lo facilitan creyendo que el modelo de tutela o guardia legal beneficia en lugar de afectar a las personas. La trampa de Marla ni siquiera es una trampa propia, es una realidad de la que se aprovecha, el sistema de tutela que opera en Estados Unidos donde se desarrolla la historia, convirtiendo a personas con problemas de salud en seres sin derechos, sujetos a la voluntad ajena por decisión legal; una forma de esclavitud justificada y avalada por la ley. Marla interpreta la ley, compra conciencias y voluntad de profesionistas que aprovechan para obtener ingreso adicional y abusa de la debilidad física y aislamiento familiar de las personas a quienes convierte en sus presas.

Suena absurdo pero no lo es, al menos no como lo plantea la película. Por ejemplo, si un médico determina que una persona no es capaz de tomar sus propias decisiones en pleno uso de sus facultades, o que su actuar puede hacer que su vida o la de otros corra peligro, el Estado interviene, asigna un tutor o guardián y ni siquiera tiene que avisar a nadie, ni siquiera a los familiares, dado que se considera una situación de ‘emergencia’ y el juez que asigna se considera una autoridad velando por la seguridad de la persona, autoridad que también asume que es su responsabilidad y que está haciendo lo ‘correcto’. El problema está en que se supone el médico actúa siempre profesionalmente con ética y sin dolo, sin embargo, el sistema hospitalario gubernamental y la práctica profesional privada están llenos de ejemplos que demuestran indudablemente lo contrario: médicos, enfermeras y psicólogos o psiquiatras que inducen comportamientos, drogan a conveniencia, vuelven adictos y dependientes a los pacientes. En breve, se ajustan al dicho que establece que ‘el mejor paciente es el que no se cura pero tampoco se muere’. Y de eso se aprovechan, carentes de moral, Marla y sus cómplices. ¿Lo correcto para quién? Habría que preguntar; ¿para el Estado, el tutor, el paciente o para la sociedad? ¿Qué parámetros se toman en consideración para tomar tal decisión de catalogar  la persona como ‘incapaz’, además de un certificado médico que puede decir lo que sea que el médico quiere que diga? O en cuyo caso, y tal es el escenario de la película, ¿qué tan sencillo es sobornar a un médico para que un informe de salud diga exactamente lo que alguien más dicta o estipula según sus propios intereses? Sin duda, es en verdad muy fácil toda vez que el sistema educativo forma profesionistas carentes de ética y en búsqueda del máximo beneficio. Así que Marla está tranquila porque sabe que las personas que “técnicamente” hacen algo ilegal son sus asociados, mientras ella sólo cumple con los requerimientos legales. Marla es la reina de la selva, retomando su analogía de leones y corderos, pues se sirve de otros para que hagan el trabajo sucio y así ella pueda conseguir su cometido. Ella gana y todos los demás pierden o reciben sólo migajas.

La trama de la historia se concentra en que Marla y Fran se topan con alguien igual de despiadado y audaz que ellas, alguien que sobrevive y obtiene ganancias y privilegios aprovechándose, abusando de los demás. Ese es Roman, un criminal cuya madre, Jennifer Peterson, se ha convertido en la nueva víctima de Marla. Sin poder reclamar de forma legal, dadas sus actividades criminales relacionadas con el tráfico de drogas que le impiden revelarse como el hijo de Jennifer, Roman tiene que recurrir a las prácticas ilegales para recuperarla. Es entonces que la comedia negra encuentra su punto más fuerte; Roman intenta conseguir su meta primero de la manera legal, enviando a un abogado para revertir la situación, pero no lo consigue, porque Marla es más astuta ya que tiene más experiencia en este tipo particular de asuntos legales y sabe ser más convincente y persuasiva, por lo que el criminal comienza a buscar alternativas diferentes. Bajo el dicho ‘hierba mala nunca muere’, Roman nunca logra deshacerse ni de Marla ni de Fran, en parte porque está rodeado de empleados incompetentes, que son superados por la astucia de aquellas dos mujeres. O la película pinta a criminales de la mafia ineptos (y lo son, hay tantos intentos fallidos de matar a Marla que resulta caricaturesco) o esa es la idea de fondo del guión, demostrar que aunque el crimen y la violencia pueden, la corrupción puede más. Roman se lanza directamente a las amenazas y a matar gente y no logra su objetivo, mientras que Marla procede a limitar los medios por los que Roman o su madre, o cualquiera de sus clientes, pueda hacer algo, legal o ilegalmente, porque los señala, expone y eventualmente controla de una forma astuta, bajo las sombras y en la discreción, lo que finalmente da mejores resultados. En breve, Marla sabe ser hábilmente el león disfrazado de cordero. Esa es la ley de la selva, no sólo aprovecharse del débil, sino sacar del camino al otro que es igual de fuerte que yo. “Jugar justo y tener miedo no te lleva a nada”, insiste Marla; de nuevo, esa no es la lección de la historia, esa es la forma de pensar de este personaje que ejemplifica la corrupción y maldad del ser humano, la realidad competitiva que le orilla a olvidarse del trabajo en equipo y la solidaridad para proceder en beneficio propio, de forma individual y egoísta. Finalmente se trata de  una comedia negra que refleja el mundo real; hay muchas Marlas en esta vida, personas que sólo responden a su avaricia y ambición; personas egoístas, envidiosas, soberbias, manipuladoras y/o controladoras, que harán lo que sea por conseguir lo que quieren, porque a ellos no les importa a quién afecten, a quién pisoteen, destruyan o lastimen, mientras se haga lo que dicen, como lo dicen y cuando lo dicen. ¿Es Marla un modelo a seguir? No; Marla es en realidad el prototipo o reflejo perfecto de la gente que quiere poder y que quiere ganar; ese tipo de personas de la que está lleno este mundo, seres sin principios morales, egoístas e inhumanos.

“Toda fortuna comienza con un salto de fe. Pero antes de dar ese salto, primero, hay que conocerse muy bien. Saber quién eres. Preguntarse: ¿estoy adentro o estoy afuera? ¿Soy un cordero? ¿O soy una leona? ¿Soy una depredadora? ¿O soy una presa? ¿Soy buena con el dinero? ¿O soy buena con la gente? ¿Qué estoy dispuesta a sacrificar para cumplir mis sueños? ¿Qué líneas no cruzaré?”, analiza Marla al final de la película, luego de asociarse con Roman. Incapaz de sacarla de su camino, aquel le propone una alianza que los beneficie a ambos y esto es interesante porque, siguiendo la lógica de la protagonista, Roman también es un depredador, no una presa. No pudo deshacerse de Marla, así que sobrevive aprovechándose de ella. Sí, respalda y financia su negocio para expandirlo, logrando que así ella genere más ganancias para sí, pero Roman no se queda sin nada, se queda con su parte de las ganancias. Ella proporciona las ideas, él proporciona la visión; ella plantea un modelo de explotación, él explota el modelo de explotación, proponiendo ser sus propios creadores de oportunidades, abriendo sus propios asilos de ancianos y clínicas para adultos para no depender, por ejemplo, de un médico que les firme un comprobante médico que diga lo que un juez necesite escuchar, sino tener ellos el medio para emitir ese certificado de salud según sus necesidades. Un negocio redondo, a prueba de huecos legales, más bien apoyándose en ellos, controlando todo lo que Marla no controlaba antes, abogados, médicos y cuidadores contratados en sus empresas para construir un imperio legal de la ilegalidad de su estafa (crimen organizado se define ahora), aprovechándose así ya no sólo de unos cuantos, sino de miles de personas vulnerables, indefensas. Una élite de leones en la selva, sacando provecho de los muchos corderos que no miran los hilos del engaño; o como dirían por ahí: la vida misma tal cual es a partir del modelo capitalista actual. Personas con moralidad dudosa y falta de ética que dictan su propia definición de ganar: tener dinero, tener poder, ser más que los demás. ¿Y para qué?, cuestiona la película, una vez que Marla encuentra la muerte de la forma más catárticamente justa, a manos de una persona que afectó indirectamente, el hijo de una anciana a quien despojó de su dinero aislándola de su familia. Lo importante aquí ya no es si hay justicia o si esta mujer es un ejemplo de un modelo de negocios ruin pero productivo, sino lo que demuestra con su desenlace es que el mundo es perturbadoramente cruel e impredecible, pero incluso hasta el más cruel se encuentra con lo imprevisto e inevitable, porque nadie tiene el destino comprado. ¿De qué sirve entonces el poder y la riqueza acumulada? En voz de Marla misma, cuando Roman le pregunta si no teme que la mate: “¿Recuerdas lo aterrador que era en 1807? ¿No?, yo tampoco, porque aún no estaba viva. Se sentirá igual cuando muera. La nada misma. ¿Por qué temerle a eso?”. Haya altanería o convicción en sus palabras, el punto es que tal vez se equivoca: el asunto no es la muerte, sino cómo vivimos.

I Care a Lot, 2020, Dir: J. Blakeson

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

Las rocas que corola el viento, Bob Dylan y “Un perfecto desconocido”

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Bob Dylan, ganador del Premio Nobel de Literatura, se muestra como un artista en búsqueda permanente, y un creativo que no cierra los ojos ante la realidad que avista crear una realidad alterna, sino mejorarla desde el propio testimonio activo.

Bob Dylan es un referente de la cultura musical, su irrupción a inicios de los años sesenta en el panorama contracultural que definiría los senderos de una generación envuelta por la guerra fría, la crisis de los misiles de Bahía de Cochinos entre Cuba y Estados Unidos, la efervescente sinergia de dogmas, ideales y posicionamientos políticos, así como la guerra de Vietnam y el devenir de los movimientos sociales y estudiantiles, marcó un hito en la composición lírica del género Folk, y de varios géneros. El sonido acústico de su guitarra, las evocadoras líneas de su armónica, y una rasposa voz que al desgarrador compás de sus letras, definieron el estilo del músico originario de Minnesota, quien se consolidaría al amparo del Festival Folk de Newport, devotos creyentes de su obra, como Pete Seeger, referentes como Woody Guthrie, o impulsoras como la extraordinaria Joan Baez. Bob Dylan sin pretenderlo, se convertiría en la voz de una generación, de quienes andan las calles sin encontrar razones, respuestas ni motivos; de quien acusa la injusticia como una suerte de azar inadvertido, y se vierte en los confines de un viaje continuo que pulula desde el viento el sentido del horizonte, y desde el sentido, el significado de verlo. Albert Grossman como un personaje que sensibiliza el talento, el producto y la emoción, y un Johnny Cash desde la mentoría de un rapsoda testigo, integran la variopinta propuesta de los nombres que pudieran tener inferencia en el joven Bob Dylan, que, llega a Nueva York con sus liras en la espalda, habita los avatares de la urbe que lo mismo fulmina que motiva, hasta llegar a convertirse en el ícono solista más importante de su tiempo.

En “A Complete Unknown” James Mangold nos presenta un viso de los entresijos que vive el compositor a la luz de las historias, vivencias y vicisitudes, los pasadizos, amores, influencias, amores, apegos, pasiones, deseos, estigmas, prejuicios, y declaraciones de la manifestación del sentir ante un contexto, incluso, del artista ante su propia música en reacción y réplica, tal como quien, al verse reflejado en el espejo reflejo de sus convicciones, profiere un máximo o mínimo ajuste de su estilo, conferido en aquello que delimita la unicidad, la genialidad, lo que resulta irrepetible, y, a su vez, permea el colectivo. James Magold, director sendas cintas como Cop Land, Girl Interrupted, Walk the Line, 3:10 to Yuma, Knight and Day, Ford vs Ferrari, y Logan, presentadas en diversos géneros, comparte su visión de una etapa por demás prodigiosa en la historia de la música de Estados Unidos y de el mundo, los años sesenta, enmarcada en las cuitas de un joven cantautor, Bob Dylan.

El espléndido Timothée Chalamet interpreta a Bob Dylan con la misma fiereza que afronta el reto Mónica Barbaro sobre personaje de Joan Baez, haciendo del guión, coescrito por el propio Mangold, basado en el libro de Elijah Wald, acerca de los días en que Dylan aprestó por el uso de una guitarra eléctrica, revolucionando la propia revolución del Folk que él había hecho. Desde la invención de su propio imaginario, hasta la publicación del sencillo “Blowing in the wind”, del disco “The Freerhellin”, hasta la edición de “Like a Rolling Stone” del álbum de 1965 “Highway 61 Revisited”, uno de los discos que mayor influencia han tenido en la historia de la música grabada, y cuyo sencillo se convirtió, para algunas revistas y libros especializados, en la mejor canción de todos los tiempos, como lo citaran las listas de críticos en Rolling Stone. La cinta ofrece un corolario sobre sucesos de los años 50 y 60 que definirían el camino de Bob Dylan, así como algunos acontecimientos de su vida, tanto en el pleno personal, como desde la influencia que otras figuras tuvieron en su música, y los senderos que se fueron abriendo en el rodar de sus canciones. Chalamet apunta dentro de su ya interesante repertorio de personajes polifacéticos, icónicos pasajes del maestro Dylan con honestidad, franca convicción y la generosa interpretación de un actor que sigue su vía hacia la consagración como intérprete referencial de su generación.

Bob Dylan, ganador del Premio Nobel de Literatura, se muestra como un artista en búsqueda permanente, y un creativo que no cierra los ojos ante la realidad que avista crear una realidad alterna, sino mejorarla desde el propio testimonio activo. El desafío de los convencionalismos musicales, el reto a la propia industria, o el arriesgado afán por la innovación desde las letras y el uso de los instrumentos al ritmo, hacen del maestro, un epítome de agitación, creatividad y activismo desde la música, dentro y fuera de la realidad, como esos escenarios que avivan roda como roca en el presente, mirar el pasado en su giro, y habitar el futuro de la consciencia. La película explora algunos de los motivos que confieren la esencia del cantautor, y deja quizá, otros flancos abiertos al análisis, centrándose en un momento específico de la vida personal y artística del mito, dejando las preguntas a la audiencia, y las preguntas al viento de su miro.

A Complete Unknown, 2024, Dir:James Mangold

Politólogo, escritor y documentalista, Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas, y Premio Bienal de la Academia Literaria de la Ciudad de México, es autor de diversas novelas y director de documentales en derechos humanos. Director Editorial de Filmakersmovie, recibió el Premio Nacional de Gestión Cultural; su obra ha sido compartida en más de cuarenta países de cinco continentes.

Anora, 2024, Dir: Sean Baker

Por: Andrés Palma Buratta

El cine de Baker no es una simple reivindicación de las minorías sexuales o de los marginales, el cine de Baker es un ejemplo de otredad. Y es ahí donde comienzan todos los matices de la obra de Baker.

Anora es una bailarina de lapdance en un striptease de New York que se deja cautivar por un muy joven multimillonario hijo de oligarcas rusos y vive, por una semana, lo que ella cree es la vida de una princesa. El tema de los reinos, las princesas, Disneyland, se repite a lo largo de la filmografía de Sean Baker, ya sea en el personaje de la prostituta transgénero Sin-Dee Rella en Tangerine, o la historia de una madre desempleada y su pequeña hija en un motel a las afueras de Disneyland. Anora se suma a ese universo “outsider” donde Sean Beaker hace gala, nuevamente, de su capacidad para darle voz a estas “minorías sexuales”, pero sin caer en la moralina condescendiente y lastimera de la que peca la mayoría del cine comercial Hollywoodense e incluso del cine mal llamado independiente. Harmony Korine lo intentó alguna vez, pero, al igual que Audiard y su Emilia Pérez privilegió un elenco de estrellas pop con miles de seguidores en las redes sociales pegadas en fondos de cartón estridentes, por sobre estos descubrimientos que resultan ser Ani, interpretada por una muy convincente Mikey Madison e Iván (Mark Eydelshteyn), que bien pudieron haber salido en cualquier película del director californiano o su amigo Larry Clark, con su propia estridencia, inmadurez y detestable personalidad, pero que sin embargo, Baker fue capaz de devolverle a esas disonancias un papel de performer. La actriz/actor vuelve a ser más importante que el maquillaje.

Baker utiliza la vieja, pero nunca oxidada, formula de la comedia física que tanto significó para el cine de los años 30/40 y que repercutió durante generaciones en las filmografías de tantos otros directores que con más o menos fortuna la siguieron llevando a la pantalla grande hasta el día de hoy. Ver Anora es ver a los Hermanos Marx, inevitable no pensar en el trio cómico al momento de la llegada de los tres guardaespaldas “rusos” que acompaña a Anora, pero también es ver a Buster Keaton (no por nada la mayoría del arte de vanguardia se inclina por la pureza mecánica de Keaton sobre Chaplin o Laurel y Hardy) o Harold Lloyd, las comedia de los años 40, mezclada con la frescura del mejor Godard de Pierrot le fou o Bande à part, pero sobre todo de Jules et Jim, donde el amor naif, juvenil, alocado se convierte en tragedia, en finalidad narrativa aunque despreciada por los círculos académicos y críticos de la alta alcurnia cinéfila. Anora, corrió con mejor suerte y ya fue premiada en Cannes.
Anora es un nuevo slapstick de neón y estupefacientes que sigue un poco la línea de Red Rocket, en cuanto a la seguidilla de gags sobre la que Baker construye estos frenéticos mundos circunstanciales, muchas veces políticamente incorrectos, pero totalmente queribles o por lo menos entendibles. Baker parece conocer o por lo menos saber cómo se mueve ese mundo y elige el lenguaje cinematográfico adecuado para exponerlos en pantalla, con mucha dignidad (dicho sea de paso), tensión latente y sin caer en la intelectualización del relato, con personajes que expelen emoción que deriva en dramaturgia.

Pero más allá de la película en sí, creo que Baker ha entendido la sociedad actual mejor que muchos sociólogos, antropólogos y para que decir políticos que se adjudican las banderas de las nuevas luchas post capitalista.
Por mucho tiempo se habló sobre la representación de la realidad en el cine, el “como si fuera real”, la eterna y académica lucha entre la diégesis Platónica y la mímesis Aristotélica, donde la imitación de la naturaleza se resiste a la comparación con el referente y se convierte en el original. Donde se busca reproducir una semejanza con hechos naturales o sociales y por otro lado se busca crear un propio mundo y obedecer sus propias reglas. ¿Qué es Anora entonces? Los dos, ninguna de las dos, Anora es más que una película.
Anora es entender el posmodernismo, el hipercapitalismo, es la digitalización de las relaciones humanas, es el intercambio de amor por dinero y ojalá subido a las redes sociales que caracteriza las actuales formas y fondos de relacionarse sentimentales, sexuales, políticas, económicas y sociales de nuestras sociedades, o por los menos de nuestras nuevas generaciones químicamente emborrachadas. Y cuando hablo en plural, es porque personalmente ya no identifico las barreras ideológicas, filosóficas o intelectuales de antaño en los jóvenes y tampoco en los viejos. Los revolucionarios del ayer, son los reaccionarios del hoy.
El cine de Baker no es una simple reivindicación de las minorías sexuales o de los marginales, el cine de Baker es un ejemplo de otredad. Y es ahí donde comienzan todos los matices de la obra de Baker.
Baker centra su mirada en los “otros”, aquellos personajes que no comparten identidad con “nosotros”, creando esa pertenecía y diferenciándose de esos grupos históricamente dominantes, para convertir aquellas estigmatizaciones y discriminaciones en potenciales recursos de inclusión, justicia y empatía. Convierte entonces al “otro” en comunicación, base de la diversidad y cooperación para la sobrevivencia (véase The Florida Project) en antítesis a la jerarquización sistémicas de grupos hegemónicos.
Sin embargo, Baker, al igual que Audiard, no ha estado exento de polémicas por una serie de tweets que parecieran ser más bien reaccionarios, apoyando al culpable de asesinar a dos manifestantes durante los disturbios civiles en Kenosha, Wisconsin. ¿Es acaso posible entonces, que la «derecha» también haga cine, buen cine y relate la humanidad en películas más progresistas que los mismos progresistas en su cine conservador, llenos de juicios morales evangelizadores?

Y es que Sean Baker es capaz de ver y plasmar de forma muy palpitante las últimas etapas de los imperios, sociedades reconstruidas sobre la opulencia de antaño, bañados por ese oro oxidado, deshecho por su avaricia, megalomanía y estupidez. Pero Baker también entiende que esas sociedades todavía se niegan a morir, sociedades que aún no se sacuden de la guerra fría y miran el mundo en blanco y negro y que de vez en cuando da unos últimos estertores de brillo y expanden sus mensajes vociferantes a través de plataformas masivas de comunicación antes de colapsarse. No es nada nuevo. Ya en los años ‘40 Orson Welles con el Ciudadano Kane había reflejado el delirio y su poder mediático. Pero Baker quizás dio voz a los adolescentes apolíticos aburridos de vivir en la pobreza sin oportunidades y atemorizados por terminar como sus padres que terminaron votando por Milei, o a la mayoría de migrantes del cono sur y centro América que votaron por Trump porque las promesas de la izquierda los dejó en un vacío ideal y económico o a todos aquellos que ven en Luigi Mangioni una suerte de super héroe post anárquico.
Se rompe la dicotomía de izquierda y derecha fabricada sobre castillos de arena.
Anora es una sutileza capaz de descifrar las millones de ideas y vidas simuladas que pululan el mundo. Hay toda una vida allá afuera que la mayoría ansia creada superficialmente, digitalmente, virtualmente. Todo es posible porque nada de eso existe o nada de lo que vemos debe haber sucedido antes en la realidad. El trap, el reggaetón, el descapotable por Miami, la Gucci, el all inclusive, los casinos, tiendas caras, zapatillas de marcas, la fama, el dinero, el poder, desde las poblaciones hasta la clase alta, en New York, Singapur o Madrid, todos quieren champagne en un yate alguna vez en la vida y en el caso de Anora vivir el sueño de la princesa. Simular que vivimos en un gran video juego sin reglas ni códigos morales y éticos, en una eterna evasión burguesa ante el profundo misterio del destino humano. Ya no son los castillos de arena, son castillos de token o bitcoin. Y por ende las relaciones afectivas, políticas, sociales y sexuales cambian. Yo no sé cómo. Me cuesta descifrar. Habrá que preguntarles a los chavos. ¿Es eso aspiracional, superficial, arribista, reaccionario o es la nueva realidad real?
El problema es como volver a esta sociedad del “nosotros” cuando el sueño del “otro” se acaba. La sociedad es la misma, el mundo también, la vida también, plásticamente son iguales, es muy difícil diferenciar un viaje mágico de uno banal, pero la diferencia de intensidad en el efecto que ejerció sobre nosotros esa quimera es incuestionable. Se puede regresar destruido emocionalmente y volver a ser el “otro”, o se puede volver rompiendo la vida real, resistiéndose, aunque sea con lágrimas, sudor y sexo, al sometimiento del capitalismo y todas sus accesiones, neo, hiper, post, etc. Cualquiera de las dos interpretaciones es válida para el final de Anora.
Anora es casi un estudio etnográfico ficcionado hacia la comedia, una especie de Nanuk, el esquimal contemporáneo. Quizás funcione como epifanía de la vida más allá de la realidad, más allá de la otredad. Quizás no pretende nada de eso. Lo que podemos afirmar con certeza es que Anora dio fin a la guerra fría.

Anora, 2024, Dir: Sean Baker

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

Filmakersmovie presenta el trabajo de personalidades de las artes y la sociedad activa iberoamericanos en una producción original.

Una conversación con los protagonistas y sus historias en las artes, conducido por el escritor mexicano Iván Uriel Atanacio Medellín. En cada capitulo conversaremos con artistas del Cine, Teatro,  Televisión y la Sociedad, quienes comparten reflexiones den vida y trayectoria.

Temporada 3 Capítulo 12: Rodolfo Palma Jazme

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con el reconocido arquitecto chileno Rodolfo Palma Jazme, considerado el arquitecto con más kilómetros proyectados de espacios públicos en Chile, un referente de la arquitectura, el paisajismo, la planeación urbana y el diseño participativo en Iberoamérica. Te invitamos a recorrer la trayectoria de Rodolfo Palma, egresado de la Universidad Sapienza de Roma, Italia, apasionado de la preservación del patrimonio cultural en Latinoamérica, conoce su historia, motivos e inspiración. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #rodolfopalmajazme #rodolfopalma #urbanismopositivo #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

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México, 2024

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La sustancia

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La búsqueda por la perfección siempre traerá insatisfacción, mientras que la insatisfacción, irónicamente, es uno de los detonantes que llevan a querer alcanzar la perfección. El ciclo es tan interminable como tóxico porque habla de un anhelo por tener lo que no se tiene y una añoranza constante hacia lo imposible. El ser perfecto no existe.

Los marcados e irreales estándares de belleza que se promueven como parte de la cultura social, especialmente los dirigidos hacia las mujeres, la fama efímera determinada por la popularidad y la discriminación, después impuestas como medida de éxito o realización, la sensación de fracaso y la inconformidad con la vida, incluso con uno mismo, la auto-exigencia que ha rebasado la búsqueda por la excelencia y se ha convertido en el intento por una grandiosidad exenta de fallas, errores y defectos, a pesar de que la imperfección es parte de lo que nos hace humanos; la ambición alrededor de la popularidad, la crueldad dentro del mundo del espectáculo y los peligros de las adicciones o los vicios, sustentados en promesas irreales, especialmente dentro de la industria de la belleza, como las dietas o pastillas para bajar de peso o las cremas y tratamientos para mejorar la imagen física, son algunas de las ideas que se abordan en la película La sustancia (Francia-EUA-Reino Unido, 2024), escrita y dirigida por Coralie Fargeat; protagonizada por Demi Moore, Margaret Qualley y Dennis Quaid.

La historia se centra en Elisabeth Sparkle, una actriz de Hollywood que en su mayor apogeo fue aclamada y celebrada tanto por el público como por la industria del espectáculo, pero ahora que su fama se ha disipado trabaja como conductora en un programa televisivo matutino de ejercicios aeróbicos. Presionada por el ambiente laboral y social en el que se encuentra, donde la imagen externa es el tema más explotado en el medio y la cultura popular, en una industria cultural obsesionada con la perfección, la belleza y la juventud, Elisabeth hace todo por mantenerse vigente y sobre todo atractiva, guiada por los estándares de gracia y belleza que se imponen en el colectivo, lo que la hace estar especialmente enfrascada con su físico, al que dedica la más estricta atención y cuidado posible. En realidad Elisabeth no es apreciada por su carrera, logros, talentos, conocimientos, habilidades o capacidades, sino por la explotación que se pueda hacer de su imagen, así que en esencia Elisabeth es tratada como un producto que se valora según qué tan redituable o vendible puede ser. Su jefe y la cadena televisiva para la que trabaja no la respetan por quién es, sino por qué tanta gente la conoce, la sigue, mira su programa y por ende representa para ellos una ganancia, a partir del número de espectadores que consumen un producto: ella.

Por ello mismo Elisabeth vive angustiada por su exterior, por su imagen, consciente de que el mundo en el que vive, en el que vivimos todos, demanda una imagen muy específica de ella y, por extensión, de las mujeres como ella, como si su valor dependiera exclusivamente de su atractivo y juventud. En su cumpleaños 50 Elisabeth es despedida, discriminada y excluida por su edad, en función de prejuicios al respecto, al margen de cómo se ve y la calidad de su trabajo. Según Harvey, su jefe, Elisabeth ha alcanzado una ‘fecha de caducidad’ a partir de la que ya no importa realmente cómo luzca, sino la percepción social comúnmente aceptada que el mundo se hace de ella, que desde ese momento la cataloga como no joven, por tanto no bella y, según ellos, sin algo que ofrecer al mundo. Tanto Elisabeth como todas las mujeres, especialmente en el ambiente del espectáculo y el de las figuras públicas (analiza la película), completamente reducidas a objetos, a cosas, para cumplir una función, la de complacer al público y a un mercado hambriento de novedades aplicadas en todo aspecto y relación social, para luego ser ‘desechadas’, desplazadas por versiones más jóvenes de su persona que ofrecen lo que ellas ya no representan: belleza y juventud. Angustiada por este desprecio propiciado por una obsesión mediática por cosificar a la mujer e imponer estándares de belleza excluyentes más que incluyentes (cuando la inclusión se guía más bien por una moda o la apariencia de equidad, en lugar de verdadera revolución social), Elisabeth entra en crisis sobre todo consigo misma, ya que ni siquiera ella se acepta tal cual es pues ha sacrificado todo (no tiene amigos ni familia cercana) por cumplir los caprichos de una industria que ahora fácilmente le da la espalda. Elisabeth no se mira en el espejo queriendo quererse, se mira buscando los defectos que otros puedan adjudicarle, así que vive insatisfecha con su propio ser, aterrada por ser desplazada, ansiosa por encontrar ‘la fuente de la juventud’, autodestructiva por la crueldad del mundo a su alrededor para con la mujer, el cuerpo de la mujer, la edad de la mujer, el físico de la mujer y el atractivo sexual de la mujer. Elisabeth ya no sólo se preocupa excesivamente por su apariencia, está convencida, porque lo escucha a través de Harvey, que el medio artístico como industria del espectáculo ha moldeado una imagen específica de las celebridades para que las personas aspiren a ella y hagan todo por alcanzarla, al tiempo que también crean o manufacturan figuras ‘exitosas’, tanto para explotarlas de una forma redituable, como para después, así mismo, sacar provecho al destruirlas. Esto significa que Elisabeth no es la primera ni será la última mujer que será desplazada por alguien más joven, más ‘bella’ y más ‘vendible’, con énfasis en que el verdadero problema es que quien decide y define la palabra ‘belleza’ es el mercado del entretenimiento, orientado a imponer modas y estereotipos que impulsen el consumismo y a favorecer determinada imagen estética. A raíz de ello, especialmente el anhelo por la atención, los reflectores y la validación, Elisabeth acepta la propuesta de un extraño para usar ‘la sustancia’, un compuesto químico capaz de convertirla en una versión “más joven, más hermosa y más perfecta” de sí misma, según dice la propia campaña publicitaria en forma de promesa de este suero del mercado negro; una droga, en esencia, que capitaliza, al volver a las personas dependientes de ella, a partir de las inseguridades personales y la fijación por mantener ese estándar de belleza y juventud impuesto por el medio.

La sustancia básicamente crea una versión más joven de Elisabeth que ‘nace’, se desprende o sale de su propio cuerpo. Las instrucciones del producto hacen hincapié en dos puntos clave: la necesidad de alternar cada semana entre la matriz (Elisabeth) y su versión más joven (que se autonombra Sue), pues mientras una vive la otra permanece inconsciente; y dos, tener clara la noción de que se trata de dos versiones de la misma persona, no dos entes diferentes. Aquí lo interesante no es sólo la desesperación por seguir siendo relevante y trascender, incluso la necesidad por encontrar un grado de reconocimiento como nutriente de autoconfianza, que motivan a Elisabeth a aceptar la propuesta de ‘la sustancia’, sino que, pese a lo dicho, finalmente Elisabeth y Sue sí son dos personas diferentes, dos consciencias distintas. Sue nace literalmente del cuerpo de su matriz original, eso es cierto, pero Elisabeth desconoce por completo lo que la otra hace durante la semana en la que está activa, o despierta, o consciente, y viceversa. La relación es simbiótica pero sólo hasta cierto sentido; sí, hay una integración o interacción biológica, pero en realidad no existe un beneficio mutuo como sí una dinámica parasitaria. Para sobrevivir Sue tiene que extraer líquido cefalorraquídeo de Elisabeth, denominado, para los fines de la ciencia ficción, como ‘líquido estabilizador’; sin embargo, esto significa que la versión más joven de Elisabeth sólo toma de ella pero no da u ofrece nada a cambio. Si Elisabeth no puede experimentar en carne propia los ‘beneficios’ de haber creado una versión más joven de sí, ¿cuál es entonces el beneficio final que ella recibe del trato? En cierto sentido la historia refleja con esto el engaño comercial detrás los productos adictivos que ofrecen falsas promesas a sus clientes, específicamente alrededor del mercado relacionado con la belleza y el cuidado físico. Mientras Elisabeth sacrifica su propio cuerpo persiguiendo una idea que ni siquiera disfruta, porque en realidad la otra vive su vida aparte, Sue en el fondo no hace más que gozar su propia existencia sin tener que dar nada de su parte. Desconociendo por completo la rutina y quehaceres de su versión complementaria, las perspectivas de vida de cada una difieren por completo y Sue comienza a deleitarse con las atenciones y oportunidades que le traen su edad, físico, juventud y belleza, hasta alimentar una vanidad que se vuelve tan ambiciosa como tóxica, reflejo en cierto sentido de las propias obsesiones de su matriz, de Elisabeth. Las puertas se le abren por el atractivo de su imagen exterior, retroalimentando así esa idea distorsionada de que su única valía proviene de su físico. En las audiciones para encontrar a la nueva conductora que reemplazará a Elisabeth, los encargados sólo miran el cuerpo de las aspirantes y descartan candidatas ante cualquier imperfección que no se alinee con el molde de mujer ‘perfecta’ que se ha impuesto a la sociedad: la siempre dispuesta, la que siempre sonríe y la que siempre es coqueta, como si eso fuera todo lo que pudiera ser o importara en una mujer. Eventualmente Sue no sólo desplaza muy literalmente a Elisabeth, tomando su lugar en la cadena televisiva, sino que la aceptación, los aplausos y las atenciones, todo aquello que la otra anhelaba, se convierten igual para Sue en un motor autodestructivo, detonante además de una codicia despiadada. Lo que esto desencadena en ella es el abuso de ‘la sustancia’, porque Sue no se conforma, no quiere  vivir sólo 7 días para quedar inconsciente 7 más. Ella está hambrienta de elogios y no se da cuenta que su ascenso es reflejo de la banalidad de la sociedad para con los valores humanos, porque, así como Elisabeth, Sue está convencida que la fama, efímera o no, significa éxito y placeres, lo que a su vez significa realización personal, algo que ansía, empujándola a caer en el mismo ciclo de sexualización de la mujer que la llevó a estar donde está, toda vez que su programa de aeróbics está más orientado a mostrar en pantalla sus atributos físicos que a enseñar a su audiencia la mejor rutina de ejercicio. En cuanto Sue comienza a abusar de Elisabeth, negándose a cambiar de lugar con ella y extrayendo más ‘líquido estabilizador’ del permitido, la consecuencia directa la sufre la otra, que paga con lo más valioso para ella, su belleza, su cuerpo y sobre todo su juventud, ya que cuando Sue no cumple con los plazos, el resultado para Elisabeth es que su cuerpo se avejenta más rápido de lo normal. El mundo de Elisabeth comienza a tambalearse cuando todo lo que le importa parece desaparecer e, inevitablemente, comparándose con Sue, termina por sentirse poco importante, imposiblemente amada y dolosamente criticada. Todo lo que valora es absorbido por alguien más, que irónicamente es ella misma. Sin embargo, ¿lo es? Sue no responde leal y honorable porque ella es la creación, la copia, la criatura forjada a partir de las partes de un original, como si de la criatura de Frankenstein, o ‘el nuevo Prometeo’ se tratara, una historia de Mary Shelley que en efecto habla tanto de la intromisión en el orden natural del ciclo de la vida, la aniquilación de la vida misma, el rechazo a partir de las apariencias, la desdicha que destruye al humano y la soledad que sufren las personas que además de no saber relacionarse, son incapaces de valorarse o estimarse a sí mismas. Esa es Elisabeth, alguien tan desconectada de todo que construye su identidad no a partir de quién es o quiere ser, sino a partir del trato y percepción de los demás hacia ella. Su anhelo es encontrar de nuevo aceptación, pero mide este valor a partir de la banalidad de la sociedad en función a su fijación con la belleza física. Cuando Elisabeth tiene, por ejemplo, una cita, se maquilla, desmaquilla, peina, despeina y cambia de ropa tantas veces como puede, en parte buscando la imagen ideal con la que sentirse satisfecha con lo que mira en el espejo, pero la verdad es que le es imposible estar a gusto en su propia piel y termina por faltar a la cita, insatisfecha por completo con su persona.

Si en ‘El nuevo Prometeo’ la criatura se enfrenta a su creador cuestionando la razón por la que existe, en este caso Sue no enfrenta sino más bien se venga hasta apartar y tomar el lugar de Elisabeth, asumiendo su propia existencia como más valiosa y digna que la de la otra, su ´creadora´, hasta consumir, como en la novela literaria de Mary Shelley, la vida, aquí muy literalmente, de su benefactor, de su creador, de quien no se siente ni su semejante, ni se identifica con ella emocionalmente. Como se podría esperar, al igual que Elisabeth, Sue se ve devorada por su obsesión tanto por la belleza y la perfección como por la necesidad de ser aclamada y reconocida hasta un punto presuntuoso y engreído. Sólo entonces ambas parecen ser en efecto dos versiones de la misma persona, con las mismas inseguridades, la misma manipulable baja autoestima, la misma urgencia por saberse el objeto del deseo de la multitud, al habitar en un mundo donde la superficialidad, la futilidad en todo aspecto de la vida, es aceptada y promovida, volviendo a las personas desinteresadas, superfluas, desconectadas, persuasibles, carentes de opinión, de carácter, de capacidad de análisis y de juicio constructivo, de tal forma que lo único que les importa es la fachada, las apariencias, la opinión de los demás; la belleza es asumida como atractivo seductor, como símbolo sexual, donde lo importante es ser llamativo a toda costa, por encima de ser auténtico. La persona es tratada en el mundo del espectáculo como objeto y ellas, o ellos, se asumen como tales, conformándose con la fama estéril que, sin embargo, los hace sentirse realizados. Lo cual nos muestra la miseria de la cultura. Habiendo explotado al máximo a Elisabeth, quien trágicamente, tras resentir la explotación de otros, termina siendo presa de auto-explotación (viendo a Sue como una versión salida de sí misma), Sue recurre a reusar al máximo ‘la sustancia’ y asumirse como ‘la original’, ignorando las explícitas instrucciones que prohíben la reutilización del producto, dando como resultado una segunda criatura, ahora un monstruo que fusiona ambas versiones anteriores, la original (Elisabeth) y la copia (Sue). Este híbrido grotesco, llamado ‘Monstruo Elisasue’, es el epítome de todo lo que está mal con la sociedad; representa su obsesión con la belleza física externa hasta un extremo lamentablemente risible, refleja el odio que la gente siente hacia sí misma por no poder alcanzar estándares irreales de vida impuestos precisamente para que sigan anhelando en lugar de encontrando realización, donde la meta ya no sólo es la imagen perfecta, también es la vida perfecta, la pareja perfecta, el empleo perfecto, la comida perfecta, la velada perfecta, el viaje perfecto, etcétera. El monstruo también es una manifestación del sensacionalismo ya no sólo mediático sino como forma de vida; entre más grande, extravagante, caricaturesco y ridículo sea el espectáculo, más afición, miradas y audiencia atrae. Esto aplica a las noticias, las redes sociales y las dinámicas mismas incluso en la política. La belleza definida como cualidades que son percibidas placenteras, una obra de arte o un atardecer, ya no es la única forma de emocionar y atraer la atención, ahora parece que los mejores resultados se consiguen haciendo todo lo contrario, ofreciendo escándalo, controversia, sensacionalismo, contenido macabro, siniestro y aberrante.

Curiosamente la película elige este camino narrativo, la de una historia visualmente inquietante y repulsiva, como para recordarle al público que se trata de una sátira surrealista que combina ciencia ficción y terror; un relato con crítica social que pone el dedo en la llaga y es desagradable en pantalla a propósito, porque de eso se trata la sátira como género narrativo, presentar un discurso y análisis mordaz y punzante para hablar, en este caso, de la fama ligada a la popularidad efímera o transitoria, la enfermiza fijación con el físico y la juventud al que las personas son sometidas y arrinconadas, la ambición como medio a la autodestrucción, la presión social por cumplir estándares o roles específicos, la cosificación y discriminación como rutinas aceptadas y ampliamente reproducidas, la explotación que hay en la sociedad misma del prójimo y la trivialidad del ser como medio o medida de convivencia social. El verdadero terror es que lo que presenta la película no es un imaginario probable sino una realidad palpable, en donde la gente ansía la fama porque quiere atención, porque cree que sólo así puede sentirse bien consigo; en donde se ansía ser amados por las masas, porque se es incapaz de amarse uno mismo; donde el miedo constante a ser tratado como insignificante o invisible llegada cierta edad es verdadero, abrumador; y donde el problema no es sólo la constante crítica al físico de las personas, sino que parece que ya estamos condicionados a ser así de intolerantes y racistas respecto a la apariencia de los demás y, sobre todo, autoexigentes por alcanzar determinada imagen hasta un punto de autodestrucción. Así que tal vez, si la historia es visualmente desagradable y grotesca, es porque en relación con la temática que se aborda, la sociedad es exactamente igual.

The Substance, 2024, Dir: Coralie Fargeat

 

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Periodista y crítica de cine, creo que todas las películas tienen algo que ofrecer, así que escribo todo lo que veo y veo todo sobre lo que escribo. He trabajado en medios de comunicación, publicado libros sobre cine y creo que la cultura es el elemento clave para cualquier sociedad.

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Temporada 3 Capítulo 11: «Círculo de Lectura», Hindra Ceballos, Ma. Eugenia Márquez, Alicia Flores y Nohemí Briones

El escritor y documentalista Iván Uriel Atanacio Medellín conversa en Encuentros con las reconocidas escritoras Hindra Ceballos, María Eugenia Márquez, Alicia Flores y con Nohemí Briones, directora del colectivo «Poesía sin permiso» y del «Maratón Nacional de Lectura», acerca del ciclo literario «Círculo de Lectura», un emotivo evento cultural celebrado en el Estado de Veracruz, México. Te invitamos a recorrer las obras compartidas por los colectivos «Mujeres de letras», «Letras Lorcas» y «La vida en rosa», escritoras, poetas y gestoras culturales galardonadas a nivel internacional. Acompáñanos a este viaje literario con el ganador del Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y sus voces invitadas. Tags: #hindraceballos #mariaeugeniatorres #aliciaflores #nohemibriones #maratondelectura #mujeresdeletras #ivanurielatamed #filmakersmovie #presumiendomexico #encuentros #ivanuriel

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Temporada 4 | Capítulo 1

18 de mayo de 2017

En esta edición: Controversia ¿Cannes vs Netflix?, la evolución del espectador de cine, los estrenos de Filmakersmovie, Hogar Hogar, John Death, Forward, producciones originales como «Día de Descanso» y «La Voz Humana«, así como recomendaciones. Lo que ha pasado con nosotros desde la temporada 3, y #LaNoticiaBuenaOnda que nos llenará de alegría.

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Temporada 3 Capítulo 4

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