Vozvrashchenie | Dir. Andrei Zvyagintsev | 2003 – Rusia
Por: Andrés Palma Buratta
Hace algunos años tuve la oportunidad de ver en un festival de cine una película rusa que hasta el día de hoy sigue golpeando mi mente y corazón. Persiste, todavía, en mi recuerdos, aflorando cada cierto tiempo, a través de alguna imagen, alguna sensación, miedo, una emoción sofocante, sofocante al igual que el film, que deja sin palabras una vez finalizado, de los que tienes que digerir por algún tiempo.

Y es que las palabras en esta obra (la llamaremos obra y maestra), se guardan para dejar que las expresiones humanas se contengan, las palabras se traguen; amargas, porque son hirientes, todos los sentimientos son extraños, son desconocidos, son de sorpresa, de conocimiento, y cuando estos salen a flote, es donde el espectador se mueve por dentro, se incomoda, sufre con ellos, porque en todo momento habla de la vida misma y sus traumas, que en mayor y menor medida todos hemos tenido, agradezco cuando una película te incomoda, cuando te deja palpitando fuerte.
Los protagonistas están en esa situación donde se quiere decir algo, pero no se sabe cómo, no se conocen, son padre e hijos, pero la distancia que hay entre ellos, los haría hablar como desconocidos, en efecto lo son. Es un drama notable, pesado, oscuro, sin final feliz, poco esperanzador, envuelto en una escenografía que da frío, que deprime, sin embargo filmado de manera pulcra, detallista, cálida, en aquellos parajes naturales de una belleza hipnotizante, como todo lo que lo envuelve, la fotografía, el sonido, la música, el arte, las actuaciones, perfectas, parcas, calladas pero reveladoras, aunque nunca se puede descifrar para donde te lleva la película.
La dirección en general es impecable. Un novel director que durante años buscó su oportunidad, y cuando se la dieron, hizo una de las mejores películas rusas de todos los tiempos, a mi juicio una obra maestra de este cine.
Andrei Zvyagintsev dirige en el 2003 la película “Vozvrashchenie” (El Regreso), un drama sicológico, un drama puro, siniestro, conmovedor y desgarrador, enmarcado en una historia simple, pero al mismo tiempo muy compleja, compleja como el trato de un padre y un hijo que no se ven después de 12 años. Es eso, el reencuentro del padre con sus hijos. Es justamente cuando el cine se adentra en aquellas relaciones, donde florecen historias más potentes y dignas de ser consideradas como verdaderos reflejos de la naturaleza y el mundo y del reflejo más claro del ser humano y todas sus complejidades.
La película fue ganadora en 2003, del León de Oro en el Festival Internacional de Venecia, entre otros premios. Recuerda de sobre manera, y obviamente Zvyagintsev estudió, vio y se basó en él, a otro gran director ruso y su formidable debut en largometraje en el año 1962, Andrei Tarkovsky y su película “Ivanovo Detstvo” (La infancia de Iván), otra obra maestra y pilar fundamental del cine ruso.
Hace algunos días tuve la oportunidad de ver la segunda película de Andrei Zvyagintsev, que data del 2007, “Izgnanie” (The Banishment), algunos críticos aseguraron que su opera prima fue un golpe de suerte y que en realidad habría que ver su segunda película para aseverar sí el director bajaba su calidad o se mantenía como un nuevo genio de la cinematografía mundial. Creo que “Izgnanie” dista mucho del efecto producido por “El Regreso”, película por cierto, que teniendo ahí, entre la colección de dvd de un amigo, cinéfilo y gran conocedor, no he podido ver de nuevo, porque se asemeja mucho a las sensaciones reales que uno siente en la vida, ya no es la ficción. Justamente esto es de lo que carece “Izgnanie”, el drama oscuro sigue siendo el leitmotiv, pero ya está dejando de manera forzada al espectador en esa ambigüedad en relación de los personajes, que se mueven entre el bien y el mal, sin moral y sin juicio…
En “El Regreso” los personajes ya vienen cargando sus fantasmas que seguirán cargando aún terminada la película.
No develaré de qué trata “Izgnanie”, para que la puedan ver, pero el tema de fondo fue abordado de manera casi perfecta en una película Rumana de hace algunos años. A pesar de todo Andrei Zvyagintsev sigue dirigiendo muy bien, sigue instalando mundos de forma coherente y es que lo mejor de sus trabajos es alejar de la sociedad al ser humano, llevarlo a la naturaleza, para que se escuche y se desmorone en silencio; sigue dando al actor una emoción contenida, un rostro sin expresión que dice más que muchos diálogos, es por ello que por primera vez en la historia del cine ruso, un actor, Konstantin Lavronenko, gana el premio de mejor actor en el festival de cine de Cannes 2007.
Un director que hay que seguir, que no hace películas todos los años, pero que hasta ahora ha sorprendido gratamente con una obra maestra y con una buena película. A esperar que viene ahora.
—
—
Vozvrashchenie
Dir. Andrei Zvyagintsev
Tráiler a través de YouTube: canal SALVATORE092
—
—
—
Andrés Palma Buratta | IMDb | @andresdepalma
Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos” para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Hoy desarrolla, junto a un equipo de guionistas, la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks.
Algunas películas encuentran la fórmula para combinar elementos básicos de la narrativa junto con un paquete de entretenimiento carismático y alegre a fin de obtener un producto disfrutable para la audiencia, sin pretensiones. Como ejemplo de ello se encuentra Sherlock Jr. o El joven Sherlock Holmes, de 1924, película muda, sencilla y divertida de tan sólo 44 minutos, coproducida, dirigida y estelarizada por el cómico estadounidense Buster Keaton.
Cassette brinda el universo deductivo que acompaña al espectador y que lo hace cómplice de la misma búsqueda que emprende Marcos Blanco, su protagonista. La audiencia recorre cada uno de los pasillos del laberinto en donde residen las entradas intempestivas y las salidas inexistentes que hacen de lo permitible lo permisible. La memoria permanente de sistemas de convivencia donde nadie convive porque quienes residen el apartadado habitacional no saben pero suponen que alguien los vigila.
Iván Uriel |

Debo morir pero no quiero…Madeleine dice a John. Diálogo de una película simple y a la vez compleja: Vértigo. Así se suceden las pasiones, la iracunda intensidad y la profunda historia de amor envuelta en la obsesión.
El apartamento (EUA, 1960) es de aquellas películas difíciles de definir. Se trata del tipo de cine en donde la época y la evolución de la industria, tanto interna como externa, tienen mucho que ver con la manera de elaborar y desarrollar el proyecto cinematográfico que, a pesar de todo, aún en la actualidad logran un gran impacto y una atrayente forma de desenvolver su trama frente al espectador.
Provocativa, evocadora y reflexiva, “El Efecto de los Rayos Gamma” es una obra que seduce e invita. El cariño no correspondido, el amor que se pierde, se va o se transforma de tanto recibirse sin darse; la culpa, la condena, el abandono, la fatalidad que parece ahuyentarse y que sin embargo emerge cada que la oportunidad de darse se evapora y el abrazo próximo queda en suspenso. El beso a la madre que no cede, o el beso a la hija que sólo se queda en los labios.
Existe en ocasiones algo llamativo en alguna franquicia que se lanza al mercado, algo que la hace única y emocionante, un algo que llama la atención del público, que construye una base de seguidores encantados con el concepto, con la historia o con sus protagonistas, que deja su huella en el ambiente en el que se desarrolla (literatura, cine, música, cultura, ciencia), ya sea por su desempeño en la rama o por alguna de sus características relacionadas con tal. Los Juegos del Hambre (EUA, 2012) es uno de esos casos.
Hay películas que son para ver una y otra vez, aunque las escenas sigan siendo las mismas y el final no cambie. Ciertos filmes tienen la capacidad de involucrarnos y emocionarnos, todas las veces que nos permitimos verlos. De alguna forma las películas que nos gustan hablan de nosotros mismos.
Anneke Munita Ihle |


Daniel Vivanco |