Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez
Si una celebridad, según el diccionario, es una persona con fama, ¿qué es la fama? La opinión colectiva de la gente sobre la excelencia de alguien en su profesión, escribe el Diccionario de la Real Academia Española. ¿Pero qué representa la fama para la sociedad actual, cuáles son los parámetros que hacen a alguien famoso, que le hacen una celebridad?
Teenage paparazzo es un documental de 2010 que profundiza en el tema de la fascinación por las celebridades a través de los ojos de diversos participantes y con un adolescente trabajando como paparazi en el eje central del relato.
Adrian Grenier, actor de cine y televisión y quien funge como productor y realizador de este proyecto, comienza su investigación luego de que un día se encuentra con un adolescente de 14 años, Austin Visschedyk, trabajando como fotógrafo de personalidades públicas.
¿Por qué?, se pregunta Grenier, ¿qué motiva a este muchacho a sumarse a la profesión a tal edad?, ¿el dinero, lo atractivo que puede resultar acercarse a actores, músicos y otros artistas? Para hacerlo, inevitablemente, Austin debe tener una habilidad con el manejo de la cámara y con la técnica de la profesión. Las preguntas conllevan al proyecto y a, en el camino, realizar reflexiones sobre la relación simbiótica que se crea entre los participantes del ciclo: el fotógrafo que capta al artista y que luego vende la imagen a revistas, las revistas que publican las imágenes junto con un contenido cimentado en elementos de publicidad, elementos de venta y noticias capaces de construir o destruir personalidades para capturar la atención del último eslabón, la gente, las personas que compran y consumen, ávidos, además, tales fotos, por la información, o por tal chisme.
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El fenómeno social no es la foto en sí, sino la socialización combinada con una “relación parasocial” de las personas con los entes públicos, la relación de poder y la de idealización. Realmente no conocemos a las celebridades, pero sentimos que lo hacemos cuando sabemos cosas de ellos: su fecha de nacimiento, su color preferido, el tipo de café que prefieren tomar, por mencionar algunos ejemplos; el público quiere sentir que la celebridad es una persona común que tiene similitudes con cualquier otra persona, lo cual se cumple si se ve al artista realizando actividades rutinarias, salir de paseo, ir a la escuela, viajar por vacaciones, tomar un café, comprar gasolina. La relación parasocial es unidireccional y mientras uno sabe toda la información del otro, la celebridad en este caso, no sabe de las personas, porque no existe una relación real.
Estas son algunas de las temáticas explicadas en el documental, que entrevista a investigadores de sociología, a otros fotógrafos paparazi o a diversos artistas del medio del cine y la televisión por igual. La historia es un pretexto para levantar preguntas respecto al tema de la fama y la relación que se da entre celebridad y fotógrafo, pero también ahonda en la perspectiva de Austin respecto al tema.
Austin, reflexiona Grenier, tal vez hace lo que hace porque es lo que su ambiente le enseña, la vida en Los Ángeles, en Hollywood, el bombardeo de este tipo de realidad y correlación alimentada por parte de los medios de comunicación, de ciertas esferas de la sociedad y de la comunicación que la era de la información actual tiene con el internet. En el proceso la película no condena ni a sus padres ni al entorno en el que el adolescente promedio actual se desenvuelve, sino que establece distintas fuentes que influyen en ellos. Existe una ávida fijación colectiva con las celebridades, con las personalidades de un medio específico, pero no siempre por sus logros profesionales, sino por el simple hecho de ser conocidas o famosos. ¿Cuántos más aspiran a algo parecido, a la fama sólo por la fama, a la facilidad de la situación?
Yo soy aburrido para los fotógrafos, dice Matt Damon; quien menciona que como actor casado y con hijos sus fotografías no venden tanto como las de otras personas, haciendo que los paparazi se acerquen menos a él.
Hipotéticamente qué tendría que hacer para vender, pregunta Grenier a Austin, qué circunstancias harían que una fotografía mía valiera miles de dólares. Salir con alguien famoso, dice el joven, salir con Paris Hilton o Lindsay Lohan.
El actor decide seguir el consejo y realiza el experimento. Una cita amistosa con otra celebridad y las revistas de espectáculos encabezan la nota especulando una relación sentimental entre ellos. El rumor no tiene fundamento alguno, pero vende y se vuelve popular.
¿Será que los fotógrafos sólo hacen su trabajo o es que se convierten en acosadores, en invasores de la privacidad? ¿Es que el artista actual debe asumir que el trabajo viene de la mano con la fama y la fama viene de la mano con ser fotografiado en cualquier lugar, en cualquier instante? ¿Es que existe una colaboración entre los encargados de las relaciones públicas y algunos artistas y fotógrafos? ¿Son estas fotografías una forma de humanizar a personalidades que están de otra forma puestas en un pedestal? ¿Los fotógrafos trabajando como paparazi logran que se pierda la privacidad y la confianza que se puede tener en las personas?
El documental parece responder muchas de sus preguntas y lo hace con un fundamento sólido, desde una perspectiva crítica y reflexiva de la situación, explorando el panorama desde el punto de vista de uno y otro. Grenier dice comenzar a entender la excitación y adrenalina que significa seguir a una personalidad del medio para fotografiarla, luego de que él mismo se pone en los zapatos del fotógrafo y con cámara en mano se convierte momentáneamente en un paparazi.
Hacia el final el actor se detiene a analizar y corregir sus propias acciones, en especial con lo relacionado a las consecuencias de haber puesto en la mira a Austin, hacerle a él con su cámara de vídeo lo que la cámara del paparazi hace con sus objetivos, cerrando con la pregunta sobre qué se puede aprender de la situación, del escenario, cómo puede el joven sacar provecho de la experiencia.
Paparazi es una palabra italiana que se refiere al ruido que hacen los mosquitos. La asociación en la cultura popular de la palabra con el fotógrafo cuyo trabajo es capturar las imágenes de celebridades en su rutina diaria, viene de un personaje de la película “La dolce vita”, de Federico Fellini; un personaje que es un fotógrafo de nombre Paparazzo.
La relación entre los paparazi y las personalidades sigue cambiando; respeto, colaboración o explotación, siempre habrá alguien que saque provecho de la situación. El documental habla de la fama, la popularidad, la adolescencia, la comunicación y el entretenimiento, las formas de acercarse al mundo y a las personas (incluidas las figuras públicas) y la relación entre la ficción y la vida real.
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Tennage Paparazo
Dir. Adrian Grenier
Estados Unidos, 2010
2:30 Trailer
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Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México
Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.
Es muy difícil para nosotros aceptar eso ya que nuestro ego se apodera de nuestros cuerpos y hace que por el miedo o resentimiento que le tenemos nos cegue. Se nos ha enseñado que hay que alejarnos de lo que nos lastima y tiene todo el sentido, ¿quién querría estar viviendo con algo que los lastima? Aunque a veces hay dolores que tenemos que aprender a soportar, no por el mero hecho de ser unos faquires de la vida, si no que esos dolores nos harán aprender cosas que de otra forma no lo entenderíamos, pero lo difícil es saber diferenciar de los dolores que nos tratan de enseñar algo, a los que son meramente dolor.
Claro tomando en cuenta que en realidad estas contento en el lugar en el que estas, de lo contrario es que aun estas en esa pequeña pelea con Matt Damon, que próximamente te llevará al lugar al que tanto deseas llegar.
Cuando en 1995 Richard Linklater estremeció las emociones del enamoramiento a través de una pareja que se encuentra por casualidad, causalidad o destino en un tren, sabíamos que no sería sencillo olvidar la conversación de sus personajes hasta antes del amanecer. Lo sentimos sobre sus idas y vueltas en un diálogo sin fin, sin pausa y tan natural, que le aguardamos por diez años para confirmar que los “holas” y los “adiós” no tienen tiempo ni olvido en la memoria, esperábamos saber si los personajes podrían encontrar esa magia de las horas, y nos quedamos al suspenso de diez años y hasta antes del atardecer, para observar que la magia de las horas era ahora la realidad de todas las horas, en ese emocional trayecto, sin darnos cuenta, habían sido veinte los años. Linklater nos había regalado una trilogía que desde antes del anochecer, era ya un legado que tendrá un lugar especial en quienes seguimos la trama de lo que había transcurrido en dos noches y después en los años de la vida misma.
Ya sea “Hechizo del tiempo”, “Atrapado en el tiempo” o “El día de la marmota”, cualquiera de los títulos como se le conoce a esta película de 1993 resumen con tino el concepto general de lo que trata la historia: un hombre revive el mismo día una y otra vez, el dos de febrero, también conocido en Estados Unidos y Canadá como el día de la marmota. Según la tradición en esta fecha se celebra un ritual en donde, de acuerdo con el comportamiento de una marmota, se determina si el invierno se alargará o no. Si el día es soleado y el animal ve su sombra, la temporada invernal seguirá, de lo contrario, la primavera llegará más pronto.
¿Cuántas veces te ha pasado que compras algo, dices que te gusta tal grupo de música o comentas que tal película es muy buena, aun cuando muy adentro de ti piensas y sabes que no es cierto y que sólo lo dijiste por “agradar” o por ser aceptado por las personas que te rodean? A veces es difícil quitarnos la venda de los ojos y darnos cuenta cuáles son en realidad nuestros verdaderos gustos, y cuáles nos han sido impuestos.
Es la sensación de vivir una existencia malograda, se trata de la incomprensión del talento por la comprensión de ese “yo”, ese “yo” del artista que vive esa su realidad. No experimenta esa dualidad, separación entre el deseo de ser y el ser, vive en esa ilusión constante de querer estar encumbrado, en el sueño permanente del reconocimiento a su ego. No se puede vivir solo de la ilusión, en el trance de no lograrlo se necesita actuar para que el otro te coloque en el lugar que siempre te ha pertenecido. “Birdman” no es el Clooney o el Downey Jr., es el hombre a quien los años le han alcanzado sin aviso, que intenta deshacerse de la fama de su otro yo; el Birdman, es el actor que busca el éxito en Broadway.
La princesa Mononoke es una historia que se desarrolla en Japón, alrededor de los 1300 o 1500 años de nuestra era. Los espíritus han ido desapareciendo poco a poco del planeta y los que quedan defienden lo suyo: a la tierra, la flora, la fauna, la naturaleza, su esencia. Cuando una aldea es atacada por un demonio, su príncipe, Ashitaka, defiende y mata al ser, pero aquello que volvió maligno al animal se traspasa al joven, comenzando a corroer su cuerpo y condenándolo a la muerte. En busca de una cura Ashitaka parte a un viaje en busca del espíritu del bosque, encontrándose en su camino con otros espíritus. San, humana adoptada como hija de una diosa lobo, reciente a la raza humana y acrecienta su odio al ver a la aldea de mineros cercana al bosque abusar de los recursos naturales. Liderada por Lady Eboshi, la aldea se compone de trabajadores que en algún momento fueron marginados, leprosos y prostitutas; con el fin de obtener el mejor mercadeo, Eboshi pisotea todo lo que se interponga con su meta, razón por la cual, para deshacerse del espíritu del bosque, accede apoyar a Jiko, quien planea quitar la cabeza al espíritu del bosque (que supone da inmortalidad a quien la tenga) y entregársela al emperador a cambio de protección.
Lo negativo atrae cosas negativas, el mal crea más mal y la respuesta no es alimentar todo con más maldad; algo así sucede cuando la mancha afecta a los dioses, cuando los consume y los lleva a perder su estatus de espíritus, termina por explotar todo su pesimismo. Lo mismo sucede también con muchos de los personajes (aunque para muchos es ese sentimiento lo que los mantiene vivos y luchando); recelo y daño que lleva a un punto de ebullición que eventualmente explota. En la historia esto sucede hacia el último tercio de la película, cuando la mayor parte de los principales actuantes han hecho el suficiente daño a su alrededor como para estar a punto de destruirse mutuamente: la aldea, los espíritus, el bosque, ellos mismos.
La tecnología, la burocracia dentro del sistema de organización social y la insatisfacción con ella o la tolerancia social son algunos de los temas recurrentes en este tipo de universos creados; Brazil retoma estos puntos para su desarrollo y ambientación. Terry Gilliam dirige y coescribe la película, misma que fue nominada a dos premios Óscar, uno por mejor guión original y otro por mejor dirección de arte.
Luc Besson nos comparte una vez más una de esas historias en las que no sólo nos ofrece un atractivo espectáculo de acción, sino que además, nos hace, también, reflexionar sobre las circunstancias que viven sus personajes, sobre…nosotros mismos.
Si la aventura habitase todas las dimensiones de la imaginación, entonces la imaginación debiera ser una aventura. Así podría definir la simple y a la vez compleja cinta “The Iron Giant” ópera prima de director Brad Bird, quien compartiera pupitre con leyendas de la animación como Tim Burton y John Lassester, y diera matices junto a Matt Groening, a decenas de capítulos de “Los Simpson” durante diferentes temporadas.
M (M, el vampiro de Düsseldorf) es una película alemana de 1931 dirigida por Fritz Lang. Cuando los ciudadanos de una ciudad ven afectado su entorno y convivencia luego que una serie de asesinatos infantiles tienen lugar, la policía enfocará toda su atención en restablecer el orden y atrapar al asesino, pero la vigilancia extrema comienza a afectar también el negocio de otro tipo de criminales, quienes, por tanto, también se dan a la tarea de capturar al responsable de los asesinatos.