Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez
A veces el caos dentro de una nación se genera por la combinación de inconformidades, insatisfacción social, confrontación ideológica y la lucha por tener el control; una sociedad que no confía en su gobierno, un gobierno que no vela por los intereses de la sociedad sino por la de sus partidos, una oposición con insuficiente determinación y un grupo de organizaciones ciudadanas internas que deciden actuar radicalmente. La falta de control y orden, de espacios públicos en donde dirimir las diferencias, desembocan en una serie de conflictos sociales en donde la fatalidad, la violencia y la tragedia son parte de los resultados que se obtienen.
–
Z (Francia-Argelia, 1969) es una historia de choque entre círculos de poder, propiciando no sólo injusticias, también intolerancia, abusos, cinismo y descaro rodeando a dichas esferas al mando de ciertos grupos sociales representativos. Cuando un grupo de izquierda a punto de dar un discurso pacifista y anti-guerra se ve forzado por presiones del gobierno a realizar su reunión en un lugar distinto a donde se tenía planeado, manifestaciones organizadas en contra de ellos llenan las calles alrededor del nuevo punto de reunión La policía se mantiene al margen incluso cuando miembros de este grupo son violentamente atacados y la reunión culmina con la muerte de su dirigente, un Diputado del gobierno. La policía declara que se ha tratado de un accidente, pero el investigador designado por el gobierno encuentra diversas contradicciones y huecos de información en los reportes oficiales policiacos y forenses que indican pudo haberse tratado de un asesinato planeado; cuando testigos clave del suceso comienzan a ser perseguidos, desaparecidos o comprados, tanto el gobierno, los miembros del partido de oposición, como los ciudadanos responsables tendrán que tomar decisiones, algunos querrán salvarse de culpas, otros tendrán que exponer la verdad.
–
La trama se va fabricando alrededor de una serie de mentiras y verdades a medias en donde algunas posturas obedecen a necedad (y necesidad) propia, como el hombre que llega a declarar haber escuchado el plan de asesinato y que se niega al desprestigio que el gobierno hace sobre él y su declaración (dicen que miente por enfermedades y demencia); el hombre afirma cumplir su deber de su ciudadano pero también busca la fama pasajera que su testimonio le dará al aparecer en los periódicos. O las posturas que obedecen a intereses políticos, como el general de policía y sus subordinados, que saben que si se declara como asesinato la muerte del diputado de la oposición, su propio partido se verá afectado en las próximas elecciones, lo mismo que incluso su propio puesto en el gobierno.
–
El suceso se vuelve un circo de mentiras, injuria, difamación, desacreditación, complicidad y negligencia. “No sugiero nada, sólo enumero los hechos”, menciona el investigador cuando rinde cuentas de sus resultados a sus superiores y quien intenta mantenerse imparcial durante su labor. El problema es que muchos de los hechos sugieren algo, porque van ligados a otro tipo de pruebas, indicando que es posible que la policía se encuentre involucrada en el asesinato. Además, los hechos como tal son también modificados, interpretados y manipulados, lo que inevitablemente ya sugiere también algo.
–
El desprestigio se
da cuando las pruebas son manejadas como simples chismes y se sugiere enfáticamente que los motivos de las mismas son producto de la determinación de la oposición por evidenciar las fallas del gobierno, de tal forma que la mentira comienza a tornarse creíble para quienes la escuchan. Repite una mentira una y mil veces más, hasta que la creas, entonces otros igual la creerán verdad, dicta el dicho popular. En este caso, eso es lo que se pretende.
–
El honor se pierde y la situación sólo recalca la posibilidad de que la reunión fue saboteada porque el espíritu de lucha del Diputado en cuestión ha comenzado a ganar seguidores. La ideología debe ser controlada y moldeada de acuerdo con los intereses y necesidades del partido, dicta la democracia de derecha en el gobierno en esta historia; para ellos cualquier pensamiento en contra de esta ideología es visto como una enfermedad que debe erradicarse y eso es lo que los impulsa a actuar, pero como su posición pública no les permite verse evidentemente involucrados, deciden actuar a través de terceros, una organización que pueden utilizar para fines propios a cambio de sobornos.
–
Al final, cada grupo involucrado responde a sus propios intereses; no es cuestión de conocer la verdad, sino de salir lo menos perjudicados cuando el caso se dé por concluido. Los involucrados, intelectuales y materiales, son protegidos en cierto nivel, la verdad es resguardada hasta cierto grado y cuanto es posible y la evidencia es puesta sobre la mesa lo más viablemente permitido, no más.
–
Las secuelas, sin embrago, sólo demuestran qué tan profundo en el poder pueden estar los implicados. Mientras algunas sentencias menores se dictan a varios de los responsables, investigadores, testigos y otras cabecillas del gobierno y grupo de oposición se encuentran con la muerte en misteriosas circunstancias o la destitución de su cargo o profesión.
–
Z viene del griego antiguo “vive” y se refiere al símbolo que los seguidores utilizan para continuar con el legado de su líder una vez asesinado. “Cualquier parecido con la realidad, personas vivas o muertas, no es por coincidencia. Es deliberado.”, firman al inicio de la película Costa-Gavras y Jorge Semprún, guionistas de la historia, basada en la novela del escritor Vassilis Vassilikos. Y aunque el trazo y contenido se basa en hechos reales, lo que se ve en pantalla también puede ser reflejo de otras realidades presentes, vigentes en el ambiente social de este tercer milenio, incluida la falta de libertad de expresión, la represión, la corrupción, la burocracia, la violación de los derechos humanos, la falta transparencia en las investigaciones legales por parte del gobierno o la forma operativa de grupos extremistas que como resultado sólo esparcen violencia dentro de una sociedad. Una película que demuestra el potencial crítico del medio cinematográfico para exhibir el grado de descomposición de una sociedad supuestamente democrática.
–
Z
Dir. Costa-Gavras
Francia-Argentina, 1969
1: 25 Trailer
Canal Youtube: Rialto Pictures
–

Diana Miriam Alcántara Meléndez | diana@filmakersmovie.com | México
Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo
Tomás (Sebastián Aguirre) es un adolescente que vive en el puerto de Veracruz, tras un penoso incidente provocado por su rebeldía, es enviado por su madre a la Ciudad de México para que pase algunos días con Federico (Tenoch Huerta) su hermano, quien estudia Filosofía y letras en la UNAM. El re encuentro del joven con su hermano, a quien todos llaman “Sombra”, los llevará recorrer un México de 1999 en busca del mítico ídolo de Rock mexicano Epigmenio Cruz, figura emblemática de su padre quien alguna vez les contó, a modo de hazaña, que este astro de la música hizo a llorar a Bob Dylan con una de sus canciones, y que ahora se encuentra hospitalizado en algún nosocomio social de la gran urbe.






Si una celebridad, según el diccionario, es una persona con fama, ¿qué es la fama? La opinión colectiva de la gente sobre la excelencia de alguien en su profesión, escribe el Diccionario de la Real Academia Española. ¿Pero qué representa la fama para la sociedad actual, cuáles son los parámetros que hacen a alguien famoso, que le hacen una celebridad?
Es muy difícil para nosotros aceptar eso ya que nuestro ego se apodera de nuestros cuerpos y hace que por el miedo o resentimiento que le tenemos nos cegue. Se nos ha enseñado que hay que alejarnos de lo que nos lastima y tiene todo el sentido, ¿quién querría estar viviendo con algo que los lastima? Aunque a veces hay dolores que tenemos que aprender a soportar, no por el mero hecho de ser unos faquires de la vida, si no que esos dolores nos harán aprender cosas que de otra forma no lo entenderíamos, pero lo difícil es saber diferenciar de los dolores que nos tratan de enseñar algo, a los que son meramente dolor.
Claro tomando en cuenta que en realidad estas contento en el lugar en el que estas, de lo contrario es que aun estas en esa pequeña pelea con Matt Damon, que próximamente te llevará al lugar al que tanto deseas llegar.
Cuando en 1995 Richard Linklater estremeció las emociones del enamoramiento a través de una pareja que se encuentra por casualidad, causalidad o destino en un tren, sabíamos que no sería sencillo olvidar la conversación de sus personajes hasta antes del amanecer. Lo sentimos sobre sus idas y vueltas en un diálogo sin fin, sin pausa y tan natural, que le aguardamos por diez años para confirmar que los “holas” y los “adiós” no tienen tiempo ni olvido en la memoria, esperábamos saber si los personajes podrían encontrar esa magia de las horas, y nos quedamos al suspenso de diez años y hasta antes del atardecer, para observar que la magia de las horas era ahora la realidad de todas las horas, en ese emocional trayecto, sin darnos cuenta, habían sido veinte los años. Linklater nos había regalado una trilogía que desde antes del anochecer, era ya un legado que tendrá un lugar especial en quienes seguimos la trama de lo que había transcurrido en dos noches y después en los años de la vida misma.
Ya sea “Hechizo del tiempo”, “Atrapado en el tiempo” o “El día de la marmota”, cualquiera de los títulos como se le conoce a esta película de 1993 resumen con tino el concepto general de lo que trata la historia: un hombre revive el mismo día una y otra vez, el dos de febrero, también conocido en Estados Unidos y Canadá como el día de la marmota. Según la tradición en esta fecha se celebra un ritual en donde, de acuerdo con el comportamiento de una marmota, se determina si el invierno se alargará o no. Si el día es soleado y el animal ve su sombra, la temporada invernal seguirá, de lo contrario, la primavera llegará más pronto.
¿Cuántas veces te ha pasado que compras algo, dices que te gusta tal grupo de música o comentas que tal película es muy buena, aun cuando muy adentro de ti piensas y sabes que no es cierto y que sólo lo dijiste por “agradar” o por ser aceptado por las personas que te rodean? A veces es difícil quitarnos la venda de los ojos y darnos cuenta cuáles son en realidad nuestros verdaderos gustos, y cuáles nos han sido impuestos.
Es la sensación de vivir una existencia malograda, se trata de la incomprensión del talento por la comprensión de ese “yo”, ese “yo” del artista que vive esa su realidad. No experimenta esa dualidad, separación entre el deseo de ser y el ser, vive en esa ilusión constante de querer estar encumbrado, en el sueño permanente del reconocimiento a su ego. No se puede vivir solo de la ilusión, en el trance de no lograrlo se necesita actuar para que el otro te coloque en el lugar que siempre te ha pertenecido. “Birdman” no es el Clooney o el Downey Jr., es el hombre a quien los años le han alcanzado sin aviso, que intenta deshacerse de la fama de su otro yo; el Birdman, es el actor que busca el éxito en Broadway.
La princesa Mononoke es una historia que se desarrolla en Japón, alrededor de los 1300 o 1500 años de nuestra era. Los espíritus han ido desapareciendo poco a poco del planeta y los que quedan defienden lo suyo: a la tierra, la flora, la fauna, la naturaleza, su esencia. Cuando una aldea es atacada por un demonio, su príncipe, Ashitaka, defiende y mata al ser, pero aquello que volvió maligno al animal se traspasa al joven, comenzando a corroer su cuerpo y condenándolo a la muerte. En busca de una cura Ashitaka parte a un viaje en busca del espíritu del bosque, encontrándose en su camino con otros espíritus. San, humana adoptada como hija de una diosa lobo, reciente a la raza humana y acrecienta su odio al ver a la aldea de mineros cercana al bosque abusar de los recursos naturales. Liderada por Lady Eboshi, la aldea se compone de trabajadores que en algún momento fueron marginados, leprosos y prostitutas; con el fin de obtener el mejor mercadeo, Eboshi pisotea todo lo que se interponga con su meta, razón por la cual, para deshacerse del espíritu del bosque, accede apoyar a Jiko, quien planea quitar la cabeza al espíritu del bosque (que supone da inmortalidad a quien la tenga) y entregársela al emperador a cambio de protección.
Lo negativo atrae cosas negativas, el mal crea más mal y la respuesta no es alimentar todo con más maldad; algo así sucede cuando la mancha afecta a los dioses, cuando los consume y los lleva a perder su estatus de espíritus, termina por explotar todo su pesimismo. Lo mismo sucede también con muchos de los personajes (aunque para muchos es ese sentimiento lo que los mantiene vivos y luchando); recelo y daño que lleva a un punto de ebullición que eventualmente explota. En la historia esto sucede hacia el último tercio de la película, cuando la mayor parte de los principales actuantes han hecho el suficiente daño a su alrededor como para estar a punto de destruirse mutuamente: la aldea, los espíritus, el bosque, ellos mismos.
La tecnología, la burocracia dentro del sistema de organización social y la insatisfacción con ella o la tolerancia social son algunos de los temas recurrentes en este tipo de universos creados; Brazil retoma estos puntos para su desarrollo y ambientación. Terry Gilliam dirige y coescribe la película, misma que fue nominada a dos premios Óscar, uno por mejor guión original y otro por mejor dirección de arte.
Luc Besson nos comparte una vez más una de esas historias en las que no sólo nos ofrece un atractivo espectáculo de acción, sino que además, nos hace, también, reflexionar sobre las circunstancias que viven sus personajes, sobre…nosotros mismos.