Misión Imposible: Repercusión, la impactante epifanía de Tom Cruise
Por: Iván Uriel Atanacio Medellín
Un despliegue de pirotecnia vuelta en secuencias de acción magistralmente dirigidas, el epítome de película de verano, y un portento cinematográfico a su género, hacen que Misión Imposible: Repercusión, brille con luz propia dentro de una saga que acumula cinco entregas previas, consolidando una franquicia que por su inigualable consistencia cualitativa, bien puede considerarse la mejor serie de acción de los últimos 25 años.
Misión Imposible: Repercusión | Dir. Christopher McQuarrie | E.U.A., 2018
Estrenada bajo el aura de consagración que parecía dibujar como tintes de insuperable, la espléndida Misión Imposible: Nación Secreta, Repercusión cuenta con diversos atributos que la convierten probablemente en la más arriesgada, audaz, ambiciosa y bien ejecutada película dentro del serial de espionaje, que, con Misión Imposible, iniciara en el verano de 1996 el mítico Brian de Palma.
Las primeras cinco parte del serial ofrecieron los visos de cinco directores distintos, que enfocaron sus cualidades en pos de continuar la trama de espionaje, los gadgets sorpresivos, los cambios de identidad, las secuencias coreografiadas desde lo individual y lo colectivo, y el tema musical a inspiración de Lalo Shifrin que encumbra emotivamente a cada clímax operístico dentro de las cintas. Una fórmula que pudiera resultar en destino del tedio, se convirtió en un guión estructural que por lo contrario, representa un reto en cada una de las secuelas porvenir. Así, John Woo y su MI:2, fue mal recibida por la crítica mientras se convirtió en la cinta más taquillera a nivel mundial en el año 2000; J.J. Abrahams hizo de MI:III en 2006, su ópera prima, y a partir de ese momento también se convirtió en productor de las tres postales siguientes, el ahora director élite, ahondó en el personaje de Ethan Hunt de forma más persona, reflejando un lado más vulnerable que incluso la actual misión explora.
Brad Bird, galardonado con dos premios Óscar por sus cintas animadas Los Increíbles y Ratatoullie, debuta como director de actores en live motion con Misión Imposible: Protocolo Fantasma, que sin duda, en 2011 catapultó a la saga tras varios años de hiato, y de paso dejó en el imaginario, la espectacular secuencia en donde Ethan Hunt, escala el edificio más alto del mundo para entonces, esa secuencia en Dubai resulta apoteósica. Así, tras el estreno de Jack Reacher en 2012, llegó el turno para Christopher MacQuarrie de abonar su propia visión de la serie al su colaboración con el protagonista.
Prevaleciendo en las seis películas únicamente el personaje de Luther, interpretado por Ving Rhames, MacQuarrie continua el ensamblaje de caracteres que prosigue el humor, ahora un tanto más serio, de Simon Pegg, la indómita presencia de Rebeca Ferguson, la elegancia cómplice de Alec Baldwin, y a ellos, suma la acertada participación de Henry Cavill, y de la soberbia Vanessa Kirby, para completar el elenco que hace de Repercusión, una cinta igualmente balanceada entre las espectaculares intervenciones de dobles y actores de reparto en sendas coreografías de acción y actuaciones sólidas, en muchos casos, aunadas a la fiebre ya clásica de la saga por la realización de peligrosas escenas por parte de los propios actores. El resultado, una pieza de increíble precisión que luce por completo en pantalla IMAX.
Una cinta llena de maestría, en cuya estructura bien incluye obertura, arias, interludios y epitafios no concluidos, para dar cabida a una probable secuela, MacQuarrie repite sin repetirse, y presenta una versión plena de dinamismo, que vira hacia lo complejo que resulta la trama de espionaje, enredo e intriga internacional, con la solemnidad del relato. Pero si la ejemplar veracidad de la película recae en los efectos prácticos y en su conjunción tecnológica para mostrar el mayor realismo posible, en franca oposición a las ya abundantes películas de súper héroes bañadas hasta el hastío de efectos especiales CGI y pantallas verdes, el mayor efecto visual es su protagonista: Tom Cruise.
Misión Imposible: Repercusión | Dir. Christopher McQuarrie | E.U.A., 2018
Ícono, leyenda, mito, Cruise, se muestra encomiable, carismático y con el usual profesionalismo que le ha llevado a realizar sus escenas sin necesidad de dobles, y a poner en riesgo el físico hasta sufrir lesiones y detener por un periodo de tiempo el rodaje. Comparado a las veces con Jackie Chan, Cruise se diferencia por el uso de implementos, instrumentos y herramientas de trabajo, lo mismo maneja una moto que un auto, un camión que un helicóptero, escala una montaña, un edificio, aguanta la respiración bajo el agua, se cuelga de un avión o es capaz de arrojarse lo mismo en paracaídas que pilotearlo.
En Repercusión, Cruise ha dejado muy alto el listón cualitativo de su heredad, y en esta película especialmente relacionada al ambiente que ofrecen directores como Christopher Nolan en El Caballero de la Noche, o George Miller, Mad Max: Furia en Dos Ruedas, alcanza rasgos de epifanía cinematográfica que recuerda la variedad de rangos donde podemos disfrutarle a lo largo de sus casi cuatro décadas en la industria.
El mismo actor nominado a tres premios Óscar, y ganador de tres Globos de Oro, luce con total esplendor a sus 56 años, y logra lo anterior con un despliegue de energía que motiva, evoca e inspira al espectador, que recuerda a Cary Grant en Intriga Internacional de Alfred Hithcock. En Repercusión, cada textura está diseñada al compás de su cinematografía, bellamente compuesta por Rob Hardy, como exquisita resulta la composición de su banda sonora por Lorne Balfe, que trae a la memoria a Hand Zimmer, su maestro. Esa orquesta que conduce con soltura MacQuarrie, representa el espíritu de la serie televisiva – original de Bruce Geller- que irrumpirá los televisores durante la década de los años sesenta, un equipo que se integra en la derivación de un colectivo, y un liderazgo que es capaz de amalgamar y hacer converger los valores de lealtad en favor de una causa que les da origen.
Repercusión pone de manifiesto la vulnerabilidad de los personajes ante el discernimiento entre la profesión, la amistad y el objetivo, que coadyuvan la tensión que hace de lo evidente lo improbable y de lo improbable lo evidente, un juego de búsqueda y encuentro que atiende al principio fundacional de la serie. MacQuarrie aprovecha su talento como guionista, recompensado en 1995 con el premio Óscar por la magnífica Los Sospechosos Comunes, para dar cuerpo al engranaje y el bien común en vilo para afrontar la prueba, es ahí donde todo adquiere sentido y brinda incluso, un dejo humanidad a la historia, ya que mostrará las razones por las cuales Ethan Hunt se aleja de lo querido, abandona su pasado, y arriesga su misión por aquello que ama, sea la pareja, la institución, o el amigo, ante una la maldad inherente en el escenario perenne de las películas de acción, donde el bien y el mal dirimen fuerzas frente a la ética y la lógica de los sucesos.
Ante la inminente amenaza global, el dolor, arrepentimiento, vacío y la desesperación, no tienen cabida en la ejecución del deber ser de los personajes, interconectados con la casualidad, con la casualidad o con el infortunio, quienes portan en sus líneas y sobre todo en sus expresiones, la suma de todos los miedos y ansiedades que la falta de apego más no de motivos corresponden.
La búsqueda de un estado de felicidad que parece no existir, la resignación, el sueño lúcido o las máscaras que cubren las secretas intenciones caracterizan los momentos climáticos que para muchos críticos, hacen de Repercusión, la mejor de las películas de la serie y una de las mejores películas de acción de las últimas décadas.
Lo cierto es que desde nuestra apreciación, Misión Imposible: Repercusión es la mejor película del verano y se coloca en la competencia directa por los premios especializados en los enormes logros técnicos de su realización, y a su paso, brinda una oportunidad más de seguir reconociendo una de las leyendas más importantes de la historia de Hollywood, y quien se ha mantenido como la estrella más conocida del panorama cinematográfico internacional.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Temas, contextos y entornos del prestigiado festival
Por: Iván Uriel Atanacio Medellín
Nos encontramos por parte de Filmakersmovie en Lyon, Francia, cuna del cine, donde los hermanos Lumière inventaron el cinematógrafo con la que fue grabada la primera cinta de la historia en 1895, y donde se encuentra -además del museo dedicado a su obra- el Instituto Lumière dedicado al cine desde la creatividad y la academia. De este por demás interesante museo, que significa un viaje en sí mismo, damos cobertura a la edición 71 del Festival de Cannes y aprovechamos para ofrecer una entrega de MEMORIA, que más que recuerdos guarda una reflexión al devenir cinematográfico.
Primer afiche de Festival de Cannes, 1946
Fundado en 1946, el Festival de Cine de Cannes, quizá el más prestigioso festival de cine del mundo, se ha convertido en un encuentro cinematográfico que comenzó como una muestra internacional de películas, prosiguió como una oferta de cine innovador, palestra del cine de denuncia y del realismo político, hasta desembocar, como casi todos los festivales de alto calibre, en el glamour y las negociaciones que hacen de cada edición un encuentro entre el arte y la industria de la distribución. Para la edición 71, la polémica no atendió tanto a la cinta ganadora de la Palma de Oro, máximo galardón otorgado durante el certamen, y que fue otorgada a la película japonesa “Shoplifters” de Hirokazu Kore-Eda, como a los vericuetos que previo al festival, derivaron en un debate irresoluble entre el cine clásico destinado a las salas de cine, y el dirigido a las salas de los hogares o dispositivos personales que atienden a la exposición de plataformas y contenidos audiovisuales.
Lo anterior nos recuerda el documental “Room 666” de Wim Wenders, quien a principios de los años ochenta, justo en la cita de la costa mediterránea, vislumbraba el debate entre el cine clásico, el que defendían los artistas consagrados y el cine proyectado en televisión o en videocaseteras. Aquél debate incluía testimonios a modo de confesión de directores que vislumbraban desde distintas aristas el futuro del cine, donde directores como Jean-Luc Godard, Reiner Werner Fassbinder o Steven Spielberg, dan su punto de vista.
Curiosamente, más de treinta años después, el propio Spielberg defiende el cine clásico destinado en primera instancia a las grandes pantallas, mientras otros directores optan por las nuevas plataformas de difusión de su material creativo. Como consecuencia del debate en la presente edición, la plataforma Netflix retiró sus películas, incluida la cinta “Roma” de Alfonso Cuarón.
Esta decisión, no exentó a México de participar en diferentes espacios durante el Festival, incluyendo la muestra remasterizada de la galardonada “María Candelaria” de Emilio “El Indio Fernández” (De quién recién se estrenó un documental) de 1943 que resultó premiada en aquella mítica edición de 1946 que celebró una Palma de Oro coral. Obra maestra de Emilio Fernández (una de las varias que posee su registro) pieza clave en la denominada –Época de Oro del Cine Mexicano-. “María Candelaria” 1946 también conocida como “Xochimilco”, extraordinariamente fotografiada en blanco y negro por el maestro Gabriel Figueroa, es un intenso drama que retumba los ecos de la mexicanidad dibujada por el México Post Revolucionario. Situada en los albores del siglo XX, antes de la Revolución Mexicana, en pleno porfiriato, “María Candelaria” narra su tragedia de amor, odio y destino a través de una pintura, el lienzo de una mujer indígena de cuyo pasado el autor no quiere hablar, quizá porque el pincel con el que ha coloreado sus labios carmesí, lleven la sangre misma de la historia.
El Festival de Cannes ha visto consagrarse a varias cintas representativas de todo el orbe que se han alzado con la codiciada “Palma de Oro”, películas como “Roma Cita Apertta” Roberto Rossellini, “Brief Encounter” David Lean , “The Lost Weekend” Billy Wilder, “The Third Man” Carol Reed, brillaron en los años cuarenta; “Miracolo a Milano” Vincente Minelli, “Marty” (También ganadora del Premio Óscar) Delbert Man, “Black Orpheus” Marcel Camus, impactaron los años cincuenta.
Las siguientes dos décadas traerían reconocimiento a películas como “Viridiana” Luis Buñuel, “Il Gattopardo” Luchino Visconti, “Las Sombrillas de Cherburgo” Jaques Demy, “Un homme et une Femme” Claude Lelouch, “Blow-Up” Michelangelo Antonioni, “La Dolce Vita”, quedaron grabadas para la posteridad en la historia de la cinematografía universal, como esa es sin duda la enorme, brillante y evocadora secuencia que muestra a la bella Anita Ekberg al interior de la Fontana de Trevi, donde Lo sagrado y lo profano habitan una misma ciudad, para Fellini este combo de juramentos, deidades y personalidades, ofrecen una sátira social y la irónica visión del imaginario italiano y europeo de la época.
Los años setenta vieron consagrarse a películas como “Mash” Robert Altman, “Die Blechtrommel” de Volker Schlondorff, “Taxi Driver” Martin Scorsese, “The Conversation” y “Apocalipsis Ahora” de Francis Ford Coppola, una pieza de arduo trabajo creativo y artístico, que derivó en un doloroso y apasionante viaje fílmico a su director, una lograda visión del dolor, de la incomprensión, de la desesperación y de las atrocidades de una guerra que marcó a una generación.
En los años ochenta, el Festival de Cannes albergó nuevas realizaciones y optó por abrirse al cine alternativo de jóvenes propuestas mezclando reconocer a directores consagrados, “Missing” Costa Gravas, “When father was away on business” Emir Kusturika, “Sex, Lies and Videotape” Steven Soderbergh, “Kagemusha”, que se convirtió a sí misma como un renacimiento del imaginario maestro Akira Kurosawa, y “París Texas” de Wim Wenders, basada en una obra del enorme Sam Shepard, que cobija la pista de las razones, de las causas y consecuencias, el viaje por cada rincón de un contexto desolador, aguarda la esperanza de que pueda recuperarse lo querido.
La última década del siglo XX, presentó alternativas sugerentes y a la vez perturbadoras para muchos, “Barton Fink” de los hermanos Cohen, “Farewell my Concubine” Chen Kaige, “The Piano” Jane Campion y el serial de historias entrelazadas por el destino, los tiempos y el espacio caprichoso de encontrarles desde la óptica de sus personajes en “Tiempos Violentos” de Quentin Tarantino, así como “El Sabor de las Cerezas” de Abbas Kiarostami, que hace un viaje a la interioridad desde los senderos que se adentran en la espiritualidad como una búsqueda del sentido a la vida y a la muerte, hacen de una de las más profundas y evocadoras cintas de los años noventa, obra magnífica, estremecieron a las audiencias en los noventa.
La llegada del nuevo milenio, continuó la senda de películas que apelaron a la reflexión y a la agitación de consciencias de modo contrastante, dejando las decisiones del espectador al libre albedrío, “Dancing in the Dark” Lars Von Trier, “Elephant” Gus Van Sant o “4 Months, 3 Weeks and 2 Days” Cristian Mungiu dan cuenta de ello; para después, en la década presente, atestiguar un cine vanguardista que lo mismo juega con la ilusión, el absurdo y la cosmovisión de las culturas en el mundo, que con la realidad económica de una sociedad que a nivel global enfrenta retos complejos, “The Tree of Life” Terrence Mallick, “Amour” Michael Haneke, o “I, Daniel Blake”, son resultado de esa nueva faceta en el festival.
Directores como Cecil B. DeMille,René Clément,Ingmar Bergman, Francois Truffaut, Robert Bresson, Sergei Yutkevitch, Glauber Rocha, Ettore Scola, Yuliya Soltseva, Werner Herzog, Wong Kar Wai, Pedro Almodóvar, Eward Yang, Paul Thomas Anderson o Carlos Reygadas entre otros, han visto reconocida por el jurado anual su obra, y legado la oportunidad de abrir espacio en la distribución internacional de la misma.
Esta edición 71 del Festival y su debate generado entre las diversas opiniones que gravitan las dimensiones de las pantallas, formatos e intenciones, nos dará material para debatir en nuevas ediciones, sin negar que, más allá de las películas que compiten o se muestran, el festival sirve también como un ágora para discutir temas que conciernen no sólo a los realizadores, sino también a sus audiencias, veremos si el debate de este año se convierte en una fundacional argumentación para cualquiera de los expresados argumentos. El debate que directores como Christopher Nolan y Steven Spielberg, francos herederos del cine secuencial y destinado a la gran pantalla en una estructura narrativa exponencial y éxito comercial que tuviera Alfred Hitchcock, han abierto y continuado al respecto a la nomenclatura y clasificación del cine y de las películas en sí, nos da para abordar a fondo una profunda reflexión de la teoría cinematográfica.
La edición número 71 no sólo dejó películas de gran calibre como “Everybody Knows” de Asghard Fahardi, “BlackKklansman” de Spike Lee, que recibió diez minutos de ovaciones, “Cold War” de Pawel Pawlikowski, “Border” de Ali Abbasi, o “Capernaum” de Nadin Labaki, que han sido reconocidas y en las próximos meses veremos copar las salas de cine a nivel internacional ya sea de forma comercial o en las denominadas salas de arte; lo que ha dejado ha sido mucho más generoso y fundacional, ha legado un debate que prevalecerá en las teorías, definición y clasificaciones del cine y de las películas que le hacen ser y dan sentido.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Borg vs McEnroe | Dir. Janus Metz | Suecia, Finlandia y Dinamarca, 2017
Desde que supe que se estrenaría una cinta sobre la rivalidad tenística que rebasó los confines de su deporte, Borg vs McEnroe, pensé lo difícil que resultaría centrar la rivalidad de los íconos con sus respectivos temperamentos. La rivalidad en el deporte ha sido llevada de desde la ficción a lo largo de la historia del cine, con especial atención a las cintas e ficción dirigidas por John G. Avildsen, “Rocky” 1976, ganadora del Premio Óscar a Mejor Película y que sentó las bases de rivalidades boxísticas consecutivas de una saga aún hoy más que vigente, y la juvenil “The Karate Kid” 1984. Y desde el testimonio que permite la realidad y la memoria que recuerdos guarda, la extraordinaria cinta “Rush” 2013 sobre la rivalidad en el automovilismo de los campeones de Fórmula Uno Niki Lauda y James Hunt, dirigida magistralmente por Ron Howard, y recientemente con la cinta tenística “Battle of the Sexes” 2017, que refleja una rivalidad más mediática que deportiva pero igualmente sugerente y de impacto en la lucha por la equidad de género y que refiere la polémica tensión entre Billie Jean King y Bobby Riggs, dirigida por Johathan Dayton y Valerie Faris.
Borg vs McEnroe, explora la rivalidad de dos personajes cuyo temperamento se convirtió tan famoso como sus logros y talento. Por una parte el joven tempestuoso, a la vez grosero, flemático, iracundo, y reciente ganador del Abierto de Estados Unidos (US OPEN), del que haría su bastión, McEnroe representó a la sangre nueva del tenis de su país, mientras Jimmy Connors veía pasar sus mejores años. McEnroe sería el estandarte de Estados Unidos para la década de los años ochenta que recién comenzaba, y que a la postre de otros diez años, vería coronarse a otros tres números uno como el propio Big Mac, Jim Courier, el polifacético Andre Agassi y el multicampeón Pete Sampras, antes de un hiato de casi dos décadas que sólo advirtió a Andy Rodick. Por otra parte, el ya legendario Bjorn Borg, frío, inexpresivo, calculador, desafiante tenista que con tan solo 24 años se había apoderado de los dos más importantes torneos de Grand Slam y del tenis en general, los abiertos de arcilla Roland Garros en Francia, y sobre pasto, Wimbledon en el Reino Unido. Borg sigue siendo el último en ganar ambos torneos en tres años consecutivos, y lo había logrado a una edad que hoy, sigue siendo motivo de admiración y a su vez, de desconcierto. Suecia tendría grande figuras en los años ochenta, Matts Wilander y Stefan Edberg, pero ninguno a la altura de Borg.
Con esa atenuante histórica, el torneo de Wimbledon de 1980 se aprestaba para atestiguar, el desarrollo de uno de los más grandes apasionantes y extraordinarios juegos de tenis de la historia, el denominado “Juego del Siglo”, el que se presentaría en esa ya icónica gran final. La cinta dirigida por Janus Metz, con guión de Ronnie Sandahl, presenta un viso al entorno previo a dicho compromiso deportivo, y lo hace desde una sucinta remembranza del pasado infantil y juvenil de ambos tenistas, sus motivaciones, frustraciones, sus temores y desafíos, su relación con entrenadores, familia, público, prensa y rivales, haciendo de la vida misma un corolario de vaivenes emocionales que resultan causa consecuencia de su desempeño, pero que ante todo, no responsabiliza como una culpa los sucesos sino que solo envuelven las decisiones personales. Este recurso descriptivo, eleva la cinta de ser una película deportiva con tintes de conflicto y resolución, a una exploración de la mente y sus recovecos emocionales en el deporte, especialmente en el tenis, que resulta ser en gran parte un juego de alta carga mental.
Con actuaciones sobresalientes de Stellan Skarsgard como el entrenador sueco Lennart Bergelin, Shia LaBeouf como McEnroe y Sverrir Gudnason como Bjorn Borg, “Borg vs McEnroe” es una película que resulta por demás interesante desde el punto de vista histórico, seductora desde lo emocional y apasionante desde lo deportivo, un deleite para los fanáticos del denominado deporte blanco, el franca alusión al propio torneo celebrado en el All England. Desde su introducción, la cinta nos advierte que dicha rivalidad cambio el tenis y la vida de sus protagonistas, y lo fue, no sólo por las dos vibrantes finales que disputaron ambos jugadores en Wimbledon, sino por lo que significó en sus carreras. Dado lo anterior, aprovecho para hacer algunos apuntes sobre Borg.
Aunque el tenis en la década de los sesenta inscribió la denominada “Era Abierta”, su tradición centenaria había arrojado varias figuras, pocas con el impacto transicional de los australianos Rod Laver, Roy Emmerson y Ken Rosewall, sin embargo Bjorn Borg cambiaría la historia del tenis y su impacto mediático y comercial. Borg atrajo patrocinios como nunca antes en la historia del deporte, tenía seguidoras y seguidores devotos por todo el mundo, atraía las miradas de propios y extraños al tenis, y acaparaba las portadas de revistas, periódicos y libros, fue un fenómeno sin precedente y generó un shock desde su debut, hasta su prematuro retiro a los 26 años, aunque en realidad, habíase retirado desde antes de cumplir los 25.
Antes de las eras de Ivan Lendl, Boris Becker o el ya citado Sampras, Borg imprimió un sello inigualable, y su rivalidad con McEnroe, dejó sentadas las bases para futuras batallas como las protagonizadas por Lendl y el propio McEnroe, Lendl y Becker, la noventera Agassi vs Sampras o la considerada más longeva y definitiva del deporte, Nadal vs Federer. Justo esta era, considerada una época dorada por el alto nivel de cuatro jugadores, Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray, no podría explicarse sin aquella rivalidad del temperamento que refleja la cinta.
Borg ganó múltiples veces Roland Garros y Wimbledon, algo que no han logrado ni Rafael Nadal, máxima figura histórica en arcilla ni Roger Federer, máximo tenista de la historia en pasto y en general. Al dimensionar al gran Roger quien a sus 36 años sigue deleitando y enamorando a quienes disfrutamos el tenis, también dimensionamos la corta edad a la que Borg había obtenido sus logros. Cuando Borg regresó a Wimbledon por vez primera en dos décadas, fue para entregar el título a Roger Federer, y eso significó una entrega de estafeta, no de títulos ni de estadísticas, sino en la carga que conlleva portar un deporte sobre las espaldas o mejor dicho, sostenerlo en la mano que impulsan la raqueta.
Foto real de Borg y McEnroe en el llamado «Juego del Siglo» | 1980 | Internet.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
LUIS MIGUEL BUSCA UNA MUJER, A 30 años del vuelo incondicional
Por: Iván Uriel Atanacio Medellín
En 1988 la música en español vive un torbellino de ritmos y propuestas narrativas que van desde el pop al denominado rock en tu idioma, que cimienta las bases de lo que serán los nuevos ritmos de la década venidera. El rock en tu idioma desde México (Caifanes, Ritmo Peligroso, Bon y los Enemigos del Silencio) hasta Argentina (Charlie García, Soda Estéreo, Enanitos Verdes, Miguel Mateos, Laureano Brizuela, Héroes del Silencio) con escala en España (Nacha Pop, Hombres G, Radio Futura, Miguel Ríos) traerá una ola de sugerentes alternativas grupales y solistas que definirán una época.
La balada romántica en sus diferentes acepciones, daba pauta y ritmo a un pop que seducía con líricas y melodías que lo mismo atendían a historias juveniles (Timbiriche, Menudo, Karina, Flans) que a estribos más adultos (Miguel Bosé, Emmanuel, Mecano, Pandora) y es ahí, donde Luis Miguel izaba su bandera con un sonido distinto al que le había puesto en la palestra musical de América Latina en sus primeros años. Heredero de intérpretes masculinos consagrados como Julio Iglesias, Sandro, José José, Juan Gabriel, Camilo Sesto y Raphael, y contemporáneo de los nuevos valores latinoamericanos de la canción como Chayanne, Luis Miguel había conquistado América Latina desde niño a través de su poderosa voz, presencia y dominio escénico, pero muchos temían el cambio de edad pudiera afectar su nivel interpretativo, lo que no ocurrió ni al cambio de voz entre la niñez y la adolescencia, y que menos afectó su desempeño entre la adolescencia y su paso a la adulta juventud que le vio publicar el exitoso “Soy Como Quiero Ser” en 1987.
Así, en medio de la expectativa de continuar una senda gloriosa tras un disco de grandes sencillos “Ahora Te Puedes Marchar”, “Cuando Calienta el Sol”, “Busca Una Mujer” se aprestaba a ser el nuevo disco del ídolo juvenil, una apuesta que dejaba los covers grandiosos por canciones ex profeso para el cantante, quien ya en la independencia creativa, sostendría su voz en las letras del maestro Juan Carlos Calderón. “Busca Una Mujer” se convirtió en un éxito instantáneo, un disco generacional que consagró al cantante y que lo situó, desde entonces, en la cima de la música en español.
“Fría Como el Viento”, “Culpable o No”, “Por Favor Señora” y “El Primero”, comprenden las baladas de alto impacto en la producción grabada en Ibiza, España, y que se hicieran del dominio popular gracias a las constantes repeticiones en las radios de toda Hispanoamérica mediante su exposición vía sencillo, y más aún gracias a las altas ventas que alcanzó el disco, “Busca Una Mujer” se convirtió en uno de los álbumes más vendidos en la carrera de Luis Miguel y en la historia de México. A las anteriores baladas, “Esa Niña”, “Un Hombre Busca Una Mujer” y la colaboración de Luna Fría para el disco “Pupilas de Gato”, ofrecen una pausa melódica que logra una lista de reproducción equilibrada y del estilo que ya definía al Luis Miguel Pop, Baladas, Up Tempos, y que avistaría los metales que vendrían con fuerza en su disco “20 Años” de 1990. “Soy Un Perdedor” y en especial “Separados”, darían al álbum la fuerza rítmica que permitiría al intérprete desplegar su rango vocal y que le funcionarían a la perfección para el vibrado melódico y emocional de sus conciertos en vivo.
El disco se convirtió en un referente del pop de la década de los ochenta, y a su vez, en un viso de las nuevas tendencias en la balada, y en la forma de conectar con las nuevas generaciones de finales de siglo, Luis Miguel sería la máxima figura de esa etapa histórica, y “Busca Una Mujer” le permitiría sin duda completar la travesía musical, lírica y artística que anhela todo cantante ante los cambios de edad, época y horizonte. Pero fue “La Incondicional”, la canción que envolvería todo adjetivo, la composición perfecta en el momento adecuado, el sencillo ideal para un intérprete y su disco, la balada idónea para un intérprete y su público. “La Incondicional” se convirtió en un himno cargado de magia, fuerza y energía, definiría al cantante y a su audiencia en una relación de complicidad, apego, admiración, agradecimiento y cariño, y tal como la situó el canal VH1, sería considerada la gran balada en español de la década.
Tal consideración, ha recibido por igual el videoclip que en 1989 hizo girar y girar los reproductores BETA Y VHS tratando de grabar y reproducir una y otra vez, las escenas coreografías y el diseño de producción magistralmente diseñados por el director Pedro Torres, para un vídeo clip que, basado en la exitosa cinta de 1986 “Top Gun”, dirigida por Tony Scott e interpretada por Tom Cruise, tendría un recibimiento apoteósico y de dimensiones nunca antes vistas para un vídeo musical en la historia del pop en español, “Tú, la misma de ayer…la incondicional”, el H. Colegio Militar de México, el corte de cabello del cantante como un instante de apertura, las secuencias a modo de servicio militar, la bruma, la graduación del colegio, los lentes de sol, los recuerdos, y el vuelo de un avión de la Fuerza Aérea Mexicana en su momento climático, hicieron de esta iniciativa visual, la más celebrada producción audiovisual de la industria discográfica de su tiempo.
Desde 1988 y hasta ya iniciado 1990, “Busca Una Mujer” se estableció como el disco más vendido, escuchado y reproducido incluso en ediciones especiales de vinil, casete y posteriormente masterizado a cd, prácticamente todas las canciones tuvieron espacio en la radio, los vídeos musicales “Fría Como el Viento” y “la Incondicional” ocuparon las programaciones de los canales de vídeos musicales, y Luis Miguel recorrió varios países para más tarde producir su vídeo material “Un Año de Conciertos”. Sería en 1989, durante un programa televisivo con motivo de la promoción de “Busca Una Mujer”, que Luis Miguel compartiría el escenario con el maestro Armando Manzanero, en lo que al devenir, forjaría el primero de sus discos de boleros, la serie Romances iniciaría en 1991 con Romance, el disco grabado en español más vendido de la historia en su momento, pero antes, Luis Miguel disfrutaría del reconocimiento de crítica y audiencia en 1990 con el ya mencionado álbum “20 Años”, que cerraría tres producciones consecutivas de la mano de Juan Carlos Calderón y que constituirían una de las varias etapas doradas en la vida artística del Sol de México.
En MEMORIA, abordamos anteriormente el veinte aniversario del álbum ganador del Grammy “Romances” 1997, con esta “Busca Una Mujer” 1988 en su treinta aniversario, continuamos el serial de Luis Miguel en Filmakersmovie, celebrando la trayectoria del intérprete mexicano y su exitoso regreso a los escenarios.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Único ganador de tres premios Óscar, afamado por su pericia en la selección de personajes, amparado en una trayectoria de interpretaciones que adjetivan la perfección, y envuelto en un halo de misterio, Daniel Day-Lewis se ha consagrado como el más importante actor de su generación, un histrión de su tiempo, que lejos de pretender los reflectores de la fama, que de suyo ha obtenido, o altas cifras de taquilla, concentró su energía en el fluir del arte actoral. Comparado por muchos con otras leyendas de la actuación como Sir Lawrence Olivier o Marlon Brando, Lewis, hasta el momento, aunque comparte con los anteriores una sólida trayectoria en teatro, no combinó efusivamente su vocación hacia la dirección como Oliver ni fue un sex symbol y ave de tempestades como el gran brando. Lewis es una perfecta combinación del actor clásico británico que atiende las tablas del escenario y que al mismo tiempo se adentra a las profundidades del personaje como un consumado actor de método.
Con “Phantom Thread”, la más reciente cinta de Paul Thomas Anderson, Day Lewis dice adiós a las cámaras de cine como actor, y se aleja de las marquesinas, al menos cinematográficas, dejando una huella indeleble, una carrera excepcional y un sello distintivo que pareciera haber sido trazado a perfectas líneas curvas como traza con perfección su personaje de modisto, un oficio que lo mismo requiere habilidad, diseño y astucia, gusto, precisión y sensibilidad, la que lleva al actor, a sumirse en una profunda búsqueda por la perfección creativa, alejando su vida de la realidad, alejando sus sentidos de sentirlos, alejando sus apegos del sentimiento y olvidándose de sí mismo en franca similitud con el compromiso de vida que un artista de método profiere a sus personajes.
Antes de obtener su primero premio Óscar, Day-Lewis pasó de personajes incidentales como en “Ghandi” 1982 de Richard Atenborough, ganadora de Mejor Película y Mejor Actor con Ben Kingsley, Lewis escaló el protagonismo con pasos agigantados y sutiles en cintas de prestigio, “The Bounty” 1984 de Roger Donaldson; “A Room With a View” 1985 de James Ivory (Quien recién ganó el Óscar por Mejor Guión con la espléndida “Call Me By Your Name”) y “The Unbearable Ligthness of Being” 1988 de Philip Kaufman basada en la exitosa novela de Milan Kundera. Pero fue con “My Left Foot” 1989 de Jim Sheridan, que Lewis alcanzó reconocimiento universal, ganando el Óscar en una de las más cerradas contiendas por Mejor Actor que se hayan visto en la historia de los premios de la Academia.
Tom Cruise “Born in the Fourth of July”, Robin Williams “Dead Poets Society”, Morgan Freeman “Driving Miss Daisy” y Keneth Branagh “Henry V”, compartieron una terna de pronóstico reservado. La década de los años 90, trajo para Lewis nuevos retos y una etapa de mayor introspección ideológica, política y actoral, “The Last of the Mohicans” 1992 de Michael Mann; “In The Name of the Father” 1993 de Jim Sheridan que le daría una nueva nominación de la Academia, y con quien más tarde haría “The Boxer” 1998; “The Age of Innocence” 1993 de Martin Scorssese, con quien repetiría complicidad en su reconocida actuación por “Gangs of New York” 2002, compartiendo créditos con Leonardo di Caprio y perdiendo el Óscar con la sorpresa de la noche, Adrien Brody “The Pianist” 2002 de Roman Polansky, quien se impuso no sólo a Lewis sino también a Jack Nicholson “About Schimidt” 2002 de Alexander Payne.
Acostumbrando a la audiencia a prolongados recesos para preparar sus personajes y a la vez tomar tiempo para sí, en una forma de escape, libertad o cercanía a la interioridad artística, el nuevo milenio ofreció a Daniel papeles memorables, epítome de su talento. En 2007 Paul Thomas Anderson le encomendó el papel principal de su aclamada “There Will Be Blood”, la que para muchos es una de las mejores actuaciones masculinas de la historia, en una de las mejores películas no sólo de su década sino del nuevo siglo. Esa temporada los premios llovieron a ramilletes, incluyendo su segundo Óscar a Mejor Actor. Premio que si bien lo encumbraba, aún aguadaba la compañía de una nueva estatuilla, la tercera, la definitiva.
Con “Lincoln” 2012 de Steven Spielberg, Lewis vuelve a los roles biográficos, pero en esta ocasión, sin mayor referente visual que fotografías, descripciones literarias y referencias orales a modo de tradición, que hicieron de su versión del prócer norteamericano, una auténtica creación actoral, que le valió el estatus de, hasta la actualidad, ser el único actor que haya ganado tres premios de la Academia en la categoría de Mejor Actor.
De esta forma y ante su reciente nominación en la 90ª entrega de los Óscares, los reflectores atendieron en parte los movimientos, expresiones y la imagen en sí de un maestro que, aún a sabiendas de que no recibiría el galardón, pues su compatriota Gary Oldman llegaba con etiqueta de amplio favorito por su extraordinario Winston Churchill en “The Darkest Hours” 2017 de John Wrigth, asistía con la gallardía, caballerosidad y respeto por el oficio que se convirtió en parte de su ser y de la cual, el actor británico, de corazón para muchos irlandés, se despide con “Phantom Thread” dejando en la heredad un testamento de grandeza, amor y pasión por el arte actoral.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
LA BERLINALE: La Europea Celebración al Cine que Viaja
Por: Iván Uriel Atanacio Medellín
Berlin International Film Festival, Poster 1951
Fundado en 1951, laBerlinale, el Festival Internacional de Cine de Berlín, se ha convertido en uno de los más importantes eventos cinematográficos del orbe, una palestra que combina el contenido del cine de autor, el bagaje de la industria y el encuentro de realizadores que retratan desde su óptica distintos tópicos, así como sucesos sociales y políticos. Nacido justo entre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, inmerso en la disyuntiva ideológica que construiría un muro y que le vería derrumbarse, el festival fraguó por convertirse en un punto de unidad mientras la ciudad se dividía.
De esta forma ofreció un espacio de expresión para el cine alternativo, sugerente, atrevido, denunciante y reflexivo sobre temas que difícilmente exploraban las grandes producciones de la industria. Y aunque el medio de los distribuidores habitó desde su inicio el festival, con el paso del tiempo dio cabida a las producciones comerciales para que desde su patrocinio, financiaran actividades coyunturales que reforzaron la exhibición de películas de autor con miras más artísticas que comerciales.
Esta mezcla de arte y glamour, ubicó a la Berlinale al nivel de los certámenes de Venecia y Cannes, convirtiendo el periplo organizativo en una plataforma para los cineastas conceptuales y para quienes atienden la promoción de contenidos. La Berlinale, a reserva de su agendada duración, genera eventos alternos durante todo el año en la mítica ciudad alemana, pues desde su inicio se propuso redimensionar el cine alemán que había tenido a finales de los años veinte y principios de los años treinta un tope creativo, cuya influencia expresionista, vería tras la guerra la llegada del neorrealismo italiano y otras corrientes cinematográficas, converger en un universo paralelo pero simétrico en su necesidad de expresar los dejos del conflicto armado y la división ideológica del pensamiento.
Este año, la edición 68 del célebre festival, atestiguó el triunfo polémico de la película Touch Me Not, dirigida por la rumana Adina Pintilie, que se alzó con el Oso de Oro, máximo reconocimiento del festival, y que ha sido otorgado a cintas míticas y a realizadores legendarios que han hecho de la Berlinale, una de las más importantes celebraciones del séptimo arte. La primera etapa del festival vio coronarse a La Decisión de Hopson del británico David Lean, consagrado director que en el pico de su carrera alcanzaría en dos ocasiones en Premio Óscar, en 1957 con El Puente Sobre el Río Kwai y en 1962 con la épica Lawrence de Arabia.
Ópera prima del director Sidney Lumet, 12 Hombres en Pugna 1952, se convirtió en un clásico instantáneo, gracias a su argumento dubitativo, que lo mismo pondera los posicionamientos y el prejuicio que la suposición y la vocación por la justicia basada en las evidencias de un asesinato. Un joven acusado de ultimar a su padre, es el argumento que Reginald Rose escribió para televisión, y que en su adaptación cinematográfica catapultó no sólo al director sino al cine policial sustentado en juicios orales a un nivel superlativo, enmarcado en una sala en cuyos asientos convergen la certeza, la duda, la suspicacia, el sentido común, el debate, el diálogo y los acuerdos.
La década de los años cincuenta fue testigo del auge creativo y filosófico del maestro sueco Ingmar Berman, El Séptimo Sello 1957 y Fresas Salvajes 1958 son muestra de ello, y es ésta última la que pobló de halagos la Berdinale concediéndole el premio máximo y alabando las vetas estéticas e interpretativas en el estilo cinematográfico del director oriundo de Upsala. El viaje como escenario narrativo, recurrente en las películas laureadas del festival a lo largo de su historia, muestra un periplo existencial que enhebra argumentos y el pensamiento que deriva en la reflexión constante sobre la vida, la muerte y la existencia humanas.
Francia irrumpiría con fuerza en las postrimerías de la primera década del festival alemán, Claude Chabrol sería reconocido por Los Primos 1959 antes de lograr un despliegue afortunado en el género del suspenso, y abriría la puerta para que Jean-Luc Godard, máximo representante de esa nueva ola que cubriría y se derramaría por completo en el mundo alentando la creatividad lírica, técnica y creativa en el manejo de la imagen, la música, y la voz, Alphaville ganaría el festival justo al medio de la década de los años sesenta, que incluso vería el triunfo de John Schlesinger con Una Manera de Amar 1962; Godard, plantea si la felicidad o si la posibilidad de ser felices, atiende a soslayar aquello que nos brindan los sentidos, el ser humano y sus emociones desde la ciencia ficción, y presenta un futuro distópico donde no es permitido preguntar ni sentir. Berlín premió al estandarte de la nueva ola francesa y por añadidura, hace una crítica social que advierte la premisa de prevenir el advenimiento de nuevos totalitarismos justo cuando la juventud se hace presente y expresa generando movimientos sociales nacidos en la juventud que definirán en mucho los años sesenta, representada en una nueva generación de realizadores, como Roman Polanski, que con Cul-de-Sac 1966, concluiría una etapa de formación y convencimiento de la crítica.
Italia también tendría un papel predominante en la Berlinale durante los años sesenta, Michelangelo Antonioni ganaría el Festival en 1961 con La Noche, y Gian Luigi Polidoro con El Diablo haría lo mismo en 1963, antecediendo el triunfo durante la década de los setenta, años de un profundo caleidoscopio de surrealismo y realismo cinematográfico.
Es entonces cuando el legendario Vittorio De Sica ganaría con El Jardín de los Finzi Contini 1971, y Pier Paolo Pasolini, presentaría Los Cuentos de Cantenburry 1972, segunda entrega en la trilogía de la vida, que incluye El Decamerón de Bocaccio y Las Noches Árabes del popular libro Las Mil Una Noches, como un testamento de literatura medieval, a la que vierte una irreverencia, provocativa, sugerente y surreal, presenta su propuesta visual añadiendo a su adaptación, los presupuestos prosaicos, líricos y poéticos que caracterizaron sus potentes y polémicas secuencias.
Los años setenta serían escenario del triunfo de grandes leyendas como el hindú Sayajit Ray Trueno Distante 1973 y Robert AltmanBuffalo Bill y Los Indios 1976, antes de aplaudir al cine español en una seguidilla de galardones consecutivos que se extendió hasta la década de los años ochenta con el triunfo de Carlos Saura y su Deprisa, deprisa 1981. Ícono del cine alemán y de la propia Berlinale, Rainer Werner Fassbinder compartió el resurgimiento del cine alemán desde las nuevas ópticas de su generación, las épicas realistas, histriónicas y casi documentales de Werner Herzog, la propuesta alusiva de la nostalgia y el anhelo como si fuesen un viaje en Win Wenders, y la acción exuberante de Wolfgang Petersen por citar algunos, posicionaron al cine alemán en una palestra que lo mismo ocuparía el televisor que las salas de cine de arte y taquilla.
Fassbinder, construye una visión del mundo desde el realismo social, en la denuncia, en el esfuerzo por situar las nuevas problemáticas y fenómenos sociales que advertía en la naciente globalización y en la migración continua, y a su vez, explora los sentimientos de sus protagonistas y la trama de la cotidianidad a lo largo de constantes vaivenes dramáticos. En La Ansiedad de Veronika Voss, Fassbinder explora la realidad devastada de Alemania tras la guerra y el cómo se posiciona en una nueva ventana de crecimiento económico atenida al proteccionismo y a la dual ideología que lo mismo atemoriza las influencias, que desarrolla la industria y potencializa la economía generando contrastes que resultan indolentes a quienes los habitan desde los sentimientos, el amor o la infancia.
Si el festival pudiera más tarde ser criticado por apoyar cintas de estudio hollywoodense, el propio festival se encargó de difuminar las críticas con el triunfo del cinema independiente que se abría paso en Hollywood al medio de una década caracterizada por el dictamen de los blockbusters. Pionero de la realización alternativa, actor y director, John Cassavetes hizo de La Fuerza del Amor un retrato profuso de la filial relación entre dos hermanos, Robert y Sarah, interpretados intensamente por el propio Cassavetes y Gena Rowlands respectivamente, que tras las vicisitudes del amor, la paternidad, el abandono, la ausente inspiración y el desgaste de la búsqueda de un regazo fraterno, se hayan cual salvavidas en el sentido del amor.
Un serial de cuentos acompasados al peregrinaje de la fe y las creencias que conllevan el viaje a la Catedral de Cantenburry en el Reino Unido, conforman el corolario narrativo escrito por Geoffrey Chaucer entre finales del siglo XIV y el siglo XV, obra cumbre de las postrimerías de la Edad Media, donde un banquete aguarda a los comensales viajeros que confluyen la travesía como una promesa.
Protagonizada por Dustin Hoffman y Tom Cruise, Cuando los Hermanos se Encuentran de Barry Levinson, continuó una década histórica para la Berlinale, por una parte el estruendo que causó la victoria de Zhang Yimou, Sorgo Rojo 1987, y por otra parte el advenimiento de la caída de un muro en que había separado la ciudad por casi treinta años en 1989, amén de la caída de igual forma del régimen comunista. En ese entorno, Cuando los Hermanos se Encuentran 1988, logró un hito artístico y comercial que incluso han puesto en duda su valía cinematográfica.
Y es que las críticas van de la acusación de una trama armada para el sentimentalismo, a la caricaturización del autismo, no obstante, el carisma de sus protagonistas, la emotividad de las imágenes, la música de Hans Zimmer, el recorrido por una carretera, ciudades, parajes, un juego del pícaro sitio en Las Vegas, el desliz por las escaleras eléctricas de dos atuendos gemelos o un baile al elevador, hicieron de la película un auténtico triunfo taquillero que logró no sólo ganar la Berlinale sino también el Premio Óscar a Mejor Película y ser, al mismo tiempo, la película más taquillera de ese año. Situaciones divertidas, angustiantes, desafíos, triunfos, rabietas, ataques y ansiedades, brindan un corolario de imágenes que Ray va capturando en la furtiva travesía, en una cámara fotográfica que captura los cruces de caminos, las señales, y los sentimientos fraternales que al final, dejan abierta la puerta para futuros reencuentros.
Los años noventa recibieron películas variopintas, Costa Gravas, Casa de Música 1990, Ang Lee, El Banquete de Bodas 1992, Jim Sheridan, En El Nombre del Padre 1993, Milos Forman, El Escándalo de Larry Flynt 1996 y Walter Sales, Estación Central 1998, fueron algunos de los realizadores ganadores. Casi veinte años después de su última película, Terrence Mallick, mítico cineasta y filósofo estadounidense, presentó en la Berlinale, su épica visión de la Segunda Guerra Mundial, envuelta en una fotografía dinámica, pero con la misma poética de fondo que en cada palabra suelta los dolos y la recurrente voz en off de los personajes que lo mismo interactúan la supervivencia y la estrategia, que recuerdan y evocan lo querido. Un regreso triunfal para el director texano que tras dos obras maestras Malas Tierras 1973 y Días de Gloria 1978, decidió avocarse hacia el silencio cinematográfico y alternar su pasión a la búsqueda de respuestas filosóficas que definirían un giro a su oferta creativa.
No obstante, con el paso del tiempo la consideración de La Delgada Línea Roja como una obra superior a las anteriores, ha dominado la discusión polifónica, como polifónica es la narrativa de esta extraordinaria película que triunfó en Berlín y consolidó aún más a su legendario director. El Oso de Oro del Festival Internacional de Berlín tendría de esta forma destinatarios suigéneris y a la vez altamente reconocidos, fuese por su trayectoria, propuesta o innovación cinematográfica-conceptual, lo que sin duda, daría pauta para el festival de cara al nuevo siglo.
Y justo en esos albores cuyas lindes dibujan el fin del milenio y el inicio de uno nuevo, los temores, angustias, las filias y fobias dominaban las incipientes pero nacientes redes sociales y los medios masivos de comunicación; la internet por completo se ponía a prueba para anunciar el cambio de siglo y sus consecuencias probables de caos y trasformación; el advenimiento de un futuro incierto, del devenir y de su locura, de la incertidumbre. El fin de la historia, su reescritura, o el fondo de un agujero negro sin fondo, matizaron los últimos meses del año, la esperanza no era una constante, el miedo una posibilidad, la matemática caería y el mundo sucumbiría a sus propias reglas mediante siglas indescifrables. Nada de esto sucedió, al menos como estaba estipulado al darse las cero horas del primer día del año 2000.
Paul Thomas Anderson condensa la caída de la posmodernidad y su pesquisa de identidades en una pieza de dolor, arrepentimiento, vacío y desesperación; cada uno de los personajes interconectados con la casualidad, con la casualidad o con el infortunio, portan en sus líneas y sobre todo en sus expresiones, la suma de todos los miedos y ansiedades que la falta de cariño, apego y motivos corresponden. La búsqueda de un estado de felicidad que parece no existir, la resignación, el sueño lúcido o las máscaras que cubren las secretas intenciones caracterizan las notas musicales de una canción compartida, de una risa amable, de una petición rota, de un intento fallido y de las buenas acciones sin objeto ni sentido. Magnolia es una bella página en la historia del cine contemporáneo, bella aunque duela, bella aunque asuste, bella aunque en sí misma parezca deplorable o poco atractiva.
La pléyade de grandes actuaciones deja su huella como si el papel fuese ese lienzo en donde caben las mareas, los temblores y el arcoíris al final de la tormenta. Julianne Moore, John C. Reilly, Phillip Seymour Hoffman, William H. Macy, Felicity Huffman, Jason Robards -en su último papel- entre otros, acompañan la poderosa, cínica, sensible y quizá mejor actuación en la carrera de Tom Cruise, para hacer de “Magnolia” una de las mejores películas de la década, una reflexión individual y colectiva a la paradoja, a los sentimientos, apegos, a la confirmación de un gran director y al advenimiento de una lluvia impregnada de los más vacíos aromas posmodernos.
Continuando con el cine asiático y su impacto en la Berlinale, Hayao Miyazaki cimbró los límites de la narrativa cinematográfica en el festival, cuando en el año 2001 conquistó Berlín y todas las ciudades y países donde fue mostrada la obra maestra de la animación del Siglo XXI. Miyazaki ahonda la vida y la muerte como un viaje, los sueños, anhelos e ilusiones ante la pérdida del ser humano y la búsqueda de la libertad como una metáfora que surge desde la imaginación que la posibilita.
Los padres de Shihiro parecen transformarse en cerdos al internarse en una ciudad mágica, que de noche parece cobrar vida y afectar a modo de hechizo a los visitantes, Shihiro lucha entonces por terminar las maldiciones que liberen el entorno y a sus padres, mientras da cuenta de que el imaginario sucede en sus sueños, o en una realidad alterna en la que sus padres aguardan sin haber sido hechizados. El viaje de Shihiro representa un punto climático en la cinematografía de Miyazaki, y en una de las más celebradas películas en la historia del cine animado. Paul Greenbrass, Domingo Sangriento 2002, Fatih Akin, Contra la Pared 2004, Claudia Llosa, La Teta Asustada, 2009, serían algunos de los ganadores que cerraban una primera década alternativa, la más quizá, de toda la historia del festival hasta ese momento.
La presente década se ha caracterizado por una continua pluralidad narrativa pero también por la fuerte carga política de muchos de los títulos que conforman la muestra, y que dan cuenta de la globalización cultural y contracultural que acompañan, derivan y causan los nuevos contextos internacionales. De esta forma la tecnología comunicacional, así como el auge y determinación de las redes sociales, coexisten con los distintos movimientos que surgen e inspiran películas alrededor del mundo. César Debe Morir 2012, de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, Taxi 2015, de Jafar Panahi y Fuego en el Mar 2016, de Gianfranco Rosi, causaron estupor y revuelo en cada una de las ediciones donde fueron premiadas.
El cine asiático ha estado representado por diversas cintas y directores de culto en la Berlinale, pero sin duda fue Una Separación de Asghard Farhadi, la que hasta el momento cimbró no una sino varias categorías del prestigiado festival alemán. La separación como tópico, la situación política como circunstancia, y la migración como consecuencia de un contexto que determina la clase media de Irán a la que pertenecen sus protagonistas, envuelven una historia de amor que se traba entre los anhelos, la desesperación, la resignación y la posibilidad como una difusa alternativa. Farhardi plantea la irresoluble decisión de divorcio en una pareja que ante una pléyade de situaciones y conflictos, debe ponderar su devenir a la decisión de un niño que asume sobre sus hombros ya no la separación, sino el silencio que se avecina como respuesta.
Una poesía lírica, emotiva, profunda, desgarradora desde sus silencios, tenue de dolor en sus no dados abrazos y una original pieza romántica no convencional, hacen de En Cuerpo y Alma, una aproximación a las relaciones humanas desde la empatía y los sueños. Ildiko Enyedi presenta un marco visual enmarcado en un ambiente obrero, un rastro, donde la crueldad o la necesidad humana cohabitan, como cohabitan los sentimientos inexpresivos de la cotidianidad que sin pretenderlo, asiste al milagro de la mutualidad. Enyedi, hace de esta película húngara un viso de ambigüedad que porta por una parte, las imágenes desafiantes de un rastro donde la muerte de animales y la sangre derramada por los procesos sanitarios, puede ser la misma que en una tina de baño pudiera derramarse por la astenia. En Cuerpo y Alma apunta con celeridad que cualquier espacio puede albergar la esperanza, el amor y la salvación para el abandono, así sean los sueños.
Hacia el aniversario 70 del festival, los nuevos retos de la Berlinale incluyen el posicionamiento de nuevas técnicas de creación cinematográfica, diferentes plataformas de exhibición y complejos contextos que delimitarán los distintos perfiles del certamen.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Roberto Sánchez, quien en la intención de sus padres debió llamarse Sandor Papadópoulus, asumió el nombre artístico de Sandro para conquistar los corazones, la emoción y la energía de millones de fanáticas de la música Latinoamérica en las décadas de los años sesenta y setenta, teniendo en el interludio de ambas, su punto más alto, su clímax. Nacido en 1945, el cantautor argentino, admirador de Elvis Presley, repartidor a vendimias de vino, hogareño, admirador de su padre, devoto de su madre y amigo de Óscar Anderle, Sandro logró el éxito musical que paulatinamente lo consagró como un huracán que azoto los vientos de una generación ávida de un desfogue emocional, que había transitado por el rock and roll latinoamericano más melódico-grupal, y que se disponía a dejar fluir el rock and roll más físico, erótico y sexual, que el propio Elvis ya había arremetido desde finales de los años cincuenta.
Sandro asumió la responsabilidad inicial de esta tarea desde mediados de la década, y como voz principal, fortuita asunción desde su liderazgo en la banda “Los de Fuego”, fue delimitando los alcances vocales, artísticos y coreográficos que le caracterizaría. Su voz dramática, rozando vibrantes compases, su lírica en prosa poética que lo mismo hacía alusión a la mujer, a la naturaleza y a la divinidad, en metafórica interacción narrativa desde su etapa solista, dejo fincados sendos himnos que conquistaron escenarios desde el Madison Square Garden o el Carnegie Hall de Nueva York en Estados Unidos, hasta el Luna Park de Buenos Aires, pasando por la agitación en México, Puerto Rico, Venezuela, e incluso dejando izada su bandera epistolar en el Festival de Viña del Mar en Chile.
“Tengo”, “El Deseo de Vivir”, “Una Muchacha y Una Guitarra”, “Ave de Paso”, “Penumbras”, “Porque Te Amo”, “Rosa…Rosa”, “Penas”, “Te Propongo” “y “Trigal” entre otros, conformaron un serial de temas que durante décadas pasaron de ser sencillos exitosos, a delinear la heredad de un mito artístico único en América. En los años en que México aguardaba la entrega de su relevo musical espaciado entre Enrique Guzmán y la enorme voz de José José o el impresionante talento de Juan Gabriel, España continuaba aplaudiendo las dotes de un Raphael ya consagrado y el advenimiento de Julio Iglesias o posteriormente de Camilo Sesto; Argentina aportaba a la escena musical de la balada un variado repertorio de figuras, Leo Dan, Leonardo Favio, Palito Ortega, y el propio Sandro.
La idolatría con la que su audiencia se entregaba en los recitales, la entrega hacia sus composiciones, la reacción intempestiva, el frenesí destellante ante sus movimientos y bailes, que parecían desangrarle y desvanecerle en el escenario, se volvieron fundacionales en la escena musical de Hispanoamérica, la que no volvería a ser la misma, y que en los años ochenta y noventa atestiguaría la consolidación de otros ídolos musicales como Ricky Martin, Enrique Iglesias, Chayanne, y en especial, el del galardonado ícono mexicano Luis Miguel, admirador de Frank Sinatra y también de Elvis. Sandro, leyenda y mito, personaje, es también el protagonista inspirador de la serie que comparte a través de 13 capítulos, la vida y obra del cantante anidado en Banfield, en cuyo origen húngaro se inspirase considerarlo un Gitano, que bien compagina con ese ir y venir por la palestra musical y a la vez por asentarse en el amor a su madre y en su apego por su amada Argentina.
Sandro de América, la serie, está basada en la biografía Sandro de América de Graciela Guiñazú, escrita por Esther Feldman y Mariano Vera, está dirigida por Israel Adrián Caetano, y cuenta con la interpretación estelar de un trinomio actoral que aborda diferentes etapas en la vida del cantante, Agustín Sullivan en su juventud, Marco Antonio Caponi en su adultez, y Antonio Grimau en su vejez. La tercia actoral encarna con suma cercanía física los movimientos, actitudes y expresión artística, así como logra cautivar en la nostalgia, los dejos de una época definida por un personaje. Recrear diferentes países de América Latina a lo largo de varias décadas ha resultado un reto, más allá del diseño de arte y ambientación, la percepción de un público que igualmente habita reacciones distintas a medida que los contextos definen los gustos y apegos.
De izquierda a derecha Agustín Sullivan, Antonio Grimau y Marco Antonio Caponi | Sandro de América la serie | Telefe 2018
El estreno de la serie sobre el cantautor argentino que desató las pasiones que forjaron su legado, se suma a la seguidilla de series televisivas y de contenido en distintas plataformas que se han filmado sobre figuras de la canción latinoamericana, pero, al igual que la serie sobre Juan Gabriel resultó exitosa y bien recibida, Sandro de América es una de las mejor realizadas. Independientemente de su contenido biográfico, que atiende a la intencionalidad, a la licencia narrativa y a la expectativa del público, los valores de producción, actuación y dirección, sobresalen del resto de las hasta ahora estrenadas.
“Tus labios de rubí de rojo carmesí…”, “Yo quiero volar por el mundo y recorrer, libre y sin pensar que tendré que volver otra vez”, “Si algo a de morir…moriré yo por ti”, son algunas de las frases que hicieron de las ya citadas canciones “Porque te amo”, “Ave de Paso” y “Rosa…rosa” himnos de su tiempo, pero también para definir el andar de un cantante que superó sus orígenes y circunstancias, impulsó un sueño y vivió la vorágine de su éxito como él mismo decía, ícono, leyenda y mito, por siempre Sandro, Sandro de América.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Lo que amamos concluye, fue la primera obra que tuve el gusto de compartir en el ciclo “Detrás de la Pluma” que junto a Poesía sin Permiso, la Biblioteca Carlos Fuentes y Filmakersmovie, llevamos a cabo en México.
–
Foto: Filmakersmovie | México, 2017
Con el rostro posado en la mirada, esa que de frente alienta los últimos suspiros, los suspiros de nosotros, de los otros, de aquellos, los suspiros de las huellas, de la muerte que habita como la vida en la memoria, así habitamos la inmortalidad de la poesía donde se forjan las huellas de nuestros pasos, esa poesía insolente que lo mismo reta que afirma, que lo mismo goza que duele, la de Miguel Soto. Lo que amamos concluye, segundo poemario del autor coahuilense, es la metamorfosis de la muerte que recuerda, que llora, que libera, en sus versos encontramos el lago deshabitado que en su soledad deja escapar un aire silencioso que envuelve al llano, donde la muerte es nuestra, es invierno y es el resplandor del humo impregnado de penas.
La poesía de Miguel Soto, en Lo que amamos concluye refleja la trascendencia de la caricia, la ausencia que pacta con el dolor, que pacta con el espíritu, que pacta con el alma del yo lector. En cada verso de Miguel Soto, somos lienzo, la lluvia, el aguacero y sus gotas, la muerte no parece muerte, y las aves especulan hielo y desierto, son el desconsuelo de los rezos, el cobijo del dolor que consume o renace, donde podemos soñar a las doce en punto justo ahí, donde Soto nos sugiere abrazar la evocación de Don Quijote y Dulcinea.
Para el poeta somos polvo y extrañamiento, somos silencio, somos eco, el mismo eco que se escucha y pacta salidas en callejones sin retorno. En sus brotes funestos encontramos que, como afirma, sugiere o invita Miguel sin errar la existencia y sus designios, lo que amamos concluye, y en esa finitud, nos encontramos desnudos ante el canto de las alondras donde comienza y termina la vida, donde pactamos con la muerte porque la vida trasciende como una raíz, como el amor, y esa sinergia el amor concluye y deviene.
La raíz es para Miguel inexorable como lo es para nosotros el descifrar los misterios del alma, pero a diferencia de las preguntas sin respuesta que recurren nuestros días, el poeta ofrece la respuesta del verso como un amuleto que sólo es posible obtener en la poesía.
Los suspiros ancestrales para Miguel representan una apología a los muertos que forman figuras de sal y polvo, que nuevamente se anidan en lugares de todos propios, donde inicia y termina el mundo, como un círculo que se regenera desde la línea y sus inexistentes puntos. Justo en ese lugar donde morimos un poco sobre la tierra, donde respiramos el olor a sangre porque estamos vivos, y a los muertos somos caos y somos poemas.
En Miguel Soto gana la herida que abierta lacera el alma y la aquieta en la ironía del dolor que celebra y lamenta lo vivido, que explora la profundidad de la muerte y sus rincones para continuar esos pactos recurrentes en Miguel sobre los tiempos, los ojos y hasta prontos. Es Miguel una conciencia clara que brinda luz en la penumbra de la partida, que al abandono acompaña, que a lo fraterno empatía, su poesía libre, lo es porque abraza los versos acompasados de insolencia, denuncia e ideales, que debate la injusticia sí, pero aboga la respuesta de abrazar la vida desde la poesía.
Lo que amamos concluye | Miguel Ángel Soto e Iván Uriel | Biblioteca Carlos Fuentes | Xalapa, Veracruz, México, 2017 | Filmakersmovie.com
Lo que amamos concluye no es una sentencia, no es una consigna, no es una afirmación o amenaza, es una invitación a darnos por entero y sin reservas a lo amado, con su fugacidad y plenitud con lo finito y lo eterno de la vida.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
A mediados de los años ochenta, el suspenso y la sorpresa se conjugaron en sendos capítulos del serial televisivo La Hora Marcada, donde a paso firme irrumpía un joven director jalisciense para explorar desde entonces, distintas formas de plasmar imágenes en movimiento mediante una narrativa que describe oníricos mundos y que transmite el sentir de una narrativa propia: Guillermo del Toro. Apegado a la reacción de su audiencia mediante secuencias que van del terror al suspenso, de la aventura al heroísmo, de la ficción a la historia y del duelo al amor, las emociones humanas se condensan en un universo tan genuino como tradicional, tan universal como íntimo, y en todo caso, rebasa los géneros para posicionarse como una forma única de contar experiencias de vida desde la creatividad, la condición humana y la imaginación que lo mismo evoca clásicas realizaciones cinematográficas, que genera el impacto consecuente de un asombro continuo.
Guillermo del Toro, nacido en 1964, profiere características simbólicas que confieren un sustento significativo a su estilo que vuelca escalofríos, provoca reacciones impredecibles y apela sin cuartel a la condición humana que es capaz de generar dolor, crueldad, ternura, compasión y a su vez dibujar horizontes compartidos en la vía de la esperanza que fluye como fluyen en sus tramas las experiencias de vida. En CINESCOPIO celebramos la trayectoria de del Toro inició hace 25 años con el estreno de su ópera prima Cronos, al tiempo que reflexionamos su más reciente cinta La Forma del Agua, su décima entrega fílmica. Ganadora del León de Venecia a Mejor Película, La Forma del Agua impregna a la audiencia de una macabra belleza que cautiva, una obra maestra definitiva en el canon del realizador mexicano que se ha convertido en un estandarte del cine de autor, capaz de crear una atmósfera que resulta familiar al espectador acorde a sus elementos característicos, y a su vez, innovadora por la forma en que cada uno de ellos aparece, emerge o se transforma, sea desde el ámbito narrativo o desde el ámbito visual, en todas sus películas.
Invención y Supervivencia
En Cronos revoluciona la narrativa visual latinoamericana al mecanismo de engranes de reloj, la forma elegida por el ser humano para encapsular el tiempo continuo sin detenerlo y sólo medirlo, propone una concepción borgiana del espacio, explora las posibilidades creativas desde el mito hacia la inmortalidad y la aspiración del ser humano por suspender al espacio el tiempo de la vida y prolongarlo en la eternidad. La invención como un proceso creativo y manipulador de la existencia, cohabita con la vampiresa tendencia que otorga un poder energético a la sangre, que en su fluir genera, multiplica y rejuvenece, que es mocedad y muerte, tiempo y vida.
En Mimic, 1997, su primera incursión en Hollywood, el director hace una declaratoria a modo de ratificación de que, amén de los monstruos, fantasmas, espectros, hadas, seres mágicos y robots, los insectos serían un sello peculiar de su propuesta lírica. Adaptada del relato Mímica de Donald A. Wollheim, Mimic ofrece una aproximación literaria a la metáfora argumental de Metamorfosis de Frank Kafka, donde los insectos pueden mimetizarse incluso con los humanos o los humanos transformarse en insectos ante el vacío, la incertidumbre o la monotonía, algo que David Cronenberg lograría desde un enfoque más científico, donde con maestría refleja la manipulación de la natura para la transportación de moléculas y que concluye accidentalmente en la metamorfosis de especies en su remake de La Mosca de 1986. Guillermo Del Toro, también Fundador del Festival de Cine de Guadalajara, sitúa la enfermedad que contagia y una investigación que busca la cura que sane, como dos procesos simultáneos donde el segundo culmina primero e incrementa los alcances del primero. El integumento de los insectos, los límites y alcances de la evolución, el presupuesto del súper hombre que caracteriza la modernidad y las resoluciones especializadas y divergentes de la posmodernidad, se aprestan al mito de la autodestrucción de la humanidad ante la natura que muta y la acción humana que manipula.
Ron Perlman y Guillermo del Toro | Foto: Wikipedia.org
En Pacific Rim del Toro concibe portales interdimensionales que permiten que dos especies puedan unirse en desagravio, y por ese portal la población de las ciudades más grandes del Pacífico, San Francisco, Santiago, Tokyo, ven caer sus edificios, construcciones, puentes vía las garras de colosales monstruos (Kaijus) que gigantes destruyen todo a su paso.
Para combatir a estos descomunales seres, es preciso desarrollar puentes que no unan dimensiones sino la mente de dos pilotos que conduzcan el movimiento acompasado en supervivencia sobre los denominados jaergers, el heroísmo exacerbado en la dicotomía del fracaso y el éxito, del temor y la valentía, brindan una fortaleza descriptiva al guión que el propio del Toro co escribe con Travis Beacham. Titanes del Pacífico es una de las películas originales más impactantes de la ciencia ficción de la presente década, épica, audaz, dinámica y emotiva, demuestra el manejo que el director puede tener de un alto presupuesto para plasmar su imaginario al cinema y no sólo entretener sino impactar a las distintas audiencias del mundo.
El Terror y la Guerra
La Guerra Civil Española (1936-1939) se presenta por vez primera en la filmografía de del Toro a través de El Espinazo del Diablo, 2001, una palestra donde las emociones humanas alcanzan el límite del dolor y la desesperanza. Es quizá, la primera cinta de del Toro que hace de su narrativa una poesía épica, donde los elementos característicos del director se plasman con total naturalidad desde la prosa, en esta producción de Pedro Almodóvar y hermanos encontramos dos dimensiones, el contexto histórico de la guerra, y la circunstancia de la inocencia ante ella.
Los fantasmas y apariciones, así como los momentos de confrontación que definen el inicio y el final de la trama, coadyuvan el discernimiento que bifurca los senderos que los personajes deben alcanzar para sobrevivir no sólo la orfandad sino al ataque de la milicia por ideologías que ellos desconocen. Las creaturas del horror representan símbolos que confrontan a los personajes con la otredad, la maldad y la bondad intrínsecas en el universo de las posibilidades, el mito en diferentes acepciones y los artefactos u objetos como símbolos. Pero el espinazo más que un hueso de la maldad o un referente de territorio, es en realidad la búsqueda de un refugio republicano ante las cientos de muertes ocasionadas por el franquismo durante la guerra, y en donde los huérfanos sobrevivientes entre los niños abandonados y vulnerables, aguardan la justicia y el descubrimiento de secretos inconfesables. El dolor de la guerra se muestra desde sus consecuencias, la dualidad de un conflicto fratricida argumenta la ausente incomprensión y la crueldad ante la violencia y el poder.
Si bien El Espinazo del Diablo profundiza el terror del conflicto armado, será El Laberinto del Fauno 2006, la cinta que consumará en asunción climática a del Toro, obra maestra de la cinematografía de la primera década del siglo XXI, El Laberinto del Fauno alcanzo un reconocimiento casi unánime desde su realización, la película se adentra en la estructura narrativa en dos planos que aunada a su trama emocional, presenta la crítica y la denuncia de la guerra pero también rebasa el presupuesto histórico para delatar el abuso femenino, el abuso infantil, la ambición, la tragedia de las luchas fratricidas, las consecuencias de los conflictos entre bandos, la no victoria en la guerra y la imaginación como un escape de la realidad. El portal, elemento indispensable en el imaginario de del Toro, quien suma a sus reconocimientos los premios Ariel y Goya, permitirá que Ofelia, su protagonista, de sentido a los cuentos que le apasionan y acuda a vivir su propia fábula de princesas, seres mágicos e inmortalidad, que acuerdan el anhelo de habitar el mundo de los humanos, cuando ella, quizá, quiere habitar el mundo de la fantasía, esa misma que la fábula del director mexicano presenta con angustia, dolor y esperanza.
El Laberinto del Fauno | Dir. Guillermo del Toro | México-España, 2006
Cada una de las pruebas conjuga un riesgo como riesgo que clandestinamente corren al armar a la resistencia sus conocidos, quienes después serán una especie de amigos al exilio de la rebeldía. Dos dimensiones, dos mundos, dos desenlaces, la vida y la muerte como únicas posibilidades determinadas por la guerra, conforman el ambiente decorado por árboles, llanuras y nubes oscuras de soles donde Ofelia busca la vida al procurarla en el cuidado de una raíz de mandrágora que semeja la enfermedad y su cura, una acción que provoca dolor y que genera la acción de sanar la herida. En El Laberinto del Fauno, aparecen el relato que une la fantasía con la realidad, la historia y la leyenda, así como diversos símbolos.
En tanto encontramos o interpretamos referencias en búsqueda sobre la cueva de Platón, los laberintos de Borges, sus entradas y sus salidas, los insectos y los monstruos, la naturaleza y el artificio, el fauno y el jengibre, las hadas y los portales que separan dos mundos y los unen, así, tal como sucede con los seres humanos y sus ideologías, tal y como el mundo de la realidad imagina portales que hacen posible la realización de los sueños.
Heroísmo y Movimiento
Guillermo del Toro ha grabado su nombre con peculiar fuerza en el cine de súper héroes, lo hizo incluso en los albores, del tercer boom de los mismos, si consideramos que Superman 1978 Richard Donner, Batman 1999 Tim Burton, y Spiderman 2002 Sam Raimi, relanzaron el cine de súper héroes, que viera su clímax con El Caballero de la Noche 2008 Christopher Nolan, y su ser sólo industria en Los Vengadores 2012 Josh Whedon. Secuela de la cinta Blade de 1998 dirigida por Sthepen Norrington, Blade 2 ofrece a diferencia de su antecesora, una visión de autor que convierte una cinta de comic convencional en una propuesta narrativa de mayor profundidad filosófica. La sangre como alimento, la necesidad de beberla y del ser humano por tenerla, generan una diatriba por demás interesante que sostiene la ética del híbrido protagonista, mitad humano, mitad vampiro, en su afán vocativo por combatir a una cepa de vampiros que atentan no sólo con ambas especies si pudieran así denominarse en diferencia.
Guillermo del Toro plantea dos elementos clave, la amistad en la búsqueda casi apostolar por su amigo Whistler, aunado al compañerismo encarnado en el personaje Scud, y la definición como un componente ineludible del desenlace, es decir, los personajes toman decisiones pero hay un destino que los alcanza al tomarlas. La sangre como elemento y el ímpetu monstruoso por alimentarse de ella, remite al origen del mito de los vampiros una visión que debate el presupuesto literario del siglo XIX en la creación de vida por el hombre que encumbraran Mary Shelley y Bram Stoker, y logra que la visión originaria del mito como relato, actualice una visión posmoderna del cambio de milenio que apela la urgencia ética del deber ser.
En Hellboy 2004, sembrar el mal y cosechar el bien resultaría una suma de factores cuyo resultado pareciera imposible o de origen perverso, irreversible, incomprensible a la luz de la ética y del bien como propósito, una siembra de mal que cosecha bien debido a la circunstancia, al contexto, al azar y a una suma de situaciones que derivan en la formación de un súper héroe diferente, genuino, que lo mismo es un adulto cercano a la tercera edad, que un rebelde sin causa debitando entre la adolescencia y la juventud. Guillermo del Toro hace de su trabajo en Blade 2, un pasaje portentoso de tonos oscuros que en Hellboy dará un color cobrizo a su pasaje por los comics.
Hellboy | Dir. Guillermo de Toro | Estados Unidos, 2004
Si alguna historieta hubiera estado elaborada para que el director mexicano pudiera ofrecer una visión de dos dimensiones, esa es Hellboy, donde su protagonista no envejece y debe adaptarse al paso de la historia al cruce de pasajes mágicos que separan el tiempo real con el fantástico de la historia y que construye portales entre el mal y el bien como dos mundos opuestos pero incluyentes, en los que cohabitan seres mágicos y seres humanos. Una dualidad clave que se suma a la concatenación de pareos, despliega una confabulación que coloca en diferentes planos las dudas existenciales sobre la secrecía de la identidad, lo público y lo privado como ámbitos, ser y no ser parte de dos mundos y al mismo tiempo cobijarlos, así como atender a una vocación contraria para lo que se fue creado, hacer el mal y terminar haciendo el bien.
A diferencia de la primera entrega de Hellboy, Hell Boy 2 ofrece una aproximación más íntima del personaje hacia los mudos que habita, sea de forma sobrenatural, pluridimensional o el asumir la responsabilidad de una identidad oculta o de un heroísmo anónimo en un mundo pero reconocido en otro, Hellboy recuerda y anida los recuerdos de navidades que en la compañía de su padre, atesoran sentimientos recelosos, rebeldes pero siempre enternecedores en lo que pudiera considerarse una cinta con tintes políticos que explora la guerra, la tregua, los acuerdos y desacuerdos de facciones al tiempo que da cuenta del amor y del sentido de la vida. da vida con una actuación de movimientos sugerentes al arte cual mimo, y a partir de él crea una atmósfera de introspección filial y fraterna que interrelaciona el amor como una motivación que el propio Hellboy experimentará desde su deseo de formar un hogar, construir una casa y ser resguardo de sus gemelos.
De Intriga y Amor
Pero no sólo es la fantasía, el horror, la supervivencia desde las invenciones, los monstruos y seres capaces de habitar dos dimensiones, tampoco es el suspenso per se o el horror sorprendente, no es la guerra como un detonante de la realidad en la fantasía ni la aventura como encargo del destino, no es la ciencia y la tecnología en su avance dicotómico, es también la vida, la muerte y el amor que en diversas dimensiones se manifiesta para cimentar las variopintas bases narrativas y visuales del genio mexicano.
En La Cumbre Escarlata, Crimson Peak 2015, una trama sustentada en la fantasmagórica misiva que a modo de advertencia, da cuenta de la arcilla y los jales donde ésta se encuentra o se vislumbra, el director ganador del Premio Ariel, asienta las bases de la expectativa en la imaginación de quien anhela por una parte ser escritora, y por otra, afronta el desengaño como premisa de la vivencia que relatará tras su experiencia paranormal como guía.
La Cumbre Escarlata entrelaza la habilidad del director para manejar los engaños y secuencias del suspenso, que atienen a su influencia directa de Alfred Hithcock y Francois Truffaut, con la transformación de los fantasmas ante los descubrimientos que la protagonista confirma poco a poco, el fantasma negro es ahora una cofradía de espectros escarlatas como escarlata es la arcilla que ante la nieve baña el blanco por el rojo. Ilusión, ambición, incesto, tradición, engaño, espejismos, apariciones y una extraña infusión de la culpa como condena, conforman un serial de acciones continuas que convergen al color del dolor y de la tierra. No obstante la tragedia de la trama, del Toro presenta una alternativa redentora del fantasma en la libertad del personaje principal, y a la vez la delegación cual herencia de una pena que se sienta a tocar el piano por la eternidad, aquello que podemos hacer por amor hasta que alguien más pose sus pasos en el rojo de la arcilla que baña de sangre la nieve al invierno. Y es a través del amor donde el director despliega toda su sensibilidad y la empatía con la profundidad del amor irrealizable pero posible gracias a la capacidad de los amantes por sentirlo, La Forma del Agua, The Shape of Water 2017 es una película que conjuga un guión bellamente trazado por del Toro junto a Vanessa Taylor tanto en sus secuencias como en la profundidad de sus reflexiones, expuestas cual si fuesen soliloquios en diálogo.
Situada en la Guerra Fría, al medio de los avances científicos y tecnológicos que se desarrollaron tras el fin de la Segunda Guerra Mundial,La Forma del Agua narra una historia íntima que pudiera resultar la simple historia de amor tras un encuentro fortuito, y que sin embargo, es la compleja manifestación de los sentimientos del corazón que de tanto sentir no sabe cómo cualificar las intensidades que remembran sus historias televisivas; una niña se adentra en las profundidades de la superficie y topa monstruos ante la inocencia.
La Forma del Agua | Dir. Guillermo del Toro
Sus personajes permiten una relación de amistad y anhelos que fenecen en la eternidad como presenta El Laberinto del Fauno, es La Bella y la Bestia de Jean Cocteau la que viene a mi recuerdo al presenciar La Forma del Agua y sentir en la conexión de los personajes el fluir de una relación pluridimensional entre dos seres. En La Forma del Agua fluye una historia de amor entre dos seres vulnerables que contrastan la invisibilidad con la visibilidad y el alarido contenido con la mudez de las palabras que no pueden expresarse más sí sentirse en la caricia.
Sally Hawkins logra una actuación extraordinaria que bien cimienta su multifacética trayectoria y que alcanza matices oníricos, acompañados por las actuaciones igualmente soberbias de Michael Shannon, Octavia Spencer,Richard Jenkins, y una vez más de Doug Jones, quien junto a Federico Luppi y Ron Perlman conforma el tridente de actores fetiches del director mexicano, Jones da vida a la criatura en esta propuesta fílmica que, tal como hemos enunciado anteriormente, revisita el debate teórico entre el romanticismo, el positivismo, la guerra y la paz, el avance dual de la ciencia y la tecnología, la modernidad y la posmodernidad en todas sus dimensiones narrativas y filosóficas desde el séptimo arte. La Forma del Agua es una trama de persecución que devela los sentimientos y avatares de la condición humana, el odio y la ambición, el amor y la compasión, que abre una pregunta generadora sobre los límites del ser humano ante sus acciones, ante su capacidad de sentir y abrazar los sentidos sin el prejuicio, que bien le valdrán sólidas nominaciones al Premio Óscar a Mejor Película, Guión Original y Director. En La Forma del Agua del Toro despliega un climático arcoíris de claroscuros temáticos que van de la ciencia ficción a la fantasía, de la fantasía al drama, del drama al thriller, y del thriller al suspenso para volver la trama hacia los acontecimientos históricos y a la imaginación de un amor que es libre porque se ama, y de una vida que aprisiona situaciones que al vivirlas se liberan.
Nota: Fotografía de portada Guillermo del Toro El Clarin.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
ECUADOR, los hemisferios poéticos de Ana Jimena Sánchez
Por: Iván Uriel Atanacio Medellín
Ecuador, segundo poemario en el periplo literario de Ana Jimena Sánchez Ruiz, prosigue las amarras soltadas a la fragata deIntradiegético, su ópera prima. Ana Jimena hace del Ecuador una totalidad y un fragmento de muchos que circundan y desprenden paralelos, que convergen puntos equidistantes, que son norte, que son sur, que son centro y periferia, meridianos en la palabra, polos en verso donde habitan las estaciones cual primavera. Ecuador es una estación que de suyo invita, incita y permanece como poema sin pausa y sin prisa. Ecuador es un latido del corazón envuelto en la alegría de la noche, en su tristeza, en la melancolía del hambre en el río, en el gozo que hierve las venas del cauce que alimenta lagunas luminosas y mares brillantes, como brillante es esa estrella que entre muchas despunta para única mirarse como la vida se mira, como la vida se vive, desde el Ecuador de los sentidos.
Ana Jimena despliega la libertad de quien es libre para correr hacia los ejes de la tierra en un viaje de ida y vuelta, para volar en sus alas abiertas, como abiertas son las alas de quien es libre porque su pensamiento emancipa razones y en su actuar se vuelca como un torrente poético que siente, que sabe, que prueba, que en la humedad suplica, que es petición y pregunta, que es siembra y respuesta, que cosecha el renacer del maracuyá en la sequía. Las mujeres al Ecuador amaron, las mujeres aman y no hay mayor tropiezo que no ceder a la cercanía de la caricia ni más virtud que no dejarse cobijar por el asombro, por el gozar del gozo, por el aroma de la tierra.
Sánchez Ruiz inquiere al verso, el cómo sabrá esa uva que no se atreve uno a morder, pero que retoza, pero que seduce, pero que ansía, el cómo sabrá ese deseo que habita como la palabra en el silencio cuando se expresa. Países hechos a dos sendas que se encuentran en Guaratenco y Yucamaní, en los ejércitos que devoran ilusiones donde hogares abrazan. Jimena al Ecuador arenga porque el ardor no se vaya de nuestras bocas como no se vaya la noche cuando hay un beso, las coplas, los cantos, los amores, los pueblos, las notas. Los fierros oxidados de una vida sin tu nombre en Ecuador se nombra, en esa lluvia que desnuda, que será veneno, que será el amor, el paraíso, del sol las fotos, de árboles imágenes, sonidos, las voces.
En Jimena Sánchez la palabra es cuerpo y es carne, es espíritu y alma que se bebe y comparte, es ese río donde cohabitan los éramos dispares. El Ecuador de los paisanos, de los extraños, de los amores, de los amantes, de la confesión a la hermana por la amada extranjera que al Ecuador navega pero aquieta, pero lejana calma. Es Ana Jimena Sánchez la poeta que detalla el Ecuador sin detalle y a pura poesía pura, un otoño que desaparece hacia la piel del cristal, de lo deseado, de palíndromos capicúas en la métrica libre y de versos exactos. El poema 26 sugiere el temblor de la vida y el poema 28 define: «Es río, irse», y define porque fluimos porque vamos, porque de sus versos renacen veranos largos.
Las bellas imperfecciones que Ecuador sugiere, residen donde duele la nostalgia por extrañar el pasado, tu pasado, nuestro pasado, donde la poeta quiere que nunca se vaya la poesía de nosotros, donde la poeta recita e implora navegar al ecuador en esa barca que inspira, abrazar de la vida sus luces, sus sombras, sus versos, armonías, porque al vivir el mundo en poesía, sea otoño sea invierno, se viven las estaciones cual primavera, esa primavera perenne cuando se ama, como Ana ama su poesía.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
“American Made” también conocida en México y Latinoamérica como “Barry Seal, Sólo en América” o “Barry Seal, el traficante” dirigida por Doug Liman y protagonizada por Tom Cruise en el papel de Barry Seal, es una cinta biográfica que se basa en la vida real de un personaje cuyas peripecias, vericuetos, enredos y habilidades, llevaron su talento y ambición a una interminable secuencia de sucesos que formaron parte importante de la historia de Estados Unidos en su relación con Centro y Sudamérica a fines de los años setenta y hasta mediados de los años ochenta.
Seal, oriundo de Baton Rouge, Luisiana, se convirtió en el piloto más joven en la historia de TWA con licencia para volar, en un reconocido piloto comercial en Estados Unidos, y al tiempo, en un audaz traficante, infiltrado, informante y todas las acepciones que en su vida acumularon sus horas de vuelo. Sus rutas a Medellín en Colombia desde los albores del Cartel de Medellín hasta su infiltración en las guerrillas centroamericanas, en especial, la denominada Irán Contra, resultó tan fundamental para la guerra fría en el continente americano, como para la guerra contra las drogas que el gobierno estadounidense emprendió contra su enemigo público más reconocido en esas lides, Pablo Escobar.
Seal, sea por azar, coincidencia, casualidad o por la ilación de eventos concatenados por su contexto, entorno y circunstancia, llegó a ser un perfil requerido por los principales líderes de esos procesos político-económicos, de esta forma sirvió al ya citado Escobar, tuvo relación con el General Noriega de Panamá, dictador e intermediario de intereses armamentistas, cercano al Gobernador de Arkansas, Bill Clinton, de hecho el primer título de la cinta era Mena, en alusión al aeropuerto que fungió como centro de operaciones de Seal; acorde a la cinta, Barry también entabló relación con George Bush Jr., y en especial con altos mandos de la CIA, cuyo anonimato es personificado en el estupendo Domnhall Glesson y que lo llevarían incluso a ser informante de la Casa Blanca al mando del presidente Ronald Reagan. Son los años ochenta, en el clímax de una guerra fría que aprestaba un mundo más dividido que nunca en dos bandos, pero que a la vez, ya vislumbraba el triunfo de uno en especial, y el surgimiento de nuevos conflictos como el narcotráfico.
De esta forma Seal queda expuesto al medio de su gobierno y del Cartel, teniendo su vida en una línea muy delgada de lealtad, pertenencia y arraigo. Doug Liman y Tom Cruise, quienes juntos legaron al canon de la ciencia ficción de la presente década la extraordinaria “Edge of Tomorrow” o “Al Filo del Mañana”, vuelven a hacer mancuerna en esta dinámica, fresca, informativa y entretenida cinta que ofrece por una parte una visión de Liman a los acontecimientos, por otra a la vida del personaje y finalmente, al despliegue interpretativo de Cruise en su mejor momento y al pico de sus capacidades actorales. Cruise, quien ha sido nominado al premio Óscar en tres ocasiones y ganador del Globo del Oro en otras tres, regresa a encarnar a un personaje de la vida real como lo hiciera con Ron Kovic en “Nacido el 4 de Julio” de 1989 y en “Operación Valkyria” de 2008 envuelto en los pasos del Baron Claus Von Stauffenberg.
En “American Made” Cruise vuelve a comando de un avión, y a usar los lentes negros como sello registrado, mismos aditamentos que le dieran éxito en “Top Gun” de 1986 en combinación con dos cintas, la ingenuidad del habilidoso en “Negocios Riesgosos” 1983 y el carisma que persuade en “Jerry Maguire”, para entregar una actuación lineal en los procesos evolutivos de su personaje, pero compleja en la emoción de los pasajes que van cambiando su vida como si él mismo no pudiera detener el efecto bola de nieve, enfrascado en un torbellino de cambios y acciones de las cuales pierde control, como control mantiene Cruise durante toda la cinta. Una de las mejores actuaciones de su carrera y una de las mejores que ha ofrecido en los pasados 15 años, desde que nos regalara a Vincent el asesino a sueldo de “Colateral” 2004, a Less Grossman, el tirano productor de cine de “Tropic Thunder” y la ya citada “Al Filo del Mañana” 2014.
American Made | Behind the scenes | Dir. Doug Liman | Estados Unidos, 2017
Una fotografía que ambienta la conjunción visual de las décadas setenta y ochenta, una banda sonora propia de la época que resulta evocadora, y una audaz edición que muestra planos y tomas en mano, preferidas de Liman, hacen de “American Made” una de las mejores películas del año. El guión escrito por Gary Spinelli busca un medio entre la información histórico política y la trama personal del propio Barry, ubicando la cinta como una inverosímil historia de vida que a la vez resulta real, porque lo fue.
La adaptación en ese sentido hace de la película una forma de aprestarse a la época determinada, y a una increíble serie de conexiones y sucesos que unen a los personajes y los separan por la intencionalidad que les convoca.
Tom Cruise y Doug Liman han probado ser una combinación sólida y sostener una complicidad creativa que nos hacen pensar que “American Made” es un interludio que aguarda su nueva entrega de ciencia ficción, y una oportunidad más de ver a Cruise desde la innovadora forma de reinventar la carrera de una de las leyendas más importantes de la historia de Hollywood y de quien por más de tres décadas se ha mantenido como la estrella más conocida del panorama cinematográfico internacional.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
La muerte ha sido explorada en la historia de la cinematografía universal desde distintas ópticas, emociones, creencias y propuestas tanto narrativas como visuales, que han legado un serial de cintas memorables. En México, la muerte protagoniza como impronta, diversas celebraciones cuyo cenit habita la fiesta del Día de Muertos el día 2 de noviembre, fecha en la que, como una pila intercultural del mestizaje, comulgan el recuerdo, la nostalgia y el apego en la memoria de aquellos sabores, aromas e imágenes, que nos permiten hacer vívidos a los seres queridos que han partido, y convidarles a un convite de dispuestas ofrendas.
Ignacio López Tarso brilla intensamente en esta película que dejó su huella indeleble en el imaginario mexicano, si Los Hermanos del Hierro, El Hombre de Papel,Pedro Páramo, El Gallo de Oro, incluso Los Albañiles, son muestra viva de su legado, es Macario la pieza por excelencia que añade al historial del histrión, una aportación de indispensable consulta para quien se avoque al estudio de la cosmovisión mexicana desde la cinematografía. Pletórico de misticismo y enmarcado en el humo de leyendas a copales e inciensos, el ambiente visual de Macario es capaz de resaltar en la fantasía del blanco y negro, lo que en la realidad de una costumbre, asiste con las flores de amarillo afán acompañan las tumbas a cementerios, y el cariño se extraña para abrazarlo en el presente del recuerdo.
Macario | Dir. Roberto Gavaldón | México, 1960
El Día de Muertos evoca nítidos recuerdos de mi infancia, no sólo porque nací un 2 de noviembre, sino porque en las anécdotas de altares, no pudiera definir desde las sensaciones a otra festividad que más defina la cosmovisión mexicana de la vida desde la muerte. Así, bajo el sustento de una confrontación con la alteridad inextricable, con el misterio del incierto devenir y en certeza de la finitud, diversos directores han vertido en sus propuestas cinematográficas, en reminiscencia de la tradición mexicana hacia la muerte. Macario refleja las distintas formas de abrazar la muerte y simbolizar el diálogo entre vivos y muertos.
Su heredad refleja significativas imágenes de reflexión, mediante secuencias anecdóticas, duelen y celebran haber compartido la vida con quienes ya no están, que afrontan la muerte como sendero, y averiguan el espacio que habita más allá de ellas. Obra cumbre de la cinematografía nacional, Macario, filmada en 1959 y estrenada en los albores de 1960, es la pieza indispensable para comprender desde el cine la relación del mexicano con la muerte, una película fundamental para comprender la interculturalidad de nuestra costumbre, la valía de la tradición, las bases prehispánicas y coloniales, el mestizaje que le da fuerza a su propia creación simbólica.
Roberto Gavaldón acusa la aceptación de que, por más que el protagonista sea generoso y convide lo que ha reservado en codicia, por más que busque el engaño, la burla o la ausencia, la muerte aparece al final para concluir su encargo. Macario, encarnado en la soberbia actuación de Ignacio López Tarso, solicita a su esposa, interpretada por la poeta y actriz Pina Pellicer, el egoísta y quejoso deseo por comerse un guajolote (pavo) para sí solo, después de tener que compartirlo con sus varios hijos, a partir de esa ida al campo, se suceden una serie de acontecimientos que hacen de la película un mosaico de mexicanidad único.
Macario | Dir. Roberto Gavaldón | México, 1960
Macario encuentra al diablo, a dios, y a la muerte, quienes le solicitan les comparta un pedazo a cambio de diversas compensas, él acepta pactar con la muerte por la compasión de verle desvalida en el peso. A cambio de su solidaria acción, recibe el don de saber dónde podrá y no podrá aparecerse la muerte en los enfermos y en los sanos al mismo tiempo, y de esa manda, Macario recibe insospechados y provechosos beneficios, que le llevarán a un final angustioso, lleno de velas que representan vidas, una de ellas la de él que se agota como se agotan todos con el tiempo.
Con un guión basado en el relato de B. Traven, Macario fue la primera película mexicana nominada al Premio Óscar a Mejor Película Extranjera, e igualmente nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes donde resultó ganadora de Mejor Fotografía para Gabriel Figueroa. Gavaldón rescata la dualidad del México rural y el urbano, con las creencias y cosmovisiones mestizas, tal como hiciera en otras de sus cintas, en especial El Rebozo de Soledad 1952 por citar un ejemplo. En Macario, Gavaldón retrata la sociedad mexicana, con referencia a la colonia, pero sin dejar de hacer puntilla de la dual realidad que el México aspirante al urbanismo vivía.
De esta manera, tras los dejos revolucionarios y post revolucionarios del México de mediados de siglo, con sus temas pendientes y un incierto devenir de velas encendidas en las grutas y en la expectativa de su relación con la muerte, la película logra el cometido se volverse atemporal. Macario sigue siendo un referente en diversas plataformas para celebrar desde el cine el Día de Muertos, y se ha convertido en un clásico referencial de la cosmovisión del mexicano.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
To provide the best experiences, we use technologies like cookies to store and/or access device information. Consenting to these technologies will allow us to process data such as browsing behavior or unique IDs on this site. Not consenting or withdrawing consent, may adversely affect certain features and functions.
Functional
Siempre activo
The technical storage or access is strictly necessary for the legitimate purpose of enabling the use of a specific service explicitly requested by the subscriber or user, or for the sole purpose of carrying out the transmission of a communication over an electronic communications network.
Preferences
The technical storage or access is necessary for the legitimate purpose of storing preferences that are not requested by the subscriber or user.
Statistics
The technical storage or access that is used exclusively for statistical purposes.The technical storage or access that is used exclusively for anonymous statistical purposes. Without a subpoena, voluntary compliance on the part of your Internet Service Provider, or additional records from a third party, information stored or retrieved for this purpose alone cannot usually be used to identify you.
Marketing
The technical storage or access is required to create user profiles to send advertising, or to track the user on a website or across several websites for similar marketing purposes.