18 octubre, 2026

Reseñas

El Irlandés, la nueva obra maestra de Scorsese
Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

El irlandés ha causado gran expectación tanto en el público como en la crítica, no es para menos, un proyecto gestado hace más de una década y que incluye leyendas como Robert de Niro, Al Pacino, Joe Pesci y Harvey Keitel, por sí mismo resultaría suficiente para capturar la atención de la industria, pero si a eso le sumamos la dirección del maestro Martin Scorsese, entonces el acontecimiento se vuelve un hito, y el hito en un asunto imprescindible para los amantes del cine. Robert De Niro y Al Pacino, junto a Gene Hackman, Dustin Hoffman y Jack Nicholson representan lo más granado del firmamento actoral hollywoodense de los últimos cincuenta años.
Pacino y De Niro, han plasmado su talento en clásicos como El Padrino, El Padrino II, Serpico, Tarde de Perros, Taxi Driver, Justicia para todos, El cazador, Toro salvaje, Cara cortada, Buenos muchachos, Perfume de mujer, entre otros títulos, grabados con sendas letras en la memoria fílmica, y aunque participaron juntos en proyectos más recientes, fue sin duda Fuego contra Fuego, de Michael Mann, la que significó el apoteósico instante de epifanía que la audiencia había esperado por décadas, al menos, por verles juntos en la escena final.

 

El irlandés representa la oportunidad de admirar de nueva cuenta y en un mismo plató, a estos consumados titanes de la actuación, más aún con la invaluable dirección del maestro Scorsese, combo que aunado a la gesta tecnológica del rejuvenecimiento digital que la industria pone al servicio del arte, logra que el relato pueda administrarse en el tiempo; experimentar con los avances que la digitalización y el CGI conllevan, brinda un ingrediente a la ya monumental proeza, una innovación al servicio de la película, que apuntala la narrativa desde la imagen. El resultado, una épica que evoca pasajes yuxtapuestos en favor de la trama, interpretaciones prodigiosas que despliegan sucesos con la franca descripción que caracteriza a las primeras películas del director.
En El irlandés, Scorsese expone mediante la memoria, los recuerdos y la evocación, pecados sin castigo y castigo del pecado, se suscitan al corolario de sus personajes históricos, anecdóticos y ficticios, extraordinaria cinta que brinda un sello de heredad a sus realizadores, no por edad ni tiempo, sino por la calidad fílmica de la obra.

Al ver en cine El Irlandés, me convencí aún más de que la experiencia vivencial que representa observar una película en la gran pantalla resulta única, y que a pesar de sus tres horas y media de duración, la sensación del tiempo resulta completamente relativa, cercana a lo que aún pudimos experimentar a finales de los años noventa con las últimas proyecciones con intermedio, o en este siglo con cintas llenas de efectos visuales al servicio de la emotividad y el entretenimiento, como la saga de El Señor de los anillos de Peter Jackson. En El Irlandés los efectos se admiran desde sus actores, y el experimento a prueba es un rotundo éxito, en unos días se estrenará en su plataforma digital, e igualmente valdrá la pena volver a verla, quizá ahora con mayor detenimiento y detalle, altamente recomendable para quienes admiran a De Niro, Pacino, Pesci o a su director, el maestro Martin Scorsese.

Un evento cinematográfico que marcará la historia de las producciones realizadas para el cine y las plataformas digitales, un reencuentro esperado entre colaboradores frecuentes, y un elenco magistral comandado por uno de los más grandes directores de la historia, la épica El irlandés, no solo cumple con las expectativas, sino que de alguna manera, rebasa las mismas para generar otras, las del interés tecnológico que desaparece una vez que te adentras a la cinta y disfrutas intensamente la creación que en conjunto, han ofrecido sus realizadores. A la ya citada tonalidad intencional que hemos enunciado, que une ambición, poder y realización, Scorsese une enhebrando pautas históricas, anecdóticas y deductivas, la revisión y evaluación de los hechos desde la memoria, los recuerdos o las recreaciones de su protagonista, logrando desde la suma de sus componentes usuales, una cinta extraordinaria, donde su protagonista, -el irlandés- Sheeran, De Niro, revisita su relación con la mafia dirigida por Russel Buffalino, Pesci, y con el poderoso líder Jimmy Hoffa, Pacino. A la luz de los años, Sheeran decide hacer un recuento de los hechos, y se atreve a confesarlos en una suerte de declaración manifiesta, que permite conocer el contexto político, histórico y criminal de distintas épocas, y a su paso, adentrarnos a la percepción de la mortalidad de quien asume la muerte le alcanza. En esa sensación de vulnerabilidad, quien jalara el gatillo sin una pisca de duda, pudiera ahora abrazarla y cuestionarse el deber ser, y en esa cuestión, afrontar otras que se derivan del arrepentimiento o de la confirmación.

Finalmente los hechos han acontecido y aunque no puedan ser cambiados, hay misterios que se prefiere resolver o dejar para siempre en el resguardo de la ignorancia o la suposición. Si de suyo la valía del filme por sí mismo adquiere las dimensiones de un clásico instantáneo, bien vale considerar la etapa de preparación e incertidumbre que atravesó el proyecto, especialmente por su elevado costo y por la agenda de sus protagonistas, Joe Pesci por ejemplo estaba retirado, y tras múltiples intentos por persuadirlo, terminó aceptando participar, ofreciendo una actuación memorable. En el ir y venir del flash back en los pasajes de la historia y su recuerdo, Scorsese acudió a la tecnología de la empresa Industrial Ligth and Magic que fundara George Lucas, para desarrollar efectos visuales que permitieran dar mayor realismo a los personajes desde el rejuvenecimiento.
En vez de recurrir a un elenco más joven para sustituir a los protagonistas -efecto contrario al envejecimiento que pudiera apelar al maquillaje- lograron ser rejuvenecidos mediante técnicas y efectos visuales, para lo cual, se requerían cámaras extras y especiales para apuntalar el uso de CGI, proveer la mejor resolución posible y mayores instrumentos para su edición. La banda sonora fue compuesta por Robbie Robertson, mientras la fotografía principal estuvo a cargo del mexicano Guillermo Prieto; la edición, magnífica y remarcable, recayó en la responsabilidad de Thelma Schoonmaker, quien siendo compañera de proyectos de Martin Scorsese desde sus épocas estudiantiles, y frecuente colaboradora, realiza una edición impecable. La orquestación del equipo creativo por parte de Scorsese resultó sobresaliente, y las proezas técnicas fungieron como un recurso que enriqueció a las imponentes actuaciones que dieron vida al guion escrito por Steven Zaillian, basado en la novela I Heard You Paint Houses de Charles Brandt.

Martin Scorsese presenta una obra maestra tenue y contemplativa, lo cual, me resultan de un prístino intento por revisitar todas las cintas previas de gánsteres dirigidas por el maestro, y hacer que los personajes que las habitaron, tomen un tiempo para sino analizar, si reflexionar lo sucedido, su protagonista recibe una propuesta y en la decisión de aceptarla o no, transforma o define lo que será su devenir y el recuento de los días, y a pesar de las tres horas y media de duración, que bien remembra las épicas del cine majestuoso o épico del Hollywood clásico, el tiempo pasa tan relativo como la valoración de sus personajes.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Exterminio
Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La ira es enojo, pero con deseo de venganza; un enfado tan grande que lleva a la violencia, lo que implica poner al ser en un punto de ebullición, específicamente en su temperamento, y mientras su enfado o indignación pueden ser razonados, o razonables, su reacción tiende a resultar en un acto más reaccionario y visceral, es decir, actuar con saña, rencor, alevosía y crueldad.

La idea es lo que rodea el trasfondo de Exterminio (Reino Unido, 2002), o 28 Days Later (28 días después), título original que hace relación a los días que han pasado desde que un virus ha infectado a las personas en Reino Unido, volviéndolas violentas y peligrosas, que es el escenario donde se desarrolla la película, escrita por Alex Garland y dirigida por Danny Boyle. Los actores que protagonizan son Cillian Murphy, Naomie Harris, Brendan Gleeson, Christopher Eccleston y Megan Burns, quienes interpretan a un grupo de sobrevivientes huyendo de la catástrofe, el caos y la destrucción de su sociedad, y lidiando, al mismo tiempo, con el mundo sin reglas que tienen enfrente, consecuencia de la destrucción.

 

Todo inicia con un experimento en un laboratorio al que activistas ambientalistas llegan para liberar a los primates con los que se está estudiando su reacción a la violencia, exponiéndolos a imágenes de guerra y conflictos. El problema es la impulsividad de acción de los activistas, quienes en lugar de pensar las consecuencias de sus actos, pugnan por dejar libres a los animales aparentemente para que no sean objeto de malos tratos o de tortura. El plan de esta gente es liberar indistintamente a los animales, sin notar que no se trata de enviarlos simplemente de vuelta a su hábitat, sino dejar al descubierto el virus con el que han sido infectados y del que no se tiene control. No se rescata con consciencia, más bien se procede respondiendo a intereses arrogantes y soberbios, al vanagloriarse por el acto de creer estar haciendo lo correcto en lugar de asumir la responsabilidad misma de hacerlo; sentirse bien con ellos mismos en lugar de pensar el bien o el mal que traen sus acciones, o todo lo que implica que los animales estén cautivos y encerrados en primer lugar.

Personas actuando para su propio beneficio antes que el de los demás, individuos creyendo que son poseedores de la verdad, personas engañándose de que hacen el bien; misma actitud que pueden tomar también los científicos que están detrás de las pruebas, cuando en realidad su interés es más personal que social. Y esta actitud sólo puede resultar el algo inminente: un choque que se convierte en caos y un caos que se convierte en devastación.

Es entonces cuando entra en la historia Jim, un hombre que acaba de despertar de coma, 28 días después de que inicia la propagación del virus, que está a punto de descubrir la devastación que ha marcado el declive social del mundo que conocía, donde la gente lucha por sobrevivir más que por entender el origen del problema, o la búsqueda para la solución a la pandemia y al consecuente caos. Huir porque es la única opción que queda, pelear porque es la única salida posible, matar porque es lo único que conocen aquellos que les rodean.

La esperanza de una cura parece imposible, irreal, y esto mismo crea un estado de desolación. ¿Por qué pelear si no parece que haya en el futuro cercano una vida próspera a la cual aspirar, una meta a alcanzar?

Jim es rescatado por Selena y juntos se topan con Hannah y su padre Frank, otros dos sobrevivientes que creen, o quieren creer, que la transmisión militar que dice tener una cura para el virus es el camino que deben seguir. Su viaje implicará más que sacrificio, pues, en efecto, en más de una ocasión deberán preguntarse ¿qué sucederá después, mañana, pasado? y así sucesivamente. Sobreviven un día, sobreviven el siguiente pero, ¿y después?

La transmisión los lleva hasta un complejo militar donde un puñado de militares que han construido un fuerte dentro de una propiedad resultan en realidad ser igual o más peligrosos aún que los propios infectados. El virus despierta la ira de la gente y la convierte en una especie de zombis violentos que atacan indistintamente pero, efectivamente, el virus no es ira, la furia, la agresividad, ya está dentro del hombre.

Es entonces cuando es importante analizar al ser en su naturaleza cruel, violenta, impulsiva y temperamental, que apuesta por su supervivencia incluso a expensas de otros. Jim se da cuenta que la transmisión era una trampa, una carnada para atraer gente, específicamente mujeres de quienes abusar y a quienes a cambio de protección se les exige hacer lo que ellos quieren. No podrán estar infectados pero sus acciones son tan letales como la mordedura de uno de los zombis. No muerden de forma literal, sino metafóricamente hablando.

“Gente matando gente”, dice el comandante a cargo de los militares, refiriéndose al escenario que se vive en cada rincón de Reino Unido a partir de la propagación del virus; un mundo en el que se pelea por la vida de uno mismo pero no por la de los demás, en donde la violencia parece la última medida útil para mantenerse con vida.

Aunque él insiste, en una aseveración no tan retorcida de los hechos, que el virus no existe y que lo único que pasa es que hay gente matando a sus semejantes, como siempre se ha visto que sucede en el planeta a lo largo de los años, la frase, y su analogía, sirven para entender y explicar la propia analogía de la película. Existe un virus, sí, pero un escenario de violencia por la simple violencia no está exactamente tan alejado de realidades que, no sólo se han vivido en la historia de la humanidad, sino de las que se puede ser testigo en el presente, desde guerras entre países para controlar los recursos naturales, o conflictos entre personas peleando por el mejor asiento, o por el primer lugar en la fila, o por el mejor punto desde donde tomar una fotografía. ¿Está en la naturaleza del hombre ser violento? ¿Hay algo que ‘active’ o ‘desactive’ la violencia? ¿Hay algo que la incite? ¿Hay algo que la controle?

Son las buenas intenciones usualmente mal dirigidas el común denominador de la historia; gente agresiva porque sabe, copia y puede reproducirla, pero violenta también por las circunstancias hostiles a las que es arrojada. Un mundo tan lleno de conflicto y plagado de violencia que, en algún punto y de una manera u otra, termina propagándose como una infección.

Y es entonces cuando el hombre es más vulnerable. Una propuesta que la película se encarga de plantear de forma simbólica, Jim al despertar desnudo y confundido rodeado de una infección y una ciudad desolada, o Jim siendo atacado por los infectados la primera vez dentro de una iglesia, un lugar de fe, por nada menos que un cura. ‘No debemos movernos solos’ o ‘Nos necesitamos’ son algunas de las insistencias de Jim, apelando a la idea de que el trabajo en equipo es más efectivo que la individualidad en este caso; el mundo no se puede construir, o reconstruir por una sola persona, se requiere el trabajo del hombre organizado colectivamente.

¿Quiénes somos y qué futuro nos depara si no dejamos de destruirnos entre nosotros mismos, destruyendo de paso nuestra sociedad?, pregunta la película, que funciona de manera tan emblemática porque resulta familiarmente realista al punto que uno olvida que se trata antes que nada de una ficción del género zombi. Una película de horror, pero más que por las escenas violentas, porque esa misma violencia que no es más que un reflejo, tal vez exagerado, de la dura realidad.

28 Days Later…(2002) U.K.

Director: Danny Boyle

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

Eighth Grade

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Kayla es una joven adolescente en el último grado de la secundaria; tiene pocos amigos pero muchas ganas de conocer el mundo, aunque su vida está consumida por la realidad virtual del postmoderno, así que se la pasa pegada a su celular, navegando en internet y las redes sociales, en lugar de relacionarse con sus similares, algo que en el contexto real, en el trato personal y directo, no sabe hacer. Ella es la protagonista de la película Eighth Grade (EUA, 2018), también conocida en español como La vida de Kayla. El proyecto está escrito y dirigido por Bo Burnham, y protagonizado por Elsie Fisher y Josh Hamilton en los papeles principales, como Kayla Day y Mark Day, su padre soltero.

La historia toca temas como las relaciones sociales y la forma como se desenvuelven y llevan a cabo en estos tiempos contemporáneos, plagados por una constante presencia ‘en línea’ que si bien puede acercar a las personas, igual puede alejarlas y ser un obstáculo para alcanzar amistad o intimidad, según se haga uso de la tecnología. Pero la película también aborda otras ideas, como la ansiedad, la maduración, la soledad, la búsqueda por una identidad y las presiones sociales, especialmente aquellas de la vida adolescente relacionadas con el desarrollo personal.

 

Es importante por ello la manera como Kayla está representada y cuál es su camino hacia el crecimiento, ya que su viaje significativo permite a cualquier persona identificarse y empatizar con las dudas, inseguridades y dificultades durante una etapa de vida marcada por la transición de maduración. “Ser uno mismo se trata de no cambiar para complacer a los demás”,dice la joven en sus videos publicados en la red (vlogs – combinación de video y blog), práctica que Kayla realiza como modo de interactuar con un mundo del que se mantiene a distancia porque es lo mismo que los otros chicos de su edad hacen, pero también como barrera protectora de auto conservación y, de alguna forma, como modo de expresión a su alcance y, al menos aparentemente, bajo su control.

Ella vive su vida a través de una personalidad virtual que no es del todo fiel a su yo real, dando consejos sobre la vida, buenos consejos, pero que no sabe cómo poner en práctica, deseando más lo que dice, que haciéndolo en realidad, como cuando habla sobre hacer amigos y arriesgarse a relacionarse con gente con la que normalmente no lo haría. Kayla va a la fiesta de cumpleaños de la estudiante popular de su escuela gracias a una invitación que recibió porque la madre de la festejada obligó a su hija extenderle una. En su video Kayla habla sobre una supuesta fiesta que ella tuvo en la que decidió hablar con alguien (una chica rara, describe ella), a quien usualmente no se acercaría, para descubrir que es un gran persona. El ejemplo es un imaginario para exponer su idea, pero Kayla de alguna forma habla de lo que quisiera que le pasara a ella en aquella fiesta, que alguien le hablara y descubriera que tiene mucho que ofrecer; ciertamente no es que Kayla no intente acercarse a otros, es que su timidez es tan grande que termina eligiendo pasar desapercibida antes que arriesgarse a más.

Entonces, aunque sabe que lo importante es ser fiel a uno mismo, aceptarse y aceptar a los demás, respetar y actuar como uno quiere y decide, no como los demás dictan, ella misma sabe que la realidad no es tan sencilla cuando vive en un mundo cargado de presiones del exterior. Su padre tiene expectativas en ella pero lo que más quiere es verla desarrollarse, por lo que insiste que salga al mundo, pero Kayla no entiende al momento sus palabras, afecto y apoyo; al contrario, reniega de él. Sus compañeros de escuela limitan su mundo al alcance de su celular y se preocupan, como les ha enseñado la banalidad de la realidad social en la que viven, en apariencias, ideales irreales, fachadas y una perfección inexistente, intereses que Kayla no comparte del todo (sólo en cierto grado, si bien repite, igual que los demás) dado que su curiosidad y conocimiento, incluso valores, suelen ser diferentes al común denominador que le rodea. Es por ello que al momento ser diferente se siente como algo malo, en lugar de ser un rasgo distintivo que le permite un punto de vista más amplio, más pensante incluso.

Finalmente está el contexto social en que Kayla vive y a través del que ella misma se ha aislado. Tiene mil preguntas sobre su persona, la sexualidad, el futuro, la vida y la gente que le rodea, pero no tiene a nadie a quien preguntarle (en confianza), así que recurre al único lugar que conoce que sabe que en su anonimato no podrá juzgarla directamente: internet (o específicamente un buscador en internet).

Hay un contraste en su vida porque cara a cara no puede relacionarse, por timidez, miedo, precaución, inexperiencia y hasta estrés, así que recurre a un mundo, en la nube, del que puede mantenerse a una distancia ‘segura’ para ella, de pantalla a pantalla, siguiendo las cuentas de redes sociales de sus compañeros de clase y conociéndolos a través de sus publicaciones, o ella misma compartiendo fotografías y pensamientos, con sus respectivos filtros, literales, simbólicos y todo lo que ello implica (técnicamente el filtro es una capa de edición que cambia el aspecto de lo que se expone para moldearlo hacia una determinada percepción guiada), crear la ilusión de que se relaciona con otros, cuando no lo hace realmente, sino sólo se escuda tras la pantalla.

Si alguien se ha preguntado cómo afectan los avances tecnológicos y su uso constante en la vida diaria las relaciones sociales, la película es un buen ejemplo para entenderlo. Kayla no miente al mostrarse en pantalla en sus videos, pero sí se esconde del resto del mundo a través de ellos. Sabe que lo que dice es cierto, que cuando comenta “no se puede ser valiente sin tener miedo”,sus palabras son verdaderas, es sólo que decir y hacer son dos cosas diferentesy dar ese primer paso implica, en efecto, ser valiente. Evidentemente tiene miedo, porque el mundo la juzgará (lo que sucederá sin importar lo que haga). Ese miedo es natural, porque nada es perfecto y no siempre es justo, pero siempre es complicado. Es sólo que Kayla, a su edad, aún no lo entiende, asimila, afronta y se adapta. Y no podrá hacerlo mientras viva a través de la virtualidad; se enoja cuando su padre le pide que se aparte del celular para que compartan, pero al mismo tiempo lo único que conoce es a través de la red, y se aferra a ello.

Cuando reconoce y entiende que no puede seguir esperando ser aceptada cuando ella misma no lo hace, decide dejar de esperar de los demás algo que sólo ella puede darse, amor hacia sí misma, autoconfianza, seguridad. Al publicar su último video aclara que no puede hacer todas esas cosas que aconseja, porque ella misma está en una búsqueda por entenderlas, que es, finalmente, lo más honesto, porque implica que ha entendido que ser nerviosa, tener inseguridades, tener una opinión pero no gritarla siempre a los cuatro vientos, es parte de su personalidad, lo cual está bien, porque es parte del proceso de formación de carácter y, porque, probablemente hay muchos otros como ella en busca de su propio crecimiento, con las mismas preocupaciones, ansiedades, inseguridades o dudas.

Un día, durante un programa escolar en el que pasa la jornada acompañando a una estudiante de preparatoria como preparación para su siguiente grado académico, conoce a Olivia, una joven a punto de graduarse hacia la universidad. Kayla sólo espera caerle bien y que todo salga ‘perfecto’, o en corto, que la acepten, para entonces sentirse validada. Sabiendo que en su propia escuela la gente la ha catalogado como callada  (literalmente le dan el título en una votación escolar de superlativos), Kayla se aferra a la esperanza de que su futuro en la preparatoria se dibuje diferente basándose en esta experiencia.

La situación se torna distinta, pero igual. Olivia le da ánimos, la acepta y le abre la puerta a la convivencia y comunicación entre ambas, pero el mismo día uno de los amigos de la joven intenta aprovechar la inexperiencia sexual de Kayla para obligarla a hacer algo que ella no quiere, y que con decisión ella detiene una vez que se siente incómoda con el momento. Sin embargo Kayla se disculpa del rechazo, reflejando con ello que no entiende del todo que ella no ha hecho nada malo, sino el otro joven.

Lo que ambos escenarios opuestos demuestran es un patrón de lo que siempre ocurrirá en la vida: no importa lugar, espacio o tiempo, siempre existirán todo tipo de personas, amables, dedicadas, pero también las abusivas e irresponsables. La lección empuja a Kayla a preguntarse ¿quién soy? y ¿quién quiero ser? (en comparación con quién es la gente allá afuera), que es una de las reflexiones valiosas que saca de la experiencia.

A partir de ese momento elige ver el mundo a través de sus ojos, no de una pantalla, porque no importa lo mucho que la gente escriba, comparta, comente, grabe o diga, la vida virtual nunca será la vida real. No importa qué tanto aprenda de maquillaje en los tutoriales que mira y copia en la red, o qué tanto cree que conoce del mundo leyendo sobre ello en su computadora, nada la preparará para una u otra situación hasta que la viva en carne propia.

Los amigos de Olivia están seguros que su discrepancia de edad los hace ‘diferentes’. “No tenía Twitter en la secundaria, como nosotros”, dicen ellos. Y en otro ejemplo: “Ya nadie usa Facebook”,le dice la chica de la fiesta de cumpleaños a su madre cuando ésta le dice que invite a Kayla a su casa. Pero, ¿no es sólo que la tecnología es la ‘diferente’, y es ello lo que afecta a las personas y a la relación entre personas?

El uso de la tecnología y las redes sociales pueden afectar la salud mental de las personas, según expone la película; ya no sólo es importante entender que lo hace y cómo lo hace, sino cómo lidiar, intervenir, educar, aprender, adaptarse y entender (Kayla vendría siendo la generación ‘postmillennial’, o generación Z). ¿Estar constantemente expuestos en y a las redes sociales hace a la gente, o la obliga a ser, más autoconsciente, crítica y dura consigo misma? ¿Qué hay de bueno y qué hay de malo en ello?¿Cómo es vivir rodeado de cámaras, publicaciones en línea, información (y desinformación) al alcance de un clic, aislamiento virtual, relaciones no tangibles y  por tanto una vida más expuesta?Vale la pena entonces preguntar: ¿Cómo es y cómo queremos que sea?

Eighth Grade (2018), EE.UU.

Director: Bo Burnham

https://www.youtube.com/watch?v=A_QRy0jhJJM

Diana MiriamDiana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

Parasite, la obra maestra de Bong Joon-ho

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Ganadora absoluta de la Palma de Oro del Festival Internacional de Cine de Cannes en su edición 2019, Parasite es una obra descomunal que lo mismo es una amplia crítica social una profunda reflexión de la agónica posmodernidad del nuevo milenio. Dinámica, plena de humor y situaciones de albur, azar y suerte, la trama que presenta su director enfrasca esa cualidad de la incertidumbre que no planea y la planeación cerebral de una estrategia que lleve a una familia de clase baja en su contacto con la clase alta, hasta una posición de clase media, a la luz del trabajo como vínculo, de esta forma, la película efectivamente aborda las clases sociales como un pecado no quien las vive, sino de la sociedad que las permite, hiriendo en su paso el significado del ser y de la pertenencia en sus protagonistas. Bong Joon-ho, director que sorprendió con fuerza la panorámica del cinema universal con la angustiosa, dinámica e hilarante Snowpiecer, y que más tarde dividió opiniones de la crítica con su oda contra la manipulación genética Okja, cimbro la más reciente edición del Festival de Cannes con una película puntillosa, pícara, llena de humor negro y angustia existencial.

 

Parasite despliega el talento de su director mediante un guión que a medida que desarrolla su trama, una comedia de simulación, donde los miembros de una familia, madre, padre, hijo e hija, ascienden su posición laboral suplantando personalidades creadas por ellos mismos, e incrustadas por artificios dentro de una familia de clase acomodada con ciertos intereses artificiales. Las vicisitudes de ambas familias, van uniendo nodos y conflictos que entre los aromas y hedores que pululan la desigualdad, la inequidad y la falta de oportunidades,  así como la ambición, la codicia y la súplica por una mejor vida, amparada ésta en una roca que por azar, llega a las manos de quien asume ser causa y consecuencia de la trama. La comedia avanza capturando a la audiencia generando reacciones de simpatía, empatía y rechazo, para gradualmente y una vez develados los varios secretos que se ocultan en el entorno, convertir el contexto de la sorna en una tragedia social que por una parte indigna y por otra parte arroja signos de una comprensión reflexiva, lo cual brinda a la película un sólido presupuesto narrativo.

Bong Joon-ho  demuestra su habilidad como narrador literal y visual, mediante secuencias orquestadas por una banda sonora estupenda, sino por la concatenación de emociones que suponen y crean a sórdida confabulación, las sólidas actuaciones de Son-Kang-ho, Lee Sun-kyun, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-shik, y Park So-dam, conforman un compendio interpretativo de naturalidad y pose, resultando en la venia, el corolario perfecto de una obra maestra de la cinematografía de finales de la presente década, que a su paso, consolida la carrera de su director. Las desigualdades como un punto de análisis, las tendencias por lo considerado importante, la supervivencia como catalizador de la creatividad, la complicidad fraternal, la aspiración como una iniciativa, la confesión no confesa y la reacción visceral ante la razón que no razona, resultan en una instintiva propuesta cinematográfica que además de cimbrar Cannes, cimbra las reflexiones en torno a la desigualdad económica y social universal.

El agua como significado y la lluvia como una señal, convergen los sentidos en una clara alusión al prejuicio como un detonante de fragmentación que etiqueta posibilidades y determina devenires, el plan que no debe siquiera concebirse, y el plan que siendo inexistente, termina siendo una luz entre la tormenta que sacude los recónditos escondites de quien se esconde de sí mismo; aunque pareciera que la cinta recurre a la moraleja, y en ello al castigo moral o a la justificación de las acciones, Parasite deja visos abiertos a la interpretación de la realidad y la imaginación de quien aspira convertirla en fantasía fugaz o en búsqueda permanente. Bong Joon-ho entrega así, una de las mejores películas de la década, en las cuales se encuentran ya otras de su ahora reconocido canon fílmico.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

La gran apuesta

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Una crisis económica afecta a casi toda la ciudadanía porque todo se relaciona con el capital, con el proceso de acumulación de capital y la búsqueda de la mayor tasa de ganancia posible.  Empresas, empleos, mercado, dinero, productos, servicios, etcétera. La relación en sí no es tanto el problema, sino la forma como cada sector y cada grupo social se organiza a sí mismo en un juego de oportunidades promovido por el deseo de ganar por sobre el orden establecido, que puede dar pie al simple engaño, al autoengaño y a la manipulación. En breve, se actúa en la economía en función de apariencias y expectativas, dejando de lado las necesidades de las personas que cada día producen la riqueza social.

 

Esto propició la caída en la bolsa de valores que dio paso a la crisis económica mundial que se vivió en 2008, según explica la cinta La gran apuesta (EUA, 2015), escrita por Adam McKay y Charles Randolph, y dirigida por el mismo McKay, siendo protagonizada por Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, Brad Pitt, Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong, Finn Wittrock y John Magaro, entre otros. Estuvo nominada al Oscar en las categorías de mejor película, director, actor (para Bale) y edición, mientras ganó en mejor guión adaptado. La historia se centra en diferentes personas analizando los datos, previendo y apostando en contra de lo que la mayoría profesaba era la tendencia a la alza, y perdiendo fe en un sistema que, se dan cuenta, tiene más fallas que aciertos, lo sepa la gente que trabaja en él o no, o quieran saberlo o no.

 

Para fines prácticos, el sistema del mercado es una serie de recovecos, «dimes y diretes» enfocados a una sola cosa: la venta como instrumento para acrecentar ganancias. No siempre se trata de los mejores acuerdos y negociaciones, sino de la mejor forma para cubrirlos y recubrirlos con estrategias de compra-venta que sean dinámicas, cambiantes, inestables y redituables, que hagan ganar a unos, el dinero de otros. La gente a cargo de la administración busca formas de encontrar, siempre, una manera de sacar provecho monetario, de lo que llega a sus manos, sea lo que sea y signifique lo que signifique, mientras la población parece seguir adelante y elegir no fijarse en esta especie de artificios comerciales, con tal de vivir en un aparente progreso.

 

Darle la espalda el suficiente tiempo a las fallas de la economía y rellenar sus inconsistencias con parches, eventualmente se convertirá en una bola de nieve a punto de explotar. No todos pierden, sólo aquellos que no prevén esa caída (los que por cierto, son mayoría), lo que significa que el que gana es el capaz de darse cuenta del momento en que la trampa ha dado todo de sí, y saber manipularlo a su favor.

 

Durante la crisis económica inmobiliaria, específicamente en Estados Unidos, donde se desarrolla la película, lo que sucedió es que la gente no pudo pagar más sus hipotecas. Esto se convirtió en un efecto dominó de alguna manera predecible: si la gente no paga lo que debe, la deuda se hace más grande, y entonces ventas, prestamos, cuentas, inversiones y demás, se vuelven dinero al aire, impagable, inexistente, apostado a pesar de conocerse la pérdida. Ahora, ese dinero no sólo desaparece, alguien lo gana. ¿Quién? El que apuesta en contra, en este caso, los protagonistas de esta historia.

 

Uno de ellos y quien se da cuenta de los patrones y la forma como están a punto de colapsar los número rojos es Michael Burry, un gestor de fondos con pocas habilidades sociales pero la suficiente astucia para entender que lo que se vive en la economía es una burbuja que crece en mentiras y promesas que no podrán ser cumplidas, y a pesar de la insistencia de colaboradores, inversionistas, socios y banqueros con quienes trata, que lo consideran un loco por querer apostar contra algo que, hasta ahora, siempre había parecido seguro: los bienes inmobiliarios.

 

 

Los demás personajes de la película son personas capaces de descifrar las dimensiones de la propuesta del modelo de Burry, entre ellos, Jared Vennett, un vendedor que decide sacar provecho de la desgracia de los demás, pero que sólo puede ganar su inversión con ayuda de Mark Baum y su equipo, corredores de bolsa dispuestos a arriesgarse a comprar swaps (contratos de intercambio de bienes), una vez que comprueban la dinámica que ha propiciado esta burbuja de falso progreso. Para corroborarlo deciden ir directamente con los implicados, por ejemplo, las zonas habitacionales abandonadas por gente que ya no pudo pagar sus hipotecas, o vendedores de bienes raíces aprobando ventas y préstamos a todo el que los solicite, sin importar qué ingresos tengan o si hay alguien que los avalen o no, en un modelo de ganancia monetaria rápida, pero no a largo plazo.

 

Finalmente se encuentran Charlie Geller y Jamie Shipley, dos jóvenes inversionistas que hayan su ganancia apostando, no ‘a lo seguro’ sino ‘a lo grande’, es decir, sobre hipotecas usualmente catalogadas como absolutamente seguras (el resto apostaba en contra de las hipotecas de más baja denominación, es decir, las más ‘baratas’). Cuando se dan cuenta que los bancos mantienen el nivel de sus activos (el valor garantizado de la deuda, o también entendidos como los bonos de deuda), y que no suben ni bajan a pesar de la evidente crisis por crecimiento de adeudos, concluyen una estrategia engañosa de los bancos para aparentar una supuesta estabilidad. El fin último de este engaño es que ese ‘riesgo por impago’ no se dispare, provocando así la crisis; una medida temporal ante un colapso de la bolsa que ya es inminente. Entendiendo esta acción Geller y Shipley intentan alertar a la gente, al tiempo que entienden que esta mentira o realidad escondida, que principalmente bancos y mercados de la bolsa intentan ocultar, no es más que un recurso por cuidar la propia imagen pública de las empresas (y darles tiempo para arreglar lo mejor posible sus acuerdos para amortiguar la caída). Una vez más la gente no sólo no está interesada en la verdad, sino que no pretenden arriesgarse para señalar a una dinámica económica que nunca antes ha sido cuestionada.

 

“Lo que te mete en problemas no es lo que no sabes. Es lo que estás seguro que sabes, pero que simplemente no es así”, anuncia la película, citando a Mark Twain. La idea es simple, hay cosas que se creen, que la mayoría de la gente cree, acepta, y guía su conducta por ellas, ideas que simplemente no son así en los hechos reales. Y a veces, saber lo que está mal es una responsabilidad más difícil de cargar sobre los hombros, porque para las personas es más fácil vivir en la ignorancia, o aprovecharse de la ignorancia del otro. El motivo es que no sólo la verdad, por extraño que parezca, puede ser muy complicada de comprobar, sino que ir en contra de lo que dice la mayoría, es básicamente ir a contracorriente, lo que socialmente parece no ser bien aceptado.

 

Saber lo que está mal es una cosa, querer cambiarlo, es otra. Burry entiende qué es lo que está mal con la organización del sistema económico inmobiliario, porque ha entendido la inclinación matemática del cómo los números en combinación con los movimientos sociales se están yendo en picada, pero las personas no escuchan sus consejos y se ríen de él cuando les dice que quiere apostar en contra de los bonos de deuda inmobiliarios, porque su voz es contraria a la de muchos, incluso si la de los muchos es la incorrecta.

 

Sus palabras son de alguna forma una advertencia, pero aquellos que encuentran su propuesta viable tampoco salen a decirle a la gente que las cosas deben cambiar; no, los agentes de ventas idean, a partir de esa información, su propia forma de subirse a este barco que se mantendrá a flote cuando la burbuja explote, y se mantendrá a flote porque se harán del dinero que todas esas personas perderán una vez que la forma engañosa como el sistema se está auto validando, en el supuesto de progreso y ganancias, termine retrocediendo con pérdidas financieras.

 

“Wall Street usa términos confusos para parecer indispensable. O todavía mejor, para que los dejes en paz”, dice Vennett en un punto de la historia. La frase parece resumir la forma más simple para entender el mercado de la bolsa y mucha de la economía actual capitalista. Nada es simple, todo es enredado, confuso (siempre a propósito), y los acuerdos y negociaciones de venta son improvisaciones para resolver al momento. La gente no intenta entenderlo, porque muchos de los que se dedican a ello tampoco lo hacen, y sólo algunos visionarios e ingeniosos perciben esos recovecos, problemáticos por la forma como el mismo sistema parece haberles enseñado a estas personas que lo importante no es resolverlos, sino sacar provecho de ellos. Así es el modelo de ciudadano promedio neoliberal capitalista: egoísta, mediocre, consumista y cínico.

 

“La gente subestima las probabilidades de que les pasen cosas malas”, dice el personaje de Geller en otro momento de la película. Esa es probablemente la forma más sencilla (tal vez sólo socialmente hablando) de entender por qué pocos hacen algo, o de entender, simple y llano, una crisis económica. Se cree que la crisis le pegará a otros, menos exitosos que uno mismo. Lo cual es falso, pues la incertidumbre se cierne sobre todos por igual.

 

La gran apuesta / The Big Short

Estados Unidos, 2016

Dir. Adam McKay

 

 

Diana MiriamDiana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

 

Cinescopio: Paul Thomas Anderson

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Anima, cortometraje dirigido por Paul Thomas Anderson y protagonizado por Thom Yorke, vocalista de la banda británica Radiohead, ha sido recientemente estrenado en plataformas digitales con una estupenda recepción, surrealista, visualmente impactante y pleno de una narrativa sugerente.

Con motivo de esta peculiar realización y ante la celebración del 20 aniversario de Magnolia, dedicamos CINESCOPIO a uno de los más celebrados y reconocidos directores de este siglo. Paul Thomas Anderson confirmó con Magnolia que su carrera, anunciada por Juegos de placer con tintes de genialidad, tendría una confirmación al trazo con Magnolia, no sólo a nivel cinematográfico, sino desde la perspectiva filosófica que contiene su narrativa. Sus siguientes películas fueron recibidas con entusiasmo, y fue sorprendiendo a medida que sus motivos y protagonistas, aparecerían lo mismo para generar asombro que comprensión, Adam Sandler sería su siguiente opción, en una de sus mejores actuaciones, Embriagado de amor, y tras una tibia recepción vendría su obra maestra Petróleo sangriento en cuyas vicisitudes encarnaría el gran Daniel Day Lewis, Anderson había construido un canon fílmico variado y por demás interesante para ser estudiado en las distintas escuelas de cine, muchas de las cuales consideran al director californiano como uno de los mejores directores de su generación y de nuestro tiempo.

En Cigarrillos y café, Anderson relata un suceso coral unido por tres historias en torno a un billete de 20 dólares, el cuál, más allá de la valía financiera alta o no, conjuga un serial de sucesos azarosos vertidos en la paradoja, la tragicomedia y el humor involuntario de la suerte y la intención cuando son definidos por la circunstancia. La telaraña tejida en torno a un suceso, los pequeños detalles entre vidas que se tocan y los accidentes que las unen, se verá reflejado en Magnolia, de la misma forma que la ambición tendrá tintes futuros en Petróleo sangriento, y el juego de la vida como un hado de casualidades estará de manifiesto en Juegos de placer. Con Cigarrilos y café, Paul Thomas Anderson, como la mayor parte de los cineastas experimentales e independientes, invirtió sus propios recursos para financiar la cinta, y reunir al elenco así como conseguir el equipo necesario convirtió la realización en un caos que como resulta, ofreció un corto que causo sensación en diversos festivales, abriendo la puerta a Anderson para que la fundación del Festival de Sundance apoyara sus siguientes realizaciones, incluyendo su ópera prima, Hard Eight también conocida como Sidney, que narra la historia de un buscavidas del juego que en cuyo camino topa un necesitado de dinero, parvedad y deseo convergen unirse para obtenerlo, en uno el enigma de ansiar seguir jugando, en otro la necesidad de atender el funeral de su madre, en ambos la necesidad de alcanzarlo.

Dentro de las 8 películas que ha dirigido P.T. Anderson, la banda sonora ha resultado fundamental en todas y cada una de las cintas, sea por la música incidental o por la banda sonora ex profeso, cada obra del canon Anderson porta un sentido melódico peculiar y estrictamente calculado por el autor, y si algún compositor ha capturado la esencia del director, es sin duda Jonny Greenwood, compositor y guitarrista de la banda británica de rock alternativo Radiohead, una de las más célebres agrupaciones de las últimas tres décadas.

En Junun, Anderson despliega sus dotes documentales con una narrativa que apela más a las intenciones que inspiraron el álbum que a los objetivos de su lanzamiento, es decir, se anida en los porqués de la música desde su composición y de la esencia misma de la música como lenguaje. La audacia de Anderson para describir las emociones, la inspiración y la energía desplegada en la grabación, resulta deslumbrante, haciendo de Junun uno de los documentales más desafiantes de la década y una de las principales obras testimoniales referentes a la grabación de álbum alguno.

Adaptación de la novela homónima de Thomas Pynchon, Puro vicio es una película ambientada en los años setenta, época que parece ajustarse a los preceptos de Anderson para desarrollar sus realizaciones. La resolución de un caso es el motivo de la cinta en un primer plano, el vicio, cigarro, mariguana y deseo, el complemento; sin embargo, la secuela de dudas que abre sin cerrar una a otra, parece inferir en el espectador, una sensación de decadencia que se vive desde la interpretación de Phoenix, en la medida en que el vicio inherente, es también una incapacidad del personaje por desapegarse del pasado y bloquear así mismo un presente que no ofrece al detective Larry, las salidas al laberinto de un caso que ha tomado más por orgullo que por interés.

The Master una película alucinante, dura y puntillosa respecto de los fanatismos, cultos y adoctrinaciones que lo mismo atraen y captan, que recelan y alejan a quienes por una parte lo practican y por otra lo sufren practicando, un viso que no es exclusivo de culto alguno y más bien una observación universal de los mismos.  En general se considera  a la dianética y a su fundador como el referente de Anderson para escribir su historia, y, aunque fuese así de primera instancia para Anderson, desde mi punto de vista va más allá de una crítica concreta para abrir los recintos de la reflexión y de la necesidad del ser humano por encontrarse en un grupo, encontrar respuestas, hallar soluciones a la angustia existencial. Ésta será la sujeción que unirá personajes, trama y mensaje, una búsqueda de esperanza y encuentro, situada en la ambientación de los años cincuenta, Anderson, quien logra presentar sus relatos en distintas épocas, explora la alteridad entre maestro y alumno, de pastor y rebaño, de gurú y devoción, en una época caracterizada por un ambiente ambivalente, los dejos de una guerra, los vientos de triunfo y el espejismo real o ficticio de etapas nuevas. En esa sinergia de acciones y reacciones, están presentes la supresión, la autodestrucción, la pretensión y la expectativa de quien ofrece y quien recibe, haciendo de esta película una espléndida obra sobre los límites y extremos de la condición humana.

El hilo fantasma, es una poesía lírica, emotiva, profunda, desgarradora desde sus silencios, tenue de dolor en sus no dados abrazos y una original pieza romántica no convencional, así podríamos definir a la última actuación de Daniel Day Lewis en la gran pantalla. Inmerso en este conflicto interior, al cuidado vigía de su hermana, interpretada por Lesley Manville, en una exquisita actuación, no escapa de la posesión del amor que lo mismo intoxica que cura, que lo mismo envenena que sana, el amor que llegará, como un fantasma que no avisa pero se advierte, a través de Alma, caracterizada por Vicky Krieps. Reynolds Woodcock ha pasado su carrera dedicado al más mínimo detalle, al meticuloso arte de zurcir, bordar, diseñar, aplicar, pegar, colocar, pieza a pieza, botón a botón, al hilo invisible de una aguja que enhebrando la ilación de un vestido como si fuesen etapas, momentos, situaciones, recibe los halagos y a su vez el vacío de la soledad.  Es ahí, en ese juego solitario de pretender estar solo, anhelar estarlo o estarlo porque no hay alternativas, donde se anida la perfección de Day Lewis como actor, su actuación es un poema de la interioridad que se confronta ante los ojos del otro, de ese otro que despierta lo que estaba dormido, que es capaz de dar vida al sentido de matarlo y revivirlo al mismo tiempo, primero en el engaño, después en el consentimiento de quien se abandona en el sentir, en el deseo, en ese hilo fantasma que teje las relaciones y los apegos.

En Juegos de placer, la segunda cinta coral de Anderson, una aproximación puntual e hilarante que retrata con alta fidelidad una época y su contexto. El ascenso, el auge y la caída, como proceso natural, artificial o inevitable de la industria cinematográfica, sirve como palestra para analizar las vertientes que el cine y el sexo ofrecen desde el capital, al tiempo que detalla como una calenda de hechos factibles y supuestos, el paso de una década a otra y la percepción de su protagonista que, como si fuese un observador, ve incrementar y disminuir sus oportunidades como si el éxito se agotase al obtenerse.

Petróleo Sangriento ha sido considerada de igual forma como una de las mejores películas del siglo XXI, la mejor quizá de la primera década de la centuria, y el legado de Daniel Day Lewis a su trayectoria, y es que no podemos separar la lírica aguda, precisa y operística de Paul Thomas Anderson, de la interpretación del actor británico. La fiebre del petróleo, su anhelo, la búsqueda permanente y desesperante del elixir negro que nace del mar y de la tierra, la persecución de su emerger y la industria que conllevan el mercar el capital y su riqueza, forman el corolario para la relación de Plainview con su hijo adoptivo por circunstancia H.W., y con Paul Sunday o Eli Sunday interpretado a dualidad por Paul Dano. Dualidad que se enfrasca en la propia fe de un pueblo por su iglesia, en el fanatismo que converge en la fe y en la propia ambición. Una de las mejores actuaciones de la historia, reconocida por propios y extraños como el retrato perfecto de una interpretación en pantalla, el Daniel Plainview de Day Lewis es un personaje complejo, intempestivo, lo mismo predecible en el actuar que impredecible en el sentir, rudo y calculador, insostenible ante la espera y persistente en la búsqueda, el personaje alcanza matices sólo compatibles con la cátedra actoral de un consumado maestro.

Magnolia gravita momentos realistas, crudos y desconcertantes, lo mismo que pende intervalos surrealistas vestidos de existencialismo, desazón e incertidumbre, la causalidad y el azar agobian y liberan, castigan y redimen las cuitas de la vida como un caleidoscopio doloso de soplo y aliento. Paul Thomas Anderson condensa la caída de la posmodernidad y su pesquisa de identidades en una pieza de dolor, arrepentimiento, vacío y desesperación; cada uno de los personajes interconectados con la casualidad, con la casualidad o con el infortunio, portan en sus líneas y sobre todo en sus expresiones, la suma de todos los miedos y ansiedades que la falta de cariño, apego y motivos corresponden. La búsqueda de un estado de felicidad que parece no existir, la resignación, el sueño lúcido o las máscaras que cubren las secretas intenciones caracterizan las notas musicales de una canción compartida, de una risa amable, de una petición rota, de un intento fallido y de las buenas acciones sin objeto ni sentido. Magnolia es una bella página en la historia del cine contemporáneo, bella aunque duela, bella aunque asuste, bella aunque en sí misma parezca deplorable o poco atractiva. La pléyade de grandes actuaciones deja su huella como si el papel fuese ese lienzo en donde caben las mareas, los temblores y el arcoíris al final de la tormenta. Julianne Moore, John C. Reilly, Phillip Seymour Hoffman, William H. Macy, Felicity Huffman, Jason Robards -en su último papel- entre otros, acompañan la poderosa, cínica, sensible y quizá mejor actuación en la carrera de Cruise, para hacer de Magnolia una de las mejores películas de la década, una reflexión individual y colectiva a la paradoja, a los sentimientos, apegos, a la confirmación de un gran director y al advenimiento de una lluvia impregnada de los más vacíos aromas posmodernos.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

 

 

Mona Lisa Smile

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Una persona subversiva es alguien que altera el orden establecido. ¿Es malo cambiar las reglas cuando el fin último traerá un mayor beneficio a la comunidad? No forzosamente, pues no habría independencia, libertad e incluso evolución si no hubiera alguien desafiando reglas que ya han expirado o no se han adaptado, exigiendo con ello un cambio que proponga algo mejor. De hecho, los subversivos, los irreverentes, los inconformes, los rebeldes, son quienes han dado en muchas ocasiones el impulso para las grandes transformaciones sociales.

En la película La sonrisa de Mona Lisa (EUA, 2003), la historia retrata la vida de un grupo de personas proponiendo ese cambio y desdibuja la forma como el contexto social se opone a sus ideales, dadas una serie de reglas inflexibles y conservadoras arraigadas en un pensamiento que no sabe otra cosa que no sea seguirlas. Dirigida por Mike Newell y escrita por Lawrence Konner y Mark Rosenthal, la película cuenta con las actuaciones de Julia Roberts, Kirsten Dunst, Julia Stiles, Maggie Gyllenhaal, Marcia Gay Harden, Ginnifer Goodwin y Dominic West, entre otros. Al centro del relato se encuentra el personaje de Katherine Ann Watson, una mujer que llega a trabajar en el departamento de arte de la Universidad de Wellesley, institución conservadora que no sólo enseña a las alumnas sobre conocimiento académico, sino que también las ‘prepara’ para que se conviertan en futuras ‘esposas’, su ‘natural’ destino social, conforme al modelo de sociedad que desean tener.

Esa creencia tradicionalista que exige a las estudiantes acatar y no cuestionar nada choca con las intenciones de Katherine, que ve en su papel de profesora la oportunidad de ofrecer con estudio, conocimiento y desarrollo un camino de crecimiento personal para las estudiantes. Su postura colisionará con la recatada directiva, que le exige hacer lo que se le dice al pie de la letra y nunca desafiarlo, cambiarlo o confrontarlo, lo que no está en la naturaleza en Katherine, porque no le permite crecer a ella misma, ni le permite ayudar a otros que necesitan lo mismo. En esencia es el viejo problema de la educación: ¿para qué educar? Es evidente que las autoridades escolares, así como los padres de familia apuestan por una educación que reproduzca la división social de organización basada en roles estereotipados en donde la mujer está destinada a ser madre abnegada y esposa dócil, mientras que el hombre cumple con las responsabilidades de ser el proveedor de la familia, en tanto, Katherine se presenta como una incipiente feminista que rechaza dicho rol femenino encasillado y también cuestiona abiertamente las posturas machistas.

Ir en contra de lo establecido no sólo es mal visto en ese contexto socio-cultural (la historia se desarrolla en Estados Unidos en 1953), sino que es recriminado; pero, tanto Katherine como otras como ella parecen ver en su libertad personal para elegir un futuro mejor, una  forma para pugnar en su presente para que ese anhelo se vuelva una realidad. Desde luego la película no aborda el contexto socioeconómico existente en ese país en la postguerra, lo que aportaría otros elementos de juicio para entender la apertura que permite la llegada a la escuela de una docente como Katherine.

“¿Quién golpea las puertas del Aprendizaje? Soy todas las mujeres. ¿Qué buscas? Despertar mi espíritu a través del trabajo duro y dedicar mi vida al saber. Entonces eres bienvenida. Todas las mujeres que quieran seguirte pueden entrar aquí.”Ese es el intercambio de diálogo durante la ceremonia de inicio de curso que sucede entre la representante de las alumnas y la directora de la institución. Resulta interesante por, de alguna forma, ser contradictorio con la posición y filosofía que les enseñan a las jóvenes, porque aunque lo que se dice profesa a favor del saber y la inteligencia, la superación y el conocimiento, parece que sólo enmascara el enfoque inflexible y dirigido hacia la sumisión que permea de fondo: cultivar mentes sí, pero esperar que esas mentes encuentren sólo un fin último, el matrimonio.

Para Katherine la idea es retrógrada, porque a su parecer, como el de otras personas que en aquella época lucharon por equidad y oportunidades para las mujeres, el crecimiento personal de las estudiantes es más que el convertirse en una acompañante que se realice en la vida a partir de los logros de su pareja. La institución educativa debería ser esa ventana que les abra posibilidades hacia el cambio, en lugar de limitarlo, o condicionarlo, porque si las jóvenes están ahí para aprender, también deben esperar (visionar, enseñarles a) hacer algo con ese saber, un algo que ellas elijan gracias y a partir de ese conocimiento adquirido.

La pregunta es si la decisión es una opción que se les da a las jóvenes, siendo de alguna forma condicionadas a esperar, y aspirar, sólo a una vida como esposas. Betty es, por ejemplo, hija dentro de una familia intransigente que espera de ella esa aparente perfección de vida, y su objetivo es complacer al otro, su novio y luego esposo, a pesar de, o al margen de su propia opinión, conocimiento, deseos, anhelos y capacidades. Ella elige lo único que sabe, porque es lo que conoce y le han presentado sus padres, familiares, amigos y hasta profesores, según es aceptado por la mayoría de la comunidad que le rodea. No es sino hasta que la convivencia con Katherine, y el propio fracaso de su matrimonio, debido a una infidelidad y falta de interés hacia ella por parte de su esposo, que entiende que hay más caminos frente a ella para recorrer, si sólo decidiera tomar su libertad en sus manos y exigir el derecho innato que tiene para hacerlo.

Otro ejemplo de vida se encuentra en Joan, una estudiante brillante que se atreve a considerar, momentáneamente, continuar sus estudios en leyes luego de graduarse de Wellesley, pero, a pesar de sus capacidades, la idea no había sido tomada en serio previo a que Katherine la motive a pensar más allá de las barreras de la ideología y costumbres tradicionalistas de su contexto. Joan, sin embargo, también persigue el futuro que su realidad le exige: casarse y ‘convertirse en esposa’. “Aquí dice que estás en la preparatoria de leyes. ¿A qué escuela de leyes vas a ir?”, pregunta Katherine. “Aún no lo he pensado. Luego de graduarme, me casaré”, contesta Joan. “¿Y luego?”, insiste la profesora. “Y luego estaré casada”, agrega la joven. “Puedes hacer ambas cosas”, finaliza Katherine, enfatizando con ello que no se trata de cambiar una cosa por otra, de rebelarse a las reglas establecidas o negarlas por el simple hecho de hacerlo, ni es renegar del matrimonio y la idea de la familia, sino elegir ese estilo de vida pero también elegir más que ese estilo de vida; escoger, en su caso, ser una madre, una esposa o una hija y amiga, pero también una profesionista, una emprendedora, un agente del cambio y una persona que demuestre que ese cambio es posible.

Joan finalmente prefiere no ir a la escuela de leyes y casarse en su lugar, para tomar ese papel tradicional en la dinámica de pareja. Lo que escoge no es ‘correcto’ o ‘incorrecto’, porque hace lo que desea, si bien con su nivel de presión social de antemano. Pero, ¿es malo ser una esposa, madre de familia y mentora de sus hijos? No, y en todo caso el problema tampoco es sacrificar un contexto por otro, mientras  esté convencida y segura de que esa es la visión que quiere para sí.El problema sería en todo caso ceder, a pesar de querer algo diferente, o darle las espalda a las oportunidades, para que lo que otros dictan (su esposo, su familia, sus profesores o las reglas sociales establecidas), sea lo que se haga y sin cuestionamientos.

“No vino a Wellesley a encajar. Vino a Wellesley para dejar una huella en las estudiantes”,describe Betty sobre Katherine en su narración hacia el final de la película, cuando ya ha entendido la importancia de personas como esta profesora que desafía la mente en lugar de dejarla reposar y conformarse. “No hay respuesta incorrecta. Tampoco hay un libro diciéndoles qué pensar”,les dice Katherine una vez que les pide a las estudiantes, durante una clase, hacerse de su propia opinión sobre una pieza de arte moderno que no viene incluida en el programa académico, y que funge como vehículo para que las jóvenes reflexionen por sí mismas aquello que piensan sobre la obra que tienen enfrente, lo que significa, lo que les hace sentir, lo que analizan por cuenta propia, lo que interpretan, no porque así lo diga un texto o alguien ajeno a ellas.

La intención de la profesora es incentivar esas mentes jóvenes para que conozcan y exploren, para que reflexionen y analicen, para que critiquen y decidan por sí solas, formándose sus propias opiniones sobre la vida, no las opiniones que otros quieren imponerles. La actitud de Katherine puede ser entendida como progresista (y es así como le llaman los conservadores directivos), porque lucha por un derecho de libertad que de alguna forma se le ha limitado a las mujeres. Su lucha es más importante porque esta rebeldía exige un cambio de pensamiento que se adapte a la cultura y al contexto social que también están en constante evolución. Cambiar al mundo modificando la forma tradicionalista y cerrada como a veces se piensa y hacerlo simplemente nutriendo la mente, con conocimiento que invite a pensar por uno mismo, es la única forma como verdaderas transformaciones se pueden hacer realidad.

Mona Lisa Smile

Director: Mike Newell

EE.UU. 2003

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

Deux jours, une nuit

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Un empleo es una ocupación o un oficio; significa desarrollo profesional pero también personal, donde convergen habilidad, intereses, preparación y progreso, de una persona en su propia vida, de una sociedad en su evolución, o de un grupo de personas que conforman una comunidad, construyendo el mundo en el que viven e interconectadas entre sí.

Así lo descubre Sandra, el personaje principal de Dos días, una noche (Bélgica, 2014), película escrita y dirigida por Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, y protagonizada por Marion Cotillard (nominada al premio Oscar por su interpretación en esta película) y Fabrizio Rongione. La historia sigue a una mujer lidiando con la competitividad laboral y la forma como ello afecta su vida personal, familiar y profesional; obstáculos acrecentados por la decepción que siente de sí misma producto de una reciente depresión.

La condición de su salud la llevó a ausentarse de su trabajo y su jefe cubrió sus turnos pagando un bono monetario de mil euros al resto de su personal. Ahora ella quiere regresar a la fábrica como se había pactado,  pero su jefe ha pedido a los demás empleados votar en su contra y continuar en su lugar con esta dinámica de los turnos extra (lo que implica también dinero extra para ellos, que los cubren). Sandra tendrá un fin de semana para convencer a sus compañeros de votar a su favor, pero cada uno, en sus decisiones, debe responder a sus propios intereses, necesidades y expectativas, por lo que la solidaridad y compasión a favor de su compañera no siempre son prioridad.

La misión de esta mujer no es convencer al otro de hacer algo que no quiere, sino razonar con él. La prueba se convierte entonces en un viaje personal, una mujer superando las inseguridades propias que caracterizan a la ansiedad y la depresión, pero también ejemplo de la búsqueda por la justicia e igualdad en un escenario laboral donde estos conceptos son lo último por lo que se pelea (porque la propia dinámica promueve indiferencia e individualismo, que refuerza la competencia).

La lucha de Sandra y por lo que tiene que pasar son un ejemplo de cómo los dueños de los medios de producción indirectamente la enfrentan con su propio medio de trabajo, una realidad disfuncional creada por un sistema de organización económico, político y social que la deja desprotegida a ella y a toda la sociedad, e incluso a la empresa para la que trabaja, quienes se excusan con no poder mantenerla en la nómina dado que la oferta y la demanda del mercado los tiene a la baja y en números rojos (y por tanto les es más redituable pagar jornadas extras a sus empleados que optar por volver a añadirla a sus filas).

Sandra, como sus compañeros expresan que necesitan el dinero para poder pagar las cuentas básicas de sustento; si bien algunos aclaran que el dinero extra les permite una mejor vida, más cómoda, otros, con su historia personal, ejemplifican cómo el trabajo es una necesidad social para poder salir adelante en la realidad actual del mundo en el que viven. El dinero es, para fines prácticos, un medio de subsistencia convertido en, más que un lujo, un requisito primordial para vivir.

La película refleja una situación común que vive la clase obrera del sistema capitalista actual: la inseguridad laboral y su resultante, la búsqueda casi desesperada por oportunidades para poder subsistir. “No voté contra ti, voté por el bono”, le dice uno de sus compañeros a Sandra, mientras otros explican las razones por las cuales no pueden votar de manera solidaria con ella, como aquel que la apoya pero teme hacer público su sentir por miedo a que su jefe se entere de esta muestra de compañerismo, pues de ganar ella, sería él probablemente a quien despedirían, por ser el último en haberse integrado al equipo y quien aún firma contrato por periodos específicos de trabajo, a diferencia de sus compañeros en nómina.

“Si ganas los votos a tu favor, para mí será una desgracia, porque necesito el dinero, sin embargo espero que lo consigas”, se disculpa otro de los compañeros a quien Sandra visita durante estos dos días. Cada una de estas personas tiene sus razones para elegir votar o no por el bono (y en efecto lo que hace su jefe es empujarlos a considerar inclinarse por el dinero, no tanto a ir en contra del prójimo, aunque una y otra cosa estén relacionadas); motivos respetables y entendibles de acuerdo con su propia realidad, responsabilidades y obligaciones que tienen como padres, madres, compañeros, amigos, hijos o colegas, y según la realidad que viven en su ambiente y contexto.

Aunque Sandra no quiere que los otros sientan lástima por ella ni que voten a su favor por compasión, también reciente la forma en que algunos actúan, a veces con desprecio o indiferencia, como la mujer que en el trabajo solía ser su amiga y ahora, el día que Sandra llega a pedirle ayuda respecto al voto, se niega a recibirla, evitando así una confrontación que evidencia que, más importante que un acto solidario con la que fuera su amiga, está el procurar sus propias necesidades o conveniencias, es decir, el dinero. ¿Cómo decirle que no puede estar de su parte o cómo explicarle que hacerlo desemboca en precisamente un cargo de conciencia que pesa?

La predisposición prejuiciosa hacia Sandra, además, va más allá de perder o ganar dinero (si Sandra regresa, no habrá más bonos extras); y específicamente la película se adentra a la percepción social negativa que se tiene respecto a las enfermedades mentales como la depresión. Los comentarios ofensivos hacia ella de parte de su propio jefe fungen como un vehículo para presionar a sus trabajadores, pero al mismo tiempo terminan por menospreciarla sin fundamentos, y de paso discriminándola como mujer y marginándola por su clase social obrera. Ninguna de estas características la hacen menos, pero parece que en la ignorancia, su jefe asume que sí.

“¿Cómo me verán los otros?”, se pregunta la protagonista, en caso de ganar la votación, sabiendo que algunos la culparán de haber perdido dinero por su culpa y otros la señalarán por haberse levantado en nombre de lo correcto, lo justo y la búsqueda por oportunidades y estabilidad, desafiando así directamente al sistema. La reflexión necesaria no sólo es darse cuenta qué ganan o pierden cada uno de sus compañeros en su propio contexto y con sus decisiones, sino entender que Sandra es otra trabajadora más que como ellos también necesita un empleo, un salario y una oportunidad.

El esfuerzo de esta mujer es un llamado a la consciencia social respecto a la equidad laboral y los derechos de los trabajadores, de las mujeres y de las minorías. Para la empresa (e incluso para su jefe o sus compañeros), esta mujer representa un trabajo y un sueldo (deja de ser una persona para convertirse en un vehículo de producción), según el modelo laboral en el que tiene asignada una específica función en la sociedad; pero además, y ante todo, ella es símbolo de una vida. Cuando pelea por mantener su trabajo, pelea también por la estabilidad para procurar a su esposo y a sus hijos, y esta lucha es la misma que hacen los demás de sus compañeros y en general cualquier persona que vive en una dinámica o situación similar.

Su lucha ofrece una mirada a muchas de las dificultades laborales y personales por las que las personas atraviesan y se enfrentan día a día, en el despido laboral, por ejemplo, o en su desempeño frente a la competitividad que encuentran en su ambiente profesional, producto, en ocasiones, de un frágil sistema económico global.

Así se demuestra al final de la historia, cuando a pesar de tener ocho votos a favor y ocho en contra, su jefe le ofrece a Sandra recuperara su empleo pero sólo hasta el siguiente periodo, cuando puedan no renovar el contrato a otro de los empleados. No será un despido, será que no habrá una renovación de contrato para alguien más, se escusa su jefe. Ella se niega a aceptar, sabiendo que de hacerlo pondrá a alguien más en la misma posición que ya vivió, sin empleo y enfrentando una vida sin equilibrio financiero.

“Luchamos bien”, concluye reflexivamente ella cuando llama a su esposo para darle la noticia del resultado de la votación. Al final, no recupera su empleo ni logra la mayoría de los votos a su favor, pero crece como persona con la experiencia. El recorrido no es exitoso laboralmente hablando, pero lo es personalmente, porque encuentra confianza en sí misma, independencia y fuerza que la hacen madurar como mujer. “No llores. Aguanta”, se repite a sí misma. “Inténtalo. Te estás desanimando en vez de reaccionar”, le dice su esposo cada vez que ella está a punto de claudicar, cuando en su enojo no entiende que si bien otros podrían apoyarla, ella es la única capaz de lograr el cambio, con acciones que la ayudaran personalmente y ayudando a otros en el proceso, como aquel compañero que se sentía culpable por haber votado en su contra, sabiendo que ella fue su mentora cuando él entró a trabajar, o la mujer que decidió ponerse de su parte y esto mismo le dio la suficiente fuerza de decisión para también dejar a su esposo y separarse del trato controlador que vivía con su pareja.

Al momento, Sandra pensaba que destruía vidas y creaba conflictos con su presencia, pero finalmente entiende que la vida es crecimiento, lucha y decisiones que acepta para sí misma en un periodo de dos días y una noche, superando en el proceso un reto personal al entender la forma como la prueba puede beneficiarle, no perjudicarle. Su historia habla de cómo las personas reaccionan ante una situación laboral que está prácticamente fuera de sus manos, pero en la que los involucrados responden según las decisiones propias en relación a su vida, no la de otros; así, la película demuestra cómo una voz que se hace escuchar es tan importante, porque lo significativo, como hace Sandra, es pelear por sus derechos, no dejar que los demás pasen sobre ellos.

Deux jours, une nuit

Directors: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

Francia, 2014

Diana AlcántaraDiana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

MEMORIA : Orson Welles “Al otro lado del viento”

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

En 1985 cuando el maestro murió en Los Ángeles, California, con él se anidaban en el misterio diversas producciones que aguardaban una conclusión indefinida. Es entonces que la realización de “Al otro lado del viento”, se convirtió en todo un suceso, desde su inicio a principios de la década de los años setenta, hasta su conclusión final, o al menos así considerada por los allegados al proyecto, cuatro décadas después. “Al otro lado del viento” fue estrenada el pasado otoño, con reacciones en su mayoría positivas, un festín visual que intercala el asombro, la nostalgia, la sensualidad y el atrevimiento de un director en su testamento fílmico.

 

Uno de los mejores directores de la historia, para muchos el mejor, estrenada a más de treinta años de su muerte, su obra póstuma, al menos, la última cinta que filmó y la más reciente en ser concluida y restaurada desde sus negativos. El estreno ha generado en la previa gran expectación, y las escuelas de cine del mundo entero dispusieron atestiguar el auténtico acontecimiento que significa contemplar una película vestida por el anhelo, la ilusión y la magia del cine que presenta esas realidades alternas que no sabemos si son realidad o fantasía.

 

Dos historias, dos planos narrativos, dos intenciones, dos secuencias paralelas, dos destinos, dos resoluciones vertidas en la dualidad del otro lado del viento, ¿es posible que el viento tenga dos lados? O será que acaso el viento separa el espacio en dos dimensiones distintas, Orson Welles enhebra su última película con una extraordinaria yuxtaposición de imágenes que narran el último día en la vida de un director del cine que ante la muerte, presenta la inminente relación de su obra y personajes. Por una parte observamos la jornada del director que agónico atestigua el estreno de su cinta, un aspirante a director que le confiere la admiración y el espejo a reflejo de su arte, y una trama que en pantalla muestra la seducción de una pareja que se vierte con la sensualidad, el deseo y la humedad de cuerpos sugerentes y escenas cargadas de erotismo y vacuidad.

 

Protagonizada por el legendario John Huston, y por la entonces sensación cinematográfica Peter Bogdanovich, “El otro lado del viento” muestra en su personaje central femenino, a la escultural Oja Kodar, quien además de modelo y actriz, guardaba una estrecha relación con el director. Huston, consagrado director asume su papel con total sobriedad, lo vive, es parte de su historia, Bogdanovich de igual forma, encarna a la perfección, al crítico ensayista que logra tras el lente consolidarse como director, mientras Kodar ofrece una fuerza de impactante energía sexual que rebasa el tenor tradicional de las cintas de Welles.

 

Una suerte de redención cinematográfica, prosigue con giros visuales y vaivenes estéticos que no dan respiro al espectador, y que, sin agotarlo, aún le permiten experimentar la contemplación como acuse artístico del director. El resultado es una interesante propuesta cinematográfica que conjuga escenas capturadas, ideas y proyectadas por su autor durante cinco años de filmación y otros más en el proceso de edición y re-edición, que no concluyeron con su muerte sino ahondaron el trabajo de quienes participaron como el propio Bogdanovich o Kodar, así como de Beatrice Welles, hija del director, quienes aún entre la bruma del conflicto y el recelo familiar y profesional, dieron a bien la conclusión de esta cinta peculiar.

 

El viento como significado, la dualidad como integrador de su fugacidad, y el legado como un vínculo entre artista y su obra, pareciera ser un testamento fílmico de auto referencia o identificación, que brindan una posible autoafirmación del director sobre su propia personalidad afable en lo social y reticente, obsesiva y perfeccionista tras la lente y al frente de las cámaras que consolidaron su arte y su legado. “Al otro lado del viento” se presenta como una promesa, aquella que se anida en vincular dos intenciones, dos realidades, dos encuentros.

 

Cuatro décadas de preparación, y más de 30 años de hiato, convirtieron “Al otro lado del viento” en un clásico instantáneo, una película testamento que no la última que podríamos ver del cineasta que dejó tantos proyectos abiertos como puntos suspensivos, una invitación constante como legado de uno de los más grandes cineastas de la historia.

 

Al Otro lado del Viento

Dir. Orson Wells

Estados Unidos, 2018

 

 

Iván Uriel

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

 

I,Origins

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

En una entrevista de 2012 con la revista Wired, Brit Marling platicaba sobre los conceptos de fe y ciencia que se abordan en la película Sound of my Voice, que co-escrbió y co-protagonizó, y cuya trama trata de dos cineastas que investigan un culto que venera a una mujer que dice venir del futuro. Entonces Marling dijo: “Lo extraño de la ciencia ficción es que lo que consideramos ciencia siempre está siendo revisado. La ciencia es nuestra mejor estimación de lo que está sucediendo en este momento, pero no hay duda de que la percepción humana es bastante limitada. Muchas cosas que comenzaron como ciencia ficción ahora son ciencia. Ideas salvajes de escritores de ficción de los años 70 sobre lo que la tecnología podría hacer, que ahora existe. Entonces, ¿es posible viajar en el tiempo? Tal vez. Me gusta pensar que podría ser. Ciertamente fue un ejercicio divertido para nosotros soñar despiertos acerca de cómo sería si realmente hubiera un viajero en el tiempo en el sentido práctico, cosas como el ‘jet lag’ (descompensación horaria) de viajes en el tiempo”.

 

La ciencia no es sólo un imaginativo de suposiciones basadas en fundamentos científicos, sino que la propia ciencia se atreve a experimentar precisamente porque esos imaginarios existen en primer lugar. La yuxtaposición espiritualidad-conocimiento vuelve a tomar centro en otro de los proyectos co-protagonizados de Marling, la película I,Origins (EUA, 2014), escrita y dirigida por Mike Cahill y que cuenta también con las actuaciones de Michael Pitt, Àstrid Bergès-Frisbey, Steven Yeun y Archie Panjabi.

 

La historia relata los trabajos de un biólogo molecular, Ian Gray, quien junto a una estudiante de su laboratorio, Karen, realiza investigaciones para demostrar científicamente el proceso de evolución del ojo, desacreditando así toda noción religiosa o supersticiosa de la creación del universo, los seres vivos y el hombre en sí. Ian entonces conoce a Sofi, una joven con un patrón de ojos muy peculiar y quien profesa una filosofía de vida sustentada en la espiritualidad. Una vez que Karen e Ian demuestran su teoría, Sofi muere. Años más tarde los científicos se topan con que existen estudios basados en el escaneo del iris para crear una base de datos que ayude a intentan determinar si existe alguna relación, física, genética o psíquica, entre dos personas con el mismo patrón de ojos, una nacida tras la muerte del otro.

 

Cuando el sistema arroja que existen unos ojos idénticos a los de Sofi, Karen e Ian se deciden investigar para profundizar en la teoría, poniendo el debate sobre la mesa: ¿es la reencarnación algo posible?

 

La pregunta más importante relacionado con esto y que la película expone hacia su recta final, llega cuando alguien cuestiona a Ian, escéptico de cualquier creencia no sustentada en hechos comprobables, respecto al motivo por el que las personas creen en algo y lo aceptan, muchas veces, solamente una vez que puede ser comprobado. ¿Qué harías si algo científico refutara tus creencias religiosas? ¿Qué harías si algo espiritual refutara tus creencias científicas?

Las preguntas ponen a Ian en un predicamento, porque para él, los hechos son argumentos que aclaran dudas, desenmascaran verdades escondidas y responden preguntas. Sin embargo, en este caso, no sólo se acerca al tema como científico, sino también como un humano sensible a las emociones. Y entonces debe preguntarse si es que ‘quiere creer’ que Sofi pueda vivir, o haber reencarnado, en esta niña que encuentran en India y que tiene la misma edad que los años que han pasado desde la muerte de Sofi.

 

Los ojos, le cuenta su novia repetidamente mientras estaban juntos, son aceptados por muchas culturas como ‘la ventana del alma’, porque son únicos, porque expresan ideas, emociones, pensamientos y sentimientos. Si bien la frase en más poética que científica, esto tiene, no obstante, una explicación que Karen e Ian exponen: no existen en el mundo dos patrones de ojos idénticos, como no existen dos personas físicamente iguale ni tampoco huellas dactilares gemelas. La imposibilidad de que haya dos ojos espejo puede significar, uno, un error en el sistema, o dos, la prueba de que en efecto lo que parecía imposible resulte no serlo después de todo. La importante realmente entonces es: ¿la gente está predispuesta a creer en la segunda opción para ratificar, de alguna forma, aquellas creencias espirituales a las que se aferra?

 

En más de una ocasión la película plantea cómo el debate religión y ciencia puede chocar o coincidir repetidamente. Suposiciones frente a hechos que no se contradicen si sirven para un mismo propósito, que puede ser tanto encontrar la verdad como encontrar la verdad que sirva a cada persona, no a conveniencia, sino para su desarrollo y bienestar. Sofi no hiere a nadie creyendo en un mundo conectado, donde las cosas existen porque tienen que existir y los rezos son formas como las personas lidian con sus problemas. Cuando ella descubre que Karen e Ian experimentan para ‘dar’ ojos a unos gusanos que no los tienen, ella le pregunta a él si no consideró que el animal fue creado así por una razón, y se puede hablar de propósito y función como se puede hablar de evolución y adaptación. Ningún razonamiento es incorrecto, Sofi lo entiende como una armonía de la naturaleza, mientras que Karen e Ian quieren entender el mundo desde una base del conocimiento y comprobar que los ojos son otra prueba de la evolución, refutando en el proceso muchas creencias religiosas de que fueron ‘creados’ por una divinidad.

 

“Buscar y no encontrar también es progreso”, dice Karen en un punto de la historia y es que todo camino que lleva a un descubrimiento está plagado de conjeturas que sólo se aterrizan una vez que se investigan. Llegar hasta esa meta implica tropiezos, porque sólo así se abrirá el camino y desecharán conceptos equivocados. Aseveraciones sólo alcanzadas una vez que son comprobadas, porque la ciencia es exacta. Qué es un hecho o una prueba sino verdades comprobadas. ¿Por qué es tan importante comprobar algo? ¿La gente realmente sólo cree en aquello que ha sido constatado después de una exhaustiva examinación?

 

I, Origins | Dir. Mike Cahill | Estados Unidos, 2014

 

Ian hace una serie de preguntas a Salomina, la niña con los ojos idénticos a Sofi, pidiéndole identificar la imagen que más le atraiga entre tres diferentes opciones, una de ellas que está relacionada de alguna manera con aspectos de la vida de la chica, quién era, en lo que creía o los lugares y personas que frecuentaba. La información que Karen e Ian obtienen no está sustentada ni en datos o estadísticas, pues son preguntas de contenido con respuestas de una niña ante preguntas subjetivas. El porcentaje final no sostiene la tesis, pero más allá, los científicos y el espectador deben considerar los elementos o variables que entran en juego y que son capaces de modificar la prueba, específicamente que Ian, que encuentra a la niña recién huérfana en la calle, la lleva a su hotel y le da de comer su alimento favorito.

 

Esto influye inevitablemente en las respuestas de la pequeña. ¿Responde lo que piensa y siente o responde lo que cree que Ian quiere escuchar, en un intento por complacerlo sabiendo que ha sido amable con ella? Y al final, lo más interesante es que el científico, a pesar que el porcentaje de la prueba ‘demuestra’ que sus conjeturas no son comprobables, y por tanto esa idea que se habían hecho de la posibilidad de reencarnación no es justificable, parece querer creer a pesar de todo, en especial una vez que la niña comienza a llorar antes de subirse a un elevador, que es donde Sofi murió.

 

El científico dentro de Ian sabe que no es posible que haya una relación entre Sofi y Salomina, y que de alguna forma el porcentaje obtenido de la encuesta que le acaba de hacer lo demuestra, sin embargo, sus emociones y sentimientos le hacen querer creer, o aceptar la posibilidad de que pueda ser verdad. Tal vez para sentirse mejor, tal vez para abrir su mente hacia algo que tampoco ha sido comprobado como imposible.

 

También es importante darse cuenta que un estudio de este tipo se necesitan más sustentos que lo validen, específicamente de manera científica; observación y análisis, no sólo observación. Las respuestas correctas o incorrectas de la niña pueden deberse a muchos factores, pero además, ¿bajo qué parámetros se realizan las preguntas y sus opciones de respuesta? ¿Cómo es que dos ojos idénticos, o suficientemente similares, pueden comprobar que dos mentes estén conectadas? El análisis del iris puede relacionar dos patrones de ojos que parecen iguales pero esto no es prueba de que dos mentes sean también la misma, o que los recuerdos de una persona terminen en otra, porque ¿cómo podrían viajar los recuerdos de alguien a otra persona a través de los ojos? Sólo intentar responderlo implica ‘creer’ en conceptos como el alma o la esencia del ser, ideas estrictamente más espirituales que científicas.

 

Coincidencias o análisis, suerte o decisión; las personas se apoyan en ellos según lo necesitan. Más que contraponer creencias, hay que entender que el choque de opiniones o el idealismo no son limitantes o debilidades, sino puertas hacia la superación. Es decir, analizar, probar, comprobar y debatir es parte de la ciencia, si bien el cuestionamiento también debería ser parte de cualquier creencia apegada la espiritualidad o el misticismo, y no porque puedan convertirse en ciencia, al contrario, porque más importante que aferrase a algo es atreverse a discutirlo y debatirlo, contradecirlo para entonces comenzar a buscar nuevas respuestas.

 

I, Origins

Dir. Mike Cahill

Estados Unidos, 2014

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

Tiempos Modernos

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Si bien la crítica puede definirse como un comentario negativo, la ‘crítica social’ en realidad es un concepto que se refiere a un juicio de análisis, un comentario que señala aquello en lo que la comunidad puede trabajar para mejorar en su desarrollo social.

Se trata de recalcar o enfatizar, pero no descalificando sino haciendo notar los puntos en los que el hombre flaquea, como comunidad, para invitarle a cambiar fallas, erradicarlas, evitar que sigan creciendo o se conviertan en un obstáculo para el crecimiento evolutivo.

Tiempos Modernos (EUA, 1936) es una película de comedia y crítica social. Escrita, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin, con Paulette Goddard coprotagonizando en pantalla. La historia sigue la vida de Charlot, el personaje más famoso de Chaplin, adaptándose a un mundo en constante cambio que pasa en esos momentos por la industrialización y la mecanización de los sistemas, provocando, en consecuencia, desempleo, pobreza y explotación, como una reacción en cadena que proviene de un modelo capitalista que da oportunidades a algunos y promueve la acumulación de la riqueza entre los sectores de población dueños de los medios de producción en detrimento del nivel de vida la mayoría.

La película, que inicia con el protagonista trabajando en una fábrica, haciendo ahí una única tarea, atorar tuercas, representa con ello, de forma exagerada y cómica, la mecanización del trabajo y, en consecuencia, la mecanización también del hombre. Las fábricas, como la de la historia, que se centran en la producción en cadena, crean una dinámica tan automatizada que terminan preocupándose más por la producción de mercancías que por el hombre mismo, que es quien la hace posible, el que la consume a fin de cuentas, llámese un auto, un refrigerador o una lata de refresco, por mencionar ejemplos.

Cuando Charlot se convierte en sujeto de prueba para demostrar la utilidad de una máquina que pretende usarse para suprimir la hora del almuerzo, para que el trabajador siga con su labor mientras come (un invento presentado al dueño con la promesa de que su uso lo pondrá por encima de sus competidores, porque mientras más trabajen sus empleados y menos descansen, más se produce en la fábrica), la historia realiza una demostración de cómo la principal preocupación del sistema es la productividad, no las condiciones que hacen posible esa productividad, tanto con la gradual mecanización de los sistemas como, incluso, en la explotación del trabajador, a quien, en este escenario, se le priva de sus derechos, su dignidad y su humanidad. Proceso de funcionamiento en que descansa el conjunto del sistema capitalista basado en la propiedad privada.

El panorama que se presenta también permite abordar temas como la forma en que esta dinámica causa una alienación que lleva al hombre a perder su propia identidad, individualidad y cordura. Chaplin no sólo se ríe de la mecanización y de la producción en serie, con un Charlot que sigue apretando tuercas incluso fuera de la fábrica, porque su cuerpo y su mente ya se han sometido a una rutina mecánica que le impide razonar, sino que recalca cómo ese único proceso al que el hombre es reducido en su trabajo termina por afectar su desarrollo físico y mental.  El hombre deja de pensar porque su trabajo lo empuja a ello, ocasionando un desgaste en su esencia de ser humano, porque su trabajo rige su vida, su pensamiento y sus acciones, lo que puede hacer y lo que no puede hacer; con la presencia de la máquina para el almuerzo se pretende incluso determinar cuándo y cómo una persona puede comer, como propone la historia. En suma, se quiere expropiar al trabajador de todo tiempo para sí, convirtiéndolo en un apéndice de las máquinas.

El eco que produce la depresión económica y la revolución industrial, panorama social en el que se ambienta el relato, también se hace evidente conforme avanza la historia. Desempleo, protestas que exigen libertad y derechos para las minorías, bajos salarios e injusticia social son sólo algunos de los puntos que se tocan. El personaje principal, por ejemplo, no sólo termina con un trauma que lo lleva al hospital, producto en gran medida del estrés de su ambiente laboral, que deriva de la repetición mecánica de las acciones y del trato inhumano, arbitrario y controlador como los dueños de la fábrica tratan al personal, considerándolos semejantes a máquinas, sino que, tras su estancia en el hospital, Charlot termina también sin empleo.

Es entonces cuando el joven conoce a una chica que vive en la pobreza, de quien se enamora por su espíritu de lucha, su bondad y su cordialidad. Esto sucede después de que, por cierto, Charlot acaba de salir de la cárcel, lugar al que inicialmente el protagonista prefiere regresar, razonando que por lo menos ahí tiene asegurada alimentación diaria y un lugar dónde dormir, algo que, afuera, en un mundo agobiado por las condiciones de pobreza extrema, no podrá encontrar.

Charlot y la chica intentan lo posible por subsistir y la película plantea, en varias ocasiones, que las personas en la misma posición socioeconómica que ellos infringen la ley como única vía para la subsistencia. No se justifica, pero, la historia al menos plantea que su crimen no es provocado por la maldad de pensamiento o una intención de perjudicar al otro, sino porque se convierten en víctimas de una sociedad que, a favor del capital, ha reemplazado al hombre con la máquina y ha dejado al ciudadano promedio, de la clase media y media baja, desprovisto de oportunidades para sobrevivir, esto además sin darles a las personas por lo menos las facilidades para cubrir sus necesidades básicas; los ciudadanos hacen filas para poder conseguir trabajo en la fábrica y la gente se vuelca para poder ganarse una de las comidas gratuitas que se ofrecen, pero en ningún caso la oferta es suficiente a la demanda.

La chica que conoce Charlot roba fruta para dar a sus hermanas un poco de alimento y luego roba un pan cuando no tiene nada de qué alimentarse. No se trata de una persona que vague en busca del oportunismo y la vida criminal, sino de una mujer a quien su gobierno no provee las oportunidades para su desarrollo o crecimiento; ni trabajo, salud, educación, alimentación o vivienda. Ni el Estado ni los dueños de los sistemas de producción tienen un espacio que ofrecerle o una oportunidad para permitirle acoplarse a la dinámica del sistema moderno. Ella, Charlot, el resto de los desempleados, ¿qué pueden hacer si la organización social, política y económica en la que viven no previó qué sucedería con todas aquellas personas a las que la maquinaria reemplaza? ¿Dónde pueden trabajar si hay más personas en edad productiva en el mundo, que espacios de trabajo disponibles? Si el sistema los ‘desecha’ cuando no les ubica como materia de productividad, ¿qué pueden esperar de su futuro, cómo pueden mejorar, suponiendo que tienen aún algo qué ofrecer?

La comedia en este caso es el mejor vehículo de crítica porque se alimenta de la exageración, pero construida a partir de una realidad evidente. Lo interesante es observar cómo el relato logra reírse, no burlarse, de estas situaciones. Se trata de un reclamo sutil en medio de la adaptación como la historia aborda estos escenarios; hombres convertidos en ovejas, analogía literal que hace el filme y el momento en que es importante levantar la voz, reclamar y cambiar, como sucede en la historia.

Cuando Charlot dice que prefiere la cárcel, o que prefiere ayudar, o que comprende que los hombres que han entrado al centro comercial donde trabaja cono vigilante nocturno no son ladrones que están ahí para llevarse comida por el simple hecho de aprovecharse del otro, o de vengarse del que tiene oportunidades diferentes a ellos, sino porque ellos mismos sufren hambre, producto del desempleo y la pobreza que esto ha traído consigo, la historia hace énfasis en dos puntos clave: uno, que la actitud positiva y solidaria de una persona no puede malearse por los infortunios de la vida, porque los valores son eje que hacen al hombre un ser sensible, compasivo, luchador, respetuoso, ético, empático, en corto, ‘humano’. Y dos, que las clases sociales más bajas son las primeras y las que más sufren cuando el sistema de organización comienza a marcar tan diferenciadamente los límites de la división entre el dueño de los medios de producción y los trabajadores que hacen posible que esa persona pueda poner su fábrica, su medio de producción, en marcha.

“Tiempos modernos es una historia sobre la industria, sobre la iniciativa de la humanidad, la cruzada en busca de la felicidad”, señala la película. En efecto, la historia demuestra, de una forma cómica, catártica y crítica la realidad de un sistema más orientado en la rápida producción mercantil que en el hombre, más en la ganancia económica que en la forma como se hace que esto sea posible, que muchas veces implica (y lo hace) la explotación del trabajador. Una enajenación que minimiza la importancia del humano, haciéndolo insignificante en un mundo lleno de máquinas en donde el ser es consumido por ellas, muchas veces literalmente, por lo menos en la película, escenas cuya función metafórica dicen al espectador que esta dinámica terminará por hacer al sujeto presa de su propio invento, un humano consumido por un aparato mecánico más grande que él, realidad que desemboca en, o por lo menos así sucede a Charlot, volverlo loco. Forma metafórica de decir que la enajenación ideológica es una forma de trastorno mental, es decir, la salud usada como pretexto para encubrir los efectos de la explotación laboral en la fábrica.

Se trata, en pocas palabras, de un sistema de opresión del que no todos pueden salir a flote. Charlot y la chica lo hacen, tanto a través del quehacer artístico como por un motivador forjado en valores y su voluntad por mantener su humanidad intacta, ya sea alegrándose por los pequeños detalles, sacando lo mejor de la peor situación posible o peleando por lo que es correcto, manteniéndose unidos porque se preocupan por el otro, no a costa del otro. La unión con sus similares exigiendo derechos a aquellos que se los han coartado.

La temática trata de un hombre sobreviviendo a los cambios, específicamente a los cambios de la modernización y la industrialización. La historia  no sólo aborda el cómo la mecanización se hace presente en la vida diaria de las sociedades, unas simples escaleras eléctricas por ejemplo, sino que profundiza, con ojo crítico y a favor de que este hincapié provoque en el espectador una concientización de su realidad, aspectos como el papel de la maquinaria en los procesos de producción. ¿A quién beneficia la máquina? ¿A quién perjudica? ¿Y por qué dejamos que este desplazamiento suceda incluso sabiendo sus consecuencias y cómo afectan éstas directamente al hombre, tanto de forma personal como socialmente, en su entorno y su evolución?

https://www.youtube.com/watch?v=yMZlW5CK8yE
Trailer: Tiempos Modernos
Director: Charles Chaplin
Estados Unidos, 1936
Duración: 5:06

Diana Miriam

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

The Terminator

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La ciencia ficción es un género narrativo que combina tanto imaginación como sustento científico. Es algo así como una ‘ficción científica’, o en otras palabras, mundos creados que tienen en el fondo un aval creíble, verosímil, probable conforme al desarrollo alcanzado por la ciencia y la tecnología. Puede ser, por ejemplo, realidad virtual, viajes en el tiempo, existencia de una inteligencia artificial superior o la presencia de vida extraterrestre.

La película Terminator (EUA, 1984), dirigida por James Cameron y protagonizada por Linda Hamilton, Arnold Schwarzenegger y Michael Biehn, toma varios de estos temas y los aborda de una forma que plantea preguntas relevantes para la sociedad actual, desde el cómo avanza la tecnología con relación al desarrollo social, o las implicaciones científicas, éticas y de cambio que conlleva la creación de robots construidos a semejanza física con el hombre.

La historia comienza en un escenario futurista, el año 2029, en el que la humanidad casi ha sido destruida y las máquinas han tomado la mayoría del control sobre lo que sucede en el planeta. A punto de perder la batalla contra los humanos que todavía pelean por su libertad, las máquinas envían al pasado, al año 1984, a un ciborg para asesinar a la madre del líder de la resistencia, John Connor. Para salvar a Sarah Connor los humanos envían a Kyle Reese, un hombre cuya misión es evitar que la máquina cumpla su cometido y de esta manera asegurar la continuidad histórica del proceso de enfrentamiento entre robots y hombres después de la conflagración nuclear, pues en el fondo el objetivo es asegurar que el futuro siga intacto, con los humanos a punto de ganar la guerra.

Una de las preguntas más importantes que esta línea narrativa plantea al espectador es: ¿Se puede cambiar el futuro? Aquí entran en juego distintas variantes, desde el concepto de destino hasta la comprensión de la factibilidad y variantes propias de los supuestos viajes en el tiempo.

Si son las decisiones que se toman las que forman el presente y el futuro de una persona; ¿por qué vivir un mismo momento dos veces haría a alguien cambiar de decisiones? O en todo caso, ¿es posible? La idea lógica de este imaginativo que inquieta al ser, los viajes en el tiempo, explorados a través de la literatura, el cine o la televisión, recae en el deseo de poder hacer las cosas de manera diferente, mejor, en donde entra en juego tanto la incertidumbre como el arrepentimiento, o, en el opuesto, saber qué sucederá en el futuro permite evaluar y determinar si la acción tomada, ya sabiendo sus consecuencias, se considera correcta o no, que empata igual con el temor al terreno de lo indefinido y al error. Desde luego que incluso en este supuesto, tomar una decisión distinta no necesariamente significa que el resultado será ‘mejor’ recibida (de nuestro agrado). En última instancia, es cierto que los humanos construyen su propia historia, a partir de sus decisiones, pero lo hacen en el marco de las condiciones socioeconómicas en que existen y los resultados van evolucionando con niveles de incertidumbre fluctuantes. Los viajes en el tiempo ¿lo modifican?

El concepto de la posibilidad en el cambio temporada entonces se convierte así en un mero deseo provocado por la duda; la posibilidad de una posibilidad. El tema se aborda según los intereses del que lo razona, porque un científico no ve su viabilidad de la misma forma que un matemático, un médico, un atleta o un escritor, por ejemplo. Algunos intentarán entender su sustento científico, pero la mayoría verá el concepto como una ventana hacia segundas oportunidades. ¿Qué cambiaría yo (si el viaje en el tiempo fuera una realidad)? Y también, ¿Cambiaría yo como ser humano con otras vivencias percibidas en el viaje a través del tiempo?

El escenario da paso a otras cuestiones importantes, desde el que el hombre aprende de sus experiencias y el cómo a partir de ellas el ser evoluciona, hasta la realidad práctica y simple que dice que la vida es una secuencia de decisiones. Se vive y se sigue adelante, no se vive para regresar al mismo punto de partida, como para repasar un pasado que en efecto ya ha quedado atrás. No se puede vivir en círculos, porque hacerlo implicaría un estancamiento.

Y es ahí donde entra otra variable en cuestión: el bucle temporal y las verdaderas cuestiones filosóficas que implica el concepto ‘viaje en el tiempo’. La conceptualización de esta dinámica plantea que, si alguien viaja al pasado, cuando ese momento sucedió, en su tiempo, la persona ya había estado ahí, de otra manera en su futuro no habría tenido que regresar al pasado. En este caso, para entenderlo de manera práctica, Kyle Reese viaja  del futuro a 1984 para conocer ahí a Sarah Connor, sin advertir que después se convierte en padre del hijo de ella. John entonces sólo existe porque Reese viajó al pasado. Por tanto, si en 2029 él no fuera enviado a 1984, John no nacería. Un viaje que además sólo sucede como respuesta a la acción de las máquinas de intentar eliminar a Sarah Connor, en primer lugar, porque es la madre del líder de la resistencia humana.

Técnicamente entonces, para ganar, las máquinas no tienen realmente que viajar al pasado para evitar que el líder de los humanos nazca, sólo tendrían que desechar su plan de matar a su madre, porque entonces los hombres no mandarían a Reese a perseguir al ciborg, y si éste no viaja a 1984, John Connor no nacería. Claro que la pregunta sería: ¿Pueden saber las máquinas que el líder es hijo de un hombre del futuro, o mejor dicho, de su propio presente? Esta serie de dimes y diretes, de círculos temporales, funcionan para ahondar un concepto básico, ¿el futuro se construye o es que ya está hecho?

La película además aborda otros aspectos relacionados, pero más inmersos en el tema de la tecnología, específicamente la inteligencia artificial y la creación de máquinas mitad humanas que, por lo menos en la película, se ‘rebelan’ contra sus creadores. Un debate constante en la actualidad, donde ciencia, tecnología,  desarrollo, ética y evolución, convergen en la creación de robots y las habilidades para las que son programados. En este futuro distópico, irreal y ficticio, la máquina ha superado al hombre, pero igual que con muchos otros conceptos de la historia, esta realidad sólo existe por las propias fallas del ser humano, que con sus errores hacen posible el levantamiento de las máquinas y su capacidad de autoconciencia posible. El derecho a la rebelión inherente a su propia transformación en casi humanos y su autocapacidad casi misericordiosa de proteger al humano de sí mismo, de sus debilidades.

¿Es que la máquina realmente ha superado al humano, o es que el hombre ha cometido los suficientes tropiezos como para dejar innumerables huecos en la programación de comandos, de tal forma que es posible a la inteligencia artificial encontrar la forma ‘lógica’, matemática, de resolver la problemática que se les plantea, desde un punto de vista no objetivo, sino a su favor? En este caso, al determinar que la humanidad es un peligro latente que debe ser eliminado. Y si los robots tienen consciencia además de inteligencia artificial, siendo producto de la sabiduría humana, ¿no es lógico que también tengan deseos e intereses humanos? Es la misma lógica como antaño se creaban dioses a imagen y semejanza del hombre, con sus virtudes y defectos, incluso dioses para sentimientos, placeres y vicios específicos.

Si un programa concluye que el hombre debe ser sacrificado porque su presencia se ha vuelto un riesgo, ¿lo ha categorizado realmente así la máquina o es una deducción basada en un análisis de datos programados, organizados por el propio humano? Si es la segunda y el hombre tiene la respuesta a una pregunta que tal vez se ha hecho al menos indirectamente, ¿qué es lo que hace al respecto? Y no en el ayer o en el mañana, sino en el ahora, en su presente. Se plantea entonces la pregunta ética fundamental que ha rondado al desarrollo de la ciencia por lo menos desde la mitad del siglo pasado: ¿Debe el humano jugar a ser Dios? ¿Está el desarrollo científico generando las condiciones para la extinción de la especie humana?

En la narrativa las máquinas ganaron poder gracias a que estaban conectadas a todo sistema operativo, automatizándose incluso los sistemas de defensa y armamento. Controlado un sistema que lo ve y vigila todo, que tiene acceso a la información de millones de personas y que, además, está encargado de la gestión de toda actividad (un ejemplo práctico actual serían las computadoras personales, las casas inteligentes y las redes sociales que monopolizan la información), hablamos de que no es la máquina la que decide el rumbo del futuro, es el hombre quien delega en la máquina el poder de acción de una decisión que toma, mediante programación algorítmica, pero de la que no se hace responsable.

No se trata entonces de una realidad en la que las computadoras y la inteligencia artificial tomen decisiones, sino, más bien, reflexionando sobre el mundo actual, se trata de la importancia de la creación de barreras  y límites para evitar que el hombre siga pensando que con dar directrices a un programa es suficiente como para dejarlo sin supervisión. Es decir, las maquinas obedecen a programación diseñada por el humano y no tienen, ni pueden tener consciencia. ¿Es que realmente después de encender una lavadora o una secadora, ésta nunca ha cometido un error durante su ciclo de trabajo? ¿Nunca falla? La respuesta es que la programación puede tener errores, o que las piezas y los programas utilizados se desgastan, se deterioran, se nulifican, ocasionando, eventualmente, alteraciones en su funcionamiento. El ser humano lo sabe y por eso recurre a la obsolescencia programada. Lo mismo puede suceder con las demás máquinas, con las ensambladoras de partes automotrices y hasta los asistentes inteligentes. ¿Por qué sería diferente con un robot, con un ciborg o un programa de inteligencia artificial?

El viaje en el tiempo no es una realidad posible, sino deseada; así mismo la creación de máquinas inteligentes y la esperanza de que su semejanza con el hombre permita entender tanto el origen como la trascendencia del ser no es algo que corresponda a una realidad futura, sino una preocupación presente que ocupa a miles de científicos e intelectuales de distintas disciplinas. Más que preguntarse entonces qué sucedería si tal o cual cosa pasara, o si fuera cambiada, las personas deben cuestionarse sobre qué está sucediendo hoy, cuál es el posible uso de la tecnología de vanguardia, cómo se instrumenta el manejo de la información personal con fines de vigilancia, control o de lucro, incluso, cómo funciona el panóptico digital para disminuir la capacidad de pensamiento y crítica en la mayoría de la población mundial.  La ciencia ficción es un medio que permite criticar y analizar estas reflexiones, pero para aterrizarlas es vital diseccionar todos sus planteamientos, un siguiente paso que todas las personas deberían estar dispuestas a tomar, respondiéndose siempre la pregunta ¿dónde está la ciencia y dónde está la ficción?

The Terminator

Dir. James Cameron

Estados Unidos, 1984

Trailer  1:58

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.