27 junio, 2026

Reseñas

Deux jours, une nuit

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Un empleo es una ocupación o un oficio; significa desarrollo profesional pero también personal, donde convergen habilidad, intereses, preparación y progreso, de una persona en su propia vida, de una sociedad en su evolución, o de un grupo de personas que conforman una comunidad, construyendo el mundo en el que viven e interconectadas entre sí.

Así lo descubre Sandra, el personaje principal de Dos días, una noche (Bélgica, 2014), película escrita y dirigida por Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, y protagonizada por Marion Cotillard (nominada al premio Oscar por su interpretación en esta película) y Fabrizio Rongione. La historia sigue a una mujer lidiando con la competitividad laboral y la forma como ello afecta su vida personal, familiar y profesional; obstáculos acrecentados por la decepción que siente de sí misma producto de una reciente depresión.

La condición de su salud la llevó a ausentarse de su trabajo y su jefe cubrió sus turnos pagando un bono monetario de mil euros al resto de su personal. Ahora ella quiere regresar a la fábrica como se había pactado,  pero su jefe ha pedido a los demás empleados votar en su contra y continuar en su lugar con esta dinámica de los turnos extra (lo que implica también dinero extra para ellos, que los cubren). Sandra tendrá un fin de semana para convencer a sus compañeros de votar a su favor, pero cada uno, en sus decisiones, debe responder a sus propios intereses, necesidades y expectativas, por lo que la solidaridad y compasión a favor de su compañera no siempre son prioridad.

La misión de esta mujer no es convencer al otro de hacer algo que no quiere, sino razonar con él. La prueba se convierte entonces en un viaje personal, una mujer superando las inseguridades propias que caracterizan a la ansiedad y la depresión, pero también ejemplo de la búsqueda por la justicia e igualdad en un escenario laboral donde estos conceptos son lo último por lo que se pelea (porque la propia dinámica promueve indiferencia e individualismo, que refuerza la competencia).

La lucha de Sandra y por lo que tiene que pasar son un ejemplo de cómo los dueños de los medios de producción indirectamente la enfrentan con su propio medio de trabajo, una realidad disfuncional creada por un sistema de organización económico, político y social que la deja desprotegida a ella y a toda la sociedad, e incluso a la empresa para la que trabaja, quienes se excusan con no poder mantenerla en la nómina dado que la oferta y la demanda del mercado los tiene a la baja y en números rojos (y por tanto les es más redituable pagar jornadas extras a sus empleados que optar por volver a añadirla a sus filas).

Sandra, como sus compañeros expresan que necesitan el dinero para poder pagar las cuentas básicas de sustento; si bien algunos aclaran que el dinero extra les permite una mejor vida, más cómoda, otros, con su historia personal, ejemplifican cómo el trabajo es una necesidad social para poder salir adelante en la realidad actual del mundo en el que viven. El dinero es, para fines prácticos, un medio de subsistencia convertido en, más que un lujo, un requisito primordial para vivir.

La película refleja una situación común que vive la clase obrera del sistema capitalista actual: la inseguridad laboral y su resultante, la búsqueda casi desesperada por oportunidades para poder subsistir. “No voté contra ti, voté por el bono”, le dice uno de sus compañeros a Sandra, mientras otros explican las razones por las cuales no pueden votar de manera solidaria con ella, como aquel que la apoya pero teme hacer público su sentir por miedo a que su jefe se entere de esta muestra de compañerismo, pues de ganar ella, sería él probablemente a quien despedirían, por ser el último en haberse integrado al equipo y quien aún firma contrato por periodos específicos de trabajo, a diferencia de sus compañeros en nómina.

“Si ganas los votos a tu favor, para mí será una desgracia, porque necesito el dinero, sin embargo espero que lo consigas”, se disculpa otro de los compañeros a quien Sandra visita durante estos dos días. Cada una de estas personas tiene sus razones para elegir votar o no por el bono (y en efecto lo que hace su jefe es empujarlos a considerar inclinarse por el dinero, no tanto a ir en contra del prójimo, aunque una y otra cosa estén relacionadas); motivos respetables y entendibles de acuerdo con su propia realidad, responsabilidades y obligaciones que tienen como padres, madres, compañeros, amigos, hijos o colegas, y según la realidad que viven en su ambiente y contexto.

Aunque Sandra no quiere que los otros sientan lástima por ella ni que voten a su favor por compasión, también reciente la forma en que algunos actúan, a veces con desprecio o indiferencia, como la mujer que en el trabajo solía ser su amiga y ahora, el día que Sandra llega a pedirle ayuda respecto al voto, se niega a recibirla, evitando así una confrontación que evidencia que, más importante que un acto solidario con la que fuera su amiga, está el procurar sus propias necesidades o conveniencias, es decir, el dinero. ¿Cómo decirle que no puede estar de su parte o cómo explicarle que hacerlo desemboca en precisamente un cargo de conciencia que pesa?

La predisposición prejuiciosa hacia Sandra, además, va más allá de perder o ganar dinero (si Sandra regresa, no habrá más bonos extras); y específicamente la película se adentra a la percepción social negativa que se tiene respecto a las enfermedades mentales como la depresión. Los comentarios ofensivos hacia ella de parte de su propio jefe fungen como un vehículo para presionar a sus trabajadores, pero al mismo tiempo terminan por menospreciarla sin fundamentos, y de paso discriminándola como mujer y marginándola por su clase social obrera. Ninguna de estas características la hacen menos, pero parece que en la ignorancia, su jefe asume que sí.

“¿Cómo me verán los otros?”, se pregunta la protagonista, en caso de ganar la votación, sabiendo que algunos la culparán de haber perdido dinero por su culpa y otros la señalarán por haberse levantado en nombre de lo correcto, lo justo y la búsqueda por oportunidades y estabilidad, desafiando así directamente al sistema. La reflexión necesaria no sólo es darse cuenta qué ganan o pierden cada uno de sus compañeros en su propio contexto y con sus decisiones, sino entender que Sandra es otra trabajadora más que como ellos también necesita un empleo, un salario y una oportunidad.

El esfuerzo de esta mujer es un llamado a la consciencia social respecto a la equidad laboral y los derechos de los trabajadores, de las mujeres y de las minorías. Para la empresa (e incluso para su jefe o sus compañeros), esta mujer representa un trabajo y un sueldo (deja de ser una persona para convertirse en un vehículo de producción), según el modelo laboral en el que tiene asignada una específica función en la sociedad; pero además, y ante todo, ella es símbolo de una vida. Cuando pelea por mantener su trabajo, pelea también por la estabilidad para procurar a su esposo y a sus hijos, y esta lucha es la misma que hacen los demás de sus compañeros y en general cualquier persona que vive en una dinámica o situación similar.

Su lucha ofrece una mirada a muchas de las dificultades laborales y personales por las que las personas atraviesan y se enfrentan día a día, en el despido laboral, por ejemplo, o en su desempeño frente a la competitividad que encuentran en su ambiente profesional, producto, en ocasiones, de un frágil sistema económico global.

Así se demuestra al final de la historia, cuando a pesar de tener ocho votos a favor y ocho en contra, su jefe le ofrece a Sandra recuperara su empleo pero sólo hasta el siguiente periodo, cuando puedan no renovar el contrato a otro de los empleados. No será un despido, será que no habrá una renovación de contrato para alguien más, se escusa su jefe. Ella se niega a aceptar, sabiendo que de hacerlo pondrá a alguien más en la misma posición que ya vivió, sin empleo y enfrentando una vida sin equilibrio financiero.

“Luchamos bien”, concluye reflexivamente ella cuando llama a su esposo para darle la noticia del resultado de la votación. Al final, no recupera su empleo ni logra la mayoría de los votos a su favor, pero crece como persona con la experiencia. El recorrido no es exitoso laboralmente hablando, pero lo es personalmente, porque encuentra confianza en sí misma, independencia y fuerza que la hacen madurar como mujer. “No llores. Aguanta”, se repite a sí misma. “Inténtalo. Te estás desanimando en vez de reaccionar”, le dice su esposo cada vez que ella está a punto de claudicar, cuando en su enojo no entiende que si bien otros podrían apoyarla, ella es la única capaz de lograr el cambio, con acciones que la ayudaran personalmente y ayudando a otros en el proceso, como aquel compañero que se sentía culpable por haber votado en su contra, sabiendo que ella fue su mentora cuando él entró a trabajar, o la mujer que decidió ponerse de su parte y esto mismo le dio la suficiente fuerza de decisión para también dejar a su esposo y separarse del trato controlador que vivía con su pareja.

Al momento, Sandra pensaba que destruía vidas y creaba conflictos con su presencia, pero finalmente entiende que la vida es crecimiento, lucha y decisiones que acepta para sí misma en un periodo de dos días y una noche, superando en el proceso un reto personal al entender la forma como la prueba puede beneficiarle, no perjudicarle. Su historia habla de cómo las personas reaccionan ante una situación laboral que está prácticamente fuera de sus manos, pero en la que los involucrados responden según las decisiones propias en relación a su vida, no la de otros; así, la película demuestra cómo una voz que se hace escuchar es tan importante, porque lo significativo, como hace Sandra, es pelear por sus derechos, no dejar que los demás pasen sobre ellos.

Deux jours, une nuit

Directors: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

Francia, 2014

Diana AlcántaraDiana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

MEMORIA : Orson Welles “Al otro lado del viento”

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

En 1985 cuando el maestro murió en Los Ángeles, California, con él se anidaban en el misterio diversas producciones que aguardaban una conclusión indefinida. Es entonces que la realización de “Al otro lado del viento”, se convirtió en todo un suceso, desde su inicio a principios de la década de los años setenta, hasta su conclusión final, o al menos así considerada por los allegados al proyecto, cuatro décadas después. “Al otro lado del viento” fue estrenada el pasado otoño, con reacciones en su mayoría positivas, un festín visual que intercala el asombro, la nostalgia, la sensualidad y el atrevimiento de un director en su testamento fílmico.

 

Uno de los mejores directores de la historia, para muchos el mejor, estrenada a más de treinta años de su muerte, su obra póstuma, al menos, la última cinta que filmó y la más reciente en ser concluida y restaurada desde sus negativos. El estreno ha generado en la previa gran expectación, y las escuelas de cine del mundo entero dispusieron atestiguar el auténtico acontecimiento que significa contemplar una película vestida por el anhelo, la ilusión y la magia del cine que presenta esas realidades alternas que no sabemos si son realidad o fantasía.

 

Dos historias, dos planos narrativos, dos intenciones, dos secuencias paralelas, dos destinos, dos resoluciones vertidas en la dualidad del otro lado del viento, ¿es posible que el viento tenga dos lados? O será que acaso el viento separa el espacio en dos dimensiones distintas, Orson Welles enhebra su última película con una extraordinaria yuxtaposición de imágenes que narran el último día en la vida de un director del cine que ante la muerte, presenta la inminente relación de su obra y personajes. Por una parte observamos la jornada del director que agónico atestigua el estreno de su cinta, un aspirante a director que le confiere la admiración y el espejo a reflejo de su arte, y una trama que en pantalla muestra la seducción de una pareja que se vierte con la sensualidad, el deseo y la humedad de cuerpos sugerentes y escenas cargadas de erotismo y vacuidad.

 

Protagonizada por el legendario John Huston, y por la entonces sensación cinematográfica Peter Bogdanovich, “El otro lado del viento” muestra en su personaje central femenino, a la escultural Oja Kodar, quien además de modelo y actriz, guardaba una estrecha relación con el director. Huston, consagrado director asume su papel con total sobriedad, lo vive, es parte de su historia, Bogdanovich de igual forma, encarna a la perfección, al crítico ensayista que logra tras el lente consolidarse como director, mientras Kodar ofrece una fuerza de impactante energía sexual que rebasa el tenor tradicional de las cintas de Welles.

 

Una suerte de redención cinematográfica, prosigue con giros visuales y vaivenes estéticos que no dan respiro al espectador, y que, sin agotarlo, aún le permiten experimentar la contemplación como acuse artístico del director. El resultado es una interesante propuesta cinematográfica que conjuga escenas capturadas, ideas y proyectadas por su autor durante cinco años de filmación y otros más en el proceso de edición y re-edición, que no concluyeron con su muerte sino ahondaron el trabajo de quienes participaron como el propio Bogdanovich o Kodar, así como de Beatrice Welles, hija del director, quienes aún entre la bruma del conflicto y el recelo familiar y profesional, dieron a bien la conclusión de esta cinta peculiar.

 

El viento como significado, la dualidad como integrador de su fugacidad, y el legado como un vínculo entre artista y su obra, pareciera ser un testamento fílmico de auto referencia o identificación, que brindan una posible autoafirmación del director sobre su propia personalidad afable en lo social y reticente, obsesiva y perfeccionista tras la lente y al frente de las cámaras que consolidaron su arte y su legado. “Al otro lado del viento” se presenta como una promesa, aquella que se anida en vincular dos intenciones, dos realidades, dos encuentros.

 

Cuatro décadas de preparación, y más de 30 años de hiato, convirtieron “Al otro lado del viento” en un clásico instantáneo, una película testamento que no la última que podríamos ver del cineasta que dejó tantos proyectos abiertos como puntos suspensivos, una invitación constante como legado de uno de los más grandes cineastas de la historia.

 

Al Otro lado del Viento

Dir. Orson Wells

Estados Unidos, 2018

 

 

Iván Uriel

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

 

I,Origins

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

En una entrevista de 2012 con la revista Wired, Brit Marling platicaba sobre los conceptos de fe y ciencia que se abordan en la película Sound of my Voice, que co-escrbió y co-protagonizó, y cuya trama trata de dos cineastas que investigan un culto que venera a una mujer que dice venir del futuro. Entonces Marling dijo: “Lo extraño de la ciencia ficción es que lo que consideramos ciencia siempre está siendo revisado. La ciencia es nuestra mejor estimación de lo que está sucediendo en este momento, pero no hay duda de que la percepción humana es bastante limitada. Muchas cosas que comenzaron como ciencia ficción ahora son ciencia. Ideas salvajes de escritores de ficción de los años 70 sobre lo que la tecnología podría hacer, que ahora existe. Entonces, ¿es posible viajar en el tiempo? Tal vez. Me gusta pensar que podría ser. Ciertamente fue un ejercicio divertido para nosotros soñar despiertos acerca de cómo sería si realmente hubiera un viajero en el tiempo en el sentido práctico, cosas como el ‘jet lag’ (descompensación horaria) de viajes en el tiempo”.

 

La ciencia no es sólo un imaginativo de suposiciones basadas en fundamentos científicos, sino que la propia ciencia se atreve a experimentar precisamente porque esos imaginarios existen en primer lugar. La yuxtaposición espiritualidad-conocimiento vuelve a tomar centro en otro de los proyectos co-protagonizados de Marling, la película I,Origins (EUA, 2014), escrita y dirigida por Mike Cahill y que cuenta también con las actuaciones de Michael Pitt, Àstrid Bergès-Frisbey, Steven Yeun y Archie Panjabi.

 

La historia relata los trabajos de un biólogo molecular, Ian Gray, quien junto a una estudiante de su laboratorio, Karen, realiza investigaciones para demostrar científicamente el proceso de evolución del ojo, desacreditando así toda noción religiosa o supersticiosa de la creación del universo, los seres vivos y el hombre en sí. Ian entonces conoce a Sofi, una joven con un patrón de ojos muy peculiar y quien profesa una filosofía de vida sustentada en la espiritualidad. Una vez que Karen e Ian demuestran su teoría, Sofi muere. Años más tarde los científicos se topan con que existen estudios basados en el escaneo del iris para crear una base de datos que ayude a intentan determinar si existe alguna relación, física, genética o psíquica, entre dos personas con el mismo patrón de ojos, una nacida tras la muerte del otro.

 

Cuando el sistema arroja que existen unos ojos idénticos a los de Sofi, Karen e Ian se deciden investigar para profundizar en la teoría, poniendo el debate sobre la mesa: ¿es la reencarnación algo posible?

 

La pregunta más importante relacionado con esto y que la película expone hacia su recta final, llega cuando alguien cuestiona a Ian, escéptico de cualquier creencia no sustentada en hechos comprobables, respecto al motivo por el que las personas creen en algo y lo aceptan, muchas veces, solamente una vez que puede ser comprobado. ¿Qué harías si algo científico refutara tus creencias religiosas? ¿Qué harías si algo espiritual refutara tus creencias científicas?

Las preguntas ponen a Ian en un predicamento, porque para él, los hechos son argumentos que aclaran dudas, desenmascaran verdades escondidas y responden preguntas. Sin embargo, en este caso, no sólo se acerca al tema como científico, sino también como un humano sensible a las emociones. Y entonces debe preguntarse si es que ‘quiere creer’ que Sofi pueda vivir, o haber reencarnado, en esta niña que encuentran en India y que tiene la misma edad que los años que han pasado desde la muerte de Sofi.

 

Los ojos, le cuenta su novia repetidamente mientras estaban juntos, son aceptados por muchas culturas como ‘la ventana del alma’, porque son únicos, porque expresan ideas, emociones, pensamientos y sentimientos. Si bien la frase en más poética que científica, esto tiene, no obstante, una explicación que Karen e Ian exponen: no existen en el mundo dos patrones de ojos idénticos, como no existen dos personas físicamente iguale ni tampoco huellas dactilares gemelas. La imposibilidad de que haya dos ojos espejo puede significar, uno, un error en el sistema, o dos, la prueba de que en efecto lo que parecía imposible resulte no serlo después de todo. La importante realmente entonces es: ¿la gente está predispuesta a creer en la segunda opción para ratificar, de alguna forma, aquellas creencias espirituales a las que se aferra?

 

En más de una ocasión la película plantea cómo el debate religión y ciencia puede chocar o coincidir repetidamente. Suposiciones frente a hechos que no se contradicen si sirven para un mismo propósito, que puede ser tanto encontrar la verdad como encontrar la verdad que sirva a cada persona, no a conveniencia, sino para su desarrollo y bienestar. Sofi no hiere a nadie creyendo en un mundo conectado, donde las cosas existen porque tienen que existir y los rezos son formas como las personas lidian con sus problemas. Cuando ella descubre que Karen e Ian experimentan para ‘dar’ ojos a unos gusanos que no los tienen, ella le pregunta a él si no consideró que el animal fue creado así por una razón, y se puede hablar de propósito y función como se puede hablar de evolución y adaptación. Ningún razonamiento es incorrecto, Sofi lo entiende como una armonía de la naturaleza, mientras que Karen e Ian quieren entender el mundo desde una base del conocimiento y comprobar que los ojos son otra prueba de la evolución, refutando en el proceso muchas creencias religiosas de que fueron ‘creados’ por una divinidad.

 

“Buscar y no encontrar también es progreso”, dice Karen en un punto de la historia y es que todo camino que lleva a un descubrimiento está plagado de conjeturas que sólo se aterrizan una vez que se investigan. Llegar hasta esa meta implica tropiezos, porque sólo así se abrirá el camino y desecharán conceptos equivocados. Aseveraciones sólo alcanzadas una vez que son comprobadas, porque la ciencia es exacta. Qué es un hecho o una prueba sino verdades comprobadas. ¿Por qué es tan importante comprobar algo? ¿La gente realmente sólo cree en aquello que ha sido constatado después de una exhaustiva examinación?

 

I, Origins | Dir. Mike Cahill | Estados Unidos, 2014

 

Ian hace una serie de preguntas a Salomina, la niña con los ojos idénticos a Sofi, pidiéndole identificar la imagen que más le atraiga entre tres diferentes opciones, una de ellas que está relacionada de alguna manera con aspectos de la vida de la chica, quién era, en lo que creía o los lugares y personas que frecuentaba. La información que Karen e Ian obtienen no está sustentada ni en datos o estadísticas, pues son preguntas de contenido con respuestas de una niña ante preguntas subjetivas. El porcentaje final no sostiene la tesis, pero más allá, los científicos y el espectador deben considerar los elementos o variables que entran en juego y que son capaces de modificar la prueba, específicamente que Ian, que encuentra a la niña recién huérfana en la calle, la lleva a su hotel y le da de comer su alimento favorito.

 

Esto influye inevitablemente en las respuestas de la pequeña. ¿Responde lo que piensa y siente o responde lo que cree que Ian quiere escuchar, en un intento por complacerlo sabiendo que ha sido amable con ella? Y al final, lo más interesante es que el científico, a pesar que el porcentaje de la prueba ‘demuestra’ que sus conjeturas no son comprobables, y por tanto esa idea que se habían hecho de la posibilidad de reencarnación no es justificable, parece querer creer a pesar de todo, en especial una vez que la niña comienza a llorar antes de subirse a un elevador, que es donde Sofi murió.

 

El científico dentro de Ian sabe que no es posible que haya una relación entre Sofi y Salomina, y que de alguna forma el porcentaje obtenido de la encuesta que le acaba de hacer lo demuestra, sin embargo, sus emociones y sentimientos le hacen querer creer, o aceptar la posibilidad de que pueda ser verdad. Tal vez para sentirse mejor, tal vez para abrir su mente hacia algo que tampoco ha sido comprobado como imposible.

 

También es importante darse cuenta que un estudio de este tipo se necesitan más sustentos que lo validen, específicamente de manera científica; observación y análisis, no sólo observación. Las respuestas correctas o incorrectas de la niña pueden deberse a muchos factores, pero además, ¿bajo qué parámetros se realizan las preguntas y sus opciones de respuesta? ¿Cómo es que dos ojos idénticos, o suficientemente similares, pueden comprobar que dos mentes estén conectadas? El análisis del iris puede relacionar dos patrones de ojos que parecen iguales pero esto no es prueba de que dos mentes sean también la misma, o que los recuerdos de una persona terminen en otra, porque ¿cómo podrían viajar los recuerdos de alguien a otra persona a través de los ojos? Sólo intentar responderlo implica ‘creer’ en conceptos como el alma o la esencia del ser, ideas estrictamente más espirituales que científicas.

 

Coincidencias o análisis, suerte o decisión; las personas se apoyan en ellos según lo necesitan. Más que contraponer creencias, hay que entender que el choque de opiniones o el idealismo no son limitantes o debilidades, sino puertas hacia la superación. Es decir, analizar, probar, comprobar y debatir es parte de la ciencia, si bien el cuestionamiento también debería ser parte de cualquier creencia apegada la espiritualidad o el misticismo, y no porque puedan convertirse en ciencia, al contrario, porque más importante que aferrase a algo es atreverse a discutirlo y debatirlo, contradecirlo para entonces comenzar a buscar nuevas respuestas.

 

I, Origins

Dir. Mike Cahill

Estados Unidos, 2014

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

Tiempos Modernos

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Si bien la crítica puede definirse como un comentario negativo, la ‘crítica social’ en realidad es un concepto que se refiere a un juicio de análisis, un comentario que señala aquello en lo que la comunidad puede trabajar para mejorar en su desarrollo social.

Se trata de recalcar o enfatizar, pero no descalificando sino haciendo notar los puntos en los que el hombre flaquea, como comunidad, para invitarle a cambiar fallas, erradicarlas, evitar que sigan creciendo o se conviertan en un obstáculo para el crecimiento evolutivo.

Tiempos Modernos (EUA, 1936) es una película de comedia y crítica social. Escrita, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin, con Paulette Goddard coprotagonizando en pantalla. La historia sigue la vida de Charlot, el personaje más famoso de Chaplin, adaptándose a un mundo en constante cambio que pasa en esos momentos por la industrialización y la mecanización de los sistemas, provocando, en consecuencia, desempleo, pobreza y explotación, como una reacción en cadena que proviene de un modelo capitalista que da oportunidades a algunos y promueve la acumulación de la riqueza entre los sectores de población dueños de los medios de producción en detrimento del nivel de vida la mayoría.

La película, que inicia con el protagonista trabajando en una fábrica, haciendo ahí una única tarea, atorar tuercas, representa con ello, de forma exagerada y cómica, la mecanización del trabajo y, en consecuencia, la mecanización también del hombre. Las fábricas, como la de la historia, que se centran en la producción en cadena, crean una dinámica tan automatizada que terminan preocupándose más por la producción de mercancías que por el hombre mismo, que es quien la hace posible, el que la consume a fin de cuentas, llámese un auto, un refrigerador o una lata de refresco, por mencionar ejemplos.

Cuando Charlot se convierte en sujeto de prueba para demostrar la utilidad de una máquina que pretende usarse para suprimir la hora del almuerzo, para que el trabajador siga con su labor mientras come (un invento presentado al dueño con la promesa de que su uso lo pondrá por encima de sus competidores, porque mientras más trabajen sus empleados y menos descansen, más se produce en la fábrica), la historia realiza una demostración de cómo la principal preocupación del sistema es la productividad, no las condiciones que hacen posible esa productividad, tanto con la gradual mecanización de los sistemas como, incluso, en la explotación del trabajador, a quien, en este escenario, se le priva de sus derechos, su dignidad y su humanidad. Proceso de funcionamiento en que descansa el conjunto del sistema capitalista basado en la propiedad privada.

El panorama que se presenta también permite abordar temas como la forma en que esta dinámica causa una alienación que lleva al hombre a perder su propia identidad, individualidad y cordura. Chaplin no sólo se ríe de la mecanización y de la producción en serie, con un Charlot que sigue apretando tuercas incluso fuera de la fábrica, porque su cuerpo y su mente ya se han sometido a una rutina mecánica que le impide razonar, sino que recalca cómo ese único proceso al que el hombre es reducido en su trabajo termina por afectar su desarrollo físico y mental.  El hombre deja de pensar porque su trabajo lo empuja a ello, ocasionando un desgaste en su esencia de ser humano, porque su trabajo rige su vida, su pensamiento y sus acciones, lo que puede hacer y lo que no puede hacer; con la presencia de la máquina para el almuerzo se pretende incluso determinar cuándo y cómo una persona puede comer, como propone la historia. En suma, se quiere expropiar al trabajador de todo tiempo para sí, convirtiéndolo en un apéndice de las máquinas.

El eco que produce la depresión económica y la revolución industrial, panorama social en el que se ambienta el relato, también se hace evidente conforme avanza la historia. Desempleo, protestas que exigen libertad y derechos para las minorías, bajos salarios e injusticia social son sólo algunos de los puntos que se tocan. El personaje principal, por ejemplo, no sólo termina con un trauma que lo lleva al hospital, producto en gran medida del estrés de su ambiente laboral, que deriva de la repetición mecánica de las acciones y del trato inhumano, arbitrario y controlador como los dueños de la fábrica tratan al personal, considerándolos semejantes a máquinas, sino que, tras su estancia en el hospital, Charlot termina también sin empleo.

Es entonces cuando el joven conoce a una chica que vive en la pobreza, de quien se enamora por su espíritu de lucha, su bondad y su cordialidad. Esto sucede después de que, por cierto, Charlot acaba de salir de la cárcel, lugar al que inicialmente el protagonista prefiere regresar, razonando que por lo menos ahí tiene asegurada alimentación diaria y un lugar dónde dormir, algo que, afuera, en un mundo agobiado por las condiciones de pobreza extrema, no podrá encontrar.

Charlot y la chica intentan lo posible por subsistir y la película plantea, en varias ocasiones, que las personas en la misma posición socioeconómica que ellos infringen la ley como única vía para la subsistencia. No se justifica, pero, la historia al menos plantea que su crimen no es provocado por la maldad de pensamiento o una intención de perjudicar al otro, sino porque se convierten en víctimas de una sociedad que, a favor del capital, ha reemplazado al hombre con la máquina y ha dejado al ciudadano promedio, de la clase media y media baja, desprovisto de oportunidades para sobrevivir, esto además sin darles a las personas por lo menos las facilidades para cubrir sus necesidades básicas; los ciudadanos hacen filas para poder conseguir trabajo en la fábrica y la gente se vuelca para poder ganarse una de las comidas gratuitas que se ofrecen, pero en ningún caso la oferta es suficiente a la demanda.

La chica que conoce Charlot roba fruta para dar a sus hermanas un poco de alimento y luego roba un pan cuando no tiene nada de qué alimentarse. No se trata de una persona que vague en busca del oportunismo y la vida criminal, sino de una mujer a quien su gobierno no provee las oportunidades para su desarrollo o crecimiento; ni trabajo, salud, educación, alimentación o vivienda. Ni el Estado ni los dueños de los sistemas de producción tienen un espacio que ofrecerle o una oportunidad para permitirle acoplarse a la dinámica del sistema moderno. Ella, Charlot, el resto de los desempleados, ¿qué pueden hacer si la organización social, política y económica en la que viven no previó qué sucedería con todas aquellas personas a las que la maquinaria reemplaza? ¿Dónde pueden trabajar si hay más personas en edad productiva en el mundo, que espacios de trabajo disponibles? Si el sistema los ‘desecha’ cuando no les ubica como materia de productividad, ¿qué pueden esperar de su futuro, cómo pueden mejorar, suponiendo que tienen aún algo qué ofrecer?

La comedia en este caso es el mejor vehículo de crítica porque se alimenta de la exageración, pero construida a partir de una realidad evidente. Lo interesante es observar cómo el relato logra reírse, no burlarse, de estas situaciones. Se trata de un reclamo sutil en medio de la adaptación como la historia aborda estos escenarios; hombres convertidos en ovejas, analogía literal que hace el filme y el momento en que es importante levantar la voz, reclamar y cambiar, como sucede en la historia.

Cuando Charlot dice que prefiere la cárcel, o que prefiere ayudar, o que comprende que los hombres que han entrado al centro comercial donde trabaja cono vigilante nocturno no son ladrones que están ahí para llevarse comida por el simple hecho de aprovecharse del otro, o de vengarse del que tiene oportunidades diferentes a ellos, sino porque ellos mismos sufren hambre, producto del desempleo y la pobreza que esto ha traído consigo, la historia hace énfasis en dos puntos clave: uno, que la actitud positiva y solidaria de una persona no puede malearse por los infortunios de la vida, porque los valores son eje que hacen al hombre un ser sensible, compasivo, luchador, respetuoso, ético, empático, en corto, ‘humano’. Y dos, que las clases sociales más bajas son las primeras y las que más sufren cuando el sistema de organización comienza a marcar tan diferenciadamente los límites de la división entre el dueño de los medios de producción y los trabajadores que hacen posible que esa persona pueda poner su fábrica, su medio de producción, en marcha.

“Tiempos modernos es una historia sobre la industria, sobre la iniciativa de la humanidad, la cruzada en busca de la felicidad”, señala la película. En efecto, la historia demuestra, de una forma cómica, catártica y crítica la realidad de un sistema más orientado en la rápida producción mercantil que en el hombre, más en la ganancia económica que en la forma como se hace que esto sea posible, que muchas veces implica (y lo hace) la explotación del trabajador. Una enajenación que minimiza la importancia del humano, haciéndolo insignificante en un mundo lleno de máquinas en donde el ser es consumido por ellas, muchas veces literalmente, por lo menos en la película, escenas cuya función metafórica dicen al espectador que esta dinámica terminará por hacer al sujeto presa de su propio invento, un humano consumido por un aparato mecánico más grande que él, realidad que desemboca en, o por lo menos así sucede a Charlot, volverlo loco. Forma metafórica de decir que la enajenación ideológica es una forma de trastorno mental, es decir, la salud usada como pretexto para encubrir los efectos de la explotación laboral en la fábrica.

Se trata, en pocas palabras, de un sistema de opresión del que no todos pueden salir a flote. Charlot y la chica lo hacen, tanto a través del quehacer artístico como por un motivador forjado en valores y su voluntad por mantener su humanidad intacta, ya sea alegrándose por los pequeños detalles, sacando lo mejor de la peor situación posible o peleando por lo que es correcto, manteniéndose unidos porque se preocupan por el otro, no a costa del otro. La unión con sus similares exigiendo derechos a aquellos que se los han coartado.

La temática trata de un hombre sobreviviendo a los cambios, específicamente a los cambios de la modernización y la industrialización. La historia  no sólo aborda el cómo la mecanización se hace presente en la vida diaria de las sociedades, unas simples escaleras eléctricas por ejemplo, sino que profundiza, con ojo crítico y a favor de que este hincapié provoque en el espectador una concientización de su realidad, aspectos como el papel de la maquinaria en los procesos de producción. ¿A quién beneficia la máquina? ¿A quién perjudica? ¿Y por qué dejamos que este desplazamiento suceda incluso sabiendo sus consecuencias y cómo afectan éstas directamente al hombre, tanto de forma personal como socialmente, en su entorno y su evolución?

https://www.youtube.com/watch?v=yMZlW5CK8yE
Trailer: Tiempos Modernos
Director: Charles Chaplin
Estados Unidos, 1936
Duración: 5:06

Diana Miriam

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

The Terminator

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La ciencia ficción es un género narrativo que combina tanto imaginación como sustento científico. Es algo así como una ‘ficción científica’, o en otras palabras, mundos creados que tienen en el fondo un aval creíble, verosímil, probable conforme al desarrollo alcanzado por la ciencia y la tecnología. Puede ser, por ejemplo, realidad virtual, viajes en el tiempo, existencia de una inteligencia artificial superior o la presencia de vida extraterrestre.

La película Terminator (EUA, 1984), dirigida por James Cameron y protagonizada por Linda Hamilton, Arnold Schwarzenegger y Michael Biehn, toma varios de estos temas y los aborda de una forma que plantea preguntas relevantes para la sociedad actual, desde el cómo avanza la tecnología con relación al desarrollo social, o las implicaciones científicas, éticas y de cambio que conlleva la creación de robots construidos a semejanza física con el hombre.

La historia comienza en un escenario futurista, el año 2029, en el que la humanidad casi ha sido destruida y las máquinas han tomado la mayoría del control sobre lo que sucede en el planeta. A punto de perder la batalla contra los humanos que todavía pelean por su libertad, las máquinas envían al pasado, al año 1984, a un ciborg para asesinar a la madre del líder de la resistencia, John Connor. Para salvar a Sarah Connor los humanos envían a Kyle Reese, un hombre cuya misión es evitar que la máquina cumpla su cometido y de esta manera asegurar la continuidad histórica del proceso de enfrentamiento entre robots y hombres después de la conflagración nuclear, pues en el fondo el objetivo es asegurar que el futuro siga intacto, con los humanos a punto de ganar la guerra.

Una de las preguntas más importantes que esta línea narrativa plantea al espectador es: ¿Se puede cambiar el futuro? Aquí entran en juego distintas variantes, desde el concepto de destino hasta la comprensión de la factibilidad y variantes propias de los supuestos viajes en el tiempo.

Si son las decisiones que se toman las que forman el presente y el futuro de una persona; ¿por qué vivir un mismo momento dos veces haría a alguien cambiar de decisiones? O en todo caso, ¿es posible? La idea lógica de este imaginativo que inquieta al ser, los viajes en el tiempo, explorados a través de la literatura, el cine o la televisión, recae en el deseo de poder hacer las cosas de manera diferente, mejor, en donde entra en juego tanto la incertidumbre como el arrepentimiento, o, en el opuesto, saber qué sucederá en el futuro permite evaluar y determinar si la acción tomada, ya sabiendo sus consecuencias, se considera correcta o no, que empata igual con el temor al terreno de lo indefinido y al error. Desde luego que incluso en este supuesto, tomar una decisión distinta no necesariamente significa que el resultado será ‘mejor’ recibida (de nuestro agrado). En última instancia, es cierto que los humanos construyen su propia historia, a partir de sus decisiones, pero lo hacen en el marco de las condiciones socioeconómicas en que existen y los resultados van evolucionando con niveles de incertidumbre fluctuantes. Los viajes en el tiempo ¿lo modifican?

El concepto de la posibilidad en el cambio temporada entonces se convierte así en un mero deseo provocado por la duda; la posibilidad de una posibilidad. El tema se aborda según los intereses del que lo razona, porque un científico no ve su viabilidad de la misma forma que un matemático, un médico, un atleta o un escritor, por ejemplo. Algunos intentarán entender su sustento científico, pero la mayoría verá el concepto como una ventana hacia segundas oportunidades. ¿Qué cambiaría yo (si el viaje en el tiempo fuera una realidad)? Y también, ¿Cambiaría yo como ser humano con otras vivencias percibidas en el viaje a través del tiempo?

El escenario da paso a otras cuestiones importantes, desde el que el hombre aprende de sus experiencias y el cómo a partir de ellas el ser evoluciona, hasta la realidad práctica y simple que dice que la vida es una secuencia de decisiones. Se vive y se sigue adelante, no se vive para regresar al mismo punto de partida, como para repasar un pasado que en efecto ya ha quedado atrás. No se puede vivir en círculos, porque hacerlo implicaría un estancamiento.

Y es ahí donde entra otra variable en cuestión: el bucle temporal y las verdaderas cuestiones filosóficas que implica el concepto ‘viaje en el tiempo’. La conceptualización de esta dinámica plantea que, si alguien viaja al pasado, cuando ese momento sucedió, en su tiempo, la persona ya había estado ahí, de otra manera en su futuro no habría tenido que regresar al pasado. En este caso, para entenderlo de manera práctica, Kyle Reese viaja  del futuro a 1984 para conocer ahí a Sarah Connor, sin advertir que después se convierte en padre del hijo de ella. John entonces sólo existe porque Reese viajó al pasado. Por tanto, si en 2029 él no fuera enviado a 1984, John no nacería. Un viaje que además sólo sucede como respuesta a la acción de las máquinas de intentar eliminar a Sarah Connor, en primer lugar, porque es la madre del líder de la resistencia humana.

Técnicamente entonces, para ganar, las máquinas no tienen realmente que viajar al pasado para evitar que el líder de los humanos nazca, sólo tendrían que desechar su plan de matar a su madre, porque entonces los hombres no mandarían a Reese a perseguir al ciborg, y si éste no viaja a 1984, John Connor no nacería. Claro que la pregunta sería: ¿Pueden saber las máquinas que el líder es hijo de un hombre del futuro, o mejor dicho, de su propio presente? Esta serie de dimes y diretes, de círculos temporales, funcionan para ahondar un concepto básico, ¿el futuro se construye o es que ya está hecho?

La película además aborda otros aspectos relacionados, pero más inmersos en el tema de la tecnología, específicamente la inteligencia artificial y la creación de máquinas mitad humanas que, por lo menos en la película, se ‘rebelan’ contra sus creadores. Un debate constante en la actualidad, donde ciencia, tecnología,  desarrollo, ética y evolución, convergen en la creación de robots y las habilidades para las que son programados. En este futuro distópico, irreal y ficticio, la máquina ha superado al hombre, pero igual que con muchos otros conceptos de la historia, esta realidad sólo existe por las propias fallas del ser humano, que con sus errores hacen posible el levantamiento de las máquinas y su capacidad de autoconciencia posible. El derecho a la rebelión inherente a su propia transformación en casi humanos y su autocapacidad casi misericordiosa de proteger al humano de sí mismo, de sus debilidades.

¿Es que la máquina realmente ha superado al humano, o es que el hombre ha cometido los suficientes tropiezos como para dejar innumerables huecos en la programación de comandos, de tal forma que es posible a la inteligencia artificial encontrar la forma ‘lógica’, matemática, de resolver la problemática que se les plantea, desde un punto de vista no objetivo, sino a su favor? En este caso, al determinar que la humanidad es un peligro latente que debe ser eliminado. Y si los robots tienen consciencia además de inteligencia artificial, siendo producto de la sabiduría humana, ¿no es lógico que también tengan deseos e intereses humanos? Es la misma lógica como antaño se creaban dioses a imagen y semejanza del hombre, con sus virtudes y defectos, incluso dioses para sentimientos, placeres y vicios específicos.

Si un programa concluye que el hombre debe ser sacrificado porque su presencia se ha vuelto un riesgo, ¿lo ha categorizado realmente así la máquina o es una deducción basada en un análisis de datos programados, organizados por el propio humano? Si es la segunda y el hombre tiene la respuesta a una pregunta que tal vez se ha hecho al menos indirectamente, ¿qué es lo que hace al respecto? Y no en el ayer o en el mañana, sino en el ahora, en su presente. Se plantea entonces la pregunta ética fundamental que ha rondado al desarrollo de la ciencia por lo menos desde la mitad del siglo pasado: ¿Debe el humano jugar a ser Dios? ¿Está el desarrollo científico generando las condiciones para la extinción de la especie humana?

En la narrativa las máquinas ganaron poder gracias a que estaban conectadas a todo sistema operativo, automatizándose incluso los sistemas de defensa y armamento. Controlado un sistema que lo ve y vigila todo, que tiene acceso a la información de millones de personas y que, además, está encargado de la gestión de toda actividad (un ejemplo práctico actual serían las computadoras personales, las casas inteligentes y las redes sociales que monopolizan la información), hablamos de que no es la máquina la que decide el rumbo del futuro, es el hombre quien delega en la máquina el poder de acción de una decisión que toma, mediante programación algorítmica, pero de la que no se hace responsable.

No se trata entonces de una realidad en la que las computadoras y la inteligencia artificial tomen decisiones, sino, más bien, reflexionando sobre el mundo actual, se trata de la importancia de la creación de barreras  y límites para evitar que el hombre siga pensando que con dar directrices a un programa es suficiente como para dejarlo sin supervisión. Es decir, las maquinas obedecen a programación diseñada por el humano y no tienen, ni pueden tener consciencia. ¿Es que realmente después de encender una lavadora o una secadora, ésta nunca ha cometido un error durante su ciclo de trabajo? ¿Nunca falla? La respuesta es que la programación puede tener errores, o que las piezas y los programas utilizados se desgastan, se deterioran, se nulifican, ocasionando, eventualmente, alteraciones en su funcionamiento. El ser humano lo sabe y por eso recurre a la obsolescencia programada. Lo mismo puede suceder con las demás máquinas, con las ensambladoras de partes automotrices y hasta los asistentes inteligentes. ¿Por qué sería diferente con un robot, con un ciborg o un programa de inteligencia artificial?

El viaje en el tiempo no es una realidad posible, sino deseada; así mismo la creación de máquinas inteligentes y la esperanza de que su semejanza con el hombre permita entender tanto el origen como la trascendencia del ser no es algo que corresponda a una realidad futura, sino una preocupación presente que ocupa a miles de científicos e intelectuales de distintas disciplinas. Más que preguntarse entonces qué sucedería si tal o cual cosa pasara, o si fuera cambiada, las personas deben cuestionarse sobre qué está sucediendo hoy, cuál es el posible uso de la tecnología de vanguardia, cómo se instrumenta el manejo de la información personal con fines de vigilancia, control o de lucro, incluso, cómo funciona el panóptico digital para disminuir la capacidad de pensamiento y crítica en la mayoría de la población mundial.  La ciencia ficción es un medio que permite criticar y analizar estas reflexiones, pero para aterrizarlas es vital diseccionar todos sus planteamientos, un siguiente paso que todas las personas deberían estar dispuestas a tomar, respondiéndose siempre la pregunta ¿dónde está la ciencia y dónde está la ficción?

The Terminator

Dir. James Cameron

Estados Unidos, 1984

Trailer  1:58

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

Cena para 3

Por:  @pratanacio

En vísperas de año nuevo Diego se prepara para reencontrarse en la última noche del año con  Carmen, su antiguo amor. El joven arquitecto ha estado en Madrid en los últimos años y parece haber regresado para quedarse. Lo que parece ser una cena de reencuentro será, sin saberlo, un recuento de temas pendientes en el amor, aquí y allá.

 

Cena para 3, escrita y dirigida por Juan Carlos Blanco Ramírez, supone la historia de amor entre Diego, Carmen y su novia española Valentina, que inesperadamente decide emprender la aventura de su encuentro.

 

¿Qué presupone la cena de año nuevo para  los protagonistas? La adrenalina del amor idílico, el platónico, el pasional, mueve los hilos de esta trama donde el pasado va marcando las líneas narrativas que el cineasta propone. Vemos pues tres narrativas contadas desde sus protagonistas.

 

¿Qué presuponen los preparativos de la cena de año nuevo para nosotros? ¿En quién pensamos? ¿A quién visitamos? ¿Con quién brindamos y comemos uvas? ¿Con quién decidimos compartir la vida?

 

Protagonizada por Ramón Medina (Aerosol, Fear the walking Dead, Los Miserables), interpretando a un Diego meditabundo y a veces resolutivo;  por Fabiana Perzabal (Sense 8, Bienes Raíces), una mujer que huye del pasado , y Amparo Barcia (El Tiempo Entre Costuras, Guerra de ídolos), quien da vida a Valentina, una mujer arriesgada; Cena para 3 nos  invita a la reflexión de las relaciones personales y del cómo, una noche como la noche vieja o año nuevo puede ser trascendental para tomar decisiones en nuestra vida, al menos en la de los protagonistas.

 

Un viaje, un reencuentro, un recuento, un pequeño perro llamado Dieguito que nos envuelve en ternura, son algunos de los momentos que a modo de subtexto nos dicen más de lo que los diálogos nos pueden explicar.

 

Esta cinta es producida por el Centro de Estudios Cinematográficos INDIe, A.C., en co producción con CTT Exp & Rentals, con fotografía de Daniel Blanco “Cache” AMC. Cuenta con la colaboración de la artista visual Brisa Vega y de los artistas Eric Ibarra y Juan Blanco V.

 

Cena para 3 se ha presentado en festivales de cine, y recorre México en busca de nuevos espacios para presentarse, si usted quiere conocer si exhibir esta cinta puede contactarse a atay@lanetafilms.com.

Agradezco al productor Arturo Tay el compartirme esta cinta para poder conocer y reconocer el trabajo de los artistas de INDIe.

 

Cena para 3

Dir. Juan Carlos Blanco Ramírez

México, 2015

Trailer: 01:30

Si quieres conocer más sobre el Centro de Estudios Cinematográficos INDIe, visita su página.

 

 

Foro: Perla Atanacio

Perla Atanacio | IMDb | @pratanacio México

Perla R. Atanacio Medellín es guionista y productora mexicana, desarrolla contenidos para Filmakersmovie y Filmakers Media Content. También ha colaborado en Televisa Networks, Camaleón Films, Presumiendo México y Radio Ranchito FM.  Es miembro de la Red de productoras y gestoras latinoamericanas. 

 

Misión Imposible: Repercusión, la impactante epifanía de Tom Cruise

 

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

Un despliegue de pirotecnia vuelta en secuencias de acción magistralmente dirigidas, el epítome de película de verano, y un portento cinematográfico a su género, hacen que Misión Imposible: Repercusión, brille con luz propia dentro de una saga que acumula cinco entregas previas, consolidando una franquicia que por su inigualable consistencia cualitativa, bien puede considerarse la mejor serie de acción de los últimos 25 años.

 

Misión Imposible: Repercusión | Dir. Christopher McQuarrie | E.U.A., 2018

 

Estrenada bajo el aura de consagración que parecía dibujar como tintes de insuperable, la espléndida Misión Imposible: Nación Secreta, Repercusión cuenta con diversos atributos que la convierten probablemente en la más arriesgada, audaz, ambiciosa y bien ejecutada película dentro del serial de espionaje, que, con Misión Imposible,  iniciara en el verano de 1996 el mítico Brian de Palma.

 

Las primeras cinco parte del serial ofrecieron los visos de cinco directores distintos, que enfocaron sus cualidades en pos de continuar la trama de espionaje, los gadgets sorpresivos, los cambios de identidad, las secuencias coreografiadas desde lo individual y lo colectivo, y el tema musical a inspiración de Lalo Shifrin que encumbra emotivamente a cada clímax operístico dentro de las cintas. Una fórmula que pudiera resultar en destino del tedio, se convirtió en un guión estructural que por lo contrario, representa un reto en cada una de las secuelas porvenir. Así, John Woo y su MI:2, fue mal recibida por la crítica mientras se convirtió en la cinta más taquillera a nivel mundial en el año 2000; J.J. Abrahams hizo de MI:III en 2006, su ópera prima, y a partir de ese momento también se convirtió en productor de las tres postales siguientes, el ahora director élite, ahondó en el personaje de Ethan Hunt de forma más persona, reflejando un lado más vulnerable que incluso la actual misión explora.

 

Brad Bird, galardonado con dos premios Óscar por sus cintas animadas Los Increíbles y Ratatoullie, debuta como director de actores en live motion con Misión Imposible: Protocolo Fantasma, que sin duda, en 2011 catapultó a la saga tras varios años de hiato, y de paso dejó en el imaginario, la espectacular secuencia en donde Ethan Hunt, escala el edificio más alto del mundo para entonces, esa secuencia en Dubai resulta apoteósica. Así, tras el estreno de Jack Reacher en 2012, llegó el turno para Christopher MacQuarrie de abonar su propia visión de la serie al su colaboración con el protagonista.

 

Prevaleciendo en las seis películas únicamente el personaje de Luther, interpretado por Ving Rhames, MacQuarrie continua el ensamblaje de caracteres que prosigue el humor, ahora un tanto más serio, de Simon Pegg, la indómita presencia de Rebeca Ferguson, la elegancia cómplice de Alec Baldwin, y a ellos, suma la acertada participación de Henry Cavill, y de la soberbia Vanessa Kirby, para completar el elenco que hace de Repercusión, una cinta igualmente balanceada entre las espectaculares intervenciones de dobles y actores de reparto en sendas coreografías de acción y actuaciones sólidas, en muchos casos, aunadas a la fiebre ya clásica de la saga por la realización de peligrosas escenas por parte de los propios actores. El resultado, una pieza de increíble precisión que luce por completo en pantalla IMAX.

 

Una cinta llena de maestría, en cuya estructura bien incluye obertura, arias, interludios y epitafios no concluidos, para dar cabida a una probable secuela, MacQuarrie repite sin repetirse, y presenta una versión plena de dinamismo, que vira hacia lo complejo que resulta la trama de espionaje, enredo e intriga internacional, con la solemnidad del relato. Pero si la ejemplar veracidad de la película recae en los efectos prácticos y en su conjunción tecnológica para mostrar el mayor realismo posible, en franca oposición a las ya abundantes películas de súper héroes bañadas hasta el hastío de efectos especiales CGI y pantallas verdes, el mayor efecto visual es su protagonista: Tom Cruise.

 

Misión Imposible: Repercusión | Dir. Christopher McQuarrie | E.U.A., 2018

 

Ícono, leyenda, mito, Cruise, se muestra encomiable, carismático y con el usual profesionalismo que le ha llevado a realizar sus escenas sin necesidad de dobles, y a poner en riesgo el físico hasta sufrir lesiones y detener por un periodo de tiempo el rodaje. Comparado a las veces con Jackie Chan, Cruise se diferencia por el uso de implementos, instrumentos y herramientas de trabajo, lo mismo maneja una moto que un auto, un camión que un helicóptero, escala una montaña, un edificio, aguanta la respiración bajo el agua, se cuelga de un avión o es capaz de arrojarse lo mismo en paracaídas que pilotearlo.

 

En Repercusión, Cruise ha dejado muy alto el listón cualitativo de su heredad, y en esta película especialmente relacionada al ambiente que ofrecen directores como Christopher Nolan en El Caballero de la Noche, o George Miller, Mad Max: Furia en Dos Ruedas, alcanza rasgos de epifanía cinematográfica que recuerda la variedad de rangos donde podemos disfrutarle a lo largo de sus casi cuatro décadas en la industria.

 

El mismo actor nominado a tres premios Óscar, y ganador de tres Globos de Oro, luce con total esplendor a sus 56 años, y logra lo anterior con un despliegue de energía que motiva, evoca e inspira al espectador, que recuerda a Cary Grant en Intriga Internacional de Alfred Hithcock. En Repercusión, cada textura está diseñada al compás de su cinematografía, bellamente compuesta por Rob Hardy, como exquisita resulta la composición de su banda sonora por Lorne Balfe, que trae a la memoria a Hand Zimmer, su maestro. Esa orquesta que conduce con soltura MacQuarrie, representa el espíritu de la serie televisiva – original de Bruce Geller- que irrumpirá los televisores durante la década de los años sesenta, un equipo que se integra en la derivación de un colectivo, y un liderazgo que es capaz de amalgamar y hacer converger los valores de lealtad en favor de una causa que les da origen.

 

Repercusión pone de manifiesto la vulnerabilidad de los personajes ante el discernimiento entre la profesión,  la amistad y el objetivo, que coadyuvan la tensión que hace de lo evidente lo improbable y de lo improbable lo evidente, un juego de búsqueda y encuentro que atiende al principio fundacional de la serie.  MacQuarrie aprovecha su talento como guionista, recompensado en 1995 con el premio Óscar por la magnífica Los Sospechosos Comunes, para dar cuerpo al engranaje y el bien común en vilo para afrontar la prueba, es ahí donde todo adquiere sentido y brinda incluso, un dejo humanidad a la historia, ya que mostrará las razones por las cuales Ethan Hunt se aleja de lo querido, abandona su pasado, y arriesga su misión por aquello que ama, sea la pareja, la institución, o el amigo, ante una la maldad inherente en el escenario perenne de las películas de acción, donde el bien y el mal dirimen fuerzas frente a la ética y la lógica de los sucesos.

 

Ante la inminente amenaza global, el dolor, arrepentimiento, vacío y la desesperación, no tienen cabida en la ejecución del deber ser de los personajes, interconectados con la casualidad, con la casualidad o con el infortunio, quienes portan en sus líneas y sobre todo en sus expresiones, la suma de todos los miedos y ansiedades que la falta de apego más no de motivos corresponden.

 

La búsqueda de un estado de felicidad que parece no existir, la resignación, el sueño lúcido o las máscaras que cubren las secretas intenciones caracterizan los momentos climáticos que para muchos críticos, hacen de Repercusión, la mejor de las películas de la serie y una de las mejores películas de acción de las últimas décadas.

 

Lo cierto es que desde nuestra apreciación, Misión Imposible: Repercusión es la mejor película del verano y se coloca en la competencia directa por los premios especializados en los enormes logros técnicos de su realización, y a su paso, brinda una oportunidad más de seguir reconociendo una de las leyendas más importantes de la historia de Hollywood, y quien se ha mantenido como la estrella más conocida del panorama cinematográfico internacional.

 

Misión Imposible: Repercusión

Dir. Christopher McQuarrie

E.U.A., 2018

 

 

 

Foto: Iván Uriel

Iván Uriel Atanacio Medellín | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

El bebé de Rosemary

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

 

El terror psicológico, un subgénero de la literatura y la cinematografía de terror, está sustentado en un miedo o angustia creado a partir de un temor creciente gracias a las supersticiones, las culpas o las inquietudes de los personajes. Se trata de más que un simple susto, provocado siempre por la expectativa o supuesto de algo, el fantasma que sale desde la penumbra por ejemplo, generando una tensión de suspenso que lleva al límite de incertidumbre a los personajes, lo que deriva en una presión que causa inestabilidad emocional en ellos.

 

Este género se alimenta de la ansiedad, una inquietud latente que crece y provoca que los personajes imaginen el peor escenario posible, duden de sus sentidos y permanezcan en un desasosiego que los debilita, física, pero sobre todo, mentalmente.

 

Estas son las bases sobre las que se construye El bebé de Rosemary (EUA, 1968), película escrita y dirigida por Roman Polanski, quien se basa en el libro homónimo de Ira Levin. Protagonizada por Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon y Sidney Blackmer, la historia trata de un matrimonio de jóvenes, los Woodhouse, que se mudan a un nuevo departamento en Nueva York. El edificio está rodeado de historias de lo sobrenatural y muertes inexplicables, pero ellos creen que sólo son relatos inventados, leyendas urbanas o chismes de ociosos. Pronto sus vecinos, los Castevet, comienzan a frecuentarlos hasta irse insertando en su vida cotidiana, algo que Guy parece disfrutar pero que a Rosemary inquieta. Cuando ella queda embarazada, comienza a sentir malestares que su doctor, amigo y recomendado de los Castevet, desestima. Sola y sin una figura íntima a su lado, familiar, amigo, colega, conocido o doctor que la apoye, Rosemary comienza a temer por su condición y el futuro de su hijo. Cuando un viejo amigo le da algunas pistas que le indican que tanto sus vecinos como el edificio están relacionados con sectas religiosas de culto a Satán, la joven se da cuenta que puede estar en peligro y que hasta su esposo está inmerso en todo que le está provocando malestar.

 

Hay una piedra angular que permite adentrarse a la psicología del personaje principal: su papel como madre. Su temor hace que se preocupe, más que por su propio bienestar, por el de su hijo, una reacción natural de protección hacia otros, propia de su condición de mujer, de su estado de embarazo y del contexto social que se presenta a partir de conocerse la noticia de su próxima maternidad.

 

El bebé de Rosemary (1968), del polaco Roman Polanski

 

El peligro de amenaza latente a su alrededor aumenta gracias al instinto de protección y sobreprotección que, al mismo tiempo, hace a Rosemary un personaje con el cual brota empatía; ver a una mujer a punto de convertirse en madre involucrada con un grupo religioso que podría estar poniendo su vida y la de su hijo en juego, toca fibras sensibles de solidaridad hacia ella. El débil de una minoría frente al peligro provocado por un grupo con poder; o el indefenso contra un opresor que tiene los medios posibles para ocultar los mecanismos como ejerce presión.

 

Y aunque la amenaza real es indirecta, porque tanto ella como el espectador se preocupan por un ser que aún no ha nacido, ese es el esquema con el que el terror psicológico juega constantemente; la incertidumbre, sobre lo que pueda pasarle, sobre lo que aparentemente quiere o busca ese grupo satánico y, desde luego, sobre la amenaza en sí, así sea real, inventada o imaginada. El propósito es alterar su estado mental, acosarla, debilitarla; lo mismo se hace con el espectador, se busca ponerlo en el lugar de la protagonista, hacerlo dudar, tanto de lo que ve como de lo que cree ver.

 

La pregunta se vuelve inevitable, ¿por qué Rosemary no notó  algo extraño antes o hizo algo al respecto más pronto? Porque se trata de una mujer insegura, sola, débil de carácter, preocupada siempre por complacer al otro y con poca capacidad para cuestionar su entorno. Estas características que forman su personalidad la hacen blanco fácil para manipularla, malearla y engañarla. La joven no es una persona decidida y la constante duda sobre el mundo y sobre sí misma la vuelven vulnerable. Pero más importante, sin un grupo de personas que funja como sustento y apoyo, Rosemary queda desprotegida y sin una voz que, a su lado, cuestione su entorno, en especial cuando ella falla en hacerlo por sí misma.

 

Para cuando lo hace, ya es demasiado tarde y la urgencia propicia que provoque errores. ¿En quién confiar si realmente no se ha relacionado con nadie lo suficiente para esperar consideración de vuelta? ¿A quién pedir ayuda si las únicas personas que se han ofrecido para ayudarle son las mismas de quienes tiene que huir?

 

La confianza se sustenta en un sentir de seguridad respecto a algo o alguien, una persona con la que se tiene familiaridad, alguien con quien, al mismo tiempo, se deposita fe en su juicio. Así mismo la soledad implica la inhabilidad de poder depositar la confianza en algún otro, que es el caso de Rosemary. Ya sea por desconfianza, aislamiento, miedo, precaución o inocencia, la situación lleva a la protagonista a caer en una espiral de focos rojos sin nadie con quien consultar opiniones y reflexiones al respecto, que puedan ayudar a trazar un panorama objetivo en cuanto a aquello que parecen no tener importancia, pero que probablemente la tenga, de acuerdo con el contexto, por ejemplo, la constante intromisión de los Castevet en su quehacer diario. El espectador va entendiendo que su vigilancia extrema trata, más que de otorgarle cordialidad y fraternidad, de un mecanismo de control y vigilancia por parte del grupo religioso, preparando a Rosemary para dar a luz al hijo del Diablo.

 

El bebé de Rosemary (1968), del polaco Roman Polanski

 

Pero, removiendo el enfoque sobrenatural, ¿una actitud como tal de parte de sus vecinos no se sentiría extraña e invasiva en un contexto cualquiera? Lo es, y esa es la verdadera prueba que Rosemary tiene que pasar, el aprender a defenderse de aquellos que amenazan su bienestar, aprender a decir no cuando la situación lo requiere, incluso si aquella persona a la que se le da la negativa es su propio esposo; se trata incluso de saber ´leer´ a las personas; conocerlas sin ‘conocerlas’, así se trate de compañeros de trabajo, conocidos o, como en este caso, vecinos. ¿Qué tanto conocía realmente Rosemary a las personas a las que dejó entrar en su casa y en su vida? Más aún, ¿qué tanto conocía realmente a su esposo, quien accede volverla presa de este grupo a cambio de oportunidades de empleo y finanzas que le benefician más a él que a su familia?

 

Rosemary no es una víctima en sí, porque no es una persona destinada al sacrificio. Sufre, en todo caso, consecuencias dañinas, por dos factores. Uno, la falta de habilidad y astucia. No se trata de carencia de conocimiento, es falta de certidumbre y convicción, incluso respecto hasta de sus propias decisiones. El segundo factor es el medio sociocultural en el que se desenvuelve; una comunidad que minimiza su palabra por estereotipos, por ejemplo de género, personas que la miran y creen que es fácil engañarla con frases como ‘Es normal’, como le dice su doctor cuando se queja de dolores durante el embarazo. Cuando la joven se da cuenta que la desidia de la gente no es normal, o no debería serlo, entonces busca una salida a su problema. El segundo doctor a quien busca, sin embargo, llama a su esposo creyendo que su denuncia, el temer por su vida y creer que su marido es parte de la gente que busca hacerle daño, está infundada. ¿Por qué no creerle o por lo menos darle el beneficio de la duda?

 

¿Qué falta en la vida de Rosemary para sobrevivir? ¿Qué la habría sacado de su apuro? ¿Qué le queda en la vida si los pocos cercanos a ella la han engañado hasta convertirla en un medio para cumplir su verdadero propósito? ¿Cuántas ‘Rosemarys’ hay en la vida real que, como en la película, quitando el elemento ‘culto religioso’, sufren a partir del control excesivo de la gente que miente diciendo actuar en nombre de su bienestar? ¿Cuántas situaciones de la vida diaria son formas de ‘terror psicológico’ disfrazado de cotidianidades, que, se les dice a la gente, son ‘situaciones normales o comunes’, cuando no lo son o, en todo caso, no deberían serlo?

 

El Bebé de Rosemary

Dir. Roman Polanski

Estados Unidos, 1968

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general . Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’.

 

Adán y Eva (todavía)

Por: Montserrat Varela

 

Del mito del génesis surge esta interesante película que lleva a tan conocida historia a dar un giro inesperado: Adán y Eva probaron dos de los frutos prohibidos, con el primero, como todos sabemos, se ganaron la expulsión del paraíso, pero con el segundo ganaron la vida eterna. Sin embargo, ¿quién querría vivir para siempre fuera del paraíso?

 

La interesante historia que plantea este film se traduce en una reflexión profunda sobre las relaciones de pareja de largo aliento, como mantener vivo el deseo y sobre todo cómo mantener viva esa motivación que nos impulsa a desear seguir viviendo y a continuar sintiendo asombro.

 

Del director y guionista mexicano Iván Áviles Dueñas, este largometraje nos hará viajar por un México decadente y kitch en donde sus protagonistas buscarán día tras día nuevas experiencias que los alejen del letargo y del aburrimiento. Así, experimentarán con lo cotidiano creando por ejemplo su propia ropa o haciendo del decorado de su habitación un collage, adoptando las nacionalidades que más les apetecen e intentando obtener placer sexual de formas cada vez más torcidas. Pero para nuestros protagonistas les es difícil vencer la apatía que además parece arrastrar a toda la humanidad en pleno arranque del siglo XXI.

 

Finalmente, la tan ansiada vida eterna se convierte en una maldición para estos amantes que ya no optan por compartir su vida juntos sino tendrán que estar juntos por el resto de sus días sin alternativa.

 

Eva y Adán (Todavía)

Dir. Iván Avilés Duelas

México, 2004

 

 

 

 

Foto: Montserrat Varela

Montserrat Varela | Escritora y guionista | moonvaliente1q81@gmail.com | México

Nacida en la Ciudad de México. Estudió actuación en el Centro de Arte Dramático, A.C.. Becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado para la editorial Endora. Trabajó como guionista de series de TV para Grupo Odín Dupeyron . Es miembro de la Academia Literaria de la CDMX. Ganadora  de varios premios por su guion “Alicia” co-escrito con Michael Rowe. Su primer libro fue “Milagritos”, publicado por la editorial Cartopirata. Participó en la residencia para guionistas “Visiones en el Desierto”.  Recientemente publicó su segundo libro de cuentos “Adán (Sin Eva)”  y próximamente la antología “Narraciones con enfoque social” de la IBERO León

 

Borg vs McEnroe

La Rivalidad del Temperamento

 

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

Borg vs McEnroe | Dir. Janus Metz | Suecia, Finlandia y Dinamarca, 2017

Desde que supe que se estrenaría una cinta sobre la rivalidad tenística que rebasó los confines de su deporte, Borg vs McEnroe, pensé lo difícil que resultaría centrar la rivalidad de los íconos con sus respectivos temperamentos. La rivalidad en el deporte ha sido llevada de desde la ficción a lo largo de la historia del cine, con especial atención a las cintas e ficción dirigidas por John G. Avildsen, “Rocky” 1976, ganadora del Premio Óscar a Mejor Película y que sentó las bases de rivalidades boxísticas consecutivas de una saga aún hoy más que vigente, y la juvenil “The Karate Kid” 1984. Y desde el testimonio que permite la realidad y  la memoria que recuerdos guarda, la extraordinaria cinta “Rush” 2013 sobre la rivalidad en el automovilismo de los campeones de Fórmula Uno Niki Lauda y James Hunt, dirigida magistralmente por Ron Howard, y recientemente con la cinta tenística “Battle of the Sexes” 2017, que refleja una rivalidad más mediática que deportiva pero igualmente sugerente y de impacto en la lucha por la equidad de género y que refiere la polémica tensión entre Billie Jean King y Bobby Riggs, dirigida por Johathan Dayton y Valerie Faris.

 

Borg vs McEnroe, explora la rivalidad de dos personajes cuyo temperamento se convirtió tan famoso como sus logros y talento. Por una parte el joven tempestuoso, a la vez grosero, flemático, iracundo, y reciente ganador del Abierto de Estados Unidos (US OPEN), del que haría su bastión, McEnroe representó a la sangre nueva del tenis de su país, mientras Jimmy Connors veía pasar sus mejores años. McEnroe sería el estandarte de Estados Unidos para la década de los años ochenta que recién comenzaba, y que a la postre de otros diez años, vería coronarse a otros tres números uno como el propio Big Mac, Jim Courier, el polifacético Andre Agassi y el multicampeón Pete Sampras, antes de un hiato de casi dos décadas que sólo advirtió a Andy Rodick. Por otra parte, el ya legendario Bjorn Borg, frío, inexpresivo, calculador, desafiante tenista que con tan solo 24 años se había apoderado de los dos más importantes torneos de Grand Slam y del tenis en general, los abiertos de arcilla Roland Garros en Francia, y sobre pasto, Wimbledon en el Reino Unido. Borg sigue siendo el último en ganar ambos torneos en tres años consecutivos, y lo había logrado a una edad que hoy, sigue siendo motivo de admiración y a su vez, de desconcierto. Suecia tendría grande figuras en los años ochenta, Matts Wilander y Stefan Edberg, pero ninguno a la altura de Borg.

 

Con esa atenuante histórica, el torneo de Wimbledon de 1980 se aprestaba para atestiguar, el desarrollo de uno de los más grandes apasionantes y extraordinarios juegos de tenis de la historia, el denominado “Juego del Siglo”, el que se presentaría en esa ya icónica gran final. La cinta dirigida por Janus Metz, con guión de Ronnie Sandahl, presenta un viso al entorno previo a dicho compromiso deportivo, y lo hace desde una sucinta remembranza del pasado infantil y juvenil de ambos tenistas, sus motivaciones, frustraciones, sus temores y desafíos, su relación con entrenadores, familia, público, prensa y rivales, haciendo de la vida misma un corolario de vaivenes emocionales que resultan causa consecuencia de su desempeño, pero que ante todo, no responsabiliza como una culpa los sucesos sino que solo envuelven las decisiones personales. Este recurso descriptivo, eleva la cinta de ser una película deportiva con tintes de conflicto y resolución, a una exploración de la mente y sus recovecos emocionales en el deporte, especialmente en el tenis, que resulta ser en gran parte un juego de alta carga mental.

 

Con actuaciones sobresalientes de Stellan Skarsgard como el entrenador sueco Lennart Bergelin, Shia LaBeouf como McEnroe y Sverrir Gudnason como Bjorn Borg, “Borg vs McEnroe” es una película que resulta por demás interesante desde el punto de vista histórico, seductora desde lo emocional y apasionante desde lo deportivo, un deleite para los fanáticos del denominado deporte blanco, el franca alusión al propio torneo celebrado en el All England. Desde su introducción, la cinta nos advierte que dicha rivalidad cambio el tenis y la vida de sus protagonistas, y lo fue, no sólo por las dos vibrantes finales que disputaron ambos jugadores en Wimbledon, sino por lo que significó en sus carreras. Dado lo anterior, aprovecho para hacer algunos apuntes sobre Borg.

 

Aunque el tenis en la década de los sesenta inscribió la denominada “Era Abierta”, su tradición centenaria había arrojado varias figuras, pocas con el impacto transicional de los  australianos Rod Laver, Roy Emmerson y Ken Rosewall, sin embargo Bjorn Borg cambiaría la historia del tenis y su impacto mediático y comercial. Borg atrajo patrocinios como nunca antes en la historia del deporte, tenía seguidoras y seguidores devotos por todo el mundo, atraía las miradas de propios y extraños al tenis, y acaparaba las portadas de revistas, periódicos y libros, fue un fenómeno sin precedente y generó un shock desde su debut, hasta su prematuro retiro a los 26 años, aunque en realidad, habíase retirado desde antes de cumplir los 25.

 

Antes de las eras de Ivan Lendl, Boris Becker o el ya citado Sampras, Borg imprimió un sello inigualable, y su rivalidad con McEnroe, dejó sentadas las bases para futuras batallas como las protagonizadas por Lendl y el propio McEnroe, Lendl y Becker, la noventera Agassi vs Sampras o la considerada más longeva y definitiva del deporte, Nadal vs Federer. Justo esta era, considerada una época dorada por el alto nivel de cuatro jugadores, Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray, no podría explicarse sin aquella rivalidad del temperamento que refleja la cinta.

 

Borg ganó múltiples veces Roland Garros y Wimbledon, algo que no han logrado ni Rafael Nadal, máxima figura histórica en arcilla ni Roger Federer, máximo tenista de la historia en pasto y en general. Al dimensionar al gran Roger quien a sus 36 años sigue deleitando y enamorando a quienes disfrutamos el tenis, también dimensionamos la corta edad a la que Borg había obtenido sus logros. Cuando Borg regresó a Wimbledon por vez primera en dos décadas, fue para entregar el título a Roger Federer, y eso significó una entrega de estafeta, no de títulos ni de estadísticas, sino en la carga que conlleva portar un deporte sobre las espaldas o mejor dicho, sostenerlo en la mano que impulsan la raqueta.

 

Foto real de  Borg  y McEnroe  en el llamado «Juego del Siglo» | 1980 | Internet.

 

Borg vs McEnroe

Dir. Janus Metz

Suecia, Finlandia y Dinamarca, 2017

Trailer 2:10

 

 

Foto: Iván Uriel | Filmakersmovie.com

Iván Uriel Atanacio Medellín | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Blade Runner

 

Por: Montserrat Varela

 

Blade Runner forma parte de la lista de éxitos de Ridley Scott, aclamado director de Alien, Gladiador, Hanibal y otras muchas películas muy taquilleras. Considerada un clásico dentro de su género, esta película combina con maestría el thriller y ciencia ficción ya que cuenta con efectos especiales bien logrados y una fotografía sobrecogedora para su época, actuaciones indudablemente carismáticas como la de su protagonista Harrison Ford y un guion redondo y original, basado en una novela de Phillip K. Dick titulada “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” Por todo esto, este film se ha convertido en una película de culto necesaria de ver.

 

La historia comienza cuando Rick Deckard (Harrison Ford), un policía retirado que se asemeja más a un sicario o a un bandido, es convocado por la policía para eliminar a un grupo de androides más fuertes y más ágiles que los humanos y de inteligencia similar, llamados replicantes. El tema podría sonar trillado pues remite a la típica lucha entre el hombre y la máquina. Sin embargo, tal fue la polémica que despertó que a partir de su exhibición se suscitaron discusiones sobre la ética en el desarrollo de la ingeniería genética.

 

Así, de manera ligera y discreta, esta historia encierra una profunda reflexión sobre una sociedad ansiosa de respuestas y desprovista de sentimientos, un grupo social de privilegiados carentes de empatía y que actúan de esta manera debido a que se encuentran deslumbrados por el dinero y el poder, ¿les suena familiar?

 

Blade Runner

Dir. Ridley Scott

Estados Unidos, 1982

Trailer 3:32

 

 

 

 

Foto: Montserrat Varela

Montserrat Varela | Escritora y guionista | moonvaliente1q81@gmail.com | México

Nacida en la Ciudad de México. Estudió actuación en el Centro de Arte Dramático, A.C.. Becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado para la editorial Endora. Trabajó como guionista de series de TV para Grupo Odín Dupeyron . Es miembro de la Academia Literaria de la CDMX. Ganadora  de varios premios por su guion “Alicia” co-escrito con Michael Rowe. Su primer libro fue “Milagritos”, publicado por la editorial Cartopirata. Participó en la residencia para guionistas “Visiones en el Desierto”.  Recientemente publicó su segundo libro de cuentos “Adán (Sin Eva)”  y próximamente la antología “Narraciones con enfoque social” de la IBERO León

Una mujer bajo la influencia

Por: Montserrat Varela

De tono un tanto autobiográfico, este film de John Cassavettes, protagonizado por su esposa, la actriz Gene Rowlands, retrata la locura con singular precisión. La interpretación de Gene deslumbra a la audiencia al entregarse a su personaje a tal punto que traspasa la barrera de su persona. Con actuaciones tan monumentales como esta y la obsesión el director por su autenticidad, “Una mujer bajo la influencia” es una película que se torna casi hiperrealista.

La trama se centra en Mabel, una mujer que tiene problemas para expresar sus sentimientos y que no logra encajar por más que intenta comportarse de acuerdo con lo que dictan las convenciones sociales para una mujer de mediana edad, madre de tres hijos y ama de casa. A su esposo Nick (Peter Falk) le importa mucho la opinión de la gente, sobre todo de su madre, la suegra malvada. Como hombre de la casa, él pretende imponerse gritando o manoteando. Sin embargo, aquí la loca es Mabel y ambos (desde sus respectivas locuras) tratan de cumplir con los roles asignados. Tras varios intentos por parte de Nick de encarrilar a su esposa, el fracaso es inminente. La inadaptación de Mabel es feroz, ella es un espíritu libre al que la sociedad juzga de enferma mental por no encajar en las normas cuadradas que rigen a la mayoría. Más que de locura, esta es una historia de amor en donde se nos muestra a dos personas, Nick y su esposa Mabel, intentando mantener su relación a pesar de sí mismos.

 

Una mujer bajo la influencia

Dir. John Cassavettes

Estados Unidos, 1974

Trailer: 2:23

 

 

 

 

Foto: Montserrat Varela

Montserrat Varela | Escritora y guionista | moonvaliente1q81@gmail.com | México

Nacida en la Ciudad de México. Estudió actuación en el Centro de Arte Dramático, A.C.. Becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado para la editorial Endora. Trabajó como guionista de series de TV para Grupo Odín Dupeyron . Es miembro de la Academia Literaria de la CDMX. Ganadora  de varios premios por su guion “Alicia” co-escrito con Michael Rowe. Su primer libro fue “Milagritos”, publicado por la editorial Cartopirata. Participó en la residencia para guionistas “Visiones en el Desierto”.  Recientemente publicó su segundo libro de cuentos “Adán (Sin Eva)”  y próximamente la antología “Narraciones con enfoque social” de la IBERO León.