“Yo corté una flor (y llovía y llovía), esperando a mi amor (y llovía y llovía)” es el estribillo de una canción de Leonardo Favio que musicaliza una de las escenas más memorables de esta cinta uruguaya de humor agridulce.
Dirigida por Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella (d.e.p.), guionistas también junto con Gonzalo Delgado Galiana, “Whisky” es la peculiar historia de un triángulo amoroso entre dos hermanos (ya maduros) y la empleada de uno de ellos.
Whisky | Dir. Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella | Uruguay 2014 Foto: cdn.dl.uy
El protagonista es Jacobo Köller (Andrés Pazos), un judío dueño de una vieja fábrica de calcetines, quien vive una rutina beige desde que falleció su madre. Marta (Mirella Pascual, quien debuta espectacularmente en este film), su empleada modelo, es la única que tiene contacto un poco más personal con él.
Un día Jacobo recibe el anuncio de que su hermano Herman (Jorge Bolani), al que no ve en años, irá a visitarlo desde Brasil. Por ello, Jacobo le pide ayuda a Marta para hacerse pasar por su pareja y así no parecer un perdedor frente a su exitoso hermano con quien se nota que ha tenido fricciones y desencuentros a lo largo de toda su vida.
De estilo intimista y emotivo, “Whisky” es quizá una comedia de enredos bastante sobria o mejor aún, un drama hilarante, donde se apela a un humor inteligente y sin duda, es un disfrutable largometraje donde se cuenta una historia sencilla en la que la soledad y la rutina conforman la vida de sus personajes. Personajes que se cruzan unos días para vivir algo muy distinto a la monotonía con la que llevan sus vidas y que sin duda redefinirá el camino de los tres.
Whisky
Dirs. Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella
Uruguay, 2014
Trailer 1:54
Foto: Montserrat Varela
Montserrat Varela | Escritora y guionista | México | moonvaliente1q81@gmail.com
Nacida en la Ciudad de México. Estudió actuación en el Centro de Arte Dramático, A.C.. Becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado para la editorial Endora. Trabajó como guionista de series de TV para Grupo Odín Dupeyron . Es miembro de la Academia Literaria de la CDMX. Ganadora de varios premios por su guion “Alicia” co-escrito con Michael Rowe. Su primer libro fue “Milagritos”, publicado por la editorial Cartopirata. Participó en la residencia para guionistas “Visiones en el Desierto”. Recientemente publicó su segundo libro de cuentos “Adán (Sin Eva)” y próximamente la antología “Narraciones con enfoque social” de la IBERO León.
“American Made” también conocida en México y Latinoamérica como “Barry Seal, Sólo en América” o “Barry Seal, el traficante” dirigida por Doug Liman y protagonizada por Tom Cruise en el papel de Barry Seal, es una cinta biográfica que se basa en la vida real de un personaje cuyas peripecias, vericuetos, enredos y habilidades, llevaron su talento y ambición a una interminable secuencia de sucesos que formaron parte importante de la historia de Estados Unidos en su relación con Centro y Sudamérica a fines de los años setenta y hasta mediados de los años ochenta.
Seal, oriundo de Baton Rouge, Luisiana, se convirtió en el piloto más joven en la historia de TWA con licencia para volar, en un reconocido piloto comercial en Estados Unidos, y al tiempo, en un audaz traficante, infiltrado, informante y todas las acepciones que en su vida acumularon sus horas de vuelo. Sus rutas a Medellín en Colombia desde los albores del Cartel de Medellín hasta su infiltración en las guerrillas centroamericanas, en especial, la denominada Irán Contra, resultó tan fundamental para la guerra fría en el continente americano, como para la guerra contra las drogas que el gobierno estadounidense emprendió contra su enemigo público más reconocido en esas lides, Pablo Escobar.
Seal, sea por azar, coincidencia, casualidad o por la ilación de eventos concatenados por su contexto, entorno y circunstancia, llegó a ser un perfil requerido por los principales líderes de esos procesos político-económicos, de esta forma sirvió al ya citado Escobar, tuvo relación con el General Noriega de Panamá, dictador e intermediario de intereses armamentistas, cercano al Gobernador de Arkansas, Bill Clinton, de hecho el primer título de la cinta era Mena, en alusión al aeropuerto que fungió como centro de operaciones de Seal; acorde a la cinta, Barry también entabló relación con George Bush Jr., y en especial con altos mandos de la CIA, cuyo anonimato es personificado en el estupendo Domnhall Glesson y que lo llevarían incluso a ser informante de la Casa Blanca al mando del presidente Ronald Reagan. Son los años ochenta, en el clímax de una guerra fría que aprestaba un mundo más dividido que nunca en dos bandos, pero que a la vez, ya vislumbraba el triunfo de uno en especial, y el surgimiento de nuevos conflictos como el narcotráfico.
De esta forma Seal queda expuesto al medio de su gobierno y del Cartel, teniendo su vida en una línea muy delgada de lealtad, pertenencia y arraigo. Doug Liman y Tom Cruise, quienes juntos legaron al canon de la ciencia ficción de la presente década la extraordinaria “Edge of Tomorrow” o “Al Filo del Mañana”, vuelven a hacer mancuerna en esta dinámica, fresca, informativa y entretenida cinta que ofrece por una parte una visión de Liman a los acontecimientos, por otra a la vida del personaje y finalmente, al despliegue interpretativo de Cruise en su mejor momento y al pico de sus capacidades actorales. Cruise, quien ha sido nominado al premio Óscar en tres ocasiones y ganador del Globo del Oro en otras tres, regresa a encarnar a un personaje de la vida real como lo hiciera con Ron Kovic en “Nacido el 4 de Julio” de 1989 y en “Operación Valkyria” de 2008 envuelto en los pasos del Baron Claus Von Stauffenberg.
En “American Made” Cruise vuelve a comando de un avión, y a usar los lentes negros como sello registrado, mismos aditamentos que le dieran éxito en “Top Gun” de 1986 en combinación con dos cintas, la ingenuidad del habilidoso en “Negocios Riesgosos” 1983 y el carisma que persuade en “Jerry Maguire”, para entregar una actuación lineal en los procesos evolutivos de su personaje, pero compleja en la emoción de los pasajes que van cambiando su vida como si él mismo no pudiera detener el efecto bola de nieve, enfrascado en un torbellino de cambios y acciones de las cuales pierde control, como control mantiene Cruise durante toda la cinta. Una de las mejores actuaciones de su carrera y una de las mejores que ha ofrecido en los pasados 15 años, desde que nos regalara a Vincent el asesino a sueldo de “Colateral” 2004, a Less Grossman, el tirano productor de cine de “Tropic Thunder” y la ya citada “Al Filo del Mañana” 2014.
American Made | Behind the scenes | Dir. Doug Liman | Estados Unidos, 2017
Una fotografía que ambienta la conjunción visual de las décadas setenta y ochenta, una banda sonora propia de la época que resulta evocadora, y una audaz edición que muestra planos y tomas en mano, preferidas de Liman, hacen de “American Made” una de las mejores películas del año. El guión escrito por Gary Spinelli busca un medio entre la información histórico política y la trama personal del propio Barry, ubicando la cinta como una inverosímil historia de vida que a la vez resulta real, porque lo fue.
La adaptación en ese sentido hace de la película una forma de aprestarse a la época determinada, y a una increíble serie de conexiones y sucesos que unen a los personajes y los separan por la intencionalidad que les convoca.
Tom Cruise y Doug Liman han probado ser una combinación sólida y sostener una complicidad creativa que nos hacen pensar que “American Made” es un interludio que aguarda su nueva entrega de ciencia ficción, y una oportunidad más de ver a Cruise desde la innovadora forma de reinventar la carrera de una de las leyendas más importantes de la historia de Hollywood y de quien por más de tres décadas se ha mantenido como la estrella más conocida del panorama cinematográfico internacional.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Lo mecanizado implica un proceso mecánico, que significa automático, es decir, programado y sin reflexión sobre las acciones que se realizan. Por la forma operativa como las máquinas funcionan, la palabra bien sirve para definirlas, pero a veces el hombre, en su organización y respuesta predispuesta, sin consciencia, también actúa de esta manera.
La película Metrópolis (República de Weimar, 1927), considerada ‘Memoria del Mundo’ por la Unesco y exponente de la corriente del expresionismo alemán, fue dirigida por Fritz Lang y escrita por éste junto a Thea von Harbou, inspirándose en una novela de 1926 de ella. Protagonizada por Brigitte Helm, Gustav Fröhlich, Alfred Abel y Rudolf Klein-Rogge, la historia trata de una sociedad futurista en la que las clases sociales están marcadamente divididas. La clase adinerada y en el poder vive los lujos que obtiene del trabajo de la clase obrera, que literalmente viven bajo tierra, trabajando excesivamente con jornadas de explotación laboral. La ‘alienación del trabajo’ en términos de Karl Marx (1818-1883), cuya teoría dice que en el sistema capitalista, el trabajador, la fuerza de trabajo, no es tratado como una persona, sino una mercancía, utilizable y equivalente a dinero.
Los obreros en la película, sin embargo, reciben esperanza de María, la hija de uno de estos trabajadores, cuyo discurso de unión y solidaridad mantiene a la clase social de abajo deseando un cambio y, más importante, la posibilidad de éste.
El señor Fredersen, el dirigente de la ciudad, intenta encontrar una forma de mantener a sus trabajadores alineados, poniendo medidas que limitan la libertad de pensamiento de los obreros, específicamente con jornadas laborales excesivas y trabajos mecanizados que han vuelto a las personas sumisas, obedientes y automáticas. Su hijo por su parte, aprende de la realidad del mundo en el que vive cuando un día decide seguir a María, de quien se enamora. Allí descubre una verdad que hasta entonces desconocía, tanto por desidia como por ignorancia, que sus similares no viven en un mismo ambiente como él, que sus similares son tratados diferente, que la gente, que es, vive y piensa como él, tiene un estilo de vida muy distinto sólo por provenir de una clase social que la organización social considera ‘inferior’.
Freder se pregunta cómo es que su padre es capaz de tratar así a las personas y someterlas a una explotación laboral como la que viven los obreros. Le pregunta entonces qué pasaría si los obreros se unieran y se pusieran en su contra, sabiendo no sólo que los trabajadores son mayoría, sino que ellos son quienes con sus manos han edificado la ciudad.
María, que lidera a un grupo de obreros que buscan mejores oportunidades, menciona que, en efecto, la ciudad es producto de su trabajo; ellos, los obreros, construyeron los edificios y hacen a la ciudad funcionar porque son ellos quienes manejan las máquinas que hacen que la ciudad tenga ‘vida’; alguien tiene que activarla, encender los generadores de luz, por ejemplo, o los sistemas de transporte, etcétera.
Ella insiste que la clave es el balance, que se logre alcanzar un entendimiento entre el planeador y el constructor, es decir, entre el dueño de los medios de producción y los obreros que los trabajan. En esta ciudad, Metrópolis, esto aún no sucede y el resultado es un grupo de empleados explotados, descontentos y condicionados, frente un grupo de empleadores que en su afán de hacer su proyecto funcionar, han recurrido a un sistema falto de humanidad y de ética hacia las personas que para ellos trabajan.
Tanto María como Freder llaman a los otros ciudadanos ‘hermanos’, porque son gente como ellos, que respira, sonríe, anhela y sufre. Estos dos personajes muestran empatía por la gente que les rodea, porque los ven como similares, no más, no menos, sino equivalentes. Y como tal se preguntan, ¿por qué algunos tienen más o menos que otros, si todos somos iguales? ¿Por qué hay privilegiados y explotados, si todos en Metrópolis son ciudadanos que conviven en un mismo mundo?
Pero el señor Fredersen tiene un nuevo plan de control, gracias a la llegada de las máquinas y específicamente de los robots, uno además muy similar, en especial físicamente, a los humanos. “He creado una máquina a imagen del hombre, pero que nunca descansa ni comete errores. Ya no necesitamos trabajadores”, le dice el inventor de este robot al señor Fredersen.
Este robot que el inventor propone, presentándolo como la máquina que no se equivoca y tampoco descansa, implica un ‘trabajador’ al que se le puede explotar, creyendo que esto es mejor para humano, o para un grupo exclusivo de ellos; no previendo las fallas que la máquina pueda sufrir, a corto, mediano o largo plazo. Las personas miran el beneficio, su beneficio, al usar la máquina, el invento, pero no vislumbran los contras que su presencia y su uso puedan traer consigo, sino hasta que ya es demasiado tarde y lo hayan ya rebasado a él y su sociedad.
La idea de Fredersen es reemplazar con máquinas, a las cuales controle mejor y más precisamente, a todos los trabajadores; sustituirlos, aprovechando que el sistema ya está mecanizado en muchos sentidos, en una ciudad que trabaja gracias a tecnología e industria masiva que ha vuelto al mundo y los medios de producción una serie de procesos coordinados, con reglas estrictas diseñadas para beneficiar a pocos a costa del trabajo de los muchos.
Metrópolis | Dir. Fritz Lang | Alemania, 1927
Lo que la clase pudiente en esta sociedad quiere es construcciones que les beneficien a ellos, no a la mayoría; lo que quieren es trabajadores que obedezcan, que no piensen, que hagan lo que les dicen. Lo han logrado explotando a los obreros, pero pretenden dar el siguiente paso con las máquinas, esperando que éstas, debido a sus programas, piensen aún menos que el hombre.
El problema de los obreros no es rebelarse, es hacerlo sin entender el panorama que esto implica. Están tan predeterminados a actuar y pensar de una cierta forma, la que la clase alta les dice, que no saben cómo expresarse o cómo conseguir lo que desean. María pide paz y empatía, cordialidad y diálogo entre las partes, pero lo que el señor Fredersen logra, convirtiendo al robot a semejanza de María y haciéndole tomar el lugar de la chica, es despertar el caos entre las personas, incitándolas a la violencia.
Lo que el señor Fredersen busca alcanzar no sólo es crear conflicto para después mostrarse él como el salvador, sino lograr que los propios obreros se destruyan a ellos mismos, como personas actuando en contra de su sociedad, pero también como medio de producción primordial. Que su fuerza se convierta en su perdición y que la destrucción, en lugar de dar paso a la revolución, haga a la gente más dócil, más manipulable.
Lo que se espera es destruirlo todo para reconstruir desde cero, según los deseos e intereses de una clase exclusiva y sin tomar en cuenta lo que la mayoría de la población necesita.
El plan que María propone es enmendar errores, cambiar, adaptarse en lugar de voltear la cara al problema. Frederse llama, a través del robot María, a destruir a las máquinas viejas para que las nuevas y mejores lleguen a sustituirlas, incluso éstas aún son funcionales. Su pensamiento no sólo es el de reemplazar, sino que la máquina está por encima del hombre, y específicamente del obrero.
Cuando los obreros se deciden destruir su ciudad, bajo suelo, tampoco entienden que el sistema en que viven, en el que han dejado reinar a la máquina por sobre ellos, depende tanto ya de estos inventos que, destruir a las máquinas significa ahora destruirlo todo, destruirse ellos.
En un mundo lleno de aparatos industrializados, es el hombre el que actúa como robot, de forma mecanizada, como bien lo representa la película con el actuar de los obreros. Son ellos los que ya no se detienen a pensar, porque trabajando más de diez horas al día, limitan su tiempo de recreación y reflexión, reaccionan sin crítica y omiten el análisis, porque ya están tan acostumbrados a hacer lo que se les dicta que ellos mismos no saben cómo observar el contexto para entonces tomar decisiones.
Uno de los ejemplos que explica María, para demostrar la calidad de su situación, es el de la Torre de Babel, una edificación que promete unificación pero que al final, es construida por la mayoría, para complacer a una minoría; un lugar donde haya un solo lenguaje, pero en donde los arquitectos no pueden si quiera comunicarse para hacerla una realidad. “Alabanza de pocos, tormento de muchos”, explica la joven, señalando que el profesar un estado de unión y hermandad no debe limitarse a las palabras y las promesas, sino que debe traducirse también en acciones.
Cuando María dice que debe haber un entendimiento entre quienes planean la construcción y quienes la llevan a cabo, ella habla de un elemento clave para que esto suceda, corazón; algo que, no sólo no tiene la máquina, y no lo entiende tampoco, sino que no es mecánico, más bien cambiante, porque se adapta a la realidad del contexto y de la gente, como valor humano, reflexivo, que requiere de análisis y empatía.
Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.
¿Qué tan difícil es ser dios? es la premisa para esta difícil, sobrecargada y bizarra película de Aleksey German basada en la novela homónima de los hermanos Arkady y Boris Strugatsky, autores de importantes títulos de ciencia ficción rusa, como la novela Piknik na obochine (Roadside Picnic) que Andrei Tarkovsky adaptara para su obra maestra Stalker (1979).
Y Hard to Be a God tiene mucho de Tarkovsky, pero más de su Andrey Rublev y las cuestiones teológicas que deambulan la época medieval, o de Ivan Groznyy (Iván el Terrible) de Eisenstein en clave ciencia ficción dirigida por los Monty Python.
Hard to Be a God | Dir. Aleksey German | Rusia y República Checa, 2013
La historia transcurre en el planeta Arkanar, dentro del universo Noon, creado y desarrollado por los hermanos Strugatsky a lo largo de su obra como escape a la censura de los gobiernos totalitarios rusos. Un planeta muy similar a la tierra, donde llega un grupo de científicos comandados por el científico Don Rumata para ayudar a la civilización local, que se encuentra en la fase medieval de su propia historia, a encontrar el camino correcto para el progreso. Algunos lo denigran y persiguen, otros lo consideran Dios.
Similitud o exégesis histórica de las varias conquistas a los “nuevos mundos” de parte de occidente, puede ser. Inevitable es pensar en Aguirre, der Zorn Gottes de Herzog. En la superficie, el viaje de inanidad espiritual que atraviesa Don Rumata es muy similar al de Don Lope de Aguirre, aunque Herzog bucea más en profundidad en el retrato de todas las aristas mentales de su protagonista explorando la locura terrorífica de la sique humana, que en la carga imaginaria, dualidad entre ficción o realidad, de creerse o que te crean Dios que enfrenta Rumata. Ambos, sin duda, construyen personajes con capas multidimensionales, aunque el primero a nivel humano, por tanto frágil y expuesto a la demencia, mientras que el último a nivel metafísico, el cual debe familiarizarse con esa fragilidad y demencia para entender al humano.
La pregunta entonces que plantea German es ¿qué harías en el lugar de Dios?
Los hermanos Strugatsky crearon una historia sobre juegos de poder y mostraron cómo un científico/dios se convirtió en un asesino, finalmente prevaleció lo humano sobre lo divino. Pier Paolo Pasolini ya en Il vangelo secondo Matteo plantea que Jesús, Dios, viene a traer una espada, no paz. Y en efecto su interpretación del discurso bíblico es bastante irreverente, radical, incluso brutal. En ambos autores, se plantean figuras divinas ininteligibles, viscerales, cada uno tiene su cristo o por lo menos la idea de él, dioses capaces de amar y odiar al mismo tiempo, ambiguos moralmente, supersticiosos, temerosos del caos y por ende urgidos en forjar su verdad absoluta por la razón o la fuerza.
El cosmos de la historia, perfecta en la construcción del auténtico ambiente medieval pestilente y putrefacto, reconfiguran la idea del cuánto y el cómo hemos avanzado, «existencialmente», de la edad media hasta el día de hoy. ¿Qué tanto Dios ha sido el arquitecto de ese progreso? ¿Será la sociedad realmente digna de progreso, o si podemos llamar a esto progreso? considerando que no distamos mucho de un estilo de vida medieval con ciertos avances éticos y sobre todo económicos, pero que en su avasallador avance ha destruido las grandes ideologías que mantenían ciertas coherencias sobre la realidad.
¿En esa “realidad” entendida como el interior del hombre, existe algún dios? Lo que finalmente convierte a Hard to be a God, no en una película sobre la crueldad de la religión, sino sobre el descubrimiento, sobre el renacimiento. Un renacimiento que ha estado allí, oculto en el barro, pero tangible, vivo, y que ha resistido las condiciones más difíciles de la evolución humana, el oscurantismo grotesco digno de pintura de El Bosco llamado Capitalismo que pisada a pisada lo ha hundido en la mierda de los autómatas del desarrollo. Resulta sugestivo, siguiendo esa ambigüedad moral antes mencionada, que la mayor preocupación de Don Rumata, un dios venido de la tierra (y no del cielo) bajo las vestes de un lascivo y borracho noble de la época, sea la de salvar a esos intelectuales, esas ideologías, esa ciencia de las garras de la humanidad. La necesidad o necedad de salvación, transforman a Rumata, de una despreocupada e irresponsable deidad, a un “científico” y/o antropólogo encargado, de preservar la ideas sobre el desarrollo social, sobre la moralidad y sobre el papel del pensamiento independiente en el progreso de la inteligencia, justamente las dificultades a las que debería verse enfrentado todo dios.
Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.
Julien Donkey-Boy | Dir. Harmony Korine | Estados Unidos 1999
Con el mismísimo Werner Herzog como el cínico padre del protagonista, la impactante cinta de Harmony Korine causa el efecto deseado: perturbar y al mismo tiempo conmover al espectador. Ya lo había logrado antes el director con Gummo, otra gran cinta digna de su propia reseña, pero en este largometraje adscrito al movimiento Dogma95, Korine explora no nada más una familia disfuncional “white trash” como lo hizo antes, sino a la abrumadora enfermedad de Julien, la esquizofrenia, que sorprendentemente parece no rebasar a las viciosas actitudes de sus familiares y la gente a su alrededor. El caos reina la cabeza de Julian así como en toda la película.
Basado en la experiencia personal que vivió con su tío esquizofrénico, Korine arma un guión que retrata a una familia rota donde la madre muere al dar a luz al hijo menor así que solamente existe un padre bastante intolerante, un hijo mayor obsesionado con su aspecto, una hija embarazada probablemente del protagonista y Julien, poeta y argonauta en un mundo que pareciera muy distinto al de todos los demás por estar partido en diversas personalidades, conflictos y fobias pero que finalmente se nos revela muy parecido al mundo de todos los que nos consideramos “sanos mentales”.
Dentro de lo podrido, lo sórdido y lo perturbador de sus personajes y sus historias, Korine siempre nos deja un atisbo de esperanza, una salvación. Así, Julien nos conmueve profundamente cuando recita para toda la familia a la hora de la comida un poema sobre “el caos”; nos conmueve cuando habla por teléfono con una madre imaginaria que le permite sostenerse y sentirse aceptado; nos conmueve viéndolo luchar sobre el suelo con sus hermanos, jugando… Julien es casi un hombre pero inevitablemente seguirá siendo también un niño para siempre y un enfermo en un mundo tan esquizofrénico como él.
Julien Donkey-Boy
Dir. Harmony Korine
Trailer 2:31
Foto: Montserrat Varela
Montserrat Varela | Escritora y guionista | México | moonvaliente1q81@gmail.com
Nacida en la Ciudad de México. Estudió actuación en el Centro de Arte Dramático, A.C.. Becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado para la editorial Endora. Trabajó como guionista de series de TV para Grupo Odín Dupeyron . Es miembro de la Academia Literaria de la CDMX. Ganadora de varios premios por su guion “Alicia” co-escrito con Michael Rowe. Su primer libro fue “Milagritos”, publicado por la editorial Cartopirata. Participó en la residencia para guionistas “Visiones en el Desierto”. Recientemente publicó su segundo libro de cuentos “Adán (Sin Eva)” y próximamente la antología “Narraciones con enfoque social” de la IBERO León.
La muerte ha sido explorada en la historia de la cinematografía universal desde distintas ópticas, emociones, creencias y propuestas tanto narrativas como visuales, que han legado un serial de cintas memorables. En México, la muerte protagoniza como impronta, diversas celebraciones cuyo cenit habita la fiesta del Día de Muertos el día 2 de noviembre, fecha en la que, como una pila intercultural del mestizaje, comulgan el recuerdo, la nostalgia y el apego en la memoria de aquellos sabores, aromas e imágenes, que nos permiten hacer vívidos a los seres queridos que han partido, y convidarles a un convite de dispuestas ofrendas.
Ignacio López Tarso brilla intensamente en esta película que dejó su huella indeleble en el imaginario mexicano, si Los Hermanos del Hierro, El Hombre de Papel,Pedro Páramo, El Gallo de Oro, incluso Los Albañiles, son muestra viva de su legado, es Macario la pieza por excelencia que añade al historial del histrión, una aportación de indispensable consulta para quien se avoque al estudio de la cosmovisión mexicana desde la cinematografía. Pletórico de misticismo y enmarcado en el humo de leyendas a copales e inciensos, el ambiente visual de Macario es capaz de resaltar en la fantasía del blanco y negro, lo que en la realidad de una costumbre, asiste con las flores de amarillo afán acompañan las tumbas a cementerios, y el cariño se extraña para abrazarlo en el presente del recuerdo.
Macario | Dir. Roberto Gavaldón | México, 1960
El Día de Muertos evoca nítidos recuerdos de mi infancia, no sólo porque nací un 2 de noviembre, sino porque en las anécdotas de altares, no pudiera definir desde las sensaciones a otra festividad que más defina la cosmovisión mexicana de la vida desde la muerte. Así, bajo el sustento de una confrontación con la alteridad inextricable, con el misterio del incierto devenir y en certeza de la finitud, diversos directores han vertido en sus propuestas cinematográficas, en reminiscencia de la tradición mexicana hacia la muerte. Macario refleja las distintas formas de abrazar la muerte y simbolizar el diálogo entre vivos y muertos.
Su heredad refleja significativas imágenes de reflexión, mediante secuencias anecdóticas, duelen y celebran haber compartido la vida con quienes ya no están, que afrontan la muerte como sendero, y averiguan el espacio que habita más allá de ellas. Obra cumbre de la cinematografía nacional, Macario, filmada en 1959 y estrenada en los albores de 1960, es la pieza indispensable para comprender desde el cine la relación del mexicano con la muerte, una película fundamental para comprender la interculturalidad de nuestra costumbre, la valía de la tradición, las bases prehispánicas y coloniales, el mestizaje que le da fuerza a su propia creación simbólica.
Roberto Gavaldón acusa la aceptación de que, por más que el protagonista sea generoso y convide lo que ha reservado en codicia, por más que busque el engaño, la burla o la ausencia, la muerte aparece al final para concluir su encargo. Macario, encarnado en la soberbia actuación de Ignacio López Tarso, solicita a su esposa, interpretada por la poeta y actriz Pina Pellicer, el egoísta y quejoso deseo por comerse un guajolote (pavo) para sí solo, después de tener que compartirlo con sus varios hijos, a partir de esa ida al campo, se suceden una serie de acontecimientos que hacen de la película un mosaico de mexicanidad único.
Macario | Dir. Roberto Gavaldón | México, 1960
Macario encuentra al diablo, a dios, y a la muerte, quienes le solicitan les comparta un pedazo a cambio de diversas compensas, él acepta pactar con la muerte por la compasión de verle desvalida en el peso. A cambio de su solidaria acción, recibe el don de saber dónde podrá y no podrá aparecerse la muerte en los enfermos y en los sanos al mismo tiempo, y de esa manda, Macario recibe insospechados y provechosos beneficios, que le llevarán a un final angustioso, lleno de velas que representan vidas, una de ellas la de él que se agota como se agotan todos con el tiempo.
Con un guión basado en el relato de B. Traven, Macario fue la primera película mexicana nominada al Premio Óscar a Mejor Película Extranjera, e igualmente nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes donde resultó ganadora de Mejor Fotografía para Gabriel Figueroa. Gavaldón rescata la dualidad del México rural y el urbano, con las creencias y cosmovisiones mestizas, tal como hiciera en otras de sus cintas, en especial El Rebozo de Soledad 1952 por citar un ejemplo. En Macario, Gavaldón retrata la sociedad mexicana, con referencia a la colonia, pero sin dejar de hacer puntilla de la dual realidad que el México aspirante al urbanismo vivía.
De esta manera, tras los dejos revolucionarios y post revolucionarios del México de mediados de siglo, con sus temas pendientes y un incierto devenir de velas encendidas en las grutas y en la expectativa de su relación con la muerte, la película logra el cometido se volverse atemporal. Macario sigue siendo un referente en diversas plataformas para celebrar desde el cine el Día de Muertos, y se ha convertido en un clásico referencial de la cosmovisión del mexicano.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
Como una bocanada de aire fresco llega Poppy a mostrarnos un pedazo de su vida. Alguien robó su bicicleta así que para ella es momento de aprender a manejar. Nuestra protagonista, personificada por la excelente actriz inglesa Sally Hawkins, es una mujer de treinta años extrañamente feliz. Esto, para muchos que no conocen el cine de Mike Leigh, director de este film, puede resultar inquietante o hasta molesto, esa misma molestia que el antagonista instructor de manejo siente al relacionarse con Poppy hasta causarle rechazo. Así, la historia transcurre durante unos cuantos días de la vida de esta chica maestra de kínder, soltera, que constantemente se procura una vida agradable mientras que en el camino se va topando con personajes que se frustran ante lo que parecería su «buena fortuna«.
Un tema poco explorado, una anécdota sencilla y fresca y una visión de la vida en donde se incita hacia la reflexión, a preguntándonos cuál es nuestra necesidad de complicarnos, de pasar malos momentos, de amargarnos cuando la verdad es que gran parte del camino que recorremos lo construye nuestra actitud ante los problemas que se nos presentan.
Aleccionadora pero sin caer en un tono didáctico, manteniendo la astucia para abordar estos temas, Happy-go-lucky es la historia de la felicidad posible dentro de la simplicidad de la vida y la perspectiva positiva. Para muchos, Poppy es un personaje irritante pues no permite perturbarse demasiado por su entorno, hay un equilibrio interno y una seguridad en atreverse a ser quién es que inspira.
Happy-go-lucky
Dir. Mike Leigh
UK, 2008
Trailer 2:01
Foto: Montserrat Valera
Montserrat Varela | Escritora y guionista | México | moonvaliente1q81@gmail.com
Nacida en la Ciudad de México. Estudió actuación en el Centro de Arte Dramático, A.C.. Becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado para la editorial Endora. Trabajó como guionista de series de TV para Grupo Odín Dupeyron . Es miembro de la Academia Literaria de la CDMX. Ganadora de varios premios por su guion “Alicia” co-escrito con Michael Rowe. Su primer libro fue “Milagritos”, publicado por la editorial Cartopirata. Participó en la residencia para guionistas “Visiones en el Desierto”. Recientemente publicó su segundo libro de cuentos “Adán (Sin Eva)” y próximamente la antología “Narraciones con enfoque social” de la IBERO León.
“Dunkerque” generó desde su anuncio como proyecto una expectativa punzante que fue confirmada tras las reveladas escenas de sus avances, donde una tripulación aglomerada en un pequeño buque, giraba la mirada hacia el cielo en angustia, el sonido de la amenaza se aproxima y el estupor de lo que vendrá dejaba su proclama en suspenso. Aunado a dicha secuencia, así como a un elenco en secrecía de complicidad creativa, rumores y ansias acrecentaron el interés por ver lo que el director resguardaba desde sus expresos deseos por filmar una película de guerra, el resultado: una obra impactante que celebra el décimo sello de su filmografía.
Dunkerque | Dir. Christopher Nolan | Estados Unidos, 2017 | Internet
Aunque la batalla acontecida durante los inicios de la Segunda Guerra Mundial fue llevada al cine por Leslie Norman en 1958 con un cuadro de lujo encabezado por Richard Attenborough, “Dunkerque” no es propiamente un remake sino una nueva forma de contar la historia, una película que desde ya, ocupa un lugar de privilegio en el cine bélico de nuestro tiempo. Pero antes de comentar esta nueva oferta en la exclusiva relación de los Estudios Warner con Nolan, y que bien vale disfrutar en la mejor sala de cine posible.
“Dunkerque”, décima cinta en el canon cinematográfico de Christopher Nolan, conmemora un momento crucial de la Segunda Guerra Mundial, un instante definitivo de resistencia, aplomo y solidaridad, en los más tensos intervalos de retroceso, invasión y derrota que sufrían los ejércitos aliados. Amén del suceso histórico que fuese llevado al celuloide en 1958 por Leslie Norman, Nolan presenta su propuesta narrativa desde una concatenación de sucesos heroicos, enmarcados en el acontecimiento histórico que detonó en parte una segunda etapa de la guerra. Varios elementos del cine clásico de guerra que tuviera su auge justamente durante la Segunda Guerra Mundial y en los años posteriores a ella, aparecen en la película, la causa manifiesta, el heroísmo de los protagonistas, el sacrificio y la inmolación del regimiento, el enemigo indolente, el sentido patriótico y propagandístico de los sucesos, los discursos políticos y la crueldad reflejadas con suma realidad en las batallas, destacando la valentía de soldados británicos y franceses, así como de los voluntarios inmersos en la batalla al unísono de bombardeos y metrallas.
Dunkerque | Dir. Christopher Nolan | Estados Unidos, 2017 | Internet
“Dunkerque” es una proeza de la cinematografía desde su manejo de los tiempos narrativos y visuales, donde los recuerdos del pasado y presente se conjugan para resaltar la importancia del acto, y el reconocimiento en conmemoración de los caídos y sobrevivientes del hecho histórico. Desde que inicia hasta que termina, la película no da tregua, ni siquiera en los silencios de sus personajes encarnados por un coral elenco encabezado por el joven Fion Whitehead y los experimentados Kenneth Branagh, Cillian Murphy (el ya citado fetiche del director) Mark Rylance y Tom Hardy entre otros. La banda sonora de Hans Zimmer alienta el sonido de las manecillas del reloj que avanzan como avanzan los aviones que surcan los cielos, los torpedos que hunden los buques y la tierra que ve sucumbir a regimientos ante los estallidos.
La duda y la suspicacia ante el propio aliado, el temor de volver a la guerra en quien la ha vivido y de quien avanza hacia ella sin uniforme pero con un ideal a cuestas, la gallardía de un comandante y su convicción por auxiliar al aliado a pesar de la muerte como amenaza, el honor de un piloto hasta aterrizar con dignidad su caza, y el instinto de supervivencia de los jóvenes soldados, hacen de esta película un artístico y solemne homenaje como vestigio. La derrota es mostrada como la unificación que inspiró continuar la guerra a pesar de las tendencias poco alentadoras en esa etapa del conflicto, y para asirse a ese objetivo, Nolan despliega su talento mediante la dirección de un portentoso equipo técnico que coreografía una poética obra maestra. Si sus cintas innovadoras son admiradas, sus películas de ciencia ficción éxitos de taquilla y sus versiones fantásticas aclamadas, “Dunkerque” como su primera cinta histórica, no sólo se encamina hacia todas las cualitativas calificaciones anteriores, sino quizá finalmente, a la premiación del director como un merecido reconocimiento a quien ha logrado aportar al cine en cada una de sus cintas, una propia visión estética, poética y emocional.
Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo. Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial y Fundador de Filmakersmovie.com
EL ESTABLECIMIENTO DE LA VERDAD EN UN DULCE OLOR A MUERTE
Por: José Antonio Durand Alcántara
Un dulce olor a muerte | Gabriel Retes | México, 1999 | Afiche Amazon
La película Un dulce olor a muerte (realizada por Gabriel Retes, 1999) constituye un muy buen ejemplo de la forma como se produce la verdad por consenso; construcción con base en acuerdos de voluntades y al margen de lo cierto.
Michel Foucault, en su soberbio e indispensable ensayo “La casa de la locura”, señala que la verdad se convoca por medio de rituales, se le atrae según estrategias, para quedar sometida al juego azaroso de las dominaciones como entidad política, donde lo cierto, el hecho veraz, no importa pues casi nunca tendrá cabida en un discurso dispuesto para la dominancia.
En el filme citado se aprecia con claridad varios momentos del proceso constitutivo de verdades basado en consensos carentes de pruebas empíricas que les den certidumbre, y que irremediablemente se imponen entre la gente como realidades objetivas, y de los cuales habré de referirme a dos de ellos que aparecen como entidades de certeza de una comunidad proclive a la ocultación, al simulacro y al engaño como fórmula inequívoca de convivencia y supervivencia de la clase media y media alta en un ilusorio ámbito rural mexicano. Escenario por demás propicio para establecer la forma fallida como se resuelve en la apariencia una pesquisa policíaca.
El contexto en el que se desenvuelve la trama moralizante de la cinta es un feudo donde la corrupción es el signo elocuente de una complicidad ampliamente compartida.
Resulta pues que una relativamente inofensiva confusión que da lugar, a su vez, a una aparentemente irrelevante mentira termina por convertirse en verdad, desprovista de lo que llamaría Frege referente veritativo, como resulta ser el inexistente noviazgo que sin escrúpulos Ramón (Diego Luna) admite haber sostenido con la mujer asesinada, pudiendo suponerse que el protagonista asume tal papel otorgando calidad de cierto a la impostura de ser el novio por el status que de ello deriva: prestigio ante su grupo de pares y en general ante la comunidad dada la inobjetable belleza de la joven muerta.
El segundo momento de supuesta verdad, vale decir de mentira validada como verdad, es la presunta culpabilidad asignada al errabundo Gitano, a ese personaje cuyo solo sobrenombre alude ya a extranjería, a nulas raíces, a ausencia de compromisos, que se yerguen como antítesis de los valores sustentados en el feudo de Carrasco.
Por otra parte, no parece ser casual que el nombre del representante de la justicia sea Justino: anciano de marcha claudicante en metáfora alusiva de la cojera de una justicia que tropieza con usos y costumbres de la comunidad, igualmente corrupta, quien le asignó a Justino la tarea de convertir en culpables a inocentes exonerando al verdadero asesino, como muestra elocuente de la decrepitud con que camina esa justicia de bastón.
La novia ficticia de Ramón, ante el deseo de hacer del conocimiento público la clandestina relación que sostiene con un hombre casado, sufre la muerte a manos de su verdadero amante, el cual prefiere matarla antes de que se descubra la infidelidad de un esposo para quien las apariencias y las simulaciones son indispensables en ese frágil ordenamiento del mundo con que vive o sobrevive Carrasco.
Finalmente, considero que Un dulce olor a muerte es una excelente película que mueve de manera inteligente al espectador, hacia un cúmulo de interrogaciones sobre sus propios valores y principios.
Mtro. en Sociología y Doctorante en Antropología Social por la UNAM. Presidente de la Academia Literaria de la Ciudad de México A.C. y Profesor de la Humanidades de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza. Es miembro del Consejo de Vigilancia de la Academia Mexicana para la Educacion e Investigación en Ciencias, Artes y Humanidades. Ganador del Consurso “Cuento, Poesía y Periodismo” UAM 1983 entre otros. Autor de varios libros de poesía y cuento, obtuvo el reconomicimiento por sus aportaciones a la difusión de la cultura y el arte por el INDAUTOR 2005, fue traducido al francés en la Antología México-Québec 2008, y recibió el Premio Nacional a la Gestión Cultural 2017 durante los trabajos del 6to Maratón Nacional de Lectura en la Biblioteca Carlos Fuentes.
Cuando se habla de la era de la información, se hace referencia a una época en la que todo se encuentra en un mundo digital, libre, abierto y, aparentemente, sin restricciones; una realidad donde la tecnología y la informática son el motor de una sociedad. En la actualidad las redes son la prioridad para la obtención de datos y conocimiento de hechos de muchas personas, lo que ahí sucede, se ve, se publica, se comenta y se comparte; pero así como esto tiene sus pros para lograr una conectividad más inmediata, en lo cotidiano también existen varios contras que afectan tanto el conocimiento como el flujo de información verídica.
La vasta cantidad de información compartida crece de forma desmedida y esto termina creando una enajenación y alienación. La gente reacciona a sus alrededores, a lo que sucede en la Internet y con los videos e imágenes con que se topa, pero su relación se vuelve tan dependiente que el hombre comienza a dejar de pensar para convertirse en un ser pasivo. El mundo digital que le rodea lo vuelve ajeno a la realidad en la que vive.
A raíz de estas ideas se plantean las bases para la película Nerve: Un juego sin reglas (EUA, 2016), escrita por Jessica Sharzer, basándose en la novela homónima de Jeanne Ryan, y dirigida por Henry Joost y Ariel Schulman. El proyecto cinematográfico cuenta con las actuaciones de Emma Roberts, Dave Franco, Emily Meade, Colson Baker (conocido artísticamente como Machine Gun Kelly), Juliette Lewis y Miles Heizer, en los papeles principales.
Nerve es un juego en internet, inventado para la historia, donde la gente que participa debe cumplir diversos retos a cambio de dinero, se trata de distintas pruebas propuestas por los mismos usuarios que miran y que a su vez pagan una cuota por el derecho a participar como ‘observadores’. La idea es que cada reto sea grabado y transmitido en vivo; mientras más observadores sigan la transmisión, mejor posicionado en el ranking se verá el jugador. El propósito básico de la mercadotecnia: pagar por disfrutar consumo [ver, escribir, proponer, juzgar], sin importar los efectos éticos del asunto.
La historia tiene como protagonista a Vee, una chica infantil e inmadura, insegura, temerosa y, por tanto, tímida, poco arriesgada, que vive complaciendo a los demás. Su mejor amiga, jugadora de Nerve, le dice que es tiempo de tomar oportunidades y vivir al momento, inclusive si ella misma tampoco sabe medir las consecuencias de su impulsividad. En consecuencia, Vee deja de ser una ‘observadora’, usuaria del juego, para convertirse en ‘Jugadora’, participante del mismo.
El mecanismo de la dinámica como tal, refleja los riesgos que existen en esta era de la información. Si todo está en la red, todo se vuelve público; se pierde la privacidad, pero también comienza a pasar lo mismo con la identidad. La gente que organiza, administra y vende el juego en la película, gracias al control que ejerce sobre los que libremente se inscriben, en un obvio ejercicio de compraventa, donde se puede conocer de gustos, intereses, costumbres o debilidades de sus jugadores, extrayendo información de sus perfiles de cuentas en Internet, Facebook, Instagram, Twitter, etcétera, sobre sus familias, su persona o sus rutinas, información que utilizarán en su contra, para forzarlos a seguir en el juego, chantajeándolos, o para ponerles pruebas más complicadas basándose en, por ejemplo, sus miedos. Es su presencia en la red, lo que informan y comentan sobre su propia vida, lo que eventualmente hace a los jugadores vulnerables, algo de lo que de entrada no se dan cuenta las personas, ni la mayoría de los jugadores de la historia; tal y como en la vida real se presenta hoy en día.
El juego en sí, en su dinámica y forma de operar, es una explotación de cómo la red controla, maneja y comparte la información. Los usuarios del juego miran y documentan todo, absorben indistintamente todo lo que se les pone enfrente, alejados de la realidad, de los retos, de las emociones humanas que se viven en ellos, porque no los presencian directamente, sino a través de una pantalla. Se promueve el morbo como espectáculo y entretenimiento y ello lleva al desgaste y la pérdida de los valores y la ética. La gente mira porque cree que lo hace en el anonimato y eso sólo propicia más indiferencia social.
Los retos van creciendo en intensidad e incluso poniendo en peligro la vida de los jugadores, pero el incentivo monetario mantiene a los participantes activos en la competencia, peleando con sus semejantes en un esquema regido por la rivalidad y la popularidad, mientras los observadores se continúan alimentando (consumiendo) de una exhibición de la que se creen distantes, inclusive indiferentes en cierto grado, porque sólo miran desde lejos, bajo la idea de que nada tienen que ver en lo que hacen otros, los jugadores, sin entender que, mirando el espectáculo, votando o promoviendo retos, son también responsable de los que sucede, aunque sea de forma indirecta, porque aunque sólo viendo desde sus celulares, computadoras o tabletas, hacen crecer el juego, lo promueven más con su presencia, su presencia digital.
¿Por qué jugar? Para algunos es llamar la atención, para otros es ganar la sensación de control, sobre su vida, decisiones y futuro, para otros es entretenimiento y para otros es necesidad (probablemente financiera). El público meta son los jóvenes, la esfera de la población susceptible a ser impresionable, propensa a ser partícipe por su relación ya establecida y estrecha con la tecnología y la era de la información; personas maleables dada la época de crecimiento que viven, una adolescencia y adultez en busca de emociones, adrenalina y retos, en donde la inmadurez es la suficiente para cegar su juicio e invitarles a dejar de medir las consecuencias de sus acciones.
Nerve | Dirs. Ariel Schulman & Henry Joost | Estados Unidos, 2016
El juego engaña deliberadamente con el viejo discurso de ‘vive el momento y el ahora’, promoviendo lo inmediatez sin pensar en las consecuencias, atrapando con la idea de que participar, convertirse en jugadores, vuelve a las personas en gente activa, no pasiva; lo que el juego nunca explica son los efectos secundarios, a costa de qué o qué se da a cambio de esa sensación de libertad y autonomía. Los jóvenes parecen querer proclamar su independencia aceptando las condiciones del juego y los retos, que terceros proponen y califican, creyendo que eso significa decisión de juicio, cambio o autosuficiencia, cuando en realidad es todo lo contrario. Cada persona es responsable de sus decisiones, pero en este caso, su elección sólo los lleva a convertirse en piezas de un tablero controlado por otros, que se aprovechan de ellos para su beneficio propio, siempre en el marco de un afán exhibicionista para ser aceptado y reconocido.
La red se convierte en una careta, una que parece permitirlo todo; con la excusa de que se trata de un juego que se maneja a través de internet, todo se vuelve efímero. La gente que está ahí sólo por la fama pasajera, se dará cuenta que para el sistema, el juego, ellos son piezas que cumplen una función, momentánea, en donde eventualmente se vuelven desechables, reemplazables incluso. La red anónima donde seguidores, público e incluso jugadores existen, pero no existen. La evidencia de lo que sucede queda perdida en el ciberespacio, un lugar donde regulaciones y reglas aún están difusas y no siempre bien reglamentadas.
Se comenten delitos cibernéticos, por ejemplo, que los administradores saben cómo encubrir aprovechándose de las mismas fallas o huecos sin explorar de la era de la digitalización (el código abierto de la página web hace que los servidores conectados se vuelvan una barra protectora que no permite identificar la fuente de origen del juego). Estos crímenes, sin embargo, también son sólo posibles por la misma dinámica de la informática: poder robar dinero de una cuenta de banco porque ésta está ligada a la información, también disponible en la red, de su propietaria, es un buen ejemplo.
Con estos elementos de historia, la película evidencia cómo el mundo opera en una sociedad del espectáculo, en donde la dinámica de convivencia se vuelve impersonal, muchas veces debido a las mismas redes sociales, en donde el todo ‘compartido’ más bien acrecienta el distanciamiento y la superficialidad. La comunicación que se maneja en la red y el cómo se maneja pretende facilitar la socialización, pero olvida que su misma naturaleza hace que fácilmente pueda también manipularse, para convertirse así en obstáculo de las relaciones humanas, el desarrollo personal y la convivencia social.
Guionista y amante del cine, ha estudiado Comunicación, Producción y Guionismo a los largo de los años con el fin de aportar a la industria cinematográfica una perspectiva fresca, entrenada y apasionada. Actualmente cursa un Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades a propósito de enriquecer su mente y trabajo.
Una joyita del cine Argentino que vio la luz en el 2011 y desafortunadamente no tuvo la difusión que merece, “Las Acacias”, dirigida por Pablo Giorgelli y escrita por el mismo Pablo y Salvador Roselli, largometraje ganador de la Cámara de Oro en Cannes como mejor ópera prima entre otros múltiples premios, es una conmovedora road movie que sin duda no se deben perder.
La anécdota se centra en la relación entre Rubén, un camionero gruñón que transporta madera (de acacias) y Jacinta, una mujer joven que contrata a Rubén para que la lleve desde Paragüay hasta Argentina.
La película inicia cuando Jacinta llega tarde a la cita por lo que Rubén ya la espera molesto, sin embargo, el conflicto principal es que Jacinta sube al camión con una acompañante que deliberadamente omitió mencionarle a Rubén: Anahí, su pequeña bebé.
“Las Acacias” aborda con sencillez tópicos universales como son la empatía, la soledad, nuestra profunda necesidad de amar y “la capacidad de reconstrucción que hay en cada uno de nosotros”, según palabras del propio director.
La temática simple y “limpia” de su historia resulta contundente para el espectador. Como en la música, los largos silencios que integran el trayecto de estos tres personajes, abundan en significado. No hay música de fondo ni parafernalias fuera de la historia central, el camino y las grandes actuaciones de los protagonistas, mismas que se perciben completamente orgánicas; tanto es así, que dan la sensación de pertenecer a un documento más que a una ficción. Para la sorpresa total de la audiencia, la pequeña Anahí, a pesar de su corta edad, despeña un maravilloso papel co-protagónico al mostrar una amplia gama de sentimientos digna de una verdadera actriz.
Las Acacias
Dir. Pablo Giorgelli
Argentina, 2011
Trailer 1:42
Foto: Montserrat Valera
Montserrat Varela | Escritora y guionista | México | moonvaliente1q81@gmail.com
Nacida en la Ciudad de México. Estudió actuación en el Centro de Arte Dramático, A.C.. Becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado para la editorial Endora. Trabajó como guionista de series de TV para Grupo Odín Dupeyron . Es miembro de la Academia Literaria de la CDMX. Ganadora de varios premios por su guion “Alicia” co-escrito con Michael Rowe. Su primer libro fue “Milagritos”, publicado por la editorial Cartopirata. Participó en la residencia para guionistas “Visiones en el Desierto”. Recientemente publicó su segundo libro de cuentos “Adán (Sin Eva)” y próximamente la antología “Narraciones con enfoque social” de la IBERO León.
De nombre original “Bombón: le chien”, aunque la película sea argentina con co-producción española y el título esté mitad en español y mitad en francés, esta maravillosa cinta de 2004 dirigida por Carlos Sorín y escrita por el mismo Sorín, Santiago Calori y Salvador Roselli, nos confirma una vez más quién es el verdadero mejor amigo del hombre.
Bombón: el perro | Dir. Carlos Sorín | Argentina 2005
La historia la protagoniza Coco, un hombre humilde, oriundo de la Patagonia, que vende cuchillos de casa en casa para ganarse la vida. Ante la prácticamente nula demanda de cuchillos y el deseo real de Coco que es cambiar de trabajo para ser empleado en una gasolinera y así ayudar a su hija y nietos con los gastos, nuestro protagonista emprende una búsqueda incesante. Desafortunadamente, pronto se topa con que, debido a su edad madura, el sueño de conseguir algo mejor a lo cual dedicarse es casi imposible. Sin embargo, bien dicen que “dios aprieta, pero no ahorca” así que la vida le tiene preparada una gran sorpresa cuando, por agradecimiento al ayudar a una mujer a quien se le descompone el coche, es recompensando con un dogo argentino al que por error entiende que se llama “Lechien” (refiriéndose a le chien, que significa perro en francés).
Un poco renuente al principio de tener “otra boca más qué alimentar”, Coco se lleva a su nuevo compañero y de inmediato su suerte empieza a cambiar pues le ofrecen mejores trabajos como el de guardia de seguridad, entre otros.
En realidad, el verdadero nombre de su perro es “Bombón” y este no es un perro cualquiera, sino un finísimo perro de exhibición, según le explica a Coco el Sr. Walter, un entrenador que conoce en el camino y que desea competir a Bombón cuanto antes para así sacar provecho de él.
Temas como la bondad y la lealtad son la columna vertebral en esta conmovedora y divertida cinta y claramente su estructura nos remite al “viaje del héroe”, con la singularidad de que este héroe va acompañado durante casi todo el film del que se volverá sin duda su mejor amigo: “Lechien”.
Bombón: el perro
Dir. Carlos Sorín
Argentina 2005
Trailer
Foto: Montserrat Varela
Montserrat Varela | Escritora y guionista | México moonvaliente1q81@gmail.com
Nacida en la Ciudad de México. Estudió actuación en el Centro de Arte Dramático, A.C.. Becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado para la editorial Endora. Trabajó como guionista de series de TV para Grupo Odín Dupeyron . Es miembro de la Academia Literaria de la CDMX. Ganadora de varios premios por su guion “Alicia” co-escrito con Michael Rowe. Su primer libro fue “Milagritos”, publicado por la editorial Cartopirata. Participó en la residencia para guionistas “Visiones en el Desierto”. Recientemente publicó su segundo libro de cuentos “Adán (Sin Eva)” y próximamente la antología “Narraciones con enfoque social” de la IBERO León.
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