4 junio, 2026

Artículos

Sala de Espera

Iván Uriel Atanacio Medellín

Recuerdo me levantabas del suelo y cargabas con tus brazos, tus agrupadas caricias cubriéndome del frío, fingiste al dolor cuando sintiéndome nada dabas todo, sufriste mis pesadillas y desvelaste mis sueños. Recuerdo sufrías ante mis idas y abarcabas de gozo a mi regreso, caminamos siempre así estuvieras cansada, recuerdo tu piel que parecía un pañuelo, tus cabellos tersos, el respiro tuyo consolando mi llanto, y tu presurosa corrida por aliviarme. Recuerdo cuando hablamos por última vez, pediste me cuidara, dijiste volvías pronto, que el adiós está lejos pero está, y que de cualquier lugar uno siempre vuelve a donde ha partido, cómo recuerdo madre aquel abrazo y el último beso.

El ÍTAMO, Iván Uriel

Cierro los ojos a la oscuridad que se ha hecho. Sólo escucho voces alrededor como murmullos, como una suerte de posibilidad infinita, como esos juegos de la mente que se empeñan en la prenda del insomnio, en la intranquilidad resuelta de aislados pasillos y habitaciones vacías; hace mucho de aquello, fue hace tanto que no recuerdo el día exacto, sólo imágenes que conviven alucinaciones y dejos de muerte, hace tanto y a la vez hace poco, que perece fuese ayer aquella súplica por el rescate al medio del camino, de la firma consciente a la entrada de este edificio que pareciera estar construido sobre un cementerio, y tener vida en una dimensión alterna de la propia realidad: la esperanza. Desde ese instante en que el azar, la imprudencia o el atisbo de la premura, agitaron volcados los instintos por salvarse ante el ataque a lo querido, supe que el temor a lo desconocido habita la premonición sobre el devenir que sacudió a torrentes las huellas del follaje que a sangre atestiguó se cumpliera. Todo giró como remolinos giran las azuzadas salidas a laberintos que aterrorizan no pronunciar las emociones y no vivir las experiencias detenidas en la boca como si la fatalidad se apoderase de la expresión. De los inmediatos gritos desesperados, se escucharon las sirenas estridentes de la tragedia, kilómetros intempestivos de súbito, un soplo duró la travesía, los remordimientos se vierten sobre las ruinas de quienes no sienten culpa, de los indolentes ante el humo de cuerpos incinerados y campos quemados por la pólvora del olvido, esos altares a la vera del camino, al que se sumarán al tiempo las cuitas de nuestra vía. No sé cómo es posible pasar del alboroto contumaz al sonido de la prisa, y como la prisa sede su paso al amparo del silencio, el cansancio de la pena cobija dormirse al anhelo de que la pesadilla haya sido un sueño de esos que uno de pronto despierta a media noche respirando agitado para abrazar la venia de serlo, pero no.

La pesadilla es tan real como las blancas siluetas cubiertas de sangre y del azul celeste que no deja ver el rostro de los compases que se acercan y alejan como sombras a la noche auxiliando los dejos de la herida, luces encienden y apagan de pronto como en mí la ilusión del sueño, pero no, es tan real la fila de cuerpos recostados al pesebre del lamento como real es el dolor sentido al edificio que cobija. Entonces asumo que la simpatía por el mal, conjura un debate filosófico que construye desde un lenguaje propio, una crítica sistémica y estructural donde los parámetros morales no existen cuando sólo se desea el castigo que no puede expiar el infortunio, no se puede castigar ante el delito ausente ni hacer reclamos hacia el cielo, sólo blasfemar con la misma intensidad que hace a la plegaria el desahucio. Afuera de esta habitación la cotidianidad del edificio donde nos encontramos a la espera de una noticia, de una palabra, de un acontecimiento que libere la angustia, no da paso al asombro que sólo emerge cuando se irrumpe lo que los dejos acostumbran; hoy es la vez primera que cavilo añorar la otredad que me confronta, esa del vacío existencial, la que ahuyenta el letargo de la vida en el abrazo. Extraño tantos esos pequeños pedazos de cielo, que no advertí asir antes por la monotonía premura de los días, pero hoy logré hacer de cada pausa un momento de íntima introspección, conformar diálogos del pensamiento, y tratar de soñar con darle sentido al vacío que atiende el despertar como un milagro. Y sin embargo, me ahogo en un grito que más tiene incomprensión que la súplica de un regazo, la llamada que atiende el resquebrajamiento de los cimientos más débiles, y que apela a la fuerza del cariño que renace cuando los sanadores de la esperanza, informan paulatinos los avances sin respuesta de la causa.

Había sido un viaje lleno de expectativas, de ilusorias conquistas y atrevimientos, de gozo y alegrías, que concluyó siendo el periplo existencial que ahora me porta en la reflexión constante sobre la vida, la muerte y la existencia. Todo cambia en un segundo, nada permanece al virar la manecilla de la quimera en advertencia, los andares inician y terminan sin antes hacer la escala que lacera el funeral que es visto por el propio muerto y el nacimiento como una opción del libre albedrío. Sí, en este lugar lo mismo hay vida que hay muerte, lo mismo mueren los enfermos que sufren los heridos, que agonizan las condenas, que se alivian los latidos. Todas las emociones aparecen y desaparecen como las congojas del paciente al darse de alta, o el llanto que anuncia el nacimiento de alguien que tarde o temprano, vivirá la dubitación cual soliloquio de la prisa. Los anuncios auscultan las preocupaciones y advierten los procesos de la ciencia, donde convergen temores, angustias, las fobias; el advenimiento del devenir y su locura, aquí se vive bajo el cariz de la desesperación y el imperio de la incertidumbre.

Estoy cierta, lo siento ahora con más fuerza que antes, este descanso podría ser el fin de la historia, de la mía, de la nuestra, de lo que fuimos. Nada, ni siquiera las sospechas volverán a ser las mismas, lo conocido será desconocido y a partir de ese instante en que llegamos a este lugar donde residen los apegos, sólo quedará quiere soporte las madrugadas a la vera, las mañanas al develo y las noches en alerta de la precaución hacia lo imprevisto. Mientras haya quienes retocen las horas del sereno sobre las duros sitiales y relajen el ansia tensa sobre los sofás inexistentes del suelo, no habrá cabida para el abandono, ni par el suicidio colectivo de la desesperanza; eso pienso, eso creo aunque no pueda decirlo pues nos están vedadas las palabras y prohibidas las caricias para decir qué deseamos al cuerpo que tampoco es posible moverlo. Quisiera decirles que me siento contenta, que me sé rodeada por telares del cariño, por las visitas puntuales y a deshoras, por la curiosidad atenta del capricho, que atiendo cada voz cual melodía taciturna, y cada lloro con la cuita de calmarle. En este lugar la búsqueda de un estado de felicidad parece no existir, a mi lado un conductor trata de disuadir al pasajero suicida de su intento, y no lo hace con argumentos rebuscados, comunes o que refieran a persona alguna, es más, los sentimientos se vierten hacia la minimalista perspectiva del recorrido y de la búsqueda del sentido; en ese pasaje sobre ruedas que surge desde la oferta del suicida por ser enterrado una vez muera, aparece un taxidermista necesitado de dinero.

Aquí redunda un serial de historias entrelazadas por el destino, la atención de lo que sucede entre las historias íntimas cobra ímpeto de ficción, y en esa ficción de la realidad, de la violencia como una oda desesperada de ambición, ajuste de cuentas y éxito, atiendo la misteriosa caminata que motiva el nodo de los afectos que unen el pasado con el presente. En la pista de las razones, de las causas y consecuencias, el viaje por cada rincón de un contexto desolador, aguarda la esperanza de que pueda recuperarse lo querido. Vidas, circunstancias, entornos distintos unidos por la fatalidad, se quiebran por dentro y muy hondo, denuncian lo sagrado en la indolencia que parece, delegar la unción a la profanidad que culmina su pecado al juramento, a la promesa; aquí se revelan los secretos, se ocultan las verdades y las mentiras hacen eco, aquello que se esconde se revela, y aquello que se ofrece se oculta, estar aquí resulta ser obra de un destino manifiesto, inalienable, del que no es posible escaparse porque la determinación pareciera ya estar decidida sin discernimiento. En este lugar la disposición de las habitaciones indica la urgencia de quedarnos dentro, en el primer piso residen las atenciones de quien procura, en el segundo piso de quien sufre, y en este tercero que no tiene puertas sino cortinas a máquinas en movimiento, residen quienes sosiegan la intensiva energía de la confusión, mediante sendas terapias de agujeros negros y respiraciones profundas.

Este es el piso de las intervenciones continuas que mantienen a los aquí vecinos, tejiendo horizontes de sucesos, cohabitando la lírica del hoy con los mensajes del mañana y los mañanas con los mensajes del ayer, todos enviados por el mismo agente hacia un mismo destinatario.  Cuántas preguntas sin respuesta hay todo el día, cuantas cuestiones solventadas por la observación de las horas críticas, esas que al pasar, indican la zanjada del insomnio que será la nueva compañía de la soledad, la dolorosa soledad que sólo se siente cuando uno está enmarcado por decenas de pares que no miran a los ojos rojos por la bravura, pues no se dan cuenta quienes debita asumir el accidente o entender como el fluir de la vida de pronto se detiene. Pongo atención, trato de no distraer ningún procedimiento ni provocar el desánimo de los galenos, su vocación osará cruzar la débil línea que separa el accidente de lo intencional, el exabrupto de lo natural, lo que se veía venir de lo inesperado y todo, con la culpa vestida de hielo y neblina que matiza el paisaje de esta postal que lamenta no haber compartido con lo amado más tiempo.

A media noche los informes designan, aclaran o confirman lo que por el amanecer habrá de confirmarse, y todo sucede al mismo tiempo, en este lugar donde habitan víctimas que dormidas, despiertan al medio del sueño para descubrir el delito y al profanador. A partir de ahí,  la necesidad de generar una impronta e implantarla en las víctimas, es la misión que las sombras de blanco buscan implantar desde su vocación, hay una oportunidad de unir la realidad y el sueño, tanto como se bifurca la ambigüedad de su peana. La muerte inesperada como antecedente, consecuencia y antesala del adiós como legado, dibujan una representación vívida, emocional y profundamente explorada, la muerte como una habilidad del hastío, una cualidad de la maldad, y la lealtad como una resultante del apego cuando se acompaña. Aquí los sentimientos no pueden ser ajenos como ajenos no pueden ser los deseos cuando se desea, ansía y abraza. Entonces pretendo estar sola porque no hay alternativas ante los ojos del otro, que es capaz de matar y dar vida al sentimiento, primero en el engaño, después en el consentimiento de quien se abandona en ese curso espectral que asola los cariños. La celda como suerte de abacería sin dueño, semeja ser cada camilla enfilada en bretes de azulejos, barandas y ruedillas, nada queda más que aguardar la resignación o la superación del confinamiento. Hay tanto tiempo para rumiar las cornisas de un cuarto, que me permite evocar nítidos recuerdos de mi infancia, el invierno en la ilusión de algún juguete, las primaveras de flores,  los veranos de lluvias, y las anécdotas de los altares en otoño que aguardan los inciensos dedicados a quien no pueda salir de este santuario dedicado a la resignación y a la esperanza.

Así, bajo el sustento de una confrontación con la alteridad inextricable, con el misterio del incierto devenir y en certeza de la finitud, la premisa de un juicio posible a nuestros actos, asusta los errores divinos y los aciertos que definen el principio y el fin. Al final, una vez más se asoma el amor como lo único capaz de trascenderla, la patibularia redención del cielo, la ida al sacramental camposanto sin reparo, o la vuelta a los recuerdos que se apreciarán ante la posibilidad del presente. La necesidad de comunicarnos motiva despertar, es un hecho que desconocemos los enigmas de la existencia, que suponemos concebir la total comprensión lo que sucede cuando la mente guarda sus pensamientos para dentro, la no aceptación de los hechos, la relatividad de la separación, el fortalecimiento de los lazos afectivos de quienes esperan abrazar la vida, o mantener relación con quien ha muerto. Las distantes voces que aún viven y se escuchan a través de la preservación del sonido natural, rebota su eco en las paredes de una habitación donde además de habitar los dolientes, habitan los retumbos de la espera.

Me queda claro que la condición humana transita en dos puntos unidos por una línea que guinda preces, plegarias, rogativas, aquí quienes han muerto reviven para atender lo que los santos quizá no atiendan, calmar los dolores, las heridas y sus penas, o la resolución de los asuntos pendientes que presenta la dualidad manifiesta de la vida; no sé qué hacer para saldar las cuentas, recuperar la memoria y preservar los recuerdos para evitar el olvido. Me duele verles apesumbrados, me duele escucharles hablar entre lágrimas, me duele el canto de murmullos nocturnos que desvelan, los amaneceres que susurran, las vidas pasadas que aquí se debaten al acuerdo. Me cuesta aceptar que el mundo de los vivos more en la superficie, y el mundo de los muertos subterráneo sea, no son los muertos quienes se presentan ante los vivos ni los vivos quienes apelan de los muertos su vuelta. La relación del vivo es directamente con la muerte, y para dilucidar las preguntas perennes que dan sentido y significado a la existencia, entablo un duelo con la muerte. Ese duelo es el mismo que dirimen los enfermos, los heridos, los pasmos y las repentinas sorpresas, el silencio de dios adquiere la respuesta presencial de su verdugo, y en la revaloración de la existencia que desvanece, inquiere y responde, respiro la liberación como destino final de la existencia. La estática de este lugar contrasta con el dinámico viaje que yo emprendo en otros lares que nadie acusa pues nadie ha vuelto para aclarar la duda de la ida, un viaje sin remos amparado en bregar la brega del amor y anclar la utopía de la fuga como una liberación más que un escape. Los galenos no claudican ser gestores de la posibilidad probable de los encuentros y desencuentros, el avenimiento en víspera de una conclusión temporal, que otorga al período la cualidad de embellecer las hojas secas.

Duele la espiritual aproximación a la pérdida de la fe, la vacua religiosidad y al viaje que se interrumpe cuando el mapa parece borrar los enlaces de un destino que se desconoce porque no existe. El silencio enjuicia sin defensa, el viaje prosigue tras la pausa, pero sólo el destino del silencio sabrá si serán los mismos pasajeros quienes se hagan al camino. Miró hacia el techo y es tanto el brillo de las luces lampareando las miradas, que forma un espejo que refleja un rostro que supongo es el mío, y que se transforma al impasse de imágenes que se suceden una tras otra, que deslumbran, aturden, provocan e incitan descubrir el porqué de su yuxtaposición, y el para qué de su disposición anclada en el sonido: el silencio también duele.

Quisiera escuchar la lluvia como aliciente, pero en este lugar no se escucha ni la lluvia, ni los truenos ni el viento soplar, no se escucha nada, esta ausencia de sonido parece construir la palestra para el ritual del alma, ése donde decidirá transitar la frontera del infinito. Es increíble que pueda viajar anclado aquí lo que nunca pude explorar antes, que pueda hallar sentido a la inmortalidad y a la aspiración de suspenderme levitando el espacio, prolongando lo finito en la eternidad sin tiempo. Estoy a pleno vuelo y sigo descubriendo, visitando otros paisajes y más lugares como más son quienes aguardan fuera y menos quienes visitan dentro mi abadía, las agujas han disuelto su líquido, los cables conectan la artificial forma de respirar el aire encapsulado por las fibras que extienden sus ramas cual árbol, y exámenes detallan los peligros del contagio de cualquier enfermedad que inunde ese mismo aire que mi cuerpo se ha negado.

Y mientras el sufrimiento suceda y la cura sane, los guardes en su intervención derivan pugnar la supervivencia o dejar que lo inminente pase, su debate deriva entre que la natura mute o que ceda la acción humana que la ciencia manipula. Una extraña infusión de la culpa como condena, en su coro ha decidido que no habrá más, sus procedimientos conforman un serial de acciones continuas que convergen al dolor del cuerpo y de la tierra. No obstante la tragedia, proponen una alternativa redentora, y a la vez, la delegación cual herencia de una pena que esconda el alarido contenido con la mudez de las palabras de esta confesión no solícita, que no puede expresarse más sí sentirse en el masaje de la caricia. Yo era los sueños vertidos en la pesadilla que el miedo podía provocarnos, insertos a un remolque apaciguando nervios aguzados, yo era las avideces profusas del hircismo, y era lo que ocultamos a los demás y lo que de nosotros los demás saben. Quiero volver a creer, tener fe en que dios me escucha, tener fe es válido cuando se ama, y ha sido el amor mi fuente tras aquella madrugada en que nos hicimos al camino, cuando dormita sin pestañear siquiera, la complicidad es tan eterna como el sueño cuando se comparte.

La niebla es densa y huele a humo, todas las que aquí estamos no alcanzamos a ser cinco, y todos los que afuera deambulan de un lado para otro, que van y vienen, que dan giros y sientan donde quede un hueco al y se levantan al sobresalto de las alarmas falsas, somos en conjunto una cofradía de nómadas. Somos como madrigales crecidos en pantanos, después de andar al medio de la nada, buscamos el significado de las cosas más que de los sucesos, no podemos huir de nuestro destino pero tampoco esperar a que suceda. Sólo nos queda esperar de un lado y del otro de estas paredes que separan quien está enfermo y quien está sano, unidos por el dolor que rebasa la carne porque se adhiere al alma, unidos por el sufrir de la expectativa, por el clamor de las ansias. En este lugar de hospitalaria atención, la impotencia supera el desespere y la sinrazón adquiere los signos de cólera, los gritos ahogados por dentro no quieren expresarse por fuera, eso podría significar que todo ha terminado, que no hay más que esperar porque ya nada llegará más que la cripta.

Y duele, cómo duele no poder atrapar el tiempo, duele, cómo duele no poder dibujar sus imágenes más allá de los recuerdos, sintiendo que acabé de estar y pienso  no sobrevivir el cruce, que no podré acercarme a la luz que me ofrece la existencia; observo lo que acontece en mi vida sin poder intervenir en ella, donde ningún sentimiento es más importante que otro. El cruce es ese paso entre dos dimensiones que habitaremos todos a designio, pero en compañía de quien no llegó a esta habitación porque no había nada más que hacer al regreso cuando se ha partido. La brisa es el lamento de crisoles reflejados en los acompasados versos andariegos, no dudaría un momento en mirarte a los ojos, nadie más ocupa lo que de mí ya no queda, juntos somos ese alguien que comparte nuestra esencia, no la mía, no la tuya, la nuestra. Cómo duele pasen los días sin darnos cuenta, pero es difícil encontrar paz habiendo vivido la guerra. En el intento está el resto de nosotros, eso que es invisible pero hace sentir su presencia, no sé qué haré cuando detrás de mí nadie me siga, cuando delante de mí nadie me espere.

Mientras miro de frente y el tiempo pasa sin detenerse, sólo me duelo por las vidas que no tendré, por los momentos que no serán, y debo entonces dejar de pensar en el devenir, que el futuro es una utopía, pues cuando lo se vive ya es pasado, lo que se viva será presente. Así despido con el adiós del nunca los sinsabores del cielo y los apasionantes besos que esconderemos en las secuencias que rondarán cuando las pienses. Yo me hago a la idea desde ahora mientras cada paso es más lento y me hundo cada vez más en la arena, no por la levedad de mi cuerpo sin agua, sino por el tiempo en que me detengo sobre ella, llenando los vacíos que nosotros creamos, ahí donde se fueron los días, ahí donde yo pertenezco.

Somos los hijos de alguien y de nadie, habitamos un sitio y ninguno, somos vidas pasajeras que solo al tocarse con otras significan. Sé que si desvanece mi ánimo seré un cuerpo sin alma, la voluntad se me irá de a poco, sin saber qué querer ni por dónde empezar, entumecida por el tedio, resignada a lo que venga. La vida es una cuita, es broma, drama, suspenso, el terror inesperado, la comedia perfecta, el erotismo efebo, la acción continua. Soy lo escrito en las páginas de  registros que estarán en los expedientes de lo que fue, la historia y soy la búsqueda de mi propio espacio, saber quién soy da cuenta de cuán amplio es el cupo del afecto, pues al final me iré de la vida tal como la obtuve, de dos seres que para ser fueron uno. No elegí nacer y no elegiré morir, la única elección que tengo es qué hacer con la vida y hasta ese sufragio me fue vedado por la circunstancia.

Vivo ahora para el después pensando el antes, sin atrapar el presente ni ver el futuro, colecciono días que no serán y que no vuelven, elucubrando lo que pudo ser cuando tener un hoy es lo importante del mañana. No escapo del dolor pero trato de olvidarlo para averiguar en qué consiste y dónde reside la belleza de las cosas, siento que el primer lugar donde la luz del día ilumina es donde yo despierto, y trato de asir los instantes que me colman sin destruir otras vidas para que la mía sea posible, vivo y muero al mismo tiempo. Quiero abrir y cerrar los ojos, ser como las manchas que dejan las gotas de lluvia y que al final desaparecen; ser el principio de algo, el fin de un relato, el clímax de una obra. Quiero vivir los días uno a uno, ser el guiño que invita, la tentación, el deseo perverso, admirar la belleza sin tocarla, sentir de cerca, sentir de lejos. A medida que los días avanzan, cada día de más es un día menos, cada hora vale ahora más que nunca, y cada minuto dura lo que el suspiro alcanza a exhalarse por la boca; saber que se acerca el final para el desahucio es un alivio, y aunque existe angustia, no quiero ver al mundo con ojos de vicisitud, escucharlo con oídos de prejuicio ni palparlo con el tacto que la curiosidad permita, el universo es demasiado grande para desaparecer y aún existen por descubrirse nuevos mundos. En esta sala de espera he cavilado que la vida es un alcorce sinuoso de albergues que adoptan emociones, reciben acopios y donan sentimientos, ustedes al medio de la estrada, rondando las afueras del recinto entre humarolas de café y cigarrillos consumidos por la ansiedad, hesitan bregar la quía, los momios del porvenir son adversos y la confusión es un coloquio que decide qué hacer y cómo planear al escape un itinerario. Una hilera de sueños rotos pasó de lado, su fila incluye la expectativa de una agonía en su meta renovada, el hálito postrero de un grito ahogado, algo que no estaba antes en nosotros ha crecido y así escuchamos el último llamado que nos incluye, en ese momento íntimo sólo estoy yo y lo que vendrá para mí.

Le pido a Dios me explique porqué me dejó al amparo de otro intento y por qué tenemos que alejarnos de aquello que amamos. Le pido a Dios me explique por qué los días se hacen meses y no logro atravesar la frontera que nos une o nos separa, sería más fácil si me quedo o será más fácil irme para quienes se quedan, ¿de qué habrían servido las horas entre tubos, torniquetes y jeringas? ¿De qué habrá servido los dolores de la espalda, las jornadas. ¿De qué vale soñar con un mañana si no puedo soñar hoy? Le pedí a Dios hasta que asimilé que sólo podía pedirle cuidados. Me encomendé por ende a sus bendiciones, a su gracia, y a estos regalos que no he podido agradecer pero que guindan en mi cama con el amor de quien espera, me haya de ir donde me aguardan otros brazos, o quedarme para avivar más días soleados aunque soles no hayan. Apersono a mi cuello un escapulario recogido en los delirios dejados por los efectos de la anestesia, en tanto agradezco el milagro de la vida, es mediodía, mis llagas supuran, mis pisadas en la arena se hunden y al viento mis huellas desvanecen. Mi rostro agrieta polvos adheridos, mis pies no aguantan el derretir de las peanas, y estas piernas que al bandazo corrieron, cansan dar pasos sin consulta.

Quise platicar contigo muchas veces pero no sabía de qué, iba a enseñarte cómo hacer una fogata, a mantenerla encendida cambiando la madera vieja por nueva, a llevarte al circo que dejó de venir algún año que tampoco recuerdo, pero el día era como hoy, hacía el mismo frío que te pone las mejillas resecas como si te agrietaras igual que la tierra se agrieta. Tu beso tenía sabor a despedida, así lo sentí, y cuando te diste vuelta, cogiste un pañuelo y secaste la humedad que dejó aquella lágrima que cayó sobre mi frente, seguro en la congoja no te percataste, todavía guardo el pañuelo con tu lágrima y tu beso. Tu sufrías por no verte más, yo por jamás verte, el adiós es un lugar allá… lejos. Así como se hacen las tragedias, así como los sueños pesadillas, la ansiedad de verse esgrimió el dolor de tu leva. Cercana es la ausencia cuando estás lejano, corazón agonizas tiempos magros, quizá sea yo un fantasma que nunca has visto, un recuerdo que de polvo no adviertas. Los lugares permanecen donde nosotros nos vamos, lanzando besos que fuesen el aire, que fuesen las letras, y con eso nos quedamos aunque no baste. Hay acontecimientos que nos superan pero aprendemos a vivir con ellos, un viaje resulta estéril si antes de tu destino regresas dónde has partido, confío volvemos a vernos. Cada manecilla del reloj marca horas distintas a medida del reclamo, y al caer la última gota de lluvia como cae la última gota del suero, nos despedimos empapados por la zozobra. El sentido de la vida está en el amor, otros dicen germina del odio, para mí el sentido posibilita que las emociones existan, y los sentimientos sean el puente entre la realidad que existe y la fantasía que se desea.

De cualquier manera descifraremos la forma de ser felices y no hay sorpresa cuando algo esperas; no puede ser feliz quien vive al día, anhelando llegue el día siguiente. En esta dinámica de camastros sin más nombre que el número al chequeo, nos encontramos de mañana y por la tarde nuestros nombres sabemos, dejamos que pase las semanas sin saludos, aunque jamás sepamos quiénes éramos, al final, quiero sobrevivir al invierno, a la tormenta, a la enfermedad, encontrar el sentido de mí, pero no puedo sola, el sentido no mora un lugar que pueda encontrar, sólo nosotros damos sentido a nuestra vida. Y aunque quisiera rendirme o liberarme a este dolor, no sabría si más dolor pueda causarles que los días a mi lado no sean los mismos. Cumpliste la promesa de un mejor mañana como quien escapa a la incertidumbre y se alivia en su regazo, la espera de nuevos amaneceres, la dignidad devuelta desde el instante en que supiste yo vendría, el sueño más grande de tu vida llegaba en el peor de los momentos que se sienten, ante el mejor de los momentos que se viven. Si no vuelvo prefiero morir de congoja, nunca jures que regresas porque el juramento depositado en aquello que no seas tú es un capricho, en este viaje encuentro sospecha en donde nadie es inocente porque la culpa está en el caos que avizora un orden impuesto a ironía, es el pesar de nuestra alegoría reflejado desde su contexto, las formas en que tipificamos la vida, la muerte y la esperanza, la forma en que al emprender un viaje hacemos promesas y nos aproximamos al silencio.

Los malos presagios calan hondo el viento agreste, las ánimas en pena se aproximan, y las ánimas nuestras las ahuyentan, acuden a resarcir los abandonos de una guerra no declarada, que les desatendió en la derrota pues no hubo victoria para ningún bando. La recuperación de la memoria desde el prejuicio prepara un escenario de lo que vendrá, los baladros son indiferentes para quien les ignora, comulgo con el absurdo, con el existencialismo y la conjura, después advierto ignorar la verdad que sé. Describo los hechos verídicos vueltos extraordinarios desde el sueño que se convierte en un escenario, donde los personajes mueren de ilusiones cuando han cedido a la resignación y en ellos desaparece la capacidad de asombro. Las imágenes recrean y las anécdotas figuran un limbo entre el cielo y el infierno donde avistan sucumbir a las tentaciones del olvido, suprimidas hasta ser confrontadas por el deseo. Para mí la eternidad no es un espacio y no es tiempo, es ese instante en que el amor fue carne y espíritu, entrega y abrazo, amparo y respeto, la promesa cumplida en un beso. Eternidad es ese instante en que amor fue una mirada, la promesa el sueño que se cumple, ese instante del suspiro en la muerte y de la vida cuando se ama. Darle sentido a la vida era buscarlo en los porqués del abandono, sabía mamá que uno encuentra el sentido de la vida en lo amado, y no, al otro lado de estos muros.

Mientras diarios acumulan sobre la mesa de aparadores que reciben los dolores a regaños, cuestiono si hay un mejor momento para nacer, morir o enamorarnos, y me pregunto si para seguir adelante hay que dejar atrás el pasado, y ahora escribo sin pensar, motivada por el vaivén de la pluma que guía mi mano. Nadie percibe a los vivos entre tantos muertos ni separa el agua de la lluvia y la tierra del polvo, quiero saber cómo son las cosas y percibir los sentimientos, no vale vivir la guerra en tiempos de paz, y no es lo mismo la paz que una tregua, y entonces, en ese instante, ilumino mi rostro ante el tuyo y dejo mi cuerpo se vuelva a la tierra. Quiero que sepas que todo se escucha y todo se siente, que despierto cada que llegas y ahora que mis párpados cansados relajan conmigo, acudo al final de camino con la satisfacción plena de haberlo junto a ti concluido, suspiro.

Mamá se fue agotando como un manantial de agua fresca que sepulta un aluvión, cuyo magma esparce lava ardiente a ríos de piedra. Fui testigo de cómo despertaba cada día más tarde, de cómo se hizo lenta aun siendo joven, de cómo su cabello se alejó de su cabeza y siendo de sólido temperamento y tesón de roble, se hizo a un peso más liviano que las plumas de las aves. La acompañé durante la visita de doctores, y consultas donde sólo se anota la bitácora del sufrimiento,  el dolor y yo, al hospital nos hicimos habituales, y en el tratamiento sentí su vientre que me envolvía como se envuelven a capullos las flores. Hicimos de cada visita la relatoría de andares que seguro escuchabas, y aunque estuviese siempre parada, hacía de tu mano esa silla donde sentaba la ilusión de la plenitud que da estar a tu lado para leerte un libro. La vi desvanecerse como una imagen difumina entre espejismos y desaparece como desaparece la espuma entre las olas. Al siguiente día no había sorpresas, la monotonía hace de los lunes domingos, y al despertar, uno se topa con que la vida sólo tiene sentido si se tienen motivos. ¿Qué sabemos de la vida? El mundo gira conmigo o sin mí, la desesperanza hace que nos sintamos muertos estando vivos. ¿Qué será de mí entonces? ¿Qué será de mí ahora? El cuerpo muere cuando le abandona el alma. Abandonamos lo que no comprendemos sin descifrar los misterios de la vida, no quiero morir haciendo preguntas ni buscando respuestas, no quiero morir con dudas ni certezas, no quiero morir. Unos viven muchas vidas al mismo tiempo, otros tratamos de vivir solo una. El desconsuelo nos avanza hacia la muerte queriendo alejarnos de ella, la vida no aconseja ni hace promesas, cierro los ojos e imagino los agitados años de un mundo dividido en ideologías, y al tiempo atestiguó la festiva caída de esa muralla, abro los ojos y el grito es mudo, creo que más allá de la muerte hay vida y esperar la muerte no lo es, lo que es invisible mata más lento, así es la belleza cuando siento la muerte cerca.

Agobio pensar he vivido otras vidas, sin asentar que ésta es mía, que somos viajeros permanentes y que los muertos no sueñan aunque aparezcan en nuestros sueños. No sé si algún día sea demasiado joven o vieja para morir, a los vivos no une el que algún día moriremos y el punto intermedio entre dos personas es dibujar una imagen que para siempre perdure. La única certeza de la vida es que nadie vence a la muerte y vivimos hasta el último aliento, yo creo que nada muere para siempre porque la vida vendrá de donde vino y no quiero irme, es mejor demostrar el cariño en vida, de nada vale el cariño cuando uno muere. Somos como hojas de primavera caídas en otoño, y habrá una edad en la que buscaré un cementerio donde reposar el cuerpo, sería lamentable no tener un lugar para morir. Me siento caer en un abismo donde domina aquel que tiene dos sobre quien tiene uno, cada hora que pasa se pierde, la realidad y la verdad circundan un mismo espacio, la cantidad supera la cualidad en el dominio. Podré llegar al cementerio pero no hasta la tumba, es increíble que donde todo termina haya un comienzo y aunque muramos muchas veces antes de morir por vez primera, no suceden dos muertes en una.

Angustio saber qué ocurrirá después de la muerte y temo que cerrados los ojos no haya más nada, la muerte es como un océano de profundidades que cuestionan el por qué hemos de morir si hay tanto sufrimiento, el para qué del amor si hemos de abandonar lo que amamos. Lo es bien sabido, no todo se puede aunque se quiera, y pensamos más en las carencias que en lo que sabemos tenemos. Es éste un convite a las puertas del paraíso, que a invitados sin fe sus albores aguarda, y que recibe a feligreses, mientras a pasión cubre navíos. Nómadas son nuestras vidas de memoriales perdidos, la vida sin nada inicia y nosotros morimos sin nada, la muerte no es una solución, el abandono de lo querido tampoco, no puede matarse lo que no vive ni se puede volver donde nunca se ha ido. En este edificio el nosocomio deriva su nombre en la visita, el dolor o la ilusión unen su causa, me pregunto por qué si sólo hay un dios existen tantas religiones, por qué no acordamos en lo divino y por qué existe la pobreza habiendo quien es rico, no creo sin evidencias ni acepto por temor los ruegos, alguien se llevó el sol y con él trajo de milagros ausencia, no tengo mucha fe pero empezaré por creer en algo que nos mantenga vivos, en que la felicidad perdure y no sea la sombra de memorias ajenas ni una suma de recuerdos presentes. La incertidumbre quiebra el cuerpo que la necesidad remoza y aunque la vista es cruda como la realidad, es incomparable su calma, la fe en aquello que no vemos, que nos hace creer que éste andar es un pasaje terrenal y que un espíritu nos trascenderá a lo divino. He dejado de ser visita para ser recuerdo, no escojo nacer donde la vida fue plena, ni escojo morir bajo el alba, quedan de noches desvelos, respiros, la sala de espera.

*SALA DE ESPERA de Iván Uriel Atanacio Medellín aparece en  la “Antología del dolor”, publicada por la Academia Literaria de la Ciudad de México en 2018.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

INVISIBLE MAN, Asuntos y contextos  

Iván Uriel Atanacio Medellín

 El hombre invisible, dirigida por Leigh Whannell, no solamente es una cinta que hace honor a su homónima clásica de 1933 dirigida por James Whale y protagonizada por Claude Rains y Gloria Stuart, basada en la obra de H.G. Wells, El hombre invisible es ante todo una película que demarca asuntos contemporáneos en el matiz de su propio contexto. A su reciente estreno, el que podríamos considerar un suceso dado su estrecho presupuesto, debemos sumarle algunos asuntos que le acompañan como suerte de corolario analítico, por una parte es la oferta de Universal Pictures por continuar con la realización de películas de monstruos, las cuales se han visto en una espiral financiero y de recibimiento; en su afán por rescatar, refrescar y popularizar a su amplia gama de personajes que triunfaron en la taquilla de los años treinta y cuarenta, han encontrado un éxito extraordinario a finales de los años noventa con La Momia de Stephen Summers -aunque el perfil y contenido d de la cinta distaba de los argumentos originales, los cuales sí están presentes en esta nueva apuesta protagonizada por la brillante Elisabeth Moss– y con entregas poco agraciadas como La Momia de Alex Kurtzman, prtagonizada por Tom Cruise, la cual, a pesar de recabar una escasa cantidad de dinero en Estados Unidos, dada la ampia popularidad del ícono, tuvo una robusta recaudación en taquilla internacional, quedando como un tibio relanzamiento.

Elisabeth Moss as Cecilia Kass in «The Invisible Man,» written and directed by Leigh Whannell.

El hombre invisible de inicio, disminuyó el riesgo de inversión, y apostó por virar hacia el argumento primigenio aproximándose a su origen, obteniendo en su cometido un resultado por demás satisfactorio, podemos decir fue un inesperado éxito taquillero previo a la suspensión de funciones derivadas de la pandemia mundial por el brote, contagio y mortalidad del coronavirus; y es en el análisis de su contexto que la película se mira con varias ópticas. Por una parte la enorme y mundial repercusión que tuvieron marchas feministas en todo el mundo por el gran fenómeno doloroso, trágico y angustioso de miles de asesinatos de mujeres en varios países, con especial atención a México, donde los feminicidios son una tragedia constante. En diferentes ciudades de México y el mundo se llevaron a cabo manifestaciones y muestras de apoyo, cientos de miles mujeres marcharon, caminaron y expusieron sus demandas en las calles, incluso más allá de los eventos celebrados el día 8 de marzo, en México, el día 9 tuvo lugar un evento sin precedentes, las mujeres no laboraron y mostraron en su causa como la economía se derrumba sin su trabajo.

La defensa de los derechos humanos y laborales de las mujeres estuvieron de manifiesto, un grito desesperado y un clamor por la justicia social que retumbó su lucha contra el machismo y la la violencia; ese es el primer y básico punto de encuentro con El hombre invisible, una película cuyo centro de debate y análisis no es el efecto de invisibilidad que obtiene el villano, científico, tecnológico, voyerista o manipulador, sino la violencia de la que el personaje femenino trata de escapar dando inicio a las contingencias de su trama. Ella insiste en que escapa del control, de la opresión, de la violencia de palabra y acción, del sometimiento, de la privación de la libertad que de forma física y mental ha sufrido por su pareja durante años, la invisibilidad es entonces un temor de no poder escapar de ese terror que genera la violencia doméstica y en el caso concreto de la cinta, el feminicidio.

Un enemigo que de visible se convierte en invisible, y ahí la otra conexión con los contextos, justo hoy que el mundo debate la vida y la muerte de un virus que sorpresivamente apareció de forma natural o creada y que ha sido esparcido, contagiado o transmitido de una y mil formas a través del mismo aire que se inhala y exhala, en la respiración, en el saludo, en el tacto, en el abrazo, en el beso, en la pronunciación de las palabras; un enemigo invisible que causa la muerte y el terror, que ha destruido la economía de cientos de naciones, y cambiado con ello la vida de millones de personas afectando de forma definitiva la forma de vida de los seres humanos.

La globalización en su dual camino ha derivado en el bien de la solidaridad y en el mal de los contagios, en la alianza de naciones y en la construcción de nuevos muros al cerrar las fronteras, en la caída de negocios y en el surgimiento de nuevas formas de convivencia, unas que regresan por la ausencia causada por los aparatos y dispositivos que nos alejaban de lo próximo, otras que gracias a esos dispositivos permiten conectarnos, y al apogeo del surgimiento de nuevas formas de comunicación y el rescate de antiguas y básicas, como la mirada hacia quien nos acompaña, la individualidad suscita la social conexión con el mundo.

El virus no puede a simple vista verse pero se presiente, no pude tocarse pero hiere, no puede cogerse pero se advierte, y la forma de combatirlo reside en la precaución y en la disposición de formar parte, en búsqueda de una cura, el enemigo sigue resistiendo desde la invisibilidad de sus pasos, tal como el escape sugiere destruirlo desde el aislamiento. Y en esa conexión contextual, casual más no forzada, la película se convirtió también en un éxito en su reciente distribución en plataformas y dispositivos, convirtiéndose en uno de los primeros estrenos de este tipo durante la pandemia.

El hombre invisible enhebra la trama personal de su protagonista, la cual le lleva a emprender su escape, con la posterior explicación del porqué vivía temerosa, sometida y bajo la violencia de su pareja; por otra, de forma sutil pero eficiente, sin más aspavientos aunque sin explicaciones, indica las razones por las cuales pudiera argumentarse una confabulación para inculparle o para hacerle parecer una asesina, una delincuente o una persona que ha pedido su cordura, la locura es entonces una desviación del delito que la propia víctima ha sufrido. El escape se ha dado, pero se anhela la emancipación, y es ahí donde la trama se une a la ciencia ficción y desarrolla su potencial de suspenso, la historia íntima se hace pública, y la ciencia se mezcla con la realidad para mostrarse. El resultado es una película dinámica, entretenida, sin mayores pretensiones pero con la casual correlación de los contextos y circunstancias, que por un lado abona la lucha que sigue pendiente y  más viva que nunca por abolir la violencia contra las mujeres, y por otro nos hace reflexionar sobre esos enemigos invisibles que tenemos los seres humanos, como los virus, las ambiciones y el sometimiento que nace de la intención  por destruirnos y no por la vocación de abrazarnos.

En la cuarentena que a nivel mundial se ha convertido en una obligación, un una medida de sanidad y respuesta ante la emergencia, la resonancia de ambos temas gravita su realización, en muchos hogares confinados habrá violencia doméstica, violencia contra las mujeres, violencia, tal como en las calles se ha manifestado durante los movimientos feministas que abogaron por esta lucha entre los torbellinos y tormentas que azotaron al mundo por el virus, un tema que no podemos olvidar y que estará pendiente. Pero en la misma cuarentena gravitará el temor al enemigo desconocido, al enemigo invisible, y apelará la humanidad a la solidaridad, a vernos como uno y a ser conscientes de que la única forma de ayudarnos en estas horas oscuras, es darnos la mano, el abrazo y el saludo con la consigna de no tocarnos el cuerpo, pero sí el alma recordando que somos humanos.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Si no despierto

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La alteridad se refiere a la capacidad de ser otro, a la capacidad de sentir y ver el mundo desde un punto de vista ajeno a nosotros. Esta (también llamada) “otredad’ consiste en  entender al ‘yo’, consciente y/o considerando la perspectiva del otro. Se relaciona un tanto con la idea de empatía, sin embargo, mientras ésta se refiere a ‘ponerse en los zapatos del otro’, la alteridad es más bien entender que hay ‘otros’ aparte de mí y que en la realidad de estos ‘otros’, existo ‘yo’.

El término, de alguna forma filosófico, ayuda a entender el papel de mi persona en relación con el mundo que [me] rodea, lo que lleva al individuo a entenderse a sí mismo en su papel con su contexto. El resultado es una armonía de respeto, pues implica la aceptación de la diversidad. En corto, es entenderse y entender al mundo, conforme cómo nos relacionamos con los demás.

Este es el tema central de Si no despierto (EUA, 2017), película dirigida por Ry Russo-Young y  escrita por Maria Maggenti, quien desarrolla su historia con base en la novela  homónima de Lauren Oliver, publicada en 2010. Oliver en una carta de 2009, contenida en el libro, dice: “La alteridad exige comprensión y tolerancia. Con demasiada frecuencia dejamos que las personas se conviertan en una proyección de nuestros propios anhelos, miedos o deseos. Las odiamos o las amamos dependiendo de las historias que inventamos sobre ellos. Dejamos de verlas como son, para verlas como nosotros creemos que son”.

Protagonizada en pantalla por Zoey Deutch, Halston Sage, Logan Miller, Jennifer Beals y Elena Kampouris, la historia sigue a Samantha Kingston, una joven preparatoriana atrapada en un bucle temporal en que vive y revive, una y otra vez, el mismo día. Es hasta darse cuenta de la situación en que se encuentra, repitiendo su experiencia vital, como descubre los detalles a su alrededor y la forma cómo se relaciona, misma que hasta entonces daba por sentado: su dinámica con sus padres y hermana, su amistad con sus aliadas más cercanas, Lindsay, Elody y Ally, y hasta su limitada, nula y prejuiciosa convivencia con aquellos con quienes cree no tener nada en común, específicamente algunos de sus compañeros del colegio. Relaciones todas que le parecen “normales” (cualquiera que sea el concepto que ella tuviera de “normal”) pero que desafortunadamente presentan vicios que influyen para obstaculizar su plena felicidad y logros de diverso tipo.

Primero rompiendo la rutina y luego desafiándola, la experiencia del bucle temporal le permite a Sam ir entendiendo la oportunidad que tiene enfrente para conocer a las personas con las que se relaciona (y con las que no), dando paso así a la viabilidad de conocerse a sí misma. Es un proceso de análisis autorreflexivo sobre sus actitudes, su comportamiento, incluso respecto a los valores que cree poseer y la congruencia de ello con sus actos.

Repetir el día es algo simbólico, con remembranzas en el mito de Sísifo, quien es castigado por los dioses a empujar una piedra hacia la cima de una montaña, sólo para, llegando a lo alto, aventarla por el borde y comenzar con el mismo proceso una y otra vez. La referencia mítica habla de una vida sinsentido, monótona, en donde el esfuerzo no conduce a nada porque el final Sísifo tiene que reiniciar el ascenso sobre la ladera de la montaña. No obstante la repetición de la experiencia le permite la satisfacción de alcanzar una y otra vez la cima, por lo que el castigo deja sentir una forma de victoria efímera, acorde con la astucia que se le atribuía.

En este caso para Samantha no se trata en realidad de un castigo, sino de una segunda (y tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima…) oportunidad. Es después de varias vueltas reiniciando que comienza a preguntarse ¿cuál es el objetivo?, ¿cuál es el sentido de todo? y, por tanto, ¿para qué y por qué vivo?

Abordar ese mismo día y en las mismas situaciones, pero cambiando las decisiones que ella toma, le da a Sam la oportunidad de reflexionar sobre ellas y valorar el impacto que en su devenir tienen. Por ejemplo, se había estado apartando de su madre, enfriando la relación, entonces, en uno de estos días decide acercarse a ella, platicar, intercambiar opiniones, dándose cuenta que el apoyo y afecto que creía había desaparecido entre ellas subsiste plenamente. Sam también se había distanciado de Ken, su amigo de la infancia, hasta etiquetarlo marginalmente por inercia, pero un día se encuentra inesperadamente con él y, sin más que perder, porque sabe que en poco tiempo el día reiniciará otra vez, decide entablar una conversación y conocer así una experiencia de vida y un punto de vista cuya perspectiva en ese momento ayuda a Sam con una importante lección: no siempre somos quienes creemos que somos, pero tampoco somos lo que los otros creen que somos.

Este bucle de tiempo lo que hace es ofrecer a la joven protagonista la puerta abierta para vivir, pero en toda la extensión de la palabra, conociendo, arriesgándose, opinando, escuchando a los demás y procurando entender su sentir y no sólo oyendo en forma vaga o selectiva. Es entender que la vida no sólo es una decisión tras otra, sino el conjunto de ellas y cómo éstas dan sentido a la existencia; valorar cada momento, cada detalle, cada plática, convivencia y ocasión.

Para Sam, la rutina monótona y por inercia era su verdadero purgatorio, porque daba por sentado lo que hacía y por qué lo hacía, lo que dejaba un gran hueco de ‘nada’, un vacío en su vida. Su problema, como para muchas personas en la realidad, era no darse cuenta a tiempo de lo intrascendente en que se volvía su existencia y en lo banal de sus actos. En la historia, Sam tuvo que revivir el último día de su vida varias veces para poder entenderlo, y para comprender que el sacrificio (la lección y la decisión que vienen implícitas) no sólo la involucra a ella, porque como ser humano, como ser social, forma parte también de la realidad de vida de otras personas.

En lugar de intentar cambiar a los demás, decide entonces respetarlos y cambiar ella misma, haciendo, decidiendo, con acciones que tengan su impacto para con los demás. No le dice a su mejor amiga, Lindsay, que cambie, aún sabiendo sus fallas y errores, en cambio, prefiere darle ánimos enfocándose en sus cualidades positivas, para ayudarla así a mejorar. Sam tampoco le dice a su hermana menor que se defienda si la ofenden (su hermana pequeña tiene un problema de seseo), en cambio prefiere hacerle ver que la quiere como es y que no hay nada malo con su persona. Y, finalmente, Sam buscar hacer entender a Juliet, la joven a la que ella y sus amigas le hacían bullying, que la respuesta no está en huir, sino en enfrentar el problema, hacerse respetar y darse cuenta que eso que haga es legítimo y necesario porque vale la pena vivir.

“Tal vez para ti haya un mañana. Tal vez para ti haya mil, o tres mil, o diez. Pero para algunos de nosotros, sólo existe el presente. Y lo que hagas hoy importa. En ese momento y tal vez hasta el infinito. Sólo veo mis grandes éxitos. Veo las cosas que quiero recordar. Y por las que quiero que me recuerden. Ahí me di cuenta de que ciertos momentos duran para siempre. Aunque hayan terminado, siguen existiendo”, dice Sam al inicio y al final de la película.

Samantha en realidad no define los mejores momentos de una vida como los recuerdos más felices, sino como <<las cosas que quieres recordar y por las que quieres ser recordado>>”, escribe Oliver en un ensayo publicado en la novela. Más adelante añade: “Puede existir sentido sin felicidad, por supuesto, pero no puede haber una felicidad auténtica sin sentido”.

Esa es la clave para la protagonista y la lección que deja al espectador, que reflexiona junto a ella. Para Sam no se trataba de ser feliz, sino de encontrar la motivación que la llevará a querer ser feliz, para anhelarlo, disfrutarlo, vivirlo y compartirlo. Ella vivía ya en un ciclo vacío incluso antes de comenzar a repetir el mismo día, precisamente porque no alcanzaba a comprender la importancia de valorar y valorarse en el mundo. En efecto, como ella misma finalmente analiza, “Lo que haces hoy importa”, y lo hace en tu vida, pero también en la de los demás. No es fácil aprenderlo, pero además, es que no siempre todos tendrán, como Sam, esa literal (aunque sí simbólica) ‘segunda oportunidad’. La lección entonces es actuar éticamente en busca del mejor sentido para la propia vida, porque, tal vez, no habrá una segunda oportunidad.

Before I Fall (2017) EE.UU.

Director: Ry Russo-Young

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

EDtv

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La primera película de la historia es una proyección de 46 segundos de los hermanos Lumière, presentada el 22 de marzo de 1895, que consistía en la documentación de una escena de la vida cotidiana, la salida de los obreros de una fábrica. En marzo de 1989, Tim Berners Lee describió un protocolo de transferencias de hipertextos que daría paso a un programa llamado Web Browser. En agosto de 1991 y usando ese código base, fue lanzada la primera página web del mundo (info.cern.ch), que tenía un acceso restringido para los trabajadores de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN). En agosto de ese año, el dominio fue abierto a todo público. Dos años después ya había 100 ‘World Wide Webs’ y para 1997, 200 mil. En ese 1997, Ana Voog era una de las personas más famosas en internet gracias a un proyecto llamado  ‘anacam’, que consistía en la transmisión en vivo de su vida las 24 horas al día. Solo un año después, 7 millones de personas la veían diariamente. Las transmisiones no tenían sonido pero recogían todo aspecto de la vida de esta artista y música, ya fuera comer, dormir, tener relaciones sexuales y hasta dar a luz a su primer hijo.“Hice esto antes de Facebook y las redes sociales e Instagram, y de compartir hasta el último momento sobre ti a través de las redes sociales como todos lo hacen ahora. Todavía plantea preguntas, como ¿cuál ES importante de la ‘información’ para guardar? ¿Guardo sólo las fotos «interesantes» que hago o muestro todas, las aburridas también?», le dijo en 2009, recapitulando su legado, al diario británico Independent.

Ella es uno de los primeros ejemplos de una tendencia que después crecería y se acrecentaría, en efecto, con la aparición de las redes sociales: la fama ganada por compartir y hacer públicos los detalles privados de las personas.

El primero video de YouTube es, por ejemplo, otra escena de la vida diaria, un clip publicado en 2005 en el que aparece Jawed Karim, cofundador de YouTube, en el zoológico de San Diego. Hay mucho camino recorrido entre la primera película, el primer video de YouTube y la realidad actual de las redes sociales en las que las personas transmiten su vida y comparten a través de publicaciones, imágenes o video, lo que hacen, lo que comen, la hora a la que duermen, lo que compran cuando salen a la calle y hasta las conversaciones que tienen con otros usuarios en redes.

La explotación de la intimidad se encuentra en un punto en el que el espectáculo de las masas es la exposición de la privacidad del otro, celebrada conforme más detallada sea esa mirada a la que la propia persona abre las puertas.

Dentro de este espectro de ideas se desarrolla la película EdTV (EUA, 1999), basada en el filme francés de 1994 llamado ‘Louis 19, King of the Airwaves’. Esta versión está dirigida por Ron Howard y escrita por Lowell Ganz y Babaloo Mandel; protagonizada por Matthew McConaughey, Jenna Elfman, Woody Harrelson, Ellen DeGeneres, Sally Kirkland, Martin Landau, Rob Reiner, Dennis Hopper y Elizabeth Hurley. La historia se centra en Ed Pekurny, un joven que acepta la propuesta de una televisora de hacer un programa sobre él, su vida cotidiana, en donde las cámaras de la televisora lo seguirán las 24 horas del día.

La idea pensada por Cynthia Topping, una productora del canal televisivo que hace la oferta, tiene como objetivo interesar a la audiencia a través de un programa más bien adictivo. “La persona elegida no tiene que ser interesante. Si lo es, bien. Si no, mejor. Al público le fascinan los accidentes. Pasan manejando, deseando que no haya una cabeza rodando, pero miran. Pues pondremos a alguien en la pantalla y veremos si acaba rodando alguna cabeza. Así se divierte toda la familia”, dice ella cuando explica el programa a sus compañeros, que depositan su confianza en la propuesta esperando que el show les traiga la audiencia que tanto necesitan. La propuesta consiste en poner a prueba, por un mes, y ver cómo reacciona el público. El primer día, en efecto, la gente sintoniza sin saber bien por qué ve. ¿Interés, morbo, curiosidad? Pero conforme pasan los días, ya no sólo quieren ver, sino que no pueden no ver qué sucede después. La estrategia de Cynthia es acrecentar el drama de vida que exponen las cámaras. La gente conecta y se identifica con un hombre simpático pero que parece ordinario, sin embargo, se obsesiona con su vida personal cuando se ve inmerso en un triángulo amoroso que lo involucra a él, a su hermano Ray y a la novia de su hermano, Shari.

Es Cynthia misma quien incentiva a Ed a perseguir la relación, más por el interés mercadotécnico detrás de la decisión, que por tacto humano y solidario. A la productora y al canal lo que les interesa es que las personas se enganchen y para ello necesita dirigir la narrativa hacia un punto de inflexión (dramático) que les sea beneficioso y explotable. “Creo que Ed representa la apoteosis de un síndrome muy actual. Antes, las personas eran célebres por algo. Hoy en día, son célebres por ser célebres. La fama se ha vuelto un atributo moral. Es una virtud intrínseca”, dice uno de los personajes analizando el fenómeno social y cultural que catapulta a Ed hacia una fama efímera, pasajera y superflua. En efecto, lo que Ed refleja es ese interés en un espectáculo vacío de contenido que vanagloria la banalidad del ser. ¿Qué atrae entonces al público? ¿La trivialidad de una existencia (Ed) que distrae con un espectáculo pasajero, simple e irrelevante? La audiencia mira mientras haya algo que la mantenga a la expectativa, saciando sus sensaciones y sus emociones, pero quizá la audiencia también mira sólo por mirar.

El canal que produce planea una estrategia para crear ese dramatismo que mantiene un ritmo que alimenta el chisme que corre de boca en boca, esa situación que abra el debate, avive polémicas y cree conflicto de opiniones. Pone valores en conflicto sin asumir una postura ética. El público por ejemplo, siempre tiene algo que decir respecto a Ed y su familia, o sobre Ed y su relación con Shari, o Ed y su relación con otras personas que le rodean. Incluso los medios de comunicación encuentran su impulso alimentando este drama abriendo encuestas y reportando sobre lo que sucede en el programa, para que el entretenimiento y la relación catártica no venga sólo del show en sí, sino de la plática y el debate alrededor de él. “¿El interés del programa no estriba en sacar trapos sucios al sol?”, preguntan algunos periodistas conforme avanza la transmisión y la relación de Ed y Shari entra en conflicto, ya que ella no está muy cómoda con exponer su vida frente a la lente, o cuando el pasado de Ed evoluciona a una crisis familiar con la reaparición de su padre biológico, que desemboca en una serie de giros sobre-dramáticos, situación que lleva a algunas personas, Ed entre ellos, a cuestionarse hasta dónde está dibujado, o desfigurado, el límite de la privacidad y la exposición de la intimidad. Eventualmente Cynthia se da cuenta cómo afecta la vida de Ed y de sus familiares, sus relaciones personales y su propio desarrollo, el ser perseguido por las cámaras de televisión, atropellando la espontanea conducta de las personas involucradas. Todo lo que digan queda registrado, todo lo que hacen está abierto a ser criticado y, por tanto, todo aquello en lo que fallan se convierte en motivo de humillación pública. Su propuesta es finalizar el show antes de que la gente comience a cansarse de Ed, pero su jefe, el directivo del canal, lo ve con otros ojos, con unos más enfocados en la ganancia monetaria y propone, en cambio, continuar explotando el producto (Ed, o la vida de Ed, o la vida y privacidad de Ed) y extender las transmisiones por otros tres meses más.

Ed, viendo cómo la mirada constante de la lente y la invasión de la cámara en todo rincón y aspecto de su vida personal afecta directamente a sus allegados más cercanos (la gente ya no se satisface con saber de él, quieren saber también de las personas que se relaciona y conviven con él), dice que se la pasará todo el día acostado en cama, esperando que esto desanime a los directivos y a la audiencia por igual. La respuesta que recibe es que firmó un contrato y si no realiza su rutina diaria como es usual, como está establecido, podrá significar una pérdida económica para la televisora, que podrá demandarlo por incumpliendo de contrato. El mismo manejo de manipulación, ante el que Ed no tiene armas legales para defenderse, sucede más adelante, cuando el programa evoluciona hacia un nuevo concepto, no sólo seguir a Ed 24 horas al día, sino seguir también a su familia y transmitir a la audiencia la escena más ‘interesante’ que en ese momento esté sucediendo. Tal y como hoy sucede con las transmisiones deportivas, por ejemplo, en donde se busca explotar la jugada más interesante o impactante para incentivar el consumo mediante la explotación de las emociones. Aquí Ed se da cuenta que se ha convertido en un producto más al cual manejar a conveniencia, controlado conforme mejor convenga al canal, quienes ganan en ventas, raitings y mercadotecnia a sus expensas. Él necesita tomar acción y lo logra dándole la vuelta a la lente (casi literal) con un concurso al aire en el cual premiará a quien revele el secreto más bochornoso de alguno de los ejecutivos de la cadena televisiva. Su idea da frutos y alcanza su cometido, así que justo segundos antes de revelar la información personal del ejecutivo involucrado, la transmisión se corta. La audiencia, sin embargo, demuestra la película, no llega del todo a entender ese manejo falto de ética en la transacción; lo que rescata es esa forma como la vida humana, la intimidad personal, puede ser deshumanizada a favor de unos cuantos segundos de fama, de aparecer en la televisión, de ser reconocido en las calles y vitoreado por no hacer nada más que ir a una cita con alguien, asistir a un evento público y tomarse fotografías con otras personas. En suma, exhibir la miseria de su propia cotidianidad. Lo que queda es el deseo de alimentar la exigencia por un contenido sensacionalista que no aporte al desarrollo humano, sino más bien enajene a la audiencia. Las personas, al menos en la historia, no se dan cuenta de cómo la dinámica afectó a los implicados, en su vida o su desarrollo personal y emocional (desde autoestima a ideales, relaciones personales o medio de aprendizaje). Finalizada la transmisión, sólo cambian de canal, esperando encontrar otra banalidad que llene ese vacío.

La cinta es una comedia en forma de sátira que devela todos aquellos manejos, dimes y diretes, vericuetos y manipulaciones alrededor de la fijación mediática y social por entrar a la vida íntima de las personas; explorando también la idea de la fama como un nivel de espectáculo y exposición, mayor o más magnánimo que el de junto, donde el que más se expone, se humilla o se degrada, es el más aplaudido. La exageración de la historia parece poco plausible, pero no lo es, ¿no varios ‘bloggers’ e ‘influencers’ viven de exponer cada detalle íntimo de su vida, simplemente abriendo las puertas de cada pormenor de su rutina cotidiana?, ¿y no se les aplaude más, conforme más ‘reales’ sean en su andar frente a la cámara, para que el mundo conozca todo lo que son y quiénes son? El problema en el fondo es que al final tales sujetos terminan siendo lo que aparentan, personas vacías de contenido, superficiales, sin valores, indiferentes hacia los demás y egocéntricas.

Un programa que sigue a alguien las 24 horas suena como a una sociedad en conflicto consigo misma, con personas incapaces de vivir y ser felices con su propia vida, pero Ana Voog ya era ejemplo en 1997 de que programas así existen. En noviembre de 2019, por ejemplo, informó en su momento el New York Post, el hotel Business Ryokan Asahi de Fukuoka, en Japón, lanzó la oferta de habitaciones a precio de un dólar la noche, a cambio de que el cliente aceptara la transmisión de su estadía en vivo a través de su canal de YouTube, con sus respectivas restricciones de no desnudos ni actividad sexual, para no violar las políticas de la plataforma.

No es cuestión ya de saber si programas así existen, sino reflexionar por qué existen. ¿Por qué la gente ve y por qué hay público para todos aquellos programas de seudorrealidad, como los de concursos de talentos, o programas que tratan sobre la vida cotidiana de personalidades del medio del espectáculo, o canales en distintas plataformas que tienen éxito por transmitir la vida de alguien en su rutina diaria, sus tropiezos, logros, sinsabores y metas cumplidas? Quizá haga falta ver de fondo, cuáles son las implicaciones políticas, sociales, económicas, psicológicas y culturales que tienen que ver con este tipo de programas (la transmisión y la visualización), el cómo el fenómeno comenzó a hacerse una tendencia y cómo, no sólo se ve influido por el contexto social, sino también cómo lo afecta. ¿Qué me aporta?, podría ser la pregunta clave, donde la respuesta resultará incluso más importante aún.

EDtv (1999) EE.UU.

Director: Ron Howard

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

Cinescopio: Joaquin Phoenix

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Miembro de una fraternal dinastía actoral, Joaquin Phoenix, quien recién ha sido nuevamente al premio de la Academia en la categoría de Mejor actor, emergió en el firmamento de la cinematografía universal bajo la estela de extraordinaria versatilidad que su hermano River, había dejado como legado en su corta pero notoria carrera en películas como Cuenta conmigo de Rob Reiner, Mi Idaho privado de Gus Van Sant, o Un lugar en ninguna parte, del enorme Sidney Lumet y por la cual el joven actor fue nominado al premio de la Academia como Mejor actor de reparto. Phoenix había tenido apariciones en cintas taquilleras, como el joven Harrison Ford en Indiana Jones y la última cruzada de Steven Spielberg, y se disponía a formar parte del elenco de la hoy clásica Entrevista con el vampiro de Neil Jordan, encabezada por Tom Cruise, junto a Brad Pitt, Stephen Rea, Antonio Banderas, Kirsten Dunst, y Thandie Newton, cuando murió en el Club The Viper Room, (el propio Joaquin avisó al 911 respecto a la sobredosis de su hermano mayor) punto de reunión de Los Ángeles, asiduo de actores como Keneau Reeves o Jhonny Depp, por lo que fue sustituido por Christian Slater.

El impacto de su muerte sacudió el Hollywood de principios de la década de los noventa, y los focos de atención a los valores juveniles de su generación, viraron a otras promesas como Christian Vale, Leonardo Di Caprio, Edward Norton, y posteriormente Matt Damon o Ben Affleck, quienes también integraron elencos dirigidos por Gus Van Sant. No obstante, un actor poco conocido para entonces, surgiría precisamente de las manos del célebre director afianzado en Seattle, con la cinta Todo por un sueño, a partir de ahí, su rostro, caracterizado por su intensa mirada, y la cicatriz de nacimiento que tiene sobre su labio superior, harían del ímpetu y energía de sus interpretaciones, volcadas en el despliegue físico de su talento, un referente de los años porvenir: Joaquin Phoenix. A diferencia de su hermano, nacido en el mítico Oregon, estado ícono de su tiempo, Joaquin nació en Puerto Rico, y aunque el impacto de la muerte de River influyó en su ausencia y casi renuncia al mundo del espectáculo, fue gracias al impulso del propio Van Sant que Leaf, como originalmente se llama, decidió transitar el camino de la actuación, en el cuál, tras más de dos décadas, le ha merecido sendas nominaciones al Premio Óscar, así como hacerse acreedor al Premio de Mejor Actor en los Festivales Internacionales de Venecia, Cannes, del Globo de Oro e incluso del Premio Grammy, y a ser dirigido por directores consagrados como Ridley Scott, Woody Allen, M. Nigth Shayamalan, Phillip Kaufmann, Oliver Stone, Ron Howard, Thomas Vinterberg, James Mangold, James Gray, Paul Thomas Anderson o Todd Phillips.

Camaleónico, versátil e inmerso en cada personaje, Phoenix decidió cambiar su nombre y virar hacia un espacio propio en el arte que de alguna forma se alejaba y acercaba a su vida como un llamado interno que sin duda abrazo con la misma intensidad que brinda en sus cintas, haciendo de sus personajes complejos visos posmodernos, reflexiones de interioridad, e imágenes de seres humanos que gravitan el vacío, el debate existencial y el letargo como estado consciente de una búsqueda continua, tal como su guasón, Phoenix captura el grito, lo guarda y expone, sea con un gesto, una expresión o con la mirada que ríe y llora con o sin el maquillaje propio de quien actúa y se adentra en su papel como una suerte de viaje sin retorno.

 

En esta edición de CINESCOPIO nos unimos en la suma al unánime reconocimiento que ha recibido la actuación del histrión a partir del estreno triunfal de “Joker” durante el Festival de Cine de Venecia, ganando el León de Oro, al que se adhirió el Globo de Oro hace unos días, lo que prácticamente asegura su nominación al Óscar donde buscará obtener por vez primera la dorada estatuilla. Gracias a la fuerte atención de la película durante la temporada de premios, el guasón  como un carácter podría otorgar de nuevos galardones para su intérprete, tal como lo alcanzara Heath Ledger, quien de forma póstuma recibió el Premio Óscar con El caballero de la noche” de Christopher Nolan en la categoría de Actor de reparto. Phoenix se apunta como sólida candidatura al Premio a Mejor actor en las diversas entregas por venir, y mientras la cinta reaviva su muestra en cines del mundo, y recibe los aplausos para su protagonista, recorremos algunas de las cintas que integran el canon fílmico del actor que además de haber superado su adicción al alcohol y ser amante de la naturaleza, es productor, guionista, director de videos musicales, y ferviente activista en favor de los animales.

Phoenix hace de sus monólogos directos a pantalla una estupenda analogía entre la imagen que lo mismo presenta una realidad que una fantasía, la que habita la mente del soñador y de quien sigue su sueño, captura imágenes de la desolación y la esperanza, asimila los testimonios, ofrece una serie de reflexiones en torno a lo que podrán o no pensar quienes verán sus películas.

Phoenix encarna los rasgos de angustia y pesimismo que copiosamente van hundiendo al personaje con motivaciones suicidas, que atiende al desaliento y busca evadir el dolor o el letargo, y quien ante las revelaciones que van sucediéndose como consecuencia del caso, va perdiendo las razones de su vida hasta mostrarse de frente al horizonte compartido de quien había intentado salvar desde un principio. Nominado al Premio Óscar en la categoría de Mejor Actor, Joaquin Phoenix encarna a la legenda musical Johnny Cash dirigido por James Mangold. Una historia de amor que atraviesa distintos periodos biográficos y musicales, convierten a Pasión y locura en una cinta convencional dentro de su filmografía, pero que le hizo asumir la personalidad y de suyo interpretar a una leyenda de la música estadounidense, y poner su voz al servicio de la causa.

Los hermanos Sisters presenta un dúo interpretativo impredecible y sumamente empático, John C. Reilly y Joaquin Phoenix en los papeles principales de esta adaptación de la novela escrita por Patrick deWitt dirigida por Jaques Audiard. La propuesta en principio conducida hacia la comedia negra, ubicada en el medio oeste y ambientada en torno a la fiebre del oro y las vicisitudes propias de la ambición y la venganza características del género, resulta ser poco convencional sorprendió a la crítica que esperaba la bien orquestada trama, la increíble química de sus protagonistas, y la compleja estructura sentimental de sus emociones.

Ganadora del Premio Óscar a Mejor Película, Gladiador es una cinta que tuvo éxito de crítica y taquilla en los albores del nuevo milenio, y trajo además de vuelta a cintas clásicas con temática romano religiosa que inundaron los cines de los cincuenta, valorada por sus actuaciones, efectos y banda sonora, compuesta por Hans Zimmer. Gladiador vio coronar la carrera de Russell Crowe, como Mejor actor en los premios de la Academia, pero abrió la ventana para Joaquin Phoenix, quien brilla intensamente con la similar reclusión interpretativa que otorgará en Puro vicio de Paul Thomas Anderson. Inmersos en el vértigo posmoderno que especializa sentimientos y los devora enviándolos a la realidad virtual, en que la amistad y la atención se disponen en la fascinación de un dispositivo y en la aplicación de sentirnos parte, Ella es una apuesta cinematográfica simple y compleja, tan real como ficciosa, próxima como distante. Theodore interpretado por Phoenix, se enamora de la voz que emana un programa de solitaria compañía, la voz es humana sin serlo, se enamora del amor y de la cadencia, de la palabra escuchada, de su capacidad para escuchar.

En un enorme duelo actoral entre Phillip Seymour Hoffman, Amy Adams y el propio Phoenix, The Master es alucinante y puntillosa respecto de los fanatismos, cultos y adoctrinaciones que lo mismo atraen y captan, que recelan y alejan a quienes por una parte lo practican y por otra lo sufren practicando, un viso no es exclusivo de culto alguno y más bien una observación universal de los mismos. Maestro y discípulo enfrascados en una socrática dubitación entre moral, ética y verdad, la adaptación a una sociedad que parece indiferente, indolente a los efectos traumáticos de la aproximación con la muerte a propia mano: una sociedad que se avoca a la producción, al desarrollo y al crecimiento, al trabajo sin descanso y al viable bienestar financiero, abre el espacio de quienes ofrecen la espiritualidad como camino, y la actitud como requisa para adentrarse al grupo desde una creencia o doctrina. En El guasón, Phoenix encarna al comediante Arthur Fleck, quien de la comedia fallida vira hacia el crimen, el caos y la anarquía en Ciudad Gótica, y en esa perturbadora fórmula, confronta los presupuestos sociales y la doble moral de la justicia, haciendo de sus acciones actos de protesta o desahogo, atendiendo al ausente apego, y a las marcas que prosiguen a las cicatrices. Joaquin Phoenix corona el punto más álgido de su carrera, y lo hace junto a su director y personaje, alcanzando una epifanía en la realización artística del equipo.

Es probable que la película sea rebasada en su estructura narrativa, e incluso que sea opacada la espléndida dirección ante la fuerte interpretación de Phoenix. Algunas críticas así lo sugieren, lo cierto es que una película de crítica social con alcances comerciales y artísticos, abre siempre el ámpula de una sociedad, que sumergida en la derivación decadente o en la mera indolencia hacia el otro, cavile reflejarse ante el espejo de la incomprensión o de la inclusión como punto de escape,  de ahí que la empatía hacia el personaje sea siempre recurrente con cada interpretación.

 


Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

El JOKER y los claroscuros de la realidad

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

César Romero en Batman, la célebre serie televisiva de los años sesenta, Jack Nicholson en la icónica cinta de Tim Burton, Jared Leto en la malograda Escuadron suicida de David Ayer, y Heath Ledger en la obra maestra de Christopher Nolan El caballero de la noche, interpretaron al mismo villano: el guasón. En su mayoría, los actores ofrecieron grandes actuaciones, algunas rayaron en ser extraordinarias, y acorde al perfil de sus misivas, legaron de forma continua un alto nivel de exigencia para quien osara ataviarse el atuendo y maquillaje de su irónico carisma, o habitar los recovecos de su mente, una nueva interpretación significara un atrevimiento, más aún si el villano deja de ser un personaje de reparto y se convierte en el personaje central. Joaquin Phoenix fue elegido para protagonizar una nueva entrega, a salvedad de convertirla en profunda exploración de los conflictos, causas, contextos y entornos del personaje, su lado humano, físico, psicológico, destacando así las motivaciones de su interior, y las condiciones sociales que desatan su dualidad cómica y dramática, lágrimas y sonrisas convierten al personaje en un auténtico reto interpretativo.

Phillips, conocido por sus comedias hilarantes, algunas sendos éxitos taquilleros de la primera década del siglo, Aquellos viejos tiempos, ¿Qué pasó ayer?, fue seleccionado para encabezar este ambicioso proyecto que buscó dar seriedad a los universos separados y compartidos de DC Comics, que han navegado entre éxitos moderados y críticas de la audiencia, uno de los objetivos era brindar la profundidad narrativa que tuvieron las primeras entregas de Christopher Nolan sobre Batman, y que incluyó la actuación monumental -ganadora del Óscar- de Heath Ledger como el guasón. En un papel que recuerda El rey de la comedia de Martin Scorsese (quien participó en el proyecto) Robert de Niro, acompaña a Phoenix junto a Frances Conroy entre otros, en este viaje pletórico de significados, una profunda introspección que hace de la actuación de Joaquin Phoenix, una proeza de extraordinaria valía interpretativa, que bien podría darle al personaje un segundo premio de la Academia, encarnado por otro intérprete y en la categoría de Mejor actor.

Estrenada en el Festival de Cine de Venecia, y ganadora del León de oro, Guasón recibió críticas por demás favorables y aplausos interminables de la audiencia, ambientada en los albores de los años ochenta, la película explora la frustración y el anhelo como una constante dualidad, la sorna, la ira, la furia que se contiene ante el rechazo, la discriminación, la incomprensión, y la ley ausente ante una sociedad que parece no detenerse ni mirar a quien avista, dejando al personaje en la construcción de su propio espacio, en el cual puedan encajar su intempestiva risa y su visión del mundo. Phoenix encarna al comediante Arthur Fleck, quien de la comedia fallida vira hacia el crimen, el caos y la anarquía en Ciudad Gótica.

Y en esa perturbadora fórmula, confronta presupuestos sociales y la doble moral de la justicia, haciendo de sus acciones actos de protesta o desahogo, atendiendo al ausente apego, y a las marcas que prosiguen a las cicatrices. Con Guasón, Joaquin Phoenix corona el punto más álgido de su carrera, y lo hace junto a su director y personaje, alcanzando una epifanía en la realización artística del equipo; es probable que la película sea rebasada en su estructura narrativa y dirección por la interpretación de Phoenix, algunas críticas así lo sugieren, lo cierto es que una película de crítica social con alcances comerciales y artísticos, abre siempre el ámpula de una sociedad, que sumergida en la derivación decadente o en la indolencia hacia el otro, cavile reflejarse ante el espejo de la incomprensión o de la inclusión como punto de escape,  de ahí que la empatía hacia el personaje sea siempre recurrente con cada interpretación.

Desde que El caballero de la noche irrumpiera a finales de la década pasada, decenas de películas de súper héroes han abarrotado la taquilla, los universos Marvel-Disney, Fox, ahora Disney, y DC Comics tratan de ofrecer sus alternativas, y aunque algunas cintas rompen records y capturan sumas estratosféricas -valga revisar la taquilla obtenida por Los Vengadores, el juego final– ninguna de ellas sea por efectos visuales, actuaciones atractivas o estrategias de marketing, ha tenido el recibimiento de crítica que obtuvo la trilogía de Nolan. Resulta por demás interesante que la atención que aguardó el estreno de Guasón, sin aspiración de romper records taquilleros, sea por lo mismo que aquella cinta esperaba, admirar la actuación de un actor a tope, haciendo a un villano complejo, el mismo que ahora Phoenix encarna con éxito.

Con once nominaciones al Premio de la Academia, incluyendo las categorías a Mejor película, Mejor Actor y Mejor Director, el resultado fue un sonoro éxito rutilante, más de un billón de dólares en la taquilla internacional, el unánime reconocimiento para Phoenix, y blasones al atrevimiento de Todd Phillips, Joker se adentra en el público desde su inicio y transita recónditos dejos, laberintos y espirales de la mente mientras sostiene una aguda crítica político social, a medida que avanza, la música demarcan los sentidos como compañía omnipresente, el personaje se transforma en lo que no era, y el héroe es un villano para el que siempre ha sido, ese reflejo de los abandonados, abatidos y discriminados de un sistema que se corrompe ante sus ojos, ante la forma en que le observan, atacan, burlan o ignoran, la realidad se figura en su risa como un espejo fragmentado, de ahí que la carcajada es desahogo, un grito desde dentro hacia la alteridad culpable, inocente, ignorante o consciente que le convoca. Todd Phillips ha creado una película que parece un lienzo de la post posmodernidad, que dentro de lo que se cree ha sido resuelto, se anidan el caos, el desorden o el ansia de una libertad emancipadora de simulaciones, más allá de posicionamientos políticos, la cinta pudiera explorar la dependencia exacerbada que la sociedad a nivel individual y colectivo, tiene respecto a la tecnología, las redes sociales, y el alejamiento de nuestro yo social.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Lectura masiva de “EL MURO” de IVÁN URIEL en la Biblioteca Carlos Fuentes

Filmakersmovie estuvo presente en la lectura masiva de la novela “El Muro” en la Biblioteca Carlos Fuentes de Xalapa Veracruz. “El Muro”, completa la trilogía “Apología del encuentro” del escritor Iván Uriel Atanacio Medellín, que junto a las novelas “El Surco” y “El Ítamo”, aborda las relaciones humanas desde la migración universal. El fomento a la lectura, la promoción literaria y la generación de reflexiones continuas mediante el diálogo, la expresión y la realización de diversas actividades culturales, eventos artísticos exposiciones, muestras de cine y presentaciones de libros, representa uno de los principales activos de la Biblioteca, de ahí que para celebrar uno de los eventos literarios más importantes en México, reunió a más de 75 lectores, destacando estudiantes de bachillerato provenientes de las escuelas Artículo Tercero Diurno, Constitución de 1917 Vespertina, Ricardo Flores Magón “Oficial B”, Escuela de Bachilleres Vespertina Veracruz, y el Colegio Euro Hispanoamericano, además de un colectivo de maestros jubilados de la Ciudad de Xalapa.

Iván Uriel, escritor, politólogo y documentalista mexicano, es considerado un innovador de la narrativa testimonial y de la prosa poética hispanas, es alumni de ciencias políticas por la UPAEP y maestro en letras por la Universidad de Barcelona, sus libros han sido publicados entre otras, por la Universidad Veracruzana, la Universidad Iberoamericana, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla BUAP y la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM; por su trabajo social, académico y literario ha recibido por citar algunos, el Mérito Juvenil de la Ciudad de Xalapa, el Premio Abelardo Rodríguez, el Mérito Humanitario, el Premio Nacional Aportación a las Letras Mexicanas y el Premio de la Academia Literaria de la Ciudad de México.

«Apología del encuentro» inició con la publicación de la novela «El Surco», reconocida como una aportación latinoamericana a la literatura posmoderna universal, y comentada por personalidades como Elena Poniatowska, Edna Lieberman y Carmen Berenguer. Le siguió «El Ítamo», considerada una obra fundamental de la literatura migrante, la cual, estudiada en diferentes universidades, ha sido referenciada en artículos académicos, tesis doctorales, ensayos, cortometrajes, y coloquios de lectura a nivel internacional, ambas novelas representaron a México en encuentros internacionales, como el Congreso de Literatura Testimonial de la Universidad de Milán, el Encuentro Nacional de Escritores de Chile y la Semana de Escritores Hispanos organizada por Umass, Boston University, Harvard  y el Instituto Cervantes de España. La gira recorrió diferentes recintos comunitarios, culturales y académicos de México, América Latina, Estados Unidos y Europa.

Después de comentar su obra en varios países, Iván Uriel regresó a la Biblioteca Carlos Fuentes, donde ha presentado sus novelas y poemarios en varias ocasiones, además de participar activamente en el Maratón Nacional de Lectura que organiza la Asociación Poesía sin Permiso. Durante tres horas, la lectura que contó con una gran asistencia, inició con la muestra del cortometraje “El Ítamo desierto” de Apolo Atanacio, que este año fue mostrado en Italia, España, Francia, Irlanda y Holanda,  seguida por declamaciones y reflexiones realizadas por las y los lectores participantes.

“El Muro” explora los sentimientos, anhelos e ilusiones de quienes emigran hacia sus sueños bregando la travesía hacia mundos mejores, el libro anida los anhelos peregrinos de personajes que desde la incertidumbre buscan certezas, y en su periplo de inquietud e intensidad acompasadas, emprenden un viaje hacia la interioridad y la esperanza, a través de la nostalgia, el devenir y los sueños.

Redacción: Filmakersmovie

Si quieres estrenar o presentar aquí tu trabajo, te invitamos a escribirnos: contacto@filmakersmovie.com

Thank You for Smoking (Gracias por fumar)

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Competir es contender, pero, como todo, tiene sus matices. En un escenario deportivo o en un ambiente escolar por ejemplo, es desempeñarse a mayor nivel de perfección que el otro, en cuanto a respeto y honestidad, pero en un escenario de contienda o batalla, tal vez no se trate de un simple ganar o perder, sino de darlo todo con tal de pasar por encima del otro, es decir, una competitividad injusta, desleal, carente de ética y honor. El tipo de competencia que alimenta y estimula el mercado en la búsqueda de la máxima ganancia y para desplazar o eliminar competidores con intenciones monopólicas.

Esta realidad se hace presente en varias esferas del poder alrededor del mundo contemporáneo, caracterizado por estructuras industriales y comerciales monopolizadas por grandes empresas trasnacionales; la película Gracias por fumar (EUA, 2005) trata de algunos de estos ejemplos, específicamente enfocándose dentro de la industria tabacalera, tema que aborda con tono de sátira y comedia negra.

Escrita y dirigida por Jason Reitman, la cinta está protagonizada por Aaron Eckhart, J. K. Simmons, Robert Duvall, Katie Holmes, Cameron Bright, William H. Macy, Maria Bello, David Koechner, Sam Elliott, Adam Brody y Rob Lowe. Se centra en el personaje ficticio de Nick Naylor, un lobista, o cabildero, que funge como vocero y vicepresidente de la Academia de Estudios del Tabaco, organización manejada por una corporativa que produce y mercantiliza precisamente este producto.

Su trabajo no consiste en defender lo indefendible, el que el fumar puede llegar a ser nocivo para la salud, sino darle la vuelta a la conversación con ágil manipulación en su discurso. Si un niño o adolescente que fuma enferma de cáncer, la industria tabacalera pierde un potencial cliente, expone cínicamente Naylor durante un programa de televisión al que es invitado para afrontar a varios grupos y organizaciones sociales que pelean en su contra.

Ese mensaje que redirige y/o esquiva la conversación alrededor del tema del consumo del cigarro se basa en una posición argumentativa en donde no tiene cabida la ética. Una ‘moral flexible’, dice Naylor, es lo que se necesita para hacer su trabajo, particularmente cuestionable, y más aún si, como pretende, se vuelve ejemplo a seguir de su propio hijo adolescente. Él se enorgullece, no obstante, de sus logros, no directamente relacionados con la industria que lo contrata, sino con su habilidad de persuasión engañosa, con su capacidad discursiva, con su personalidad seductora, convincente. Cuando una reportera la pregunta por qué hace lo que hace, él responde bajo el principio básico de indiferencia: para pagar la hipoteca.

Sin embargo, la presión social en contra del consumo de tabaco crece, especialmente a raíz de la propuesta de un Senador en Estados Unidos que exige se coloque el logo de una calavera en los paquetes de cigarros, para dejarle así saber al público, dice él, que su consumo puede provocar la muerte.

Naylor nunca repara en cuestiones relacionadas con la verdad o la culpa, más bien se apega a lo que su trabajo y sus empleadores exigen de él: convencer a costa de lo que sea, haya una verdad o no detrás de las acusaciones en su contra. En su mente no hay espacio para lo correcto o lo incorrecto, sino para la ganancia, para triunfar sobre el otro, para hacer prevalecer los intereses de la compañía. ¿Sabe que sus palabras manipulan la verdad? Sí. ¿Sabe que el lugar en donde trabaja fue creado con el simple propósito de ser un respaldo para refutar (con supuesto sustento científico válido) estudios que demuestran el daño que ocasiona en la salud el fumar? Sí. Pero es porque lo sabe, que descubre el hueco por donde deslizar su estrategia para tergiversar las palabras.

Para explicárselo mejor a su hijo le pone un ejemplo. Él defenderá el helado de chocolate y el chico el de vainilla. Naylor dice entonces que como es una discusión que no se puede ganar, su argumento se basará en que la disputa trata de mucho más que sólo el helado de chocolate y vainilla, pues hay también otros sabores de helado. Su hijo le dice que no sólo no es eso de lo que están hablando, sino que además, con esas palabras, él no queda convencido de que el helado de chocolate sea mejor que el de vainilla. Su padre le contesta que ese es el punto, él no demostró que el chocolate sea mejor, pero demostró que la vainilla tampoco lo es, y más importante, hizo que el resto de las personas pensaran así. Eso es lo que hace Naylor en su trabajo, sus palabras no van dirigidas hacia los ambientalistas que refutan a la industria tabacalera, sino que sólo busca convencer a sus clientes pasivos de, al menos, considerar la posibilidad de fumar.

La estrategia no es limpia sino manipuladora, diseñada, además, para que no parezca una manipulación en sí, sino una forma lógica de interpretar los hechos. En este caso, que no es culpa de los comerciantes de cigarros que la gente muera, sino de los consumidores mismos por fumar. ¿La lógica tiene razón? De alguna forma sí, porque cada persona es responsable de sus propios actos; el detalle que Naylor deja fuera es que ellos facilitan esa situación. Su labor entonces es distanciar esa información del ojo público, de la mente de las personas. “Si discutes correctamente, nunca te equivocas”, insiste él.

Para enfatizarlo, durante una audiencia ante el Congreso de los Estados Unidos, el lobista insiste en que no se le demanda al fabricante de autos si alguien muere en un accidente de tránsito, y se vale de esa lógica, convenientemente presentada, para deslindar la responsabilidad de sus empleadores en los casos de fumadores enfermos de cáncer y otras afecciones.

“¿Por qué poner una advertencia para algo que todos saben? […] ¿Alguien cree que los cigarrillos no son potencialmente dañinos?”, espeta él durante su intervención. Ese es el hueco de la lógica, el problema dentro del problema, la ética desviada, o esquivada, o malinterpretada, o inexistente. La gente sabe que los cigarros son dañinos y aún así fuma. De ello se vale la industria tabacalera para deslindarse de toda consecuencia derivada de su papel dentro de la ecuación. De eso y de la imagen pública bien manejada y manipulada, que incluye precisamente la creación de esa Academia de Estudios del Tabaco, o las constantes donaciones para la investigación y apoyo a enfermos fumadores. Una estrategia a conveniencia que por cierto trabaja hacia y para ambas partes. “Cuando lleves a un niño con cáncer, debe parecer desahuciado. Debe de estar en silla de ruedas. Casi no debe poder hablar”, le reclama el Senador a su mano derecha luego de la participación de Naylor en el programa de televisión, en donde ellos también querían aprovechar para explotar su posición, igual aparentemente correcta y a favor de la ciudadanía, pero con sus propios intereses políticos.

El trasfondo es la transacción y la ganancia, económica principalmente, pero también de muchas otras índoles. El ‘yo’ antes del ‘nosotros’. Naylor más tarde es enviado a sobornar al ‘hombre Marlboro’, ese sujeto que posó para la marca y se convirtió en su ícono y quien ahora, enfermo de cáncer, habla en contra de la industria tabacalera, a quien Naylor ofrece dinero por su silencio y lo convence de aceptarlo, no razonando de que su decisión no irá en contra de aquellos que, como él, están enfermos, sino a favor de su propia familia, la cual necesitará apoyo económico cuando él muera.

Así mismo, Naylor también idea un plan para seguir enalteciendo el producto: posicionamiento dentro de películas mostrando a personalidades famosas fumando con placer (estrategia efectivamente usada en el Hollywood de antaño). Como le expone un ejecutivo, no importa la historia sino la estrella que aparece en pantalla y la forma como el efecto subliminal se relaciona a la acción: el personaje no fuma en un momento cualquiera de la trama, sino en el punto importante, de impacto dentro de la película.

El producto ya es cool, disponible y adictivo”, la mitad del trabajo ya está hecho, le dice su jefe a Nick, dejando ver que lo importante no es posicionarlo, sino elevarlo, explotar aquellas particularidades ya ligadas a él, a través de medios que alcancen al potencial cliente, la cultura popular, la publicidad ingeniosa, los atributos mismos con que se le relaciona, y de ahí la importancia de enfatizar su lado ‘cool’ y ocultar (alejar o desestimar) que sea dañino para la salud.

Cuando una reportera se acerca a Naylor y en la intimidad le saca toda esta información, publica su artículo desnudando la forma de ser y pensar de él. Entonces la imagen pública del lobista decrece de tal forma que sus jefes lo mandan a la banca temiendo que la mala imagen los alcance a ellos. Pero el hijo de Naylor le insiste que si su trabajo es darle un giro conveniente a la verdad, este no es un escenario diferente a lo que usualmente hace para los demás. Acto seguido el personaje procede a desacreditar a la reportera, quien hizo lo mismo que él, engañar para obtener lo que quería, y quien termina perdiendo tanto prestigio como su empleo. Lo interesante aquí es comparar ambas realidades; ninguno actúa con ética y en forma correcta, ninguno respeta al otro, pero es el cómo afrontan la crítica lo que define la forma como el público los percibe (ella termina ridiculizada y él termina como un héroe, defendiéndose de lo que llama una difamación [aunque no lo es exactamente] en su contra). Ninguno dice la verdad, es sólo que uno sabe mentir mejor que el otro.

Esa es la realidad injusta que se vive en muchos escenarios del contexto actual, donde la imposibilidad de distinguir el filtro que enmascara la verdad existe debido a eso que Naylor llama ‘flexibilidad moral’, la mentira disfrazada, o el no decir una mentira, eligiendo en cambio tampoco decir la verdad. El que oculta o dice sólo parte de lo que sabe no miente, solo se reserva información, es la lógica que guía la conducta del cabildero, y que lo hace como una táctica para proteger los intereses de su empleador. “¿En qué se enfoca tu artículo? ¿En cómo aguanta mi conciencia?”, le pregunta Nick a la reportera. Ella contesta: “No, no creo que ese sea un gran problema”. Y en efecto, la realidad es que, aunque debiera, no lo es. ¿Cómo apelar a los valores morales y sociales, cuando el contexto en que se vive tampoco se rige por ellos?

Thank You for Smoking (2005) EE.UU.

Director: Jason Reitman

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

Cinescopio: Thelma Schoonmaker, genio de la imagen, maestra de la edición.

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Genio de la imagen y maestra de la edición, Thelma Schoonmaker ha forjado una carrera de más de cincuenta años en la cual, ha desplegado su extraordinaria habilidad para compaginar la narrativa del guion, la fuerza interpretativa de los actores, los efectos visuales de la industria, la fotografía como arte y las indicaciones de quien ha dirigido la gran mayoría de sus proyectos, el legendario Martin Scorsese. Thelma Schoonmaker se ha caracterizado por brindar un estilo propio a sus ediciones mediante cortes, montajes e imágenes llenas de dinamismo, plasticidad y energía interpretativa, cuyas secuencias compaginan un armónico matiz de espacio y tiempo, fondo y forma, color y profundidad enarbolados por el uso de luces, flashes y visos musicales acompasados lo mismo de una palestra colorida, como de un prismático blanco y negro, el movimiento de una cinta de época que el de una película vertida en la épica violenta, la gesta histórica, o la vorágine de la posmodernidad agitada en el bullicio citadino de una fragmentada social.

Considerada la mejor editora de Hollywood en décadas, y una de las más célebres de la cinematografía universal, Schoonmaker inició su camino estudiantil por los pasillos del profesionalismo de la mano de Martin Scorsese, justo a finales de los años sesenta con la filmación de ¿Quién toca mi puerta?  y su complicidad volvió a reunirles hacia finales de la siguiente década, para iniciar desde los años ochenta con su brillante edición de la obra maestra Toro salvaje, su impresionante e inseparable mancuerna colaborativa. El estreno de El irlandés ha causado gran expectación tanto en el público como en la crítica, no es para menos, un proyecto gestado hace más de una década y que incluye leyendas como Robert de Niro, Al Pacino, Joe Pesci y Harvey Keitel, todos cercanos a los ochenta años, que por sí mismo resultaría suficiente para capturar la atención de la industria, pero si a eso le sumamos la dirección del maestro Martin Scorsese, en el mismo rango de edad, que convierte el acontecimiento en un hito, y el hito en un asunto imprescindible para los amantes del cine.

Y es que al resaltar la edad de los protagonistas y del director, nos lleva a destacar la longevidad de su extraordinario talento, misma edad e igual muestra de plenitud en Thelma Schoonmaker, quien a sus 79 años, ha recibido tres premios Óscar, más que ningún otro u otra editora en la historia, de las múltiples veces que ha sido nominada, y con El Irlandés, se apresta a recibir una nueva nominación por su arte. Schoonmaker sentó su legado no solo por la ópera prima de Scorsese, sino también por haber editado el histórico Woodstock, que dirigido por Michael Wadleigh, se convirtió en un vestigio del épico festival musical que fungió como encuentro generacional de la música, y de una variopinta ideología expresada en las notas de sus participantes, Joan Báez, The Who, Joe Cocker, Carlos Santana, Janis Joplin o Jimmy Hendrix, son algunas de las leyendas que formaron parte de ese manifiesto cultural que unió dos décadas y plasmó un sello contracultural con la diversa oferta de energía musical indescriptible como fundacional, mágica como realista, tan cruda como fantástica, tan natural como etérea.

En la década de los ochenta Schoonmaker desplegó su talento en cintas como Después de la hora con los humos de la penumbra y la precisión del tiempo que devora, El color del dinero con el dinamismo, fugacidad y exactitud del billar, La última tentación de cristo con su excelsa fotografía, el rimo exacto que unió las escenas de humor con la frustración de su protagonista en El rey de la comedia; pero es sin duda con Buenos muchachos, película sustentada en épocas y momentos, de situaciones concatenadas entre las acciones criminales, asociaciones grupales y una banda sonora de fondo, que Thelma alcanza su pico creativo, aunque Toro salvaje, es para mi gusto, su obra más poética, una edición de secuencias de boxeo coreografiadas, fotografiadas y dirigidas con tal maestría, que de no ser por Schoonmaker hubiesen podido perderse de incongruencia, Thelma las une de forma sublime, y en ello recibe una más de sus estatuillas. En los años ochenta también destacó su maestría en el montaje del video Bad, sencillo promocional del disco homónimo de Michael Jackson, que contó con una amplia difusión mundial, el video vierte la canción con un fondo bélico de ritmo y pausa, de esperas y aceleraciones repletos de matices que le llevaron a ser considerado un clásico. En el presente siglo, Schoonmaker destacó por editar la tumultuosa Pandillas de Nueva York, la lírica El aviador, donde ahonda en la edición fluida de luces, flashes y perspectivas, técnica igualmente admirada en El lobo de Wall Street y en Hugo, con excelsos efectos visuales.

El irlandés representa la oportunidad de admirar de nueva cuenta y en un mismo plató, a estos consumados titanes de la actuación, con la invaluable dirección del maestro Scorsese, enhebrados en la magnífica edición de Thelma Schoonmaker. Editora nacida en Argelia, esposa del mítico Michael Powell, director de una de las películas favoritas de Scorsese, Los zapatos rojos, Thelma Schoonmaker ha logrado con El irlandés, una nueva proeza en su canon fílmico, que se suma a los esfuerzos de inversión que conllevaron espectaculares efectos visuales de rejuvenecimiento, con los ires y venires por sucesos acaecidos en cinco décadas diferentes, cuyos cortes y unión de imágenes, resulta en un mágico compás que une todas las aristas del arte cinematográfico.

En CINESCOPIO, rendimos un homenaje a la gran editora estadounidense, alumni de la Universidad de Columbia, egresada de la Universidad de Cornell, y quien durante la próxima edición de los premios Óscar (Ganó tres, Toro salvaje, El aviador, Los infiltrados) recibirá una nueva nominación, su séptima, la cual ostentará a sus, para entonces,  ochenta años; innovadora, creadora y visionaria, Thelma Schoomaker ha dejado su huella indeleble como una editora que transformó la forma de editar cine con estilo propio, lo hizo en su primera cinta, y lo sigue haciendo después de cinco décadas de magia vertida en la edición, Woodstock, Toro salvaje, Buenos muchachos, La edad de la inocencia, Los infiltrados, Hugo o El irlandés, son solo algunos títulos que como muchos más, llevan su percepción del tiempo, su nombre, su historia.

 

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

El Irlandés, la nueva obra maestra de Scorsese
Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

El irlandés ha causado gran expectación tanto en el público como en la crítica, no es para menos, un proyecto gestado hace más de una década y que incluye leyendas como Robert de Niro, Al Pacino, Joe Pesci y Harvey Keitel, por sí mismo resultaría suficiente para capturar la atención de la industria, pero si a eso le sumamos la dirección del maestro Martin Scorsese, entonces el acontecimiento se vuelve un hito, y el hito en un asunto imprescindible para los amantes del cine. Robert De Niro y Al Pacino, junto a Gene Hackman, Dustin Hoffman y Jack Nicholson representan lo más granado del firmamento actoral hollywoodense de los últimos cincuenta años.
Pacino y De Niro, han plasmado su talento en clásicos como El Padrino, El Padrino II, Serpico, Tarde de Perros, Taxi Driver, Justicia para todos, El cazador, Toro salvaje, Cara cortada, Buenos muchachos, Perfume de mujer, entre otros títulos, grabados con sendas letras en la memoria fílmica, y aunque participaron juntos en proyectos más recientes, fue sin duda Fuego contra Fuego, de Michael Mann, la que significó el apoteósico instante de epifanía que la audiencia había esperado por décadas, al menos, por verles juntos en la escena final.

 

El irlandés representa la oportunidad de admirar de nueva cuenta y en un mismo plató, a estos consumados titanes de la actuación, más aún con la invaluable dirección del maestro Scorsese, combo que aunado a la gesta tecnológica del rejuvenecimiento digital que la industria pone al servicio del arte, logra que el relato pueda administrarse en el tiempo; experimentar con los avances que la digitalización y el CGI conllevan, brinda un ingrediente a la ya monumental proeza, una innovación al servicio de la película, que apuntala la narrativa desde la imagen. El resultado, una épica que evoca pasajes yuxtapuestos en favor de la trama, interpretaciones prodigiosas que despliegan sucesos con la franca descripción que caracteriza a las primeras películas del director.
En El irlandés, Scorsese expone mediante la memoria, los recuerdos y la evocación, pecados sin castigo y castigo del pecado, se suscitan al corolario de sus personajes históricos, anecdóticos y ficticios, extraordinaria cinta que brinda un sello de heredad a sus realizadores, no por edad ni tiempo, sino por la calidad fílmica de la obra.

Al ver en cine El Irlandés, me convencí aún más de que la experiencia vivencial que representa observar una película en la gran pantalla resulta única, y que a pesar de sus tres horas y media de duración, la sensación del tiempo resulta completamente relativa, cercana a lo que aún pudimos experimentar a finales de los años noventa con las últimas proyecciones con intermedio, o en este siglo con cintas llenas de efectos visuales al servicio de la emotividad y el entretenimiento, como la saga de El Señor de los anillos de Peter Jackson. En El Irlandés los efectos se admiran desde sus actores, y el experimento a prueba es un rotundo éxito, en unos días se estrenará en su plataforma digital, e igualmente valdrá la pena volver a verla, quizá ahora con mayor detenimiento y detalle, altamente recomendable para quienes admiran a De Niro, Pacino, Pesci o a su director, el maestro Martin Scorsese.

Un evento cinematográfico que marcará la historia de las producciones realizadas para el cine y las plataformas digitales, un reencuentro esperado entre colaboradores frecuentes, y un elenco magistral comandado por uno de los más grandes directores de la historia, la épica El irlandés, no solo cumple con las expectativas, sino que de alguna manera, rebasa las mismas para generar otras, las del interés tecnológico que desaparece una vez que te adentras a la cinta y disfrutas intensamente la creación que en conjunto, han ofrecido sus realizadores. A la ya citada tonalidad intencional que hemos enunciado, que une ambición, poder y realización, Scorsese une enhebrando pautas históricas, anecdóticas y deductivas, la revisión y evaluación de los hechos desde la memoria, los recuerdos o las recreaciones de su protagonista, logrando desde la suma de sus componentes usuales, una cinta extraordinaria, donde su protagonista, -el irlandés- Sheeran, De Niro, revisita su relación con la mafia dirigida por Russel Buffalino, Pesci, y con el poderoso líder Jimmy Hoffa, Pacino. A la luz de los años, Sheeran decide hacer un recuento de los hechos, y se atreve a confesarlos en una suerte de declaración manifiesta, que permite conocer el contexto político, histórico y criminal de distintas épocas, y a su paso, adentrarnos a la percepción de la mortalidad de quien asume la muerte le alcanza. En esa sensación de vulnerabilidad, quien jalara el gatillo sin una pisca de duda, pudiera ahora abrazarla y cuestionarse el deber ser, y en esa cuestión, afrontar otras que se derivan del arrepentimiento o de la confirmación.

Finalmente los hechos han acontecido y aunque no puedan ser cambiados, hay misterios que se prefiere resolver o dejar para siempre en el resguardo de la ignorancia o la suposición. Si de suyo la valía del filme por sí mismo adquiere las dimensiones de un clásico instantáneo, bien vale considerar la etapa de preparación e incertidumbre que atravesó el proyecto, especialmente por su elevado costo y por la agenda de sus protagonistas, Joe Pesci por ejemplo estaba retirado, y tras múltiples intentos por persuadirlo, terminó aceptando participar, ofreciendo una actuación memorable. En el ir y venir del flash back en los pasajes de la historia y su recuerdo, Scorsese acudió a la tecnología de la empresa Industrial Ligth and Magic que fundara George Lucas, para desarrollar efectos visuales que permitieran dar mayor realismo a los personajes desde el rejuvenecimiento.
En vez de recurrir a un elenco más joven para sustituir a los protagonistas -efecto contrario al envejecimiento que pudiera apelar al maquillaje- lograron ser rejuvenecidos mediante técnicas y efectos visuales, para lo cual, se requerían cámaras extras y especiales para apuntalar el uso de CGI, proveer la mejor resolución posible y mayores instrumentos para su edición. La banda sonora fue compuesta por Robbie Robertson, mientras la fotografía principal estuvo a cargo del mexicano Guillermo Prieto; la edición, magnífica y remarcable, recayó en la responsabilidad de Thelma Schoonmaker, quien siendo compañera de proyectos de Martin Scorsese desde sus épocas estudiantiles, y frecuente colaboradora, realiza una edición impecable. La orquestación del equipo creativo por parte de Scorsese resultó sobresaliente, y las proezas técnicas fungieron como un recurso que enriqueció a las imponentes actuaciones que dieron vida al guion escrito por Steven Zaillian, basado en la novela I Heard You Paint Houses de Charles Brandt.

Martin Scorsese presenta una obra maestra tenue y contemplativa, lo cual, me resultan de un prístino intento por revisitar todas las cintas previas de gánsteres dirigidas por el maestro, y hacer que los personajes que las habitaron, tomen un tiempo para sino analizar, si reflexionar lo sucedido, su protagonista recibe una propuesta y en la decisión de aceptarla o no, transforma o define lo que será su devenir y el recuento de los días, y a pesar de las tres horas y media de duración, que bien remembra las épicas del cine majestuoso o épico del Hollywood clásico, el tiempo pasa tan relativo como la valoración de sus personajes.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Exterminio
Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La ira es enojo, pero con deseo de venganza; un enfado tan grande que lleva a la violencia, lo que implica poner al ser en un punto de ebullición, específicamente en su temperamento, y mientras su enfado o indignación pueden ser razonados, o razonables, su reacción tiende a resultar en un acto más reaccionario y visceral, es decir, actuar con saña, rencor, alevosía y crueldad.

La idea es lo que rodea el trasfondo de Exterminio (Reino Unido, 2002), o 28 Days Later (28 días después), título original que hace relación a los días que han pasado desde que un virus ha infectado a las personas en Reino Unido, volviéndolas violentas y peligrosas, que es el escenario donde se desarrolla la película, escrita por Alex Garland y dirigida por Danny Boyle. Los actores que protagonizan son Cillian Murphy, Naomie Harris, Brendan Gleeson, Christopher Eccleston y Megan Burns, quienes interpretan a un grupo de sobrevivientes huyendo de la catástrofe, el caos y la destrucción de su sociedad, y lidiando, al mismo tiempo, con el mundo sin reglas que tienen enfrente, consecuencia de la destrucción.

 

Todo inicia con un experimento en un laboratorio al que activistas ambientalistas llegan para liberar a los primates con los que se está estudiando su reacción a la violencia, exponiéndolos a imágenes de guerra y conflictos. El problema es la impulsividad de acción de los activistas, quienes en lugar de pensar las consecuencias de sus actos, pugnan por dejar libres a los animales aparentemente para que no sean objeto de malos tratos o de tortura. El plan de esta gente es liberar indistintamente a los animales, sin notar que no se trata de enviarlos simplemente de vuelta a su hábitat, sino dejar al descubierto el virus con el que han sido infectados y del que no se tiene control. No se rescata con consciencia, más bien se procede respondiendo a intereses arrogantes y soberbios, al vanagloriarse por el acto de creer estar haciendo lo correcto en lugar de asumir la responsabilidad misma de hacerlo; sentirse bien con ellos mismos en lugar de pensar el bien o el mal que traen sus acciones, o todo lo que implica que los animales estén cautivos y encerrados en primer lugar.

Personas actuando para su propio beneficio antes que el de los demás, individuos creyendo que son poseedores de la verdad, personas engañándose de que hacen el bien; misma actitud que pueden tomar también los científicos que están detrás de las pruebas, cuando en realidad su interés es más personal que social. Y esta actitud sólo puede resultar el algo inminente: un choque que se convierte en caos y un caos que se convierte en devastación.

Es entonces cuando entra en la historia Jim, un hombre que acaba de despertar de coma, 28 días después de que inicia la propagación del virus, que está a punto de descubrir la devastación que ha marcado el declive social del mundo que conocía, donde la gente lucha por sobrevivir más que por entender el origen del problema, o la búsqueda para la solución a la pandemia y al consecuente caos. Huir porque es la única opción que queda, pelear porque es la única salida posible, matar porque es lo único que conocen aquellos que les rodean.

La esperanza de una cura parece imposible, irreal, y esto mismo crea un estado de desolación. ¿Por qué pelear si no parece que haya en el futuro cercano una vida próspera a la cual aspirar, una meta a alcanzar?

Jim es rescatado por Selena y juntos se topan con Hannah y su padre Frank, otros dos sobrevivientes que creen, o quieren creer, que la transmisión militar que dice tener una cura para el virus es el camino que deben seguir. Su viaje implicará más que sacrificio, pues, en efecto, en más de una ocasión deberán preguntarse ¿qué sucederá después, mañana, pasado? y así sucesivamente. Sobreviven un día, sobreviven el siguiente pero, ¿y después?

La transmisión los lleva hasta un complejo militar donde un puñado de militares que han construido un fuerte dentro de una propiedad resultan en realidad ser igual o más peligrosos aún que los propios infectados. El virus despierta la ira de la gente y la convierte en una especie de zombis violentos que atacan indistintamente pero, efectivamente, el virus no es ira, la furia, la agresividad, ya está dentro del hombre.

Es entonces cuando es importante analizar al ser en su naturaleza cruel, violenta, impulsiva y temperamental, que apuesta por su supervivencia incluso a expensas de otros. Jim se da cuenta que la transmisión era una trampa, una carnada para atraer gente, específicamente mujeres de quienes abusar y a quienes a cambio de protección se les exige hacer lo que ellos quieren. No podrán estar infectados pero sus acciones son tan letales como la mordedura de uno de los zombis. No muerden de forma literal, sino metafóricamente hablando.

“Gente matando gente”, dice el comandante a cargo de los militares, refiriéndose al escenario que se vive en cada rincón de Reino Unido a partir de la propagación del virus; un mundo en el que se pelea por la vida de uno mismo pero no por la de los demás, en donde la violencia parece la última medida útil para mantenerse con vida.

Aunque él insiste, en una aseveración no tan retorcida de los hechos, que el virus no existe y que lo único que pasa es que hay gente matando a sus semejantes, como siempre se ha visto que sucede en el planeta a lo largo de los años, la frase, y su analogía, sirven para entender y explicar la propia analogía de la película. Existe un virus, sí, pero un escenario de violencia por la simple violencia no está exactamente tan alejado de realidades que, no sólo se han vivido en la historia de la humanidad, sino de las que se puede ser testigo en el presente, desde guerras entre países para controlar los recursos naturales, o conflictos entre personas peleando por el mejor asiento, o por el primer lugar en la fila, o por el mejor punto desde donde tomar una fotografía. ¿Está en la naturaleza del hombre ser violento? ¿Hay algo que ‘active’ o ‘desactive’ la violencia? ¿Hay algo que la incite? ¿Hay algo que la controle?

Son las buenas intenciones usualmente mal dirigidas el común denominador de la historia; gente agresiva porque sabe, copia y puede reproducirla, pero violenta también por las circunstancias hostiles a las que es arrojada. Un mundo tan lleno de conflicto y plagado de violencia que, en algún punto y de una manera u otra, termina propagándose como una infección.

Y es entonces cuando el hombre es más vulnerable. Una propuesta que la película se encarga de plantear de forma simbólica, Jim al despertar desnudo y confundido rodeado de una infección y una ciudad desolada, o Jim siendo atacado por los infectados la primera vez dentro de una iglesia, un lugar de fe, por nada menos que un cura. ‘No debemos movernos solos’ o ‘Nos necesitamos’ son algunas de las insistencias de Jim, apelando a la idea de que el trabajo en equipo es más efectivo que la individualidad en este caso; el mundo no se puede construir, o reconstruir por una sola persona, se requiere el trabajo del hombre organizado colectivamente.

¿Quiénes somos y qué futuro nos depara si no dejamos de destruirnos entre nosotros mismos, destruyendo de paso nuestra sociedad?, pregunta la película, que funciona de manera tan emblemática porque resulta familiarmente realista al punto que uno olvida que se trata antes que nada de una ficción del género zombi. Una película de horror, pero más que por las escenas violentas, porque esa misma violencia que no es más que un reflejo, tal vez exagerado, de la dura realidad.

28 Days Later…(2002) U.K.

Director: Danny Boyle

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

MEMORIA: JOSÉ JOSÉ, homenaje al príncipe

Por Iván Uriel Atanacio Medellín

Tenor, intérprete del parafraseo, voz prodigiosa, humildad a flor de piel y carisma inigualable, José José llevó en su propia vida el sello de la tragedia y del éxito, cantante de altos vuelos, vulnerable, débil y fuerte, de enorme ejemplo, de cruel trascendencia y al final, despedido como amado por un pueblo que lo quiso, y que quizá en algunos momentos también le abandonó para cobijarlo en su regazo cuando todo termina, como el amor, como la pasión, como el abrazo. Junto a Pedro Infante y Juan Gabriel, José José acuñará su nombre en el olimpo de las figuras musicales mexicanas, a las que Juan Gabriel pertenece en partida doble de la composición, ese paraíso donde residen Agustín Lara o José Alfredo Jiménez. Olimpo al que en algún momento llegarán cual salón de la fama, Vicente Fernández y Luis Miguel.

 

José José hizo de la “Nave del olvido” de Dino Ramos su carta de presentación, y de “El triste” de Roberto Cantoral la confirmación de un cronner que vería en 1983 alcanzar la cumbre de su carrera, un máximo esplendor con la publicación de “Secretos”, compuesto íntegramente por el maestro Manuel Alejandro, y que continúa siendo uno de los más discos más vendidos de México. Armando Manzanero, Roberto Livi y especialmente Rafel Pérez Botija, conformaron la pléyade de compositores mexicanos, españoles y argentinos que delinearon la brillante trayectoria del ícono asiduo al barrio de Clavería, en el corazón de la Ciudad de México. Hijo de cantantes de ópera, bajo el amor eterno de su madre Margarita, y la sombra heredad de su padre José, José José creció junto a su hermano en un ambiente de represión, ópera y música, donde la escases, la muerte, el abandono y la convulsa vacilación del entorno urbano, configuraron el ADN emocional del intérprete, del vicio y del mito, inseparables en la exploración profunda y compleja de la leyenda, no ajenos pero independientes al inmenso talento de quien brindó a su voz, una tesitura de melódicas notas prolongadas, enhebradas por su genuino timbre, capaz de sostener la intensidad emocional y la pronunciación lírica con la misma vehemencia y entrega de un orador dilucidando departir ante su pueblo.

José José inició su carrera en los años sesenta, dominada por las estrellas del rock and roll que poco a poco se difuminaron, Enrique Guzmán, César Costa, Alberto Vázquez, y baladistas que consumaban una reconocida trayectoria, Gualberto Castro, Marco Antonio Muñiz, pero ninguno a la escala del último gran héroe musical de México, fallecido en esa década, Javier Solís. Frente así, José tenía la década de los setenta, que iniciaban con un franco dominio, en español, del cantante español Raphael y del ídolo argentino Sandro de América. Julio Iglesias, Camilo Sesto y Nino Bravo en España, conformarían la balada porvenir, mientras Serrat y Aute acuñarían la trova, Vicente Fernández la música regional, Leo Dan y Leonardo Flavio la melodía argentina, y Juan Gabriel navegaría por un género que él mismo definiría como la expresión ecléctica de diferentes géneros musicales, propios del imaginario mexicano. Para México, José se convirtió en ese cantante que enamora si uso o abuso de su físico, sostenido en su portentosa voz y en su carisma de ídolo, de quien se identifica con el pueblo por ser campeón sin corona, vulnerable, débil, luchador, abrazar el fracaso, el éxito y volver a salir adelante, un hombre común con un talento extraordinario, un hombre del pueblo que se convirtió en un príncipe, y a través de la música delineó su reino. Años de sufrimiento, de navegar sin voluntad, a voluntad y al deseo, de sucumbir a la tentación y a no decir No a lo que el Sí era infierno, una voz mágica que se extinguió como si fuera el colofón de su tragedia, quedarse sin voz, perder la voz, como si fuera la factura de los excesos, el ídolo que emerge, que reina y luego sucumbe como fuerza del mito, el ídolo caído que se refugia más que en el pasado en el pueblo.

Los años setenta escucharon su voz más sublime, “El triste”, “La nave del olvido”, “Gavilán o paloma”, “Volcán” ,“Amar y querer”, “Lo pasado, pasado”, “Lo que un día fue no será”, “Almohada”, “Si me dejas ahora” entre otras; compositores como Rafael Pérez Botija, Alejandro Jaen, José María Napoleón o el propio Juan Gabriel se sumaron al caleidoscopio creativo al que daría voz el ícono. Los años ochenta notaron un cambio de voz y estilo interpretativo, que viraron una transición desde el disco “Amor amor”, prosiguiendo con “Mi vida”, y álbumes de concepto como “Romántico”, hasta la trilogía de álbumes que significaron su clímax de popularidad, “Secretos”, “Reflexiones” y “Promesas”, para 1985, El Príncipe de la canción había alcanzado el pico de su poder interpretativo y de estrellato, dominando las listas de popularidad, siendo nominado a diferentes reconocimientos, recibiendo galardones y dando competencia en alto nivel a las otras figuras hispanoamericanas como Julio Iglesias, quien ya había dado un paso a la industria anglo (amén de los más de los diez idiomas en que grabó).
“No me digas que te vas”, “Cómo fue”, “Preso”, “Me basta”, “Vamos a darnos tiempo”, “Mi vida”, “Desesperado”, tuvieron gran éxito, acompasando la llegada de “Lo dudo”, “Lágrimas”, “El amor acaba”, “Voy a llenarte toda”, “Cuando vayas conmigo”, de Manuel Alejandro, para volver con Pérez Botija y brindar brillo a “Seré”, Payaso”, “¿Y qué?”, “Tú me estás volviendo loco”, y muchas canciones más que atisbaron el corolario musical del cantante. Para finales de la década, el disco “¿Qué es el amor?”, significaría su acercamiento a temas rítmicos y más juveniles ante la llegada de las nuevas figuras de la música latina, encabezadas por quien para muchos sería su sucesor, Luis Miguel. “Piel de azúcar” y “Cómo tú” son muestras de ello, así culminaba la década para el también actor, durante la década filmó diversas cintas incluyendo su biografía “Gavilán o paloma”.

La década de los años noventa iniciaría con sus últimos grandes éxitos, “Amnesia” en 1990 y de Roberto Livi “40 y 20”, sencillo principal del álbum homónimo que sería quizá, el vestigio final de su epítome interpretativo, después de esta entrega, vendrían cambio profundos en su vida personal y una crisis derivada en el homenaje “30 años de ser el príncipe” en 1993; luego de una pausa de rehabilitación, el maestro Sosa volvería con un disco de colección, compuesto íntegramente por el enorme Manuel Alejandro, “Grandeza Mexicana” en 1994. La mitad de la década sonaría en fuerte disposición de “No vale la pena” y del sencillo que dio nombre al disco “Mujeriego” 1995. Después, vendrían algunos disco de menos repercusión pero igual valía testamentaria, hasta compaginar álbumes de culto, concepto y adecuación de piezas grabadas previamente, con adecuaciones, remasterizaciones, acompañamientos en dúo o adaptaciones genéricas. La pérdida de su voz a plenitud, no melló seguir presentándose en diversos recintos e incluso participar en el disco “Voces” del músico griego Yanni.

José José alcanzó la cima de su talento en cada interpretación, y en ese viaje cuya travesía implicó dolor, pasión y sufrimiento, el cantante asumió su invaluable talento para forjar una complicidad con su público, abrazando las emociones, los sentimientos y las cuitas de los amores y de la vida misma para configurar al mito, a la leyenda y al ídolo. Entre 1970 y 1985, el México que sucumbió a las migraciones, a la contaminación, a la crisis, a los temas sociales, políticos y económicos que lo mismo acuñaron desarrollo que pobreza, abuso que corrupción, promesas que pactos truncos, era un contexto donde emergieron cantantes que lograron distraer, entretener o acompañar las vicisitudes, Lupita D Alessio, Juan Gabriel, Vicente Fernández y el propio José José, aunados a Los Tigres del Norte, Los Bukis en primer término, Yuri, Dulce, Joan Sebastián, en un escalón de menor popularidad pero igual impacto (como hicieran en televisión Roberto Gómez Bolaños, Verónica Castro o Lucía Méndez) entre otras agrupaciones, fueron el símbolo de los distintos Méxicos que se fueron conformando, de ahí su valía como referencia cultural popular mexicana; José José no solo fue el representante musical de una época, sino del sentir del México urbano, del bohemio, de la trasnoche y del desvelo ante la circunstancia.
A partir de 1985, nuevas generaciones surgieron con impacto, entre el rock, el pop y la balada, Timbiriche (que maduraba el concepto de Parchis y asumía el éxito juvenil de Menudo), Flans, Pandora, Pedro Fernández, Café Tacuba, Caifanes, Magneto, Maná y sobre todo Luis Miguel, abrirían al menos diez años de una nueva epata musical de figuras mexicanas con impacto latinoamericano, quizá la última gran camada de figuras de primer nivel; Christian Castro, Pepe Aguilar, Alejandro Fernández, Thalía, y Paulina Rubio por mencionar algunas, vendrían poco después, pero no al nivel de símbolo generacional de una banda musical como Timbiriche, Café Tacuba, Caifanes o Maná, ni al nivel de ídolo, figura y reconocimiento que alcanzaría Luis Miguel.

José José le cantó al desamor, a los amores furtivos e imposibles, a los amores debatibles por la edad, a los rendidos al amor, al hastío, al enamoramiento, al despecho, a la indiferencia, al deseo, a la autoafirmación, a la revisión de la vida, al desparpajo, al romance y a la declaración. En MEMORIA hacemos un homenaje recordando, celebrando y reconociendo el legado del intérprete, cuyo canon musical es ya parte del inventario cultural de México y Latinoamérica, con himnos que seguirán sonando con la misma nostalgia pero con aún mayor melancolía, la de haber acompañado los pasos, las caídas y los amaneceres de quien siendo triste brindó alegrías, y de quien, alegre, ofreció las erupciones de un volcán que permanecerá encendido, sin abordar la nave del olvido y afirmando que será, ése juglar del pueblo que afirma que ya lo pasado pasado, y que querer no es lo mismo que amar.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com