21 julio, 2026

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Exterminio
Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

La ira es enojo, pero con deseo de venganza; un enfado tan grande que lleva a la violencia, lo que implica poner al ser en un punto de ebullición, específicamente en su temperamento, y mientras su enfado o indignación pueden ser razonados, o razonables, su reacción tiende a resultar en un acto más reaccionario y visceral, es decir, actuar con saña, rencor, alevosía y crueldad.

La idea es lo que rodea el trasfondo de Exterminio (Reino Unido, 2002), o 28 Days Later (28 días después), título original que hace relación a los días que han pasado desde que un virus ha infectado a las personas en Reino Unido, volviéndolas violentas y peligrosas, que es el escenario donde se desarrolla la película, escrita por Alex Garland y dirigida por Danny Boyle. Los actores que protagonizan son Cillian Murphy, Naomie Harris, Brendan Gleeson, Christopher Eccleston y Megan Burns, quienes interpretan a un grupo de sobrevivientes huyendo de la catástrofe, el caos y la destrucción de su sociedad, y lidiando, al mismo tiempo, con el mundo sin reglas que tienen enfrente, consecuencia de la destrucción.

 

Todo inicia con un experimento en un laboratorio al que activistas ambientalistas llegan para liberar a los primates con los que se está estudiando su reacción a la violencia, exponiéndolos a imágenes de guerra y conflictos. El problema es la impulsividad de acción de los activistas, quienes en lugar de pensar las consecuencias de sus actos, pugnan por dejar libres a los animales aparentemente para que no sean objeto de malos tratos o de tortura. El plan de esta gente es liberar indistintamente a los animales, sin notar que no se trata de enviarlos simplemente de vuelta a su hábitat, sino dejar al descubierto el virus con el que han sido infectados y del que no se tiene control. No se rescata con consciencia, más bien se procede respondiendo a intereses arrogantes y soberbios, al vanagloriarse por el acto de creer estar haciendo lo correcto en lugar de asumir la responsabilidad misma de hacerlo; sentirse bien con ellos mismos en lugar de pensar el bien o el mal que traen sus acciones, o todo lo que implica que los animales estén cautivos y encerrados en primer lugar.

Personas actuando para su propio beneficio antes que el de los demás, individuos creyendo que son poseedores de la verdad, personas engañándose de que hacen el bien; misma actitud que pueden tomar también los científicos que están detrás de las pruebas, cuando en realidad su interés es más personal que social. Y esta actitud sólo puede resultar el algo inminente: un choque que se convierte en caos y un caos que se convierte en devastación.

Es entonces cuando entra en la historia Jim, un hombre que acaba de despertar de coma, 28 días después de que inicia la propagación del virus, que está a punto de descubrir la devastación que ha marcado el declive social del mundo que conocía, donde la gente lucha por sobrevivir más que por entender el origen del problema, o la búsqueda para la solución a la pandemia y al consecuente caos. Huir porque es la única opción que queda, pelear porque es la única salida posible, matar porque es lo único que conocen aquellos que les rodean.

La esperanza de una cura parece imposible, irreal, y esto mismo crea un estado de desolación. ¿Por qué pelear si no parece que haya en el futuro cercano una vida próspera a la cual aspirar, una meta a alcanzar?

Jim es rescatado por Selena y juntos se topan con Hannah y su padre Frank, otros dos sobrevivientes que creen, o quieren creer, que la transmisión militar que dice tener una cura para el virus es el camino que deben seguir. Su viaje implicará más que sacrificio, pues, en efecto, en más de una ocasión deberán preguntarse ¿qué sucederá después, mañana, pasado? y así sucesivamente. Sobreviven un día, sobreviven el siguiente pero, ¿y después?

La transmisión los lleva hasta un complejo militar donde un puñado de militares que han construido un fuerte dentro de una propiedad resultan en realidad ser igual o más peligrosos aún que los propios infectados. El virus despierta la ira de la gente y la convierte en una especie de zombis violentos que atacan indistintamente pero, efectivamente, el virus no es ira, la furia, la agresividad, ya está dentro del hombre.

Es entonces cuando es importante analizar al ser en su naturaleza cruel, violenta, impulsiva y temperamental, que apuesta por su supervivencia incluso a expensas de otros. Jim se da cuenta que la transmisión era una trampa, una carnada para atraer gente, específicamente mujeres de quienes abusar y a quienes a cambio de protección se les exige hacer lo que ellos quieren. No podrán estar infectados pero sus acciones son tan letales como la mordedura de uno de los zombis. No muerden de forma literal, sino metafóricamente hablando.

“Gente matando gente”, dice el comandante a cargo de los militares, refiriéndose al escenario que se vive en cada rincón de Reino Unido a partir de la propagación del virus; un mundo en el que se pelea por la vida de uno mismo pero no por la de los demás, en donde la violencia parece la última medida útil para mantenerse con vida.

Aunque él insiste, en una aseveración no tan retorcida de los hechos, que el virus no existe y que lo único que pasa es que hay gente matando a sus semejantes, como siempre se ha visto que sucede en el planeta a lo largo de los años, la frase, y su analogía, sirven para entender y explicar la propia analogía de la película. Existe un virus, sí, pero un escenario de violencia por la simple violencia no está exactamente tan alejado de realidades que, no sólo se han vivido en la historia de la humanidad, sino de las que se puede ser testigo en el presente, desde guerras entre países para controlar los recursos naturales, o conflictos entre personas peleando por el mejor asiento, o por el primer lugar en la fila, o por el mejor punto desde donde tomar una fotografía. ¿Está en la naturaleza del hombre ser violento? ¿Hay algo que ‘active’ o ‘desactive’ la violencia? ¿Hay algo que la incite? ¿Hay algo que la controle?

Son las buenas intenciones usualmente mal dirigidas el común denominador de la historia; gente agresiva porque sabe, copia y puede reproducirla, pero violenta también por las circunstancias hostiles a las que es arrojada. Un mundo tan lleno de conflicto y plagado de violencia que, en algún punto y de una manera u otra, termina propagándose como una infección.

Y es entonces cuando el hombre es más vulnerable. Una propuesta que la película se encarga de plantear de forma simbólica, Jim al despertar desnudo y confundido rodeado de una infección y una ciudad desolada, o Jim siendo atacado por los infectados la primera vez dentro de una iglesia, un lugar de fe, por nada menos que un cura. ‘No debemos movernos solos’ o ‘Nos necesitamos’ son algunas de las insistencias de Jim, apelando a la idea de que el trabajo en equipo es más efectivo que la individualidad en este caso; el mundo no se puede construir, o reconstruir por una sola persona, se requiere el trabajo del hombre organizado colectivamente.

¿Quiénes somos y qué futuro nos depara si no dejamos de destruirnos entre nosotros mismos, destruyendo de paso nuestra sociedad?, pregunta la película, que funciona de manera tan emblemática porque resulta familiarmente realista al punto que uno olvida que se trata antes que nada de una ficción del género zombi. Una película de horror, pero más que por las escenas violentas, porque esa misma violencia que no es más que un reflejo, tal vez exagerado, de la dura realidad.

28 Days Later…(2002) U.K.

Director: Danny Boyle

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

MEMORIA: JOSÉ JOSÉ, homenaje al príncipe

Por Iván Uriel Atanacio Medellín

Tenor, intérprete del parafraseo, voz prodigiosa, humildad a flor de piel y carisma inigualable, José José llevó en su propia vida el sello de la tragedia y del éxito, cantante de altos vuelos, vulnerable, débil y fuerte, de enorme ejemplo, de cruel trascendencia y al final, despedido como amado por un pueblo que lo quiso, y que quizá en algunos momentos también le abandonó para cobijarlo en su regazo cuando todo termina, como el amor, como la pasión, como el abrazo. Junto a Pedro Infante y Juan Gabriel, José José acuñará su nombre en el olimpo de las figuras musicales mexicanas, a las que Juan Gabriel pertenece en partida doble de la composición, ese paraíso donde residen Agustín Lara o José Alfredo Jiménez. Olimpo al que en algún momento llegarán cual salón de la fama, Vicente Fernández y Luis Miguel.

 

José José hizo de la “Nave del olvido” de Dino Ramos su carta de presentación, y de “El triste” de Roberto Cantoral la confirmación de un cronner que vería en 1983 alcanzar la cumbre de su carrera, un máximo esplendor con la publicación de “Secretos”, compuesto íntegramente por el maestro Manuel Alejandro, y que continúa siendo uno de los más discos más vendidos de México. Armando Manzanero, Roberto Livi y especialmente Rafel Pérez Botija, conformaron la pléyade de compositores mexicanos, españoles y argentinos que delinearon la brillante trayectoria del ícono asiduo al barrio de Clavería, en el corazón de la Ciudad de México. Hijo de cantantes de ópera, bajo el amor eterno de su madre Margarita, y la sombra heredad de su padre José, José José creció junto a su hermano en un ambiente de represión, ópera y música, donde la escases, la muerte, el abandono y la convulsa vacilación del entorno urbano, configuraron el ADN emocional del intérprete, del vicio y del mito, inseparables en la exploración profunda y compleja de la leyenda, no ajenos pero independientes al inmenso talento de quien brindó a su voz, una tesitura de melódicas notas prolongadas, enhebradas por su genuino timbre, capaz de sostener la intensidad emocional y la pronunciación lírica con la misma vehemencia y entrega de un orador dilucidando departir ante su pueblo.

José José inició su carrera en los años sesenta, dominada por las estrellas del rock and roll que poco a poco se difuminaron, Enrique Guzmán, César Costa, Alberto Vázquez, y baladistas que consumaban una reconocida trayectoria, Gualberto Castro, Marco Antonio Muñiz, pero ninguno a la escala del último gran héroe musical de México, fallecido en esa década, Javier Solís. Frente así, José tenía la década de los setenta, que iniciaban con un franco dominio, en español, del cantante español Raphael y del ídolo argentino Sandro de América. Julio Iglesias, Camilo Sesto y Nino Bravo en España, conformarían la balada porvenir, mientras Serrat y Aute acuñarían la trova, Vicente Fernández la música regional, Leo Dan y Leonardo Flavio la melodía argentina, y Juan Gabriel navegaría por un género que él mismo definiría como la expresión ecléctica de diferentes géneros musicales, propios del imaginario mexicano. Para México, José se convirtió en ese cantante que enamora si uso o abuso de su físico, sostenido en su portentosa voz y en su carisma de ídolo, de quien se identifica con el pueblo por ser campeón sin corona, vulnerable, débil, luchador, abrazar el fracaso, el éxito y volver a salir adelante, un hombre común con un talento extraordinario, un hombre del pueblo que se convirtió en un príncipe, y a través de la música delineó su reino. Años de sufrimiento, de navegar sin voluntad, a voluntad y al deseo, de sucumbir a la tentación y a no decir No a lo que el Sí era infierno, una voz mágica que se extinguió como si fuera el colofón de su tragedia, quedarse sin voz, perder la voz, como si fuera la factura de los excesos, el ídolo que emerge, que reina y luego sucumbe como fuerza del mito, el ídolo caído que se refugia más que en el pasado en el pueblo.

Los años setenta escucharon su voz más sublime, “El triste”, “La nave del olvido”, “Gavilán o paloma”, “Volcán” ,“Amar y querer”, “Lo pasado, pasado”, “Lo que un día fue no será”, “Almohada”, “Si me dejas ahora” entre otras; compositores como Rafael Pérez Botija, Alejandro Jaen, José María Napoleón o el propio Juan Gabriel se sumaron al caleidoscopio creativo al que daría voz el ícono. Los años ochenta notaron un cambio de voz y estilo interpretativo, que viraron una transición desde el disco “Amor amor”, prosiguiendo con “Mi vida”, y álbumes de concepto como “Romántico”, hasta la trilogía de álbumes que significaron su clímax de popularidad, “Secretos”, “Reflexiones” y “Promesas”, para 1985, El Príncipe de la canción había alcanzado el pico de su poder interpretativo y de estrellato, dominando las listas de popularidad, siendo nominado a diferentes reconocimientos, recibiendo galardones y dando competencia en alto nivel a las otras figuras hispanoamericanas como Julio Iglesias, quien ya había dado un paso a la industria anglo (amén de los más de los diez idiomas en que grabó).
“No me digas que te vas”, “Cómo fue”, “Preso”, “Me basta”, “Vamos a darnos tiempo”, “Mi vida”, “Desesperado”, tuvieron gran éxito, acompasando la llegada de “Lo dudo”, “Lágrimas”, “El amor acaba”, “Voy a llenarte toda”, “Cuando vayas conmigo”, de Manuel Alejandro, para volver con Pérez Botija y brindar brillo a “Seré”, Payaso”, “¿Y qué?”, “Tú me estás volviendo loco”, y muchas canciones más que atisbaron el corolario musical del cantante. Para finales de la década, el disco “¿Qué es el amor?”, significaría su acercamiento a temas rítmicos y más juveniles ante la llegada de las nuevas figuras de la música latina, encabezadas por quien para muchos sería su sucesor, Luis Miguel. “Piel de azúcar” y “Cómo tú” son muestras de ello, así culminaba la década para el también actor, durante la década filmó diversas cintas incluyendo su biografía “Gavilán o paloma”.

La década de los años noventa iniciaría con sus últimos grandes éxitos, “Amnesia” en 1990 y de Roberto Livi “40 y 20”, sencillo principal del álbum homónimo que sería quizá, el vestigio final de su epítome interpretativo, después de esta entrega, vendrían cambio profundos en su vida personal y una crisis derivada en el homenaje “30 años de ser el príncipe” en 1993; luego de una pausa de rehabilitación, el maestro Sosa volvería con un disco de colección, compuesto íntegramente por el enorme Manuel Alejandro, “Grandeza Mexicana” en 1994. La mitad de la década sonaría en fuerte disposición de “No vale la pena” y del sencillo que dio nombre al disco “Mujeriego” 1995. Después, vendrían algunos disco de menos repercusión pero igual valía testamentaria, hasta compaginar álbumes de culto, concepto y adecuación de piezas grabadas previamente, con adecuaciones, remasterizaciones, acompañamientos en dúo o adaptaciones genéricas. La pérdida de su voz a plenitud, no melló seguir presentándose en diversos recintos e incluso participar en el disco “Voces” del músico griego Yanni.

José José alcanzó la cima de su talento en cada interpretación, y en ese viaje cuya travesía implicó dolor, pasión y sufrimiento, el cantante asumió su invaluable talento para forjar una complicidad con su público, abrazando las emociones, los sentimientos y las cuitas de los amores y de la vida misma para configurar al mito, a la leyenda y al ídolo. Entre 1970 y 1985, el México que sucumbió a las migraciones, a la contaminación, a la crisis, a los temas sociales, políticos y económicos que lo mismo acuñaron desarrollo que pobreza, abuso que corrupción, promesas que pactos truncos, era un contexto donde emergieron cantantes que lograron distraer, entretener o acompañar las vicisitudes, Lupita D Alessio, Juan Gabriel, Vicente Fernández y el propio José José, aunados a Los Tigres del Norte, Los Bukis en primer término, Yuri, Dulce, Joan Sebastián, en un escalón de menor popularidad pero igual impacto (como hicieran en televisión Roberto Gómez Bolaños, Verónica Castro o Lucía Méndez) entre otras agrupaciones, fueron el símbolo de los distintos Méxicos que se fueron conformando, de ahí su valía como referencia cultural popular mexicana; José José no solo fue el representante musical de una época, sino del sentir del México urbano, del bohemio, de la trasnoche y del desvelo ante la circunstancia.
A partir de 1985, nuevas generaciones surgieron con impacto, entre el rock, el pop y la balada, Timbiriche (que maduraba el concepto de Parchis y asumía el éxito juvenil de Menudo), Flans, Pandora, Pedro Fernández, Café Tacuba, Caifanes, Magneto, Maná y sobre todo Luis Miguel, abrirían al menos diez años de una nueva epata musical de figuras mexicanas con impacto latinoamericano, quizá la última gran camada de figuras de primer nivel; Christian Castro, Pepe Aguilar, Alejandro Fernández, Thalía, y Paulina Rubio por mencionar algunas, vendrían poco después, pero no al nivel de símbolo generacional de una banda musical como Timbiriche, Café Tacuba, Caifanes o Maná, ni al nivel de ídolo, figura y reconocimiento que alcanzaría Luis Miguel.

José José le cantó al desamor, a los amores furtivos e imposibles, a los amores debatibles por la edad, a los rendidos al amor, al hastío, al enamoramiento, al despecho, a la indiferencia, al deseo, a la autoafirmación, a la revisión de la vida, al desparpajo, al romance y a la declaración. En MEMORIA hacemos un homenaje recordando, celebrando y reconociendo el legado del intérprete, cuyo canon musical es ya parte del inventario cultural de México y Latinoamérica, con himnos que seguirán sonando con la misma nostalgia pero con aún mayor melancolía, la de haber acompañado los pasos, las caídas y los amaneceres de quien siendo triste brindó alegrías, y de quien, alegre, ofreció las erupciones de un volcán que permanecerá encendido, sin abordar la nave del olvido y afirmando que será, ése juglar del pueblo que afirma que ya lo pasado pasado, y que querer no es lo mismo que amar.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

Eighth Grade

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Kayla es una joven adolescente en el último grado de la secundaria; tiene pocos amigos pero muchas ganas de conocer el mundo, aunque su vida está consumida por la realidad virtual del postmoderno, así que se la pasa pegada a su celular, navegando en internet y las redes sociales, en lugar de relacionarse con sus similares, algo que en el contexto real, en el trato personal y directo, no sabe hacer. Ella es la protagonista de la película Eighth Grade (EUA, 2018), también conocida en español como La vida de Kayla. El proyecto está escrito y dirigido por Bo Burnham, y protagonizado por Elsie Fisher y Josh Hamilton en los papeles principales, como Kayla Day y Mark Day, su padre soltero.

La historia toca temas como las relaciones sociales y la forma como se desenvuelven y llevan a cabo en estos tiempos contemporáneos, plagados por una constante presencia ‘en línea’ que si bien puede acercar a las personas, igual puede alejarlas y ser un obstáculo para alcanzar amistad o intimidad, según se haga uso de la tecnología. Pero la película también aborda otras ideas, como la ansiedad, la maduración, la soledad, la búsqueda por una identidad y las presiones sociales, especialmente aquellas de la vida adolescente relacionadas con el desarrollo personal.

 

Es importante por ello la manera como Kayla está representada y cuál es su camino hacia el crecimiento, ya que su viaje significativo permite a cualquier persona identificarse y empatizar con las dudas, inseguridades y dificultades durante una etapa de vida marcada por la transición de maduración. “Ser uno mismo se trata de no cambiar para complacer a los demás”,dice la joven en sus videos publicados en la red (vlogs – combinación de video y blog), práctica que Kayla realiza como modo de interactuar con un mundo del que se mantiene a distancia porque es lo mismo que los otros chicos de su edad hacen, pero también como barrera protectora de auto conservación y, de alguna forma, como modo de expresión a su alcance y, al menos aparentemente, bajo su control.

Ella vive su vida a través de una personalidad virtual que no es del todo fiel a su yo real, dando consejos sobre la vida, buenos consejos, pero que no sabe cómo poner en práctica, deseando más lo que dice, que haciéndolo en realidad, como cuando habla sobre hacer amigos y arriesgarse a relacionarse con gente con la que normalmente no lo haría. Kayla va a la fiesta de cumpleaños de la estudiante popular de su escuela gracias a una invitación que recibió porque la madre de la festejada obligó a su hija extenderle una. En su video Kayla habla sobre una supuesta fiesta que ella tuvo en la que decidió hablar con alguien (una chica rara, describe ella), a quien usualmente no se acercaría, para descubrir que es un gran persona. El ejemplo es un imaginario para exponer su idea, pero Kayla de alguna forma habla de lo que quisiera que le pasara a ella en aquella fiesta, que alguien le hablara y descubriera que tiene mucho que ofrecer; ciertamente no es que Kayla no intente acercarse a otros, es que su timidez es tan grande que termina eligiendo pasar desapercibida antes que arriesgarse a más.

Entonces, aunque sabe que lo importante es ser fiel a uno mismo, aceptarse y aceptar a los demás, respetar y actuar como uno quiere y decide, no como los demás dictan, ella misma sabe que la realidad no es tan sencilla cuando vive en un mundo cargado de presiones del exterior. Su padre tiene expectativas en ella pero lo que más quiere es verla desarrollarse, por lo que insiste que salga al mundo, pero Kayla no entiende al momento sus palabras, afecto y apoyo; al contrario, reniega de él. Sus compañeros de escuela limitan su mundo al alcance de su celular y se preocupan, como les ha enseñado la banalidad de la realidad social en la que viven, en apariencias, ideales irreales, fachadas y una perfección inexistente, intereses que Kayla no comparte del todo (sólo en cierto grado, si bien repite, igual que los demás) dado que su curiosidad y conocimiento, incluso valores, suelen ser diferentes al común denominador que le rodea. Es por ello que al momento ser diferente se siente como algo malo, en lugar de ser un rasgo distintivo que le permite un punto de vista más amplio, más pensante incluso.

Finalmente está el contexto social en que Kayla vive y a través del que ella misma se ha aislado. Tiene mil preguntas sobre su persona, la sexualidad, el futuro, la vida y la gente que le rodea, pero no tiene a nadie a quien preguntarle (en confianza), así que recurre al único lugar que conoce que sabe que en su anonimato no podrá juzgarla directamente: internet (o específicamente un buscador en internet).

Hay un contraste en su vida porque cara a cara no puede relacionarse, por timidez, miedo, precaución, inexperiencia y hasta estrés, así que recurre a un mundo, en la nube, del que puede mantenerse a una distancia ‘segura’ para ella, de pantalla a pantalla, siguiendo las cuentas de redes sociales de sus compañeros de clase y conociéndolos a través de sus publicaciones, o ella misma compartiendo fotografías y pensamientos, con sus respectivos filtros, literales, simbólicos y todo lo que ello implica (técnicamente el filtro es una capa de edición que cambia el aspecto de lo que se expone para moldearlo hacia una determinada percepción guiada), crear la ilusión de que se relaciona con otros, cuando no lo hace realmente, sino sólo se escuda tras la pantalla.

Si alguien se ha preguntado cómo afectan los avances tecnológicos y su uso constante en la vida diaria las relaciones sociales, la película es un buen ejemplo para entenderlo. Kayla no miente al mostrarse en pantalla en sus videos, pero sí se esconde del resto del mundo a través de ellos. Sabe que lo que dice es cierto, que cuando comenta “no se puede ser valiente sin tener miedo”,sus palabras son verdaderas, es sólo que decir y hacer son dos cosas diferentesy dar ese primer paso implica, en efecto, ser valiente. Evidentemente tiene miedo, porque el mundo la juzgará (lo que sucederá sin importar lo que haga). Ese miedo es natural, porque nada es perfecto y no siempre es justo, pero siempre es complicado. Es sólo que Kayla, a su edad, aún no lo entiende, asimila, afronta y se adapta. Y no podrá hacerlo mientras viva a través de la virtualidad; se enoja cuando su padre le pide que se aparte del celular para que compartan, pero al mismo tiempo lo único que conoce es a través de la red, y se aferra a ello.

Cuando reconoce y entiende que no puede seguir esperando ser aceptada cuando ella misma no lo hace, decide dejar de esperar de los demás algo que sólo ella puede darse, amor hacia sí misma, autoconfianza, seguridad. Al publicar su último video aclara que no puede hacer todas esas cosas que aconseja, porque ella misma está en una búsqueda por entenderlas, que es, finalmente, lo más honesto, porque implica que ha entendido que ser nerviosa, tener inseguridades, tener una opinión pero no gritarla siempre a los cuatro vientos, es parte de su personalidad, lo cual está bien, porque es parte del proceso de formación de carácter y, porque, probablemente hay muchos otros como ella en busca de su propio crecimiento, con las mismas preocupaciones, ansiedades, inseguridades o dudas.

Un día, durante un programa escolar en el que pasa la jornada acompañando a una estudiante de preparatoria como preparación para su siguiente grado académico, conoce a Olivia, una joven a punto de graduarse hacia la universidad. Kayla sólo espera caerle bien y que todo salga ‘perfecto’, o en corto, que la acepten, para entonces sentirse validada. Sabiendo que en su propia escuela la gente la ha catalogado como callada  (literalmente le dan el título en una votación escolar de superlativos), Kayla se aferra a la esperanza de que su futuro en la preparatoria se dibuje diferente basándose en esta experiencia.

La situación se torna distinta, pero igual. Olivia le da ánimos, la acepta y le abre la puerta a la convivencia y comunicación entre ambas, pero el mismo día uno de los amigos de la joven intenta aprovechar la inexperiencia sexual de Kayla para obligarla a hacer algo que ella no quiere, y que con decisión ella detiene una vez que se siente incómoda con el momento. Sin embargo Kayla se disculpa del rechazo, reflejando con ello que no entiende del todo que ella no ha hecho nada malo, sino el otro joven.

Lo que ambos escenarios opuestos demuestran es un patrón de lo que siempre ocurrirá en la vida: no importa lugar, espacio o tiempo, siempre existirán todo tipo de personas, amables, dedicadas, pero también las abusivas e irresponsables. La lección empuja a Kayla a preguntarse ¿quién soy? y ¿quién quiero ser? (en comparación con quién es la gente allá afuera), que es una de las reflexiones valiosas que saca de la experiencia.

A partir de ese momento elige ver el mundo a través de sus ojos, no de una pantalla, porque no importa lo mucho que la gente escriba, comparta, comente, grabe o diga, la vida virtual nunca será la vida real. No importa qué tanto aprenda de maquillaje en los tutoriales que mira y copia en la red, o qué tanto cree que conoce del mundo leyendo sobre ello en su computadora, nada la preparará para una u otra situación hasta que la viva en carne propia.

Los amigos de Olivia están seguros que su discrepancia de edad los hace ‘diferentes’. “No tenía Twitter en la secundaria, como nosotros”, dicen ellos. Y en otro ejemplo: “Ya nadie usa Facebook”,le dice la chica de la fiesta de cumpleaños a su madre cuando ésta le dice que invite a Kayla a su casa. Pero, ¿no es sólo que la tecnología es la ‘diferente’, y es ello lo que afecta a las personas y a la relación entre personas?

El uso de la tecnología y las redes sociales pueden afectar la salud mental de las personas, según expone la película; ya no sólo es importante entender que lo hace y cómo lo hace, sino cómo lidiar, intervenir, educar, aprender, adaptarse y entender (Kayla vendría siendo la generación ‘postmillennial’, o generación Z). ¿Estar constantemente expuestos en y a las redes sociales hace a la gente, o la obliga a ser, más autoconsciente, crítica y dura consigo misma? ¿Qué hay de bueno y qué hay de malo en ello?¿Cómo es vivir rodeado de cámaras, publicaciones en línea, información (y desinformación) al alcance de un clic, aislamiento virtual, relaciones no tangibles y  por tanto una vida más expuesta?Vale la pena entonces preguntar: ¿Cómo es y cómo queremos que sea?

Eighth Grade (2018), EE.UU.

Director: Bo Burnham

https://www.youtube.com/watch?v=A_QRy0jhJJM

Diana MiriamDiana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

Parasite, la obra maestra de Bong Joon-ho

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Ganadora absoluta de la Palma de Oro del Festival Internacional de Cine de Cannes en su edición 2019, Parasite es una obra descomunal que lo mismo es una amplia crítica social una profunda reflexión de la agónica posmodernidad del nuevo milenio. Dinámica, plena de humor y situaciones de albur, azar y suerte, la trama que presenta su director enfrasca esa cualidad de la incertidumbre que no planea y la planeación cerebral de una estrategia que lleve a una familia de clase baja en su contacto con la clase alta, hasta una posición de clase media, a la luz del trabajo como vínculo, de esta forma, la película efectivamente aborda las clases sociales como un pecado no quien las vive, sino de la sociedad que las permite, hiriendo en su paso el significado del ser y de la pertenencia en sus protagonistas. Bong Joon-ho, director que sorprendió con fuerza la panorámica del cinema universal con la angustiosa, dinámica e hilarante Snowpiecer, y que más tarde dividió opiniones de la crítica con su oda contra la manipulación genética Okjacimbro la más reciente edición del Festival de Cannes con una película puntillosa, pícara, llena de humor negro y angustia existencial.

 

Parasite despliega el talento de su director mediante un guión que a medida que desarrolla su trama, una comedia de simulación, donde los miembros de una familia, madre, padre, hijo e hija, ascienden su posición laboral suplantando personalidades creadas por ellos mismos, e incrustadas por artificios dentro de una familia de clase acomodada con ciertos intereses artificiales. Las vicisitudes de ambas familias, van uniendo nodos y conflictos que entre los aromas y hedores que pululan la desigualdad, la inequidad y la falta de oportunidades,  así como la ambición, la codicia y la súplica por una mejor vida, amparada ésta en una roca que por azar, llega a las manos de quien asume ser causa y consecuencia de la trama. La comedia avanza capturando a la audiencia generando reacciones de simpatía, empatía y rechazo, para gradualmente y una vez develados los varios secretos que se ocultan en el entorno, convertir el contexto de la sorna en una tragedia social que por una parte indigna y por otra parte arroja signos de una comprensión reflexiva, lo cual brinda a la película un sólido presupuesto narrativo.

Bong Joon-ho  demuestra su habilidad como narrador literal y visual, mediante secuencias orquestadas por una banda sonora estupenda, sino por la concatenación de emociones que suponen y crean a sórdida confabulación, las sólidas actuaciones de Son-Kang-ho, Lee Sun-kyun, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-shik, y Park So-dam, conforman un compendio interpretativo de naturalidad y pose, resultando en la venia, el corolario perfecto de una obra maestra de la cinematografía de finales de la presente década, que a su paso, consolida la carrera de su director. Las desigualdades como un punto de análisis, las tendencias por lo considerado importante, la supervivencia como catalizador de la creatividad, la complicidad fraternal, la aspiración como una iniciativa, la confesión no confesa y la reacción visceral ante la razón que no razona, resultan en una instintiva propuesta cinematográfica que además de cimbrar Cannes, cimbra las reflexiones en torno a la desigualdad económica y social universal.

El agua como significado y la lluvia como una señal, convergen los sentidos en una clara alusión al prejuicio como un detonante de fragmentación que etiqueta posibilidades y determina devenires, el plan que no debe siquiera concebirse, y el plan que siendo inexistente, termina siendo una luz entre la tormenta que sacude los recónditos escondites de quien se esconde de sí mismo; aunque pareciera que la cinta recurre a la moraleja, y en ello al castigo moral o a la justificación de las acciones, Parasite deja visos abiertos a la interpretación de la realidad y la imaginación de quien aspira convertirla en fantasía fugaz o en búsqueda permanente. Bong Joon-ho entrega así, una de las mejores películas de la década, en las cuales se encuentran ya otras de su ahora reconocido canon fílmico.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

MEMORIA: CAMILO, celebrando el legado del gran maestro

Por Iván Uriel Atanacio Medellín

Hijo predilecto de Alcoy, Alicante, valenciano por costumbre y tradición, español al corazón y al apego, lberoamericano desde el lenguaje y el sentimiento, universal, Camilo Sesto es una figura monumental en el firmamento musical latinoamericano, ícono de la cultura pop, ídolo de masas y músico consagrado, que alcanzó dominar a plenitud más de dos décadas de éxitos continuos y que a la luz de otras décadas más, al menos cinco, ha dejado un legado incuestionable como una de las máximas figuras de la música en cualquier género y lengua. Nacido en 1946, Camilo Blanes Cortés conformó un legado extraordinario de composiciones claras, sentidas y empáticas, que hicieron enamorar, sufrir y reencontrarse con el amor a diversas generaciones que hoy le rinden un merecido homenaje ante su partida.

 

Un explorador que abrazó no sólo al timbre de su poderosa voz el encanto de la interpretación, sino que sumó a ese talento el don de la escritura vuelta melodía, componiendo cientos de canciones que integran la banda sonora de los millones de seguidores que le rinden tributo. Camilo formó parte de ese corolario de intérpretes españoles que a finales de los años sesenta y a principios de los años setenta, dominaron la escena musical hispana, que tal como en México alcanzaban Juan Gabriel, José José o Vicente Fernández y en Argentina Sandro, Leo Dán o Leonardo Favio, en España el elenco se integró por el entonces ya reconocido Raphael, por la portentosa voz de Nino Bravo, el carisma melódico de Julio Iglesias, y las voces de Ángela Carrasco o Rocío Dúrcal, Camilo, sobresalió de todos ellos, por ser un cantautor que lo mismo tenía una voz prodigiosa, que canciones sugerentes a la audiencia.

Desde su debut en la industria con Algo de míen 1971 y hasta al menos 1983 con los himnos derivados de su disco Con Ganas, la seguidilla de éxitos pareció no detenerse o aletargar en los siguientes años, fue una vorágine de emociones tras otra, consolidando un repertorio impresionante, que más adelante a juicio personal por el apego mismo, me permitiré ubicar en 15 canciones que son mis favoritas de su listado. Al medio de ese torbellino, Camilo se atrevió a desafiar, aún en su incipiente carrera, los obstáculos que implicaba, entre censura, gobierno y dogma, la realización de la obra Jesucristo Superestrella en español, y lo hizo, con una actuación sobresaliente y una voz de altos rangos que aún puede escucharse en versiones muy loables como Getsemaní. Camilo Blanes más allá de la propia coyuntura musical, de grandes rivalidades y camaraderías, enfrentó en la cima de su popularidad, los contextos políticos de su propia patria, la España que transitó de la dictadura a la democracia, y los escenarios parecidos entre gobiernos dictatoriales, revueltas políticas y crisis económicas en América Latina.

El entorno propicio para la sensibilidad y el resguardo de figuras icónicas que por una parte confluyan ideales, o distraigan y entretengan las angustias de la realidad en las angustias de los amores personales. Camilo triunfó en el México del partido único, en el Chile de la dictadura, al mismo compás que en Argentina, o en el renacer de la economía estadounidense, pero también lo hizo cuando los contextos cambiaron en esos y otros países. Fue en el Festival de Viña del Mar en 1981, aquella considerada por muchos como la más grande de las veladas porteñas, cuando Camilo cimbró el escenario al interpretar Perdóname, tal como lo hiciera en Palma de Mallorca meses después al dedicársela directamente a su madre. Aquella edición del Festival de Viña del Mar, concedió una entrevista icónica para otro mito de su tiempo, Julio Iglesias. Quizá no se recuerde un recibimiento de ese tipo en el Festival, hasta que en 2012, el cantante mexicano, Luis Miguel recibiera la primera Gaviota de Platino de la historia, tal como Camilo, lo hiciera con la Gaviota de Plata. Los años setenta y ochenta, escucharon exitosos sencillos contenidos en los diferentes discos que configuran su canon musical, y que aunados a las décadas posteriores, completaron más de 40 álbumes editados entre grabaciones de estudio, recopilatorios y ediciones especiales, así como más de 100 millones de copias vendidas avalan el impacto popular que recibió el músico valenciano. De “Algo de mí” a “Horas de Amor”, incluyendo su enorme álbum “Amor libre”; de “Amaneciendo” a “Agenda de Viaje”, pasando por el éxito de “Con Ganas”, las primeras décadas de su historia como solista representaron la etapa cumbre del intérprete.

Es justo cuando edita su último disco de la década de los ochenta que Camilo decide hacer una pausa en su carrera, justo a los cuarenta años, para dedicarse a la crianza de su pequeño hijo, a su vida privada, y tomar un descanso al vendaval de los casi veinte años ininterrumpidos que delinearon cual artífice en lienzo su olimpo perpetuo. En los años ochenta, Raphael seguía grabando temas del maestro Manuel Alejandro, al igual que lo hacía quien había ya virado hacia el mercado anglosajón y universal, Julio Iglesias, Camilo, junto al nuevo escenario de la música española, vería llegar la faceta vanguardista de Miguel Bosé (a quien el compositor produjera su primer disco en los años setenta), el surgimiento de bandas de rock ligero como Hombres G, Nacha Pop, Hombres del Silencio, y el pop excelso de Mecano en voz de Ana Torroja, entre otras ofertas musicales. Para los baladistas tradicionales, amparados para ese entonces, principalmente en las composiciones de Pérez Botija, Roberto Livi, Manuel Alejandro, Juan Carlos Calderón y el propio Camilo, el advenimiento de una nueva etapa, representaba un reto creativo, bandas de rock como Soda Stéreo del maestro Cerati, Enanitos Verdes, o Caifanes en México, así como grupos pop conformados por adolescentes, desde Menudo en Puerto Rico, Parchís en España o Timbiriche en México, coparon el interés de nuevos compositores, y en sinergia a nuevas y nuevos baladistas.

En 1991 con Amor mío ¿qué me has hecho?, Camilo Sesto volvió a conquistar corazones y hacer acto de presencia, pero el mundo musical y el entorno que el mismo había atestiguado en cambios anteriormente, ahora se adentraba en diferentes géneros y propuestas, dejando su oferta musical a la valía más importante, la del tiempo. Los años noventa verían consagrarse a Luis Miguel, y afianzar en esa década y a principios de la siguiente, la carrera de solistas como Shakira, Ricky Martin, Enrique Iglesias, Christian Castro, Selena, Gloria Estefan (Solista) Chayanne (desde los años ochenta) Alejandro Fernández o David Bisbal, y cantautores como Alejandro Sanz, Ricardo Arjona, Juanes, y el propio Marco Antonio Solís, entre otros.

A principios de siglo, en 2002 Camilo publicó un tema polémico por su estructura, fresco por la letra, original a su repertorio, Mola mazo, aunque lejos de la crítica que atentó instigar decadencias, funcionó exactamente para lo que el divo requería, renovar su nombre y acercarlo al devenir que advertía. Quien fuera integrante de los grupos Los Dayson y Los Botines, en los años sesenta y asumiera llamarse Camilo Sexto primero y posteriormente Camilo Sesto, ostenta un caleidoscopio musical que incluye entre otros álbumes y sencillos, Amor, amar, compuesta junto a Lucía Bosé, y Fresa Salvaje de “Solo un hombre”1972; Todo por nada, de “Algo más”, 1973; ¿Quieres ser mi amante? de “Camilo” 1974; Jamás, Melina y Piel de Ángel de “Amor libre” 1975; Si tú te vas, Con el viento a tu favor, Mi buen amor, de “Rasgos” 1977; Vivir así es morir de amor, El amor de mi vida de “Sentimientos” 1978; y Si me dejas ahora, Has nacido libre de “Horas de amor” 1979.

La impronta musical dejada por Camilo entre aquel 1971-1972 en que Algo de mí irrumpiera la escena musical hasta la publicación de “Horas de amor” en 1979, da cuenta del dominio e impacto artístico en esa década por el histrión español más célebre de la autocomposición hispana. La siguiente década inició para el cantante con la edición de su álbum “Amaneciendo” 1980, Perdóname, Donde estés con quien estés, Insaciable amante; Amor no me ignores, Tarde o temprano, de “Más y más” 1981; Devuélveme mi libertad, Mi mundo tú, de “Con ganas”, dieron sello al inicio de una década que se vería impactada por el ya mencionado retiro del artista valenciano en 1986 tras la publicación de su disco “Agenda de baile”. Su regreso en 1991 con el disco “A voluntad del cielo”, significó el nostálgico viso de necesidad recíproca, que la melancolía del cantante y su audiencia necesitaban. En 1997 su recopilatorio “Camilo Superstar” se convirtió en el más exitoso disco de grandes éxitos en lengua hispana, en 2011 recibió el reconocimiento al Máximo orgullo hispano en Las Vegas, Nevada, y a su premio recibido en Estados Unidos , prosiguió una serie de conciertos por Iberoamérica. Camilo se convirtió en un clásico desde su lanzamiento, ícono de la balada y de la música pop en el momento exacto en que se daba la transición de las influencias del rock anglo, a la identidad musical hispana desde la lírica musical.

En 2018, Camilo Sesto, dio a conocer grabado con la Orquesta sinfónica de la RTVE, “Camilo sinfónico”, que contó con la participación de diversas intérpretes, un disco ideal para quien se caracterizada, además de sus letras poéticas y melódicas, portentosa voz, y uso de arreglos imponentes y orquestados, por mantener en la manera de sus posibilidades, una vida privada, alejada de los medios y atenciones de la prensa, lo que a la curiosidad le rubricó el marco de misterio trágico, triunfal e incierto, propio del auge, caída y redención de los mitos artísticos.

Miembro del salón de la fama de los compositores latinos, y sin duda, la mejor voz de los compositores hispanos, Camilo Sesto, el cantautor más exitoso de habla hispana, grabó aural su nombre en el historial de Hispanoamérica y el mundo, dejando grabadas sus canciones en la memoria de nuestros tiempos, hoy celebramos al gran maestro español recordando la heredad de su música.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

CINE Y LITERATURA, 91 AÑOS DEL PREMIO ÓSCAR. (III)

 

“Mi bella dama.”

 

Por: Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

 

George Cukor y Audrey Hepburn en el plató de My Fair Lady (1964)

Mi bella dama” es una película musical estrenada en 1964 y galardonada con el Premio Óscar como mejor película. La producción fue dirigida por George Cukor, y el guion realizado por Alan Jay Lerner está basado en la obra de teatro escrita por George Bernard Shaw titulada: “Pigmalión. El personaje histórico llamado Pigmalión, en la mitología griega se enamoró de una escultura bellísima que él mismo había realizado y a la cual le puso el nombre de Galatea, la diosa Afrodita le cumplió el sueño y convirtió a Galatea en una mujer de carne y hueso para que Pigmalión la cuidara y amara.

 

Pigmalión y Galatea es uno de los mitos más transmitidos en la historia del arte, Bernard Shaw en 1914 publicó una de sus obras teatrales más conocidas y cincuenta años después cuando la obra se presentó en la modalidad de película musical, tanto la obra escrita como la película se convirtieron en un referente de la cultura universal, por todo lo mencionado y teniendo de manera general el conocimiento del mito, conozcamos al moderno Pigmalión de Bernard Shaw.

 

La obra está compuesta en cinco actos, los personajes centrales son: “Madre (Señora Eynsford Hill), Hija (Señorita Eynsford Hill), Florista (Elisa Doolitle), Mistress Peace, Mistress Higgins, Una Doncella, Caballero (Coronel Pickering), El de las notas (Enrique Higgins), Alfredo Doolitle.” A continuación, en el presente artículo se abre el telón:

 

Todo sucede allá por el año 1912 en Londres, Inglaterra, eran las doce de la noche y la gente se encontraba en el Pórtico de la Iglesia de San Pablo esperando un taxi que las pudiera llevar a su casa debido el fuerte aguacero que caía, una joven florista accidentalmente choca con uno de los transeúntes y cae, pero, luego, luego se levanta y empieza a intentar vender sus flores a las elegantes señoras que esperan los taxis. La florista tiene unos dieciséis años, es guapita, de rasgos muy humildes: “Sin embargo, se ve que con un poco de cuidado sería una muchacha muy aceptable.

 

En el mismo lugar se encuentran Enrique Higgins, quien es un reconocido lingüista encargado de escribir el alfabeto fonético universal, Higgins le compra a la chica unas flores y en ese contexto conoce al Capitán Pickering, personaje que acaba de llegar de la india y era el autor de “El sánscrito hablado”. Pickering le dijo a su colega Higgins que había viajado exclusivamente a Londres para conocerlo y ver su gran trabajo de fonética universal, a lo que Enrique respondió que él estaba pensando viajar a la india con el mismo propósito, los lingüistas entablaron gran amistad y Pickering se fue a residir a la casa de Enrique Higgins.

 

Al poco tiempo de lo sucedido en la Iglesia de San Pablo, la florista llamada Elisa Doolitle se presentó en la casa de Higgins, el motivo de su visita era para que Enrique le enseñara a hablar. Elisa tenía la aspiración de trabajar en una tienda elegante de flores y por tener un lenguaje vulgar no lo había podido hacer, Elisa además de pobre, era muy desagradable por su forma arrabalera de hablar. Con Elisa enfrente, Higgins le apostó a Pickering que en seis meses si él se lo proponía haría de Elisa una dama de sociedad, es más sin problemas podría pasar por Duquesa.

 

La apuesta se formalizó, Elisa aceptó ser educada en modales y habla por parte de Enrique Higgins, la chica desde un inicio demostró a pesar de su humildad, ser de espíritu digno, una joven independiente, honrada, agregando que poseía gran virtud para aprender la lenguas, buenos modales, resultó ser muy limpia, ordenada, en dos meses tuvo su primer reunión en sociedad y si bien cometió algunos errores en su forma de hablar, al momento que llegó a la reunión todos los que no conocían sus orígenes quedaron sorprendidos de su belleza y elegancia:

 

La doncella aparece de nuevo y anuncia a la señorita Elisa Doolitle. Elisa, deliciosamente trajeada, produce al entrar tal impresión de hermosura y distinción, que todos se levantan como cohibidos. Es un contraste enorme con la florista estrafalaria de antes. Guiada por la mirada de Higgins, se acerca a la señora de la casa, con gracia estudiada.  Elisa. (Con corrección pedantesca y hermosa cadencia de voz.) ¿Cómo está usted, señora? Su hijo me dijo que usted me haría el honor de recibirme; así es que me he permitido… Mistress Higgins. (Cordial) Tengo una verdadera satisfacción por conocerla.”

Toda prueba que se lo ponía a Elisa era satisfactoriamente superada, el último gran evento se dio en una Ópera, terminado el evento los colegas lingüistas llegaron a su casa cansados y frente a su muñeca creada Enrique le expresó a Pickering:

Sí, sí; estaba muy segura de sí misma. La verdad, si no es por la negra honrilla, no llevo la broma hasta el final. Pero, en fin, me había empeñado en ello, y por eso la llevé adelante. Al principio, mientras estuvimos en la parte fonética, la cosa me interesó; pero luego me fue pesando lo indecible. Lo dicho: de no haber sido por el empeño, lo hubiese abandonado todo a los dos meses de empezar. Le aseguro a usted, Pickering, que no me vuelven a coger en otra. Una vez y no más. No haré más duquesas postizas.”

 

El experimento había terminado con gran éxito, fue aquí cuando Elisa estalló y después de una fuerte discusión con su maestro y creador Higgins, decidió irse de la casa, le dijo que hubiera preferido la dejara como una humilde florista, independiente, digna, honrada, a lo que aparenta ser hoy, una dama de sociedad que no tendrá de que vivir ni como sostenerse:

 

Elisa. – Antes de que se vaya caballero… Higgins. – (dejando, de la sorpresa, caer las zapatillas.) ¡Caballero! Elisa. – Deseo saber si mi ropa me pertenece o es del coronel Pickering. Higgins. – (Volviéndose a entrar del todo, cada vez más sorprendido.) ¡Para qué demonios puede hacerle falta al coronel tu ropa? Elisa. –Tal vez para la próxima muchacha que recojan ustedes para sus experimentos. Tengo que saber lo que puedo llevarme y lo que no. No quiero que luego me llamen ladrona. Higgins. – (Muy enfadado.) Llévate, con mil demonios, toda la casa, si quieres. Excepto las joyas, que son alquiladas. ¿Estas satisfecha ahora?”

 

A Elisa no le preocupada tanto su futuro, sino el trato tan frio e indiferente que recibía de Higgins, él le pedirá que regrese, sin embargo, nunca manifiesta amarla, es un hombre de cuarenta años que no tiene pensado casarse ni le interesa la vida conyugal. Elisa cree en los sentimientos y en la pasión, la historia completa es fascinante y si bien cuando se cierra el telón en la obra de teatro, el final queda abierto, en el epílogo Bernard Shaw nos presenta a un nuevo Pigmalión que lo considero insensible y materialista, es decir, más acorde a nuestros tiempos, que aquel Pigmalión de los siglos pasados romántico y enamorado…

 

Leer la serie: Cine y Literatura

 

Cómo se hizo My Fair Lady

Youtube: Cinecinéfilos films

56:42 min

 

 

José Miguel Naranjo

José Miguel Naranjo Ramírez | miguel_naranjo@hotmail.com | México

 José Miguel Naranjo Ramírez, es un escritor, articulista y ensayista mexicano. Desde hace más de diez años comparte sus reflexiones, estudios y reseñas acerca de literatura, música y cine, a través de su columna “Ruta Cultural”, publicada en diversos medios impresos y electrónicos; así mismo conduce un programa de radio.

 

 

Nace en Madrid la primera residencia colaborativa para mujeres cineastas que da protagonismo a la conciliación

 

Coofilm, la primera residencia colaborativa para mujeres cineastas en Madrid, ya ha abierto la convocatoria de inscripción para que las interesadas puedan presentar sus proyectos. La principal particularidad de esta residencia es que la conciliación tendrá un papel protagonista, puesto que se habilitarán espacios de guardería para que aquellas cineastas que sean madres y quieran acudir con sus hijos, puedan asistir a las clases sin impedimento.

Esta iniciativa nace con el objetivo principal de dar la oportunidad de reconectar con el mundo de la creación cinematográfica a aquellas madres que por no poder conciliar tuvieron que alejarse, de algún modo, de su carrera. Además también se reservarán varias plazas para cineastas que no sean madres, pero que quieran realizar la residencia para desarrollar uno de sus proyectos. Del mismo modo es una oportunidad para las cineastas que no tengan proyectos activos, pero que quieran adquirir las herramientas necesarias para ponerlos en marcha o unirse a los proyectos de otras compañeras tejiendo una red de equipo de trabajo colaborativo en la industria audiovisual.

Participantes, metodología y docentes

Se seleccionarán 15 candidatas que tendrán la oportunidad de sacar sus proyectos cinematográficos adelante con la ayuda en clases, tutorías y asesoramiento, de profesionales de reconocido prestigio en el panorama cinematográfico actual.

El programa dará comienzo en septiembre y se extenderá hasta marzo de 2020. Coofilm contará con talleres intensivos de fin de semana estilo bootcamp, a cargo de speakers del sector cinematográfico en activo, masterclasses y webinars online a través de una plataforma privada, reuniones online con las participantes, un maratón de rodaje conciliable y la participación destacada en actividades abiertas al público para mayor interacción y feedback con la comunidad.

Se combinará, por tanto, metodología online y presencial para facilitar la conciliación al máximo durante el proceso. Y es que “la imposibilidad de conciliación es uno de los problemas fundamentales para acercarnos a la paridad audiovisual”, tal y como indica la directora de la residencia Gabriela Garcés. Así, se dará la posibilidad de asistir a la residencia con niños, ya que desde la organización se habilitará una zona específica contigua para los niños de las residentes.

Así, desde el comienzo y hasta el final de la residencia, las participantes, directoras de cine, productoras y guionistas, tendrán la oportunidad de tejer redes de trabajo con otros profesionales, y además aprenderán materiales fundamentales acerca de cómo conseguir la financiación para arrancar sus proyectos, la importancia de un buen pitch o la distribución o marketing de sus trabajos y de su sello personal. Podrán inscribirse tanto aquellas creadoras que quieran iniciar un proyecto cinematográfico, como aquellas mujeres que busquen unirse a proyectos de otras compañeras. Todas ellas adquirirán herramientas y contactos clave para impulsar su carrera a nivel profesional en un entorno de colaboración y confianza. Coofilm no es una residencia específica a proyectos si no abierta a mujeres profesionales, por tanto no es imprescindible presentar un proyecto para poder ser seleccionada. Coofilm seleccionará a sus residentes a partir de los 18 años de edad, sin existir otro límite de edad para la participación.

Condiciones de participación

El programa Coofilm es un proyecto co-financiado entre el Ministerio de Cultura, la organización, y tiene un fee de 600 euros como aportación realizada por las residentes para cubrir los costes derivados de la contratación de los profesionales. La aportación de las residentes únicamente se utilizará para cubrir gastos derivados del correcto funcionamiento del programa y la contratación de los profesionales, alquileres de sedes y otros requerimientos técnicos. Consultar con la organización para más información y opciones de flexibilidad en el pago (direccion@coofilmresidence.com). Si acreditas que eres socia de CIMA( Asociación de Mujeres Cineastas o Medios Audiovisuales o PNR (Plataforma Nuevos Realizadores) obtendrás un descuento del 15% Coofilm se hará cargo del alojamiento y la manutención de las participantes que deseen asistir el fin de semana del maratón de rodaje conciliable en Marzo, así como de la habilitación del espacio conciliación durante el mismo. Además, durante los fines de semana de Septiembre, Octubre y Noviembre estarán incluidas las comidas del sábado y del domingo para todas las participantes. La organización de Coofilm no se hará cargo de los gastos derivados por el alojamiento o viajes de las participantes durante las actividades del programa presencial en Septiembre, Octubre y Noviembre.

 

Si quieres conocer más sobre el programa visita escribe a: coofilmresidencias@gmail.com

Llama al: +34 680 15 37 99   (España)

Visita: coofilmresidence.com

 

EQUIPO

Directora de la residencia: Gabriela Garcés

Responsable programación: Patricia de Luna

Comunicación y Prensa: Sonia Bautista Alarcón

 

Fuente: Confilm

Consumir contenido audiovisual en esta actualidad

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Vivimos en una época (si bien no es algo nuevo, sólo diferente que antes) en la que ver, hacer, planear, pensar, proyectar y trazar una película es un proceso creativo en todas direcciones. Consumir es extinguir, o agotar, que ese algo (que se consume) satisfaga necesidades. En el caso del cine, esto arroja dos preguntas vitales; uno, ¿el cine alguna vez se agotará?, y dos, ¿hasta cuándo o en qué punto deja de satisfacer una necesidad? O lo que es lo mismo, ¿por qué elegimos ver películas o no hacerlo y cuándo determinamos que ya no cubren una necesidad?

Lo importante a recordar es que las películas pueden ser tanto un medio de comunicación como uno artístico, informativo, de entretenimiento, de distracción y demás. Quien lo hace tiene una intención, quien lo mira también. Quien lo produce tiene un objetivo, el que lo consume, también. En suma, como arte y como industria el cine está destinado a satisfacer necesidades tanto de creadores, distribuidores como de consumidores, finales o intermedios, y, en este sentido se enfoca en atender tanto los cambios conductuales de los consumidores como las variantes que se generan en el mercado.

https://www.youtube.com/watch?v=U0JuWx5Pr0I

El cine de hoy es una mezcla de arte y tecnología”, dice el cinematógrafo Vittorio Storaro en la cinta Side by side, documental de 2012 que explora la evolución del cine en paralelo con la tecnología y la forma como una se adapta a la otra. Esto es, el cine no es una cosa homogénea, insensible a las variantes del desarrollo social, por el contrario, cambia y avanza conforme la sociedad también lo hace; en tanto arte es sujeto de la imaginación, curiosidad, audacia y sensibilidad de los creadores, y en tanto industria se ve fuertemente influenciado, incluso condicionado, por el acelerado desarrollo de la ciencia y la tecnología, a un ritmo tal en cuestión de imagen, sonido y efectos especiales que hacen ver a millones de años luz el incipiente paso del cine mudo al cine sonoro. La influencia va más allá de las cuestiones técnicas,  por ejemplo, el cómo utilizar cámaras análogas frente a las digitales, o la forma como las computadoras abrieron paso hacia un uso de efectos digitales cada vez más especializados y detallados. Ir de la mano de la tecnología en la evolución cinematográfica también influye en la forma como se oferta una película y hasta en el cómo se acerca la gente a verla, mediante cuáles medios de proyección se consume, y/o las circunstancias en que se observa la película.

Los servicios streaming (de retransmisión), como Netflix, Hulu o Amazon, no sólo están llegando a cambiar la forma como se hace cine, sino también como se mira, reacomodando el proceso como la industria se organiza a sí misma. No se trata sólo de una sana competitividad, sino del control que se le da a la audiencia, que puede ver ahora lo que quiera, cuando quiera y como quiera, en un celular, en una computadora, en la televisión y hasta en las salas de proyección, en su cama, en la sala de su casa, en el metro y hasta a mitad de algún otro evento; así como el sistema, o aquellos que tienen los medios de producción a su alcance, intentan controlar esta aparente nueva libertad.

Y es por ello que la cinematografía también cambia, por dentro y por fuera. El cómo se cuenta una película y qué aspecto visual tiene son dos aspectos que se ven a la par del cómo comercializar y vender el producto. Pensemos tan sólo en el motivo detrás por el que Disney haya decidido comprar Marvel, LucasFilm y después la productora de Fox, haciéndose dueños de todo un conglomerado de producciones en miras a dar fuerza a su propio servicio, exclusivo, streaming (Disney Plus). Eso nos deja, dentro de Hollywood, con técnicamente sólo un puñado de grandes productoras (entre ellas Sony, Paramount, Universal o Warner Bros) trabajando con sus propias distribuidoras, con criterios determinados por ellos en cuanto a negociaciones, acuerdos de proyección, distribución, comercialización, publicidad, etcétera. Es el fenómeno comercial predominante en el mundo capitalista globalizado caracterizado por oligarquías monopólicas en casi todas, sino es que en la totalidad, las ramas de producción. Son pues estas grandes empresas cinematográficas las que determinan el rumbo, contenido y orientación de la actividad cinematográfica, siempre bajo la perspectiva de la búsqueda de la máxima ganancia posible.

Es casi como si el cine se volviera más bien un concepto mercantil, una actividad fetichizada atenta a los estudios de mercadotecnia y cada vez más limitada en su creatividad experimental. La muerte del cine como séptimo arte y su relanzamiento como parte integrante fundamental de la industria del espectáculo.

¿Cuáles son las películas que quiere ver la gente? ¿Cuáles son los contenidos que quiere que se le ofrezcan? ¿Cambiarán el entretenimiento del cine por el entretenimiento más inmediato y pasajero, entiéndanse los videos compartidos y publicados en redes sociales? ¿Es que las productoras están pensando en ello y por eso crean fuerzas que las refuercen, como Disney hace con sus recientes adquisiciones y su siguiente gran paso con Disney Plus? ¿Es por eso que los grandes estudios programan lanzamientos de superproducciones uno tras otro a lo largo del año, por muy imposible y poco eficiente que esto a la larga pueda resultar (porque cuántas superproducciones puede una casa productora sostener realmente sin eventualmente reciclarse o flaquear)?

En 2017 Samsung lanzó una película conceptual llamada Washing Machine: The Feature Film, cinta que básicamente consiste en 70 minutos, a una sola toma, de un ciclo de lavado. Una idea mitad campaña publicitaria mitad llamada de atención a la sociedad, y es que la propia empresa aseguró que en sus investigaciones descubrió que las personas, específicamente la gente británica, donde realizaron su estudio, pasa al menos 1,481 horas de su vida mirando cómo se lava la ropa.

Paint Drying es una película de 2016, de 10 horas de duración, dirigida y creada por Charlie Lyne, la cual consiste en ver cómo se seca la pintura en una pared (si bien Lyne la realizó como protesta por las prácticas de censura de la Junta Británica de Clasificación de Películas). Más interesante, el proyecto consiguió el dinero para su realización a través de una campaña en Kickstarter, una página web en donde diversos proyectos buscan financiamiento a través de donaciones. Ya en 2004 por cierto existió un reality que se veía a través de internet, por el canal satelital UKTV, en el que la cámara se colocaba frente a diferentes paredes acabadas de pintar, y la gente votaba por la que creían ‘había quedado mejor’.

Estos diversos ejemplos son sólo una mirada a la rutina de consumo de una sociedad en cuanto a material audiovisual en la modernidad se refiere y la forma como esto sigue cambiando por motivos variados, desde publicidad hasta creatividad, enfoque artístico, creación de polémica o simple experimentación. ¿Pero qué tan alejados están estos ejemplos de los miles de clips virales que se comparten en redes diariamente? ¿Qué tanto de corrupción, morbosidad y perversidad se encuentra presente en estas conductas de consumo social?

Gogglebox es un programa reality documental de la cadena británica Channel 4, que se transmite desde 2013, y que consiste en ver a gente viendo televisión. La idea, según los realizadores, es entender el impacto (emocional, social y cultural, por ejemplo) del contenido televisivo en la vida de las personas y el cómo estas reaccionan a lo que se les presenta. Ver a personas viendo gente es casi como una paradoja que llega a tildar en lo ilógico, absurdo o inconsistente, pero, ¿qué opinaríamos respecto a un programa en el que la gente comenta lo que ve, que es lo que hace por ejemplo Talking Dead, un show televisivo en el que los invitados discuten lo que acaba de suceder en el último capítulo de la serie de zombis, The Walking Dead? Y entonces, ¿cómo se distancia esto de los diversos programas reality que existen actualmente en la televisión, o de los documentales y programas de debate?

La línea es delgada, porque ‘ver a gente hablando de las cotidianeidades y sus impresiones sobre algún tema en especial’, ¿no es acaso la idea básica detrás de los videos compartidos en plataformas como Instagram o YouTube?

Aquella historias personales y de contenido inmediato casi con seguridad no es cine, pero eso no significa que el cine no esté pensando cómo incluir estas ideas en su contenido, como séptimo arte, y en su acercamiento hacia el público, es decir, en la comercialización de su industria.

En el documental Side by side, Keanu Reeves, quien conduce las entrevistas, le pregunta al director James Cameron si el uso de tecnología digital no cambia o distorsiona la forma como se percibe la ‘realidad’. “Estás presentando una irrealidad completa y haciéndoles sentir que es real, mientras que, antes, era capturado en la realidad”, dice el actor. A lo que Cameron contesta: “¿Cuándo fue real?”. Respecto al mismo tema del uso de imágenes generadas por computadora, el director Martin Scorsese plantea una idea también reflexiva: “No sé si las generaciones más jóvenes sigan creyendo en todo lo que ven en pantalla. No es real”.

La sobresaturación está en todas partes, en el cómo se hacen películas (edición de imagen exagerada y no siempre justificada, efectos especiales eclipsando la historia o conceptos temáticos lanzados al aire aunque no siempre aterrizados), pero también en el cómo compiten con el resto del contenido audiovisual que se comparte en los ‘nuevos’ medios, específicamente las redes sociales. ¿Cómo competir?, se preguntan algunos, aunque a lo mejor más importante es plantearse ¿cómo dejar de hacerlo?, o sencillamente ¿por qué no mejor dejar de hacerlo?

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

Cinescopio: Paul Thomas Anderson

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

Anima, cortometraje dirigido por Paul Thomas Anderson y protagonizado por Thom Yorke, vocalista de la banda británica Radiohead, ha sido recientemente estrenado en plataformas digitales con una estupenda recepción, surrealista, visualmente impactante y pleno de una narrativa sugerente.

Con motivo de esta peculiar realización y ante la celebración del 20 aniversario de Magnolia, dedicamos CINESCOPIO a uno de los más celebrados y reconocidos directores de este siglo. Paul Thomas Anderson confirmó con Magnolia que su carrera, anunciada por Juegos de placer con tintes de genialidad, tendría una confirmación al trazo con Magnolia, no sólo a nivel cinematográfico, sino desde la perspectiva filosófica que contiene su narrativa. Sus siguientes películas fueron recibidas con entusiasmo, y fue sorprendiendo a medida que sus motivos y protagonistas, aparecerían lo mismo para generar asombro que comprensión, Adam Sandler sería su siguiente opción, en una de sus mejores actuaciones, Embriagado de amor, y tras una tibia recepción vendría su obra maestra Petróleo sangriento en cuyas vicisitudes encarnaría el gran Daniel Day Lewis, Anderson había construido un canon fílmico variado y por demás interesante para ser estudiado en las distintas escuelas de cine, muchas de las cuales consideran al director californiano como uno de los mejores directores de su generación y de nuestro tiempo.

En Cigarrillos y café, Anderson relata un suceso coral unido por tres historias en torno a un billete de 20 dólares, el cuál, más allá de la valía financiera alta o no, conjuga un serial de sucesos azarosos vertidos en la paradoja, la tragicomedia y el humor involuntario de la suerte y la intención cuando son definidos por la circunstancia. La telaraña tejida en torno a un suceso, los pequeños detalles entre vidas que se tocan y los accidentes que las unen, se verá reflejado en Magnolia, de la misma forma que la ambición tendrá tintes futuros en Petróleo sangriento, y el juego de la vida como un hado de casualidades estará de manifiesto en Juegos de placer. Con Cigarrilos y café, Paul Thomas Anderson, como la mayor parte de los cineastas experimentales e independientes, invirtió sus propios recursos para financiar la cinta, y reunir al elenco así como conseguir el equipo necesario convirtió la realización en un caos que como resulta, ofreció un corto que causo sensación en diversos festivales, abriendo la puerta a Anderson para que la fundación del Festival de Sundance apoyara sus siguientes realizaciones, incluyendo su ópera prima, Hard Eight también conocida como Sidney, que narra la historia de un buscavidas del juego que en cuyo camino topa un necesitado de dinero, parvedad y deseo convergen unirse para obtenerlo, en uno el enigma de ansiar seguir jugando, en otro la necesidad de atender el funeral de su madre, en ambos la necesidad de alcanzarlo.

Dentro de las 8 películas que ha dirigido P.T. Anderson, la banda sonora ha resultado fundamental en todas y cada una de las cintas, sea por la música incidental o por la banda sonora ex profeso, cada obra del canon Anderson porta un sentido melódico peculiar y estrictamente calculado por el autor, y si algún compositor ha capturado la esencia del director, es sin duda Jonny Greenwood, compositor y guitarrista de la banda británica de rock alternativo Radiohead, una de las más célebres agrupaciones de las últimas tres décadas.

En Junun, Anderson despliega sus dotes documentales con una narrativa que apela más a las intenciones que inspiraron el álbum que a los objetivos de su lanzamiento, es decir, se anida en los porqués de la música desde su composición y de la esencia misma de la música como lenguaje. La audacia de Anderson para describir las emociones, la inspiración y la energía desplegada en la grabación, resulta deslumbrante, haciendo de Junun uno de los documentales más desafiantes de la década y una de las principales obras testimoniales referentes a la grabación de álbum alguno.

Adaptación de la novela homónima de Thomas Pynchon, Puro vicio es una película ambientada en los años setenta, época que parece ajustarse a los preceptos de Anderson para desarrollar sus realizaciones. La resolución de un caso es el motivo de la cinta en un primer plano, el vicio, cigarro, mariguana y deseo, el complemento; sin embargo, la secuela de dudas que abre sin cerrar una a otra, parece inferir en el espectador, una sensación de decadencia que se vive desde la interpretación de Phoenix, en la medida en que el vicio inherente, es también una incapacidad del personaje por desapegarse del pasado y bloquear así mismo un presente que no ofrece al detective Larry, las salidas al laberinto de un caso que ha tomado más por orgullo que por interés.

The Master una película alucinante, dura y puntillosa respecto de los fanatismos, cultos y adoctrinaciones que lo mismo atraen y captan, que recelan y alejan a quienes por una parte lo practican y por otra lo sufren practicando, un viso que no es exclusivo de culto alguno y más bien una observación universal de los mismos.  En general se considera  a la dianética y a su fundador como el referente de Anderson para escribir su historia, y, aunque fuese así de primera instancia para Anderson, desde mi punto de vista va más allá de una crítica concreta para abrir los recintos de la reflexión y de la necesidad del ser humano por encontrarse en un grupo, encontrar respuestas, hallar soluciones a la angustia existencial. Ésta será la sujeción que unirá personajes, trama y mensaje, una búsqueda de esperanza y encuentro, situada en la ambientación de los años cincuenta, Anderson, quien logra presentar sus relatos en distintas épocas, explora la alteridad entre maestro y alumno, de pastor y rebaño, de gurú y devoción, en una época caracterizada por un ambiente ambivalente, los dejos de una guerra, los vientos de triunfo y el espejismo real o ficticio de etapas nuevas. En esa sinergia de acciones y reacciones, están presentes la supresión, la autodestrucción, la pretensión y la expectativa de quien ofrece y quien recibe, haciendo de esta película una espléndida obra sobre los límites y extremos de la condición humana.

El hilo fantasma, es una poesía lírica, emotiva, profunda, desgarradora desde sus silencios, tenue de dolor en sus no dados abrazos y una original pieza romántica no convencional, así podríamos definir a la última actuación de Daniel Day Lewis en la gran pantalla. Inmerso en este conflicto interior, al cuidado vigía de su hermana, interpretada por Lesley Manville, en una exquisita actuación, no escapa de la posesión del amor que lo mismo intoxica que cura, que lo mismo envenena que sana, el amor que llegará, como un fantasma que no avisa pero se advierte, a través de Alma, caracterizada por Vicky Krieps. Reynolds Woodcock ha pasado su carrera dedicado al más mínimo detalle, al meticuloso arte de zurcir, bordar, diseñar, aplicar, pegar, colocar, pieza a pieza, botón a botón, al hilo invisible de una aguja que enhebrando la ilación de un vestido como si fuesen etapas, momentos, situaciones, recibe los halagos y a su vez el vacío de la soledad.  Es ahí, en ese juego solitario de pretender estar solo, anhelar estarlo o estarlo porque no hay alternativas, donde se anida la perfección de Day Lewis como actor, su actuación es un poema de la interioridad que se confronta ante los ojos del otro, de ese otro que despierta lo que estaba dormido, que es capaz de dar vida al sentido de matarlo y revivirlo al mismo tiempo, primero en el engaño, después en el consentimiento de quien se abandona en el sentir, en el deseo, en ese hilo fantasma que teje las relaciones y los apegos.

En Juegos de placer, la segunda cinta coral de Anderson, una aproximación puntual e hilarante que retrata con alta fidelidad una época y su contexto. El ascenso, el auge y la caída, como proceso natural, artificial o inevitable de la industria cinematográfica, sirve como palestra para analizar las vertientes que el cine y el sexo ofrecen desde el capital, al tiempo que detalla como una calenda de hechos factibles y supuestos, el paso de una década a otra y la percepción de su protagonista que, como si fuese un observador, ve incrementar y disminuir sus oportunidades como si el éxito se agotase al obtenerse.

Petróleo Sangriento ha sido considerada de igual forma como una de las mejores películas del siglo XXI, la mejor quizá de la primera década de la centuria, y el legado de Daniel Day Lewis a su trayectoria, y es que no podemos separar la lírica aguda, precisa y operística de Paul Thomas Anderson, de la interpretación del actor británico. La fiebre del petróleo, su anhelo, la búsqueda permanente y desesperante del elixir negro que nace del mar y de la tierra, la persecución de su emerger y la industria que conllevan el mercar el capital y su riqueza, forman el corolario para la relación de Plainview con su hijo adoptivo por circunstancia H.W., y con Paul Sunday o Eli Sunday interpretado a dualidad por Paul Dano. Dualidad que se enfrasca en la propia fe de un pueblo por su iglesia, en el fanatismo que converge en la fe y en la propia ambición. Una de las mejores actuaciones de la historia, reconocida por propios y extraños como el retrato perfecto de una interpretación en pantalla, el Daniel Plainview de Day Lewis es un personaje complejo, intempestivo, lo mismo predecible en el actuar que impredecible en el sentir, rudo y calculador, insostenible ante la espera y persistente en la búsqueda, el personaje alcanza matices sólo compatibles con la cátedra actoral de un consumado maestro.

Magnolia gravita momentos realistas, crudos y desconcertantes, lo mismo que pende intervalos surrealistas vestidos de existencialismo, desazón e incertidumbre, la causalidad y el azar agobian y liberan, castigan y redimen las cuitas de la vida como un caleidoscopio doloso de soplo y aliento. Paul Thomas Anderson condensa la caída de la posmodernidad y su pesquisa de identidades en una pieza de dolor, arrepentimiento, vacío y desesperación; cada uno de los personajes interconectados con la casualidad, con la casualidad o con el infortunio, portan en sus líneas y sobre todo en sus expresiones, la suma de todos los miedos y ansiedades que la falta de cariño, apego y motivos corresponden. La búsqueda de un estado de felicidad que parece no existir, la resignación, el sueño lúcido o las máscaras que cubren las secretas intenciones caracterizan las notas musicales de una canción compartida, de una risa amable, de una petición rota, de un intento fallido y de las buenas acciones sin objeto ni sentido. Magnolia es una bella página en la historia del cine contemporáneo, bella aunque duela, bella aunque asuste, bella aunque en sí misma parezca deplorable o poco atractiva. La pléyade de grandes actuaciones deja su huella como si el papel fuese ese lienzo en donde caben las mareas, los temblores y el arcoíris al final de la tormenta. Julianne Moore, John C. Reilly, Phillip Seymour Hoffman, William H. Macy, Felicity Huffman, Jason Robards -en su último papel- entre otros, acompañan la poderosa, cínica, sensible y quizá mejor actuación en la carrera de Cruise, para hacer de Magnolia una de las mejores películas de la década, una reflexión individual y colectiva a la paradoja, a los sentimientos, apegos, a la confirmación de un gran director y al advenimiento de una lluvia impregnada de los más vacíos aromas posmodernos.

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

 

 

Mona Lisa Smile

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Una persona subversiva es alguien que altera el orden establecido. ¿Es malo cambiar las reglas cuando el fin último traerá un mayor beneficio a la comunidad? No forzosamente, pues no habría independencia, libertad e incluso evolución si no hubiera alguien desafiando reglas que ya han expirado o no se han adaptado, exigiendo con ello un cambio que proponga algo mejor. De hecho, los subversivos, los irreverentes, los inconformes, los rebeldes, son quienes han dado en muchas ocasiones el impulso para las grandes transformaciones sociales.

En la película La sonrisa de Mona Lisa (EUA, 2003), la historia retrata la vida de un grupo de personas proponiendo ese cambio y desdibuja la forma como el contexto social se opone a sus ideales, dadas una serie de reglas inflexibles y conservadoras arraigadas en un pensamiento que no sabe otra cosa que no sea seguirlas. Dirigida por Mike Newell y escrita por Lawrence Konner y Mark Rosenthal, la película cuenta con las actuaciones de Julia Roberts, Kirsten Dunst, Julia Stiles, Maggie Gyllenhaal, Marcia Gay Harden, Ginnifer Goodwin y Dominic West, entre otros. Al centro del relato se encuentra el personaje de Katherine Ann Watson, una mujer que llega a trabajar en el departamento de arte de la Universidad de Wellesley, institución conservadora que no sólo enseña a las alumnas sobre conocimiento académico, sino que también las ‘prepara’ para que se conviertan en futuras ‘esposas’, su ‘natural’ destino social, conforme al modelo de sociedad que desean tener.

Esa creencia tradicionalista que exige a las estudiantes acatar y no cuestionar nada choca con las intenciones de Katherine, que ve en su papel de profesora la oportunidad de ofrecer con estudio, conocimiento y desarrollo un camino de crecimiento personal para las estudiantes. Su postura colisionará con la recatada directiva, que le exige hacer lo que se le dice al pie de la letra y nunca desafiarlo, cambiarlo o confrontarlo, lo que no está en la naturaleza en Katherine, porque no le permite crecer a ella misma, ni le permite ayudar a otros que necesitan lo mismo. En esencia es el viejo problema de la educación: ¿para qué educar? Es evidente que las autoridades escolares, así como los padres de familia apuestan por una educación que reproduzca la división social de organización basada en roles estereotipados en donde la mujer está destinada a ser madre abnegada y esposa dócil, mientras que el hombre cumple con las responsabilidades de ser el proveedor de la familia, en tanto, Katherine se presenta como una incipiente feminista que rechaza dicho rol femenino encasillado y también cuestiona abiertamente las posturas machistas.

Ir en contra de lo establecido no sólo es mal visto en ese contexto socio-cultural (la historia se desarrolla en Estados Unidos en 1953), sino que es recriminado; pero, tanto Katherine como otras como ella parecen ver en su libertad personal para elegir un futuro mejor, una  forma para pugnar en su presente para que ese anhelo se vuelva una realidad. Desde luego la película no aborda el contexto socioeconómico existente en ese país en la postguerra, lo que aportaría otros elementos de juicio para entender la apertura que permite la llegada a la escuela de una docente como Katherine.

“¿Quién golpea las puertas del Aprendizaje? Soy todas las mujeres. ¿Qué buscas? Despertar mi espíritu a través del trabajo duro y dedicar mi vida al saber. Entonces eres bienvenida. Todas las mujeres que quieran seguirte pueden entrar aquí.”Ese es el intercambio de diálogo durante la ceremonia de inicio de curso que sucede entre la representante de las alumnas y la directora de la institución. Resulta interesante por, de alguna forma, ser contradictorio con la posición y filosofía que les enseñan a las jóvenes, porque aunque lo que se dice profesa a favor del saber y la inteligencia, la superación y el conocimiento, parece que sólo enmascara el enfoque inflexible y dirigido hacia la sumisión que permea de fondo: cultivar mentes sí, pero esperar que esas mentes encuentren sólo un fin último, el matrimonio.

Para Katherine la idea es retrógrada, porque a su parecer, como el de otras personas que en aquella época lucharon por equidad y oportunidades para las mujeres, el crecimiento personal de las estudiantes es más que el convertirse en una acompañante que se realice en la vida a partir de los logros de su pareja. La institución educativa debería ser esa ventana que les abra posibilidades hacia el cambio, en lugar de limitarlo, o condicionarlo, porque si las jóvenes están ahí para aprender, también deben esperar (visionar, enseñarles a) hacer algo con ese saber, un algo que ellas elijan gracias y a partir de ese conocimiento adquirido.

La pregunta es si la decisión es una opción que se les da a las jóvenes, siendo de alguna forma condicionadas a esperar, y aspirar, sólo a una vida como esposas. Betty es, por ejemplo, hija dentro de una familia intransigente que espera de ella esa aparente perfección de vida, y su objetivo es complacer al otro, su novio y luego esposo, a pesar de, o al margen de su propia opinión, conocimiento, deseos, anhelos y capacidades. Ella elige lo único que sabe, porque es lo que conoce y le han presentado sus padres, familiares, amigos y hasta profesores, según es aceptado por la mayoría de la comunidad que le rodea. No es sino hasta que la convivencia con Katherine, y el propio fracaso de su matrimonio, debido a una infidelidad y falta de interés hacia ella por parte de su esposo, que entiende que hay más caminos frente a ella para recorrer, si sólo decidiera tomar su libertad en sus manos y exigir el derecho innato que tiene para hacerlo.

Otro ejemplo de vida se encuentra en Joan, una estudiante brillante que se atreve a considerar, momentáneamente, continuar sus estudios en leyes luego de graduarse de Wellesley, pero, a pesar de sus capacidades, la idea no había sido tomada en serio previo a que Katherine la motive a pensar más allá de las barreras de la ideología y costumbres tradicionalistas de su contexto. Joan, sin embargo, también persigue el futuro que su realidad le exige: casarse y ‘convertirse en esposa’. “Aquí dice que estás en la preparatoria de leyes. ¿A qué escuela de leyes vas a ir?”, pregunta Katherine. “Aún no lo he pensado. Luego de graduarme, me casaré”, contesta Joan. “¿Y luego?”, insiste la profesora. “Y luego estaré casada”, agrega la joven. “Puedes hacer ambas cosas”, finaliza Katherine, enfatizando con ello que no se trata de cambiar una cosa por otra, de rebelarse a las reglas establecidas o negarlas por el simple hecho de hacerlo, ni es renegar del matrimonio y la idea de la familia, sino elegir ese estilo de vida pero también elegir más que ese estilo de vida; escoger, en su caso, ser una madre, una esposa o una hija y amiga, pero también una profesionista, una emprendedora, un agente del cambio y una persona que demuestre que ese cambio es posible.

Joan finalmente prefiere no ir a la escuela de leyes y casarse en su lugar, para tomar ese papel tradicional en la dinámica de pareja. Lo que escoge no es ‘correcto’ o ‘incorrecto’, porque hace lo que desea, si bien con su nivel de presión social de antemano. Pero, ¿es malo ser una esposa, madre de familia y mentora de sus hijos? No, y en todo caso el problema tampoco es sacrificar un contexto por otro, mientras  esté convencida y segura de que esa es la visión que quiere para sí.El problema sería en todo caso ceder, a pesar de querer algo diferente, o darle las espalda a las oportunidades, para que lo que otros dictan (su esposo, su familia, sus profesores o las reglas sociales establecidas), sea lo que se haga y sin cuestionamientos.

“No vino a Wellesley a encajar. Vino a Wellesley para dejar una huella en las estudiantes”,describe Betty sobre Katherine en su narración hacia el final de la película, cuando ya ha entendido la importancia de personas como esta profesora que desafía la mente en lugar de dejarla reposar y conformarse. “No hay respuesta incorrecta. Tampoco hay un libro diciéndoles qué pensar”,les dice Katherine una vez que les pide a las estudiantes, durante una clase, hacerse de su propia opinión sobre una pieza de arte moderno que no viene incluida en el programa académico, y que funge como vehículo para que las jóvenes reflexionen por sí mismas aquello que piensan sobre la obra que tienen enfrente, lo que significa, lo que les hace sentir, lo que analizan por cuenta propia, lo que interpretan, no porque así lo diga un texto o alguien ajeno a ellas.

La intención de la profesora es incentivar esas mentes jóvenes para que conozcan y exploren, para que reflexionen y analicen, para que critiquen y decidan por sí solas, formándose sus propias opiniones sobre la vida, no las opiniones que otros quieren imponerles. La actitud de Katherine puede ser entendida como progresista (y es así como le llaman los conservadores directivos), porque lucha por un derecho de libertad que de alguna forma se le ha limitado a las mujeres. Su lucha es más importante porque esta rebeldía exige un cambio de pensamiento que se adapte a la cultura y al contexto social que también están en constante evolución. Cambiar al mundo modificando la forma tradicionalista y cerrada como a veces se piensa y hacerlo simplemente nutriendo la mente, con conocimiento que invite a pensar por uno mismo, es la única forma como verdaderas transformaciones se pueden hacer realidad.

Mona Lisa Smile

Director: Mike Newell

EE.UU. 2003

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’

Cinescopio: Orson Welles

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

El ciudadano Kane, ha sido considerado por críticos, cinéfilos, investigadores y académicos cinematográficos como una de las más grandes películas de la historia, desde 1952 y hasta el año 2012 cuando Vértigo de Alfred Hitchcock tomó la estafeta, la obra maestra de Orson Welles fue considerada por la prestigiosa publicación Sigth and Sound como la más importante cinta de la historia. Estrenada en 1941, causa de revuelo, debate y polémica, la obra maestra del entonces joven director norteamericano, irrumpió blasones propios generando lo mismo asombro que desconcierto en diversos sectores del poder y la prensa. Pero el asombro no sería una consecuencia en sí mismo, sino el fiel reflejo del arte del maestro nacido en Kenosha, Wisconsin durante la primavera de 1915.

Welles cobró notoriedad desde el inicio de su brillante carrera, en el teatro obtuvo reconocimiento, en la radio revolucionó los contenidos virtuales que podrían considerarse reales desde el talento mismo de quien diera vida al micrófono, y con una sonora voz  suelocuente descripción en 1937 de “La guerra de los mundos”, logró que la novela de H.G.Wells, impactara de forma descomunal a la población al escuchar su transmisión radial, gente salía despavorida de sus casas o se resguardaba en ella, aterrada por los acontecimientos derivados de una invasión que solo sucedía en la imaginación del genio.

El derroche de talento e histrionismo de Orson Welles, adquiría la admiración y el reconocimiento inmediatos, lo que llevó al también director a dirigir y protagonizar la épica cinta que narra las cuitas de Charles Foster Kane.  A partir de ese momento y con sólo 25 años, Orson Welles transitó de la admiración al rechazo, del apoyo de la industria a configurar su propio cine independiente, y de la consideración de un hito norteamericano al exilio. Decenas de películas sin completar, centenares de secuencias y escenas incompletas, proyectos difusos entre sus propias cavilaciones de perfeccionismo, llevaron a Welles por la senda del mito. Su dedicación casi obsesiva por cada proyecto es tan famosa como su extraordinaria innovación, así como el carácter de sus personajes que impregnan situaciones límite, caracterizaron la portentosa obra de un cineasta que fue capaz de brindar un viso único a la fotografía en cada ángulo dirigido, así como a construir desde su propia invención un nuevo lenguaje cinematográfico.

Una sobria personalidad, atuendos perfilados por las gabardinas y los sombreros, el puro ensortijado de ansiedad y la quietud contrastante de sus pasos, son algunos de los distintivos del personaje que en sí mismo era Orson Welles.

Fue en 1985 cuando el maestro murió en Los Ángeles, California, y con él se anidaban en el misterio diversas producciones que aguardaban una conclusión indefinida. Es entonces que la realización de “El otro lado del viento”, se convirtió en todo un suceso, desde su inicio a principios de la década de los años setenta, hasta su conclusión final, o al menos así considerada por los allegados al proyecto, cuatro décadas después. “El otro lado del viento” fue estrenada el pasado otoño, con reacciones en su mayoría positivas, un festín visual que intercala el asombro, la nostalgia, la sensualidad y el atrevimiento del director en su testamento fílmico.

Uno de los mejores directores de la historia, para muchos el mejor, estrenada a más de treinta años de su muerte, su obra póstuma, al menos, la última cinta que filmó y la más reciente en ser concluida y restaurada desde sus negativos. El estreno ha generado en la previa gran expectación, y las escuelas de cine del mundo entero dispusieron atestiguar el auténtico acontecimiento que significa contemplar una película vestida por el anhelo, la ilusión y la magia del cine que presenta esas realidades alternas que no sabemos si son realidad o fantasía.

CINESCOPIO dedica esta entrega a modo de  homenaje a Orson Welles con motivo del estreno de “Al otro lado del viento”, y hacemos un recorrido por la fascinación que revisita las apoteósicas secuencias y brillantes actuaciones que definieron el estilo sobrio, visionario y operístico del imponente director.  La búsqueda y el encuentro que forman una constante de Welles, en “F de falso” adquieren sentido desde la percepción, el director nos invita a descubrir la verdad desde los hechos, la historia creada y recreada desde el arte y sus creadores, del escapista y su ilusión, el arte que vemos como mentira o verdad, la fabricación del fraude o de la propia realidad.

La declaración del director acusa directamente y con elocuencia, la magia, ilusión y fabricación de la verdad desde la realidad que confiere la apuesta por confiar en lo falso, que el propio cine antecede a la audiencia. Con “Otelo”, por ejemplo, Orson Welles continuó su exploración cinematográfica por la obra de William Shakespeare, la cual había iniciado unos años atrás con la realización de la espectacular cinta «Macbeth». Welles apostó por protagonizar él mismo la película, y recurrir al maquillaje y caracterización para conformar su personaje, incluso ante la falta de recursos, misma que había definido algunos utensilios e implementos como la corona de Macbeth, repetida en anécdotas y vicisitudes  en la filmación de “Otelo”.

En el teatro, Welles trató siempre de apuntalar con fuerza cada obra de Shakespeare con precisión y magnificencia, pero una vez detrás de las cámaras, ofreció el aporte único que no podría ofrecer la sala de teatro, la profundidad de los paisajes, el juego de luces de las emociones, el blanco y negro sepulcral y a la vez elegante, y los efectos visuales y de sonido que el movimiento de la imagen imprimiría al clásico. La profecía del poder delegado por el hado, los significados y conceptos líricos, la sobrenatural intervención del destino como consigna, omnipresente en la obra de Shakespeare, la dualidad humana y divina, y en la propia divinidad la maldad y el bien que se bifurcan en la predestinación, convergen el suicidio, la traición y la tragedia.

Obra maestra de la cinematografía de mitad de siglo, y referente fundamental del cine de la posguerra, “El extranjero” es una de las primeras sino la primera película que ofrecía a la audiencia en general, escenas reales a modo de vestigio del holocausto y la búsqueda en cierto flujo de persecución, de aquellos criminales de guerra que habían huido hacia diversos países, en especial al continente americano. Con esta premisa de culpabilidad y castigo, de escape y búsqueda, Welles ofrece una trama pletórica de detalles y símbolos propios de la época, lo que la convierte en una fuente de información contextual para quienes investigan la aproximación del cine hacia las consecuencias de la guerra, de los motivos y acciones que desencadenaron uno de los tópicos más dolorosos del conflicto. “El extranjero” hace referencia a un momento histórico, y con sutileza hace un gesto de pérdida de la inocencia política desde lo individual, con la prometida que debe asumir su futuro esposo es un criminal del guerra, y la del pueblo, que ha depositado la confianza en el maestro, en ambos casos, la referencia de la geopolítica emerge con asombro, y para esa acción, un mismo plano secuencial, la muestra gráfica de folios del holocausto que, desde el rostro de Edward G. Robinson,  ilustra lo mismo que aterra, sin duda, una película fundacional.

El reflejo multidimensional de un espejo, la infinita probabilidad de la imagen, la imponente presencia de Rita Hayworth, la intriga, el crimen, las prebendas a beneficio y la seducción, integral el insumo ficcioso de esta extraordinaria cinta de cine policial, que se convirtió en un hito de la cinematografía universal. La influencia de “La dama de Shanghai” es incuestionable, directores y directoras de distintos géneros han tratado de emular el logro cinematográfico del director nacido en Wisconsin. El personaje de mujer hábil, decidida e incluso fatal que retrata Hayworth, rompió muchos esquemas en su tiempo, y permitió a la actriz desplegar su capacidad histriónica generando diversos debates e incluso el rechazo de algunos círculos cinéfilos.

Adaptación de la novela ganadora del premio Pulitzer, autoría de Booth Tarkington, y ambientada a principios del siglo XX, “Soberbia” fue la segunda película dirigida por Orson Welles, y representaba el reto directo por emular el logro cinematográfico que había implicado su primera cinta. De igual forma, la película se convirtió en la primera adaptación literaria del director, lo cual sería recurrente en la gran mayoría de sus obras, las cuales basarían su óptica visual como intervención imaginaria sobre un texto primigenio. Finalmente, para concluir la serie de primeros sucesos en la carrera del director al filmar “Soberbia”, ésta significó su primera experiencia como director sin protagonizar la película, remitiéndose por entero a su labor como director, y por otra parte, acusó ser la primera cinta en cuya mayor parte del montaje final, contó con la intervención a ultranza de los productores, dejando el sensible gesto de insatisfacción que sería a posteridad un calificativo para el estado emocional del director.

“Campanadas de medianoche” ha sido reconocida por la crítica como una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la obra de William Shakespeare, en especial, por la concatenación de diversas obras en una; en torno del personaje Falstaff, Welles incluyó en la realización, pasajes de Enrique IV, Enrique V y Ricardo II entre otras, y lo hizo configurando la traición a la amistad como una tragedia de la inocencia, la ambición y las confabulaciones. Destacando la actuación de John Gielgud como Enrique IV y de Orson Welles como Falstaff, en la probable mejor actuación de su carrera, Welles consagró la cinta en el Festival de Cannes, y convirtió la adaptación en su película más personal, la más apreciada desde su propia consideración. El humor involuntario y trágico de la evasión a discreción de la otredad, lacera por completo la interioridad de Falstaff y le hace habitar la soledad en plena batalla.

Sembrar el mal y cosechar el bien resultaría una suma de factores cuyo resultado pareciera imposible o de origen perverso, irreversible, incomprensible a la luz de la ética y del bien como propósito, el mal de la corrupción anidado, dirigido y aplicado por un sistema, “Sed del mal” es una extraordinaria película que sitúa los sucesos en las horas del día y de la noche, oscura y progresiva, denunciante y encubridora de los males sociales. Situada en la frontera entre México y Estados Unidos, “Sed del mal” presenta una policía sumida en la corrupción en ambos lados de la aduana, en una coludida relación de intercambio de favores y generación de negocios que ante el poder de las influencias, procuran guardar en la intimidad de los separos. La secuencia inicial es perfecta, directa y sin cortes, la cámara inicia casi a ras de suelo y culmina en una toma panorámica mientras al fondo, al frente y al medio de los planos, gracias al efecto de profundidad de una toma que capta los movimientos y acontecimientos que se suceden uno al otro narrando la trama sin narrador y sin audio, permiten disfrutar la ambientación, y sumergen al espectador en el entorno que vivirán los personajes como un espacio definido por las circunstancias.

Obra maestra por excelencia en la cinematografía de Orson Welles, “El ciudadano Kane” es la película más alabada, reconocida, comentada y analizada de su canon, y sin duda, una de las más celebradas películas de la historia. Considerada como mencionamos al inicio por la revista Sigth and Sound por más de cinco décadas como la mejor película jamás filmada y de igual forma reconocida como la mejor película estadounidense acorde al AFI, American Film Institute, “El ciudadano Kane” es la historia de un hombre que pasó de la nada, al surgimiento, del surgimiento al auge, y del auge a la caída para culminar cual ciclo en la nada, y todo, amparado en el misterio y la suposición arrojadas a la avaricia, la ambición y el poder.

Una palabra bastó para encumbrar el enigma de la película “Rosebud”, y una acción para determinar la atemporal carga emocional del personaje Charles Foster Kane, que será narrada de forma no lineal bajo los acuses de su pasado y presente, desde la gravedad que transita el caer de una bola de nieve al soltarse de las manos del protagonista. Un susurro, un murmullo de la vacuidad del alma al desprenderse de la vida, asienta la consigna de la palabra, y presenta a la audiencia el ineludible recorrido por la vida del personaje. Inspirada en las cuitas del joven Werther, descritas por el genio John Wolfgang Von Goethe y en especial de su “Fausto”, “El ciudadano Kane” sufrió en su estreno la acometida del imperio de los medios representado por William R. Hearts, quien sintió aludirse ante la historia de vida de un magnate que comenzó en la pobreza y cayó en la levadad del poder una vez alcanzado el magisterio de su imperio.

Megalómano, obsesivo y ambicioso, Kane logra financieramente amasar una fortuna y posicionar un medio, pero carece de aquello que le da sentido, de lo más elemental, y sin revelarlo, deja una palabra al aire que parece remitir a un trineo, ese que el niño jugaba cuando en realidad fue feliz. Kane representa el amor que se obtiene y se pierde, el valor de lo obtenido, los sueños rotos, la frustración de vivir la insatisfacción continua, la salvedad de los años felices, la avaricia, la ambición, y el desapego que se olvida para luego volver bajo el cristal de un recuerdo, aquello que fue y quedó conformado por las letras que en una palabra, significan la búsqueda y el encuentro.

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México

Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas “El Surco” y “El Ítamo” que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades alrededor del mundo.  Dirigió “La Voz Humana” y “Día de Descanso”. Columnista en Pijama Surf, es Director Editorial  y Fundador de Filmakersmovie.com

 

Deux jours, une nuit

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

Un empleo es una ocupación o un oficio; significa desarrollo profesional pero también personal, donde convergen habilidad, intereses, preparación y progreso, de una persona en su propia vida, de una sociedad en su evolución, o de un grupo de personas que conforman una comunidad, construyendo el mundo en el que viven e interconectadas entre sí.

Así lo descubre Sandra, el personaje principal de Dos días, una noche (Bélgica, 2014), película escrita y dirigida por Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, y protagonizada por Marion Cotillard (nominada al premio Oscar por su interpretación en esta película) y Fabrizio Rongione. La historia sigue a una mujer lidiando con la competitividad laboral y la forma como ello afecta su vida personal, familiar y profesional; obstáculos acrecentados por la decepción que siente de sí misma producto de una reciente depresión.

La condición de su salud la llevó a ausentarse de su trabajo y su jefe cubrió sus turnos pagando un bono monetario de mil euros al resto de su personal. Ahora ella quiere regresar a la fábrica como se había pactado,  pero su jefe ha pedido a los demás empleados votar en su contra y continuar en su lugar con esta dinámica de los turnos extra (lo que implica también dinero extra para ellos, que los cubren). Sandra tendrá un fin de semana para convencer a sus compañeros de votar a su favor, pero cada uno, en sus decisiones, debe responder a sus propios intereses, necesidades y expectativas, por lo que la solidaridad y compasión a favor de su compañera no siempre son prioridad.

La misión de esta mujer no es convencer al otro de hacer algo que no quiere, sino razonar con él. La prueba se convierte entonces en un viaje personal, una mujer superando las inseguridades propias que caracterizan a la ansiedad y la depresión, pero también ejemplo de la búsqueda por la justicia e igualdad en un escenario laboral donde estos conceptos son lo último por lo que se pelea (porque la propia dinámica promueve indiferencia e individualismo, que refuerza la competencia).

La lucha de Sandra y por lo que tiene que pasar son un ejemplo de cómo los dueños de los medios de producción indirectamente la enfrentan con su propio medio de trabajo, una realidad disfuncional creada por un sistema de organización económico, político y social que la deja desprotegida a ella y a toda la sociedad, e incluso a la empresa para la que trabaja, quienes se excusan con no poder mantenerla en la nómina dado que la oferta y la demanda del mercado los tiene a la baja y en números rojos (y por tanto les es más redituable pagar jornadas extras a sus empleados que optar por volver a añadirla a sus filas).

Sandra, como sus compañeros expresan que necesitan el dinero para poder pagar las cuentas básicas de sustento; si bien algunos aclaran que el dinero extra les permite una mejor vida, más cómoda, otros, con su historia personal, ejemplifican cómo el trabajo es una necesidad social para poder salir adelante en la realidad actual del mundo en el que viven. El dinero es, para fines prácticos, un medio de subsistencia convertido en, más que un lujo, un requisito primordial para vivir.

La película refleja una situación común que vive la clase obrera del sistema capitalista actual: la inseguridad laboral y su resultante, la búsqueda casi desesperada por oportunidades para poder subsistir. “No voté contra ti, voté por el bono”, le dice uno de sus compañeros a Sandra, mientras otros explican las razones por las cuales no pueden votar de manera solidaria con ella, como aquel que la apoya pero teme hacer público su sentir por miedo a que su jefe se entere de esta muestra de compañerismo, pues de ganar ella, sería él probablemente a quien despedirían, por ser el último en haberse integrado al equipo y quien aún firma contrato por periodos específicos de trabajo, a diferencia de sus compañeros en nómina.

“Si ganas los votos a tu favor, para mí será una desgracia, porque necesito el dinero, sin embargo espero que lo consigas”, se disculpa otro de los compañeros a quien Sandra visita durante estos dos días. Cada una de estas personas tiene sus razones para elegir votar o no por el bono (y en efecto lo que hace su jefe es empujarlos a considerar inclinarse por el dinero, no tanto a ir en contra del prójimo, aunque una y otra cosa estén relacionadas); motivos respetables y entendibles de acuerdo con su propia realidad, responsabilidades y obligaciones que tienen como padres, madres, compañeros, amigos, hijos o colegas, y según la realidad que viven en su ambiente y contexto.

Aunque Sandra no quiere que los otros sientan lástima por ella ni que voten a su favor por compasión, también reciente la forma en que algunos actúan, a veces con desprecio o indiferencia, como la mujer que en el trabajo solía ser su amiga y ahora, el día que Sandra llega a pedirle ayuda respecto al voto, se niega a recibirla, evitando así una confrontación que evidencia que, más importante que un acto solidario con la que fuera su amiga, está el procurar sus propias necesidades o conveniencias, es decir, el dinero. ¿Cómo decirle que no puede estar de su parte o cómo explicarle que hacerlo desemboca en precisamente un cargo de conciencia que pesa?

La predisposición prejuiciosa hacia Sandra, además, va más allá de perder o ganar dinero (si Sandra regresa, no habrá más bonos extras); y específicamente la película se adentra a la percepción social negativa que se tiene respecto a las enfermedades mentales como la depresión. Los comentarios ofensivos hacia ella de parte de su propio jefe fungen como un vehículo para presionar a sus trabajadores, pero al mismo tiempo terminan por menospreciarla sin fundamentos, y de paso discriminándola como mujer y marginándola por su clase social obrera. Ninguna de estas características la hacen menos, pero parece que en la ignorancia, su jefe asume que sí.

“¿Cómo me verán los otros?”, se pregunta la protagonista, en caso de ganar la votación, sabiendo que algunos la culparán de haber perdido dinero por su culpa y otros la señalarán por haberse levantado en nombre de lo correcto, lo justo y la búsqueda por oportunidades y estabilidad, desafiando así directamente al sistema. La reflexión necesaria no sólo es darse cuenta qué ganan o pierden cada uno de sus compañeros en su propio contexto y con sus decisiones, sino entender que Sandra es otra trabajadora más que como ellos también necesita un empleo, un salario y una oportunidad.

El esfuerzo de esta mujer es un llamado a la consciencia social respecto a la equidad laboral y los derechos de los trabajadores, de las mujeres y de las minorías. Para la empresa (e incluso para su jefe o sus compañeros), esta mujer representa un trabajo y un sueldo (deja de ser una persona para convertirse en un vehículo de producción), según el modelo laboral en el que tiene asignada una específica función en la sociedad; pero además, y ante todo, ella es símbolo de una vida. Cuando pelea por mantener su trabajo, pelea también por la estabilidad para procurar a su esposo y a sus hijos, y esta lucha es la misma que hacen los demás de sus compañeros y en general cualquier persona que vive en una dinámica o situación similar.

Su lucha ofrece una mirada a muchas de las dificultades laborales y personales por las que las personas atraviesan y se enfrentan día a día, en el despido laboral, por ejemplo, o en su desempeño frente a la competitividad que encuentran en su ambiente profesional, producto, en ocasiones, de un frágil sistema económico global.

Así se demuestra al final de la historia, cuando a pesar de tener ocho votos a favor y ocho en contra, su jefe le ofrece a Sandra recuperara su empleo pero sólo hasta el siguiente periodo, cuando puedan no renovar el contrato a otro de los empleados. No será un despido, será que no habrá una renovación de contrato para alguien más, se escusa su jefe. Ella se niega a aceptar, sabiendo que de hacerlo pondrá a alguien más en la misma posición que ya vivió, sin empleo y enfrentando una vida sin equilibrio financiero.

“Luchamos bien”, concluye reflexivamente ella cuando llama a su esposo para darle la noticia del resultado de la votación. Al final, no recupera su empleo ni logra la mayoría de los votos a su favor, pero crece como persona con la experiencia. El recorrido no es exitoso laboralmente hablando, pero lo es personalmente, porque encuentra confianza en sí misma, independencia y fuerza que la hacen madurar como mujer. “No llores. Aguanta”, se repite a sí misma. “Inténtalo. Te estás desanimando en vez de reaccionar”, le dice su esposo cada vez que ella está a punto de claudicar, cuando en su enojo no entiende que si bien otros podrían apoyarla, ella es la única capaz de lograr el cambio, con acciones que la ayudaran personalmente y ayudando a otros en el proceso, como aquel compañero que se sentía culpable por haber votado en su contra, sabiendo que ella fue su mentora cuando él entró a trabajar, o la mujer que decidió ponerse de su parte y esto mismo le dio la suficiente fuerza de decisión para también dejar a su esposo y separarse del trato controlador que vivía con su pareja.

Al momento, Sandra pensaba que destruía vidas y creaba conflictos con su presencia, pero finalmente entiende que la vida es crecimiento, lucha y decisiones que acepta para sí misma en un periodo de dos días y una noche, superando en el proceso un reto personal al entender la forma como la prueba puede beneficiarle, no perjudicarle. Su historia habla de cómo las personas reaccionan ante una situación laboral que está prácticamente fuera de sus manos, pero en la que los involucrados responden según las decisiones propias en relación a su vida, no la de otros; así, la película demuestra cómo una voz que se hace escuchar es tan importante, porque lo significativo, como hace Sandra, es pelear por sus derechos, no dejar que los demás pasen sobre ellos.

Deux jours, une nuit

Directors: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

Francia, 2014

Diana AlcántaraDiana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo’