19 abril, 2026

Reseñas

Center Stage, 1991, Dir: Stanley Kwan

Por: Andrés Palma Buratta

Cuando haces que una maravillosa actriz interprete a una leyenda del cine, tienes una de las mejores y más bellas película biográficas de la historia del cine. Cuando haces que una futura leyenda, interprete a una leyenda del pasado, tienes un sueño, un ensueño.

 

En la docuficción Center Stage o Centre Stage de Stanley Kwan le preguntan a Maggie Cheung, quien interpreta el papel de la leyenda de la cinematografía china, Ruan Lingyu, si le gustaría ser recordada medio siglo después. La joven Maggie de 27 años, lo piensa, toma aire y responde “Eso no es tan importante para mí. Pero si la gente me recuerda, será en una situación diferente a la de Ruan, ya que ella interrumpió su carrera cuando estaba en su máximo esplendor, a los 25 años de edad. Ahora es una leyenda”. Poco antes le habían contado los orígenes de la carrera de Ruan Lingyu, empezando por pequeños papeles hasta convertirse en una, si es que no en la más reconocida actriz hongkonesa de la historia, hasta la llegada de la propia Maggie Cheung por supuesto; a lo que ella respondió con su encantadora sonrisa “Entonces compartimos destinos similares.” Quizás Maggie en ese momento no sabía que se convertiría en una leyenda y que también pondría fin abruptamente a su carrera actoral, en su caso no por suicidio como Ruan, sino que, por decisiones personales, después de convertirse en un icono del cine gracias en buena parte a sus magníficos roles en la cinematografía de Wong Kar-wai. Pero Maggie Cheung, ya desde Centre Stage, actuación que le valió el premio a mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 1992, dejaba ver ese halo un poco difuminado, sosegado, elegante y romántico, melancólicamente romántico (pero ese romanticismo de un bolero apenas rasgueado bajo los pórticos de algún puerto caribeño o alguna selva tropical asiática, bajo los últimos rayos de sol en pleno verano) que repetiría no solo en As Tears Go By, In the Mood for Love o Days of Being Wild, sino también en Irma Vep o en las varias películas cómicas y policiales con las cuales dio comienzo a su carrera, al igual que Ruan. Maggie, medio siglo después, sería recordada, es recordada, como una leyenda.

Cuando haces que una maravillosa actriz interprete a una leyenda del cine, tienes una de las mejores y más bellas película biográficas de la historia del cine. Cuando haces que una futura leyenda, interprete a una leyenda del pasado, tienes un sueño, un ensueño. La sutileza en los gestos, las miradas cedidas, la delicadeza en los movimientos envueltos en un halo (no solo dado por el filtro difumando que cubrió los rostros de las más grandes estrellas del star system y que se siguió usando en buena parte de la cinematografía asiática de los años 80 y 90), dominados por una bruma que descansa en la calidez, la tranquilidad y la claridad. Los planos se van sucediendo como aquellas calurosas tardes de primavera entre ficción y realidad, entre sonrisas exageradas del cine de los años 30, y la cándida e inocente sonrisa de Maggie. Y Maggie se deja filmar sin reconocerse como leyenda, alejada del ocaso de una estrella, despreocupada de la memoria de la imagen que la perpetuará en el tiempo. Al igual que Errol Morris, el director Stanley Kwan, reconocido por ser parte de la New Wave del cine Hongkonés, reinterpreta el formato del cine biográfico, del documental ficcionado, creando una pieza que a lo largo de su metraje va difuminando las fronteras del relato e incluso del tiempo. Ya no sabes si estás viendo a Maggie interpretando a Ruan, o a Maggie interpretándose a sí misma en el pasado o en el futuro. Hay mucho de las películas de Ruan de los años 30 en In the Mood for love, hay mucho de Maggie para que In the Mood for love sea la joya que es. Y es que Wong Kar-wai utiliza muy bien el reciclaje de las formas anteriores adaptadas a un pastiche claramente asiático. Y hay mucho de Stanley Kwan en Wong Kar-wai. Hay mucho de Ruan en Maggie y mucho más de Maggie para que Ruan se nos muestre en todas sus dimensiones. Center Stage se mueve entre fragmentos de películas de Ruan, entrevistas con sus co estrellas que aún vivián o viven y conversaciones entre Maggie, los directores y productores (Uno de ellos el artista de artes marciales y reconocido actor cómico Jackie Chan), con una elegancia y parsimonia en la búsqueda de planos y tempo que fluye en la pantalla sin sobresaltos. Un montaje milimétrico al compás de ondulantes bailes en club nocturnos e hipnóticas secuencias en escaleras que se repiten una y otra vez, donde Ruan/Maggie sube y baja, se detiene, baja dos escalones, vuelve a subir, indecisa, a veces segura, a veces de paso lánguido dictaminando el tiempo de su carrera. Hay una escena donde el director Bu Wancang o Pu Wan-chang, le dice a Ruan que ella es una actriz asociada al elitismo y que lo que buscan es un rostro de drama social. Esa escena, de la cual no tenemos registro, es recreada de manera superlativa por Maggie Cheung. Hay una trasformación de actriz super estrella a mujer proletaria en cuestión de segundos que vale más que mil películas. A Ruan, en algún minuto le hicieron interpretar esos papeles de mujeres afligidas en dramas políticos de confrontación (sobre todo contra la ocupación japonesa). Eventualmente Maggie, en la vida real, dejaría de ser una leyenda para convertirse en una mujer “normal” dedicada a la música, la producción y la filantropía. Quizás Maggie estaba consciente del drama que conlleva ser una leyenda, incapaz, al igual que Ruan de enfrentar esas batallas emocionales que da el estrellato.

El resto de la película transcurre más o menos acorde a los cánones de una pieza autobiográfica, con secuencias muy bien logradas y otras excesivas. Quizás su punto más baja es la secuencia final de despedida de Ruan, con esos cierres infinitos, los falsos cierres, que se suceden uno tras otro de manera melodramática. Pero sin duda que Center Stage es un documento filmográfico, no solo biográfico, de cierta formalidad y estética, sin necesariamente ser el primero, y rescatando la estética y tempo del cine de Nagisa Ōshima o Hiroshi Teshigahara entre otros, que claramente tiene muchos elementos reconocibles que alcanzarían su fama con las películas de Wong Kar-wai, Kim Ki-duk o Gan Bi.

Center Stage, 1991, Dir: Stanley Kwan

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

 

Korotkiye vstrechi (Brief Encounters) 1967, Dir: Kira Muratova
Por: Andrés Palma Buratta
A diferencia de mucho cine soviético que se desarrolló en su mayoría en entornos rurales, típicamente soviéticos, pequeños pueblos, ciudades de provincia, o más bien con escenarios como fábricas, huelgas, revueltas, o derechamente fantástico, siempre bajo la lupa del partido y sus obstrucciones, Murotova se aleja de ese realismo soviético para introducirnos en la urbe.

Quería abordar este texto dejando de lado los elementos políticos e históricos que tiene el cine en general y en particular el soviético, sobre todo post guerra y además dirigido por una mujer. Quería enfocarme en elementos más emocionales de la historia, pero Brief Encounters estuvo censurada durante 20 años hasta que Mijail Gorbachov introdujo la glásnost (esta especie de apertura de las libertades del sistema político y comunicacional que aflojó las restricciones a la prensa y la cultura) en 1987. Por ende, me fue imposible hacer esa separación epistemológica ya que la construcción de una nación no se puede separar de la reconstrucción de la vida de estas mujeres.

Brief Encounters es una especie de triángulo amoroso entre Valentina, interpretada por la misma Murotova (con un increíble parecido a Giuletta Masina), su marido, un geólogo interpretado por el famoso cantante y actor Vladimir Vysotsky, que, dicho sea de paso, con sus canciones va hilvanando su propio relato, y una chica que proviene del campo a trabajar a la casa de la protagonista. Sin embargo, este Ménage à trois no se da al interior del gran departamento de Valentina, ni en una de las misiones del geólogo cantante en busca de oro donde conoció a la chica mesera en un pequeño restaurante rural. De hecho, el triángulo amoroso nunca se da, porque nadie sabe que el uno está enamorado del otro. Solamente lo podemos suponer, gracias a que la chica al momento de despedirse le regala una guitarra al geólogo, misma que después vemos colgada en una de las paredes del departamento de Valentina. ¿Casualidad o causalidad? Poco importa ya que la película tiene ese tono onírico, fantasioso, bizarro tan propio del cine soviético y heredero de esos mundos plasmados en la literatura de Dostoyevski, donde múltiples personajes con múltiples nombres, sobrenombres, apodos, entraban y salían de escena sin aparente explicación, bajo circunstancias misteriosas que a medida que avanzaba la obra se iba dilucidando el espectro más ininteligible de una sociedad siempre fascinante pero más bien desconocida para este lado del mundo. Murotova, a todo este entuerto, le agrega, además, saltos temporales no cronológicos que nos van contando estas historias de amor y como se vuelve casi un thriller romántico ya que no sabemos a ciencia cierta las intenciones de esta chica interpretada por Nina Ruslanova en su primer papel cinematográfico.

Podríamos hablar de estudio humano, de disección del corazón, del amor, el desamor, de investigación microscópica de los sentimientos y las acciones sensibles y completas que hasta en el sufrimiento tiene una lógica y una corrección, una causa y un efecto, un principio y un final, un set up y un pay off, pero todo eso no sería suficiente para abordar el cine de Murotova. A diferencia de mucho cine soviético que se desarrolló en su mayoría en entornos rurales, típicamente soviéticos, pequeños pueblos, ciudades de provincia, o más bien con escenarios como fábricas, huelgas, revueltas, o derechamente fantástico, siempre bajo la lupa del partido y sus obstrucciones, Murotova se aleja de ese realismo soviético para introducirnos en la urbe, en este caso, en Odesa, y particularmente en una gran zona de construcción de edificios de interés social. Valentina es la supervisora de estos proyectos, es la que entrega la revisión final de estos nuevos departamentos destinados al proletariado. Pero, como buena burócrata del sistema, niega la firma final por problemas en el suministro de agua. Una decisión responsable, pero que inmediatamente deja a la vista esa separación sistémica en la sociedad soviética, puesto que un grupo de viejos que esperan ocupar sus pequeños apartamentos le suplican que se los entregue lo antes posibles ya que no tienen donde vivir, versus el gigantesco departamento donde vive Valentina, con tantas habitaciones que se hace necesario contratar a alguien que le ayuda en la limpieza, y es ahí donde entra el personaje de Ruslanova, Nadia. Valentina es el modelo de mujer soviética, burócrata, abnegada, implacable pero muy profesionista, incluso al punto de ya no ser una figura femenina, sino una representación figurativa del partido. Una forma que le da cierta autonomía social, que le quita esa imagen sufrida por el despecho que podemos reconocer en otras tantas películas de encuentros fugaces como Un homme et une femme, su versión moderna Before Sunrise, la misma Brief Encounter de David Lean o Hiroshima, mon amor, Il grido de Antonioni, pasando por The Postman Always Rings Twice. En fin, hay miles de ejemplos, cada uno con diverso tratamiento y contexto que podríamos seguir enlistando, pero la idea es ir tejiendo hilos, conexiones, ideas que vayan más allá de la cinefilia masoquista…la primerísima Agnes Varda con La Pointe-Courte, Jules et Jim, etc. Aunque, por ese mismo empoderamiento femenino, es que los censores del partido establecieron que la película era un desdén a las instituciones estatales, de motivaciones burguesas, falta de realismo y deliberadamente complicadas, “amaneradas”, sin motivación. Los saltos temporales tampoco ayudaron a Murotova para librarse de la censura, ya que estos sugerían también una afrenta a ese norte a perseguir que es el futuro utópico, y convertía el tiempo en algo fragmentado que ponía en duda, entonces, el ritmo de la doctrina colectiva positivista.

A lo largo de la cinematografía de Muratova, conocida por su obra maestra y película más famosa The Asthenic Syndrome, la figura femenina suele deambular por una expresa soledad en las relaciones a la par de la representación de los valores matrimoniales que provocarían cierto rechazo entre las visiones más feministas del progresismo. En Brief Encounter no es la excepción. Los estados emocionales se van amalgamando con el universo ideológico en una sola red. Sin bien, Valentina parece profundamente enamorada  de la subyugada, superflua e insegura figura del hombre geólogo en busca de oro, pero que solo encuentra plata, ella teoriza la figura del camarada, como si tener un compañero es parte del paquete identitario comunista. Más que una pertenencia afectiva, el camarada se convierte en una pertenecía política parte de una práctica materialista con un fin único, obedecer los mandatos del partido. Incluso en la relación que se construye entre Valentina y Nadia, inconscientes de amar al mismo hombre, se va forjando una camaradería paralela a sus aspiraciones románticas, mientras esta última acompaña a su patrona en las inspecciones, la escucha ensayar un discurso que tiene que dar en una asamblea u ordena la guitarra colgada en la habitación de Maxim, el geólogo, la otra trata de cobijarla, educarla, empujarla a que ella también se convierta en un engranaje más de la maquinaria. Esa extrapolación del término permite que las protagonistas, se imaginen, se inventen, nunca terminen de conocerse. Como escribe Jodi Dean en su Comrade: An Essay on Political Belonging, “el camarada no es una identidad que simplemente habitamos, sino una práctica humana que nos orienta hacia el horizonte comunista.”

Korotkiye vstrechi (Brief Encounters) 1967, Kira Muratova

(Película completa)

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

Top Gun: Maverick, la secuela perfecta

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

En el verano de 1986, mientras el mundo atestiguaba las proezas de Diego Armando Maradona en la Copa Mundial de Fútbol México 86, la temporada de estrenos cinematográficos veía emerger un éxito inusitado para una cinta que apostaba continuar una seguidilla de realizaciones atrevidas con buena recepción en taquilla, pero no el fenómeno masivo que se convertiría en un ícono de la cultura pop de la segunda mitad de los años ochenta. Protagonizada por el joven actor promesa, Tom Cruise, pleno de carisma y dinamismo, quien ya había conquistado audiencias con su protagónico en Negocios Riesgosos en 1983, Top Gun ganaría adeptos semana a semana, hasta consolidarse como la cinta más taquillera del año, ganadora del Premio Óscar a Mejor Canción Original, un premio que bien representaba un reconocimiento para una de las más importantes, impactantes y trascedentes bandas sonoras de la historia del cine; la cinta, dirigida por Tony Scott y producida por el exitoso binomio Don Simpson y Jerry Bruckheimer, narra vicisitudes, experiencias y vivencias de un grupo de pilotos en sus avatares por los jornales de la escuela naval Top Gun. Maverick, Goose e Iceman, quedaron impregnados en el imaginario cultural de una generación como personajes referentes, los aviadores lentes de sol, las motocicletas, las chaquetas de aviador y un serial de frases icónicas, se hicieron recurrentes, cimentando al paso de los años el estatus de culto, y registrado patrimonio cinematográfico del National Film Registry de los Estados Unidos.

Las secuencias aéreas, acrobacias, y el compás de escenas románticas, de playa, e incluso de la tragedia y redención desde la competitividad y el honor, legó un contexto geopolítico y económico determinado capturado en sus escenas. Su influencia incluso se notó en la música pop de América Latina, con el video La Incondicional, uno de los himnos musicales de otra leyenda, Luis Miguel. Hacer una secuela de una película con tal impacto representaba un reto, y su apuesta un riesgo que bien ha tenido dividendos con la realización de Top Gun: Maverick, producida también por el propio Jerry Bruckheimer y protagonizada de nuevo por la estrella de cine más importante de los últimos cuarenta años, Tom Cruise. La proeza incluía filmar en los jets, uniendo a los actores junto a pilotos de la Fuerza Aérea estadounidense para dar realismo a cada una de las escenas, elaborar un guión coherente y congruente a las décadas que han pasado desde su estreno, y todo ello en el marco de un elenco que combinara frescura, vivacidad, empatía, y brindara un variopinto universo de emociones creativas con el equipo liderado por Joseph Kosinsky en la dirección, y Christopher Macquarie liderando el grupo de escritores. Mediante una fotografía extraordinaria del chileno Claudio Miranda, innovando la captura de imágenes dentro de la cabina de los pilotos, delineando su vuelo con el realismo que solamente puede lograr el realismo mismo y no la pantalla verde inmersa en el uso de CGI, la película es una obra de arte fotográfica que vale apreciarse en la pantalla más grande y al mejor sonido posibles, es en síntesis, una película hecha para verse en el cine, y, ante a circunstancia que vivimos en el mundo, y los retrasos de su estreno por más de dos años, el azar, la colocó como la cinta que tenía la responsabilidad de traer de vuelta a las salas de cine a una generación que había reusado volver, y a otra que acude a cintas de súper héroes o repletas de efectos visuales hechos en computadora.

La banda sonora y canción principal, homenaje a la original partitura del Harold Faltermeyer y a las míticas notas de Danger Zone que despegan desde la voz de Kenny Loggins; Hans Zimmer, Lady Gaga y Lorne Balfe confieren ambientación al elenco que trae de vuelta a Val Kilmer, protagonista de la cinta original y ejemplo de entereza en Hollywood; así como Jon Hamm, Jennifer Connelly y Miles Teller, quienes junto a Ed Harris, integran el dinámico crisol de talentos personificados por en nuevos rostros como Glen Powell o Mónica Barbaro.  Una historia que apela al corazón, a la nostalgia, a la cultura generacional que dialoga entre los visos de secuencias de acción que permite disfrutar la intensidad del vuelo, del aire y los parajes que dibujan las siluetas de jets que mantienen al borde del siento a las y los espectadores y que a la industria ofrece un viso aliento de esperanza para la elaboración de películas que puedan virar en el pasado de efectos visuales prácticos al devenir de los efectos visuales que brindan cohesión a la tecnología y al talento como un hito del entretenimiento. Inmersos en un mundo polarizado, tratando de apartar posicionamientos ideológicos y enviar mensajes en la misma manufactura de su cometido, Top Gun: Maverick es un homenaje a cintas clásicas que forjaron el denominado género del blockbuster que semeja ser la creativa alternativa cinematográfica al rescate de las tradicionales salas de cine que sufren el embate de la pandemia, que obviamente ha postergado el esparcimiento por la sobrevivencia. Una vez que parece podrá verse una luz en el camino de los años ya sumados de la contingencia, y como una opción ante la dominante presencia de las cintas de súper héroes y seres creados al ordenador, la nueva apuesta de Tom Cruise ha recibido aclamación de la crítica y de la audiencia con tal efervescencia que nos  recuerda con puntillosa recomendación, que la capacidad de asombro no se reduce a las pantallas verdes, sino que habita en cualquier manifiesto creativo que apele al ingenio y a la emoción. Nuestro consejo, ver la película en la mejor pantalla posible, pero, sobre todo, con actitud y la disposición a tener los sentires y anhelos dispuestos a emprender el vuelo.

Top Gun: Maverick, 2022, Joseph Kosinski

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El SurcoEl Ítamo y El Muro, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La Voz Humana y Día de Descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com

Bloody Nose, Empty Pockets, 2020, Dir:  Turner Ross, Bill Ross IV

Por: Andrés Palma Buratta

En Bloody Nose, Empty Pockets el bar, The Roaring 20s, debe cerrar para siempre, probablemente para ser reemplazado por un lugar de moda para hipsters. Para despedirlo, sus clientes deciden tomar hasta morir.

A medida que uno avanza en el documental Bloody Nose, Empty Pockets de los hermanos Ross, responsables de la destacada road movie adolescente Gasoline Rainbow (2023) —la cual sigue el viaje de un grupo de jóvenes de un pequeño pueblo en Oregón que quiere llegar a una fiesta en la playa—, uno se va convenciendo que estos tipos saben capturar como pocos la realidad profunda, a veces empobrecida y marginal, de Estados Unidos. En su estilo cinematográfico y en su lenguaje narrativo coral, los Ross encuentran similitudes que atraviesan su obra. Aunque Bloody Nose, Empty Pockets se presenta como documental, mientras que Gasoline Rainbow es una ficción, ambos reflejan el verdadero cine independiente, alejado de ese indie de estudio tipo A24, que cuenta con grandes presupuestos y se camufla como home video. Aquí, en cambio, los hermanos Ross filman con dos cámaras semiprofesionales, documentando las últimas horas de un típico bar estadounidense en la periferia de Las Vegas, lejos del glamour de los casinos, donde los clientes comienzan a beber a las 10 de la mañana y no paran hasta el amanecer.
Ya en su primer documental 45365, código de área de su natal Sidney, Ohio, se respiraba ese aire al adentrarse en la vida común de sus habitantes. Tchoupitoulas su segundo film, en Western e incluso Contemporary Color, documental producido por David Byrne (otro que supo destapar esa discordancia tanto en su música como en su película True Stories de esa extraña y compleja identidad estadunidense) que une artistas como Nelly Furtado, Devonte Hynes, Ad-Rock y St. Vincent, con diez grupos de guardias de color de todo Estados Unidos. Entre medio de la filmación del show, los hermanos Ross incluyen unas secuencias de estos chicos en algunos suburbios que parecen sacadas del Detroit de Barbarian, bailando, ensayando en la mitad de la calles, en sus garage.
En Bloody Nose, Empty Pockets el bar, The Roaring 20s, debe cerrar para siempre, probablemente para ser reemplazado por un lugar de moda para hipsters. Para despedirlo, sus clientes deciden tomar hasta morir. No es casual que el bar tenga ese nombre: aparte de algunas noticias sobre la elección presidencial de 2016 en la mañana, el resto del día una televisión colgada entre botellas a medio terminar transmite películas en blanco y negro de distintos años y temáticas, como si el canal TCM estuviera sintonizado las 24 horas para acompañar el jolgorio y “felicidad” de los comensales que van ocupando los viejos sillines dispuestos a lo largo de la barra, algunos de ellos, de principio a fin de la fiesta.

Y es así como te vas encontrando con un actor retirado, que parece salido de alguna película de Cassavetes, lo que le entrega ya de por sí una atmosfera especial, que a veces duerme en los sillones del bar. El barman, un hombre de gran tamaño y barba tupida, que recuerda a un tipo irlandés. Toca la guitarra y canta para los primeros clientes, quienes llegan alrededor de las 11 de la mañana para beber su primera cerveza con donas. Su turno termina a media tarde y es reemplazado por una mujer en sus cuarenta, que hace de madre de los clientes y cuida a su hijo skater, quien deambula por el lugar, fumando marihuana y robando cervezas del bar. No podía faltar el veterano de vietnam que a medida que el alcohol inunda su ya saturado hígado, se va desmoronando física y psicológicamente atormentado por sus fantasmas. Hay otro posible veterano o rockero, más joven y con una apariencia estilo Aerosmith que parece cautivar a todos, desde el personaje Moskowitz hasta una mujer que, increíblemente, mantiene su rostro y conversación intactos durante las 16 horas de fiesta. En el transcurso de la velada se presentan otros personajes notables: una drag queen, un Donald Shuterland hippie, y varios personajes de notables actuaciones. Sí, actuaciones. [SPOILER ALERTA]

[SPOILER ALERTA]
Lo que a simple vista parece un documental —y uno de los mejores que he visto— resulta ser en realidad una ficción, un mockumentary. ¿Es esto traicionar el famoso “pacto de lectura”, al descubrir que todos son actores, quizás no profesionales, pero seleccionados mediante un casting? No lo sé, no creo. Ni siquiera el bar está realmente en Las Vegas, sino en Nueva Orleans. A estas alturas, poco importa si es un documental, un falso documental o una ficción: Bloody Nose, Empty Pockets es una joya. La empecé a ver como una ficción filmada de manera casual, con la apariencia de un home video: el reflejo de los directores en los vidrios detrás de la barra, cámaras no profesionales, movimientos erráticos, una fotografía proporcionada por la luz natural, escenarios familiares, una sola locación, montaje mínimo, sin banda sonora… En fin, todos los preceptos de Dogma 95 aquí se adoptan naturalmente, casi en un estilo antropológico al estilo de Krisha de Trey Edward Shults o de las películas de Ted Fendt o Jem Cohen, Tyler Taormina, Ricky D’Ambrose, Martine Syms, Khalik Allah por nombrar algunos cineastas independientes del independentismo. [FIN DE L’ALERTA SPOILER]

No caeré en la crítica fácil ni en el paternalismo, y mucho menos en juicios morales o lecturas simplistas de esta película. Podríamos hablar de tristeza, marginalidad, soledad, redención o de la representación de una sociedad fracturada, pero lo que creo que logran los hermanos Ross en Bloody Nose, Empty Pockets es humanizar esa América profunda, darle dimensión y removerle esa máscara de caricatura que tanto sirve al cine para hacer crítica social. Está claro que la vida afuera es una mierda y que cada uno de nosotros debe encontrar un refugio, pero la manera de hacerlo es una cuestión personal. Como en Druk de Thomas Vinterberg, aquí uno también siente sed. Vemos personas bebiendo todo el día, participando en concursos de televisión desde la barra, ojeando viejas películas y bailando al ritmo de una rockola que va desde viejos blues hasta las Spice Girls. Esa dicotomía define también a la cultura estadounidense. Estos personajes no son como los Peaky Blinders con sus grandes planes de conquista; estos son personajes salidos de los mejores textos de Tennessee Williams. Más bien son los referentes e inspiración del dramaturgo americano. Ni en sus mejores diálogos nació tanta sabiduría popular donde cada uno recibe atención de parte del otro cuando le toca despotricar o enunciar las bellezas de la vida que se va hundiendo cada vez más en grados etílicos, algunas más coherentes que otras. Aquí se escribe la verdadera “academia”. Hay más verdad en un grupo de alcohólicos peleándose en un estacionamiento que en todo el falso puritanismo del mundo exterior. Cada cual es libre de vivir el sueño americano, mientras más se emborracha. Finalmente, lo único real de esta película son los litros de cerveza y cócteles servidos en vasos plásticos, como parte de la mise en scène de esta preciosa película… documental.

Y ya comienzo a caer en la moralina que tanto crítico, así que mejor me despido.

Bloody Nose, Empty Pockets, 2020, Turner Ross, Bill Ross IV

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

Riddle of fire, 2023, Dir: Weston Razooli

Por: Andrés Palma Buratta

“En una misión para entregar un pastel, tres niños traviesos se embarcan en una odisea en el bosque para luchar contra una bruja, burlar a un cazador, hacerse amigos de un hada y convertirse en mejores amigos para siempre en este encantador debut del director Weston Razooli.”

Riddle of fire/página official

Riddle of Fire, ópera prima de Weston Razooli, es una aventura infantil que rescata el imaginario ochentero de Los Goonies o Stand by Me, pero con la estética de Bertrand Mandico en Les Garçons Sauvages o incluso de Albert Serra en Pacification. En esta obra, lo fantástico se entrelaza con la esencia del profundo Midwest estadounidense. Es por eso que, a primera vista, la película de Razooli parece diseñada para ser deconstruida. He leído comparaciones con Neil Gaiman, Mark Twain, Miyazaki, Tarantino, Wes Anderson, Maurice Sendak, Charles Dickens y The Little Rascals. Yo añadiría que Riddle of Fire es como si un grupo de niños grunge de los noventa de Montana, Utah o Wyoming se encontrara con la familia Manson en su camino hacia una masacre, todo en clave de cuento de hadas. En Riddle of Fire desfilan extraños personajes que, sin embargo, resultan familiares en los rincones más recónditos de Estados Unidos: rednecks, brujas modernas, hadas, sectas paganas, traficantes y consumidores de metanfetaminas (o de la droga que esté de moda), niñas angelicales, mellizas diabólicas y un sinfín de elementos psicodélicos. En medio de todo esto, dos hermanos y su amiga Alice recorren paisajes maravillosos y salvajes en motocross, disparando bolas de pintura a quienes interfieren en su misión: conseguir la clave del televisor para jugar en la consola de videojuegos que acaban de robar de una bodega tipo Amazon perdida en mitad de la nada donde, eventualmente, llegará Frances McDormand a trabajar en Nomadland.

 

Y es que el mundo es ese. Los outsider al servicio de lo fantástico, que al igual que la comedia, nos cuenta mucho más claramente la idiosincrasia de la sociedad. La aventura comienza cuando los tres niños, liderados por Alice —más madura y visceral que sus compañeros— se disponen a jugar, pero descubren que su madre ha puesto una contraseña en el televisor. La madre, que parece una princesa en su lecho de muerte (sin que sepamos si padece un cáncer terminal o simplemente un resfriado), les pone una condición: les devolverá la clave si le traen un “blueberry pie”, una típica tarta americana que parece salida de una película de comedia adolescente pero ambientada en un pueblo estilo “Hansel y Gretel” y no un aburrido suburbio americano. A partir de ahí, se desarrolla una aventura infantil llena de peripecias, acontecimientos inesperados y giros azarosos. La narrativa avanza de manera errática y frenética, evocando a Mad Max o a Wake in Fright, la icónica cinta de la Ozploitation australiana de los años setenta. La vitalidad, la locura y el tratamiento de los espacios abiertos están presentes en esta película, cuyo registro audiovisual en 16 mm, con tonos difusos y multicolores, capta la belleza de los bosques y montañas del centro de Estados Unidos evocando un poco esa visualidad mágica de La historia sin fin (The Neverending Story). Lo que distingue a Riddle of Fire del cine infantil convencional es su rechazo a la infantilización excesiva y al dramatismo exacerbado. Aquí, la realidad tóxica del mundo adulto está siempre presente como fuerza opositora, y es violenta. Pero los tres protagonistas, ya familiarizados con esa violencia, juegan su propio videojuego con pistolas de pintura, planes irracionales y enfrentamientos directos, en una narrativa plástica que recuerda a Dennis Hopper en Blue Velvet. De hecho, algunas escenas evocan las cortinas de colores rojas o azules, tan propias del universo de David Lynch, de donde emergen y desaparecen personajes excéntricos y frikis.
Sin duda vale la pena seguir la carrera de Razooli, que con su opera prima, sugiere un guiño al inconformismo del Hollywood de finales de los sesenta, pero bajo la estructura de un cuento de los hermanos Grimm.

Riddle of fire, 2023, Weston Razooli

 

Andrés Palma Buratta |  IMDb @andrespalmab

Director y guionista italo-chileno, nos transporta al mundo distópico de una sociedad subterránea en su película Cassette, presentada en el Festival de Cine B, Cineteca Nacional de Chile y el Museo de la Ciudad de México. Ha participado en la producción de la película chilena “Una parte de mi vida” elogiada por la crítica. Su sensibilidad y lucha por defender los derechos humanos lo llevan a realizar el documental “Tú Ciudad…tus derechos”, para la CDHDF. Autor de historias sencillas y profundas. Desarrolló  la serie #HoySoyNadie, para Televisa Networks, fue director de Camaleón Films, dirige Filmakers Media Content.

 

BELFAST, nostalgia de la infancia, memoria del contexto

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

 

 

Belfast remembra como suerte de un azaroso viaje a través de la nostalgia, aquellos días de la infancia que vemos reflejados en el espejo de quienes acompañaron nuestro paso, la familia, los amigos, el colegio, el parque, las calles, y aunado al espacio que el tiempo pasma al pensarle, surge el contexto del entorno que vivimos. Kenneth Branagh avista una palestra de sentimientos vertidos en la memoria, donde la infancia es testigo del devenir que se advierte incierto, que no alcanza a comprenderse a la luz del juego ni al amparo del amor fraternos que no descifra los adioses y hasta luego, de forma, el director suscribe los pasajes de su vida envueltos en una historia individual y colectiva, en los ojos de un niño que desde las vicisitudes de su familia, intenta comprender el encono político, el posicionamiento ideológico, el azar religioso y la migración como un hado irrenunciable porque no hay más alternativa.

 

Situada durante los agitados años sesenta en Irlanda del Norte, Belfast es una oda cuyo centro narrativo apela volver a la infancia para dar sentido a la vida o despejar los misterios de las decisiones que los padres, amigos o nosotros mismos tomamos ante el contexto que nos configura. La incomprensión, el prejuicio, los dogmas, la intolerancia, son parte del escenario histórico que nos presenta la cinta, donde la violencia amenaza y la pobreza acusa buscar otros horizontes para el sustento, como si el destino y por ende la determinación, estuvieran determinados por el contexto.

 

Jude Hill interpreta a Buddy, el pequeño testigo de los anhelos infantes que avistan la pérdida de la inocencia ante el desasosiego de una realidad que le implica y de la cual no puede alejarle ningún juego. Caitríona Balfe y Jamie Dornan, representan a los padres de Buddy, en una relación de amor que revisita la separación por designio del empleo, de una mejor oportunidad, o por la resignación de la circunstancia, y al medio, Buddy muestra el dolo que le causa no descifrar lo que sucede alrededor, pero cavila la situación como un laberinto de emociones que rebasa el horizonte confuso que ofrece la cerrazón política, el fanatismo religioso, la prebenda social, o el ansia de cambio que viste al colorido blanco y negro la hermosa fotografía de Haris Zambarloukus.

 

Ciarán Hinds y la extraordinaria Judy Dench como los abuelos, brindan actuaciones memorables, recompensadas con las nominaciones al premio Óscar en la categoría de reparto, a las que se adhieren las obtenidas por el propio Kenneth Branagh, nominado a Mejor Película, Director y Guión Original, para una historia que brindan a Buddy ese lugar propio que buscamos cuando el abrigo del cielo que nos cobija, primero se aleja en la ausencia de los seres queridos, y luego nos confronta en un discernimiento que no nos permite decidir, si seguir el camino por seguirles, o quedarnos en la nostalgia de la pérdida.

 

La complicidad, la empatía y el amor, resultan ser la maravillosa constante que hace de la cotidianidad una oportunidad para avistar el asombro, la utopía y la redención, y en esa dinámica, la audiencia se vuelve un observador consciente, informado y a la vez lejano que al acudir a las causas y consecuencias, queda prendado de reflexiones que van más allá de la época que describe el director, y describe sin la ambientación de los hechos, los acontecimientos actuales que parecen indicar, el tiempo no ha pasado o el contexto solo ha cambiado de lugar, o quizá por lo contrario, se quedó suspendido en el tiempo, haciendo de la cinta una referencia que trasciende las fronteras por su tema universal, la resiliencia, la supervivencia, y la búsqueda de la felicidad.

Undated handout still issued by Brown O’Connor Communications of (left to right) Jude Hill, Lewis McAskie and writer/director Kenneth Branagh on the set of the film Belfast. Issue date: Thursday November 4, 2021. PA Photo. The film, written and directed by Sir Kenneth Branagh, is set in Northern Ireland in 1969 and stars Jamie Dornan and Caitriona Balfe as the parents of young boy Buddy, while Dame Judi Dench plays his grandmother. See PA story SHOWBIZ Belfast . Photo credit should read: Rob Youngson/Focus Features/PA Wire

La evocadora cinta de Kenneth Branagh, comparte la ansiedad de una familia en la ilusión de atenderla, y avista la esperanza entre la desolación, la melancolía y el caos que consiga recubrir con espesas humaredas a protestas, reprendas, a la  desilusión. Extraordinaria, pertinente y reveladora, Belfast nos resuena que el tiempo pasa pero los dejos de las heridas no se borran, y en esas huellas hace consciencia de lo vivido, de lo que no queremos repetir, de lo que no hemos olvidado, de lo que aguarda al devenir.

 

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El SurcoEl Ítamo y El Muro, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La Voz Humana y Día de Descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com

 

El Artista

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Un artista es una persona que crea, con técnica y sensibilidad, habilidad de expresión y disciplina, que se dedica a explorar, nutrir y reinventar todo aquello que tenga que ver con la expresión estética, el arte y la cultura, que esté relacionado con el discurso comunicativo, de reflejo y reflexión de la vida y la naturaleza, la humana incluida. Técnica, oficio o medio de expresión creativo, el arte se aprecia y se valora en función a las sensaciones y emociones que produce, a la habilidad y capacidad de su autor para manifestar ideas y reflexiones en su trabajo con estética y sensibilidad. Sin embargo, en un sistema movido por el capital y el dinero, el arte también es un producto o artículo del que se saca una ganancia; en el que se invierte y renueva con el objetivo de obtener un beneficio monetario en respuesta.

 

El cine, considerado una de las bellas artes, el ‘séptimo arte’, no es ajeno a esto, a la utilidad de lucro que se deposita en la cinematografía como industria, donde puede llegar a pesar más la cantidad que la calidad; la parafernalia que la sustancia; la técnica que el contenido: y la venta, producción y rendimiento, por sobre cualquier otra cosa.

 

La película El Artista (Francia, 2011) habla sobre todo ello, ambientando en la época en que se vivió un forzoso proceso de transformación, adaptación y cambio ante la llegada del cine sonoro, reflexionando con su historia respecto a cómo afectó el sonido a la realización y consumo de películas, pero también lo que ello significó para el modelo de negocios y creatividad dentro del cine, donde la realidad del momento -que sigue vigente-, se podía resumir en aquella frase que bien dice: renovarse o morir.

 

Escrita y dirigida por Michel Hazanavicius y protagonizada por Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman, James Cromwell y Penelope Ann Miller, la cinta ganó cinco (mejor película, director, actor, banda sonora y diseño de vestuario) de los diez premios Oscar a los que estuvo nominada (actriz de reparto, guión original, fotografía, montaje y dirección artística fueron las nominaciones restantes). Realizada como película muda y en blanco y negro, en honor a aquel pasado histórico de antaño (imágenes sin sonido sincronizado), la historia se ambienta entre 1927 y 1934 y se centra en George Valentin, un actor del cine mudo, de actitud egocéntrica, que se jacta con demasiado orgullo de su éxito, a quien las nuevas tecnologías llegan a desplazarlo de su pedestal, por asumir una actitud de rechazo a ellas.

 

Tras el estreno de su más reciente película, George conoce a una aspirante a actriz, Peppy Miller, con quien después se reencuentra cuando ella es elegida como extra en su siguiente trabajo fílmico. El jefe del estudio, Al Zimmer, no está muy contento con la presencia de Peppy, cuya interacción con George frente a las cámaras acaparó la atención de los medios de comunicación, que terminaron hablando en sus páginas de periódico de ella y no de la película, algo reprobable para Zimmer, pues significó perder publicidad, promoción y, por ende, ganancias para su filme.

 

George, por el contrario, ve en Peppy potencial escénico, convence a Al de contratarla, y le da a ella un consejo vital: encontrar aquello que la haga destacar entre las demás actrices, para que, al ser reconocida por un distintivo, ello le abra puertas en el competitivo mundo actoral. En esencia, la sugerencia de George es saber sobresalir y distinguirse, para demostrar al mundo que puede ofrecer algo que los demás no tienen.

 

 

La actitud de Al y George reflejan, respectivamente, a su vez, puntos de vista que parecen contrarios, pero que en esencia son igual de importantes respecto al cine como industria, como espacio de oferta y demanda, donde el mar de posibilidades llaman a pelear por la atención del público, igual que la del inversionista, del productor, del realizador o cualquier otro factor de decisión. Peppy, por ejemplo, debe abrirse camino con talento y dedicación, pero también necesita demostrar que su presencia y trabajo en pantalla ofrecen algo que no repite lo que otras actrices hayan aportado ya con anterioridad. Esto habla de competitividad pero también de abrir oportunidades, a veces con habilidad y maña, a veces con más astucia que suerte.

 

Así mismo, esto también aplica al razonamiento de Al, que, como ejecutivo, lo que busca es el éxito del producto que tiene en las manos, las películas que hace, o mejor dicho, en que invierte. Su táctica es una promoción y publicidad sustentada, para ese entonces, ‘el viejo Hollywood’, en la estrella frente a la pantalla, más que el director, la historia u otro. Así, Al ve las cosas en función del rendimiento, lucro y beneficio, que no es más que ofrecer un producto que se distinga de entre los otros, para que la inversión llegue de vuelta e incrementada, lo que a su vez, permita hacer más películas y reinicie el ciclo.

 

Tras ese primer encuentro, las vidas de Peppy y George toman caminos distintos, toda vez que el cine sonoro llega a revolucionar la forma de hacer películas. Para George, la nueva tecnología es un insignificante sin sustento, del que él se cree más grande y más exitoso. Está tan seguro de su fama, que la asume con arrogancia, pero, al mismo tiempo, es indiferente y reacio a la importancia de la adaptación, que se niega a cambiar y aprovechar la oportunidad de renovación. Rechaza hacer películas sonoras porque no le ve un futuro a este cine, pero no porque objetivamente sopese los pros y los contras, sino porque piensa que la gente va al cine únicamente para verlo a él. En el fondo George en realidad teme a la incertidumbre de una nueva era de la que no solo no sabe nada, sino para la que no está preparado, lo que significa la posibilidad de fracasar.

 

En consecuencia, la vida profesional de George comienza a irse en picada; Al lo corre del estudio por su falta de disposición y colaboración; entonces George usa todos sus ahorros para hacer una película propia muda, que no logra competir frente a la novedad del cine sonoro (ni la inversión maximizada del estudio detrás que lo promueve), que demuestra ser tan llamativo como exitoso, provocando un desplome en las finanzas de George, situación depresiva que se acrecienta por la de por sí crisis financiera que se vive en Estados Unidos en 1929; todo esto finalmente impacta también en su vida personal, que lo vuelve distante de su prometida Doris, quien finalmente lo deja. En parte es la soberbia de George lo que sepulta sus posibilidades, pues se niega, sin mente abierta o humildad, a adaptarse a los cambios del mundo y ambiente profesional en que se desenvuelve. En parte es también su falta de visión, que descarta el cine sonoro como posibilidad de nuevas formas de contar historias, expresarse y acercare al público, sin siquiera examinar, conocer o entender qué significa este cambio, producto más de su mala actitud, petulante y vanidosa, que de una ignorancia intelectual.

Efectivamente, el paso del cine mudo al sonoro representó una evolución y revolución dentro de la industria cinematográfica. No todos los que trabajaban haciendo películas, delante o detrás de cámaras, pudieron entender y responder al cambio. Fue hasta, alrededor de 1927, que las grandes productoras de Hollywood solidificaron la transición, al dejar de hacer películas mudas para optar por ‘el nuevo cine’, en el sentido comercial. Como en todo cambio, la transición fue gradual, primero necesaria y luego obligada, a la que no todos, en este caso el público incluido, pudo adaptarse [Tal y como ahora algunos sectores se resisten a ver el cine hecho y proyectado en plataformas digitales]. La nueva era tampoco salió libre de críticas pero como principal consecuencia, la cinematografía tomó un paso sin vuelta atrás, cambiando la tecnología con que se filmaba,  el modelo de trabajo y hasta la venta del producto; evolución imparable y en constante movimiento, como todo en la vida, que no deja, hasta la fecha, de seguir renovando y proponiendo nuevas formas de ver, hacer y consumir cine.

 

También como en todo, no todo cambio aporta algo sustancial, ni modifica de igual manera la esencia base que pretende revolucionar, o tiene la efectividad y transformación que busca lograr con su propuesta. Dentro del cine, no todos los cambios que se han hecho o intentado han tenido el mismo eco o aporte; no todos ‘mejoran’ la forma de ver y hacer cine, ni todos duran o impactan tan significativamente a la industria y al arte cinematográfico como procesos creativos y comerciales. Es el tiempo, la visión, el contexto y hasta la inversión y construcción de cada transformación lo que dicta y refleja la permanencia de la modificación. El cine en tercera dimensión, por ejemplo, fue más pasajero que el cine digital, que eventualmente se volvió la norma recurrente por encima del análogo, que no obstante no ha dejado de existir, experimentar, evolucionar y trascender.

 

En el caso de la película en comento, George asume al cine sonoro como una moda pasajera (y modas pasajeras en la historia del cine, ha habido); un artefacto de venta novedoso que no hallará su lugar simbólico porque no aporta desde su punto de vista algo ‘nuevo’. La pregunta es, ¿cómo es que George no vio el potencial innovador de una técnica que abrió tantas posibilidades creativas? Su problema quizá no es que no lo haya advertido o entendido, sino que incluso siendo testigo de ello, no lo acepta, en parte porque mira la transformación como una máquina de venta que rechaza, pues sólo pretende hacer dinero, no arte; o como una renovación forzada que obliga a traer nuevo talento y sacar de cartelera a los actores que, como él, comienzan a ‘pasar de moda’; o como truco comercial a través del cual el cine se convierta en medio enajenante, más que artístico. En resumen, él no percibe la conveniencia del cambio y las circunstancias del mismo lo expulsan del camino del éxito.

 

“No soy una marioneta. Soy un artista”, insiste George, porque ‘crea’ historias, no ‘vende’ productos. Su punto de vista tiene sentido; el productor y su estudio están interesados en la ‘máquina mercantil’, pero el realizador no puede trabajar en función al eje comercial, sino al proceso de imaginación, invención y de expresión que se encuentra en el cine. La clave en todo caso sería no enfocarse exclusivamente en las películas como generadoras de dinero, sino en mantener la cualidad creativa cinematográfica, pero sabiendo con suficiente inteligencia sacar provecho del cambio o innovación hasta adaptarlo a favor. Más, en este caso, en donde el desarrollo tecnológico ofrece la posibilidad de percibir en pantalla a las personas tal y como se ven en la vida real.

 

En su orgullo, George no ve que la fama es efímera; que el cine es arte pero también industria; que como en todo en la vida, la adaptación es parte natural del curso de las cosas, pero también que la transformación misma es parte de la vida. Una vez que Peppy escala a la cima del éxito, con intuición y talento en pantalla, que la llevan a convertirse en una de las nuevas estrellas actorales del estudio, ella se da cuenta que su éxito es posible en paralelo con el declive de otra celebridad que llega a substituir. Cuando George le hace ver que el problema no es el cambio generacional, sino que la nueva generación no asuma con consideración y respeto el pasado, Peppy finalmente comprende el reclamo de George: ‘lo viejo abre el paso a lo nuevo’; es decir, el presente no es posible sin un pasado.

 

En este caso la situación es muy literal: George no ‘hizo’ a Peppy, ella recorre su propio camino y se abre oportunidades sola, pero ella aprende considerablemente sobre el terreno que transita gracias a la voz de la experiencia, George, y como él, todos aquellos que forjaron los primeros pasos del mundo del cine hasta convertirlo en lo que ahora es, incluyendo las oportunidades presentes, que ahora pueden existir para gente ‘nueva’.

La esencia es la misma en todas las cosas, en la historia, las sociedades, las familias, las empresas y las personas; cada agrupación, colectivo o estructura es resultado de aquellos que estuvieron antes; de sus antepasados, sus enseñanzas, sus aciertos y sus errores. En breve, la evolución es la marca del progreso del hombre, en lo individual y como especie, por eso, se aprende conociendo, comprendiendo el pasado, aprovechando los saberes de generaciones anteriores; nadie obtiene éxito de la nada, sino que éste es resultado de saberes asimilados.

 

El reconocimiento y/o la popularidad no son nada si no se reconoce a aquellos que también son parte de su formación. Algo que la película reflexiona es que el éxito o la fama es una ilusión, si no se aprecia el logro, esfuerzo y sacrificio colectivo, más allá de la banalidad del aplauso, el elogio o la fortuna que pueda traer consigo.

 

La disputa entre la finalidad, utilidad y aporte del cine artístico frente al comercial, no inicia ni termina en esta época de cambio de los años 20’s y 30’s de Hollywood, conocida como la edad de oro del cine clásico. La distinción sigue vigente, cambiante y constante; necesaria e inevitable. Pero el cambio así no sólo existe en el cine; es así en la vida de George, de Peppy y,  por ende, razona la película, en toda persona, situación, historia y contexto. La transformación es tan natural como obligada.

 

La película, finalmente, enfatiza más que nada el trabajo del artista como creador, y del creador enfrentando la insistencia del enfoque comercial que valora no la calidad, sino la utilidad de lo que cada trabajo o creación propone. El artista adaptándose a su contexto, la tecnología, las innovaciones y las necesidad de la sociedad en la que vive, pero además, asumiendo el reto de forma que no sirva en exclusiva a las exigencias del otro, u otros, sino nutra su contenido y propuesta a partir de aquello característico del mundo en el que vive, para que así el arte, el cine, no pierdan su capacidad de observar, meditar, analizar, criticar, plasmar y razonar sobre la sociedad y la realidad que tiene enfrente, cual es parte de su función, misión y/o propósito.

El Artista / The Artist

Dir. Michel Hazanavicius

Francia, 2011

 

Diana AlcántaraDiana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

El trabajo de mis sueños

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Las personas son sus experiencias, son la gente que conocen, las historias que escuchan, los tropiezos que viven, las vidas que coinciden en algún punto con las suyas y las lecciones que aprenden de las circunstancias en que se sumergen. Para un escritor, toda experiencia de vida, no siempre sólo la propia, es de vital importancia, pues a partir de todo esto conoce, crea, imagina, construye e idea. Para Joanna Rakoff ello no puede ser más cierto, ya que plasma su lapso trabajando en una agencia literaria de Nueva York como base para su novela ‘My Salinger Year’, que a su vez sirve de plataforma para la película El trabajo de mis sueños (Canadá-Irlanda, 2020), dirigida y adaptada a guión por Philippe Falardeau.

 

Estelarizada por Margaret Qualley, Sigourney Weaver, Douglas Booth, Colm Feore y Brían F. O’Byrne, la cinta habla sobre trazar metas, perseguir sueños, aterrizar ideales, aprender, evolucionar, adaptarse y cambiar para ser mejor, sin perder de vista quién se es y qué se quiere. Aquí, Joanna es una joven que debe alejarse temporalmente de sus sueños para así ganar perspectiva con la cual aprender a aferrarse a ellos, para, con la distancia, entender qué gana, qué pierde y qué tan lejos quiere y puede llegar.

 

La historia comienza luego de que Joanna, de visita en Nueva York desde Los Ángeles, donde estudia, encuentra en la ciudad el ambiente artístico y creativo en que quiere desenvolverse, como aspirante a escritora y poeta, por lo que decide quedarse, dejando atrás toda su vida anterior, incluyendo las personas en ella, como su novio, para comenzar su propia aventura. Es así que toma como iniciativa conseguir un empleo en un área afín y se convierte en asistente de Margaret, la encargada de la agencia literaria que representa, entre otros, al escritor      J. D. Salinger (1919-2010), autor de la aclamada novela The Catcher in the Rye (El Guardián entre el Centeno; una historia sobre un adolescente rebelde e inadaptado, crítico de su entorno, la superficialidad y la falsedad del ser, en su propio proceso de autodescubrimiento pero marcado por la desdicha que permea en la sociedad,  la presión por crecer y la crisis existencial propia de su edad); escritor que en la fecha en que se desarrolla la narrativa cinematográfica -1995- pasa sus días recluido, alejado del ojo público. Por ello, toda correspondencia enviada por sus fans y seguidores, pero también publicistas, productores de cine, editores de revistas o dueños de editoriales, es retenida, evitando que las cartas lleguen a Salinger.

 

 

Joanna ahora es la encargada de leer y contestar la correspondencia, con una respuesta siempre idéntica, impersonal y parca, que dice al remitente que la carta que envió no puede ser entregada. Para Joanna, la idea resulta catastrófica, ignorar a esa persona que se ha tomado el tiempo e interés por contactarse con el autor, por razones que van desde buscar un consejo de vida, referirle cómo  relatos cambiaron su forma de ver y vivir el mundo o simplemente invitarlo a participar, incentivando a estudiantes, en programas de escritura escolar.

 

El mensaje importante que recalca la película es que cada persona ve las circunstancias desde su propia perspectiva, de acuerdo con su historia de vida. Para Margaret, la editora, no enviar las cartas a Salinger es una forma de protegerlo, de respetar su deseo de aislamiento, pero para Joanna, lo que se hace es negar al escritor el contacto con la gente que lo estima, admira y busca por el impacto que sus textos han tenido en sus vidas.

 

La joven decide entonces romper las reglas, colocándose en la delgada línea entre mostrar iniciativa o violar las normas desafiando a la autoridad y responder ella misma el correo postal, firmando con su nombre. Ética y legalmente, sus acciones pueden meterla en problemas, así que en la agencia deciden pasar por alto su falta, advirtiéndole no repetirla. No obstante, para ella es la experiencia en la interacción -aunque sea distante- y la comunicación -escribir respuestas personalizadas-, lo que la hace recordar la razón que la motiva: la palabra escrita, el contacto, no directo pero sí simbólico, entre personas a través de este medio; así como la expresión y posibilidad de crecimiento y aprendizaje, escribiendo.

 

 

Es en ese momento que entiende que se adentra a una profesión donde lo importante, como dicen, es ‘el amor al arte’, escribir porque no hay nada más en la vida que se quiera hacer. “Escribir te hace escritor. Publicar es sólo comercio”, afirma Don, el nuevo novio de Joanna, un también aspirante a escritor trabajando en su primera novela y para quien el sueño es la fama y la ganancia más que cualquier otra cosa, por lo que mide la realidad de su situación en función a sus aspiraciones y logros: nulos en el terreno literario, que auto-justifican su fracaso como autor. ‘Si escribo, soy escritor’, razona él; claro que su lógica es simplista, pues la acción de escribir no es lo que hace en verdad a un escritor. Estilo y técnica para comunicar ideas, manejo adecuado y pertinente del lenguaje, eso sí; igual sensibilidad y capacidad de seducción y encanto, pero además, intención.

 

Lo que Don ignora es que el escritor crea para que sus historias cobren vida y se vuelvan inmortales una vez plasmadas en la página, dado que de otra manera, el relato ‘muere’. En el fondo sus palabras tienen cierto sentido, publicar un texto en la era contemporánea va ligado a una máquina de venta y mercadotecnia que poco tienen que ver con el autor, pero no considera que la esencia del creador no puede ser arrancada de él.

 

La compleja relación ‘arte creativo’ frente a ‘ganancia monetaria’ se hace varias veces más presente en la película, reflexionando en el proceso sobre cómo balancear esta realidad a la que se enfrenta todo autor, cuando es valorado por su habilidad de escritura, pero, al mismo tiempo, -en ocasiones más que menos- por el potencial de venta de su trabajo. Por ejemplo, Joanna eventualmente recibe indicación de leer el nuevo trabajo de una popular y conocida autora de libros para niños, que ella encuentra fascinante por su contenido y propuesta, un libro de corte infantil, cuyas reflexiones van más bien dirigidas a los adultos. Joanna elogia este contraste e idea narrativa, pero Margaret no hace más que mirar el potencial comercial del libro, decidiendo, al final, descartarlo por no encontrarlo ‘vendible’.

 

 

Con el tiempo, Margaret le pregunta su opinión a Joanna sobre la decisión de la autora de dejar la agencia, a lo que la joven reflexiona sobre el trato humano que el autor espera de sus agentes. Joanna analiza que aunque el libro no tuviera espacio de viabilidad que justifique la inversión en comparación con la potencial ganancia, Margaret pudo tener más tacto para tratar a la autora como creativa, no como producto, por ejemplo, centrándose en sus puntos a favor, su proceso de escritura, no sólo en el valor monetario que el mercado coloca en su trabajo.

 

La idea es simple pero clara: el arte convertido en presa del sistema capital, al convertirlo en un ícono (exclusividad, renombre y marca) por el mero interés lucrativo, no literario, ni artístico o cultural. En el fondo la función de Margaret como agente literaria es, en efecto, encontrar el mejor espacio para un autor para presentar, vender y hacer llegar al público su trabajo; frente a ello lo que Joanna recalca es no perder la sensibilidad humana en el proceso. Ella misma lo ha entendido en su continuo, aunque mínimo y distante, contacto con el propio Salinger, quien llama periódicamente por teléfono a la oficina. Recluido y distante, extraño y extravagante, el autor es más que este sello con que lo etiquetan; Saligner es también inspirador, gracioso, directo pero emotivo; y aunque no la conoce, la invita a escribir todos los días, si esa es su verdadera pasión.

 

Para Joanna como para el mundo, Salinger es ese personaje místico e idolatrado, pero que al final no es más que un humano como cualquier otro, con su visión revolucionaria, sus ideas analíticas y sus rarezas como individuo, sólo que plasmadas en papel.  Lo que la historia enfatiza, tomando a este autor realmente como modelo para ejemplificar, es que así como él, todos los autores, todas las figuras públicas, todos los individuos en general, son personas que piensan, sienten, dudan, crecen, se estancan, proponen, tropiezan y, sobre todo, ‘viven’ del contacto con otros, pues incluso cuando el escritor trabaja para sí, para el arte y para sus ideas, su historia ya no es sólo suya, una vez que es compartida.

 

Así es la vida de quien escribe: constante creación e ideas flotando, prioridades chocando con responsabilidades, sueños convertidos en ideas y la convicción de que en la literatura, la pasión por lo que se hace es lo más importante.

 

 

Joanna también entiende que las cartas enviadas a Salinger no son ‘medida’ de éxito, devoción, fracaso u obsesión, sino, en ello mismo, las voces que demuestran el alcance de una voz, la del autor, lograda por su trabajo. Puede haber tanta pasión en el que escribe, como en el que lee el texto ya escrito, porque es el lector quien al absorberlo lo revive y le da una inmortalidad.

 

La historia se centra en el sueño literario de Joanna, persiguiendo su propia visión del futuro, el suyo, como amante de las letras, sensible a la naturaleza del hombre, transitando entre las circunstancias y sus aspiraciones, que persiste pese a la melancolía de su entorno, las dificultades de las vicisitudes de la vida independiente y la clave de su decisión: descubrir cuál es el valor, el sentido y la importancia que le da a la literatura, en general y en su vida, a partir de las experiencias (de vida) de aquellos a su alrededor, que juzgan conforme a sus propias visiones del mundo; ya sea Margaret, la agente literaria que se mueve en función del mercado; Don, un vago que se justifica auto-engañándose, sin rumbo fijo, deambulando por la vida sin saber qué hacer con la suya propia; Salinger mismo, un autor reconocido, atrapado en una isla impuesta y autoimpuesta; o hasta Jenny, la mejor amiga de Joanna, aspirante a autora en su momento, igual que ella, pero que por las circunstancias y decisiones de vida ha cambiado sus metas, anhelos y presente, acomodando nuevos ideales de realización y felicidad de acuerdo a su realidad y momentos vitales.

 

Es este transcurrir, que habla de un proceso de madurez, profesional y personal, con el que Joanna logra no sólo ganarse el respeto de su jefa, sino un respeto por sí misma, una construcción de identidad y dignidad, que pese a estar envuelto en una estructura narrativa genérica, de tono ligero y caracterizado por el mismo espíritu entusiasta de su protagonista, anima al espectador a recordar un mensaje no siempre valorado: que el gusto por escribir radica en que se tiene algo que decir.

 

 

El trabajo de mis sueños

Dir. Philippe Falardeau

Canadá, Irlanda, 2020

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

8 Mile: Calle de las ilusiones

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

 

El hip hop es un género musical, también una subcultura, que surge en Nueva York alrededor de 1970. Entre sus elementos, dentro de la música, se encuentra el rap (Ritmo y Poesía; en inglés: Rhythm And Poetry), un estilo de rima rítmica, cuyos inicios se remontan a la década de 1980 en Estados Unidos. Nace en los barrios pobres, afroamericanos e hispanos, y sus textos en forma de monólogo, más hablados que cantados, fueron, y aún son, una forma de expresión de denuncia social según la realidad del contexto, con letras que hablan sobre conflictos como el racismo, el sexismo, la violencia o la lucha contra el sistema establecido, por mencionar algunos. Ambientada en Detroit en 1995, la película 8 Mile: Calle de las ilusiones (EUA, 2002) cuenta la historia de Jimmy, un joven de pocos recursos que trabaja en una fábrica de metales, cuya pasión y habilidad para el rap le hacen destacar, pero quien es rechazado por otros grupos dentro de su propia comunidad, por considerarlo alguien externo, o ajeno, al no ser afroamericano como ellos.

 

Con un guión de Scott Silver y dirigida por Curtis Hanson, la cinta está protagonizada por Eminem, Mekhi Phifer, Brittany Murphy, Kim Basinger, Anthony Mackie, Eugene Byrd y Michael Shannon. La historia está inspirada, en parte, en las experiencias del propio Eminem, abriéndose camino como cantante de rap hasta ganarse el respeto de los demás intérpretes y del público dentro de dicho escenario musical. El título de la película a su vez hace referencia a la avenida (la Milla 8), que divide la ciudad de Detroit en dos; por un lado, los barrios de la clase privilegiada (los de los ‘blancos’), y por el otro, los de aquellos con menor poder adquisitivo, afroamericanos principalmente.

 

James, apodado artísticamente como B-Bunny, vive en la zona con más pobreza; a falta de dinero y tras romper su relación con su novia, regresa a vivir con su madre a una caravana rodante, pero ella también tiene sus propias deudas y conflictos emocionales, y sobrevive con la esperanza de que su novio, un hombre violento pero del que depende, la ayude económicamente.

Para Jimmy, como para sus amigos, vecinos y hasta compañeros de trabajo, el rap es un medio para expresar lo que ven y viven día a día, en ese contexto social difícil, lleno de miseria y hundido en la pobreza, donde el empleo ocasional no alcanza para pagar las cuentas, las relaciones de pareja son inestables y pasajeras, porque las expectativas a futuro son pocas y la falta de oportunidades provoca que las personas sueñen anhelando una vida mejor, sobrellevando así su propio presente impregnado de carencias, pero sabiendo que es casi imposible alcanzar algo mejor, dado que no hay condiciones para que su situación social cambie.

8 Mile

En medio de este estilo de vida, en que la personas apenas tiene los recursos para sobrevivir al día, el rap se convierte en una vía de denuncia y crítica social, vehículo para compartir el sentir de desesperanza y la realidad decadente que permea, pero también la oportunidad para reflexionar sobre el presente, su realidad asfixiante resultado de alguna manera de una combinación entre malas decisiones, falta de valores inculcados y aprendidos, carencias de recursos económicos por desempleo o subempleo mal pagado, viviendas urbanas sin los apropiado servicios de sanidad, la inhabilidad para tomar acción más allá de la crítica destructiva y sin sentido, el estancamiento inculcado bajo ideas como el conformismo y la indiferencia y la ausencia de apoyo por parte del gobierno que prefiere dar la espalda antes que hacer algo por mejorar la infraestructura de su comunidad.

 

El arte, la música y la rima poética se convierten así en una forma diálogo, análisis y reflexión; y específicamente para Jimmy, de reconocimiento, realización y valoración, incluso hacia sí mismo. Triunfar como cantante le significa trascender, algo que no lograría de ninguna otra manera, no en su trabajo, su educación, su familia o cualquier otro aspecto de su vida; trascender significa la posibilidad de una mejor vida, dentro del espectro de la escala social, algo que anhela, dada la realidad de miseria que ve y vive en su cotidianeidad.

 

El sueño es más idílico que realista, pues se basa en la excepción a la regla; en esas historias de éxito que cree pueden reproducirse con facilidad, producto tanto de la banalidad con que se asumen y repiten, como de la falsa motivación cimentada en las promesas vacías; el clásico sueño americano de triunfar con un poco de suerte y saberes en el mundo de las oportunidades: El problema es que la “suerte” poco influye en un mundo dominado por las leyes de la mercantilización y menos puede hacer frente al caos y la incertidumbre que la dinámica del mercado impone; las “oportunidades” para este segmento de población marginalizada y empobrecida son de hecho inexistentes.

 

Ilusión, o esperanza de éxito que, en Jimmy, se alimenta por ideas que vienen de uno de sus vecinos, al que él cree su amigo, Wink, quien le asegura, fanfarronea al vacío más bien, que tiene contactos en la industria musical que podrían ganarle un contrato discográfico que lo lance a la fama, dado que lo considera una ‘promesa musical’.  Y la pregunta importante es, ¿qué quiere realmente Jimmy; a qué aspira en la vida? ¿Es talentoso por su iniciativa observadora o es de verdad una ‘promesa musical’ con la meta de convertirse en un cantante famoso? ¿Es alguien que gusta del rap como hobby y ve en él el camino hacia el respeto y la aceptación de sus similares o sólo es alguien que repite los patrones a su alrededor, porque es la realidad cotidiana del espacio en que se desenvuelve?

 

Su barrio está sumido en la violencia y el desamparo, donde el abandono es el común denominador; renunciar y huir es más fácil que luchar y enfrentarse, para sobreponerse a las adversidades. La gente aspira a más de lo que realmente puede alcanzar, porque ese es su escape de la realidad, fantasioso, no concreto; así que encuentran en las pequeñas victorias un sentir de realización importante, y valido, pese a que su realidad de vida es más desdicha que fortuna, más desgracia que prosperidad; circunstancias de vida causadas en gran parte por el sistema piramidal en que viven, que está diseñado para olvidarlos, hacerlos a un lado y dejarlos a su suerte, al encontrarse al fondo de la estructura en la escala social.

 

Si el mundo que le rodea es así, triste y desdichado, Jimmy no tiene puntos de referencia para superarse y al final, aprende a ser así para todo: a claudicar cuando la situación se presenta adversa; a asumir la desgracia y la tragedia como la única realidad posible; a soñar con poder tenerlo todo, cuando lo cierto es que sus aspiraciones son irrealizables. ¿Qué falta entonces para ayudar al círculo social en que se vive? ¿Cómo superarse y superar las adversidades, para evitar que el entorno determine la vida y el futuro de la gente?

 

El miedo al fracaso es constante y fuerte; lo hace renunciar a una competencia de rap en la que creía triunfaría fácilmente, lo que deriva en que se le asocie con decepción y derrota, resultando en burlas y humillaciones. Es sólo después de varios tropiezos que Jimmy entiende que para reconstruir necesita decisión y agallas, y que para no cometer el mismo error, primero tiene que afrontar su realidad, lo cual implica también enfrentar sus miedos, su negatividad y su incapacidad para creer en sí mismo.

 

En la competencia final, donde tiene que probarse él mismo, para poder probar a los demás que puede, se adelanta a la humillación y al ataque del otro, riéndose y señalándose a sí mismo para evitar darle la oportunidad a su oponente de que lo haga. Sabiendo que el discurso de rima en el escenario se sirve de señalar los defectos y características del competidor de enfrente, burlándose de la realidad, con crítica sagaz y punzante, precisamente para sacar a la competencia de su zona de confort, Jimmy asume el control de la narrativa y decide ser honesto con quien es, hasta aceptarlo y entonces aprovechar para convertirlo conscientemente en una fortaleza, de forma que así el de enfrente ya no pueda usarlo como muletilla para ofenderlo o avergonzarlo.

 

Tropezar y caer no es fracasar, pero no afrontar la caída es obstaculizar el propio camino hacia la superación. Esto aplica para Jimmy, como cantante de rap, pero también para la sociedad que le rodea, que critica, denuncia y reprocha, pero nunca hace nada por tomar acción y hacer algo al respecto. Sin duda es más fácil señalar al otro; pues cuesta más entender qué se necesita para ser propositivo.

 

 

Jimmy sabe que la realidad del mundo en el que vive impacta en su vida, pero no tiene por qué limitarlo o prescribir su futuro. Interiorizar sus experiencias y asimilarlas, para retratar esa vida desgastada, quebrantada y rota, cual es la realidad para las personas que viven en los mismos barrios que él, es parte de la esencia y característica del rap, que tiene el potencial para proponer una reflexión catártica y crítica, pero también propositiva, si se hace con habilidad de observación y la inteligencia para reconocer la realidad tal cual es, no como se cree que es o se desearía que fuera. Superar adversidades en medio de un contexto a veces hostil y en decadencia, para evitar ser moldeado por las circunstancias, es la importante lección de vida que la historia de Jimmy proporciona al espectador.

 

La lucha social a través de la música, el arte, los sonidos y la palabra, que se atreven a hablar de un entorno trágico, crudo, despiadado, expresando con honestidad y sin miedo para señalar lo desagradable y triste de la desgracia humana, de la vida imperfecta o la complejidad del ser, es ejemplo de que es posible imaginar un cambio, particularmente porque el mundo alrededor se niega a hacerlo por cuenta propia.

 

Lo que Jimmy siempre quiso, renunciar al pasado, finalmente es aquello que lo hace más fuerte. Así que cuando decide quedarse y encontrar su propio lugar, justo donde está, no fracasa, más bien acoge quien es y, más importante, asume la responsabilidad de la decisión que ha tomado, para entonces crecer a partir de este punto. No todos lo hacen, porque es más fácil aferrarse a un ideal que aceptar la vida como es, pues implica sopesar aquello que lastima y duele, y afrontarlo para evitar que siga siendo un punto débil que hace daño; encarar en vez de huir, es algo que se puede aprender, nos dice la película, a través de la música. “Si tuvieras una posibilidad, una sola oportunidad, para alcanzar todo lo que alguna vez quisiste, en un momento, ¿lo capturarías o lo dejarías escapar?”, dice la canción ‘Lose Yourself’, tema de la película, escrito por Eminem durante la filmación, y que ganó el Oscar a mejor canción original.

 

8 Mile

Dir. Curtis Hanson

Trailer

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

Another Round, la evocadora obra maestra de Thomas Vinterberg

Por: Iván Uriel Atanacio Medellín

*Selección Filmakersmovie

Lírica inspiradora de vida, pieza de reflexión constante, argucia del destino, juego de la ciencia o praxis de los motivos, Another round (Druk) cimbró por entero desde su estreno a su audiencia, y al camino, recibió sendos reconocimientos como el premio Óscar a Mejor película de lengua no inglesa, y numerosos reconocimientos para su director, el laureado Thomas Vinterberg, quien justo en la entrega del premio de la Academia, dedicó su visual obra poética a su hija Ida, en un momento que perdurará por siempre en quienes atestiguamos como espectadores una cinta descomunal, de suyo sensible, humana, franca y honesta, y por otra parte admiramos la entereza de un artista desde su contexto más íntimo, desde el dolor expresado en cada imagen, y en movimientos de baile que, al unísono, entonan coplas de esperanza y vida.

Another Round / Druk / Dir.
Thomas Vinterberg

La crítica aplaudió en diversos festivales internacionales, hasta sus nominaciones a los premios BAFTA y al premio Óscar, confirmando su sitio como una de las mejores películas del año, no obstante, para mi gusto, cimentó su lugar en el devenir de la presente década; cinta que a través de su trama, apela a la búsqueda de la felicidad desde la interioridad de sus personajes y su relación con el alcohol, la cual se presenta de manera casi irónica o en sorna casualidad, y deviene en un experimento suscitado por un grupo de maestros que, de forma indirecta, hacen del alcohol un revulsivo para desentrañar los motivos de la existencia y el sentido de la vida.

Another Round / Druk / Dir.
Thomas Vinterberg

 

Con una extraordinaria actuación de Mads Mikkelsen, Another Round es quizá, junto con Nomadland la mejor película del año 2020, consolida la trayectoria de uno de los más emblemáticos directores del dogma y del presente siglo, el variopinto repertorio actoral de Mikkelsen, y a su vez, representa un homenaje a la desaparecida hija del director quien inspiró su realización. El elenco se completa por Thomas Bo Larsen, Magnus Millang, Maria Bonnevie y Lars Ranthe, al compás de una obra posmoderna, capaz de abordar el vacío y la plenitud. Vinterberg, quien ya había constituido a su canon cintas como Festen, Far For The Madding Crowd, The Hunt o Submarino, brinda con Another Round, un variopinto y por demás humano crisol a su legado.

Another Round / Druk / Dir. Thomas Vinterberg

 

Another Round es una expresión del sentimiento que se anida en la evasión que al mismo tiempo evoca, y se muestra desde los sentimientos que lo mismo desesperan que anhelan una salida, una respuesta, un medio, para cavilar en la vida cotidiana los asombros de los días, de la familia, las amistades, la profesión, el conocimiento, las vivencias y sobre todo, el amor. El guion construye una temática que se enhebra en las emociones, y a partir de la declaratoria que advierte la sucesiva misiva de sus protagonistas, nos envuelve de matices conjugados al instante en que la felicidad se vierte al fluir evocador de los sentires.

 

Another Round

Druk / Dir. Thomas Vinterberg

Dinamarca, 2020

Trailer

 

 

Iván Uriel Atanacio Medellín  | elsurconovela | México Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El SurcoEl Ítamo y El Muro, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La Voz Humana y Día de Descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com

La Favorita

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

El oportunista aprovecha las circunstancias para sacar algo a su favor, el manipulador maneja hábilmente el medio a su alcance para influir hasta que las cosas salgan como desea, y el convenenciero es alguien que vela sólo por sus intereses y deseos, sin reparar en preocupaciones o repercusiones. Las tres personalidades están bien representadas en la película La favorita (Reino Unido-Irlanda-EUA, 2018), una historia sobre engaños y mentiras, sobre manipular y plantar trampas para que la caída del otro beneficie a quien las planea; sobre escalar en la pirámide social procediendo por medio de falsedades e intrigas, y sobre valorar el beneficio propio hasta el punto en que destruir para sobresalir se vuelve la única filosofía de vida.

 

Protagonizada por Olivia Colman, Rachel Weisz, Emma Stone, Nicholas Hoult y Joe Alwyny, se trata de una historia sobre la lucha por el poder a través de personajes que avanzan sin escrúpulos ni honestidad. Dirigida por Yorgos Lanthimos y escrita por Deborah Davis y Tony McNamara, la cinta obtuvo diez nominaciones al Oscar: mejor película, director, guión original, actriz (para Colman), actriz de reparto (para Weisz y Stone), fotografía, diseño de producción, diseño de vestuario y montaje, ganando solamente uno: actriz principal. La historia se centra en la relación entre Ana Estuardo, Reina de Gran Bretaña e Irlanda(1665-1714), con su confidente y amiga Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough (1660-1744), ante la llegada de la prima de ésta, Abigail Masham (1670-1734), quien eventualmente consigue el favor de la reina por encima de la duquesa, una vez que aquella, que administra los asuntos políticos del país, se inclina por los intereses de los ‘whigs’, el partido liberal, pese a que Ana no desea alejarse de los ‘tories’, el partido conservador, llevando al deterioro de la relación entre ellas, que Abigail aprovecha hábilmente a su favor.

 

Según plantea la cinta, la división entre partidos y posturas, más las intrigas políticas, así  como la discordia, fomentada por Abigail con insidia, entre Ana y Sarah, son la clave para que la recién llegada alcance su meta: escalar en sociedad y obtener favores y privilegios; así pues, en la duda y con intriga se encarga de entretejer rivalidad, desprecio y distanciamiento entre las, una vez, íntimas amigas. Su modo de operar es una actitud amable, aunque convenenciera, donde la sonrisa es falsa y la solidaridad calculada y llena de hipocresía, de modo que su aparente fiel y amigable presencia contraste hasta dañar la imagen de Sarah, una mujer de carácter más duro y regio.

 

 

El fin último tanto para Sarah como para Abigail es el poder de influencia, que saben pueden ganar sobre una débil de temperamento e insegura Reina Ana, marcada por el dolor de la pérdida de sus 17 hijos y la enfermedad de gota que limita su existencia, ahora manifiesta como consecuencia de ello en profunda tristeza, desinterés y la soledad. Sus motivaciones sin embargo, obedecen a razones ligeramente distintas; Sarah anhela, desea control sobre el gobierno y las decisiones del Estado, dado que su esposo se encuentra en el campo de batalla peleando una guerra contra Francia, pero además consciente de que su influencia puede cambiar las cosas tanto para ella como para el reino, toda vez que ganar la guerra traerá prestigio a su esposo, pero también colocaría a Gran Bretaña por encima de una potencia en ascenso como era Francia, por lo que varios, la Duquesa incluida, creían que la conquista era mejor estrategia, -si bien implica subir impuestos al pueblo-, que un acuerdo de paz, que es lo que proponía, y eventualmente logra, el partido opuesto.

 

Abigail, por su parte, actúa bajo intereses más personales, en el simple deseo de escalar socialmente hasta alcanzar un estatus privilegiado, lleno de comodidades, como cree que le corresponde, ya que fue educada en la alta sociedad pero su familia terminó en la pobreza por las malas inversiones de su padre, un comerciante, por lo que Abigail tuvo que trabajar como sirvienta para sobrevivir, tomando además la responsabilidad de velar por el futuro de sus allegados y hasta de su propio apellido.

 

 

La joven llega a la casa real a un puesto de servidumbre, patrocinado por Sarah, donde la realidad más dura no es el trabajo manual de cada día, sino las humillaciones y rechazo del resto de la servidumbre, que actúa así por el simple gusto de poder burlarse del más desafortunado. La lección que Abigail aprende en estas circunstancias es que sólo cuenta con ella misma para salir adelante y si quiere un cambio, no se trata de pedirlo, sino arrebatarlo. La falta de solidaridad y las oportunidades truncadas por la propia gente en su misma posición, la llevan a deducir que una actitud aparentemente débil bajará la guardia del otro y que en un mundo donde todos son enemigos, la falsa amistad es camino para derrocar al prójimo. Así comienza a trazar su plan, sirviéndose de información secreta que descubre por casualidad, actuando falsamente en favor de otros cuando es sólo una palanca para empujar sus propios objetivos, pero, especialmente creando discordia, desacuerdos y choque entre Ana y Sarah, de modo que para la Reina parezca que ella está de su lado  y su prima en su contra. El toque final es darle a Ana precisamente lo que quiere, para complacerla: atenciones y mimos, preferencias, alabanzas y halagos, a diferencia de Sarah, que procede bajo una dinámica más directa y honesta, bajo el entendido de que en su actuar concreto, verdadero y sin engaños hace evidente su lealtad y compromiso, porque así es ella quien controla la narrativa, manipulando a Ana, en lugar de reaccionar a lo que la Reina desea, que es el proceder de Abigail.

 

La película es una comedia negra, porque en la ficción exageran estos manejos mañosos de actuar convenenciero para influir con malas intenciones, pero al mismo tiempo, dibuja acertadamente un escenario de lucha por el poder, vil y maquiavélico, presente no sólo en la política, sino también en las relaciones humanas en general, donde las personas se aprovechan de las circunstancias, calumniando a otros, mintiendo fría y calculadoramente, provocando enturbiar el panorama o colocándose como víctimas para hacerse del favor de los demás.

 

La historia se plaga de personajes oportunistas, falsos, mentirosos e hipócritas, que proceden interesadamente, manejando la información y a las personas con astucia sigilosa, presiones emocionales, favores sexuales, confabulación cínica y chantajes despiadados que obliguen la situación para su beneficio.

 

Otro ejemplo claro es Robert Harley, cuyo interés por terminar la guerra y acordar un tratado de paz en realidad tiene el propósito de impulsarlo al puesto de Primer Ministro, que por ahora tiene el principal aliado de Sarah. Harley inicialmente encuentra un camino oportuno al notar cómo la división de las atenciones de la Reina hacia Sara y Abigail está creando una división de lealtades entre las tres, por lo que comienza con amenazar a la segunda a cambio de conseguirle información útil que pueda usar ventajosamente en el Parlamento para hacer quedar mal al partido contrario, y quedar bien él ante el ojo del resto de los políticos. Viéndose en desventaja ante la dinámica en la que Harley saca un beneficio de su relación y ella no, Abigail luego exige un favor a cambio, de modo que su alianza se sostiene por el grado de ventaja que las partes obtienen de la relación, no la lealtad mutua o intereses similares de los involucrados.

 

Ningún personaje es particularmente honorable, al contrario, su actuar se caracteriza por una falta de valores y humanidad. Sarah podrá justificarse en la responsabilidad que siente, aunque en realidad anhela y disfruta guiar al país si la Reina no tiene la capacidad para hacerlo; Abigail puede argumentar que el mundo injusto y cruel la ha empujado a hacer todo por sobrevivir, pues de cualquier otra forma terminará siendo nada ni nadie en la vida, porque el modelo social no está diseñado para que las personas encuentren oportunidades o superación; y Ana misma podrá pensar que la realidad de su trágica vida, en la que como Reina es una figura simbólica y como mujer no es valorada ni escuchada, la han llevado a un encierro enfermizo marcado por las falsedades, pues todos la tratan y se le acercan escondiendo sus propios intereses bajo la manga; al final, el proceder de todos es el mismo, ruin por el simple deseo de lograr el beneficio propio a toda costa, poniendo la agenda personal por encima de cualquier cosa, dado que el prójimo hará exactamente lo mismo. Una lucha de personalidades y poderes para sobresalir sobre los demás.

 

Como lo escenifica y plantea la película, la esperanza parece no estar de parte de la humanidad cuando toda relación social se construye en el odio y el desprecio, la desconfianza y la rivalidad;  el enfermo es tachado de inútil,  el débil es explotado o marginado, la política sirve a quienes tienen el poder pero no ayuda a quienes se supone tiene que servir; el pueblo, el individuo más abajo en la escala social no opina ni aspira a nada, y quien está arriba en la escala social sólo está interesado en la banalidad de una vida privilegiada llena de lujos y ostentaciones, así que es más importante alardear y esconder los problemas tras una aparente felicidad, que descubrir qué tanto se esconde el individuo como persona de la tan presente decadencia humana.

 

Con ello, la película habla también de cómo las cosas pueden ser hábilmente manejadas tras hilos invisibles de manipulación e intriga, que trazados con pericia parecen imperceptibles. Ana flaquea como Reina por su carácter dependiente y débil, así como por su falta de decisión y firmeza; quien la controla a ella controla la circunstancias, no sólo políticas, sino también sociales. Harley desea convertirse en Primer Ministro para tomar ventaja en el Parlamento y fortalecer su carrera política, en tanto Abigail, por ejemplo, cobra sus favores a fin de abrirse camino para escalar socialmente, arreglando un matrimonio y título de nobleza que le gane un estatus específico; ambos además procediendo con una estrategia cruel que sólo alimenta el deseo de venganza de aquellos a quienes pisotean. ¿Son ellos peores personas que Sarah, que manipula, pero al menos se muestra leal con sus allegados, a diferencia de los otros que actúan sin el mínimo rastro de apego emocional hacia nadie? Los objetivos buscados –beneficio social, prestigio ideológico o poder político, según el caso- ¿son factor que justifica sus conductas (el fin justifica los medios) o pretextos ideológicos que encubren conductas egoístas y discriminatorias?

 

En un ambiente en que las personas administran secretos, la iniciativa para parecer proactivo es un plan con maña, las amenazas van escondidas en el protocolo social y cada quien juega su propio juego. ¿Es posible que haya honor entre las personas? ¿Las relaciones sociales se convierten o son en esencia un juego de poder?

 

La sátira social de la cinta va directamente enfocada a la ambición como vehículo de la perversión del ser, que destruye anhelos, genera envidias, divide sociedades y promueve la corrupción, en el sistema pero también en las personas. ¿Qué queda en una sociedad en la que todos pelean contra todos, buscando sólo su propio beneficio? ¿Quién prevalece, o quién ‘gana’, cuando la destrucción manda a las personas hacia el declive humano y social? ¿Sarah, quien es desterrada pero finalmente se libra del yugo de una reina que la asfixia y un sistema que la excluye? ¿Ana, que pierde una amiga pero gana una doncella que le dirá todo lo que quiere oír, que alimenta su vanidad mientras gane algo a cambio? ¿O Abigail, que consigue su posición social privilegiada para pagar con humillaciones de una Reina que nunca le dará verdadero poder ni la considera su amiga porque la resiente por lo que representa, el destierro de su amiga?

 

La respuesta simple es ‘ninguna’, porque así es el poder, pasajero, relativo, escurridizo, depredador y más distante que palpable, incluso cuando se tiene en las manos; retorcido y despreciable, como la historia presenta a estos personajes y sus historias, basados en personalidades de la vida real pero construidos en la ficción, aunque reflejando más que nada, cínica, pero así también crítica y reflexivamente, verdades palpables del actuar humano oscuro y destructor en el mundo contemporáneo.

 

La Favorita

Dir. Yorgos Lanthimos

UK, 2019

Trailer

2:08

 

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.

Donnie Darko

Por: Diana Miriam Alcántara Meléndez

 

Hay películas que trascienden porque abordan sus ideas con estilos narrativos o estéticos poco convencionales, pero creativos y propositivos; gracias a ello dejan una huella no sólo en el séptimo arte, sino también en la cultura popular. Donnie Darko (EUA, 2001) es de esos casos; una película de culto: aborda fantasía, ciencia ficción, romance y thriller psicológico, pero también un relato sobre decisiones, escapismo, sacrificio y espejismos; sobre lo que es y lo que parece ser, conviviendo en un mismo plano, cambiante según la perspectiva con que se mire y asimile, y que por ende resulta en muchas válidas interpretaciones.

 

Escrita y dirigida por Richard Kelly, la película está protagonizada por Jake Gyllenhaal, Mary McDonnell, Jena Malone, Maggie Gyllenhaal, Holmes Osborn, James Duval, Drew Barrymore, Patrick Swayze, Noah Wyle, Katharine Ross, Beth Grant y Daveigh Chase. Se ambienta en 1988 en Estados Unidos y sigue el viaje de Donnie, un joven contrariado, inadaptado y confrontativo, muy probablemente producto de su rebeldía adolescente y la incertidumbre respecto al futuro que muy pronto tendrá que forjarse, al entrar a la adultez. El joven comienza a ver en sus noches sonámbulas una figura disfrazada de conejo, Frank, que le dice que el mundo llegará a su fin en 28 días, 6 horas, 42 minutos y 12 segundos. Ese día Donnie regresa a casa para descubrir que el motor de un avión ha caído sobre su habitación. Su estancia fuera, en parte causada por sus aparentes alucinaciones o interacciones con lo desconocido, le salvaron la vida, pero dejan un importante misterio que lo marca; ¿coincidencia, buena suerte o destino?, la duda surge pues las autoridades no están seguras de dónde vino el artefacto, ya que ningún avión pasó por ahí la noche anterior.

 

Donnie le cuenta a su psicoterapeuta sobre las visiones y cómo siente que Frank lo ‘incita’ a actos de vandalismo, pero ella adjudica las alucinaciones a una esquizofrenia paranoica, a un diagnóstico de ‘desapego de la realidad’ que, considera, podría poner en peligro la vida del chico, dado que constantemente habla de muerte, violencia y ‘el fin’. Donnie, no obstante, platicando con su profesor de ciencias, en busca de una explicación, no forzosamente lógica, sino alternativa, se plantea la posibilidad de que se encuentre en medio de una de las vertientes resultantes de un viaje en el tiempo, de modo que lo que está viendo, Frank incluido, son manifestaciones de la energía que lo hace posible [las alteraciones en el orden natural del tiempo y el espacio], que se le presentan con el fin de ‘decirle algo’.

 

La realidad de su presente y las consecuencias de sus decisiones presionan cuando conoce a Gretchen, una joven recién mudada a la ciudad, porque su padre apuñaló a su madre; o cuando descubre que una antigua profesora de escuela escribió un libro sobre viajes en el tiempo, en que la autora describe exactamente todo lo que Donnie está experimentando; y finalmente cuando el círculo social que le rodea se desmorona mientras se autodestruye. Por un lado, está el choque político entre su padre Eddie y su hermana Elizabeth, ella a favor del candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, cuyas ideas progresistas hacen que Eddie insista en que su hija no está suficientemente informada o preparada como para tomar decisiones y/o para formarse un pensamiento crítico ‘válido’; reacción y rechazo que en parte refleja un cambio generacional de pensamiento, aunado a un padre, conservador, patriarcal, que quiere imponer sus ideales en lugar de dejar que Elizabeth asuma con responsabilidad su papel en la sociedad, como mayor de edad en su primera votación, y para fines prácticos, entrando activamente a la dinámica laboral y económica (productiva). El escenario es una sátira crítica a la familia ‘perfecta’ de los suburbios, aparentemente ideal, pero que esconde muchos problemas bajo la alfombra y que, aunque los conoce, se niega a cambiar, a fin de mantener las apariencias, que transmite de generación en generación, repitiendo el patrón tóxico una y otra vez.

 

Lo que sucede en casa de Donnie es muy parecido a lo que ocurre en su escuela, donde el intento de censura y el rechazo a las formas de expresión, arte y libertad se presenta luego de que una profesora propone a sus alumnos la lectura crítica del cuento ‘Los destructores’, de Graham Greene, libro que algunos de los maestros y padres más conservadores acusan de incitar a la rebelión. La lectura se orienta como intento de reflexión a partir de un acto vandálico en las instalaciones escolares, que en el fondo expresa una inconformidad general con el sistema [escolar, social y organizacional] y que fue realizado porque Frank ‘manda a Donnie’ a hacerlo.

 

La crítica y discordancia con la autoridad, las reglas y el orden establecido, impuesto y no siempre funcional, son algo propio de una sociedad truncada, fallida o estancada, predispuesta a rechazar al que quiere romper con el molde. Esta ‘rebelión’, que muchas veces no es más que ‘levantar la voz para defender un ideal que se cree correcto’ es, especialmente, una característica innata entre los jóvenes en etapa de formación, dado que están en proceso de conformar una opinión propia, crítica. ¿No es la rebeldía, con argumento y razón, esencial dentro de la evolución social? No todos reaccionan como Donnie, o como Elizabeth, o como Gretchen; muchos de sus compañeros son en efecto lo opuesto, el epítome de la indiferencia y la irresponsabilidad. ¿Qué tanto Elizabeth le lleva la contraria a su padre ‘sólo para molestarlo’ y qué tanto sus ideas se justifican en un argumento bien informado sobre la democracia? ¿Qué tanto los abusadores de la escuela sólo actúan recreando la negatividad de la que son testigos?

 

El cuento ‘Los destructores’ trata de una pandilla que derriba la casa de un hombre, desde dentro hacia afuera. Karen, la profesora de literatura, pregunta a Donnie su opinión sobre el relato. Él dice que la historia pretende ser irónica. “La destrucción es una forma de creación”, comenta, enfatizando también una de las ideas base de la película misma: la necesidad de derribar o destruir a fin de cambiar aquello que, de otra forma, no podría serlo. Habla de un fin como puerta a un nuevo comienzo.

 

Para Karen el texto no pretende enseñar que la respuesta es la violencia, o la destrucción literal, como acusan las autoridades escolares, sino busca más bien reflexionar sobre las ideas obsesivas alrededor del tema, que destruyen mucho más que el acto mismo, que es finalmente lo que sucede en la película: el acontecimiento de vandalismo es mínimo, en comparación con las reacciones que provoca y el choque de ideas que ello desata, entre opiniones encontradas, negadas al diálogo, propensas a imponerse sobre otras distintas y desencadenando una serie de eventos que llevarán precisamente a la tragedia.

 

Los profesores acusan que el escrito y la clase de literatura misma, la profesora incluida, están incitando a la sedición, a una insubordinación que altera el molde establecido y, por ende, conlleva al caos, al desorden, a romper reglas de tradición social. Pero si reaccionan radicalmente en lugar de intentar entender el mensaje realmente importante, incurren exactamente en aquello que reniegan, la incomprensión de todo lo que no empata con su modo de pensar.

 

Finalmente, la vida de estas personas se ve alterada por la presencia del orador motivacional Jim Cunningham, a quien Donnie considera un falso profeta que manipula con promesas de esperanza y bondad, para sacar provecho de los demás; que engaña explotando a personas de carácter débil, con un discurso manipulador de auto-amor, vendiendo videos motivacionales a través de su empresa de autoayuda.

 

Durante una de las clases, en que la profesora Kitty propone un ejercicio ético construido a partir de las enseñanzas de Jim, los estudiantes deben debatir si escenarios imaginarios que se les presentan son demostraciones de ‘amor’ o ‘miedo’, bajo la idea de que cada acto humano responde a uno u otro espectro. Donnie difiere e insiste que la vida no puede ser catalogada en dos rubros opuestos; bien y mal, correcto o incorrecto, positivo y negativo, sino que las cosas tienen sus matices, pues las decisiones responden a muchos factores del contexto, dado que la ética y el hombre no obedecen a concretos unidimensionales. El dilema empuja a la persona a elegir, pero no entre absolutos que forzosamente se contrarresten; de ahí la dificultad de elegir con sabiduría, consideración y practicidad, todo al mismo tiempo.

Frank puede ser visto como esa figura simbólica que representa la maldad, que corrompe a Donnie, pero el chico no hace nada que directamente dañe a alguien más, mientras se encuentra actuando bajo la ‘influencia’ de Frank, lo que entra en perspectiva especialmente al final, cuando sus acciones (Donnie quema la casa de Jim) develan que el orador motivacional era parte de una red de pornografía infantil, información que no habría sido descubierta de no haber sido por lo que Donnie hizo. ¿Es Frank entonces un aliado o un enemigo? Quizá no es ‘bueno’ ni ‘malo’ estrictamente hablando, porque no puede juzgársele sin conocer a fondo todo aquello que es; sus motivaciones. Qué tanto Donnie ‘tiene’ que hacer lo que Frank le dice, cuando parece que no tiene el mínimo control de sus actos, es además, debatible. Puede asumirse, desde otra perspectiva, que Donnie siempre ha estado en control de sus decisiones y sólo opta por escudarse en Frank para no tomar responsabilidad inmediata (y hablar con su psicoterapeuta de ello, puede ser una interesante referencia), porque para fines prácticos, Frank no es sino una manifestación de Donnie, de sus frustraciones miedos y dudas, escondidos en los pliegues de su inseguridad e incertidumbre.

 

Constantemente el chico lucha contra sus propias emociones, una crisis de identidad, de necesidad de control, y/o de liberarse del control de los demás, exigencia libertaria que surge una vez que es testigo de que todos, especialmente los adultos que mira como modelo o guía a seguir, parecen usualmente tan confundidos como él. Las ocasionales buenas intenciones, pero acompañadas de indiferencia e ignorancia de sus mayores, no engañan al ojo observador y ágil de alguien como Donnie. Karen quiere empujar a los alumnos a pensar críticamente a partir del sentido común, pero no encuentra ni las condiciones ni la disponibilidad de su entorno (escuela y colegas) para hacerlo. Kitty realmente cree en mejorar el mundo, pero su sueño idílico no es realista ni práctico, porque opta por la apariencia de felicidad en la superficie, presa de los engaños de la sociedad decadente en la que en realidad vive. Rose misma, la madre de Donnie, se preocupa por sus hijos y se interesa, pero nunca más allá de su ‘obligación como madre’, de esa tarea y fachada formal que la sociedad demanda de ella, distante entonces en el fondo de la realidad e interacción con su familia.

 

¿El mundo se acabará en 28 días para Donnie, porque va a morir, o se acabará para todos, no literalmente, sino en el sentido de que, con la muerte de él, todo cambiará para la mayoría de quienes viven a su alrededor?

 

Una vez que Donnie se planeta la idea de la posibilidad de los viajes en el tiempo, comienza a preguntarse sobre la viabilidad de cambiar el pasado o el futuro. Su instinto es que, si Frank y ese gusano temporal que tiene la habilidad de ver en el tiempo, le permiten conocer qué sucederá, con ese conocimiento puede decidir cada desenlace a su antojo, cambiando el pasado o el futuro según elija. El análisis lleva a una reflexión sobre destino frente a libre albedrío, e incluso la predisposición a creer, o querer creer, en una fuerza o poder divino que ‘mueve los hilos’ y que, al convertirse en ello, Donnie es quien coloca las piezas en el tablero. “Toda entidad viviente sigue un sendero preestablecido. Y si puedes ver tu sendero o canal, entonces podrías ver el futuro. Esa es una forma de viajar en el tiempo”, plantea Donnie. A lo que su profesor le responde: “Estás contradiciéndote. Si pudiésemos ver nuestros destinos manifestarse visualmente, entonces tendríamos la opción de traicionarlos. El simple hecho de que esa opción existe, sería el fin de todos los destinos establecidos”.

 

Aceptar el miedo y la soledad, la apatía dentro de su propia existencia, cambiando conforme acumula experiencias, impactan a Donnie de una forma que lo invita a dejar de sostenerse en los otros. La historia se desarrolla en un mundo o sociedad que se desmorona por las piezas frágiles que la sostienen, pero que eligen la aparente sensación de funcionar, producto de una autodestrucción que, sin darse cuenta o entenderlo, enajena, promoviendo estancamiento, no soluciones, y miedo, no iniciativa, que es lo que sucede aquí; que es lo que sucede en muchos rincones de la sociedad moderna. A veces la confusión es la respuesta y la solución recae en la duda, en aceptar que hay cosas que no se pueden entender.

 

¿Donnie realmente padece esquizofrenia o imagina todo y las alucinaciones están sólo en su cabeza?; o, ¿es Donnie el ‘elegido’ por una fuerza X que le da la habilidad de cambiar el mundo y de mejorarlo, viajando en el tiempo (como parece estar predestinado)?

 

La historia habla de una cadena de eventos que, aunque se sirva narrativamente de ‘la paradoja de predestinación’ (un bucle temporal que, por principio, corre dentro un ciclo predestinado: el futuro sucede porque el pasado ya ha sido cambiado, así que ese viaje para influir en el pasado, ya sucedió, de ahí que el futuro sea como es), usa la herramienta para hablar sobre decisiones y consecuencias, sobre responsabilidad y compromiso, pero también para evidenciar la realidad de que, a veces, no se puede, ni debe, controlarlo todo.

 

En la cinta, se han creado dos universos paralelos, una realidad alternativa que podría colapsar con la otra en cualquier momento (o en 28 días). El concepto permite hablar de la forma como las personas están interconectadas por sus decisiones, tomando acciones que, muchas veces sin notarlo, impactan en la vida de otros. Es esa estructura no convencional, si bien de pronto confusa y no siempre fluida, la que permite poner en perspectiva esto, gracias a que en ella, en el juego entre tiempo y realidad, la historia plantea preguntar: ¿Cambiaríamos algo si supiéramos que el futuro no es el perfecto soñado que siempre ideamos? ¿Modificaríamos el presente si supiéramos que la oportunidad de un futuro mejor está en nuestras propias decisiones? En ambos casos, ¿no es así la vida, un incierto que se recorre, esperando ayudar a construir el mejor de los escenarios posibles?  Quién es Donnie sino simplemente alguien (todos nosotros) dándose cuenta que el futuro existe porque el presente se forjó (en decisiones), a partir de un pasado (experiencias).

 

Donnie Darko

Dir. Richard Kelly

Estados Unidos, 2000

 

 

Foto: Diana Alcántara

Diana Miriam Alcántara Meléndez | México

Escritora, periodista y amante del cine, además de estudiosa de la comunicación, el guionismo  y el cine en general. Leer, escribir y ver películas son algunas de sus grandes pasiones. Tiene publicados dos libros: ‘De Cine’ y ‘Reflexiones sobre guionismo.